domingo, 14 de junio de 2026

UNITED

 ¿No se está sintiendo este Mundial de Fútbol 2026 como un lock down para las mayorías? ¿O es que la pandemia del Covid 19 era todo el preparatorio para la conversión de todo lo relacional humano a un centro de ordeñe de alta tecnología?


El mundo zapping pasó al mundo App y los gobiernos vigilan que se cumplan las restricciones de derechos de autor de las élites que no solo se están apropiando del fútbol -ya esto es lugar común- sino que están organizando a placer nuestras emociones y pasiones. Que se multe a negocios cuyos dueños compraron el app y que deciden convocar con promociones y alegría para que se vea el Mundial en jolgorio comunitario, es lo más aberrante que ha podido mostrar un evento que, irónicamente, ha decidido nombrar "United" a esta fragmentación.

El Mundial más aburrido no lo es porque los partidos estén mal -Haití vs. Escocia no ayudan a mí análisis-, si no porque lo estemos viendo aislados y sometidos a comentarlos en WhatsApp con los amigos y familia en su respectivo pedacero. Y ni qué hablar de un infantilismo brutal del nefasto presidente de la FIFA, infantino -el infantilismo primordial al que nos reduce el capital tecnofeudal-, lo de forzar que nuestra visión del fútbol sea la de un video juego con sus respectivos y amanerados cool break o espacios muertos de hidratación, elección de la cámara en la app, etc, etc. La voracidad de la publicidad ha entrado de lleno como una lobotomía que no permite a los futbolistas desarrollar su capacidad continuada de respuesta. Es un cortocircuito lo que vemos, un coitus interruptus, y cuando esto sucede es que la afición de millones y millones es domesticada a perro de Pavlov es su máxima expresión. El triunfo del tecnofeudalismo y de su big data que ha entrado a regular a todo nivel nuestras pasiones.

Sí, y no se puede olvidar lo peor, que uno de los pedazos de este Mundial de Fútbol está siendo realizado en la nación que apoya a un genocidio y, que además, sus autoridades, no escatiman ninguna prudencia para demostrar su desprecio a los países invitados que consideran del eje del mal. Es como el deja vú de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.


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