jueves, 19 de mayo de 2011

Campos de exterminio nazis


San Francisco, USA, a colores en 1906

 Estas son las rarísimas fotos que mostró yahoo hace unos meses. Rarísimas por el uso del color en tan temprana época de la fotografía. Muestra a una San Francisco devastada por el big one terremoto de 1906.




Y esta foto es impresionante no sólo por la panorámica lograda, sino por los recursos que buscaron para hacerla: un globo y un cable eléctrico para el shoot.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La chispa de la vida


La población mundial está harta, efervescente. Quiere derrumbar el cinismo empresarial, quiere incinerar desde sus raíces la especulación bancaria transnacional y el modo en que la mass media interpreta el deseo de consumo.

Realizada ya hace algún tiempo, esta pieza publicitaria toma la terrible foto del corresponsal de guerra Eddie Adams (el ajusticiamiento de un guerrillero viet mih en Hanoi, 1975) y trivializa con recurso pop lo que en sí es uno de los testimonios gráficos más espantosos del siglo XX; sería como traducir: "La muerte es la chispa de la vida" (eslogan usado por la Coca Cola Company en esa época).

Opalarina


Cuando me encuentro a Lito en la Avenida Cervantes, siempre me veo conducido por él a la librería desde donde Casablanca Editores sigue resistiendo al vendaval.

"Venga, hombre, un ratito nada más. Le voy a mostrar un libro que tiene que leer y que Rubén me ayudó en el diseño". Sé que Rubén y Lito son compinches, y que cada vez que se reúnen o se encuentran, entre broma y recuerdo de andanzas, termina saliendo una publicación, porque ¿qué consecuencias puede dejar una amistad que tiene a los libros y a la memoria como comparsa? un libro, por supuesto, un libro siempre saldrá de ese malabar infinito, de esa molienda de chistes amorosos y de ácidos sulfúricos. Y aquí está de nuevo Pez Dulce, entonces.

Opalarina calza exacto en el contexto actual del golpismo, porque a través del testimonio de Juan Alger, vamos viendo la cotidianeidad de aquellos años en que se fundó nuestra humillación como país, cuando los trenes traían la humareda que sigue persistiendo hasta hoy y cuando de los enormes barracones de mozos, surgía una identidad mezcla de nostalgia y falacia pintoresca.




Opalarina se encuentra en la Librería Cervantes, centro de Tegucigalpa

Dolor de patria -Juan Carlos Zelaya, Comayagua

 Juan Carlos es una grúa que demuele el edificio de cualquier timidez. No puedo describirlo de otra forma. Así lo conocí hace un par de semanas y lo que dice lo hace. "Quiero verte para que platiquemos, Fabricio, estoy aquí en Tegucigalpa y me siento perdido en este desorden"- me dijo. Y en menos de tres horas ya estábamos platicando, y con claridad, la poesía armó la mesa y tiro las barajas, limpias las barajas, nada de solitarios ni de conquián: puro treinta y uno de tres cartas y de ganar o perder rápido. Así se habla con él y así es su poesía.

Me dijo: "Acompañame, que Gloria Oquelí me dio una entrevista en su "Espacio Progresista" de la Globo. Me subió a su carro y como intentando reconocerlo o hacerse la finlandesa, Gloria Oquelí le dio sólamente 5 minutos. "El espacio para la cultura es otro" -le dijo Oquelí, "voy a ver qué espacio le doy" (...) Y Juan Carlos, reconociendo en el tono a la típica filantropía derechizante, agarró sus 5 minutos exactos y le pegó al mango de una sola pedrada. "Soy poeta y estoy en Resistencia. Para mí resistir es publicar un libro y de eso vengo a hablarles..."

Juez de Letras en Comayagua, investigador acérrimo de Cardona Bulnes, bochinchero que no toma una pachita de guaro pero que le encanta la fiesta de los estancos (lo testifican Délmer Membreño y René Novoa, quienes cubrieron su presentación en Comayagua para El Libertador), Juan Carlos Zelaya ha escrito su poemario y ha sido interpretado por el dibujo interior de Allan McDonald, su gran amigo. Imagino a los dos muertos de la risa, tan uno para el otro, y a la poesía, por supuesto, barajando y barajándola toda la noche... ¡treinta y uno, gano!

F.E.


Dolor de patria se encuentra en las librerías del centro de Tegucigalpa.

José Adán Castelar - Entretanto, 1979

Existe una perversa costumbre en el criterio conservador de Honduras: la de ensalzar hasta la santidad a sus creadores cuando el tiempo ha pasado y las relaciones se distienden, atomizadas por la falta de archivos y memoria colectiva. Pero una vez que la obra y el autor encuentran su complemento exacto con la época que visionaron, inicia un absoluto silencio y hacerse los pendejos.

José Adán Castelar -nuestro querido adancito- publicó Entretanto en 1979, un 18 de marzo, en la Editorial de la UNAH, la misma que hoy dirige el ruin Segisfredo Infante, y al decidir por su portada decidió que fuera la bandera que flameaba en su dignidad. No tuvo ningún temor. No midió lo políticamente correcto que hoy es medida de muchos. Eran los días en que la Revolución Sandinista estaba a punto de triunfar y José Adán Castelar lo estaba anunciando, y a la vez, creaba unos puntos suspensivos calientes para Honduras.

Hoy, después de ser Premio Nacional de Literatura, para ningún golpista o asalariado cultural de ellos es conveniente sacar pecho con él. El manoseo de su nombre terminó, dichosamente. Hoy, José Adán Castelar marcha con el pueblo hondureño en Resistencia, tan fiel y valiente como siempre lo ha sido. El mejor homenaje que podemos darle es leerlo de nuevo, concienzudamente, con toda la rebeldía que nos queda por reserva o con toda la rebeldía que todavía desconoce quiénes son sus tatas.

F.E.








La vida de nosotros


Desde hace muchos años, la intervención telefónica ha sido uso común de la policía y ejército hondureño.

Hondutel maneja un sistema de resguardo de llamadas en el cual toda llamada de teléfono fijo se mantiene en sus archivos durante 30 días, similar al que utilizan los sistemas de datos de las telefonías celulares.

Las llamadas en resguardo pueden ser editadas, cambiando frases por otras y utilizadas luego como pruebas legales.

La Ley Especial para Intervenir las Comunicaciones y la Ley de Portabilidad Numérica es otra arma de represión.

Honduras: Cállate o Grita Resistencia!!!!!!!

martes, 17 de mayo de 2011

Petróleo en Honduras: la exploración del golpismo





De los creadores de las ciudades charter, de los creadores del tren inter-oceéanico, de los creadores de Wally... nos llega esta nueva y fantástica aventura sobre un explorador de petróleo que buscó y buscó y ahora encuentra, sin sospechar que la exploración petrolera ya estaba en camino...

Los golpistas se turnan para sacar en sus portadas, y en días diferentes, el espejismo. Ayer le tocó a El Heraldo y hoy, Facussé ataca desde la tribuna, asegurando que ningún gobierno anterior había hecho el intento por la exploración, ocultando que, precisamente Mel, estaba a punto de anunciar la explotación en toda forma bajo concesión Petrocaribe-PDVSA-Petrobras.

Los noruegos y japoneses encargados de la exploración ya habían dado su veredicto, y claro, a la TEXACO y a la SHELL no les gustó que las sacaran del juego explotador una vez que se dio la nueva fórmula de los combustibles. De ahí viene gran parte del golpe de Estado ¿Lo recuerdan?

Las causas perdidas - Jorge Martínez, San Pedro Sula

Yorch se fue por lo cartonero, por esa misma convicción que la poesía murió en sus formas más típicas y vinculantes. Tenía bastante tiempo de llevar esta poesía en ristre y por igual, la edición cartonera salió el año pasado, a finales de esos meses en que, hartos de todo, hacíamos fiestas con cabezas de atún asada y rones habaneros bajo le mango.
Aquí están tres poemas, elegidos más por su pulsación que por un estado crítico que me haya llegado de improviso, y en efecto, la pulsación tenía toda la razón. La pulsación bien pudo llegar por albedrío, al abrir cualquiera de sus páginas:




Los fogoneros

Ninguna rosa se abre ni repica campana alguna en este lugar. Me reúno con los fogoneros que hablan de gobernar esta ciudad atestada de ratas. Cuando un mendigo se me acerca, como un amigo le doy algo de dinero, mientras el erario de todos se hunde en el fango del coñac, entre bebedores de frac y monstruos suavemente retocados para no espantarse a sí mismos.
Es agradable cuando me hundo en la almohada, con alguna esperanza de recibir un manotazo de aire fresco que amortigue el inexorable mañana.


Una fruta

Hubo un tiempo en que mi pelo era abundante y jugaba con todo. Cerca del agua, tu amiga nos había seguido y nosotros deseábamos estar solos ¿Lo recuerdas?  Vos venías detrás de mí, apenada, con tus sandalias de madera y tu vestido de manta. Miremos desde aquí a los corredores, te dije, ya están listos.
Acodados contra la calle los vimos hacer su número. Con furia inusual mi entrepierna lo horadaba todo en la ondulación tibia. Sin ruido, mis manos enlazaron la cintura de tu amiga y la embestí suavemente, con total descaro, y te vi triste y lejana, y otra vez triste. Como es usual, los recuerdos  no pueden ordenarse. El viejo vigilante de la estancia se acercó para hacernos una pregunta inútil, y yo huí de furia.
Esa tarde, desmelenado, oriné en le sendero, cerca de las acrobacias, y te vi, virgen todavía, utópica, buscarme por la alameda.
Nadie nos vio esa tarde, hondos en el bosque. Levanté tu velo en la llanura, lejos de todo. Como un paria vagué por el mármol y los campanarios. Oficié en lo alto de la cúpula y en el monte me refugié como un mendigo, y pude sentir tu imagen como una fruta, en mis manos.


Nuestro relato maldito

Todavía es el momento de los vulgares burgueses y su pequeño universo de hipocresía. Es el momento de las religiones  y la estupidez, de la desnudez femenina, de las mujeres esclavas, de los sillones imperiales tras las murallas, del ballet descolorido, de las melodías insufribles. La vulgaridad y sus joyas gotean desde la platea, sobre los tablados y el césped, y su bruma somete a los inocentes, a los poetas ingenuos, a los que mendigan un espacio para el arte. Los pálidos burgueses, los pueblerinos insulsos pretenden vigilar maliciosamente nuestro relato maldito.


lunes, 16 de mayo de 2011

Patuca III: lo mediático y lo artesanal


 Cuando este diario-boletín se lanza a la aventura del periodismo de investigación lo hace con esa mezcla de incoherencias que va desde el patriotismo a lo filantrópico. Pero claro, siempre es una avanzada empresarial, una preparación del terreno para socializar la explotación.

En el reportaje que le hacen a los buscadores de oro no se van por las ramas y sueltan su verdad acremente: "A pocos metros de donde se buscan las pequeñas pepitas se construirá la cortina del proyecto Patuca III..." lo que significa, que ese pequeño yacimiento de subsistencia será borrado del mapa por el agua.
 El reportaje aparenta un enaltecimiento al trabajo duro de los pobres, ese enaltecimiento bíblico que llena de santidad a la miseria, pero en el fondo, el susodicho reportaje nos dice: "ahí es tan poco el oro que se saca que no vale la pena proteger la subsistencia de los buscadores...¡avancemos con la cortina!", así que toda la intención es dejar bien claro que el progreso no debe detenerse cuando no existen ganancias económicas globales en el pequeñísimo esfuerzo de los pobladores.

 En contraste, la cortina que necesita urgentemente Tegucigalpa para suplir de agua potable a una población sedienta, ni siquiera entra en los planes de la oligarquía transnacional, ya que esta es de beneficio público y no privado, como sí lo será el Patuca III, proyecto reconvertido y entregado a las manos privadas después del golpe de Estado y de las concesiones aprobadas por el Congreso golpista, ya que originalmente, el Patuca III estaba dentro del plan estratégico de desarrollo que Manuel Zelaya impulsaba desde su gobierno.

Y lo patético (y bien lo sabemos todos), es el mendigar de las organizaciones obreras de Honduras, el suplicar que el proyecto "incluya a trabajadores hondureños", como si no fuera en nuestra tierra que se alzará la cortina. Y bien sabemos que  la oligarquía es capaz de no emplear ni a los buscadores de oro que serán expulsados del lugar, porque como ha sucedido en la construcción de malls en Tegucigalpa y San Pedro Sula, se prefiere la mano de obra baratísima de nicas, así que el espejismo que se vende es espejismo de cabo a rabo.

F.E.

domingo, 15 de mayo de 2011

Breve deja vú

Bajamos con Mayra por el Barrio Las Delicias. Esteban camina por la sombra, la única sombra que deja la tarde calcinante. Del otro lado del Río Choluteca viene un sonido tribal indiscutible: el mugido prolongado de un cuerno de la Ultra Fiel. Se repite una y otra vez y todo el silencio se va tras él, se hace color, tumulto, pero no se ve nada más que los rostros expectantes de los niños que señalan y dicen: "Allá va la Ultra, vamos".
El súpermercado pasa a intervalos la canción del Olimpia y el Motagua, muchos compran la ración de alcohol para celebrar o meterse a un letargo que haga parecer sueño la pérdida.

Tres a  uno. La Revo se quita las camisetas y lanzan su coro de fogatas y banderas. Anoche estuvimos en un fuego cruzado que bien pudo impactar en nosotros. El taxi se metió a la calle que nadie se mete de noche y, puntualmente, el chavo pelo largo saltó frente al taxi mientras un tipo le disparaba desde unos 30 metros. Blan blan blan, y nosotros sobre Esteban escuchando las detonaciones. Fueron segundos y amaneció de nuevo.Lo salvamos... de no haberse atravesado nuestro taxi, lo hubieran cazado. Nos salvamos... de haber disparado a ciegas las balas hubieran sido para nosotros. Amaneció y caminamos de nuevo, los tres, por El Cantón, con la tarde incinerando las puertas, y como un mal trailer, Mayra reconoce en quien va en la otra acera, al mismo chavo pelo largo que anoche saltó frente a nosotros con todas las balas tras de él. El mismo. El amuleto ambulante. Al que salvamos interponiéndonos. De nuevo nos cruzamos, ya sin fuego, sólo con la paradoja a cuestas y la celebración distante de un cuerno tribal.

Es incierta la vida, es

F.E.





Fotos: Chaliobala ®

viernes, 13 de mayo de 2011

Escritores inclasificables: la extrañeza (primera parte) - Daniel González Dueñas


a Valentina, a Erick

1
Una de las características de la mentalidad binaria occidental es la trampa dialéctica: resulta imposible concebir lo “alto” sin lo “bajo”, lo “lejano” sin lo “cercano”, lo “antiguo” sin lo “moderno”. Cualquier adjetivo implica, por contraposición, a su contrario. Por eso se dice que el poder depende de sus detractores, y sólo una mentalidad binaria puede afirmar, con total convicción, que la excepción confirma a la regla. Este mecanismo se presenta, desde luego, en la esfera del arte. Así por ejemplo, cualquier eufemismo que intenta calificar a la literatura “heterodoxa” reafirma (o recrea) a la ortodoxa.
Julio Cortázar-Argentina

Cuando Rubén Darío usó la denominación “los raros” para aludir a artistas irreductibles a fórmulas o corrientes, no desconocía que esa misma palabra consagraba indirectamente a lo opuesto: los no-raros, es decir aquellos que automáticamente quedaban definidos como “los normales”. Incluso la frase “escritor secreto” parece destacar automáticamente, quiérase o no, a aquello que no es secreto, es decir, a lo que tiene divulgación.
Clementina Suárez - Honduras

Por lo demás, si la palabra “secreto” resulta peligrosa, no es sólo porque con ella parece sugerirse que se trata de escritores que no llegaron a publicar sino, peor aún, que se escondieron de la sociedad. En los casos en que se hace trampa, llamar “subterránea” a esta corriente (a partir de la denominación inglesa underground) no hace sino afianzar el reinado de lo superficial; pero existe otra forma que podría llamarse “transparente”, para la cual la literatura extraña es un poderoso testimonio de lo inclasificable, de lo irreductible, de lo paradójico, de lo simultáneo.
Margarite Duras - Francia
Hablaremos aquí de escritores inclasificables, de aquellos que parecen más reacios o más resistentes a las clasificaciones, pero es necesario darse cuenta de que ya el término “escritores inclasificables” es en sí una clasificación: se los clasifica precisamente como inclasificables. Puesto que los actos de inventariar, catalogar y jerarquizar resultan inevitables para nuestra mentalidad —que sólo sabe guiarse por los rubros, las etiquetas y las definiciones sumarias—, he elegido ese mote de “escritores inclasificables” no porque sea la más correcta o la más justa, sino porque es la que menos equívocos convoca: es la única que contiene su propia negación, la única que se permite dudar de sí misma abiertamente. Las otras dos que son benignas, “secretos” y “transparentes”, no están exentas de equívocos; al usarlas habría que explicar que los escritores aludidos no son “secretos” porque se hayan ocultado (aunque algunos sí lo hayan hecho deliberadamente) sino porque no manifestaron ningún interés en “hacerse notar” por su sociedad (en esta línea no hay sino un paso para llamarlos “invisibles”); y si se les calificara como “transparentes” habría que añadir que no es porque uno pudiera ver a través de ellos (aunque a nivel metafórico es el caso de muchos de estos escritores) sino porque no jugaron ese juego de las oscuridades graduadas al que se llama “vida socioliteraria”.
Paul Celán -Rumania
(Por la misma naturaleza del tema que nos ocupa, ninguno de los marcos de referencia aquí usados puede ser entendido como fijo e inamovible: todos son ambiguos y esquivos, y contienen más excepciones que reglas. Así, por ejemplo, el hecho de negarse a participar del juego de prestigios de la “vida cultural” no es en ninguna forma un determinante; algunos de estos escritores manifestaron un rechazo tajante a la autopromoción, es cierto, pero otros aceptaron, cada uno a su manera, jugar ese juego.)
Nelson Merren - Honduras
Ha habido muchas formas de llamarlos, de aludir a esa forma de la extrañeza a la que estos escritores representan y encarnan. Puesto que Rubén Darío los llamó “los raros”, es esa la etiqueta que más se emplea, sin duda debido al prestigio del poeta nicaragüense; sin embargo, como se ha visto, esa denominación no está exenta de precariedad y trampa, como tampoco lo están las más frecuentes, entre ellas “heterodoxos” y “subterráneos”. Casi cada crítico que se interesa en estas figuras propone nuevos eufemismos porque no hay quien no se dé cuenta de que todas esas fórmulas fallan cuando tratan de aludir a estas personalidades sui generis.
Herman Melville - Estados Unidos
Cuando en cualquier medio de comunicación se usan lugares comunes como la frase “escritor de reconocido prestigio”, brinca por detrás algo como una autoridad que parece totalmente independiente de esos medios: si algo es mencionado con respeto (aunque éste sea formal y de mero trámite), y si estas menciones son reiteradas, se provoca en el escucha un sobreentendido correspondiente a “Por algo será”. Toda referencia acerca de lo reconocido se hace siempre pensando que sucede en un mundo abstracto, puro, desapasionado, en el que el reconocimiento se da por sí mismo, “por méritos propios”, y que por lo tanto no depende —como en realidad sucede— de una avalancha de factores sociales, culturales y políticos, y sobre todo de mecanismos de propaganda y publicidad, como en el caso de cualquier “producto”.
Anais Nin - Francia

Sabemos muy bien que la propaganda y la publicidad se basan en la repetición: mientras más se reitera un nombre más se aumentan las posibilidades de que la memoria colectiva lo retenga. La repetición genera el reconocimiento: el “producto” comienza a ser reconocido, es decir, comienza a tener prestigio, que es lo que se entiende como renombre. Los medios nos hacen sobreentender que si un nombre se repite es “por méritos propios”, y sin duda así sucede en muchos casos, pero el acento no está en el mérito sino en el consenso que define a lo que es meritorio y a lo que no lo es. Y ese consenso resulta muy simple: es meritorio lo que se repite, y se repite lo que es meritorio. Nosotros, los supuestos beneficiarios de los medios masivos (en realidad somos sus consumidores), sabemos que esos medios no pueden cubrirlo todo y que hacen una selección. Lo curioso es que, aunque intuimos que en esa selección “ni están todos los que son ni son todos los que están”, a la vez pensamos que los que están, son, y los que no están, no merecen existir (existir es tener los méritos necesarios para “estar en la luz pública”).
Arthur Rimbaud - Francia

Sabemos que la información es selectiva y discriminatoria, pero creemos que basta atender a los medios para estar informado: los medios no pueden ufanarse de cubrir la totalidad de lo que sucede en el mundo en todo momento y lugar, y ni siquiera lo intentan; no nos hacen sobreentender que lo que no mencionan no existe, sino sencillamente que no vale la pena, que no tiene méritos, que no ha sido reconocido por el consenso. Por tanto, no nos preocupa ignorar a todo aquello que no tiene prestigio suficiente, es decir, que carece de los méritos necesarios para estar “en el candelero”. Brillar, ser notorio o reconocible resulta la meta apetecida o “éxito”, cuya falencia implica al temido “fracaso”: no ser capaz de salir de la oscuridad y del anonimato.
Cormac McCarthy- Estados Unidos
Y puesto que cualquiera puede llamar la atención a partir de la extravagancia, la vociferación o la sordidez (ahí está la estereotípica historia de Eróstrato, que supuestamente incendió la Biblioteca de Alejandría con objeto de lograr la perduración de su nombre), existen rígidas reglas para la “ascensión”, es decir para demostrar los méritos. Quien no sigue ese decálogo (basado en la baja pasión, el canibalismo y la doble moral) no obtiene reconocimiento oficial y queda fuera del canon.
Charles Bukowski- Estados Unidos

Existe todavía otra inferencia, aún más agresiva: la de que acaso un determinado autor tuvo prestigio en “su” tiempo, pero lo ha perdido y, por tanto, ya no es “vigente”, es decir, ya no pertenece a “los temas de actualidad”: ha perdido injerencia en el presente, lo cual significa que está fuera de la historia. Aquí actúa otro rapaz lugar común referido a la progresión prestigio/fama/gloria: “es peor haberlo tenido y perdido que nunca haberlo tenido”.
Roberto Monzón - Guatemala

La gran palabra que se relaciona con esto es “éxito”. El lenguaje de los medios y sus inferencias muestran claramente que cuando se usa esa palabra no se habla de un triunfo humano, artístico o espiritual, sino de una victoria de la capacidad individual para hacerse notar y convencer al consenso del valor y autoridad de la obra personal. El sobreentendido es apabullante: quien no emprende esa tremenda lucha contra el anonimato, carece de toda autoridad (si no reclama por sí mismo la voz cantante, nadie va a concedérsela, pero tampoco si no lo hace en los términos aceptados y acatando las severas reglas establecidas para reclamar un sitio en el medio cultural). Y en la retórica del poder que rige a Occidente, no hay mayor contradicción que la de un autor sin autoridad.
Jorge De Bravo - Costa Rica

Puede imaginarse que por cada acto o hecho mencionado por los medios hay innumerables sucesos que ellos no recogen; en ese vasto cúmulo de lo insignificante (lo que llega a los medios es, como se sobreentiende, lo significativo) quedan, tal vez, innumerables sucesos que podrían llamarse insignificantes, pero también otros que podrían ayudarnos a redefinir esa tabla de valores que determina para los medios lo que significa y lo que no lo hace. Ese vasto e incierto territorio es la Tierra de Nadie de los medios, que cubre desde lo “insignificante” hasta lo “no prioritariamente significativo”.
Leonel Rugama -Nicaragua

Una gran inferencia que aquí sólo puede tratarse de paso es la que ejemplifica muy bien un lugar común entre los antropólogos: “Los pueblos felices no tienen historia”. Sólo tiene historia lo que implica a lo contrario de la “felicidad” (tan precaria y tramposamente definida como lo es su opuesto): conflicto, devastación, catástrofe, tragedia. No resulta gratuita esta liga entre historia y rapiña (o entre felicidad e insignificancia) y, de hecho, de ella proviene una de las mayores venganzas mediáticas contra lo inclasificable. Un turbio sobreentendido implica que los “pueblos felices” no son desarrollados ni evolucionados y que son ajenos al progreso. La palabra “felicidad”, en este contexto, infiere primitivismo. En una palabra, la expresión “pueblos felices” implica que son tontos, puesto que la inteligencia es amargura y cinismo, o no es. Esta es la liga que suele hacerse entre los escritores inclasificables y lo naïf.
Henry Miller - Estados Unidos

Es por todo ello que Henry Miller llega a exclamar:

Estar en silencio todo el día, no ver ningún periódico, no oír ninguna radio, no escuchar ningún chisme, abandonarse absoluta y completamente a la pereza, estar absoluta y completamente indiferente al destino del mundo, es la más hermosa medicina que uno puede tomar. Poco a poco se suelta la cultura libresca; los problemas se funden y se disuelven; los ligámenes se rompen; el pensamiento, cuando uno se digna entregarse a él, se hace muy primitivo; el cuerpo se transforma en un nuevo y maravilloso instrumento; se mira a las plantas, a las piedras y a los peces con ojos diferentes; se pregunta uno a qué conducen las luchas frenéticas en que están envueltos los hombres [...]. Los periódicos engendran mentiras, odio, codicia, envidia, sospecha, temor, malicia. No necesitamos a la verdad tal como nos la sirve la prensa diaria. Lo que necesitamos es paz, soledad y ocio. [El coloso de Marusi, 1941.]


“¡Qué irresponsabilidad!”, espeta el hombre de los media, incapaz de concebir a alguien que no quiera estar “al corriente” de lo que sucede en el mundo. Pero Miller no habla de irresponsabilidad, todo lo contrario: atisba lo que podría ser el individuo si lograra deshacerse de lo que hacen los medios con él (no estamos al corriente del mundo sino en la corriente mediática): sólo entonces podría comprometerse verdaderamente con el mundo. Miller, ese gran inclasificable, sabe que sólo estamos comprometidos con los medios, esto es, con la realidad que ellos presentan; que lo que llamamos mundo es la imagen construida expresamente para construir al hombre que debe habitarla. La obra de Miller es el testimonio de su intenso compromiso, del insobornable impulso que lo lleva no a la autogratificación narcisista sino a la exigencia de redefinición, comenzando por las palabras paz (una renuncia a las guerras de todo tipo en que consiste la cotidianidad), soledad (un rechazo al compacto gregarismo necesario para mantener incólume a la pirámide del poder) y ocio (un reclamo del tiempo y el espacio interiores a los que la imperante imagen del mundo ataca y adormece). 

martes, 10 de mayo de 2011

Honduras ha sido refundada



“Hoy sin duda que se sembró la semilla de un nuevo país. Un país que resurge del aislamiento y que muestra al mundo que está preparado para hacer negocio con ellos. Un país que renace con una nueva gestión diplomática que se ha llevado a cabo de un modo cuidadoso y sistemático, promoviendo ante el mundo la imagen de una Honduras renovada , de un país democrático y solidario, respetuoso de los derechos humanos, interesado en el desarrollo de su economía y sumamente comprometido con el bienestar de su población.” (Nicolás Rishmawy)

Nicolás es uno de los pocos milagros intelectuales del pensamiento árabe hondureño, de ese criollismo exótico que mezcla la idea del clan palestino con la idea del costumbrismo político más ranció del Partido Nacional.  Lleva muchos años describiendo lo que debería ser el desarrollo estratégico del capital, intentando humanizar dialécticamente lo que en la práctica son las reglas del sometimiento más atroz y humillante de Honduras.
Es –mejor decirlo a rajatabla- uno de los más fríos propagandistas de la oligarquía nacional árabe y, por lo tanto, maneja en sus opiniones, la esencia de lo que toda una generación de nuevos oligarcas ha buscado para asegurar sus negocios. En esto, es mucho mejor analista que Juan Ramón Martínez, por simple lógica, ya que Rischmawy sí tiene qué defender de primera mano y nada de cautivar con poses de arribismo de clase.

Lo que encabeza entonces este texto, viene a ser  la más clara alabanza de clase a la victoria del golpismo sobre la Resistencia del pueblo hondureño tras el golpe de Estado. Sí. Han vencido en ese proceso de blindar el marco jurídico, han vencido en el reacomodamiento político de las Fuerzas Armadas, han vencido en las concesiones pendientes antes del golpe, han vencido la frágil estrategia del pueblo en las calles, han desarticulado la fe en la lucha permanente y han vencido en el ensamblaje del Plan de País para 30 años, esa camisa de fuerza, esa dama de hierro medieval donde tendremos que quemarnos queramos o no.

Para ser precisos, y con todo lo doloroso que pueda ser el asumirlo, LA OLIGARQUIA HA REFUNDADO A HONDURAS con el "Honduras is Open for Business" y, ahora, se apresta para AUTOCONVOCARSE por medio de plebiscito, con todas las leyes a su favor. La Honduras que teníamos ya no les funcionaba y debían resetearla. Seguir con esa Honduras hubiera significado para ellos el interminable diálogo con el único fin de guardar las apariencias. Las apariencias cayeron con el golpe. Eran insostenibles, y como fríos fascistas, quitaron de en medio la formalidad ciudadana y mostraron su esencia: el poder total.

Las ciudades chárter son su punto de inicio. Explicándolo de una manera gráfica, las chárter son ese tumor inoculado dentro del cuerpo de Honduras para que en el transcurso de 30 años, produzca una metástasis incontenible. Todo lo que crezca fuera de ellas será un territorio abandonado ya que la inversión estratégica será dirigida hacia su crecimiento y lo que reciba la población fuera de ellas serán simples dádivas de asimilamiento gradual. Desde esta visión mecánica, al pueblo en Resistencia le sobrevendrá una pauperización más extrema de la que conocemos, una lucha intestina por la sobrevivencia y un poder omnímodo articulado por los grandes titiriteros: el Narco-Estado.

A las chárter, entonces, sólo les faltará la cúpula de ciencia ficción, esa radiante esfera legal que mantendrá alejadas a las masas de su desarrollo programático.
Sí, Honduras ha sido refundada y Rishmawy habla con total razón de clase y con la holgura de ver el paraíso soñado por sus ancestros. 

De nosotros no quedará ni el nombre, porque si ellos se lo proponen, nuestros nombres, los ingenuos e infantiles, serán borrados de la base de datos del Registro Nacional de las Personas.

F.E.

Enigma 2

Los vasos canopes guardan mi aceite. Guardan mi trago de ambrosía, mi kopi amargo, mi shedeh espumoso, mi bouza traicionera. En ellos guardaré mi esencia y latido, el golpe bajo y el oscuro temblor que viene de mis entrañas.

Recé por la mañana para que en las columnas del templo nadie borrara mi nombre. Y así he sido fuerte hasta la hora de Ra el potente, la hora en que los árboles no soportan su mirada, su mirada que baja por los obeliscos y se riega como agua de un surtidor resplandeciente. He sido fuerte porque recuerdo mi nombre y   de mi nombre crecen ramas de arena, granos que son el polen del desierto, gravilla diminuta que halaga a Seth y lo amansa, para mantenerlo alejado, para que siga escarbando en el lecho del Verde Mismo.

Cuando me ponga en pie y mis ojos se acostumbren a la soledad -oscura como los nubios-, tendré sed, y beberé mi propia sustancia, muchos millones de años antes que la fatiga me acose en las escaleras de la luz total.

F.E.


Enigma

No seré yo quien se justifique ante Anubis sacando amuletos comprados al por mayor en el mercado de Tebas, ni seré yo quien descoyunte los huesos de mi cuerpo para insinuar cierta cercanía con Osiris.

Me vendarán, sí, dejarán la ventana abierta para que mi Ba vuele hacia los sicomoros, pero... no seré yo quien espere que las claves repetidas abran las 12 puertas del Duat. Seré más bien algo del viento que sobrevive en el Ro-Setau y que los sacerdotes ocultan en mi sombra, como carta de viento, como piedra de viento, como pequeña rama.

Tuvieron que pasar muchos siglos para que mi Ba se convirtiera en el psicopompo que los griegos miraban llegar a la ventana de la agonía; muchísimos siglos para que el psicopompo aligerara su cuerpo y se transmutara al vuelo de las falenas... sin embargo, no seré yo quien salmodie en la oscuridad suplicando un segundo de carne y hueso, un atisbo a los campos espléndidos, un sorbo de la cerveza dulce que se liba en la eternidad... Más bien, seré el devorador, el atento, el inconmovible dios que abre la boca cuando saltan los corazones despreciados.

F.E.

lunes, 9 de mayo de 2011

Eucalipto


Tantísimos años llegando a la casa y es una noche de mayo la que me revela a un eucalipto glorioso y sangriento.