martes, 26 de febrero de 2013

Verónica Teomitzi - San Cristobal de las Casas, Chiapas, México



Berona, en primer plano

No es fácil crear silencio en la poesía. El silencio es una melodía inconfundible. Y Berona lo hizo, regresando al canto. Mucho se dirá de lo que debe leer un poeta ante el público. Hay textos para los ojos otros para los oídos otros para las cuerdas del ser otros para lanzarse al asalto del cielo. Creo -y así lo sentí- que los poemas de Berona están hechos para las mismas frecuencias con que uno escucha una melodía profunda, y no sólo es el texto discurriendo, es la voz que envuelve su palabra, el vehículo de las tesituras. Tengo presente su silueta ante los ventanales de Unión Juárez, en la última lectura del Festival Mesoamericano de Poesía de Soconusco. De pronto ha cantado todo un San Pascualito Rey como epígrafe, y ha seguido, inmutable, con el mismo silencio con que llegó a Tapachula, el silencio en su poesía que es como un cortinaje de teatro ocultando la escena que vendrá: una mujer en el proscenio diciendo adiós.



Cuando el hastío invade cualquier día que pasa



“Porque hay momentos tan miserables en la vida
que ni las palomas se atreven a cagarte”
 “Proverbio del hombre condenado a la hoguera de la montaña inexistente”



Me desdibujo en las penumbras terrenales,
 los  engranes desgastados de mi cuerpo
 no soportan más la velocidad de los años.

El paso y peso  de los segundos en mis manos
hacen cráteres mis ojos
hacen ojos siempre  a mares
hacen ciegos con ojos
hacen ojos suplicantes de ojos
hacen nuestros ojos los sueños
y nuestros sueños no hacen a nosotros.

En la punta de la lengua tengo el nombre del delirio

Me desdibujo

Somos dos manchas borrosas
disipándose a la premura del universo

Me
desdibujo

Se va mi voz
emigra a tierras menos pantanosas
menos  fértiles de angustias

Allá, donde somos lo antiguo del mundo
Allá, donde cultivamos versos
y sus frutos llegaron
a todos los rincones
a todas las cantinas
debajo de las sabanas
en las calles nauseabundas
a las puertas del abismo
constantes se escucharon nuestras voces
todo, para no desdibujarnos
todo, para no olvidar nuestros nombres
nombres de hombres
que criaron  ilusiones
con leche de invierno
con las manecillas siempre al acecho
con el  tren siempre avanzando
avanzando hacía el horizonte
que oculta la mirada
y no vuelve …

La ciudad nebulosa se desdibuja conmigo
le abre las piernas a los intrusos
se vende barata a los desgraciados
a los que pueden pagar sus dulces senos
a los que pueden beber de sus fuentes
 sólo a los que pueden
 y se alimentan de otros 

Los otros somos nosotros
con las alas agotadas
siempre tratando de volar
de ocultar la tristeza del estómago
la pesadez de las piernas
los ojos temerosos de ver
de vernos
alejándonos del mundo
de donde nacimos
para que la ciudad sea nuestra.

Me desdibujo

Mas no sé
¿Quién se robó los cantares etéreos
vivaces destellos nocturnos
bailes espontáneos de miradas
fuentes perennes de vid?

Me desdibujo
Lo sé

Hoy mi lengua entumecida
no pronuncia más letras
todas
             caen
                      como
                                     cristales
                                                                  cortando todo a su paso

Sangre son los silencios
sangre irreversible
sangre que dulcifica a los orgullosos
a los engreídos mástiles de mar

                                                                         Seca mi morada
vierte su sangre en cada huella
entre mi vientre
entre mis piernas
entre cada uno mis pasos trapecistas

Me desdibujo

Los faros ahogados
no  guían más tripulantes
la muerte atraviesa sus pulmones
colma su sed
se alimentan de algas
o de sueños antepasados.

Algo de sabio hay en el lenguaje de las pasiones
todas rebosantes y vacías a la vez
las avenidas desoladas son testigas iracundas
entre las manos áridas  como la tierra
se desdibuja su destino
todo es fuego como al principio
todo arde en las palabras cuando son ciertas
su mágico espejismo  incendia los mares
multiplica los verbos en los versos
hace germinar nuevos pensamientos.

Me desdibujo
pienso en todas las creaciones
en su olvido
en lo vivas que parecen y perecen
en como todo se desdibuja conmigo
formando a   los nuevos arrecifes
al  plumaje de la carroña
a la espiral del caracol
al aire y la canción
que sólo vive
en la memoria de los que vienen
de los nuevos
de los otros que serán nosotros
ahí yace la melodía
se hincha de significados
jamás se desdibuja.



Vigilia

De la garganta de una hormiga nací
mi boca era un tren distante
un desierto mis ideas
¡Cómo le cuesta a la existencia apagar la luz
y quitarse la ropa!
Sorbo cielos naranjas
una y otra vez las pequeñas mentes de la tierra
cruzan la calle con sus tesoros
de aquí allá
emitiendo desde el espacio
sólo una luz de su presencia
sólo un hálito de su duración
y sudoración por el peso los días
de los años que se agotan en sus vidas
como un pabilo a punto de la oscuridad.
Y me pregunto a dónde van las personas que no conozco
las palomas gordas del parque
las hojas caídas del árbol
las palabras que ya se olvidaron
el alcohol adulterado
mas todas esas cosas terrenales
¿son iguales a las gotas que de mi rostro emergen?
¿Se evaporan?
¿Se pierden?
O continúan ocultas misteriosas y se encienden
Igual que la ciudad que cable sobre cable ilumina
a perros, hombres, grillos y basura que no duerme
Como un gran salón vacío
donde algunas veces
todos festejaron la salida del sol.
.


Herencia de Sabios

¿Quién te enseñó a ver las estrellas?
¿Aquél condenado a muerte
que le robó a los dioses un poco de su magia
para obsequiártela?
¿O el que en lo más alto de su casa plantaba un poco de rocíos invisibles?
Fue el de la tierra desértica
o el orgulloso erudito de las máquinas parlantes
el de ayer
que con ojos como gato en medio de la tarde
te recuerda a Orión y a los números de Egipto
es aquél que viaja por las noches con fuego en mano
comprobando que nada es de nosotros
llevándose en el bolsillo un poco de tu libertad
El gran maestro del olvido
fundador de inspiración eterna.
Es tu primer aleteo y retozo en las manos
son tus primeras letras
fruto compuesto de químicos completamente similares
reunidos en el mismo instante
con la misma información
uniéndose de la misma forma
por el mismo motivo.
¿Ya no escuchas su música que te golpea?
¿Desearías que sus dientes matemáticos te mordieran?
Ahora lo recuerdas porque se ha marchado
dejándote su legado astronómico, sus letras
y la incertidumbre de no volver a verlo:
Sí, es él,
gran señor de las moscas.


Caminamos sobre la arena

“Si hay algo que nos salva en este mundo, es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una isla de ignorancia en medio de los mares negros del infinito, y no estamos hechos para viajar lejos.”
H.P LOVECRAFT

¿Quién ha de ser culpable?

Si tus ojos fueron juegos ganados
suerte en un día de perro mojado
pan en el centro de la mesa vacía
rayo de sol en las cavernas del ignorante

Me imagino tus primeros pasos
aquellos  pies torpes e indefensos
las primeras armas de tu naturaleza
los disparos fallidos  en contra
de la unión de nuestros pasos
¿Y de qué han servido todos los girasoles
del medio día?
Si he de olvidarlos automáticamente en tus brazos

Hoy que es día de muerte por estas zonas
quiero contarte una historia que jamás escribí
habla de lo fácil que llega todo a su fin
pronto olvidaremos  el lenguaje materno
aquel que nos enseñó como ver las estrellas
a matar silenciosamente al enemigo
a subir a lo más alto de la montaña

Pronto el agua y tu vida será un diamante
ofrecido sólo para aquellos que fueron invitados
Pronto los cielos serán como la profundidad del mar
o las calles de la mafia
pronto nuestros cuerpos se separarán
a distancias exorbitantes
como los continentes
o los barcos en medio del océano

¿Quién ha de ser culpable?
si tengo las manos como un tesoro enterrado
en medio de la nada
si el viento incesante me devolvió tus labios
mientras el mundo sólo me ofrecía dictaduras
profecías hablando siempre del fin
más con tus ojos volvía a nacer 
a empezar la mañanas sin ver
las soledades anidadas en los ojos de los transeúntes
las explosiones de infelicidad en los corazones inocentes
Tus palabras me hicieron olvidar
el silencio que provoca un arma
la quietud de miles de personas inconformes

¿Quién ha de ser el culpable?

Si en las noches ya no tengo pesadillas
y sueño nuevos mundos
Si el fin a de venir
Ya tengo puestas mis mejores galas
la frente en alto
la sonrisa falsa
los discursos correctos
la despedida elegante
los brazos abiertos

¿Quién ha de ser el culpable?

Si las sentencias han de cumplirse
antes que los perros ladren
entonces suelto a mis palabras
como perros a buscarte
aunque sólo me traigan tu nombre.



Verónica Teomitzi  (Berona Teomitzi)

(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1986). Licenciatura en “Lengua y Literatura Hispanoamericana” en la Universidad Autónoma de Chiapas.
Ha participado en varios encuentros literarios nacionales y estatales de los que destacan:
 “Feria Nacional de las culturas”, “Proyecto Posh”, “Encuentro de escritores Sancristobalences”, “Carruaje de Pájaros”, Invitación a “Horas de junio” (Hermosillo, Sonora), “Festival Mesoamericano de poesía” entre otros…
Ha incursionado en el teatro con obras como “El censo” de Emilio Carballido, “El tiempo en el lienzo” (Performance, Cervantino Barroco), y “Teatro espontáneo” (“Casa Luz”, San Cristóbal). Actualmente participa en la revista virtual “Vozquemadura”.

Ha publicado de manera independiente “Primera llamada” donde expone algunos de sus poemas  y se encuentra trabajando con su primer poemario “Parto de versos”. 







lunes, 25 de febrero de 2013

Los pasos del visitante - Luis Paniagua, México, D.F.


Ameht ya me ha dado la bienvenida. Llego con 20 horas de viaje en mi bitácora lumbar. Es Tapachula hirviendo a fuego lento y México fresquito, todo nuevo, todo olores, todo ese inmenso territorio mostrando apenas el lomo y espinas, como nopal sumergido. Cruzo la calle y entramos a una taquería. "Ya está aquí Luis Panigua y Rosi", me dice Ameht, "La avanzada del D.F." me digo yo, "La avanzada del estruendo", y tengo curiosidad, tanta como un niño a quien se le explicara un país a pura poesía. Comenzamos a hablar y ya no paramos; la cerveza Bohemia, la torta del Chavo del 8, nuestras políticas de terror -todo el intercambio de cicatrices como cédula de identidad- y la poesía, sí, la amistad desplegándose como un caracol sobre el filo de la frontera sur, las risas, los descubrimientos sutiles de una palabra en varias cadencias y el Maverick fantasma en que Luis y Rosi circularon por todo el Soconusco. Tengo la impresión de un poeta que toma el papel como bloque de mármol, y lo va cincelando sobre un andamio de muchos metros de altura, sin vértigos, como un vigía que, desde el palo mayor otea algo inmenso parecido al mar. No importa cuántas Camelias la texana marcamos en la rocola ni cuántos José José aplaudimos en la mesa común centroamericana, ahí estaba Luis entre la manada sedienta, metiendo quinta en la pista que bordea el mar, como lo que es y uno tiende a admirar cuando se evidencia: como un poeta.

LOS PASOS DEL VISITANTE
(Las habitaciones de abril)
                                       

Es el calor una espuma rijosa, lengua de la noche emboscada en su pedestal salitroso.
Apagadas vértebras del cielo, las apenas estrellas.
Él y el equipaje como brazo derecho; Ella cansada, mientras las niñas de sus ojos sueltan en la atmósfera pesada sus palomas rotas.
En el primer hotel hallado, la piel arde su Troya.

2
La carne es una hoguera elástica.
Inventario de flexibilidades, de vapores certeros, de pelos escondidos, es el cuerpo amado y perseguido a lo largo de los kilómetros de cuerpo que se extienden en la cama.
La muralla de piedra del malecón.
Las aguas golpeteando rítmicamente.

3
Él abre la ventana:
Mira de frente al ojo de la noche pudriéndose.
Cierra la ventana.
El calor que se ha colado es tan denso que la palabra cuchillo (pensada o caída de los labios del hombre) podría cortarlo en gajos.

4
Ella abre la ventana:
Calabozo febril donde las putas, parpadeos de la lujuria, desenvuelven su oficio: rima de grillos atemperados.

5
Nadie abre la ventana:
Afuera crece el mundo con la mirada ausente.

6
El fuego está de incógnito. El aire finalmente ha perdido la sangre. La tierra es un tránsito inefable. El agua tensa las cuerdas en su secreta avanzada. La garganta rompe en sonido que un beso apaga... encenizado.

7
Es negra la voz de la luna pero, aun así, canta.

8
¿Qué dioses, a lo lejos, lavan sus sábanas?

9
La noche bosteza las primeras llamaradas de un sol veraz.

10
Él abre la ventana:
Los gallos arponean el aire con su canto.

11
Ella abre la ventana:
Picotean gorriones los estandartes de la luz.
Ella acaricia el día con sus pestañas, ella saluda al día con los búhos del sueño ramoneando en sus pestañas.

12
Medio día. El calor es un reloj sin cuerda. Un astro es su péndulo detenido.

13
Algo se abre a lo lejos.
Prodigio.
Incertidumbre.
No se sabe si el ojo inventa al mar
o es el mar, azorado, el que imagina.

14
Él es un castillo de músculos enjutos y huesos obstinados. Ella es una arcilla donde ensayan los dioses sus primeras desnudeces.
La ola que los moja es el aval de estas palabras.

15
Él intenta un gesto de alargarse, líquido, hasta el cuaderno. Gesto vano. Para las musas siempre hay otros planes.

16
De pronto se intuye que es el mar la palabra contenida de las aguas, el acertijo cuya respuesta es todo (el verdadero enigma es la pregunta: ¿Qué quiere, el mar, que le digamos?).

17
Conforme avanza la tarde, Ella queda un poco más desnuda. El cielo ruboriza su más secreto rostro. Pasa volando la palabra gaviota y Él siente su aleteo.
Vienen pequeñas migraciones, territorios de carne enfebrecida.

18
Ella escribe en su cuaderno: un fósforo encendido es un insecto voraz podando la fronda de las tinieblas. Esa es una acción que se repite para siempre. La eternidad va de la voracidad del insecto hasta su saciedad misma.

19
Él pregunta: ¿Qué caso tiene el mar?
Ella no contesta. El mar ondula.

20
Él conjura las pequeñas deidades cotidianas del fuego, enciende un cigarrillo, escribe en su cuaderno: afuera el mar anda dando tumbos con su borrachera de siglos.

21
Él y Ella se miran. Invisibles arañas ovillan sus miradas. Él y Ella se tocan, su piel habla el lenguaje de los ciegos.
Las venas son relámpagos por donde bajan, desbocados, los caballos, ligeros e imprecisos, de la vida.

22
Ella blande unas palabras en el aire. Ella sablea unos gestos donde crece una distancia grande como la pirotecnia de las palmeras. Ella esgrime argumentos sin réplica. La espada del amor hunde sus filos apagados.
Las palabras son unas gotas de sangre que la noche vampírica asimila.

23
Un gato oscurísimo criba sus uñas de arena en el cuerpo de Él. Ella le regala sus palabras: guirnaldas florecidas que espolean sus carnes. Las sombras ya son aves que barajan sus alas en la mesa extendida de la calle.

24
Canta un gallo nocturno. En su garganta crece una flor antigua.
Con su canto convoca al tiempo dos veces madurado.

25
En la garganta del músico rompe un mezcal sus astillas de amor y de infortunio. Un recuerdo sonajea sus semillas atemporales. El árbol que veo ahora esconde cualquier asomo de lucidez; es el árbol que la borrachera desdobla en mi equilibrio, dice Él a la puerta que continúa abierta como una sonrisa que un mal ebanista empotró en el muro.

26
Ella duerme. Sueña un mar debajo de sus párpados. Él sabe que su sueño predica ya el naufragio.

27
El mar también es tránsito.
Gota de sudor. Claro amante.

28
Él espera el golpe del oleaje del alba. Crece un desierto minúsculo en su cuerpo. Su boca es la palabra más árida. La resaca tiene un nombre lleno de grietas.

29
El mar clava sus ojos, meduseos, en el hombre. Revienta por la playa el caudal de la pérdida. Cierne el mar su lágrima en oleaje.

30
Todo azul. Todo oleaje.
Es de pronto la playa toda, sólo Él y su cuaderno.



Luis Paniagua (San Pablo Pejo, Guanajuato, 1979). Estudió literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México. En el año 2000 obtuvo el primer lugar en el género de poesía del concurso José Emilio Pacheco y en 2004 el premio en el mismo género en el concurso Punto de Partida. Ha sido incluido en las antologías Crimen confeso (Daga, 2003), Un orbe más ancho. Cuarenta poetas jóvenes de México (Punto de partida-UNAM, 2005), Los mejores poemas mexicanos, edición 2006 (Joaquín Mortiz-FLM, 2006), Anuario de poesía (FCE, 2007, 2008) y La luz que va dando nombre. Veinte años de poesía última en México: 1965-1985 (Secretaría de Cultura de Puebla, 2007), entre otras. Es coautor de los libros colectivos Espacio en disidencia (Praxis-Velamen, 2005) y Al frío de los cuatro vientos (Instituto Mexiquense de Cultura, 2006). Su primer libro individual lleva por título Los pasos del visitante (Punto de partida-UNAM, 2006). Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la categoría de Poesía, en el periodo 2011-2012.


Domenica Domini

De vuelta y devuelto al fuego de la política o a los asuntos de la la liberación, me encuentro en un domingo junto a las y los compas de LIBRE, en el mismo parque Aurora donde una vez escuché mi primer rugido de león. El león se manifestaba en carne y hueso, en calentura y miedo, era una mezcla fabulosa. Allí conocí el amor de otros y la soledad de las bestias, sí, pero ayer domingo, estaba en la estructuración de un partido que, con propiedad, puedo decir que me pertenece en carne y hueso también.

Vi a los y las compas, y vi de nuevo a Batman, el eterno. Cuando en aquel 1987 supe que el rey se llamaba Batman me pareció una burla. Ha debido llamarse Hera-Ra, tal  como el amigo más cercano de Ramsés en Noches de la antigüedad de Mailer. Hera-Ra enseñándome el sabor de la carne cruda después de la batalla de Kadesh. Hera-Ra, el viejo hastiado que, casi ciego, saborea las sombras de los que se acercan y lo cercan. Pienso en el poder confinado a ser un despojo, pienso en el rugido que hace estruendoso el pecho de un león y que luego se va apagando hasta quedar en un ronroneo doméstico. Pienso.


 "Yo era un león sin piernas. Jamás estuve mas consciente de la miseria de mis orígenes que cuando medía la vacuidad de mi fuerza frente a su Ka..."

 Y lo bucólico del día al cerrar su luz, como en un poema de Shelley, el embarcadero y Caronte sutilmente disfrazado de ropa casual:



    ¡Insondable mar!, cuyas olas duran años,
    Océano del tiempo cuyas aguas de profunda pena
    Son salobres como lágrimas humanas.
    Tu inundada orilla, en tu marea y movimiento
    Supera los límites de la mortalidad.


    Y, enfermo de presa, aullando aún más fuerte,
    La furia que llevas dentro hace naufragar buques en tu inhóspita orilla,
    Traidor en la calma, y terrible en la tempestad,
    ¿Quién osará ponerse delante de ti,
    Insondable mar?


sábado, 23 de febrero de 2013

Nota para Armando Salgado, F.E.

Nota para Armando Salgado*

Lo sé:

no me cortaría una oreja
pero segaría campos de girasoles
para que el mundo quedara sordo
y sin ningún astro
que brille vegetal
desde ningún lienzo
en mil siglos a la redonda.

F.E.






*Armando Salgado, poeta mexicano, autor del poemario "Corvus suvroc", Premio Michoacán de Literatura 2011

viernes, 22 de febrero de 2013

Bitácora del Soconusco

Estas son las cuatro primeras imágenes que recuerdo del viaje al Soconusco. La primera es un Spleen chiapaneco, una plataforma de sueño, una pista para el aterrizaje de las nostalgias. Ahí están las y los poetas, aunque no se miren, los amigos, las compas, todos en silencio. Unión Juárez nos está despidiendo y es condescendiente con el clima. La poesía en su más pura manifestación contemplativa.

 La segunda imagen es la del trance o la fiebre, la de la alucinante escultura de Carlos Thomas de la Cerda, "Legado Maya". Sí, no podía llegar a Tapachula sólo con "Apocalypto", la película que llevaba el Ticabús, había que encontrar la esencia, había que encontrarle la fibra a la selva desaparecida, o despedirme, como sólo pudo hacerlo este anciano con su marimba de 10 siglos de antigüedad: el sueño y la realidad me sonaron a tristes tablas, como mis costillas.

La última imagen ancla es la del interior del viaje. No por nada fueron 20 horas de camino viendo pasar las fronteras como un emigrante más yendo hacia un norte indefinible. El desparpajo, la sensación de ir enlatado, el móvil sueño.
Y luego, por supuesto, el tropel de amistades y voces, el México que no deja de hacer presencia aún en la frontera más al sur. Yo fui hacia el sur, creía que México quedaba al norte, pero el Soconusco es el sur centroamericano. Y la poesía fue convocada para definirlo.


Armando Alanis Pulido (Mex), Sara Castro (CR), René Morales (Mex) y Berona Teotzin (Mex)

Edgar García (Guate), Alexander Socop (Guate), Faby Flores (Mex), Eduardo Hidalgo (Mex) y Marvin García (Guate)

 Bitácora en movimiento, Zona Chinamas-Berberena (Guatemala):

Las casa parecieran recogidas de un enorme vertedero de casas. Ya usadas se habitan, ya revolcadas en un fango lejano. Todo es usado, desgastado, oxidado. La gente misma pareciera habitar cuerpos usados por otros para otras angustias. Existe una enorme preocupación por mantener las cosas de uso diario en un estado de herrumbre y polvo. Decenas de talleres mecánicos con la consabida actividad de hombres que fuman ociosos en espera de clientes improbables. Así se gastan bromas del tipo "te toco el trasero y vos me seguís" al son de la guasa homofóbica. Se podrían ir las horas del día en este toqueteo entre machos, entre el naipe y los cigarros fumados y ningún cliente llegaría. Los cambistas de moneda en la frontera lo saben bien. Al igual que los mecánicos se corretean por la aduana frente a los ojos de los viajeros, se pegan pataditas en las nalgas y otros se ríen manoseándose la enorme barriga. En sus manos puede estar todo el viático que desearía un poeta invitado a festival, pero ellos lo cargan ahí, en sus manos, como peces muertos. Mientras hacen esto, se arremolinan en jaurías alrededor del viajero que chequea su pasaporte y, la oferta de cambio de moneda, se hace mientras se insultan en broma entre ellos, siempre en chanza cotidiana, siempre burlándose o insultando entre dientes al pasajero que se muestra indiferente a ellos.

Cuando asumen que nadie cambiará con ellos vuelven a corretearse, hombres viejos mezclados con jóvenes soeces e insolentes, la mayoría de ellos mulatos del tipo que pueblan la costa norte de Honduras y las orillas pavimentadas del El Salvador. Su lenguaje es otro, ni siquiera miran a quien advierten sin dinero. Son como zanates carroñeros.

A medida que el bus se aleja de la frontera, comienza a percibirse la muda de piel del asfalto. De correosa y gris pasa a sedosa y oscura. Todo anuncia a Ciudad Guatemala. Comienzan a sucederse las grandes bodegas y los suburbios de clase alta en medio de los bosques. Las urbanizaciones son las murallas avanzadas de las élites blancas, las que alejan el sur, las que alejan Chinamas. Descendemos por el primer desnivel, el bus ya no vibra. Entramos al enorme espejismo.



"Ya no hay héroes ¿me oyes?, ya no hay héroes:
todos asisten diariamente a una oficina
y son buenos empleados y trabajadores..."
(Miguel Guardia)

Sur-occidente, Guatemala:

Luego del pequeño elevón de Ciudad Guatemala, el sur-occidente empieza a calentar y las grandes plantaciones de caña y caucho comienzan a gritar simétricamente a los cuatro vientos: la agro-industria guatemalteca en todo su auge. hay un punto en medio de la velocidad en que, si uno se concentra, puede alcanzar a ver los nítidos pasillos que forman los bosques de caucho. Su perfecto laberinto. Su pavorosa prisión. No es así con los cañaverales, esa dulce y filosa multitud apretujada que rezuma un vapor verde y viscoso. Allí es el reino del humo y de los machetes, de los mozos indígenas ya absorbidos por la producción despiadada, muchos de ellos aún con sus cortes, pero ya sin color, ya dispersos, ya sin altiplano.

A medida que la frontera con México se aproxima, los negocios a orillas de la carretera van elevando el tono costeño: marisquerías, asados, taquerías, todo ello entrelazado con las más abigarrada colección de moteles, el mayor número que he visto hasta la fecha. El flujo de transfugas amorosos debe ser enorme así como sus urgencias sexuales.

Dentro de mi bus van cinco pollos con su pollera, todos ellos nicaragüenses. Al inicio he creído que su nerviosismo es una probable amenaza de asalto pero todo se termina de explicar cuando una amiga de viaje hondureña me lo dice claramente: entran al baño constantemente porque necesitan aprenderse el guión que les da la pollera para las preguntas y respuestas en la aduana mexicana. De nada les servirá, las autoridades no les dan paso. Sólo logran cruzar dos.

"El Talismán" es un nido de desmanteladores. La impresión que me dan es la de un conglomerado de hombres y mujeres hechos para sacarle la fibra última al viajero. Cada bus que llega es para ellos el transporte de vacas ingenuas o corderos a los que se debe esquilmar lo más rápidamente posible. Actúan y acechan de manera coordinada. Los cambistas acosan, los niños se ofrecen para cargar las maletas, los soldados vigilan, los policías aduaneros se hacen los desatendidos, los turistas de frontera te aconsejan pero todos, todos, todos son "los otros funcionarios" que decidirán si pasás completo o no. Ellos se encargan de sacar la información e identidad a pedazos, ellos son los que saben que no valen pasaportes ni salvoconductos firmados en ninguna embajada del mundo... son pirañas que huelen al ingenuo a leguas, que saborean carne de pollos y polleras, los que lanzan el rumor de "aquí van unos pollitos" (ilegales). Prueban tu miedo pedazo a pedazo y luego lo escupen, hacen la guardia de honor junto a la ventanilla de chequeo, te insisten, miran tu ropa, cotejan la info vía celular ¿y los funcionarios oficiales? Nada, no hacen nada más que poner el sello.

Lograr pasar es librarse de ellos y su maquinaria de desmantelamiento. Lograr pasar la prueba de sospechar de uno mismo. Lograr pasar sin dejar nada, completo el cuerpo, la identidad y la billetera. Pocas veces me he sentido tan vulnerable o pedazo de carne de frontera. El Talismán... ¡Vaya nombre de cantina!


viernes, 8 de febrero de 2013

La angustia


Eduardo Mahieu 

"El conflicto no tenía únicamente sus raíces en la rígida contradicción económica (estructural) ni tenía su razón de ser y su fundamento en la adhesión a la ideología del comunismo y a las formaciones políticas revolucionarias. El rechazo de la explotación y el conflicto social nacían antes que nada de la condición existencial, del tiempo vivido de los trabajadores, de su fatiga, de su tristeza, de su consciencia de que la vida no podía reducirse al trabajo."

(Antonio Negri- Multitud)

¿Hace falta más, cada vez más para entender la angustia de millones y millones de hombres y mujeres alrededor del mundo? La manera mecanicista en que ha sido visto el aporte humano a la producción y al desarrollo íntegro de la sociedad ha elevado a la máxima potencia el nuevo esclavismo al que se suma el ocio también esclavizado. Se es esclavo de la rutina, se es esclavo de horarios de trabajo improductivos, se es esclavo del anuncio de tiempos mejores, y todo esto ante el viento del tiempo que desmorona nuestro barro, imperceptiblemente.

Siempre ese deseo de querer ver en los demás lo que ya ocurre en nosotros mismos, ese intento de desviar la tristeza que nos corroe hacia otros u otras que parecen siempre más aptos para sufrirla. ¿Qué producimos además de toneladas de angustia? ¿Qué reciclamos además de millones de añoranzas? Se abren las pantallas a toda hora y vamos sacando una larga víscera de las imágenes más vacuas, hora tras hora mientras llega el tiempo del encierro programado en las oficinas, en los talleres, en las grandes maquilas de los explotadores, esa especie dentro de nuestra especie que sirve de capataz a la máquina.

Ayer, un amigo me contaba sobre el mecanismo de una maquila en Choloma: durante todo el día la música de los parlantes es atronadora, con el fin de evitar la plática entre los obreros y obreras. Aquella estridencia debe conducirlos a casa vibrando, hechos pedazos, polvo blanco para el final de las transmisiones. Me contaba de la apuesta que se hace para producir más camisetas blancas, camisetas blancas, camisetas blancas, blamicetas mlancas, clamancas cetablas, micetas blanmas, camiblambas cetas...

domingo, 3 de febrero de 2013

Tarde de bienvenida a febrero - Fotos Chaliobala


Si el cálculo del golpismo también consistía en "encarrilar" a la juventud hacia el orden circunspecto, sin duda alguna, algo les salió muy mal. Bien lo dice el maese Rafael Murillo Selva: "Honduras no es religioso, éste es un pueblo espiritual" - muy dado a lo sensorial, diría yo. Se disfruta el sol, se disfruta desobedecer, se disfruta la total indiferencia.
 Fotos: Fabricio Estrada


Cualquier tarde en Corinto, Grecia podría ser como la de cientos de jóvenes hoy en Tegucigalpa, cualquier cielo despejado de un febrero soleado en Irlanda, en Ecuador, en Aruba, qué se yo, ahí no entra la orden del día: el miedo, la mediatización asquerosa como la que, por ejemplo, veía ayer en transmisión de Televicentro: "La serenata a la virgen de suyapa", con el mismo despliegue de producción de X-O da dinero (un popular y cansino programa de entretenimiento que viene desde el siglo XX en Honduras). Ahí estaba la crema y nata de las multitudes que le sirven de extras a las cúpulas eclesiásticas-cívico-militares, ahí estaban, llenando la basílica hedónica del catolicismo, con todas las fanfarrias de la prensa, la radio y la televisión...


Y aquí estaba la tarde, la risa natural, tan lejana de los templos como los generales de las doñitas que rezan por siglos a la virgencita de Pepe Barroso.



Si creían que la matanza diaria iba a evitar que la juventud se volviera más diversa, más contemporánea, más atea, más desapegada del oscuro mundo cívico de las escuelas, pues créanme, nada de esto está pasando, y la mascarada de tropas de ocupación, la opresiva política de la corte suprema de justicia y todo el tinglado de una sociedad post-golpe está más lejos e ineficaz de lo que pretendían.

sábado, 2 de febrero de 2013

César Lazo, poeta en condición de perseguido político



Para quien insista en ignorar el salvajismo de esta Honduras post-golpe:




SOLIDARIDAD CON EL ESCRITOR CESAR LAZO..

Cesar Lazo es un destacado escritor (poeta, novelista y ensayista) y dirigente politico, quien ha sido humillado por un tal Wilfredo Flores, en complicidad con Roberto Pineda, hermano de Rafael Pineda Ponce, ambos funcionarios de la Municipalidad Sampedrana.

Resulta que Cesar, empleado de la municipalidad, es perseguido por estos señores, solo por que pertenece al FNRP y LIBRE y, para desmoralizarlo, le han disminuido sus condiciones laborales, pues de asistente del señor Wilfredo Flores, lo han mandado a desempeñar un cargo en el crematorio municipal, mas concretamnete en el relleno municipal, es decir , al basurero.

Esta es un afrenta para un escritor de la altura de Cesar lazo y humillarlo de esa forma, dice mucho del odio que sienten los oligarcas por las personas que disienten de este oprobioso sistema social...

A Cesar no le importa desempeñar cualquier funciòn, pero el sufre de una seria dolencia en la garganta y no puede trabajar en esas condiciones..

Los escritores, artistas, politicos, gremios deben solidarizarse con Cesar Lazo, un autentico dirigente de FNRP-LIBRE, quien por sus posiciones progresistas es perseguido brutalmente por estos dos mandaderos de la oligarquía.

(ALGUNOS DATOS BIOGRAFICOS Y DE TRABAJO LITERARIO:
César Lazo, educador, poeta, narrador, ensayista y articulista de periódicos y revistas. Ha publicado las novelas Alcaraván que se duerme (1998, 2008), Monólogo de las sombras (2011), el libro de cuentos Las Voces del otro lado (1997, 2008) y los poemarios Reportajes de un genocidio y otros tantos (1990) y El ultimo exilio (2005). También publicó un libro donde aborda el tema ecológico titulado El Laberinto del minotauro (Ecología y desarrollo (2001). Ha escrito ensayos y más de 500 artículos de opinión publicados en los diarios de Honduras. Su obra inédita: Los ojos del otro edén (novela), La ebriedad del amor y la antología Amanece en la memoria (poesía).

César Lazo fue columnista de los diarios LA PRENSA y TIEMPO. Colaborador de FLORA y FAUNA y de otros periódicos alternativos y de periódicos digitales. Sus ensayos también han sido publicados en el diario CoLatino de El Salvador.)


Texto enviado por Oscar Amaya Armijo

viernes, 1 de febrero de 2013

Lecturas de poesía, ayer, en Tegucigalpa




Poco a poco se va recuperando ritmo en el circuito de poesía de Tegucigalpa. El golpe de Estado inmovilizó mucho del impulso que se traía antes del 2009 y llevó a la militancia activa a la mayoría del poetariado (me cuento entre ellos y ellas). Con cierta timidez pero se vuelve, incluso con mayor profundidad luego de haber tocado la arena del fondo: hay arenisca y restos del naufragio en la voz de los y las poetas, pero sobre todo, está Jonás con su lengua misteriosa. Nínive tiene que prestar oídos, entonces, porque anoche hubieron tres lecturas simultáneas en un espacio de 4 km a la redonda.

La primera de ellas, la lectura de Mayra Oyuela, quien volvía al redil de lecturas nacionales luego de mucho tiempo haciéndolo en festivales fuera del país. La lectura fue en el marco de "Ciudad de Poetas", impulsado desde el CCET por Adrian Bernal (que cuece un palpitante poemario próximo a publicar): 

"Inauguramos en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa el espacio "Ciudad de Poetas", un encuentro mensual entre jóvenes escritores, tanto emergentes como consolidados, y el público para escuchar las nuevas propuestas y corrientes literarias hondureñas, y establecer un diálogo abierto entre creadores y lectores.

En la "Ciudad de Poetas" de enero, que tendrá lugar el jueves 31 a las 6:30pm en el Redondel de los Artesanos (contiguo al CCET), la artista invitada es la escritora y gestora cultural Mayra Oyuela."

La segunda lectura de la noche de ayer, en Paradiso, fue la presentación del nuevo poemario de Edgardo Florián, una de las voces permanentes del circuito capitalino y quien ha consolidado su propio estilo poético, siempre alucinante.

La tercera lectura estuvo al mando de Albani, poeta y joven emergente que está tomando el toro por los cuernos, sin miedo alguno y con la señal de Caín en la frente. Así lo vi ayer, luego de su lectura en un bar de la zona del Maya, con sus poemas en el morral, con el semblante satisfecho, como un Teseo que acababa de matar al minotauro. Y me vi en él, allá por 1994, junto a mis compas de Casa Tomada, en los días en que no sabíamos hacia dónde nos llevaría esto.