La Leona, 1976
La imagen que mejor recuerdo de Tegucigalpa es la de sus tejados siendo rozados por la neblina. Gato blanco vaporoso, Neblina no quebraba ni una teja y saltaba hacia La Leona con lento acecho y misterio. Hoy sobreviven contadas casas con sus escamas de barro, y las que se muestran coloniales son puro diseño de circuito cerrado. Neblina no sube a los condominios. Le espanta saber que las nubes se reflejan en ellos todo el día y pretenden hacer pasarse por él.
Cuando veo las viejas fotos de La Leona me da sueño. O sueños.


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