viernes, 13 de abril de 2018

Fernanda Martínez Varela, Chile - La Sagrada Familia (extracto)



Foto: Fabricio Estrada



Hay dos lados de la cama le dije
Entonces dormiremos en la parte oscura sugirió






Bajo líneas sospechaba el desmorono La grasa de las ollas caía en la pared Goteaban de los cuadros comedores donde había otros cuadros con sus comensales a la vez cayendo en nuestro comedor Bajo líneas recogía las tiras de músculo roto Decía hacen falta corchetes Decía ponte a cantar






Y a veces decía qué bestia más bruta es si se columpia en el cordón umbilical O salta la cuerda vertiginosamente un ecuestre parece este animal si en vez de llorar relincha Como si tuviese fiebre las uñas se atrofia abriendo la nuez Tenía pupilas rotas Abriendo la única nuez     






Entonces se hurga si tiene una bestia en su vientre mis piernas sus pies o cabeza dice una bestia habrá que matar La tuve en mis brazos y era una niña escribe la niña de tripas más bellas con formas de nubes era exagera! El ave yo he dado a luz en cuclillas con alas pringosas de hollín Allí carolín con la boca tapada iba Tosiendo retazos de lengua temía dijese las tripas me enredan el pelo Pues quiero ser madre y no es justo si sale una bestia del vientre Quizás deliré





Cientos de cielos he visto a un sólo suelo caer Sé que hay aves con caras derruidas Hay aves que no respiran Dime si ves la nariz No Sentía algo raro cayéndoseme Me tocaba a cada rato la cabeza El suelo crujió El ave es pensé qué buenas nuevas no le oigo Tiene labios colores ciruela Como el cristo de carne en la pared






A la una a las dos a las tres momia no digas que dura me aprieta la mano Hace rato no escucho su llanto por más estrujo en su rostro limón No he imaginado ella o la niña que chúcara puja moliéndose las rodillas parece Con las astillas muñeco vudú A la una a las dos dije amor es la forma que tengo usurera De roerle huesos si quiero besar Lámparas lloran por cosas terribles anoche pasaron Te dije son sólo objetos sensibles! Decía hay arañas tejiéndole trémulas escaleras por las cuencas de caracol






Cuántas colas ves? Yo diría ocho Tengo una leve confusión Acaso es? qué fácil raja la piel entre las costillas Será que orugas tiene en la nariz Me dijo mira no abras las ventanas peores ratas entrarán Pero de qué especie son las dos colas de allá? Jugando están con un ojo Con un diente Un pedazo de pelo y menjunje






Son las cuatro y media y hace días que los párpados no cierra Dentro tengo montañas de rodillas cayéndose aún Si me cantas cuando meces la canción vueltas doy en tumbos voy de tumba en tumba Voy del cólera rodando cresta abajo Y de vez en cuando rótulas me hacen trampolín Saltar al aire darme torpes volteretas un tumbo voy de tumba en tumba un tumbo voy desperdigándome en espigas La cadera en la maleza esa era la manera de los pájaros caer?





Pero caer dónde está Acá siento como arañas sus jadeos chorrear por mi espalda Mueve sus pestañas con bríos que sólo en los ojos le he visto al hartazgo Es que cientos de años barro son el vano modo de los años luz Mira por debajo de la cama Se burla de tu forma tonta de mirar pero qué costras tose dijo por dios no toques ahí precisamente





Acá abajo no distingo si se arrastra un cuerpo torpe o mece endeble su osamenta tropezando con sus óseos perdigones o son cientos roedores que se ríen masticando con ansía las pupilas que a la vez son perdigones qué fijas aún te miran






Entonces los ojos puse en el suelo No era atrición Seguía rezando    Los ojos tendían de elásticos de allá para arriba y de arriba hacia abajo La vista en las tablas del suelo clavé y de abajo hacia arriba entre vigas veía Otros con hilos gruesos de tejer chancho O remendar bestias pensé






Entre tablas veo ovillos de pelo
Cuida donde pisas el sol se apaga en los pies Es la forma en que mira  el veloz pestañeo la ajada mirada le escuecen los hilos parece es alérgica al alfiler No Arrancaste la lengua No Quiero pensar por qué mira al costado emite un relincho agreste o graznido Como si amamantara  un ecuestre tres veces relincha con voz animal Veo a carolín por tus ojos No Hables de gusanos que por las orejas se acopian los bichos son como tapón si musita                  Las costillas siento llenas de larvas Huevos de gusanos que crecerán gordos Parirán larvas que crecerán gordas Y estarán todas mamando mis tetas Secas Lactas La tierra    con sangre como la lluvia que riega las tumbas        Dice aquí carolín    Mis huesos copulan con huesos las piedras copulan con piedras Ninguna piedra tiene corazón de piedra Si abren la boca de tierra se llenan ni el río las oye No oigo dice carolín      Nada más si andas y curvas las tablas me crujen los huesos del hombro otra vez  






en las horas viscosas de la tarde Cuando la grasa de las ollas llenó nuestros huecos Me decías cosas Esperando agua hirviera si bien las pupilas cocidas estaban Indagabas formas En los platos que las horas quebraron al caerse






Entre líneas te sacabas la cabeza cada cierto rato me pedías grapas Sobre líneas escribí la soledad es lo que ocurre con el paso de la edad O algo tiene con el sol que ver Te decía me haces mucha falta aún no sabes cuánto es mucha falta aún!





Hay dos lados de la cama decías
El lado donde sudas lo que ayer yo no te hice
en el otro lado de la cama







Fernanda Martínez Varela (Chile, 1991). Socióloga y escritora, publica su primer libro Ángulos divergentes a los 15 años. Ha recibido los premios Roberto Bolaño, Concurso Literario UC y Premio Municipal Juegos Literarios Gabriela Mistral. Ha participado en festivales en México, Bolivia, Puerto Rico y República Dominica. Sus textos aparecen en Otro Lunes (España), Puño y letra (Bolivia), Maestra Vida (Perú), St. Paul´s (Barcelona), Círculo de poesía (México) y en Halo, 19 poetas chilenos nacidos en los noventa (Chile). En 2015, publica La sagrada familia (Libros del perro negro), en 2016 recibe la beca de la Fundación Pablo Neruda y en 2017 obtiene la beca de creación literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Actualmente, cursa un MFA in Creative Writing in Spanish in New York University y mantiene el libro inédito El génesis.

Denisse Español - República Dominicana


Foto: Fabricio Estrada


Dobladita como una hoja (Cartemas)

Era el tiempo de partir.

Tomé la isla y la doblé en varias partes, dobladita como una hoja. La entré en el bolsillo, el que está encima del corazón. Tuve miedo de que descubrieran mi acción en aduanas, pero la operación resultó ser un éxito.

Ya estoy en casa.

Saco la isla del bolsillo, la despliego en los lugares del recuerdo, como un mantel. La primera vez noté que traje también rostros distintos. Cada uno con el peso adecuado: Francisco aún no ha podido sonreír, a Gustavo le salen las palabras desnudas del bigote, Ely continúa tapando los agujeros de su lengua con abrazos.

Ayer tendí su sábana espesa sobre el jardín. Quiero abrirla en cada lugar. Estoy en casa, me repito, repleta de palabras que me persiguen en una histeria mansa.
Pienso en saltar desde una montaña que se recrea en el manto, caer en mi tierra, resembrarme, para que crezcan de nuevo raíces. Luego decido que no es justo. Estos son mis recuerdos, mis caídas, mis caras, moldeando a la nueva mujer que se teje sobre el tiempo.

Cuando no puedo más, cuando el dolorcito inicia de nuevo su giro de agua, recojo el lienzo. Digo los nombres para guardarlos, Linda se come una flor, Giancarlo recoge los dinosaurios, Alejandro la lluvia.  Otros, como Roberto, se toman de un tirón el vino que queda en la copa y sonríen al despedirse ¡Salud! Hasta la próxima, susurro, queriendo decir todos los días y cada minuto.





Carta II (Cartemas)

Quise salvaguardar la despedida dentro de un abrazo (porque los abrazos son las máquinas indicadas para detener el tiempo), olvidar los pasos que compusieron el destino hacia el adiós.
Pude descoser tu imagen de mis ojos, cada hueco con la ausencia de tus hilos, pero decidí mejor clavarte en mi niña, sumarte a la colección de amores que sanan con el tiempo.
¿Cuáles fuerzas nos tiran sobre la palabra amigos?
¿Cuántos amigos cabrán en mí?

Es imposible sostener el peso de todos los nombres que se incrustan en la casa de huesos, continuar nadando por los océanos de las bienvenidas y las despedidas que me visitan a modo de látigos. Morirá la piel dentro del ritmo de los encuentros, los festivales de la poesía como excusa para conocernos, sabiendo de antemano que otro pozo nacerá.
No quiero el castigo, extraviar las presencias cuando sean ya visiones... Por eso pensé, torpemente, que llevarte dentro de un abrazo sería la solución para abandonar sanamente la tierra del adiós.




Carta III (Cartemas)

A mi regreso tomo la poesía, florecida, recién pulida, la guardo en un saco y dentro de un cajón. Trato de no mencionarla cuando salgo a la calle, me como las ansias de que vaya flotante a mi lado.

Algunos preguntan por ella, yo, la callo con el más potente engrudo de labios, pero ellos la halan por sus delicados brazos. La vuelvo a entrar en su saco de plumas perfectas, disimulando.

Mientras avanza la noche, la solicitan testarudos, desorganizando su tenue cabellera, su moño recién hecho de flores amarillas. Y así, continuamos sobre el tiempo derribando estrellas, callándola, gritándola, descomponiendo las palabras.

A la hora de marcharme recojo la poesía del suelo. Mi poesía entiende que estas cosas suceden y no reprocha. Al llegar a casa la baño con las mieles de sanación que ella misma me regala, pongo curitas en sus heridas, en las mías, intentamos dormir en el bullicio del recuerdo.

Ella no logra cerrar sus ojos luminosos, ahora es un faro que atraviesa el tejado. Mínimamente tranquila rompe la penumbra con su mirada abierta, inmóvil, entre mi cuerpo y la dulce respiración de mi compañero.




Cartema a mi padre

Papá, es lamentable que no tengas Facebook. Pudieras ver lo mucho que te recuerdan por allí, especialmente cada 3 de mayo cuando tu nombre multiplica los deseos de llorar.
Las redes sociales y ellos, con sus extensas cartas, tu foto, tu sonrisa. Las redes sociales y yo.
También hablaron de ti en Instagram, con un megáfono escrito donde las letras son punzadas. Buscan consuelo, imagino, también lo ansío. Tal vez sea yo la equivocada y deba hacer el cambio hacia el escándalo, llevar de paseo mis lágrimas, mendigar abrazos y likes.
Como ves, estos días llegan solo por sus gritos y aunque trato de olvidarte casi a diario el pálido aguacero de tu recuerdo contorsiona los objetos derritiendo sus verdades. Si encontrara el antídoto para el peso de tu inexistencia ¿habría tomado la cucharada amarga?
Sé que es tonto tratar de comunicarte lo que siento sabiendo que solo el silencio se vestirá de respuestas. Pero a pesar de ello quisiera decirte algunas cosas que te harían llorar de la risa, hacer una cita, sentarme en tu escritorio y recordarte que debes pensar un poco más en ti.
Insólito que el cielo esté tan atrasado en tecnología.



Cartema a Julio (cartemas)

Querido Julio, he perdido el corazón.
Usualmente lo ataba a mi pecho con los hilos de la concordia y la costumbre. Así logré amaestrarlo, forjarlo como ciudadano modelo de los terrenos de mi cuerpo.

Fui poco a poco, sentándolo en la escuela del sosiego, retirando primero los cuchillos, para obtener su confianza. Luego, quité también toda la luz que lo hacía vibrar, evitar así sobresaltos innecesarios.

No recibí nunca una queja formal.

Tuve sospechas de que mi método de escasez fuese amenazante para corazones indomables, pero el mío no parecía serlo. Confiada abrí las bardas. Entonces llegaron los nimbos a llenar mis ojos y pasó con toda su velocidad el filo de la carretera… Ahora el corazón se ha perdido.

Dicen que lo vieron sostenido del viento, con plumas labradas a la medida. Dicen que iba sonriente con la fibra de un párvulo artilugio.



(De una casa en la palma de tu mano)

Hablemos un poco de soledad

Esta afonía inunda cavidades
este buscar y perderse en el tumulto,
mi cuerpo junto al tuyo.

Soledad de locos,
pandemia de lágrimas,
bocas cerradas regresan por vértebras ajenas
desesperando los hogares del alma.

Un desterrado tú
y un lejanísimo yo
suman un terreno vacío,
hueco excavado
para encontrar de nuevo y otra vez
un silencio vivo.

Secos yacen,
los «árboles azules»
de mi cabeza.




Fuera del lugar irremediable
Mi cuerpo, lugar irremediable
MICHEL FOUCAULT

No sé quién soy,
desconozco a la mujer que habita
este lugar irremediable,
ciudad fragmentada ante mis ojos.

¿Quién habla desde el espejo?
¿Quién vigila al otro lado?

Si solo veo un par de manos que escriben mis dudas,
unas piernas cruzadas sobre el sillón,
pedazos de un ente difuso,
fisonomía inadvertida en el tiempo.

¿Quién me ocupa?
¿Quién muerde mis uñas?
¿Quién llora en las cavernas?

La mente está vacía,
la silueta habitual se confunde,
permanezco lejos,
guarecida en las afueras del templo.

¿Dónde se esconde la mujer
que respondía por mi nombre?



Cosechas

Los ladrillos del silencio sembrados en el jardín florecen
de nuevo.

Los cosechamos en temporada y permiten construir
la pared que nos separa. Trabajamos en ella, sin dejar
pasar ni un día. Nos vemos de frente y sonreímos educados,
retirándonos después de la faena, a los mundos paralelos
que llevamos con maestría, territorios de egoísmos.

En mi hemisferio desgarro el deseo. Me baño en el lago
del recuerdo, levanto la tierra del fondo. Mis cabellos forman
islas que añoran tus ojos, raíces en busca de respuestas.

Te veo del otro lado y me pregunto si tendrás un lago
parecido al mío, donde pudiéramos reencontrarnos o
por lo menos soñar ahogados lo que un día dijimos sería
la vida.




Madres
(Poema para el grito de Mujer 2018)

Con la piedra del deber
despedazo el caparazón multicolor de mi hija.
Al verla en el suelo,
siento al animal lamer mis heridas.

¿Quién nos enseñó tan magistralmente
a estar solas?

Espero cada día no ser como mi madre,
caminar en contra del dolor y la culpa
pero soy ella incluso en las llagas.
Sin ser llamada yaces, madre, asilada en mi espejo,
precedida por abuela
y por ese recorrer infinito de mujeres con mi sangre.
Cuando golpeo sus murmullos
parpadea mi silueta.

Todas mis madres duermen
en una letanía heredada
de vientre en vientre
hasta el arribo de mi rostro, único y colectivo
superpuesto de las lágrimas y de sexo
desnudez primera de mi esencia.

El peso de mi género es una mordaza.
Dos pechos descolgados por los siglos
nacidos para coserme la boca
para recordarme que somos mejores en silencio
que somos el desierto más fértil de la tierra.





llorar contrapuesto
llorar sostenido, sistemático
dejarse halar por las contracciones
hasta el punto preciso del dolor.
Excavar profundamente
llegar hasta las venas
deslizarme en su corriente de latidos
oscuridad de mi propia sangre.
Nadar de ida por nuestros lagos
y de vuelta hasta uno mismo
por las lágrimas.
Llorar como una lluvia
como una risa compuesta de una vida.
Lavarse
sacar del fondo la imagen
la sonrisa.




Denisse Español
Nace el 3 de agosto del 1975 en República Dominicana. Arquitecta y escritora (poesía, ensayos, relatos). Ha cursado las maestrías Arquitectura crítica y proyecto (Universidad Politécnica de Cataluña) y Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Barcelona). Autora del poemario “Mañana es Ningún día” (2013) y “Una casa en la palma de tu mano” (2016), con la editorial Mediaisla y una versión centroamericana del mismo gestionada por el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica 2016, también de los cuadernillos “No conozco el cartero” (2016) y “Cartemas” (2018) de la colección Playa Sucia editados por el proyecto editorial La Chifurnia. Responsable del Rincón Cultural de la revista Zona Este del Listín Diario. Fundadora del grupo literario-multidisciplinario Café de Artistas de Punta Cana y organizadora del recital poético anual de la misma localidad. Su obra ha sido galardonada tanto en su país como internacionalmente. Ha sido invitada a diversos festivales internacionales de Poesía.

martes, 3 de abril de 2018

Puerto Rico: La sensibilidad cotidiana en la isla

He visto con reiteración -y detenimiento- algo muy singular dentro de la urbanidad de Puerto Rico, sobretodo en el área metro. Es el caso del trato al indigente. El indigente en la isla tiene derecho a entrar y consumir en todos los establecimientos de venta pública sin ser echado por guardias de seguridad. Eso incluye restaurantes de comida rápida, cines, áreas del tren, supermercados y otros. Si el o la indigente tiene el dinero para comprar hace fila sin ser molestado ni violentado en su derecho, un trato años luz de diferencia a lo que sucede en la gran mayoría de países de Latinoamérica. En Honduras ni siquiera se les permite asomarse a las puertas de los supermercados o tiendas en busca de sombra para resguardarse del sol o la lluvia cuando ya está llegando el guardia y, de manera violenta la mayoría de las veces, procede a la expulsión.

Aquí he estado haciendo fila junto a mendigos en los Wal Mart, he visto cómo entran a las comidas rápidas para comprarse combos económicos, me he quedado de una pieza al saberlos libres de circular en los mall mientras miran las vitrinas. Por supuesto que las enormes contradicciones que veo de fondo son más que suficientes para hacer un ensayo sobre el consumismo vs. marginación social, pero el detalle que resalto es esa convención social boricua que permite la presencia de la desventura sin proceder a negarla o cerrarle el paso con la brutalidad a la que estamos acostumbrados en Honduras. Eso me da una idea del carácter que ostenta esta sociedad tan tensionada por el colonialismo y que sin embargo mantiene una enorme reserva de solidaridad para lo cotidiano.

Las dos fotos corresponden a la tarde de hoy, en una sala de cine de San Juan. La señora entró porque tenía el dinero y quería comprar palomitas. Se las vendieron y sin más buscó donde sentarse. Para mi sorpresa, vació la bolsa de palomitas sobre la mesa y comenzó a comerlas una por una, despaciosamente, mientras murmuraba algo para sí misma. Nadie la molestó mientras lo hacía.

Fotos: Fabricio Estrada


sábado, 31 de marzo de 2018

Arecibo, Puerto Rico, en Semana Santa - Fotos: Fabricio Estrada


Debo decir que me causó una buenísima sorpresa saber que en Puerto Rico se realizaba un Santo Entierro de este nivel. La comunidad católica de Arecibo hace un gran esfuerzo por mostrar unas Estampas Vivientes (en Honduras les llamamos Cuadros Vivos) de gran calidad en el vestuario, aproximándose lo más que pueden al detalle histórico y, sobretodo, al sentido místico y gravedad que exige la fe. Otra de las motivaciones de haber asistido a la procesión fue la cruda representación del Cristo muerto. Los organizadores han decidido hacerlo a la manera de Mel Gibbson, con todas las heridas de la flagelación y crucificción expuestas sin ocultamientos. El maquillaje en realidad es muy bueno aunque no pudimos asistir al "traslado del cuerpo a la tumba" debido a la gran cantidad de gente que asistió a la iglesia. Espero que se pueda el próximo año.
No puedo dejar pasar el registro sin algunas observaciones sobre los uniformes de los soldados romanos, yerros comprensibles pero que se podrían mejorar con un pequeño esfuerzo más por alcanzar un nivel más alto del que ya se tiene, aunque la exigencia venga de un obseso como yo, incansable lector del mundo romano, así que lo que señalo a continuación solo debe servir para ayudar a desmitificar lo que Hollywood impone como historia (a excepción de La Pasión, de Gibbson, que se cuida de presentar el vestuario bajo asesoría de historiadores militares puntillosos):

1- Los soldados de Arecibo son casi todos centuriones (tocado de crin transversal sobre el casco). Una escolta de este tipo llevaba solo un Primus Pillum a cargo.

2- El escudo sugiere que la escolta forma parte de una Legión Pretoriana (alas de águila cruzadas por rayos en el scutto), sin embargo los escudos eran rectangulares. Los puntiagudos aparecieron hasta el fin del imperio, en el S. V. d.C.

3- ¡Los cascos están muy pero muy bien! Solo la posición de las crines ornamentales denota los fallos que señalo anteriormente. Han elegido bien la época: S. II d.C., una distancia temporal aceptable donde no ocurrieron demasiados cambios en la manufactura.

4- Las armaduras están erradas. Las que llevan en las fotos bien podrían acercarse a las que cubrían a los Tribunos (altos oficiales) pero no a los soldados que se cubrían con una Loriga segmentata, armadura en placas móviles similar a la que utilizan los jugadores de fútbol americano para los hombros.

5- Las pilum (lanzas) no eran del tipo que llevan estos actores de Arecibo. Las mostradas en la representación son picas renacentistas (S. XVI d.C.)

6- Las caligae (sandalias o botas militares) eran entrelazadas.





El Drácula que estuvo en mi colección

Tuve el póster de Drácula (el film de Coppola) durante años en el cuarto de mi adolescencia. En esos años coleccionaba póster de películas junto a Roberto Irías, con quien también coleccionábamos latas de cerveza de todo el mundo. Llegué a tener una buena y selecta colección en casa. Seleccionaba cuatro y los ponía en las paredes de mi cuarto. Ahí estaba Unforgiven (Eastwood), Faraway, So close (Wenders), Empire of the sun (Spielberg), 2001, a Space odissey (Kubrick), Modern times (Chaplin), The last emperor (Bertolucci) y otros más. Soñaba con tener una casa más grande para enmarcarlos y colgarlos de las paredes, pero era Drácula el que más cuidaba y el que más se mantuvo no solo en la pared sino que también en mis oídos: conseguí la banda sonora de la película y pasaba horas escuchando los tenebrosos coros en un afán de seguir viendo la película a través de las cadencias.


He encontrado este línk sobre cómo fue el diseño del vestuario de Drácula (1992) encargado a Eiko Ishioka y me ha devuelto aquel asombro por esta pieza maestra. Es digna de recordar:

http://igbureta.wixsite.com/didactica2/blank-uxcb5


jueves, 29 de marzo de 2018