jueves, 11 de agosto de 2016

Marineehrenmal Laboe

No conocía este Memorial alemán a sus marineros muertos, o siendo más específicos, a sus distintas flotas de guerra a lo largo de su historia en el siglo XX, incluyendo la flota de la extinta República Democrática Alemana y la flota del imperio Austro-húngaro (1786-1918). Me impresiona el U-Boat 995 que mantienen en exhibición con mucho esmero. Estos lobos de mar fueron en su momento un arma tan coordinada y letal que estuvieron a punto de cambiar el curso de la Segunda Guerra Mundial a favor de Alemania. Sus últimos modelos fueron con motores eléctricos y apenas hacían ruido. He leído tanto acerca de las graves decisiones que tuvo que tomar Dönitz para mantener a flote todo y, por supuesto, su posterior ascenso a Führer de un par de días , apenas para poner su firma de rendición total. Pues ahí está uno de su U-Boat, tan pulido y radiante como si estuviera a punto de ser botado.

U-995.






Las banderas son otro punto aparte. Incluyen la usada por la Kriegmarine en sus años de cruz gamada. ¡Nunca lo imaginé, en verdad! Creía que la desnazificación había llegado a lo más profundo, pero claro, no necesariamente los más de 40,000 marinos muertos en operaciones durante la SGM eran miembros del partido así como tampoco lo fueron los atletas que participaron en los Juegos Olímpicos Berlín 1936. El Grand Zeppelin llevaba la misma cruz gamada que se plantó sanguinariamente en la historia y no por eso fue prohibido en sus repetidos vuelos a Nueva York donde era recibido con bombos y platillos antes de reventar. En fin, tuvieron que existir sendas reuniones aprobatorias y desaprobatorias para que llegara ese momento de no discriminar la actuación de la flota durante esos diez años (1935-1945) en que Alemania cambió su bandera oficial por la swastika. A millones de personas no les será nada fácil ver esa oprobiosa swastika ahí pero, precisamente, es la forma en que se reeducó a los niños de las posguerra: reconociendo lo que se llevó al extremo como una vergüenza nacional que no puede repetirse. ¿Pero cómo se liga orgullo con vergüenza? La bandera está para eso, creo yo, como una enorme interrogante.



Y por último, la hélice del crucero Prinz Eugen. Única pieza sobreviviente del famoso crucero que acompañó al Bismark en su legendaria batalla y que luego sería llevado como botín por los ingleses y luego donado a los estadounidenses. Estos lo usaron en las pruebas nucleares del atolón de Bikini en 1946 y es uno de los que se ve silueteado por la cegadora explosión. Durante unas horas se mantuvo a flote (sí, como Dönitz) para luego decretarse que debía ser hundido por su exceso de radioactividad. De su casco sólo sobresalió la hélice y es ésta la que fue recuperada para ser llevada al Marineehrenmal Laboe, que ya estaba en pie como monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial.


Crucero Pesado S.M.S Prinz Eugen, Clase Admiral Hipper, 1938-1946.

Marinos estadounidenses lavando la cubierta del Prinz Eugen luego de la prueba nuclear.

Hélice sobreviviente del Prinz Eugen.


Sin lugar a dudas, un museo de primera línea para quienes hemos repasado este conflicto bélico con arrestos de submarinos a la caza de un mercante.




Acto conmemorativo durante la Alemania nazi, 1936.

Formación conmemorativa en la bahía de Laboe, 1941.

Bahía de Laboe, en la actualidad.