lunes, 16 de mayo de 2016

Roberto Mascaró, Uruguay - Poemas




Hemos cortado el cable submarino que va de Malmö a Utila y de Utila a San Juan. No hay puentes, ni siquiera un pedazo del inmenso que une a Suecia y Dinamarca. Lanzo una botella al mar y apenas alcanza para que lleguen unas cuantas palabras que se han salvado del ron al fondo de ella. Queda un poco de borrasca en ellas, espero en repuesta versos pero hoy he bajado a las playas cerca de Santurce y lo que me ha devuelto es una botella llena de un líquido tóxico que incendia. Su poesía pareciera que trae tras de sí un redoble de tambores, un crescendo de dientes apretados, una agitada barra, una torcida espumosa y hooligan que se viste de palabra con inmensas mantas para cubrir el mítico Centenario. El irredento charrúa anda lo más ártico posible, y casi lo veo con su galeón sin tesoros a sus espaldas, mientras va anotando en su bitácora. Una colección de muelles y refriegas van surgiendo a medida que el poema va implosionando y que, polifónicos, los coros de la hinchada alcanzan su frenesí. Hay toda una locura en estas graderías, casi registro videográfico de un aquelarre futbolero que ningún Báltico congela.

Esto es lo que recibo, entonces. Y los dejo, porque me voy a sintonizar ese canal donde Roberto narra el partido con su sombrero de tres picos manchado de sal.

Tango del Apocaliptus Oriental





                                                                            Para los lobos de Cabo Polonio







I                                                                                                              



Como a hermana bastarda te prestaré mi odio

y entraremos a saco en la negra ciudad;

patearemos las ratas y encenderemos fuegos

en todas las esquinas.

                                  

                                     Iremos esposados.



Detenida de mí. Cuerpo mismo del crimen.

Escena del delito. Ramera idolatrada.



A tu disposición.



Unidos para siempre, por siempre y como siempre.



Para que no te alejes de mi vera,

darling, tesoro, beib, mami, rubia

de Niu Shor.



Correrá el Miguelete con todos sus cadáveres

y de esa agua viscosa se engomará algún ángel

ahogado por el plástico, envenenado en miasmas,

negro como azabache, repicando en la mierda,

chas-chas al tamboril.



Reina de Nuevo París: esposados iremos.



Pasando el Pantanoso, como pa’  la Tablada,

por ashá, atrás del Cerro, más bien por Pajas Blancas,

allá suben fogatas que franelean las nubes

y cubren de hollín puro todo Pocitos Nuevo.

Son los recicladores empastados de restos,

en la mente los cascos delgados de un caballo

que algunos se comieron p´al casorio e´ la Juana.



Las gasas de hospital y la infección y el cáncer

tapizan las aceras de Carrasco y Malvín.



“¡Qué cuadro, compañero!”, Negro Wilson uil sei.



Una guiñada al Cielo mentando el Manifiesto.











II



Te miraré de frente al cruzar el semáforo

de camino Corrales. Y tus ojos zancudos

se irán por algún techo, levitando en la brisa,

repitiendo en la tripa tu mente alucinada.



Y de los basurales se escuchará un embrujo,

un poste o eco lúgubre, como un grupo de esparto

o bien coro aterrado de agudos querubines

tragados por las grietas, resbalando en la pátina,

pegados en la grasa, aullando por el humo

acre de los suburbios.



Con un crujido de John Cage.



¿Te abrirás al paisaje?



El arrabal amargo

irá aprendiendo cosas.



La ausencia de veredas hará el paso liviano.



Nuestra facha será negroide o no será.



Y la mesa de truco, y  los gauchos y chinas

persignándose atónitos nos cederán el paso

por hoteles de mala muerte del Interior, pulgosos,

con hojas raídas de la Declaración de la Habana en sus piezas

y los piones caerán enredados en bombacha o bombacho rural paquistaní

y sombrero portugo de ala ancha.



Se despertará el áspero Chiripá de Acá,

El Culero Oriental, meid in Taiguán.



¿Te haré los calzones de lana pero te los terminaré de cuero?

¿O venderé productos de entreport, látex, uñas, diademas, pasamontañas?

¿Sangre de vaca en polvo?



Brillará el diente de oro en la noche de ciénaga.



Olímpicos bailaremos “El Pericón Nacional”

y comeremos mejillones provenzal

mirando un cielo de Mar de Bering, saboreando

guampa molida afrodisíaca,

sentados en bellas alforjas marroquíes del París del Sha,

en el Hotel Argentino de Piriápolis, ¡qué no ni no!

Rodeados de travestis, de melómanos, de yanquis, de

cabezas bien rapadas.



“Somos versátiles”, dirán.

“Más te vale, rapaz”, bramaremos

por las avenidas del Parque de los Aliados,

cubierto por las sombras de negros bujarrones

aliados del Imperio Genocida Occidental.



Defensor de menores, juzgado de otro turno,

legajos y vaginas, crótalos y azoteas

hacen la muerte un paso.



Todo terminará en una pelea a botellazos, as iusual.

Como un pastoso Peñarol que se embarra,

se empantana, se retrotrae, avanza reculando

y ataca defendiendo, vuelve loco al contrario,

lo calienta, lo alaba, lo deja llegar y

sobre la hora, gana.



Tendré que sacarte por la trastienda, drogada y borracha.

Dormiremos en una amueblada de mala muerte,

con yacuzi, cama redonda de agua y olor a lavandina.









III



Como te digo una cosa

te digo la otra.

                   Ahora, pará la oreja:



Soñarás con Verlaine y con la Pompa Yira.

Y un traveco morado zurcido en terciopelo.

Bello como una estampa de Changó.

(Palidez de vampiro en tierna juventud).

Cándido como un adolescente de Padua.



Como la Virgen de Guadalupe, protectora nuestra.



Y láminas de goma acariciando el heno.

Y un repique que llega agitando estandartes.

Y los gritos de fútbol que vienen por las calles.

Y los fuegos artificiales del gol.

Y la sordera del que

grita en el colmado Centenario.



Mentime que me gusta.



Levantaremos el Monumento a la Vaca, esa heroína única,

Animal Nacional Orgánico (ANO),

único amor de mis amores,

dama galante, meditativo agente,

dechado de humildad, paciencia soberana,

desjarretada siempre, siempre de ojos en blanco,

sacrificada al fin, le da el rojo a la Patria,

que cantó Zitarrosa, el delicado y triste

trovador oriental.



Junto a la Oveja térmica y estática, indigesta,

Madre del Cordero sagrado, no del Año Nuevo,

sino del Fin del Año.



¡Tánta vaca y oveja vendimos a las Guerras!

Morfaba Johnny cornebif uruguayo en Guadalcanal,

y tal vez también Jimmy come hoy asado en Kandahar.



Restauraremos la Melodía Nacional.

A cuerpeada limpia, a taco y punta, a rompe y raja,

a montonera y entrevero,

a pollerazo limpio y a taquito alfiler.



Y viviremos gracias al Ritmo Nacional.



Y moriremos a la sombra de la Tumba Nacional.



Bailando la cumbia nacional nacional.



Aunque la gloria sea con Peñarol Peñarol.



Sin chistar.



Zapatearemos sobre el Capital.



Alquilaremos un auto de ocasión.

Alguna lata eventual que transporte.

Un robot que haga lo que ordenemos

y agregue algo de banda ancha oriental.



Y enfilaremos por la Rambla, una y otra vez.

Los Accesos-Carrasco, Carrasco-Los Accesos.

75 km p/h.



Esto te gusta, ¿eh?

Le llaman la Paja Húngara:

se hiende sin anexos

por el vector que va cediendo

y por la tramontina que ocasiona

dentro mas dependiendo de la carcasa.



Pero, el cosquilleo es el paso final,

como decía el Gordo

en tanto la agarraba.



Sacarás tu pelo rojo por la escotilla

y gritarás como alelada y veré

una vez más las pecas de tu cuello,

oleré tu perfume de puta universal,

santa mía bendita, ardiente meretriz de mis noches charrúas,

ignorando a los curiosos de peluca

aunque repiquen con sus bastones por las veredas

regadas de tu ropa interior sin estrenar.



Mientras tanto devoraremos viandas locales,

jugosas y sangrientas como muslos de adonis

-húngaras, chimichurris, mollejitas, buñuelos, pan

con chicharrones, torturadores, muzarela, figaza,

asado ´e tira, corvina a la plancha, pascualina, asesinos, pastel de carne,

berberechos, almejas, pejerreyes, colchón de arvejas, violadores,

vino con gaseosa, pez espada, buseca, muzarela con orégano,

milanesa a caballo, mejillones, Patricia, medio y medio, flan con dulce de leche,

budín de pan, Martín Fierro, pirón, buñuelos, tumba, patria, milicos,

pastaflora, cobardes, fainá: bajo el hollín eterno del Mercado Etílico.









IV



En el verano rumbearemos al mar.

A ese mar  mentiroso que es un río,

el río camaleón que nos da nombre,

el que trae toninas, noctilucas;

ese río de pájaros con sabor a oceano,

que igual viene mojando nuestra mejor arena.



Todo será sencillo y tan charrúa,

tan chaná masacrado,

tan guaraní, arachán, tan Frutos genocidas,

aniquilado por aquel cruel Imperio

que difundiese la cocina española

hasta el Río de la Plata, edén muy bravo,

especialista en platos de la casa:

Restaurante Juan Díaz de Solís,

menú del día, menú de medianoche,

perdidos en la nieve y la ventisca

años después, y orgullosos

de ser parte de nuestra especie humana.



El país natural depredador,

el tigre en el flotante camalote

hace un guiño a la pastera Botnia,

entonces el fulano se distrae

y un golazo de Edinson Roberto

Cavani.



Ah pajas de la hora de la siesta,

el delicioso río tan ancho como mar

y las arenas blancas quemando nuestras plantas.

Ah, el Séptimo Círculo, ah las aventuras

de encantadores cowboys, de Marcial

Lafuente Estefanía.

Ah el clásico más célebre del mundo

que se llama Memorias de una princesa rusa

(y que se encuentra gratuitamente online).



Nos vamos para afuera esta semana.

(Todo aquello que no es Montevideo

es para nosotros el afuera).



Tu serás simplemente mi querida

novia, mi dulce prometida.

Yo seré un chico sano, izquierdoso y valiente.

Nuestro lecho será de sol y playa.

Siempre, siempre a tu lado. Chic to chic.



Olvidaremos todos los golpes de estado impunes.



¡Olvidaremos la maldita Ley de Caducidad, vergüenza planetaria!



¡Arena, arena, arena!

Nuestra arena es la más esplendorosa:

del color del cabello de la reina de las rubias taradas: Paris

Hilton, esta pobre muchacha, que es tan burra que olvida

que el oro es veneno: recuerden lo que le pasó a la chica

de Godfinger...



Merluza a la plancha comeremos,

empanadas de algas,

berberechos cogidos en la arena

y fainá de la orilla en el boliche

con velas y faroles a mantilla.



Jim Morrison va a estar rugiendo siempre

en las radios Espica de los goles.



Descalzos, naturales, espontáneos.



Ese rumor de océano, ese ritmo de oleaje

nos mecerá en el sueño

dulcísimo del sexo y del canabis.



¡Oh el inocente porro inmaculado!



Ya nunca más aquella falda blanca, “túnica”

con pajarita azul (la llaman moña:

al comenzar las clases es azul de bandera

y en el final del año violeta funeraria)

que me obligaban a llevar en la escuela

me harán sentir un bobo reverendo.

¡Niños del Uruguay, a quemar moña y túnica!



Oh la papa o la tumba, oh los asados.

¡Oh todos aferrados a la ubre!

¡Oh aroma de eucaliptus de Ramón Anador!

¡Oh gran cabeceador Alberto Spencer!

¡Oh el sagrado Inversor, oh el Capital!

¡Ay mi Punta del Este guerrillera!



Oh sol de Peñarol que se ha extraviado.

Oh bandera, oh bruma que la cubre.

(Mama, ganarle al cuadro afrancesado

que se esconde en la calle 8 de octubre).



Ganaremos de atrás con gol soñado.



Por eso nos llamamos los Campeones del Siglo.









V



Aunque te arrepientas de todo el horrible

Industrialismo y las vías férreas inútiles y las hortalizas y esos

señorones encopetados que en las fotos ésas marrones,

con trajes arrugados mas ensombrerados,

como escapados por la escotilla trasera, intactos, iluminados,

rodeados de zapallos en una chacra de Casupá:

ahora estamos en la era de Gaga o de Gagá

chupándole las tetas a George Sand.



Pero por ahí nomás nuestro elixir se truncará a costurones,

hélo aquí empercudido por la intemperie,

acicalado de ébano lujoso -esforzados atletas

que vienen de triunfar-

machacado en bengalas por un techo pasmado,

las cabezas colgando fuera del convertible,

con más vales de nafta (esos vales castrenses, carajo,

carne, verdura, arroz de chacras militares

entregado en la puerta de nuestros oficiales

por la tropa, esa anaconda muda,

aquí no hay corrución, señó)

y el humo de los porros que va hacia el Paccha Cielo.



No importa, nuestros hijos portarán la antorcha,

y también la alforja gitana sin duda,

se frotarán la mota por la noche,

tomando helados en costaneras antisépticas

con ventilador incorporado al bies

y  deslizadores áureos mas vibrátiles.



Nuestros hijos serán chinos,

chinos de La Teja o chinos de Bella Unión,

chinos de mierda,

de América y del mundo y de la Santa Impunidad,

engañados por un puñado de dólares,

por un puñado de carnes, un puñado de pelotas,

deportistas de corte continental, hinchando, hinchando,

intelectuales sin tacha, holgados

en su camisa blonda, en sus babuchas dodecafónicas.



Leerán Lolita en versión frenopática, filisteos

a mucha honra y dispuestos a todo

-shoot the lyon at the zoo-, ofídicos serán,

atrabiliarios, ¡Diantres!, hélas,

lo que el galano os demande ¿devotos?

Oh bien sure

Monsieur, é tudo bem, a fojas cero

descompaginarán los tropicalismos descalzos,

las esclavas de tobillo, las pequeñas gemas

que a mi amada engalanan, el pircin del malevo

clavado entre los huevos y el peroné.



Y además, vos y yo,

estaremos trabados para siempre.



¡Siempre andaré a tu vera!

Buscaré tu nombre en las placas sin fin

del Parque Posadas, en vano, ebrio

y rodeado de guardias armados que

Me iban a matar, como dijese Chávez.









VI



¿Habrá acaso blasón con más decoro

que el negro con el oro?



Hemos de volver al combate, en fija.

Ay, m’ hija, el combate nos llama,

siempre y siempre combate,

siempre fajar la faja y cruzar el facón.



Caras de los que te beben,

oh santo, alto licor que te ofrece la Patria,

¿combatiremos pues?



El Muñeco, la Chola, el Pardo, el Hétor,

la Patitas de Cerdo, el Zambo, el Cabecita Negra, Dienteleche,

la Tetona, el Chinchulín, la Chola, el Chongo, la Jazmina,

el Carozo, la Pocha, la Gatuperra, Batoví, el Manguera,

Catongo, Juana la China, el Querusa, el Pararí, el Chorizo,  Bujarrón,

el Macaco, la Caldera, el Corvina, el Menchaco, Pomelo, el Calato,

Frankenstein y el mambo:



¡Ellos también existen!



Hallamos un país desconchinflado

por lachos blancos y lachos colorados.

Y ahora la bandera de Otorgués, Señor,

se ha puesto en su lugar: hemos vencido.



La sangre vertida por los torturadores de la Matria

nos mira.



(Clemencia para los vencidos).



La Revolución ha empezado: ¡Vívela ya!



Todo el país charrúa avanza.



La Celeste es la gloria celestial.



Socialismo ya.



Legalais también.









VII



¡Avanza, forajida, ramera mía, mi forra!

Toda en ropas de noche que son como un vapor.

Abrazame en las luces rosáceas de la Rambla.

Parate en las esquinas del barrio del Condón.

Que la blusa trasluzca tus pezones patente.

(De ahí el éxito de las jóvenes que lavan autos).

Besame en las arenas quemadas de Neptunia.

Llevame a la Coronilla, al Chuy.

Acelerá a fondo que quiero morir en el Este,

con un quegüis en mano, besando a una morocha

junto a la suimin pul.



Te garanto, en chancletas

iremos predicando

que todo, todo, todo se trataba de nada

y hay que empezar de nuevo por lo tanto:

bilingües, asociales,

zurdos, bien achinados,

descalzos,  retacones, vertebrados al paso,

en el pecho la brisa y en el alma la calma,

llevando picemeiquers o datos de Dou Yons,

memoriosos, anales, sublimes y pendejos,

sobre rancia llanura raspando nuevo mote,

cual si le cimentaran el coturno o palenque,

dándose unos masajes orientales

de aquellos, figurando en unas páginas arrancadas

al Contrato Social,

encontradas en el excusado de una estancia de

Ibiray (Paraguay),

-el ADN del excremento no

identificado hasta el momento-

como una piara de anormales hablando

cosas descabaladas,

una reunión de efebos compartiendo canabis

y jugando a las madres:

en doctas compañías se decidió el asunto,

“Chupando zorra”, dijese Maribel

-y de todo lo dicho estampo sello y firmo

encamado en la mejor amueblada del Universo-

sin religión, sin dogma, sin martirio,

y por si alguno entre ellos realmente

le encontrara

(como lo hiciese el gran Julian

Assange)

algún día

el goyete a la Cosa.





(inédito en libro, Montevideo, 2001- Malmö, 2014)







Roberto Mascaró, Montevideo, Uruguay, 1948.


Autor de los libros estacionario (1983); Chatarra/ Campos (1984); Asombros de la nieve (1984); Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist, Fripress, Estocolmo, 1986); Mar, escobas (1986); Cruz del sur (1987); Gueto (1991); Campo Abierto-öppet fält (1998); Campo de fuego (2000); Montevideo cruel- tangos (2003); Un río de pájaros (Colombia, 2004); Asombros de la nieve, antología (Caracas, 2005); Viendo caer la lluvia de una ventana azul (Tegucigalpa, 2012); Nómade Apátride (Catapulta, Bogotá, 2012). Ha  publicado más de cuarenta volúmenes de traducciones , entre ellas obras de Tomas Tranströmer, August Strindberg, öyvind Falhströn, Ulf Eriksson, Tomas Ekström, Jan Erik Vold, Edith Södergran, Henry Parland. Su poesía ha sido traducida al sueco.

Traductor del Premio Nobel de Literatura 2011, el sueco Tomas Tranströmer.














jueves, 12 de mayo de 2016

Los gallos de Ciales pelean por uno, Foto: Fabricio Estrada

Al sol se le ponen espuelas. Las necesita para plantarse al borde de la noche y romper en cantos. Cantar en Ciales-Puerto Rico, cantar en Talanga-Honduras, en Guanajuato-México, en Caaucupé-Paraguay, pero cantar con las armas puestas para enfrentar a los otros soles que se le vienen encima, sortear las pruebas del peso del corazón, el griterío previo al combate (¡Voy de a seis, voy de a seis!), el encierro y la furia dentro de la urna cósmica.




Nunca había asistido a una pelea de gallos y vine a verla aquí a Puerto Rico, a Ciales, un pueblo de montaña de larga tradición en este tipo de justas. Acompaño a don José Maldonado, mi suegro, gallero irredento que este día le apuesta a dos guerreros. Van con nosotros Juan y Víctor, este último, un extemporáneo pirata de corazón noble, todo investido de autoridad gallera y con los atavíos de cada sábado: su camisa roja y las argollas bucaneras colgando de sus orejas. Más tarde lo veré cortando espuelas y negociando, gritando y alentando, socarrón y alma indefinible del Coliseo de Gallos. Nos tomamos las Medallas, hago las debidas libaciones y observo, ya metido al plan de documentalista. Don José me va presentando y es la confianza y el respeto que le tienen el que me permite poner mi cámara casi en el pálpito nerviosos de los duelistas.








Los veo ahí, con su corte de guerra, con sus músculos tensos y sin crestas (a la muerte no le enamoran las crestas ni nada que pretenda impresionarla). El corte y puesta de espuelas artificiales es rápido y tiene características industriales, casi automáticas: se toma al gallo con cierto amor descuidado, se toma la pata y sin aviso se corta; de inmediato se le aplica un cauterizador y se le venda con una cinta de meticulosas vueltas. Veo a un gallo que tiembla incontrolable y me trae al gladiador inexperto que se orina en la primera pelea que Russel Crowe acomete en Gladiator. Aquí no hay palabras de aliento pues hay unos sesenta gallos en proceso de armado, así que no creo que existan tantas citas épicas para repetírselas al oído y que tiemblen de otra cosa que no sea pánico, que tiemblen de excitación, por ejemplo, que tiemblen porque saben que los otros vienen dispuestos a que el día los ilumine.








Don José me ha conseguido una locación justo al borde de la arena de combate, al lado del juez, lo que me permite descifrar su monótona narración de los duelos, algo que para muchos viene resultando imposible de entender desde el principio de los tiempos y que han aprendido a identificar como un tantra tibetano de pase a la otra vida. La verdad es que apenas le entiendo, apenas percibo la frase que más repite al micrófono, el sigue perdiendo sigue perdiendo sigue perdiendo que es lo último que escucha el gallo más desesperado.



Desde esa distancia, me impresiona sobremanera el porte de estas bellas aves ¿pero qué estoy diciendo? ¿aves?, ¡mejor decir archaeopteryx reencarnados e implacables! Las plumas del cuello se despliegan, las alas se extienden en una curva tensa y alarmante, la danza prevista en los genes con toda y su solemnidad… el arquetipo de todos los trajes guerreros y la más pura furia delicadamente desencadenada. Cada parte del cuerpo es escudo, lanza, espada y puñal, cada giro una finta desconcertante que antecede al casi invisible tajo de las espuelas. Una fascinación culpable recorre mi espina dorsal, esa sangre que salta hacia mi rostro en gotas terribles, esa decisiva promesa de no dejar en pie al oponente… y las tribunas gritando, y el dueño del gallo que va perdiendo casi sobre la pista, en el borde acolchado, eufórico de tristeza, cantándole las palabras más melodiosas del caribe, las más boricuas e intraducibles, esa cantao que es de niños y de grumetes a la vez.






















Me he detenido por segundos para limpiarme el rostro y continuar fotografiando y, también, para hacerle caso al juez que me pide no meter la cámara a pelear. Quiero la foto más cercana quizá, la que le haga sacar espuelas a la cámara pero ese otro ojo distrae, esa otra coraza japonesa no es permitida a menos que ayude en algo, que devuelva la vista al gallo que ha quedado cegado por el pico contrario.  Disgrego por segundos y me dejo llevar por los rostros de la tribuna. El primer combate duró apenas 40 segundos y creo que al final se llevó el premio, pero hay otros que no comprendo por su extensa duración y escarnio. Luchas ciegas, estocadas ciegas, adiós lirismo en el coágulo que un guerrero expulsa por su pico, resurrecciones impensables, huidas auténticas, fragor, asfixia… creía que todas podían durar cuarenta segundos, pero no es así. Registro combates de hasta cinco minutos en los que se declara empate tan solo para que ambos vayan al sacrificio de otra forma, más privada y silente. Prefiero no ir a ese teocalli mexica, me quedo hecho un mar de contradicciones al ser testigo del carácter de especie que vuelve al gallo implacable una vez que comprendió que su oponente está a su merced. Sigue picoteando los ojos, sigue aplastando cabezas con arrogancia, danza de lado, arremete, canta. No hay piedad en ese canto, es como gritarles a todos que triunfó sobre el inframundo y que ha salvado a la humanidad de su pusilánime destino en las sombras.







Salgo del Coliseo aturdido. Algo perdí ahí adentro y a la vez, alguien ganó por mí. Al sol se le quitan las espuelas y se le cuentan las heridas. Es posible que pueda seguir peleando y que se cure luego de un largo tiempo en recuperación. Pienso en quiénes somos cuando otros luchan por uno y la voz del juez se eleva más clara que nunca, traducido a todos los idiomas y dialectos, cantados o murmurados, escritos u orales; la misma frase que el gallo al morir escucha por última vez es la que escucho yo una vez que veo la noche cerrarse sobre los campos, la misma frase y el mismo sino. La verdad es que en lo humano algo sigue perdiendo sigue perdiendo sigue perdiendo. 


viernes, 6 de mayo de 2016

Ha vuelto, de Timur Vermes y David Wnendt



Timur Vermes ha escrito una novela de impacto boomerang y David Wnendt nos ha regalado un cuarto de espejos. La he visto, justo ayer que se cumplían 71 años de la entrada de las tropas soviéticas a la Berlín aniquilada. ¿De qué otra forma debía empezar una historia que pretende volatizar lo políticamente correcto respecto al fascismo? El cuerpo de Hitler se volatizó en algún punto de los archivos soviéticos, una singularidad espacio-tiempo hace que de pronto Adolf aparezca en el mismo lugar donde sus guardias SS intentaron cremarlo. Sin orificio de entrada y salida, el suicida que llevó al suicidio a todo el pueblo alemán está ahí, despertando cada día y anocheciendo cómodamente, sintonizando canales donde la doctrina de la tele basura suple los códigos y consignas.
Un periodista freelance desempleado y con pocas historias descubre al fuhrer recién resucitado (que el periodismo pretenda descubrir todo es todo un signo, que la historia se reescriba como show es otro), y sin pensarlo lo adopta, lo convence de que debe salir en televisión. Ninguna oferta puede ser mejor para un político nacido de la aplanadora mediática de Goebbels, así que acepta de inmediato, porque él lo que quiere es "llegar de nuevo al Reichvolk", a su pueblo, un pueblo del que está sorprendido que no haya muerto con él.

Todos están con la boca abierta de ese nuevo show que se ha inventado un canal en decadencia, hasta que comienzan a sospechar que el reality verdadero los tiene a ellos como actores principales. Reality inverso es lo que se ve en toda la película que si bien necesita de alguna que otra puntual información sobre diálogos históricamente comprobados en el bunker final no se excede ni deviene en película para especialistas, por una sencilla razón: existe un Donald Trump en cada político globalizado, y la globalización ya volvió común el aspecto fascista que pretendió borrarse en la Alemania de 1945. Todos lo vemos a diario, millones lo anhelan a diario y, cosa paradójica, los neo nazis son los que terminan rechazando al revivido fuhrer. Este punto es importante diseccionarlo: el fascismo existe en el neo nazismo y en otras expresiones político-culturales, pero se cuida de no caer en ortodoxias. ¿Banderas exultantes satrurando el super bowl y los estacionamientos de malls?: muy bien. ¿La clásica bandera ondeando al final de toda película de súper héroes?: muy bien... ¡pero nada de ortodoxias, por favor! Bravos pero cools, implacables pero naifs, xenófobos pero united color of Benneton...

La actuación de Oliver Masuci camina entre lo hilarante e inquietante -sobre todo en los silencios- y para mí ya queda en reserva para el juego del quién ha hecho el mejor papel de Hitler. En sus diálogos alcanza, sin duda alguna, aquello que, en Ruido de Fondo, Don Delillo caracterizó así: (Hitler) "... se dirigía a la gente en interminables monólogos repletos de asociaciones libres, como si el lenguaje procediera de una inmensidad situada fuera de los límites del mundo y él fuera simplemente el médium encargado de su revelación...", pero sobretodo, alcanza a re-interpretar desde su condición de alemán de  siglo XXI, el por qué aún puede transmitir empatía y carisma una figura de tal corte, un supuesto error de sistema borrado que poco a poco va descendiendo de su modelo tragicómico hasta asentarse con holgura a la seriedad de planteamientos ya naturales en la sociedad neo fascista en boga.

"La gente no se enoja con Hitler tanto tiempo", argumenta la directora ejecutiva del canal que ha puesto a circular de nuevo al fuhrer, y tiene toda la razón. Hitler puede ser un fantasma hediondo en la  conciencia europea pero es solo eso, se puede guardar en el sótano aunque su fantasma vague cada día por todos los espacios de la casa hasta convertirse en parte de las vibras familiares.

Viene Trump, amigos y amigas. Y es mejor que miremos la película primero o despertemos de nuestra aparente locura y señalemos que el espanto volvió a casa.


F.E.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Alfonso Kijadurías: "El poeta debe vivir dotado de gracia". Entrevista de Fabricio Estrada.

La pérgola está dispuesta para que a ella baje la lluvia y cualquiera de nuestros estados sobrenaturales. Quezaltepeque viene ardiendo desde El Playón y con Rainier ya nos hemos perdido en una intersección que casi nos lleva a Ahuachapán. Alfonso Fajardo dirige la operación de búsqueda del poeta y nos apresura. Llegan todos, poco a poco. El poeta está a punto de lanzar su reciente poemario, Nada, pero eso no impide que hablemos del todo. Sencillo y pausado, vamos girando el carrusel, el carrete, la noria de los elementos hasta que la lluvia por fin explota. Mi romería ha sido considerada -he decidido viajar desde Honduras para conocerlo-, tanto como cuando llegué a su poesía y me dejó penitente de ella hasta la fecha. Me siento ante uno de los poetas más importantes de Centroamérica, respiro hondo y lo dejo callar, crear el silencio más prístino de El Salvador.
Foto: Fabricio Estrada


F.E.
Estoy con el Maese Alfonso Kijadurías, quisiera saber sobre sus convicciones acerca de la poesía… desde aquí, desde su casa en Quezaltepeque, El Salvador. Estamos Alfonso Fajardo, Erick Chávez, Rainier Alfaro, Osvaldo Hernández, Vladimir Amaya y hace poco se acaba de retirar el Maese Ricardo Aguilar. Hemos venido a visitarlo porque nos urge saber lo que opina el Maese Kijadurías, antes de partir hacia Vancouver, Canadá -donde reside-, sobre este tiempo de poesía que se mueve dentro de la promoción y de la auto-promoción (ese tiempo que nunca ha sido el de la poesía). Queremos saber entonces, desde un poeta de su estatura, cómo valora la poesía y qué sigue diciendo la poesía y cómo su convicción acerca de ella sigue haciendo que genere libros.

A.K
Comencemos con las palabras. Cada palabra encierra un misterio. Es igual que los números, que las cifras. Como poeta, cuando era muy joven, yo nunca me planteé esas preguntas. Comencé a escribir de una manera espontánea y creo que en eso influye mi origen campesino pues siempre he estado ligado a la naturaleza y, como tal, mi poesía se ha desarrollado igual que una planta, una semilla que se siembra y germina y esa germinación a veces da frutos inesperados. Puede dar flores o no. En ese sentido, he seguido insistiendo y, luego -creo-, en mi caso particular pues vengo de un origen muy humilde, influyó en mí la lectura de los poetas clásicos. Si a alguien debo agradecerle es a Roberto Armijo que tuvo esa brillantez, esa visión de decirme que un poeta se desarrolla a través de los clásicos, siguiendo una tradición. Para ser modernos tenemos que ser tradicionales pues romper la tradición es ser modernos… no podemos ser modernos si despreciamos la tradición. Ese fue mi punto de partida: los que vienen retoman lo que para mí fue moderno. Un giro dialéctico lo convierte en lo moderno. Ese es el reto del poeta y, como alguien decía, la honestidad ayuda en ello, la honestidad de saber lo que quieres expresar. El compromiso del escritor es para con la poesía misma porque qué más compromiso que ser escritor, y no comprometerse con una ideología porque al final obedeces a un patrón que puede cegar tu visión.

F.E.
¿Qué es poesía?
A.K.
Podría decirte “La poesía eres tú”… (risas), pero recuerdo algo bien sobrenatural que me pasó en México. Iba con otro escritor y éste me preguntó qué cosa era la poesía, y en ese momento, de una manera mágica y misteriosa, se aparecen como diez mariposas y yo no dudé en responderle que esa era la poesía. Pero ese es un punto estético de la poesía porque la poesía es lo real, lo cotidiano, claro, hay que procurar siempre mantener la calidad en tu expresión, en el cómo vas a decir esa cosa cotidiana, cómo reducirla a un poema. Y eso es igual en todos los aspectos de la vida: tu actitud como político, como funcionario.

F.E.
¿El texto refleja una actitud?
A.K.
Claro que sí, una vocación, una formación también. Y refleja tu instinto porque la poesía es instintiva como la naturaleza. Uno puede decir voy a escribir este texto, sobre esto, voy a mantener esta estructura, y es mentira. Al momento de escribir se rompe esa estructura porque cada vez que te sientas ante la máquina de escribir o la página en blanco tú no sabes nada de lo que va a pasar. Esa es magia que viene de la nada, del subconsciente, como lo quieras llamar.

F.E.
¿Es literatura la poesía?
A.K.
Sí, yo creo que sí. La literatura encierra todos los géneros.

F.E.
Aprovechando que en estos momentos se acaba de ir la energía eléctrica, poeta, ¿la luz de la poesía qué nos devuelve?

A.K.
Oscuridad, iluminación, caos… esos son los fenómenos que debes tratar como poeta. Pero regresando a lo que dije al principio, yo le debo mucho a las lecturas que hice de niño, las lecturas de la biblia, por ejemplo, sin caer en la ortodoxia, leída como un texto literario esos textos me alimentaron como por igual hicieron Las Mil y Una Noches donde hay un espíritu creativo que trasciende todo. Ambas pueden ser obra de un díos pero sabemos que son obras de los hombres y esos son los orígenes de los cuales partimos todos los poetas, que no sabemos nada y morimos sin saber nada porque la poesía es un misterio.

F.E.
En su caso, ¿por qué escribe poesía?
A.K.
Uno escribe por catarsis, por desahogo. No siempre se puede escribir poesía y no todos los días… hay una acumulación de una experiencia que ni siquiera la razonas, pero hay un momento de sequedad, pero vas acumulando emociones que un momento dado te hace estallar como un volcán. Y en ese momento sí creo que la psicología toma parte junto a los aspectos formales en cuanto a qué estructura le vas a dar a esa catarsis, porque no toda catarsis es poética.

F.E.
Intentemos reflexionar sobre cuánto tiempo necesita el poema para construir la poesía y cuánto espacio necesita ese producto.
A.K.
Creo que eso es infinito, no se puede medir así. Lo que la poesía requiere es mucha paciencia y ciencia a la vez, mucha reflexión, mucha experiencia. Pienso que es como toda cosa en el universo que se mueve de acuerdo a su ciclo, no puede forzar nada en el lenguaje porque eso resulta en que sale algo forzado. Hay que adaptarse al giro natural de las cosas y si las partículas que están en el universo está en nosotros entonces debemos oírnos, oír nuestro cuerpo, nuestras vibraciones y de acuerdo a eso fijar nuestras metas. Es decir, sobretodo en este momento en que vivimos en un mundo desnaturalizado hay que regresar a nuestros orígenes y si lo hacemos vamos a encontrar ahí un eco, esas voces que aún están, los ritmos que están en el universo. Cada esfera transmite un ritmo, todo está hecho de música, de armonías… todo es cosa de escuchar y de callar, porque la poesía no solo está hecha de palabras, está hecha de grandes silencios.

F.E.
La poesía ha sido una de las voces de aquello que llamamos texto y que se volvió lenguaje estético; ha sido una de las mayores reveladoras de las intuiciones, evocaciones y aspiraciones de esa esfera de sensibilidad que no puede ser reglada para la acción ciudadana, ya sea en la política, en la economía… eso que suele suceder en esta época tan determinista. Sigue siendo la poesía la afirmación de Borges: ¿la inminencia de una revelación que nunca se da? ¿Sigue señalando algo en en medio de un mundo tan positivo?
A.K.
Pienso que siempre se tuvo la visión que el poeta debía de servir a un ordenamiento político y ahí se pierde la visión de la poesía como tal y se vuelve en un órgano publicitario. Creo que en eso debemos tener mucho cuidado, no caer en eso porque se desdice de la poesía misma y la poesía, creo, es de las expresiones más libres… el sentido de la libertad es regido con la poesía. Es tan libre la poesía que puedes expresar en ella tus contradicciones, tus culpas… siempre guardando un equilibrio en tu manera de decir.

F.E.
Esta civilización globalizada por el mercado toma con sumo agrado tanto el texto publicitario como el texto discursivo político. Cuando el poeta español Juan Carlos Mestre escribía que la poesía ha caído en desgracia se refería quizá a los arquetipos humanos que crearon el texto. ¿Usted considera que la poesía sigue siendo un baluarte de la condición humana?
A.K.
La poesía no ha caído en desgracia, probablemente los que cayeron en desgracia somos los poetas, porque la poesía siempre está viva, es la trascendencia… y el mundo sigue girando, las flores floreciendo, las semillas germinando… eso está vivo. Es el ser humano el que cae en desgracia o se deja caer en desgracia. Pero un poeta siempre debe vivir dotado de gracia.

F.E.
Ahora, como pregunta de cierre, qué formatos y formas advierte -el formato en el aspecto de tránsito del papiro al libro impreso, por ejemplo, y la forma en su metamorfosis continua en el caso de las corrientes estéticas como el modernismo en su ruta a la vanguardia- en la poesía para los años que vienen?
A.K.
Yo soy muy tradicionalista. A mí me encantan los libros, tocar sus páginas. Siento que puedo ser muy primitivo pero rechazo leer en pantallas. Para mí el deleite es tener un libro en mis manos, hojear, y creo que eso no va a morir, eso va a ser eterno, como en el origen los papiros.  Esa es mi esperanza.

F.E.
¿Y qué diría de la oralidad?
A.K.
Ah, claro, toda literatura en su origen es oral y,  nosotros los poetas y narradores, tenemos a la abuelita, al abuelito a los tíos que nos cuentan historias, y eso lo llevamos. Nuestro espíritu es oral. Seguiremos contando historias como las de Scherezada para evitar la muerte.

F.E.
Mors ultimo ratio… (la muerte es la última razón de todo), o el yo escribo para que la muerte no tenga la última palabra… ¿para qué escribe usted, Maese?
A.K.
Para seguir viviendo porque estoy cerca de morirme. Mis textos no son inmortalidad, tampoco creo en eso, pero cuando uno llega a viejo pues uno se acuesta con la muerte sin temor. Claro, el miedo es no saber qué es y yo tengo curiosidad. Desgraciadamente no voy a poder escribir sobre esa experiencia (risas).

F.E.
El Salvador. ¿Qué significa para usted El Salvador?
A.K.

Ah, qué pregunta tan difícil. Más dura en estos tiempos porque El Salvador ha dejado de ser lo que fue, está hoy en una encrucijada muy difícil donde los valores humanos son menospreciados, hay mucha corrupción y no hablo de la corrupción económica sino de los valores, de nuestro ser, y es doloroso vivir en El Salvador cuando las tasas de crímenes crecen cada vez más y cuando las instituciones ya son incapaces de responder a esa violencia. Es muy doloroso y muy difícil de aceptar esta realidad complejísima, donde yo creo que necesitamos volver a nuestros orígenes, al saber de dónde venimos. De ahí depende toda esta dificultad que viven nuestros países, no solo El Salvador sino que también Honduras… Guatemala… países que fueron hermosos, bellos, y ya nadie habla de esa belleza. A nivel internacional somos conocidos como países donde impera la violencia. Y eso tenemos que romperlo, debemos de luchar por dar una imagen diferente, y yo pienso que eso lo podemos lograr los artistas porque no estamos involucrados en toda esta maldad que se desarrolló en nuestros países sin saber de dónde viene. Porque a alguien le conviene esta violencia que no es gratuita. ¿De dónde vienen todas esas armas? Quién arma a las pandillas? ¿Quién mantiene este negocio? Otro de los problemas gruesos de este país es la educación, la cultura. Como una muestra un botón: el presupuesto en El Salvador para Educación y Cultura es el más débil y eso te puede llevar a una reflexión y ya no creer en las clases políticas porque los políticos nos han llevado a este atolladero. Entonces este es el momento en que la poesía, por lo menos, puede llevar un rayo de esperanza, una luz dentro del túnel.

martes, 3 de mayo de 2016

La lluvia venía del Mar de los Zargazos

Ayer vi la lluvia que viene del mar. Del antiguo Mar de los Zargazos. En ese punto, dicen las viejas cartas marinas, el mar no se mueve y detiene el impulso de las velas. Pero de ahí venía la lluvia que ayer cayó sobre San Juan, aquí en Puerto Rico. Como un aduanero de oficios particulares, me acerqué al ventanal a observarla y registrarla. Densidad, color, rachas y caprichos, nubes altas y nubes casi azul del mar. Pensé en Honduras, pero de inmediato supuse que sigo pensando en una Honduras que se deformó en Tegucigalpa.
Entonces es mejor pensar en territorios, me dije, valles y montañas serenas, azul de otro pero azul. Reviso las noticias y casi enternece escuchar la voz de los periodistas de nuestro lado, aunque sigan con su vulgaridad y su dolor exultante. De pronto me doy cuenta que quiero llenar esta lejanía con los sonidos psíquicos que electrizan, convulsionan y paralizan, y así revelado el hecho cierro la compu y me dedico a ordenar mi equipaje. Sí, mucho mejor.

La noticias quedan dando vueltas y se traslapan con páginas que recuerdo de las viejas enciclopedias que guardaba mi tía Lauren: la quema del Reichstag ahora en la quema de la sede del partido nacional en Comayaguela. Luego los nacionalistas llevando globos blancos a pedir paz a la sede de LIBRE. El ridículo en toda su caracterización.

Sin embargo, cae el verdadero rayo: a pocas horas de haber escrito en su muro el susto que se llevó en un aparente asalto en taxi, Félix Molina comprueba que la búsqueda es matarlo. Un segundo ataque y el amigo, el valiente amigo es herido a balazos en sus piernas.Me quedo sin respiración. La lógica de represión ya no se detendrá y lo que parece un hecho aislado es la verdadera voluntad de llevar al país a una confrontación que debió empezar hace mucho, ya en regla pero que, por alguna causa indeterminada en el ánimo de la hondureñidad no sucedió. Félix Molina, el amigo que tantos admiramos, cae por fin en las redes de los criminales y sobrevive. Se me vienen todas las pláticas con él, las risas, los análisis, la primera vez que lo conocí en un ciber net donde yo estaba recibiendo la noticia de invitación a Madrid, a un festival de poesía. Sin saber por qué, sentí las ganas de contárselo a él, que estaba al lado de mi cubículo. Me sonrío, me dio las felicitaciones y continuo redactado la nota urgente que debía mandar ese mediodía.

Ayer vi la lluvia y pensé que también iría en dirección a Honduras. La refrescará, me dije. La refrescará.



Gambardella

 Por supuesto que hago el supremo esfuerzo por comprenderlo, o al menos reconstruir signos que, con frustración para mi abuela, el catolicismo intento erigir en mí desde temprana edad. Yo observo y sigo observando el despliegue de la filantropía como un gesto más de la vanidad pública, ese punto donde la virtud no pudo ser naturalmente materializada sino que se ha debido congregar a varios para convencerse de que hay bondad posible o coartada perfecta para ingresar al paraíso. Eso pensaba durante la misa en que me vi inmerso apenas llegando a Puerto Rico. También pensaba mucho en Gambardella, el personaje de La Grande Bellezza (me puse en pie todas las veces que el sacerdote lo pedía, guardé silencio y vi la punta de mis zapatos cuando oraban, callé algunos chistes y no dije ni pio cuando una donante fuerte de la Fundación dijo que había que dejar de hacer tanto viaje a Tierra Santa para poder dar más a los niños, y claro, ella lleva ya unos 25 viajes y contando), en fin, era Gambardella y estaba contrito.

No sé bien a qué categoría de hereje pertenezco. Creo que soy suavemente cínico respecto al tema, para unos puedo ser agnóstico o ateo, pero para mi abuela sigo siendo un descarriado. El punto es que llegado el momento de la bendición del lugar no he podido contenerme para captar esta imagen del mórbido comelón que impone santidad con su mano y parece decir hey niña, salí de ese cuarto, este muchacho no te conviene, tu madre y tu padre están sumamente preocupados por esa relación precoz y procaz que llevás. El otro padre le hace barra, con manos estrujadas y pose de santoral. Toda una tensión ahí, todo otro lenguaje y apreciación desde este rincón del lente. Hay preocupación en el sacerdote, maestría histriónica, decisión y convencimiento de fe, casi pudo ser uno de los trompetistas de Jericó o un sustituto emergente en El Exorcista.


martes, 19 de abril de 2016

Un cuento que sale a luz, El movimiento de los chasis


Comencé a escribir cuentos hace mucho. Voy agrupándolos poco a poco y con mucho respeto, a tal punto que guardo la mayoría de lo que voy haciendo. Julio Escoto me preguntó hace un año si contaba con algo que narrara en sus atributos cierta desolación y obsesión amorosa. No lo dudé y le mandé este cuento, El movimiento de los chasis, especie de narrativa fetiche, feto armado de piezas mecánicas que hoy recorre la Revista Imaginación. Sonrío y me comprometo. Sí, es tiempo.

Policía hondureña y Ejército: algunos tips para entender lo de hoy

¿Por qué estaría interesado el gobierno en matarlo? Por 25 mil millones de inversión de la banca internacional y 30 años de impunidad, si son capaces de matar por un celular ya puede imaginar. (Comisionado Sabillón, señalado como parte de los asesinos del zar antidrogas por el New York Times, a su llegada al CONADEH para buscar protección luego de revelar que políticos están queriendo militarizar la policía nacional creando falsos positivos)


1- Patrick Leahy, un demócrata del estado de Vermont que lleva años monitoreando a las fuerzas de seguridad que reciben ayuda de Estados Unidos, “es muy difícil creer que se hayan ignorado los patrones de depravación y corrupción de la Policía y el ejército de Honduras. Es como una fraternidad y está claro que los encubren". (El Heraldo)
Me gusta que mencionen la palabra "Ejército", esa institución que quiere salir en caballito blanco y que es, esencialmente, la que tomó la dirección de la policía durante el golpe de Estado, eliminando la investigación criminal y llevando a todo el cuerpo policial a su aventura represora y asesina. De las largas noches de los toques de queda y el Estado de Sitio surgió la transformación de los cuerpos de seguridad en capos y sicarios estandarizados. ¿Quién ocupaba las calles vacías? ¿De qué se aprovecharon al vaciar las calles? Asesinatos, encarcelamientos, ocupación de los corredores de la droga... el golpe de Estado fue el laboratorio de donde se levantó nuestro Frankestein, el mismo que ahora buscan quemar con las antorchas arrebatadas a la indignación ingenua.

2- Cuando los políticos crearon el golpe de Estado, se dieron cuenta de inmediato que el ejército y la policía se les había ido de las manos mientras ellos los bendecían en el santuario de Suyapa y los elevaban a categoría de héroes en el congreso nacional. Se dieron cuenta también de otra cosa: o paraban la violencia militar, policial, paramilitar o la revolución de la Resistencia se les iría encima y el socialismo (infantil, vanguardista o lo que sea) tomaría el poder y legitimaría la justicia histórica del pueblo oprimido. 
Entonces dijeron: no huevos, mejor detengamos a la Resistencia, dejemos que el ejército y la policía hagan lo suyo, luego ya veremos, los detendremos con Washington... lo primero lo lograron, lo segundo... lo segundo.

3- ¿Quién recuerda el uniforme que llevaba la actual cúpula policial en la sala de crisis del Golpe de Estado? Moteado, por supuesto. La fiesta de disfraces es tal que usan el uniforme para cada cosa: para presentarse ante los tribunales o van de saco o van con su uniforme de gala para bañarse de perfume civil o para asustar a pura medalla a los jueces.

4- Más de 3000 casos confirmados de alta violencia de policías y militares contra civiles durante el golpe de Estado (asesinatos indiscriminados filmados en vivo o registrados por centenares desde celulares, violaciones a mujeres, provocación de asfixia mediante el uso de gases lacrimógenos en celdas atestadas, ametrallamientos indiscriminados, francotiradores, etc), pero claro, están registrados en el papel retórico de la Comisión de la Verdad y la Comisión de Verdad. Al parecer, lxs civiles que fueron apabulladxs, eran ese otro país que se ha querido exterminar en su juventud.