



Cámara de gas




El blanco y negro tiene un doble filo: cuando sólo se tenía a él como gama cromática pasaba naturalmente como foto-reportaje ( la mayoría de fotos que conocemos del holocausto judío y de la represión del levantamiento en Varsovia durante 1944 fueron tomadas por las autoridades nazis, quienes tenían en alta consideración el archivar sistemáticamente sus "visctoriosos pasos sobre los untermenchs"). El otro filo está en la actualización del B/N en estos tiempos full color, lo cual lo hace -en cierta forma- capaz de sublimar o atemperar lo dantesco y la brutalidad de la realidad mediaticamente omnipresente. Cuando el B/N se queda en los libros de historia provoca un alejamiento de sueño pero cuando la extrema realidad del presente se convierte en B/N el sueño se convierte en realidad.
¿Y qué ocurre cuando le damos el color de la vida real a los archivos históricos? Las texturas se palpan, el olor se siente en su bofeteada más promiscua, la realidad de un tiempo monstruoso adquiere su exacta dimensión moral, y la negación de los actos más bárbaros se esfuma.
A 64 años de haberse revelado la magnitud del desatre nazi, Auschwitz-Bierkenau, Dachau, Treblinka, Sobibor, Madjanek, Ravensbruck, Buchenwald, Ebensee, Flossenbürg, Neuengamme, Plaszow, Bergen-Belzen, Mauthausen y otros campos de muerte siguen resonando, como una campana en un pozo sin fondo.
¿Y qué ocurre cuando le damos el color de la vida real a los archivos históricos? Las texturas se palpan, el olor se siente en su bofeteada más promiscua, la realidad de un tiempo monstruoso adquiere su exacta dimensión moral, y la negación de los actos más bárbaros se esfuma.
A 64 años de haberse revelado la magnitud del desatre nazi, Auschwitz-Bierkenau, Dachau, Treblinka, Sobibor, Madjanek, Ravensbruck, Buchenwald, Ebensee, Flossenbürg, Neuengamme, Plaszow, Bergen-Belzen, Mauthausen y otros campos de muerte siguen resonando, como una campana en un pozo sin fondo.





























































