miércoles, 13 de septiembre de 2017

It



De algo se debe escribir con seriedad cuando se aborda el cine: del cine B. Es el que forma carácter colectivo y el que simboliza la auténtica realidad. Después de haber ido a ver It en su versión millenial pude advertir algo de Stephen King (a quien leí profusamente en mi adolescencia): lo que llena de espanto sus novelas es la simple transcripción de los demonios colectivos en la psiquis estadounidense.

Uno de ellos es el bulling. No hay películas de cine B donde no se muestren ámbitos escolares llenos de esa plaga. El otro es el abuso sexual intra-familiar, algo que Stephen King ahonda con frío escalpelo en muchas de sus novelas donde ese lastre anímico es el que conduce al psicópata o ente. Pero sobretodo, lo que gravita siempre en esta categoría, es la definitiva soledad de la sociedad estadounidense. Los planos siempre muestran suburbios disecados y relaciones de hastío donde todo se hace añicos por la llegada del "nuevo chico en el pueblo". Casi un temor reverencial al que viene de afuera, y afuera, dentro de estos parámetros, no es otro país, a veces puede ser simplemente otro condado.

Una ciudadanía disgredada de tal forma, hace normal que sea el ejército  el único punto de encuentro donde los y las jóvenes se conozcan o reconozcan como estadounidenses una vez que la pompa de jabón donde creció el bulling explote y los haga marcharse de la familia típica disfuncional, un entorno que se revela en las películas sin un ápice de veneración o uso del conocimiento o información (las salas o habitaciones en estas películas son llanas, sin libro alguno, por ejemplo, o que una pintura de Modigliani sea causa de terror al adquirir vida) más allá del mundo reflejo organizado por los valores de marcas o religiones.

Por eso It es un payaso. El símbolo del payaso en los tatuajes que los pandilleros se hacen en meso-américa, por ejemplo, representa al "dos caras", al infiltrado, al traidor, al que se presentó sonriente para el ingenuo (el niño) y que hizo daño al grupo. Tatuarse un payaso es haber eliminado a un payaso, a Eso informe, inmoral (hablo de la moral reconocida por las pandillas) que es siniestro y que te puede devorar, como vendría a significar, en la película, el abuso sexual a menores o el bulling.

It es realmente el alma siniestra que mueve la parafernalia del espectáculo estadounidense. Eso que vuelve tan aprensiva cada mordida a una hamburguesa de la cajita feliz, por dar otro ejemplo, o que hace que no sea tan divertida la enseñanza macro-económica en Monopoly, ergo.





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