viernes, 11 de enero de 2019

Mayra Oyuela - Honduras. Escribiéndole una casa al barco.


Ballena de sal

                                                       A  Ezequiel Padilla



Una ballena de sal apareció  muerta
en la Plaza Central  de Tegucigalpa.

Nadie sabe nada.

La expectativa a puerta cerrada
y el miedo como piedra torcida en la mano
se abalanza sobre el crepitar de los pasos.

Rifles despuntando esperanzas,
palabras cuánticas midiendo injusticias.
Se ha levantado un triangulo de huno sobre la plaza
y perfora a cuadros el grito glacial de la multitud.
Una sustancia violenta ronda las esquinas,
hombres verduscos con bombas tragapalabras
llenan alforjas de desesperación,
cuento común para empezar el día.
Sólo seis heridos pronostico el diario;
nadie vio nada, nadie sabe nada.

Y la ballena de sal vuelta piedra
por la impotencia de rostros que siempre serán ajenos.   



Tragame luna


Tragame luna
o aterrizá en este océano que soy.
Mirá que tengo la piel fosilizada de lenguas
y un abanico azul
que golpea desde mis trompas de Falopio.

He acampado en la sangre del abismo,
he provocado la suntuosa apatía por los ocasos.
Mirá que busco los ojos del sur
y llevo en las manos el paracaídas de la locura..
Escuchame luna,
la serpiente de la soledad
moldeó mi estatura rompiendo mis olas,
inyectando la dosis precisa de la seducción.
Mirá que me ha mordido desde adentro,
profundo,
vaciando los restos de la nostalgia
que se reproduce
en el inventario de las sorpresas.
Me ha dejado intacta la incertidumbre
y esta reseña de manipular los géneros
a mi conveniencia.
He volado profundo tus cielos luna,
mientras un hombre ha deletreado
mi arena más húmeda,
he comido de la catarsis de la investidura;
tragame luna
o volvete caracol,
velero,
arrecife, lo que querrás
pero volvé,
acampá,
quedate.




Escribiéndole una casa al barco


Esta casa vuela.
Su altura conjura um papalote
que se distorsiona a la distancia.
Esta casa es un mar
y un barco también,
donde crispados, salimos
a contemplar
los delfines mas blancos de la locura.

Esta casa tiene un color, un nombre,
su capitán Morgan lanza de sus anzuelos
aurelianos peces,
espectros que devoramos
en lo profundo de los desvelos.

Esta casa barco se desliza
por las olas de una Tegucigalpa oscura,
mientras humanos veleros,
navegan lento
dentro de botellas.






Falena Roja

una lluvia de falenas
caen muertas a los pies del ocaso,
para que siete meses más tarde Falena Roja
pueda renacer.
Abre sus alas, crisol tempestuoso;
empalidece.
Demasiadas sombras
recoge el tiempo congelándolo en sus alas.
Vuela hacia atrás con la vista de frente,
ha vestido sus ojos de luto,
cae furtivamente muerta,
en un pasillo hediondo , tapizado de peldaños.
Falena Roja es transportada en la suela de algún transeúnte.




Prohibido olvidar

                                                      A Lucy


Después de cruzar ciertos agujeros
atravesé la nostalgia
como se atraviesa un suspiro
en medio de cualquier semáforo.
Mis zapatos tienen clavículas,
bocas que se atragantan de pasos.

Primigenia me apresuro,
por primera vez en los labios
del hombre que jamás besé.
La nostalgia esta cocida a mano
como ese delantal que guarda en su ropero mi madre.
En silencio comienzo una oración
con la frase “prohibido olvidar” .
La noche es un telón que humedece,
un abrazo más por ofrecer,
uno persuasivo de adioses que no son definitivos.
Concluyo:
que los besos son para los que aman
sin promesas ni esperanzas.




Pequeña historia de amor


regreso a los días de calendario.
tránsito casi espiritual
Me remueve ese ángel que lleva en sus angustias
cualquier mujer,
ando el vestido salpicado de impavidez.
El amor fue como una bisagra lista para abrirse
como mis ojos, como latidos.
Ya asaltada en esta razón
una mano invisible
se sumerge bajo mi pecho.
Sacudo el resto de espesor que dejó en mis labios
los besos de un pasado mordaz
La amnistía no es para los pobres y mucho menos
para los que no han aprendido a olvidar.

Comienza abril y no pierdo mi tiempo en recordar.
El manto de capricornio embistió mis rótulas,
la historia quedo arrodillada
a mitad de la puerta





Residuosueño y viceversa

Me dejo caer como pedazo de agua en el recipiente de la nostalgia.
Sin que esto signifique acabar de morir, desciendo,
el recuerdo es el estigma de un puñal
que atraviesa mi puerta todas las noches,
cuando el blanquecino de los sueños
abre veredas en mí
y la magia de la tarde cae como luz perpendicular
en un almendro sonrojándolo
y entonces, llueve sin que lo pueda evitar
sobre la niña del letrero publicitario de mis recuerdos
y en el blanco de las manos de mi madre.

Pero la tarde trae también consigo
residuos de ceniza, dejando mis labios con sabor a tumba.
Y yo empaco los vestidos que jamás estrenaré,
me desnudo al paisaje, en un vuelo origami desciendo,
me dejo caer,
como pedazo de agua.
Recuerdo,
sin que esto signifique acabar de morir.




Una carta no dos

Como esos rostros que sólo una vez logramos ver,
llegaste a pastar los surcos de mi cabello,
argumentando con método ortodoxo
amor prófugo nunca cae en deriva sobre la mar.

Raspé la corbata de la incrédula que fui
y me prensé en los labios guillotinas azules
que despedazaron mis ultimas palabras de amor.
Desde entonces el calendario sube en bicicleta
hacia mis parpados
dejando mi mirada envuelta en ruedas de fuego
que lleva todo abril, porque para entonces todo abril era todo.

Mordí los silencios que como jaurías
se precipitaban en mi pecho.
abriendo con sus únzalas ranuras de la madrugada
por donde se veía como la soledad sin tu cuerpo
me cubría parte de la frente.

Vos tal vez pensando en aquella profecía de mujer
que recoge caracoles
y que nunca se logra casar.
y yo que guardaba en los andamios de mi barco
un pedazo de tu playa,
me di cuenta que era demasiado tarde
para escribir cartas que emergieran de tu amor.
Y yo que creía en lo contemporáneo
y en esas formas lúdicas de olvidar;
ahora que lo pienso, que buenas aquellas madrugadas
con una luz entreabriendo mis piernas,
yo a solas, esperando al hombre que jamás regresó.





No siempre la luna

No siempre la luna
es amuleto perfecto de la seducción.

No siempre mi cuerpo es caja musical;
a veces no tiene sonido.
A ceses conjuro que el vigor de mi padre
para que desaparezca de los retratos,
pero los veo y me doy cuenta
que no existe tal cosa,
que sólo encuentro a un hombre de aspecto asustado,
cono ojos sagaces
en miradas que ya pasaron
y con labios flexibles como sabanas radiantes,
cabello canoso, nariz husmeante,
y en su frente,
el sepulcro,
de sus ocho hijos olvidados.





Orillas

Era el pasado un tren sin rumbo,
llevaba por embestida
la pólvora que en los ojos de mi padre
apuntaba a su propia soledad.

“El hombre nace para contemplar
la tierra, la cosecha, los hijos
y todas las mujeres iniciadas en ese arte llamado amor”
Quizás mi padre, en sus propio afán
rasgo la tierra, mordió la cosecha,
creyó que sus hijos eran un sueño
y amó a todas y cuantas carabelas
que en su navegar pausado llegaron a su orilla.
Mi padre, de manos resueltas como arena
de dejo trepar por unas caderas imprevistas
que lo preservaron en sal;
pero la penumbra es blanca y negra
y se amarillenta con la soledad.
Mi madre guarda a escondidas de él, una foto
donde aún emerge lo clandestino de su propia ética,
ambos ausentes ya de efervescencia,
andan los pasos tersos por tanto roce con las despedidas:
se ven,
a tientas parpadean un Morse de amor naufrago,
pero hoy ya es martes y, hace cuarenta años
que mi padre no ve el mar.





Hay quienes me han dicho

hay quienes me han dicho
que le amor fallece de fiebre los domingos.

En lo personal, lo he visto fallecer los lunes, martes,
miércoles
y todos los días de estas semanas punzantes,
en las esquinas, en las bibliotecas desoladas;
pero también lo he visto quedito, tímido,
en el sueño fugaz de los adolescentes.

Procuro desenredar esa apatía
que no tiene nombre ni título, tan sólo es,
y que se pega como chicle en todos mis pasos,
y sus avenidas, vueltas y trabalenguas
me hacen descubrir la vida
y a cada encuentro es como un suicidio,
o como un abigarrado sentimiento de culpa.
Para entonces los versos
se anclan como postales en mis ojos.
El amor es muy extravagante en estos días,
mejor hablemos de déficit, impuestos, globalización;
al fin y al cabo, al amor, no le importan las despedidas.





Fábrica de inmigrantes


Poetas probetas
formulan una profecía acústica, limitada.

La soledad sin astucia
es la soledad asustada,
y los retro avisos son retos invictos.

Mejor armemos un complot
para desarmar una parábola
y los inmigrantes con nombre de Azucena,
coral petrificado:
Luís montaña desolada
donde los guardabarrancos van a morir,
Antonia besa la pálida frente de sus hijos,
Guillermo empuña un Fusil oxidado,
deambula como espectro en el panajachel
con sus ojos de locura.
Claudia sueña que un tiburón blanco,
jalonea sus rizos desde un país distante
y Honduras amanece hundido en los ojos de Claudia,
ella dora su piel en un Miami colorido
mientras, heme aquí,
dorando mi piel de inflación y tristeza
y la piel de los indigentes se dora de abandono,
por el acumulamiento de promesas perdidas
en los noticieros cirqueros,
noticieros con sus industrias de indultos,
noticieros y sus mentiras prolongadas,
 noticieros sonrisa, mueca, carcajada,
noticiero utopía,
noticiero palabra plastificada,
noticiero bendición de farsantes.
Y mientras los noticieros promueven la objetividad,
los inmigrantes salen de sus trabajos
con un candado que les aprieta las rodillas,
masticando hellos
y se van, tarareando en sus mentes
el himno de aquel país
prácticamente olvidado.




martes, 8 de enero de 2019

Todas las miradas conducen a Roma




La primera cámara de cine solo rodaba 52 segundos, en blanco y negro. Con ella, Lumiére captó la llegada de un tren que habría de irrumpir en la vida de todo el mundo con pasmosa velocidad. Desde entonces, ese tren ha sido guiado por diferentes maquinistas que le han imprimido la velocidad más acorde para su propia forma de contemplar el paisaje. Hay unos que desaceleran y otros que van casi descarrilando. En 1996, al cumplirse 100 años del nacimiento del portento, Sarah Moon, reconocida fotógrafa francesa, ideó un bello proyecto cinematográfico, Lumiére y Compañía, un homenaje que reunió a 40 directores de lo mejor de la industria para que filmaran con la cámara original de Lumiére reconstruida. Los directores -entre ellos David Lynch, Costa-Gavras, Spyke Lee, Win Wenders, Fernando Trueba- debían filmar-resumir en el corto su idea de lo que era el cine, es decir, su visión de vida, y ésta debía ser filmada solo con luz natural, con un determinado número de tomas y sin sonido directo.

De todos los significados posibles que se ven en la muestra, mi fascinación se detuvo en la muestra de Win Wenders. En ella, el director alemán decide que el cine es la panorámica de un suburbio semi yermo de Berlín, con todo y sus grúas simbólicas gravitando sobre la eterna reconstrucción de pos-guerra. Dos hombres entran al encuadre desolado. Ellos mismos transmiten cierta desolación. Los actores son los preferidos de Wenders, Otto Sanders y Bruno Ganz, coestrellas de la memorable Tan lejos y Tan Cerca. Otto mira hacia el cielo en una expectativa nerviosa y Bruno, asumido en razones irrevocables, tiene aspecto de haberse dado por vencido en la búsqueda de ese misterio que nunca sabremos qué es. Ambos salen de encuadre por el mismo lugar de donde vinieron. La ciudad queda, inmutable, hasta que el carrete se detiene.

Esta sensación de una realidad concreta que no se desvía ni un ápice por los deseos que pueda tener el espectador, llegó a mí en las dos horas y quince minutos que dura Roma, la reciente película de Alfonso Cuarón, una lección cinematográfica de tanta altura como vertiginosos son sus abismos. ¿Acaso Nietzsche ya no lo dijo cuando nos recordó que el arte griego nos enseña que no hay ninguna bella superficie sin una terrible profundidad? La apabullante realidad mexicana se ve aquí transversalizada y en ninguno de los puntos de contacto de nuestra mirada alcanzamos a ver piedad porque la realidad misma, la naturaleza de las cosas que Cuarón expone, es hilada a un ritmo lento pero punzante por el ojo/ cámara echado a rodar sin contemplaciones, apenas deteniéndose para acentuar y hacer homenaje a las referencias cinematográficas de Cuarón. Una vez que inicia la película, con el poderoso llamado a escuchar con los ojos cerrados del cómo se limpia la mierda de los perros, entendemos que lo que venga en imagen será tan natural como lo es el sistema de castas sociales mexicanos heredado desde la colonia, punto central desde donde irradia toda la violencia objetiva y subjetiva de Roma (todas las humillaciones históricas conducen a Roma).

En Los testamentos Traicionados, Milán Kundera reflexiona sobre el carácter de la naturaleza como entidad de consuelo insensible, consuelo que Cleo sabe medir y aceptar con silenciosa y asfixiante prudencia, así como ha devenido el carácter de los millones de descendientes de los pueblos nativos sometidos desde la conquista. Solo la mirada de Cleo ante los paisajes puros del México rural nos está dando la clave narrativa de lo que siente. Cuando Cleo mira ve aquello que Kundera solo alcanza a rozar: “me hablaron de la belleza suavemente inhumana del mundo antes o después del paso de los hombres”. Porque ese paisaje, implacable en belleza, es el mismo cuadro inmisericorde que se filtra en la ciudad, la urbanidad fotográfica que el mismo Cuarón dirige y plantea, quizá desde una inseparable visión burguesa determinista pero llena de todas las cualidades que el gran cine exige. 

En este punto uno se pregunta a qué velocidad debe ir la revelación del signo poético de la película y cómo hubiera abordado Pasolini, por ejemplo, la oportunidad de una distribución mundial nivel Netflix. ¿Se hubiera contentado con dejar correr la cámara dentro de “la naturaleza de las cosas” o hubiera rasgado la pantalla de cine al mostrar la falta de piedad del sistema inhumano que cosifica a Cleo? Pienso entonces en la brutalidad de los niños a los que Cleo ha cuidado, tan llenos ellos de una matriz cultural superior que les permite ir dejando todo atrás, tirado por el suelo, sabiendo que atrás vendrá Cleo y Adela limpiando. Pienso en el momento en que el menor de los niños le pide a Cleo, con tono hastiado, que deje de hablar así, tan raro, en mixteco- Pienso en el tamaño de impiedad de la señora de casa buena que para animar a Cleo tras su parto Children-of-Men-Mode la lleva a la playa de olas furiosas dejando a Cleo la brutal responsabilidad de cuidar y salvar a sus hijos. Esa famosa foto, entonces -nueva imagen de La pietá posmoderna-, donde se apiñan todos y que causa tanta parábola y lección moral en los pasquines de farándula, es monstruosa en cada uno de los significados posibles: monstruosa por la desesperación de una humanidad pervertida que ha hecho de lo políticamente correcto el ámbito de la locura y la represión. Y claro, eso si vemos el paisaje desde el tren ferroso de Pasolini. Al final de cuentas, cada decisión creativa es una representación del nicho al que se regresa cuando lo crucial se presenta como una disyuntiva de clase.

Es una verdadera pena que el mundo de la moda haya dado la otra fotografía, tanto como Chanel quiso darnos su propia versión de La Habana al montar su pasarella en Cuba, pero estoy seguro de que, como cine, Cuarón ha podido darnos de nuevo su propio resumen Lumiére y que su tren, así lo espero, seguirá dándonos un paisaje que todos veremos ya como insustituible en cine del siglo XXI.



F.E.

martes, 1 de enero de 2019

El primero de enero y las guayabas

La sala en casa de mi tía Lauren era muy oscura. Yo siempre le pregunté, con mucha necedad, del por qué no habían hecho una ventana para que entrara la luz. Lo cierto es que para mí hubiera sido más fácil ver los títulos en el librero de la esquina y los nombres de los LP que guardaba bajo el televisor, en la división de madera torneada. Por el contrario, el patio tenía una luminosidad que partía del verdísimo árbol de limas, que ahora lo recuerdo como una bombilla vegetal que daba iridiscencias y aromas a las mañanas. Bajo él nos sentábamos a hablar largo rato y ahí mismo se celebraron la mayoría de días de la madre y otros eventos familiares. Frente a la lima estaba el enorme mango al que siempre me negaron subir, aunque la prohibición no era necesaria ya que las ramas para sujetarse comenzaban muy arriba, como si el árbol hubiera levantado los brazos para alejar los frutos de los niños. Me conformaba entonces con el guayabo y ahí era un pájaro más. Cantaba todo lo que recordaba, pero mi hit parade estaba encabezado por Pedrito Fernández y la historia de un perro corriente y canelo.

Así iniciaba el año, los primeros de enero eran una promesa indefinible que yo comparaba con el guayabo que zarandeaba para ver cuál guayaba madura me premiaba sin gusano alguno. Uno de esas mañanas, alrededor de 1986, me puse a curiosear entre las sombras de la casa los LP y sus portadas. Al lado de Hey, de Julio Iglesias, tía guardaba un disco cuyo diseño era una cuadrícula muy setentera sobre la que se perfilaba un hombre guitarra en mano. Era el álbum Hilachas de Sol, del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Le pedí a tía Lauren que lo pusiera y ella accedió haciéndome prometer que me aprendería una de las canciones para cantarla subido al palo de guayabo. El sonido delicioso del vinilo siendo rasgado por el diamante inundó las sombras, y así fue que escuché, sentado en el piso y con mi tía pidiéndome que le bajara al volumen, la canción Primero de enero, tercera en el orden del disco.

Pienso ahora que la formación política puede llegar por el lado más sensible e inesperado, porque a partir de escuchar ese disco, me encontré de pronto absolutamente consciente de la desgracia social que sufríamos en Latinoamérica.  Aquella letra (... lleva Pablo los bautizos/ con tristeza entre sus brazos/ porque el capataz no quiso/ ser padrino de fracasos...) se hundió como aguijón de avispa chilera en mí, y ni qué hablar de la sexta canción del álbum, Yo te ofrecí una esperanza (él te dio vestido nuevo/ yo te ofrecí una esperanza).

Cuando me aprendí bien la letra, aquel guayabo era un escenario al que tía llegaba a bajarle al volumen porque todavía era peligroso cantar en Honduras canciones de guerrilleros. Cada primero de enero la canto, y recuerdo la risita de Tía mientras lavaba en la pila !Ya cántese la otra! -me decía- !ese disco ya se rayó!, Entonces yo le daba vuelta a mi pecho-acetato y le cantaba un tema de Jorge Rigó, de las novelas venezolanas que estaban dando por esos días: Sola/ te vas quedando sola/ ... deja el dolor por la esperanza/ y ven a acobijarte entre mis brazos... Ella me acompañaba con su voz feliz, y yo aprovechaba para sacarle los gusanos a la guayaba.

Por las sombras del camino van los indios hacia el pueblo, van bajando la montaña
por que es primero de enero. Llevan gallinas al cura por milagros venideros o a rogar por que este invierno llueva mucho en el potrero. El patrón va entrando a misa disfrazado de cordero. (Se da golpes en el pecho, pero es muy duro ese cuero)bis. Por ser primero de enero van los indios hacia el pueblo. Por las sombras del camino van los indios hacia el pueblo, van bajando la montaña por que es primero de enero. Lleva Pablo dos bautizos con tristeza entre sus brazos por que el capataz no quiso ser padrino de fracasos. El patrón va entrando a misa disfrazado de cordero. (Se da golpes en el pecho, pero es muy duro ese cuero)bis. Por ser primero de enero van los indios hacia el pueblo, van bajando la montaña por que es primero de enero. Llevan gallinas… El patrón va entrando a misa disfrazado de cordero. (Se da golpes en el pecho, pero es muy duro ese cuero)bis. Por ser primero…


viernes, 28 de diciembre de 2018

Karavan, Revista sueca de literatura, poemas Fabricio Estrada

El año va cerrando con hermosos ecos. Esta vez vuelvo a Suecia, porque esta traducción es como si volviera a aquel momento cuando leí Mi primer barco en la reunión de Global Reporting, en las oficinas de Gamla Stan, durante un taller de comunicaciones al que asistí. Henrik Nilsson, poeta sueco a quien conocí este año durante el II Festival de Los Confines, en Gracias, Honduras, me pidió algunos textos para traducirme y aquí están, ya publicados en la bella revista Karavan, de Malmo, Suecia, ilustradas de la mejor forma que pude imaginar.

Mi primer barco fue en Sabanagrande, es el verso que titula a la muestra. Bello signo en un día como hoy que recuerdo tanto a mi pueblo natal. La noticia me la ha enviado Bengt Berg, poeta y amigo sueco, quien compró la revista ya en circulación.




Pocos poetas y muchos locos - Salvador Madrid, Honduras





        Foto:de Gabriel Reyes, 
conversatorio sobre poesía hondureña durante el II Festival Internacional de Los Confines, Gracias, Honduras 2018.

He leído artículos con enunciados en contra de los poetas hondureños, especialmente sobre la generación que se consolida por su obra y que asumirá el relevo generacional en los próximos años.
Comprendo que no todos los poetas comparten formas de ver la vida, la política o la poesía. Pero eso es normal. Nadie debe asustarse: fue, es y será siempre así. Tampoco hay que escandalizarse por algunos excesos de esos seres un tanto anárquicos, odiados o amados, que aún en medio de las mezquindades ofrecen en sus palabras una posibilidad de lectura de nuestra circunstancia en el mundo.

La poesía hondureña contemporánea pasa uno de sus mejores momentos. Es difícil visualizarla a plenitud por el ruido y la broza que la cerca intencionalmente con la idea de suplantarla. Hablo de esas miles de almas decadentes que se autodenominan y se auto validan hoy en día como “poetas” y no sé que más cosas. Nunca antes ha habido tantos tecnicismos y tecnócratas para la poesía. La fiebre contemporánea del primer mundo, que allá es hermosa, llegó aquí y mutó en una peligrosa enfermedad tropical al mezclarse con el lumpen y los hipsters con plan prepago en el móvil, creando una generación de locos con causa, un movimiento digno de cualquier especialista en fenómenos bizarros.    

Pero decíamos que hay una generación que se establece con características diferentes a las generaciones anteriores, donde el canon y el proselitismo ideológico generaba un espíritu un tanto homogéneo que la volvía totalmente moldeable o predecible, y fueron muy pocos los casos (brillantes para suerte de nuestra historia literaria) que dieron un salto estético superior.

Es un país de pocos poetas; lástima que el abuso del enfoque sociológico, la falta de lecturas, la ideología y el proselitismo político, nos crearon una idea absurda: Honduras está llena de poetas. Eso es falso. Está llena de gente loca que se cree poeta. Lo que sí es cierto es que en Honduras hay poetas extraordinarios, no son multitudes, pero son esenciales y uno puede detenerse en cualquier lugar del mundo con sus obras, y es más que seguro, que saldrá bien librado de cualquier valoración.
En la actualidad, nuestra poesía es plural; se abre a otras experiencias, no sólo a las políticas; pues explora con otra óptica viejos temas literarios y nuevos afanes del mundo contemporáneo. La era digital, a la que de algún modo se resistió, le favorecerá en el futuro. La mayoría de estos poetas son migrantes digitales, algunos optaron por estudiar o vivir en el extranjero, poseen altos niveles académicos y los que no, son magníficos lectores y están enterados de cuánto sucede, no sólo en la literatura, sino en la política, en la filosofía y en la ciencia.

Es importante destacar que es tiempo de hacer revisiones a fondo de la historia de la poesía hondureña y darles su lugar a las poetas. Durante mucho tiempo fueron literalmente borradas. Más allá de las discusiones de género (que son importantísimas porque nos recuerdan la búsqueda de la justicia y la lucha contra la exclusión) son voces referenciales que permanecen y permanecerán, aunque haya un empeño intencional de determinarlas como hacedoras de orden menor.

Dentro de la generación joven, cuando se habla de poesía con mayúscula, con gravedad y seriedad, un buen lector o alguien que se precie de ser crítico y que tenga referencias universales de la literatura, dará una opinión asertiva sobre la poesía escrita por mujeres en Honduras. El hecho que no las tomen en cuenta no le resta a importancia a su producción, y al momento de hacer análisis literarios se debe ser más responsable. No se trata sólo de apuntar a la igualdad numérica, sino al reconocimiento de una sensibilidad que posee su propia fuerza y más allá de la caracterización, nos permite asumir un lenguaje que siempre ha estado ahí. No se debe negar que el canon se ha establecido para resaltar y marginar. Igual ha sucedido con la producción centroamericana marginada por el canon europeo; bueno, no digamos europeo, español al menos. Lo importante es generar reflexión desde un ejercicio crítico para alejarnos del maniqueísmo, que al verse descubierto, intenta, desde la estética del canon “dar un espacio a las mujeres”, eso es perverso y mediocre.

Cuando se trata de poesía, el tema también da para ser responsables. Es un país de muchas imposturas e impostores: la poesía no se salva de eso. Es un país de pocos poetas y de muchos locos, he dicho antes. Incuso los locos se podrían clasificar: hay algunos que estudian literatura, se vuelven profesores universitarios o de educación media y se transforman en tecnócratas.

No hay nada más complejo que una loca o un loco que se crea poeta (eso es peor que un poeta loco). Terrible cosa: exigen toda la atención posible, se suman a todas las causas, las posibles y las imposibles, se auto victimizan para validarse; cada mediocridad o estupidez que se les ocurre debe respetarse y celebrarse porque de lo contrario te etiquetan como un germen al que debe destruir la libertad inquisidora que prolifera en estos días.

Veo o escucho a "poetas" que dicen "mi obra" y ni siquiera han publicado un libro o al menos una muestra representativa en la web. No tienen ni un poema que sea trascendente. Veo que hacen hasta cien lecturas al mes, que hablan con una propiedad monumental e insisten cada día en banalizar la poesía como si este arte sólo requiere hipo inspirador, pujidos románticos, indignación a rajatabla, cuchicheo con música de fondo, mostrar las nalgas o proyectarse en la panza un video, enojo con espuma en la boca, enjuague ideológico, enlazar palabras, chisporrotear sinestesias baladíes y hacer piñatas de palabras a las que llaman poemas.

Cuando pienso en los grandes poetas de Honduras, los veo casi anónimos y silenciosos. Sus libros son piezas de culto, gente que trabaja y lee, con los que se puede sostener brillantes conversaciones. Sus lecturas son memorables, tienen una conciencia absoluta de sus habilidades y van más allá de ellas; son asombrosos y su rebeldía es resplandeciente, no sólo pueden escribir, sino que saben leer los libros y el tiempo que habitan. Paradójicamente no dan talleres de creación literaria, casi nunca leen en público sus poemas, no hacen proselitismo para ser invitados a festivales, no piden premios, pocos son docentes (no sé si admirarles o reprocharles, pues deberían estar en espacios culturales y educativos del país), no pierden el tiempo en naderías, no fotocopian el realismo sucio y saben que ser malditos va más allá de leer al buen Bukowski.

Tiempos raros estos donde si no eres poeta en facebook no eres nadie. Pero no hay que preocuparse; en el fondo las redes sociales pueden hacernos caer en un espejismo de la democracia. Si se piensa bien, apenas son un placebo de la libertad, y por supuesto ese universo placebo, permite a muchos locos creerse poetas.

Lo importante, estimado y culto lector, es que usted valore y conozca a los grandes poetas de Honduras, le aseguro que con un poco de reflexión y paciencia le será fácil, y lo mejor, le causará alegría y esperanza.

S.M.

Poesía hondureña: Breve reseña de Karen Valladares al poemario “Las palabras del aire “ de la autora Rebeca Becerra Lanza



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Nos vuelve el sueño.
Rebeca Becerra Lanza, siempre ha sido de las mayores influencias literarias en nuestro país. Es una de las voces femeninas que sigue incursionando en el campo literario en diferentes áreas, tanto narrativa como en poesía. En este libro Las palabras del aire, volvemos a descubrir a una poeta que se re descubre o nos habla desde su interior, desde su yo poético, pero hay otro instinto entre encontrarse y huir de ella misma y de buscar otros mundos. Veo el deseo intenso de ser, de estar en ese sitio que se vuelve su casa, su hogar, su refugio ese lugar imaginario lo vemos reflejado en su primer poeta “ soñé que estaba en un sitio, el punto exacto de una existencia que se debilitaba “ Aquí, repito, observamos la búsqueda del sitio, del lugar quizás al que si pertenecemos .
Vemos la inmovilidad, la permanencia de ser o no ser. Dos temas logrados en el primer párrafo de del poema antes mencionado. Y esto me recuerdo a lo que dice Hanni Ossotti: la casa, lo materializa cuando hace imágenes tangibles al respecto.
Sin duda la poeta Becerra Lanza, maneja todos los códigos sobre la construcción del lenguaje y la des construcción del mismo ( olvidando, claro está el discurso sobre la decontrucción del lenguaje de Derridá)” afuera el mundo” , la autora en este segundo poema, aclara su estado anímico, atípico a cualquier interioridad que la somete , la desolación, lo abrupto.
El uso de metáforas, acá, la poeta no la desliga en ninguno de sus textos, bien podemos percibirlos en los siguientes versos que tomaremos como ejemplos: “Yo era una roca que cantaba bajo la sombra de unos sauces”
• Fue duro ir al cementerio como una solitaria hoja “ pg 24
• Y me dolió la piel como si no fuera mi piel Pg 25 , “
• Soñá la sed de una risa marina” pg 28 .
Continuo diciendo que en este libro los poemas se vuelven un solo himno, la sencillez, la humildad la fluidez con la que la autora maneja el lenguaje poético y sigue sin error alguno . En su mayoría podríamos decir que el lenguaje cotidiano no es seguidamente usado en este conjunto de poemas ; aunque en algunos se desliga del tema inicial que es el deseo , y la búsqueda . La autora desde un monologo interior va dando las propias respuestas “ vamos a ver corazón por qué te hiciste demasiado solitario y dejaste de lado los fusiles “ pg 24, ella, la autora, exige al deseado, a lo perdido al intento que se vuelve así como una especie de batalla entre irse o quedase , una incertidumbre, quizá hasta una amenaza.
“ Háblame ahora que el se ha ido y tu te has quedado latiendo en mi pecho” pg 29. Seguimos viendo con claridad los temas que toca , el amor, el desamor, la búsqueda de lo que pertenecemos, , la noche, pero esta ultima no como simbología oscura , no como la muerte.
La muerte es un tema propio en este poemario.
Podría extenderme más y seguir hablando del sueño que tuvo la autora “ soñé que estaba en un sitio, soñé que atravesaba la oscuridad, soñé que era un río caudaloso, soñé los torbellinos…..
Este libro es un sueño, que todavía no termina de descifrarse . Pero ya lo dice Helen Umaña, la poesía nunca cesa de sorprendernos. Rebeca Becerra, reta a la propia soledad a la vida misma, a la muerte con sus propios discursos del yo interno.
Concluyo diciendo que es aquí donde encontramos lo sonoro, la plegaria, el antifaz , lo viceversa a todo al salto de la palabra, a las palabras del aire.
Honduras, 2018
Karen Valladares
Escritora gestora cultural, abogada.
Algunos de sus poemas de este libro a continuación:
Fue duro ir al cementerio
como una solitaria hoja
deshojada de la vida.
Escoger el hueco, el silencio;
el lugar para que te acomodaras.
Tu nombre era un pino en mi boca
que rezaba a la noche.
Lo dije:
-aroma en el aire-
luego fue un número
debajo de un árbol encendido.
***
Soñé los torbellinos de una pequeña cabeza
una mujer que entre mis brazos se convertía en gacela.
Yo tocaba su boca color del fuego.
Y ella quemaba mis dientes con sus labios
todo sin juntar nuestras bocas.
Inmediatamente apareció esta sombra que me hierve
en las venas
y me dolió la piel como si no fuera mi piel.

K.V.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Ligeia, Revista de Literatura, Galicia-España




Me mandan esta buena noticia (no sé cómo definir exactamente lo de la divulgación... viene a mí cierta tímida ferocidad). Me alegra sobremanera que esté Alfonso Fajardo, hermano salvadoreño con quien hemos compartido tanto a lo largo de casi quince años de amistad. Por igual, me satisface compartir con Floriano Martin, poeta y crítico brasileño, con quien he realizado un par de colaboraciones respecto a la poesía hondureña. Sin duda, debo esta divulgación a la poeta gallega Yolanda Castaño, cómplice por igual de muchos años desde que la conocí en Granada, Nicaragua, en el 2008. Tejer entonces, sin agobiarse. 

Café de noche, Van Gogh


"En mi cuadro Café de noche traté de expresar cómo el café puede ser un lugar donde uno se puede arruinar, volverse loco o cometer un delito. Finalmente, intenté expresar algo semejante a la potencia de las tinieblas de un matadero con contrastes de rosa suave, rojo sangre y heces de vino, dulces verdes Luis XV y Veronés, contrastantes con los verde-amarillos y los duros verde-azules, y todo ello en una atmósfera de horno infernal y de pálido azufre."

Van Gogh. (Mario de Micheli - Las vanguardias artísticas del siglo XX)

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Raúl Padilla Fernández - Cuba

Si el lenguaje de la poesía no es el que hablamos cotidianamente ¿quién es el que habla? A partir de esta pregunta, abordo los poemas de Raúl Padilla Fernández, casi en la complicación de querer resolver un cubo-llave que pone en movimiento el mecanismo de lo hermético. La palabra parte de la superficie, ya sea piel, agua, nube o la pupila del deslumbramiento; luego va hacia adentro, casi constructo físico que retuerce la fibra muscular. El ojo de la vaca de Buñuel. El rubik de Hellraiser. Un cuerpo dentro del mismo cuerpo que se gira para acomodarse y dormir bien.

ARS POÉTICA I

La escritura
laberinto sin puerta.

La mano
ojo ciego hacia la nada.

Mi mano                                                                                                                                                                    sombra de manos,
saliva de otras lenguas,
carne cruda de otro hueso.

El oído frente al poema
escucha dos veces el mismo disparo.

ESPEJO



Acá jardines rotos
afirmación del precipicio.

En el secreto nace la contradicción.

Coloco una soga,
desgarro primitivo:
dulcísima resistencia
contra dios.

En el cuerpo del poema
mi sombra baila su silencio.

FOTOGRAFÍA
A Lilian Stein

Deletreo la luz
que de tus manos cae.

Soy un punto agrio
en el mapa de la aurora.

El hospital se cierra
como un abrazo contra la nada,
contra mi pecho,
contra tus ojos hasta entonces abiertos.

TELEGRAMA

A Lilian Stein
Escrito está mi nombre a través de tus ojos
detrás del cristal

como si el dolor que debías llevarte
decidieras dejarlo entre mis manos.

MONOMITO

La serpiente muerde su cola.
Yo muerdo la noche
en que descubrí tu sombra.

FOTOGRAFÍA II

Caigo tranquilo dentro de mí:
gota de sangre
en un vaso de leche.

ARS POÉTICA III
(O PRIMER ENSAYO SOBRE LA HONESTIDAD)


¿Y qué importa si no es mi piel la que se rompe,
si no son mis muertos los que lloro,
si mis oídos no escuchan las moscas,
si no veo blancas las cruces,
si no me importa
que esto no le importe al lector?
El cuerpo que sangra
no pregunta el porqué:
está muy ocupado sintiendo.

 (BREVÍSIMO DECÁLOGO DEL BUEN LECTOR)

  1. El ojo escucha la respiración de la mano.

SOBRE EL AUTOR:
 Raúl Padilla Fernández (La Habana, 1967) Poeta, ensayista y traductor. Ingeniero Electricista  por la Universidad Tecnológica de la Habana José Antonio Echeverría.
Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el Registro del Creador Literario. Tiene publicados los libros Paradiso revisitado (Ensayo, Editorial El último caso del inspector, 1994), Puerto Reptil (Poesía, Editorial Raindrop, 2006) Ruido Blanco, antología de poetas contemporáneos de habla hispana (Poesía, Editorial Laberinto, 2010) y Arcoiris Monocromo (Poesía, Editorial Laberinto, 2017).
Editor de la revista Aliteral y fundador del taller literario Omisión de la noche.
Ha obtenido premios y menciones en concursos nacionales e internacionales