domingo, 16 de agosto de 2026

Ciudades enteras se derrumban

 

Ciudades enteras se derrumban alrededor y las trompetas de Jericó no se escuchan, y sin embargo alcanzan su tono más alto. Pareciera que nada queda en pie, ni nuestra vergüenza , ni la conciencia de que esta generación completa cargará la culpa que los alemanes han cargado con todo y sus Holderlin, Bethoveen, Mann, Hesse… ni la más alta partitura de Bach los libró de esa culpa que ahora, felizmente, trasladan a todo el mundo, ya librados de ser solo ellos, así como los Boers en Sudáfrica y los españoles en Cuba trasladaron la idea de campos de concentración a ellos, ahora ellos dejan que Israel y Estados Unidos reinventen la inanición y el bombardeo como espectáculo. 

Y sí, ahora la culpa es de cada uno de nosotros y nosotras que vimos a través de las redes la demolición y masacre de Gaza. Hicimos de los palestinos nuestro cordero, hicimos de los eslavos ucranianos y rusos nuestra prueba de video juego, nuestro dron a distancia explotando en la cara de un soldado que nos mira directo a los ojos sin convencerse todavía que ese es su adiós, su último gesto. 

Ciudades enteras caen por un terremoto que no es simplemente un terremoto. Caen por nuestro cinismo. La transcurrencia dextral, ese movimiento geológico horizontal y hacia la derecha está aquí. Hay más más bajo la tierra, placas tectónicas muy diferentes. Ya enterrados bajo el vidrio templado de nuestros celulares todos nos apretamos con densidad y humillación, y de vez en cuando no aguantamos la presión y nos movemos, y hacemos caer todo sobre nosotros. 

Hay ciudades creciendo en nuestro cráneo. En nuestro cráneo vaciado para llenarlo de nuevo de una culpa imposible de evadir. Hay trompetas estridentes, todo es Jericó, todos cananeos asediados viendo las vueltas y vueltas del circo blanco.


F.E.

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