miércoles, 15 de febrero de 2017

Yo, amor

¿Es supremacista el amor burgués? Por supuesto que lo es. Nadie es mejor que nuestro amor. Nadie. Yo regalo más, yo soy más detallista y adorno el día dedicado al sublime amor de pareja. Yo nací para amar más que nadie ¿Es competitivo el amor burgués? Ahora más que nunca. El facebook ha desatado todas las competencias y éstas se exhiben a destajo en espera del suspiro del like. Ante tanto amor uno siente que no ama, que nunca ama, que no se ama a sí mismo, incluso. La bastardía del amor se incuba en el lugar destinado al almuerzo, en las palabras que deben servir para el odio más puro. ¿Cómo se sobrevive entre tanto gesto de amor, corazones y chocolates? ¿Cómo se regresa al estatuto de humano sin ninguna fotografía íntima que ofrecer al escrutinio de todos? ¿Desborda tanto el amor?

Del buen gusto per natura.

Supongo (y esto se nota, es cierto)
que para ser feliz
hay que tener mal gusto,
cautivar al amor con lenguaje de plata
y canciones terribles
de lo eterno y sus fantasmas.

¡Imaginadlo!

Palidez en las tardes,
perfecta oscuridad en los trajes,
garbo, pues, luna de tocador
cajita musical con bailarina y todo.

Pero hay más
¡oh dioses de la impotencia!
toda una vida
todas las flores confundidas en cifras,
lentes por ojos y amores por odios.

Hay que tener buen gusto, señores,
el porte de los búfalos
la precocidad en los gorriones.

¿Quién no ama el fuego de los tigres
aún sabiéndose pasto del engaño?

¡Animales!, señores, ¡sin rencores ni temores!

Simples criaturas sonrientes
presas de una estética más pura,
volátil, simiesca.
infelices, pues,
displicentes.



(de Solares, 2004. F.E.)