jueves, 24 de octubre de 2019
La autoflagelación
Me preocupa que seamos nosotrxs, lxs de izquierda, así, taxativo , lxs primerxs en caer en el guión de esta falacia de fraude de Evo Morales sobre Mesa. Puedo entenderlo de quien ya tiene una posición firme en la derecha, pero nosotrxs llevamos años en formación y es en la manipulación mediática y sus mecanismos donde más insistimos. Una manipulación dirigida a enfrentar la ética revolucionaria con la ética pervertida de la oligarquía. ¿Por qué estamos obligados a dudar desde los valores de aquellos que en el fondo reaccionario desean el retorno del sistema de humillación racista que ha sufrido Bolivia por siglos? ¿Por qué es tan fácil señalar los supuestos de una ética falseable que surge con alevosía desde los medios y de las estrategia de Washington y las élites criollas? ¿Por qué no somos capaces de ligar la praxis que ha sacado a millones de la alienación, segregación y pobreza con la praxis de la voluntad popular que en su voto va a dar respaldo, voz, rostro indio, palabra india a quien respalda a los ex humillados? Eso me preocupa, la facilidad con que somos capaces de entregarnos a las esferas de la ética asesina ¡comprobada por siglos!
viernes, 27 de septiembre de 2019
Entrevista a José Luis Quesada, Fotos: Fabricio Estrada
El 26 de febrero del 2016, un mes antes de mudarme a Puerto Rico, acordé con la Revista Digital Literofilia, de Costa Rica, hacerle una entreviste a José Luis Quesada. Ante su dolorosa partida, hago memoria de su pensamiento:
Busqué a
José Luis Quesada (Olanchito-Yoro, 1947) durante varios días, casi como un
buque de superficie busca al más evasivo Octubre Rojo. Escuchaba los latidos
que iba dejando en las esquinas y por ellos sabía que iba despacio, a su propio
ritmo, con sus propios fonemas de ballena arquetípica. No es fácil ubicar a
Pepe en una Tegucigalpa que aparenta ser pequeña. Pepe Luis la vuelve inmensa
y, cuando se llega a él, lo insondable de su silencio sabe decirnos las
profundas leyes que rigen la construcción del gran poema. Esta fue la tarde, y
los sonidos, los pájaros y la curva melódica de uno de los Maeses vivos más
importantes de nuestra poesía en Honduras.
Pepe Luis, usted me decía hace unos
meses que de acometer la tarea de escribir sobre un río se debía hacer que el
río suene en ese poema. ¿Esa forma y fondo la mantuvo siempre en su poesía?
Bueno, esa
es una forma de decir que el poema debe ser persuasivo, igual que el relato,
debe convencernos de que aquel río es
real, que podamos sentirlo, captarlo por medio de imágenes, sentir el
movimiento del agua, es decir, mediante una cantidad de recursos estilísticos
que van desde lo fonético a lo estrictamente verbal podamos pasar de las imágenes visuales a
imágenes sonoras, al grado de usar todos los elementos que ayuden al lector a
percibir ese río, comprender lo que estamos diciendo.
Desde que tenemos nociones de la
existencia de su poesía, encontramos esa particular insistencia en la
sonoridad, y no sólo me refiero al fonema sino también al hecho de hacer
existir al ser humano en su urbanidad y
en sus tensiones y resonancias sociales ¿cómo percibe usted esa constante?
Yo considero,
y es la verdad que los poetas saben, que la poesía no sólo es el hecho del
elemento expresivo y de contenido, sino que tiene una forma, que la relación
justa entre ambas cosas es lo que produce un buen poema o una buena prosa. El
equilibrio entre el contenido y las formas verbales de manera que el sonido, la
musicalidad –la forma en que uno la emplee-, tienen también un valor importante
para la comprensión y para la transmisión de lo que nosotros queremos expresar…
porque hay un valor subconsciente en el lenguaje donde tienen mucho que ver los
sonidos… ciertos sonidos producen ciertas emociones, a veces inequívocas; por
igual, estas sensaciones pueden coadyuvar con el contenido enviando todo el
mensaje en una dirección única.
Volviendo a la imagen del río tenés que tener
un sonido entre las piedras, las hojas que puedan caer, elementos rítmicos que
contribuyan a lo que vos querés expresar, como lo vemos en el cine porque en el
cine es más evidente esto: estamos ante la banda sonora, vemos las imágenes
oscuras o claras. Pienso, como decía Roque Dalton, que con la poesía contemporánea
puede decirse todo y, también pienso que acepta tantos recursos que no vale la
pena desperdiciarlos: podés combinar prosa, versos, sería absurdo no
aprovecharlos. En algunos poemas yo estoy muy consciente de eso para combinar
tanto en el hecho poético, el efecto emocional, el sentimental, el conceptual.
Definitivamente todos los recursos estilísticos
tienen que acudir para apoyar ese fin que es la emoción poética.
Hablemos un poco de la revelación de
la poesía en usted ¿Cómo fue ese proceso? ¿Cómo eligió el formato?
Comenzó en
la escuela, con los poemas que hay en ciertos libros, a algunos nos emocionan y
a otros no, ese fue mi contacto, con los profesores de literatura muy sensibles
que se esforzaron en que uno pudiera valorar el significado de la belleza en un
poema. A mí me gustó la poesía desde que tuve contacto con ella, me gustaba
cómo sonaba, ese atractivo fuerte que son las rimas, los consonantes, los
asonantes, todas esas minucias de la poesía que vienen a nosotros a través del
sonido y que cuando uno es niño es lo que más nos impresiona.
Cuando se habla de “trabajar un
poema” hablamos del “oficio del poeta”. ¿Cuáles son las herramientas reales
para “trabajar un poema”?
Para mí
cuando alguien dice que está “trabajando un poema” es que está en un proceso de
corrección. La primera etapa -aunque el término no esté tan de boga- es la
inspiración, cuando el poema está en el aire como decía un escritor que ahora
no recuerdo; uno lo olfatea, uno siente cuando el poema viene. Cuando por fin
toma forma ese verso puede quedar en el comienzo, en el centro o en el final. A
mí me ocurre que me llega primero un verso y luego ese verso va arrastrando a
los demás como si ese algo que ya está hecho dentro de uno ocupara que uno sólo
encontrara un filón para seguir la veta. En ese momento yo no estoy trabajando,
en ese momento estoy recibiendo generosamente ese factor humano, espiritual,
psicológico como querrás llamarlo, es como replicar el interior de uno mismo.
Uno ha ido recogiendo experiencia, consciente o inconscientemente. Para mí uno
tiene una capacidad que nace con uno para escribir pero luego está el
compromiso, la honestidad literaria con la calidad del poema; por eso me
refiero a honestidad y sinceridad, ya que tienes que entregar un producto
decente al público del cual no te vas a arrepentir el resto de la vida , o por
lo menos vas a decir: en el momento en que lo escribí es todo lo que yo podía
dar (risas), pero sí lo hiciste con las herramientas adecuadas, echando mano de
lecturas.
La poesía en la que uno es el marco, tiene sus referencias, tiene sus
autores, de manera que uno se va comprometiendo con estos autores y poemas que
ha leído. De tu lectura va a nacer el estilo, va a nacer la voz, la entonación,
vas a poder construir la atmósfera, cosa que muy poco se trata de hablar en la
poesía, lo que mucho nos enseñó Elliot y yo siempre he hecho caso a eso… tiene
más parecido con el cuento, pero en el poema se puede crear atmósfera para
producir el efecto adecuado, la suficiente transferencia de contenido. Por
ejemplo Darío en “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo”, antes del poema
mismo te ha atraído la entonación, la curva melódica… Si el poema es de tono
mayor va en tono mayor… el poeta por eso tiene que tener cultura, no se debe
desaprovechar los recursos que han usado tantos poetas, los críticos lo
mencionan, pero muchos poetas se dejan arrastrar a veces por el poder
imaginativo que puedan tener o por el talento, y sí, hay que dejarse arrastrar
pero luego –como decía Hemingway- hay que ir con una buena tijera, o como decía
Cortázar también, que el valor de la literatura consiste en el valor de quitar
lo malo, y eso cuesta mucho porque quizá un verso está muy unido a nuestros
sentimientos pero resulta que los sentimientos también cambian. Yo les digo
cuando hacemos un taller: nunca desechen la versión original porque en esa
versión original pueden estar las cosas verdaderas.
La atmósfera de la que habla
entonces, Pepe, es ese espacio simbólico que requiere la estructura del poema y
que, una vez lograda, contiene a la forma, a la figura ¿cómo considera usted
esa plasticidad? ¿Es transición hacia su pintura? ¿Cómo ve ese interludio?
Si te fijás
bien los cuentos y las novelas más convincentes son aquellas que saben pintar
una atmósfera, la capacidad descriptiva de las cosas, pintar a sus personajes.
La plasticidad está sumamente implicada en la literatura. En El viejo y el mar
de Hemingway vos olés el mar, escuchás el sonido de las aletas del pez, cuando
está agonizando… es un constante ver la novela,
Quizá una de las fallas de la narrativa actual sea que no se le preste
demasiada atención en mostrar las imágenes plásticas, las que nos sitúan en el lugar donde ocurre
la acción. Entonces yo voy de esa plasticidad en la novela y en la poesía hacia
la pintura, si bien yo tenía la vocación pictórica desde antes, desde niño.
Cuando hablamos de precisar un poema
estamos hablando de las formas técnicas, pero en el caso de las búsquedas, del leiv motiv personalísimo suyo ¿qué ha
querido precisar?
El problema
está en que en la poesía, precisamente, buscamos lo opuesto, la búsqueda de lo
impreciso. Por eso es poesía, porque no es un lenguaje denotativo, es
pluri-significativo y por lo tanto queremos buscar lo impreciso: el vuelo de un
gorrión, de un colibrí. Eso es lo difícil: precisar lo impreciso. Por eso es
difícil determinar lo que queremos decir en un poema hasta que lo terminamos,
pero a lo largo del camino del poema es cuando vamos encontrando el motivo
mismo que nos hizo recrearlo. Es mejor que surja y después buscar los por qué,
los cómo, el cómo hacer que aquello impreciso dentro de vos pueda ser preciso
sobre el papel, para el lector, y esa es la función del poeta, validar la
imprecisión como segunda fase del poema y que, por cierto, muchos descuidan, y
por eso el poema queda tieso, marmóreo como una estatua, y eso a veces ocurre
cuando elaborás mucho el poema… y es que en el aparente defecto del poemas es
donde suele encontrarse el engarce.
Puede decirse entonces que uno de los
motivos de la poesía es la poesía misma, porque no es cierto que uno quiera ser
un poeta cuando se es niño. Ahora bien, de nada te sirve un motivo si no tenés
nada que decir: en el recorrido de la vida vos has tenido el deseo de escribir
pero es en ese recorrido donde te van llegando las situaciones, los motivos, de
manera que al final se terminan cumpliendo tus sueños en la poesía pero ya
cuando has encontrado los elementos para llenar ese vacío. Borges decía que con
la madurez había más que decir.
Una de las preguntas que cabe
hacerse, Pepe, es que en estos tiempos donde la poesía ha tenido las
plataformas suficientes como para expresar poetas en escenarios –con masividad
incluida como el caso de los festivales en Medellín, en Granada, en la época de
la Rusia soviética-, ¿por qué se sigue escuchando al poeta? ¿Por qué es
necesario?
Al poeta
siempre lo escucharemos porque el poeta es como lo pájaros ¿verdad?
Inevitablemente lo escuchamos aunque ni siquiera lo estemos pensando. Lo que
ocurre es que la poesía es para minorías, cuánto no quisiera yo que fuera para
mayorías, pero así tiene que ser… las cosas existen, la realidad existe. Pero
la poesía existe en esa realidad y como tal es escuchada, aunque el interés
personal no sea hacia ella, inevitablemente habrán escuchado a Neruda,
inevitablemente estuvieron enamorados y buscaron la poesía para decir algo
mejor, inevitablemente la gente aunque no sea poeta habla como poeta,
inevitablemente el pueblo ha creado un lenguaje poético, las formas de nombrar
las cosas son poéticas queramos o no, por ejemplo ¿no es poético decirle al
follaje de un árbol la copa de un árbol?
Y eso no lo inventó ningún poeta, lo inventó el pueblo.
La poesía es
inevitable, está en la vida de la gente… pero la poesía escrita también tiene
su público que se identifica, porque como es un lenguaje especial hay quienes necesitan que se les hable en ese
lenguaje y para eso nosotros hablamos, para aquellos que necesitan… y es mucha la
gente que busca lo que Platón echó de la República, el lenguaje prohibido para
no enloquecerse con las imágenes y las sensaciones.
Ya como cierre, Pepe ¿cuánto tiempo
debe durar un canon o cuándo advierte usted que se ha roto ese canon? ¿Cuál es
exactamente el tiempo de duración de una voz, de una corriente o de una visión
de la palabra en la poesía?
Eso que has
preguntado es muy amplio. Creo que el canon se rompe siempre por necesidad,
cuando el canon se vuelve una prisión se reduce y se convierte en una vuelta de
tuerca más entonces hay necesidad de romperlo. Podría decirse que el canon se
rompe a sí mismo cuando se agota, entonces, inevitablemente saltamos, rompemos
la tradición. El caso de Vallejo, por ejemplo, el modernismo ya había sido
agotado y por lo tanto ya no valía la pena seguirse expresando de la manera en
que ellos lo hacían, el estilo de aquellas formas, pero en cierta manera los
modernistas habían incursionado muy lejos en asuntos de lenguaje, entonces
viene Vallejo y rompe con aquello para expresarse en una forma aparentemente
absurda, difícil, pero no era tal: había la necesidad de expresarse diferente y
había los hombres adecuados, nuevas emociones, nuevos sentimientos.
No es que
el hombre invente nada sino que en él se va formando la nueva forma necesaria
para ciertos hombres especiales… es lo mismo que hizo Darío que empezó a buscar
palabras sobresdrújulas para aumentar las sílabas de las palabras en español
–que casi no se usaban- y crear el alejandrino que viene del francés, y llevó
el lenguaje hasta donde chilla –como dijo Octavio Paz ¡chillen putas!-, el lenguaje debe llevarse hasta allí y es por eso
que cuando el lenguaje se vuelve opresión es necesario buscar nuevas rutas… es
una condición de la vida misma y por eso está Vallejo, están los grandes poetas
franceses, por eso está Whitman que fue de los primeros en romper con
tradiciones poéticas.
Tengo la impresión que en la frontera
de la ruptura se ha pasado demasiado tiempo en las últimas décadas, ¿Cuál es su
apreciación sobre esto?
Lo que
ocurre es que no debe de olvidarse que en el siglo recién pasado hubo una
cosecha extraordinaria de genios que todavía tienen –como decirlo- dominio
sobre las nuevas generaciones, entonces todavía no se ha agotado esa veta como
para que surjan voces que se emparejen a aquellas. Me parece a mí que ahí lo
que conviene es un delicado equilibrio entre esas grandes voces y las nuevas,
como quien dice “yo no me voy a lanzar a la modernidad de un solo sino que también
voy a tener en cuenta también los clásicos, porque si me tiro a lo
contemporáneo sin haber asimilado a los grandes me puede ir muy mal”, eso
hablando en forma consciente. Como decís vos, hay un afán por estar en la
frontera y hay un afán por ser diferente que se puede caer en lo ridículo, por
ejemplo, algunos quieren valer en la poesía lo urbano –como valor- y la lógica
que se sigue es que metiendo elementos urbanos su poesía se va a volver
moderna: supermercados, buses, taxis, lo que fuere, pero no se trata de eso,
sino en realidad del cómo se expresa eso en tu poesía aún sin mencionarlo o
cómo ha logrado cimentarse en vos el logro de expresar el espíritu urbano, sin
necesidad de querer parecer contemporáneo porque cito una canción en inglés o
porque hablo de París o de Boston… por otro lado la ciudad y el campo siempre
han subsistido juntos y un poeta decía que en realidad en todo gran poeta
existe un campesino, queriendo decir que hay que llevar mucho de lo primero, de
lo original.
Yo no creo en esas separaciones que te dicen que vas a ser mejor
poeta que otro o que te va a poner delante de la modernidad. Vallejo creaba
palabras venidas de las usuales cuyos sonidos simplemente te producían
conceptos sin decirlo, por lo menos llamar a la madre “tuberosa” ¿Qué es tuberosa?
Pero te sugiere tantas cosas… de modo que no es lo urbano en sí mismo, sino que
es la expresión eterna del ser en cualquier contexto que éste se encuentre.
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Las Crónicas del Capitán Snorkel 11, Fabricio Estrada
El mar estaba en una cinta plateada de las que
vendía La Giralda o quizá en el tembloroso espejismo del
asfalto al mediodía/ El mar estaba en la dudosa línea blanca dentro de los ojos
de mi abuela/cuando el bus alcanzaba la altura del Cerro de Hula/ El mar estaba
en el calendario de año nuevo/era un círculo rojo que encerraba una fecha/ El
mar llegaba pregonado todos los sábados/ sorteaba a los gatos/ y el vendedor de
pescado no daba rebaja/ El mar se destapaba y regaba su olor por toda la casa/
y lo comíamos rápido porque era poco /Era el calor de marzo el mar/ Era una
ciudad llena de autobuses impacientes de mar/ Tenía olor a plástico el mar y
sus criaturas/ flotaban en los mercados en racimos multicolores/ y se desinflaban como el sueño/ El mar era
aquello que imaginaría Francisco Ruiz y que luego/ después de verlo/ me
costaría imaginar/ Tenía el mar su propia idea de las distancias/ y su medida
estaba en los cerros/ en la punta de un árbol el mar/ en la velocidad de un
pájaro el mar/ en la bruma del sur el mar/ No está el mar en el muro azul que
ahora rodea/ un círculo azul que pone fecha y horario/ un muro que de vez en
cuando trae cruceros llenos de asombros pasajeros/ gente que nunca supo imaginarlo/ asomada en las ventanillas/ siguiendo la dudosa mirada de una abuela que
juraba/ e insistía/ que aquella cinta blanca a lo lejos/ sin duda era otra cosa pero no el mar.
F.E.
Paola Valverde, Bartender, presentación
La noche de la presentación de Bartender, de la poeta costarricense Paola Valverde, leí estas palabras en el Lobo Estepario, allá, en la bella San José:
Un bartender
es funcionario de la aduana más movida en el tránsito humano. No pide
pasaportes de ningún tipo, cartas de recomendación, invitaciones oficiales, al
contrario, siempre da y escucha la polifonía del silencio, porque todos hacen
como que hablan pero en realidad, el bartender sabe que vienen a él para llenar
su silencio de un solo trago.
Has aprendido las
conductas:
si esperan una chica
buscarán la última mesa junto a la ventana
si esperan a su sombra
buscarán la última mesa junto a la ventana
si esperan a su sombra
buscarán la barra
Un
francotirador aviva la llama del bartender, y Paola lo sabe ahora, porque en su
momento supo disparar hacia las sombras cuando las tuvo a su alcance,
implacable, calcó la paciencia y precisión del dolor, la nostalgia, el
suicidio, la conspiración de los tristes, el contrato de la carne y de lo
efímero, el gran carnaval que Dionisio trajo en su despedida.
¿Quién
recoge las cenizas del bonzo silencioso
que se inmola en un rincón del bar? El bartender. ¿Quién encuentra las
madrugadas que se fueron rodando bajo la mesa con retinteo metálico y devaluado? El bartender. ¿Quién
recibe las hurañas propinas que deja la soledad? El bartender, por supuesto. En todo el poemario vamos siendo testigos de
una paciencia infinita decidida a detallar la celebración íntima que cada uno
de los clientes trae para compartir en esta tierra de nadie, esta zona franca
de la locura. Como Panero lo dijo, Paola reivindica el derecho a la locura, el hecho de que hay poetas con suerte y poetas que no la han tenido nunca, porque
hacer un poemario sobre la fauna y flora que llegó a Rayuela en los tiempos que
Paola y Dennis estuvieron detrás de la barra, es negar – y sublimar a la vez-
las duras jornadas del desamparo económico en que el azar y la frustración impusieron su dinámica. Así es
que la fortuna fue contar con el temple que la poesía auténtica sabe dar a sus
elegidas junto al arqueo de caja que solo la locura puede asumir como riesgo y
fe.
Leer
Bartender, de Paola Valverde, es entrar a un mundo dentro del cual todos y
todas estamos en deuda y a la vez perdonados, porque al entrar en él ya pagamos
el precio de habernos convertido en personajes de una poesía delirante que
elevará a consigna la épica de los solos.
Fabricio Estrada
Alfredo Trejos, Crooner, contraportada
Estas son las plabras de presentación que le escribiera al poeta costarricense Alfredo Trejos, para su poemario editado en el 2016, Crooner.
Cuando se hizo el contrato para el reality más atractivo de
la temporada, Trejos puso una condición: denme un escenario, el más solitario
de San José, y déjenme cantar lo que no canto en la ducha y mucho menos
mientras cocino mi soledad. Al recibir respuesta positiva, el crooner firmó;
con mucha elegancia sacó su pluma y comenzó a escribir -como pie de página a su
nombre- una serie de historias que los productores supieron interpretar como se
debía: eran historias, cada una de ellas, hechas poemas y guiones a la vez,
postales para el más clásico cine negro, el testimonio de un desencantado que
tiene la poco común capacidad de hacer ficción su vida real.
Desde ese momento, el show ha roto todas las marcas, y no
hay solitario que no haya asistido con su periscopio de u-boat a punto de ser
cazado por un Trejos que se sienta junto a Heminway con su escopeta lista. Mientras
tanto, pasan los amores, los juramentos sensatos de no amar más allá del vodka
con limón que insinúa el chino de la esquina. Trejos canta, y vuelve a llenar a
la poesía centroamericana de esa frescura vital que trae el reírse de uno
mismo, pone los discos olvidados y los poemas van dando vueltas y vueltas.
Nadie podrá estar a salvo –nos advierte- pero todos seremos salvos si tenemos
la capacidad de agarrarle aprecio a la rata que viene a vernos en la madrugada,
casi compadecida o quizá ella también hastiada de tanta lluvia y grave poesía.
Afredo Trejos es irrenunciable, “una ciudad de varias cosas al mismo tiempo”, una soledad que es un
caleidoscopio inquietante, un caballeroso unabomber que viene y dispara al
monitor sentenciando “esto no es un kareoke, carajillo, esto es un Crooner. El
reality show puede comenzar.”
Fabricio Estrada.
domingo, 22 de septiembre de 2019
Sobre Solares y Sur del mediodía
La académica hondureña Linda María Concepción Cortés, ha escrito esta nota crítica sobre dos poemarios míos, Solares (2004) y Sur del mediodía (2015). Me da una visión transversal, como una especie de agujero de gusano en la física, sobre cómo he asumido la poética en dos momentos opuestos de mi escritura. Agradezco muchísimo este diálogo.
https://www.latribuna.hn/2019/09/01/de-la-efervescencia-al-decaimiento-pos-vanguardista-en-dos-poemarios-de-fabricio-estrada/
https://www.latribuna.hn/2019/09/01/de-la-efervescencia-al-decaimiento-pos-vanguardista-en-dos-poemarios-de-fabricio-estrada/
miércoles, 28 de agosto de 2019
Álvaro Mata Guillé - Costa Rica
De niño
me preguntaba por la niebla mezclándome en
ella,
dejándome ir en el letargo que abrazaba el
polvo,
era un tiempo sin tiempo:
lo ajeno, la nostalgia,
yo mismo reapareciendo en la lejanía, en el
cerro
que desdibujaba las cuevas de la bruja, en los
brazos de los árboles dirigiéndose hacia las
lomas,
diluidos en la bruma,
en el vacío
;
había unas pocas calles
recorridas por el sol y el rumor de algunos
fantasmas,
voces de sombras que salían de las casas,
un antes de un antes inmerso en la penumbra,
confundido en el silencio,
al que percibía mientras buscaba (en el cúmulo
de cosas,
el polvo, la lluvia, el viento)
cuál era mi rostro,
cuál mi voz
una sombra
;
nací en un lugar sin nombre,
el país de los ausentes decía Jorge Arturo,
el pueblón le llamaba Eunice Odio,
un lugar que no era un lugar decía yo
.
En las noches imaginaba lugares distantes,
veredas,
callejones,
sonidos que pernoctaban en las aceras,
escapando entre los bosques,
un dejarse ir vislumbrando en lo lejano,
un perderse
;
la misma sensación de nostalgia reaparecía
al contemplar el brillor
que parpadeaba en las montañas,
en las casas al lado de la bruma
que encubría los surcos
entre los árboles,
el exilio,
la distancia
;
sumido en la llovizna,
buscaba un algo del algo,
estando allá estaba aquí,
todo era todo:
ajenidad, sueño,
minutos transformados en lo incierto,
el mutismo que iba al pasado en busca de
respuestas,
pero las respuestas no son respuestas,
son ópalos que se pierden sin brillo en el
abismo,
diluyéndose como la lluvia en los cerros,
esperando la venida de los muertos,
lo que dicen en nosotros,
mientras llega la niebla
.
Casi al amanecer,
quedando todavía unas estrellas,
con el viento detenido y también la
lluvia,
continuaba deambulando por los barrios
de mi barrio:
reaparecía el desierto,
unos cerros dormidos,
el murmullo de cantos que apenas escuchaba,
ritos caminando hacia el vacío
;
el allá era el aquí,
iba y venía era el otro:
la sombra, la niebla, lo ausente,
el pasado regresando a la lejanía,
el todo en el todo,
la sombra, la niebla,
lo ausente
.
El mutismo se sumergía en la indiferencia,
pasaban las cosas sin pasar:
un pájaro, una nube,
el sol de nuevo entre las calles envejeciendo,
un perro arrastrando las cadenas,
un grito, un pájaro,
una nube
,
perseguía el crepúsculo,
buscaba un fantasma,
la extrañeza,
el origen del origen en el polvo
pero nada había
.
(Del capítulo: Una laguna muerta)
<<Yo
estoy convencido de ser un fragmento de sol,
pero educado como un fragmento sin sol>>,
nos decía Antidio en su Campo Nublo,
cuando empujaba la luna intentando podarla
hasta la esencia:
era una luciérnaga redonda,
una pelota de belleza,
nos decía
.
A finales de un mes de octubre,
cuando los muertos se preparan
para regresar de Mictlán,
donde habían ido en busca de la casa del Sol,
atravesando cuevas entre cerros y montes,
persiguiendo estrellas de granito, allá,
en aquel lugar,
donde los niños se cuelgan de los árboles
amamantándose como hojas,
mecidos por las nubes entre flores
;
cuando los viejos junto a los niños,
regresaban a conversar con parientes y
conocidos,
departiendo en los altares,
al lado de las tumbas
marcadas con una cruz en la vereda,
cuando en los cementerios,
junto a la bruma que espejeaba en calles
y poblados,
partió Antidio Cabal iniciando así el
mutar
entre olvido y recuerdo
;
abandonaba la incompletud y el ente,
detenía lo incierto que empaña lo otro,
reuniéndose con lo que no se conoce
desde
lo provisional,
desde la temporalidad que termina
y se evapora
;
cuando las almas
como luces que parpadean,
de viejos y niños abandonaban el
crepúsculo,
Antidio se internó en el campo nublo,
deponía sus partes temporales,
dejando el conflicto entre razón y
sinrazón
en busca,
como lo había hecho siempre,
del exilio a otro exilio,
llevándose la esencia a un lugar sin lugar
y sin esencia,
ajeno a la normalidad, a los entornos,
para mudar carne y sangre en ceniza,
los conceptos en viento,
en ensueño,
en sombra
;
cuando los altares se sumían en olores
y el fragor del incienso
teñía las flores amarillas
entre dulces, pan de muerto,
rostros convertidos en calacas,
y Mictlán,
el jardín de humo de Tlaltecuhtli,
habitaba por unas horas entre nosotros,
nos llegó la noticia de su muerte,
llegaba como llega noviembre,
con más lluvia,
más bruma,
más frío
.
(Del capítulo: Memorias)
Al regresar,
después de haberme ido con viento
y nubes detenidas,
inmerso todavía en lo lejano,
envuelto en el rumor de las campanas,
me encontré con algunas voces que aún
pregonaban en los cuartos,
con el clamor de las sombras junto al polvo,
entre libros cubiertos de mugre y ceniza,
algunos recuerdos entre los bocetos
de los escritos,
algunas hojas carcomidas por el tiempo
en los escombros,
por lo ausente,
por el vacío
;
me adentré,
en aquella casa de la que había salido en un
día
temprano aventurándome,
escondido en la penumbra hacia los cerros,
sin saber quién era, qué hacía ahí,
cuál era mi rostro, cuál mi voz,
palpando las paredes,
los pasillos,
sintiendo los tablones flojos en el piso
;
quedaban algunos cuadros,
algunos muebles,
los tallos de flores secas en los vasos
y la cama sola en el cuarto,
el crucifijo,
las velas desgastadas,
los estantes,
los libros quemados
;
la casa no era mi casa,
era un lugar sin lugar,
sin nombre
;
un rato después salí al patio,
miré sin mirar los árboles
confundidos en la hojarasca,
a lo lejos,
en la planicie,
mientras llegaba la lluvia,
mientras bañaban la ceniza
y la nieve era perseguida por el viento
y el ruido del granizo,
;
era un día como cualquier otro,
un día en el que me sentía más solo,
en una tarde como cualquier otra,
sumido en la bruma
.
Noches después
de dialogar con voces y sombras,
con la nieve, el viento,
el
mutismo de la hojarasca
regresé a las calles entre los cerros
todavía adormecidos,
caminé por lugares que no recordaba,
por las sombras en las lomas en los bosques,
por las planicies que cubrían el desierto,
en la espesura
en la lejanía
;
en los caminos,
había algunos fantasmas que corrían detrás de
los perros,
los pájaros mudos entraban
y salían de las casas entre las sombras,
volvía a los árboles, a las hojas de ceniza,
al cementerio
;
era un pueblo que no era un pueblo,
teñido por el polvo
;
entre las losas
busqué sin buscar un destello,
me perdí en los reflejos,
en un algo que presentía el horizonte,
pero los cerros oscurecían detrás de las
nubes,
anocheciendo,
huyendo
;
volví sin llegar,
iba y venía sin irme,
no estaba,
era el humo, era yo,
era un sol, un astro,
una ostra,
el otro lado de sí,
era el otro:
los pájaros mudos,
la sombra, la hojarasca,
el desierto en la planicie oscurecido por la
ceniza,
por el polvo,
los fantasmas entre las nubes
detrás de la niebla
persiguiendo el fulgor
.
Ir y venir es una ilusión,
otro espejismo
.
(Capítulo: En
un país sin nombre)
*Todos los textos pertenecen al libro: Un país sin nombre.
Álvaro Mata Guillé
Escritor, ensayista, director teatral.
Como escritor
• Invitado
frecuente de festivales literarios, como de poesía o ferias del libro, en
países como México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Colombia,
Venezuela, Ecuador, Argentina, España, donde ha realizado talleres literarios,
charlas y conferencias.
• Ha
publicado en diversos periódicos y revistas del mundo.
• Columnista
de crítica cultural en la revista Libros
y letras, de Bogotá, Colombia.
• Director
de Poesía en tránsito-Corredor
cultural, que integra festivales de México, Costa Rica, Argentina, El
Salvador, Guatemala, España, coordinando además los encuentros en Costa Rica,
México y España. Director de Aire en el agua editores (Costa Rica) y del cuerpo
editorial de la Revista Contra el tedio.
• Director
general del proyecto literario En el
lugar de los escudos (en el Estado de México), buscando renovar los
vínculos sociales desde la literatura.
Libros publicados:
Un libro sin
nombre, antología, Editorial La Chifurnia, El Salvador; Una serpiente sin alas, editorial
Babilonia, Bogotá, Colombia (2019) Un
país sin nombre, editorial Ponciano Arriaga, México (2018); Más allá de la bruma, Editorial
Abismos, Ciudad de México (2017); La
niebla y lo ausente, antología, Colectivo Editor Latinoamericano,
Argentina (2015); Separata. Breve
Antología, Secretaría de Cultura, México (2010); Debajo del Viento, 2°edición, Editorial Ciudad Gótica,
Rosario, Argentina (2010); Intemperies,
Editorial Aldus, México D.F. (2015); Debajo
del Viento, 1° edición, Ediciones Libri Amicis, Caracas, Venezuela
(2015); Escenas de una tarde,
1° y 2° edición Costa Rica (2014 y 2015), Escenas de una tarde, 1° edición,
Bahía, Brasil.
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