lunes, 21 de abril de 2014

Chiki, ¿cómo es el mar?




¿Regresaste, chiki? ¿Y adónde fuiste? Te inflaste el neumático y le hiciste la bomba a toda la gilada que hacía hervir la poza, así me la pasaron, picarillo, te tiraste de las piedras donde se mira la carretera que va hacia el mar, y no te corriste, te hiciste un nudo y el agua chirpió hasta las prado que iban lustraditas con su moto de agua enganchada atrás, a mil por hora porque no querían untarse de las miradas que les tira la pobrería, la felicidad que parecía una horda de renacuajos apareándose.
¿Y quién se quedó con el encarguito, chiki? Yo me anduve por Tepas que se quedó solita, pero no daban ni ganas de meterle el chuzo a nadie ni de asustar a las viejitas del santo entierro, era demasiada la hueva que da el calor y como que uno se pone triste porque ni a moramulca le alcanza a llegar, entonces se queda uno sentado ahí viéndose los pies, imaginando una ola de fuego fresquito que viene y va meciendo las palomas que parecen barquitos de plumas bien bonitos pero que de repente le entra una rabia al triste y quiere tener un rifle de balines aunque sea para hartarse una paloma asada o en sopa, y quiere salir corriendo con el tiner pegadito a la nariz jurando que se va a hartar a todos los pájaros que se le atraviesen, hasta a los zopes que se han tragado los ojos del chelito ayer por andar de sapo.
¿Regresaste, chiki? Yo me quedé firmando las alfombras de aserrín de los chavalillos, mirá que recogieron las sobras y se hicieron unas allá por donde las putas de Los Dolores, ahí mismo donde parió la Yesenia que gritaba como loca porque nadie la ayudaba y sólo se le quedaban viendo como los que van al campo motagua a ver los partidos los domingos, de arriba hacia abajo los muy cabrones que ni ayudaban pero querían verle las piernas hasta que llegaron los bomberos y se la llevaron, pues ahí se hicieron una alfombrita los guirros, a puras cachas pero tenía colores y le dibujaron un mar azulito, chiki, vos sabés cómo es el mar, dejate de cosas, vos fuiste hasta cedeño, vos sabés los que es vivirla en medio de ese cachimbazo de mara que se fue y nos dejó solos en este cementerio.
¿Dónde fue que fuiste, papi?

F.E.

sábado, 19 de abril de 2014

Ezra Pound en su juicio



El 2 de mayo de 1945, Ezra Pound fue detenido por partisanos en su casa de las afueras de Roma, por su colaboración radiofónica con Mussolini. Traspasado a las fuerzas norteamericanas, fue tratado con tal dureza que muchos intelectuales se horrorizaron y trataron de aliviar su condición. El intelectual alemán F.J. Raddatz cuenta esto en un guión radiofónico sobre ese debate judicial (previo a decidir si se le juzgaba o se le consideraba loco) que la revista Quimera publicó en mayo de 1985, en su número 49. Esta curiosidad me viene de mi lectura actual de Personnae, los libros de Pound anteriores a Los Cantos. Transcribo hoy la parte relativa a las condiciones en que se le detuvo en el campo disciplinario.


Le ruego responda a esta pregunta, Sr. Allen: ¿fue usted testigo del trato recibido por el Sr. Pound en el campo disciplinario del ejército, en Pisa?
Robert R. Allen: Sí. Pound fue encerrado aparte de los otros prisioneros, dentro de una jaula de acero construida especialmente para él en el patio de la prisión. Él desconocía si su destino era pudrirse en esa jaula o salir de ella para ser ahorcado por traición.... A ninguno de los demás prisioneros les estaba permitido acercársele o hablarle, ni siquiera decirle una sola palabra. No contentos con privar a Pound de cualquier contacto humano, le negaron también cualquier lectura que pudiera servir de consuelo a su agitado espíritu. Para matar el tiempo solo contaba con un texto de Confucio, en chino, que iba traduciendo: esto era todo cuanto disponía para alejar sus pensamientos tenebrosos, sus inquietudes, sus angustias.
Pero sus sufrimientos no se limitaban a estas torturas mentales. Estábamos entonces en pleno verano y el sol italiano caía a plomo: el recalentado pavimento del patio de la prisión se calentaba hasta lo insoportable. Por las inmediaciones pasaba una concurrida carretera militar y Pound estaba permanentemente expuesto al ruido y el polvo, careciendo de protección. Mientras los demás presos eran trasladados bajo la tiendas para protegerlos del soy el polvo, Pound permanecía abandonado a la intemperie, de tal manera que ni uno solo de sus gestos escapara a la vigilancia de los guardianes. Los demás detenidos podían salir de sus celdas para la comida y las sesiones de ejercicio físico, pero Pound no. También estaba privado de la ayuda que comporta, en cierto modo, la vida en colectividad. Estaba solo.
Tampoco la noche le aportaba el descanso y el sueño necesarios tras semejantes jornadas de sufrimiento bajo un implacable sol tropical: unos reflectores apuntaban a la jaula y, durante toda la noche, su cegadora luz hacía arder sus pobres ojos inyectados en sangre. En esa jaula de barrotes de acero, ni un solo mueble. Pound dormía sobre el suelo de asfalto, envuelto en mantas, calcinado por el sol, empapado por las lluvias.


Fritz J. RaddatzEl proceso de Ezra Pound; revista Quimera, nº 49, mayo de 1985. Traducción de Juanjo Fernández

Robert Frost: Desde 1908, Ezra Pound se marchó de América. A partir de entonces, contando 23 años, se convirtió en el ministro sin cartera, el descubridor y promotor de la gran literatura europea. Siendo secretario de William Butler Yeats, en 1913 descubrió a James Joyce: en aquel caso, a través de un poema juvenil y sus primeras tentativas de prosa; a raíz de este encuentro nació una amistad que duró decenas de años; solo gracias a la mediación de Pound fue posible que se publicara la gran novela Ulysses. Al mantener una infatigable correspondencia con editores e incontables pequeñas revistas literarias –a las que asesoraba e incluso, si era preciso, financiaba-, se esforzó por hacer publicar esta novela, ocupándose también de que Joyce cobrara derechos de autor y de que la crítica le prestara atención. Fue Pound quien escribió los primeros grandes ensayos sobre Joyce: hizo lo mismo  con D.H. Lawrence, Wyndham Lewis y T.S Eliot; es más, a los consejos literarios de Pound y a su depuración estilística debemos la obra maestra del propio Eliot, The Waste Land. El gran escritor ruso Isaac Babel ha calificado a Pound como personaje ejemplar. Ernest Hemingway ha declarado que había “aprendido Pound más que de nadie en el mundo, que de él había aprendido cómo se debía escribir y cómo no se debía”. Pound proclamó los méritos de los Tr´picos de Henry Miller cuando nadie, en aquel tiempo, se atrevía a incluirlos en la literatura. Una considerable correspondencia da fe de la amistad que le unió con Cocteau y Louis Aragon.

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El secretario: Sr. Hemingway, se le ruega que diga su nombre y profesión.
Ernest Hemingway: Puede usted irse al carajo con sus formulismos, amigo. Soy Ernest Hemingway y Ezra Pound es amigo mío. Con eso basta. Tampoco he entendido ni una puñetera palabra de todas esas eruditas chorradas y chocheces que se acaban de soltar sobre sexo, fascismo y élites.
El presidente: Sr. Hemingway, lo lamento pero...
Ernest Hemingway: ¡No me interrumpa! Me trae sin cuidado lo que usted pueda lamentar. Yo, lo que lamento es la manera como se trata aquí a Ezra Pound. Seré sincero: quiero sacarle de aquí y voy a contar dos o tres cosas sobre él. Ezra Pound y yo siempre hemos estado muy unidos... El estudio en el que vivía con su mujer, Dorothy, en París, era tan modesto como señorial era el de Gertrude Stein. A su propia actividad poética no dedicaba más que la quinta parte de su tiempo... El restante lo dedicaba a mejorar la situación material de sus amigos y las condiciones de su traajo artístico. Les defendía cuando eran atacados. Les ayudaba a publicar en revistas, los sacaba de chirona. Les prestaba dinero, vendía sus cuadros, organizaba conciertos. Convencía a los editores para que les publicaran sus libros. Y cuando ellos creían hallarse a las puertas de la muerte, se quedaba con ellos toda la noche y era testigo de su testamento. Les pagaba las facturas del hospital y les disuadía del suicidio. Y, en pago a todo ello, sólo algunos de ellos renunciaban a darle una puñalada por la espalda a la primera ocasión.
¡Vean, señores, el tipo tan extraordinario que era! Y de lo que la matasanos esa ha contado, sus rollos sobre cerebro y cojones, todo eso me la suda. ¿Loco? ¿Y qué? ¡Claro que está loco!... como mínimo desde 1933.

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Sr. Williams, ¿conoce usted a Ezra Pound desde la época en que ambos estudiaban juntos?
William Carlos Williams: Exacto. Nunca explicar nada, esa era su divisa. Era fiel a ella y siguió siéndolo cuando, más adelante, se puso a escribir poemas. Lisa y llanamente, él vivía en más altas esferas que los demás habitantes del planeta, en esferas fuera de lo común. Hasta creo que se trata de un rasgo de su personalidad... que ha terminado por causar su perdición. Intentó hacerse sitio en el firmamento. Y, con un poco más de fortuna en lo financiero, lo habría conseguido. Desde aquella época, pero también luego en Londres, se entregó en cuerpo y alma a la vida bohemia de los artistas, adoptando sus poses extravagantes y toda su característica parafernalia: aretes turcos, chaquetas de terciopelo y melena flamígera. De cuando en cuando, él y yo discutíamos acerca de cuál debía ser el objetivo que debía perseguir un poeta: ¿el caviar o el pan? Yo estaba a favor del pan, Ezra a favor del caviar. Creía vivir una vida de poeta de hoy, y por ello entendía un tren de vida que solo muy pocos de los que actualmente nos dedicamos a esta noble actividad  nos atreveríamos a llevar.

*****
T.S. Eliot: Es sobradamente conocida la estrecha relación que me une a Ezra Pound, y quizá sea más apropiado que me permitan ceñirme a un único aspecto de su personalidad, o sea, sus incesantes esfuerzos por sustituir el mundo real por su contrario, el mundo de la pura forma: estos esfuerzos fueron los que gestaron su obra. A medida que cobraba cuerpo este segundo mundo se volvía una necesidad vital para él poder encontrar compañeros que tomaran en serio sus pretensiones elitistas y que incluso las compartieran. La opción existencial que escogió, por su cuenta y riesgo, de hecho no era más que la elección de un “personaje”, o, dicho de otro modo, de una “máscara”. Es decir, había optado por existir para los otros, en lugar de existir “en sí”. Seguramente, ustedes ya sabrán que uno de sus principales conjuntos de poemas lleva el título de Personae-máscaras. Llegamos aquí a lo más hondo de las razones que le hicieron dedicarse en cuerpo y alma a los escritores y artistas contemporáneos, quienes “normalmente” hubieran sido sus rivales. En él era costumbre el implorarles; les pedía que escribieran bien, les obligaba a ello si era preciso, hasta tal punto que a veces daba la impresión de alguien que intentaba explicar a un sordomudo que su casa estaba ardiendo. Pero esto no era solo consecuencia de su talante de pedagogo: también se debía a su ardiente deseo no solo de escribir bien él mismo, sino de además vivir rodeado de mentes con un poder creativo que igualara el suyo. Señoras y señores, muchas gracias por prestarme atención.
Fritz J. RaddatzEl proceso de Ezra Pound; revista Quimera, nº 49, mayo de 1985. Traducción de Juanjo Fernández



Ha empezado el debate judicial para dilucidar si su estado permite juzgarlo:


... El Sr. Pound está sentado ante ustedes. Le ruego, Sr. Pound, que se levante y mire al jurado. Díganos su identidad, por favor.
Ezra Pound, con voz a la vez hostil y desganada:No soy nadie., mi nombre es nadie.

Rober Frost hace un alegato sobre la importancia de Pound en la literatura. Al terminar, se producen las declaraciones siguientes:



El presidente: Muchas gracias, Sr. Frost. Y ahora, una pregunta que formulo al Sr. Pound. ¿Tiene algo que añadir a lo que acaba de declarar Robert Frost?

Ezra Pound (recitando uno de sus poemas):
y un olor de menta bajo los toldos de las tiendas
sobre todo después de la lluvia
y un buey blanco en el camino a Pisa
como encarándose con la torre,
carneros negros en el campo de maniobras y los días de lluvia, nubes
sobre las montañas, como bajo las garitas.
Una lagartija me tenía en vilo
las aves del campo detestan el pan blanco
4 gigantes en 4 esquinas
tres hombres jóvenes  ante la puerta
y han cavado una zanja a mi alrededor
para que la humedad no roa mis huesos...

Tras un momento de silencio, el presidente con una tosecilla de compromiso: ¡Ejem!... hum. Bueno. Y bien.. Deseo ahora solicitar la presencia de...

El poema recitado era sin duda sobre sus condiciones. Los 4 gigantes son las torres de vigilancia, los tres hombres jóvenes son los guardianes que evitan todo contacto.

Fritz J. RaddatzEl proceso de Ezra Pound; revista Quimera, nº 49, mayo de 1985. Traducción de Juanjo Fernández



Allen Ginsberg entrevista a Ezra Pound


Allen  Ginsberg
Encontré a Ezra Pound sentado en la placita de enfrente de su pensión, un Pound silencioso, exasperado, más bien taciturno. No conseguí más respuestas a mi preguntas que el incansable movimiento de sus manos. Intenté con mucho cuidado quebrar aquel silencio mortal abrazándole; sí, lo confieso, besándole respetuosamente la frente, mientras le decía:
Para mí, como para muchísimos jóvenes poetas, usted ha sido un estímulo inestimable, no solo por su obra sino también por su concepción de la poesía según la cual sin cosas no existirían ideas. El estilo de sus poemas ha influido directamente y con gran precisión sobre mi propia concepción de la escritura.
Todo esto que le cuento, ¿tiene algún interés para usted?

Un gran silencio, seguido de un murmullo muy entrecortado, una voz maltrecha por la edad...
Ezra Pound: Sí, pero mis poemas, por su parte, carecen de cualquier interés. A los 70 años me he dado cuenta de que mi vida no ha sido una quimera, sino una imbecilidad.
Allen Ginsberg: Eso no quita que su obra, ese conjunto artístico de palabras y frases, me ha proporcionado el impulso necesario para mi propia evolución.
Ezra Pound: Puro revoltijo.
Allen Ginsberg: ¿A qué se refiere, a usted, a sus Cantos o a mí?
Ezra Pound: A mi obra. Estúpida y pedante de cabo a rabo. Pero mi mayor error fue mi antisemitismo, ese estúpido prejuicio pequeño burgués.
Allen Ginsberg: Me alegra oírle decir esto. En cualquier caso, usted nos ha enseñado el camino. Cuanto más leo, más me convenzo de que sus poemas son la mayor obra lírica de nuestros tiempos. Y respecto a sus declaraciones sobre política y economía, usted tenía razón. Cada día se ve más claro en Vietnam. Usted fue el primero que nos enseñó a quién beneficia la guerra.
¿Me permite que le bendiga y que le lea un poema?
Ezra Pound: Sí.

Dos de Ezra Pound



Encargo

Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellos cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;

id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido interés.

Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia...
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo n mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.

Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.


Los demás

¡Oh minoría indefensa de mi patria,
oh restos esclavizados!

Artistas que os habéis roto contra ella,
descarriados, perdidos en los pueblos,
objetos de recelo, de malediscencias,

amantes de la belleza, famélicos,
frustrados por los sistemas,
indefensos contra el control;

vosotros que no podéis rendir al máximo
por seguir buscando el éxito,
vosotros que solo podéis hablar,
que no encontráis el coraje para reafirmaros;

vosotros cuya sensibilidad más fina,
se rompe contra el faso conocimiento,
vosotros que tenéis sabiduría de primera mano,
los odiados, los encerrados, en quienes nadie confía,

daos cuenta:
yo he capeado la tormenta,
he vencido mi exilio.


viernes, 18 de abril de 2014

Sombras que se alargan

Nada es igual a aquella primera impresión que me dio la enorme cruz pintada de verde cobalto en Sabanagrande, pero cierta cadencia me llevó a percibir la gravedad de todo viernes santo. Una muchedumbre rezagada que prefiere este turismo de una sola tarde y que, al parecer, se vuelve cada vez más masivo y digno de múltiples selfies.

Dos veces hice ruta al sauna, porque sauna fue Tegucigalpa el día entero. Un borrachito, sentado a las puertas de un mesón en Los Dolores gritaba a los cuatro vientos que él había comido de toda la basura que la gente botaba, que él si podía hablar de lo que era comer mierda. El taxista que lo escuchaba adormilado se puso a sintonizar la radio y el viacrucis y una que otra paloma se atrevió a cruzar la calle de una acera a otra. El sol fundía el pavimento y éste adquiría la consistencia de un río plomizo. Vi a muchas parejas tomándose selfies junto a los santos sin importarles cómo harían para etiquetar luego al santo. Vi la maraña de cables, multitudes fascinadas por el vacío pero llenando ese vacío de algo parecido a la gratitud. Nunca había hecho este recorrido por un día que siempre aparté para ver a Ben Hur en su batalla naval, pero hoy, de la mano de Esteban y Bárbara me dejé llevar a esa otra vibración imposible de evadir y que, de lo místico y sublime, deja muy poco, aunque la fiesta aparente arrancar y elevarse pero que apenas llega a ser un entretenimiento y no profunda mezcla de búsquedas y encuentros.

De todas formas ahí estaba el color, y la tarde deliciosa lejos del mar y sus hoteles llenos de cucarachas alborotadas. Estaba la ciudad vacía más allá del montaje de la tradición, y caminar esos suburbios desolados como que llena, como que es la ciudad que siempre esperamos: hecha para nosotros y las sombras que se alargan.










jueves, 17 de abril de 2014

La luz del día en que Gabriel García Márquez murió

Un hilo de sangre dio vuelta a la esquina, subió al bus, bajó hasta dar con mi casa. Tocaron la puerta. Era Ursula Iguaràn, tan pequeña, tan antigua... Murió -me dijo-, la hojarasca se lo ha llevado.



martes, 8 de abril de 2014

Bifronte Jano


Fabricio y los cuadernos de la cárcel.

Yo siempre lo conocí poeta, desde antes de Casa Tomada, desde antes de Paradiso, desde antes de Sabanagrande, desde antes de conocerlo.

Habla y hace poesía, toma fotos y captura las palabras de la imagen, al igual que Rubén Izaguirre, ha sido parte de la poesía joven que nació adulta en una tierra donde las palabras son fantasmas que penan.

Los viejos poetas tuvieron que tragar amargo, las vacas sagradas del parnaso tuvieron que mugir de otra manera, los estafadores del verbo y los amigos de las musas ajenas tuvieron que asimilarlo como compañero de viaje. Ninguna palabra quedó a salvo y ninguna calle se ha fugado de su inventario poético.

Se que muchos quisieran juzgarlo como a Gramsci y susurrarle al juez la necesidad imperiosa de que esa mente no funcione en los próximos 20 años, pero se jodieron, la poesía de Fabricio, el que vino del sur, el que toma fotos en blanco y negro, vino para sembrarse, crecer y dar fruto.

Yeco.

viernes, 4 de abril de 2014

Yeco, un recorrido

 Poeta Karen Valladares

 Fotógrafo Délmer Membreño

 Poeta e Intérprete Venus Mejía

 Fotógrafa Heleci Ramírez

 Actor Jorge Osorto

 Escritor Eduardo Bahr

 Músico Alex Palencia

 Músico Camilo Corea

 Actor Leonardo Montes de Oca


Director y actor Mario Jaén

La primera cámara que tuve fue una k1000, realicé miles de disparos con ella y los fallé casi todos, el desenfoque era la regla de mi vida, y la sobre y la subexposición eran los sinos de mi amarga vida. Fotografié con la culpa del tiempo inútil a cuanta alma complaciente estuviera a tiro pero sus imágenes esquivas y delgadas evitaban casi siempre el obturador de mi cámara.

Por aquellos años, escuchaba la fama de Arturo Sosa, de Miguel Reyes, Max Hernández, Evaristo López y muchos otros héroes y villanos que se escapan a mi memoria, no entendía la maldita luz, y no es que la entienda ahora, como fluye, como se corre entre los dedos, como se hunde en un remolino demente en el centro de los ojos. Lo que si sabia es que me maravillaban los santos malditos y benditos de Arturo y el egoísmo gráfico de Miguel con sus bodegones de pieles desnudas.

Después fue Marvin Martínez y esa serpiente volando sobre la cabeza y luego Fabricio Estrada con ese inventario de la ruina que yo jamás podría hacer.

Hace muchas tardes, en un café, hablaba maravillado de una fotografía de Arturo, las nubes se extendían como un velo mortuorio sobre la tierra y montañas aéreas sobresalían como islas misteriosas donde Swiff podría encontrar enanos y tesoros piratas.

-Pero Arturo es un golpista- me replicaron ácremente, yo me di cuenta que aquel sagrado "Relámpago" me había indigestado la existencia, me paré y le dije: -puede ser, pero eran montañas que navegaban por el cielo y eso lo hace mejor que vos, yo y tu puta madre juntos -.

Un día de un mes inexplicable, llegué a su estudio, estaba haciendo fotos con una 120, con maestría y soberbia la hacía sonar y yo sólo miraba culpable por desear algo así, era imposible para alguien cuyo pedigree puede localizarse entre los mecánicos del Patria Maratón, le pregunté que cámara me recomendaba para trabajar la fotografía, y en lugar de desanimarme, por piedad profesional, me atiborró de nombres misteriosos que sonaban como rusos.

-Maestro-, le digo cada vez que lo miro, pero jamás me ha enseñado nada, nunca me ha mostrado los misterios de la luz, ni las revelaciones de la ebriedad, siempre supe que enseñaba en un reino lejano y que no había forma de poseer sus secretos.

Es el amigo que más me ha mentido y al que más he esperado, sólo las matemáticas misteriosas de la coincidencia nos acercan por breves momentos, de todas formas tengo que agradecerle las dos cátedras magistrales que me dió, un rostro de una virgen bañado por una suave luz y unas montañas que cruzan un mar de nubes. Son mis fronteras de la imagen y todavía lucho a diafragma partido por superarlas.

Gracias Maestro.

N.Y.

miércoles, 2 de abril de 2014

Apología del poder - Byron Mejía, Honduras

Tomo la tierra que ha sido arrasada. Los huesos calcinados del presente. La estructura se ha desplegado y caben en ella todos los muertos negados, los estragados sobre las aceras, sobre la materia cavernosa de nuestras altamiras más profundas. Aquí está el espíritu que ronda la masacre, el zeigeist hórrido que se trasvasa sobre los materiales del espíritu creador, sin poder contenerse bajo ningún planteamiento aséptico. No hay ruta en el trazo más que aquella mixtura que avanza sobre el lienzo como el rastro de un cuerpo llevado por los talones. ¿Dónde estás, tierra mía, sino en las cenizas que Byron Mejía ha mezclado con los cuerpos enredados de la masacre? ¿Dónde, mi paisaje más prístino, el más bucólico, el más destrozado en las portadas cotidianas de los que, saciados de sangre, siguen desmembrando nuestra memoria? Se despliega la estructura. Tomo la tierra y los muñones 
del carbón más mío. Pinto con vos, Byron, mi máscara.

Fabricio Estrada






Tristeza organdí - Fotos Chaliobala

Esta serie la tomé a principios del año pasado. Quería acercarme a esa antigüedad que somos siempre y que la foto en blanco y negro revela al instante, sin cortapisas, sin dilataciones. Somos antiguos, esa es la cosa. Parte de la serie fue expuesta en el MIN durante la expo colectiva Cine Zero.








martes, 1 de abril de 2014

Espejo

Ahora he regresado.

Sé cómo fue esa patria que fue todo y mucho menos que ahora. Todo fue ese mundo de leer sin ninguna tregua, meterme a fondo en esos mundos que están entre el tiempo y los libros.
Ahora comprendo que he regresado como del exilio y el país me sabe extraño, palpable pero alejado.
Mi hermano ha sido encerrado en esa otra forma de vivir dentro de Honduras y no sé cómo aguantará tanta libertad tanto encierro.

Ahora he regresado y sé que mi hermano está detrás del muro, porque ahora entiendo, perfectamente, que delante de todos ha existido siempre ese muro desde el cual nos hablamos a golpecitos o, lo que es más duro, que caminamos paralelos a un laberinto de espejos.