viernes, 20 de noviembre de 2015

Espejo De La Ciudad

El siguiente es un cuento inédito de Rigoberto Andrés Paredes Vélez. Advierto, nada más, que la realidad siempre es más compleja que la imaginación, que apenas se puede, con la imaginación, dar un esbozo de lo que somos como seres. Lo publico en este blog como un reflejo de ese espejo que somos, roto para algunos y con el rostro disperso.


Espejo De La Ciudad.
Rigo Paredes Vélez
“A nadie le está dado recorrer más que una parte infinitesimal del Palacio”
BORGES, El Oro de los tigres


Tiene dos nombres. Uno se lo han dado su madre y padre. El otro es plural,  y se lo ha ganado,  cambia según la estancia donde se encuentre, mientras recorre el Palacio: bifurcado incontables veces, incorpóreo, infinito.

La niña apenas alcanza a extender la mano lo suficiente para que la señora la sujete de la manga. Avanza con pasitos firmes por las calles chorreadas de hollín y aceite, nudosas y serpenteantes de nuestra Tegucigalpa, calles que le han enseñado mucho; el nombre y rostro de cada penuria, si bien  aún no los del desamparo. Se detienen; la calle adelante está inundada por la lluvia de la noche. Los vecinos evalúan los estragos, la madre considera cómo seguir. La niña se distrae observando el extenso basural en las aceras del Guanacaste, adivinando qué aliento se esconderá ahí, bajo el refugio del cartón y el periódico desechado. Entonces su mirada se cruza, por casualidad, por primera vez, con la de debajo. Perpleja, se detiene a ver el suelo de nuevo. En el charco, le devuelve la mirada, un rostro: en apariencia, idéntico al suyo, pero sombrío, los ojos apagados, inquietante de una manera invisible pero sensible. Luego consideraría que el reflejo que ve en ese momento no es su propia cara, sino la de la ciudad: Tegucigalpa, y su extraña sed de olvido, y oculta mucho más de lo que muestra. Pero la señora ya la hala de nuevo del brazo, y sigue con su pasito firme y alegrón, caminando entre los humores que se alzan de la calzada, el sofocante olor cruzado de los sueños a fuego lento y de la plegaria perenne.

Esa noche, en sueños,  vuelve a vivir el encuentro con su réplica oscura del subsuelo; la visión se seguiría repitiendo recurrentemente, su significado imaginado cada vez un poco mejor. Ser perseguida por este espectro enigmático que se oculta en su propia efigie no le molesta;  las manifestaciones que podrían perturbar y aterrar a un adulto no son más que una diversión para un infante, y ella acoge cualquier diversión que la distraiga de una vida marcada por los rigores de la iniquidad.

El Reflejo no muestra sino el propio rostro, enturbecido, pero poseído de una intensidad insondable. Uno se ve figurado no como un cuerpo, sino como un abismo, un hoyo en el espacio que tiene la propia forma. En cierta forma, el Reflejo encierra nuestra naturaleza hondureña: estirpe en perpetua fuga, en perpetuo exilio autoimpuesto. Sin la capacidad o la voluntad de redimir la deudas que nuestro duro pasado nos ha dejado hacia nuestra tierra, huimos de nuestra historia: por no poder borrarla, preferimos consignarnos nosotros mismos al olvido, aniquilar ese puente que nos une con el ayer. Escapamos, físicamente si es posible, de nuestro origen; cuando no nos atrevemos a dejar la tierra, la cancelamos, fingimos que ese origen no nos pertenece, imitamos culturas distantes para despojarnos de ese legado insoportable.

Pero el Reflejo no es más que una máscara; lo que está detrás la niña solo puede intuirlo, de una manera gutural: con la práctica, el secreto se vuelve cada vez más inteligible. Lo que se esconde  detrás de la máscara es más o menos comprendido por muchos, incluso trivial para otros. Para una niña de entendimiento inocente, en cambio, sus consecuencias no son fáciles de asimilar en base a las pocas experiencias que ha tenido en la vida, y lo mucho que se le oculta, por no juzgarla preparada. La máscara resguarda una criatura de nuestra conciencia colectiva; en otro tiempo podría haber sido adorada como un dios, su figura erigida en estelas de piedra junto al sol, los mares y el maíz, en el nuestro, no ha corrido mucha suerte. Hoy, que la niña lo escruta, lo concibe vagamente como que sería el espíritu de Tegucigalpa. Su imaginación no le es piadosa; se le figura como un animal funesto, lastimero, sometido y explotado. No por ello deja de exigir sacrificio;  cada pecado y perversión de la Gestalt de nuestra nación se paga duramente en su altar. Tiene mandíbulas que consumen constantemente el vicio, tragándose enteros los corazones plagados de los hombres que se entregan al olvido en su órbita; tiene un devenir preparado para cada suerte de hombre que en ella mora. La niña no llega nunca a descubrir el suyo en la visión, pero no es difícil de estimar. Una estrechez perpetua de oportunidades, un acomplejamiento continuo bajo la presión de satisfacer miopes convenciones sociales, un embarazo temprano, una pareja ausente, fracaso en titularse, dócil servilidad dispensable.


Pasa el tiempo. Los sueños con el rostro se convierten en un recuerdo. Otras cosas suceden. Ahora un amor por los libros surge en la pequeña. Le gusta el olor dulzón y mustio de sus páginas viejas y amarillentas. La tienta, pero se contiene, probar su sabor. Es suficiente con que aquellos objetos tengan ya la virtud de  estimular sus otros cuatro sentidos: aparte de su aroma, el placer de leerlos y admirarlos, de oírse recitarlos si le place, de sentir su materia texturada y relajante bajo el tacto. Crece; de disfrutar de las clásicas historias de los hermanos Grimm y Las Mil y una noches, pasa a entenderse con Conan Doyle, Poe, Shakespeare y Borges. Se abstiene de Rowling, pero lee dos novelas de Coelho y abjura del resto. Así encuentra un refugio, de los crecientes humos de Tegucigalpa, de su agitación neurótica, de su parálisis mortecina, de sus mantícoras y el triste espejismo de la corrientona polis latina hundida como un iceberg en un mar de miseria, con su pequeña punta de abonanzados sin fuero emergiendo sobre el agua.

Reensaya su primer encuentro con el Palacio. Abre un libro a la mitad; partido en forma de V, e la entrada y la primera bifurcación. Elegir un punto en una página marca la siguiente: un antes y un después. Cada camino tomado, cada opción, cada idea, cada palabra es un nuevo nodo, nuevas posibilidades que se multiplican en un fractal perpetuo.


Y sonríe, porque sabe que ahora se adentra en ese camino de crecimiento, imaginación y ambición, tutelada por las voces de la Historia, sabe que ya no caerá en ningún destino truncado como el vaticinado por un reflejo negro y vacío, años atrás, en el agua podrida de un charco en el Guanacaste; destino al cual todas las circunstancias de su vida en este duro país se conjuraban para conducirla, y sobre las cuales ella, que se cree aún tan débil, prevalecerá cuando tantos han sucumbido.




Rigo Paredes Vélez
Tegucigalpa, 1987, diseñador gráfico. Ha participado en exposiciones colectivas en su país y en exposiciones virtuales. Participó en la cuarta pared del CCET y he enviado sus obras a varios certámenes nacionales e internacionales. Su obra aparece en su blog 
www.eleos-arte.tumblr.com

lunes, 16 de noviembre de 2015

Paris vaut bien une messe - París bien vale una misa

Foto: Robert Doisneau


Hollande ha dicho: Francia está en guerra.

La declaración es taxativa. El casus bellis está ahí, pero ¿a quién le declara la guerra? ¿Con quién está en guerra? Es demasiado fácil responder que lo está contra El Daesh o contra ISIS o contra lo que resta de Al Quaeda o contra el Boko haram, todas esos nombres impalpables a excepción de los 25 mil enlistados de manera convencional -ejército regular- que tiene ISIS sobre lo que han pre-figurado como Califato.

Pareciera que la vaga declaración Francia está en guerra sigue la lógica de lo que los radicales fundamentalistas islámicos ponen sobre el tapete: acciones ubicuas y omnímodas, pero si se va en busca de transparencia y polos a tierra, pensemos un momento en las doctrinas militares imperialistas seguidas hasta el momento: ataques con drones propagandeadas como "de bisturí" e incursiones sangrientas de unidades especiales militares en bodas tribales - campesinas, hospitales, refugios alrededor de  todo el planeta como "acto preventivo", o en el más clásico de los casos, movimiento de misiles ICBM para cercar a Rusia, a China y a Corea del Norte. Así, lo taxativo se vuelve casi existencial, como decir el alma humana está en guerra ¿quién está en guerra entonces? ¿El mundo? ¿Occidente? ¿Nuestra civilización?

"No podemos decir que ésta es una guerra de civilizaciones porque el Daesh ha demostrado que no tiene ninguna civilización... nosotros somos la cuna de los derechos humanos, la cuna de la República", esto puede resumir en algo la posición de contraataque francés, que es en sí el de la OTAN, pues para lanzar sus primera andanadas, la Fuerza Aérea Francesa ha tenido también que no reconocer que el territorio sirio al cual ataca forma parte del Estado de Siria con un presidente, guste o no, llamado Bashar al-Asad.

Es el mismo desconocimiento mutuo, entonces, la misma posición asumida por medio mundo árabe en cuanto la existencia de Israel o de los valores culturales occidentales entramados dentro del mundo árabe por la dolorosa historia en Beirut, en Casablanca, en Damasco, en Bengazi, El Cairo o en cualquier otra mezcla de civilizaciones que permitió que fueran los doctores islámicos los que resguardaran para todos y todas el legado disperso de las obras científicas y literarias del mundo greco-latino.

Declararle la guerra a la nada es declararle la guerra a todo. Cualquier punto de esa nada -parodiando a Giordano Bruno- puede considerarse un ataque al todo. El terrorismo -que también es una acción de ataque a la nada y que implica desconocer- puede adquirir mil formas y suposiciones basadas en la escalada moral que adquiere con lo de París una segunda gran etapa desde los ataques al World Trade Center. Las dos Repúblicas ejes de la dinámica occidental por fin alinean sus astros y se duelen con la misma intensidad. La pregunta será entonces ¿Será ya la chispa de ISIS-Daesh-Al Quaeda-Boko haram una constelación mayor, por supuesto, a dos astros?

En la famosa polémica entre los franceses Sartre y Lévi-Strauss se podría encontrar el cimiento académico que luego, como cada hecho del pensamiento, ha ido convirtiéndose en arsenal teórico de políticas guerreristas:

Sartre: Estudiar al ser humano como si la vida humana en sociedad fuera la de una colmena o una colonia de hormigas equivale a no estudiarlo del todo, o dejar fuera de consideración lo esencial.

Lévi Strauss respondió: Pretender introducir el concepto metafísico de libertad en un mundo que está regido por leyes precisas e inmutables lleva, ineluctablemente a desembocar esta pretensión en una espiritualidad sin fundamento.

Mientras reflexionamos sobre este profundo debate entre estos dos colosos del academicismo occidental las bombas y asesinatos indiscriminados continúan. París bien vale una misa, pero ojalá no sea la misa fúnebre de esta etapa humana.

F.E.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Noé Lima, El Salvador - Erosión

Foto: Fabricio Estrada.

Desacralizar los cristales de la poesía, mover la sintaxis hacia las calles donde, contra las paredes, rompe el verso en su ola oscura. Tantos años lleva Noé en su periplo que su valiosa carga ya domina el arca entera: un motín permanente de palabras fieras, un apareo constante que multiplica nuevas formas en su personalísimo lenguaje. Pienso en su oficio como él piensa en Roque. Pienso que su arriesgada confrontación con la academia le ha dado un ritmo imbatible, que no tranza, que puede estar haciéndose frente a nuestras propias narices cuando hablamos o cuando el lenguaje que nos rodea -en los sonidos de los disparos, en las botellas que se rompen en los cráneos, en la crepitación de los cuerpos desnudos- se vuelve textual sin ningún aviso. Ese lenguaje de "escombros" que le citaban a Panero, los residuos psíquicos que no impiden amar aun y cuando todo se ha ido al carajo, como en una balada de rock duro sonando en la madrugada, esa conformación del signo en su caos natural, ese desprecio por las construcciones sublimes que ve en los abrazos delicados los muñones del mutuo destace amoroso, eso es lo que siempre he sentido en Noé Lima, desde que el viaje nos puso en camino y coincidiendo en las fronteras, dentro de los autobuses que sin saberlo ha contratado la poesía para llevarnos.
Esta es una de las voces más incómodas de Centroamérica, una de las más auto afirmadas en su búsqueda estética. Toda la vibración de su ser está en sus poemas y no podremos encontrar a un Noé diferente a lo que ya está escrito y deriva en ellos. La paloma que regresa de tierra firme siempre trae en sus poemarios una delgada navaja en lugar de olivos.
Los siguientes textos forman parte de su poemario Erosión:


Poema de amor III

Mujer
tus ojos tienen el tamaño de los peces muertos
tu herencia de tintero dentado
a la hora de escribir sobre tu piel ahogada

estás muerta

tus pies tienen el peso del barro
esa hilera de penumbra cuando caminas

estás muerta desde aquel poema
con muñones de cristal
rodando por el laberinto carnoso de tu voz

lo estás cuando cierras tus pestañas
de escama tibia
al derribar mi nombre con tus gestos

lo estás desde el día
en que te volviste una con mi carne.


Erosión I.

De las mejillas descienden nuestras heridas
nótalo
cada marca es un espejismo.


El aspirador.

La asfixio terapia le llaman

Consiste
en apretar el cinturón sobre el cuello
esa delgada navaja de la muerte
cortando el aire de algún cisne
como cuando te torturan con una bolsa
llena de polvo en tu interior
cubriéndote la cabeza

las palabras
apenas digitan la condensación
en el plástico para hablarle a la muerte

las hace flexibles

como a unas piernas
al momento del coito
entornando las islas sueltas
de los muros con la mirada perdida

nunca he aprendido a sujetar bien
esos sueños descalzos
de mi amante
la primera vez mis manos eran pañuelos
mordidos por este sudor necio
que me acompaña cuando me exalto

la asfixio aspiradora de ángeles
desembocando la distancia
entre dos puntos
la vida
y la tierra

siempre que la uses
resbala como un pez
afuera del espejo que te sonríe
no vaya a ser que la espesura del agua
deje de tensar ese tatuaje
que olvidaste acabar
antes de matarte.


Roque Dalton.

Este día
antes de dormirme pensaba en él
en Roque

pensaba en cómo pudo ver la muerte
el peso de la bala en forma de lágrima
tatuada en la pared

es imposible
-lo juro-
domar las ojeras de las velas
al leer sus poemas
cuando se está solo
y la tinta se traga el latido del café

no dejo de pensar en la bala que lo mató
una bala con erecciones
una bala muerta de tedio a la hora de cegar
la mirada
pesada como un aullido

todo el día pasé pensando
lo que pudo escribir
en ese poema tullido por el frío
por el hueco eterno en el estómago
-miedo le llaman algunos-
otros le llamarán silencio
como cuando la mirada cae dispersa
sobre la noche
como rocío flácido
en los senos de la mujer amada
cuando vas a penetrarla por primera vez

antes de acostarme
he pensado más en su poesía
y en lo mucho que mis amigos quieren volver a matarlo
como un parpadeo en la neblina
pegada sobre los muros
que llega y se evapora

es difícil no pensar en él
cuando en el barrio escucho un balazo.


Poema de amor IV.

Tus ojos son dos ampollas de morfina

me invitan a dormir
a perderme en esa bandada de aves negras
en que se convierten tus pestañas

son mis somníferos de lujo
los que abrazan mi cadáver
que ronca violines volantes

tus ojos son bebibles
el arcano lacrimógeno del agua
para usarse en una manifestación

son agitadores
perversos
voltaicos
cuando deciden abrirse
para que vea la luz en tu cuerpo desnudo
convertido en tintero
para limpiar las llagas solares de mis dedos
con tus tatuajes

tus ojos pueden drogarme
hasta la muerte.


Indicio.

La medida de tu cuerpo
Cabe en los poros del papel
Te preguntas
Tocándote el ombligo
Desatando toda la arena de los mares
Las axilas transparentes como una cárcel

La medida de tu cuerpo
Meditas
A la deriva de las palabras
En una pálida vena
La jodida vena de todos los poemas
Regados en la cama
Debajo de ella
Esparcidas en lo cotidiano
En el guardarropa
En los anticonceptivos
En el bolso
En los escaparates
Chorreados por la guillotinada azul
De los inviernos

La medida de tu cuerpo
Te preguntas
En la vegetal semilla de los parques
El oído dormido de algún astro
La ronca pupila que no duerme
En el oscuro pizarrón del silencio

Apenas duermas entenderás
Que siempre fue la extensión de algún poema
Que no terminaste de escribir.


Un hijo de puta especial.

Una página en blanco es un tigre
te dices cuando la tormenta se asoma
viéndote de reojo en el esqueleto tibio de la ventana
mientras escribes sobre el odio
en tus retinas

te tomas el pulso
ingrávido de tanto odiar a los demás

odiás el periódico con sus clasificados
de putas baratas en la colonia Escalón
la muerte del chico  con síndrome de Down
asesinado por los pandilleros

odiaban su sonrisa de cuchara brillante

odiás
y sos un hombre que ama los niños
que se comen las uñas en cada frontera
como la espuma de los mares
que viste al insomnio
a la hora de beber la ira desde el poro del papel
convertido en tren
calle
latido
a la hora de esconderte de una balacera

el odio es una vértebra antiséptica
distinta cada día

sos un hijo de puta especial

las mujeres doblan sus párpados
como persianas viejas
a la hora de llamarte a cada rezo
en cada pedazo de muerte bajo la sábana
cuando bajas al péndulo de su vagina
para medirle el tamaño a todos los astros

un hijo de puta especial te llaman
y aun así
no aprendes a mudar de piel cada mañana.



 
sbozo biográfico

Noé Lima, nace el 21 de noviembre de 1971, en Ahuachapán, El Salvador. Sus inicios dentro de la poesía y las artes plásticas se dan a la temprana edad de 10 años. Incursiona por igual en la música rock. Tallerista. Ha publicado Erosión, Editorial x, Guatemala 2015, Un insecto empalado en tu seno, Proyecto editorial la chifurnia, San Salvador 2015, Efecto residual, Ediciones mundo bizarro/el barco ebrio, Guatemala 2004, TECPÁN lugar donde duerme la campana del amor (antología grupo literario Tecpán, Universidad Dr. José Matías Delgado), Ediciones Delgado, 2001. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Carolina Quintero Valverde, Costa Rica - Pequeña muerte en el Ártico.

Foto: Fabricio Estrada

Apenas había comenzado a conformar la imagen que me daba la sentencia cuando el verso, en un giro imprevisto, negaba. No había tiempo de nada, era tomar nota textual e ir describiendo lo que pasaba, como una práctica de mesmerismo en Poe. La hipnosis de los versos y de la poderosa forma en que Carolina leía sus poema -clavando cada verso con afán destructivo- iba desmitificando la aparente lógica erótica con que al principio se presentaba su poesía. Nada más falso que esa apreciación en unos textos que invocando misterio y perversidad niegan que sea la autora la que se desnuda. El voyerismo inicial termina roto y después, en un pasmo, la lectura termina siendo un auto examen acerca de lo animal que seguimos siendo en nuestra esencia de piel y escalofríos.
Las lecturas en que la he escuchado leer están marcadas de una arritmia tan agitada y en trance que pareciera estar siguiendo los picos de un sismógrafo que anuncia terremotos sordos, un sismógrafo que nos permite contemplar, casi aterrados, lo agónico del ser erótico, el cómo se siente el placer una vez que el cuerpo ha muerto, un atisbo a ese mundo ártico que nos espera a todos luego de lo que aparentó ser el orgasmo de la vida.
La sentencia ha sido negada, las cosas que aparentan ser aprehendidas en el texto no son las que Carolina siente. En el fondo del mesmerismo poético que se practica aquí, como en un cuarto oscuro, quien sale desnudo es el que se viste con pudor.


Diarios de sal

I

Cruzo las sombras de una ciudad
que aún dormida habla.
Despierto con huellas
que no me pertenecen;
arranco mi ropa.

II

Tejo la desgana con los hilos de mi piel.
Él observa mi ritual de desnudarme
e improvisar su abrigo.

Juego con las hojas
que mueren en la tierra.
Perturbo la secuencia del mundo
en sus charcos.

III

No me importa caminar sobre la demencia
de un lenguaje que no entiendo
o si mi trabajo es utilizar rituales
y provocar la renuncia del tiempo.

IV

Nunca logré tirarme de esta hamaca
ni dar una revolución completa.
Me acostumbré
al mecerse aburrido de la tristeza
y a no poder tocarlo.




La magia nunca me pareció esto.
La noche se convirtió en la basura
que no juntamos.

Me querías diosa de tu cama.
A veces simulábamos
que yo era virgen
y que vos me iniciabas.
Te gritaba un nombre distinto
en cada orgasmo.

Nada queda cuando te excito;
puedo caminar sobre vos
como por un horizonte interminable.

A veces temblaba de deseo,
a veces de espanto.

Ahora escupo la vida en las mañanas.
Aprendo a vivir
con las sobras,
a tragarme las ganas
y todo lo demás.


I

Aprendí a llamar las cosas por su nombre,
a moverlas hacia mí
como el eje de un planeta.

Sentía el encaje de las medias
y los vestidos bordados,
ensuciaba mi ropa
al sentarme en la tierra.

II

Luego el manubrio se incrustó
entre mis piernas
y no volvió a salir.
Descubrí la poca importancia de las cosas.

III

Ahora soy una réplica del terremoto:
él entra en mí,
quedo muda y despierto.


Súplica.

Si me dieras tiempo
para diseñarle otro disfraz al olvido:
dejaría de balancearme
sobre todo esto que se ha roto.


Llueve.

Sacás los adoquines
y encontrás sólo tierra,
hacés sonido de paloma
y ninguna aparece.
Nunca llegan a vos
que no sos catedral ni parque.

Siento el calor que sube de mis pies
y creo haber estado sobre ellos
tanto tiempo.

Me desnudo a pesar de la muerte.
caigo liviana
con el calor de los labios;
recuerdo
como alguna vez
llegué a vos
y la pequeña muerte
que fue nuestra isla desierta.



Sucesiones.
                   Para Carmen
“Será el amor una muñeca rota”
E.E. Cummings
I

Vimos por la ventana
el reflejo oscuro de las cosas,
el viento que destruye los letreros,
las flores que nos hacían sirenas,
el tiempo que escondimos en una valija.

II

Antes
no hubo palabras,
sólo intentos;
el murmullo de los niños en el mar,
las manos pequeñas,
los vestidos.

Luego lo rompimos todo.
Cambiamos el pelo de color,
tejimos las piezas de nuestros juguetes
en el cielo
y cerramos la puerta
para entrar a otro lugar.

Me pediste que dijera cosas hermosas
para espantar pesadillas,
yo dije   amor  hombres  noche  cielo.
no pudimos espantarlas.

II

Dejamos el cuarto azul,
las camas unidas,
yo encima de vos
y como sostenías mi cuerpo,
el idioma de señas que inventamos.

Luego
las tormentas de sangre,
la soledad
y cómo adherirnos al cuerpo:
el silencio de muñecas olvidadas
y el miedo.
Dejamos atrás el mundo     y con él
todas las cosas.

IV

A veces jugábamos
que vos eras y
y que yo era vos;
entonces no entendíamos,
el rostro cambiaba un poco,
los ojos veían distinto
y todo se iba derrumbando.

A veces éramos la misma.
Pero ya no podemos;
quedó el cielo en otra habitación
con estrellas de plástico que brillan.

V

Ahora son todas las cosas;
arrastrar la muerte entre las piernas,
esconderla allí y no olvidar,
llevar su conteo
y ver las tumbas,
pensar que hay algo allí
o que no hay nada.

Ahora nos queda
el otro lado de la luna,
la sombra del mundo que gira y nos marea
y adentro el mar
lo que fue antes,
sobre el mar
también lo que fue antes.

VI

Después:
cortaremos los cuerpos del desastre,
encenderemos la luna con las manos
y sobre nuestras piernas.

En la piel de la noche
veremos el rostro de los hombres,
el amor oculto en la tristeza,
la tristeza oculta en el amor,
las lágrimas que derramamos en todos los sitios
y en el sexo de las cosas
escribiremos nuestro nombre
y todo será nuestro.



Los días se te abren como mis piernas.

Veo la rutina de tus dioses
levantarse
y nuestros rostros caer
como palomas.
Tus ojos buscan en los míos;
quedo deshecha.

Te sacudís frenético
como queriendo decir,
insistís en llamar las cosas
por su nombre
y no por el mío;
luego buscás mi rastro
de mujer desnuda
entre las calles.

Yo no puedo nada
contra tu rostro entre mi cuerpo.
Entonces te examino
como un animal desconocido
y al ver lo que hay dentro de vos
tengo asco.


II

“Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad”

En la ciudad de Osorno
cuentan que el mismo hombre me viola.
Él sólo se acuesta conmigo
para arrancarme la pena.

Busco la esquina donde hice el amor
bajo un techo enorme.
Hace años este fue mi lugar.
Hoy no sé dónde estoy.

Encerrada en este cuero de animal
resistí tantas veces acertar tu nombre.

Sólo tengo la certeza
de que la muerte viene en algún barco.



III

(Fragmento)

De mañana
no nos quedará ningún nombre.
Sólo el silencio de las aves
cuando vuelan tristes
y su manera de estrellarse
contra mis ojos abiertos.



Carolina Quintero nació el 7 de noviembre de 1989, en San José, Costa Rica. A partir del 2006 formó parte del Taller Literario Netzahualcoyotl, en Heredia. Es médico de profesión y ya comienza a participar en festivales internacionales de poesía, como el FIPQ en Guatemala, 2015. Pequeña muerte en el Ártico es su primer poemario y ha sido publicado por Ediciones Perro Azul.

domingo, 25 de octubre de 2015

Tres proyectos que acompaño por estos días en Honduras

La producción cultural en el ámbito artístico y académico hondureño está tomando el toro por los cuernos, un toro furioso que se va encima de cuanta creación pretende elevar el pensamiento a estatus de negación de la barbarie. Y como de negar se trata, se comienza por negar que la anunciada antología de Edgardo Florián era un mito urbano; la editorial Casasola que coordina el narrador y cineasta Óscar Estrada ya está dando vueltas por aquí, rescatando en una sola compilación los cuatro poemarios de Florián, este poeta hermano imprescindible para entender todo ese lenguaje que, desde Casa Tomada en los noventas, vino a redefinir la poética de mi generación y a darle al underground más puro de Tegucigalpa voz, neón y carácter poderoso para fabularlo. 

En el 2008 Florián permitió que le hiciera una serie de fotos que, poco a poco, se fueron convirtiendo en una acumulación de rubores y agresivas pupilas. En ellas registré a Florián en una tarde de ausencia, un domingo de nebulosas en las que nada quedaba oculto: poeta a flor de piel, contradicción y brutalidad, asfixia y redención por medio de la palabra, una serie que mantuve en resguardo a espera de que el mismo poeta me indicara cómo utilizarlas. Los editores de Casasola propusieron que acompañara la antología, y aquí está, dándome la alegría de acompañar con mis fotos los poemas que me hicieron crecer y la hermandad que tantos abismos me ha dado para conocer el vértigo.






La segunda buena noticia es el lanzamiento de la segunda edición de Lastiri, esta preciosa revista que Ariel Sosa ha diseñado y diagramado. En ella se muestra el trabajo colectivo que hicimos Délmer Membreño, el mismo Ariel Sosa y yo, en un proyecto impulsado por Fernando Reyes y Mayra Oyuela, en el tema transgénero. Santísimas toma luz y cuerpo aquí junto a un excelente como diverso contenido. Voy aquí entonces, con fotos y con dos textos: una reseña sobre Memoria y Apuntes de Froylán Turcios y una crónica sobre la muerte de nuestro querido poeta Rigoberto Paredes.





 La tercera muestra de estos días productivos en Honduras, está en el lanzamiento de la Revista El Zángano Tuerto, que contiene serios artículos sobre historia e investigación social de parte de conocidos historiadores contemporáneos, así como una pequeña muestra de poesía que sirve de corolario a tan digno esfuerzo impulsado por el escritor Albany Flores y el historiador Edgar Soriano. Un poema mio, Predistigitación, cierra la revista. El poema forma parte de Sur del Mediodía, el poemario que me fue publicado por Casa de Poesía -Costa Rica, en el marco del XIV Festival Internacional de Poesía, Costa Rica 2015.

¡Hay razones suficientes para celebrar, entonces!


lunes, 5 de octubre de 2015

Dos inclusiones de octubre, Fabricio Estrada


El poeta hondureño José Luis Quesada, con un ejemplar de Sur del mediodía, en su reciente visita a Costa Rica. Foto: Dénnis Ávila.


 Dos fases en el tiempo de mi poesía se juntan en octubre: la publicación de Sur del mediodía por el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica 2015 -del cual participaré a partir del 10 de este mes-, y la inclusión de textos de mi autoría en la antología Muerte y Poesía, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, México, llevada a buen puerto por el poeta Roberto Arizmendi y la poeta Lina Zerón.




miércoles, 30 de septiembre de 2015

Carta abierta contra las armas robot

Taranis: el dron inglés que abre el debate sobre las armas robot.
http://actualidad.rt.com/actualidad/187250-taranis-drone-secreto-mundo

Se advirtió, con una carta similar, cuando las primeras pruebas de la bomba atómica se revelaron y estremecieron el desierto de Nevada ¿Escucharán a los científicos que firman esta carta? Lo dudo.

Autonomous Weapons: an Open Letter from AI & Robotics Researchers

Autonomous weapons select and engage targets without human intervention. They might include, for example, armed quadcopters that can search for and eliminate people meeting certain pre-defined criteria, but do not include cruise missiles or remotely piloted drones for which humans make all targeting decisions. Artificial Intelligence (AI) technology has reached a point where the deployment of such systems is — practically if not legally — feasible within years, not decades, and the stakes are high: autonomous weapons have been described as the third revolution in warfare, after gunpowder and nuclear arms.
Many arguments have been made for and against autonomous weapons, for example that replacing human soldiers by machines is good by reducing casualties for the owner but bad by thereby lowering the threshold for going to battle. The key question for humanity today is whether to start a global AI arms race or to prevent it from starting. If any major military power pushes ahead with AI weapon development, a global arms race is virtually inevitable, and the endpoint of this technological trajectory is obvious: autonomous weapons will become the Kalashnikovs of tomorrow. Unlike nuclear weapons, they require no costly or hard-to-obtain raw materials, so they will become ubiquitous and cheap for all significant military powers to mass-produce. It will only be a matter of time until they appear on the black market and in the hands of terrorists, dictators wishing to better control their populace, warlords wishing to perpetrate ethnic cleansing, etc. Autonomous weapons are ideal for tasks such as assassinations, destabilizing nations, subduing populations and selectively killing a particular ethnic group. We therefore believe that a military AI arms race would not be beneficial for humanity. There are many ways in which AI can make battlefields safer for humans, especially civilians, without creating new tools for killing people.
Just as most chemists and biologists have no interest in building chemical or biological weapons, most AI researchers have no interest in building AI weapons — and do not want others to tarnish their field by doing so, potentially creating a major public backlash against AI that curtails its future societal benefits. Indeed, chemists and biologists have broadly supported international agreements that have successfully prohibited chemical and biological weapons, just as most physicists supported the treaties banning space-based nuclear weapons and blinding laser weapons.
In summary, we believe that AI has great potential to benefit humanity in many ways, and that the goal of the field should be to do so. Starting a military AI arms race is a bad idea, and should be prevented by a ban on offensive autonomous weapons beyond meaningful human control.



lunes, 28 de septiembre de 2015

Poemas de Leticia Luna - México



Nos vimos en Xela. La terraza estaba llena y todos nos despedíamos del frío con el mismo jolgorio del encuentro. Leticia sabe cómo hacer de una despedida la continuidad y el rito que ella asume sobre el escenario y transmite a todxs. Coincidía por primera vez con ella pero ya conocía su poesía y su solidaridad con las causas más dolorosas de nuestra Latinoamérica, de su México bellísimo que nunca deja de evocar, con todo y sus dioses idos, las diosas que acompañan el más largo adiós al Anahuac ya sin Huey Tlatoani ni quema de copal. En ese humo recreado van los versos de Leticia, brillante como la misma Cuatlicue que, aún despedazada, hace de la luna la luna que nos queda.



Más allá.

Desvestida de su bestial ropaje
el alma más allá de la muerte
ama
Feroz insensible y despiadado
el Tiempo nos acerca y aleja
de ese umbral
Oh danza macabra
estoica y pesimista
mi alma no envejecerá
más allá de la muerte.



Ciudad amate.

I

La ciudad es una estampa
que se niega a morir en el pasado
una telaraña que pende en el futuro
fantasma que se funde con los vivos
vivos que dormitan con sus muertos
En sus plazas circulan noticias
de hombres desaparecidos
huesos dispersos en el inframundo
de un desastre ecológico
donde alguna vez hubo un lago
un cielo transparente

II

Ciudad: pergamino de estrellas
cielos vagabundos
monolitos que desaparecen
por el callejón de San Ignacio
cruce de ríos que conducen al Mictlán
Ciudad cárcel Ciudad esclava
Ciudad damnificada:
Terremoto
Circo donde el domador no venció al león
los políticos se hirieron a sí mismos
y la mujer serpiente no tuvo nada de Coatlicue
Ciudad de antiguos mestizajes
Águilas del Anáhuac
Tigres de Guerrero
Chac Mool del Templo Mayor
Puente arrojado al tiempo
Ulama:
todos jugamos
tu eterno juego de pelota

III

Cuando el smog viste de hollín a la tristeza
la ciudad huele a viejo a caño y alcantarilla
en los caminos cotidianos de su tránsito

IV

En el espíritu ocre de México
la nostalgia brota de las faldas ancestrales
del Popocatépetl

V

En la Plaza Mayor
el tzompantli es una llaga
las fauces de los dioses
la invisible entrada hacia otros cielos
Desde los peldaños de la muerte
Mictlantecuhtli hurga en viejos cráneos
de la ciudad amotinada.


La constelación de Scorpio.

A Eduardo Balderas
y José Agustín Ramírez


La muerte de John Lennon nos tenía afectados
De las botellas del alba bebíamos
escuchando Imagina y Den oportunidad a la paz
La casa era una constelación a punto de extinguirse
de sucumbir en las aguas rojas de la noche
Como siempre
nos deseábamos en oleadas de antiguas emociones
alguien dijo que lo podíamos ver
en un viaje de hongos amanita muscaria
John Lennon toca su guitarra
y todos lo acompañan haciendo coros
Nadie ríe
irremediablemente estamos tristes
En la entrada del baño
dos mujeres se besan
un escritor de ciencia ficción se cree astronauta
y flota

Los enamorados dibujan un grafiti sobre la pared:
¡Lennon te amo!
La casa es la constelación de Scorpio
aguijoneándose a sí misma


Retorno citadino.

I

Regreso a la ciudad de muros salitrosos
mi casa sucumbió entre sus últimos peldaños
como si un terremoto oculto derrumbara
sus más ínfimas entrañas
El manzano siguió en pie
germinando lo que aún queda de savia
y vida en mi simiente

II

Afuera llueve endemoniadamente llueve
los granaderos irrumpen en la Marcha
cuando nos cobijamos con pancartas y carteles
Vieja ciudad: en ti he forjado mis esfinges
harapienta memoria en arpa de maldades
(golpes en el preludio de cualquier insurrección)
Vieja ciudad: tu rabia se me incrusta
como daga de sollozos


Desierto de Arizona.

A Mara Cruz, Selene Rose y Charlie Moon,
mis sobrinos.

Son bellos los animales
que forman las pocas nubes de Phoenix
sus espejismos y carretera sideral
La tarde calcina este recuerdo de pájaros
y poblados lejanos del Oeste
crestas de saguaros y montañas
coronadas por cuatro picos
En Mazatzal cerros de grandes rocas
más adelante
m e z q u i t e s
cenotes y filtraciones de agua en Montezuma Castle
bosques petrificados vientos de whisky
Route 66
y praderas pobladas de cactus
Hace más de doce mil años
el hombre registró su huella en esta tierra
y su escritura aún es leída por el viento que hace silbar
las piedras rojas del Desierto



Cruce.

I

Ánimas del Desierto
en la sequedad de la tierra caliza
cae la lluvia
cuando la noche arribe
los mojados harán de la tormenta
su casa

II

Nube roja:
con un parpadeo de gotas
curas las heridas que deja el sol
En el desierto húmedo de Wilcox
la luna guiará la sombra
del migrante


Cuando llueve tu poema.

Al poeta Felipe Granados

Hay algo en tu poema
que me hace leerlo antes de dormir
repetirlo al cruzar los parques
y soltarlo por el mundo cuando llueve
cuando llueve
consuela a los enfermos de melancolía
los enamorados suplican
por sus versos húmedos
y los perros lo olfatean
en los charcos sucios
de la vieja Roma
hay algo en sus palabras
que me invita a navegar
pero este barco tiene grietas
y no llegará a Paraíso de Cartago
ni podrá hacer frente a los gansos
ni a los vendedores de caramelos
en la calle de Dolores
Hay algo en tu poema
que me invita a festejar
aunque esto no sea un hidrofaltante
la laguna sepultada bajo el suelo de México
o la promesa de un diluvio que no llega
tiene algo de oración de vieja plegaria
una burbuja un tragaluz
la sonrisa de Nick Cave o el gatito de Tino
que me hacen sonreír y creer que por fin
hoy no llueve


Conmoción del verbo.

A Roberto Sosa

Son los pájaros del amanecer sobre Tegucigalpa esta noche
que en sus destellos sonoros guardan un mecanismo de
[mar
que vuela hacia la herida de su despeñadero sordo
Es el viento triste de Tegucigalpa esta noche
el hermoso Sacrificado de un Viernes Santo
el costillar ineludible de una estrella
que prende su brasa enceguecida
en el cuerpo mortal del Día


Barrio de la Leona, Honduras
Abril de 2006


Tiempo mío.

A Ramón López Velarde

La vida dura
las estaciones se suceden
una tras otra
casi hipnótica
duración del instante
en que anduve
sonámbula
buscando a los astros
su fuego ardiente
y el crepitar del pájaro
que muere en sí mismo
sin encontrarse
Y comprender
que cada huella
de la corteza del árbol
necesitó 33 días
para nombrarte
para verte girar
perlas de luz

De llama y agua
los hombres
las yeguas
la ondulación de los segundos
¡Viento que me ves nacer!
Me esfumaré en el rompecabezas
que soy
que vivo
Tiempo que verás mi fin
en el centro de tu ondulación

respiro


Declinación de la aurora.

A María Mercedes Carramza
y Aurora Marya Saavedra

Recibe en tu seno, María, a todas las poetas
a las que entre cartas y papeles fallecieron
con las manos manchadas por la tinta
del último poema
Benditas las que mueren solas
—con tan sólo la Palabra—
benditas las desterradas y las sabias
las que hablando con el aire
cortaron las cadenas de este sueño
y en su huida encontraron la absolución final
Benditas las fervientes y las tristes
las que alargando aún la voz
no pudieron hacer la última llamada:
Eunice, Alfonsina, Rosario,
Sylvia, Virginia, Alejandra,
Norma, Enriqueta, María Mercedes,
Blanca Margarita y Aurora

Señor Dios:
¿Por qué las auroras son tan inciertas?
Benditas mil veces benditas
las poetas que se van


Posdata
La poesía de Leticia Luna (México, 1965), atravesada
por la estela del erotismo, lleva como mascarón
de proa el roce de los cuerpos olfateándose, esa silueta
que se arma y se desbarata en cada texto. De ese mismo
núcleo va a desprenderse tanto la plenitud como
el desamparo; si el agua aparece aquí como símbolo
de movimiento, fertilidad, circulación, posibilidad de
ir y ser en el otro, la ceniza será el signo de lo inerte,
lo desértico, la soledad. Así, Fuego azul. Poemas 1999-
2014, se ramifica en gestos de vida y muerte; una bifurcación
que asume lenguajes que van del lirismo a
la jerga urbana en un discurso enriquecido por juegos
tipográficos e imágenes restallantes.
Esta poesía que se mueve con amplia libertad, se encuentra
en un cruce de coordenadas entre el Efraín
Huerta de “La muchacha ebria”, “Declaración de
odio” y otros textos suyos que rondan la temática
de la ciudad de México, y la Rosario Castellanos de
“Jornada de la soltera” y “Destino”. Pero también con
una adherencia que refuerza su signo vital y popular:
la trova mexicana expresada en una rica tradición de
autores como José Alfredo Jiménez. En uno de los
poemas más logrados del libro, la autora escribe: “La
vida es una fila larga de tequilas dobles/ y una canción
ranchera bajo el brazo”.

Una de las presencias fuertes de la obra que nos ocupa
es la ciudad de México, bella en sus recovecos pero
también inmensa plaza del anonimato en su desmesura:
“donde alguna vez hubo un lago/ un cielo transparente”.
Lluvia de hollín, “ciudad cárcel/ ciudad esclava”,
tumba de las ausencias. Un sitio adornado con
las guirnaldas fatuas de la modernidad, pero también
por los relámpagos de un pasado precolombino que no
deja de asomar con sus deidades, rituales y ceremonias.
Así, cruzan por estas páginas: Mictlantecuhtli,
Xólotl, el tzompantli; el señor del inframundo junto al
dios que representa al lucero de la tarde en un escenario
de sacrificios humanos, la decapitación.
Lo dije al inicio, el erotismo, en los libros de Leticia
Luna, es otro de los núcleos de su escritura., debatiéndose
entre sombras de ceniza y cuerpos de agua,
maleables, amables, al tacto y la caricia. En el lugar
del goce, allí donde se borran las fronteras, todo es
oceánico, mar (“polvo de semen marino”), espuma,
marejada, oleaje que reúne el yo en el tú: “nuestros
nombres besándose despacio”. Cuerpos con fe de enredadera,
serpenteando en imágenes rotundas como
la que sigue: “Somos dos animales hambrientos de
seo / Nada es sucio, me dices / mientras cabalgas en mi
cuerpo/ y la violencia de nuestros sexos enjoyados /
florece como espigas”. Los amantes participan de una
pasión que es cacería.

La contracara será un ramo de ausencias. Y de nuevo
el desamparo, el desgarro en ese jardín de orfandades
que es la ciudad. Y en el mismo naufragio, unos versos
de la costarricense Eunice Odio a modo de epígrafe,
incrustados en un brazalete de brasas extinguidas: “Y
me ha dolido amar a trechos/ impenitente y sola”.
Coautora de una interesantísima compilación en tres
volúmenes de poetas hispanoamericanas que reunió
la producción de “Trilogía poética de las mujeres en
Hispanoamérica (pícaras, místicas y rebeldes)” desde
el Siglo de Oro hasta las últimas promociones, Leticia
Luna (quien en “Declinación de la aurora” brinda por
“las desterradas y las sabias”) da un tono que reúne
mordacidad, intensificación de la vida interior, reapropiación
de símbolos femeninos, combatividad y oralidad
extendida. En esa línea asume la voz de la calle,
entona un bolero y un blues, se une a “la explosión interna/
de la máquina que suda rock”, entra a la cantina
y pide un caballito de tequila. Porque es justamente
allí, en ese ámbito callejero en el que se desarrolla gran
parte de la vida de las ciudades de México —con sus
bullentes plazas y mercados, y el desfile de sus hombres
y mujeres enfrascados en sus mil oficios diferentes—
donde habita la musa que se va “de tragafuegos” y es,
según la autora, la única brújula frente a todos los caos.
Dentro de esa convicción/obsesión están los mejores
momentos del libro: en el manejo de los silencios de
“Del manantial secreto de la lluvia”, en el hondo lirismo
de “Geografía de la ausencia”, en la soltura del
coloquio urbano de “Tequila doble”, en las imágenes
plenas que dicen, por ejemplo: “mi rostro es una estrella
que oscila/ en la orfandad del mundo”.
Tengo para mí que Fuego azul. Poemas 1999-2014, nos
da una voz de alta temperatura emotiva, tan necesaria
en un tiempo en que sobreabunda en la poesía un aire
de comentario anodino, insustancial; esa vocación de
indiferencia que ha instaurado una nueva modernidad
cuya bandera es la apatía. En la contracara de la
indolencia está la aventura creativa de Leticia Luna,
su remar sobre silencios, alaridos, ruegos y susurros,
hasta arribar a una orilla que es también un nombre
convertido en “sangre/ del cuerpo/ del poema”.


Jorge Boccanera

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Palabras para el Crooner de Alfredo Trejos, Costa Rica



Alfredo me dijo: broder, podés darme unas palabras de presentación para Crooner y la fiesta fue inmediata. Leí y escribí sobre el poemario con tanta emoción como admiración le tengo a Trejos, desde hace mucho y así, en ese tono, en el mismo abrazo que le doy cada vez que voy a San José y coincido en una mesa o en una lectura junto a él. Un insobornable, Alfredo, un caso serio de nuestra poesía en Centroamérica. Aquí les comparto el texto que va en la contraportada, entonces, honradísimo de acompañarlo, aunque sea en letras, hoy que lo está presentando por allá.


Cuando se hizo el contrato para el reality más atractivo de la temporada, Trejos puso una condición: denme un escenario, el más solitario de San José, y déjenme cantar lo que no canto en la ducha y mucho menos mientras cocino mi soledad. Al recibir respuesta positiva, el crooner firmó; con mucha elegancia sacó su pluma y comenzó a escribir -como pie de página a su nombre- una serie de historias que los productores supieron interpretar como se debía: eran historias, cada una de ellas, hechas poemas y guiones a la vez, postales para el más clásico cine negro, el testimonio de un desencantado que tiene la poco común capacidad de hacer ficción su vida real.

Desde ese momento, el show ha roto todas las marcas, y no hay solitario que no haya asistido con su periscopio de u-boat a punto de ser cazado por un Trejos que se sienta junto a  Heminway con su escopeta lista. Mientras tanto, pasan los amores, los juramentos sensatos de no amar más allá del vodka con limón que insinúa el chino de la esquina. Trejos canta, y vuelve a llenar a la poesía centroamericana de esa frescura vital que trae el reírse de uno mismo, pone los discos olvidados y los poemas van dando vueltas y vueltas. Nadie podrá estar a salvo –nos advierte- pero todos seremos salvos si tenemos la capacidad de agarrarle aprecio a la rata que viene a vernos en la madrugada, casi compadecida o quizá ella también hastiada de tanta lluvia y grave poesía.

Afredos Trejos es irrenunciable, “una ciudad de varias cosas al mismo tiempo”, una soledad que es un caleidoscopio inquietante, un caballeroso unabomber que viene y dispara al monitor sentenciando “esto no es un kareoke, carajillo, esto es un Crooner. El reality show puede comenzar.”


Fabricio Estrada.

Poetas - Fotos: Fabricio Estrada



Música - Fotos: Fabricio Estrada



Alerta a la comunidad artística hondureña

El centro cultural más significativo de los últimos 26 años en Honduras, está siendo presionado en conjunto. La policía nacional a través del Ministerio Público ha allanado hoy el lugar en busca de pruebas que incriminen a Rigoberto Paredes, hijo de la Doctora en Historia y Poeta Anarella Vélez, y del extinto poeta Rigoberto Paredes, en el asesinato del abogado Eduardo Montes, defensor de la vice-presidenta del Congreso Nacional Lena Gutiérrez, acusada de vender óvulos conteniendo harina desde su casa farmaceútica al Instituto Hondureño de Seguridad Social, todo esto en la línea terrible que desfondó el IHSS para financiar la campaña del actual presidente juan orlando hernández.
El procedimiento de allanar Paradiso lleva un mensaje claro: se busca el epicentro de conspiración. Con este fundamento facilmente podrán elevar el caso a marcar el mundo intelectual que nació y dinamiza Paradiso como "círculo de potenciales amenazas".
Compas artistas, creo que es momento de demostrar que nuestras propuestas son de vida. Ante el discurso de la sospecha y la incriminación indirecta que se está gestando debemos hacer de Paradiso una vibración más alta, más potente en demostraciones y actos artístico-culturales.
Nos querrán amedrentar y señalar, dirán que "los poemitas" ocultan algo. Ante esto no permitiremos, así lo pienso, que se llegue a presionar tanto que permitamos, por pura estulticia, que se cierre un lugar tan significativo para la cultura hondureña.