SONIDO I
Nadie, desde el oído precámbrico percibió, palpó, coloreó en su mente la fábula premonición de los sonidos. El Sol, entonces, era a penas un sol/feo y la Luna una albura intacta, silbido para fagot.
SONIDO II
¿Fueron primero, los sonetos o las sonatas o las festivas sonajas del mexicano folclore?, fue muy antes el meloso circunloquio de Laúd blasfemo o aquel ángel —querubín soberbio—, expulsado con alhaja de jaspe, ónice, berilio, marfil oscuro, flanqueado de silbantes flautas y tronantes tamboriles, o el piano aún disperso por el cielo en gajos de menguante luna.
SONIDO III
El molino eólico segaba trigales de sonidos, había un gorjeo de gorrioncillos alunados tejiendo nidos en la tierra arbórea, yacían y rasgaban, dulcían, decían. Despeinaba una guitarra la crin de ese toro enamorado de la Luna. Los tiestos rotos en el jardín, la ponzoña entumecida en la mirada arácnida, la raíz nutricia embriagando de luz el ojo de la gallina ciega: al fondo de esta escena, gime el violoncello un sexteto de notas dulces, pero oscuras.
sábado, 11 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
Filosofía, Arte, Política - Gabriel Galeano
Foto: El Heraldo
Recuerdo un pasaje de El Viajero, de Gary Jenning (el viaje de Marco Polo), en el que describe una emboscada a una columna de soldados. Desde ambos lados de un desfiladero hacen explotar la montaña y miles de toneladas de piedras caen sobre ellos. Contra todo pronóstico sobreviven unos cuantos que, por alguna razón del azar, quedaron entre los espacios de la avalancha. Jenning se pregunta en ese momento sobre el destino de cada quien, observa que la vida también es incontenible y que, como afirma la teoría evolutiva, "la vida siempre se abrirá camino". Algo así sucede con los pensadores y artistas de Honduras, pero en nuestro caso es como si escribiéramos entre relámpagos, sorteando su violencia, con la salvedad que el azar no juega ningún papel en la conformación del pensamiento. Cada libro publicado en nuestro país vendría a ser como la "piedra de rayo" de la que hablan los campesinos: el rayo cae, parte el pino e incrusta en su centro una piedra galvanizada por las altas temperaturas.
Hemos aprendido a aprovechar los espacios, no me queda la menor duda, hemos aprendido a impulsarnos en ese relámpago y a hacernos piedra, talismán que se lleva a casa y se oculta bajo el catre.
Gabriel Galeano mantiene centrada su coherente praxis, su orgánica y fructífera pulsación sobre la realidad, aquí donde se asegura que solo restan bosques calcinados.
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Artistas en Resistencia,
Ensayos,
Política
jueves, 9 de mayo de 2013
Dos lecturas
La una en Tegucigalpa, un performance que suena bien, arrebatado, desenfadado. Mañana viernes en Paradiso.
La otra en México. ¿La coincidencia? Hermanos y hermanas por todas partes. Buena conexión. Buen diseño de por medio, es decir, una buena forma de imaginarse.
Un campanazo para Rodríguez
Me pregunto, Rodríguez, si seremos capaces de esquivar el golpe. Vos sabés que no hay una sola verdad, que un día nos declaran muertos y se supone que la misma mano que señaló el horizonte será la misma que rociará gasolina sobre el rostro, la que encenderá las alarmas de la noche.
Estás fingiendo que lo has hecho, sí, te declarás ausente y clavás un listón negro en la puerta de tu casa. Todos pasan calculando el precio. Fingen por igual que te amaron, que fuiste alguien que afinaba las tardes hasta dar con la letra correcta. Eso ya no importa, los cuartos están vacíos y las tablas son de un viejo piano destrozado.
¿Seremos capaces de advertir el golpe, Rodríguez? Todas esos brazos que suben al escenario, queriendo tocarte, esconden un puño de Joe Louis que va directo al mentón y que te lanza a la lona. El bombardero vivió al otro lado de la ciudad y machacó mandíbulas blancas antes de hacerlo con respeto y con medidas. Todos le gritaban nigger puños de algodón y él lo desmentía en medio de campanazos y botellas rotas. Vos no fuiste así, Rodríguez, vos eras calmo pero a muchos les hubiera encantado llamarte nigger y que respondieras abriendo rin y haciendo hacha de tu guitarra con toda la fibra de un greaser enajenado.
Vos eras calmo como cualquier pasajero de metro que se duerme en la madrugada en dirección a la fábrica.
Vos viste al enorme público como si bajaras del metro en una estación eufórica.
Vos ibas de madrugada y ahí estaba medio mundo coreando tu nombre.
Vos sentías que alguien lanzaba la toalla a tus pies.
Y cantaste.
F.E.
Estás fingiendo que lo has hecho, sí, te declarás ausente y clavás un listón negro en la puerta de tu casa. Todos pasan calculando el precio. Fingen por igual que te amaron, que fuiste alguien que afinaba las tardes hasta dar con la letra correcta. Eso ya no importa, los cuartos están vacíos y las tablas son de un viejo piano destrozado.
¿Seremos capaces de advertir el golpe, Rodríguez? Todas esos brazos que suben al escenario, queriendo tocarte, esconden un puño de Joe Louis que va directo al mentón y que te lanza a la lona. El bombardero vivió al otro lado de la ciudad y machacó mandíbulas blancas antes de hacerlo con respeto y con medidas. Todos le gritaban nigger puños de algodón y él lo desmentía en medio de campanazos y botellas rotas. Vos no fuiste así, Rodríguez, vos eras calmo pero a muchos les hubiera encantado llamarte nigger y que respondieras abriendo rin y haciendo hacha de tu guitarra con toda la fibra de un greaser enajenado.
Vos eras calmo como cualquier pasajero de metro que se duerme en la madrugada en dirección a la fábrica.
Vos viste al enorme público como si bajaras del metro en una estación eufórica.
Vos ibas de madrugada y ahí estaba medio mundo coreando tu nombre.
Vos sentías que alguien lanzaba la toalla a tus pies.
Y cantaste.
F.E.
martes, 7 de mayo de 2013
Gracias, la casa del Mito
Esteban, mi hijo, está desprevenido. Juega con una amiguita de su misma edad (8 años). Yo lo he visto cuando regreso de dejar la basura al final del bloque. El sol calienta la olla de la lluvia. El Tigre Bonilla y Corrales ya pasaron limpios el polígrafo. Los periodistas mantienen embobada a la audiencia con sus poses de libertarios de la expresión y héroes contra la censura. Juegan los periodistas, juegan el juego que "ellos" les imponen para que se distraigan. Pobrecitos.
He regresado de Gracias, Lempira por la ruta más corta y más cómoda económicamente. Directo desde Gracias a La Esperanza, sin mucho mate, atravesamos la sierra sobre una carretera humilde que a ratos se rompe. Regreso de leer poesía junto a Salvador Madrid. Creemos que Juan Lindo es el muerto más celebrado. Leímos junto a su tumba en el Fuerte San Cristobal ante más de 80 alumnas graduadas en la primera promoción de la Carrera de Letras en Gracias. Y claro, luego dimos la bailada hasta el amanecer. Nos esperaba Mito Galeano en su laberíntica casa. "Cnosos", pienso, "Pompeya", pienso, la casa es una mezcla de irrealidad y pavor, de espejismo y melancolía. Es la fortaleza de los Galeano, su ofrenda a la belleza en los confines de la belleza.
Hablamos de todo y mientras tanto, Mito nos va mostrando su colección de fotografías: cientos de rostros lencas, la mayoría de mujeres surcadas por el olvido. Se pueden sembrar todo tipo de conjeturas en sus rostros ¿han sido felices? ¿qué ha sido lo más trascendente en ellas? ¿cuáles fueron las más profundas preocupaciones que las acosaron? "La lucha diaria, la urgencia de luchar diariamente", me dice Mito, "Ese es su signo". Las fotos siguen pasando y es como recorrer todas las calles y es así porque así logro ver a muchas de las retratadas en las mismas calles de Gracias. Mito es una memoria viva de la ciudad. Ha sido una pena no lograr ver al gran Byron Mejía, y es muy probable que al incorporar su memoria a esta apreciación de Mito hubiéramos recorrido y profundizado más sobre "el encierro" (ese baile ritual en que los gracianos se encierran a bailar horas y horas sin abrir puertas y ventanas), sobre El Guancasco y, claro está, sobre su pintura iniciada ahí, precisamente, en el taller de Mito.
La lectura me agarró "en curva", como decimos por aquí. No imaginé tal solemnidad y un público tan pero tan atento a todos nuestros movimientos o palabras. Me sentía expuesto a un polígrafo. Casi sentía que mi poesía era mentira. Pero al igual que el Tigre Bonilla y Corrales, pasé el examen. Salvador sudaba la gota gorda cuando el cantante hacía su interpretación entre nosotros. Canciones románticas de Sandro con la misma mímica y con el mismo vibratto. Todo pasó. La fortaleza de San Cristobal con su guardia femenina estaba satisfecha. Luego empezó el bailongo y nadie paró hasta las 3 de la madrugada. Todo un acontecimiento para estas tristes letras y toda una descarga de adrenalina desde los cañones mudos que flanquean la entrada.
Cuando cruzaba las montañas hacia La Esperanza pensaba: "hermosa lejanía, hermosa lejanía", y lo sabroso de bajarse en San Juan a comprar una burra. Luego los grandes bosques, el sueño y recordar que la primera vez que salí en solitario hacia un viaje de larga distancia fue en 1996, el año que visité Gracias debido a mi trabajo en el Ministerio de Cultura. Esa vez, apenas llegué, sentí la necesidad de enviarle un telegrama a mi abuela: LLEGUE BIEN A LOS CONFINES. Era necesario, sentía yo, homenajear a mi abuela María, la que inauguró mi gusto por viajar en su compañía.
Esteban, mi hijo, está desprevenido cuando paso a su lado y le toco el cabello. Le digo un te amo y él me responde con otro te amo. La niñita que está a su lado lo mira sorprendido y le pregunta, con una gran sonrisa: "¿Me amás, en serio?" Esteban se ríe. "¡Nooooooo, es a mi papiiii!". He vuelto a los confines, pienso mientras río. He vuelto.
F.E.
He regresado de Gracias, Lempira por la ruta más corta y más cómoda económicamente. Directo desde Gracias a La Esperanza, sin mucho mate, atravesamos la sierra sobre una carretera humilde que a ratos se rompe. Regreso de leer poesía junto a Salvador Madrid. Creemos que Juan Lindo es el muerto más celebrado. Leímos junto a su tumba en el Fuerte San Cristobal ante más de 80 alumnas graduadas en la primera promoción de la Carrera de Letras en Gracias. Y claro, luego dimos la bailada hasta el amanecer. Nos esperaba Mito Galeano en su laberíntica casa. "Cnosos", pienso, "Pompeya", pienso, la casa es una mezcla de irrealidad y pavor, de espejismo y melancolía. Es la fortaleza de los Galeano, su ofrenda a la belleza en los confines de la belleza.
Hablamos de todo y mientras tanto, Mito nos va mostrando su colección de fotografías: cientos de rostros lencas, la mayoría de mujeres surcadas por el olvido. Se pueden sembrar todo tipo de conjeturas en sus rostros ¿han sido felices? ¿qué ha sido lo más trascendente en ellas? ¿cuáles fueron las más profundas preocupaciones que las acosaron? "La lucha diaria, la urgencia de luchar diariamente", me dice Mito, "Ese es su signo". Las fotos siguen pasando y es como recorrer todas las calles y es así porque así logro ver a muchas de las retratadas en las mismas calles de Gracias. Mito es una memoria viva de la ciudad. Ha sido una pena no lograr ver al gran Byron Mejía, y es muy probable que al incorporar su memoria a esta apreciación de Mito hubiéramos recorrido y profundizado más sobre "el encierro" (ese baile ritual en que los gracianos se encierran a bailar horas y horas sin abrir puertas y ventanas), sobre El Guancasco y, claro está, sobre su pintura iniciada ahí, precisamente, en el taller de Mito.
La lectura me agarró "en curva", como decimos por aquí. No imaginé tal solemnidad y un público tan pero tan atento a todos nuestros movimientos o palabras. Me sentía expuesto a un polígrafo. Casi sentía que mi poesía era mentira. Pero al igual que el Tigre Bonilla y Corrales, pasé el examen. Salvador sudaba la gota gorda cuando el cantante hacía su interpretación entre nosotros. Canciones románticas de Sandro con la misma mímica y con el mismo vibratto. Todo pasó. La fortaleza de San Cristobal con su guardia femenina estaba satisfecha. Luego empezó el bailongo y nadie paró hasta las 3 de la madrugada. Todo un acontecimiento para estas tristes letras y toda una descarga de adrenalina desde los cañones mudos que flanquean la entrada.
Cuando cruzaba las montañas hacia La Esperanza pensaba: "hermosa lejanía, hermosa lejanía", y lo sabroso de bajarse en San Juan a comprar una burra. Luego los grandes bosques, el sueño y recordar que la primera vez que salí en solitario hacia un viaje de larga distancia fue en 1996, el año que visité Gracias debido a mi trabajo en el Ministerio de Cultura. Esa vez, apenas llegué, sentí la necesidad de enviarle un telegrama a mi abuela: LLEGUE BIEN A LOS CONFINES. Era necesario, sentía yo, homenajear a mi abuela María, la que inauguró mi gusto por viajar en su compañía.
Esteban, mi hijo, está desprevenido cuando paso a su lado y le toco el cabello. Le digo un te amo y él me responde con otro te amo. La niñita que está a su lado lo mira sorprendido y le pregunta, con una gran sonrisa: "¿Me amás, en serio?" Esteban se ríe. "¡Nooooooo, es a mi papiiii!". He vuelto a los confines, pienso mientras río. He vuelto.
F.E.
La verdadera cara de “la Libertad de Expresión” de la burguesía contemporánea - Edgar Soriano
A las puertas del golpe de Estado termidoriano del 28 de julio de 1794 Maximilien Robespierre lanzaba un simbólico discurso sobre el control mediático y conspirativo de la burguesía en alianza con los viejos sectores de la nobleza para evitar la profundización de la revolución- que en palabras de Marx era el intento de subordinar el poder económico al Estado- que aunque tenía tintes de popular no estaba asentado en las dinámicas socio-culturales de la época. Pero lo que si estaba claro era el surgimiento de la “Sociedad civil burguesa”.
La “opinión pública” en manos de la clase burguesa - vinculada directa o indirectamente al Estado tras la revolución en Francia- es un elemento crucial para poder tener una mejor comprensión, según Gramsci, sobre la hegemonía de la cultura burguesa en el sistema capitalista.
En otras palabras la famosa “libertad de expresión” de la que tanto se ufanan las elites que controlan los medios de comunicación a nivel local e internacional es la representación dominante de burguesía para mantener el sistema e impulsar a toda costa el modelo neoliberal, donde el mercado corporativo controla la vida de los miles de millones de habitantes del planeta.
Desde hace dos siglos la burguesía en alianzas con otros sectores de la aristocracia y pequeña burguesía han logrado edificar una serie de códigos que se difunden a través de las estructuras mediáticas. Dichas estructuras mediáticas: tv, cine, radio, presa escrita, internet y asoc. de “sociedad civil” (incluyendo a la iglesia) se encargan de mantener la “moral” y todo orden establecido por la reglas del liberalismo burgués.
En Honduras el régimen “cachureco” (de derecha) impulsa una nueva “ley de telecomunicaciones” que plantea una serie de premisas que a primera vista pueden llamar la atención de mucha gente sobre el tema de los monopolios que ejercen los grupos facticos que tienen secuestrados el Estado hondureño, pero en realidad es una farsa montada por el grupo “disciplinario de la derecha hondureña” que se ha lanzado agresivamente a profundizar el modelo neoliberal.
En realidad dentro de la derecha hondureña hay una contradicción entre dos grupos que han mantenido conflictos por el control del monopolio y oligopolios que por décadas han edificado en el país. La Burguesía hondureña se ha conflictuado en el contexto neoliberal, que tras el golpe de Estado de 2009 el grupo que gobierna con respaldo de un sector oligárquico y de la embajada estadounidense intentan disciplinar la gobernanza a través de políticas autoritarias que garanticen el mantenimiento del orden neoliberal establecido.
La propuesta de ley que los medios de comunicación de los grupos de poder le han tachado de “ley mordaza” tiene la característica de una gran farsa, por un lado el régimen Lobo-Hernández tratando de reorganizar el camino para que el nuevo grupo político hegemónico (claro en alianza con sectores inversionistas nacionales y multinacionales) instaure un régimen viable a los intereses de los poderos y de las saqueadoras multinacionales; por el otro lado, tradicionales grupos burgueses –incluyendo miembros de derecha del opus dei- que han mantenido el control de un desgastado bipartidismo y de grandes privilegios por las concesiones leoninas que los gobiernos, que ellos controlan, les han llenado los bolsillos por millones mientras las mayorías poblacionales viven bajo la línea de pobreza.
El tema de una verdadera participación comunitaria –como la ejercen frente a la represión del Estado las pocas radios comunitarias que operan en lagunas regiones del país- en la libertad de opinión e información que garantice el debate y la responsabilidad frente a las históricas manipulaciones de la presa nacional, no está en agenda del régimen. El tema de apoyo y rechazo a esta propuesta de ley no aborda con claridad meridional los problemas de un país golpeado por la clase dominante y sus estructuras de poder.
El movimiento social se ha visto débil, la izquierda también frente un tema que debe ser visto desde las entrañas estructurales de la llamada “opinión pública” que desde sus orígenes burgueses europeos ha sido la mayor farsa para mantener el control de las mentalidades colectivas de los pueblos.
En conclusión la ley para reformar la estructura de telecomunicaciones debe partir de garantizar la destrucción de los monopolios mediáticos, pero no para sustituirlos por otros perniciosos, sino para impulsar la participación comunitaria en el derecho a la educación, información, participación democrática, que en Honduras en el cercano futuro está lejos, lo digo por la amplia capacidad manipuladora de los grupos políticos y sus relaciones serviles con la estructura socio-económica y la superestructura ideológica que día con día garantizan la esclavitud mental y material del pueblo hondureño…
Edgar Soriano
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Golpe de Estado Honduras,
Mass Media,
Micro-ensayos
jueves, 2 de mayo de 2013
Un voto para Rodríguez
And there's the militant with his
store bought soul
there's someone here who's
almost a virgin i'been told
Todos en Ciudad del Cabo hubieran votado por vos, Rodríguez, vía correo postal, vía telepatía, como sea hubieran sorteado las porras y las balas, pero hubieran derribado cada retén por llegar a tu guitarra y depositar sus corazones en ella. Pero vos no sabías nada, tu base electoral hubiera robado todas las bases y un jonrón inolvidable saltaría desde los mares del sur para que las ventanas se rompieran en la alcaldía de Detroit, en todos los autos recién salidos de las fábricas, en todas las malas pancartas republicanas.
Lo que aparecía en la boleta era tu pinta de recién llegado a los setenta, era la portada de tu disco, cruzado de piernas como si levitaras. Decime, Rodríguez ¿quién no hubiera votado por vos en Pretoria? ¿Quien no en Bloemfontein? Botha hubiera caído con los oídos abiertos en flor y las tiernas abejas se hubieran negado a llevar su polen amargo, ya no más, nunca más.
Tendiste tus cuerdas de un silencio a otro, Rodríguez, te afinaste con cada hueso de tus manos, les dijiste que lo mejor no era salir elegido sino que cantar como una elección de vida, que alguna vez, por lo menos, nadie compraría el alma del pobre camionero que madrugaba para anochecer lo más pronto posible en los bares regados por la planicie. ¿Pero quien quería a un latino merodeando por ahí, cabellera larga, casi un tarahumara en actitud votiva ante la lluvia? No era tu tiempo, Rodríguez, los latinos no estaban de moda y vos no querías pasar por el cirujano para cambiarte el rostro, la lengua, la mirada de quien ha emigrado sin quererlo dentro del vientre materno.
En Durban habrías arrasado. En Port Elisabeth. En el Johannesburgo del pálido amor estudiantil habrías marchado con claveles contra el odio.
Nadie, nunca, llevó a cabo una campaña más potente que vos, Rodríguez, nadie supo llegar tan lejos como vos en el lugar 139. Recuerdo que en la más miserable de las casas me sentía como haber llegado al áfrica, Rodríguez, como un despreciable saqueador que mordía los dinteles de las puertas y que pateaba los hornos vacíos. Me hubiera gustado pedir el voto con una rola tuya y jugar con los perros en agonía, jugar a subirme a los árboles y luego saltar desde lo más alto, intacto, fascinante. Me hubiera gustado ser un remedo tuyo, Rodríguez, perdiéndolo todo, arriesgando cada gramo de mi timidez, cantando con todo el mal sonido de un concierto al que acuden a burlarse de vos y largarse en el acto.
En Nelsplruit te hubieran hecho rey, Rodríguez. Existiría la dictadura de los tristes.
F.E.
store bought soul
there's someone here who's
almost a virgin i'been told
Todos en Ciudad del Cabo hubieran votado por vos, Rodríguez, vía correo postal, vía telepatía, como sea hubieran sorteado las porras y las balas, pero hubieran derribado cada retén por llegar a tu guitarra y depositar sus corazones en ella. Pero vos no sabías nada, tu base electoral hubiera robado todas las bases y un jonrón inolvidable saltaría desde los mares del sur para que las ventanas se rompieran en la alcaldía de Detroit, en todos los autos recién salidos de las fábricas, en todas las malas pancartas republicanas.
Lo que aparecía en la boleta era tu pinta de recién llegado a los setenta, era la portada de tu disco, cruzado de piernas como si levitaras. Decime, Rodríguez ¿quién no hubiera votado por vos en Pretoria? ¿Quien no en Bloemfontein? Botha hubiera caído con los oídos abiertos en flor y las tiernas abejas se hubieran negado a llevar su polen amargo, ya no más, nunca más.
Tendiste tus cuerdas de un silencio a otro, Rodríguez, te afinaste con cada hueso de tus manos, les dijiste que lo mejor no era salir elegido sino que cantar como una elección de vida, que alguna vez, por lo menos, nadie compraría el alma del pobre camionero que madrugaba para anochecer lo más pronto posible en los bares regados por la planicie. ¿Pero quien quería a un latino merodeando por ahí, cabellera larga, casi un tarahumara en actitud votiva ante la lluvia? No era tu tiempo, Rodríguez, los latinos no estaban de moda y vos no querías pasar por el cirujano para cambiarte el rostro, la lengua, la mirada de quien ha emigrado sin quererlo dentro del vientre materno.
En Durban habrías arrasado. En Port Elisabeth. En el Johannesburgo del pálido amor estudiantil habrías marchado con claveles contra el odio.
Nadie, nunca, llevó a cabo una campaña más potente que vos, Rodríguez, nadie supo llegar tan lejos como vos en el lugar 139. Recuerdo que en la más miserable de las casas me sentía como haber llegado al áfrica, Rodríguez, como un despreciable saqueador que mordía los dinteles de las puertas y que pateaba los hornos vacíos. Me hubiera gustado pedir el voto con una rola tuya y jugar con los perros en agonía, jugar a subirme a los árboles y luego saltar desde lo más alto, intacto, fascinante. Me hubiera gustado ser un remedo tuyo, Rodríguez, perdiéndolo todo, arriesgando cada gramo de mi timidez, cantando con todo el mal sonido de un concierto al que acuden a burlarse de vos y largarse en el acto.
En Nelsplruit te hubieran hecho rey, Rodríguez. Existiría la dictadura de los tristes.
F.E.
Un tour para Rodríguez
Quiero verte cantando por aquí. ¿Cómo te invito, Rodríguez? La publicidad sería sencilla, como el hambre, Rodríguez, como el hambre. Bastaría anunciar que en el fondo del abismo hay un banquete al que vos acompañás con la más feliz de tus canciones.
La tarde es dulce, las casas flamean. El hambre aligera a la gente, las agolpa como perros de la pradera ante un acantilado. Sólo necesitás un arpegio y todos se lanzarán hacia vos, sin miedo alguno.
Sugar man, won't you hurry
'cos i'm tired of these scenes
for a blue coin won't you bring back
all those colors to my dreams
Todo es tan poderoso cuando cantás desde la bóveda del hambre, Rodríguez, cada palabra resuena, cada susurro es una expresión irreprochable. Las calles aquí son enormes túneles, mi hermano, todos te escucharíamos con solemnidad, sí, esa es la ventaja de cantar en los túneles, el matiz solemne que adquieren las voces.
Yo te aseguro, Rodríguez, que todos iríamos a recibirte si la promesa es darle a cada quien una rola para aguantar el hambre, una rola para dar la espalda en el escenario, una rola para descomponer las refris de los ricos, para que aguanten la dulzona descomposición del aire tal como la aguantamos desde hace setenta rolas repetidas por hora con la misma letra y el mismo ritmo que agarra un padre fajeando a su hijo todos los días del mundo.
¿Vos has sufrido eso, Rodríguez? ¿Has cantado bajo las tundas? Tuve un amigo que me suplicaba marcharme cuando llegaba su padre, subía el volumen de su estereo y cantaba, Rodríguez, cantaba bajo el relámpago del cuero y yo me iba a casa a escuchar el cassette que me había prestado, Pearl Jam, recuerdo, y escuchaba la misma canción de un niño que hablaba por fin en su aula de clase. Jeremy habló, Jeremy habló, decía la letra, y claro que no te conocía a vos, Rodríguez, pero algo de vos me recuerda esa rola y me hace olvidar a Léster cruzado a cuerazos pidiéndome que me marchara.
¿Vendrías a cantar si te invitamos, Rodríguez? ¿Vendrías?
La publicidad sería sencilla.
F.E.
La tarde es dulce, las casas flamean. El hambre aligera a la gente, las agolpa como perros de la pradera ante un acantilado. Sólo necesitás un arpegio y todos se lanzarán hacia vos, sin miedo alguno.
Sugar man, won't you hurry
'cos i'm tired of these scenes
for a blue coin won't you bring back
all those colors to my dreams
Todo es tan poderoso cuando cantás desde la bóveda del hambre, Rodríguez, cada palabra resuena, cada susurro es una expresión irreprochable. Las calles aquí son enormes túneles, mi hermano, todos te escucharíamos con solemnidad, sí, esa es la ventaja de cantar en los túneles, el matiz solemne que adquieren las voces.
Yo te aseguro, Rodríguez, que todos iríamos a recibirte si la promesa es darle a cada quien una rola para aguantar el hambre, una rola para dar la espalda en el escenario, una rola para descomponer las refris de los ricos, para que aguanten la dulzona descomposición del aire tal como la aguantamos desde hace setenta rolas repetidas por hora con la misma letra y el mismo ritmo que agarra un padre fajeando a su hijo todos los días del mundo.
¿Vos has sufrido eso, Rodríguez? ¿Has cantado bajo las tundas? Tuve un amigo que me suplicaba marcharme cuando llegaba su padre, subía el volumen de su estereo y cantaba, Rodríguez, cantaba bajo el relámpago del cuero y yo me iba a casa a escuchar el cassette que me había prestado, Pearl Jam, recuerdo, y escuchaba la misma canción de un niño que hablaba por fin en su aula de clase. Jeremy habló, Jeremy habló, decía la letra, y claro que no te conocía a vos, Rodríguez, pero algo de vos me recuerda esa rola y me hace olvidar a Léster cruzado a cuerazos pidiéndome que me marchara.
¿Vendrías a cantar si te invitamos, Rodríguez? ¿Vendrías?
La publicidad sería sencilla.
F.E.
Cármen industrial para Rodríguez
Escuchame bien, Rodríguez, vos sos como La Meca, yo quiero irme mojado para la yusa como una especie de romería hasta Detroit. Quiero rastrear los barrios industriales y preguntar, también, de cómo eras cuando la música era cuento lejano, de cómo eras cuando pagabas tu flaco desayuno americano y luego te ibas a restaurar casa de ricos silbando tu melodía, el único hit que aceptaste de tu soledad.
Escuchame bien, Rodríguez, yo sé que existe Bután, que hay montañas enormes en ese país del Shangri-Lá, que ahí triunfa el poeta más desconocido de Honduras, que lo tienen por vidente, por lama insurrecto, por destructor de monarquías. Pero yo no quiero ir a Bután, quiero, ya te lo dije, ir a buscarte a Detroit con velitas mesoamericanas para obsequiarte, para pagarte un concierto en la ventana y que cantés compadecido una rola de aquellas que nunca triunfaron. Era tu pinta mexicana, viejito, era tu pinta de triste que no reclamaba más que un trabajo en los suburbios con panqueques y mermelada y nieve mezclada con lágrimas, con desencanto, con la tonadita de los silenciosos.
Era tu pinta de kung-fú Carradine arrastrando sombras y espejos, era eso lo que te ponía en un mal poker, casi un tripulante de submarino que filtra por todos lados, vos, Rodríguez, sufriendo tu propio Apartheid y sin ningún Mandela de tu parte, eras vos solo el cantante de los presagios y de los malos moteles, el que llegó a probarse ante los tiburones y sacó de ello una dulzura extraña, casi lama pero no lama, ya te lo dije, una dulzura que en tu guitarra movía al llanto a los afrikaaners, a los zulués, por una extraña coincidencia de los tristes que tejen distancias y van arrastrando los continentes hacia su íntima proximidad.
Escuchame bien, Rodríguez, me voy ahora mismo para Detroit y quiero que me presentés a una de tus hijas para que te demos un nieto, un pequeño folclorcito de estos humedales, pero que salga anónimo y glorioso como vos, vos tan Rodríguez como cualquiera de los cientos de miles de Rodríguez que saturan los listados de desempleo por aquí, todos ellos tan vos y tan cantantes a su manera, estibadores que cargan lo que sea por un dólar, cargarían tu enorme guitarra si fuera posible, tus lentes de junkie, tus botas mal lustradas, tu sonrisa quebrada aquella noche en que te diste cuenta que estabas vivo porque así lo creían en Sudáfrica, exactamente igual que en Bután, ahora mismo, creen que en Honduras existe la quinta esencia de la libertad, encarnada anónima y silenciosa en un poeta que vive, sin saberlo, entre nosotros.
F.E.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Zumbido - Noé Lima, El Salvador
ZUMBIDO.
Tengo varios zarpazos en la carne
los tengo
con cada orgasmo
donde grabábamos nuestras iniciales
y la sed ecuestre
azotando siempre esa luna en celo
que guardabas para una sola lengua
veo al insecto trepador de las madrugadas
acechando el desierto aire de las bombillas
sobrevolando
lo hace midiendo el aliento de mi sábana
en la mañana la picadura en el brazo
en el ojo
en el tórax
en la tristeza
en el disco rayado de Joy Division
en esa lata de cerveza husmeando mi pulso
dicen que el mal de Chagas mata en quince años
de manera efectiva
y solamente veo a mis botas viejas
pienso qué será de ellas cuando muera
han sufrido los hachazos del tiempo
las arrugas en ese cuero feroz
que hacía de lobo taciturno en cada cuarto oscuro
han pisado copos de roca sonámbula
en las noches en que el sueño es una vasija
una reliquia de lo que somos en el día
mis botas han enfermado con la nieve
han probado el polen de tus poros
cuando han seguido tu aroma a la altura de la tierra
La chinche se ha marchado con mi sangre
y mis antiguos prodigios
de convertir tus gemidos en poemas
de calzar tus pasos con mis dientes
pobres mis botas
les dolerá cada huella no pronunciada por tus labios
les dolerá no volver a dormir bajo tu sombra
extrañarán
pasearse rígidas bajo el techo de tu cama
muertas de tedio
cómo el fósil en que se convierten los recuerdos.
Tengo varios zarpazos en la carne
los tengo
con cada orgasmo
donde grabábamos nuestras iniciales
y la sed ecuestre
azotando siempre esa luna en celo
que guardabas para una sola lengua
veo al insecto trepador de las madrugadas
acechando el desierto aire de las bombillas
sobrevolando
lo hace midiendo el aliento de mi sábana
en la mañana la picadura en el brazo
en el ojo
en el tórax
en la tristeza
en el disco rayado de Joy Division
en esa lata de cerveza husmeando mi pulso
dicen que el mal de Chagas mata en quince años
de manera efectiva
y solamente veo a mis botas viejas
pienso qué será de ellas cuando muera
han sufrido los hachazos del tiempo
las arrugas en ese cuero feroz
que hacía de lobo taciturno en cada cuarto oscuro
han pisado copos de roca sonámbula
en las noches en que el sueño es una vasija
una reliquia de lo que somos en el día
mis botas han enfermado con la nieve
han probado el polen de tus poros
cuando han seguido tu aroma a la altura de la tierra
La chinche se ha marchado con mi sangre
y mis antiguos prodigios
de convertir tus gemidos en poemas
de calzar tus pasos con mis dientes
pobres mis botas
les dolerá cada huella no pronunciada por tus labios
les dolerá no volver a dormir bajo tu sombra
extrañarán
pasearse rígidas bajo el techo de tu cama
muertas de tedio
cómo el fósil en que se convierten los recuerdos.
martes, 30 de abril de 2013
Un gesto
Ellos, con la cabeza gacha, dignos. Sohn Kee-chung y Nam Sung-yong, a quienes los japoneses hicieron competir en las olimpiadas de 1932, en Los Angeles, bajo los nombres de Kitei Son y Shoryu Nan. Eran coreanos. Coreanos colonizados que no querían ver la bandera de Japón flameando por su victoria. http://nonsei2gm.blogspot.com/2012/08/un-incomodo-campeon-olimpico.html
Ellos, con el puño en alto de Las Panteras Negras, dignos. Tommie Smith y John Carlos, protestando contra el racismo, el mismo sistema que se vanaglorió de ellos, momentáneamente, cuando cruzaron victoriosos la meta en la Olimpiada de México 1968.
"El COI jamás castigó ni alegó nada en contra de los atletas alemanes e italianos que utilizaban el saludo nazi y fascista cada vez que tenían la ocasión de subirse al podium en los juegos de Berlín de 1936, pero en contra si castigo duramente un gesto pacifista en apoyo de la igualdad de las razas, sucedido el mismo año en que fueron asesinados dos grandes luchadores por la igualdad de los derechos civiles, Martin Luther King y Robert Kennedy."
http://josemanuelrealidaddesinformada.blogspot.com/2009/04/thats-one-small-step-for-man-one-giant.html
Ellos, con el puño en alto de Las Panteras Negras, dignos. Tommie Smith y John Carlos, protestando contra el racismo, el mismo sistema que se vanaglorió de ellos, momentáneamente, cuando cruzaron victoriosos la meta en la Olimpiada de México 1968.
"El COI jamás castigó ni alegó nada en contra de los atletas alemanes e italianos que utilizaban el saludo nazi y fascista cada vez que tenían la ocasión de subirse al podium en los juegos de Berlín de 1936, pero en contra si castigo duramente un gesto pacifista en apoyo de la igualdad de las razas, sucedido el mismo año en que fueron asesinados dos grandes luchadores por la igualdad de los derechos civiles, Martin Luther King y Robert Kennedy."
http://josemanuelrealidaddesinformada.blogspot.com/2009/04/thats-one-small-step-for-man-one-giant.html
Ellos, tan orgullosos como asustados. Pose clásica. Selección Nacional de Fútbol de Honduras en el Mundial de Sudáfrica 2010. Estábamos en medio de un cruento golpe de Estado. Ni un gesto. Nada.
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Contax, vida y memoria
Esta fue la famosa cámara que Robert Capa usó el Día D, en Normandía, 1944, la misma con que tomó 72 fotos de combate y de las cuales sólo sobrevivieron 11, las únicas que registran este trágico desembarco. Larry Burrows, su ayudante, con apenas 18 años, mandó al traste el revelado a causa de la prisa por mandarlas como primicia a los periódicos aliados. No imagino la furia que debió sentir Capa al enterarse de esto, horas después de casi haber muerto en la "Playa Omaha". http://nonsei2gm.blogspot.com/2011/02/robert-capa-en-normandia.html
La famosa marca Contax murió en el 2005, luego de hacer todos los intentos de adaptación a la era digital. Aquí su breve historia:
http://www.quesabesde.com/noticias/1_1785
La famosa marca Contax murió en el 2005, luego de hacer todos los intentos de adaptación a la era digital. Aquí su breve historia:
http://www.quesabesde.com/noticias/1_1785
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lunes, 29 de abril de 2013
Tokio Blues: el sutil suicidio
He terminado de leer Tokio Blues (Norwegian Wood) de Murakami. Primer efecto: volver a The Beatles. Segundo: recordar a Pamuk y El Museo de la Inocencia. Tercero: recordarme a mí mismo, adolescente, amando la pura agonía existencial una mañana en el Instituto Central, como uno de mil enamorados de lo imposible, de algo que asemejaba a la vida pero en sí era muerte, muerte de una época, de una ingenuidad, de un espacio de la ilusión. Cuarto efecto: reconocer el signo que pesa sobre Murakami... Japón se suicidó para poder sobrevivir, para sobrevivir al derrumbe de una era en que los emperadores y los códigos de honor fueron borrados en segundos por el aniquilamiento nuclear. Para Murakami, la radiación que siguió a ello es toda esa alienación donde, el ruido de fondo de una Tokio sesentera es en inglés, es sentirse parte de la cultura anglo-americana, la misma cultura que produjo el vaciamiento y el doloroso gesto de Yukio Mishima montando el seppuku de toda una nación en su propio cuerpo.
Murakami no muestra sus vísceras, quiere que en Tokio Blues nos acerquemos al pecho y escuchemos el latido apenas perceptible del pasado. Pienso, desde esta línea lógica, que muchas naciones ya han muerto en su papel histórico de primera línea y, que de toda su antigua vitalidad nos restan apenas las muestras individuales de aniquilamiento, como el oxígeno que va escapando en forma de burbujas dentro de un río contaminado. Tokio Blues avanza como un río hacia un mar desecado, un océano llamado Naoko junto al cual Watanabe llora inconsolable. Esa imagen desoladora la capta muy bien el fabuloso director vietnamita Tran Anh Hung (desde otra nación suicida que ha debido asumir la nueva realidad con sus propios fantasmas y ecos. Así lo demostró en The Cyclo) quien no se apresura y que tampoco quiere perder tiempo explicando el por qué de sus transiciones. Su película es para conocedores de la novela.
En fin, una novela que aparenta ser una novela de amor pero que en sí es una gran metáfora del fin de una época, y lo peor, en un suicidio cuya banda sonora la interpretan "otros", desde "otra isla" de la existencia.
jueves, 25 de abril de 2013
T-50
Acaba de probarse en vuelo el primer caza de quinta generación ruso. La pugna en su fase 5, en otras palabras. Los rusos no están dispuestos ya a dejarle todo el espacio aéreo a los estadounidenses. Incluso en mar ya movilizaron su flota hacia el Mediterráneo. Los chinos tienen ya su primer gran portaaviones en boga.
http://sp.rian.ru/infografia/20120215/152725438.html
http://sp.rian.ru/infografia/20120215/152725438.html
Los demás - Ezra Pound
Los demás
¡Oh minoría indefensa de mi patria,
oh restos esclavizados!
Artistas que os habéis roto contra ella,
descarriados, perdidos en los pueblos,
objetos de recelo, de maledicencias,
amantes de la belleza, famélicos,
frustrados por los sistemas,
indefensos contra el control;
vosotros que no podéis rendir al máximo
por seguir buscando el éxito,
vosotros que sólo podéis hablar,
que no encontráis el coraje para reafirmaros;
vosotros cuya sensibilidad más fina,
se rompe contra el falso conocimiento,
vosotros que tenéis sabiduría de primera mano,
los odiados, los encerrados, en quienes nadie confía,
daos cuenta:
yo he capeado la tormenta,
he vencido mi exilio.
He leído detenidamente este poema y, en un punto que creía olvidado, volví a reconocerme. Siempre debe ocurrir ese sismo en que uno vence las apariencias.
¡Oh minoría indefensa de mi patria,
oh restos esclavizados!
Artistas que os habéis roto contra ella,
descarriados, perdidos en los pueblos,
objetos de recelo, de maledicencias,
amantes de la belleza, famélicos,
frustrados por los sistemas,
indefensos contra el control;
vosotros que no podéis rendir al máximo
por seguir buscando el éxito,
vosotros que sólo podéis hablar,
que no encontráis el coraje para reafirmaros;
vosotros cuya sensibilidad más fina,
se rompe contra el falso conocimiento,
vosotros que tenéis sabiduría de primera mano,
los odiados, los encerrados, en quienes nadie confía,
daos cuenta:
yo he capeado la tormenta,
he vencido mi exilio.
He leído detenidamente este poema y, en un punto que creía olvidado, volví a reconocerme. Siempre debe ocurrir ese sismo en que uno vence las apariencias.
martes, 23 de abril de 2013
El idioma de lo disperso - Talanga
Las palabras de bienvenida se derriten por el calor. No se pegan en la piel, resbalan como un idioma que apenas se pronuncia no deja ninguna vibración en la lengua. Es el español, su día. He sido invitado a Talanga, norte de Francisco Morazán y ahí llego, junto a Oscar Amaya, Igor Maradiaga, Nelson Ordóñez, Lety Elvir y Miguel Cabrera. Estamos ahí sentados, entonces, recibiendo el suave y honesto trato de escritores en podium. Vemos pasar la bandera e incluso el himno nacional que logro susurrar como una nana, sí, como algo que escuché en mi infancia, igual de tieso que los alumnos a mi alrededor, pero igual de ausente, lejanísimo.
La alta temperatura -digamos que 38 grados centígrados- ha puesto a zumbar el panal. Los estudiantes están como para una piscina y nosotros les llevamos palabras que se inflan y desinflan en el momento menos oportuno. Sin duda, un mal salvavidas. Habrá que inventarse algo pronto. Algo debe sobrevivir más allá del abrazo y la sonrisa. Decido: registraré tras bambalinas, iré a ver cómo se prepara El Quijote y cómo lo toman las chavas y chavos.
Aquí hay fiesta, es otro idioma, las palabras no se traban, es como la sensación de una efervescencia bajo la lengua. Otra cosa es que sobre el escenario los diálogos se tropiecen intentando coincidir con la actuación, pero aquí, la pura expectativa por la obra da otra obra.
La pasé de lo mejor. Al principio como esos pájaros de Macondo buscando morir en la sombra pero luego ya estaba captando lo que el español no cuenta como idioma, la pura representación de algo que fue o que tuvo sentido para alguien y que luego se volvió signo disperso. Al menos con la fotografía he intentado crear cierta unidad y agradecimiento por Ana Janeth, la amiga profesora que una vez, desde el aula de la Pedagógica, creyó posible esta actividad. Y claro, sin dejar a quien ha debido estar con nosotrxs: el poeta José Gonzáles, quien hizo el contacto hacia este día.
La alta temperatura -digamos que 38 grados centígrados- ha puesto a zumbar el panal. Los estudiantes están como para una piscina y nosotros les llevamos palabras que se inflan y desinflan en el momento menos oportuno. Sin duda, un mal salvavidas. Habrá que inventarse algo pronto. Algo debe sobrevivir más allá del abrazo y la sonrisa. Decido: registraré tras bambalinas, iré a ver cómo se prepara El Quijote y cómo lo toman las chavas y chavos.
Aquí hay fiesta, es otro idioma, las palabras no se traban, es como la sensación de una efervescencia bajo la lengua. Otra cosa es que sobre el escenario los diálogos se tropiecen intentando coincidir con la actuación, pero aquí, la pura expectativa por la obra da otra obra.
La pasé de lo mejor. Al principio como esos pájaros de Macondo buscando morir en la sombra pero luego ya estaba captando lo que el español no cuenta como idioma, la pura representación de algo que fue o que tuvo sentido para alguien y que luego se volvió signo disperso. Al menos con la fotografía he intentado crear cierta unidad y agradecimiento por Ana Janeth, la amiga profesora que una vez, desde el aula de la Pedagógica, creyó posible esta actividad. Y claro, sin dejar a quien ha debido estar con nosotrxs: el poeta José Gonzáles, quien hizo el contacto hacia este día.
jueves, 18 de abril de 2013
Todas partes
Foto: Alberto Cob
En una de las interpretaciones hindú sobre el alma, se dice que ésta habita todo el cuerpo, que no se encuentra en un sitio específico, mucho menos en un órgano. Si se nos corta un brazo parte del alma se va; si luego se nos cortara una pierna iríamos confinando el alma a un espacio cada vez más pequeño. Pienso que muchas veces vamos por ahí con la sensación de un miembro fantasma que ya no existe y, que por ello, cada vez se va pulsando menos desde esa bovina que llamamos alma. Vamos desapareciendo de a poco, a mordidas de tiempo y espacio. Existen días, por igual, que toda el alma pareciera resplandecer por todas partes, como un sol de verano que es en sí "todas partes": las piedrecillas, el polvo, los neumáticos de los carros, los parabrisas, las niñas que cruzan hacia la escuela, el agua negra vaciándose sobre la pavimentada, todas partes es el sol y éste no se encuentra en un punto de la galaxia emanando solitario su luz, no, puede -desde esta sensación- brillar desde lo que ya dije: polvo, ojos, puertas, ventanas, palabras, materia dispersa, reflejos, tenedores. ¿Cuánto mundo tendríamos que cortar para que el mundo fuera quedando sin sol?
F.E.
martes, 16 de abril de 2013
"Maybe I’m burning and I don’t feel it,”
Las noticias sobre atentados terroristas provocan un sentido de extrañamiento en mí. Veo las imágenes previas del cómo discurre la realidad, veo, en este caso de Boston, a los corredores, ya muy exhaustos intentando llegar a la meta sin darse cuenta que corrieron todos esos kilómetro para ir en busca de las explosiones. Las banderas flameaban, la gente alentaba a los que iban llegando, la subjetiva de un cámara digital en manos de un corredor desconocido muestra la línea de llegada, al trote, y de pronto la nube de la explosión y el comienzo de algo que estaba suspendido y que es alimento de todo reality show. ¿Es falso efecto visual? alcanzo a preguntarme, pero luego llegan, agolpándose, todas las demás imágenes de gente destrozada, los reportes de los niños muertos y heridos, las micro-biografías y las llamadas de los familiares, "la vi por última vez el jueves, era una nieta adorable".
"Es un poco irónico que acababa de terminar la maratón y quería seguir corriendo", dijo Sarah Joyce de 21 años. Y eso es lo extraño en un mundo donde la realidad ha sido dosificada y manipulada para ser irreal. Uno puede estar mirando un reality show cualquiera y en él se pueden estar matando pero en el fondo se considera que eso es parte del show, que una vez que se admite a participar de él todo queda en la dinámica de la irrealidad, con sus propias reglas y reacciones.
Estados Unidos vuelve a sangrar y es la gente más inocente la que recibe el impacto en ese otro frente que los mismos Estados Unidos abrió en su historia reciente. Aquí no vemos las incursiones de combate y soldados altamente entrenados recibiendo fuego, no, vemos a niños acribillados dentro de sus escuelas, a deportistas sonrientes y sanos, todos ellos volando a pedazos junto a la realidad que se ha montado frágilmente. "Una nación en guardia no puede evitar toda conspiración contra ella", escriben los periodistas, "¿Qué fue lo que falló?"... falló la humanidad, tal vez, falló la civilización, falló la dirección de los misiles tele dirigidos satelitalmente y que siguen explotando sobre Libia, Siria, Irak, Mali, Afganistán, falló el cálculo de los daños colaterales, la idea de que la población estadounidense no entraba en el terreno de combate de una humanidad que fue lanzada a la guerra civil por el poder inconcebible del imperialismo.
http://www.abc.es/internacional/20130416/abcp-washington-post-nacion-guardia-20130416.html
http://www.nytimes.com/2013/04/16/us/witnesses-describe-scene-of-carnage-after-blasts-at-boston-marathon.html?hp&_r=1&
"Es un poco irónico que acababa de terminar la maratón y quería seguir corriendo", dijo Sarah Joyce de 21 años. Y eso es lo extraño en un mundo donde la realidad ha sido dosificada y manipulada para ser irreal. Uno puede estar mirando un reality show cualquiera y en él se pueden estar matando pero en el fondo se considera que eso es parte del show, que una vez que se admite a participar de él todo queda en la dinámica de la irrealidad, con sus propias reglas y reacciones.
Estados Unidos vuelve a sangrar y es la gente más inocente la que recibe el impacto en ese otro frente que los mismos Estados Unidos abrió en su historia reciente. Aquí no vemos las incursiones de combate y soldados altamente entrenados recibiendo fuego, no, vemos a niños acribillados dentro de sus escuelas, a deportistas sonrientes y sanos, todos ellos volando a pedazos junto a la realidad que se ha montado frágilmente. "Una nación en guardia no puede evitar toda conspiración contra ella", escriben los periodistas, "¿Qué fue lo que falló?"... falló la humanidad, tal vez, falló la civilización, falló la dirección de los misiles tele dirigidos satelitalmente y que siguen explotando sobre Libia, Siria, Irak, Mali, Afganistán, falló el cálculo de los daños colaterales, la idea de que la población estadounidense no entraba en el terreno de combate de una humanidad que fue lanzada a la guerra civil por el poder inconcebible del imperialismo.
http://www.abc.es/internacional/20130416/abcp-washington-post-nacion-guardia-20130416.html
http://www.nytimes.com/2013/04/16/us/witnesses-describe-scene-of-carnage-after-blasts-at-boston-marathon.html?hp&_r=1&
domingo, 14 de abril de 2013
Dos fe de erratas
Leí hace un año la extensa biografía de Leonardo da Vinci, "Leonardo, el vuelo de la mente" del escritor británico Charles Nicholl y, hace una semana terminé "El señor de las moscas" del también británico Willian Golding. Siento que son dos lecturas a las que puedo elevar a la categoría de insuperables, tanto por su elevada información como por su profunda interpretación de la condición humana, sin dejar a un lado la maestría, el ritmo y la abundancia en "literatura" con la que fueron escritos, una verdadera experiencia dentro del poder de la palabra.
Y esto... y esto... ¡de dónde sacaron que Leonardo trabajó en Piratas del Caribe! Este pedazero del tipo MTv no pretende nada (quiero estar seguro de ello). Los pocos minutos que vi su estreno se me volvieron insoportables, casi un insulto. Ni la inteligencia, ni la creatividad real, nada, ahí no está Leonardo, lo que hay es una especie de junkie al que los amigos tienen por genial.
No sé qué más opinar. Starz ha creado un bodrio.
Me he dejado llevar por la tentación de ver sus versiones en cine y televisión y he debido contenerme.
En el caso de la dirección que Harry Hook (1990) le diera al film: una ingenuidad, una moraleja. Nunca entró a la oscuridad de una humanidad que busca nacer de nuevo desde los despojos, y los despojos en este caso, son los niños. Si en cada niño duerme un tirano aquí se olvida. Aquí hay un paraíso, es cierto, pero entonces ¿cómo afecta a la psicología de un niño tener un paraíso para sí? En la novela Golding se va a fondo, casi como Conrad en Corazón de Tinieblas, crea paralelos y lenguajes entramados entre la naturaleza virgen y la naturaleza abierta de la infancia... pero en la película pareciera el documental de unos boy scout a quien el tono del juego se les fue demasiado arriba y que los soldados que encuentran al final se encargan de reprender. En la película no entra por ningún lado la verdad de una civilización que debe confiar en rehacerse a través de lo que los niños recuerdan o aprendieron de los adultos, no, eso se queda superficial, como anécdota. Espero que un buen director actual se tome el reto del remake. Hook se tomó demasiado en serio su ascendente de Peter Pan y sin duda el cocodrilo terminó devorándolo.
No sé qué más opinar. Starz ha creado un bodrio.
Poesía y novela como resistencia a la legislatura del mal
Juan Carlos Mestre y Clara Usón, gana los premios de la Crítica en Poesía y de Narrativa
Los autores hablan de la complementariedad de sus libros
La cara y la cruz del ser humano, la luz y la sombra que pueden acompañar a un individuo, la cara de la esperanza y el rostro del horror. Esos son los dos temas abordados en sendos libros distinguidos con el Premio de la Crítica: el poemario La bicicleta del panadero (Calambur), de Juan Carlos Mestre, y la novela La hija del Este (Seix Barral), de Clara Usón. Una feliz coincidencia porque las dos obras se complementan y comparten un trasfondo que señala lo oscuro para iluminar la ruta a la armonía.
Si la novela de Usón está inspirada en la hija suicida de Ratko Mladic, uno de los criminales más sanguinarios de la guerra de los Balcanes y que le sirve para acercarse al rostro del horror, el poemario de Mestre recuerda fracasos del ser humano para reivindicar la armonía entre el hombre y la naturaleza.
El premio despertó a Mestre en Chicago y a punto del aperitivo de la comida a Clara Usón en Barcelona. Aunque estaban a ocho horas de diferencia el uno del otro, esto no impidió que opinaran, casi al mismo tiempo, sobre el punto compartido de sus obras y sobre cada una de ellas. Ninguno de los dos conoce, aún, la opinión del otro sobre esos dos aspectos en los que los ha unido el galardón. Lo sabrán ahora:
Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957): "Creo, como pensaba Rosa Luxemburgo, que cada lágrima que corre allí donde podría ser evitada es una acusación. La poesía es el testigo incómodo de la conciencia, el imperativo categórico de la memoria como derecho indeclinable de las víctimas, la palabra restituyendo el sentido que le han robado, después del secuestro de la democracia por los mercaderes, al más perdurable de los proyectos de la inteligencia humana, es decir la reafirmación de dignidad que supone la lucha por los derechos civiles a la felicidad. De eso hablan, de eso testimonian las admirables páginas de Clara Usón y los habitantes insurrectos e inocentes de la casa de huéspedes de mi libro. La literatura, la poesía, también está ahí, para decir no, para ofrecer un grado de delicada pero intensa resistencia a la legislatura del mal, a la toxicidad mercantil que pretende convertir al ciudadano en cliente. Desobedecer la costumbre de los sistemas de dominación, hacer inconsumible para el sistema una vez más la voz que desde las afueras de la razón establece alianza con los descontentos y los débiles que, en la esperanzadora profecía de Picabia, harán sin dudad algún día la vida más bella y por tanto más justa. Acaso ahí la coincidencia, la persuasiva intuición de que la esperanza del nombrar el pasado, la vigilancia de su ominoso recuerdo, lleve más lejos que la terrible certeza del miedo".
Clara Usón (Barcelona, 1961): "Es un acierto esta coincidencia de premiar dos obras de signo tan diferente, lo oscuro y lo luminoso, que tiene detrás el mensaje de que no hay que perder nunca la esperanza. He procurado que mi novela no fuera maniquea en el sentido de buenos y malos absolutos o de bondades y maldades implícitas en una u otra persona. La verdad es que no sabemos quiénes somos hasta que las circunstancias nos ponen a prueba. Es el lado de las luces y sombras del individuo que van apareciendo según el rumbo de situaciones, a veces, externas y ajenas a él. Tendemos a pensar que la maldad pertenece solo a los otros, olvidamos que también puede estar en cada uno y no lo sabemos porque depende de muchos factores".
Sobre la poesía y la novela en un presente de incertidumbre como el de hoy dicen:
Juan Carlos Mestre: "De adolescente leí un verso de Antonio Gamoneda , mi admirado maestro, que no me ha abandonado nunca: La poesía no es un lugar donde van a parar los cobardes. Bien, no se trata, ni de valentía, ni de mayor coraje, sino sencillamente de estar en el mundo de otro modo, asumiendo el proyecto de lo inexpresable desde la identificación moral y ética con la fragilidad humana, con la incertidumbre y la intemperie del que no ha cometido ningún otro delito que el de nacer. Las palabras de los poetas son imprescindibles porque no sirven para ninguna otra cosa que no sea la reafirmación de un acto de creencia: la inviolabilidad del ser, ese es su proyecto espiritual, el viento favorable hacia los territorios de la imaginación, allí donde la cultura deje de ser junto a las plusvalías el botín supremo de los amos. En medio de esa supervivencia ciudadana enfrentada a la indefensión civil del nuevo fascismo está la poesía con su pequeño tenderete de palabras recordando lo que ha de seguir significando la palabra justicia, la palabra piedad o la palabra misericordia".
Clara Usón: "No creo que las novelas deban cumplir una función social concreta. Valen por sí mismas como obras literarias. Pero, según me han contado, La hija del Este ha cumplido, o cumple, una labor didáctica porque algunos han entendido mejor lo que sucedió en los Balcanes tras la lectura del libro. Y ha servido para mostrar que Europa es un mito, que permitió una guerra así. Es una obra de ficción pero basada en hechos históricos investigados y contrastados y con personajes reales y ficticios. Cuando empecé a investigar en otros países muchos dudaban de que una española pudiera escribir sobre ese trágico episodio. Los prejuicios y los clichés aparecen cada vez que pueden y muchos creen que solo podemos escribir sobre la Guerra Civil o los toros. Lo curioso es que el hijo de Mladic, Darko, se puso en contacto con la editorial italiana que va a editar la novela, Selerio, para decirle que no la publicara porque formaba parte de una conspiración contra su padre, que está siendo juzgado en La Haya por crímenes de guerra".
Y sobre una reflexión libre que les suscite este momento de alegría, los dos han coincidido en traer su obra al presente:
Mestre: "Es imprescindible que la libertad creativa de la poesía extienda su modo de no querer saber desde los discursos de orden a las demás áreas del pensamiento. Lo que ya no sirve es el sistema en su totalidad, la fuerza que lo sostiene, que ya no protege al ciudadano sino que lo reprime, el analfabetismo político cuya retórica es el engaño, las palabras han de regresar al destino para el que fueron hechas, para la construcción dialéctica e imaginaria de las utopías del mundo. Tal vez los poetas sigan ahí para recordar estas cosas, otra vez los avisadores del fuego ante las catástrofes inminentes de los que tan certeramente nos habló Walter Benjamin. Ya conocemos el costo, ya Wilde refiriéndose a su época decía que la sociedad actual disculpaba con mayor facilidad al criminal que al soñador. No estamos tan lejos de aquellos tiempos, ojalá podamos impedir sus catástrofes".
Usón: "He advertido muchos paralelismos entre mi novela, que su sucede dos décadas atrás, y el presente. La crisis en la que no se ve salida, ni esperanza con un trasfondo de corrupción, donde los políticos creen que azuzando el odio entre los pueblos y sus diferentes sectores señalando a una parte de ellos como responsables o parte del problema pueden llegar a aglutinar a ciudadanos descontentos. Es una falacia, pero funciona".
Así terminan estas palabras cruzadas en vías paralelas al teléfono y por correo electrónico de estos dos autores, pero aquí recién encontradas. Juntadas. Dialogantes. Poesía y novela, La bicicleta del panadero y La hija del Este, como resistencia a la "legislatura del mal" convertidas por Juan Carlos Mestre y Clara Usón en grandes aliados para vivir y, sobre todo, en la posibilidad de rozar parte del misterio del ser humano.
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