Por Honduras han cruzado todos los piratas, peregrinaciones, invasiones, especuladores, esclavistas, evangelizadores, arrieros, taladores, y de cada recua de ellos y ellas se quedó la mitad o menos de la mitad. Los unos suplicaban en sus cartas a la corona que los sacara de este confín yermo y los otros y otras se escabullían en los cerros para ocultar su sangre judía o simplemente huyendo de la muerte en las minas. Devastados por centenas de miles, nuestros indígenas vieron llegar la multitud que una vez ellos mismos fueron. Este territorio hoy llamado Honduras fue el yunque del Valle de Naco. Dos millones habitaron en él y su número rivalizaba en cantidad con los pueblos mayas de Quatemalán.
Aquí mismo, en la confluencia, en el área intermedia mesoamericana donde la espuma se mezclaba con la sangre que llegaba de Sudamérica y batía contra la maya, llegaron los galeones y aquellos soldados erizados de hierro que los ancestros nombraron escarabajos. Y luego de tanto ir y venir, luego de tanta asfixia y cadenas, luego de tanto látigo y destierro, llegó el pueblo garínagu siguiendo la voz marina de Satuyé. Llegaron como tantos náufragos, pero jamás vencidos, con la lengua cruzada por el arahuaco y el caribe, con fonemas de las costas occidentales africanas, con los verbos del que huye de la brutalidad.
Eso fue hace más de doscientos años y no es suficiente para que los racistas le llamen hondureños y hondureños. La primera oleada de árabes llegó a la costa norte a finales del siglo XIX y a principios del XX ya los llamaban turcos hondureños, muy hondureños. Hace apenas 120 años y ya eran recibidos sin alarma, sin persignarse ante ellos, sin reclamarles ancestralidad.
Hace una década se asentaron los especuladores de la criptomoneda en Islas de la Bahía, los token y avatares de Prospera y hoy prácticamente les entregamos el territorio nacional, pero a los garífunas hay que quitarles las tierras, negarles arraigo, así como la gran mayoría niega su sangre indígena, sus rasgos de afrodescendientes. Este yunque sigue machacando nuestras venas.
Honduras desaparecerá en el 2050, dijo Harari como una
advertencia, pero antes habrá que hacer desaparecer el arraigo de todos
iniciando con los más vulnerables, desalojarnos, utilizar todos los tractores
disponibles emulando al sionismo en Gaza y Cisjordania. Los recién llegados
llegan a una velocidad de 5G y nos quieren archivados en el folder de la
historia.
F.E.



