martes, 25 de septiembre de 2012

El Río (Leteo) Sabanagrande

La comunidad es El Río y ha debido llamarse Leteo. Su gente bebe olvido y sabe que es una inmensa nebulosa. Las nebulosas son grandes calderas de estrellas. En El Río toda estrella nace sin brillo.




Primera historia: una mujer de 50 años me cuenta que su madre está postrada en cama y que además está ciega. Su hermano, que vive en la casa vecina, está "peliándole" la casita derruída aunque su madre todavía no ha muerto. Ella vive también con su hija muda que tiene un glaucoma incipiente en el ojo. La otra hija menor es muy bella y silenciosa, parece que le asusta que su madre me cuente lo siguiente: un par de días atrás su hermano llegó con un machete a querer sacarlas a la fuerza. Al encerrarse ellas macheteó la puerta y luego fue a traer una barra de uña con la que empezó a socavar los cimientos de la casita de adobe, sin importar que su madre ciega le suplicaba desde su cama que se detuviera. La señora tiene húmedos los ojos al contarme esto, me pide que le ayude a conseguir un carro para llevarse las láminas que pueda y hacer otra casita...







Segunda historia: ¿Había una segunda historia? habían diez más pero bebí las aguas del Leteo y ya no las recuerdo, sólo traigo a colación a dos hombres borrachos, noqueados sobre el camino, es decir, el rastro de una "visita política" que acaba de suceder hace apenas un par de horas antes que nosotros llegáramos. El guaro abundó, las promesas también.

El Río, Sabanagrande, es una zona de práctica para la política vernácula, la más empobrecedora de todas cuantas existen.