jueves, 19 de mayo de 2011
San Francisco, USA, a colores en 1906
Estas son las rarísimas fotos que mostró yahoo hace unos meses. Rarísimas por el uso del color en tan temprana época de la fotografía. Muestra a una San Francisco devastada por el big one terremoto de 1906.
Y esta foto es impresionante no sólo por la panorámica lograda, sino por los recursos que buscaron para hacerla: un globo y un cable eléctrico para el shoot.
Y esta foto es impresionante no sólo por la panorámica lograda, sino por los recursos que buscaron para hacerla: un globo y un cable eléctrico para el shoot.
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Fotografía
miércoles, 18 de mayo de 2011
La chispa de la vida
La población mundial está harta, efervescente. Quiere derrumbar el cinismo empresarial, quiere incinerar desde sus raíces la especulación bancaria transnacional y el modo en que la mass media interpreta el deseo de consumo.
Realizada ya hace algún tiempo, esta pieza publicitaria toma la terrible foto del corresponsal de guerra Eddie Adams (el ajusticiamiento de un guerrillero viet mih en Hanoi, 1975) y trivializa con recurso pop lo que en sí es uno de los testimonios gráficos más espantosos del siglo XX; sería como traducir: "La muerte es la chispa de la vida" (eslogan usado por la Coca Cola Company en esa época).
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Opalarina
Cuando me encuentro a Lito en la Avenida Cervantes, siempre me veo conducido por él a la librería desde donde Casablanca Editores sigue resistiendo al vendaval.
"Venga, hombre, un ratito nada más. Le voy a mostrar un libro que tiene que leer y que Rubén me ayudó en el diseño". Sé que Rubén y Lito son compinches, y que cada vez que se reúnen o se encuentran, entre broma y recuerdo de andanzas, termina saliendo una publicación, porque ¿qué consecuencias puede dejar una amistad que tiene a los libros y a la memoria como comparsa? un libro, por supuesto, un libro siempre saldrá de ese malabar infinito, de esa molienda de chistes amorosos y de ácidos sulfúricos. Y aquí está de nuevo Pez Dulce, entonces.
Opalarina calza exacto en el contexto actual del golpismo, porque a través del testimonio de Juan Alger, vamos viendo la cotidianeidad de aquellos años en que se fundó nuestra humillación como país, cuando los trenes traían la humareda que sigue persistiendo hasta hoy y cuando de los enormes barracones de mozos, surgía una identidad mezcla de nostalgia y falacia pintoresca.
Opalarina se encuentra en la Librería Cervantes, centro de Tegucigalpa
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Reseñas libros
Dolor de patria -Juan Carlos Zelaya, Comayagua
Juan Carlos es una grúa que demuele el edificio de cualquier timidez. No puedo describirlo de otra forma. Así lo conocí hace un par de semanas y lo que dice lo hace. "Quiero verte para que platiquemos, Fabricio, estoy aquí en Tegucigalpa y me siento perdido en este desorden"- me dijo. Y en menos de tres horas ya estábamos platicando, y con claridad, la poesía armó la mesa y tiro las barajas, limpias las barajas, nada de solitarios ni de conquián: puro treinta y uno de tres cartas y de ganar o perder rápido. Así se habla con él y así es su poesía.
Me dijo: "Acompañame, que Gloria Oquelí me dio una entrevista en su "Espacio Progresista" de la Globo. Me subió a su carro y como intentando reconocerlo o hacerse la finlandesa, Gloria Oquelí le dio sólamente 5 minutos. "El espacio para la cultura es otro" -le dijo Oquelí, "voy a ver qué espacio le doy" (...) Y Juan Carlos, reconociendo en el tono a la típica filantropía derechizante, agarró sus 5 minutos exactos y le pegó al mango de una sola pedrada. "Soy poeta y estoy en Resistencia. Para mí resistir es publicar un libro y de eso vengo a hablarles..."
Juez de Letras en Comayagua, investigador acérrimo de Cardona Bulnes, bochinchero que no toma una pachita de guaro pero que le encanta la fiesta de los estancos (lo testifican Délmer Membreño y René Novoa, quienes cubrieron su presentación en Comayagua para El Libertador), Juan Carlos Zelaya ha escrito su poemario y ha sido interpretado por el dibujo interior de Allan McDonald, su gran amigo. Imagino a los dos muertos de la risa, tan uno para el otro, y a la poesía, por supuesto, barajando y barajándola toda la noche... ¡treinta y uno, gano!
F.E.
Me dijo: "Acompañame, que Gloria Oquelí me dio una entrevista en su "Espacio Progresista" de la Globo. Me subió a su carro y como intentando reconocerlo o hacerse la finlandesa, Gloria Oquelí le dio sólamente 5 minutos. "El espacio para la cultura es otro" -le dijo Oquelí, "voy a ver qué espacio le doy" (...) Y Juan Carlos, reconociendo en el tono a la típica filantropía derechizante, agarró sus 5 minutos exactos y le pegó al mango de una sola pedrada. "Soy poeta y estoy en Resistencia. Para mí resistir es publicar un libro y de eso vengo a hablarles..."
Juez de Letras en Comayagua, investigador acérrimo de Cardona Bulnes, bochinchero que no toma una pachita de guaro pero que le encanta la fiesta de los estancos (lo testifican Délmer Membreño y René Novoa, quienes cubrieron su presentación en Comayagua para El Libertador), Juan Carlos Zelaya ha escrito su poemario y ha sido interpretado por el dibujo interior de Allan McDonald, su gran amigo. Imagino a los dos muertos de la risa, tan uno para el otro, y a la poesía, por supuesto, barajando y barajándola toda la noche... ¡treinta y uno, gano!
F.E.
Dolor de patria se encuentra en las librerías del centro de Tegucigalpa.
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Poesía
José Adán Castelar - Entretanto, 1979
Existe una perversa costumbre en el criterio conservador de Honduras: la de ensalzar hasta la santidad a sus creadores cuando el tiempo ha pasado y las relaciones se distienden, atomizadas por la falta de archivos y memoria colectiva. Pero una vez que la obra y el autor encuentran su complemento exacto con la época que visionaron, inicia un absoluto silencio y hacerse los pendejos.
José Adán Castelar -nuestro querido adancito- publicó Entretanto en 1979, un 18 de marzo, en la Editorial de la UNAH, la misma que hoy dirige el ruin Segisfredo Infante, y al decidir por su portada decidió que fuera la bandera que flameaba en su dignidad. No tuvo ningún temor. No midió lo políticamente correcto que hoy es medida de muchos. Eran los días en que la Revolución Sandinista estaba a punto de triunfar y José Adán Castelar lo estaba anunciando, y a la vez, creaba unos puntos suspensivos calientes para Honduras.
Hoy, después de ser Premio Nacional de Literatura, para ningún golpista o asalariado cultural de ellos es conveniente sacar pecho con él. El manoseo de su nombre terminó, dichosamente. Hoy, José Adán Castelar marcha con el pueblo hondureño en Resistencia, tan fiel y valiente como siempre lo ha sido. El mejor homenaje que podemos darle es leerlo de nuevo, concienzudamente, con toda la rebeldía que nos queda por reserva o con toda la rebeldía que todavía desconoce quiénes son sus tatas.
F.E.
José Adán Castelar -nuestro querido adancito- publicó Entretanto en 1979, un 18 de marzo, en la Editorial de la UNAH, la misma que hoy dirige el ruin Segisfredo Infante, y al decidir por su portada decidió que fuera la bandera que flameaba en su dignidad. No tuvo ningún temor. No midió lo políticamente correcto que hoy es medida de muchos. Eran los días en que la Revolución Sandinista estaba a punto de triunfar y José Adán Castelar lo estaba anunciando, y a la vez, creaba unos puntos suspensivos calientes para Honduras.
Hoy, después de ser Premio Nacional de Literatura, para ningún golpista o asalariado cultural de ellos es conveniente sacar pecho con él. El manoseo de su nombre terminó, dichosamente. Hoy, José Adán Castelar marcha con el pueblo hondureño en Resistencia, tan fiel y valiente como siempre lo ha sido. El mejor homenaje que podemos darle es leerlo de nuevo, concienzudamente, con toda la rebeldía que nos queda por reserva o con toda la rebeldía que todavía desconoce quiénes son sus tatas.
F.E.
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Poesía
La vida de nosotros
Desde hace muchos años, la intervención telefónica ha
sido uso común de la policía y ejército hondureño.
Hondutel maneja un sistema de resguardo de llamadas en el
cual toda llamada de teléfono fijo se mantiene en sus archivos durante 30 días,
similar al que utilizan los sistemas de datos de las telefonías celulares.
Las llamadas en resguardo pueden ser editadas, cambiando
frases por otras y utilizadas luego como pruebas legales.
La Ley Especial para Intervenir las Comunicaciones y la
Ley de Portabilidad Numérica es otra arma de represión.
Honduras: Cállate o Grita
Resistencia!!!!!!!
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Artistas en Resistencia
martes, 17 de mayo de 2011
Petróleo en Honduras: la exploración del golpismo
De los creadores de las ciudades charter, de los creadores del tren inter-oceéanico, de los creadores de Wally... nos llega esta nueva y fantástica aventura sobre un explorador de petróleo que buscó y buscó y ahora encuentra, sin sospechar que la exploración petrolera ya estaba en camino...
Los golpistas se turnan para sacar en sus portadas, y en días diferentes, el espejismo. Ayer le tocó a El Heraldo y hoy, Facussé ataca desde la tribuna, asegurando que ningún gobierno anterior había hecho el intento por la exploración, ocultando que, precisamente Mel, estaba a punto de anunciar la explotación en toda forma bajo concesión Petrocaribe-PDVSA-Petrobras.
Los noruegos y japoneses encargados de la exploración ya habían dado su veredicto, y claro, a la TEXACO y a la SHELL no les gustó que las sacaran del juego explotador una vez que se dio la nueva fórmula de los combustibles. De ahí viene gran parte del golpe de Estado ¿Lo recuerdan?
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Mass Media
Las causas perdidas - Jorge Martínez, San Pedro Sula
Yorch se fue por lo cartonero, por esa misma convicción que la poesía murió en sus formas más típicas y vinculantes. Tenía bastante tiempo de llevar esta poesía en ristre y por igual, la edición cartonera salió el año pasado, a finales de esos meses en que, hartos de todo, hacíamos fiestas con cabezas de atún asada y rones habaneros bajo le mango.
Aquí están tres poemas, elegidos más por su pulsación que por un estado crítico que me haya llegado de improviso, y en efecto, la pulsación tenía toda la razón. La pulsación bien pudo llegar por albedrío, al abrir cualquiera de sus páginas:
Los fogoneros
Ninguna rosa se abre ni repica campana alguna en este lugar. Me reúno con los fogoneros que hablan de gobernar esta ciudad atestada de ratas. Cuando un mendigo se me acerca, como un amigo le doy algo de dinero, mientras el erario de todos se hunde en el fango del coñac, entre bebedores de frac y monstruos suavemente retocados para no espantarse a sí mismos.
Es agradable cuando me hundo en la almohada, con alguna esperanza de recibir un manotazo de aire fresco que amortigue el inexorable mañana.
Una fruta
Hubo un tiempo en que mi pelo era abundante y jugaba con todo. Cerca del agua, tu amiga nos había seguido y nosotros deseábamos estar solos ¿Lo recuerdas? Vos venías detrás de mí, apenada, con tus sandalias de madera y tu vestido de manta. Miremos desde aquí a los corredores, te dije, ya están listos.
Acodados contra la calle los vimos hacer su número. Con furia inusual mi entrepierna lo horadaba todo en la ondulación tibia. Sin ruido, mis manos enlazaron la cintura de tu amiga y la embestí suavemente, con total descaro, y te vi triste y lejana, y otra vez triste. Como es usual, los recuerdos no pueden ordenarse. El viejo vigilante de la estancia se acercó para hacernos una pregunta inútil, y yo huí de furia.
Esa tarde, desmelenado, oriné en le sendero, cerca de las acrobacias, y te vi, virgen todavía, utópica, buscarme por la alameda.
Nadie nos vio esa tarde, hondos en el bosque. Levanté tu velo en la llanura, lejos de todo. Como un paria vagué por el mármol y los campanarios. Oficié en lo alto de la cúpula y en el monte me refugié como un mendigo, y pude sentir tu imagen como una fruta, en mis manos.
Nuestro relato maldito
Todavía es el momento de los vulgares burgueses y su pequeño universo de hipocresía. Es el momento de las religiones y la estupidez, de la desnudez femenina, de las mujeres esclavas, de los sillones imperiales tras las murallas, del ballet descolorido, de las melodías insufribles. La vulgaridad y sus joyas gotean desde la platea, sobre los tablados y el césped, y su bruma somete a los inocentes, a los poetas ingenuos, a los que mendigan un espacio para el arte. Los pálidos burgueses, los pueblerinos insulsos pretenden vigilar maliciosamente nuestro relato maldito.
Aquí están tres poemas, elegidos más por su pulsación que por un estado crítico que me haya llegado de improviso, y en efecto, la pulsación tenía toda la razón. La pulsación bien pudo llegar por albedrío, al abrir cualquiera de sus páginas:
Los fogoneros
Ninguna rosa se abre ni repica campana alguna en este lugar. Me reúno con los fogoneros que hablan de gobernar esta ciudad atestada de ratas. Cuando un mendigo se me acerca, como un amigo le doy algo de dinero, mientras el erario de todos se hunde en el fango del coñac, entre bebedores de frac y monstruos suavemente retocados para no espantarse a sí mismos.
Es agradable cuando me hundo en la almohada, con alguna esperanza de recibir un manotazo de aire fresco que amortigue el inexorable mañana.
Una fruta
Hubo un tiempo en que mi pelo era abundante y jugaba con todo. Cerca del agua, tu amiga nos había seguido y nosotros deseábamos estar solos ¿Lo recuerdas? Vos venías detrás de mí, apenada, con tus sandalias de madera y tu vestido de manta. Miremos desde aquí a los corredores, te dije, ya están listos.
Acodados contra la calle los vimos hacer su número. Con furia inusual mi entrepierna lo horadaba todo en la ondulación tibia. Sin ruido, mis manos enlazaron la cintura de tu amiga y la embestí suavemente, con total descaro, y te vi triste y lejana, y otra vez triste. Como es usual, los recuerdos no pueden ordenarse. El viejo vigilante de la estancia se acercó para hacernos una pregunta inútil, y yo huí de furia.
Esa tarde, desmelenado, oriné en le sendero, cerca de las acrobacias, y te vi, virgen todavía, utópica, buscarme por la alameda.
Nadie nos vio esa tarde, hondos en el bosque. Levanté tu velo en la llanura, lejos de todo. Como un paria vagué por el mármol y los campanarios. Oficié en lo alto de la cúpula y en el monte me refugié como un mendigo, y pude sentir tu imagen como una fruta, en mis manos.
Nuestro relato maldito
Todavía es el momento de los vulgares burgueses y su pequeño universo de hipocresía. Es el momento de las religiones y la estupidez, de la desnudez femenina, de las mujeres esclavas, de los sillones imperiales tras las murallas, del ballet descolorido, de las melodías insufribles. La vulgaridad y sus joyas gotean desde la platea, sobre los tablados y el césped, y su bruma somete a los inocentes, a los poetas ingenuos, a los que mendigan un espacio para el arte. Los pálidos burgueses, los pueblerinos insulsos pretenden vigilar maliciosamente nuestro relato maldito.
lunes, 16 de mayo de 2011
Patuca III: lo mediático y lo artesanal
Cuando este diario-boletín se lanza a la aventura del periodismo de investigación lo hace con esa mezcla de incoherencias que va desde el patriotismo a lo filantrópico. Pero claro, siempre es una avanzada empresarial, una preparación del terreno para socializar la explotación.
En el reportaje que le hacen a los buscadores de oro no se van por las ramas y sueltan su verdad acremente: "A pocos metros de donde se buscan las pequeñas pepitas se construirá la cortina del proyecto Patuca III..." lo que significa, que ese pequeño yacimiento de subsistencia será borrado del mapa por el agua.
El reportaje aparenta un enaltecimiento al trabajo duro de los pobres, ese enaltecimiento bíblico que llena de santidad a la miseria, pero en el fondo, el susodicho reportaje nos dice: "ahí es tan poco el oro que se saca que no vale la pena proteger la subsistencia de los buscadores...¡avancemos con la cortina!", así que toda la intención es dejar bien claro que el progreso no debe detenerse cuando no existen ganancias económicas globales en el pequeñísimo esfuerzo de los pobladores.
En contraste, la cortina que necesita urgentemente Tegucigalpa para suplir de agua potable a una población sedienta, ni siquiera entra en los planes de la oligarquía transnacional, ya que esta es de beneficio público y no privado, como sí lo será el Patuca III, proyecto reconvertido y entregado a las manos privadas después del golpe de Estado y de las concesiones aprobadas por el Congreso golpista, ya que originalmente, el Patuca III estaba dentro del plan estratégico de desarrollo que Manuel Zelaya impulsaba desde su gobierno.
Y lo patético (y bien lo sabemos todos), es el mendigar de las organizaciones obreras de Honduras, el suplicar que el proyecto "incluya a trabajadores hondureños", como si no fuera en nuestra tierra que se alzará la cortina. Y bien sabemos que la oligarquía es capaz de no emplear ni a los buscadores de oro que serán expulsados del lugar, porque como ha sucedido en la construcción de malls en Tegucigalpa y San Pedro Sula, se prefiere la mano de obra baratísima de nicas, así que el espejismo que se vende es espejismo de cabo a rabo.
F.E.
domingo, 15 de mayo de 2011
Breve deja vú
Bajamos con Mayra por el Barrio Las Delicias. Esteban camina por la sombra, la única sombra que deja la tarde calcinante. Del otro lado del Río Choluteca viene un sonido tribal indiscutible: el mugido prolongado de un cuerno de la Ultra Fiel. Se repite una y otra vez y todo el silencio se va tras él, se hace color, tumulto, pero no se ve nada más que los rostros expectantes de los niños que señalan y dicen: "Allá va la Ultra, vamos".
El súpermercado pasa a intervalos la canción del Olimpia y el Motagua, muchos compran la ración de alcohol para celebrar o meterse a un letargo que haga parecer sueño la pérdida.
Tres a uno. La Revo se quita las camisetas y lanzan su coro de fogatas y banderas. Anoche estuvimos en un fuego cruzado que bien pudo impactar en nosotros. El taxi se metió a la calle que nadie se mete de noche y, puntualmente, el chavo pelo largo saltó frente al taxi mientras un tipo le disparaba desde unos 30 metros. Blan blan blan, y nosotros sobre Esteban escuchando las detonaciones. Fueron segundos y amaneció de nuevo.Lo salvamos... de no haberse atravesado nuestro taxi, lo hubieran cazado. Nos salvamos... de haber disparado a ciegas las balas hubieran sido para nosotros. Amaneció y caminamos de nuevo, los tres, por El Cantón, con la tarde incinerando las puertas, y como un mal trailer, Mayra reconoce en quien va en la otra acera, al mismo chavo pelo largo que anoche saltó frente a nosotros con todas las balas tras de él. El mismo. El amuleto ambulante. Al que salvamos interponiéndonos. De nuevo nos cruzamos, ya sin fuego, sólo con la paradoja a cuestas y la celebración distante de un cuerno tribal.
Es incierta la vida, es
F.E.
El súpermercado pasa a intervalos la canción del Olimpia y el Motagua, muchos compran la ración de alcohol para celebrar o meterse a un letargo que haga parecer sueño la pérdida.
Tres a uno. La Revo se quita las camisetas y lanzan su coro de fogatas y banderas. Anoche estuvimos en un fuego cruzado que bien pudo impactar en nosotros. El taxi se metió a la calle que nadie se mete de noche y, puntualmente, el chavo pelo largo saltó frente al taxi mientras un tipo le disparaba desde unos 30 metros. Blan blan blan, y nosotros sobre Esteban escuchando las detonaciones. Fueron segundos y amaneció de nuevo.Lo salvamos... de no haberse atravesado nuestro taxi, lo hubieran cazado. Nos salvamos... de haber disparado a ciegas las balas hubieran sido para nosotros. Amaneció y caminamos de nuevo, los tres, por El Cantón, con la tarde incinerando las puertas, y como un mal trailer, Mayra reconoce en quien va en la otra acera, al mismo chavo pelo largo que anoche saltó frente a nosotros con todas las balas tras de él. El mismo. El amuleto ambulante. Al que salvamos interponiéndonos. De nuevo nos cruzamos, ya sin fuego, sólo con la paradoja a cuestas y la celebración distante de un cuerno tribal.
Es incierta la vida, es
F.E.
Fotos: Chaliobala ®
viernes, 13 de mayo de 2011
Escritores inclasificables: la extrañeza (primera parte) - Daniel González Dueñas
a Valentina, a Erick
1
Una de las
características de la mentalidad binaria occidental es la trampa dialéctica:
resulta imposible concebir lo “alto” sin lo “bajo”, lo “lejano” sin lo
“cercano”, lo “antiguo” sin lo “moderno”. Cualquier adjetivo implica, por
contraposición, a su contrario. Por eso se dice que el poder depende de sus
detractores, y sólo una mentalidad binaria puede afirmar, con total convicción,
que la excepción confirma a la regla. Este mecanismo se presenta, desde luego,
en la esfera del arte. Así por ejemplo, cualquier eufemismo que intenta
calificar a la literatura “heterodoxa” reafirma (o recrea) a la ortodoxa.
Julio Cortázar-Argentina
Cuando Rubén Darío usó la denominación “los raros” para aludir a artistas
irreductibles a fórmulas o corrientes, no desconocía que esa misma palabra
consagraba indirectamente a lo opuesto: los no-raros, es decir aquellos que
automáticamente quedaban definidos como “los normales”. Incluso la frase
“escritor secreto” parece destacar automáticamente, quiérase o no, a aquello
que no es secreto, es decir, a lo que tiene divulgación.
Clementina Suárez - Honduras
Por lo demás, si la
palabra “secreto” resulta peligrosa, no es sólo porque con ella parece
sugerirse que se trata de escritores que no llegaron a publicar sino, peor aún,
que se escondieron de la sociedad. En los casos en que se hace trampa, llamar
“subterránea” a esta corriente (a partir de la denominación inglesa
underground) no hace sino afianzar el reinado de lo superficial; pero existe
otra forma que podría llamarse “transparente”, para la cual la literatura
extraña es un poderoso testimonio de lo inclasificable, de lo irreductible, de
lo paradójico, de lo simultáneo.
Margarite Duras - Francia
Hablaremos aquí de
escritores inclasificables, de aquellos que parecen más reacios o más
resistentes a las clasificaciones, pero es necesario darse cuenta de que ya el
término “escritores inclasificables” es en sí una clasificación: se los
clasifica precisamente como inclasificables. Puesto que los actos de
inventariar, catalogar y jerarquizar resultan inevitables para nuestra
mentalidad —que sólo sabe guiarse por los rubros, las etiquetas y las
definiciones sumarias—, he elegido ese mote de “escritores inclasificables” no
porque sea la más correcta o la más justa, sino porque es la que menos
equívocos convoca: es la única que contiene su propia negación, la única que se
permite dudar de sí misma abiertamente. Las otras dos que son benignas,
“secretos” y “transparentes”, no están exentas de equívocos; al usarlas habría
que explicar que los escritores aludidos no son “secretos” porque se hayan ocultado
(aunque algunos sí lo hayan hecho deliberadamente) sino porque no manifestaron
ningún interés en “hacerse notar” por su sociedad (en esta línea no hay sino un
paso para llamarlos “invisibles”); y si se les calificara como “transparentes”
habría que añadir que no es porque uno pudiera ver a través de ellos (aunque a
nivel metafórico es el caso de muchos de estos escritores) sino porque no
jugaron ese juego de las oscuridades graduadas al que se llama “vida
socioliteraria”.
Paul Celán -Rumania
(Por la misma
naturaleza del tema que nos ocupa, ninguno de los marcos de referencia aquí
usados puede ser entendido como fijo e inamovible: todos son ambiguos y
esquivos, y contienen más excepciones que reglas. Así, por ejemplo, el hecho de
negarse a participar del juego de prestigios de la “vida cultural” no es en
ninguna forma un determinante; algunos de estos escritores manifestaron un
rechazo tajante a la autopromoción, es cierto, pero otros aceptaron, cada uno a
su manera, jugar ese juego.)
Nelson Merren - Honduras
Ha habido muchas
formas de llamarlos, de aludir a esa forma de la extrañeza a la que estos
escritores representan y encarnan. Puesto que Rubén Darío los llamó “los
raros”, es esa la etiqueta que más se emplea, sin duda debido al prestigio del
poeta nicaragüense; sin embargo, como se ha visto, esa denominación no está
exenta de precariedad y trampa, como tampoco lo están las más frecuentes, entre
ellas “heterodoxos” y “subterráneos”. Casi cada crítico que se interesa en
estas figuras propone nuevos eufemismos porque no hay quien no se dé cuenta de
que todas esas fórmulas fallan cuando tratan de aludir a estas personalidades
sui generis.
Herman Melville - Estados Unidos
Cuando en cualquier
medio de comunicación se usan lugares comunes como la frase “escritor de
reconocido prestigio”, brinca por detrás algo como una autoridad que parece
totalmente independiente de esos medios: si algo es mencionado con respeto
(aunque éste sea formal y de mero trámite), y si estas menciones son
reiteradas, se provoca en el escucha un sobreentendido correspondiente a “Por
algo será”. Toda referencia acerca de lo reconocido se hace siempre pensando
que sucede en un mundo abstracto, puro, desapasionado, en el que el
reconocimiento se da por sí mismo, “por méritos propios”, y que por lo tanto no
depende —como en realidad sucede— de una avalancha de factores sociales,
culturales y políticos, y sobre todo de mecanismos de propaganda y publicidad,
como en el caso de cualquier “producto”.
Anais Nin - Francia
Sabemos muy bien que
la propaganda y la publicidad se basan en la repetición: mientras más se
reitera un nombre más se aumentan las posibilidades de que la memoria colectiva
lo retenga. La repetición genera el reconocimiento: el “producto” comienza a
ser reconocido, es decir, comienza a tener prestigio, que es lo que se entiende
como renombre. Los medios nos hacen sobreentender que si un nombre se repite es
“por méritos propios”, y sin duda así sucede en muchos casos, pero el acento no
está en el mérito sino en el consenso que define a lo que es meritorio y a lo
que no lo es. Y ese consenso resulta muy simple: es meritorio lo que se repite,
y se repite lo que es meritorio. Nosotros, los supuestos beneficiarios de los
medios masivos (en realidad somos sus consumidores), sabemos que esos medios no
pueden cubrirlo todo y que hacen una selección. Lo curioso es que, aunque
intuimos que en esa selección “ni están todos los que son ni son todos los que
están”, a la vez pensamos que los que están, son, y los que no están, no
merecen existir (existir es tener los méritos necesarios para “estar en la luz
pública”).
Arthur Rimbaud - Francia
Sabemos que la
información es selectiva y discriminatoria, pero creemos que basta atender a
los medios para estar informado: los medios no pueden ufanarse de cubrir la
totalidad de lo que sucede en el mundo en todo momento y lugar, y ni siquiera
lo intentan; no nos hacen sobreentender que lo que no mencionan no existe, sino
sencillamente que no vale la pena, que no tiene méritos, que no ha sido
reconocido por el consenso. Por tanto, no nos preocupa ignorar a todo aquello
que no tiene prestigio suficiente, es decir, que carece de los méritos
necesarios para estar “en el candelero”. Brillar, ser notorio o reconocible
resulta la meta apetecida o “éxito”, cuya falencia implica al temido “fracaso”:
no ser capaz de salir de la oscuridad y del anonimato.
Cormac McCarthy- Estados Unidos
Y puesto que
cualquiera puede llamar la atención a partir de la extravagancia, la
vociferación o la sordidez (ahí está la estereotípica historia de Eróstrato,
que supuestamente incendió la Biblioteca de Alejandría con objeto de lograr la
perduración de su nombre), existen rígidas reglas para la “ascensión”, es decir
para demostrar los méritos. Quien no sigue ese decálogo (basado en la baja
pasión, el canibalismo y la doble moral) no obtiene reconocimiento oficial y
queda fuera del canon.
Charles Bukowski- Estados Unidos
Existe todavía otra
inferencia, aún más agresiva: la de que acaso un determinado autor tuvo
prestigio en “su” tiempo, pero lo ha perdido y, por tanto, ya no es “vigente”,
es decir, ya no pertenece a “los temas de actualidad”: ha perdido injerencia en
el presente, lo cual significa que está fuera de la historia. Aquí actúa otro
rapaz lugar común referido a la progresión prestigio/fama/gloria: “es peor
haberlo tenido y perdido que nunca haberlo tenido”.
Roberto Monzón - Guatemala
La gran palabra que
se relaciona con esto es “éxito”. El lenguaje de los medios y sus inferencias
muestran claramente que cuando se usa esa palabra no se habla de un triunfo
humano, artístico o espiritual, sino de una victoria de la capacidad individual
para hacerse notar y convencer al consenso del valor y autoridad de la obra
personal. El sobreentendido es apabullante: quien no emprende esa tremenda
lucha contra el anonimato, carece de toda autoridad (si no reclama por sí mismo
la voz cantante, nadie va a concedérsela, pero tampoco si no lo hace en los
términos aceptados y acatando las severas reglas establecidas para reclamar un
sitio en el medio cultural). Y en la retórica del poder que rige a Occidente,
no hay mayor contradicción que la de un autor sin autoridad.
Jorge De Bravo - Costa Rica
Puede imaginarse que
por cada acto o hecho mencionado por los medios hay innumerables sucesos que
ellos no recogen; en ese vasto cúmulo de lo insignificante (lo que llega a los
medios es, como se sobreentiende, lo significativo) quedan, tal vez,
innumerables sucesos que podrían llamarse insignificantes, pero también otros
que podrían ayudarnos a redefinir esa tabla de valores que determina para los
medios lo que significa y lo que no lo hace. Ese vasto e incierto territorio es
la Tierra de Nadie de los medios, que cubre desde lo “insignificante” hasta lo
“no prioritariamente significativo”.
Leonel Rugama -Nicaragua
Una gran inferencia
que aquí sólo puede tratarse de paso es la que ejemplifica muy bien un lugar
común entre los antropólogos: “Los pueblos felices no tienen historia”. Sólo
tiene historia lo que implica a lo contrario de la “felicidad” (tan precaria y
tramposamente definida como lo es su opuesto): conflicto, devastación,
catástrofe, tragedia. No resulta gratuita esta liga entre historia y rapiña (o
entre felicidad e insignificancia) y, de hecho, de ella proviene una de las
mayores venganzas mediáticas contra lo inclasificable. Un turbio sobreentendido
implica que los “pueblos felices” no son desarrollados ni evolucionados y que
son ajenos al progreso. La palabra “felicidad”, en este contexto, infiere
primitivismo. En una palabra, la expresión “pueblos felices” implica que son
tontos, puesto que la inteligencia es amargura y cinismo, o no es. Esta es la
liga que suele hacerse entre los escritores inclasificables y lo naïf.
Henry Miller - Estados Unidos
Es por todo ello que
Henry Miller llega a exclamar:
Estar en silencio todo el día, no ver ningún periódico,
no oír ninguna radio, no escuchar ningún chisme, abandonarse absoluta y
completamente a la pereza, estar absoluta y completamente indiferente al
destino del mundo, es la más hermosa medicina que uno puede tomar. Poco a poco
se suelta la cultura libresca; los problemas se funden y se disuelven; los
ligámenes se rompen; el pensamiento, cuando uno se digna entregarse a él, se
hace muy primitivo; el cuerpo se transforma en un nuevo y maravilloso
instrumento; se mira a las plantas, a las piedras y a los peces con ojos
diferentes; se pregunta uno a qué conducen las luchas frenéticas en que están
envueltos los hombres [...]. Los periódicos engendran mentiras, odio, codicia,
envidia, sospecha, temor, malicia. No necesitamos a la verdad tal como nos la sirve
la prensa diaria. Lo que necesitamos es paz, soledad y ocio. [El coloso de
Marusi, 1941.]
“¡Qué irresponsabilidad!”,
espeta el hombre de los media, incapaz de concebir a alguien que no quiera
estar “al corriente” de lo que sucede en el mundo. Pero Miller no habla de
irresponsabilidad, todo lo contrario: atisba lo que podría ser el individuo si
lograra deshacerse de lo que hacen los medios con él (no estamos al corriente
del mundo sino en la corriente mediática): sólo entonces podría comprometerse
verdaderamente con el mundo. Miller, ese gran inclasificable, sabe que sólo
estamos comprometidos con los medios, esto es, con la realidad que ellos
presentan; que lo que llamamos mundo es la imagen construida expresamente para
construir al hombre que debe habitarla. La obra de Miller es el testimonio de
su intenso compromiso, del insobornable impulso que lo lleva no a la
autogratificación narcisista sino a la exigencia de redefinición, comenzando
por las palabras paz (una renuncia a las guerras de todo tipo en que consiste
la cotidianidad), soledad (un rechazo al compacto gregarismo necesario para
mantener incólume a la pirámide del poder) y ocio (un reclamo del tiempo y el
espacio interiores a los que la imperante imagen del mundo ataca y adormece).
martes, 10 de mayo de 2011
Honduras ha sido refundada
“Hoy sin duda que se sembró la semilla de un nuevo país. Un
país que resurge del aislamiento y que muestra al mundo que está preparado para
hacer negocio con ellos. Un país que renace con una nueva gestión diplomática
que se ha llevado a cabo de un modo cuidadoso y sistemático, promoviendo ante
el mundo la imagen de una Honduras renovada , de un país democrático y
solidario, respetuoso de los derechos humanos, interesado en el desarrollo de
su economía y sumamente comprometido con el bienestar de su población.”
(Nicolás Rishmawy)
Nicolás es uno de los pocos milagros intelectuales del
pensamiento árabe hondureño, de ese criollismo exótico que mezcla la idea del
clan palestino con la idea del costumbrismo político más ranció del Partido
Nacional. Lleva muchos años describiendo
lo que debería ser el desarrollo estratégico del capital, intentando humanizar
dialécticamente lo que en la práctica son las reglas del sometimiento más atroz
y humillante de Honduras.
Es –mejor decirlo a rajatabla- uno de los más fríos
propagandistas de la oligarquía nacional árabe y, por lo tanto, maneja en sus
opiniones, la esencia de lo que toda una generación de nuevos oligarcas ha
buscado para asegurar sus negocios. En esto, es mucho mejor analista que Juan
Ramón Martínez, por simple lógica, ya que Rischmawy sí tiene qué defender de
primera mano y nada de cautivar con poses de arribismo de clase.
Lo que encabeza entonces este texto, viene a ser la más clara alabanza de clase a la victoria
del golpismo sobre la Resistencia del pueblo hondureño tras el golpe de Estado.
Sí. Han vencido en ese proceso de blindar el marco jurídico, han vencido en el
reacomodamiento político de las Fuerzas Armadas, han vencido en las concesiones
pendientes antes del golpe, han vencido la frágil estrategia del pueblo en las
calles, han desarticulado la fe en la lucha permanente y han vencido en el
ensamblaje del Plan de País para 30 años, esa camisa de fuerza, esa dama de
hierro medieval donde tendremos que quemarnos queramos o no.
Para ser precisos, y con todo lo doloroso que pueda ser el
asumirlo, LA OLIGARQUIA HA REFUNDADO A HONDURAS con el "Honduras is Open for Business" y, ahora, se apresta para
AUTOCONVOCARSE por medio de plebiscito, con todas las leyes a su favor. La
Honduras que teníamos ya no les funcionaba y debían resetearla. Seguir con esa
Honduras hubiera significado para ellos el interminable diálogo con el único
fin de guardar las apariencias. Las apariencias cayeron con el golpe. Eran
insostenibles, y como fríos fascistas, quitaron de en medio la formalidad
ciudadana y mostraron su esencia: el poder total.
Las ciudades chárter son su punto de inicio. Explicándolo de
una manera gráfica, las chárter son ese tumor inoculado dentro del cuerpo de
Honduras para que en el transcurso de 30 años, produzca una metástasis
incontenible. Todo lo que crezca fuera de ellas será un territorio abandonado
ya que la inversión estratégica será dirigida hacia su crecimiento y lo que
reciba la población fuera de ellas serán simples dádivas de asimilamiento
gradual. Desde esta visión mecánica, al pueblo en Resistencia le sobrevendrá
una pauperización más extrema de la que conocemos, una lucha intestina por la
sobrevivencia y un poder omnímodo articulado por los grandes titiriteros: el
Narco-Estado.
A las chárter, entonces, sólo les faltará la cúpula de
ciencia ficción, esa radiante esfera legal que mantendrá alejadas a las masas
de su desarrollo programático.
Sí, Honduras ha sido refundada y Rishmawy habla con total
razón de clase y con la holgura de ver el paraíso soñado por sus ancestros.
De
nosotros no quedará ni el nombre, porque si ellos se lo proponen, nuestros
nombres, los ingenuos e infantiles, serán borrados de la base de datos del Registro
Nacional de las Personas.
F.E.
Enigma 2
Los vasos canopes guardan mi aceite. Guardan mi trago de ambrosía, mi kopi amargo, mi shedeh espumoso, mi bouza traicionera. En ellos guardaré mi esencia y latido, el golpe bajo y el oscuro temblor que viene de mis entrañas.
Recé por la mañana para que en las columnas del templo nadie borrara mi nombre. Y así he sido fuerte hasta la hora de Ra el potente, la hora en que los árboles no soportan su mirada, su mirada que baja por los obeliscos y se riega como agua de un surtidor resplandeciente. He sido fuerte porque recuerdo mi nombre y de mi nombre crecen ramas de arena, granos que son el polen del desierto, gravilla diminuta que halaga a Seth y lo amansa, para mantenerlo alejado, para que siga escarbando en el lecho del Verde Mismo.
Cuando me ponga en pie y mis ojos se acostumbren a la soledad -oscura como los nubios-, tendré sed, y beberé mi propia sustancia, muchos millones de años antes que la fatiga me acose en las escaleras de la luz total.
F.E.
Recé por la mañana para que en las columnas del templo nadie borrara mi nombre. Y así he sido fuerte hasta la hora de Ra el potente, la hora en que los árboles no soportan su mirada, su mirada que baja por los obeliscos y se riega como agua de un surtidor resplandeciente. He sido fuerte porque recuerdo mi nombre y de mi nombre crecen ramas de arena, granos que son el polen del desierto, gravilla diminuta que halaga a Seth y lo amansa, para mantenerlo alejado, para que siga escarbando en el lecho del Verde Mismo.
Cuando me ponga en pie y mis ojos se acostumbren a la soledad -oscura como los nubios-, tendré sed, y beberé mi propia sustancia, muchos millones de años antes que la fatiga me acose en las escaleras de la luz total.
F.E.
Enigma
No seré yo quien se justifique ante Anubis sacando amuletos comprados al por mayor en el mercado de Tebas, ni seré yo quien descoyunte los huesos de mi cuerpo para insinuar cierta cercanía con Osiris.
Me vendarán, sí, dejarán la ventana abierta para que mi Ba vuele hacia los sicomoros, pero... no seré yo quien espere que las claves repetidas abran las 12 puertas del Duat. Seré más bien algo del viento que sobrevive en el Ro-Setau y que los sacerdotes ocultan en mi sombra, como carta de viento, como piedra de viento, como pequeña rama.
Tuvieron que pasar muchos siglos para que mi Ba se convirtiera en el psicopompo que los griegos miraban llegar a la ventana de la agonía; muchísimos siglos para que el psicopompo aligerara su cuerpo y se transmutara al vuelo de las falenas... sin embargo, no seré yo quien salmodie en la oscuridad suplicando un segundo de carne y hueso, un atisbo a los campos espléndidos, un sorbo de la cerveza dulce que se liba en la eternidad... Más bien, seré el devorador, el atento, el inconmovible dios que abre la boca cuando saltan los corazones despreciados.
F.E.
Me vendarán, sí, dejarán la ventana abierta para que mi Ba vuele hacia los sicomoros, pero... no seré yo quien espere que las claves repetidas abran las 12 puertas del Duat. Seré más bien algo del viento que sobrevive en el Ro-Setau y que los sacerdotes ocultan en mi sombra, como carta de viento, como piedra de viento, como pequeña rama.
Tuvieron que pasar muchos siglos para que mi Ba se convirtiera en el psicopompo que los griegos miraban llegar a la ventana de la agonía; muchísimos siglos para que el psicopompo aligerara su cuerpo y se transmutara al vuelo de las falenas... sin embargo, no seré yo quien salmodie en la oscuridad suplicando un segundo de carne y hueso, un atisbo a los campos espléndidos, un sorbo de la cerveza dulce que se liba en la eternidad... Más bien, seré el devorador, el atento, el inconmovible dios que abre la boca cuando saltan los corazones despreciados.
F.E.
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