jueves, 11 de enero de 2018

Blake muere en París a causa de un paparazzo - Fabricio Estrada


Cuando Cindy Jiménez Vera, poeta y editora puertorriqueña, me propuso editar una antología en lugar de un título nuevo (pensaba en 33 revoluciones para Rodríguez pero éste texto ganó antes el Premio Nacional Los Confines, en Honduras) la comprendí de inmediato. No es posible comenzar un diálogo en un nuevo ámbito intelectual sin antes crear las condiciones para ello, sobretodo cuando Puerto Rico necesita un desbloqueo en su auténtica condición colonial que le hace difícil una comunicación fluida con el pensamiento o creación latinoamericana. El año pasado Editorial Trabalis de las escritoras Zayra Taranto y Mayda Colón imprimieron y editaron una segunda edición de Houdini vuelve a casa, también aquí, en Puerto Rico (la primera edición fue en Honduras) y con ello "inauguraba", formalmente, mi presencia, más allá de la participación que tuve en el  7o. Festival Internacional de Poesía del 2015, y las expectativas mías fueron superadas al ver el fino trabajo que me pusieron en las manos.
Ahora, Editorial Aguadulce pone en circulación este bello objeto de palabras con todo lo que implica apostarle a la poesía en tiempos pos devastadores, y es esa resistencia implícita la que me llena de mucha alegría al ver ya realizado el tiraje inicial, porque en realidad creí que esto se pospondría hasta final del 2018 ya que Puerto Rico apenas se está levantando del paso del huracán María ocurrido el pasado septiembre.

La selección del nombre me causó mucha alegría ya que ese título es de un poema al que le tengo especial aprecio. Marcó, ese poema, una etapa de re-orientación estética y de ludismo asumido en lo que haría a partir del poemario que lo enmarcaba, Solares (2004), y resultó, en efecto, ser una bisagra de la cual afianzo la puerta de entrada a lo que hoy considero a la hora de abordar un texto, así que no pudo ser mejor. Pues que venga entonces Blake muere en París a causa de un paparazzo, y a ver, como le dije a Diego Mora, si al releerlo descubro a ciencia cierta si es el carro el que avanzó o si fue solo el paisaje.







Una entrevista a la dictadura en Honduras

De alguna manera, al ver a ebal dias en UNE TV (me encanta cometer el error ortográfico en personajes como el susodicho, disminuirlo), me recordó una cita sobre "la humildad" en la Historia de Heródoto: "La humildad no sale naturalmente de nuestra entidad de hombres; necesita de un recurso superior". Y para redondear su observación, el editor apuntala, en referencia a un personaje en la corte de Jerjes, en Aves, de Aristófanes: "se comporta como el Gran Rey, camina a grandes zancadas, y es el único, entre todos los pájaros, que se toca con una tiara". Un error ortográfico es digno de ser la tiara de un pájaro como ebal dias.

Este señor -por lo visto debe tener unos setenta años -porque habla y se comporta como pineda ponce teniendo unos 38- se le planta a Jorge Aldana quien no fue capaz de frenarle la construcción de su personaje histriónico, cosa que al final montó ante sus narices sin que Jorgito, tan bonachón, nunca pudiera desinflarlo. No es sensato invitar a un delincuente como ebal dias y permitirle seguir en la misma narrativa de la dictadura, permitirle una matriz de propaganda más.

En Honduras de extiende tanto el mascar el chicle que al final se olvida, por pura compulsión periodística, qué azúcar se buscaba.

martes, 9 de enero de 2018

Sin ceremonias - Fabricio Estrada



I
Sin ceremonias
vuelven todas las palomas
puestas en libertad por Noé.
Un escollo frente a la playa
divide
aquel mar que vi por primera vez
de este oleaje nada fugaz ni premonitorio.
Puestas mis manos sobre la arena
voy siguiendo la curva en esta orilla,
bajo hasta el Orinoco
y palpo el rastro de aquellos que vinieron saltando
en busca del jade.
Los mayas tuvieron noticias de ellos
y ellos de los mayas,
se buscaban tensando todo el arco antillano
obsequiándose islas o arrecifes,
señales para no perderse.
¿Qué traigo yo para un verde más verde?
¿La primera llama del monumento
al pirata desconocido?

Los cruceros-tan enormes-
marcan los nudos del tiempo.
Nos desplazamos en rumbos contrarios.
Borinquen deriva hacia el norte
y ellos hacia la nada.
¿Quién, si no soy yo,
es el que hunde las manos
como se hace en una canoa sin remos?

Un barco de estos cruzó mi pueblo
maniatado como delfín enfermo.
Aquí cruzan por todos lados
y rozan los costados de la isla por largas millas.
Hay quienes abandonan la nave y se sumergen
en ese viaje hacia la nada, van en otras mitades
y aprenden otras lenguas.

Pienso en calamares gigantes
¿Dónde encuentro
el que vi un día, monstruoso,
en las antiguas cartografías de Piri Reis?
Hay mapamundis que jamás ubican a Borinquen
pero el de Piri Reis
en pleno siglo XV sabía darle tierra a lo incierto,
la ubicaba,
sabía Piri Reis, desde su casa en Estambul,
cuánto espacio crean los tambores en medio del mar,
hacía los mapas según el eco
se confiaba a las imágenes de un delfín.

Un escollo divide
la ola mansa de la furiosa.

Las palomas son nuestras,
muy mías.
Son las que lanzo hacia esa nube en jirones

que tiene la forma de Honduras.
F.E.


(de Las Crónicas del Capitán Snorkel- Inédito)

viernes, 5 de enero de 2018

El trending de la filantropía y la solidaridad



La mass media va en busca de símbolos que simplifiquen la comunicación y reúnan todos los valores y satisfactores en el pensamiento colectivo. Bajo ese presupuesto el dolor también consume, la indignación reclama productos envasados o envasa. Un ser humano con todas sus contradicciones pero con capacidad sincrética es el oro más apatecido para la banalización de una lucha social, causa o representación del espíritu nacional que requiere ser mercadeada y escuchada pero que la mass media solo divulgará si contiene lo que es trending.
Trudeau, por ejemplo, el Primer Ministro canadiense y su versátil apariencia de neo-centro-izquierda Kent sin Barbie. Por otro lado Trump y su descarnado look de jefe coorporativo T-Rex. Eso del lado de la alienación en el primer mundo, pero en la izquierda snob o en la levantisca ola primaveral árabe y latinoamericana el merchandasing apuntará a Camila Vallejo, la líder estudiantil chilena y, en el medio oriente, a la rubia palestina Ahed Tamimi. Ya vimos el caso de las punk rusas Pussy Riot y del acicalado Dalai Lama Tenzin Giatso, y en Honduras, la reducción a "líder ambientalista" de la combativa Berta Cáceres. ¡Ostia! ¡y se me estaba quedando Iglesias de Podemos!

Cada una de estas figuras han sido mediatizadas indistintamente a la posición ideológica que representen -el Sub-Comandante Marcos me hace un guiño para que no lo olvide- y reducidas a paráfrasis publicitarias para carteles de moda o trofeos gráficos en camisetas o gorras de pasarelas, como sucedió con el mismísimo Ché, otrora todo un concepto de lucha a través de la imagen de Koda y ahora un ícono de la refrescante rebeldía posmoderna. Todo lo que la comunicación actual toca, incluida a la honesta lucha divulgadora, se transforma en códigos hedonistas que drenan gran parte del mensaje final. Nos llega a nosotros una pequeña brisa de lo que en principio tenía previsto derribar murallas, adula nuestro ojo deformado por el espectáculo y eleva a escenarios exóticos lo que antes fue presencia real y no exactamente simbolizadora de la psiquis consumista de filantropía -aquí Rigoberta Menchú hunde su dedo en mis costillas, con delicadeza, claro-, ese kit de la ética de emergencia que no incluye más actores que los simbolizados y enfocados por las cámaras.

En este orden de filtración comunicacional no valdrán cien asesinados por la represión de una dictadura o sistema neo-liberal, a lo sumo se podrá apostar por un arriesgado 43 de Ayotzinapa que con el tiempo se vuelve demasiado complicado de manejar a nivel de sensibilizador o satisfactor de marca (la marca de la solidaridad) así como lo fueron los 6 jesuitas y las dos ayudantes de la UCA salvadoreña en 1989, y no digamos los 900 asesinados de El Mozote. Esas cifras solo pueden ser sostenidas en la memoria de los pueblos vinculados de manera directa con la pérdida pero no así por la "conciencia universal", a menos que, desde esa pérdida, los pueblos hagan historia inevitable para los tomos de los académicos o que erijan por sí mismos las figuras incorruptibles de Romero, Mandela, Ghandi, Martí.

En Honduras, por ejemplo, los 38 asesinados de manera directa por la policía militar -entrenada por Israel- del dictador juan orlando hernández no son suficientes para crear símbolo doloroso o empatía filantrópica en la comunidad latinoamericana en conjunto. Con honrosas excepciones, la solidaridad actual hacia Honduras ha sido tan breve en la práctica de los muros de facebook quizá porque ningún lobby comunicacional ha producido el personaje trending. Pero sepámoslo, que una vez que se encuentre, tendrá que ser tan atractivo como los occidentales ojos del Sub y de Ahed. A menos que para evitar la iconografía banal decidamos inmolar al símbolo, como lo fue el bonzo tunecino que se prendió fuego ante el banco de su quiebra para iniciar así las llamadas primaveras árabes. Un rostro anónimo y calcinado sea quizá la ruptura del demoníaco trending.


F.E.

Lina Trujillo, poemas. Ilustraciones de Pedro Alcántara Herrán Martínez (Colombia)


Foto: Fabricio Estrada


La Mujer de la Veracruz

Por qué llegaste aquí
A apreciar los ojos de vidrio y las lágrimas de cristal de los forasteros?
Huiste del recuerdo de tu pasado
A sentarte a un lado de la Veracruz,
delirando en realidades,
Encendiendo una vela frente al altar.

Mírate al espejo,
Un montón de velas están prendidas por ti en el baldaquino,
Tú eres María, mujer,
Si tan solo creyeras en ti

Descubrirías la verdadera luz.


La noche de los sueños perdidos

Y pasó lo inocultable jamás
Y fue guardado
En ese espacio oscuro entre todos.

Al borde de lo oscuro,
no puedo ver si caeré en el agua o en un peñasco,
de tanto definir a qué lado del pecho se ponen la bandera del país
ya no sé quien soy.

La huida me ha resultado como un dulce placer
La lluvia mojaba mi cara y mis plantas se hundían en el frío lodazal.
Quisiera ser el licopodio que vive en el dintel,
No fue herido por nada después de aquella noche,
sigue intacto.

Salpicándome en sangre
La lluvia y yo somos igual de escandalosas
Cuando los cielos se nublan
Ella es agua y yo miedo:
Los tiros se confundieron con las gotas
Los truenos con las pipetas y granadas
Y el cuchillo de la cocina me coqueteaba.

Ellos pudieron haberme matado primero, lo sé
Me escondí bajo la cama, cerré la puerta y me maté.
¡Lo juro que me maté!

Se te olvidó, madre, cerrar bien la puerta,
Se te olvidaron los juguetes en el pasillo,
Los gritos de órdenes eran parecidos a los de dolor,
Mi muerte era lenta.

¿Por qué lo hicieron?
¿por qué?
Quiero entender tu dolor
¿tenías hambre?
Sí, sí por que te comiste mi comida y no sé por cuanto anduviste por el monte aguantando hambre quizás
¿Mataste a Robinson, mi amigo?
¿Mataste a tu gente, elegiste hacerlo?

Dime, que te escucho,
Dime, que me sanan tus palabras,
Dime, y te lo juro que seremos dos en uno,
Dime que me devuelves la vida,
Dime y te contaré qué ha sido de mí después,
No te pido más.

Libérame, que tengo la mente secuestrada en incertidumbre.
Sáname y devuélveme los sueños
Los que pudimos haber tenido aquella noche.




Despues de la toma, me escapé
hace años llegué a la urbe, llegué cansada, oliendo a leña, a ver más gris que verdor


A la urbe, por primera vez en mi vida,  para quedarme

y ya no se escuchan tanto los balazos tras las montañas
Y ya no se escuchan tanto los quejidos de los campesinos cuyas reces fueron robadas
Y ya no se escucha la masacre en las tomateras
Y ya no se escucha el trueno de la dinamita explotando en la torre de energía
Y ya no escucho a cada rato las campanas doblando en el parque
Y ya no escucho los animales rellenos de dinamita explotando al lado del comando

Y poco a poco me fui tranquilizando

Y al tirar pólvora en diciembre al principio quise esconderme bajo la cama
Pero cuando menos pensé me fui acostumbrando al ruido

Y así estamos, acostumbrados al ruido
Acostumbrados a un desastre de vez en cuando
A un miedo de vez en cuando
Y a la guerra de vez en cuando


Y grito con desespero: En la urbe las cosas no son iguales que en el campo!
no es de vez en cuando


Ahora, estamos tan tranquilos
pero igualmente preocupados sin hacer nada
mientras que los montes ruegan la paz a la urbe
la jungla ruega la paz a la urbe,
a la urbe que quiere la paz de vez en cuando


Porque no escucha el ruido de la torre de energía al estallar
porque no prueba el sabor de la comida cruda por causa de lo anterior
Porque ese tipo de cosas pasan algunas veces, en algunas partes, en lo poco que resta de monte
En la urbe en que no se iguala ni se sabe lo que es la guerra del campo


Y yo
Nunca me acostumbro al desdén, a la indiferencia,
al rencor a pesar de las vivencias y de los que a mi lado padecieron:
A mi mejor amigo, a su padre, a mi padre, a mis hermanos, a mi madre embarazada de mí y escondida bajo la cama acostada y acurrucada contra la esquina fría de la baldosa, a mi nacimiento prematuro, a mi abuela paterna y a mi abuelo paterno.


Acepto con humildad que lo humano es lo que soy,
pero me frustra tanto
temerle a mi especie todo el tiempo…
No seamos asesinos de nosotros mismos
No hay camino después de la guerra que satisfaga totalmente a las dos partes que la hacen

Solo espero que seamos capaces de escuchar
Sin ser tan hipócritas de solamente ir a suplicar por la paz en la iglesia
y  entrar  ignorando a un campesino que  sentado al  lado de la entrada
mira con extrañeza 
esperando que alguien se de cuenta de su existencia,
extrañando su tierra.


Volver

Los nísperos agradecidos
en áureos tonos
provocan salivación.

Las luces navideñas
nunca serán mas hermosas que las moras
que por montones recogíamos rojas,
Las comiamos con azúcar en medio de la neblina:

Se veían resaltar entre maleza y nubes
como un collar de perlas en el cuello de una mujer morena,
En la aurora,
Como estrellas en el cielo nocturno.

No, ya no
No son cascos de bala los que resaltan:
me saludan rojas, después de casi veinte años
 las testigas silvestres,
Guardianas espinadas,
 Las sobrevivientes:
las moras. 

Serie: La danza de la muerte, Pedro Alcántara Herrán Martínez. Museo de Antioquia, Medellín.






miércoles, 3 de enero de 2018

Desterrados - Délmer Membreño, Fotos, Honduras


El tema del desplazamiento interno y el despojo de la tierra en Honduras, captado magistralmente por el fotoperiodista Délmer Membreño. 

martes, 26 de diciembre de 2017

Tegucigalpa, cuatro esquinas - Fotos: Fabricio Estrada





Castelar - Rubén Izaguirre

CASTELAR
Adán no es el primer hombre
Fue José y era poeta.
Luego Dios los pegó
como se pegan los libros
de modo que ya no eran dos
sino uno
y le dio mujer, hijos y lectores,
lo hizo trabajador de la salud,
empleado público y comunista.
Caminó de La Ceiba hasta Moscú
Y viceversa.
Le hicieron homenajes las hojas,
Los arroyos y los parques
con gentes grises a las cinco de la tarde.
Esa es la verdad
Y la poesía, no miente.

Rubén Izaguirre.

Foto: Fabricio Estrada, 2009

José Adán Castelar en mi memoria

País de nadie, habitación de sueños.
Más que respuesta, pregunta.
J.A. Castelar


Era el final de la tarde de un diciembre de 1994. Viernes. Le escribí una carta al poeta Castelar y en ella un poema sobre los desaparecidos. Los restos del estudiante Nelson Mackey habían sido recuperados luego de dos años de su secuestro por la aún en funcionamiento maquinaria militar de los años 80. Le escribí con la enorme expectativa de escribirle a un grande vivo y la emoción era la misma de meses antes, cuando en el Taller de Poesía Casa Tomada, el poeta había asistido a darnos una charla sobre la poesía hondureña, gracias a la invitación que le hizo el también poeta y Maese José Luis Quesada.
En 1987 leí por primera vez un poema de Castelar. El profesor Vargas, que nos daba la materia de Español, reforzaba su cátedra en el colegio de Sabanagrande con nociones sobre Derechos Humanos y, entre los materiales que nos repartía en forma de boletines, venía un poema que me dio el campanazo interior para que, por igual, iniciara ya a buscar la vida. No era para menos entonces, que al escribirle y escucharlo a mis 20 años, mi alegría tuviera un enorme sentido reverencial por la memoria poética que me había llevado a estar ante él y su serena sabiduría.  El mismo que me respondió la carta era el mismo que nos repetía los nombres de la poesía en Paradiso, así como el sacerdote maya de Monterroso, Adancito repetía uno a uno los deslumbrantes versos que hicieron nuestro tiempo en una Honduras que adquiría en sus palabras dimensiones universales.

Me lo encontré en la calle la semana siguiente. "Poeta -le dije con suavidad-, le dejé una carta en Paradiso ¿se la entregaron?". Él me quedó viendo con una sonrisa enorme que luego se eclipsó."No, no -me respondió-, no me han dado nada; solo me llegó un poema que me mandó un señor de nombre Mauricio..." Soy yo, le dije, y él, luego de quedar unos segundos calibrando sus lentes ante aquel flaco y tímido que era, estalló en su proverbial risa de Li Po. "Caramba, ¡yo pensé que quien me escribía era alguien mayor! Sí, sí, leí tu poema y va a ser publicado el sábado en el periódico, buscalo y... ¡Tenemos que seguir hablando!". Vi cómo se iba por la acera que bordea el palacio episcopal, con una lentitud que luego entendí como su forma de relentizar el paso de las cosas más bellas y breves del día. Llegó el sábado, y ahí estaba el poema. Por primera vez era publicado, por primera vez miraba mis versos en letra impresa. "Limpien los huesos", ese era el título del texto y desde entonces, puedo afirmar que el poeta fue mi presentador oficial y quien, desde entonces, me dio toda su confianza.
Luego vinieron tantos viajes juntos al interior del país, en innumerables lecturas que nos dieron viaje, risas y canto en los busitos, en lobbys de hoteles, en mesas donde la dorada aura de la cerveza le hacían recordar que pudo ser cantante de ópera o un hondureño confundido por chino en la Plaza Roja de Moscú. "El misterio es lo mas importante en el poema -me decía-, escribir la palabra detrás de un espejo para que solo flote su fuerza y termine por quebrarlo"... Y yo regresaba alucinado por las calles ya rotas de Tegucigalpa, palpando las paredes donde se escribían versos de sus libros para que  nunca nos atreviéramos a compartir el crimen del silencio. Su honestidad era transparente y en verdad era algo bello verlo junto a la cofradía de Ezequiel Padilla, Rigoberto Paredes, Rafael Rivera, Juan Domingo Torres, todos ellos confiados a su memoria implacable  cuando un verso referencial se escapaba. Se dejaba escuchar su voz suave y todos callaban. Luego venía el brindis por los poetas Vincenzo Cardarelli, Giuseppe Ungaretti y Blanca Varela. Y claro, la aria de rigor elevándose en su voz, la repetición de su tantra: "qué maravilla Puccini, qué maravilla" y para finalizar Mayakovski.

Lo conocí en el transcurso de 22 años y estuve en casi todas sus lecturas, asimilando su dolor por Honduras. Hace unos 9 días, Martita, su hija, de quien fui compañero laboral en el Ministerio de Cultura, me escribió para decirme que el poeta había escrito un texto contra la dictadura de joh, pero que iba firmado con el seudónimo que acostumbraba a usar cuando en los 70 y ochentas las cosas se ponían de cuidado. Protesilao se revolvía de nuevo contra el asco sin fin. Le dije a Marta que lo publicáramos en Facebook con su nombre real, ella le preguntó al poeta y le respondió que sí, que lo hiciera. Luego la llamada que intentó Martita a mi teléfono se cortó. "Mi papá quería hablar con vos", me dijo. Y solo yo sé, lo que maldigo ahora las fallas de comunicación que quedaron en Puerto Rico luego de María. No lo pude escuchar y reír con él la última vez. No pude decirle cuánto lo he querido y cuánto lo he extrañado, cuánto compromiso nos dio a tantos y cómo respeto cada palabra que escribo una vez que siempre está presente, vivo, absolutamente él, pájaro que entra en cada fondo, como una mano al río. Un río que no será nunca el Leteo.

José Adán Castelar (La Ceiba, 1941-2017), nos deja un legado poético con una estatura invencible. La estatura de la dignidad que no deja de ser hasta el último destello.
Foto: Fabricio Estrada, 2008






sábado, 23 de diciembre de 2017

El día en que aprendamos


Nasralla, reconversión

Y hay quien se atreve a creer que el mayor deseo de uno es ver incendiada a Honduras.

¡No ven acaso que Honduras está calcinada en sus cimientos! 

Nasralla, que por fin encuentra los argumentos que esperaba escuchar de manera clara de parte de sus colonizadores culturales, por fin se separa de la Alianza de Oposición contra la Dictadura y, en el clásico juego de metástasis que aplica el Departamento de Estado, afirma que ahora la lucha será bajo el nombre de Convergencia contra la Dictadura. Sí, claro, de la misma forma que en junio del 2015 estábamos a punto de sacar a joh al exigir una CICIH y ser superados por el juego de manos de una MACCIH, todo en el mismo marco de Diálogo Nacional, un monólogo bufo que fue vendido y consolidado, con la ayuda, también, de la ingenuidad política de algunos indignados.
Ahí está ahora el curso de las cosas pero no de la historia. Es obvio el golpe anímico, pero no es suficiente para romper el hilo dialéctico con que el pueblo ha venido tejiendo su entramado social, una manta mucho más amplia ahora que será difícil de romper. 

Así el momento, nasrralla se convierte en un represor más de la voluntad popular y niega la victoria que la Alianza le dio, porque victoria es haber conquistado un sitial en el ánimo popular y, por ende, la derrota es negar ese ánimo popular. 



miércoles, 20 de diciembre de 2017

Alianza de Oposición contra la Dictadura, carta abierta a los militares


Los ociosos del fraude en Honduras

Un día antes de las elecciones, escuché a un pasajero de taxi en Tegucigalpa diciendo que eran los políticos los que estaban ansiosos ante las horas que restaban para la apertura de las urnas. ´Yo estoy tranquilo, a mi los políticos no me dan de comer". Lo clásico. Thortein Veblen, en su Teoría de la Clase Ociosa, ubica a los sacerdocios y guerreros como la fase primitiva de los mantenidos por los artesanos y campesinos. "Sus ocupaciones no industriales -así las define- de las clases altas pueden ser comprendidas, en términos generales, bajo los epígrafes de gobierno, guerra, prácticas religiosas y deportes... el trabajo manual, la industria, todo lo que tenga relación con la tarea cotidiana de conseguir medios de vida es ocupación exclusiva de la clase inferior", es decir -agrego yo- permanecen siempre en espera de ser alimentados y enriquecidos. Sabemos que el alto empresariado entró de lleno desde los años 90 en el juego de las candidaturas políticas y que los altos jerarcas militares hondureños crearon sus propios bancos amparados en la "re-estructuración del Estado" que Rafael Leonardo Callejas (sí, el preso por corrupción de la FIFA y no por su latrocinio en Honduras) llevó a cabo por medio de una privatización voraz; pero ¿los soldados? Pues los soldados, al igual que ese pasajero de taxi al que ningún político le da de comer, le dan de comer -efectivamente- al coronel, al mayor, al general... y de paso le cuidan el negocio a los más ociosos: el COHEP. Creo que ese pasajero no sabía para quién trabaja, así como el soldado no se da cuenta para quién dispara.