domingo, 21 de febrero de 2021

Francisco Múñoz Soler- España

 


Así como el ser humano, así la poesía sobreviviente. Sobreviviente de sí misma, de sus propias atrofias en busca de crear "la figura única e indescifrable" y de sus ditirambos sin alma. Busca todo aquello que tiene alma, le decía Van Gogh a su hermano Theo, y en estos textos del poeta español Francisco Múñoz sí que la hay, pletoricamente. Porque lo que aquí leemos es un auténtico cuadro clínico interpretado por la sensibilidad poética de Francisco, provista de la humildad que él mismo llama a tener desde la cama paciente del paciente. En el transcurso de una dura recuperación del cáncer, el poeta Francisco Múñoz fue describiendo el proceso a palabra viva, todo lo contrario al memento mori de los encumbrados romanos en triunfo, sino que a ras de la sala del hsopital que urgía el memento vivere!

Los siguientes textos forman parte de su poemario Implosión, 2017:


UNA IMPLOSIÓN, y mis mundos sutiles

cayeron como destellos unos sobre otros

en toda su plenitud, acumulando escenarios

en el fondo de la no vida,

construyendo elementos diversos

propios de un caos organizado,

exponencialmente se unían al arbitrio

de secuencias modificadas en alientos,

en su unidad imperfecta, sus sutilezas

forjaban una aleación de fortaleza,

no serían gritos en el vacío.

 


NO SER un grito

en el vacío

que engulla los deseos,

merecer el placer

que ansia el alma,

dotarla de dignidad

y esencia de belleza,

sin lamentos en el esfuerzo

en el camino

está la recompensa.



NO SER un grito

de estética huera

ausente de alma,

fortalecer las palabras

con contemplación,

significado y estudio

para no temer

el desahogo emotivo,

entregarse con honestidad

y cuidado en todo tiempo

a la palabra precisa

provista de humildad

y espíritu.


¡TANTA VIDA! ¡Tanta vida!

alborada, la mar, sueños

que sanan ríos tóxicos,

 

luz primigenia, el alma

desde la raíz creadora

se enfrenta al mundo

 

como un alborear difuso

pendido de su cuerpo,

¡Tanta vida!, roja sin oxígeno

 

rumor de agujas en las alas,

lo íntimo, las palabras, la mar

en su cresta, el espíritu.




NACER sin pecado

es el signo

impregnado del don

más necesario,

la dignidad;

para manipular

mantras de poder

acercarán el ascua

a su sardina;

no se puede

alcanzar paraísos

si no se es digno.



SÚBITO, un parpadeo,

un destello, un incendio

acuoso sin oxígeno,

 

invadido de células

pantagruélicas de vida,

abismo sin freno,

 

la voz, el espíritu

en su creencia

de plenitud sin horas

 

en búsqueda de espacios

innombrados pero ciertos,

de palabras precisas,

 

de conceptos nuevos,

de un tiempo audaz

exponencialmente moderno.

 

¡Cuánta vida por descubrir!

¡Cuántos proyectos! ¡Cuánta hermosura!

Para pioneros del encuentro,

de un vértigo renovador

en tecnologías y pensamientos,

¡Cuánto futuro!,

de quimeras inteligencias,

y en los cauces venosos

menguada vida fluye,

 

en la inquietud

del hombre homérico

de Itacas, de esos tiempos.




ANHELO AL ALBOREAR EL DÍA

pasear hasta la playa

y observar la orilla que declina,

 

disponerme a viajar a mi memoria,

que se abre como una aurora

porque la gravedad de la herida

no es penumbra hueca, sino espacio

de abertura que navega desde la orilla

hasta los océanos donde se divisa

la Cruz del Sur con su belleza,

 

en el círculo del agua ordenar

constelaciones, escuchar el silencio,

 en ese tiempo cósmico

-un segundo hecho de memoria-

en el cual somos el uno y el otro,

en el tiempo y el espacio ajenos

a la sentencia de Horacio.

 


DESCANSO NECESARIO

 

(Ojalá sea lejano)

 

No se pararán el sol ni las emociones

que mueven el mundo,

 

en el funeral me trasladarán

a la cercana iglesia a hombros

de dolor familiar, ante miradas

indiferentes o atónitas, preguntándose

quién es el difunto,

 

ya ausente de arrogancia humana

de cualquier emoción absurda

seré recuerdo de futura ceniza.

 

Y la tarde transcurrirá rutinaria y ajena.

 

 Francisco Múñoz Soler, Málaga (1957) Tiene una amplia obra publicada en países como España, México, Perú, El Salvador, Estados Unidos, Venezuela, Cuba e India. Ha sido traducido al inglés, italiano, árabe, alemán, rumano, assamese y bengalí.

Su poesía es intimista, cargada de fina sensibilidad, impactante y que invita a la reflexión. Es un poeta con ansias metafísicas, a la búsqueda de su propia personalidad, centrado en el yo lírico y en ese mundo íntimo que quiere manifestar como testimonio de su existir. En la búsqueda de la expresión está su mayor logro. En ella está su conquista, su insaciable apetito de Ser y proyectarnos sus angustias, desastres y tensiones. Se puede definir su estética como poesía del Asombro, poesía que admira, o se maravilla con los que antes se legitimaron. Su yo lírico, su yo íntimo que nos ofrece testimonio de su existir, nos muestra, con su compromiso ético, la existencia de la otredad en sus poemas de crítica social. Una poesía universal que se abraza a la sed de justicia, de paz, y que enarbola la bandera del amor.

Su obra aparece recogida también en antologías y en Internet. Es el organizador del Ciclo Poético Plenilunio en Málaga.

Poesía[editar]


Edgardo Florián: un poeta a pulso que se va

 

Para recordar a Edgardo Florián (1975-2021) debo remitirme a la película brasileña El hombre que se convirtió en jugo, producción inserta en el Nuevo cine latinoamericano de los años 70;  y es que la referencia tiene muchos ángulos en común con la Tegucigalpa que fue exprimiendo a Florián en la medida en que se iba estrechando el horizonte social y la desaparición de los espacios culturales en pro del desplazamiento de “la modernidad” urbanística del centro histórico hacia los nuevos polos comerciales de la capital. Veo, entonces, en Florián la destrucción de la última Tegucigalpa romántica donde la dinámica cultural se mantenía unida por los viejos callejones y cuestas del barrio Morazán hacia La Plazuela, y de ahí hasta el final de la peatonal, el Teatro Manuel Bonilla y el Parque Dionisio de Herrera. Ese era el circuito que caminamos una y otra vez, cuando todos los grandes nombres de la última generación del corpus intelectual y creativo que nos llegaba desde los sesenta aún vivían y dinamizaban nuestro imaginario y aspiración.

Como poeta, y desde el Taller de Poesía Casa Tomada, en la que fuimos compañeros, Florián siempre estuvo seguro -con proverbial desenfado- de que su estatura creativa sería decisiva en la reinvención de la poética de Honduras, y todo lo que leía y miraba iba encauzado en crearse un mundo multidimensional que corría en busca del llamado de Rimbaud a ser absolutamente modernos. He repetido esta frase de Rimbaud porque ese llamado fue tomado por Florián con total compromiso. Sin embargo, el ámbito que todos esperamos ver crecer junto a él, en lugar de ascender en oportunidades intelectuales retrocedió aceleradamente al ritmo de la cavernaria visión sociopolítica que retomaba impulso entre los sectores más conservadores del país, hasta desembocar en el nefasto golpe de Estado del 2009. La realidad ya había mordido a Florián desde mucho antes, pero fue el golpe de Estado el que rompió gran parte de la red de subsistencia laboral que todo artista necesita. Si antes del golpe Florián sobrevivía con ocasionales participaciones como actor de teatro y cine, luego del golpe le quedó un consuelo: todxs en Tegucigalpa entramos a la precariedad o a estar a filo del desempleo por nuestras posiciones de resistencia. Su figura entonces se niveló anímicamente. Todxs salimos a las calles donde él ya se movía con soltura. Virgilio de la Resistencia, lo veíamos atravesar los círculos en que cayó la movilización, siempre con el periódico El Libertador bajo el brazo, ofreciéndolo junto a una consigna o un poemario amorosamente en ristre contra los golpistas: R de Resistencia, su libro de esos días del 2009. ¿Sus otros poemarios? Yazz (2003), 2ª. Estación (2006), Aguacadabra (2010) y El andar-alacrán (antología 2015)

Juana Pavón aún vivía y era la contraparte de Florián, y como dos fuerzas anímicas que rivalizaban en mística popular, no era compatibles una vez compartían el mismo espacio. Eso es anécdota, pero lo que hay de fondo, lo que realmente me motiva a nombrar a Juana, es que representaban dos sistemas poéticos muy diferenciados. Juana desplegaba poesía oral y la mayoría de las veces en genial improvisación según la atmósfera del momento o recordando de memoria sus poemas ya célebres e interiorizados en todxs. Florián, en cambio, leía de sus textos recién escritos en su libreta, mismos que anunciaba como parte de su próxima publicación y cuando le tocaba declamar su oralidad se remitía a los poemas de grandes poetas hondureños. Aquí doy un punto de partida para entender la sistematización permanente que Florián realizaba sobre el texto. Lo que una vez le fue reconocido como poesía experimental ya en él era estilo, es decir, la impronta de su personalidad-estro sobre el papel. Su oralidad, que nunca quiso competir con la de Juana, era una necesidad para acercar sus textos a posibles lectores de su obra en preparación. Su libreta, llena de dibujos y pátina del diario vivir, era la libreta de un cronista permanente, y toda la realidad que se derrumbaba era transcrita al instante, como un dibujo a pulso urgido de inmediatez por la taquicardia provocada por un asalto, represión policial o fuegos cruzados sicariales. La sintaxis de sus poemas, por lo tanto, dieron con la fórmula clave para evocar con rapidez y dualidad: el silogismo que desdoblaba las cosas o emociones a su alrededor. Una pared que se mira con tristeza, por ejemplo, era la mirada-muro. El cielo sin nubes era, en su captación urgente del cosmos, la desierto-luz que entraba por la ventana. Su imaginación iba tomando nota tratando de no interrumpirse con artículos ni lirismos sobre expuestos, justo como las transiciones abruptas del Nuevo cine latinoamericano. En cada verso de sus libros es evidente que no se concluye. No hay definiciones fijas: todo va en fuga porque el mismo poeta va en fuga para sobrevivirle a lo que se le va encima. La muerte misma se contrasta consigo misma in extremis, como escribió en uno de sus poemas (Mister Jones o poemas a la visita de Bill Clinton a Tegucigalpa): Muerte a la Muerte.

La denuncia de la realidad dictatorial de Honduras pasaba primero en Florián por denunciar el uso canónico del lenguaje, su mecanización evocativa, su ranciedad cívica, en resumen, su hipócrita academia, y fue su base de estudio como actor lo que lo despojó (así como cuenta la actriz y maestra de teatro Lourdes Ochoa) de “todo aquello que le pesaba”. Temo que llevó esa mística más allá de los cálculos y que el confinamiento por la pandemia le quitó el agua a un pez alucinantemente bohemio. De las calles de su circuito clásico ahora cerrado derivó hacia la filosa Comayagüela, saturada de otros círculos menos tolerantes con la poesía, aún y cuando la melliza haya sido la cuna de Juan Ramón Molina. Ahí, en los alrededores de la Escuela Nacional de Bellas Artes y de la estatua del poeta fue donde un microbús lo atropelló.

Si aún no digerimos lo que ha sucedido al fallecer Gustavo Campos (1984-2021) en San Pedro Sula, no podemos ni rozar lo que significa el fallecimiento de Edgardo Florián. Ha sido un doble golpe estremecedor y sin embargo considero que debe ser un doble campanazo para ponerle un alto a la indiferencia intelectual -y básicamente humana- que es la que realmente aplasta en vida a nuestrxs artistas en Honduras. Ambas obras, la de Gustavo y Florián deben mantenerse vivas más por su verdadero impacto en la literatura del país y Centroamérica que por su asombrosas y dolorosas anécdotas. El poeta que se convirtió en jugo recibiría así, por la eternidad, un purgatorio peor: el nunca traspasar el personaje anecdotario que ha consumido la trascendencia de muchxs luminosxs creadorxs de nuestra historia literaria.



Fabricio Estrada

Febrero 2021, Vega Baja, Puerto Rico

 

jueves, 18 de febrero de 2021

Episodio 31, Florián el Yazztaman se ha ido

Foto: Fabricio Estrada. Background: fotografía de Dilcia Cortés

 Edgardo Florián, poeta y actor hondureño (1975-2021), yazztaman del underground de Teguxibalbá, aquí presente en un homenaje donde la música y la crónica que él le ponía a la ciudad son las que cuentan su adiós de palabrero.

https://drive.google.com/file/d/1dVI9w8l-FOX8oSBU-PlItlNJcsswL6uK/view?usp=sharing

jueves, 11 de febrero de 2021

Episodio 30, Blancas piranhas


 La pátina de la violencia está en todo lo creado dentro de Honduras, y así fue que escribí mi poemario Blancas Piranhas en el 2011, como un pálpito que seguiría provocándome arritmias ante cada última hora anunciada en los noticiarios. El asesinato de la estudiante de enfermería Keyla Martínez ha conmovido a toda la nacionalidad no uniformada dentro del país, la que civilmente llora a sus caídas dentro de la espiral patriarcal femicida. Este es mi pequeño pero sentido homenaje y reclamo para que se haga justicia.

https://drive.google.com/file/d/1uNoAPiNlpzQRT5ye-IT-kctR59s1p6OP/view?usp=sharing

viernes, 5 de febrero de 2021

jueves, 4 de febrero de 2021

Episodio 29, 1989 El año de la mudanza

 

Un año crucial desde la memoria íntima a la global: Muros cayéndose, nueva vida para la adolescencia y la historia girando alrededor dentro de la poesía y los noticiarios. Los invito a regresar a un 1989 donde todos estuvimos de una forma u otra.

jueves, 28 de enero de 2021

Episodio 28, Mis primeras impresiones de Puerto Rico


En estos días han debido celebrarse las Fiestas de San Sebastián en el viejo San Juan, un estallido de comparsas que devuelve al pueblo de Puerto Rico su condición de absoluta alegría a despecho de todo lo que ha venido sufriendo los últimos años. La pandemia no ha dado tregua, al igual que mi memoria y mis primeras impresiones sobre la ciudad y la isla una vez que llegué en el 2016. Escrito para uno de mis cursos de antropología en la UPR, este fragmento del ensayo los invita a que entremos juntos a esos rincones no vistos o negados, narrado por la mirada de un hondureño.

martes, 26 de enero de 2021

Soñar es ver las cosas invisibles

Foto: Fabricio Estrada

 Soñar es ver las cosas invisibles

a distancia imprecisa, y, con sensibles 

impulsos de esperanza y voluntad

buscar allá en la fría línea del horizonte

árboles, playas, flores, aves, fuentes:

besos que nos debía la verdad.


(Pessoa, fragmento del poema Horizonte. Mensaje)

viernes, 22 de enero de 2021

Julio Torres - Honduras

 


No todo es evidente. El dolor puede estar supurando ante nuestros ojos y puede tomarse como tema, bosquejo, estudio para la insensibilidad que, ahora con más insistencia, flota en el centro de las artes. Muchas veces me he preguntado sobre la materia oscura que sotiene a la poesía desde el más acendrado anonimato, muchas veces entiendo que los libros no son suficientes para encontrar a quienes, desde la oscuridad, anotan cuidadosamente el inventario de las cosas jamás contadas. He conocido la poesía de Julio Torres desde las misivas en morse que impone  Honduras para comunicarnos, y en cada poema que me ha dado el privilegio de leer -algo que ya han hecho jurados en los concursos que ha participado y que no entiendo cuál fue el criterio utilizado para dejar en la sombra sus textos-, he podido sentir la contracción muscular de un cuerpo poético conciente de su propia fuerza. Hijo del Valle de Sula, su poesía nos llega desde el cieno de las inundaciones y desde las huellas profundas en todas las despedidas. No todo es evidente cuando una luciérnaga se abre camino en medio de la luz del día, como si fuera un ser humano perdido en la selva más espesa. Y aun más allá: aun no se ha dicho todo de la poesía hondureña, mucho menos cuando Julio Torres ya ha visto a los silenciosos artesanos puliendo cajas de música y se apresta a escribirlo o a captarlo en la fotografía.

Cartel encontrado a la orilla de un cadáver

 

 

A quienes osen abrir nuevos caminos

dejaremos ciegos,

para solaz nuestro

bailarán sobre botellas rotas,

la primera ley: el que persevera sangra.

Vigilaremos a los de mirada profunda y libro en mano.

Negamos absolutamente las voces del papiro.

Este es el nuevo orden: animal de sacrificio.


II

Una oscuridad geométrica

 

 

 

 

 

 

Inmersión continua, recuerdos: un viejo cuadro con paraíso de leones y niños al mismo tiempo, las casas en que estuve, vientres protectores,

un LP de Barbary Coast. Electricidad en los huesos, deseos: crecer, crecer como el humo, volver al agua cotidiana,

al amor primero bajo los almendros

a los días en que no sabía los nombres prohibidos.



III

Semblanza

 

 

 

Yo vi puños en alto como jardines de furia, silenciosos artesanos puliendo cajas de música, escuché palabras nuevas a la orilla de la penumbra,

vi hombres y mujeres sedientos del agua clara de la verdad; la muerte era la verdad

en el índice de los guardianes del silencioabismo,

yo vi la espera, tiempo de granito irrompible,

en el rostro fatigado de mi madre a la luz de un candil.



IV

Oráculo

 

 

Hijos del cuchillo, ustedes que siguieron

el rastro trémulo de los perseguidos, que labraron el miedo en la piel

de los que entraban por las puertas-libro: nadie fue llamado por el oprobio de la sangre. A quienes les fue arrebatado el árbol joven,

escribieron en el polvo, — para ustedes — la muerte como único signo de la infalible justicia:

que se morirían —dijeron—

con la paciente muerte de todos

en algún punto exacto del calendario.



III

Vespertina

 

 

Afilarse los párpados

para que nadie aplaste nuestras bocas, la tarde mide lo mismo

que un cuerpo tibio entre las hojas, vamos juntos:

hay que deshilachar el insomnio para dar con la raíz de los sueños, seremos espera sin uñas, escalera de papel.

De las sobras del fuego haremos una luz.


II

Víspera

 

 

La noche susurra tu nombre,

tu cuerpo lejano teje y desteje los hilos del deseo, en la urdimbre de las palabras

mis máscaras yacen agotadas:

digo héroe, inmortalidad, la nada, vasija o beso, voy del insomnio a la mudez,

péndulo de los días que me han sido concedidos.

Los que dijeron ausencia

no se acercan al tamaño del vacío entre la casa y el mar que amarás.



VIII

 

 

 

Destiempo

 

                            Nadie guarda

una camisa limpia para las horas difíciles, nadie pule el poema antes de herirse

en el cristal roto del dolor.


IX

La sed

 

 

Abrir el grifo,

sentir que el día se derrama. En otra parte del mundo una bomba

secó las tuberías.

El desierto nos aguarda, somos siervos del dios líquido.



X

Poética

 

«Morning has broken like the first morning»

Cat Stevens

 

 

 

Con la lámpara del pecho romper la mañana,

si bastara cubrir el sol

con el desaliento de los días malos, habrá que golpearse el rostro

para que tiemble el espejo, masticar alfileres para decir sangre, echar andar el atanor del día,

transmutar la voz secreta de las cosas.



XI

Página en blanco

 

 

Asomarse a la oquedad, puntos cardinales de ceniza, una luciérnaga hará camino en el resplandor del mediodía, ningún remordimiento

por los insectos que abrazaron el ojo de la vela, aferrarse a la insistencia:

la visión de la roca ascendiendo a un hombre.


Episodio 27, El poeta al final del cometa

Las caravanas migrantes y el fallecimiento del poeta hondureño Gustavo Campos ¿Qué tiene que ver la una con el otro? Un pequeño homenaje al amigo, al compa, al gran escritor que perdimos... y tambén un recorrido a la migración humana.

jueves, 14 de enero de 2021

Episodio 26, Blake muere en París a causa de un paparazzo


¿La mirada heredada a tía Lauren en lugar del ojo editado de Cartier Breson? ¿Qué tuvo que ver Orhan Pamuk en lo que yo he visto? Una reflexión desde la fotografía a lo que terminó conformando la antología de mis textos publicados en Puerto Rico.

Entrevista a Eduardo Milán, Revista Bajo Palabra, México

 https://bajopalabra.com.mx/todo-el-mundo-escribe-poesia-ya-no-hay-parametros-criticos-eduardo-milan?fbclid=IwAR0rPYw6ZYscmWOiPFlqja1sNaKZg22fZWzd17V_-Uk_AKnC6MypAzpEkwA

-¿Se puede escribir una poesía regional y ser universal a la vez?

– Sí. Y ahora es muy probable que se cultive un poco más lo local con esta crisis, es una de las posibilidades de la crisis pandémica y sanitaria que también es humanitaria que estamos viviendo a nivel mundial. Lo local, creo, se va a redimensionar en relación a la globalización que teníamos y que tenía una parte falsa, y la parte falsa es la que creía que todos los productos a nivel mundial, lo cual es una fantasía, una cosa medio estúpida, iban a circular en pie de igualdad con el mundo; imagínese que un producto cultural de Nueva York tenga la misma circulación que un producto cultural etíope o de Ruanda o de algún lugar africano, eso es para dementes, no existe. Entonces, capaz que lo local ahora va a tener una redimensión y se va a colocar en otro lugar como valor de recirculación.


Sigue...

Gustavo Campos inaugura otra década

 


En los momentos más duros de la Resistencia al golpe de Estado, en el mismo año 2009, surgió una expresión que cundió como esperanza entre lxs jóvenes movilizadxs en las calles: "estamos ganando en el terreno de lo simbólico"... y la frase se regó mientras los soldados disparaban, machacaban, desaparecían encarcelaban. Los nombres de los asesinados iban pintando las mantas en las multitudinarias "marchas" que atravesaban las calles bajo los gases lacrimógenos en San Pedro Sula y Tegucigalpa y en cualquier rincón donde lo simbólico encarnado gritaba la consigna de resistir... porque... ya el terreno simbólico lo teníamos ganado. El defensor de derechos humanos de la diversidad sexual Walter Tróchez y el artista visual Renán Fajardo caían asesinados bajo la instauración de la locura y se sumaban a Pedro Magdiel Múñoz -asesinado simbólicamente por 42 puñaladas de yatagán militar- y a los maestros Roger Bados, Manuel Flores, Berta Cáceres y a tantos más. 

Pero surgió otra muerte, menos impactante aunque paulatina, algo que solo Kafka pudo hacer premonición para la década que iniciaba: la del artista del hambre, el que sufre en su cuerpo la pérdida de todos los horizontes posibles. Comenzaron a parecer los fantasmas vivos: nosotrxs, entre las ruinas de un país demolido, nosotrxs reuniéndonos en la fiesta macabra de la inexorable miseria y el  acorralamiento intelectual. Si el poeta Francisco Ruiz Udiel inició la década 2011-2021 desde Nicaragua, la dolorosa muerte del poeta y narrador hondureño Gustavo Campos nos inaugura la década 2021-2031 desde San Pedro Sula. Sí, hablo, maldita sea, desde lo simbólico.

¿Cuántos símbolos más le daremos a la dictadura de la anomia ? Ayer 13 de enero la OMS conmemoraba el Día Mundial en la lucha contra la Depresión, un día después de que un funcionario de la Secretaría de Salud de Honduras informara que se contabilizaba un suicidio por día en lo que va del 2021. El mismo día en que Gustavo Campos fallecía, en una muerte aún no aclarada ni declarada como suicidio, pero que sabemos que responde a un encadenamiento de hechos en la vida personal de Gustavo que, quienes lo conocimos, damos por sentado como una más de las víctimas de la anomia social. Conocía a Gustavo desde el año 2002 y de inmediato sentí su pulsación anímica creando un mundo paralelo donde la tristeza era infinita y donde la poesía representaba el único lenguaje que podría comunicar su trance. Él tenía apenas dieciocho años y aún no conocía Tegucigalpa. Nos conocimos en medio de un encuentro de poetas jóvenes que luego sería eje de ferocidades y contraminas en la saludable -y perversa- época creadora que lo asentaría como un poeta absolutamente comprometido en erigir obra. Recuerdo la primera vez que llegó a Tegucigalpa. Recuerdo con claridad esa noche en que toda la fiesta en Paradiso terminó subida en un pick up que nos daba jalón para subir hasta mi casa en Cerro Grande. Su alegría era pura y sorprendida. Gustavo estaba fascinado con la noche decadente de la ciudad y lo miraba todo con arrobo, desde los adoquines del centro hasta las enmarañadas cuestas. Me gusta -decía- me gusta. Tegucigalpa hizo sincronía con su paisaje interno.

Luego llegaron sus cuentos y sus novelas y premios y todo aquello que ya era inevitable: su mundo interior  le estaba dando sustancia al desmoronamiento físico de la realidad hondureña antes de que el cataclismo político irrumpiera pragmático en todas nuestras vidas. Confieso que no me gustaba verlo cuando tomaba en exceso y que, en los últimos años antes de trasladarme a Puerto Rico, me alarmó sobremanera su cabalgata a campo abierto de la bebida. Sin embargo, en sus momentos de sobriedad -que fueron la mayoría en su vida- la tristeza que lo corroía lo elevaba a la estatura de un niño transparente. Hablaba con una franqueza total en un tono submarino. Se volvía tierno, sabiamente huraño. Un rockstar de goma entrevistado por un mal periodista. Esta no es historia desconocida para el circuito centroamericano. Sé que cada país del área guarda a su Gustavo y Francisco y casi podría asegurar que esa cofradía exclusiva de tocados por el sino señalado por  Baudeliere, hubieran creado una explosión enorme en destellos oscuros si algún día se hubieran reunido en la misma mesa. 

Otoniel Guevara fue el que me avisó de su muerte, casi al mismo tiempo en que Karen Valladares me escribía. Oto quería confirmarlo, completamente anonadado como yo y Karen me lo estaba confirmando, con la misma y durísima verdad que me entregó aquella noche del 1 de enero del 2011 cuando supimos la muerte de Fran. "¿Será que nuestro oficio real es el entregarnos estas noticias?", le escribí a Karen. Y pienso que el oficio de un poeta en la Honduras actual -y de siempre- ha sido el de un merovingio, el de un Virgilio que agarra de la mano al lector y lo traslada de un punto a otro antes de desaparecer entre las sombras. ¡Que otros disfruten de los dantesco y sus maravillas atroces! El poeta solo nos trasladó algo para que aprendiéramos a recorrer aquello que él atravesó ya varias veces.

La última vez que vi a Gustavo, el 6 de enero del año pasado, en un momento donde saqué mi peor lado y me ensarcé en una pelea en Bocaloba que lamento hasta el día hoy. Gustavo fue el que me sujetó para contenerme y no seguir hundiéndome cada vez más en la bajeza. "Fabri, no jodás, Fabri, qué triste, qué triste, calmate" me decía sujetándome con fuerza nada simbólica. Dos días antes de su muerte soñé que estaba en aquel mismo lugar y que, con Gustavo de testigo, le pedía perdón al amigo con quien me enfrenté a puños vulgarmente. Gustavo me miraba con tristeza. él desaparecía cuando despertaba. Bocaloba, Honduras entera desapareció simbólicamente cuando él comenzó a dormir, en otro sueño.

 Y la dictadura de la anomia aún sigue ahí.  

¿Cuántos símbolos más debemos entregar? ¿Qué década ha inaugurado, dolorosamente, Gustavo Campos?

GUSTAVO CAMPOS
«(San Pedro Sula, 1984-2021) poeta, narrador, ensayista y crítico literario. Sus trabajos han sido publicados en diarios y revistas de Honduras y en prestigiosas revistas internacionales como Carátula,revista cultural centroamericana (Nicaragua); Caravelle (Université de Toulouse, Francia); Círculo de Poesía(México); La Galla Ciencia (España); Panorama de las Américas, revista de Copa Airlines (Panamá); Narrativas, revista de narrativa contemporánea en castellano (España); Ágrafos, revista de cultura arte y política (EE. UU.); Revista de la Academia Hondureña de la Lengua, entre otras.
En 2010 formó parte del proyecto 1975. Antología-catálogo del futuro de la literatura en español. 50 autores representativos de la producción literaria joven de América Latina y España,dirigido por el escritor y crítico literario Jorge Carrión, que comprende nombres importantes de la literatura contemporánea como Elvira Navarro, Elena Medel, Lucía Puenzo, Santiago Rocangliolo, Rodrigo Hasbun, Alejandro Zambra, Andrés Neuman, entre otros. En 2017 fue incluido en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, los 23 escritores más representativos desde Canadá hasta Argentina nacidos en la década de los ochenta, entre los que destacan Marcela Ribadeneira, Liliana Colanzi, Ulises Juárez Polanco, Carlos Fonseca, Carol Rodrigues y Camila Fabbri, Jennifer Thorndike y Jean-Baptiste Marckenson.
Su obra ha sido traducida parcialmente al inglés, alemán, francés y portugués. Ha sido incluido en las antologías Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana, del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017 (Fondo de Cultura Económica de México, 2011); 4M3R1C4 2.0. Novísima poesía latinoamericana, de Héctor Hernández Montecinos (España, 2017); Voces de América Latina I y Voces de América Latina III, compilación de María Palitachi (EE. UU., 2016); Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana, compilación de Sergio Ramírez (GEICA y Goethe Institut Mexiko, 2014), publicada en alemán con el título Zwischen Süd und Nord. Neue Erzähler aus Mittelamerika (Unionsverlag, Zürich, 2014); Literatura Experimental África vs América Latina (Camerún, 2017); Conjuro y concilio. Narrativa fantástica centroamericana (UNAM, México, 2017); Voces del vino(EE. UU., 2017); Tierra breve. Antología centroamericana de minificción (Federico Hernández, El Salvador, 2017); Homenaje a Raúl Zurita (La Galla Ciencia, España, 2017) y en la Plataforma Virtual Proyecto Arraigo/Desarraigo (México, 2017).
Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Habitaciones sordas (Guatemala, 2005); Desde el hospicio (San Pedro Sula, 2008); Bajo el árbol de Madeleine (edición digital, 2010); Los inacabados (San Pedro Sula, 2010); Katastrophé (San Pedro Sula, 2012); Entre el parnaso y la maison. Muestra de la nueva narrativa sampedrana(San Pedro Sula, 2011); Cuarta dimensión de la tarde. Antología de poetas hondureños y cubanos (coedición, San Pedro Sula, 2011); Tríptico del iris de narciso(San Pedro Sula, 2014); Retrato de quien espera un pájaro. Antología poética personal (Honduras, 2019) y El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot (Editorial Nana Vizcacha, España, 2019).
Es ganador del Premio Hibueras, auspiciado por las Embajadas de Francia, España, Italia, Alemania y la Delegación de la Unión Europea en Honduras: en 2006 obtuvo el tercer lugar en la rama de narrativa, con Los inacabados, y en 2013 el segundo lugar en la rama de poesía, con Tríptico del iris de Narciso.
En 2016 se le otorgó el premio único del VII Certamen Centroamericano de Novela Corta, otorgado por la Sociedad Literaria de Honduras y la Dirección Ejecutiva de Cultura y Artes por su novela El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot, publicada en España por la editorial Nana Vizcacha, Madrid.
En 2018 la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, La Ciencia y La Cultura (OEI) y la Dirección de Cultura y Artes le otorgaron el Premio Nacional «Honduras, Cultura y Artes 2018» en la categoría «Literatura» por su amplia trayectoria.
Además, Gustavo Campos es un autor reconocido en los círculos literarios y académicos de Honduras y Centroamérica. Su obra ha sido incluida en el Seminario de Literatura Centroamericana de la California State University Northridge por la artista y crítica literaria PhD. Beatriz Cortez. Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017, escribió lo siguiente: «El joven escritor hondureño Gustavo Campos destaca entre la nueva generación literaria de Centroamérica, y me alegra haberlo tenido entre los invitados a nuestro Festival Literario Centroamérica Cuenta. La publicación de esta novela (El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot) suya en España, representa un escalón más en su naciente carrera, para la que auguro un futuro brillante.»