jueves, 23 de agosto de 2012

Un sueño para Daniel

Daniel, soy un león que ha soñado toda la noche.

Te contaré lo que vi antes que Nabucodonosor te lleve, en su desasosiego, a interpretarle sus boberías de piernas de barro. Daniel, has rezado toda la noche mientras yo dormía plácidamente como un felino harto y compadecido. Esto es lo que vi, ya vos dirás qué sentido tienen mis sueños:

Vi dos fronteras adornadas por una hierba reseca, por cerros tostados. Atravesé todo el sur del verano. En unas partes le llamaban El Salvador y en otras Guatemala. Iba en bus. Se le rompió algo adelante de San Miguel y fue entonces cuando adquirí presencia humana. Hice amigos entre los varados. Había un río donde platicamos no sé qué ternuras de náufragos, pero el asunto iba entre los amoríos de monjas y célibes renuentes al pecado. Resulta que yo reía por primera vez en años sin mostrar fieros dientes ni zarpas engañosas. Iba para Guatemala y las tres horas que esperamos para que el bus estuviera a punto de nuevo, fueron ambrosía.

Apareció un nombre: Chinamas y luego otros y otros hasta que los nombres se juntaron con la oscuridad para sacarle chispas a la noche y así, un solo nombre se plantó sobre todos: Ciudad Guatemala, esa enormidad que un león de provincia apenas sabe pronunciar. Ahí comenzó lo que yo considero el verdadero sueño. De pronto era un poeta perdido en las cien puertas, pero perderse de esa manera es lo que me intrigaba, porque muchos leones y leonas también se habían amansado adquiriendo la blandura de poetas en festival, así, como corderitos guiados a donde el sueño le plazca. Hubo un brillo repentino y Marvin García nos dijo: "Comed y bebed hasta que Xela los abrace", y así, a sorbitos primero y luego a dentelladas, cruzaron las gallos mientras el fantasma de Roberto Monzón cantaba apoyado sobre La Pérfida. Había risas, frío, cansancio. La lotería hizo que Moisés Pascual fuera mi compañero de camarote y la mañana pronto estaba despierta, haciéndonos intercambiar poemas como barajas de chicas desnudas.

Dimos el penitente recorrido hacia la plaza central, para ver la extensión y recordar las sabanas de donde proveníamos. Ahí nos tomamos fotos y de las fotos nos fuimos a Caja Lúdica, al comienzo del trance.

Daniel ¿quién diablos tocaba los tambores? ¿Billy Ochoa? ¿Samy? La cosa es que el ritmo logró atraer a los poetas de casa, como un farol a sus polillas. De pronto estaban ahí Javier Payeras, Wingston Gonzáles, Rosa Chavez, Jonatan Lepiz, Montserrath Artavia, Edgar García, Misael Pablo, Carlitos García, Héctor González, Anna Aguilar, Guillermo Naranjo, Francisco Nájera, Jonathan Velásquez, Noé Lima, Faustino Desinach, Madeline Mendieta, Sergio Badilla, René Morales, Ahmet Rivera, Armando Pulido, Jeremías Marquines, Pablo Bromo, Esdras Cúmes, Lucía León, Cármen Lucía Alvarado, Pedro Chavajay, el Duke, Rodolfo Girón, Leticia Herrera y toda esa metáfora que por sí misma hace una manada de leones leyendo poesía humana.

¿Me podés interpretar las montañas, Daniel? ¿La melena blanquísima del occidente guatemalteco? Subíamos hacia extensiones del sueño. Tecpán quedaba atrás y San Juan Comalapa era una serie de vocablos que me recordaron Esquipulas. "El Kaqchiquel se habla con el cuerpo", así decía un enorme cartel que colgaba entre las dos iglesias y que luego fue utilizado para encender la fogata de los abuelos. Volvimos a quemar palabras, a subir con el humo, a prepararnos para la venganza maya que ya nos esperaba en el aspaviento de los hermanos Poyón y Edgar Calel. Ahí dormimos dentro del sueño y sucedió que nos reconocimos felinos en la transparencia del Quetzalteco.

Contestame, Daniel ¿Es Xela un anticipo del Gorongoro? El frío, las idas y vueltas entre la lluvia, el aire delgado y la pinta aquella en una esquina frente al restaurante: "NO ACELEREN". Moisés Pascual no la leyó a tiempo y aceleró, leyó poemas acelerados, enormes, al igual que todos y todas en distintas velocidades que pronto fueron nuestro lenguaje fundador. Faltaba el aire, Daniel, en bastantes ocasiones fuimos lívidos cachorros detrás de una madeja de lana imposible.

No debo dejar de escapar las imágenes, lo sé, pero ¿qué hago con lo que no fu imagen en mis ojos sino que densidades arremolinándose en mi espíritu? En la entrada del teatro Marvin y Javier curaron y ofrendaron a los ciegos. Yo sostuve las candelas amarillas, Madeline las rojas, Leticia las oscuras, Francisco quiso tener de todos los colores para hacerse un corte y regresar con él a Nueva York. La cosa es que vi todo eso como cuando me apresto a saltar a través del aro de fuego. Caja Lúdica volvió a invocar algo que aún no comprendo. Ayudame, Daniel, a entender la profecía dicha en cuatro idiomas guatemaltecos, en cuatro dimensiones guatemaltecas, en cuatro verdades guatemaltecas. Aún vibran las palabras y en la butaca quedaron marcadas mis garras, la tensión, lo inconmensurable de mi ignorancia.

Vi a Javier Payeras subir al estrado. El hermano león sin ocultamientos, pleno león con melenas y gafas. Y la lección de una generación de poetas guatemaltecos para el resto de Centroamérica: "NO TEMAN DARLE HOMENAJE A UNO DE LOS SUYOS, ya hemos ido por todos los antílopes, es justo que sepamos quién es quién en la hierba baja y ante los elefantes amnésicos".

De ahí todo fue como un caleidoscopio: San Marcos, San Cristobal Totonicapán, San Juan Ostuncalco, parecía que Payeras y Marvin hubieran desplegado una ceiba desde sus palabras y que nosotros íbamos del inframundo hasta las aguas del cielo. No hubo tregua.

Tengo dos imágenes incesantes: dos mujeres kaqchiqueles llorando, solas. Una ante un altar en San Cristobal y la otra frente a Los Chokollos. La lluvia intentaba disimularles y el frío las abrazaba. Lloraban en una lengua de milenios, lloraban entonces desde la creación ¿Por qué se dolían, Daniel? ¿Acaso es cierto, entonces,que en los dolores cruciales se regresa al origen de nuestra lengua, hacia los pájaros que picotean dentro del tronco de las ceibas?

Vi a los poetas leer en la clausura, justo desde atrás, desde lo más alto de la municipalidad. Vi una luz azul que enceguecía y vi por primera vez la estatura real de la poesía. Hubo un ángel de apellido Serrano que bajó a tocar a Bach con su guitarra e impuso un silencio mayor que el Tajumulco. No sé qué más puedo pedir que interpretés, Daniel, pero al regreso los buses iban en retroceso y chocaron contra los bordes y en los bordes los niños levantaban pancartas de despedida, y las ristras de cuetes espantaban los malos espíritus de las fronteras y de pronto estaba aquí, de nuevo, en el mismo foso, al acecho de tus oraciones.

Ya vienen por vos, Daniel. Nabucodonosor no sabe Tzutujil así que no lo escuchés. Nabucodonosor no conoce ni una sola marimba bajo las noches de Xelajú, así que no le creás. Decime qué significa mi sueño, hermano, decímelo antes que los demás despierten y te devoren.

A Daniel Matul, a su inmensa solidaridad de hermano.