jueves, 29 de enero de 2015

Chat entre Herman Melville y Joseph Conrad



Hace ya algunos años que escribí otro chat: el que ocurre en mi imaginación entre Ray Bradbury y Arthur C. Clark http://fabricioestrada.blogspot.com/2008/03/messenger-entre-ray-bradbury-arthur-c.html. Una forma de homenaje surgió esa vez a dos de mis autores de ciencia ficción preferidos (que por cierto terminé publicando como anexo en Blancas pirahnas-2011) y, por muchísimo tiempo, intenté recrearlo con Herman Melville y Joseph Conrad quienes con su Moby Dick y El corazón de las tinieblas me regresan una y otra vez a las primeras sensaciones avasalladoras que tuve cuando empecé a leer. Vuelvo a hacerlo, entonces, y de nuevo esa diversión tan snob y propia como la pueden tener aquellxs que aprenden on line el lenguaje élfico de Tolkien. Aquí tienen entonces, ya veré con quiénes continúo.

Conrad: Oye Herman, ¿estás despierto?

Melville: No podía dormir, qué bueno que escribes, no quería acostarme y encontrarme en ese puerto inseguro que siempre me da el sueño.

Conrad: Sí, ya somos dos. Desde hace mucho que sólo veo el mar al cerrar los ojos.

Melville: La vez pasada me dijiste que mirabas una jungla y un río tenebroso.

Conrad: Sí, también. Y tambores lejanos. Oye ¿cómo es que decides embarcarte? ¿Te dan las ganas y ya?

Melville: mmm, interesante. Ahora que lo preguntas sucede que cuando me encuentro con el ceño fruncido y empiezo a detenerme ante los escaparates de las funerarias

Melville: cuando la hipocondría me inspira un irresistible deseo de aplastar el sombrero

Conrad: y también a alguien, me imagino

Melville: pues ¡también! El sombrero y a quien lo use, el asunto es que en ese momento siento que ha llegado la hora de lanzarme al mar… me embarco sin ruido ni alboroto.

Conrad: Mira, no sé si lo tuyo es cansancio o ansiedad, la mente del hombre es capaz de todo, pero hay una verdad, una verdad desnuda de la capa del tiempo.

Conrad: Dejemos que los estúpidos tiemblen y se estremezcan… hay algo más profundo en el mar, el mar que es una multitud demoníaca.

Melville: Tienes razón, tras conocer al Capitán Ahab no puedo seguir explicando el mar así. Parecía un hombre a quien se hubiera retirado del suplicio de la hoguera, cuando ya las llamas hubieran prendido en sus miembros sin consumirlos ni quitarles su firmeza.

Conrad: Mucho mejor

Melville: Sí, de entre sus cabellos grises se veía salir una cicatriz de un blanco lívido

Conrad: Su ballena blanca era una cicatriz en el mar como en Kurtz “sus planes inmensos” lo condujeron al horror.

Melville: Terrible, Joseph. No me contaste cómo te llama a ti el mar ¿por algo en especial me lo has preguntado?

Conrad: El mar es un mapa extendido para mí, lleno de espacios en blanco. En ellos están las tinieblas y siento que debo explorarlos. Entonces empiezo a buscar un barco, pero el último que abordé me llevó a un río, una inmensa serpiente enroscada con la cabeza en el mar.

Melville: ahhh, entonces es el río el que te ha intrigado.

Conrad: El río que terminó siendo Kurtz. En mi caso el mar me condujo a un río, de ahí me viene preguntarte. Como el universo el mar también tiene sus paradojas.

Melville: Sí, mira el caso de Ahab con Moby Dick. Una venganza superior termina destruyendo a quien la levanta como palo mayor en un barco de débiles cuadernas. El perseguir y arponear a un fantasma no debe ser considerada faena humana. Persigues a la ballena y resulta que es tu pavor.

Conrad: Nadie es humano una vez que sobrepasa los límites de cierta jungla que todos llevamos dentro, Herman. Kurtz, por ejemplo, lo sabía y eso sedujo a su alma forajida hasta más allá de los límites de las aspiraciones lícitas.

Herman: ¿Pudiste verlo a los ojos?

Conrad: Cuando lo vi por última vez (la última vez que miras a alguien es más significativo que la primera) intenté romper el hechizo, el denso y mudo hechizo de la selva que, en sus ojos, parecía atraerme hacia su seno despiadado y que despertaban en mí olvidados y brutales instintos, recuerdos de pasiones monstruosas y satisfechas.

Melville: ¿El horror?

Conrad: Siii, ¡el horror! ¡el horror! ¡el horror!

Melville: ¿Te puedo hacer una pregunta, Joseph? ¿Prometes no dejarme esperando al día siguiente como la vez pasada que te pregunté sobre el Nostromo?

Conrad: Adelante, lo prometo. Pero eso sí, que quede claro: ni Costaguana ni Sulaco quedan en Honduras. Parodié a Panamá.

Melville: Bueno… Joseph ¿Aún tienes fe en la humanidad, tú cuya alma no ha conocido represiones, ni fe, ni miedo?

Conrad:

Conrad:

Conrad: Lo humano siempre levanta cabeza, Herman, el mar puede estar cubierto por una densa faja de nubes negras, puede ir directamente conducido hacia el mismo corazón de las tinieblas y siempre querrá encontrar motivación por la justicia, que al final de cuentas, es su vocación por lo siniestro. Sí, tengo esa fe extraña. ¿y tú?

Melville: En algo coincidimos, Joseph: el barco de la humanidad se podrá hundir pero como Satanás, no querrá hundirse en los infiernos sin llevarse consigo un pedazo de cielo. Toda gaviota que pase querrá posarse en su mástil y terminará enredada en el hundimiento.

Conrad: ¡Vaya! ¡Eres más pesimista que yo!

Melville: Naaa, el gran sudario del mar seguirá ondeando, como lo hace desde el principio de la creación. Si se salva el mar se salvará algo de la insondable belleza que la humanidad ha deseado para sí siempre.

Conrad: ¡Cierto! Era del mar de lo que hablábamos.

Melville: Sí, el mar es la pregunta.

Conrad: Bueno, Herman, se ha hecho tarde. El próximo barco debería embarcarnos a ambos.

Melville: ¿el del sueño, dices?

Conrad: ¡El mismo! Pero sin ballenas rencorosas de por medio ni oscuros tambores.

Melville: Buenas noches, Joseph.


Conrad: Feliz pesca, Herman.

domingo, 25 de enero de 2015

La inestable cacería de mariposas

El Maese Rafael Murillo me ha traído unos polvorones de San Juancito (deliciosas galletas caseras). Hacemos un te de manzanilla -¡ah, par de cuervos clásicos!- y comenzamos a volar sobre la milpa, observando los espantapájaros.

Primero es el cuénteme, poeta,  habitual en el Maese cada vez que nos encontramos. Así comienzo a hacerle un resumen de mis cuitas y de mis últimas lecturas. Ahí pasan Nabokov, Las Siete Noches de Borges, Mundar de Gelman, Negro de Alfonso Fajardo, y mi último descubrimiento en poesía argentina, Horacio Fiebelkorn. A Rafael le intriga el título Mundar,de Gelman, y así es como le sugiero que es posible que el poeta haya verbalizado el sustantivo "mundo", lo que traducido en poesía vendría a ser "mover el mundo" o "moviéndose con el mundo". También cabe la interpretación de la acción que realiza un vagabundo o mundano dentro de la realidad. El asunto es que vagabundeamos primero, casi un profundo ejercicio de respiración antes de llegar a picarle los ojos a los espantapájaros.

Caemos directo: el primer gran revés de juan orlando hernández en su política de gobierno militarista y represiva. Las bancadas de LIBRE, Partido Liberal y Partido Innovación y Unidad y Partido Anti-Corrupción votaron en bloque en contra de la ratificación para darle rango constitucional a la Policía Militar del Orden Público, un adefesio legal que sólo tiene pies y cabeza en la lógica de blindaje del gobierno nacionalista y, además, un claro instrumento de amenaza ideológica ante cualquier levantamiento ciudadano, algo muy probable en la inestable plataforma que ha construido el fraude electoral que tiene al nacionalismo en el poder. Lo vemos en principio como una contundente derrota política, sí, una afrenta en el patio casero, pero pensamos en la política de Estados Unidos en Honduras. El empecinamiento por el rango constitucional a una unidad militar puede ser un termómetro para medirle el pulso a la oposición y comprender así, el terreno dentro del cual se promueve la continuidad de joh para la estabilización de la colonia. A pesar de toda la terapia de shock implementada a través del sicariato paramilitar, el pensamiento ciudadano sigue estando vivo en cuanto a su necesidad de construir políticas ciudadanas autónomas de los designios imperiales. La impronta de LIBRE en cuanto a explicar los contenidos de la amenaza que constituye la PMOP (guardia pretoriana, división de las Fuerzas Armadas, soldados represivos), ha obligado a un debilitadísimo Partido Liberal a unirse a la no ratificación para sacar reditos y no hundirse más. Preo creemos que esencialmente, el partido que más ha sacado ventaja es el PAC, quien se mostró muy beligerante a través de Salvador Nasralla quien ha venido señalando de frente la intención dictatorial detrás de la iniciativa de joh.

Lo de ayer fue bastante importante, sin duda, juan orlando se ha dado cuenta que no es ya la avasalladora perturbación de la oposición desprevenida y en crisis. Su plan de continuismo sufre con la no ratificación la primera estocada aunque no será suficiente para aplacarlo. Lo que viene es una avalancha de publicidad para el referendum o plebiscito que ahora se propone llevar a cabo, o en el peor de los casos, la activación de la mentalidad de ultra-derecha sin necesidad de directrices: la matanza para justificar la campaña.

Las mariposas de Nabokov han quedado abandonadas por un momento. Antes de ir a dormir le leo al Maese uno de los poemas de mi reciente texto inédito. Reímos. Por esta vez reímos, porque cómo escribía en el facebook al conocerse la votación en contra: un poco de luz, caramba, tan sedientos de cielo estábamos.


viernes, 23 de enero de 2015

Los textos en los papiros de Herculano

Esta investigación y desarrollo de las técnicas arqueológicas en torno a ella siempre me parecieron fascinantes. Ahora comienza a revelarse poco a poco uno de los eslabones perdidos del mundo clásico greco-latino: los papiros calcinados por el Vesubio en el 79 d.C.



Desde las primeras grandes posibilidades que dio "la máquina del padre Piaggio" (https://latunicadeneso.wordpress.com/tag/antonio-piaggio/) para desenrollarlos, el avance actual promete una inmensa fuente de alegrías para el acervo humano en general.





jueves, 22 de enero de 2015

Dinosaur 13



He visto Dinosaur 13 con la misma expectativa que tuve cuando encontraron el colmillo de mastodonte  aquí en Tegucigalpa (nuevo edificio de la Corte Suprema de Justicia en Bulevar Kuwait). Si bien en Dakota del Sur el hallazgo fue hecho por paleontólogos de altísimo nivel y no por obreros de la construcción como fue nuestro caso, el limbo legal por la tenencia del fósil puede tener correspondencias puntuales.

Este documental me ha desengañado respecto al romanticismo de los decubrimientos de dinosaurios. Sue, como fue llamado el tiranosaurio rex encontrado, tuvo que pasar una larga temporada en bodegas antes de ser expuesto en el Museo Field de Historia Natural, en Chicago, Michigan. Toda la pugna de intereses que lograron arrebatarle el derecho a exhibirlo al pequeño pueblo de Dakota donde sucedió el hallazgo, toda el entramado aberrante de leyes federales y la codicia del propietario del terreno, todo esto se expone hasta llegar al absurdo y doloroso encarcelamiento del paleontólogo que desenterró a Sue.

Me pregunto sobre Honduras y sus leyes de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico. ¿Qué fue del colmillo de mastodonte? ¿Le pertenece acaso al Peabody Museum como es el caso de miles de piezas mayas que sacaron los arqueólogos estadounidenses a principios del siglo XX?

Un gran documental, sin duda, para entender un poco más sobre lo que aparenta ser tan natural y científico.


viernes, 16 de enero de 2015

Martín Cálix, Honduras - Lecciones para monstruos

Foto: Fabricio Estrada


Martín es un monstruo, del tipo de aquellos que Mario Levrero definió como conejos que no son conejos, sino cazadores disfrazados que se infiltran en las madrigueras para cazar conejos con odio. En las tardes escribe con su cigarro quemando hormigas y, por las noches, escucha a Los Caifanes como un adolescente enamorado. De las últimas voces que van haciéndose escuchar por estos lados, la de Martín es una de las más eclécticas sin necesidad de sintonizar la eterea voz de los eclécticos canónigos de por aquí ni de mencionar tres autores de lecturas personales en cada párrafo. Ha logrado encontrar ese desenfado posmoderno que ya vivía en Levrero y en el periodismo gonzo desde hace décadas pero que en Honduras es tan extraño como ver a los académicos de la lengua viendo Monster Inc.
Edgar García me trajo desde Xela su Lecciones para monstruos y, sin más, comencé a devorarlo como una barra de chocolate. Oscuramente divertida y luminosamente comic, la lectura dio lo que me debía dar: la alegría de saber que se han encendido los aires acondicionados en un cuarto cerrado de nombre Honduras. Acaso ¿no escribimos también para divertirnos, macilentxs y taimadxs escritorxs? 
La plaquette fue editada por 90s, de Quetzaltenango, Guatemala, dimensión mesoamericana del ártico, donde actualmente reside Martín.

1

No siempre hay que asustar, porque en algún humano puede encontrar a su mejor amigo.

2

Los viernes son sagrados.


 6

Ningún monstruo incursionará en política. Ningún monstruo pretenderá ser presidente, diputado o alcalde en caso contrario su licencia para asustar será suspendida.

9

No sea egoísta, deje armarios sin resolver.

10

Recuerde, algunos humanos pueden resultar ser más crueles que usted, evite llorar delante de ellos.

12

Dios es un monstruo mucho más asustadizo que usted, por eso nadie sabe dónde está, no lo busque más debajo de la cama.

13

Cookie Monster es una estrella de Hollywood, usted no.

14

Si tiene alguna pesadilla recurrente, deje de leer a Freud, él basó sus estudios en humanos.

15

Si sufre de claustrofobia entonces usted no es un monstruo.

16

No somos Monsters inc, al final del año no hay prestaciones.

17

Recuerde que Where the wild things are no es su biografía autorizada.

18

Y cuando despertó el humano seguía ahí...

¿qué espera?

¡Asústelo!

19

El monstruo del lago Ness visitó París.

20

Ningún monstruo debe ser militar.

22

La familia Munster es la familia real.


23

Si anda como monstruo, si hace como monstruo, entonces es un monstruo.

24

Si acaso un seminiño asustado lo convence de lo contrario entonces nunca lo fue.

26

El Papa no es un monstruo, en el sentido menos ortodoxo de la palabra.

27

Fumar lunas a escondidas no es muy educado, evite llamados de atención por parte de la gerencia.

28

De noche todos los monstruos son pardos.

29

La vida es todo aquello que pasa mientras usted asusta.

47

Cuando un monstruo le diga: amo tus miedos.

Créale, porque ésta, es la declaración de amor más honesta que un monstruo puede hacerle a un ser humano.

48

En el más acá también hay monstruos, la diferencia radica en que en el más allá son terriblemente risueños, especialmente los viernes.


Martín Cálix, Honduras, 1984, nació en El Progreso. Forma parte del sello editorial independiente subVersiva.

Ha sido publicado en la revista Tercer mundo (1ra. Edición, 2011), en la revista Mera V (3ra. Edición febrero 2012), en la 1ra. Antología de cuento y poesía de la Fanola Cartonera, Chile (2013), en Dossier de poesía centroamericana comprometida de la Revista hispanoamericana de cultura OtroLunes, España (2013) y en la revista Umbigo, México (2014).

Obra publicada: 
Partiendo a la locura (Ñ Editores/2011) Segunda edición para Casasola Editores, 2012.
45° (Ñ Editores/2013)

¿Quién duerme en Los Laureles?



Aquí estoy, en la fábula sórdida de un aburrido cualquiera, viendo una vez más a Robert de Niro apuntarse a la sien con su dedo ensangrentado. El cenital va como una nube y recorre los cuartos de la masacre. Jodie Foster es tan bella y llorona y Nueva York está llena de carros de policía bastante pesados y metálicos, nada de fibra de vidrio, sólo latones brillantes a cuyo alrededor se aglomeran los vecinos del Bronx. No sé quién es la chica que Robert mira por el retrovisor al final de la película, ya héroe Robert pero ahora resulta que galán icónico de aquellos setentas magentas en que un taxista podía esquivar su destino de sicario anónimo de políticos y en un giro inesperado, pasar a eliminar a toda una banda de proxenetas.

Recuerdo a un taxista que me contó una historia, aquí en Tegus, mientras su ojo derecho giraba como el de un papagayo de juguete. Raptado por una banda de requinteros que deseaban pasar a psicópatas, les suplicó que no lo mataran pero los chicos querían probarse. Metió las manos y uno de los tiros le rozó el ojo derecho. Las otras balas sí que entraron y lo adormecieron en una supervivencia milagrosa que lo mantuvo fuera de la ruta por medio año. Hospitales y camastros entre tablas viejas de su casa. Esa fue la dirección que el coma le dio para que anduviera en sueños. Una vez que despertó se vio al espejo y su ojo no dejaba de girar. Era una brújula descontrolada que sólo apuntaba a una región de su cerebro. Ahí, en ese punto, una voz le urgía a buscar a los chicos divertidos que le metieron los tiros. Así que se prometió una terapia de acumulación de rencores y, cuando estuvo listo, fue tras ellos. Bien sabía que los chicos lo creían muerto y entonces, como fantasma estropeado les cayó encima junto a otros amigos convencidos de su rencor. Los llevaron a Los Laureles y ahí los fue crucificando a balazos. No exageraba. Primero un pie, luego el otro, la mano, luego la otra, la rodilla, luego la otra, hasta que les puso a todos la cruz de ceniza en la frente. Triste cuaresma para tres muchachitos que no entendieron cómo ese ojo se movía tan divertido en hombre tan serio y malhumorado.

Al terminar su historia ya habíamos llegado al centro. Le pregunté si había visto alguna película del tipo Taxi Driver. Me dijo que no, que era suficiente su taxi para vivir más películas que las que daban antes en el Centenario. Lo vi acelerar y doblar por la esquina de la Catedral, con su Datsun 210 casi cayendo a pedazos. Nueva York queda muy lejos, pensé, exactamente como ahora lo he pensado al cierre del casting, cuando las luces nocturnas van creando un collage onírico junto a la trompeta melancólica que Scorsesse decidió para el final de su sueño.

F.E.

domingo, 11 de enero de 2015

La naturaleza espera del adulto que acepte los dos vacíos negros

Berthe Morisot, Le berceau.


La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas. Aunque ambas son gemelas idénticas, el hombre, por lo general, contempla el abismo prenatal con más calma que aquel otro hacia el que se dirige (a unas cuatro mil quinientas pulsaciones por hora). Conozco, sin embargo, a un niño cronofóbico que experimentó algo muy parecido al pánico cuando vio por primera vez unas películas familiares rodadas pocas semanas antes de su nacimiento. Contempló un mundo prácticamente inalterado -la misma casa, la misma gente-, pero comprendió que él no existía allí, y que nadie lloraba su ausencia. Tuvo una fugaz visión de su madre saludando con la mano desde una ventana de arriba, y aquel ademán nuevo le perturbó, como si fuese una misteriosa despedida. Pero lo que más le asustó fue la imagen de un cochecito nuevo, plantado en pleno porche, y con el mismo aire de respetabilidad y entrometimiento que un ataúd; hasta el cochecito estaba vacío, como si, en el curso inverso de los acontecimientos, sus mismísimos huesos se hubieran desintegrado.
 Tales fantasías no son raras en la infancia. O, por decirlo de otro modo, las primeras y últimas cosas suelen tener un barniz adolescente; a no ser, quizá, que estén supervisadas por alguna venerable y rígida religión. La naturaleza espera del adulto que acepte los dos vacíos negros, a proa y a popa, con la misma indiferencia con que acepta las extraordinarias visiones que median entre las dos. La imaginación, supremo deleite del inmortal y del inmaduro, debería ser limitada. A fin de disfrutar la vida, no tendríamos que disfrutarla demasiado.


Vladimir Nabokov, Habla, memoria, Capítulo primero.

jueves, 8 de enero de 2015

La fuerza esa que es metáfora en los débiles - F.E.



Pocas veces había visto tal fuerza. El hombre llegó a cambiarme unas celosías y se marchó con el mueble de unas 400 libras en su espalda.

Yo había regresado a casa luego de un periplo alucinante -separación, viajes, canto, amor, odios, estrecheces-; apenas tenía unas cuantas horas de mudanza y junto a mi primo José Luis pude sacar el antiguo mueble que compré con mi primer sueldo allá por 1997. "Debo iniciar de cero el año", me dije, y comencé a evaluar el cómo estaba ese espacio de reseteo. "Comencemos por dejar vacía la sala". El enorme mueble ya estaba bajo el sol cuando el reparador de celosías llegó y se lo ofrecí. Sin chistar me agradeció, hizo su trabajo, me fui a tomar agua y cuando volví la vista el hombre ya no estaba y sólo quedaba mi primo viendo hacia arriba del bloque. "¡Se lo llevó en su espalda!" me dijo el primo. No lo podía creer. Ese mueble era para unos cuatro hombres y el amigo, llamado Carlos, vivía a unos dos kilómetros en dirección a la Villa Franca. Sólo alcancé a ver aquella masa móvil e imposible tomando la calle principal de la colonia y perdiéndose a prisa sin tomar aliento ni pedir ayuda a nadie.

Inmediatamente recordé el relato que, de su niñez a finales del siglo XIX, Froylán Turcios hace en su "Memoria y Apuntes de Viaje" y caí en cuenta que con Carlos había tenido el privilegio de darle rostro y contextura a aquel hombre que, según Turcios, por 100 pesos cargó tres tocadores por casi 80 leguas (1 legua aprox. 4 kilómetros), desde el puerto de Trujillo hasta Juticalpa. Primero cargaba uno a cierta distancia y luego regresaba por los otros, así, sucesivamente hasta llegar a destino. El hombre en cuestión -un indígena fibroso y macilento a la vez, como es Carlos- creyó que los pesados "tocadores" de caoba que cargó eran algo así como pianos y pidió, con respeto, poder escucharlos antes de irse. Con mucho tacto lo desengañaron de ello y él se disculpó por su ignorancia y se fue a morir, dos semanas después, por el tremendo esfuerzo realizado, en medio de vómitos de sangre que no pudieron detener. ¿Qué música quería escuchar de "los tocadores"?, me pregunto ¿Qué tonada escuchó de ellos cuando iba destruyéndose por dentro con 100 pesos en la bolsa?

Vi en los ojos de Carlos mucha determinación pero también cansancio. Imagino entonces, que cuando él cargaba ese mueble vio descanso en casa, se vio arreglándolo y disfrutándolo en familia, no sé, quizá pensaba en venderlo y sacar algo extra para la comida. También hice una nueva valoración de la memoria de Turcios en cuanto al pensamiento de la época ¿cómo pudieron permitirle a ese pobre hombre tal reto? Las condiciones de aquella sociedad de patrones semi-amos, muy posiblemente tenían caracterizado a los porteadores como se calcula la fuerza de una bestia de carga, pero más allá de ello, siento que les pareció una oportunidad única el comprobar si era real la proverbial fuerza indígena en detrimento de cualquier consideración humana. La posibilidad de una demostración sobre-humana, entonces, venció los vestigios de ética de quien Froylán asegura que fue un hombre noble cargado de un sentido de compasión y, también, de derroche infinito: su padre. Porque también se puede derrochar para apostar la vida de otros, no hay que dudarlo.

En mi caso, me queda la tranquilidad de haber recibido hoy, de nuevo, los servicios de Carlos contándome lo que ahora ya es anécdota para él y su famila, entre risas y muestras de una pequeña laceración en su nuca. Lo vi íntegro físicamente, alegre, trancero y feliz. Me preguntó si tenía otro mueble "por ahí" y dentro de mí, surgió un leve demonio interior que hubiese querido comprobar si sería capaz de repetir la proeza de nuevo.

Un viejo poema, de mi tercer poemario, Solares (2004) bien puede servir de corolario a este relato y, con pena, pienso que tuve que habérselo escrito a Carlos:

Los escombros del alma.

El grafito del cielo
boceta un mundo de hombres en ruinas,
atlas cotidianos que apenas soportan
la tristeza de un pájaro
esculpido en los hombros.

¿Adónde van con su yeso y acero,
con la herida jungla,
con la boca espanto del coliseo?

Déjame, ciudad,
una plaza intacta de sueño,
un costillar de tiempo,
el plomo esternón que hunde
los ojos a ras de suelo.
Déjame, ciudad de sombra,
al menos
una muralla vena
un vestigio
la ruta que me lleve a descubrir
bajo tierra y agua
las manías,
las columnas del hombre
los escombros del alma.

F.E.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Jorge Oquelí, Honduras: Performance Acto Poético - Fotos Fabricio Estrada

Todo tiene un sentido. Detrás del bordado ideal con que se nos presenta la sociedad está la ritualización permenente de la violencia sin fin, con todo y sus sacerdotes. Las costuras que pretenden darle una continuidad uniforme al paisaje social están, realmente, hechas con puntadas entrecortadas y caóticas. Hemos erigido, como los niños solos de El Señor de las Moscas, una cabeza de cerdo para orientarnos y proclamar, a los cuatro vientos, el ascenso del terror. Todo tiene un sentido, y Jorge Oquelí, con su Acto Poético, levanta un templo de estupor con su tótem respectivo y su oficio puntual y continuo.
¡Vengan, niños nuevos! ¡La caracola los convoca!

F.E.


"En líneas generales, controlando el poder y sancionando normas poderosas, el proceso ritual regula las tensiones entre comunión y separación, manteniendo o renovando en la sociedad un grado óptimo de comunicación, ni escaso ni excesivo. Pues el sistema podría perecer por congelación o por sobrecalentamiento. El rito reactiva el sentimiento de lo común compartido, sea el origen o un mismo destino, sea una identificación actual o imaginaria. Tempera la dispersión, articulando las diferencias respecto a los otros, a nivel colectivo y en el ámbito individual; pero a la vez reafirma la identidad diferenciadora frente a la identidad compartida. Así, estabiliza la temperatura del cuerpo social: enfría o calienta, tendiendo a mantener la homotermia, el equilibrio en la agitación del sistema, controlando sus fluctuaciones y alentando el olvido de las perturbaciones.
Excepcionalmente, los valores representados por la acción ritual pueden ser contrarios a los valores dominantes en el entorno social. Esta inversión simbólica, que opera de ordinario como compensatoria, puede adquirir, en situaciones críticas, un carácter subversivo. En el primer caso, los dos planos se desconectan, a fin de neutralizar el desajuste. Se encierra el tiempo simbólico en su propia esfera, en la que agota su sentido, yuxtapuesta e incomunicable con el dominio empírico cotidiano. Las contradicciones sólo se salvan en el plano de lo ilusorio. Aún así, se está tratando como pensable la superación de las contradicciones."

El ritual como forma de adoctrinamiento
Pedro Gómez García
Departamento de Filosofía, Universidad de Granada.
 




«la función propia del ritual es (...) preservar la continuidad de lo vivido» (Lévi-Strauss 1983: 219)



"Si el relato mítico pone en primer término la representación mental, el alma, en cambio el rito actúa con el cuerpo y sobre el cuerpo y sus sentidos; produce una representación espacial, que es interiorizada sin necesidad de pensar. Opera en el espacio, constituyendo en su actuación una condensación codificada del tiempo (la misma del tiempo mítico), que procede de los tiempos pasados y pretende intervenir como paradigma del tiempo futuro. De este modo, los elementos se transmutan para significar, y unos significados remiten a otros. El espacio ritual se sale del espacio corriente (el ubicarse aparte es el sentido etimológico de «sagrado»). La posición que se ocupa en la acción simbólica implica alguna correspondencia con la que se ocupa en la vida cotidiana, o al menos en el seno de una imagen del mundo."

El ritual como forma de adoctrinamiento
Pedro Gómez García



"Los procedimientos rituales propician el reducir la distancia, hasta alcanzar la meta, como puede ser la comunión entre los participantes, o entre el polo humano y el divino. Los medios utilizados, símbolos ambivalentes, al pertenecer simultáneamente al mundo humano y al divino, operan como vehículo que salva el abismo de la discontinuidad. Inducen la experiencia de participación en la realidad o sobrerrealidad simbolizada. La experiencia polisensorial produce la sensación de presencia y comunicación con lo que tales significantes connotan para el entendimiento que cree. Sin este asentimiento intelectual, los espectadores de un rito no harían más que una concesión hipócrita o cínica a un formalismo social, vacío ya de sentido para ellos, a pesar de la permanencia de sus componentes estéticos."

El ritual como forma de adoctrinamiento
Pedro Gómez García 





sábado, 20 de diciembre de 2014

Giovanni Rodríguez - San Pedro Sula, Honduras


Giovanni conoce lo depreciable. Tiene ese fino olfato para no engañarse en la imagen falaz y todo sus arreboles. Así lo conocí siempre y siempre que voy a San Pedro Sula trato de hacer romería hacia la conversación que mantenemos sobre la poesía y la narrativa, sin medias tintas. Sucede que -en la literatura-  uno se va encontrando con aquello que renunciamos al inicio: el yunque, las chispas del forjado en una época blanda y muchas veces ilusa y, es así, que con Giovanni podemos entrarle a los altos hornos para identificar la poesía en su nivel de fuego blanco. Me decía, la última vez, que estaba metido a la crónica y así, recordando a Monsivais y a otras vertientes, supimos que la amplia parábola de estos años termina en la coincidencia, en el intercambio de prisioneros, en aquello que cuesta tanto encontrar por aquí.
Giovanni conoce lo despreciable. Sin duda. San Pedro Sula podrá llenarse de espejuelos y maquilas, pero no podrá escapar de los poetas que le han crecido, como domadores de dragones.


Yo soy el que soy

Acojo tempestades en mi boca de sed y arena oscura, gritos para el silencio de mi esqueleto enmudecido.
Camino sobre filosas piedras cuando es preciso andar sobre las aguas.
Soy eso que se busca o se persigue con el dorso de una mano.
Soy el mal, el fraterno mal: el afán innombrable, el eros sangriento que la razón evade.
Desde uno de mis ojos mira el odio y en el otro exhibe el fuego su locura.
Vengan la furia, el celo, la dulce amargura de unos labios malditos; hay que amar fieramente en estas noches de tedio.
Que no cesen la sangre y su ira latente, aún si el tiempo es obra de unos dioses dormidos; en mis manos violentas se deshacen los cuerpos y vuelven a crecer con nuevos corazones.
Soy el mal, el fraterno mal; ¿quién en la hora adversa me persigue?, ¿quién se arrastra y me nombra con lengua lisonjera?
Escupo las palabras, salta mortalmente el odio de mi boca.
Soy el mal, el fraterno mal, la mitad aborrecible, tu mitad prohibida.

Los pequeños amantes

Preguntan por el amor los pequeños amantes que se hunden bajo el peso de una luna antigua.
Quieren saber por qué se esconde la luz de las luciérnagas.
Preguntan con la mirada puesta en cualquier parte, apenas sollozantes, apenas diferentes, con su dolor, del mundo entero.
Aprendieron a amar bajo la lluvia los pequeños amantes una tarde de invierno que se olvidó del tiempo.
Aprendieron a entregar en besos su corazón desnudo.
Aprendieron que la vida no es más que un fruto de sabor extraño.
Pero hoy los pequeños amantes no saben ser esos amantes, y se van por ahí, mirando las calles, los faroles, las esquinas dormidas de la noche, como grandes almas solitarias y felices.
Después ignoran incluso que se buscan, que allá a lo lejos, cada uno desde su propia forma de la soledad, siente la misma fiera rondar o perseguirlos.
Se detienen a recordar algún instante en que la luz de otra luna entraba de soslayo hasta su melancolía y combatían el frío bajo la misma piel.
Y se entregan por fin a la hermosa tarea de encontrarse, y vuelven a preguntar por el amor, ya no de lejos, sino con esa sensación de estar a punto de romperse, al borde mismo de la propia ternura.
Preguntan por el amor los pequeños amantes solitarios.
Véanlos ir, con la mirada perdida, a cualquier parte, inmersos en la bruma que les deja el pasado.


Última visita
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Cesare Pavese
De lejos te amé, como se ama al mar desde la arena;
te entregué mis ojos desde antes, mi último tacto, y el sabor podrido que acumulé en los labios.
De lejos sentías mi dolor ya casi tuyo;
querías amarme y dejaste que tu sueño se volviera mío.
Hoy regalo mis restos a la tierra;
que otros conserven el peso de mi lágrima en sus ojos y el sonido de las cosas que no se van conmigo.
Hoy llegas, inocente y puntual, y toda mi soledad, inquieta, se acuesta con tu sombra.
Eres la sangre fría que empuja mi otra sangre, yo sólo el eco que nace fugaz de mis latidos.
Llegas como un pájaro oscuro a reclamar mi aliento, te asomas a mi oído y cantas algo, una última canción, las notas que ultrajan el cuerpo derrotado de mi vida.


Las horas bajas

X

No pusimos una hoja sobre la faz del agua;
creímos siempre que en el aire, en el sueño, se entretejían hilos desde una piel a otra.
Era el tiempo de los ojos cerrados, de las palabras húmedas, y hacíamos que un beso creciera en la tarde de algún jueves, al lado de un café, entre los faroles, bajo la férrea mirada de los policías.
No estuvimos a unos pasos del mar, no soñamos el sueño que nos soñara juntos.
La hora llega, sin embargo, en que las manos se cansan, el amor se cansa;
hasta que un grito nos inunda la boca y nos volvemos grito, y somos el eco apenas, la golpeada huella.
Entonces la voz atada a la garganta, el temblor en las pupilas, una lágrima antigua y postergada.
Rotos los besos, encerrado el adiós en el puño de una mano, una sombra se alarga y la otra se hace piedra.
De golpe la vida se amontona en el pecho en un solo latido.
Alguien se va, es cierto, era cierto el amor.

XXVI

Alguien amaba entre las gotas de lluvia;
hoy, caídos los besos, un extraño pasa sobre ellos en el polvo.
No hay más amor que entre las huellas rotas o golpeadas.
Amor estrujado, antiguo, pobre amor, ya nadie recuerda tu fiebre y tu delirio.
Hoy las manos blancas buscan recoger el eco de los besos, besos que son agua, líquidos besos muriendo entre los dedos.
Alguien amaba cuando del cielo llovía esa música dura y persistente, y en los bordes de las hojas, de los techos, de las piedras, en esos finales del mundo para cualquier amor, las voces se iban confundidas con la piel efímera del agua.
Alguien amaba aquí, sobre esta tierra marchita y sus resquicios de tiempo;
y hoy que vuelvo sólo soy un extraño que camina y deja unas huellas distintas en el polvo.

Melancolía inútil

VI

Hasta aquí los ojos de este hombre viejo que he sido casi todas las mañanas de mi vida.
Que ninguna luz se afiance a mis párpados para volverlos agua.
Respiro por el tacto, me arrastro y busco la escalera con las manos para aferrarme a la memoria de los pasos de otros.
No seré más ese explorador de signos antiguos y olvidados, no comulgaré un día más con la tristeza.
Si alguna vez la vida me prodigó otra vida, fue cuando mis ojos vieron otros ojos y en ellos el tiempo ya no era un frágil destello equivocado.

VII

No diré más de lo que ya mis ojos confiaron en secreto a las paredes.
Mi silencio es mi voz, no mi secreto.
No escribiré sobre los huesos ajenos, aun cuando esos huesos griten, estallen de dolor acumulado.
Al filo del poema tragaré mi propia rabia, vomitaré la espuma de mis resentimientos, le ahorraré mi asco a la Poesía.
Mi silencio es mi voz.

XVII

Una vez conocí la lengua de los pájaros, ahí donde todo queda en silencio; respiré el lado lluvia del viento, saboreé la tierra húmeda, besé las últimas piedras del camino;
llegué a morir de tedio, de tristeza, mientras tardes y más tardes hacían desfilar ante mis ojos su exacta dosis de melancolía inútil.
Pero eso es pasado.
En adelante seré otro.
En adelante seré tan leve como el aire que roza las hojas en las tardes.
Me dejaré arrastrar por las vicisitudes.
En adelante el hombre equivocado que he sido dejará de sonreír con ironía y empezará a pulir los rasgos de su indiferencia.

XVIII

Hasta aquí la música, la maldita música del alma, las notas ultrajantes.
Ahora soy otro.
Soy el otro que me sobrevive.
Soy el reverso insoportable para la Poesía.
En el anverso fui poeta e intenté la muerte y el amor y otras cosas inútiles.
Ahora soy otro.
Que nadie quiera imponerme ser quien ya he sido.

Ser / No ser

Ser poeta.
Ser poeta y esperar, tener esperanza aún, tenerla siempre.
Ser poeta y amar con increíble fuerza las cosas más pequeñas.
Decir así, siendo poeta, que la vida es inventario de instantes dolorosos, recuento de pasiones no correspondidas, de tragedias sin fin, de incertidumbres, y aún así, siendo poeta, sonreír amablemente porque es hermosa la vida…
Alojar en el pecho todas las desdichas, los golpes cotidianos, las infamias ajenas; robustecer de esa manera el corazón; acumular ternura, amor, cariño, etcétera.
En resumen, ser infinitamente triste, melancólico, un hombre sin fortuna.
Ser poeta y hablarle al mundo connotativamente.
Asumir que uno no es uno sino todos.
Dedicarse por entero a la Poesía, a transformar la lluvia en llanto, el aire en breves caricias de la tarde, el más prosaico acto de la vida en una imagen poética.
Todo eso, sí, es ser poeta, según los cánones de la alta academia del espíritu, pero yo he decidido ya no serlo, si alguna vez lo fui, si alguna vez creí ser Dios, como en ese poema cursi de Huidobro.
Mejor no ser poeta.
Ser sólo un hombre común que silba mientras anda.
No tener esperanza porque es mucha esperanza para tan poca vida.
No ser poeta y amar apenas las cosas necesarias.
No pronunciar jamás palabras tristes o cursis o sacadas de un libro de autoayuda, ni sonreír con estoicismo ante el desastre, ni intentar ver lucesitas al final del largo y tenebroso túnel de la vida.
Mejor no decir nada, cerrar la boca, o abrirla sólo para las cosas serias o infinitamente divertidas.
Y desterrar del pecho la melancolía.
No ser poeta y hablarle al mundo denotativamente.
Saber que yo soy yo, no pretender ser tanto ni tantos ni ninguno; a un hombre le basta su propia mísera existencia.
Dedicarse a otra cosa: a practicar el amor del cuerpo a cuerpo, el tiro al blanco, dedicarse al sano aprendizaje de decir “yo quiero una cerveza” en el idioma de Kafka.
Aficionarse al fútbol y a la novela negra o de aventuras, aprender a bailar salsa para no aburrirse el día de la fiesta.

Todas ellas, cosas muchísimo más interesantes y sensatas que escribirle poemitas a las musas.



GIOVANNI RODRÍGUEZ (San Luis, Santa Bárbara, Honduras, 1980) Estudió Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula. Es miembro fundador de mimalapalabra y editor del blog www.mimalapalabra.com. Durante 2007 y 2008 coeditó la sección literaria del mismo nombre en Diario La Prensa de Honduras. Ha publicado los libros de poesía Morir todavía (Letra Negra, Guatemala, 2005) y Las horas bajas (SCAD, Tegucigalpa, 2007); y la novela Ficción hereje para lectores castos (mimalapalabra editores, San Pedro Sula, 2009). Con Las horas bajas ganó en 2006 el Premio Hispanoamericano de los Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala. En 2008 fue uno de los ganadores del certamen de poesía La voz + Joven, de Madrid.