lunes, 15 de junio de 2020

Javier Etcheverren - Uruguay


Foto: Fabricio Estrada

Javier estuvo en Honduras como voluntario de la Cruz Roja durante la tragedia del huracán Mitch, en 1998. Encargado de ir por nosotros al aeropuerto y gestor voluntario del Mundial Poético de Montevideo, de inmediato supe que mi participación le llevaba algo del derrumbe que vio en aquellos día de noviembre del 98 pero también algo de lo que en Honduras logramos superar, en este caso en palabras. Javier fue hablándonos del Uruguay a lo largo de la Rambla hasta llegar al Hotel Spléndido y lo que iba señalando era un Montevideo que se debatía entre el Mar de la Plata y la espuma que había erigido interminables condominios y estatuas de Artigas. Era el mar, la gente corriendo en esa costanera bellísima y el nuevo Uruguay pos Frente Amplio, entonces -antiquisimo Uruguay que retoma el punto en suspenso de un conservadurismo nefasto-, el tranquilo tono de un poeta que se sabía preparado para la amistad con un sosegado sentido del humor siempre presente, como acto de mago que lo va sorprendiendo a uno con pañuelos sacados sin aviso, de cualquier lado, del silencio que presiente un giro extraño, del silencio que avisaba que se nos venía la cuarentena, del silencio de la poesía que solo calla para  prepararse a decir las cosas más duras de la verdad con un calmo sentido del asombro.


De «Desidia» (2009)
Honduras

el hambre le come los músculos
su piel decidió envejecer
sus pies pertenecen a las niguas
apenas lo ampara la negligencia
mirarlo es asistir a su funeral

ese niño
juego de azar
festival de la desgracia
icono de la omisión
es breve y frágil, es una cosa
imagen que puede herir
la sensibilidad del televidente
objeto de nuestros comentarios
y este poema

De «Fábula de un hombre desconsolado» (2014)


MI MADRE


Mi madre tiene seis brazos.
Así logró salvar a sus tres hijos de aquel incendio.
Corrió hacia el futuro,
dándole la espalda al derrumbe, al fuego,
hasta que fueron cenizas.
Recién entonces nos permitió mirar hacia atrás.

Mi madre saltó desde un balcón
aquella vez que los perros me atacaron.
Se lanzó al río y salvó de su feroz corriente
a mi hermano Adrián.
Desvió -con un golpe certero- un veloz automóvil
para evitar que mi hermano César fuera atropellado.

Mi madre nos salvó a los tres del hambre,
ese vacío voraz
que ataca a los niños en pleno día.

Ni el tiempo puede con mi madre.
Se han muerto mi padre, mis abuelos, mis tíos.
Mi madre ha decidido no morirse antes que sus hijos.
Tan poderosa es.





MI PADRE

Mi auténtico padre
gobernaba un planeta distante.
Vendrían por mí
buscando al heredero del trono.

Mi auténtico padre
recorría el mundo y hablaba varios idiomas.
Un día lo cruzaría
en algún puerto lejano.

Mi auténtico padre
era millonario y tenía
negocios en Asia y Oceanía.
Me mandaría un obsequio pronto.

Mi auténtico padre
era guerrillero y llevaba
una vida clandestina en Perú o Colombia.
Yo estaría orgulloso de su lucha.

Lo cierto es
que mi falso padre
murió solo, sin gloria
y ni siquiera tuve
interés en su cadáver.


De «Ruidosa Luz (100 haikús)» (2016)


Entre el bien y el mal

tuvimos que elegir.
Elegimos mal.

Quiso la roca
batallar contra el mar
—dijo la arena.

Una mujer
con forma de canción
canto en voz baja.


De «Cuerpo roto en cuatro puntos cardinales» (2018)

IMPOSIBILIDAD DE XIMENA

Atravesé los hemisferios del tiempo
tras la hazaña de recrear
con poemas tu elipsis.

Pero soy impreciso
y sólo es grava semántica tu fibra:
un misterio convertido en delirio,
una fábula opaca,
un galope de versos sin vigor.

Se fatiga tu rastro
pero hay un conflicto
de bruma y minerales
cuando presiento
tu regreso.

¡Entonces escucho
-justo detrás de mí-
unos pasos que se acercan!
¡Entonces escucho
-justo detrás de mí-
una llave girar!
Entonces me vuelvo
-veloz y sonriente-.
Entonces me vuelvo,
en vano,
porque ninguna puerta se abre.



De «Un viento sosegado (50 sonetos)»


Instrucciones para escribir un soneto

Primero, nazca en plena dictadura.
Segundo, crezca con la democracia.
Tercero, deserte de su envoltura.
Cuarto, madure con ineficacia.

Quinto, acéptese enfermo y sin cura.
Sexto, alégrese de su desgracia.
Séptimo, evite siempre la impostura.
Octavo, no le tema a la acrobacia.

Noveno, no complete el crucigrama.
Décimo, progrese con el alfabeto.
Undécimo, desdramatice el drama.

Duodécimo, apártese del libreto.
Decimotercero, grite que la ama.
Finalmente, escriba este soneto.




Ensoñación

Despertar juntos y seguir despiertos.
Abatir el pasado y el futuro.
Admitir el presente sin entuertos.
Desvestirse de color en lo oscuro.

Odiar con ternura, con desaciertos.
Procurar lo intenso, situar lo impuro.
Querer tristemente, como inexpertos.
Pretenderse de modo prematuro.

Preguntar las preguntas prohibidas.
Responder con reserva, desafiarse.
Desangrarse en palabras las heridas.

Abrazar el dolor y abandonarse.
Derrotar ausencias y despedidas.
Dormir juntos y nunca despertarse.



Javier Etchevarren nació en Montevideo, Uruguay, en 1979. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la UDELAR (Universidad de la República). En su país, publicó cuatro libros de poesía: «Desidia», «Fábula de un hombre desconsolado» (segundo lugar en los Premios Nacionales de Literatura 2016), «Ruidosa Luz» (mención en los Premios Nacionales de Literatura 2018) y «Cuerpo roto en cuatro puntos cardinales». Todos, salvo el primero, a través de Editorial Yaugurú. Algunos de sus textos han sido publicados en diversas revistas nacionales e internacionales (Maldoror, Letra Nueva, Notre Dame Review, Palabras Errantes, Massachusetts Review, Waxwing, Colorado Review, Blue Lyre, American Literary Review, Blackbird, Xavier Review, otras). Fue incluido en las antologías «ME USA» (Perú), «América invertida: an anthology of younger Uruguayan poets» (Estados Unidos) y «Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana» (España). En Perú, publicó la plaquette «Ruidosa luz»; en Estados Unidos, traducido por Jesse Lee Kercheval, el libro «Fable of an Inconsolable Man».   


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