jueves, 20 de septiembre de 2012

Autorretrato con perro negro - René Morales, México



Habíamos quedado varados en la madrugada. El cuarto-camarote de carabela se mecía bajo la voz de Jack, ese otro pirata que vive en Noé Lima. Nos había propuesto a Jonatan Lepiz y a mi una ronda doble de poesía aprovechando que los cubos de hielo flotaban en el aire. Estábamos en esas cuando entraron Ahmet Rivera y René Morales, directos y recién llegados del insomnio. "Queremos escuchar" nos dijo René, con la tranquilidad de viejísimos amigos que apenas se saltaban el hecho de estar por primera vez juntos. Y comenzó a leer, y hablamos. Algo sabía de su desolación en la lectura de inauguración, algo me hizo ver su mundo pos-apocalíptico y algunas escenas de Cormac McCarty entablando un diálogo desde su mundo muerto. Se lo dije, y jamás vi mayor felicidad en un desolado comprendido al instante. Eramos hermanos entonces!! Jack pidió más copas de poesía, y René seguía sonriédome, hermanado en no sé qué bizarra tristeza que lo hacía reír. Sí, ahí estábamos entonces, en pleno fin del mundo, aguardando el último bandazo de la explosión.

El País de las golondrinas

El país de las golondrinas
acaba de estar aquí hace unos segundos.


Cordero

Descansa cordero,
que es más fresco y verde
el pasto en el sueño.

Radiografías
I

Hay que empezar a escribir un libro sobre la Ciudad de México
ensuciándose las manos
sacudiéndose la cabeza con fuerza
para saber que se está vivo
hay que estar seguro de que el corazón
no se ha vuelto un fragmento de papel celofán
movido por el viento
hay que empezar a escribir un libro sobre la Ciudad de México
derruido por dentro y a punto de volverse loco

como si uno fuera el hartazgo de un fragmento de asfalto
que se calienta por el sol

como si uno fuera un fragmento de luz
que cansado
quisiera esconderse de todo
como si uno fuera un perro
al que le hace falta que le pasen
la mano sobre el lomo
para poder quedarse dormido.

II

En una ciudad tan roja como la tinta con la que escribo
ando con la seguridad
de que alguien me tocará la espalda por sorpresa
para decirme que he envejecido
tanto como un muerto que conocieron
hace muchos otoños

yo siempre ando con un reloj en el puño
apretándolo fuertemente
para sentir algo parecido a la esperanza
en medio de las manos

yo siempre estoy tratando de recordar mi nombre
el tipo de sangre que tengo
y eso que me unía infinitamente a los cangrejos

yo siempre
siempre
estoy escribiendo este poema

VII

Este pedazo de carne tan amarga
que se rompe en llanto
y a veces pareciera decir la verdad
o alguna otra palabra como ventana o milagro

esta carne fatal
que insiste en recordar lo que jamás ha pasado
y anda entre el bullicio del mundo

esta carne que sólo tiene la fortuna de ver
un carnaval de imágenes tristes
por una extraña coincidencia
ve la tarde
con la misma melancolía que cien pájaros.

VIII
(Perspectiva a futuro)

Sé que Dios tendrá piedad de nosotros
ya que al cerrarse la herida de la vida
por un error que parecerá terrible
todos reencarnaremos en pájaros.

II

No hay oficio más lindo
que este de limpiar la sangre de otros
en los rastros donde vienen a morir
animales que tienen nombres
en las cantinas donde se baten los ebrios a golpes
y en los hospitales donde se desangran algunos santos

no hay oficio más lindo que borrar
los restos de un hombre
de esta tierra
y decir: "yo estuve ahí
y fui tan generoso que jamás pregunté
por su nombre"

VIII

Yo que hubiera amado como nadie
ver mi nombre escrito sobre la sal
o la tarde sucia desde mi ventana roja

yo que me sentí libre
por andar hace tiempo
en esta ciudad
con una gota tuya de sangre
debajo de la lengua

ahora vuelvo a casa
como un gato desvelado
por las escaleras
más abandonadas del mundo

yo que no tengo el valor para ir
a preguntar por la esperanza
y sus estúpidos retazos
a las carnicerías más oscuras

yo que ahora hago que todo se quede en silencio
cierro los ojos con todas las fuerzas que puedo
para que el mundo duerma en paz
sólo por esta noche.

Notas sobre el fin del mundo
II

Un día antes del fin del mundo
Amanda seguirá en su cuarto sin hacer ruido
como un gato con la sangre inflamada

Amanda, quiero que sepas
que al final de la fiesta todos sabíamos despedirnos en sueco
o algo parecido
sal un segundo, Amanda
a escuchar cómo crece el pasto
 a ver cómo se mueven los árboles en la noche
si estuvieras aquí nos sentaríamos a ver
una parvada de patos en el televisor
y no sabes cómo me gustaría
que uno de ellos se machacara el cráneo
contra la pantalla

Amanda,
abre la puerta
que se ha hecho tarde
y la casa se ha empezado a inundar de silencio.

17 dollars
Introducción

Aunque no lo parezca elegimos el orden de la sal sobre la carne muerta, el color de la pesadilla o la mordedura de nuestro pasado que insiste en entrar a nuestras sábanas como una víbora torpe en un campo de trigo.

I

Entonces sé que puedo verte dormir como un cordero apoyado en su madre, puedo verte con la piedad sorprendida en la piel como ventanas cerradas a la noche de los lobos y por un instante todo parece distinto.


René Morales Hernández - Ciudad Valles, San Luis Potosí, México, 1981. Desde muy pequeño creció en Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas. Estudió Lenguas y Literaturas Hispánicas en la UNAM; su obra publicada se encuentra en un par de antologías y revistas, así como en los libros El bestiario del perro (Literal: 2009: México), Radiografías (Catafixia: 2010: Guatemala). Lo más destacado de su poesía se ha traducido al inglés para el periódico cultural The Journal en Reino Unido, así como al francés para la revista Estuaire en Québec.