miércoles, 21 de mayo de 2014

Imago del poder ido

Beethoven

Evita Perón

Gaudí

Linconl

Napoleón

Nicola Tesla

Shakeaspeare

Tolstoi

Tomás Moro
Pancho Villa

Jonathan Swift
 Benjamin Franklin

Dante Alligheri
Isaak Newton

Benito Juárez
Mahler
Julio César

Hichtcock

María de Guisa (Estuardo de Escocia)

Alfred Nobel

Friedrich Nietzsche

Robespierre

Himmler

Goethe

Simón Bolívar

Joyce

Keats

Ned Kelly

Oliver Cromwell

Lenin

Voltaire

Pio IX

Woodrow Wilson

Jean Paul Marat

Heinrich Heine

Benjamin Disraelí

Enrique IV de Francia

El Duke de Wellington, vencedor de Napoleón

Napoleón Bonaparte

Lorenzo de Medici, El magnífico

Federico II de Prusia, El Grande

Martín Lutero

Pedro El Grande, Emperador de Rusia

George Washington

Josef Stalin

Haydn

Hugo Chávez

Filippo Brunelleschi































Li Wei







Funerales de Beethoven

El lunes 26 de marzo de 1827 fue un día helado. Desde Silesia y la Cordillera de los Sudestes, un viento del norte soplaba a través de los bosques de Viena. En todos lados, la tierra se escondía bajo un suave manto de fresca y silenciosa nieve. El largo invierno había sido crudo, húmedo, frío y helado: aquel día, parecía que el invierno no quería soltar la tierra de su mano.




Hacía las cuatro en punto las luces de Viena, los faroles de la calle, las velas de un sin número de habitaciones, empezaron a penetrar en la nublada penumbra. El día había casi llegado a su término. En el segundo piso de la Schwarz-spanierhaus, la Casa del español moreno, al oeste de las antiguas murallas de la ciudad, yacía un hombre que también había casi terminado su trayecto. En una gran habitación, apenas amueblada, de apariencia triste, entre miseria, libros y papel pautado, dejándose ver, en medio de todo ello, su apreciado piano de cola, un Broadwood de caoba, Beethoven, el General de los músicos, perdió su vínculo con la vida. Tendido en una tosca cama, inconsciente, en ese momento estaba tan destrozado y acabado como su piano. Fuera, los elementos continuaban rugiendo furiosamente. Los copos de nieve que caían se amontonaban frente a la ventana. De repente, se oyó un fuerte trueno acompañado de un relámpago… Beethoven abrió los ojos, levantó su mano derecha y, con el puño cerrado, miró a lo alto durante varios segundos… Cuando dejó caer de nuevo su mano sobre la cama, con los ojos medio cerrados… ¡Su respiración se detuvo, el corazón dejó de latir! El espíritu del gran compositor había huido de este decepcionante mundo hacia el reino de la verdad. Así lo recordaba Anselm Hüttenbrenner. Otro de sus contemporáneos, Joseph Carl Rosenbaum, relataba el fin de Beethoven, de forma aún más conmovedora, en un lacónico apunte de su Diario: Ludwig van Beethoven ha muerto de hidropesía, por la tarde, alrededor de las seis, a sus cincuenta y seis años. ¡No estará más entre nosotros! Pero su nombre seguirá viviendo a la luz de su fama. 



El funeral tuvo lugar la tarde del 29 de marzo de 1827. En contraste con los tres días anteriores, el tiempo era amable, cálido: la primavera había despedido al invierno. Una multitud conmovida por el dolor asistió al funeral para rendirle su último homenaje. Según el Allgemeine Theater Zeitung (del 12 de abril) había alrededor de 15000 personas. Otros estimaron una cifra cercana a los 20000 asistentes. Pero según todos estos informes, la ceremonia fue una de las más espectaculares de la Viena posnapoleónica. Según un detallado informe del funeral, de los archicos de la Corte Suprema, el patio de la casa estaba lleno a desbordar y fuera, la multitud, pedía paso impetuosamente. La intervención militar de los soldados del cuartel de Alser… apenas sirvió para controlar a la multitud. Incluso las escuelas permanecieron cerradas. A las tres se cerró el ataúd y lo bajaron al patio. El paño mortuorio, encargado por Antón Schindler del Segundo Regimiento Civil, fue extendido sobre el féretro, la cruz adornada con una corona de flores bellísima y sobre el paño se dispusieron unos evangelios y la bellísima corona cívica… La puerta se abrió. La multitud estaba tan apiñada que sólo con gran dificultad pudieron, el director de ceremonias y sus ayudantes, organizar la comitiva. Los que sostenían el féretro, entre los cuales se contaban Hummel y Gyrowetz, llevaban velas cubiertas con crespones. Entre los que llevaban las antorchas, nombres como Castelli, Czerny, Grillparzer, Graf, Paccini, Schubert y Schuppanzigh, destacaban de una distinguida comitiva. En el centro de la procesión iba el magnífico carruaje ceremonial, llevado por cuatro caballos que habían sido encargados desde el despacho del rector de la Catedral de San Esteban. El cortejo giró pasado el Palacio Lichnowsky. Un coro cantó el Miserere, en un arreglo de uno de los Equale de Beethoven para trombones. Una banda interpretó la marcha fúnebre de la sonata para piano Op.26. 

Máscara mortuoria 



Ates D´Arcy Orga, Beethoven, 2001, Ediciones Robinbook, s.l., págs. 11, 12 y 13.

martes, 20 de mayo de 2014

De transportes públicos a archivos históricos

 Aquí van dos fotos de Honduras antes de desteñirse o demasiado teñida, demasiada vívida para ser real. La primera es de Tegucigalpa a finales de los años 70, su transporte público y su sol. Al fondo El Berrinche aún no se cae y la Casa del Ingeniero aún no parece una instalación vintage de instrumentos para agrimensores. Los busitos HINO, casi endémicos, iban a paso lento y, recuerdo, con la tranquilidad de un clima templado para comodidad de los pasajeros... que para aquella época aparentaban siempre no tener ninguna prisa.


La otra foto es de finales de los años 60, en San Pedro Sula. La VW sacó este anuncio a nivel internacional mostrando cómo en un "pueblo" tan lleno de "problemas" de clima, de carreteras en mal estado y de alta escasez de agua, el transporte público por excelencia, tanto en taxis como en buses, era en VW. La publicidad salvó en este caso la terrible carencia de archivos a color de Honduras. Claro, el mensaje era menos romántico e interesado en algo más práctico e inmediato: los VW siguen caminando aún en los peores entornos. Que la historia -y la nostalgia- se cebe con lo que quede del color.

lunes, 19 de mayo de 2014

De guardianes de la Patria y el mal

Bastante interesante el giro que los medios le han dado al lenguaje para abordar y justificar el programa "Guardianes de la Patria". En su última edición dicen: Niños de Honduras: reclutados por el mal (http://www.elheraldo.hn/alfrente/710303-331/niños-de-honduras-reclutados-por-el-mal ), lo que es, de manera tácita, un desdoblamiento de lo que en verdad se busca: que regrese el reclutamiento forzoso en la ya desenfrenada militarización de Honduras.

La retórica no es tal cuando el lenguaje del poder ya ha decidido transmitir lo que busca reglamentar. Existe un mal de muchas aristas definido en esta suposición, pero el que más pesa es un mal que sólo compete a los jóvenes y que, en gran parte, habita en el tiempo que dura la juventud. Ser joven, entonces, es el mal, y el mal se combate desde la gerontocracia. ¿Si los jóvenes son reclutados por el mal entonces el mal es externo a ellos? esta podría ser la otra pregunta y la respuesta lógica sería: el mal viene de los adultos. ¿Entonces para qué llevarlos al régimen adulto del ámbito militar? Para aniquilar el espíritu de juventud, para que la disciplina ahogue la chispeante naturaleza de lo joven, para neutralizar.

¿Qué mal, entonces, está reclutando a los jóvenes de Honduras? Siguiendo la línea de pensamiento de Baruch Spinoza, la población estaría consiente del mal implícito en que se caería al dejar que los niños estén bajo el cuidado de los militares, pero el bien esperado en este caso a largo plazo, superaría con creces todo mal inmediato.“… entenderé en adelante por “bueno” aquello que sabemos con certeza ser un medio para acercarnos cada vez más al modelo ideal de naturaleza humana que nos proponemos, Y por “malo”, en cambio, entenderé aquello que sabemos ciertamente nos impide referirnos a dicho modelo.”

La naturaleza humana que proponen los medios y el sistema de militarización hondureño es la represiva, en cuanto a que la doctrina militar hondureña ha demostrado luego del golpe del 2009, que su cultura interna es anti-ciudadana, por lo tanto, es ideal una ciudadanía que no le de cauce a su búsqueda de libertad individual y colectiva, una libertad que rompa con la idea que Spinoza tiene de la libertad humana condicionada: la piedra que, lanzada, comienza a girar, a rodar de la manera en la que definió el impulso inicial. Una vez en solitario, si la piedra pudiera pensar pensaría quizá que ella es libre para moverse tal y como lo está haciendo, porque su voluntad es que así sea y no hay nadie que dirija su giro ni que la ordene... Esta es la famosa libertad humana –dice la cita–, que todos se jactan de tener, y que tan solo consiste en que los hombres son conscientes de sus apetitos e ignorantes de las causas por las que son determinados. 

F.E.

Ángel Crespo, España - Cuatro poemas



La mano contra el sol
Tiendo la mano contra el sol y veo
una oscura muralla, y las almenas
en que el viento y la luz se dan de bruces;
y vislumbro un ocaso casi antiguo
o bien un parco infierno
en el que parvas almas aún esperan.
Y, con la mano puesta contra el sol,
siento que de mi sombra van raíces
a donde corren silenciosos ríos;
y escucho, con el sol tras de mi mano,
un vuelo de aves y un morir de abejas,
y una enramada violeta y roja
sobre un cielo amarillo.
Y al retirar la mano,
el sol no está, me niega, no se ha ido.

La voz
En todas partes una lengua emerge
que entre los árboles canta, canta.
Sube una voz. Ignoro cuántos pájaros
tiene mi voz que en los árboles vive.
Ignoro cuánta voz tiene mi voz.
Canta debajo de las ramas verdes.
Con las aves que nacen de mi boca,
canta de prisa encima de mis labios.
Una voz es un hilo que se rompe
cuando un pájaro viene con el vuelo torcido,
cuando un ave no tiene voz humana
y se hunde el viento en que un vilano vuela.
Yo no sé cuánto hilo tiene mi voz,
ni si algún halo tiene acaso
el ala de mi voz
que como el ave asciende.
Pero a las ramas sube
y de tal modo puéblalas
que se rompen de pronto y llueve savia cálida
sobre mis propios labios,
que son como mis fauces.

El tedioEl tedio a veces es como el amor;
mana de las cavernas
del pecho, se dilata,
atraviesa la estancia y los cristales
y se difunde hasta perderse
de vista.
Y, barnizado
con su color distinto,
es más íntimo el mundo.


No te asomes
No te asomes a ese jardín
ni quieras descubrir sus rosas.
Mueren tras ese idéntico
perfume, igual color,
y la sed llena el vaso.
No te acerques a ese jardín
si quieres que aún existas
y que tu amor de siglos no se apague,
y si amas la esperanza.
Déjalas bajo el sol: búscate dentro
esa otra cosa que renace y muere,
esa flor que sospechas que hay en ti,
esa rosa que fue, pasó, nunca hubo rosas.

jueves, 15 de mayo de 2014

Crecimiento infraestructural de Tegucigalpa

El principio de Arquímedes también se aplica al "agua de la psiquis" colectiva. El peso de los proyectos de infraestructura masiva van creando un desplazamiento a todo nivel en la ciudadanía de Tegucigalpa. Se percibe mejor la ciudad y su re-ordenamiento de capital, porque de capital se tratan los proyectos: captar con mejor orden el consumo.



A medida que van haciéndose realidad los puentes, edificios y estadio anunciados, los antiguos núcleos comerciales como el casco histórico van quedando relegados como generadores de capital y, en cierta forma, abandonados. Es la reinvención que un día me explicaba el extinto Ramón Villeda Bermudez, aquí mismo, en un comentario a una entrada de mi blog, la muda de piel. Este es uno de los desplazamientos, el otro es a nivel político. Cuando el ciudadano de a pie observa que la ciudad crece de un día para otro comienza a interiorizar el hecho de que las acciones del capital son incuestionables y que superan las urgencias a nivel social.







El Distrito Central ha tenido siempre un crecimiento bifurcado: por un lado la desproporción demográfica y sus gravísimas secuelas de exclusión, marginamiento y miseria y, por el otro, la autista visión de una clase política empresarial de antiguo y nuevo cuño que va diseñando su hábitat en respuesta a los estímulos aspiraciones de las demás orbes mundiales.




La clase política-empresarial no es tonta y tampoco la presión social ha sido en vano. La gravedad política de los últimos años ha enfocado la planificación -que debió darse hace mucho- en ofrecer soluciones impostergables para el uso público y lo va haciendo muy bien. Otra cosa es la construcción privada y la posibilidad de una burbuja de bienes inmuebles que tan solo sea el traslado de la crisis inmobiliaria desde Europa hacia Latinoamérica, en conjunto. Total, el capital se va moviendo como una nube de langostas. Esa es su dinámica. Lo que es incuestionable es el surgimiento de una nueva mentalidad en el ciudadano: el traslado de aquella vieja imagen bucólica que se creyó eterna no es la imagen mental que tiene el ciudadano del Distrito Central de sí mismo, ahora se percibe otra vibración en su lenguaje, en su actitud de empoderamiento espacial y en las diversas formas de su ritmo a través de la ciudad.
Esto ya es otra Tegus, otra Tepas, otra cimarrona con aspiraciones de modernidad real.




miércoles, 14 de mayo de 2014