lunes, 19 de enero de 2009

Tegucigalpa a paso lento






































“La ciudad me parecía suspendida por los cables… si cortaban o se caía algún poste, yo creía que Tegucigalpa se iba a caer”… ¡una ciudad marioneta! –dijimos- ¡vaya mirada la de Florián! De esto y otras cosas hablamos (y discursamos) Samuel Trigueros, Edgardo Florián y yo durante un conversatorio al que Edgar Soriano nos convocó hace algunos meses, bajo el nombre “Ciudad y creador ¿cómo influye la ciudad en la poesía?”.

De mi parte, puse al tapete aquello que venía sintiendo desde hace mucho: que de una acera a otra se puede sentir el vértigo de las épocas por las que ha pasado Tegucigalpa desde su fundación, en un ciclotímico crecimiento (me gusta este término psicológico porque para mi la ciudad crece en espasmos de furia y mansedumbre), arrebato arquitectónico que a la fecha mezcla todas las tendencias, pero todo –por supuesto- bajo la actual maraña de los cables.

Pocos rincones de la vieja Tegucigalpa quedan libres del cableado; prácticamente se puede creer en la existencia de eléctricos y tenebrosos insectos que extienden un cable más cada noche. Quizá de ahí venga esa sensación de envejecimiento que muestran los barrios, o quizá, ese imperceptible craquelado que ocurre frente a nuestras narices, sea tan sólo el marchitarse de una idea que dio sustento al paisaje urbano hasta agotarse definitivamente. No obstante, esa caída lentísima es lo que le da una belleza irrepetible a la antañona capital, una lentitud que pareciera la que vive un palacete de pecera, lo que explicaría la forma de burbuja hermosa con que nacen las ideas por aquí hasta reventarse al contacto de la superficie (la universalidad, digamos).

Bueno, el punto es que los habitantes de estas zonas urbanas –La Cabaña, La Leona, Los Dolores, la Fuente, Buenos Aires, Las Delicias, El Barrio Abajo- habitan la mansedumbre con una complacencia deliciosa, ya que su pequeño circuito los abastece de todo lo que pueda desear un habitante de ciudad: paisaje, practicidad, vértigo y promiscuidad, sobretodo esto último, el roce con la materia que se descompone bajo el frío o la lluvia, con lo que se va o se fragmenta, con los ojos y cuerpos de los vecinos expuestos a corta distancia, con sus gritos, sus gemidos, sus risas, sus secretos más guardados… en fin, con el tiempo mostrándose sin pudor o maquillaje cada salida y puesta de sol.

Hasta no recorrerla a pie no se sabe qué cosas guarda Tegucigalpa y qué nos hace apegarnos a este lugar. César Rivera, primo mío, tiene la acertada costumbre de invitar a algún amigo para subir todo el vericueto de cuestas en su carro. Mientras esto sucede, entre cerveza, plática y Pink Floyd, El Bosque y Buenos Aires lo van dejando pasar –lentamente y bajo vigilancia de doña aristocrática con ranciedad católica- hasta que los perros callan o hasta el último suspiro de una bombilla del alumbrado público… We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year… sí, así es y así nos vamos caminando con Hugo Bautista por todas esas subidas y bajadas, cámara en mano, tratando de registrar lo aparentemente cotidiano, pero que visto detenidamente, se convierte en otro mundo, en otra historia que no tiene nada que ver con uno… hasta que no decidimos recorrerla.

F.E.

viernes, 16 de enero de 2009

Tristia, Ovidio


En Las Tristes (Tristia) de Publio Ovidio Nason (43 a.C-17 d.C) el viento está siempre presente como vehículo para llevar sus palabras o súplicas, desde el remoto destierro (costas del Ponto Euxino, actual Mar Negro) hasta la urbe Romana que tanto extraña y que se ve obligado a cantar con nostalgia en forma de cármenes, rogando que el viento lo acerque, aunque sea en versos, a ella: "Mira qué llevo, nada aquí verás, sólo tristeza..." Si alguien de vosotros pregunta, empero, de dónde he cantado tantas cosas dolientes, muchas sufrí dolientes... En tanto, ¿qué, si no tristeza, tratarán mis librillos?..."

Resulta dolorosa esta lectura de las Tristes después de leer la exultante seguridad y picardía con que Ovidio aborda la vida en El Arte de Amar (Ars Amandi), y sin embargo, se va leyendo entre líneas el afán astuto de impresionar a César Augusto para lograr el indulto y poder morir, como dice él, al solaz de la patria . Es a él, precisamente, a quien dirige sus ruegos y sus tristes zalamerías; por ejemplo, dirigiéndose a las furiosas olas del Ponto, que en sus versos amenazan el hipotético barco en el cual regresa a Roma escribe: "Si con la pena, cuanta merecí, quereís destruirme, para el juez mismo, que la muerte es menor a mi culpa. Si mandarme ya hubiese querido a las ondas estigias César, no ocuparía para ello vuestra ayuda..."

Al viento de los siglos, entonces, las palabras del gran poeta latino, y por supuesto, la terrible grandeza de toda una época que se resiste a desaparecer y vivir, aunque sea en estas volátiles letras.


A dondequiera que miro, nada hay, sino el Ponto y el aire:
éste de olas hinchado, minaz aquel de nubes.
Entre ambos, con terrible murmullo braman los vientos,
a qué dueño obedezca, la onda del mar ignora.
Porque ya toma fuerzas el Euro desde el orto purpúreo,
ya desde el tardo ocaso enviado, llega el Céfiro,
ya desde Osa seca sopla con furia el gélido Bóreas,
ya el Noto por adverso frente batallas lleva...


quocumque aspicio, nihil est, nisi Pontus et aer,
fluctibus hic tumidus, nubibus ille minax.
inter utrumque fremunt inmani murmure venti.
nescit, cui domino pareat, unda maris.
nam modo purpureo vires capit Eurus ab ortu,
nunc Zephyrus sero vespere missus adest,
nunc sicca gelidus Boreas bacchatur ab Arcto,
nunc Notus adversa proelia fronte gerit...

Los cantos delicados brotan de un alma serena;
por súbitos males, adversos son mis tiempos.
Los cantos buscan del escritor retiro y sosiegos:
a mí, mar; a mí, vientos; fiero me agita el invierno.
Todo miedo estorba los cantos: yo, perdido, imagino
que una espada ya, ya, en mi garganta clávase.


carmina proveniunt animo deducta sereno;
nubila sunt subitis tempora nostra malis.
carmina secessum scribentis et otia quaerunt;
me mare, me venti, me fera iactat hiems.
carminibus metus omnis obest; ego perditus ensem
haesurum iugulo iam puto iamque meo.

jueves, 15 de enero de 2009

Memín y Kalimán












Estaría yo en tercer grado -no recuerdo muy bien-, 1983 quizá, el punto es que el diario traía inserto esa mañana dos ejemplares gratis de las historietas que iniciarían una moda que se extendió por varios años y por muchas colecciones asombrosamente grandes.

kalimán y Memín se convertieron a partir de ahí en la plática normal de los niños ochenteros, entre las ñoclas de los "maules" y la chimiricuarta de las noches.

Recuerdo que por primera vez miraba retratada una versión fantástica y serial de los dioses del Olimpo (Calypso caía rendidamente enamorada de Kalimán y Caronte luchaba cuerpo a cuerpo con el hombre invencible) y eso me llevó a redoblar la lectura clásica de la mitología greco-latina, sí, es correcto: de una mitología moderna a una mitología antigua. ¡Vaya cuarto de espejos!

Aparte de esas "encerronas" en la biblioteca de la escuela, lo realmente feliz era recrear las aventuras del "Hombre Increible" en los juegos con mis amigos y sobretodo, tratar de identificar en nuestros compañeros de escuela el carácter de Ernestillo, Ricardo, Carlangas y Memín. Con seguridad, esto se repetía entre miles de niños por toda Honduras.

Cuando ambas historietas se extendieron hasta los números 1200, ya era demasiado y así, fueron desapareciendo hasta no circular más. Quedó tan sólo la curiosidad por el mundo esotérico de oriente (mi abuela me contaba que un tío de ella quedó loco de tanto escuchar por la radio a Kalimán y, era por eso, que caminaba con un turbante, mostacho Sij y mirada profunda por los bulevares de Tegus, en cuya catedral creía ver el Templo Dorado de la ciudad india de Amritsar y en su altor mayor -barrocamente alucinante-, a la fascinante y sangrienta diosa Kali) y claro, nos quedó la enrevesada trama de haber vivido todas aquellas aventuras en alguna zona real de nuestra infancia, misma que, poco a poco, fue entrando a la zona erógena tras advertir las curvilineas heroínas que aparecían como víctimas o malvadas femme fatale de las historias.

Homenajear las trivialidades tal vez sea lo que verdaderamente importa cuando estamos solos en nuestros recuerdos, y quizá de ahí , salga la verdadera historia de lo que somos o fuimos, alter ego que se asoma cuando ya adultos (lejanos ya del frágil Solín o Ernestillo que fuimos) nos preguntamos "hey, ¿y vos coleccionaste a Kalimán?" "Hey ¿pero vos quién eras de Memín?"

martes, 13 de enero de 2009

La Honduras que "importa"


Basándonos en el precio del petróleo entre el 2007 y mediados del 2008 ($100.00), con mis compañeros de trabajo hicimos esta aproximación en cuanto a lo que producíamos y exportábamos en Honduras ( en esas fechas) para comprar (importar) un solo barril de petróleo.



82 libras de café debemos producir y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo


¿Y si dependiese sólo del café la compra de los 1,400 millones de barriles que compramos al año? ¿Cuánto café tenemos que producir? 11,480 millones de libras de café!


403 libras de banano debemos producir y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo

¿Y si dependiese sólo del banano la compra de los 1,400 millones de barriles que compramos al año? ¿Cuántas libras de banano tenemos que producir? 56,420 millones de libras de bananos!


31 libras de tilapia debemos producir y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo.

¿Y si dependiese sólo de la tilapia la compra de los 1,400 millones de barriles que compramos al año? ¿Cuántas libras de tilapia tenemos que producir? 43,400 millones de libras de tilapia!


75 pies de madera debemos talar y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo

En Honduras se consumen 4 millones de barriles al día ¿y si dependiese sólo de nuestra madera la compra de esa cantidad de combustible al día? Tendríamos que talar y vender 300 millones de pies al día!


¿Cuántas libras de nuestros principales productos de exportación debemos producir y vender para comprar 1 barril de petróleo?
6 libras de Langosta
26 libras de Camarón
276 libras de Aceite de Palma
500 libras de Piña
588 libras de Hortalizas y Legumbres
1176 libras de Melón y Sandía

sábado, 10 de enero de 2009

John Connolly, abismo de la memoria


John Connolly (La Lima, Cortés - Honduras) toma la guitarra y hace desaparecer de su rostro el enconado gesto de pensar y pensar que uno advierte de entrada cuando lo ve. Canta, va por todos los campos bananeros como lo hizo siempre, con la bandera Tacamiche revoloteando en sus manos y con todos los nombres de los tantos activos que fueron quedando en la memoria de la lucha obrera, ahí en los hornos persistentes del Aguán y el Sula. Y su poesía, por supuesto, la discreta rebelión cuando piensa y piensa.


Agua del mismo río

No concibo por qué
sin ser gemelas
las aguas de los ríos
marcan el mismo reloj hacia su destino.

Hasta dónde, la exactitud de ciertas almas
aun cuando no se conozcan
navegan sobre el oleaje
de océanos semejantes.

Cuando, si ese es el punto,
presentimos
que alguien invade en secreto
nuestro calendario
y en el blanco camino que lleva a las edades
nos carcome la piel
como signo indeleble
de naufragio.

Yo aposté por tus huesos
mi delirio
y te adiviné siempre
aferrada a los milagros,
pero yo soy laguna de otro tiempo
y tu sigues siendo mi río carcelario.


La guerrillera
Antonia Molina lleva en su piel memoria
cien mil justas razones
para amar con dolor a Tacamiche.

El aroma a esa tierra aferrada
a la luz de sus entrañas
sigue arañándole el cielo con ternura.

Noche a noche
como la niebla súbita de un ángel
Toña Molina vuelve a su antigua morada
de pájaro en ascenso.
Nace de nuevo la casa
las gallinas
la pasión por su loro
combatiendo en agosto contra los mercenarios.
Pascual Cabrera flotando en el humo
del fuego más cercano.
su café de las tres,
su cigarro nocturno.

Pero Toña Molina sabe que no hay perdón
para los vende patria,
que a pesar de la angustia
quemándole las canas
hay raíces que estallan cada noche
en sus manos
devolviéndole el fantasma de su Cruce Lejano.
La guerrillera lo sabe
cada vez que una gota de sal, por las mañanas
le arrebata su paz
de ave enjaulada.
De su poemario Abismo de la Memoria

viernes, 9 de enero de 2009

Carlos Calero, Nicaragua


Carlos Calero nace en el legendario Barrio de Monimbó, Nicaragua, 1953. . Actualmente reside en Costa Rica, pero su arraigo y referencia poética se evidencia en Nicaragua. Ha publicado cuatro libros de poesía: El humano oficio (2000, Centro Nicaragüense de Escritores), La costumbre del reflejo (2006, Editorial Andrómeda, San José, Costa Rica), Paradojas de la mandíbula (2007, Editorial Andrómeda, San José Costa Rica), Arquitecturas de la sospecha (2008) Editorial Andrómeda, San José, Costa Rica. Este mes de febrero se edita, en Nicaragua, Cornisas del asombro, por Editorial 400 Elefantes de Managua.

Lo he visto dos veces en dos excepcionales ocasiones que han bastado para seguirle la pista y apreciarlo en su pura dimensión de poeta: de San José a Granada su voz y lo que ahora, aquí, sus letras responden:


Amigos, poetas

IEl rostro multiforme, sagazmente desarmado por la experiencia, conmueve o entristece a quienes dudan de sí mismos; por esto me punzó la duda y su semántica; con sospecha en el oído turbio, o columna de lo que llamamos concertación en armonía económica.
II
Qué hará un poeta sin su escritura, qué del poema que crece o naufraga dirán los juglares, cuando grazna el cisne o lo ahoga en las albercas de las ciudades; qué de la huída con la carne entusiasmada; y detrás las urbes que conjuran infecciones entre el colmillaje, jauría y la moneda, a contracorriente de cuervos y Poe sin la nieve.
IIIDios mío, qué del poeta, sus versos en acuosidades; qué si intenta fijar la memoria con evidencia de ataúdes y la previsible pacificación del miedo, o escritura en exhumaciones del epistolario, o cuerpo que descabeza la imaginación sin consultar los paisajes.
IVDios mío, poetas, si pretendiéramos el tufo o la carroña, o plaza habitada por las voces en una página.
V
Amigos de poetas que oyen a otros poetas, y creen en los poetas, defienden a los poetas por ajuste de cuentas contra las soledades.
VIEnemigos de los poetas, que desoyen a los poetas; descreen de los poetas; ofenden a los poetas, por pavor al silencio y quienes que no hablan de su propia memoria.


Apuntes para una radiografía

ILa neblina y no alma/humillación/escarcha humedecida por un séquito secreto en pos del microbio occidental en la paz cínica de las ciudades;
IIse levantan sospechas en fúnebre y paredes, con un pálido sol entre paraguas y saudades;
III
o tanto “periquito de amor” mimoso y acartonado, o leprosa vocación por tenerlo en el olvido que aplana la frente del cínico premiado, o exhuma sofismas y placidez con prólogo para el último héroe y su versión con festines de post-vida a costa de tumbas y melodramas épicos acaRtonados;
IValguien podrá calcular su sombra o correr en pos de algo que nunca tuvo, o le despojaron durante el gatuno resplandor la ternura polifónica;
Vese alguien vive en vos y yo, con rostro difuso, o parco chispazo en el orgullo y carne viva para roer el labio que exige belleza con oficio ad honorem:
VIese vos está o se nos fue;
VIIno esperó consabida muerte en las banderas.
VIIILa neblina atenaza recuerdos de ombligos utópico/señuelos, empolla la profecía del falsario, y regresa nuestra duda incólume con retratos y bilis sobre la mano despreocupada,
IXentonces nos muerde el inédito mastín, o protuberancia del que escribe y se diluye en los inodoros.

jueves, 8 de enero de 2009

Atado con raíces


Atado con raíces a la tierra
la infancia me pregunta por las alas
de inocencia del niño que se imagina Ícaro
Con alas de triplay
corriendo a la pendiente del pasado,
aunque las voces de los vagos digan
“no digas pendejadas, no se puede volar”
en este vuelo van los tiempos
que hoy regresan como si no se hubieran ido
y desmenuzo este recuerdo que ya no es mío
como una hebra de hilo
girando en medio del remolino.

Ricardo Venegas

Metempsicosis


Delirium ha sido una banda de rock duro fundamental para entender el espíritu de mi generación noventera aquí en Honduras: cuando Cruz Blanca (su primer gran single) empezó a sonar, nos dimos cuenta que la ingenuidad del rock nacional se había hecho trizas. Había letra de por medio en esa canción, había una oscuridad desconocida en el mundo Tele Tubie hondureño, había fibra, pues, un pulso de manos con vridrio molido amenazando las muñecas... sí, había nacido toda una banda de rock puro y metalero.
Al montar esta versión rock del poema de Molina, se afirma como lo que siempre intuimos: una banda que saca sus nutrientes de esta tierra inexplorada y bizarra, la mezcla de la buena poesía con las proyecciones de un sentido musical que galopa hacia la ruptura permanente.
Agradezco al amigo colombiano que me llevó a este link (Arturiano: ¿cuál es tu correo?) .

miércoles, 7 de enero de 2009

Totatzine


Sin duda alguna, la oración del Padre Nuestro de nuestra tradición judeo-cristiana, es una profunda evocación que a nadie deja indiferente. Durante toda mi infancia la repetí y aún cuando el caminó se bifurcó, siguió siendo para mí una poderosa razón para respetar la fe y el credo de los que la pronuncian en profundo silencio. Cuando Mariluz Suárez (investigadora, dramaturga, académica y tierna esposa del poeta Saúl Ibargoyen) me dió esta traducción del Padre Nuestro al Nahuatl, me pidió que lo guardará como un regalo especial, ya que durante la semana en que ambos -Mariluz y Saúl- estuvieron visitándonos aquí en Tegucigalpa, le comenté sobre mi gran admiración por la cultura Mexica y sobre mis lecturas sobre ella, muy limitadas, por cierto.

Sin embargo, al intentar repetir la oración en nahuatl, el trabalenguas (¿o no será acaso la espina de maguey atravesada en la lengua con la que los mexicas escribían la palabra silencio?) me brindó una idea más personal acerca de las distancias y acercamientos -unas veces brutal y en otras dulce- que logró el sincretismo religioso, la difícil pero constante asimilación de ambas cosmovisiones junto al anatema a la lengua nahuatl que los primeros evangelizadores de la "Nueva España" lanzaron contra la "diábolica lengua" de los orgullosos mexicas, seguido, como bien lo sabemos, por la horrenda quema de códices en la Plaza Mayor de Tenochtitlán ante los nobles y pueblo sobreviviente al exterminio de las enfermedades y las armas.

Acompaño esta traducción con uno de mis poemas sobre el tema en mención, poema que me dio la magnífica oportunidad -allá en el 2003- de una larga y reveladora plática sobre la poesía de Nezahualcóyotl con el fino poeta mexicano José Luis Rivas.
Y algo más -de la misma forma que me lo preguntó Mariluz- ¿saben ustedes qué pedían los mexicas en lugar del "pan nuestro de cada día, dánoslo hoy"??? Exacto, adivinaron: la tortilla de maíz.


Totatzine
In ilhuicac timoyetztica,
ma yectenehualo in motocatzin.
Ma hualauh in motlatocayotzin.
Ma chihualo in tlalticpac
motlanequilitzin yuh in ilhuicac.
In totlaxcalmomoztlae
totechmonequi, ma axcan
xitechmomaquili, ihuan xitechmopopolhuili
in totlahtlacol,
in yuh tiquintlapopolhuiah in
techtlatlacalhuih ihuan macahmo
xitechmomacahuili tihuetzizqueh
ipan teneyeyecoltiliztli; ma
xitechmomaquixtili in ihuicpah
in ahmo cualli. Ma yuh mochihua.


Lo revelado

El hombre nace disperso,
busca su propia mitad
y un día la encuentra.
En ocasiones, es dueño de la cuerda,
pero habita silencioso en los extremos.

El hombre se cree infinito
pero jamás multiplica,
levanta el censo de la unidad
y jamás explica nada.
Él es Xochipilli o Xipetotec,
a veces huele a flor
y otras veces
a carne.

El hombre hace lo imposible
y se resbala,
va de un lado a otro,
se aferra con uñas y dientes al recuerdo.

El hombre nace disperso
y la mujer, conmiserada,
busca reunirlo,
hace cuanto puede.
(Del poemario Solares, 2004)

martes, 6 de enero de 2009

Van Gogh





El rostro de Van Gogh, reconstruido con las mismas técnicas digitales usadas por los egiptólogos para definir los rasgos de las momias.

Un violinista en el metro (tomado de la revista colombiana Arcadia)


Hace algunos años vi un programa donde Joan Manuel Serrat se iba de incógnito guitarra y amplificador en mano, a un parque de Barcelona para ver cómo respondía la gente, si lo reconocía o no. Llegaron dos y al rato lo reconocieron, así que comenzaron a regar el rumor y pronto, toda una multitud se reunía alrededor de Serrat hasta convertir el acto en un concierto con todas las de la ley. De manera coincidente, encontré este artículo en la Revista Arcadia (por lo visto no hay coincidencias sino que intensas búsquedas, como diría Cortázar), reflexión editorial que ahora les comparto.


Hay una incómoda pregunta que muchos lectores se habrán hecho alguna vez en la vida, y que tal vez no haya querido responderse. ¿Qué pasaría si a uno lo pusieran a leer grandes obras de la literatura sin que en ninguna parte del libro apareciera el nombre del autor? ¿Alabaríamos con tanta convicción la sutileza de un cuento de Chejov? ¿Nos perturbaría tanto un monólogo de Samuel Beckett? ¿Aplaudiríamos de pie y con tanto ahínco a García Márquez?


En otras palabras, ¿cuál es el peso real, el tamaño de la influencia de la sanción de la historia sobre nuestros juicios estéticos? ¿Cuál es la dosis de oculta hipocresía que manejamos con nosotros mismos cuando decimos que nos encanta Mozart o Bach o Picasso o Miguel Ángel? ¿Realmente somos capaces de reconocer el genio si no viene "empacado" correctamente, legitimado por un gran museo, premiado por una prestigiosa Academia, refrendado por la historia oficial de la cultura?


El Washington Post hizo un experimento para intentar responder a esta pregunta. le pidió al gran virtuoso Joshua Bell, uno de los tres más importantes violinistas vivos del mundo, que se pusiera una gorra de béisbol y se parara en un rincón de una estación de metro de Washington. No de cualquier estación, sino de la estación donde toman el metro los prósperos yuppies de la poderosa maquinaria burocrática del D.C. -consultores políticos, estrategas financieros, abogados-, los mismos que pagan 500 dólares por ir al Kennedy Center a escuchar al gran Joshua Bell.


Bell preparó un repertorio apabullante. Se hicieron apuestas. ¿Cuánto dinero recaudaría? ¿Cuánta gente se pararía a escucharlo? ¿Se armaría un nudo humano asombrado ante la belleza de su interpretación? ¿Cuántos transeúntes serían capaces de reconocer la belleza desprovista de su contexto habitual?


Bell salió rumbo a la estación de taxi: llevaba consigo nada menos que su Stradivarius, un violín que le costó tres millones y medio de dólares. Los editores del Washington Post se habían reunido para prever los posibles escenarios. ¿Qué pasaría si la multitud se desbordara? Les parecía obvio que en una demografía tan sofisticada como la de Washington, alguien reconocería a Bell y la voz se correría. Llegarían las cámaras. habría que sacarlo de allí con escolta...


Bell llegó a la estación, abrió el estuche de su violín y arrojó un puñado de monedas para estimular a los paseantes. Esto fue lo que pasó: de los casi dos mil transeúntes que pasaron a su lado esa mañana, sólo seis personas voltearon la cabeza con algún signo de interés o se detuvieron un momento a escucharlo. Bell cuenta la desolación que sentía cada vez que terminaba una pieza y en lugar de la acostumbrada ovación, sólo seguía un doloroso silencio. Bell recaudó 32 dólares.


Son más las preguntas que surgen del resultado del experimento que las respuestas. Tal vez la belleza necesite de ese contexto santificador para poder ser reconocida, y sea injusto juzgar a las dos mil personas que pasaron a la lado de Bell. Aún así, queda un cierto desasosiego en el aire. Si alguien se llegara a enterar de que era uno de esos transeúntes que ignoraron al violinista, quizá le daría algo de vergüenza. Y en esa palabra, "vergüenza", puede estar la pista que arroje luz sobre la incógnita de nuestra capacidad para percibir la belleza. El experimento mismo asume que la belleza debe ser percibida sin necesidad de conocimiento. Que la sensibilidad no tiene por qué ser educada. Que los seres humanos deberíamos de ser capaces de reconocer lo bello por medio de algún misterioso mecanismo innato. Es decir, que "gusto" y "juicio estético" son sinónimos. Y es esa intensa presión social que presupone que todos deberíamos saber reconocer lo bello (en literatura, en pintura, en música) la que nos obliga a esa pequeña dosis de hipocresía a la que se aludía al comienzo de este editorial.


La única moraleja posible para el fiasco del metro es la siguiente: el conocimiento no es sinónimo de erudición como creen tantos (y por eso huyen del mundo de la cultura) sino de curiosidad por la vida misma. Y el conocimiento está íntimamente ligado a nuestra capacidad para emocionarnos ante la contemplación de lo bello. O en otras palabras, corazón y cabeza son un mismo instrumento. Quien no reconoce todas las formas de la belleza no debería sentir vergüenza. pero si la siente, debería educar su sensibilidad, porque no viene alfabetizado en el ADN.

lunes, 5 de enero de 2009

Las sibilas

Resulta extraño comenzar el año laboral en medio de una oración (casi súplica) para que el año 2009 no nos afecte tanto, ni un tantito nomás... pero eso no es en sí el pequeño asombro, total, muchas empresas inician sus labores con una fundamentalista oración cristiana para curarse en salud; lo extraño es escuchar de boca del dueño del lugar la perorata de Carlos Slim sobre el control del gasto y acerca del espíritu que debe primar entre todo empleado...¡bah! sólo eso faltaba: que los empresarios encontraran un evangelio apócrifo para justificar el "Yo tengo el poder" y si me mirás mál o usás la internet te espera la llanura del 2009!!
Por todos lados se insiste en que debemos estar tristes y preocupados, por todos lados se crea la conciencia de que debemos tomar la actitud de parias y agradecer por el trabajo que se tiene...por fin los empresarios obtienen una dimensión espiritual del tamaño de sacerdotes agoreros y hacen de sus empresas teocallis por donde rodarán los corazones malvados y desconsiderados de los sacrificados en nombre del mercado internacional.


El mayor fraude emocional se ha fraguado. Papini tenía la absoluta razón acerca de la bancarrota del alma cuando se ha puesto el dinero como corazón... bueno, todos los textos religiosos dicen lo mismo, y Carlos Slim ha hecho de esta sensación de impotencia su sacra palabra.

Amanece entonces el 2009 como un Gottendamerung, casi casi como las palmeras incineradas por el napalm de Apocalypsis Now y su "this is the end"...al diablo con Fukuyama y sus pitonisas.

Eso me recuerda la oferta que la última sibila le hizo a Tarquino: "Estas son los últimos tres rollos de las profecías ¿Cuánto me das por ellos? poca cosa -le respondió Tarquino en mi versión libre- ahhh pues quemaré uno, le respondió ella. Y lo quemó. Y ahora cuánto me dás por los dos que quedan, le pregunto a Tarquino la sibila... y Tarquino supo que la especulación iría en ascenso así que colorín colorado, le compró los dos rollos que quedaban por una cifra exorbitante...

¿Le compraremos este simulacro a los empresarios ultra capitalistas? pues creo que muchos se lo están creyendo, pero yo me niego a seguirles el juego, al menos éste perdido ser aleatorio y periférico no se someterá a la tristeza y se negará a la activación y horror por los rollos proféticos.

Qué conste!! Y para reirme un poco más, acompaño estas palabras con una caricatura de Allan McDonald, el caricaturista más terrible y latiguero de Honduras.