jueves, 11 de diciembre de 2008

Chema Rubio, España

A Chema Rubio lo conocí en Guatemala, en el ajetreo de lecturas que el poeta Simón Pedroza y Folio 114 nos organizaron a un grupo de poetas del extinto Paíspoesible.
"Nos volveremos a ver" -me dijo enmedio de un bus atestado hasta la coronilla, al regreso de la lectura en la Universidad de San Carlos; al escucharlo no imaginé que un año después nos veríamos en la Residencia de Estudiantes, cuando fui invitado a Casa de América en Madrid. La plática y el paseo fue de una tarde completa y sus días, de compartir -en ese tórrido junio madrileño- una extraña nostalgia por una América Central más suya que mía.
Él se había quedado en una dimensión y geografía que sólo un poeta trotamundos puede llegar a comprender y que aquí, con sus propias palabras, me sirve para redescubrir y asimilar lo que él tanto extrañaba entre versos de Gil de Biedma, Ángel Crespo y -por supuesto- Miguel Hernández.



Hay una senda a la que fue mi chantajeado corazón por un profesor:

¿Te gusta caminar? Durante la travesía andariega se leen poesías de Miguel Hernández, y al final, sobre su tumba, leeremos más poemas. ¡Escribe una poesía hombre!
Yo amaba escribir, hacerme famoso entre los amigos de la universidad. Mi obsesión por la poesía fue irresistible, durante años deje de leer novelas, y a la pregunta de ¿que es para ti la poesía?
Yo respondía sin rubor: La poesía es la religión que perdí de niño. Y encontré en Guatemala : una marimba ,y cuatro voces, me llevaron a recorrer los cerros del hambre, quiches criollos y chapines , me devolvieron otra vez a Miguel Hernández, a mi niñez de resina y altivos pinos bajo la dura luz que baja quemada .

Hay una senda para cada persona esperando en cada nervio, y la mía fue encontrar a Paco Esteve, "Chimo", Jesucristo Riquelme, y tantos otros nombres desaparecidos de la memoria pero nunca de los ojos. Cada vuelta a la Senda, re-vivo y renacen los cuerpos olvidados y nunca vencidos. Como aquel senderista-alcalde que nunca se perdía un recorrido, y le vi aparecer un día con su barba de siempre y una escayola en la pierna es , creo, Crevillente.
Que una senda cada año por descubrir , y adentro de la lápida siempre se respira lo más auténtico de los pasados.

Salud a los cuerpos del histórico Miguel siempre en paz , y la memoria en alza.
Larga vida a la cabeza en bronce , y altiva como los hijos de Albatera, y amada más en las noches después de la ansiada cena calienta-cuerpos.
Que nadie retoque sus ojos, que contienen la bella enfermedad de octubre:
Como escorpiones en locura encerrados vivimos, y el doctor sólo designó un nombre , no su cura.
Ave Caminantes, que los Idus de Marzo les sean propicios por los siglos.
Hay una tumba que visito y no es la mía, Miguel. Pero quizás he visto una sombra y voy a visitar tu luz para no morir solo .

Chema Rubio V. Madrid 30 -3-2007

Señal, Otoniel Guevara, El Salvador

Esa noche, en junio del 2003, me era imposible disimular la alegría de conocer por fin a Otoniel. Él estaba entre el público de mi lectura en el marco del Festival Internacional de Poesía de El Salvador. Al terminar, le dije "vámonos para El Ocio, Oto" (El Ocio era su bar) y Oto se rió y no dejó de reir. Así lo recuerdo y así lo veo cada vez que me llegan noticias de sus participaciones y éxitos, del fragor de su Festival El Turno del Ofendido. Aprendí a valorar la exacta dimensión de tan extensa y enérgica risa, porque cuando Otoniel se pone serio es porque está triste, y estar triste para él significa recordar muertos, y luchas y graves decepciones muy salvadoreñas.
De su numerosa poesía hoy elegí este poema para recordarlo para invocarle una interminable alegría.


A la memoria de mi amiga Svetlana Ivanova
asesinada a los quince años
por los escuadrones de la muerte.
Si me dieras tan solo una señal:
un camino trazado con mi nombre,
el vapor de tu boca en el espejo
o una carta en los ojos tan tristes de mi perro.
Pudiera ser la huella del eco de tu sombra
o tu paraguas de pasear sin lluvia,
o tu perfume de tocar sin dedos.
Si tan solo una señal me dieras,
qué sé yo: un jardín
donde crezca la historia:
por aquí unos carruajes perlados con invierno,
los dedos cenicientos
de infantes masacrados, la peineta
de una abuela que no murió jamás; por allá
una fiera educada por tormentas, la hemorragia
profundamente negra del volcán; una señal,
algo como una luz bañando la miseria,
como desalojar tembloroso unas prendas,
algo como la llama que en el barro se alienta
o la estación brillante de un pequeño
y su enorme sandía suculenta,
o el éxtasis del cielo al contemplar la luna
que te crece feroz desde tu almendra.
Una señal que indique la manera
de llegar al pupitre donde el viento te enseña
los secretos del muro, del aliento y la piedra.
Una señal que al mismo tiempo sea
una orden para iniciar la primavera,
el santo y seña para atizar las breas,
un caracol sonando,
un tambor retumbando,
un vientre prodigando,
una convocación de lo creado,
una aseveración de lo vivido,
una reiteración de lo soñado,
el apretón de manos
con que dios y el diablo quedan reconciliados,
un esbozo cualquiera, un leve signo,
una mueca quizá, un telegrama,
un susurro…
la prodigiosa y concluyente seña
de que tu amor
es de carne y de beso y de que existe.

(Del poemario No Apto para Turistas, 2004)

Lone tree - pianos en Stalingrado

De entre tantos testimonios que existen de la Gran Guerra (1914-1918), éste me ha parecido altamente poético, a pesar de la crueldad subyacente. Es bien sabido que una enorme cantidad de poetas y artistas murieron dentro de las filas de los países enfrentados (Apolliniere sobrevió, Otto Dix igual), producto del romanticismo con que inició la contienda.
El testimonio del soldado A.B. Swaine del Kent Cyclist Battalion no es el de un poeta, pero sí es la memoria que -paradójicamente- el devastador fuego fragúa en poesía, es decir, la victoria final de la poesía ante el determinismo histórico.


El hecho sucedió durante la batalla de Loos, en 1915.

"El árbol solitario (Lone tree) todavía permanece en mi recuerdo.

La artillería alemana y la nuestra la tenían como objetivo. Él, permanecía ahí, en la Tierra de Nadie, destrozado y desmochado por los continuos disparos, pero nunca recibió uno directo. Mi primer contacto físico con el árbol fue nocturno. Desde nuestra trinchera oímos llamadas de socorro en inglés y alemán. Antes del alba, fui enviado con otros tres compañeros para ver que sucedía. Cogimos una pasarela como camilla y encontramos un oficial alemán gravemente herido. Estaba condecorado con la Cruz de Hierro.

Le trasladamos con la improvisada camilla hasta nuestras líneas, pero debido a la gravedad de sus heridos murió poco después. Debo añadir que mis tres compañeros, soldados regulares, se arrojaron sobre el oficial alemán para arrebatarle la Cruz de Hierro.

El otro contacto con el árbol solitario fue cuando desde el Cuartel general se nos comunicó que lo querían cortar para repartirlo entre la tropa como recuerdo. Y allí fui con otros compañeros. Una vez allí, corté dos pedazos para mi que aún tengo, uno colgado de la pared de mi casa y el otro lo convertí en un encendedor."


Y qué decir de esta carta enviada por un soldado alemán desde Stalingrado, cuando los 30 grados bajos cero ya habían vencido la voluntad y las fuerzas de los invasores en febrero de 1943.

"No sé si podré dirigirme a ti una vez más. Es necesario que esta carta llegue a tus manos y que lo sepas de una vez en caso alguna vez yo vuelva. He perdido las manos a comienzos de diciembre. En la mano izquierda me falta el dedo meñique, pero lo peor es que en la derecha se me han congelado los tres dedos del medio. Puedo coger el vaso con el pulgar y el meñique. Pero me encuentro más bien inútil, cuando a uno le faltan los dedos es cuando comprende para qué sirven incluso las cosas pequeñas. Kurt Hahnke (me parece que lo conoces desde que ibas al colegio en 1937), hace ocho días, en una pequeña calle ha tocado en el piano La Apasionada. No sucede esto todos los días: el piano estaba en la calle. Cada vez que pasaba un soldado tocaba un poco... ¿En qué parte del mundo se encuentran pianos por las calles?".

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Últimos registros, Chaliobala ®
























































Clowns, la risa interminable, Beatriz Seibel


Existen desde los primeros rituales de todas las culturas y trocaron en arte el oficio de hacer reír. Un libro reciente es la ocasión que elige la historiadora Beatriz Seibel para seguir a los payasos argentinos del picadero a la televisión y Claudio Gallardou homenajea en clave poética a los cómicos populares.


BEATRIZ SEIBEL / (c) CLARIN


La búsqueda en Internet es sencilla, se obtienen inmediatamente los resultados: aproximadamente 34.700.000 de clown. Fuera del espacio virtual, ¿dónde están los payasos hoy y aquí? En teatros, circos, colegios, hospitales, en la calle, en centros comerciales, en televisión, radio, cine, en talleres de clown, en festivales internacionales. Chacovachi acaba de regresar del Encuentro Internacional de Payasos de Río de Janeiro Anjos do Picadeiro (Angeles del Picadero), invitado para intercambiar con colegas como el celebrado Leris Colombaioni de Italia o Azziz de México. En París, el jueves comienza el 28ø Festival del Circo del Mañana, que tiene un destacado lugar para los clowns de todo el mundo (www.cirquededemain -paris.com).

También están en los libros. Jorge Grandoni hace la compilación y entrevistas para Clowns. Saltando los charcos de la tristeza (Libros del Rojas). Allí se publica un ciclo de conferencias organizado por Cristina Martí en 2005 y numerosas entrevistas. Desde el testimonio del recordado Clú del Claun de la década de 1980, hasta los artistas actuales, muy experimentados o más jóvenes, que exponen las variantes en la formación, las modalidades de trabajo, algunas actividades solidarias como Clowns No Perecederos, Payasos sin Fronteras o Payamédicos, que el 16 de diciembre hizo su IV Payamarcha del Amor y la Alegría, "para que caigan los muros". Daniel Casablanca cuenta su experiencia a través del grupo creado en 1985, Los Macocos; grupos más recientes narran sus avatares. Docentes, artistas, directores, autores; la mayoría ejerce varias posibilidades y no pocos viven de sus clases.

Claudio Martínez Bel, Enrique Federman, Marcelo Katz, Guillermo Angelelli, Cristina Martí, Cristina Moreira, Raquel Sokolowicz y quien esto escribe, entre otros, aportamos al libro, junto a nuevas generaciones. En Brasil, O elogio da bobagem, Palhaos no Brasil e no Mundo de Alice Viveiros de Castro, es un espléndido libro de 2005, con bellas fotos en colores, que cuenta la historia comenzando con la risa y los ritos en Egipto, para llegar a los payasos del siglo XXI. Entre nosotros, la comicidad se presenta en los más diversos ámbitos: en las salas actúan grupos como La Banda de la Risa con obras de teatro, y su director Claudio Gallardou, es convocado para régie de ópera, coreografía de ballet, zarzuela o comedia musical. Un payaso de familia circense y excelente actor como Marcos "Bicho" Gómez, integrante de ese grupo, actúa en circo, teatro, radio o televisión. María José Gabin, Karina K, Edda Díaz, Henny Trayles, entre muchas otras, cultivan el humor de las mujeres en el teatro.

Y están Pinti, Gasalla, Perciavale, y los cómicos de provincias, que desarrollan su arte peculiar, como el famoso humor cordobés. Y están los eventos, como el Festival Carcajada que organiza Nani Cogorno, y las terapias de la risa, con Risaterapeutas que el 8 de mayo celebran el Día Mundial de la Carcajada.Los payasos existen desde los primeros rituales de todas las culturas, en Oriente y Occidente, y en América, entre los mayas y entre los onas de Tierra del Fuego. La antropóloga Anne Chapman llama payasos a personajes cómicos del ritual del hain como Halaháches, grotesco panzón, de máscara blanca y largos cuernos de arcos, el único que puede desafiar a la poderosa Xalpén, la diosa infraterrestre más temida, y burlarse de ella impunemente. En los rituales están los elementos básicos de todas las teatralidades, el movimiento, la voz y la música, y los opuestos cómico y dramático.

El término clown, cuya traducción es payaso, proviene de la deformación del inglés "clod", campesino, bobo. En el circo moderno, desarrollado en Londres desde 1770, es el personaje creado en la pista por un acróbata cómico, que intenta hacer equilibrio sobre un caballo al galope y finge caerse, como un campesino bobo.En Argentina, desde 1757 aparecen los volatineros —los que vuelan— que vienen de España con pruebas, equilibrios, y el "gracioso"; en 1835 ya están las primeras compañías de volatineros criollos. Hoy, el "Bicho" Gómez se disfraza de Floricienta, pero ya en 1841 el payaso William Brown hace un número en zancos disfrazado de mujer con un niño en brazos, bailando la "pieza inglesa". La historia de los clowns en el siglo XIX muestra las diferentes modas: clown a caballo, clown acróbata, clown actor o "Shakespeare- jester" (bufón de Shakespeare) que hace monólogos, chistes y canciones satíricas, clown cantor, clown músico, con sus instrumentos inventados con objetos estrafalarios.

En Buenos Aires, en 1884 se encuentran en la misma pista el clown inglés Frank Brown y el clown criollo José Podestá —Pepino 88—, dos famosos payasos nacidos en 1858, uno en Brighton, Inglaterra, y otro en Montevideo, Uruguay. Y allí se estrena la pantomima Juan Moreira, con Podestá como protagonista dramático, que da origen al florecimiento del teatro argentino del siglo XX. Podestá y Brown presentan pruebas acrobáticas, además de sus entradas de payasos. En el circo todo parte de la acrobacia y el payaso es el que sabe todo, porque hace la parodia de las otras disciplinas. Esto puede apreciarse en la película El circo de Chaplin, donde el payaso muestra su arte de equilibrista.

Brown y Pepino están en la categoría de clown actor; Podestá se acompaña con su guitarra en canciones satíricas y su famoso monólogo El credo, que comienza, "Creo en el poder mágico del Dios Oro...", sigue vigente por el momento y fue alguna vez censurado. El estilo de Pepino 88 se prolonga en el siglo XX, en los monólogos de los cómicos populares, en la revista y en la radio.

Hacia 1920 las vanguardias teatrales europeas se interesan especialmente por los payasos. Opuesto al realismo por su traje, su maquillaje, su gestualidad y su discurso, sin decorados, con objetos extravagantes, el payaso despierta pasión. De Meyerhold a Brecht, Eisenstein y Copeau, se admira el juego con el lenguaje, la manipulación demencial de objetos, la imagen grotesca de un mundo trastocado. En la renovación dramática de la segunda mitad del siglo XX, Beckett escribe Esperando a Godot para un admirado clown alemán amigo suyo. Desde Los Macocos hasta el payaso Mala Onda, de Cristina Martí a Chacovachi, todos hacen cosas diferentes. La corriente milenaria de la risa los arrastra por distintos espacios.

Ya sea varieté, cabaret, circo, ópera, ballet, teatro o calle, se llame payaso, clown, comediante, humorista, cómico o cómica, la risa sigue atravesando los muros.

martes, 9 de diciembre de 2008

Define:"Dancing"


La cautivante secuencia en la que Eve y Walle retozan en el espacio es una de las tantas secuencias mágicas que tiene esta genial película de Pixar. Todos los signos del cine mudo en su máxima expresión digital. Y no es de ignorar la animación final en los créditos, donde la humanidad se reinventa y evoluciona a través de las expresiones artísticas, desde los mosaicos asirios hasta los trazos de Seurat y Van Gogh.
Yo trato de mirar esta película cada vez que necesito de una dosis fuerte de asombro e inocencia. E.T regresa con sus ecos del ´82 y Esteban -mi siglo XXI-abre su ojos y sonríe con suma naturalidad 3D.

viernes, 5 de diciembre de 2008

El arte del presupuesto


LA VERDADERA VANGUARDIA NO TIENE CURRICULUM
por Juan José Díaz Infante, (México)

Revista virtual de arte contemporáneo y nuevas tendencias, Escaner Cultural
jdiazinfante@altamiracave.com
www.escaner.cl.


Todo empezó con una sospecha, pero no necesariamente con ninguna claridad. Era 1995 y, era uno de esos aniversarios de la Bienal de Venecia, creo que era el número 100. Fue estando ahí, participando en una de las exposiciones satélites, Transculture, en uno de esos Palazzos cerca del puente de la academia y también parte de una extensión del pabellón de Japón. Fue ahí donde me enteré de que Picasso en 100 años nunca había sido invitado a presentar en la Biennale Veneciana.

Esos eran los primeros síntomas de lo que hoy se ha vuelto la fiebre de nuevos curadores estrellas, donde es fácil apreciar como el curador se ha vuelto más importante que el artista. En los últimos años se habla de cómo se va a arropar un curador que ha sido seleccionado para dirigir una u otra bienal.

Yo había entendido que un curador por definición era un personaje que cuidaba una colección, un entedimiento propio en una supersíntesis, el trabajo de curador se suponía tenía un interés en la calidad de la colección. Ampliando el término, el curador tiene que ver con algún tipo de coherencia crítica, sentido histórico, logística de montaje y en una integración de elementos lograr algún tipo de texto y contexto. Haciendo esto una metáfora sencilla, es el que "escoge lo mejor".
Ahora el polo de atención ha cambiado. Ahora el curador resulta que busca cuidar su idea y generar una especie de colección alrededor de su idea. Es probable que esta mutación tiene que ver en su generalidad (siempre hay excepciones), a una ecuación que mezcla varios factores, ignorancia sumada a falta de presupuesto. Es penoso decir que TODAS las instituciones culturales sufren de manera global, no importando país o raza un vacío total de presupuesto.

La ecuación en una praxis pragmática es muy sencilla, todo aquello que tiene presupuesto es arte. Todo aquello que no tiene presupuesto no es arte. Es decir poco a poco los artistas se están convirtiendo en comodities, una especie de transformación de mercado, donde la colección hace al artista, en vez de que los artistas hagan la colección. Gente como, Peggy Guggenheim o Saatchi and Saatchi se dieron cuenta que el fenómeno de inyectar dinero detrás de cualquier arte hace arte.
Es imperiosa la necesidad de artistas-curadores de sí mismos, el conflicto de intereses no viene siendo un problema ético, sino que genera una evidencia del sistema, artista- comodity.
Tiene presupuesto, es arte.
Yo quedo envuelto en la misma ecuación, tengo presupuesto, seré artista.
Paralelo a estas elitistas prácticas mercantiles y al obsceno gusto decorativo e indigesto en auge, se produce una tendencia a aligerar el arte de su contenido crítico, de su actitud transgresora, innovadora y –por momentos– corrosiva; se trata de una particular tendencia a despolitizar el arte, restándole toda fuerza de ruptura e innovación. El arte contemporáneo ha dejado de ser cáustico como lo fueron las vanguardias de los a los '20. No se debe ser ingenuo y subestimar la habilidad con que el sistema de convenciones institucionales ha logrado reingresar constantemente el gesto iconoclasta al inventario calculado (razonado) de las desviaciones permitidas, neutralizando así el ademán irreverente y reeducando el exabrupto.
De este modo la producción del arte gira en torno a la producción de exposiciones. El aparato moderno de mediación del arte se ha instalado como una máquina de mostrar que desde hace ya largo tiempo es más poderosa que cualquier obra individual a exponer. De allí también el protagonismo que han adquirido los curadores –dado que se les consigna el rol de editar, esto es, de dar un sentido a un conjunto de producciones que si no fuera por la unidad dada por el crítico como interprete super-dotado las obras aparecerían en su radical autonomía, dispersas, sin animo de suscribir ninguna teoría del arte, ni adscribirse a tendencia alguna que le reste peso de realidad a su radical voluntad expresiva -necesariamente individual- insurrecta y resistente a ser subsumida en un catalogo homogeneizador.
La producción de exposiciones, con su correspondiente tranza bursátil, su núcleo mercantil y la puesta en escena fashion como parte de las estrategias socializadoras con que el mercado del arte y la sociedad de espectáculo coquetea con una clase intelectual cada vez más farandulera, seducida por los flash y la ocasión socialite ampliada en las páginas sociales de algún prestigioso matutino.

Omar Kayyám


Nacido en Naishápúr, Khorassán , en la Persia del siglo XII, Omar kayyám se encuentra entre los grandes poetas sufíes (aunque no está probado que perteneciera a esta secta que promulgaba la unidad panteísta del universo, la identidad sustancial de la divinidad con el alma individual y reabsorción de aquella en ésta y sobretodo, el repudio a todo culto)

Cuando escribe su Rubáiyat (plural de "rubai" o cuartetas), su poesía se encadena al diálogo sufí abierto y continuado por los otros grandes poetas persas: Saadi (1184-1292), Rumi (1207-1273), Hafiz (1391-¿?) y Jami (1414-1492).
Al morir, en el año de la Hegira 517 (1123 d.C) su Rubáiyat comenzó a ser traducido, un tanto tardío con respecto a la oralidad popular por la que ya era ampliamente conocido.

73

Y al fin no somos más que una movible fila
de fantásticas formas que vienen y que van
en torno a esta Linterna del Sol, que alumbra, oscila,
y el maestro abre y cierra cual mágica pupila.

26

¡Oh, si! Apresuremos nuestro humano trajín,
antes que suene la hora de bajar hacia el polvo:
¡Polvo al polvo y debajo yacer del polvo ruin,
sin vino, sin canciones, sin cantor y…sin fin!

79

Del primitivo barro se hizo el hombre primero,
y se echó la semilla de la última cosecha;
y la primera aurora dejó escrito el letrero
que leerá la última de aquel Juicio postrero.

78

Y esa crátera inversa del cielo que te escuda,
bajo la cual rampantes vivimos y morimos…
No le tiendas la mano en súplica de ayuda,
pues, como tú y yo gira tan impotente y muda!

XVI
La vida universal

La justicia es el alma de este mundo,
y este mundo es su cuerpo y nada más;
sus sentidos, los ángeles; sus miembros,
las cosas en su inmensa variedad:
lo cierto es sólo la Unidad Eterna,
mentira lo demás.

La copa viva (fragmento)
Hoy ella vio del alfarero mago
de vasos la magnífica teoría,
de toda forma y de toda edad, y había
en todos ellos un misterio vago.
Su emoción al sentir, dijo el artista:
-“Todos fuimos arcillas y éstos fueron
reyes, poetas y amantes que murieron
legando al sutil polvo su conquista.
“El Espíritu, el vino de la tierra,
busca en cada vasija al propio dueño,
queriendo ansioso revivir su ensueño
al contacto del vaso que lo encierra…

jueves, 4 de diciembre de 2008

Animula, vagula, blandula


El famoso epígrafe usado por Yourcenar y tomado del poema que Adriano escribió, me mantuvo por mucho tiempo en ascuas. Su traducción ofrece vías que solo el latín es capaz de dar a los que entran a su intrínseca babel de declinaciones y verbos irregulares. Por supuesto que debe existir la versión definitiva, mientras la encuentro dejo aquí estas dos versiones, pensando más en Lucía Bosé recitándolos en el Satyricon de Fellini (1969) que en el propio Adriano susurrándolo al oído de Antinoó (76-138 d.C.). Cuestión de gustos.


Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos...

Primera versión

Pequeña alma, errante y encantadora
Invitada y compañera del cuerpo
Que pronto partirás a lugares
Oscuros, fríos, brumosos
El fin de todas tus bromas

Segunda versión

Alma, vagabunda y cariñosa,
huésped y compañera del cuerpo,
¿dónde vivirás?
En lugares lívidos, severos y desnudos
y jamás volverás a animarme como antes.
Publius Aelius Hadrianus (76-138)

Porque no espero nunca más volver, José Luis Quesada


José Luis Quesada nació en Olanchito, Honduras, en 1948 y desde que publicó Porque no espero nunca más volver, en 1974, se convirtió en un poeta esencial para entender y redimensionar la poesía hondureña.


Por estas calles, donde fue atropellada la felicidad,he olvidado el número de mi puerta.

En los escaparates me miro, sin preguntas,
como un niño que viene de la Muerte.

Fieramente dibujo
unos rasgos tiernísimos que no se reconcilian.

Camino hacia los bares
donde se reúnen mis amigos los enterradores:
enfrente está el discreto rótulo fosforescente,
lentamente atravieso los ramajes del vino.
En lo más puro de la niebla está
la diosa que se acerca torpemente y me estrecha
contra su sexo, pero se hace tarde.
Me duele demasiado esta mitad,
la otra está en el fondo del océano.


No puedes olvidar ese ojo enormede buey asesinado que cuelga entre retratos.

Doblas el tiempo bajo el brazo; cruzas
(perfectamente abotonado el traje).

Entras de contravía: la licencia, la multa,
señores, no es posible, yo vengo de regreso,
¿por qué van hacia atrás?¿Qué está pasando?
Perdónenme: no puedo
con el amor así como tortuga
¡Cuánto animal bebiendo en las alcantarillas!

Todo en orden, al fin, pero anochece
y ese rostro visto de prisa podría ser la eternidad.


A esta hora la ciudad pesa ciudades.
Las persianas se atoran sin hacer ruido.

Los elevadores suben o bajan lentamente,
más lentamente que de costumbre,
más lentamente,
en una forma dulce.

Los mendigos se duermen de pie
junto a los escaparates recostados
en el aire enjaulado en las trastiendas.

Y la vida es un sitio donde jamás estuve.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Furia - Salman Rushdie


Malik Solanka, el personaje central que Salman Rushdie crea en su novela Furia, descarga este monólogo sobre New York.
Desbordado por la intensidad y contradicciones de la ciudad, Solanka (Rushdie) encuentra en su ansiedad la visión de todo un sistema en debacle, con una sensibilidad que casi raya en la profecía:

"Tras la fachada de aquella edad de oro, de aquella época de abundancia, las condiciones y el empobrecimiento del individuo humano occidental, o digamos de la persona humana en América, se estaban haciendo más anchos y profundos. Quizá aquella desintegración más amplia debía hacerse visible en aquella ciudad (New York) de vestiduras ardientes y enjoyadas y cenizas secretas, en aquella época de hedonismo público y temores privados.

Hacía falta cambiar de dirección. La historia que acababas tal vez no fuera nunca la que habías empezado. ¡Sí! Volvería a hacerse cargo de su vida, soldando sus yo divididos. Los cambios en sí mismo que buscaba los iniciaría y realizaría él. Basta de aquella deriva miasmática y ausente. ¿Cómo había podido persuadirse de que aquel burgo loco por el dinero bastaría para salvarlo, aquella Gotham en donde jokers y pingüinos se desmadraban sin ningún Batman (ni siquiera Robin) que frustrara sus planes, aquella Metrópolis hecha de criptonita en la que ningún Superman se atrevía a poner pie, en donde se confundía la riqueza con los ricos y el placer de poseer con la felicidad, en donde la gente llevaba una vida tan pulida que las grandes verdades ásperas de la cruda existencia habían sido alisadas y abrillantadas, y en la que las almas humanas habían vagado tan separadas durante tanto tiempo que apenas recordaban como tocarse; aquella ciudad cuya legendaria electricidad alimentaba las barreras eléctricas que estaban levantando entre hombres y hombres, y también entre hombres y mujeres?

Roma no cayó porque sus ejércitos flaquearan sino porque los romanos se olvidaron de lo que significaba ser romano. ¿Podría ser que aquella nueva Roma fuera en realidad más provinciana que sus provincias; podrían haber olvidado aquellos nuevos romanos qué y cómo estimar, o lo habían sabido alguna vez? ¿Eran todos los imperios tan indignos, o era aquel especialmente tosco? ¿No había ya nadie en aquel empeño bullicioso y abundancia material dedicado a la explotación profunda de la mente y el corazón? Oh América Soñada ¿terminaría la búsqueda de la civilización en la obesidad y la trivialidad, los Roy Rogers y Planet Hollywood, en US Today y E!; en la codicia de los concursos televisivos de un millón de dólares o el voyeurismo documental; o en el eterno confesionario de Ricki y Ophra y Jerry, cuyos invitados se asesinaban entre sí después del show; o en un chorro de ofensivas comedias a cual más tonta destinadas a jóvenes que se sentaban en la oscuridad gritando su ignorancia a la pantalla; o en las mesas inaccesibles de Jean-Georges Vongerichten y Alain Ducasse?

¿Qué pasó con la búsqueda de llaves escondidas que abrían las puertas de la exaltación? ¿Quién demolió el Capitolio y lo sustituyó por una fila de sillas eléctricas, esas traficantes de la democracia de la muerte, en donde todos, los inocentes, los deficientes mentales y los culpables podían morir uno al lado de otro? ¿Quién pavimentó el paraíso y construyó un estacionamiento? ¿Quién se conformó con un George W. Gush agorero y un Al Bore embushcado? ¿Quién dejó salir de la jaula a Charlton Heston y se preguntó luego por qué morían niños a disparos?¿qué fue, América, del Santo Grial? Oh vosotros Galahads yanquis, vosotros Lanzarotes de Indiana, oh Percivales de corral de ganado, ¿qué fue de la Tabla Redonda?"

martes, 2 de diciembre de 2008

Aire de luz


Estambul - Orahn Pamuk


Vuelvo a Orahn Pamuk y comienzo a ir por las calles de “Estambul”, sus memorias.

De entrada, me da una fórmula precisa para comprender los entresijos de su mundo: cuando se refiere a él mismo durante la infancia dice que siempre creyó que tenía un gemelo viviendo en una casa y familia idéntica al otro lado de la ciudad, con los mismos hábitos y los mismos sueños.

Me interesa mucho esta biografía por el gran atractivo que me ha dado siempre la antigua Constantinopla, que desde su cruce por las épocas romanas, bizantinas y otomanas ha sabido conservar esa bruma intemporal, y creo que nadie mejor que Orahn para llevarme a su interior, a su elegante y prolongado derrumbe... porque como él mismo afirma - como para tenderme un hilo de Ariadna en la compleja urbe- los actuales habitantes de la ciudad viven con la conciencia de existir en la época menos luminosa de una ciudad que otrora fue el centro del mundo y que ahora se herrumbra y se opone a sí misma, como los grandes símbolos de la ciudad, las gemelas y radicalmente diferentes Hagia Sophia y la Gran Mezquita Azul.

Estoy en el espejo, entonces, entro a la Sublime Puerta.

Libros y cine

Un repaso a la cinematografía de los últimos 30 años confirma que el romance del cine y los libros se fortalece con la adaptación de obras recientes

Winston Manrique Sabogal © Babelia


El expreso de medianoche Alan Parker (1978)
El Padrino (1972), de Mario Puzo, dirigida por Francis Ford Coppola, es un magistral ejemplo de cómo el cine empezó a fijarse en libros contemporáneos. Y más a partir de hace unos treinta años con títulos como El expreso de medianoche, que significó la exitosa presentación mundial de Alan Parker detrás de la cámara y un joven Oliver Stone a cargo del guión. La autobiografía de Billy Hayes es un drama carcelario en Turquía escrito con la ayuda de William Hoffer. Los hechos narrados se refieren a cómo el destino atropella a un estudiante estadounidense detenido en Ankara con drogas. La cinta crea una gran atmósfera de la cárcel y traslada a la pantalla el drama que aturde al joven en su entorno y en su interior. El último romance de Parker con la literatura es la autobiografía de Frank McCourt en Las cenizas de Ángela.

El tambor de hojalata, Volker Schlondorff (1979)
La II Guerra Mundial es uno de los temas más tratados en la literatura del siglo XX y, a su vez, llevada al cine a través de sus páginas. La aclamada novela del nobel alemán Günter Grass repitió éxito en el cine de la mano de su compatriota Volker Schlöndorff. Narra la travesía de un Peter Pan moderno (gran interpretació n del niño David Bennent) a través del cual el mundo es testigo del ascenso del Tercer Reich. Cuando Oskar cumple 3 años decide no crecer más ante la decepción del mundo adulto, y se enfrenta a esa promesa con su nuevo regalo, un tambor de hojalata, que será su voz y sus emociones. Una alegoría de los miedos y zozobras de la época y metáfora sobre un tiempo que se quisiera detener. Drama realista sobre lo político, cotidiano y sentimental, de iniciación. Palma de Oro en Cannes y Oscar a la mejor película de habla no inglesa.


Blade Runner, Ridley Scott (1982)
Libro y cine de culto que crece. En eso se ha ido convirtiendo el relato de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en el que Ridley Scott se inspiró para filmar Blade Runner, con guión de Hampton Fancher y David People. Es una adelantada reflexión sobre las fronteras borrosas entre la vida natural y la artificial. Corre el año 2019, y en un Los Ángeles decadente, el detective Rick Deckard (Harrison Ford) tiene que cazar a cuatro replicantes que han llegado a la Tierra. En medio del thriller policiaco-ciencia- ficción-filosó fico, la atracción entre Deckard y Rachel (Sean Young) expande el universo planteado. Scott presentó el año pasado la versión definitiva de un clásico del cine realzado por la música de Vangelis. Otros K. Dick de cine son Desafío total, Minority Report, Abre los ojos y El show de Truman.



Los santos inocentes Mario Camus (1984)

Magnífica novela, magnífica película. Eso es Los santos inocentes, escrita por Miguel Delibes y filmada por Mario Camus, uno de los directores españoles que más ha llevado la literatura contemporánea a la pantalla. Un fresco realista y humano de la España rural anclada en un tiempo y espacio injustos y llenos de miseria física y humana. A través de cuatro episodios: Nieves, Quirce, Paco El bajo y Azarías se arma el puzle de una familia de guardeses de los años sesenta en un cortijo de Extremadura. Entre los abusos del señorito (Juan Diego) y la fidelidad de su secretario de caza (Alfredo Landa) y su familia que vive en la miseria con su cuñado retrasado Azarías (Francisco Rabal). Más allá de la historia, Camus capta la atmósfera deprimente del libro y los actores transmiten la esencia de sus personajes de manera emotiva.



La lista de Schindler Steven Spielberg (1993)

Fue el año de la doble consagración de Steven Spielberg: obtuvo el respeto de la Academia de Hollywood con una adaptación, mientras que con otra se coronó como el Midas indestronable de la industria. La lista de Schindler revela un pasaje del Holocausto judío basado en el libro de Thomas Keneally El arca de Schindler, donde ajusta cuentas con la II Guerra Mundial a través de la vida de un empresario checo que salva la vida a más de 1.100 judíos. Rodada casi en su totalidad en blanco y negro, la película cuenta con las actuaciones de Liam Neeson, Ralph Fiennes y Ben Kingsley. La segunda consagración de Spielberg le llegó por sacarle partido a una novela de Michael Crichton: Parque Jurásico. Pero su complicidad con los libros viene de siempre, cuando en 1975 alcanzó el éxito precoz tras rodar el best seller de Peter Bencheley Tiburón.

Lo que queda del día James Ivory (1993)

El aroma clásico y sobrio de esta novela fue trasladado al cine por un maestro en adaptaciones del XIX: James Ivory. El escritor inglés de origen japonés Kazuo Ishiguro relata en Lo que queda del día lo que se vive y planea en una mansión antes de la Segunda Guerra Mundial. Aparte de su buena recreación, uno de los hallazgos está en la perspectiva del narrador, el mayordomo, y el tempo. Es 1958 cuando el mayordomo Mr. Stevens (A. Hopkins) visita a la antigua ama de llaves miss Kenton (Emma Thomson) y recuerdan momentos cruciales en la mansión Darlington Hall, los dudosos comportamientos morales y éticos de sus amos frente a la guerra y cómo sus vidas, sobre todo la de él, es un fracaso: fiel a su trabajo, infiel a sus sentimientos y esclavo del miedo, mostrado por Ivory de manera muy sugerente.



El paciente inglés Anthony Minghella (1996)

El tono épico, lírico y romántico de los tiempos dorados del cine revive aquí por momentos. Basada en la novela homónima del canadiense de origen cingalés Michael Ondaatje, El paciente inglés transcurre al final de la Segunda Guerra Mundial. En un monasterio abandonado se trenzan la vida de un paciente con graves quemaduras que evoca una historia de amor en la guerra, mientras la enfermera se ve asaltada por nuevos sentimientos. Anthony Minghella rodó esta historia (nueve oscars, incluido a la mejor película) que oscila entre la nostalgia y la melancolía, la ilusión y la esperanza, que cuenta con las actuaciones de Ralph Fiennes, Kristin Scott Thomas y Juliette Binoche. Siete años después el director no repitió el éxito con una fórmula parecida, pero en la Guerra de Secesión de Estados Unidos, con Cold Mountain, de Charles Frazier.



L. A. Confidential Curtis Hanson (1997)

Con ella el cine negro regresó como si nunca se hubiera ido. Y lo hizo instalado en un episodio de mediados del siglo XX en Los Ángeles, según la novela de James Ellroy. El ritmo del autor estadounidense es reproducido por Curtis Hanson, que cuenta la manera en que tres agentes de la policía se ven envueltos en una intriga criminal que involucra a una bella y enigmática mujer (Kim Basinger). Corrupción, fama, escándalo, traición, idealismo, drogas, amor y maltrato. Dos horas de intriga en las que se filtran los latidos de las tentaciones de caer ante ciertos delitos. Fue el impulso cinematográfico para actores como Russell Crowe y Kevin Spacey. El guión es bastante fiel a la novela, y en él participaron el propio Hanson y Brian Helgeland. Sólo obtuvo dos oscars (actriz secundaria y guión adaptado) porque en su camino se topó con Titanic.


El nombre de la rosa Jean-Jacques Annaund (1986)
Es uno de los emblemas de la fructífera alianza entre cine y literatura. De que un best seller poco fácil también puede repetir suerte en su vida de celuloide. El semiólogo italiano Umberto Eco sitúa esta novela de intriga policiaca en un ambiente religioso de la Edad Media. Todo empieza en el año del señor 1327. Fray Guillermo de Baskerville (Sean Connery) llega a una abadía que alberga una increíble biblioteca y donde se suceden una serie de muertes tras la lectura de uno de esos incunables. Baskerville resolverá el misterio junto a su joven novicio (James Slater). El francés Jean-Jacques Annaud logró reconstruir la época física y espiritual. Como los buenos thrillers, el espectador intenta resolver el caso antes que Baskerville. Al final, la impresionante biblioteca queda en llamas y de la rosa, la cultura, sólo queda el nombre.

Misery Rob Reiner (1990)
No es ningún misterio que Stephen King es uno de los escritores más adaptados al cine con éxito. Y no sólo con historias de miedo de las que él mismo suele hacer el guión. Pero no es el caso de Misery, dirigida por Rob Reiner con guión de William Goldman. Un relato en el punto medio entre el terror a punto de saltar en todo ser humano y la reflexión entre lo que está agazapado en este lado y lo que aguarda en el otro. Misery es, además, la novela más literaria de King en el sentido de que es un juego de metaliteratura. Suspenso y tensión claustrofóbicos entre un escritor (James Caan) en manos de una de sus lectoras (Kathy Bates). La doble carrera literaria y cinematográfica de King la completan obras como Carrie (1976), El resplandor (1980), Cuenta conmigo (también dirigida por Reiner, en 1986) Cadena perpetua (1994) y La milla verde (1999).



El silencio de los corderos, Jonathan Demme (1991)
Pocos malvados tan apreciados como el doctor Hannibal Lecter. Creado por Thomas Harris en El silencio de los corderos, Jonathan Demme la convirtió en la única cinta de terror ganadora del Oscar a la mejor película, además de los otros cuatro más importantes: director, actor (Anthony Hopkins), actriz (Jodie Foster) y guión, a cargo de Ted Tally. Uno de los secretos es la inquietante relación que surge entre la novata agente del FBI que pide ayuda a Hannibal el Caníbal para solucionar una serie de asesinatos y su estructura entre el thriller psicológico y de terror. Ambiente malsano sobre el descenso a los infiernos para buscar una salida, y que trastoca en el espectador ciertos valores al sentir simpatía por el psicópata. Se convirtió en trilogía con la secuela Hannibal y la precuela El dragón rojo, libro donde Lecter aparece por primera vez.

Adiós mi concubina Chien Kaige (1993)
Medio mundo se asomó a la historia de la China del siglo XX y sus legendarias tradiciones a través de esta película. Y gracias, entre otras razones, a la Palma de Oro de Cannes que en sus búsquedas cinematográficas reforzó su mirada sobre el cine no occidental. Todo parte de la novela de la escritora Lilian Lee, quien se encargó del guión junto con Li Wei. Filmada por Chien Kaige, la historia transcurre desde los años veinte hasta la muerte del presidente Mao Tse-tung en 1977. El hilo conductor es la amistad que nace entre dos niños huérfanos que llegan a ser famosos cantantes de ópera. Mientras, el curso de la historia y los cambios políticos y sociales del país entran en sus vidas. El resultado es una película que muestra un gran dominio de las intrincadas relaciones humanas, deseos y malentendidos, con una fotografía y música inolvidables.
Ciudad de Dios Fernando Meirelles (2002)

Fue el año de una de las cumbres de las adaptaciones cinematográficas: El señor de los anillos, Mistyc River, Master and Comander, Cold Mountain, Seabiscuit y Ciudad de Dios. Pero fue esta última película, basada en la novela del brasileño Paulo Lins, el gran descubrimiento literario. Y sorpresa cinematográfica a cargo de Fernando Meirelles, que muestra y se mete, literalmente, en la génesis, desarrollo y vida de una de las favelas más peligrosas de Río de Janeiro. Lins escribió la novela entre la autobiografía y la ficción, y Meirelles la hizo cine, con guión de Braulio Mantovani. Ritmo trepidante de secuencias rápidas y escenas y planos innovadores al servicio de una estructura narrativa sobre la evolución de la vida de tres niños desde los años sesenta hasta los ochenta: Inferninho, Pardalzinho y Zé Miúdo.



Mystic River Clint Eastwood (2003)
Como Scorsese o Spielberg, parte del prestigio y la inspiración de Clint Eastwood como director se lo debe a la literatura. Algunos de sus principales largometrajes están basados en novelas o relatos. La adaptación que hizo de Mystic River, de Dennis Lehane, con guión de Brian Helgeland, aumentó su popularidad. Un suceso sacude la vida de tres niños que eran amigos. Veinticinco años después el destino vuelve a juntarlos tras el asesinato de la hija de uno de ellos. Al buen pulso cinematográfico de Eastwood contribuyen las actuaciones de Sean Penn, Tim Robins y Kevin Bacon. Otras películas de Eastwood basadas en libros son Media noche en el jardín del bien y del mal, de J. Berendt; Million dollar baby, de F. X. Toole (Oscar a la película y director); Los puentes de Madison, de R. James Waller; o Banderas de nuestros padres, de James Bradley.


Brokeback Mountain Ang Lee (2005)

Ennis de Mar y Jack Twist encarnan una de las historias de amor más conmovedoras y crueles de la literatura contemporánea. Protagonizan el asalto del deseo y la pasión mutuos, y luego el amor revelado en las montañas de Wyoming (Estados Unidos), y que se prolonga durante tres décadas tratando de sobrevivir infructuosamente a los prejuicios y violencia de la sociedad. Annie Proulx escribió este relato que Ang Lee convirtió en cine impecable con una cadencia progresiva de emociones y sentimientos inesperados y traicioneros. Una inmersión en la frustración. Al arrepentimiento. Un cuento y una película de amor más allá del género. Brokeback (Oscar al mejor director) no ha sido el único encuentro del director taiwanés con un libro, ya en 1996 había adaptado una novela de Rick Moody, admirada cada vez más: La tormenta de hielo.



No es país para viejos Ethan y Joel Coen (2007)
¿Hay crisis en los guiones originales? Lo cierto es que en 2007 continuó la tendencia ascendente de que las grandes películas parten de cuentos, novelas o biografrías actuales. De los seis principales largometrajes que aspiran este año (2007) a los oscar, por ejemplo, cuatro proceden de libros: No es país para viejos, de Cormac McCarthy; Expiación, de Ian McEwan; Pozos de ambición, de Upton Sinclair, y La escafandra y la mariposa, de Jean-Dominique Baudy. Mientras en No es país para viejos, los hermanos Coen han sido bastante fieles a la novela, Joe Wright se ha quedado con la espina dorsal y emocional de Expiación, Paul T. Anderson ha recreado la época de búsqueda del petróleo, y Julian Schnabel ha transmitido el espíritu heroico de Baudy.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Sobre la actual generación de poetas en Cuba, Aymara Aymerich

El poeta Edel Morales, me envió hace algún tiempo esta reseña sobre la actividad y posturas que mueven a los poetas actuales de Cuba (si es factible llamarlas así, algo que Aymara desmitifica muy bien).

En sí, me parece un documento extraordinario por la franqueza y libertad con que está escrito, sin modales doctrinarios ni las decepciones histórico-dialécticas que muchos latinoamericanos han impostado en todo lo que se refiere a Cuba y a su actualidad.
Pues bien, aquí está la voz y el pathos, la claridad o la clarividencia:




Nuestra infancia, como muchas, fue la más hermosa y divertida, transcurrió en un país recién institucionalizado, donde todo era factible, incluido el hombre nuevo.



Tuvimos juegos cándidos y juguetes racionados, pero la magia cotidiana era innegable. Fuimos, más que infantes retozones, pioneros responsables, pues en Cuba no se es niño y ya, se es también pionero hasta la temprana adolescencia. Aspirábamos a ser solidarios y vanguardias, autocríticos y críticos, abanderados del 2000, caballeritos proletarios… Asistíamos limpios y puntuales al matutino de la escuela. En las aulas aprendimos Matemática, Español, Ciencias Naturales, Historia o Geografía, por ejemplo; más asignaturas con nombres y conceptos asombrosos como Vida Política de mi Patria, Trabajo Socialmente Útil o Idioma Ruso, que contribuían a forjarnos.



Vimos, además, a los padres partir hacia la guerra en África, hacia Miami en yates, o quedarse en la isla ufanamente construyendo el socialismo. Mas nosotros, a la vuelta de unos años, seríamos casi el Che Guevara. Esas, entre otras tantas cosas, las recuerdo y nos definen, generacionalmente hablando, como mismo aquellas pañoletas que lucíamos con nuestros uniformes pioneriles y los dibujos animados rusos, cada día, a las seis en punto de la tarde.



Crecimos en un país atípico, l.q.q.d., lleno de circunstancias especiales, donde a cada instante se vivía un momento histórico, crucial para el mañana. De una parte, un gran imperio paternal nos amaba y protegía; de la otra, un gran imperio hostil nos bloqueaba y agredía. Los soviets y los yanquis. Un esquema contra otro, viceversa. Y nuestra patria, enérgica, contemplándonos orgullosa, en el epicentro de aquella colosal tensión, distribuyendo salud y enseñanza gratuitas, rectificando errores y tendencias negativas, haciéndonos felices… Creo que esas gruesas pinceladas ilustran, representan el escenario donde tuvo lugar nuestra niñez; aunque justo es admitir que, por razones evidentes, omito una multiplicidad incalculable de trazos y matices.



Algo, no obstante, colapsó por el camino. Digo yo que el muro de Berlín, la URSS y la integridad del campo socialista cuando despedíamos los ochenta. Y mi isla, la mayor de las Antillas, quedó sola. Inamovible, y sincrónicamente, a la deriva. Llegaron los noventa y con ellos sobrevino la mordaz adolescencia. Nosotros y toda la nación unidos en el arduo proceso de los cambios, adoleciendo. La de los noventa, ciertamente, fue una historia diferente. No voy a resumirla; no puedo por mucho que quisiera. O, mejor, desde la franqueza más lozana: no me gustaría, por mucho que quisiera. Sólo acoto que, para mí, fue una década larga y extenuante, donde cada año semejó casi una década en sí mismo.



Imagino que en algún momento puntual de ese período, nos llegó también la poesía o el deseo vehemente de escribirla. Y eso hicimos, cada cual desde su flanco. Ahora me pregunto si la crisis —con su natural dosis de escepticismo y desconcierto—, detonó una espiritualidad endémica en nosotros, atendiendo a que los primeros textos publicados de mi promoción la excluyen por completo; son casi foráneos, en cuanto ignoran la praxis angustiante que padecía el país.



La angustia, sin embargo, sí podía constatarse en aquellos poemas como evento individual. Cada uno de nosotros fue capaz de deslindar la suya, de otorgarle rostro, articularla, y propagarla luego en los papeles. Algunos, como yo, la llevaron hasta el paroxismo. Así, los versos primigenios están colmados de obsesiones no muy alentadoras. En ellos hay miedo y muerte, hay luz asomada por momentos, por rendijas, hay oscuridad que precisa transgredirse cuanto antes, por lo tanto, hay estertores, golpes, lloros, avalanchas, fugas, ofensas, mutaciones… y sangre fluyendo hacia disímiles destinos. Plasma temperamental o contemplativo, marginal o conspicuo, sano o pútrido, pero libre en su hermetismo, bajo cualquier cualidad.



Mucho más que dejarme sorprender por la invasión de un elemento tan fuerte, como lo es la sangre, tiñendo de púrpura la habitual imagen nívea de la libertad, prefiero impresionarme por la solemnidad con que parece haber sido escrita nuestra obra inicial. Creo que pocas veces hemos asumido el ejercicio de la poesía como un divertimento.Independiente a la hechura de los textos y al pulso de sus autores en aquella época, se advierte en los poetas cierta formalidad o compromiso ante la aproximación del acto poético. Y digo formalidad, compromiso, sin que ello implique el acatamiento de normas protocolares estériles. Más bien —y si se me permiten abstracciones—, con tal comportamiento pretendíamos simpatizarle a la escritura, mostrarnos galantes para ella; seducirla, ya que su conquista figura ser mucho más difícil. Eso procurábamos, pienso yo: que la creación nos distinguiera y que optase por nosotros, que confiara atrevidamente y accediera presta a nuestras cuantiosas demandas. Sólo eso: una relación brillante y sempiterna con las letras, una hermosa compañía pertinaz que en algo compensara nuestra angustia.



Es curiosa esta especie de respeto ante el “oficio” pues discorda con otros modales, sutilmente heterodoxos, que solemos manejar mis congéneres y yo con mayor o menor fortuna. Me reservo los detalles al respecto. Si existiera entre nosotros alguna cepa de “malditos”, será importante que alguien más calificado la descubra en el futuro. Por ende, sólo expongo aquí un rasgo distintivo —maldito, según el dictamen de inspirados críticos—, o quizás un recurso necesario, o ambos, que ya es cómodamente perceptible entre nosotros: no somos una promoción fundacional.



Nada, excepto algún que otro licor, nos nuclea como grupo. No ambicionamos roles protagónicos, escenarios exclusivos, lunetas estratégicas. Jamás nos deslumbró matricular en los gimnasios literarios precedentes. No nos influyen estilos o tendencias homogéneamente. Nunca hemos insinuado una plataforma ideoestética, de manera colectiva, que nos valga de soporte. Ni tendremos, supongo, nuestro manifiesto literario, nuestra revista cultural, nuestro evento polémico, nuestro epistolario lírico, nuestro escándalo… Tampoco nos afecta o interesa demasiado, pues únicamente rastreamos la voz propia y por asirla seríamos capaces de ignorar cualquier conglomerado.



Decididamente somos holgazanes para la convivencia literaria. La conducta social, el “lobby”, que tipifica al escritor —como se comprende hasta hoy— creo que provoca en nosotros cierta suspicacia, y a ratos, apatía. Será educado o no, pero casi puedo asegurar que es la realidad. Tal parece, a estas alturas, que de ningún modo estaremos ordenados para ser una promoción muy aportadora, que el debate sociocultural del país o su comunidad intelectual no debe esperar mucho de nosotros, ni siquiera esperar mucho por nosotros.



Deben existir cientos de causas que expliquen tal fenómeno, extraliterarias sobre todo, cercanas a la sociología. Somos poetas todavía jóvenes muy semejantes a esta época cubana, con un alto sentido de pertenencia generacional. Hemos gozado a la vez, y desprejuiciadamente, con Herman Hesse y los Van Van, con El Anticristo y La Edad de Oro, con Sovietsportfilm y Disney, con Brodsky y Les Luthiers, con la semiótica y el dominó, incluso, sabemos tolerar el reggaeton. La poesía, como mencioné, está caramente vinculada con la angustia, por eso al encontrarnos preferimos disfrutar, invitarnos a un café o a unas libaciones, lucir nuestro excelente humor; pero no apostar jamás por la noción de que la vida es literatura.



Declinamos lo social discretamente, es decir, los compromisos puntuales, las referencias constantes, la etiqueta… Somos inconstantes para las actividades culturales: aparecemos con cierta intermitencia en ellas y no permanecemos demasiado rato en un lugar o estado. No dudo, entonces, que podamos parecer justamente lo contrario a lo que han esperado de nosotros los mayores; o lo que implica más, a veces actuamos como si quisiéramos demostrarlo fehacientemente. Quizás sólo padecemos esa cuasi malcriadez típica de los bardos finiseculares, acrecentada en nuestro caso por la eventualidad de ser “finimilenares”.



Algún sector atento de la crítica nos ha catalogado de autistas y de epígonos, en cambio, no hemos reaccionado, al menos de manera pública. Yo, advierto lo siguiente: no existe preocupación en nosotros por criterios que, aunque resultasen atinados, definitivamente son mutables y precoces. En tal sentido, pienso que nos complace más la ley darwiniana de la selección natural. Ya el tiempo hará, con la eficacia acostumbrada, su trabajo. Mientras, no solicitamos ser catalogados como algo.



Todo lo que he dicho puede describir, apretadamente, a nuestra promoción. Yo he tratado de atenuar lo más posible el margen de error que conlleva un experimento de esta naturaleza. Nuestra intención no es descubrir zonas ultra novedosas en el quehacer poético, sino hacernos rodear del verso y los amigos con familiaridad. Y auténticos, francos, rigurosos, sí somos, y bastante, con nuestra creación. Este simulacro de desgobierno que se aprecia, esta urgencia por lo individual e independiente, sólo pudiera comprenderse como acciones primerizas emprendidas por nosotros para armar cierto sendero con una orientación ínfima hacia un paraje agradecido, benevolente, y humano, demasiado humano.





AYMARA AYMERICH
En el Zócalo, México D.F., octubre 8 y 2006.

Inscripción 178, Raúl Zurita


Lo vi hace 5 años, en el II Festival Internacional de Poesía en San Salvador. Hipnótico, lo seguí en su rondar a la fuente del hotel, meditabundo, fragorosamente pensante. Se murmuraba a sí mismo sobre lo tedioso que había sido la inauguración y acerca de lo que leyeron los demás poetas. Él no leyó esa noche, tronó.

Las pocas palabras que logré intercambiar con él fueron sificientes para redescubrirlo en su potencia original..."qué mal, qué mal" -se repetía- "¿y cómo es posible tragarse tanto poeta en una sola noche?...qué mal, qué mal"



Te hablan ahora las rompientes de tu vida
Te cuentan de las falsas Itacas,
del naufragio en costas remotas
de tu cansancio doblándote hacia las olas


Te dicen que más allá está el final
de la tierra
que allí el mar se derrumba, que tu mar
amado se derrumba y que los barcos
nunca han vuelto

Te hablan en tu propia noche los temores
Que suenen entonces como algo
que se despierta
estos poemas
como algo que está en tí, como algo que cruce el mar y se despierta.

Velaciones, Rigoberto Paredes


A mi parecer, esta es una las piezas poéticas mejor construidas de los últimos tiempos en Honduras. Rigo se levanta todos los días a las 5:00am, a escribir, y como dice él, esto desde hace 99 años. Sin duda, se necesita semejante añejo para haber escrito este poema.


El insomnio es un grillo debajo de mi
/almohada.
Alguien se queja a solas, o habla, o ronca
y ese otro jadea, sofocado por el cargamento
de una mujer tal vez encinta en-ci-ma.
Horas de horas sin pegar un ojo, miles de
/ovejas
saltan, una a una, las trancas y barrancas
de esa tierra de nadie de mi infancia:
todo esto semejante a la lejana noche
en que mi padre fue bajado en andas,
pacificado ya por el sueño de los justos.

El insomnio encandila como página en
/blanco.
Maduran las palabras al calor de mis labios
y se abren como cáscaras
y por dentro no hay nada.
Lo que canta no es más que un grillo
/enamorado.
No hay nadie, son las sombras que pasan
por la noche como sobre un cadáver,
las sombras que acometen desde algún
/punto ciego.
El insomnio es un pozo de aguas podrecidas.
¿Quién se acuesta a estas horas?
¿Quién pone su cabeza en una almohada como bajo del hacha de un verdugo?
Toso y arde mi pecho, borbollea.
Soy más viejo que anoche, más viejo,
y los tocidos cavarán más hondo
y cavarán más hondo los tocidos hasta la
/madrugada.
El insomnio es un ojo de vidrio
astillado en mis ojos.
Algo, un canal, una llave gotean
y como almádana cae cada gota, una a una,
y yo caigo rendido,
cabeceando de sueño.
Y yo sueño que duermo.
Después el día,
el día como una mancha ardiente,
estregada en el rostro, restregada
hasta, otra vez, la noche.

Dylan Thomas


La fuerza de este poema pareciera la de una ola que rompe contra un acantilado. Siempre me pareció ver a Dylan Thomas escribiéndolo al filo de un precipicio, llenándose de la espuma que ascendía, lleno de Whisky sus ojos, y con las manos alzadas, como si sostuviera las riendas de caballos fantasmas.



And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west
moon;
When their bones are picked clean and the
clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they
shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not
break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan't crack;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no
more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through
daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.


Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán
confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos
y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no moriran aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una rueda, aún no se romperán;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no griten más en su oído
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron
ni levanten ya más la cabeza al golpe de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadaveres martillearan margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.

Elecciones con ice cream


Disfruto salir a las calles en días de elecciones en Honduras, las calles están vacías como tarde en viernes santo y uno se escapa de las maratónicas transmisiones en las que los periodistas insisten que hay una fiesta cívica pero las cámaras sólo enfocan cantones electorales vacíos y encargados de mesas aburridos.

Y realmente ¿quiénes son los que eligen en Honduras? Un aproximado del 24% de la población, según la última publicación de National Geographic, que ubica al elector hondureño entre los de menor rango de participación a nivel mundial. Espero que los del Tribunal Nacional de Elecciones jamás se den cuenta que en Australia se multa con alrededor de 15 dólares australianos a los que no asisten a las urnas, porque aquí entrarían millones a las arcas de la corrupción!!

La democracia que celebran y conquistan los vencederos, es pírrica y llena de oquedades: el desencanto levanta banderas descoloridas y los analistas se preguntan el por qué de la falta de civismo (…) en verdad, me gusta salir a pasear los días de elecciones, la ciudad sólo muestra la lenta natación de los escualos que van de arriba abajo tratando de atraer hacia los centros de votación al cardumen, los ladrones hacen su aguinaldo y hasta los predicadores de la Plaza Central se ausentan.

Por lo visto, la mejor democracia debe ser este vacío sin profundidades, este ice cream que, junto a mi familia, vamos saboreando cuidando que no se nos caiga semejante felicidad.