“Hoy sin duda que se sembró la semilla de un nuevo país. Un
país que resurge del aislamiento y que muestra al mundo que está preparado para
hacer negocio con ellos. Un país que renace con una nueva gestión diplomática
que se ha llevado a cabo de un modo cuidadoso y sistemático, promoviendo ante
el mundo la imagen de una Honduras renovada , de un país democrático y
solidario, respetuoso de los derechos humanos, interesado en el desarrollo de
su economía y sumamente comprometido con el bienestar de su población.”
(Nicolás Rishmawy)
Nicolás es uno de los pocos milagros intelectuales del
pensamiento árabe hondureño, de ese criollismo exótico que mezcla la idea del
clan palestino con la idea del costumbrismo político más ranció del Partido
Nacional. Lleva muchos años describiendo
lo que debería ser el desarrollo estratégico del capital, intentando humanizar
dialécticamente lo que en la práctica son las reglas del sometimiento más atroz
y humillante de Honduras.
Es –mejor decirlo a rajatabla- uno de los más fríos
propagandistas de la oligarquía nacional árabe y, por lo tanto, maneja en sus
opiniones, la esencia de lo que toda una generación de nuevos oligarcas ha
buscado para asegurar sus negocios. En esto, es mucho mejor analista que Juan
Ramón Martínez, por simple lógica, ya que Rischmawy sí tiene qué defender de
primera mano y nada de cautivar con poses de arribismo de clase.
Lo que encabeza entonces este texto, viene a ser la más clara alabanza de clase a la victoria
del golpismo sobre la Resistencia del pueblo hondureño tras el golpe de Estado.
Sí. Han vencido en ese proceso de blindar el marco jurídico, han vencido en el
reacomodamiento político de las Fuerzas Armadas, han vencido en las concesiones
pendientes antes del golpe, han vencido la frágil estrategia del pueblo en las
calles, han desarticulado la fe en la lucha permanente y han vencido en el
ensamblaje del Plan de País para 30 años, esa camisa de fuerza, esa dama de
hierro medieval donde tendremos que quemarnos queramos o no.
Para ser precisos, y con todo lo doloroso que pueda ser el
asumirlo, LA OLIGARQUIA HA REFUNDADO A HONDURAS con el "Honduras is Open for Business" y, ahora, se apresta para
AUTOCONVOCARSE por medio de plebiscito, con todas las leyes a su favor. La
Honduras que teníamos ya no les funcionaba y debían resetearla. Seguir con esa
Honduras hubiera significado para ellos el interminable diálogo con el único
fin de guardar las apariencias. Las apariencias cayeron con el golpe. Eran
insostenibles, y como fríos fascistas, quitaron de en medio la formalidad
ciudadana y mostraron su esencia: el poder total.
Las ciudades chárter son su punto de inicio. Explicándolo de
una manera gráfica, las chárter son ese tumor inoculado dentro del cuerpo de
Honduras para que en el transcurso de 30 años, produzca una metástasis
incontenible. Todo lo que crezca fuera de ellas será un territorio abandonado
ya que la inversión estratégica será dirigida hacia su crecimiento y lo que
reciba la población fuera de ellas serán simples dádivas de asimilamiento
gradual. Desde esta visión mecánica, al pueblo en Resistencia le sobrevendrá
una pauperización más extrema de la que conocemos, una lucha intestina por la
sobrevivencia y un poder omnímodo articulado por los grandes titiriteros: el
Narco-Estado.
A las chárter, entonces, sólo les faltará la cúpula de
ciencia ficción, esa radiante esfera legal que mantendrá alejadas a las masas
de su desarrollo programático.
Sí, Honduras ha sido refundada y Rishmawy habla con total
razón de clase y con la holgura de ver el paraíso soñado por sus ancestros.
De
nosotros no quedará ni el nombre, porque si ellos se lo proponen, nuestros
nombres, los ingenuos e infantiles, serán borrados de la base de datos del Registro
Nacional de las Personas.
F.E.






















































