https://drive.google.com/file/d/1nHENzyIrLq3lcAVO189zrLOQhylq50Jd/view?pli=1
lunes, 17 de junio de 2024
Episodio 116, Entrevista a Enrique Medrano por su poemario Los zapatos ahogados
domingo, 9 de junio de 2024
Episodio 115: Tegucigalpa de mis fragmentos
!Aquí estamos de vuelta en el podcast donde tu memoria pone la música! Y reiniciamos con una entrevista recuperada al poeta hondureño Roberto Becerra en un fragmento del programa Canto en azul y blanco, de Radio Nacional de Honduras, fechado en noviembre del año 2000, hace 24 años. El programa fue creado por su director Wilfredo Godoy y conducido por el poeta Rubén Izaguirre y su servidor. A la vez, una pequeña reflexión sobre antropología urbana de los cambios en infraestructura que he encontrado a mi regreso a Tegucigalpa.
Va el agradecimiento a Johny Anderson y a Saul Mayorquín, por todo el apoyo y patrocinio. A ellos dedico este episodio.
Pasen adelante!
https://drive.google.com/file/d/1mJvTRW0hTc-IniSuCaWovIKcJABiez27/view?usp=drive_link
miércoles, 7 de febrero de 2024
Entrevista a Dark Barahona: Tegucigalpa como una milf
Tegucigalpa como una milf.
Dentro de un par de semanas Darwin Barahona (Tegucigalpa, 1980) presentará
su libro Un dios underground, que es parte de la trilogía de la
que también forma parte Uncle crazy y Sex devil,
ambos inéditos. Estaciones del
hambre punk sería como su tour de force. Me ha dado la
estafeta para que sea yo quien lo presente. Ya estamos buscando lugar, lo hacemos
a lomo de caballo, disparando el arco a galope como los hunos o los cosacos de
las estepas. Y de las estepas habla mucho Darko, incorregible viajero que se
sumergió una buena temporada en Rusia, Ucrania y Alemania, para luego recalar
en esta nuestra milpa, como tanto le gusta decir de Honduras.
Conocí a Dark (sí, tiene múltiples diminutivos: Dark,
Darko, Xibalba Star…, así de polisémico como los apelativos que
los eslavos le dan a sus seres cercanos) allá por el año 2002, cuando me
invitaron a dar una charla creativa al Grupo literario ADAN, que también incluía
a Carlos Palma, Dénnis Ávila, Carlos Ordóñez, Rodion Martínez, Guillermo Brune,
Zadick Córdova y otros que, desde entonces, siguen siendo para mí piezas
insustituibles de la realidad creadora literaria que me motiva a seguir
haciendo memoria viva. Luego la noche fue el safari, la plática, el oráculo que
hablaba a través de las amistades que convocaban y siguen convocando los bares
del centro de Tegus. La narrativa de Darko está hecha de esta transhumancia
casi dantesca y llena del abordaje gonzo que tanto apreciamos cuando se
trata de darle crónica a la Tegucigalpa oscura que viaja con nosotros, hasta en
las pesadillas.
Fabricio
Lo que tendremos ahora es una plática. Hoy es 4 de
enero del año 2023, estoy con Darko, Darwin Barahona, narrador, cronista de
crónica negra, así como su alias, un xibalba star.
Este término lo acuñaste en tus crónicas en Facebook, ¿verdad?
Darko
Claro, porque a mí me gusta llevarme mucho en el
centro de Teguxibalba. Amo Tegus. Y una vez estaba en el Hoyo de Merrian y e
poeta Novoa mencionó a Teguxibalba, y empecé a ver todas las escenas de un Xibalba
Star… (risas, Rod Stewart en los parlantes de Paradiso: “Da ya think I’m
sexi”) Y Florián… gracias que lo mencionés… Flor fue uno de los que más me
apoyó, él me enseñó muchas cosas que yo no sabía cómo iba encontrar, libros
como el de Christopher Bram, El padre de Frankestein. Digamos ese feedback que
es importante para mí, a mí no me importa que seas millonario o no, si tenés un
feedback conmigo todo va bien, porque sin crueldad no hay fiesta, como dice
Friedrich Nietzche, y volviendo a remosntar ese tema de Xibalba Star es como…
bueno, yo pensé que se lo había inventado el poeta Novoa, pero dicen que fue el
poeta Vindel (Javier), nunca he hablado con él, pero es un término que ocupamos
porque es un realismo sucio-patastera.
F.
¿La patastera por qué?
D.
Es que un día miré a mi padre en su camioneta. Por
cierto, ese día lo chocaron, le pegaron por atrás y empezó aquella hecatombe de
golpes y todo eso, porque le pegó un BMW y mi padre conduce una Ford tranquila,
del año del culo y el tipo que lo chocó me deja sorprendido porque le dice a mi
papá que él tiene un pijazo de títulos, y después los dos se perdonaron,
entonces yo quedé pensando “wow, estos majes qué energía malgastada”. Es así.
Patastera.
F.
¿Sos de Sabanagrande, del sur?
D.
Sacahuato, Sabanagrande, Los Infiernitos, inframundos
y todo eso.
F.
Pues no tenías que ser diferente si venías de un lugar
cercano a los infiernitos.
D.
Claro, Fab.
En ese momento interrumpen las cervezas, pero Darko
también ha pedido un té. Tears for fears canta “Everybody
want to rule de world”.
F.
Bueno, aquí estamos viendo la famosa combinación té
con Piba (cerveza, en ruso), si los británicos le echan leche los rusos le
echan cerveza -apunta Darko.
Contame como fue el proceso de Estaciones del hambre
punk. ¿Está basada exclusivamente en Pio Rico (bar del centro, muy visitado por
la movida del centro de la capital)?
D.
No necesariamente del todo, porque hay estaciones
de cuando viví en Berlín, en Estados Unidos. Esa es una crónica de cómo era mi
mundo… ahora soy más tranquilo.
Mientras sigue tomando su Piba-Té, hago la reflexión
de que en las lecturas de Dark lo primero que se encuentra es una fragmentación
de los tiempos y espacios en que él se mueve. A veces está hablando de un pub
en Belfast, de una calle en Berlín, igual que de un estanco puro en el centro
de Tegus. Le pregunto entonces ¿cómo asumís esa fractalidad?
D.
Mirá yo lo asumo como un camaleón. Yo soy un camaleón
que agarra el color del momento, soy un escritor de método, me gusta
experimentar, porque también ha sido muy curioso que he visto ultras, revos de
todos los países (barras bravas de fútbol. En este caso se refiere a las barras
de los dos equipos más importantes de la capital: Olimpia y Motagua), y hay un
respeto que tienen conmigo por este libro de Estaciones del hambre punk.
En toda la entrevista nos acompaña silencioso Eddie
Menzi, un músico de combate underground que por cierto momentos me escanea,
como si Darko fuera el interrogador bonachón y él la oscuridad que me espera si
trastabillo en una pregunta. Al final es un muy expresivo y entra en confianza
comedida. Un gran artista. Darko lo mira cuando sube a su vaso de Piba-Té y lo
mira de reojo. Lo presenta cuando le pregunto sobre sus relaciones o
interacciones en Tegucigalpa.
D.
Eddie Menzi es uno de mis mejores amigos, es pianista
(“estudio música clásica”, interviene Menzi), hace de todo.
No falta en ese instante mencionar a Zadick Córdova,
el gran Valzak, duo dinámico de las noches de principios de siglo en la que
junto a Darko y él nos embarcábamos en la noche de Tegucigalpa sin dejar de
hablar de cuentos, zafaris y poesía mad max.
D.
Mirá, él es uno de los pilares, ha creído mucho en mí.
F.
Sí -le confirmo-, siempre te menciona. Me leyó hace
mucho rato unas experiencias que tuvo en una plataforma petrolera en el Golfo
de México. Decía que eso era bueno para agarrar carácter.
D.
No, es que lo que pasa, Fabri, es que cada quien sabe
qué pedo.
Veo hacia la calle, reflexiono a profundidad sobre
todo ese silencio que construye esta última frase. Dobo decir que he visto mi
propia mirada en muchos cuando una comprensión inasible llega al grupo al decir
esta frase lapidaria. “Cada quien sabe qué pedo” es una frase de sabiduría a la
altura de un samurai que se apresta a dejar su familia para enfrentar su última
batalla, o por igual, es un silencio íntimo que nadie puede indagar más allá,
por pudor, por solidaridad. Algo así como en Saving Private Ryan el Cabo Upham -el
peor soldado-aprende el trora [1]de
la tropa (código cerrado, conjuro grupal para alejar amenazas o afianzar
camaradería).
A mí me gusta tanto Teguxibalba, es mi ciudad -continíua
Darko- , yo camino por todos lados aquí, nunca me ha pasado nada, “hey, ahí
viene el Dark… pum!”, allá otro me saluda. Me gusta escuchar a los chikis. “¿Me
puede regalar un libro?”, esto esto esto… ¡amo Teguxibalba! Para mí es como una
Milf que quiere ser niña y anda con los ojos bizcos como Oh Fortuna. Mi
abuelo siempre me decía este es tu país y a cualquier lado que vayás sentite
seguro.
F.
Tegucigalpa termina aceptando a los seres de la noche,
los protege de alguna forma ¿verdad? (Deff Leppard asume la música ambiente, “Hysteria”)
D.
Oime! La última vez estuve bebiendo ahí con los
chikis, y me dijeron Darko… te protegemos.
No puedo dejar pasar la referencia de los chikis comentándole
a Dark sobre los textos que abren mi libro de cuentos La Era Pre Schuman, Las
crónicas del chiki. “Su lenguaje es autodeterminativo” -le digo- “una consigna
espacial”.
D.
Ese es el futuro. ¿Por qué creés que cuando me dice un
chiki, “hey Darko, mera pija, me gusta lo que hace”… yo siempre planteo un
post. Me pierdo un mes y los chikis están de que u, hey Darko, qué pasó. Hacer
lo que hago es como un acto de rebelión, es decir, hey, este es mi aporte a la
sociedad. Anarquía, nihilismo. Hay momentos en que uno quiere desaparecer como
Rimbaud, quiere ser como Gauguin. En post de Facebook he tirado tres novelas,
en sincronía. No me quejo. He hecho otra reedición de mis tres libros. Flor (el
poeta Edgardo Florián, ya fallecido) siempre me decía: puta maje, si yo vendo
confites… lo extraño, porque si no hubiera sido por él no publico ni mierda.
F.
Contame, ¿Cómo se miraba Honduras desde el bar más
perdido de Kiev?
D.
Hermoso. Sabés, Honduras significa nada en ruso. Y los
majes me decían siempre Yuri, Yenka, Sasha… Sasha es un nombre privado, en
público es Alexander… y me decían por qué putas no me llamaba Hugo, porque en
ese tiempo estaba Hugo Chavez. La depresión que cargaban ellos es muy poderosa,
pero yo sobreviví a eso. Yo los miraba leyendo a Pushkin, es un león… respeto
mucho a Chejov y a Perlman, el creador de la ciencia ficción. (Suben el volumen
en Paradiso, Guns n’ Roses toca las puertas del cielo}
F.
La intertextualidad es muy notoria en tu narrativa.
Decime la intertextualidad que te brinda Tegucigalpa.
D.
Pues sí que tiene: ¡todas las personas con que me
llevo… soy un ladrón de historias! Yo no puedo venir y ser puro, los chikis me
dicen ¡ay, escribís sobre mí! Y tengo influencias de Waltz, hay que gente que
dice de Bukowski, pero no, quizá Michel Houellebecq… Günter Gras también,
leerlo en alemán es bien complicado. Yo estuve estudiando alemán por siete
años, lo hablo. Y ni qué hablar de La Divina comedia. En mi círculo íntimo
hablamos de cine, de música, pero tengo mis otros amigos que me van a llorar
porque no saben ni pija, y tengo los otros que son buitres.
F.
Lo que has visto de cine ahorita ¿qué te interesa?
D.
Miré esa de Reptiles (dirigida por Grant
Singer), me gustó. A mi me gusta el cine bien lento… sale Alicia Silverstone, y
por cierto le mando un saludo a mi novia que se parece a Silverstone.
F.
Uy sí, el regreso de Alicia desde los video clips de
Aerosmith, en su gran salto mortal de las musas resucitadas. Pues bien, Dark ha
estado siempre presente en una generación muy mía. Puede ser como un Plutón del
sistema solar, definirse si existe o no como planeta. Darko siempre ha estado
en el circuito poético y narrativo de Tegucigalpa desde que yo tengo memoria.
¿Cómo te has sentido de no estar en el centro?
D.
Yo me siento complacido, porque crecí en un ambiente
muy intelectual. Mis tíos les dieron clases a ellos. Mi tío poeta Fausto
Maradiaga, Alexis Hernández, fueron profesores de ellos y eso marca un
privilegio que tuve al crecer con las personas correctas.
Justo en este punto de la entrevista, por telepatía,
Anita, la administradora de Paradiso, pone Crazy, de Aerosmith. Los
retratos en las paredes del patio se estremecen, como hojas del árbol del bien
y el mal enfrentando las ondas herzianas de aquello que no tenía previsto cantar
Pablo Milanés, Serrat y todos aquellos que eran el fondo musical del Paradiso
de los años noventa. Y no es que Aerosmith sea la moda hoy, es que cada quien
carga su música, como si una ouija relevara la aguja de un viejo long play y a
pura música adquiriera sentido este lugar de reecuentros y fantasmas. Darko
retoma:
Crecer con mis tíos era increíble porque a mi primo
Leo lo castigaban leyendo a Charles Dickens… pues entendí que no es que me
sienta como Plutón, pero si entendí el mensaje. A mi me gustaba mucho leer a
Dostoyevski, a Solyenitzin. Me gustan las maratones, no me gustan las carreras
de cien metros, y yo nunca le dije a los amigos que seleccioné (que escribía),
ellos se dieron cuenta por sorpresa.
F.
Definitivamente la literatura rusa es tu predilección.
D.
Davai, davai! Definitivamente tengo mi cultura
vertebral en ellos. Me gusta mucho Mayakovski pero la mera V. es Pushkin. Leí
El Doctor Zhivago de Pasternak, a Nabokov.
F.
¿Y cómo sentís cuando vas allá, a la aldea?
D.
Amo a Honduras. No publicaría en otro lado. Amo todo
lo que produce Honduras, aunque sea gangrena. El Dios Underground trata de un
tipo que es millonario y quiere estar en estado de coma. A veces creo que El
Dios Underground son las drogas… el quiere estar en estado de coma y le pegan
la vivida de su vida porque se encuentra a un doctor ruso, y lo engaña, y le
roba los órganos. Entonces se vuelve un super héroe. Es el primer libro de la
trilogía. Siempre está hablado en primera persona, como memorias.
F.
¿Qué necesidades ves en la literatura hondureña
actual?
D.
Vivir. Vivir y viajar.
F.
Viajar no solo es imaginar, ¿no es así?
D.
Si vos tenés la oportunidad de ir a Tela debés
imaginar la creatividad, porque sino te volvés operario. Ya porque sepás usar
Photoshop o Illustrator no te hace diseñador gráfico, solo porque alguien te
dice que sos mera V creando si no tenés feedback no tenés nada. Al viajar activás
tu visión periférica, tu intuición se vuelve más tigre, más jaguar.
F.
Bueno, tenemos cuatro conceptos aquí: Tegucigalpa como
una Milf, tenemos a Teguxibalba Star, tenemos el entender a Darko inseparable de
la literatura rusa y alemana, y tenemos el sentido del viaje. ¿Cuánta de esa
literatura que has leído has encontrado en Honduras?
D.
Mirá, eso es lo hermoso de Honduras. Es como mirar a
Picky Blinders desde el ángulo de Arthurs, estamos en esa época. Vos sabés muy
bien que todos somos un barómetro social, cada sociedad va a tener su narco
pijudo o su artista pijudo. Vos tenés al narco que refleja lo que sos en tu
país, y también tenés al artista que refleja a tu país (Dust in the wind, de
Kansas, inicia sus arpegios. Casi veo la ventisca de polvo entrar por el portón,
como aquellos polvos del Sahara que atestigüé en Puerto Rico). Eso es Darko
Barahona. Me gusta ser como yo. Sin límites, pero también pienso en los niños,
en la juventud y todo eso. Porque decime vos, ¿Cómo se llamaba el man que llevó
la nodriza hasta la luna? Todo mundo piensa en Armstrong. Una persona se hace
famosa cada diez minutos en el mundo, no sé, tenés al Facebook. Yo he conocido
gente que sacó un préstamo para sacar una Toyota Prado y vive en el Hato de En
medio (residencial capitalina)… somos la patastera.
F.
Como los dandys de Nigeria vestidos de alta costura
entre los charcos. Full guajeados.
D.
La ideosincracia de nosotros es un fenómeno. Yo que he
viajado, que entro y salgo de aquí, lo olvidás. Ahora que hay mucho venezolano
y haitiano seremos un montón de fucking razas mezcladas. ¡Amo eso!
F.
¿Has leído la ciencia ficción de Javier Suazo? (“Cuentos
de ciencia ficción del tercer mundo”)
D.
No fíjate. Por eso te digo que hay que conocerse, hacer
feedback. He leído un cuento de Calton Bhrul, de Albany. A Giovanni Rodríguez.
A Darío Cálix… Gustavo Campos es la mera V. Sólo te digo algo más: mi chica
sabe que Dark Barahona odia los calcetines blancos y las luces blancas. Ella
sabe que mis bandas favoritas de Black Metal son Satyricon y Darkthrone. Ella
sabe también que no me gusta la impuntualidad y para rematar le gusta que hable
varios idiomas. Fanculo tutti! La ONU!
El cierre musical ambiental no es de Black metal en
Paradiso, pero no hay duda que algo de nostalgia romántica hizo que Darko
recordara a su novia, así que los herz que carga de sí mismo le han dicho a
Anita que ponga Whitout whitout you, de U2. La cosa termina al suave,
entonces, fiel al sabor de la Piba-Té. Indefinible underground.
[1] Trora es la frase de “desactivado” que utilizabamos
los niños hondureños para igualar una acción o recuerdo compartido. Por igual neutraliza
una penalización en el juego de la patada en el que se debe gritar la palabra trora
para evitarla.
miércoles, 27 de diciembre de 2023
Sur del mediodía: una reseña de Guillermo Acuña, Costa Rica
El sur es un lugar que reconozco
Una cálida tarde de diciembre pasado en Tegucigalpa
(2014), conocí a Fabricio. Tenía referencias de su trabajo, de su animosidad y
de su compromiso por amigos comunes que me fueron relatando sus historias,
primero en la resistencia, luego en su convencida propuesta política. Nos saludamos.
Nos dimos la mano. Creo que ese será el único momento en que Fabricio y yo nos
daremos la mano en la vida, pues a partir de allí es obligado el abrazo y el
acompañamiento. Así, como hermanos.
Ese mismo diciembre me acompañó solidario a la presentación
de Amares, publicado por las amigas de Editorial Ixchel, de Honduras,
Venus y Karen. Conocí el mítico Café Paradiso, abracé al icónico poeta Paredes,
nos bebimos una cerveza en honor a esto que somos.
Meses después, volvíamos de un hermoso encuentro poético
en Xela, llenos de luz, historias y sueños. Fabricio nos deleitó con su
conversación y su verbo, sus trabajos con los grupos urbanos en Tegucigalpa, o
la vez que estuvieron en la cárcel él y sus amigos, solo por el sospechoso
rasgo particular de ser poetas.
La noche anterior, en un cierre extraordinario e
inesperado del festival, me había hecho conocer Los compas, los mismos
que cierran este hermoso libro que hoy presento con mucha emoción.
Es este un trabajo en ruta con tres direcciones. “Sur
del mediodía” es una entrega de un ejercicio ya realizado en el 2013, que vuelve
a ver la luz en este San José indefinido, metafórico, i-rreal.
Este es un libro-viaje a un país que puede ser uno
mismo, lleno de paisajes, bordes, gentes, homenajes. Lugares como islas, andenes
y parques, muy cercanos o bastante lejanos, repletos de defensores de la luz,
que una vez quisieron amar a la patria y sucumbieron, lleno de espantapájaros
de hojalata que esperan ser salvados, cargado de poemas como niños que conocen el
infinito sin mediar la palabra, aunque la ausencia quisiera ser nombrada.
El sur existe. Lo que es nombrado por primera vez
(como la lluvia, por ejemplo) y la historia oficial no señala, por encontrarse
en el pasado y detrás de la línea que define lo que vale en la memoria. Existe
y tiene gente. Gente del sur.
El sur es todo lo que hay en eso que Fabricio llama geografía
de lo extraño: a la izquierda el corazón y la vida, la práctica, la
resistencia, el afecto, el frío canalla que deja en pie a los congelados. Para llegar
a él no es útil la cartografía oficial, lo que los libros nombran, los mapas
cuentan, pues los planos se despliegan en un papel imaginario.
Podríamos encontrar un correlato de esa geografía en
dos textos hermosos y contundentes:
“Esta es la geografía de lo extraño, de lo que pocos
cuentan en sus cartas de viaje y a lo que yo doy mucho crédito ante los mapas
vacíos”.
“A la derecha
los límites de velocidad
las señales de no girar.
A la izquierda va el paisaje,
el sol cayendo rojo
como rojo mango
en la lenta luna.”
En este libro nos mueven viajes que nos ocurren como
región. El Ticabús de la nostalgia. El niño que va de espaldas en un
tobogán. Cuerpos de agua que van y vienen, como ese viento sin amarras. Viajes de
los que no se regresa, pues se permanece solo para ser convencido.
Pienso entonces en esos migrantes de lo cotidiano, los
sin papeles, los que llenan de historias las fronteras de esto que somos, los
que se trazan rutas para llegar, si es que llegan, a sus verdades, sólo para
convencerse, como ha dicho ya Sayad, que la nostalgia puede ser el motor de sus
viajes incesantes. Somos piel de caminantes.
Fabricio y yo, todos nosotros, vivimos en una región
llena de esos tiempos, de esos héroes anónimos y vigorosos que tejen como topos
las historias de nuestros países que un buen día llamaron Centroamérica. Vivimos
en lugares donde es necesario imaginarse órdenes, como el niño que se cubre los
ojos para hacerse invisible, como esos países de nunca jamás en sus himnos.
“Yo siempre elijo las ventanillas que dan al sur.
Por la derecha suben siempre los policías,
por la izquierda
emigran los pájaros”.
Este libro nos entrega cientos de imágenes desde el
lápiz de un fotógrafo de corazón de hierro y lata, que va captando lo que ve,
en su vieja cámara de tonos sepia, pulmón de cuarzo: la mortalidad inmediata
del mar y su primera vez primera, la ballena recurrente, la ciudad y sus
árboles como recuerdo, la ciudad vieja y su silencio, las plazas con regazo que
alivian el dolor de la gente, las fotos de familiares presos que podrían estar
en estos momentos en el más absoluto de los olvidos, el polvo de un país que se
derrumba (acá nos recuerda el poeta la insoportable realidad de las cosas, el
trajinar de una región llena de golpes de estado, exclusiones, expulsiones,
marginalidades, realidades fácticas).
La cámara como constelación de cuerpo que se une con
el poeta para mirar más allá de lo que el ojo percibe. Este es un libro con una
voz tiernamente desgarrada, llena de tonalidades donde la id y el regreso
pululan y se resguardan, acometen y se contraen.
“Respiro y hablo,
advierto y predigo,
y aún así nada es suficiente”.
Es un pasaporte donde el poeta espera por el amor raro
de las irlandesas, se declara duro, pero se derrumba con la sal y sus aguijones
(“Llevo también la estampa de una familiar preso y golpeado”), se
apertrecha en una identidad marcada por la angustia de la pregunta sobre quién
es:
“¿De dónde es usted?
¿para quién escribe?
¿Cuánta tierra le tomará para volver a su tierra?”
En este viaje del poeta hacia el centro y el sur,
reconoce que se puede mentir a la ley del movimiento, pues hay instancias y
parajes que no necesitan ser conocidas de cuerpo presente, aunque creamos estar
allí, apreciar sus olores y sus ritos. Conoceremos el hielo, amaremos en
Escandinavia, traficaremos con dulces de Esquipulas. Seremos entonces empleados
por las horas. Hablaremos en conversaciones donde lo central no sea la poesía,
sino el silencio.
De todas esas cosas, estoy seguro, nunca seremos
salvados.
Guillermo Acuña
Heredia, Costa Rica
13 de octubre de 2015.
miércoles, 20 de diciembre de 2023
Arthur C. Clarke sobre la simbiosis de máquina y mente (I.A)
"Si había polémica entre los físicos, no era nada comparada con la surgida entre los biólogos, cuando discutían el viejo problema: '¿Qué aspecto tendrían los extraterrestres inteligentes?' Se dividían en dos campos opuestos... argumentando unos que dichos seres debían ser humanoides, y convencidos los otros de que "ellos" no se parecían en nada a los seres humanos.
En abono a la primera respuesta estaban los que creían que el diseño de dos piernas, dos brazos, y principales órganos sensoriales de superior calidad, era tan básico y sensible que resultaba difícil pensar en uno mejor. Desde luego, había pequeñas diferencias como la de seis dedos en vez de cinco, piel o cabello de raro color, y peculiares rasgos faciales; pero la mayoría de los extraterrestres inteligentes -en abreviatura generalmente empleada, de los E.T.- serían tan similares al Hombre, que podría confundíseles con él, con poca luz o a distancia.
Este pensar antropomórfico era ridiculizado por otro grupo de biólogos, auténticos productos de la Era Espacial, que se sentían libres de los prejuicios del pasado. Señalaban que el cuerpo humano era el resultado de miloones de secciones evolutivas, efectuadas por azar en el curso de periodos geológicos dilatadísimos. En cualquiera de esos incontables momentos de decisión, el dado genético podría haber caído de diferente manera, quizá con mejores resultados. Pues el cuerpo humano era una singular pieza de improvisación, lleno de órganos que se habían desviado de una función u otra, no siempre con mucho éxito... y que incluso contenían accesorios descartados, como el apéndice, que resultaban ya del todo inútiles.
Había otrops pensadores -Bowman lo hallaba así también- que sustentaban puuntos de vista aún más avanzados. NO creían que seres realmente evolucionados poseyeran en absoluto un cuerpo orgánico. Más pronto o m;as tarde, la progresar su conocimiento científico, se desembarazarían de la morada propensa a las dolencias y a los accidentes, que la Naturaleza les había dado, y que los condenaba a una muerte inevitable. Reemplazarían su cuerpo natural a medida que se desgastasen - o quizá antes-, por construcciones de metal o de plástico, logrando así la inmortalidad. El cerebro podría demorarse algo como último resto del cuerpo orgánico, dirigiendo sus miembros mecánicos y observando el Universo a través de sus sentidos electrónicos... sentidos mucho más finos y sutiles que aquellos que la ciega evolución pudiera desarrollar jamás.
Hasta en la Tierra se habían dado ya los primeros pasos en esa dirección. Había millones de hombres que en otras épocas hubiesen sido condenados, que ahora vivían activos y felices gracias a miembros artificiales, riñones, pulmones y corazones. A este proceso sólo cabía una conclusión... por muy lejana que pudiera estar.
Y, eventualmente, hasta el cerebro podría incluirse en él. No resultaba esencial como sede de la conciencia, como lo había privado el desarrollo de la inteligencia electrónica. El conflicto entre mente y máquina podía ser resuelto al fin en la tregua eterna de la completa simbiosis.
Más, ¿era aún esto el fin? Unos cuantos biólogos, inclinados a la mística, iban todavía más lejos. Atando cabos en las creencias de diversas religiones especulaban que la mente terminaría por liberarse de la materia. El cuerpo-robot, como el de carne y hueso, sería solamente un peldaño hacia algo que, hacía tiempo, habían llamado los hombres "espíritu".
Y, si más allá de esto había aún algo, su nombre no podía ser otro que el de Dios."
A.C. Clarke
Una odisea espacial 2001
jueves, 12 de octubre de 2023
Taller de interpretación poética desde la fotografía
lunes, 11 de septiembre de 2023
Pedro Salinas, poema
10
Amor, amor, catástrofe.
!Qué hundimiento del mundo!
Un gran horror a techos
quiebra columnas, tiempos;
los reemplaza por cielos
intemporales. Andas, ando
por entre escombros
de estíos y de inviernos
derrumbados. Se extinguen
las normas y los pesos.
Toda hacia atrás va la vida
se va quitando siglos,
frenética, de encima;
desteje, galopando,
su curso, lento antes;
se desvive de ansia
de borrarse la historia,
de no ser más que el puro
anhelo de empezarse
otra vez. El futuro
se llama ayer. Ayer
oculto, secretísimo,
que se nos olvidó
y hay que reconquistar
con la sangre y el alma,
detrás de aquellos otros
ayeres conocidos.
!Atrás y siempre atrás!
!Retrocesos, en vértigo,
por dentro, hacia el mañana!
!Que caiga todo! Ya
lo siento apenas. Vamos,
a fuerza de besar,
inventando las ruinas
del mundo, de la mano
tu y yo
por entre el gran fracaso
de la flor y el orden.
Y ya siento entre tactos,
entre abrazos, tu piel
que me entrega el retorno
al palpitar primero,
sin luz, antes del mundo,
total, sin forma. caos.
P.S.
De "Aventura poética", CATEDRA Letras Hispánicas, Edición de David L. Stixrude, 1986.
viernes, 23 de junio de 2023
Episodio 114: Fadir Delgado-Colombia, entrevista
miércoles, 21 de junio de 2023
lunes, 19 de junio de 2023
Memorias Naborías, Episodio 3: Alimento y hambre en las Antillas
Noam Chomsky: sobre la Inteligencia Artificial y la Lingüística
Autor > C. J. Polychroniou (Common Dreams)
La Inteligencia Artificial (IA) se está expandiendo por el mundo. Está transformando todos los ámbitos de la vida y, en el proceso, plantea importantes cuestiones éticas para la sociedad y el futuro de la humanidad. ChatGPT, que se está haciendo con las redes sociales, es un chatbot de IA desarrollado por OpenAI. Es un subconjunto de aprendizaje automático basado en lo que se denomina modelos de lenguaje LLM, que generan respuestas parecidas a las de un humano. No cabe duda de que las posibilidades de aplicación de una tecnología como esta son enormes, por eso ya se escuchan voces que piden la regulación de las IA tipo ChatGPT.
¿Puede la IA burlar a los humanos? ¿Supone una amenaza pública? Es más, ¿puede la IA convertirse en una amenaza existencial? Noam Chomsky, el lingüista más destacado del mundo y uno de los intelectuales públicos más valorados de todos los tiempos, cuya talla intelectual se ha comparado con la de Galileo, Newton y Descartes, aborda estas preguntas incómodas en la siguiente entrevista.
Como disciplina científica, la inteligencia artificial (IA) se remonta a la década de 1950, pero en los últimos veinte años se ha ido abriendo paso en campos de todo tipo, como la banca, los seguros, la industria automotriz, la música y la defensa. De hecho, se ha demostrado que en algunos casos el uso de técnicas de IA supera las habilidades humanas, como en el ajedrez. ¿Cabe la posibilidad de que las máquinas lleguen a ser más inteligentes que los humanos?
Por aclarar la terminología, cuando decimos “máquina” nos referimos a un programa, es decir, una teoría escrita en código que ejecuta un ordenador (una teoría singular e interesante en muchos aspectos que no vamos a comentar aquí).
A grandes rasgos, podemos diferenciar entre ingeniería pura y ciencia. No existe una división clara, pero nos sirve para una primera aproximación. La ingeniería pura busca la elaboración de un producto que sea útil. La ciencia busca entender. Si el tema es la inteligencia humana o las habilidades cognitivas de otros organismos, la ciencia busca entender esos sistemas biológicos.
Entiendo que los padres de la IA –Alan Turing, Herbert Simon y Marvin Minsky, entre otros– la consideraban una ciencia, parte de las entonces incipientes ciencias cognitivas, y se valían de las nuevas tecnologías y los nuevos descubrimientos en la teoría matemática de la computación para avanzar en el entendimiento. A lo largo de los años, esa tendencia ha ido desapareciendo y se ha visto desplazada en gran medida por el enfoque de la ingeniería. Ahora, con cierta condescendencia, al interés inicial se le suele tachar de simbólico (o GOFAI, siglas de good old-fashioned AI, “IA a la antigua usanza”).
Muchos organismos biológicos superan las habilidades cognitivas humanas en mayor profundidad
Volviendo a la pregunta, ¿cabe la posibilidad de que se diseñen programas que superen las habilidades humanas? Debemos tener cuidado con la palabra “habilidades”, por motivos que daré más adelante. Pero si con el término nos referimos a la actuación humana, la respuesta es un rotundo sí. En realidad, llevan mucho tiempo existiendo, como la calculadora en el ordenador, por ejemplo. Excede con creces lo que hace un humano, aunque solo sea por falta de tiempo y de memoria. En el caso de los sistemas cerrados como el ajedrez, quedó patente en los cincuenta que, antes o después, con el avance de las ingentes capacidades informáticas y un amplio periodo de preparación, se podría diseñar un programa que venciese a un Gran Maestro, que juega con un límite de memoria y de tiempo. Lo que se consiguió unos años después fue básicamente publicidad para IBM. Muchos organismos biológicos superan las habilidades cognitivas humanas en mayor profundidad. Las hormigas del desierto que hay en mi jardín tienen un cerebro minúsculo, pero exceden en mucho la capacidad de orientación humana, en general, no solo en cuanto a actuación. No hay una Gran Cadena del Ser con los humanos en la cúspide.
Los productos de la ingeniería de IA se están usando en muchos campos, para bien o para mal. Hasta los más sencillos y conocidos pueden ser muy útiles: en el campo del lenguaje, por ejemplo, los programas de autorrelleno o de dictado o el traductor de Google. Con capacidades informáticas mucho mayores y una programación más sofisticada, debería haber más aplicaciones útiles, también para la ciencia. Ya hay algunas, como muestra el reciente caso del estudio del plegamiento de proteínas, en el que la tecnología de búsqueda rápida y a gran escala ha ayudado a los científicos a lidiar con un problema crítico y persistente.
Los proyectos de ingeniería pueden ser útiles o perjudiciales. Ambas cuestiones se plantean también en el caso de la ingeniería de IA. El trabajo actual con modelos de lenguaje LLM, como los chatbots, ofrece herramientas para desinformar, difamar y confundir a los que no tienen muchos datos. La amenaza es mayor cuando se combinan con imágenes artificiales y réplicas de voz. Con diversas preocupaciones en mente, decenas de miles de investigadores de IA han solicitado recientemente una moratoria en el desarrollo por los peligros potenciales que detectan.
Como siempre, las posibles ventajas de la tecnología tienen que sopesarse con los costes potenciales.
Las cuestiones que se plantean en cuanto a IA y ciencia son muy diferentes. En este caso, hay que tener mucho cuidado con ciertas afirmaciones descabelladas y desorbitadas, que los medios tienden a amplificar. Para aclarar la cuestión, analicemos algunos casos, unos hipotéticos y otros reales.
Antes he comentado la capacidad de orientación en los insectos, algo asombroso. Los entomólogos han hecho grandes avances en el estudio de su realización, pero la neurofisiología, una materia complicadísima, sigue siendo esquiva, igual que la evolución de los sistemas. Ocurre lo mismo con las increíbles hazañas que protagonizan los pájaros y las tortugas marinas, que tras viajar miles de kilómetros regresan infaliblemente al punto de partida.
Las posibles ventajas de la tecnología tienen que sopesarse con los costes potenciales
Imaginemos que se presenta fulanito, partidario de la ingeniería de IA, y dice: “Las conclusiones de tu trabajo han sido rebatidas. Problema resuelto. Los pilotos de aerolíneas comerciales logran los mismos resultados constantemente, incluso mejores”.
Ni nos molestaríamos en contestar, nos entraría la risa.
Veamos el caso del arte de navegación de los polinesios, aún vivo en las tribus indígenas, que usan las estrellas, los vientos y las corrientes para dirigir sus canoas hasta un lugar en concreto a cientos de kilómetros. También ha sido objeto de muchas investigaciones para descubrir cómo lo hacen. Fulanito tiene la respuesta: “Dejad de perder el tiempo, la flota naval lo hace constantemente”.
Misma reacción.
Analicemos ahora un caso real, la adquisición del lenguaje. En los últimos años ha sido objeto de investigaciones exhaustivas y muy reveladoras, que demuestran que los niños tienen un conocimiento muy amplio de la lengua (o lenguas) que habla su entorno, mucho mayor de lo que ponen de manifiesto. Han logrado demostrarlo con pocas pruebas, y en ocasiones cruciales, sin ninguna. En el mejor de los casos, como muestran minuciosos estudios estadísticos, los datos disponibles son escasos, sobre todo cuando se tiene en cuenta el grado de frecuencia (“la ley de Zipf”).
Entra fulanito en escena: “Queda rebatido. Sin tener en cuenta vuestros descubrimientos, los LLM, que registran cantidades desorbitantes de datos, encuentran regularidades estadísticas que hacen posible simular los datos con los que se entrenan y producir algo que se parece mucho al comportamiento normal humano. Los chatbots”.
Este caso difiere de los anteriores. Primero, porque es real. Segundo, porque a la gente no le entra la risa; de hecho, muchos están impresionados. Y tercero, porque al contrario que los casos hipotéticos, los resultados reales distan mucho de lo que se afirma.
Estas consideraciones sacan a relucir un pequeño problema del entusiasmo actual con los LLM: que son totalmente absurdos, como en los casos hipotéticos, que se veía enseguida. Sin embargo, hay problemas mucho más graves que el absurdo.
Uno de ellos es que los sistemas de LLM están diseñados de tal manera que no nos dicen nada del lenguaje, del aprendizaje ni de otros aspectos cognitivos, y es una cuestión de principio, irremediable. Aunque dupliquemos los terabytes de datos registrados, añadamos unos millones de parámetros más y utilicemos todavía más energía de California, la simulación de comportamiento mejorará, pero al mismo tiempo, revelará con mayor claridad el fracaso de principio de un enfoque que no busca ningún tipo de entendimiento. La razón es evidente: los sistemas funcionan igual de bien con lenguas imposibles de aprender que con las que los niños adquieren rápido y casi instintivamente.
Es como si un biólogo dijera: “Se me ha ocurrido una nueva teoría buenísima sobre los organismos. Incluye muchos que existen y muchos que es imposible que existan, y no hay forma de diferenciarlos”.
De nuevo, nos entraría la risa. O debería.
Ya no es solo fulanito, estamos hablando de casos reales. Insistiendo en apartarse radicalmente de la ciencia, fulanito contesta: “¿Cómo lo sabes si no has investigado todas las lenguas?”. Llegados a este punto, el abandono de la ciencia normal se hace aún más patente. Por el mismo razonamiento, podemos deshacernos de la genética y la biología molecular, de la teoría de la evolución y del resto de ciencias biológicas, que no han analizado más que una ínfima parte de los organismos. Y por si acaso, también desterramos toda la física. ¿Por qué íbamos a creer en las leyes del movimiento de Newton? ¿Cuántos objetos se han observado de verdad en movimiento?
Por otro lado, está el ligero detalle de la carga probatoria. Los que plantean una teoría tienen la responsabilidad de demostrar que tiene sentido demostrando que no funciona con lenguas imposibles. No es responsabilidad de los demás rebatir el planteamiento, aunque en este caso parece bastante fácil hacerlo.
Prestemos atención ahora a la ciencia normal, donde los detalles cobran interés. Hasta un único ejemplo de adquisición del lenguaje puede ofrecer la oportunidad de entender mejor la diferencia entre lenguas posibles e imposibles.
Las razones están claras y son bien conocidas. Todo crecimiento y desarrollo, incluido el denominado “aprendizaje”, es un proceso que comienza con un estado del organismo y lo va transformando paso a paso en fases posteriores.
Es un principio establecido que la facultad del lenguaje tiene propiedades básicas específicas de los humanos
La adquisición del lenguaje es un proceso de este tipo. El estado inicial es el legado biológico de la facultad del lenguaje, que está claro que existe, aunque sea, como creen algunos, una combinación particular de otras capacidades. Es muy poco probable que sea así por motivos que hace mucho que quedaron claros y que no voy a explicar porque no son relevantes en lo que nos ocupa. Es obvio que hay un legado biológico en la facultad humana del lenguaje. Un mero axioma.
La transición da lugar a un estado relativamente estable, modificado solo en apariencia: el conocimiento de la lengua. Los datos externos desencadenan y configuran en parte el proceso. Mediante el estudio del estado alcanzado (el conocimiento de la lengua) y de los datos externos, podemos sacar conclusiones trascendentales sobre el estado inicial, el legado biológico que hace posible la adquisición del lenguaje. Las conclusiones sobre el estado inicial determinan la diferencia entre lenguas posibles e imposibles. Y esta diferencia es aplicable a todos aquellos que comparten el estado inicial, es decir, a todos los humanos, que se sepa, pues no parece que haya diferencia en la capacidad de adquisición del lenguaje entre los grupos humanos existentes.
Todo esto es ciencia normal y ha logrado muchos resultados.
Los experimentos demuestran que el estado estable se obtiene en buena parte muy pronto, hacia los tres o cuatro años. También es un principio establecido que la facultad del lenguaje tiene propiedades básicas específicas de los humanos, por lo que es una auténtica propiedad de la especie: es común a todos los grupos humanos y, en lo fundamental, un atributo humano único.
Hay mucho que se queda fuera de esta explicación esquemática, sobre todo el papel de las leyes naturales en el crecimiento y el desarrollo, y en el caso de un sistema computacional como el lenguaje, los principios de eficiencia computacional. Pero ahí está el quid de la cuestión. Repito: es ciencia normal.
Es importante dejar claro la distinción de Aristóteles entre posesión de conocimiento y uso de conocimiento (en términos modernos, competencia y actuación). En el caso del lenguaje, el estado estable que se obtiene es posesión de conocimiento, codificado en el cerebro. El sistema interno establece una variedad ilimitada de expresiones estructuradas, cada una de las cuales podemos considerar que plantea un pensamiento, cada uno de ellos externalizable mediante algún sistema sensoriomotor, normalmente el sonido, aunque podría ser un gesto o incluso (no sin dificultad) el tacto.
Si queremos entender qué tipo de criaturas somos, lo primero que debería interesarnos es lo que hace de los humanos la especie más única de todas
Al sistema codificado internamente se accede mediante el uso del conocimiento (la actuación). La actuación incluye el uso interno del lenguaje en el pensamiento: la reflexión, el planteamiento, los recuerdos y muchísimas cosas más. Desde el punto de vista estadístico, es por goleada el uso predominante del lenguaje. Es inaccesible a la introspección, aunque podemos aprender mucho sobre él con los métodos normales de la ciencia, desde “fuera”, metafóricamente hablando. Lo que llamamos “diálogo interior” en realidad son fragmentos de lenguaje externalizado con el aparato articulatorio en silencio. No es más que un reflejo remoto del uso interno del lenguaje, otro aspecto importante en el que no me voy a extender aquí.
Otras formas del uso del lenguaje son la percepción (el análisis sintáctico) y la producción. Esta última entraña propiedades que hoy siguen siendo un misterio, igual que lo eran cuando Galileo y sus contemporáneos las observaban con admiración en los albores de la ciencia moderna.
El objetivo principal de la ciencia es descubrir el sistema interno, tanto en el estado inicial de la facultad humana del lenguaje como en las formas específicas que adopta en la adquisición. En la medida en que conozcamos el sistema interno, podemos proceder a investigar cómo entra en actuación e interacciona con otros muchos factores que entran en el uso del lenguaje.
Los datos de la actuación ofrecen pruebas sobre la naturaleza del sistema interno, especialmente cuando los experimentos los hacen más precisos, como es habitual en el trabajo de campo. Pero hasta la recolección de datos más exhaustiva induce necesariamente a error en aspectos cruciales. Se atiene a lo que se produce normalmente, no al conocimiento del lenguaje codificado en el cerebro, objeto principal de investigación para los que quieren entender la naturaleza del lenguaje y su uso. Ese objeto interno establece infinitas posibilidades más de las que se usarían en un comportamiento normal por factores irrelevantes al lenguaje, como las limitaciones de la memoria a corto plazo, temas que se estudiaron hace sesenta años. Los datos observados también incluyen gran parte de lo que se queda fuera del sistema codificado en el cerebro, que suelen ser usos conscientes del lenguaje que incumplen las normas de los propósitos retóricos. Son axiomas que conocen todos los que realizan trabajo de campo, que dependen de técnicas de obtención de información con los voluntarios, básicamente experimentos, para generar un corpus mejorado que excluya restricciones irrelevantes y expresiones anómalas. Ocurre lo mismo cuando los lingüistas se usan a sí mismos como voluntarios, un procedimiento perfectamente normal y adecuado, habitual en la historia de la psicología hasta el día de hoy.
Lo que ofrece verdaderas pistas acerca de lo que nos hace únicos es lo que no es rutina
Si seguimos avanzando con la ciencia normal, descubrimos que los procesos internos y los elementos del lenguaje no pueden detectarse mediante la inspección de fenómenos observados. Normalmente estos elementos ni siquiera aparecen en el discurso (oral o escrito), aunque sus efectos, que suelen ser sutiles, sí se pueden detectar. Esto supone otro motivo más por el que restringirse a los fenómenos observados, como en los enfoques de LLM, limita drásticamente el entendimiento de los procesos internos que son el objeto principal de la investigación en la naturaleza del lenguaje, su adquisición y su uso. Sin embargo, nada de esto es relevante si el interés por la ciencia y el entendimiento se han abandonado en favor de otras metas.
En líneas más generales, la ciencia, durante miles de años, ha llegado a conclusiones a través de experimentos –normalmente experimentos mentales–, una abstracción radical del fenómeno. Los experimentos están basados en la teoría y buscan descartar los innumerables factores irrelevantes que entran en la observación de los fenómenos, como la actuación lingüística. Todo esto es tan básico que ni se discute. Se sabe. Como ya he comentado, la distinción básica se remonta a la de Aristóteles entre posesión y uso del conocimiento. La primera es el objeto central de estudio. Los estudios secundarios (muy importantes) investigan cómo se usa el sistema almacenado internamente en la actuación, junto con la multitud de factores no lingüísticos que entran en lo que se observa directamente.
Recordemos una observación del biólogo evolutivo Theodosius Dobzhansky, conocido principalmente por su trabajo con Drosophila: todas las especies son únicas, y la humana es la más única de todas. Si queremos entender qué tipo de criaturas somos –obedeciendo el mandato del Oráculo de Delfos de hace 2.500 años–, lo primero que debería interesarnos es lo que hace de los humanos la especie más única de todas, en especial el lenguaje y el pensamiento, estrechamente interconectados, como queda reflejado en la rica tradición que se remonta a la Grecia clásica y a la India. La mayor parte del comportamiento es bastante rutinario, y por lo tanto, hasta cierto punto predecible. Lo que ofrece verdaderas pistas acerca de lo que nos hace únicos es lo que no es rutina, y eso lo encontramos, unas veces mediante experimentos y otras mediante observación, tanto en niños normales como en grandes artistas y científicos.
La sociedad lleva un siglo plagada de intensas campañas corporativas que fomentan el desprecio por la ciencia
Un último comentario al respecto. La sociedad lleva un siglo plagada de intensas campañas corporativas que fomentan el desprecio por la ciencia, un tema que Naomi Oreskes, entre otros, ha estudiado bien. Todo empezó con corporaciones cuyos productos eran nocivos para la salud: plomo, tabaco, amianto y después combustibles fósiles. Sus motivaciones son comprensibles. El objetivo de un negocio en una sociedad capitalista es ganar dinero, no el bienestar de las personas. Es un hecho institucional: si no entras en el juego, estás fuera y alguien que sí lo haga vendrá a reemplazarte.
Los departamentos de relaciones públicas de las corporaciones enseguida se dieron cuenta de que sería un error negar las pruebas científicas que se iban acumulando de los efectos letales de sus productos. Sería fácil de rebatir. Era mejor sembrar la duda, alentar la incertidumbre, menospreciar a esos trajeados que nunca han pintado una casa pero vienen de Washington a decirme que no use pintura con plomo y destruyen mi negocio (caso real, perfectamente extrapolable). Ha funcionado demasiado bien. Ahora mismo nos está llevando por el camino de la destrucción de la vida humana organizada en la Tierra.
En algunos círculos intelectuales, la crítica posmoderna de la ciencia, que Jean Bricmont y Alan Sokal se encargaron de desmontar pero que sigue viva en ciertos ambientes, ha producido efectos similares.
Quizá sea incómodo plantearlo, pero creo que es razonable preguntarse si los fulanitos y los que repiten sin pensar e incluso amplifican sus negligentes proclamas están contribuyendo a las mismas tendencias siniestras.
Es posible que los proyectos de ingeniería futura incluso superen las habilidades humanas
ChatGPT es un chatbot basado en lenguaje natural que usa la inteligencia artificial para entablar conversaciones similares a las humanas. En un artículo reciente en The New York Times, junto con otros dos autores, usted calificaba los nuevos chatbots de despliegue publicitario porque sencillamente no están al mismo nivel que la competencia lingüística de los humanos. Sin embargo, ¿no es posible que innovaciones futuras en IA generen proyectos de ingeniería que sí estén al mismo nivel y que incluso lleguen a superar las habilidades humanas?
El mérito del artículo debemos atribuírselo a su verdadero autor, Jeffrey Watumull, excelente matemático, lingüista y filósofo. Los dos coautores éramos asesores que estuvimos de acuerdo con el artículo, pero no lo escribimos.
Es verdad que los chatbots en principio no están al mismo nivel de competencia lingüística que los humanos, por los motivos indicados anteriormente. Su diseño básico les impide alcanzar la condición mínima de adecuación para una teoría del lenguaje humano: distinguir entre lenguas posibles e imposibles. Como es una propiedad del diseño, no puede salvarse con innovaciones futuras en este tipo de IA. Sin embargo, es muy probable que los proyectos de ingeniería futura lleguen al mismo nivel e incluso superen las habilidades humanas, si nos referimos a la capacidad humana de actuar, a la actuación. Como ya se ha comentado, algunas llevan tiempo haciéndolo: las calculadoras automáticas, por ejemplo. Es más interesante, como indicaba, que haya insectos con el cerebro minúsculo que superan las habilidades humanas entendidas como competencia.
A menos que se controle con cuidado, la ingeniería de IA puede representar serias amenazas
En el artículo mencionado, también se observaba que los proyectos actuales de IA no tienen facultad moral humana. ¿Esta obviedad hace que los robots de IA supongan una amenaza menor para la raza humana? Creo que se puede argumentar que los convierte en una amenaza aún mayor.
Es una obviedad, desde luego, si entendemos la “facultad moral” en su sentido más amplio. A menos que se controle con cuidado, la ingeniería de IA puede representar serias amenazas. Supongamos, por ejemplo, que el cuidado de pacientes estuviera automatizado. Los errores inevitables que el juicio humano solucionaría podrían provocar una historia de terror. O imaginemos que apartamos a los humanos de la evaluación de amenazas determinadas por los sistemas automatizados de defensa antimisiles. Como nos indica un documento histórico estremecedor, sería el final de la civilización humana.
A los organismos reguladores y las fuerzas del orden en Europa les preocupa la expansión de ChatGPT y acaba de presentarse un instrumento legislativo de la Unión Europea que trata de lidiar con la IA mediante la clasificación de dichas herramientas de acuerdo con el nivel de riesgo que entrañen. ¿Está de acuerdo con los que consideran que ChatGPT supone una amenaza pública grave? Por otra parte, ¿cree realmente que el futuro desarrollo de herramientas de IA puede detenerse hasta introducir salvaguardias?
Comprendo perfectamente los esfuerzos de quienes intentan controlar las amenazas que supone la tecnología avanzada, también en este caso. Sin embargo, soy escéptico acerca de la posibilidad de llevarlo a cabo. Me temo que la caja de Pandora ya está abierta. Los actores maliciosos –institucionales o particulares– seguramente encuentren las vías para eludir las salvaguardias. Aunque estos temores, por supuesto, no son motivo para no intentarlo ni para bajar la guardia.
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Este artículo fue publicado originalmente en Common Dreams.
Traducción de Ana González Hortelano.
Autor > C. J. Polychroniou (Common Dreams)
domingo, 18 de junio de 2023
Episodio 113: Juan Boria, el gran declamador de la poesía afroantillana en Puerto Rico
Aquí está la voz, el cuerpo que la palabra del tambor, de la bomba, de los siglos de cimarronaje y libertad decidida. Juan Boria, memoria de la negritud puertorriqueña, nos enseña aquí (así como nos enseñaron Luz Ondina y Juana Pavón en Honduras), desde un registro de cassette que logré transferir y editar en MP3, lo que de fondo y forma sigue vibrando en la expresión poética de la isla y de las Antillas todas.
https://drive.google.com/file/d/1TsigGEePLbqz9b1wzx4SWCWH5RneUAF0/view?usp=sharing
domingo, 11 de junio de 2023
Episodio 112: Vania Vargas - Guatemala, entrevista
https://drive.google.com/file/d/1Xops6aqEYpKWqzD0maN33WYwGw1z1ilN/view?usp=sharing
miércoles, 7 de junio de 2023
Memorias Naborías, Episodio 2: El presagio de Las Canarias
https://drive.google.com/file/d/1SyNY_sEQp3BqYFE9rMCJkQDnWcvHcACN/view?usp=sharing
domingo, 4 de junio de 2023
Simulacro, de Petra Bravo: córtenme la lengua, yo quiero bailar
Varias veces me he detenido ante el teclado. Cuando he creído tener la idea exacta de cómo escribir mi impresión sobre "Simulacro", el sistema motor se atrofia y mis dedos quedan a mitad de camino, y las teclas son como lozetas que se van dispersando y sobre las cuales debo dar saltos para evitar caer y llegar a un punto del limbo blanco de la pantalla. Las sílabas se expanden hacia todos lados, mi dedos buscan una tecla firme para crear el concepto, la palabra, el enunciado, lo que sea que logre afianzar mi pensamiento o el recuerdo de esa noche 1 de junio en el Teatro Julia de Burgos, en la UPR-Río Piedras, de San Juan.
Le pregunto a Chomsky: Usted, Maestro ¿fue aprendiz de bailarín junto a Saussure? Porque si algo tiene "Simulacro" es la interpretación experimental, en Teatro-Danza-Poesía, del estructuralismo puro hecho imagen, figura, espasmo, imposibilidad, ahogo... Fellini. No puedo quitarme de la mente ese acto donde la bailarina, ídolo o estampa de una diosa dantesca, avanza con el tocado de una casa llena de dólares como sombrero y vestida con una falda hecha de mallas de construcción. Es una modelo digna de la pasarella vaticana en Roma, de Fellini, sí. Pero, le pregunto de nuevo, señor Chomsky: ¿se imaginó alguna vez coreografiando su tesis sobre el órgano mental de donde procede el lenguaje?
Petra Bravo ha montado una coreografía que señala con ojo vouyeur lo que le sucede a un cuerpo social que ha sido violentado desde el lenguaje mismo, y por ello se adueña de la poesía de Roberto Net para ensamblar lo inconexo en que se ha convertido el intento de explicar Puerto Rico bajo la colonia estadounidense, ese poder que ha erigido un muro para atajar el momento portentoso donde el pensamiento se vuelve comunicación. Ese muro donde los bailarines se golpean y rebotan en espamos durante la presentación, es el muro o guillotina que parte la lengua en dos, una lengua que tiene relación directa con el resto del cuerpo que convulsiona, pero que intenta decir algo, y al final se entrega, física y mentalmente agotado.
De nuevo me detengo ante el teclado. Una ooooo, tres fetrrrr, pra, tru, nñiiii ¿Usted sse imaginó disertando sobre el estructuralismo bailando, don Chomsky? Los recuerdos son remanentes de un lenguaje de fondo que no ha podido concretarse, ¿así fue que dijo? Pues hay un obrero que intenta conectar o hacer funcionar las luces. Entra en el escenario como si entrara a nuestra cabeza, interrumpe con su escalera, sube, se toma su tiempo y nada. Trak-Trak-Trak-Trak, rompe el silencio e impone un nuevo beat, Trak-Trak-Trak, el escenario-cueva de Platón, el Simulacro, inicia otro acto. Los norteamericanos se alimentan de puertorriqueños. Trak-Trak-Trak. Sí, la colonia ya abusó de todos los giros de la lengua, sí, ya no queda forma de intentar comunicarnos, alargando los brazos, rodando sobre el tablado, subiéndonos a un micro !qué diablos intento decir! Ya no hay forma de comunicarnos, a los norteamericanos les gusta comer puertorriqueños, dicen los versos del gran Roberto Net, y la danza que lo entrega todo, todo, ya no hay más que entregar, deja tan solo, al final, el cuerpo perfecto ya desprovisto de intentos verbales, sólo y desnudo el cuerpo, sin palabras ni sintaxis.
Realmente no sé cómo describir Simulacro, una obra que la puertorriqueña Petra Bravo ha hecho surgir desde el ahogo del lenguaje colonial, desde la mutilación de los significados que Ionesco apenas bailó. Sin embargo, estoy absolutamente convencido de algo: esta obra debe presentarse en los más grandes escenarios, desde Broadway al Teatro Colón de Buenos Aires. Este espléndido absurdo, experimento o intento de desatar el nudo colonial desde el arte escénico, no puede quedarse sólo en Puerto Rico.
Me he tragado las teclas, Roberto. He borrado sus letras, Petra. Sólo quedan mis dedos en su danza inexplicable.
F.E.















