lunes, 18 de septiembre de 2017

María aparece

Cuando todo se mostraba sereno y la chanza había ocupado el espacio noticioso y los memes en las redes sociales (falta de luz en muchísimos hogares, aún, luego de dos semanas desde Irma), aparece en los radares el huracán María listo para embestir a las Antillas menores y Puerto Rico.
En este momento ya está sobre Martinica y se espera que para el miércoles atraviese transversalmente la isla. La conferencia de prensa del gobernador Roselló (a quien le ha venido a dar personalidad los dos acosos de la naturaleza) fue enfática: esto se presenta como catastrófico en sus consecuencias, si no quieren morir salgan de las zonas inundables... palabras mayores que caen en un silencio muy marcado, muy diferente a lo provocado en el ánimo colectivo por Irma.



Luego de que todos en PR atestiguaran la obsoleta red de transmisión de energía eléctrica, pues simplemente se esperan por delante semanas y semanas sin luz en muchos lugares. La banda sonora de San Juan es el de las moto-sierras cortando ramas o árboles completos y cuadrillas de empleados de la Estatal de Energía revisando los postes. Me he levantado temprano a poner las tormenteras y a grabar en mi memoria los patios y casas que se ven desde este octavo piso. Las tejas no aguantarán a María -pienso. Ni esa frondosidad tan hermosa que cubre esta parte de Santurce. Al fondo, el mar es de un turquesa exultante. Ayer hasta un arco-iris creó su parábola. Bromas pesadas, me digo, puras bromas.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Sebastián Arce - Costa Rica

Foto: Fabricio Estrada


Nocturnos en la sangre
I
¿Por qué he comenzado a darle fulgor a las cosas, aun en la oscuridad? Un hilo de imperdonable desilusión me guía. Presiento la textura del vacío y reconozco el vértigo.
Dejé casa y calor por esa ausente pieza del rompecabezas que alguna vez olfateó mi rebeldía. Rellenar espacios en medio de la miseria, emplear estratagemas para burlar la incertidumbre. Y siempre saber que me detengo, compuesto de noche hasta los zapatos, para abonar con extrañeza los silencios, mirar con enfado las siluetas de la caverna.
Y saber que las sombras, por más banales, arrastran y hunden al viajero más determinado.

II

El río de la piel ha perdido su textura de sangre. En su corriente desfilan cadáveres enemigos, vacíos del cuerpo y el ser. Aquellos rostros me interrogaban desde un más allá que pocos toleramos. La luz se desvanece, y no es por terror que bajo esta sombra de incertidumbre taladro mis palabras. Solo presentir la muerte, negar toda dispersión.

III

La muerte sobrevendrá cuando ya no tenga nada que decir. Las hojas permanecerán quietas, como un niño que jugara a hacerse el muerto frente a los ojos de sus padres. Aún en el silencio, las palabras cuelgan de la noche y sobre ella monto como reproduciendo una postura primitiva. No basta mi convicción, la muerte juega al escondite, cuelga retratos amados para herirme de luto, escala y hace crujir el techo de mi esperanza como un tigre.
Todo se consume, pero no existen cenizas a no ser que las arrojemos en el camino.
Romper el silencio, proclamar la vida en esta tinta-sangre. Escapar del vendaval por luminosas puertas de emergencia que pintamos en la desesperación.



Golpes. Los ecos vienen a esta casa, buen amigo, el estruendo de botas y brutales remordimientos. Voces enterradas, vidas emparedadas como en un cuento de Poe. Existencias tiroteadas, secuestradas, masacradas. La vida permanece, y somos sus habitantes los que quisiéramos recordar hasta donde alcanza un cigarrillo y un libro, hasta dónde es burdel o monasterio esta casa. Quisiéramos –tan simples somos– que llegaran risas como puentes hacia otros tiempos.
Nos queda este presente que aísla, esta rutinaria indiferencia, buenos días que no se dan y el pan cuadrado que engullimos como quien pone mute al mundo. Está el internet, persiste la voz de la madre y el silencio de la sangre, está el espacio y el eco que nos viene de afuera, buen amigo, como viento de huracanes, como lluvias ácidas, y los meteoros del siglo que son las balas, nos vienen como voces y luces de sirenas, como redadas, como señales que nos avisan que el mundo late y le teme a la muerte y aun así se aferra hasta sangrar.

Los ecos nos vienen a inyectar vida. Adentro, adentro solo amordazamos escombros y urgimos callar, boicotear que el mundo sea un lazo de amor y de sombras porque el dolor se comparte y es más filosa su espina. La peor de las soledades, mi lejano amigo, es que no vengan esas voces aunque violentas, aunque viscerales, no sentirlas es aceptar que murieron los nervios, que solo somos un alma ciega, un alma que ahogándose en tierra patalea y se asfixia, un pez tan biutiful que se aplasta en su propia belleza, en esos golpes de estado que de doler, ni sentimos.  

Variaciones de un necio
¿Será que la necedad nació
conmigo contigo?
Silvio Rodríguez y yo

Mantendremos
el contacto,
chatearemos
furtivamente
y postearemos
memes
como gráficas
novelas
de este amor por red.

Será solo
una fachada
porque menguará
la roja luna
de nuestra sed
y ya no seremos
para el otro
piel de oasis.

Partirás,
sembrarás
travesuras,
multiplicarás
el deseo
en las pieles
que te suden
encima.

Colgarás
mis recuerdos
como prendas
en el fondo
de un armario,
sacarás
de tus poros
el aroma
que de mí
guarde
tu cuerpo.

¿Olvidarás
que fui
ballena blanca
en tus adentros?

¿Olvidarás
la necedad
de coger
sin poner
precio?
¿Amor
sin bajas
sin heridas
sin remedios?

Aún
te
recorro
y circulo
tu culo
tus pechos
tu cuello
tu boca
tu lengua
tu oreja
tu pelo
tus dedos
afilados felinos
aún en mi espalda.

¿Será
que tu locura
está de moda
y solo queda
venirme
en charcos
salvajes,
correrme
en tus caderas,
ya no ser
para ser
y perder
la conciencia,
jugo
de animal
de roca
vertida,
agua
que
te
canta
e implora
ahora?!!

¿Dónde irás
cuando
acabe
el poema
y ya no estén
mis nervios
tensos
de escribir
y olvidar?

¿Dónde
vivirá
el fuego
si incluso
la ceniza
se vuela
y no hay
más
aliento
contra
aliento
vidas
que gotean
y se vienen
juntas
desde la mismísima
muerte?


Sebastián Arce Oses
Heredia. Costa Rica. 1986
Poeta, narrador, ensayista, crítico literario,  profesor universitario y gestor cultural. Colaborador del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Miembro fundador de la Asociación Cultural Tangente.
Observador de lo que debe y lo que no. Lo verás transitando de aquí para allá, sin importar el motivo o la frontera. Se dice que asistió al Taller Literario Netzahualcóyotl y al Taller Litarsis; al Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango, Guatemala, y al de la Habana, Cuba.
Ha publicado los poemarios Emigrar hacia la Nada, Ediciones Espiral (2010) y Variantes de una herida, Editorial Nuevas Perspectivas (2017). Cuelga escritos en el blog de poesía hechosydeshechos.blogspot.com y de narrativa borradordememoria.blogspot.com. Correo electrónico: sebasarce86@gmail.com   

miércoles, 13 de septiembre de 2017

It



De algo se debe escribir con seriedad cuando se aborda el cine: del cine B. Es el que forma carácter colectivo y el que simboliza la auténtica realidad. Después de haber ido a ver It en su versión millenial pude advertir algo de Stephen King (a quien leí profusamente en mi adolescencia): lo que llena de espanto sus novelas es la simple transcripción de los demonios colectivos en la psiquis estadounidense.

Uno de ellos es el bulling. No hay películas de cine B donde no se muestren ámbitos escolares llenos de esa plaga. El otro es el abuso sexual intra-familiar, algo que Stephen King ahonda con frío escalpelo en muchas de sus novelas donde ese lastre anímico es el que conduce al psicópata o ente. Pero sobretodo, lo que gravita siempre en esta categoría, es la definitiva soledad de la sociedad estadounidense. Los planos siempre muestran suburbios disecados y relaciones de hastío donde todo se hace añicos por la llegada del "nuevo chico en el pueblo". Casi un temor reverencial al que viene de afuera, y afuera, dentro de estos parámetros, no es otro país, a veces puede ser simplemente otro condado.

Una ciudadanía disgredada de tal forma, hace normal que sea el ejército  el único punto de encuentro donde los y las jóvenes se conozcan o reconozcan como estadounidenses una vez que la pompa de jabón donde creció el bulling explote y los haga marcharse de la familia típica disfuncional, un entorno que se revela en las películas sin un ápice de veneración o uso del conocimiento o información (las salas o habitaciones en estas películas son llanas, sin libro alguno, por ejemplo, o que una pintura de Modigliani sea causa de terror al adquirir vida) más allá del mundo reflejo organizado por los valores de marcas o religiones.

Por eso It es un payaso. El símbolo del payaso en los tatuajes que los pandilleros se hacen en meso-américa, por ejemplo, representa al "dos caras", al infiltrado, al traidor, al que se presentó sonriente para el ingenuo (el niño) y que hizo daño al grupo. Tatuarse un payaso es haber eliminado a un payaso, a Eso informe, inmoral (hablo de la moral reconocida por las pandillas) que es siniestro y que te puede devorar, como vendría a significar, en la película, el abuso sexual a menores o el bulling.

It es realmente el alma siniestra que mueve la parafernalia del espectáculo estadounidense. Eso que vuelve tan aprensiva cada mordida a una hamburguesa de la cajita feliz, por dar otro ejemplo, o que hace que no sea tan divertida la enseñanza macro-económica en Monopoly, ergo.





Fallece Benigno Gómez, Maese pintor hondureño

De igual manera que las puertas de madera talladas con motivos mayas de Copán, crecí relacionando Honduras -o la idea de ella- con las pinturas de Benigno Gómez. Su estilo figurativo se entremezclaba con aquel discurso insistente de que Honduras era un oasis de paz en medio de la guerra que desangraba a nuestros países hermanos de Centroamérica, pero una vez que el tiempo hizo las distancias debidas, su obra recaló en mí con una serenidad que me decía que esa Honduras era desde la cual debíamos partir, llena de colores y actitudes sencillas que no debían, por ningún motivo, llegar a ser modosas ni súplicas folclóricas. Esa ética que flota en toda su obra, intenta decirnos que los orígenes nuestros no solo fueron la patria de la dulce espera entre pinares sino que también, la que con espíritu creador puede darle un vuelco a la mancha espantosa que Zelaya Sierra nos mostró en su cuadro Hermanos contra hermanos.





Para muchxs hondureñxs, por igual, Benigno Gómez estaba relacionado con los bancos, instituciones que, en su afán de crearle idea de identidad y hondureñidad al capitalismo depravado, se convirtieron en depositarios, museos y albaceas de muchas de sus pinturas. Me recuerdo muy niño repasando y tratando de descifrar el mensaje de aquellas palomas sin mensaje bancario pero sí de promesas de una Honduras donde las aguas bajarían.., algún día. Mi abuela, adusta, me daba señales con sus ojos para que no me atreviera a tocar la textura de las pinturas  y yo me quedaba con la sensación que sentía cuando la misma abuela -quién más- colgaba velos y adornaba el nicho del Santísimo en Sabanagrande. ¿Acaso no flotaban como un velo todas esas palomas? ¿Acaso no lavaban mis ojos las mismas mujeres encorvadas en los ríos del sur? Un artista está en el deber de crear tales significados en su obra que, al final, su obra logre separarse de él como la muda de caparazón en los chiquirines * de abril, y que una vez alcanzada esa transmutación, la ética sea la que flote ante nuestros ojos, con todos sus colores y evocaciones. Estoy seguro que el Maese Benigno Gómez lo logró y creo que esa virtuosa cadencia de su pincel alcanzó a romper el hechizo naif que en principio flotaba en mí, como reflejo inmaduro de otro niño en otra Honduras.



Benigno Gómez nos deja su vuelo. La nueva generación de pintores y pintoras hondureñas están ahora en el deber de entender su sentido de trascendencia, su capacidad de estudio y observación del alma hondureña, su imperturbable pararrayos ante el acoso tormentoso de la moda.
Texto y foto: Fabricio Estrada


F.E.

* Cigarras


Benigno Gómez
Nació 17 de enero de 1934 en Naranjito, departamento de Santa BárbaraHonduras. Actualmente reside en Tegucigalpa.

Estudios

Egresó en 1957 de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Honduras, donde estudió gracias a una beca de 25 lempiras mensuales. A los 16 años ingresó a la academia que dirigía Arturo López Rodezno, finalizó su formación bajo la dirección de Samuel Salgado, quien lo dejó trabajando en ese centro artístico.
En 1960 se le abrieron las puertas para viajar al extranjero y seguir sus estudios con una beca. En 1966, retornó a Honduras procedente de la Academia de Bellas Artes de Roma, en Italia.

Trayectoria artística

Algunos puntos esenciales respecto a su estilo. En efecto, el elemento figurativo empleado por él sigue el natural, no el onírico o paradójico que se observan en los principales creadores de la escuelasurrealista, principalmente Dalí y Ernst.
Hay un detalle que es infaltable en sus cuadros y que viene a ser algo así como un lopograma. Nos referimos a las palomas. Como su principal preocupación es presentar figuras humanas en medio de la naturaleza, aquellas aves forman parte de la circunstancia, al principio las puso como una evocación agradecida de las que tallaba cuando fue niño y en cuyas alas voló a Tegucigalpa.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Escribir es un acto de poder - Eduard Encina, Cuba


Eduard Encina, lectura en Arauquita, XXVII Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, 2017. Foto: Fabricio Estrada

El siguiente texto fue escrito por Eduard Encina para contribuir, desde sus palabras, al proceso de paz colombiano.

"¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos?...
                                                                                                     La razón no triunfa sin la poesía."
                                                                                                                                   José Martí
No es la improvisación constante la que mueve los hilos de una sociedad. Una mirada simple pudiera develar los dominiosque condicionan las aspiraciones y la movilidad de la gente, y cuando digo movilidad, refiero interacción entre grupos y sectores, necesidades e intereses, pero también agitación hacia el interior de nosotros mismos, la posibilidad de generar las ideas que nos empujan a fundar la vida y arriesgarla por una causa. Siempre habrá un ejercicio de poder intentando legitimar la justeza de su modelo de dominación y para ello no escatimará en utilizar las más inusitadas tácticas, pues la sociedad ha de tener la falsa percepción de que se mueve por sí misma, la buena política parece ser construida por todos: el mejor poder es invisible.
El uso de la palabra conecta y atiza una extraña relación de poder entre política & literatura. La primera se afana en articular resortes ideológicos, siempre desde un discurso parcializador y homogenizante y la segunda desde la conformación de una sensibilidad cuestionadora y de resistencia. En este sentido, la porfía no se concentra en si leemos más o leemos menos, “si se consume más o se consume menos”, sino en el orden cualitativo “qué se lee y qué se consume”, he ahí el por qué los que ostentan el poder siempre pretenden controlar y dominar las cuestiones más “actuales” en el ámbito de la expresión literaria.
Colombia no ha estado ajena a estos procesos. Acudir al “olvido” es una práctica permanente del poder para suprimir la memoria de los pueblos y plantar campos de silencio que poco a poco se convierten en impotencia, desidia y falta de compromiso con la historia. Tal vez era Bukowski quien aconsejaba "vigilar el ruido del corazón”, más ello necesita esa sensibilidad bien entrenada para, en medio de la violencia, comprender los paisajes y matices de la realidad. Ante ese peligro no están solamente los supuestos “consumidores” distraídos, alejados de los libros y las maniobras encubiertas, también encuentra sitio la desmemoria en muchos intelectuales, que prefieren flotar y adaptarse cómodamente a los contextos en que viven, antes que forcejear, disentir y convertirse en resistencia.
Si bien es cierto que la escritura es un acto solitario, en el que opera un supuesto “aislamiento” de lo otro, en realidad lo que sucede es, que el poeta ha cargado su cruz y se “aparta” para alcanzar por medio de la poesía la resurrección, la sensibilidad futura, aquella que como la belleza en Carlyle se presiente antes de tener de ella cabal conocimiento. Está en la escritura la ruina definitiva del tiempo, anulado o reinventado por la posibilidad. Un lector puede re-descubrir y re-crear su lugar en la historia en tanto acceda a esa capacidad de transitar de la mera contemplación y disfrute, a la producción de conocimiento y luego en la construcción de una conciencia colectiva.
Escribir es un acto de poder, tal vez por ello muchos intentan anular los nervios individuales y así controlar mejor la sociedad zombi que camina hacia el desfiladero, sin un estruendo, sin un lenguaje que la despierte y asuma una actitud desacralizante, capaz de enunciar y trascender la realidad, demoliendo normativas y valores impuestos por determinado grupo hegemónico.
La experiencia con la poesía no es necesariamente racional, desde ella se operan cambios, estímulos que nos enriquecen y hacen mejores, aún volviéndose a veces inteligibles, sentimos que algo en nosotros ha cambiado, y es más importante sentirlo que explicarlo. El disfrute de un buen poema no posibilita que una realidad determinada se transforme, pero una buena lectura (Harold Bloom de por medio) ayuda a prepararnos para el cambio. ¿Es posible un estado de paz, sin haber creado antes un “estado de sensibilidad”? En eso la poesía actúa, regenera, cataliza, es capaz de juntar un espíritu, una especie de lenguaje babélico donde confluya la diferencia y el entendimiento. 
En medio de un conflicto armado como el que ha tenido Colombia, todavía arden escollos que no pueden superarse sin antes reconocer que una conciliación política va más allá del cese de la pólvora y la sangre, tiene que ser desde el fondo la asunción de un nuevo pensamiento, que como la poesía, se mueva en lo invisible, pero termine convirtiéndose en una actitud ante la realidad.
 Vivir hoy en una sociedad que constantemente reproduce las más disímiles formas de hegemonía simbólica, exige convertirse en un adiestrado lector de tales productos, para no terminar convertidos en adictos consumidores de cultura chatarra y modelos de vida ajenos al contexto y las urgencias del día a día. De pronto la poesía podría parecer el dinosaurio de Monterroso o el cisne salvaje de Luís Rogelio Nogueras, una visión ridícula, absurda, y no la aspiración de salvar un sueño, pues de nada sirve la gran poesía, si se quedase en los límites de lo estético y no se proyectara a fundar ciudadanos actuantes, responsables en su interacción social, seres críticos donde se producen profundas transformaciones hacia la comprensión de sí mismos y del mundo.
Mantener energizada la creación poética es una de las formas más eficientes para contrarrestar cualquier gesto totalizador. Todo pueblo necesita voces que concentren sus aspiraciones y se vuelvan reacción ante la apariencia de normalidad en que a veces intentan sumirlo. Hay en la literatura un sacudimiento, fuerzas telúricas que actúan sobre la conciencia de los hombres y despiertan conductas, nociones de verdad, paz y diversidad. 
En medio del conflicto civil colombiano, fue necesario percibir el uso desafortunado de la violencia como única alternativa para “dialogar” entre las partes afectadas. Hoy, la poesía ha de confrontar esa violencia clarificando el corazón de los hombres, al añadirle a través de la palabra, fe y entendimiento.
No en vano un poeta como Juan Manuel Roca, en su poema BIBLIA PAUPERUM, se acerca a zonas angustiosas de su país, no como queja, más bien vuelto conciencia de los derrumbes espirituales que lo rodean y de la necesidad de encontrar nuevos lenguajes, capaces de vencer las raíces de amargura y asumir un nuevo tiempo imaginado, pero no imposible:
Crecen como flores venenosas las esquirlas
Del rencor en un país de lunas erizadas
Y soles que entibian los huesos de los muertos.

En ciudades asediadas por sí mismas
Entro a la estación de los amigos,
A la música y al coro, al mismo tiempo.
Los amigos, una cuota de cielo,
Flores que no son de temporada.
En la patria del rencor
Es como tener el oro del silencio.
Así como fue creado el mundo por la palabra, también la palabra puede consolidar la paz, no destruyendo el horror del pasado, sino impulsando la memoria futura, como sugería la Reina Blanca de “Alicia en el país de las maravillas”, “es muy pobre la memoria que sólo funciona hacia atrás”, hay que cambiar de actitud como ejercicio probatorio de que la historia no actúa, sin ser precedida por un espíritu sinérgico que prepara la mística y el impulso. 
Esa es la zona que se ha de alimentar, intentando los nuevos nacimientos de la mente, asumiendo la poesía (poiesis) como un poder invisible que nos empuja (más o menos conscientes) hacia el ejercicio del perdón y la reconciliación. Únicamente así pudiera hacerse realidad aquella idea martiana tamizada por la lucidez de la escritora Fina García Marruz revelándonos que “la poesía quizás sea la moral venidera”.

La espuma de Irma

El miércoles 4 de septiembre pasado era el día en que el huracán Irma traía su impacto a Puerto Rico (7 pm según FEMA la Agencia Federal de Manejo de Emergencias), pero los pájaros, desde el día anterior, ya lo sabían. No percatamos de los muchos pájaros que estaban en el cableado y nos detenimos, a nuestra llegada a Vega Baja, para escucharlos en su inquieto coro. Los vientos estimados de Irma andaban por las180 mph lo que lo convertía en un verdadero monstruo. Recordando lo que viví durante el huracán Mitch en 1998 (las imágenes de Tegucigalpa agarrada desprevenida eran alarmas profundas en mí) decidí mantener bajo vigilancia la quebrada que pasa atrás de la casa de mis suegros. Las lecciones del Mitch (Categoría 5, por igual) habían demostrado que cualquier riachuelo o quebrada era mortal una vez que la lluvia caía en las montañas.

El huracán llegó y lo hizo con ráfagas dosificadas primero. La lluvia ya era muy fuerte pero en Vega Baja, las hondonadas naturales hacían que se amortiguara. En San Juan era otra cosa: cientos de árboles ya se habían partido en dos pero las edificaciones resistían.

Hay una imagen que me tenía hipnotizado: la danza convulsa de las plantas y los árboles. Quise ver en ello un incontrolable éxtasis religioso del verdadero pueblo que esperaba la llegada de Juracán para adorarlo, para pedirle que los liberara de sus raíces. Ululaba ese blanco viento cargado de espuma y las palmeras giraban, se doblaban, invertían sus copas clamando la liberación. Es lo que yo miraba hasta que la oscuridad y la riesgosa estadía fuera del porch me obligaron a entrar. Momentos antes, vi cómo, impacientes, varios árboles se arrancaban de cuajo desde las raíces y no lograban ser aceptados por los vientos. Dormí con esa imagen y aquí la tengo, así como aún guardo aquella del Río Choluteca agigantado, mar de barro furioso saltando sobre los puentes más antiguos de Honduras. 

Dos huracanes categoría 5 en mi haber. No está mal. Al final, en Puerto Rico no sucedió lo de Honduras, pero sí que avisó lo que sucedería de venir otro de frente: una tragedia como la de San Martín y Barbuda. Cierta indolencia que he percibido en la población lo augura. El confort ha horadado con su individualidad las posibles respuestas. Se responde solo ante el consumismo y eso hizo que, ante el anuncio de corte de electricidad, la población saliera en masa a comprar plantas eléctricas, encenderlas y encerrarse en las casas para seguir viendo la serie truncada por la emergencia. Si bien es cierto que ese acceso económico no da para todos, hace que se oculte las crecientes masas empobrecidas por la Junta de Control Fiscal, las mismas que pueblan la oscuridad de Santurce y Barrio Obrero. De ahí no llega el ronroneo tranquilizador de las plantas eléctricas. De ahí, solo llega un sonido de espuma y de olas ciegas.

F.E.



viernes, 25 de agosto de 2017

María Tabares - Colombia

Foto: Fabricio Estrada

La guadaña alza la voz, grita
eufórica mientras trabaja.
Vuelan por los aires miles de hormigas
invisibles gusanos, insectos.
El pasto se estremece y
uno a otro se alertan sobre la matanza.
Es un holocausto
el que causan las manos del hombre
cuando quiere hacer de la tierra
un jardín.





Inspiración


La poesía no irá
ni más lejos ni más hondo
que yo misma.

Atrapada
dentro de esta jaula
al diario mirar que son mis ojos
al diario pensar que ocupa
todas las horas de mis días

atrapada
a estos dedos solo superficie
sin vislumbrar el fondo
ni al pez ciego
luminoso entre lo oscuro.

Pobre poesía mía
pobre
sobreviviente parásita
asida a mis costillas
sin poder plantarse
tierra adentro
colgarse del sol
o del ala de un pájaro.

Amarrada en esta piel
a esta carne
a estos huesos.



¿A dónde van los pájaros muertos?

¿A dónde, los que no mueren por el atropello de un coche
o en el campo por la bala de un niño o de un hombre? 

¿A dónde van cuando fallecen de enfermos o de viejos?

¿Por qué no caen como frutos de los árboles?
¿Como piedras?

¿Por qué no se ven sus cadáveres por los suelos de los bosques,
las calles, las aceras, el césped de todos los jardines?

Quién los entierra, antes que puedan los niños  
y los poetas verlos deshacerse a la intemperie,
callados, quietos.




Homicidio


¡Viva la cacería!, grita el tirano.

La sangre de una joven dibuja
un corazón sobre las piedras
rota la cabeza como un cuenco de barro.

A pesar de la quietud
la falda arrastra todavía la reciente carrera
el caudal entre las venas
la libertad blanca de los muslos
contra el viento.
En su mano izquierda guarda
una manzana invisible.

 ¡Han de caer para siempre los incómodos!, ordena.
¡Tanto sueño estúpido!
¡Que se atrevan a sentirse protegidos creyendo que,
por ser muchos, no nos temblará la mano!.

La sangre de una joven dibuja
un corazón sobre las piedras…

La dulzura, inerte, se pudre como una flor.
¿Cuál habrá sido su pecado?

Horrorizados los vientos se arrodillan,
los pájaros, las ventanas, las puertas,
los ratones.
Las moscas por su propia voluntad
se hacen unas solas con los vidrios
las sopas, las aguas estancadas.

Nadie puede ni quiere el movimiento.
Moverse es pecar tres veces,
cometer un sacrilegio.
Hombres, mujeres y niños se tapan la boca
con las manos, permanecen a oscuras
guarecidos en sus casas.
Las nubes atónitas atraviesan con sus ojos
la debacle
sin llorar.

¡Réquiem! ¡Réquiem!

La sangre de una joven dibuja
un corazón sobre las piedras…

Por milésimas de segundo
el mundo abandonado de sí mismo
es un cuadro al óleo, una pintura:
la sangre seca por el suelo
junto al rostro
dibuja un corazón.

Reinicia su indiferencia
el segundero del tiempo.

Comienza otra vez el olvido.


Al filo del bisturí

Siempre
cada tantos días
luego de tu espalda o de la mía
a la velocidad del rayo
por el aire se desliza
dibujándose una herida.

Delgadísimo corte inflige el bisturí
en el último segundo:
Es una mano torpe
—no la tuya—
la que raya la piel de agua
hasta que llora
desviada del camino de los ojos

y se desliza
hacia la punta de los dedos
y es poema
y agua derramada.




El amanecer
atravesó las sombras
silencioso
se coló por las ventanas
derramó amarillo en las alcobas
despertó a  los niños
durmió  a los insomnes
y alivió a los enfermos
matándoles la noche.



Y si no llegase la luz
y el pescado
sobre el mesón se pudriera
sin cocerse
y la calamidad se viniera
montaña abajo
hasta asentarse en nuestra
esquina protegida del alma

si se hiciera de noche
aún siendo día
jamás nunca amaneciera
y el mundo
las plantas
tu rostro
se volvieran gris
y gris
y humo

y yo despareciera
entre la niebla…



La luz y la sombra constituyen la casa.
Sin ellas no sería lo que es:
boca abierta de un lobo,
cuenca de un ojo con mirada impasible.
La luz hace combustión,
cuece la risa, los alimentos
y la sombra esconde en los armarios                                          
vestidos que como pañuelos llevan siglos
secando lágrimas, miedos.
Ambas, luz y sombra, combaten por la vida.
En mitad de la lucha caen en sus brazos
los niños que dan su primer grito
y devorados, padres, tíos, abuelos, 
perros, gatos, pájaros diversos.
La casa, jamás quieta, cruje, se estremece, 
con sus paredes como velas
atraviesa el tiempo.
Nosotros dentro de ella somos simple polvo
que algún viento sopla cada tanto
y desaparece.


Porción de realidad


En el lienzo de la noche
el canto del gallo hace una grieta
por donde atraviesa la mañana.

El perro negro sale de su ensueño
orina contra el árbol y ladra
haciendo coro en la distancia.

Un pájaro, inmóvil,
regresa volando de su luna
abre el pico y se transforma en piano.

El cielo despliega sobre la tierra su cuerpo de mujer ilímite
donde navegan los aviones las aguas
los gigantes movilean sus espejos verdes contra el viento
en sus brazos y los frutos,
se arraciman como ciudades atestadas de soles.

A mis pies, fulminado contra el suelo,
un pequeño cuerpo tejido en plumas yace inerte
sin poder respirar más la tierra.

Nadie se inmuta. Sólo el poeta.
Cada día que amanece es el primero,
nada recuerda que hubo ayer, piensa.



Hacia adentro
adentro
en vertical descenso
he pretendido sobrevolar el abismo
ver desde su subterráneo cielo
la tierra y a mí misma.

Lluvia roja he visto caer de mis heridas.

Y sin embargo, todo lo emprendido
absolutamente todo 
ha sido vuelo.



María Tabares (Bogotá, Colombia).

Poeta y narradora egresada de la Escuela de Escritores de México, SOGEM. Ha formado parte de talleres de poesía, narrativa, dramaturgia y guión en España y México, y ha sido publicada en revistas y antologías en Colombia, Ecuador, México y Francia. Actualmente vive en Bogotá.

Reconocimientos:
-Libro de poemas Y cae y suena y nos invade. Segundo lugar. Museo Rayo y Ediciones Embalaje, Colombia, 2010.
-Libro de poemas, La luz, poemas de sombra. Premio Nacional de Poesía. Museo Rayo y Ediciones Embalaje, Colombia, 2011.
-Cuento Cinco minutos. Tercer lugar. Concurso Nacional de Cuento, Fundación La Cueva, Barranquilla, Colombia, 2012.
-Libro de poemas Los Sombra. Mención de Honor. Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, Colombia, 2013.

Otras libros publicados:
-Las Poetas del Megáfono, México, 2008.
-La tortuga feliz (libro de artista), La Diéresis Editorial Artesanal, México, 2012.
-Álulas,  El Ángel Editor, Ecuador, 2014.