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lunes, 4 de mayo de 2026

Posteguillo y dos crucificciones

 


Por estos días me encuentro en plena lectura de "Maldita Roma", de Santiago Posteguillo, la segunda entrega de su trilogía sobre el ascenso al poder de Julio César que inició con "Roma soy yo". Me gusta Posteguillo por su capacidad de crear una estructura de serie stream, con sus respectivas suspensiones y escenas adelantadas. En esto sigue fielmente el consejo de Kurt Vonnegut sobre aquello de adelantar sin temor situaciones que preparan la imaginación del lector y lo animan a continuar porque lo que viene, viene mucho mejor.

Contrario a la densidad de Collen McCullough en su saga sobre la República romana -El primer hombre de Roma, La corona de hierba, Favoritos de la fortuna, César, Las mujeres de César y El caballo de octubre-, Posteguillo ofrece cierta ligereza que se agradece para quitarse el peso de que estamos leyendo una enciclopedia en forma de novela histórica, y realza, con una intensidad que se queda marcada, los diferentes discursos, alegatas y arengas que los diferentes líderes romanos dijeron en su momento de poder, sobretodo concentrándose en César, por supuesto. Su capacidad de recrear los matices psicológicos y el impacto de esas palabras que la historia convirtió en mármol es realmente emocionante, muy vívido.

En "Maldita Roma" aparece la rebelión de Espartaco, a marcha rápida, pero bien entrelazada como correlato. Posteguillo apunta  a lo trascendental que fue para César esta rebelión y la de Sertorio en Hispania, mostrando el doble eje de una guerra civil y una guerra servil que sinultáneamente le ayudó a César a regresar a la Roma de la que fue expulsado por Sila. Todo va encajando entre poderosas escenas de combate que Posteguillo ya desplegó en la trilogía sobre Escipión el Africano. Y entre tanta triplex aecis (la formación de tres lineas de toda legión que entraba en batalla) me deslumbró una revelación respecto a la rebelión de los esclavos. Lo de revelación, por supuesto, corre a mi cuenta y riesgo.

Posteguillo insiste en definir en Espartaco la esencia de liberación de la humillación humana, más que de la esclavitud como mecanismo de la producción de capital. Su intento de salir de la península itálica, sugiere, es la demostración de que el tracio Espartaco no buscaba cambiar el sistema esclavista de la sociedad romana, sino que su motivación era irse lo más lejos y lo más pronto de ese infierno. Que miles de esclavos se sumaran no fue por causa de una convocatoria que saliera de sus labios, sino que fue una exigencia del ejemplo de libertad absoluta ganada por las armas y con destino en el horizonte, del mar o de la Galia transalpina. Su ejército llega a tener 150,000 combatientes y aún así no se propone conquitar la ciudad de Roma, lo que lo hace vagar como otro Aníbal por la península, buscando cómo romper las fronteras de la maldita Roma. 

Todos conocemos su final, pero lo que pocos escritores de novela histórica resaltan, al contrario de Posteguillo, es que el Senado se vio obligado a suspender todo conflicto civil e, incluso la guerra en oriente contra Mitrídates, para hacer acopio de todas las legiones y fuerzas navales disponibles, incluido el perdonar a César y sumarlo como tribuno bajo el mando de Craso.

Las cruces que se extendieron por toda la Vía Apia con sus miles de esclavos crucificados -niños y adultos- fue el final temporal de redención que no buscó su reino indefinible dentro del sistema opresor, sino que fuera de sus fronteras. Espartaco desapareció. No fue crucificado. Más de cien años después, otro crucifixión sí tuvo rostro, tortura y nombre: Yoshua de Galilea. Y la conmoción que debió cundir entre todos los esclavos tras el final atroz de la rebelión de Espartaco, debió sublimarse con la promesa de otro reino, esta vez sin ubicación en un territorio o provincia, sino que en el ámbito del espíritu.  La memoria de Espartaco continuaba fresca, muy fresca, e hizo que el evangelio proliferara de inmediato tras la crucificción del apóstol Pedro en el Campo Marte. Tanto para César como para los apóstoles, Espartaco fue la utopía concreta sobre la cual pusieron su primera piedra, con la excepción de que la redención de los esclavos cristianos sí alcanzó a proponer el cambio político de la estructura del Estado romano. Y lo logró. ¿César buscaba reformar la República y sanearla de corrupción y clasismo patricio? Quizá, pero en su lugar creó el Imperio, un colosal aparato de poder donde el Senado solo sirvió de decorado, cosa que siempre sucedió en el transcurso de los siglos de República, donde la "auctoritas" se resumía en una cuántas voces poderosas. El Julio César de Posteguillo solo llegó a sincerar a los romanos.

domingo, 29 de marzo de 2026

Episodio 124: Cartas de guerra

 


Herman Hesse escibió ¨Y si la guerra continúa¨, un ensayo que aborda la destrucción de la cultura por la guerra en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Todas sus reflexiones caben en las cartas individuales que los soldados enviaron a sus familiares desde el frente, aquello que Heesse invocó como ¨la integridad interior frente a la locura colectiva¨. Aquí les comparto un puñado de estas cartas, escritas desde lo más profundo de la desolación en tiempos que hoy se repiten y se alientan bajo los discursos más violentos e inhumanos. Este episodio, es mi homenaje a los caídos por la vorágine.


domingo, 1 de marzo de 2026

Episodio 122, La ola Drauner


 Los registros de mi diario se convierten en crónica, como ya lo vengo haciendo en otros episodios. Los invito a que escuchen este montaje que recorre parte del territorio emocional de aquellos que fuimos en 1995. Cualquier coincidencia es, sencillamente, porque fuimos lo mismo.

viernes, 27 de febrero de 2026

Memorias naborías, Una digresión sobre Tenochtitlan, Episodio 4

 


Esta es una conversación que pretendía ser informal. Con el ex Procurador General de la República, abogado Manuel Díaz Galeas, mantenemos desde hace muchos años a una constante revisión sobre los hechos de la invasión europea a Abya yala, centrándonos siempre sobre la caída de Tenochtitlan a manos de Cortés. Consideré que existían en lo hablado puntos que se deben realzar para corregir la narrativa oficial y así, mediante el lenguaje y memoria, dignificar la gesta de resistencia de las civilizaciones originarias. Aquí les comparto, junto a la narración introductoria de un pasaje de Historia verdadera de la conquista de Nueva Espana (Bernal Díaz del Castillo)  por parte de Iris Daniela Maldonado como la Malitzin (Malinche o Marina), un intento más de recuperar el origen de nuestro mestizaje, la épica y la tragedia de aquel siglo XVI.

https://drive.google.com/file/d/1v4TJqaWAfKSL1ghx2SHthFvdSnuGLHDG/view?usp=sharing


sábado, 31 de enero de 2026

Episodio 121, Josefa, un relato

 

La figura histórica de Josefa de Lastiri, viuda del General Francisco Morazán, se presenta aquí en una interpretación de su caracter que escribí desde la ficción del relato. Haciendo coincidir a dos testigos de ella, Willian Wells y a John L. Stephens (ambos exploradores de los estados del sur estadounidense, en busca de potenciales recursos a explotar que fueron describiendo en sus crónicas de viaje), Josefa se les presenta a sus ojos como una dama enigmática, apenas referida en la experiencia de conocerla personalmente, como consta en al menos uno de los testigos John L. Stephens, el mismo que comprara las fabulosas ruinas de Copán por 50 dólares.

https://drive.google.com/file/d/1q2hr8YdE2olhWhV33rJeUctogcD5UT17/view?usp=sharing

jueves, 18 de julio de 2024

Episodio 117, De cisnes y Palmerolas

 


La propuesta de crear una prisión de máxima seguridad en las Islas del Cisne (caribe de Honduras), me ha traído el recuerdo activo de la intervención imperialista en el país. El debate está abierto y mucho de peso tiene la posición soberanista como los reclamos en defensa de su ecosistema. Aquí una traducción libre de lo escrito por el blog Hackday.com sobre la radio estadouunidense que operó en la mencionada isla y una reflexión propia sobre lo que significa Palmerola dentro del territorio de Honduras.




lunes, 19 de junio de 2023

Memorias Naborías, Episodio 3: Alimento y hambre en las Antillas


En este episodio, gracias a las fuentes del historiador Hugh Thomas en "El Imperio Español desde Colón a Magallanes" y el ensayo "Los españoles esclavizaron a los taínos por su producción agrícola", del antropólogo puertorriqueño Nelson Álvarez Febles, escucharemos cómo la autosuficiencia alimentaria de los habitantes de las islas del Caribe fue destruída como método de dominio en los primeros 30 años de la invasión a Abya yala.


 

miércoles, 7 de junio de 2023

Memorias Naborías, Episodio 2: El presagio de Las Canarias

 

Los indicios de que había otra tierra al otro lado del mar venían sucediéndose desde mucho antes de 1492, y fue en la invasión al archipiélago de Las Canarias donde castellanos y portugueses montarían el laboratorio atroz de la colonización posterior de Abya Yala.

Los invito a hacer memoria y a preguntarnos si todo lo acaecido fue producto del Destino, del Azar o de las Estrellas.

Fuentes: Historia de las Indias, Tomo I, Bartolomé de Las Casas y Esclavos (la esclavitud en Las Canarias) Documentos para la historia de Canarias, VIII.

https://drive.google.com/file/d/1SyNY_sEQp3BqYFE9rMCJkQDnWcvHcACN/view?usp=sharing

domingo, 4 de junio de 2023

Episodio 111: El Perfume y El Tambor de Hojalata, análisis de dos escenas

 

Les ofrezco un análisis de las dos escenas emblemáticas en El Perfume y en El Tambor de Hojalata. ¿Es el fanatismo colectivo una especie de hipnosis? ¿Cómo terminan negando sus actos los victimarios que arrastraron al delirio a multitudes? Gunther Grass y Patrick Suskind nos dieron ya la clave en sus dos enormes novelas adaptadas al cine.

https://drive.google.com/file/d/1uTdkXu9hPkf7u-BuRe6bPYq8p-Pa3uyX/view?usp=sharing

viernes, 2 de junio de 2023

Memorias Naborías ¿por qué de este podcast?


 Luego de interminables lecturas -que aún continúan y dudo que terminen-, la dolorosa y a la vez fascinante historia de la invasión a América en 1492, me ha urgido a crear este podcast. La historia siempre ha competido con mi creación poética y todas mis otras expresiones literarias. Es hora de expresarla de alguna forma más o menos dominable: la técnica del montaje de audio derivada de mi experiencia -aun continua- con el podcast Bitácora del Párvulo, del cual, al día de hoy, he producido 109 episodios.

Mis estudios en Antropología Sociocultural en la Universidad de Puerto Rico (UPR), me han ofrecido los contenidos más esclarecedores, partiendo desde el impacto de la colonia española en Puerto Rico hasta la incuestionable colonia estadounidense. En mis clases, siempre les he expresado a mis maestras y maestros, que soy un apasionado de la historia que quiere utilizar las herramientas de la antropología para expandir aún más las posibilidades de análisis y recuentos históricos, por lo que en este podcast, mis opiniones tendrán ese abordaje holístico -y muchas veces autoetnográfico- que, también, no dejarán de lado las revelaciones de una poética en los hechos que nos dieron heredad mestiza y responsabilidad con en el presente vivo de los pueblos indígenas en toda Abya yala.

Quisiera que este podcast se concentrara en los anónimos que son la trama olvidada por la historia oficial. Quisiera intentarlo y ayudar un poco a que nos entendamos mejor para restituirnos en el tiempo, con la justicia poética del Destino, del Azar y de las Estrellas.*



*

Los tres componentes del alma, según los mexicas.

Episodio 1: Memorias Naborías


Este podcast, les invita a conocer hechos claves -aunque muchas veces anónimos- en la historia de la invasión a Abya Yala, su consolidación y transformación paulatina en la América que ahora conocemos, pero resaltando los actos que explican el por qué se derivó, desde lo menos conocido hasta los más oficializado, al americano y americana que somos y seguimos transformando culturalmente.

Las voces de los vencidos, al decir de Portilla, volverán a surgir aquí, en Memorias Naborías, como prioridades, como piedras rossettas, como areítos y ceremonias inmemoriales, voces y palabras desde las planicies de Norteamérica, desde las mesetas del Anahuac, las selvas mayas mesoamericanas y del Darién y de la Amazonía, hasta los picos nevados de Tahuantinsuyo junto a las pampas e infinitos glaciares de la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Agradecimientos por su invaluable colaboración a las poetas Venus Mejía (Honduras), Melissa Lucha (El Salvador), Iris Mencía (Honduras) y al poeta Rainier Alfaro (El Salvador), voces hoy de aquellas por siempre ancestrales dentro del montaje.


martes, 30 de mayo de 2023

Desde Lares, de Carlos Gallisá, Reseña

 


Presentación:

Quisiera iniciar esta reseña desde el signo titular del libro, “Desde Lares”, y esto porque desde esa primera impresión de lectura el autor nos está diciendo en qué momento inicia la historia de liberación, independencia, o anexión, o asimilación o estadidad fallida puertorriqueña. No hay forma de evadir la gesta y simbolización que significó Lares para este país que aún se debate entre nombrarse patria o nación… o ninguna de las anteriores, como se incluyó en la papeleta del segundo plebiscito del año 1998 en busca de definir, una vez más, el Estatus de la isla.

Carlos Gallisá (Camuy, 1933-San Juan, 2018), fue dueño de una dilatada militancia en pro de la independencia y, también, voz formadora de opinión política a través de su columna en el periódico Claridad, como igual fue presencia permanente en el programa radial Fuego cruzado, en la WSKN-AM. Su abordaje de análisis es sentencioso en todo el libro y denota un grado de frustración comprensible a medida que se va leyendo la larga historia de derrotas y esperanzas en la lucha por la supervivencia de Puerto Rico como ente nacional. Y, sin embargo, Carlos Gallisá es capaz de mantenerse ecuánime y de apuntar con precisión hacia los momentos cruciales donde se perdió la oportunidad de independencia o se abrió una coyuntura vergonzosa aún existente.

Me atrevo a decir vergonzosa, porque cada día que pasa Puerto Rico bajo el dominio colonial estadounidense, es, ciertamente, una vergüenza histórica que no se puede dejar de sentir ni obviar, no solo en Latinoamérica, que no alcanza a dimensionar aún cuánto ha resistido Puerto Rico por ella, sino para todo un concierto de naciones en el mundo que permiten semejante condición oprobiosa mientras niegan, por ejemplo, la reunificación de Taiwán con China, pueblos de una misma raíz cultural totalmente en contraste con lo disímil de Puerto Rico respecto al sentido cultural anglosajón de Estados Unidos.

El oportunismo como estrategia nacional

Aquel 23 de septiembre de 1868, en Lares, ha debido repetirse una y otra vez, parece decirnos Gallisá, tanto como la fecha 25 de julio se repite en la refinada maquinación de ocultamiento al día en que el Puerto Rico de la corona española fue invadida y conquistada por los Estados Unidos, en 1898. Pero si debe repetirse la fecha, entonces, se tendrá también que recordar las oportunistas traiciones de Muñoz Rivera y de Luis Muñoz Marín, y por supuesto, tener presente la fulgurante estrella apagada de Albizu Campos.

Este es el recorrido de cabo a rabo que nos ofrece Gallisá, y son tantos los datos luminosos demostrados con gran autoridad en el tema, que la “sola estrella” que casi rozaba la independencia de España con la Carta Autonómica de 1897, parece multiplicar sus traumas con mayor intensidad desoladora que todos los países latinoamericanos juntos. Gallisá nos presenta como punto de partida la mejor caracterización que he leído sobre cinismo político, y la caracterización está hecha sobre Muñoz Rivera, de quien Rosendo Matienzo Cintrón llego a decir “que era capaz de ponerse al frente de cualquier mayoría”, todo con el fin de llevar hasta las últimas consecuencias el ideario autonomista que fue barrido por la invasión estadounidense. Y por supuesto, al ocurrir la ocupación, Muñoz Rivera habría de fundamentar el adn de la política calculadora de las élites criollas, y lo haría con la siguiente declaratoria servilista:

Por lo que a nosotros toca, aspiramos a la pura satisfacción de que los Estados Unidos al fijarse en estos dominios suyos, se convenzan de que aquí hay un pueblo sensato, dócil, digno de que hasta él se extiendan las conquistas de la Democracia, que han hecho tan grande a la patria de Franklin y Linconl”.

Sin embargo, ante los hechos duros de la ocupación militar, todas las disquisiciones anteriores, y que se dirigían a tratar de establecer una posición hacia la independencia de la corona, se transformaron en una compleja búsqueda de identidad ante el nuevo amo, mismo que en sus tribunales, y sin saber qué opinar con exactitud para disimular su acto de conquista, determinó -tanteando- que “los boricuas eran unos nacionales (“Nationals”) al igual que los indios nativos de Norteamérica en el siglo XIX. Gallisá nos explica en este punto que “esta clasificación había sido utilizada en 1844 por el Tribunal Supremo de Estados Unidos para designar a los indios no pertenecientes a tribu alguna… y al “nacional” no se le reconocen los derechos que tienen los ciudadanos de formar gobierno y participar en el mismo”.

No hace falta mucho análisis para ligar esta definición al pensamiento que ya utilizaron como dilema los invasores españoles al momento de reconocer si los habitantes “nativos” (los buenos salvajes) tenían alma o no.

Fanon presente

Carlos Gallisá tiene un especial interés en demostrar los mecanismos psicológicos del colonizado puertorriqueño y cómo estos han determinado sus principales decisiones políticas retardantes que lograron crear la cultura de, como él le llama, “la guerra chiquita de interminables discusiones partidarias”. Para ello hace mención constante de Frantz Fanon, psicólogo y filósofo político de Martinica (1925-1961), mundialmente conocido por su libro “Los condenados de la tierra”. Es por eso que Gallisá se detiene en resaltar declaratorias de Muños Rivera que revelan el sometimiento y las líneas generales con que se asumió la invasión de 1898 y, por supuesto, las consecuencias de éstas, retadas tan solo por la indignada y valerosa aparición de Albizu Campos, treinta años después.

Siendo Muñoz Rivera Comisionado Residente en Washington, llegó a expresarse de la siguiente forma, aun estando su expresión en medio de un fogoso discurso en defensa de la participación política, en pleno derecho de ciudadanía (obtenida con la Ley Jones en 1917), de Puerto Rico en las decisiones de Estados Unidos:

“La plataforma democrática de Kansas City declaró hace catorce años, que ‘una nación no puede ser largo tiempo imperio y mitad república’, y que el imperialismo en el exterior conducirá rápida e inevitablemente al despotismo en el interior. Esas no son frases puertorriqueñas, reflejadoras de la impresionabilidad latina, son frases americanas reflejadoras del espíritu anglosajón, calmoso en sus actitudes y celoso, muy celoso de sus derechos”.

En otro pasaje del libro, al detallar la Base quinta del programa del partido “Unión de Puerto Rico” (febrero de 1904), recalca este extracto lastimero, necesitado e impotente (nótese la denominación “isla” comparado con el largo y pomposo nombre que se le otorga al conquistador en dos ocasiones en un solo párrafo, y además con ínfulas bilingües bastante tempranas):

Declaramos que entendemos factible que la Isla de Puerto Rico sea confederada a los Estados Unidos de la América del Norte, acordando que sea ella un Estado de la Unión Americana, medio por el cual puede sernos reconocido el self-goverment que necesitamos y pedimos”.

Sin lugar a dudas, los nuevos amos captaron de inmediato este sometimiento de las élites políticas a lo largo de los años, al punto que el congresista Fred Crawford decía, en el año de creación del ELA, que

en ningún momento he pensado siquiera que Puerto Rico pudiera jamás sustentar la condición de estado. Sin duda, Puerto Rico no puede sustentar ningún tipo de independencia. Tendría que ser un títere de algún otro país…

Pedro Albizu Campos y Luis Muñoz Marín

Cuando Gallisá aborda estas figuras inseparables del destino político puertorriqueño, diría que lo hace abriendo un doble paréntesis ((uno dentro de otro)), porque llegan a ser indistinguibles en su radicalidad de visiones, por mucho que se quiera asignarle a Luis Muñoz Marín una visión pragmática y mediadora con Washington. El enorme fervor de Albizu al final es contenido por los límites que le impone la cercanía de Muñoz Marín con altos personajes de la política de Washington, en un momento en que el independentismo nacionalista estaba en su mejor apogeo.

El clímax de esta situación tensa e inevitable en su colisión sucede en la insurrección de 1950, fecha que es espejo del Grito de Lares, con todo y su derrota simbólica. Los fervorosos discursos de Albizu Campos fueron esenciales para mantener en alto la decisión de lucha a toda costa y al final, trascendieron su muerte, ya que, a mi parecer, su retórica alcanzó vuelos globales, humanísimos e imposibles de dejar a nadie indiferente. Gallisá recoge un extracto del discurso de Albizu a su regreso de prisión federal, el 15 de diciembre de 1947, y en él concentra toda la conciencia que el mismo Albizu tenía de su propia dimensión, tanto al hablar como en el callar como un llamado a actuar:

Yo confío en no venir a pronunciar muchos discursos en Puerto Rico. No he venido a entretener a mi pueblo. No. Yo no soy un artista. No quiero aplausos. Oíd bien. He venido aquí porque yo no creo en el exilio voluntario. He venido porque mi patria, esclava, como está hoy, es donde está mi deber y nadie debe rehuir de la madre enferma y lisiada, porque es entonces cuando más necesita el amor de sus hijos”.

La palabra “Patria”, entonces, se erigía como estandarte de lucha, y en cambio Luis Muñoz Marín, la encerraba a sangre y fuego en el paréntesis de un frío acrónimo: ELA (Estado Libre Asociado) a tono con la sempiterna ambigüedad de significados y tan cercano a los gustos con que los estadounidenses nombran lo insustancial, pero muy corporativo.

Y es que Gallisá también utiliza con toda intención la palabra comprar para referirse al producto que vendió Muñoz Marín: “La mayoría del pueblo de Puerto Rico “compró” la oferta del ELA de Muñoz, presentada como el comienzo de un proceso para adquirir mayores poderes políticos sin cerrarse puertas a ningún otro estatus”, y esto lo hace para definir la vocación puramente capitalista en la visión de desarrollo que se le vendió -a alto precio- a Muñoz Marín en Washington.

La estadidad jíbara

A partir de este momento, como lo afirma Gallisá, todo se orientó al impulso de una modernización descarnada y entreguista, sin ningún viso de independentismo, pero paradójicamente, muy folclorizante. Y es que se folcloriza a una nación cuando se busca minimizar las visiones de una patria insertada en el concierto de las naciones. El orgullo identitario es mirarse al ombligo y a la vez entregar al turismo del amo los rasgos y expresiones típicas-nativas como un agrado que busca aceptación. Para 1964, nos dice Gallisá, sucedió “la inscripción del Partido Nuevo Progresista (PNP, contendiente del PPD muñozmarinista) con gente nueva en su dirección y, sobretodo, con un nuevo discurso anexionista montado sobre lo que se llamó “la estadidad jíbara”. En ese nuevo acercamiento el anexionismo se distancia de la “americanización del puertorriqueño”.

Y fue en esos días en que Luis A Ferré “adoptó la consigna de distinguir entre patria y nación, siguiendo la recomendación de un conocido analista político. Para los puertorriqueños, según Ferré, la patria es Puerto Rico, y la nación Estados Unidos”.

El recuento de Gallisá

En la parte final del libro van sucediéndose las cifras del latrocinio en que derivó el ELA. La creación de las condiciones de desmantelamiento y aprovechamiento de los fondos federales ante la incapacidad de la empresa privada para dar empleo, algo que el ELA tuvo que cubrir (en 1969 el número de empleados públicos ascendía a 157 mil. Treinta años más tarde se había duplicado con 302 mil empleados), la huida o abandono de los “proyectos de inversión estadounidense”, el vaciamiento de la isla por el incentivo de trabajos en Estados Unidos desde los cuales (sembradíos, fábricas de manufactura) no regresaron jamás más de un millón de puertorriqueños. En pocas palabras, el ELA fue desapareciendo en su promesa de desarrollo ya a mediados de los años 70, al igual que se fue diluyendo el valor estratégico de Puerto Rico como baluarte anticomunista en la medida que la guerra fría terminaba.

Gallisá resume así las estrategias fallidas del anexionismo:

-          1) Política de americanización del puertorriqueño

-          2) La estadidad jíbara como respuesta al fracaso de americanización y como intento de armonizar la puertorriqueñidad con la estadidad

-          3) Poner énfasis en el beneficio económico de la estadidad para los pobres, y

-          4) La política de igualdad, desde la perspectiva de los derechos civiles, que es mucho más amplia y contiene lo básico de la estadidad para los pobres: el aumento en fondos federales.

La feroz represión que se dio al Grito de Lares, así como a la insurrección del 50 y a los tremendos gestos de valentía del comando de Lolita Lebrón, a la destrucción de los aviones en la base aérea, a los mártires del Cerro Maravilla y a tantos más que dieron su sangre por la autodeterminación e independencia, quedan reducidos a la calculada estrategia de la Estadidad para los pobres: para seguir obteniendo los fondos federales había que ser pobre a perpetuidad.

Todo pareciera perdido y finiquitado en la lucha puertorriqueña por su libertad e independencia (porque sí, el libro es un recorrido emotivamente independentista aún se nos presente lo más pragmático posible), pero Gallisá mismo señala casi al final la resistencia del puertorriqueño a dejar de serlo y diluirse como pueblo en la anexión, y ese es el reto que propone: no solo repensar a Puerto Rico, sino que releer su nada pasiva historia de dilemas, orgullos y, en la gran mayoría de ocasiones, cálculos colonizados.


F.E.

Abril, 2023

domingo, 13 de noviembre de 2022

Episodio 98: El momio de Puerto Rico

El 3 de abril del año 2021, 22 momias fueron trasladadas del viejo Museo Egipcio de El Cairo, a sus nuevos aposentos de descanso eterno en el nuvo museo ubicado en la explanada de Gizeh.  Este hecho causó no solo problemas de tráfico en El Cairo, sino que también puso de cabeza a la maquinaria burocrática de la Duat o como otros lo llaman, el Necher-Jertet, es decir, el inframundo, donde Anubis sirve de aduanero. Esa noche, Anubis se dio cuenta que debía pesar de nuevo los corazones porque algo no cuadraba en sus cuadernos contables…

Los invito a escuchar esta rocambolesca memoria del qué sucedió y cómo llegaron las momias a Puerto Rico.



 

lunes, 10 de octubre de 2022

Falseamiento civilizatorio

 


Leo a Alan F. Chalmers: "¿Qué es esa cosa llamada ciencia?". El libro indaga y cuestiona los artículos pétreos en los que la ciencia occidental ha basado su superioridad civilizatoria. Voy por el capítulo donde aborda el falseamiento, esa parte obligatoria que el método científico debe poner en juego para probar toda hipótesis. Me detengo a reflexionar en lo siguiente:

"Durante el siglo XVII  se acumularon montones de falsaciones. Sin embargo, una vez que hubo sido creada y desarrollada la física newtoniana mediante las conjeturas de Galileo y Newton, fue una teoría (habla de la caída de los objetos y la ley gravitacional) superior que la de Aristóteles... durante dos siglos, la teoría de Newton se vio coronada por el éxito. Esto es, no tuvieron éxito los intentos de falsearla mediante los nuevos fenómenos predichos con su ayuda..."

La reflexión que me viene es la conquista o invasión a América: la que llegó fue la Europa del medioevo, una expresión conservadora de la bullente idea civilizatoria que empujaba la reforma protestante. La contrareforma entonces, bien lo explica Kamen y Gruzinski, intentaba fijar la regla católica y hacer de España su bastión. No había cabida para probar el dogma. Se necesitaba de ingentes cantidades de nuevos católicos que se enfrentaran a la herejía de Lutero y así, por medio de bautismos masivos, se "entregaban a la batalla espiritual", millones de nuevos católicos en la mentalidad de las naciones indígenas avasalladas.

Sin embargo, como suele suceder a lo largo de todo el pensamiento humano, fue el arte el primero en advertir el cambio de visiones que empujaba la reforma, y así los grandes pintores flamencos, los italianos del norte de la península (Génova, entre ellos), iniciaron la exuberancia del barroco, y éste poco a poco fue entrando a las venas de la conquista y, por ende, al sincretismo indígena expuesto, desde su propio barroco, al estilo ascendente entre sus invasores, iniciaron sin saberlo, el falseamiento o puesta a prueba, de todos los pilares con que se sostenía el catolicismo. 

¿Qué hubiera sucedido si la expresión de conquista hubiera llegado cuando ya se hubiera falseado definitivamente el mundo aristotélico? ¿Se habría dado la pregunta de si los indígenas tenían alma o, al contrario, aceptada de entrada, sin ningún prejuicio, el alma nativa americana hubiera encajado, con todo y su hiper barroquismo ya en vanguardia en las disposiciones sociales de la colonia? ¿Hubiera sido la colonia la obligada a acelerar su sincretismo y no al revés?

El mito de Medusa está en lo que refleja. ¿Dónde está la falsa imagen? ¿Cuál de las dos se hizo piedra?

F.E.

sábado, 17 de septiembre de 2022

Episodio 94: Días de hemeroteca 1982, Segunda parte

 

El ocultamiento de lo que pasaba dentro de Honduras en 1982 llegó a tal grado que los medios alcanzaron un nivel de cinismo solo alcanzado hasta el 2009, año del golpe de Estado. Esos mismos medios intentan tergiversar hoy lo que en Honduras se vive, sobre el crimen de la reciente narcodictadura, sobre la aún no resuelta justicia para con las víctimas de los años ochenta.

Estas es una crónica directamente sacada de mis visitas a la Hemeroteca Nacional de Tegucigalpa. Si los hechos no coinciden con la verdad, es porque la verdad nunca coincidió con quienes la inventaban.


https://drive.google.com/file/d/15QKtSWwWkthK-ecdxM16bj1SAjl_ptTJ/view?usp=sharing

domingo, 11 de septiembre de 2022

Episodio 93: Días de hemeroteca, adendum al año 1982


Lo que los invito a escuchar a continuación, aparte de ser un capricho interpretativo, es el producto de haberme sumergido en la hemeroteca Nacional de Honduras durante el año 2014, enfocado, exclusivamente, en el año 1982 ¿por qué sólo 1982? Porque me interesaba saber el ambiente que sostenía la creación de dos hechos claves en esa década: la participación de Honduras en el mundial de fútbol en España y la toma de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés por parte del Movimiento Guerrillero Los Cinchoneros, el 17 de septiembre, día del maestro, hace 40 años.

 Llegado a ese punto, donde el ocultamiento triunfó, me hice una pregunta: Si la prensa fue capaz de hacer de la verdad mentira, ¿por qué, con el juego satírico de la poesía, no podía tener derecho yo a interpretar como me viniera en gana esa mentira como verdad?


 https://drive.google.com/file/d/10speCfqGnpLydrjLInanVxYOO1_riogS/view?usp=sharing

lunes, 5 de septiembre de 2022

Honduras y su gran posibilidad de socialismo democrático

 






 En el ánimo de los positivistas liberales de Centroamérica, en el siglo XIX, siempre pesó la idea de que toda la región estaba escasamente poblada y, por lo tanto, con insuficientes fuerzas productivas. Y no es de dudarlo: la empresa de la invasión y conquista europea impactó con suma violencia en el otrora densamente poblado territorio maya de Guatemala, en el también muy poblado señorío de Naco, Honduras, en la animosa y fuerte población pipil salvadoreña, en la costa de la Veragua nicaragüense que se extendía a lo largo y ancho de la luego llamada provincia de Guanacaste, en Costa Rica y ni qué hablar de las enormes poblaciones del Golfo de Darién en Panamá profusamente utilizadas por los invasores como portadeadores, antes de que existiera el canal. El despoblamiento por muerte física o desplazamiento territorial fue de tal alevosía que, sumado a las políticas exclusivistas de las élites criollas, impidió crear un proyecto de desarrollo europeo entre la población indígena que, desde el principio, inauguró el cimarronaje para luego nutrirse de los miles de esclavos africanos recién llegados.

Costa Rica fue la primera provincia en reunir su idea identitaria en un territorio consolidado, la meseta central. Esa identidad estaba regida por la visión reductora de la blanquitud. Muy pronto, una vez lograda la independencia de España, los líderes políticos costarricenses, imbuidos en la superioridad de ideas del positivismo liberal, se enfocaron en el intento de replicar la visión del caudillo argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) detallada en su Argirópolis, donde propone crear una ciudad capital blindada de neutralidad “para conciliar los intereses y la libertad de los estados confederados” del Río de la Plata. Como escribe Eugenio Rezende de Carvalho[1], esta propuesta argumentaba un medio para alcanzar “libertad comercial, y esta aseguraría la prosperidad, riqueza y dinero”. Y claro, sin el “lastre” de los pueblos originarios que no querían incluirse, por sus propias tradiciones, al proyecto europeocentrista.

El fervor de Sarmiento -especie de espejo de la conquista de la frontera estadounidense- se convirtió en la práctica en un avasallamiento de las poblaciones del desierto argentino del tipo solución final a las causas que él identificaba para el subdesarrollo de las provincias del sur. Ese desierto, ya extrapolado, radicalizó a los políticos positivistas de Centroamérica para impulsar sus propios métodos de blanquitud y de impulsar el progreso sobre los intereses ancestrales de la aún enorme, aunque dispersa, población indígena remanente del genocidio conquistador. La mayoría de nuevas naciones centroamericanas posindependencia (15 de septiembre de 1821), llegaron a adoptar los colores de la bandera de Argentina como un guiño afectuoso a la utopía de Sarmiento. La paradoja es que solo Costa Rica decidió sus propios colores para su bandera, para afirmar aún más su neutralidad, posición política llevada a ultranza en la negación de apoyar a conciencia la República Federal de Centroamérica que, por 10 años, enarboló y presidió el hondureño Francisco Morazán, quien incluso murió fusilado en la Plaza Central de San José, Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842. La idea de progreso, entonces, sufrió su primer gran cisma republicano en una fecha altamente simbólica.

Honduras quiso intentar las reformas liberales a través de su promotor, el presidente Marco Aurelio Soto (1846-1908) quien se apoyo en el fervor liberal del pensador hondureño Ramón Rosa (1848-1893), el mismo que años después de iniciado el impulso tuvo que reconocer que el Estado de Honduras no tenía capacidad de penetración en todo su territorio. Y es que para efectos de contextualizar geográficamente, Honduras fue desde su nacimiento el estado centroamericano con más fronteras, seis en total, y debido a esa incapacidad de presencia estatal razonada por Rosa, tuvo permanente injerencia política de sus vecinos una vez que se identificaba qué presidente era beneficioso para Nicaragua, El Salvador o Guatemala, sucediéndose así invasión tras invasión o apoyo económico o de armas a los alzados contra el gobierno central a través de los años. No he mencionado aún el enclave bananero estadounidense porque es necesario puntualizar que la visión de los liberales del unionista Francisco Morazán ya planteaba la necesidad de promover el estímulo a la colonización de las grandes extensiones de tierras sin producir, y los colonos en que siempre pensaron fueron los estadounidenses, a quienes consideraban los adecuados para transferir, en las concesiones posibles, la industria y conocimiento técnico que tanto necesitaba Honduras. Marco Aurelio, así, abre las puertas a las masivas concesiones bananeras.

Las bananeras

Honduras, a diferencia de la concentración productiva costarricense en su rica meseta central, posee un territorio mucho más grande y montañoso, incrustado de ricos valles completamente aislados por las serranías. Su tierra no está nutrida por la acción volcánica ya que es el único país del istmo que no posee volcanes[2]. Sus valles, desde el principio de su existencia moderna, fueron repartidos entre familias criollas que monopolizaron hasta la fecha su productividad. El resto del territorio es de vocación forestal. Enormes extensiones de pinares. Sin embargo, el espíritu de Sarmiento trasladado por, la desde aquellos años considerada ejemplo de nación, Costa Rica, prendió con igual intensidad en la casi inexistente cúpula burguesa de Tegucigalpa, aunque con posibilidades destinadas al fracaso por su falta de proyección a lo largo y ancho del país. El militarismo de caudillos locales ultraconservadores tomo posesión una vez que Morazán fuera fusilado en San José, y un retorno de la influencia eclesiástica -enemiga de la unión centroamericana- hizo que Honduras se encerrara y experimentara con su propio liberalismo vernáculo y montaraz.

La última estampida de las balas que mataron a Morazán inició un periodo de cien años de guerras civiles, levantamientos o revueltas de diferente índole, lo que da una idea de la desproporción fragmentaria en que cayó la incipiente nación. Un contraste absoluto respecto a la cohesionada Costa Rica. Y lo que es más grave, sin la mínima posibilidad de proponerse como neutral en todas sus expresiones políticas. El país con más fronteras se diluyó existencialmente entre la vida ermitaña de la poquísima población desperdigada por el cimarronaje y las aspiraciones territoriales de los demás países vecinos.

Las bananeras, como monocultivo estadounidense, llegó a romper la lógica de producción ganadera imperante hasta entonces[3] y supuso la creación de un enclave transnacional que convocó a trabajadores desde El Salvador, Jamaica, Guatemala y Nicaragua, al punto de convertir a Honduras en el mayor exportador de banano del mundo, superando la producción de Ecuador, Guatemala, Cuba, Costa Rica y México en conjunto. Ahí es donde nace el mote de “Banana Repúblic” ya que la injerencia directa de las compañías transnacionales como la Stándar Fruit Company o la Tela Railroad Company, sometió bajo soborno a la voluble y pequeña clase política del país. “En Honduras una mula vale más que un diputado”, llegó a exclamar Samuel Zemurray, dueño del mayor oligopolio bananero.

A principios de la década de los 50, Estados Unidos, en su estrategia anticomunista, crea el plan de seguridad hemisférica que comprende la profesionalización de las Fuerzas Armadas de Latinoamérica, creando, en el caso hondureño, la Academia Militar Francisco Morazán (vaya paradoja). A partir de ese momento inicia la existencia de un estado paralelo en la cual el estado prácticamente se subordina a la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas. Una serie de golpes de Estado iniciados justo durante la "profesionalización", termina en el año 2009 con el golpe a Manuel Zelaya Rosales. Doce años después de atravesar una doble dictadura, Xiomara Castro llega al poder mediante un masivo voto que expulsa a Juan Orlando Hernández, quien detentó el poder mediante una combinación de terrorismo de Estado y paramilitarismo de narcotráfico. Hoy, Juan Orlando Hernández, ya extraditado, espera juicio y sentencia en la Corte del Distrito Sur de Nueva York.

El contraste entre Honduras y Costa Rica que doy como referencia, da una idea de cuál es el horizonte que se eleva sobre Honduras, dado que, Costa Rica, sigue siendo reconocido como el país centroamericano con mayor amplitud democrática, a pesar de sus notorios problemas de clasismo y racismo, algo que en Honduras está exacerbado por el generalizado cimarronaje que la funda, debido a la ausencia sempiterna de instituciones, órganos ciudadanos una y otra vez socavados.

La posibilidad de crear, y no de reformar, la posibilidad de cimentar, y no sanear algo inexistente, es la verdadera empresa que asume Xiomara Castro en su proyecto de socialismo democrático. La amplia base que le dio su apoyo para expulsar la sangrienta dictadura del Partido Nacional (hay cifras que aseguran más de 40 mil muertes violentas durante este periodo), espera el castigo de la impunidad y la primera acción global de distribución efectiva de los beneficios del estado. Las arcas fueron saqueadas, la cultura del miedo, la anomia, la sospecha campea pos trauma, y aún así, hay todo un entendimiento de que Honduras debe iniciar ya su camino hacia un desarrollo humano que llegue incluso a retar su propia historia.


Fabricio Estrada

Junio 2022


[1] La utopía identitaria en Argirópolis de Domingo F. Sarmiento, Eugenio Rezende de Carvalho, Universidad Federal de Goias, UFG, Brasil http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-24892014000200013

[2] Marcel D’Ans, Honduras, dificil emergencia de una nación, de un Estado

[3] El escritor hondureño Medardo Mejía afirma que la hondureñidad desciende directamente de los arrieros de ganado.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Episodio 92: España 82 y el grito más fuerte de Honduras


 De antemano, les pido disculpas por las omisiones en nombres de algunos importantes protagonistas. Algo tan portentoso como el primer mundial de fútbol para un país como Honduras hace que las neuronas salten de felicidad al recordar y se pongan delirantes (como ya lo comprobarán). Confío en que su memoria llene esos vacíos y que, por igual, me acompañen en la reflexión sobre nuestras taras identitarias. Buscar esas taras es lo mismo que la niña que se busca tras el espejo en el poema de Antonio José Rivas.

Bienvenidxs a esta máquina del tiempo donde su memoria es la que pone la música.

https://drive.google.com/file/d/1eIjUYpEGxVBIg2DCi6KTEJePRhHfaPsD/view?usp=sharing

domingo, 7 de agosto de 2022

Episodio 89: Los One de Carlos Rubio, Memorias claves de la música hondureña


 En esta reseña de Alex Palencia (músico y productor hondureño, actual Viceministro de Cultura), recordamos a Carlos Rubio, el tenaz productor y músico de la Banda One. ¿Cómo el éxito de la Banda Blanca y su Sopa de caracol determinó el adiós para muchísimas agrupaciones de rock dentro del país? ¿Cómo la tragedia del huracán Mitch impuso un silencio brutal en Carlos Rubio? Honduras también es música y recordarla con ella es devolver años que continúan intactos.

lunes, 1 de agosto de 2022

Las repúblicas destructoras del tiempo

 La defensa a ultranza del concepto  político "República", olvida que fueron las fronteras creadas las que intentaron y, en muchos casos, lograron diluir la cohesión cultural de los pueblos originarios.

Estos conocían territorios y ámbitos psicológicos perfectamente simbolizados donde el concepto "Tiempo" regía como límite o expansión de la gobernanza. Cabe resaltar, incluso, que el tiempo o la estación de la movilidad social exigida por los dioses-tiempo determinaba las grandes peregrinaciones que ampliaban la idea del territorio según éstas atravesaban libremente -o en treguas bélicas sagradas- el enorme espacio del Anahuac, en el caso mesoamericano.

Una vez fundadas las repúblicas criollas esta movilidad desapareció, el tiempo desapareció, la deriva se cristalizó en "Estado" confinador.


F.E.