viernes, 29 de mayo de 2015

Manuel Fernández - Perú



Los cantos iluminados de Breña


Sólo así hemos conseguido olvidarnos de las noticias.
Sólo así hemos conseguido que el pescado no se encoja y que la gallina ponga azarosa
los huevos más calientes de esta temporada.
Luego hemos hablado
/ cantado
sentados bajo el cielo más abierto de la mañana
cosas que no nos han enseñado pero que igual hemos aprendido
/ sentido
y entonces nos decimos entre risas:
córrete un poco y deja que el sol entre por la ventana
y proyecte /
LA ILUMINACIÓN DE LOS PARQUES
LA ILUMINACIÓN DE LOS PATIOS
imágenes del calor intensificando el hartazgo
viajando de los sentidos al cerebro por nervios de minúsculos cilindros
haciendo del crecimiento de las manzanas ramales enteros de información precisa
/ detallada
de cómo se encuentra el clima el ánimo esta mañana
llevando a cabo un censo de las demás / de toda la semana
y reflejando el tedio como una realidad mensurable
palpable                               audible
oxidando
LA OSATURA DEL METAL
reflejada en el borde de nuestras camas
a diestra y siniestra
o en todas partes
con la violencia del deseo que llega y te patea fuerte en las costillas
última imagen del discernimiento abriéndose entre nosotros
floreciendo /
deshojándonos en silencio
para no salir corriendo
para no salir gritando
desde el corredor hasta el patio
sino todo lo contrario
PERMANECIENDO TENDIDOS
tranquilos
y decir esta tarde a solas
cosas de las que no arrepentirse
hoy he sentido la llegada de marzo en la mañana encogido en el calor de la mañana
hoy he sentido los rayos del sol como orines en la cara
y esa tibieza me llama y es mi hermana
o construye una imagen más sincera
/ como
un cuadro de ti mismo
ILUMINADO
bajo el calor intenso de los cielos abiertos en los patios del verano
¿un cuadro de ti mismo iluminado bajo el calor intenso de los cielos abiertos en los patios
del verano?
o eso eras
o parecías
ILUMINADO Y TAN CERCANO
la información viajando de la raíz al cerebro
produciendo conexiones efímeras
mutando iluminadas bajo el cuerpo calloso de nuestras propias palabras
suavemente acariciadas por la brisa del invierno que ya se siente o se deja sentir
imprecisa...
y salir corriendo
como alma que lleva el diablo y que se desvía gritando por los corredores de la locura
para caer en el pasto
COMO ESA IMAGEN DEL ÁRBOL ATACADO POR LOS PÁJAROS
o como la última imagen del discernimiento abriéndose entre nosotros
Y FLORECIENDO INCENDIADA
apedreada desde los balcones de la ira
y salir corriendo
porque nunca quisimos vernos
como se ve el cordero en la mesa del sacrificio
más gordo y más hermoso
alimentado al calor de la semilla
cebado en la desesperación de los días que se suceden
en la gracia íntima del MONDONGO Y LA AZUCENA
y la intensidad de los patios
las noticias que van llegando
palpando cómo todo se va sucediendo en ritmos que no comprendemos
o no alcanzamos
pero igual nos esforzamos sin resultados
llegando a certezas que no hubiéramos deseado
¿cómo otros deciden lo que nosotros no sabemos o no podemos o ya perdimos?
/ pero salir gritando
CON LA FUERZA DE LOS TALONES que se anidan a las puertas
con la fuerza de las manos que se anudan a las rejas
y nos abren con sonrisas
y nos cierran entre risas
cuando nos vamos
y ya es de NOCHE.





Sobre los paisajes de la locura

a Josemari Recalde

a Samantha Berger

ESTA NOCHE ESCRIBES ESTA CARTA
y buscas desesperado entre las toallas
algo que te repites
y recuerdas /

esa voz era más sabia
sabía
se domesticaba y andaba
y escribía cosas que ya no comprendo
o no alcanzo
[como en ese cuadro donde hay una jirafa ardiendo]
pero antes andaba
se levantaba en la mañana y tomaba los bussins
a la entrada del verano
en PLAZA BOLOGNESI / Arica / y Jorge Chávez
alineado en fila esperando las indicaciones del policía
mas luego diría
o simplemente repetiría /

algunas cosas nos miran lejanas
[pero libremente cito]
hasta terminar cubierto de humo
mechones del morado hirviendo en el nacimiento del verano
… a las puertas del verano
medulas que han gloriosamente ardido...
o Portales de Santiago / también
         [Plaza Grande de Varsovia]
con los animales a la entrada
esperando las indicaciones
el cambio de guardia
pero definiendo claramente
qué es un punto de luz
una entrada
en el cono celeste
instalándose
SUAVEMENTE
en medio de Pastaza / Restauración / —y Castrovirreyna—

lugares que en el sueño nunca hemos conocido
pero suavemente atrapados en el sueño
recordando lo que alguien de ti dijo al oído más tibio de tu madre
COMO DESPERTANDO UNA NOCHE EN UN CARRO
EN MEDIO DE TUS HERMANOS
sin palabras que decir ni preguntas
y tiempo después
nuevamente
parado
en la avenida
esperando la orden del policía
[o más bien suavemente]
entrando en el cuadro o lo que el guardia decida
pero definiendo...
qué es un cuerpo recostado
/ como devorado por pájaros a la entrada del verano
intestinos de ámbar reluciendo en la madrugada
/ y la bóveda del cráneo llenándose de luces
pirotecnia solitaria
esa semana
y las demás / claro
pero teniendo bien presente
que algunas cosas nos miran lejanas

COMO LA IMAGEN DE LOS PÁJAROS QUE HACEN CAER EL ÁRBOL

y tu sonrisa es la llegada del verano
tu cuerpo saliendo de la piscina

discurriendo gotas de agua que delicadamente salpicas en el cuerpo más claro de las bañistas
que alegremente te miran detenidas
mientras otros determinan
el inicio de las marchas
la huelga de enfermeras
primera marcha por la sindicalización de los trabajadores de Breña
     o Portales de Santiago / Plaza Grande de Varsovia
animales en fila recogiendo las noticias
y las bañistas diseñando pancartas
escribiendo lemas contra la solidez del mercado
las columnas del templo

mientras tú te paseabas sin camisa
/ muy atenta
a la anunciación de la vaca levantando el polvo de los establos
agobiada por el calor de los patios
esperando
[con su mirada de vaca]
el florecimiento del mondongo y la azucena
como buscando sentido para el conjunto
perdiendo la conciencia
[¿la razón?]
frente a la tenacidad de los bordes, Samantha /
y desprendiéndote
[¿suavemente?]
distraída sólo un momento
del borde de la canaleta
y en el equilibrio supremo
la osatura del metal
bailando /
en el fondo de los patios
o como la imagen misma de tu cuerpo
esa noche
quedándose sola.



Carteles luminosos inundan Breña

SER LAS MANOS QUE SE SUELTAN DE LA CANALETA FRENTE A LA EXHUBERANCIA DE LAS BAÑISTAS QUE NADA DE ESTO ADIVINAN / o ser la piedra en el ojo de la hija que canta y es mi hermana o ser la pelea de las hijas que olvidan cómo sigue la tabla y algo adivinan o ser la nieve que no se estila por Lima nunca y la importan de donde los dientes sonríen en la avenida o ser los mimos de la madre que ya no sujeta con las mismas fuerzas la cabeza de sus hijas o ser el padre que analiza las pistas desde el momento en que el hijo se suicida o ser la policía juntando presos en las avenidas o ser las manos que suavemente me aniquilan cuando salgo de la oficina y otros aires me respiran o ser la sonrisa de otros que en el parque me miran y fuman y caminan o ser aquello que se queda en la boca de los que miman y que temen que el exceso de su deseo asuste a la policía que patrulla las avenidas o ser la artista que se mira ya crecida y tiembla cuando el viento la roza cuando cruza la avenida o ser la piedra en el ojo de la niña que sale y camina por los panes a la esquina o ser la madre que se acuesta entre los brazos de las hijas y que expira o ser el soplo y la saliva cayendo desde la ventana de los patios al mediodía entre la bulla y las risas o ser la oreja que se estira en el centro de la ira y en el centro de las risas cuando las cosas no salen y nos vamos al regazo de la madre o de la hija con la cara enrojecida o ser el cúmulo de grasa que se seca en las sartenes cuando la comida ya está servida o ser el peso de los bussins que se estiran y llegan distintos hacia el fin y la partida o ser más o menos la plata que se estira y llega con las justas a tocar el treinta o el treinta y uno y deja tranquilas a las vecinas o ser mejor que el pan en la fila de la eucaristía o ser mejor la mano que nos mece en la noche o en la fila o ser disperso entre las sábanas cuando nos llama esa vocecita o ser más bien bueno en las reuniones de las hijas y no salir en la noche desde la casa a la oficina o ser mejor que el cura que habla mucho y nos espía o ser como los muchachos que en el parque fuman cosas entre risas o ser ése que es diestro con las cosas de la cocina y de las vecinas que no se escapa que no camina o ser la madre que en la ventana espera a que lleguen las hijas o ser el novio que sale con la vecina o ser la hija que sale con la vecina o ser la novia que sale de noche y a escondidas y que vuelve convencida de que algunas cosas no caminan o ser la tierra de las macetas más pequeña pero más sencilla o ser el vidrio de las vacunas y la extensión de los algodones que nos curan a escondidas o ser el enfermo que se estima y que entre sueños transpira y se agita o vivir entre risas y ser de Breña.




La oración del fin

Algunos días serán difíciles
paracetamol salbutamol
o este recorrido es cierto
y me encuentra salido
sentado sobre la vereda
escuchando el inicio de los cantos
contemplando cómo esa ventana
se cubre de polvo
creyendo que ya nadie nos espera
pero deseando lo contrario
y que al final del laberinto
una mano nos lleve las frutas
a las puertas del mercado
o enjuague un poco de garúa
sobre el borde ardido de nuestros labios.
Porque sé que al final de la espera
no existen muchas recompensas
y aunque esta voz no es la mía
es la voz de antes
que hablaba era más sabia sabía
se domesticaba y andaba.

Salbutamol abre las ventanas
permite que las cosas no se me hagan lejanas
salbutamol bullente
ámame esta noche sobre los paisajes de la locura
mientras los náufragos contemplan el naufragio
y sobre los paisajes de la locura
el dolor es una línea de plomo
sobre los bordes de los hombros
que se reinventa.



Abdón Sánchez, i. m.

Ya puse estos versos como ramas de olivo sobre tu tumba
Enrique Verástegui

Abdón Sánchez ha muerto. Cuando yo era chico, él solía decirme acompáñame a comprar una dupleta o acompáñame al depósito a comprar galletas para la tienda. Yo dejaba lo que estaba haciendo y lo seguía. Caminaba en silencio, agarrado de su mano. Por la tarde siempre tomaba café, aunque nunca le escuché pedir uno. Mi abuela se le acercaba y le decía Sánchez, ¿no querrás un café? Entonces él, parado detrás del mostrador, miraba hacia la calle y movía afirmativamente la cabeza. Había sido criado a la antigua: no necesitaba pedir nada, no necesitaba decir nada.

Se ha muerto Abdón Sánchez
para él escribo ahora
estas pocas líneas
para no olvidarme de su silencio
para no olvidarme
de su forma de mirar las cosas.

Lima, junio de 2013.





Manuel Fernández (Lima 1976)

Cursó estudios de Lingüística Hispánica y es Magister en Docencia Superior. Ha publicado Octubre (Estruendomudo 2006) y La marcha del polen (Estruendomudo 2013). Ha participado en diversos recitales y eventos poéticos, y algunos poemas suyos han aparecido en revistas nacionales y del extranjero. Actualmente, se desempeña como docente universitario.

lunes, 25 de mayo de 2015

Ayer soñé que La Gloria venía hacia mí en un sueño - Jonatán Lepiz, Costa Rica


Ayer soñé que La Gloria venía hacia mí en un sueño y yo no iba a ningún lado. De un sitio a otro contando palillos de dientes para construir un armazón, pero se me desploma antes de tiempo, así marco las horas, así marco y me quedan las puntas de los palillos incrustadas en la yema de los dedos o ¿en la llema de los dedos? No lo sé, no identifico ahora nada más que los sonidos.
Parece que hoy tengo 6 años y me devolví en el tiempo, en la habitación de mi cabeza repito, en random, el set list de una conversación donde los adultos hablan sobre la grandeza. Yo no sé lo que es la grandeza y esa palabra me parece, no solo extraña, también perversa. En la escuela un compañero dijo "vean la grandeza" y me pareció pequeña y asquerosa. Yo me quedo hecho un ovillo con la luz de mi cuarto apagada y raspo el piso de madera con la uña, hasta que se me desgasta, me duele y agarro, entonces, una moneda, sigo raspando hasta que hago un canalete por el que, minutos más tarde, intento deslizar un carrito de solo tres ruedas. En la sala mis tías, las palabras y lo que los adultos entienden por grandeza. Parece ser que la grandeza también tiene 3 ruedas y va trastabillando, golpeando su cuerpo contra las paredes en las cuales mis tías han colgado las fotografías de hombres sellados por el tiempo y el silencio.
Hoy escribo en inversa, hacia atrás, doblando algo parecido a un palillo de dientes para buscar la inocencia, pero la inocencia es, a su vez, un cuento de una tarde que se esfumó como si uno soplase un globo para inflarlo y se te escurriera entre las manos y cayera al suelo y justo cuando lo iba a juntar alguien llega y se le para encima. Algo así, más o menos. Escribo y me pongo como un ovillo en el suelo, igual que esa noche a los 6 años.
Bob no es un nombre, no hay nombres aquí, es el sonido de las gotas de lluvia de una noche en la que no paró de llover, bob, bob, bob, bob y luego el sonido cambió, plap, plap, plap, plap y luego tac, tac, tac, tac, y plum, plum, plum, a los 6 años intenté reproducir el sonido de las gotas, golpeando su ya cadáver contra el zinc, con letras y no pude, creo que ningún sonido puede ser reproducido por palabras, las palabras son otra cosa, las palabras crean sonidos, pero no viceversa. Bob, bob, bob, bob, bob.
La tarde es un enorme árbol, vertical, donde muchos se ahorcan. Creo descifrar en el reloj las 4 p.m, pero bien podrían ser las 2, las 5, o las 10 de la mañana, también las 7 de la mañana. Varias sogas he visto colgadas de las ramas de la tarde. Yo no salgo porque hace frío y hoy soy un niño de 6 años más cerca de los 40 o de los 30. En realidad no soy un niño, soy un tipo que escribe, ¿en realidad soy un tipo que escribe y no un calamar al borde de la extinción que desperdicia su tinta sobre superficies blancas y desconocidas? En realidad soy un tipo que habla sobre el miedo, sobre las tres o cuatro vértebras que tiene el cuerpo del amor: un palillo de dientes que se dobla y se multiplica pinchando los dedos de quien intenta agarrarlo.
Pero todo es una presunción, parece que ha dejado de llover, pero me asomo a la ventana y puedo ver a la distancia una nebulosa gris que cae sobre lo que antes tenía color, sonido y movimiento. Cuando uno intenta descifrar la ecuación de la traición todo tiende a la nostalgia y el resultado es borroso y uno sabe que empieza en dos pasos que se sienten profundo y que luego te llevan a sitios donde el verano más parece un discurso que un artificio del sol. No sé por qué hablé aquí de la traición, supongo que quise decir enigma o no quise decir nada.
Las palabras son como borregos uno las nombra y las jala, las jala contra su voluntad hasta que se hacen realidad, a veces pueden rodearnos, llevarnos sin guía hacia un barranco, hacia un pozo, una celda o a la mismísima primavera. Supongo que lo que quise decir aquella noche de lluvia era que odiaba el mundo, que arrastraba su olor a tierra mojada a asfalto mojado y me producía arcadas. Supongo que había varias azoteas en ese vecindario de mi infancia, pero yo era un niño y no sabía saltar, aún. Supongo muchas cosas hoy que escribo diferente, más bien hablo distinto, con el tono del ovillo, de la melancolía.
Lo que quiero decir es que estoy fijo en un lugar, clavado sobre el piso y muevo mis brazos como un espantapájaros y no voy a ningún sitio.

J.L.

La chispa de la intuición

"Al declararlo mártir, la iglesia manda un mensaje de que siempre a los pobres hay que cuidarlos, que ellos siempre estarán entre nosotros y que también tienen derechos". (Carlo Magno Núñez, vicario del santuario de Suyapa, Tegucigalpa, refiriéndose a la canonización de Romero)



La mujer sola. El hombre solo. Los dos juntos sin instrumentos sociales para su dignificación, sin fuerza de raciocinio para entender su entorno, sin conquista de una razón práctica para dominar la naturaleza hostil que lo rodea. La mujer sola, el hombre solo. Desnudos ambos, a la mano de dios y en un paraíso de frutos espejeantes, sencillos ambos, humildes, flora y fauna también de ese paisaje paradisíaco y desolador a la vez, especie en peligro de extinción a la que debe protegerse e insuflarle espíritu para el consuelo y para su estabilidad sobre el terreno que habita silenciosa, temerosa, mendincante. La mujer y el hombre pobre. La pobreza. La que necesita ser cuidada, protegida, alentada, consolada. La pobreza como jugo metafísico para beber con calma, sin apresuramientos. La pobreza como tópico, como singularidad, como estadio sin progresión. La pobreza como identidad a la cual comprender, orientar, tipificar. La pobreza paisaje. La mujer y el hombre en la postal de la ayuda solidaria. La mujer y el hombre que se saben pobres y reclaman consideración como tales, gimientes, tiernos, hoscos, energía neutra que vibra en casas oscuras y ante mesas vacías. El altar de la pobreza que necesita de velas para alumbrarse y tornarse espacio sacro. La mitificación, la mistificación de la carencia y el Jesús fue como nosotros. La chispa de la intuición, entonces, la mujer y el hombre viéndose de pronto a los ojos, viéndose ya no como paisaje sino como pasaje, pasadizo, pasillo, tránsito físico y espiritual hacia el reclamo, hacia la incomodidad por ser pobres, por ser condenados, determinados, la mujer y el hombre viéndose el rostro demacrado ante el espejo de los rostros saludables que bendicen su hambre, que bendicen su humillación, que les piden paciencia porque la paciencia es un bonzai al que se debe ir recortando las raíces puntualmente, árbol contenido al que se le dan gotas de agua ante su sed de mar, ante su anhelo de tierra, ante su visión humana que busca juntarse con los demás y caminar erguido, progresiva humanidad sin lástimas ni abrazos filantrópicos, mujer y hombre sin paraíso pero con la tierra en la mano y el agua corriendo bajo sus pies, dueños de su propia metafísica mujer y hombre, templo del orgullo y de la emancipación de toda categoría socio-económica, de castas, de culpas.

sábado, 23 de mayo de 2015

Enrique Verástegui - Perú

LEONARDO (fragmento)


9. Programa para combinatoria de 12 signos


2:            Toda imaginación es un sistema de signos, una inteligencia admirable como cuerpo de muchacha y el profesor  –no el burro azul y con pestañas doradas– debe perforar sus tarjetas mecanografiando este sueño.
3:            a)  1 x 1                5 x 6       9 x 10                  1 x 2       8 x 10                    5 x 1
      2 x 3                6 x 7       10 x 11                  2 x 4       10 x 12                  1 x 3
      3 x 4                7 x 8       11 x 12                  4 x 6       12 x 2                    3 x 6
       4 x 5               8 x 9       12 x 1                    6 x 8       2 x 5                      6 x 9

b)           Tú amas tú amas contemplar fábricas
                fábricas flores flores el cielo de tu cuerpo
el cielo de tu cuerpo donde donde
florece esta mente florece esta mente
y sueñas                             y sueñas
no ser otoño aún:

10.          Todo esto (estudios/combinaciones) son tautologías posi-
bles como un cielo abierto en una flor que acaricias
y es sólo innegable apariencia porque su cam-
bio de sentido, en gramática, cualifica tu mundo.

No han concluido aún los primeros estudios
pero su aplicación empieza:
tu cuerpo y el mío son el conjunto, una alegría
de flores bajo su propia sabiduría: no
una proyección geométrica con curvas tristes
y cifras ignorando estos sentimientos revueltos: la Bauhaus,
Kandinsky, Malevich, Le Corbusier han buscado integrar
el concepto de humano a la técnica, las formas
que cambian transfiguran los conocimientos marchitos.
pero el hombre, homo lundens, o faber,
permanece. Este poema, por ejemplo, elabora
un saber en el que podemos tranquilamente habitar
como en un sueño cuya realidad sólo procede
de poemas como éste impeliéndome a poner en marcha
al mundo, una verdad en cuyo sueño el hastío se quiebra.



SI TE QUEDAS EN MI PAÍS

En mi país la poesía ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesía frecuenta los burdeles
escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
y ha conocido el sabor dulzón del amor
en los parquecitos de crepé
bajo la luna
de los mostradores.

Pero en mi país hay quienes hablan con su botella de vino
sobre la pared azulada.

Y la poesía rueda contigo de la mano
por estos mismos lugares que no son los lugares
para filmar una canción destrozada.
Y por la poesía en mi país
si no hablaste como esto
te obligan a salir
en mi país
no hay donde ir
pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y esto te urge más que una palabra perfecta.

En mi país la poesía te habla
como un labio inquietante al oído
te aleja de tu cuna culeca
filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
–la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablará por tu lengua.
Y otra mano guiará a tu mano
si te quedas en mi país.



EL ARTE DE LA YERBALUISA

Beber un sorbo, después otro sorbo y después otro sorbo, como si probara suspiros limeños. El primer sorbo, no muy caliente, llena todo el paladar, impregnándolo de un sabor delicado mientras se escurre por la garganta hacia el estómago. Ese primer sorbo, definitivo, como el big-bang, llena de excelsitud al ser y ayuda a comprender la estetización mental de la biología. El segundo sorbo, probado cuando se ha llegado a la excelsitud del ser, rememora el sabor del primero y ayuda a comprender la infinitud del universo. El tercer sorbo, y los siguientes, hasta agotar la taza de porcelana oriental, sitúan la mente en el mundo y al cuerpo en su máximo de comodidad. Esta planta se puede recortar y, colocada bajo los rayos del sol, ponerse a secar para utilizar luego en la infusión. Un puñado de trozos de oro en la mano. Si se desea, se puede echar en la taza de yerbaluisa tres cucharaditas de azúcar.

SIMETRÍA
Tan bello como hacer el amor es pensar simétricamente al mover las piezas del ajedrez: 64 cuadros fundan la variación infinita de la mente, tanto como el placer causado por las 64 posturas fundamentales del Kamasutra. Tanto el perfume francés Chanel como el pachulí hindú, convenientemente usados, constituyen un despertar espléndido de la poderosa sexualidad armonizada en todas las chakras del cuerpo humano. Si mis trabajos filosóficos son superiores a Platón y Aristóteles no es por otra cosa más que por la invención magnánima de mis matemáticas que expresa la riqueza hecha universo.

DATZIBAO

De pronto perdí todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu casa que no conocí.
Ya no pude volar sobre ti como todos los días a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron más
y aquí me tienes ideando estas líneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgándose el pecho y corriendo uno detrás del otro entre las matas y bancas del parque.
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocí tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portándote como en la más furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejó miles de cuadras más cerca de la pasión de la vida
hoy miércoles y no otro día.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tú por todo lo que para mí reflejabas lo más claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aún después de haber transformado esa palabrita bestialmente lúcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
como puede ser aguantarnos un par de horas más en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raíz lo más nuestro de nosotros
y tú junto a mí convertida en mi aliento escuchándote aprendiendo de ti a la Molina no voy más esa canción negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caída.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo está el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mí - y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas que eludimos porque tú y yo somos carne
y nada más que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reventando millares de hojas tiernas y húmedas,
y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
devorador de sueños.
Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura donde jamás hubo límites entre uno y otro ser
y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creí que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiós porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.


ENRIQUE VERÁSTEGUI (Lima, 1950).
Poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, guionista, físico y matemático peruano. Estudió economía en la Universidad Mayor de San Marcos. Fundó el Movimiento Hora Zero, junto a los poetas: Jorge Pimentel, Juan Ramirez Ruiz, Jorge Nájar, Enriqueta Belevan y Carmen Ollé. En 1976 obtuvo la beca Guggenheim de New York que le permitió viajar a Barcelona, Menorca y París, donde llevó cursos de sociología de la Literatura en la École des Hautes Études en Sciences sociales.
Entre sus obras tenemos: En los Extramuros del Mundo (1971), Praxis, Asalto y Destrucción del Infierno (1980), El Motor del Deseo (1987), Ángelus Novus (1989-1990), Monte de Goce (1991), Terceto de Lima (1992), Taki Onqoy (1993), Albus (1995), El Modelo del Teorema (1997), Teoría de los Cambios (2009), Splendor (2013).


*Selección de Martín Zúñiga Chávez

viernes, 22 de mayo de 2015

El centro de nuestra ingravidez

Foto: Diario El Heraldo.

Todo país o nación necesita un centro de donde emane o gravite el ordenamiento político, territorial, espiritual, identitario. La población tiende, de manera natural, a ubicar en él su centro geofísico como en cada ciudad la orientación ciudadana se da en perspectiva de su centro histórico o su centro de gobierno.

Siguiendo el hilo de los estudios del alemán Otto Friedrich Bollnow y sus relaciones espaciales cito lo siguiente, de su ensayo El hombre y su casa:

"La cuestión sobre el punto central de las coordenadas se ha de determinar, por eso, a base de la sociedad y no sólo del hombre. Se repite así, en plano superior, lo que hemos desarrollado hasta ahora sobre el individuo aislado. Hasta las casas de una población se ordenan alrededor de un punto central… El hombre no puede vivir únicamente en el mundo exterior con sus puntos de orientación, regiones, calles y caminos. Perdería su apoyo si no tuviera un sólido punto de referencia hacia el cual estén dirigidos todos sus caminos, punto del cual salen éstos y al cual regresan. El hombre precisa tal centro por el cual se arraiga en el espacio y al cual van referidas todas sus relaciones espaciales. ”

De todos es conocido que los grandes imperios antiguos reglaron su mundo auto afirmándose como "el centro del mundo". Los chinos, los persas, los romanos, los aztecas, los incas, los mayas todos identificaron su propio ombligo como el punto desde donde el poder político dictaba leyes y costumbres (ningún otro símbolo mayor que las grandes plazas mayores, estadios o coliseos: enormes ombligos), pero de igual forma, los países actuales tienen su corazón definido, su centro de pulsión geofísica que le da equilibrio a todo su territorio.

En Honduras, este centro desde donde se alcanza a proyectar o ser punto de fuga territorial y, por ende, punto de partida de nuestra interpretación política, se puede identificar en la posición geofísica de la ciudad de Siguatepeque, no sólo centro de Honduras sino también de todo el continente americano. Sin embargo, fue hacia el valle de Comayagua, un poco más al sur, donde se desplazó este punto geofísico para convertirse en geopolítico: Palmerola. El centro de nuestra ubicación espacial viene a resultar entonces la imposición de la base estadounidense más grande de Latinoamérica, el lugar desde donde toda América queda más cercana. Centro de dominio e intervención. Centro para ubicar –ya sea en el mapa o en la realidad- a todo habitante que pasa en automóvil de norte a sur Honduras, centro inevitable en el paisaje a aún pasemos a la mayor velocidad posible. Todo converge en Palmerola.
Adonde vayamos, Palmerola extiende su presencia en disposición radial y  nos dará su mensaje y normativa esencial: el centro de todo lo que suceda en Honduras está aquí, así como cuando se forma el vórtice de un remolino, así como cuando no se ha invitado a la fiesta humilde al poderoso del pueblo y el poderoso ve con ojos inquietantes a la muchacha recién crecida.

El Anahuac pre-colombino, el Palacio del Emperador del Cielo, el Hellas griego, los Campos Elíseos franceses con una enorme yunta invisible en lugar de arco de triunfo –quizá de arco de la derrota- y sin embargo, con su misma presencia y voluntad imperial.


Todo centro tiene un peso enorme. ¿Qué pesa más en la ingrávida Honduras? El centro de apoyo de esta clase política que hace y deshace, que se va y regresa siempre al mismo punto de partida es sin duda alguna Palmerola.

viernes, 15 de mayo de 2015

Homero Aridjis - Breve viaje por un pequeño rostro.



La buena muchacha creía que la vida era una calle
abierta, un semáforo en siga, un salón de baile y una
cuerda floja, que podían estirarse hasta lo máximo con
resultados inequívocos.

La buena muchacha se llamaba Paloma.
Tenía ojos verdes y venía de Río.

A los quince años conoció el amor, mirándolo pasma-
da desde abajo, como si aleteara con ojos nerviosos en
el cielo nublado de septiembre y en el coloreado silencio
de los montes.
La buena muchacha pisó el éxtasis y la repetición del
éxtasis.
Deambuló en paraísos carnales y en postraciones alco-
hólicas o mágicas.
Pensaba que el amor era la cópula del desgaire, en
férreos brazos de suburbio y en sofocantes músculos de
atleta.
Y el amor la ocultó bajo los puentes, la tomó de la
mano y la escondió en las alcobas.
Y era diferente, y lo sentía infinito.
La buena muchacha vivía sola, y pisaba sola en las
tardes el crepúsculo en las calles.
Llevaba pantalones negros, y en lugar de blusa un
pañuelo rojo.
Creía que la noche era un caballo loco de negras
decisiones.
Y habitaba de pronto las prendas de sus hombres, y
los obligaba a ponerse sus vestidos. Y hacía el amor de
otra manera.
Pero sólo eran contrarios jugueteos, coherencias de
otro orden.
En el fondo sentía que el mundo y los cuerpos eran
superficies agotables, y sólo la imaginación para vivirlos
podía disfrutarlos y saberlos.
Y rememoraba, dulce y relajada, el curso reciente del
abrazo.
Creía que los instantes eran monedas en el aire, y
sólo el convivirse construía un pasado meritorio, y sólo
la irrupción en otro ser nos afirmaba.
Había encontrado un modo de coexistir con sus deseos,
acorde con un pretérito presente y con una cadena im-
penetrable de sueños por usarse.
La buena muchacha tenía minutos redondos como se-
nos, colores tan blandos como muslos, y furias tan reales
como furias.
Sus ojos eran tan sólo resplandor telúrico.
La buena muchacha era deseada en cualquiera  de sus
gestos, en cualquiera de sus posiciones; sus miradas eran
calientes movimientos y actos de soslayo.
Tenía una manera voluptuosa de sentarse y un dejo
de algo al caminar. Su mohín de fastidio era perfecto
por lo obsceno.
La buena muchacha sabía amar, sobria, borracha, y ya
sobre cenizas.
Era un corpóreo leño de fuego inextinguible.
Sabía amar.

Y se fue del mundo
con la imagen quemada entre colillas y el sueño des-
pierto entre las sábanas,
con la mejilla izquierda arañada por un filo de arma
y las manos buscando la luz bajo la puerta.
Y no fue superfluo el titubeo, sino un tiempo curvado
en su sentido, en la emoción de alguien.
Porque la buena muchacha sabía amar.
En lentos paisajes como tumbas, eslabonadamente y
sobre higos, en segundos tan largos como un fruto cayen-
do y en ojos que hielan la poesía.
La buena muchacha sabía amar en un doble estallido
de bestias que sollozan.

H.A.


Tomado de ECO, Revista de la cultura de occidente, agosto-septiembre, octubre 1964, 52/54, Tomo IX, 4-5-6. Buchholz, Bogotá, Colombia.

Poesía peruana: seis poemas de José Watanabe



EL ENVIO


Una delgada columna de sangre desciende desde una bolsa de polietileno hasta la vena mayor de mi mano. ¿Qué otro corazón la impulsaba antes, qué otro corazón más vigoroso y espléndido que el mío, lento y trémulo? Esta sangre que me reconforta es anónima. Puede ser de cualquiera. Yo voy (o iba) para misántropo y no quiero una deuda sospechada en todos los hombres. ¿Cuál es el nombre de mi dador? A ese solo y preciso hombre le debo agradecimiento. Sin embargo, la sangre que está entrando en mi cuerpo me corrige. Habla, sin retórica, de una fraternidad más vasta. Dice que viene de parte de todos, que la reciba como un envío de la especie.



COMO SI ESTUVIERA DEBAJO DE UN ÁRBOL


En otro lado esta muchacha tendría hermosas piernas
y yo abriría las manos midiendo en el aire su cadera
o pensaría algo impúdico y bello para nombrar sus senos.
Esta muchacha taquígrafa mecanógrafa de buena presencia
no me sonríe ni canta,
pero debiera.
Vive ocho horas diarias frente a mí
sentada sola y lejana
lejana en una larga perspectiva sobrevolada por estantes y escrito-
rios y palomas fijadas en el aire y una ventana que distor-
siona su propio marco y ella más sola y lejana cada vez.
Oh, yo no
soy surrealista
soy empleado
y esta muchacha archiva mi oficio y beneficio, mi nombre
que flota como un globo entre los conserjes y los doctores.
A la hora del refrigerio ella abre su lonchera
y dispone sobre el escritorio su alimentación de pájaro
como si estuviera debajo de un árbol.
Esta muchacha
como si estuviera debajo de un árbol debiera cantar
y yo debiera ser galante con el suave color de sus mejillas.



POEMA TRÁGICO CON DUDOSOS LOGROS CÓMICOS


Mi familia no tiene médico
ni sacerdote ni visitas
y todos se tienden en la playa
saludables bajo el sol del verano.

Algunas yerbas nos curan los males del estómago
y la religión sólo entra con las campanas alborotando los canarios.

Aquí todos se han muerto con una modestia conmovedora,
mi padre, por ejemplo, el lamentable Prometeo
silenciosamente picado por el cáncer más bravo que las águilas.

Ahora nosotros
         ninguno doctor o notable
en el corazón de modestas tribus,
la tribu de los relojeros
la más triste de los empleados públicos
la de los taxistas
la de los dueños de fonda
de vez en cuando nos ponemos trágicos y nos preguntamos por la muerte.

Pero hoy estamos aquí saludables escuchando el murmullo
de la mar que es el morir.

Y este murmullo nos reconcilia con el otro murmullo del río
por cuya ribera anduvimos matando sapos sin misericordia,
reventándolos con un palo sobre las piedras del río tan metafórico
                            que da risa.

Y nadie había en la ribera contemplando nuestras vidas hace años
sino solamente nosotros
los que ahora descansamos colorados bajo el verano
como esperando el vuelo del garrote
        sobre nuestra barriga
        sobre nuestra cabeza
nada notable
nada notable.



LOS VERSOS QUE TARJO


Las palabras no nos reflejan como los espejos, así exactamente,
pero quisiera.
Escribo con una pregunta obsesiva en las orejas:
¿Es ésta la palabra exacta o es el amague de otra
que viene
                        no más bella sino más especular?
Por esta inseguridad
tarjo,
toda la noche tarjo, y en el espejo que aún porfío
sólo queda una figura borrosa, mutilada, malograda.
Es como si cumpliera la amenaza de la madre
sibilina
al niño que estaba descubriéndose, curioso,
en su imagen:
“Tanto te miras en el espejo
que algún día terminarás por no verte”.
Los versos que irreprimiblemente tarjo
       se llevarán siempre mi poema.



LA MANTIS RELIGIOSA


Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.

Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.



EL PAN


Perdonen que lo diga sin pudor,
pero mi madre y yo vivíamos en un pueblo
       de hambrunas.
Las carencias
nos llevaban a todos a una especie de inocencia,
         a un vivir
en el centro puro de nosotros mismos.
Así es cuando ya no queda nada, salvo
la postura orgullosa de mi madre
que dormía como saciada.

Cada cierto tiempo pasaban profetas
que repetían monsergas en nombre de un dios
prometedor, pero cruel.
Ninguno trajo lluvia sobre los campos yermos
ni hizo el milagro de una simple lechuga.

Una tarde se asomó a nuestra puerta
un extranjero de mirada llameante, otro agorero,
pero no supimos quién ardía en él, si su dios
o su demonio.
Dijo llamarse Elías y tenía gran hambre como nosotros.
Se quedó mirando a mi madre
que en la artesa mezclaba un puñado de harina Santa Rosa
con una cucharada de manteca sin nombre.
Estoy haciendo un pan para mi hijo y yo. Lo comeremos
y después, con la dignidad de los pobres satisfechos,
nos moriremos de hambre, dijo mi madre
en Reyes 17:12.


José Watanabe (Laredo, Trujillo, 1946 – Lima, 2007) Publicó su primer libro, Álbum de familia, en 1971 que mereció el premio Poeta Joven del Perú. Su segundo libro, El huso de la palabra (1989), fue considerado por la crítica nacional como el poemario más importante de la década de los ochenta. Además publicó los poemarios Historia natural en 1994, Cosas del cuerpo en 1999, Habitó entre nosotros en 2002, La piedra alada en 2005 y Banderas detrás de la niebla en 2006. Antígona, reescritura del clásico griego de Sófocles, "lo muestra como un dramaturgo de mucha potencia", y fue llevado a las tablas Yuyashkani.
También escribió guiones de cine para varias películas como Maruja en el infierno, La ciudad y los perros, basada en la novela de Mario Vargas Llosa, y Alias La Gringa.


*Selección hecha por Martín Zúñiga Chávez

jueves, 14 de mayo de 2015

Las costuras se rompieron aquel 28 de junio.

Toque de queda en Paradiso, noche de julio del 2009. Foto: Fabricio Estrada.

La ciudad era perfecta para un golpe de Estado. Las callejuelas traicioneras, los edificios chatos perfectos para los francotiradores, las calles sin salida. La lluvia. Porque la lluvia era un velo verde olivo y servía para sacar a medio mundo de las calles, para intentar el borrado de los grafitis, para que nadie dijera que no tenía lágrimas.

La ciudad era lejana, un risco, un cráter. Ni vértigo ni lava, pero la ciudad levantó, aquel 28 de junio del 2009, la escenografía guardada entre bastidores, con todo y sus telones raídos y los mismos actores de los golpes de Estado de siempre. Hasta el mismo soldado de la foto del 63 apareció apuntando en las esquinas, con otro casco pero el mismo rostro sombreado, con otro uniforme pero con los músculos en tensión para caerle a todo civil que se moviera. Era lluvioso junio, muy lluvioso, y no se repartieron volantes para explicarnos las instrucciones. ¿Cómo se instruye a una nueva generación para actuar dentro de un golpe cívico-militar? Ni idea, pero ahora que lo recuerdo, las cosas fueron como seguir un guión: levantarse a las 5:40 de la mañana tras la llamada del poeta Samuel Trigueros –“poné la radio, han dado el golpe”-, prender la radio entonces, escuchar la entrevista radial de un testigo, eran muchos soldados con capucha, dispararon contra la casa del presidente, me dijeron que me metiera, que aquello no ocupaba testigos, y de pronto la desconexión total, el corte de la energía eléctrica y de la internet, salir a ver junto a los vecinos los F-5E que cruzaban sobre un cielo arrugado como moscas súper sónicas y luego la banda sonora que se acompasaba con el rabioso ritmo de nuestros corazones: los helicópteros.


¡Ah! ¡Los helicópteros angelicales!, Los helicópteros de las películas burbujeando el nuevo discurso, el peso extraño de ese sonido que se metía por todos lados. Nunca hubo un terremoto en Tegucigalpa pero ese sonido era el nuestro, el aeromoto militar sin cabalgata de valquirias pero tan cadencioso que desorientaba, fascinaba, enardecía. Las vecinas salieron con sus camisones y ollas a gritarles a los pilotos, pero los pilotos iban escuchando su otra música y no las escucharon. La ciudad era lejana, un lejano risco, un cráter. La gente comenzaba a moverse hacia Casa Presidencial, como polillas atraídas por una luz que se iba extinguiendo, tomaban el bus, el taxi, caminaban en pequeños grupos y llegaban frente a los soldados a votar en su cara en las urnas ya inútiles de la Cuarta Urna. Era el símbolo que empezaba a moverse, el otro teatro doloroso, y las mujeres abofeteaban a los refuerzos que mandaba el Estado Mayor y éstos aún no respondían como lo fueron haciendo cada vez con mayor sadismo una vez que la doctrina de los batallones iba recordándoles para que estaban en las calles.


Porque a la par de las movilizaciones ciudadanas también se movilizaron las tribus que hacían vida en los cuarteles. Jamás la ciudad vio tanto militar, tanta gente extraña. Ahí caminaban los veteranos sargentos que se entrenaron con los kaibiles y los del Atlacatl, los que permanecen guardados en los batallones contrainsurgentes y que ya probaron sangre y fuego vivo en los ochentas cuando las incursiones a la Segovia y al Sumpul. Se les notaba en el rostro: soldados que no probaban sol civil desde hace mucho y que les dieron órdenes de pasearse por las avenidas con todo y su arsenal y pintura de camuflaje en las mejillas. Los tesones no tenían piedad y machacaron a conciencia.


La ciudad traía correntadas oscuras que sobrepasaron los tragantes. Bullía un barro líquido y a la par florecía la Tegucigalpa de junio. El verdor era magnífico, la humedad y la neblina se turnaban. Sin descanso, Micheletti hablaba todo el día a través de las cadenas de radio y televisión y la tonadita miskita de su banda sonora enloqueció a más de alguno, lo hizo cantar sin querer, aprenderse la lengua de Brus Laguna y odiarla a la vez. Los toques de queda llegaron por igual y la dinámica social cambió por completo. Cientos de negocios quebraron y otros se la jugaron para sobrevivir. Por motivos de toque de queda abriremos a las 4 de la tarde y cerraremos a las siete. Baile privado en descuento. Entrada a mitad de precio. Escrito en folder amarillo, el anuncio del Night Club Illusion era el mismo que colgaba hasta en los negocios más respetables. Nadie se salvó de la quiebra. Las iglesias perdieron a la mitad de sus fieles, las canchas de futbolito se convirtieron en parqueos, los travestis eran asesinados sin piedad y las polleras encendían su lúgubre foco amarillo sólo para espantar las sombras o para recordar las urnas vacías de aquel día en que se presagiaba el cambio de rumbo en las decisiones populares.

La lluvia no dejó de caer, muy parecida a la tormenta de Nieve con que Pamuk aisló a Kars para que ocurriera el golpe de Estado más silencioso y oculto en la historia de la literatura. Pero la ciudad tuvo que ensancharse ante las multitudes que se fueron abriendo paso por ella. Las estrecheces desaparecieron. Cientos de miles había iniciado la Resistencia. Jamás llegaron tantos desde tanto país.

Las costuras del viejo vestido se habían roto. Tegucigalpa vivía y salía a pasear con vestidos rojinegros, blancos y manchas de lodo.


 F.E.

martes, 12 de mayo de 2015

Alejandría la nuestra.

Alejandría la nuestra.



Era un laberinto de aromas aquel mercado. De mano de mi abuela reconocía el tilo, la canela, la manzanilla, la valeriana, el romero, el clavo, pero el olor que mejor reconocía y que se sobreponía con intensidad, era el de los libros. Los libros usados del Mercado Colón, su multitud de Archies, de novelas de vaqueros intercambiables… las letras tenían un olor especial, casi sagrado como aprendí a oler en los jazmines que mi abuela llevaba para el Santísimo del pueblo. Mi Santísimo se convirtió, de manera rápida e inapelable, en las portadas que iba viendo mientras recorría el laberinto: el indio con su lanza emplumada de fondo y una dama del oeste aterrorizada en primer plano, con sus bucles colgando y sus ojos desmesurados en el azul del escape; la nave espacial descendiendo sobre un cráter en cuyo fondo se erigían ruinas siderales de una civilización perdida… las letras olían a lejanía y a aventura, toda la aventura posible que mi tío Filadelfo guardaba en la casa del Barrio Morazán y que yo iba leyendo a paso de hormiga marabunta.


Era el mercado una biblioteca, “el mercado es una biblioteca” –me repetía cuando salíamos de ahí-  y sus libros fueron aumentando el espacio y quizá hubieran seguido en su expansión hasta ocupar todos los puestos y desbordar a la ciudad, en la misma forma que el cementerio de Saramago en Todos los nombres, si no hubiera llegado el incendio.
Ya sin mi abuela María y sus jazmines, aprendí a recorrer solo las diferentes ventas y fue en ellas donde encontré los libros de historia que eran vendidas por señoras que siempre estaban comiendo algo o regañando, avezadas en precios al ojo  y con su delantal pulcro rebosante de billetes de diferente denominación. 

El precio al ojo en la que eran expertas consistía en ver el tamaño del libro y el interés del comprador, de manera tal que fui aprendiendo a pasar indiferente ante las joyas que saltaban hacia mí pidiendo rescate, buscar bien dónde podían estar las mismas joyas pero en edición modesta y tamaño discreto. Hacer parecer de imitación la misma joya, entonces, y pedir rebaja. El mercado en su más esencial oficio de especulación, así como el pensamiento que no se escribe, así como lo escrito que no se publica, el juego del polvo en las manos, el mosaico de papel viejo que despertaba tanta vida interior a aquellos que no tenían a su alcance el dinero para ir a las librerías del centro de Tegucigalpa. Comayagüela era el centro del saber para los de bajísimo salario pero también para los avezados conocedores del tiempo y sus vericuetos, los profanadores de tumbas gramaticales, los arqueólogos de libros robados, revendidos, olvidados en pupitres de aulas, en banquetas de parques o jamás devueltos a sus dueños originales.


La noche del incendio me encontraba en casa del doctor Osly Vásquez, la misma casa desde la cual me tocaría ver la portentosa inundación que el huracán Mitch provocara en la ciudad. El mismo año y el mismo ángulo de visión. 1998 y un resplandor se movía en el piso del patio como agua amarilla que bulle de peces al rojo vivo. Fui a ver y al levantar la vista hacia el mercado el infierno ya estaba desatado. Enormes llamas subían hasta la altura de la virgen María Auxiliadora quien no daba su auxilio y estaba fascinada, aunque sin arpa, ante las llamas que lamían sus vestidos de bronce. El rugido era el de un horno gigantesco y el humo ya era otra noche, más profunda quizá, más inolvidable. En los techos de los negocios chinos que rodean el mercado se distinguían las siluetas de hombres que lanzaban cubetazos de agua casi como una ofrenda diminuta a un violento dios desencadenado. No había nada qué hacer: ni los santos cristianos ni los semidioses orientales llegaron a tiempo.


Yo olía la tinta de los miles de libros que se esfumaban, podía darle forma a las llamas y al humo, rogaba que los bomberos hubieran salvado los libros del sector sur del mercado. Toda Alejandría se arremolinaba en mis ojos porque lejos de los grandes textos laudatorios nuestra humilde Alejandría estaba siendo barrida de la historia y nadie lo contaría en epístolas urgentes ni en poemas fabulosos. Miles de volúmenes desaparecidos y la forma de las llamas eran los rostros de Solyenitzin, Arthur C. Clark, Aristóteles, Ramón Amaya Amador, John Dos Passos, Nietzsche, Hesse, Mariategui, pero los que más se distinguían eran los vaqueros e indios del viejo oeste, tratando de salir de las llamas, apretándose, abrazándose junto a los jazmines y el tilo, junto a las verduras calcinadas y las dedicatorias marchitas que se agitaban en pavesas por toda la ciudad.


No sé cuántas veces más se habrán quemado los mercados. Las palabras que tenía para recordarlo se hicieron carbones, y ya no dejan rastro.

Fabricio Estrada.

miércoles, 6 de mayo de 2015

El anillo de Golum

- Nada podía ser más obvio dentro de LIBRE. Lo sabíamos, no hay sorpresa por los diputados que han abandonado las filas. Siempre será cosa de tiempo una vez que se recuerda cuál fue la apuesta estratégica de Manuel Zelaya Rosales: meter el mayor número de diputadxs invocando nada más el peso y el cálculo de desgaste ante la trilladora nacionalista.

- El tema de llamado a una Constituyente Popular se ha ido esfumando ante una realidad tremenda: más de 200 leyes han sido promulgadas en lo que va la continuidad de gobierno nacionalista, lo que viene a resultar en un reseteo masivo de la Constitución existente. La nueva Constitución, entonces, ya está en boga.

- La vulgar caracterización que el Estado de joh ha hecho de los Derechos Humanos en cuanto que se violan los derechos de elección de ciudadanos que aspiran a la reelección presidencial -él mismo, por supuesto-, viene a mostrarnos a qué nivel manejan la desinformación pública con el fin de pervertir el principal enunciado de los derechos humanos: el resguardo de la ciudadanía ante el poder.

- El ascendente rumor sobre la posible luz verde para que los militares voten es un espejismo, ya se consiga constitucionalmente o no: los militares siempre fueron beligerantes e inclinados históricamente hacia el nacionalismo. Sería ideal plantear un dilema en este momento: si lo militares quieren votar hagamos lo que hizo Néstor Kirchner en la Argentina, a saber, quitarle a los militares su papel de garantes de la Constitución.

- La nueva Ley de Seguridad Social es la conversión simple de lo público hacia lo privado, en una alevosa y monstruosa jugada que incluyó desfondar más de 6 mil millones de lempiras del IHSS. Todo el sistema de salud que actualmente elige la empresa privada es el de clínicas privadas, específicamente PORSALUD, ¿Quién es el mayor socio de estas clínicas? FICOHSA. ¿Quiénes son los involucrados en el latrocinio del IHSS? Algunos de los más cercanos al Grupo FICOHSA. ¿Adónde fue a parar gran parte de ese dinero? A la campaña política de joh ¿Quién es el principal promotor de esa Ley de Seguridad Social? joh, en deuda con el grupo FICOHSA que le financió gran parte de su campaña. El anillo de Golum tan perfecto como enloquecedor.


viernes, 1 de mayo de 2015

Las fotos de Justiniano, El Apóstata

 Fotos: Fabricio Estrada. Locaciones en Puerto Rico: Santurce y panteón de Pazzis-San Juan, Vega Baja, Caguas. Locaciones en Honduras: Comayagua.







jueves, 30 de abril de 2015

La Perla, San Juan - Fotos: Fabricio Estrada

 Tuve la oportunidad de conocer La Perla durante el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico, en marzo pasado y lo primero que me causó fascinación es su condición de resistencia urbanística en medio de El Viejo San Juan con toda y su sortilegio para turistas.

En muchos aspectos, La Perla se presenta ante el mar como una joya extraña en medio de la ostra esplendorosa de la ciudad vieja y, por igual, resiste con un nivel de vida de favela a despecho de los planes que puedan tener los diseñadores del tour. La modestia es su enorme tesoro y además, la cercanía, el lazo anímico que conservan de toda latinoamérica ante el acoso del colonialismo estadounidense. Aquí grabó su video Calle 13 junto a Rubén Blades y ese orgullo se redobló. Ser Boricua y ser de La Perla tiene significados aún no explicados más que en esa  canción y su video clip. Hermosa la visita, hermosa la sensación de que ese mar también estaba en Tegucigalpa, aunque invisible. Estas fotos que tomé intentan trasladarles el colorido de la resistencia cultural de Borinquen.









El poeta costarricense Carlos Villalobos.

La poeta cubana Lina de Feria durante la lectura del festival.

miércoles, 29 de abril de 2015

Saló, o los 120 días dentro de Honduras



El poder, ese oscuro objeto del deseo, esa parafilia jurídica que en Honduras se muestra en todas sus expresiones, principalmente en el exhibicionismo de los instrumentos fálicos de la élite: soldado-fusil, arzobispado-báculo, magistratura-mazo, presidencia-puño en alto; el exhibicionismo y a la vez la contención de las formas que han conducido al levantamiento de una cultura política neurótica, altamente reprimida y cuyos síntomas simbólicos se revelan en las innumerables leyes aprobadas con sesgo moralista y, sin embargo, sin ninguna ética de por medio.

La ética -constructo sublime- fue pervertida por las parafilias, las parafilias rigen "el orden" social y los colaboradores de tal deformación -se me viene a la cabeza los militares- se pasean cuidando que la población sometida acate cada ley o regla nueva dentro del juego. Todo esto lo vi ahora, al conectarme por segunda vez al film de Pier Paolo Pasolini Saló o los 120 días de Sodoma.

El paralelo hondureño se me hace inevitable. Pasolini aborda el fascismo y lo desnuda en toda su intención final: el sometimiento lúbrico a través del poder, el poder desatando lo que se reprime una vez que no hay nada que lo contenga. Regla, penetra, viola el poder cuando no hay ninguna forma humana en pie para disuadirlo, y la deformidad de sus actos es tan monstruosa que sabe bendecirse puntualmente con ayuda de sacerdocios legales y espirituales: jurisprudencia e institución eclesiástica. Saló. Honduras. Reprimir para liberar sus propias perversiones.El placer inconsciente de reírse en la cara de quien no tiene el poder y al hacerlo, lograr un placebo irrenunciable.Si la sexualidad crea las relaciones sociales aquí, entonces, se busca que no existan relaciones horizontales inter-ciudadanía, sino todo lo contrario, que existan pero sólo lo que considere y regle la verticalidad de la imposición.

Saló. Control social. ¿Cómo se estabiliza un poder si las instituciones que deben hacerlo han sido pervertidas? ¿Qué tipo de control va en ascenso paulatino, desdibujándose en sus contornos hasta trocarlo sádico y, lo que es peor, aceptado con sadomasoquismo?

Saló. Hay algo más por entender de Honduras. Algo más.

F.E.