viernes, 20 de abril de 2018

Magdalena Camargo - Panamá



LA DONCELLA SIN MANOS

Padre, aquí están mis manos.
Yacen sobre la hierba, inertes,
como si no hubiesen conocido movimiento.
Como si nunca hubiesen estado unidas a mi cuerpo,
nacido conmigo, sostenido una piedra
y aplastado, con esa misma piedra, los caracoles del jardín,
o dibujado figuras en la nieve
cuando mi boca no había conocido todavía las palabras.

Ya no las reconozco.
Podría decir, incluso, que nunca fueron mías.

Ahora se hace tarde. El sol se oculta
del lado opuesto al acostumbrado,
no busca la montaña.
Se dirige lentamente al bosque,
dejándose caer sobre las ramas,
y la tierra tiembla
porque las raíces se agitan con violencia,
presintiendo la música del incendio,
la imagen del bosque encendido como una hoguera que brilla para nadie,
y el fuego danzando como el oficiante de un rito
cuya cadencia alguna vez conocimos,
pero ya hemos olvidado.

Y sin que una sola hoja arda
el sol se hunde hasta posarse en la tierra,
como si el fuego hubiese perdido toda consistencia,
y como una fruta que dividimos con las manos
el sol se abre
y la luz es un licor viscoso
y desde la semilla surge la silueta de un hombre
sin rostro y sin sombra.
Solo un contorno oscuro que deambula para recobrar lo que ha perdido.

Y sé, así como la criatura que intuye el aliento de la fiera oculto tras la fronda,
que soy la presa y el tesoro.
Y vendrá aquella silueta y se detendrá frente a mí
y me tenderá su mano para llevarme consigo.
Y yo devolveré el gesto, olvidando por completo el peso del acero,
las amapolas que brillan a mi lado,
y que me pertenecen esas manos que yacen,
inertes,
en la hierba.


APARICIÓN DE NIX EN EL BOSQUE

Un musgo bermejo ha cubierto la silueta del bosque.
El romero reverdece
y sus hojas se afilan como agujas de esmeralda.
En la rama del sauco la noche es un mirlo
y de su trino algo se derrama,
desciende como una gota
y luego de la gota surge la serpiente,
que se arrastra en el temblor de su plumaje
y sobre el corazón que late como una granada brevísima y madura.
Sigue descendiendo, hiedra transparente,
el sereno va esmerilando sus contornos
y justo en el momento previo a la caída
es una perla de canto que se hace fruto,
un péndulo de sangre
que crece
y se hace más dulce con la niebla.



LA PLAZA

Quién esparcirá cal en las paredes de esta casa.
Quién, con sus propios dedos, con sus propias manos,
tallará el albor sobre la piedra.
Quién será capaz de pronunciar una palabra
y crear de su sonido la blancura.
Quién construirá para mí el azar de sus ventanas,
la ruptura del orden y las líneas,
el cristal pálido y sucio ocultando las espinas de los cactus.
Quién señalará para mí la barda plateada,
la gente apretada contra el límite,
casi los unos encima de los otros
y tras el cerco, oculto,
pero magnificado en su certeza,
un toro cuyo pelambre ha de ser como la tierra
tocada por primera vez con la llama del incendio,
y sus músculos, delineados con rigor desde la noche,
y su sudor, ¿Quién ha visto acaso la lluvia
resbalando por el tronco de los árboles?
y sus cuernos turbios, como un hueso triste
que se alarga y se adelgaza hasta fundirse con el aire,
es la punta de una flecha,
o un llamado fraguado desde el bronce.
No puedo verle entre la gente.
No puedo oír sus pezuñas contra el polvo,
pero para qué serviría una barda tan hermosa
si no es para contener la sangre
y la belleza.


A PROPÓSITO DE LA DERROTA

Hemos partido antes del alba
y aún no ha habido freno
que sacuda la escarcha de las riendas.
La niebla nos pesa en la montura
y el amanecer se vuelve más
denso con el aliento de las bestias.
Atrás quedó hace tiempo
el fango que se había adherido
a nuestras botas,
y el campamento donde fingimos
reír por habernos librado de la muerte.
Anoche afilamos las armas junto al fuego,
y lavamos la sangre que llevamos,
secándose, en el rostro.
Sobre los metales se alternaba el reflejo del vino
corriendo por la barba de los hombres,
y sus cantos graves como el eco
de las primeras oraciones entonadas dentro de la cueva,
y el oráculo señalando el curso de la estrella,
repitiendo que, sin importar la naturaleza del deseo,
ya se yergue frente a nosotros la sentencia.

Pero hemos despertado borrando aquel círculo
que nosotros mismos habíamos dibujado sobre el polvo,
aquel que incluso algunos,
algunos pocos entendimos.
Porque no hay otro ritual para ponerse la armadura,
porque no hay otra raíz
para calmar la sed en el camino.

Y qué importa si al cerrar los ojos
vemos rodar nuestra propia cabeza
sobre el pasto de la estepa.

Porque, sin importar lo que creímos,
ese instante fue siempre el único que genuinamente poseímos.
Solo somos realmente nosotros,
solo nos consumamos,
el día que partimos.

No pertenece a más nadie
la derrota.



EL ASEDIO

Recuerdo la lechuza acurrucada en la hojarasca,
gris como una caracola creciendo desde el humo.
Y el pino negro, erguido como un dios
que reconoce en la sombra su grandeza.
Todavía mis ojos estaban construidos sobre el miedo,
una muralla circular que aparta el frío de la piedra,
como la aleta aparta el agua,
como el pétalo aparta la luz.
Y, abiertos, son la puerta de una ciudad indefendible,
aquella puerta más al norte
que el enemigo ha abierto con sigilo
para dejar entrar la sangre templada en el acero,
y el rastro de serpientes de pólvora larguísimas.
Y luego lanzas, trazadas como una línea sobre el vértigo,
jinetes infinitos, unida la crin, la rienda,
y la espuma en el morro del caballo,
como una única nube sobre el cielo.
Hombres, como una sola tea
que se ha dejado caer sobre la hierba.
Hombres, cientos de hombres
y sus cotas de malla brillando,
inventando un nuevo firmamento,
que arde enrojecido,
todavía más terrible y doloroso.




CERTEZA
                                                                                                         
Ahora que las raíces se alzan en la noche por encima de las aguas,
aguardo la flor que nunca pondrás en mi mano.
Y aun cuando he vuelto                
a mirar aquel cajón repleto de botones rojos,
y la triste longitud de las agujas
y he vuelto a oír mi nombre apenas colocado en tu boca,
como una piedra apretada contra otra piedra,
a la expectativa del derrumbe.
Y me he aferrado con fuerza a la ventana
y he buscado el faro,
cuerda misteriosa en la desolación de los abismos.
Solo persiste la certeza de las olas,
su perfecta sincronía
y el resplandor de la tormenta,
como un árbol de luz en medio de los campos,
siempre sin pájaros ni frutos.

Es verdad, también,
que aun en la tempestad estamos solos.

Llueve, y se me antoja que tu amor es como un anillo
que resulta demasiado grande
o demasiado pequeño entre mis dedos.



EL ANTIFAZ

He vuelto a la misma casa.
Sobre la cama de aquellos años
he hundido mis manos en el sueño,
he hablado el lenguaje de la noche
y la muerte ha venido a mi lado,
se ha puesto de rodillas
y lentamente va desatando los nudos que unen su máscara a su rostro,
siete lazos dulces y finos, casi transparentes, casi fundidos con su pelo.

Qué máscara tan limpia y tan triste,
tan ajena a toda lágrima, a todo sudor,
a toda herida alguna vez hecha por el hombre.
Yo sé que sonríe bajo el nácar argentino
y que incluso me hablará 
cuando su velo caiga como un pétalo sobre sus muslos.
Mirándome con el rostro descubierto,
tomará de su diestra la primera costilla
y la sembrará en mi pecho,
médula incorruptible e infinita.
Luego me contará la parábola de aquella mujer
que esperó muchos años en una torre,
rogando a dios para que cambiara sus dos ojos por estrellas,
pero por más que la mujer lloró hasta vaciarse
y ofrendó su belleza en la sucesión de los inviernos,
dios no se apiadó de ella.

Entonces la muerte volverá a ocultar su rostro
y la soledad de la casa se volcará sobre mi cuerpo.

Ella me ha dicho
que he de volver al mundo
y he de habitar el fuego.



CANCIÓN PARA EL INVIERNO

Alguna vez le pregunté a mi padre si los antiguos
tuvieron un dios para el dolor.

Pero mi padre no supo responderme.

Entonces talló en el sauce del camino un conjuro:
Solo en la tempestad está el vacío.

Luego levantó su hacha.
Pensó, por un instante, en cuántos bosques con ella había derribado,
cuántos milenios cedieron con su filo,
y la sintió liviana,
como si solo sus brazos, vacíos,
se alzaran en el aire.



EL FARO

Por aquel sendero angosto, rodeado por las zarzas,
llego andando hasta el faro.
En otro tiempo me hubiesen traído de vuelta las señales,
pero las señales hace mucho que cesaron.
Conozco bien el pomo gastado de la puerta,
el número exacto de escalones
y al frío que en algunas temporadas construye sus nidos en la piedra.
Contemplo a la luz arrojarse una y otra vez sobre las aguas,
como si un hombre saltase desde un puente
con la certeza de que al hundirse en la corriente
volverá a estar de pie en el borde de la altura.
Y aun así saltase, saltase,
y saltase,
con una sonrisa triste templada sobre el rostro.

Frente a mí, el mar revolviendo las vísceras del mundo.
De muy lejos llega la melodía de las hojas,
los dedos de la noche jugando con las cuerdas.
No sé por qué me trae la memoria la historia de aquel hombre
que tuvo el deseo de domesticar la hierba,
ordenar a un campo entero tenderse encima de la tierra,
solo con pronunciar una palabra.
Semejantes dones son raros,
pero para algunos pocos son posibles,
y hay quien ignora que la belleza no crece en lo carente de dolor.

Imagino al hombre, muchos años después,
temblando en la negrura de la cueva.
Empuñando la tea, como si en ese trazo de fuego
quedase el último pedazo de su vida.
Su mano hurgando en la garganta de la bestia,
la sangre corriéndole hasta el torso
y el don latiendo, ya al contacto de sus dedos,
y las fauces, brillando,
a punto de cerrarse.


CARTA HACIA EL FRENTE

La niebla volvió hace unos días.
Se sentó junto al lago, como de costumbre.
Contaba juncos, en voz muy baja,
y lamentaba haber olvidado el pan para los patos.
Todavía el mundo y la forma de las cosas
no se habían desprendido de la noche
y llevaban un velo ocultándoles el rostro.
A veces se escuchaba de muy lejos
el eco de semillas huecas rodando en medio de raíces,
el oleaje arrojándose contra la madera de los botes,
y el golpe de los remos como un tic tac que obedece a otro tiempo
donde, a pesar de la brisa, las hojas se tragan las ganas de caer.

En nosotros está la misma naturaleza, el mismo curso,
que el de los frutos que se pudren en la sombra.
A los paisajes no les está dado repetirse
porque somos muy débiles para merecer el don de lo perpetuo,
como esa flor que brillando en la superficie
se descompone en lo profundo,
o el nido de cigüeñas que se desarma en gajos por la lluvia.
Por eso guardamos aquella llave antigua,
aunque hace más de dos décadas haya sido su puerta derribada
y nos duele ver humear sobre la mesa el plato que pedimos
y hay una única canción que reservamos para ciertas horas.

Lo hemos sabido desde siempre,
pero sucede
que a veces jugamos
a creer.


Magdalena Camargo Lemieszek nació el 1 de julio de 1987 en Szczecin, Polonia. Obtuvo el Diplomado en Creación Literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá en el 2007. Actualmente, realiza estudios de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Panamá. Sus cuentos, “El pájaro y la cometa” y “Todos los cuentos anidan en tu vientre”, ganaron la primera Mención de Honor y la tercera Mención de Honor en el concurso Premio Universidad Tecnológica de Panamá a la Promesa Literaria 2007. Ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Gustavo Batista Cedeño en el 2008 con su poemario Malos hábitos y, en el 2012, con el poemario El espejo sin imagen. En año 2015, su libro La doncella sin manos obtuvo un accésit en el Premio Adonáis de Ediciones Rialp.

Ha sido traducida al catalán, al polaco, al ruso y al inglés. Sus poemas han sido publicados en la revista virtual La Estafeta del Viento, de Casa de América. Forma parte de Me vibra, Brevísima Antología Arbitraria Chile-Panamá (2011) y 4M3R1C4 2.0: Novísima poesía latinoamericana (2012), entre otras antologías. Además, ha participado en múltiples festivales literarios y encuentros, tales como el VI Festival Internacional de Poesía en Quetzaltenango, Guatemala (2010);  VII Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua (2011); Festival Internacional de Poesía de Granada, España (2011); XXV Festival Internacional de Poesía de Medellín (2015), y en el II Encuentro Interoceánico de Escritoras (2010), realizado en diversas ciudades de Panamá.

1950, La Insurrección Nacionalista: un documento de Libertad - Puerto Rico





En esta soledad de tierra escasa,
pero llena de alas y alelíes.
(Manuel Joglar Cacho)

En mucho erramos si creemos que la Libertad es un concepto que solo funciona cuando todos los seres humanos involucrados en su búsqueda pueden afirmarla: somos libres, la hemos conquistado. En mucho erramos. Una vez conquistada, la Libertad, comienza a desaparecer y nunca es más grande que cuando comienza a insinuarse, como hierba joven, en el pecho de aquellos que la sueñan. Quizá sea por ello por lo que la idea de Libertad se presente en la historia concentrada en unos pocos o en los territorios más pequeños y acosados por todos los imperialismos que han existido. Pero de esos pocos, de esos pequeños, precisamente, es donde nacen los ejemplos más grandes de libertad total que siguen siendo aspiración incluso de aquellos que dicen poseerla y peor aún, de compartirla como tesoro único que les pertenece.

El ejemplo de los melios puede ayudarnos a comprender mejor las contradicciones de uno de los conceptos más manipulados por la demagogia del poder y que nos hace, paradójicamente, inmovilizarnos en la complacencia de su supuesto disfrute. Pequeña isla-estado de la antigua Grecia, Melos enfrentó a Atenas (416 a.C.) -la misma que nos legó el concepto de Democracia- en un intento de mantenerse neutral en la guerra que ésta enfrentaba contra Esparta. ¿En qué ofendía Melos a Atenas al punto de llamar a sus habitantes isleños insumisos? Aunque nos parezca asombroso, lo que tanto ofendía a los atenienses era la amistad de los melios, una amistad propuesta como neutralidad. Su gran sentido de libertad los hacía elegir no estar a favor de una ciudad en la cúspide de un poder expansionista y avasallador. ¿Y no aceptarías que, permaneciendo neutrales, fuéramos amigos vuestros en vez de enemigos, pero no aliados de ninguno de los dos bandos? -preguntan los representantes melios a los embajadores atenienses que les llevan el ultimatun de declarase a favor de Atenas o de lo contrario ser arrasados. No, porque nuestra enemistad no nos perjudica tanto como vuestra amistad, que es para nuestros vasallos un signo manifiesto de nuestra debilidad, mientras que vuestro odio lo es de nuestro poder -les responden con absoluta alevosía los atenienses.


Me resulta casi inevitable recordar este hecho histórico descrito por Tucídides en La Guerra del Peloponeso mientras miro el estreno del documental 1950, La Insurrección Nacionalista del director José Manuel Dávila, sobre los hechos trágicos acaecidos durante el más reciente levantamiento independentista en Puerto Rico y, a la vez, establecer una conexión con la tragedia política actual en Honduras. Narrado a nivel testimonial, 1950 nos cuenta a través de los supervivientes del alzamiento, aún vivos, las motivaciones esenciales de los mujeres y hombres que se reunieron en torno a la figura y pensamiento de Albizu Campos, máximo representante del independentismo puertorriqueño, aún preso en esos días cruciales en que Luis Muñoz Marín se aprestaba a declarar el Estado Libre Asociado (Ley 600). En un relato conmovedor, van apareciendo los protagonistas de esta memoria viva: Carlos Padilla, José Miguel Alicea, Heriberto Marín, Emidio Marín Pagán, Ricardo Díaz Díaz y su impresionante madre, doña Leonides Díaz quien en una acción digna de un monumento reta a los soldados que llegan a su casa, en busca de su hijo, cuando ya han sofocado el alzamiento. Búsquenlo en las calles, en la revolución, porque bajo la cama aquí no están -les espeta, plantándoles cara, pero sin poder evitar su propio arresto. En ese mismo momento, su hijo Ricardo se encuentra junto a otros alzados a medio camino de Arecibo, proveniente de Utuado. Parados junto a un remanso de agua, saben que la causa está perdida y aún así se encomiendan a un juramento por la libertad de la isla.

II

Vuestra mayor fuerza consiste en esperanzas que se demoran, y la que ahora tenéis es pequeña para salir con bien frente a las tropas que ya están alineadas contra vosotros. De esta manera redujeron el concepto de Libertad los atenienses ante los melios. Esperanzas. Ante lo que los Melios responden: Y a nosotros el ceder inmediatamente no nos reserva ninguna esperanza, mientras que entregándonos a la acción hay esperanza todavía de mantenernos en pie. Veo las iridiscencias del agua sobre el rostro de los cadetes alzados en Utuado. Tengo cerrados los ojos, así como la sala es el inmenso ojo cerrado de Puerto Rico. De Honduras. Veo a doña Leonidez subiendo al techo para agitar la bandera y gritar su ¡viva Puerto Rico libre! La misma bandera que luego utilizarán en el juicio como prueba de insurrección; la misma bandera que los jueces luego izarán, vaciada de contenido, junto a la bandera colonial. Queríamos ver la bandera nuestra sola -escucho esa frase de uno de los testimonios aún en mi silencio más profundo, y la frase es una estrella o cinco, encendiéndose tenuemente como velas en un altar aún indefinible.

III

En mucho erramos si creemos que la Libertad ha desaparecido del panorama actual de Puerto Rico. La Libertad es un reducto que suelen defender pocos, una Resistencia similar a las esenciales baterías que energizan el motor de la historia. Los poderes coloniales saben muy bien que mientras exista el deseo de liberación sus argumentos en contra serán expuestos una y otra vez en toda su descarnada criminalidad. Los libres siempre obligan a los carceleros a mostrar su brutalidad. Y esta es una de las tesis principales que sostuvieron los alzados de 1950, obligar a ver hacia Puerto Rico a las recién creadas Naciones Unidas, la misma organización que estaba acompañando la independencia de India, Israel, Pakistán, Libia, Túnez, Marruecos y que, por igual, ya advertía el dominó que estas proclamas harían caer en la década del 60 en Malí, Zimbabwe, Senegal, Burkina Faso, Argelia, Costa de Marfil, Sudáfrica y, aunque haya sucedido en 1959, la revolución cubana. Pero esas mismas Naciones Unidas no eran más que aquellas potencias que enfrentaban su propia disolución o su urgencia de consolidarse: los británicos veían cómo su inmenso dominó de ultramar se desmoronaba, los rusos comprendían que los Estados Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y Ucrania habían acogido como liberación de la URSS a los nazis, los franceses perdían Iraq y Siria y estaba a punto de despedirse de Argelia, mientras los chinos, emergían partidos en dos con la creación de Taiwán. Solo Estados Unidos, expandida a causa de la geopolítica de la Segunda Guerra Mundial, veía los nuevos territorios como una frontera más para contener a sus próximos enemigos: la URSS y la China Popular. Así, las Naciones Unidas no mirarían hacia Puerto Rico, pero aquellos cadetes que se juramentaban viendo hacia el agua del río, estaban convencidos también, que la Libertad, como todo río, tiene su mar. Y en eso no estaban dispuestos a perder el hilo, aún y cuando el imperialismo norteamericano les dijera, al igual que los atenienses a los melios: de suerte que no es de esperar que vengan a una isla (en su ayuda) siendo nosotros dueños del mar.


En 1954, luego del ataque nacionalista puertorriqueño en Washington, arrestan de nuevo a Albizu Campos, creyéndolo instigador de los atacantes. Luego sería declarado loco por los medios de prensa y funcionarios coloniales al denunciar que estaba siendo envenenado en su celda con rayos atómicos. La prensa hizo coro de la burla ocultando que lo que Albizu Campos denunciaba era envenenamiento por radiación. De igual forma, se burlaron de los alzados tergiversando el concepto Libertad por locura terrorista. La mayoría de los protagonistas de aquella insurrección fueron hechos prisioneros bajo penas eternas que ningún imperio podría vigilar, aunque en un espacio corto de tiempo fueran liberados luego de terribles condiciones penitenciarias. ¿Liberados a qué Libertad? Plantea el director José Manuel Dávila, a lo que el tenaz sobreviviente Ricardo Díaz Díaz, de 93 años, responde: “Si existe la reencarnación yo quiero reencarnarme en un movimiento revolucionario del futuro’’, así que en gran parte la pregunta está respondida. Los transformados en hombres y mujeres libres siempre van en busca de la gran nación de la Libertad, esa que se lleva inmaterial pero que el mismo cuerpo define en sus fronteras de piel.

Imagínese -dice casi al final don Ricardo, con asombro socarrón-, yo fui a la revolución con cuatro balas en mi revólver (quizá, pienso yo, las balas eran Libertad, Independencia, Deber, Felicidad) …pero ahora tengo más conciencia de la Libertad que cuando tenía 25 años.

Al abrir los ojos dentro de la sala de cine hubo lágrimas y aplausos. Lágrimas como aquel río del juramento, y aplausos merecidos para el director José Manuel Dávila, un cineasta insumiso de Melos.

Fabricio Estrada
9 de abril, 2018

viernes, 13 de abril de 2018

Niillas Holmberg - Pueblo Saami, Finlandia


Foto: Jari Kovalanen / Yle


Nubes y Muros.

El primer libro saami* dice
que el pensamiento es lento para un saami
cuando rodeado entre nubes y paredes se encuentra
imagina lo que es tener una reunión
en lo alto del monte

Mi entendimiento
ha reunido polvo
cómo podría saber
la forma de depurarlo

el último libro saami dice
que el pensamiento es lento para el monte
cuando rodeado entre nubes y paredes se encuentra.

*La palabra saami refiere al grupo de lenguas y pueblo Saami ubicados en las regiones árticas de Finlandia, Noruega, Suecia y la Península de Kola, en Rusia. Los poemas de esta serie están escritos en saami septentrional, el cual es hablado por cerca de 20 mil personas distribuidas en Finlandia, Suecia y Noruega.


Romance con las raíces.

Por qué estoy tendido en este sitio
De cara a la escarchada foresta

Rememorando
Quizá habré tropezado con una raíz
En la premura desde mi goathi*
donde extendía las ramas sobre la choza misma
después de avivar el fuego

pensando en ello
he decidido permanecer aquí
latente
donde yace, del aislamiento,
mi refugio más distante

escarchado es el otoño
busco las hojas
sobre las raíces

*El goathi es una choza saami construida a base de tela, madera y musgo de turba. Tradicionalmente, la choza servía como refugio desmantelable que era transportado durante las peregrinaciones siguiendo al rebaño de renos.


La oscuridad advierte.

El primer libro saami dice
que algunas veces para un saami
el paisaje es tan encantador
que éste no puede hacer otra cosa
sino reír

avanzo por el cerro de Ánnágurvárri*
siempre a oscuras
la oscuridad advierte
que nunca tuve un destino
tan solo una causa para la fuga

el rastro del suelo
en el sabor de agua de manto
me vuelve idóneo para el mundo
otra vez

busco un motivo en ocasiones
para caminar por lo salvaje
a las horas de luz
busco un motivo
para estar en algún lugar

el último libro saami dice
que algunas veces la gente saami
es tan encantadora para el paisaje
que éste no puede hacer otra cosa
sino reír

*La palabra várri corresponde a un área extensa de altitud relativa. Siendo usualmente el punto más alto de la tundra.


Deja que los poemas nazcan de la fe en la divina futilidad del resultado, los mejores poemas.

Lavé mi rostro
a primera luz
pese al anticipo del frío
busqué oro entre los prados
sin encontrarlo
así que fui en busca
de la anciana que vive al final de ellos*

allí encontré el oro
y pregunté
dónde debo
buscar a la anciana

pese al anticipo del frío
a primera luz
lavé mi rostro

*Gieddegeasgálgu es un personaje de la mitología saami de carácter mágico. Puede traducirse literalmente como ‘’la anciana al final de la pradera” y corresponde a una persona especial a quien se busca para pedirle consejo cuando alguien se encuentra en problemas.


Lección remota.

Es oportuno contar tus sueños
a la gente que está muriendo

mi tatarabuelo
escuchó del deseo que tengo en seguir adelante
llamó por teléfono
pero no contesté
y le hablé de nuevo por Skype
porque es más barato
cuando el invierno llegue
debes esquiar para permanecer caliente
en los días templados mantén el ritmo
no dejes rastro
cuando la nieve comience a disolverse
ve a la orilla del lago
quema los esquíes y el bastón
esparce las cenizas al viento
y entra al agua escarchada

okey, abuelo
pero actualmente
esquiamos con dos bastones.


Nacimiento.

Ella me prestó un libro
que salvó mi vida

no digo
que hubiera muerto sin él
pero fue claro para mí
que algo fue salvado realmente
y deduzco entonces
mi vida

cuando estuve lista
le di vuelta

Asimilación.

Lo que hace un saami
cuando se pierde en lo salvaje
es ir a casa

soy la casa
y por mucho estoy tan lejos
que difícilmente reconozco a mi novia

Si un saami se sumerge en la ventisca
cubre su cabeza con el abrigo de piel
disolviéndose en la nieve

porque me encuentro pasmado
frente a todo lo que veo
cuando sólo debería desaparecer


Padre.

Cuanto más veo el mundo
cuanto más leo
más pienso en mi padre

juventud occidental sagaz
saben dónde encontrar malas noticias
ordenan la basura, no comen carne
leen el Bardo Thodol*
sin molestarse siquiera en mantenerse sobrios

juventud tibetana
practican orgullosamente las virtudes de la meditación
hasta que suenan los teléfonos móviles

mi padre dice que esquiar es bueno
y constantemente se pierde en lo salvaje
a él no le agrada la poesía
y por lo tanto, no la lee

*Bardo Thodol o “la liberación por audición durante el estado intermedio” es un texto del budismo tibetano, descripción y guía, sobre la experiencia que la conciencia tiene después de la muerte. Este texto también es conocido como “El libro tibetano de los muertos”.


Poseidón de la Miseria.

La felicidad no es un sentimiento
me impacta dicho mensaje
estando rendida una vez
al sendero marcado

obtengo de repente
una ventaja de halcón sin asidero

la felicidad es saber
antecede al poeta
como el cordón que al ave sostiene*
y eso fue entendido por Rimbaud
un Poseidón de la Miseria
o quizá el Aquiles, nunca un Sócrates, por supuesto

Sócrates: si el conocimiento es perfecto
                  de la justicia se revela
                  la especie será salvada

Rimbaud: la fuerza del corazón
                  es el albatros de la mente

*Este verso refiere al lagópodo , un ave característica de Eurasia y Norteamérica radicada principalmente en los bosques de abedul y la tundra.


Sin equivalente a la meditación.

Tengo un tío
cuya espalda soporta apenas
las mañanas de cada día

cómo explicarle a alguien
cosas para las que no hay palabras

podría decirle que reme la balsa de la compasión
que suelte la red de lo efímero y atrape la muerte

aunque solo sonaría para él
como ir de pesca


traductores:

Zoila Forss § Roxana Crisólogo





Niillas Holmberg (born 1990) is a poet, musician, actor, translator and activist from Ohcejohka in Sámiland, Finland. He is the author of three collections of poetry, written in his mother tongue, Northern Sami, a minority language spoken by 20 000 people in Finland, Norway and Sweden. His poems is translated to several languages. Earlier this year a broad selection of Holmbergs poetry was published by Francis Boutle Publishers in English translation, titled ”The Way Back”. He has performed at many leading poetry festivals, such as the Medellin Poetry Festival in Colombia, Struga Poetry Evenings in Macedonia, and Poetry on the Road in Bremen. In 2015 he received the Premio Giovani Literature Prize for his influental efforts to develop and promote Sámi culture. The same year he was also the Sámi nominee to the Nordic Council Literary Award, the most prestigious literary award in the Nordic countries.

Inger-Mari Aikio - Pueblo Saami, Finlandia


Foto: Fabricio Estrada


si tan solo una vez
nos abrazáramos en la colina
en lo alto
como si fuéramos los únicos humanos

chillido de aguililla ártica
inicio de un largo relato
canto Yoik del chorlito
como vino

la mirada clandestina del zorro polar
camino a la más bella historia
de nubes blancas






me encierro a mí misma entre mis brazos
huyo de los mordiscos del viento
no es este mi hogar
y los abedules
al calor desgarran hasta convertirlo en cristales

olvido el hielo
que se arrastra a mis venas
la oscuridad derrite el egoísmo
y no sé
cuándo la escarcha vencerá






taza vacía
sobre una mesa solitaria
ventana desnuda
abierta a la oscuridad
pasos
que solo llevan hacia adentro
voces
que escapan de la ventana
cuervo
que responde
lo sabe todo






miéntanme
traiciónenme

de ustedes
poemas escribiré






el retoño no pregunta la hora
tiene tiempo de sobra

el árbol pregunta la hora y calcula
cuando desaparecerá el ímpetu de su savia

el árbol muerto en pie no pregunta la hora
tiene tiempo de sobra






lanzo el ancla
al hoyo de una nube
trepo la soga
a la cima de los abedules
agito el meñique
saludos a las hormigas






deja a nuestras pieles
olerse primero
espera
que se conozcan






luego de todos los carpinteros
los dedos del músico
son como aliento de césped

y yo resueno
toda la noche






tu foto en el estante
vigila mis pasos
así como la piedra ancestral
vigila el lago lleno de peces
ahuyenta a los extraños






sobre mí pasa el viento frío

se me hiela la piel
se congelan las venas
se escarcha el corazón
viento frío
alrededor y dentro de mí
sobre mí y bajo de mí
dentro, dentro de mí

qué haces con los cerillos
¿y el candelero? ¿y la antorcha?
cuándo has visto al hielo arder

sobre mí pasa el viento frío

se sofocan las llamas, las hogueras
el viento acaricia mis mejillas
mis hombros, mi pecho
seguro y conocido viento frío 
                                                     
preguntas cómo me apaño con el frío dentro de mí
soy viento nevoso, viento de niebla helada, viento gélido
soy yo

¿también se acaba el viento frío?
cuándo  cómo
y por qué

ventila el viento frío
sendas cubiertas de nieve, caminos
alrededor y dentro de mí
invierno

quince años de invierno
no rinden más los fuegos, tampoco las manos
el viento frío abraza, sostiene
mi viento frío, a mí

¿recuerdas cuando el volcán lanzó al viento todo su corazón?
la polvareda ocultó al sol
hace quince años
el sol no se ha dejado ver, no ha entibiado
el único que podría, algo

el viento frío se mueve en mí, conmigo
alrededor mío, sobre mí
dentro de mí
viento frío






mis dedos
revisan el bosque 
buscan
aún tu aroma
a pesar
de los tantos meses






lo que más busco
es lo que más hallo
botes de invierno
meciéndose en mi cama






en los primeros pasos
del baile de la felicidad
se escucha ya
la rutina del día siguiente





justo cuando alguien
empieza a ver las cosas por lo que son
la desganada hacha de la vejez
empieza a cortar las ramas de la memoria





en las venas de la mano del anciano
los últimos rayos
del sol de la vida







siciliano,
me preguntas por el cortejo amoroso
de nuestros novios
por nuestras viejas religiones
por sus altares de piedra

de los que no sé nada

y me avergüenzo

sería mejor si me preguntas
por las costumbres
y las creencias
de los finlandeses

que sí conozco

y me avergüenzo






traductores:
Zoila Forss § Roxana Crisólogo




Inger-Mari Aikio, born 1961 in Northern Finland, lives in Samiland, Finland.

Poet, writer, translator and director and producer of documentary films and music videos. Worked before as a journalist, radio host and reporter.
Published 6 poem books in Sami: Gollebiekkat almmi dievva (1989), Jiehki vuolde ruonas giđđa (1993), Silkeguobbara lákca (1995), Máilmmis dása (2001), Camera Poetica - Suonat (2008) and Beaivváš čuohká gaba – Aurinko juo kermaa (2014). Translations in English, Spanish, Norwegian, German, Hungarian, Finnish, French and Bulgarian. She published two children’s books and a novel for teens and young adults in Sami: Riebana bihpporgáhkut (2006), Čáhcerávgga gazza (2011) and Tropihka rievssat (2016). Lyrics for 45 recorded songs. Directed 12 music videos and 11 documentary films. Nominated for Nordic Litterature Prize (2004), Skábmagovat Film Award (2013) and State Grant for Children’s culture (2015).