lunes, 24 de octubre de 2016

Rainier Alfaro Bautista, El Salvador - Ventana de suplicios

Foto: Fabricio Estrada.


Llegó a Tegucigalpa con el filo del siglo. Era legión perdida y traía los estandartes desplegados del valle cuscatleco. Me llamo Rainier, dijo, y lo dijo con hacha en la mano. Implacable con la mala poesía, se fue adentrando en Honduras a punta de ella y la horda que éramos. Honduras no es fácil para nadie y no lo fue con él, pero ahí creció en otra dimensión, no mejor, pero sí única al haber participado en la conformación de mi generación. Por eso no dudamos a la hora de incluirlo en Versofónica y en cuanta lectura tuvimos. Dueño de todo ese granítico e insobornable carácter, ha cincelado su poesía con las imágenes del que se ha acostumbrado a llamar al rayo y, de hecho, su poética, habla de lo telúrico con la fuerza que le ha dado a Centroamérica la tradición poética salvadoreña. Hijo de la pos guerra más alucinante, miembro plenipotenciario del Taller de Letras Gavidia -Talega, supo incorporar a sus textos todo la avalancha de incertidumbre que vino luego de los acuerdos de paz. San Salvador se eleva en su voz como el grito de aquellos cheros que se iban a corear el rock pesado para asentar la oscura y nueva consigna de los noventas. Yo viví junto a él la ventisca calcinante de Honduras y fui testigo del cómo cuidó esta Ventana de suplicios. Y reímos, y rockeamos, y fuimos por igual legión sobre la ruina de la locura. Aquí sus versos y su eco, entonces.

Inclemencias

A mí también
los buses me dejan
esperándolos en las esquinas
tarde en la espera
de madrugada
al mediodía
a deshoras
luego me llevan y me traen
entre gritos de humo y semáforos
por boulevares innombrables
que todos los días
me alejan más de mis primeros pasos
A veces también
la desesperación y el dolor
me alcanzan
me arañan la cara inclementes invencibles infames
en miles de manos que se alzan por millares desde las
aceras

20022002 Tegucigalpa


E

Mi casa de locos
se pierde en la noche
sangrando dolor en cada poro
mirando muerte y encierro en cada grito
desvaríos colectivos
Soy primero
soy último
que gime y llora
a cada paso un abismo solitario
mi alma
hablo la lengua de los tiempos
mascullando mantras
el miedo persigue acorrala
envenena mis sentidos
y me ata a los muros invisibles del viento
Mi casa se derrumba
y a nadie le importa



Circular I

Sentado bajo la lluvia
veo girar los mundos
espero a la noche
alimento mi fuego
un caballo corre por la plaza central
tras un árbol se estrellan dos sombras
entre mis manos los huesos rotos del tiempo
de miles de hombres sin edad
una banda de palomas alza vuelo sobre semáforos
invertidos
el mundo se queda a solas
de nuevo entre mis manos
Sentado bajo la lluvia el silencio sigue bordeando mis
labios


Desfile

Voy abanderando
a través del tiempo
un ejército de sombras
a la deriva
en burdo desfile por Citadel
Voy ciego y lloroso pues mi paso
es paso de hombre
y mi voz
es grito de histeria colectiva
Voy al Tarot
a jugarme tus recuerdos…


Viaje iluminati

Viajo iluminado, entre túneles y cuevas, saltando
azoteas y capiteles
mis ojos agonizan contaminados, por los escaparates 

y el azul neón
voy trepanando semáforos invertidos, y escupiendo
orquestas opiómanas
dinosaurios en abierta campaña, se lanzan contra mis
huestes
los espero con ansias, la noche 

es un carnaval de hogueras,
y un circo abierto que se desmorona contra mi pecho,
ceniza azul, florece en mi sangre
una legión de parricidas viene tras de mi nombre.



Árbol de suplicios

Árbol o llama
hoja o brasa
salamandra en movimiento lunar
sombra vieja entre las sombras
lengua de viento mordiendo el horizonte, 

el norte y las estrellas de Aldebarán
estratificación del tiempo
afuera del círculo ya no hay nada
Árbol de suplicios,
árbol interestelar donde convergen los cielos y la tierra
el mar y las estrellas reposan en este instante, 

en esta catadura de aromas surge el universo
nosotros tan solo resucitamos 

entre las arenas del viaje
entre las veredas y peripecias del camino, camino que
vuelve siempre al mismo lugar
solo son huellas de otras estaciones, de otras voces
que llegaron antes hasta aquí
desde la infinita conjetura, que nos sepulta y hace
olvidar la lengua , el origen de nuestro fuego
Es ayer o mañana
horas sagradas, horas de ceniza
vertiente, comunión de tigres en celo
pasos olvidados entre líneas intermitentes de luz
luces lejanas, el canto intenso de las amapolas
lengua de viento, estratificación del tiempo,
diluyéndose mi voz en un arco reflejo sideral
lengua de mis abuelos, palabras recién pronunciadas,
«esperanto , esperanto, esperanto»…


Ventana de suplicios

Por esta ventana
bajan las constelaciones de la luz
tu pecho
tus manos
abrevadero de bestias lunares
el canto intenso de los cometas,
tus labios
tu rostro
el fuego silente de mis sueños, que aún así, 

siempre es fuego
el infinito y largo aliento de mis abuelos 

que siempre me acompañan
Los pasos inconclusos
de miles de hombres que vinieron antes ,
de mis agitadas manos en busca de otras estridencias,
de otros cantos
A fuego lento
van incendiándose mis palabras, mis tristes memorias
de Hibueras
en estas honduras, fui abandonado, derrotado miles
de veces
mi lamento se esparce en la distancia, 

humo suelto en el vientoceniza azul entre estas líneas que dibujan mis manos
alas infinitas del bosque, elevándose entre los follajes
y raíces de tu piel
abrazo tu figura distante, espejos y espuma delirante,
arena en espiral diluyéndose en este instante
viento del sur azotando entre las velas, «El barco
ebrio» agoniza, repito, agoniza, agoniza
repito, tu nombre, hasta el cansancio, hasta el olvido
repito, olvido, olvido…
La inmensidad viene llegando, en un breve rumor
desde tierra adentro
como agua que corre montaña abajo hacia el mar,
como lluvia deslizándose entre espigas maduras
entre las hojas marchitas y endebles de un roble 
centenario, solitario y dominante en el continente
entre tus pasos de mujer y tu respirar de pájaros
enjaulados y suicidas
de girasoles anochecidos.

II

La distancia que nos invade, nos aleja más en cada
paso
chorreando estrellas entre tu cabellera, 

el aroma del cacao me embriaga
Sirena solar,
mi canto primero entre las aguas
el anochecer y la mañana misma que nos hizo
despertar
sol eterno faro de labranza, bajo tu sombra
la traición es traición siempre, 

no hay manera de olvidar
el dolor que me acompaña en todo momento,
no va acabar nunca, las imágenes que galopan entre
nubes rojas
en la dimensión de lo que fue, 
pero que ya no es
reiteran una y otra vez mi suplicio,
circular
odio con todas mis fuerzas,
la noche, las estrellas, los cenzontles del norte
los violines descalzos son falsos siempre
espejismo
espejismo es romper un cristal sin sangrar
espejismo es rasgar las alas del cuervo sin morir
espejismo…

III

Para cuando descubras que me amas, que me
amaste alguna vez, ya será tarde, ya solo seré
polvo entre otras constelaciones, 
entre estaciones en la distancia del sur, cada palabra, 
hace eco en el vacío, perdiste la luz, 
un espejo de madrugada, mensajes sueltos, el llanto, 
la muerte seguirá, cada mentira seguirá viva infinitamente
al romper de nuevo el silencio, mis arrepentidos pasos
de vuelta hacia el nirvana
mis tristes manos, buscando la sombra de tu figura
la luz de tus ojos, que antes me iluminaba,
simplemente ya no esta
cada palabra que no se dijo, murió
promesas rotas, fuego vencido
eras y seguirás siendo, árbol errante,

árbol de tormentos, niebla difusa
Una lluvia de alas, atraviesa la línea del horizonte
un tigre vencido en su propio juego, infiel en su lucha
déspota hasta en las palabras, corazón de la noche,
«corazón delator»
con los colmillos rotos, flojas las garras, 

débil el rugido

IV

He sido un dios abandonado de los dioses…
Alfonso Kijadurias.

Ariadna
el hilo se rompe,
¿adónde vas?
correr sin dirección
atropellando la memoria posible
el laberinto sin fin
correr a ningún lugar, para que, sí ya no hay salvación
no hay manera, no hay forma
solo queda la infinita contradicción
«no hay nada que supere la realidad»
el ardor de los ojos, la opresión del pecho, el insomnio
que me mata cada noche
las altas mareas de la tristeza,
azotando este tiempo crepuscular
Ventana de suplicios
potros en fuga, marchantes estelares, sombras
diluyéndose hacia el abismo.

V

Yo creo, pero no es suficiente
transfiguración,
a la sombra de una Acacia espero la luz
yo creo , pero ya es demasiado tarde
he muerto pero no lo sabía
he muerto y todavía no he tomado conciencia
he muerto sin embargo no me sirve de nada
he muerto y el dolor persiste hasta reanimar 

y mortificar mi carne una y otra vez, una y otra vez y otra vez,
y así seguir y seguir delirante en el resplandor
quemándome la yema de los dedos hasta la
eternidad…



Circular II

Ayer llevé a mis fantasmas
a deambular por la iluminada ciudad que no duerme,
a caminar entre boulevares innombrables, imperecederos en sus inviernos
en su rítmica manera de sobrevolar las distancias y las
edades de otros hombres
que ya nunca volverán, que no volverán 
porque olvidaron olvidar el olvido que nos olvida,
en el fondo de un cajón de colores y parafernalias 

que nos llevara tierra abajo, ya sin retorno
tierra adentro hasta que dejemos de soñar, saboreando
el humus entre nuestros vencidos labios, 
en nuestros extintos delirios de
raíces y piedras, de nuestras rotas mandíbulas
Ya no existe el silencio ni el ayer, 

ni el grito ni el mañana ni el intermedio 
ni tampoco el después que más habrá de venir, que otro invasor
habrá de llegar hasta estas murallas que solo
detienen el sol entre sus pilares, 

entre sus anochecidas calles, entre sus amontonadas
multitudes de ratas y quimeras,

entre el estiércol de lo camellos, 
hora nona de ensombrecidas ventanas circulares
ya no hay mañana, ya no hay nada, 
solo la palabra sin
final.


Rosas y abalorios

La palabra estalla en mis labios, se alza en mi boca
como negro estandarte, dibujando rosas
y abalorios
anti solemne inicia su propio rumor, 
contra la noche y sus bufones, 
apóstoles mediocres de viejas
guardias la palabra reina breves sentencias contra la marea, 
la palabra afila sus puñales entre mis manos
navegando el turbio oleaje del tiempo.
La palabra es mi reino.




RAINIER ALFARO BAUTISTA. Nació el 30 de agosto de 1974, en El Salvador. Pasante de la carrera de Mercadeo. Escribe prosa y verso. De la generación de poetas de la post-guerra. Destaca por su constante desarrollo en lo formal y en contenido conceptual y epigramático del poema. Miembro fundador del Taller de Letras Gavidia (TALEGA). Ha sido publicado en las antologías: "Juego Infinito" y "Alba del otro Milenio".Su obra esta publicada en las Antologías virtuales *La Cantoria de los Juglares* de Alberto Peyrano poeta argentino, tercera edición de Palavreiros, Versofónica (20 poetas, 20 frecuencias, archivos de audio, Honduras-2005) y en la pagina de Poetas del mundo. En el 2015, publicó su poemario Ventana de Suplicios. Su labor como gestor cultural lo llevó a organizar en Honduras el Festival Internacional de Poesía El Turno del Disidente. Miembro co fundador del Colectivo de Poetas Paíspoesible, Tegucigalpa.