El género artístico pop-urbano en Puerto Rico se siente en todos lados, no solo dentro de la isla. No hace falta decir que su expansión resuena en todo el orbe en una gran variedad de expresiones. Procediendo yo de una región donde se le sigue el pulso musical a lo boricua casi como respirar, tenía una idea general del por qué de semejante eclosión, pero ya puesto aquí, he ido siguiendo con sumo y puntual interés las dinámicas que subyacen en ese inevitable desborde hacia el exterior. El asunto pasa -así lo creo- por una simbiosis entre la música y la oralidad natural; pura en su resistencia cultural y mixta en los aprovechamientos de las plataformas que su historia político-cultural sigue marcando. El ámbito es heredero de una sólida tradición poética y lxs poetas van y vienen -en ese ritmo inevitable y dichoso-incidiendo en las letras de los grandes salseros, y éstos, en las derivaciones que la ola nuyorican enfrentaron o siguen enfrentando en la diáspora, ya sea en forma del género urbano (lo que conocemos en principio desde Vico C y luego desde el reaguettón o, por otro lado, la mezcla de Calle 13) o en el pop rock de Robi Draco Rosa, quien ya es todo un patrimonio de culto en la isla al igual, por supuesto, que Ricky Martín, José Feliciano, La Sonora Ponceña, Gilberto Santarosa, La India, Héctor Lavoe, El Gran Combo, etc. y etc.
Nadie puede pasar por indiferente al impacto X o Y de las letras que van en toda esa musicalidad, en todas esas historias que, tras bambalinas, cuentan la historia de una nación en permanente definición y autoafirmación. Los artistas, tan vilipendiados en otras latitudes, tan hechos a un lado del espíritu público, aquí en Puerto Rico son parte esencial de la enorme ancla que evita que la isla derive inexorable hacia el norte. Por eso, cuando veo que Robi Draco tiene su propio café en el mercado, que Vico C ya tiene su película y que José Raúl Gallego (pionero del género urbano) es un gran poeta y mantiene viva la gestión de lecturas (ciclo de lecturas El Remedio) donde convergen fuertes representantes de la voz de resistencia boricua como lo es Hermes Ayala y otrxs al lado de la poesía de nóveles escritorxs junto a consolidadxs poetxs, entiendo que la superficialidad con que había percibido "lo supuestamente natural que sea así", es una carencia enorme en mis haberes culturales, mismos que estoy dispuesto a saldar, poniendo más atención a los latidos de esta bella y flotante perla del caribe.
jueves, 17 de agosto de 2017
miércoles, 16 de agosto de 2017
Mónica Gameros - México
ODA AL BESO
I Tengo atoradas dos palabras, al principio se atascaron, luego las sujeté bien fuerte. Al final, se acomodaron ahí, ahora viven sin encontrar la salida. ¿Recuerdas cuando comíamos besos y era suficiente? ¡Qué días los de la fuga! Los amaneceres llenos de sueños, las noches llenas de fantasías, ideales a seguir para que el juego del amor, funcione siempre. ¡Qué días los de la fuga! La utopía era nuestro idioma, la rebelión nuestra bandera, y ellos, con la lengua sedada, siempre decían espera, espera, pero no había paciencia. ¡Qué días los de la fuga! Los besos eran pimienta, el amor algo tangible, la verdad, perfecta armonía. ¡Qué días los de la fuga! Nos fuimos de casa, rompimos raíces, atrás dejamos toda su locura, toda su desidia. Al mundo normal, le cerramos la puerta. Cerramos los ojos para esconder la llave. El lixir lo arrojamos al drenaje; las galletas las dimos a las aves que se fueron del planeta. Y emprendimos la fuga, sabíamos que no había retorno, soñábamos con lo imposible, estábamos dispuestos a olvidarnos de las fronteras. ¡Qué días los de la fuga! De a poco, hemos huido de ese mundo preconcebido, de ese modelo armado, de tal forma, que no hay puertas ni ventanas, ni pequeños orificios en el muro, por donde el anhelo se nos vaya. Derruimos el todo, al muro le encajamos las garras. Poseídos por una extraña fuerza, a la que le re niegan la presencia, la que es motor y pretexto para cualquiera de nosotros, nuestro propósito es emprender la fuga, una vez más, y siempre que sea imprescindible. ¡Qué días los de la fuga! Quién diría que los besos son granadas de mano que arruinan lo preconcebido...
[MUTACIÓN] Esta mañana descubrí que muto. En la espalda me nacen dos cosas extrañas, comienzan a salir y causan en mí la urgencia de saltar desde el punto más alto de la copa de una Jacaranda. -Tengo pies que se transforman en bruma, las manos se levantan en horizonte, mis labios, se han sellado- No sé, creo que pronto desenterraré la ansiedad almacenada. Soltaré las amarras del navío. Volveré al ojo del huracán. Contemplaré el todo como antes, en medio del mar en celo, abrumador, abismal. Esta mañana, mis ojos se abrieron ante el espejo como dos planetas en colisión. Muto de a poco, me transformo. Comienzan a señalarme cuando camino ligera por la calle, floto entre rumores. Muto y de la espalda me nace polen, semillas, cúmulos gigantes. Es inevitable. Muto y mi cerebro sólo piensa en aduanas, fronteras, montañas. Muto y canto para saludar al cielo que me recibe y me habla de intensas batallas entre aquellos que se amarran al mástil del barco que se hunde y quienes prefieren nadar en medio del mar en brama. Esta mañana me di cuenta de que muto, quedé entre dudas atrapada. No me decido. Creo que cambiaré de nombre, creo que renunciaré a ser un nombre, creo que dejaré de lado cualquier nombre, creo que desplegaré las alas. Por lo pronto, me uní a una parvada. Por lo pronto, decidí que cerraré el archivo muerto y despegaré los pies de la montaña.
FRAGMENTO VII América te he dado todo, ahora no soy nada Allan Ginsberg América, mis raíces vienen de la tierra negra & a la tierra negra he devuelto la semilla blanca. Esto que soy, este montón de huesos, convertidos fueron sobre el canto del viento; se tornaron juego, palabras, suspiros; todos se cubrieron de ego: me calzaron, me vistieron, me domaron y luego me abandonaron al tiempo & me quedé con el canto escurriendo por mi mano. América, esta mancha blanca, esta sangre depredadora, esta idea tuya de la vida: me hace nudo la calma, me rompe cada mañana. Al amanecer de mi memoria lo estalla; me deja en silencio, me resguarda en medio de la pesadilla humana. América, del trigo vengo & el maíz está en mi sangre: soy mar, del río caigo. Soy espada, soy jade: soy guerra, violencia, amor impuesto, una oración nocturna ante la duda absurda. Si canto, las cañadas estallan. Si bailo, los ríos sangran: no sé tejer la tierra, no sé bailar para unir al universo, no veo el ombligo del fuego nuevo: tu lengua se me escapa. América, soy niña, flor, tierra negra; en el vacío monto sobre el terrible silencio. El paisaje es roca, las ciudades histeria, los gusanos delirio que traga viento. Soy duelo, moneda rota, semilla perdida. Soy una roca pintada por la mano de una niña; soy palabra en medio de la niebla, una cruz blanca en la guerra, una granada que cae entre tus hijos. Sigo siendo la prueba de tu derrota. En mis manos, en mis piernas, veo a las mujeres humilladas en tiempos de guerra; en mis ojos veo los del depredador furtivo: demonio blanco de oscura mirada, de cabello negro, de piel nevada, de implacable deseo. A morir vengo; exploro mis polos, descifro mis códigos, doy trazo a mi paso. Sueño con dar dirección a mi aliento en el universo; sigo contemplando la belleza de otras dimensiones donde soy la niña flor, la tierra negra, el aire volcánico, el agua marina, el fuego de estrellas. Allá, soy la voz de la niña que se hunde en las nubes para alcanzar las palabras vueltas mariposas en ruta al sur, invasoras de la miseria humana. Allá, soy hoja seca migrante de la brisa, una gaviota atrapada en la tempestad, un grano de arena cayendo desde una estrella en agonía. Me reconozco en el dolor de la tortuga sobre la arena. Destilo violencia.
PERIFÉRICA
Sí, vivo en el tercer mundo, vivo y respiro feliz en la periferia de tu paraíso con calefacción, alejada de tu tierra con aire acondicionado.
Contraria a ti, no necesito millones de luces como tú que buscas llenar el tremendo vacío que te habita.
Nunca iré a tu frontera, no me interesa, pero, además, me encantaría que no traspasaras la mía.
Aquí, tu dinero es valioso pero apesta, mancha, contamina.
Es una costra seca sobre carne podrida, un charco apestoso en pleno desierto.
¿Qué dices? ¿Que es un mundo libre? ¿Que los intereses de la deuda con tu país no te benefician?
¿Esa deuda que han multiplicado de forma grosera y salvaje,Bpara tener mayores comodidades?
¿Esa que sirve de base para la grandeza de tu patria?
¿Esa que les permite a tu gobierno y a ti, sentirse los dueños de dios, al que han encerrado entre códigos de barras, a quien sellaron sobre los billetes?
Mejor calla y vete en silencio hacia el norte. Por mí, construye monumentales bardas alrededor de la tierra que has robado; por mí,
siembra más hombres con rifles al borde del río; porque así eres, te deshaces de todo lo que no te sirve,
te espanta todo lo que no entiendes, y de entender, no entiendes nada,
te niegas a entender que hay algo más que un signo del dinero, algo más a cinco centímetros de tu cabeza
anegada de odio, de prejuicios, de espanto… de asco, de odio
y de rabia.
No me hables de igualdad. No me hables de misión divina. No me hables de redención.
Asesinas y destruyes, cada vez que votas por tus políticos.
No me hables de humanismo.
Come tu hamburguesa.
Bebe tu soda.
Cambia tu realidad con la chequera.
Dispara los domingos, dispara contra los tuyos, dispara,
extermina todo eso que odias y piérdete para siempre,
húndete en el hiperespacio,
exhíbete en el video mientras te disparas,
mientras terminas con todo eso que odias.
Dispara, destruye el dinero que tienes por cerebro,
dispara,
conviértete en estrella de televisión.
Si en el último momento te arrepientes,
si te acobardas y no jalas del gatillo,
sólo un favor,
no salgas de tu país,
nunca más.
I
Si me refugio en el silencio,
busco el hueco donde habito.
Poesía es mi forma de existir,
es dibujo de lo que somos,
humana sí: piel, carne, huesos/ existencia convertida en plaga/ músculos que se suicidan a cada segundo/ neuronas en perpetúa rebeldía/ se desbordan y se escurren entre las grietas del silencio.
Abnegado, venenoso,
marchita…
-Carne grasa huesos/ todos en conjunto, encendidos por el deseo que gime con toda libertad-
Caderas y vientre/ una semilla que produjo otra semilla.
Sueño y aspiro la imposibilidad
todos los días.
Me engolosinan todos los vicios de la vida y pienso: – Si este mundo está lleno de muchos mundos, si esos mundos están hechos por otros seres y cada quien es una galaxia,
por qué he de ser sólo carne, sólo vientre, sólo una
cuando soy
semilla del tiempo.
IX
Jugando a ser flores de la noche
me enarbolo, me expando.
Crujo y conecto al cielo con las raíces de mi cuerpo,
el fuego de mi vientre es la neblina.
XIV
Enciendo la brasa que destruye al barullo,
las palabras se quedan dentro,
el silencio, la música de mí.
Existencia,
si soy el reflejo del universo
hacia el universo lanzo mi aliento;
si soy polvo de estrellas,
a las estrellas dedico mi existencia.
MONICA
GAMEROS : poeta, escritora, periodista y editora independiente, dirige la editorial Cascada de Palabras, Cartonera, desde el año 2010.
Publica poesía, cuento y minificción | market content y blogger |
Ha sido traducida al inglés, el francés y el polaco | La han publicado en Argentina, Chile, Ecuador, Francia, Guatemala, Honduras, Madrid, Polonia, El Salvador, República Dominicana, Venezuela y México.
Seleccionada en el Concurso Mujeres Poetas Internacional (Perú 2011);
Seleccionada y publicación del libro MADE IN TAIWAN, Letra Negra editores, para el Festival guatemalteco VERSOS DE OCTUBRE (2011);
Seleccionada y edición del libro DASEIN LA NIÑA
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Poesía
La caza del carnero salvaje - Murakami
Y sí que es divertida La caza del carnero salvaje, de Murakami. Cuando leí algunas referencias sobre su alto grado de sentido del humor quedé un tanto intrigado, ya que algo de eso adelantaba 1Q84, solo que adobado con la tétrica aparición de the little people. Pues bien, esos personajes imprevistos se encarnan aquí en el hombre fantasmal disfrazado de carnero, un personaje que, desde que leí su aparición, me dejó cierto escalofrío.
Me ha gustado mucho el personaje de Sardina (el gato viejo ya en sus últimas) y las conversaciones con el Secretario, donde alcanza, precisamente, sus cotas más altas de sentido del humor. Solo quisiera resaltar aquí algo más, respecto a las imprevistas imágenes o metáforas usadas por Murakami, que en esta novela parece haberse dado todas las libertades posibles, mismas que le han resultado bombas de profundidad que detienen y consolidan la narrativa de la historia, recordándonos a los lectores lo del giro poético como revitalizador o válvula que toda gran novela va dispersando a lo largo de las páginas. Aquí una pequeña selección de esas curvas cerradas donde el cinturón de seguridad de nuestra lectura ortodoxa se rasga y, nos devuelve al reino absoluto donde Murakami ya puede decir lo que le plazca sin perder la ruta:
- "Con una amplia sonrisa en la cara, me mostró la etiqueta del vino como si me estuviera enseñando la fotografía de su único hijo..."
-"Me crié en una ciudad normal y corriente y fui a un colegio normal y corriente. De pequeño era un niño callado, y cuando crecí, me convertí en un niño aburrido. Conocí a una niña normal y corriente y viví un primer amor normal y corriente..."
-"Hay sueños simbólicos y realidades simbolizadas por ese tipo de sueños. O hay realidades simbólicas y sueños simbolizados por esas realidades. El símbolo es, por así decirlo, el alcalde honorario del universo tubifex. En ese universo no hay nada de raro que una vaca lecheras pida unas tenazas. Un buen día la vaca acabará encontrando sus tenazas. Ese es un problema que a mí no me atañe..."
-"Un sinfín de cigarras chirriaban agarradas a los troncos de los cipreses, como si el mundo hubiera empezado a rodar hacia su fin."
-''Era un edificio, ¿cómo decirlo?, espantosamente solitario. Pongamos, por ejemplo, que hay un concepto. y que tiene, cómo no, una pequeña excepción. Pero a medida que pasa el tiempo, esa excepción se expande como una mancha y, al final, acaba transformándose en otro concepto distinto. Y de ella nace otra pequeña excepción; así era, en pocas palabras, el edificio. También parecía una criatura vetusta que había evolucionado a ciegas, sin saber cuál era su destino."
-"Despedía la misma clase de tristeza que un asno al que se le hubiera dejado a izquierda y derecha la misma cantidad de forraje y, por no decidirse por cuál empezar a comer, estuviese agonizando por inanición."
- "Por mucho que el tren acelerase, era imposible escapar de aquel tedio. De hecho, cuanto más rápido iba, más nos adentrábamos en el tedio. En eso consiste precisamente el tedio."
- "El mundo: esa palabra siempre me evocaba un disco gigante sostenido con brío por un elefante y una tortuga. El elefante no comprendía la función de la tortuga, la tortuga no comprendía la función del elefante y ninguno de los dos comprendía esa cosa llamada mundo."
-"La gente comienza a envejecer por una zona pequeña, realmente pequeña. Y poco a poco esa zona se va extendiendo por todo el cuerpo, como una mancha indeleble."
-"Hablar con sinceridad y decir la verdad son, sin embargo, cuestiones distintas. La relación entre sinceridad y verdad se parece a la de la proa y el timón de una embarcación. Primero surge la sinceridad, y luego, la verdad. Ese lapsus temporal está en proporción directa al tamaño de la embarcación. Es difícil que surja la verdad de cosas inmensas. A veces aparece por fin cuando nuestra vida ya se ha terminado. Así que, en caso de que yo no te revelara la verdad, no sería culpa mía ni tuya."
-"Intenté imaginarme la pradera que había dentro de la cabeza del maestro. La vasta pradera de hierba marchita de la que el carnero había huido."
- ''El hombre me miró sin decir nada. Cuando me miraba así, me sentía como una piscina vacía."
-''Con los ojos cerrados, oía cómo centenares de enanos barrían dentro de mi cabeza. Barrían y barrían sin parar. A ninguno se le había ocurrido utilizar un recogedor."
-"El cielo estaba espantosamente despejado. Recordaba a una escena de una película expresionista de preguerra. A lo lejos se veía volar un helicóptero, tan diminuto que resultaba artificial. Aquel cielo sin nubes era como un ojo gigante al que le hubieran cortado el párpado."
-''Al otro lado del ventanal, los Boeing 747 y los TriStar despegaban y aterrizaban con una solemnidad que evocaba cierta clase de hado."
-"Dos sierras que apuntaban en distinta dirección convergieron al pie de la ciudad y la envolvieron como dos manos protegiendo del viento la llama de una cerilla."
-''Parecía una criatura enorme que hubiese envejecido sin lograr expresar sus sentimientos. No es que no supiera cómo expresarse, sino que no sabía qué expresar."
-''Tenía el cuerpo áspero como papel de pésima calidad."
-"La oscuridad se me coló en los oídos como si fuera aceite. Alguien intentaba partir la Tierra congelada con un martillo gigante."
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Reseñas libros
lunes, 14 de agosto de 2017
Horacio Aige - Argentina
NADIE
Nadie.
Ni línea ni extensión ni tiempo
ni derrotero azul
ni abismo en movimiento.
Solamente una luz
o nuestros ojos como vientos de íntimas mareas
si la voz
no es más que un sueño
y si el amor
en su propio rostro inscribe
un alto paroxismo de amapolas
en la perfecta rivera inmóvil
clausurada entre dos instantes.
Yo sé estatuas.
Yo sé otoños.
Duro solsticio de aves
por ritos en declive
hímnicamente danzando.
O altos insondables espejos
naufragando a distancia.
O fuegos fatuos de mandrágoras
entre el siempre y el jamás.
Yo sé columnas.
Yo sé días.
Eclipsadas mariposas
en el punto más extremo del límite
desligando ese punto, de otro , inefable,
como término de pavor
en el blanco centro del suicidio
inquiriendo lo inescrutable.
Nadie.
Ni torres ni lagos
ni tatuaje de las tardes
en las extrañas sinuosidades del aire.
Sólo águilas de alta mar
sobre la absuelta intimación de los mástiles
o absurdas y resentidas epístolas
rayadas por escuadras rojas y meteoros
infernales.
Nadie.
Tan sólo lo inútil
como si de aquel árbol
su duramen se desanillara
hasta la imperiosa potencialidad
de su propia ausencia.
Nadie.
Tan sólo lo inútil
como un vasto alarido de silencio.
ENCUENTRO CON WITOLD GOMBROWICZ
Preocupado por el más allá, muy solo y
masticando rabia
y hablando imaginariamente con la muerte, ese
día
anduve incansablemente por las veredas de
Plaza Retiro, hasta que de pronto,
me paré muy cerca de la inmensa Torre de los
Ingleses
para observar, a lo lejos, el atardecer de
autos en movimiento y recortados edificios.
Dadas las cosas así, de golpe me di cuenta que
Witold Gombrowicz
- aún medianamente joven pero velozmente
envejeciendo - estaba
también parado ahí, mirándome, muy cerca de mí
y sintiendo el mismo nudo en la garganta que
yo
tras el sol final de esa tarde, sin nadie más,
tan sólo nosotros mismos
cansados vagabundos semiderrotados.
- Mire el reflujo de la ciudad – me dijo él,
manteniendo su mirada
quién sabe a qué parte de su interior aunque
apuntando
hacia la estación de trenes que teníamos
enfrente.
Había en sus cansadas palabras como un corte
en el tiempo,
una vuelta hacia ningún lado, acaso
intransitable puente donde
desunido, el presente, alzándose en su
autonomía, ya no era
parte de la transitoriedad.
Yo entonces, azorado, tan sólo atiné a
observar ese reflujo mágico por él señalado
y era todo como un sueño, nostalgias de
infancia, alucinaciones o corrimientos
girantes en mi mente, que podrían pero no
pudieron ser
dominados en mi tambaleante memoria.
Única débil flexible estructura del tiempo –
pensé yo –
en busca a esa altura
de cualquier medio de transporte que nos
llevara a ambos
de vuelta al sitio que a cada uno – por obvias
pertenencias a tiempos distintos –
nos correspondiera.
O que nos llevara a ambos de vuelta a un clima
del corazón
donde cada uno pudiera correctamente situarse
sin llorar la despedida eterna.
MARQUÉS DE SADE
La noche siempre busca
a los deseosos
empalmándolos
con todas las palabras.
El puro
exaltado
pensamiento
hasta la durcoridad
y es sólo una idea
anunciadora de vil probidad
en aproximantes
extensiones extenuantes
o delirios
de delicias apartadas
que el agua oye
de las desvestidas rosas caer
como fulminante rayo negro
sobre el techo
de nuestra pobre casa.
Justo ahí,
lugar de sapo enfermo.
Tenemos agonía,
tenemos animadversión.
O tan sólo serán,
desavenencias crueles
lo que temblando
habla en esta historia
por donde ya vamos
con el viejo muro
que de siglo en siglo
tan sólo acumuló
todas
y cada una
de las tinieblas.
Es que nada apura:
Donatien Alphonse François.
Tan sólo
el tiempo
es el apurado…
Ojo de gato negro
curvando al tiempo.
Paisaje de roja luna
en el pasaje del jardín.
Piedra de toro.
El agua canta,
su oro.
Y en ríos de arena
brillan los cristales:
espejo de agua:
Marqués de Sade.
JUAN MANUEL INCHAUSPE
Trataste de poner lo negro en su sitio,
de ordenar lo desordenado.
Trataste de ver qué cosas te eran más íntimas
y cuáles más lejanas,
qué desesperados corrimientos había,
de dónde venía ese desvarío,
ese grito desfilando enloquecidamente en la
noche helada:
tenebrosos sueños que no te abandonaban.
Así, de pronto,
viviste el horror
de ver que aquel que estaba en el espejo
era otro.
Pero,
¿cómo pudiste, heroicamente,
cada cosa tratar de poner en su sitio?
Es cierto que se pueden alzar del mundo
los pedazos de un día roto
sin blasfemar.
Es cierto que se pueden quitar las
innumerables trampas
de los rincones más oscuros,
batir el desplazamiento de las desavenencias
y cada guarida de cada absurdo
que se fueron devorando una a una nuestras
ilusiones
para dejarnos tan vacíos de cara al silencio.
También es cierto que se puede salir con vida
del terror,
y se puede, después, volver.
Y que también, se pueden ir uniendo los
pedazos de aquel día
rehaciéndolo de a poco
y llegar a sentir que su forma y su esencia
es sensible a lo cóncavo de tus manos, dolor.
Sí, todo eso es cierto,
pero cuando lo negro rabiosamente aúlla en lo
profundo a veces
y va y viene en uno a oleadas fulminantes
y uno decide no irse,
¿quién entonces desenreda el tremendo caos
con manos impertérritas
sin encontrarse a la vez muy solo y enredado,
como ahora, que estás para siempre tan lejos
de casa,
muy despacio, caminando sobre escombros?
donde peregrinan inquilinos miércoles ante el santuario
donde ligamen de vírgenes desollan lo real.
Arrebolado sudario en el fango de tus ojos
navega en mar de olvido y tiembla y sucede.
Ya lágrima sin término, en raptos diseminada
si el manantial de tu vida la rueda gira
y voltea seducida locura de amor temblando.
Restos de niebla pasan sobre altivos refugios
arrodillados muriendo más allá de tus enfados.
A mis mundeos agonía si tus delirios vacilan
y vacilando, a torbellino sin centro, caen atroz
en la grave elipsis de lo que era irreal.
Suena la onda tenue en el agua impura,
hora de mies, precedente del duramen, adviento
en la paz de tus alturas. Cae el viento y sella
la cantinela servil y se quiebra el acantilado
donde mora mi sueño y tu sueño. Abolido blanco
imprimiendo un recuerdo sustraído al vacío.
Fui y fuiste signo de sangre opuesta, invertida,
en ascenso rezumbando imagen pura.
Gris, gris albura donde el tiempo intima.
Cruce magnífico, espacio quebrado y celiyermo.
Sagrado término de lo que no pudimos ver
a un palmo de nuestras manos.
Fin de violetas cabellos rodeando el cuerpo,
constelado cuerpo de irreparable ausencia gualda,
arreciando glauco sobre el golfo de tus sombras.
ATARDECER EN PLENA DURA PAMPA
Atardecer en plena dura Pampa
y a lo lejos cementerio solo.
Enfrentado al mar, mis ojos.
Cordeles secos, ultramarinos.
Fulgor de barco en horizonte.
Y mi poema que desvanecía.
Revuelo de pájaros, último.
Grito de viento, azulverdoso.
Una pena rueda el tiempo.
Derivo de cal, todo es mármol.
La tarde cae, suspenso.
Solo quedo, sin los versos.
Pensamiento a dos tiempos.
Todo llueve, mi cabeza.
Salta una liebre. El campo
rueda, se derrumba
contra el planeta. Ancla
clavada en la arena.
En la playa van los muertos.
Atardecer frente al mar. Solo.
Todo es curva para el que
dialoga con los muertos.
Punto real o ficticio. Piedra.
Se abre el mal. Un roce
en la sangre. La marea.
El límite está en los ojos,
descentrando toda imagen.
Llanto. Márgenes del ser.
A TRAVÉS DE LA
NOCHE VOY
A través de la noche voy, las torres faltan.
Queda la alameda que fluye hacia el arco.
Y el agua cruel se une a la gaviota dialéctica
donde todo es roca, azul, profundidad, ser.
Casi un claror a locura, estilos de llanura.
Gaucho puro, línea de impostura, Pampa.
Eso me das: deseo dulce, aminoración del yo.
Enmascaramiento de la base, de la
subjetivación.
Todo irrisorio, molde frenético. Sueño
intenso.
Eso me das: transitoriedad del Yo para el
deceso
de la formas reveladas. Sustanciación apenas o
rasguido doble de toda música encadenada.
El fango es el fango y nadie ya lo corre o lo
quita.
Humanales de sangre marrón, profundos ojos,
verdad en la petición para todos los sabores
amargos.
Eso me das: cenizado saludo último a mi
espera.
Periférica la guitarra suena agria, profética.
Gritada hojarasca aislada en su cruel chatura.
Eso me das: toda la basta orilla para mi
condena.
CICLO
Qué cielos, qué rostros, qué tiempos, qué
palabras,
qué sabidurías surcando lo natal
y diatribas por juicio y el canto cantando
entre la noche
de la imagen que retorna
o del inicio hacia el final,
plenario, insustancial.
Mundeo en la desgracia que disuelve
ampliado por un viento de insurrección.
Mundeo, clima de terror,
que a los amantes se opone
para vencer al amor.
Pero..., ¿Quién sos vos, menos rojo y más
rojo,
el punto en el cuerpo, menos alto y más alto,
cedido o impostado, más amado que el sueño
y más cierto que el gesto?
Amagues y cifras entre árboles
y desmesurados, arriba del signo, los pasos,
donde todas las señales intrincadas se cruzan.
Barco anclado por el mal, y lánguido paisaje
al ojo inmóvil,
yo también asumí el terror y el olvido que
recuerdo
forzando todas las líneas, quebrando la
tensión
entre una primavera y otro verano.
Esto, desconociendo, pude haber hecho
si no me hubiera desconocido demasiado,
yo, que por sobre el naufragio, pulsando
junturas uní las aguas
ignorando que me ignoraba.
Esta posibilidad, este no saber, esta muerte,
sintiendo para sentir, en un día más acá de mí
podría hacer ahora, si no fuera que me conozco
demasiado.
O bien, irme de mí, perderme para vivir,
abandonar mi sueño por otro sueño,
mi poema por aquel otro no dicho,
el silencio, boca entrelineada, la
aliteración,
los antiguos ritmos en la apertura final de
todo el ciclo.
Qué cielos, qué rostros, qué tiempos, qué
palabras
tan verticales hacia mí.
Y al fin, en la proyección de mi canto,
el blanco dispersando lo que escribo
adhiriendo niebla al silencio.
VAMOS, AMOR
Vamos, amor, por el pequeño espacio de vacío
que desesperadamente va y viene
de cada uno de nosotros a cada uno de
nosotros.
Después, el mundo, orbicularmente atroz,
hará girar su terrible conspiración de muerte.
La línea que une también desune
y no es acaso otra cosa que un gran viento
sobre la arena vocal que sobre el agua canta.
Mientras,
vos, cuando ya nada comprendo
muy bien sabes lo que siento.
Entonces, más arriba de vos y de mí
todas las clausuras devienen por instantes
insólitas alternancias;
el punto más alto del tiempo
atrapando al pensamiento que huye
que cae y que canta
sobre aquellas rocas primitivas y extrañas
por donde los extensos días furiosamente
cabalgan.
Así, una y otra vez,
la naturaleza tiembla de cara al acantilado
y nuestros ojos expectantes son implacables.
Alucinado, cada imaginario gira
enloquecidamente,
ahora, cuando adentro y afuera, todo es
un continuo ir y venir de la irrealidad a la
realidad.
DESDE ESTA RABIA
Desde esta rabia donde un clima del corazón
arqueando ámbitos de mar
rechaza y no, aquella exultada corriente de
amor,
ha de percibir mi mano, ella, la que toco en
sueños,
atrás, circular como la magia de los que se
amaron.
Así, nunca, nadie, será la boca
de tu congelada sonrisa mirando mis ojos
por el aire extendiendo la ausencia invertida.
Y porque no es posible levantar la muerte del
mundo
si la sangre, ya leve, la vida duerme,
puedo entonces decir:
en la vacilación de los amantes está el
secreto del amor.
Y porque las palabras del sueño
a otro sueño en una hoja canto,
yo estoy, vuelto a las horas del recuerdo, una
mano al vacío.
HORACIO AIGE nació en Rosario. Publicó varios libros y plaquetas de poesía. Entre ellos el libro POEMAS (1994). Colaboró en varias revistas literarias, entre otras, la mexicana POESÍA y POÉTICA dirigida por HUGO GOLA y la porteña HABLAR DE POESÍA dirigida por RICARDO HERRERA. Entre 1995 y 1997 funda y codirige junto a los poetas HÉCTOR PICCOLI, CONCEPCIÓN BERTONE y ARMANDO VITES la revista literaria CUADERNAS. En 2015 junto a ARMANDO VITES crea y dirige la revista literaria MIRTO.
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Poesía
lunes, 7 de agosto de 2017
Hugo Rivella - Argentina
Fotografía: La Voz, Argentina.
LA PALABRA
DESBORDA LO QUE TOCA
Tengo en mi corazón los restos del naufragio cuando la palabra era
un ave de cenizas
¿De qué materia es esta tristura?
¿Esta doliente ausencia?
¿Esta rama sin árbol?
Al costado del hombre supura la herida que eternamente muestra
Jesucristo,
la lleva en la mollera el que fraguó la noche y el robador de
sueños la escondió entre los párpados,
o quizás,
hace siglos,
con el tiempo quebrado como un reloj de mica,
dios, lo mismo que una madre,
parió salvajemente al mundo y sus harapos,
y la herida fue un río destrenzando la noche.
Regreso al corazón,
al ave de cenizas,
la tomo entre mis manos,
respiro su secreto, el vuelo detenido sobre el mundo que arde su
demencia,
la palabra,
entonces,
sale a buscar al hombre en los escombros de la guerra y sus
guanos.
RONDA DE LA
PALABRA MISTERIO
Toma esta palabra.
Sostén su corazón para que no se hunda.
Cuando los años pasen y el recuerdo sea un arabesco indescifrable,
ella vendrá a besarte los labios y dejar en ellos el secreto guardado.
Toma esta palabra.
Protégela de la lluvia, del sismo, de la creciente que en el río
es pura desmesura y limo y miedo y peces y el miedo retumbando en las piedras
como tigres heridos.
Toma esta palabra.
Acaricia su vientre, su luz embarazada, el latido que viene de
toda la comarca,
que viene de la ronda de la
luna en donde sigue estando el burrito de orejas inmensas que mi abuela decía ¿Lo ves? Eso que parece una mancha son sus
patas.
Toma esta palabra, libera su música.
Pon la oreja en el atardecer a donde van las aves a soñar con la
noche, donde danza la muchacha enamorando remolinos, y la canción arrulla lo
que fuimos.
Toma esta palabra.
Imagina que adentro vuelan colibríes, que hay un dios pisoteado
por la roca del tiempo, que es de fuego el silencio del muerto que la goza.
Toma esta palabra,
limpia sus bolsillos, restriégale los pliegues de la falda, lava
los magullones que tiene en las costillas, toma un trago con ella, hazle el
amor
si puedes.
Toma esta palabra que se parece al Hombre
ESPEJISMO
Espejismo
es la traición de los sentidos por la fragua y el miedo.
Caminar
por la noche entre los árboles del parque,
su
silencio y el corazón saliendo por la boca.
Encontrar
en un charco el rumor del espejo
es
un espejismo,
también
son un espejismo las lágrimas del traidor,
Príapo
diluyendo su sexo entre doncellas,
la
oración
que
en la boca entierra laberintos,
en
definitiva
espejismo
es
creer que la Poesía
se metió en tu cama
y
eres el único con el que hace el amor.
EL MUNDO
a Juan Forn
Pasó el mundo ante mí… y yo era el mundo
cavado por la furia,
la flor que despertaba su esqueleto y la marca
del fuego en el pecho de dios.
Fui la canción de cuna que la madre cantaba
mientras mecía a su hijo,
el templo de la plaza solitaria del pueblo,
la ciudad con sus calles cansadas,
somnolientas,
la mañana que aturde los barrios pobres y el
sol despanzurrado entre gatos y alcobas.
Iba ardiendo la noche su fracaso,
corría por el pescuezo de un caballo de
mármol,
le mojaba las piernas a la niña violada y era
un soplo sin alma en los ausentes.
Yo era el mundo,
su apenas,
su siemprevivo siendo,
el poema que estorba,
el mar agazapado entre rosas y peces,
la consigna que grita el olvidado,
la máscara de trapo que oculta lo que digo,
la oración que despide al muerto que lo
ignora.
Yo era el Hombre y el mundo una extraña
metáfora que lo desdibujaba.
Yo era el mundo pasando.
YEGUAS DE
DESAPARECIDOS
a Julio César Rojo Luque
Cuando el trampero llora la fuga de los
pájaros,
hay que rodear al mar que es fuego,
niebla del aire y de la trampa.
No mentiré mi amor, ni escribiré palabras con
mi sangre,
suficiente saber que en la penumbra tiembla
también la voz del asesino. Tiembla porque mi madre lo busca en los escombros
como busca la hendija el presidiario.
Hay rosas de papel con los nombres del muerto
en cada página.
¿Dónde pondré mi corazón cuando se desgaje mi
esqueleto?
¿De qué me servirán estos papeles o los poemas
sueltos a mi patria?
¿Qué parte de mí ha olvidado vivir, y qué voy
a hacer con la muchacha
que amé en secreto hasta la madrugada?
¿Su cintura?
¿La línea de su cuerpo y de sus ojos vendados
en mi lengua?
Las yeguas vienen a mí,
a golpear con sus patas mi nostalgia.
Llenarme de estallar con las rosas que tienen
las espinas de la noche.
Hay que rodear la sombra de la muerte con
pequeños fueguitos de colores.
No dejarla que bufe.
Amordazarla.
Hay que yeguar el cielo de galopes hasta que
caiga pisoteado.
SED
El
mar, la inmensidad.
Otra
vez la constante secuencia del crepúsculo,
el
vocerío del pueblo y el miedo repartiendo los ojos por el cielo.
El
mar llega, se asoma, ensaya una pirueta chaplinesca,
un
gallináceo persigue un haz de luz y la playa lo mira enamorada.
El
mar vuelve por mí,
por
las ollas tiznadas que mi madre restriega con ceniza,
por
el cangrejo que azula la bahía y la tijereta cortando la distancia,
por
el poema que grita el desahuciado.
El
mar, al fondo, respira a bocanadas,
se
agazapa como un guerrero que acecha a la galaxia,
cabalga
con sus huestes de sonámbula forma.
El mar es esta rosa derrumbada en la muerte,
la
vida, los restos del delfín en la arena,
la
marimba y la noche en una fiesta negra,
una
pantera danzando entre muchachas de ébano.
El
mar acuna la ciudad,
la
arrulla con un tenue zarpazo que los hombres ignoran,
En
el mercado luce su cintura de pez,
se
curva en el banano,
se
azucara en el coco, crepita en el aceite de la cocina pobre.
Si
el mar sólo fuera el tiempo que me falta vivir.
Si
el mar supiera de mi sed.
MENSAJE URGENTE A LA MUJER QUE AMO
No
puedo esperar otro minuto, ni un segundo, no más, nada,
La
espera es una quietud que no le sirve ni siquiera a un muerto.
Te
necesito, ya, en este instante,
mi
corazón de tierra se reseca, mis manos de ilusión desaparecen,
el
poema amenaza fragmentarse.
Te
necesito ahora entre mis cosas,
en
la sina sina florecida, en la cama inexacta de la aurora,
en
la pereza del domingo, en los ríos sin ausencias de la noche.
Te
necesito ya,
en
este instante,
no
vaya a ser que a dios le de por reinventar el mundo sin ti.
Estuve en las flores de sal de tu mortaja
y en la fila de deudos lacrimosos.
Entre las cartas de tarot con el sueño de
Arimán
pálido,
solo.
Pude ver tus ojazos casi grises de tantos
caracoles y cigarras,
el vendaval del trópico golpeando tu
escritura,
el dulzor de tu sangre.
Vi el gato de alabastro sobre el piano que
en soledad apenas desbordabas,
los papeles del viento sollozando,
el laberinto de tu calendario con la rosa
caída a un precipicio y el otoño mellando sus espadas.
Te vi dulce y en ascuas destellando la
risa de la suerte,
el jardín con la sombra del pasado y el
balbuceo de Saint-John Perse en tu lengua.
Caía la lluvia,
se cansó de caer,
se fue por la fosa que aguardaba a tu
cuerpo,
el remezón del pez de un mar sin tiempo y
la llama inconclusa del fuego de los días.
Partirás en el carruaje repleto de flores
insoportablemente lilas.
Las huellas del rosario recordarán las
guirnaldas de Comitán,
el musgo que sopla tu hermosura hacia un
país ajeno a tanta luz.
El rosario en tus manos es un alacrán
dormido y solitario
Tu cuerpo será de otros paisajes,
lo llorarán los perros que incendian los
crepúsculos,
lo besará el Eterno mientras raja sus
huesos y lo vuelve olvidos de seda intencionada.
Me reiré del que pasa con sus árboles
tristes,
los libros apenas hojeados,
el ciempiés que guardabas en un frasco de
vidrio.
El corazón de dios atado a tu pañuelo.
Los cascos de la noche retumban en mis
dientes,
Descascaran mi risa.
Porque el olvido traspasa los días,
es que espero,
apenas esa pátina del sol que aguarda en
cada rosa,
los sitios que he caminado como un
fantasma sin tramas ni relojes.
Me he sacado los ojos y un animal sin
nombre engulle mi mirada.
Nació en Rosario de la Frontera, Salta, Argentina, en 1948. Tiene una extensa obra poética literaria y musical. Ha dado numerosos Recitales poéticos y musicales en Argentina y ha compuesto canciones con Carmen Guzmán, Alberto Oviedo, Chato Díaz, Rubén Cruz, Mario Díaz, Ernesto Romero. Ha obtenido premios a nivel nacional e internacional, entre ellos el Primer Premio de Poesía Juegos Florales Hispanoamericanos y de Panamá, Quetzaltenango, Guatemala, 1985; el Segundo Premio de Poesía, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires 2001; el Primer Premio de Poesía Ilustrada Jorge Barón Biza, Córdoba 2001. Como compositor de música folklórica también ha obtenido importantes reconocimientos.
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