viernes, 3 de agosto de 2012

Contacto - Carl Sagan



"En la Estación, aprendió una suerte de humildad, tomó conciencia de lo poco que saben los humanos. "Es probable que haya tantas categorías de seres más adelantados que el hombre", pensó, "como las hay entre el hombre y las hormigas". Sin embargo, no se deprimió. Por el contrario, aceptar esa idea despertó en ella una profunda sensación de asombro. En ese momento era mucho más a lo que se podía aspirar.

Evocó el tránsito del secundario a la universidad, de un lugar donde todo lo lograba sin esfuerzo, a otro donde hubo de empeñarse, disciplinadamente, para comprender..."

Así comienza la reflexión final de Ellie, una vez que Carl Sagan ha hecho, desde el principio hasta el final, una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos lo tiempos: "Contacto". Recuerdo entonces o repaso críticamente la versión de cine (1997) en la que Judy Foster hace el papel de Ellie, una película que me dejó marcada la frase "debieron mandar un poeta", en la hermosa escena donde Ellie no puede explicar su inmensa fascinación ante el espectáculo de las galaxias desplegadas ante ella en su vuelo hacia Vega. Por cierto, esa frase, dentro de la novela, se encuentra en medio de un debate teológico que  enfrenta al pensamiento científico con el pensamiento dogmático de las iglesias, lo que nos dice que los guionistas no quisieron perderse el efecto revelador que puede ofrecer la poesía ante lo inefable o inasible.

"El universo había sido creado ex profeso, manifestaba el círculo. En cualquier galaxia que nos encontremos, tomamos la circunferencia de un círculo, la dividimos por su diámetro y descubrimos un milagro: otro círculo que se remonta kilómetros y kilómetros después de la coma decimal. Más adentro, habría mensajes más complejos. Ya no importa qué aspecto tenemos, de qué estamos hechos y ni de dónde provenimos. En tanto y en cuanto habitemos este universo y poseamos un mínimo talento para la matemática, tarde o temprano lo descubriremos porque ya está aquí, en el interior de todas las cosas. No es necesario salir de nuestro planeta para hallarlo. En la textura del espacio y de la naturaleza de la materia, al igual que en una gran obra de arte, siempre figura, en letras pequeñas, la firma del artista. Por encima del hombre, de los demonios, de los Guardianes y constructores de Túneles, hay una inteligencia que precede al universo.
El círculo se ha cerrado.
Eleanor encontró, por fin, lo que buscaba."

Al contrario de Stephen Hawking, la novela de Carl Sagan nos plantea, permanentemente, la posibilidad del encuentro entre la idea o existencia de dios contrapuesta al argumento científico, develando una impresionante coincidencia argumental en la "existencia" de seres superiores que fueron creando el universo ayudados por elevadisimas tecnologías. Al fin de cuentas, diría Sagan, lo que amamos como fe es aquello que nos demuestre que fuimos creados gracias a un complejo diseño extraterrestre. La búsqueda del mensaje revelador, entonces, el mensaje que nos pone en contacto con lo superior, es solo un pretexto para confirmar nuestra soledad en el universo, nuestra pequeñez, pero a la vez, nos impulsa a seguir, haciendo uso de la unidad como especie, más allá de los vaivenes del poder que fija y reparte fronteras.