viernes, 16 de enero de 2009

Tristia, Ovidio


En Las Tristes (Tristia) de Publio Ovidio Nason (43 a.C-17 d.C) el viento está siempre presente como vehículo para llevar sus palabras o súplicas, desde el remoto destierro (costas del Ponto Euxino, actual Mar Negro) hasta la urbe Romana que tanto extraña y que se ve obligado a cantar con nostalgia en forma de cármenes, rogando que el viento lo acerque, aunque sea en versos, a ella: "Mira qué llevo, nada aquí verás, sólo tristeza..." Si alguien de vosotros pregunta, empero, de dónde he cantado tantas cosas dolientes, muchas sufrí dolientes... En tanto, ¿qué, si no tristeza, tratarán mis librillos?..."

Resulta dolorosa esta lectura de las Tristes después de leer la exultante seguridad y picardía con que Ovidio aborda la vida en El Arte de Amar (Ars Amandi), y sin embargo, se va leyendo entre líneas el afán astuto de impresionar a César Augusto para lograr el indulto y poder morir, como dice él, al solaz de la patria . Es a él, precisamente, a quien dirige sus ruegos y sus tristes zalamerías; por ejemplo, dirigiéndose a las furiosas olas del Ponto, que en sus versos amenazan el hipotético barco en el cual regresa a Roma escribe: "Si con la pena, cuanta merecí, quereís destruirme, para el juez mismo, que la muerte es menor a mi culpa. Si mandarme ya hubiese querido a las ondas estigias César, no ocuparía para ello vuestra ayuda..."

Al viento de los siglos, entonces, las palabras del gran poeta latino, y por supuesto, la terrible grandeza de toda una época que se resiste a desaparecer y vivir, aunque sea en estas volátiles letras.


A dondequiera que miro, nada hay, sino el Ponto y el aire:
éste de olas hinchado, minaz aquel de nubes.
Entre ambos, con terrible murmullo braman los vientos,
a qué dueño obedezca, la onda del mar ignora.
Porque ya toma fuerzas el Euro desde el orto purpúreo,
ya desde el tardo ocaso enviado, llega el Céfiro,
ya desde Osa seca sopla con furia el gélido Bóreas,
ya el Noto por adverso frente batallas lleva...


quocumque aspicio, nihil est, nisi Pontus et aer,
fluctibus hic tumidus, nubibus ille minax.
inter utrumque fremunt inmani murmure venti.
nescit, cui domino pareat, unda maris.
nam modo purpureo vires capit Eurus ab ortu,
nunc Zephyrus sero vespere missus adest,
nunc sicca gelidus Boreas bacchatur ab Arcto,
nunc Notus adversa proelia fronte gerit...

Los cantos delicados brotan de un alma serena;
por súbitos males, adversos son mis tiempos.
Los cantos buscan del escritor retiro y sosiegos:
a mí, mar; a mí, vientos; fiero me agita el invierno.
Todo miedo estorba los cantos: yo, perdido, imagino
que una espada ya, ya, en mi garganta clávase.


carmina proveniunt animo deducta sereno;
nubila sunt subitis tempora nostra malis.
carmina secessum scribentis et otia quaerunt;
me mare, me venti, me fera iactat hiems.
carminibus metus omnis obest; ego perditus ensem
haesurum iugulo iam puto iamque meo.

jueves, 15 de enero de 2009

Memín y Kalimán












Estaría yo en tercer grado -no recuerdo muy bien-, 1983 quizá, el punto es que el diario traía inserto esa mañana dos ejemplares gratis de las historietas que iniciarían una moda que se extendió por varios años y por muchas colecciones asombrosamente grandes.

kalimán y Memín se convertieron a partir de ahí en la plática normal de los niños ochenteros, entre las ñoclas de los "maules" y la chimiricuarta de las noches.

Recuerdo que por primera vez miraba retratada una versión fantástica y serial de los dioses del Olimpo (Calypso caía rendidamente enamorada de Kalimán y Caronte luchaba cuerpo a cuerpo con el hombre invencible) y eso me llevó a redoblar la lectura clásica de la mitología greco-latina, sí, es correcto: de una mitología moderna a una mitología antigua. ¡Vaya cuarto de espejos!

Aparte de esas "encerronas" en la biblioteca de la escuela, lo realmente feliz era recrear las aventuras del "Hombre Increible" en los juegos con mis amigos y sobretodo, tratar de identificar en nuestros compañeros de escuela el carácter de Ernestillo, Ricardo, Carlangas y Memín. Con seguridad, esto se repetía entre miles de niños por toda Honduras.

Cuando ambas historietas se extendieron hasta los números 1200, ya era demasiado y así, fueron desapareciendo hasta no circular más. Quedó tan sólo la curiosidad por el mundo esotérico de oriente (mi abuela me contaba que un tío de ella quedó loco de tanto escuchar por la radio a Kalimán y, era por eso, que caminaba con un turbante, mostacho Sij y mirada profunda por los bulevares de Tegus, en cuya catedral creía ver el Templo Dorado de la ciudad india de Amritsar y en su altor mayor -barrocamente alucinante-, a la fascinante y sangrienta diosa Kali) y claro, nos quedó la enrevesada trama de haber vivido todas aquellas aventuras en alguna zona real de nuestra infancia, misma que, poco a poco, fue entrando a la zona erógena tras advertir las curvilineas heroínas que aparecían como víctimas o malvadas femme fatale de las historias.

Homenajear las trivialidades tal vez sea lo que verdaderamente importa cuando estamos solos en nuestros recuerdos, y quizá de ahí , salga la verdadera historia de lo que somos o fuimos, alter ego que se asoma cuando ya adultos (lejanos ya del frágil Solín o Ernestillo que fuimos) nos preguntamos "hey, ¿y vos coleccionaste a Kalimán?" "Hey ¿pero vos quién eras de Memín?"

martes, 13 de enero de 2009

La Honduras que "importa"


Basándonos en el precio del petróleo entre el 2007 y mediados del 2008 ($100.00), con mis compañeros de trabajo hicimos esta aproximación en cuanto a lo que producíamos y exportábamos en Honduras ( en esas fechas) para comprar (importar) un solo barril de petróleo.



82 libras de café debemos producir y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo


¿Y si dependiese sólo del café la compra de los 1,400 millones de barriles que compramos al año? ¿Cuánto café tenemos que producir? 11,480 millones de libras de café!


403 libras de banano debemos producir y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo

¿Y si dependiese sólo del banano la compra de los 1,400 millones de barriles que compramos al año? ¿Cuántas libras de banano tenemos que producir? 56,420 millones de libras de bananos!


31 libras de tilapia debemos producir y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo.

¿Y si dependiese sólo de la tilapia la compra de los 1,400 millones de barriles que compramos al año? ¿Cuántas libras de tilapia tenemos que producir? 43,400 millones de libras de tilapia!


75 pies de madera debemos talar y vender en el mercado internacional para comprar, actualmente, 1 barril de petróleo

En Honduras se consumen 4 millones de barriles al día ¿y si dependiese sólo de nuestra madera la compra de esa cantidad de combustible al día? Tendríamos que talar y vender 300 millones de pies al día!


¿Cuántas libras de nuestros principales productos de exportación debemos producir y vender para comprar 1 barril de petróleo?
6 libras de Langosta
26 libras de Camarón
276 libras de Aceite de Palma
500 libras de Piña
588 libras de Hortalizas y Legumbres
1176 libras de Melón y Sandía

sábado, 10 de enero de 2009

John Connolly, abismo de la memoria


John Connolly (La Lima, Cortés - Honduras) toma la guitarra y hace desaparecer de su rostro el enconado gesto de pensar y pensar que uno advierte de entrada cuando lo ve. Canta, va por todos los campos bananeros como lo hizo siempre, con la bandera Tacamiche revoloteando en sus manos y con todos los nombres de los tantos activos que fueron quedando en la memoria de la lucha obrera, ahí en los hornos persistentes del Aguán y el Sula. Y su poesía, por supuesto, la discreta rebelión cuando piensa y piensa.


Agua del mismo río

No concibo por qué
sin ser gemelas
las aguas de los ríos
marcan el mismo reloj hacia su destino.

Hasta dónde, la exactitud de ciertas almas
aun cuando no se conozcan
navegan sobre el oleaje
de océanos semejantes.

Cuando, si ese es el punto,
presentimos
que alguien invade en secreto
nuestro calendario
y en el blanco camino que lleva a las edades
nos carcome la piel
como signo indeleble
de naufragio.

Yo aposté por tus huesos
mi delirio
y te adiviné siempre
aferrada a los milagros,
pero yo soy laguna de otro tiempo
y tu sigues siendo mi río carcelario.


La guerrillera
Antonia Molina lleva en su piel memoria
cien mil justas razones
para amar con dolor a Tacamiche.

El aroma a esa tierra aferrada
a la luz de sus entrañas
sigue arañándole el cielo con ternura.

Noche a noche
como la niebla súbita de un ángel
Toña Molina vuelve a su antigua morada
de pájaro en ascenso.
Nace de nuevo la casa
las gallinas
la pasión por su loro
combatiendo en agosto contra los mercenarios.
Pascual Cabrera flotando en el humo
del fuego más cercano.
su café de las tres,
su cigarro nocturno.

Pero Toña Molina sabe que no hay perdón
para los vende patria,
que a pesar de la angustia
quemándole las canas
hay raíces que estallan cada noche
en sus manos
devolviéndole el fantasma de su Cruce Lejano.
La guerrillera lo sabe
cada vez que una gota de sal, por las mañanas
le arrebata su paz
de ave enjaulada.
De su poemario Abismo de la Memoria

viernes, 9 de enero de 2009

Carlos Calero, Nicaragua


Carlos Calero nace en el legendario Barrio de Monimbó, Nicaragua, 1953. . Actualmente reside en Costa Rica, pero su arraigo y referencia poética se evidencia en Nicaragua. Ha publicado cuatro libros de poesía: El humano oficio (2000, Centro Nicaragüense de Escritores), La costumbre del reflejo (2006, Editorial Andrómeda, San José, Costa Rica), Paradojas de la mandíbula (2007, Editorial Andrómeda, San José Costa Rica), Arquitecturas de la sospecha (2008) Editorial Andrómeda, San José, Costa Rica. Este mes de febrero se edita, en Nicaragua, Cornisas del asombro, por Editorial 400 Elefantes de Managua.

Lo he visto dos veces en dos excepcionales ocasiones que han bastado para seguirle la pista y apreciarlo en su pura dimensión de poeta: de San José a Granada su voz y lo que ahora, aquí, sus letras responden:


Amigos, poetas

IEl rostro multiforme, sagazmente desarmado por la experiencia, conmueve o entristece a quienes dudan de sí mismos; por esto me punzó la duda y su semántica; con sospecha en el oído turbio, o columna de lo que llamamos concertación en armonía económica.
II
Qué hará un poeta sin su escritura, qué del poema que crece o naufraga dirán los juglares, cuando grazna el cisne o lo ahoga en las albercas de las ciudades; qué de la huída con la carne entusiasmada; y detrás las urbes que conjuran infecciones entre el colmillaje, jauría y la moneda, a contracorriente de cuervos y Poe sin la nieve.
IIIDios mío, qué del poeta, sus versos en acuosidades; qué si intenta fijar la memoria con evidencia de ataúdes y la previsible pacificación del miedo, o escritura en exhumaciones del epistolario, o cuerpo que descabeza la imaginación sin consultar los paisajes.
IVDios mío, poetas, si pretendiéramos el tufo o la carroña, o plaza habitada por las voces en una página.
V
Amigos de poetas que oyen a otros poetas, y creen en los poetas, defienden a los poetas por ajuste de cuentas contra las soledades.
VIEnemigos de los poetas, que desoyen a los poetas; descreen de los poetas; ofenden a los poetas, por pavor al silencio y quienes que no hablan de su propia memoria.


Apuntes para una radiografía

ILa neblina y no alma/humillación/escarcha humedecida por un séquito secreto en pos del microbio occidental en la paz cínica de las ciudades;
IIse levantan sospechas en fúnebre y paredes, con un pálido sol entre paraguas y saudades;
III
o tanto “periquito de amor” mimoso y acartonado, o leprosa vocación por tenerlo en el olvido que aplana la frente del cínico premiado, o exhuma sofismas y placidez con prólogo para el último héroe y su versión con festines de post-vida a costa de tumbas y melodramas épicos acaRtonados;
IValguien podrá calcular su sombra o correr en pos de algo que nunca tuvo, o le despojaron durante el gatuno resplandor la ternura polifónica;
Vese alguien vive en vos y yo, con rostro difuso, o parco chispazo en el orgullo y carne viva para roer el labio que exige belleza con oficio ad honorem:
VIese vos está o se nos fue;
VIIno esperó consabida muerte en las banderas.
VIIILa neblina atenaza recuerdos de ombligos utópico/señuelos, empolla la profecía del falsario, y regresa nuestra duda incólume con retratos y bilis sobre la mano despreocupada,
IXentonces nos muerde el inédito mastín, o protuberancia del que escribe y se diluye en los inodoros.

jueves, 8 de enero de 2009

Atado con raíces


Atado con raíces a la tierra
la infancia me pregunta por las alas
de inocencia del niño que se imagina Ícaro
Con alas de triplay
corriendo a la pendiente del pasado,
aunque las voces de los vagos digan
“no digas pendejadas, no se puede volar”
en este vuelo van los tiempos
que hoy regresan como si no se hubieran ido
y desmenuzo este recuerdo que ya no es mío
como una hebra de hilo
girando en medio del remolino.

Ricardo Venegas

Metempsicosis


Delirium ha sido una banda de rock duro fundamental para entender el espíritu de mi generación noventera aquí en Honduras: cuando Cruz Blanca (su primer gran single) empezó a sonar, nos dimos cuenta que la ingenuidad del rock nacional se había hecho trizas. Había letra de por medio en esa canción, había una oscuridad desconocida en el mundo Tele Tubie hondureño, había fibra, pues, un pulso de manos con vridrio molido amenazando las muñecas... sí, había nacido toda una banda de rock puro y metalero.
Al montar esta versión rock del poema de Molina, se afirma como lo que siempre intuimos: una banda que saca sus nutrientes de esta tierra inexplorada y bizarra, la mezcla de la buena poesía con las proyecciones de un sentido musical que galopa hacia la ruptura permanente.
Agradezco al amigo colombiano que me llevó a este link (Arturiano: ¿cuál es tu correo?) .

miércoles, 7 de enero de 2009

Totatzine


Sin duda alguna, la oración del Padre Nuestro de nuestra tradición judeo-cristiana, es una profunda evocación que a nadie deja indiferente. Durante toda mi infancia la repetí y aún cuando el caminó se bifurcó, siguió siendo para mí una poderosa razón para respetar la fe y el credo de los que la pronuncian en profundo silencio. Cuando Mariluz Suárez (investigadora, dramaturga, académica y tierna esposa del poeta Saúl Ibargoyen) me dió esta traducción del Padre Nuestro al Nahuatl, me pidió que lo guardará como un regalo especial, ya que durante la semana en que ambos -Mariluz y Saúl- estuvieron visitándonos aquí en Tegucigalpa, le comenté sobre mi gran admiración por la cultura Mexica y sobre mis lecturas sobre ella, muy limitadas, por cierto.

Sin embargo, al intentar repetir la oración en nahuatl, el trabalenguas (¿o no será acaso la espina de maguey atravesada en la lengua con la que los mexicas escribían la palabra silencio?) me brindó una idea más personal acerca de las distancias y acercamientos -unas veces brutal y en otras dulce- que logró el sincretismo religioso, la difícil pero constante asimilación de ambas cosmovisiones junto al anatema a la lengua nahuatl que los primeros evangelizadores de la "Nueva España" lanzaron contra la "diábolica lengua" de los orgullosos mexicas, seguido, como bien lo sabemos, por la horrenda quema de códices en la Plaza Mayor de Tenochtitlán ante los nobles y pueblo sobreviviente al exterminio de las enfermedades y las armas.

Acompaño esta traducción con uno de mis poemas sobre el tema en mención, poema que me dio la magnífica oportunidad -allá en el 2003- de una larga y reveladora plática sobre la poesía de Nezahualcóyotl con el fino poeta mexicano José Luis Rivas.
Y algo más -de la misma forma que me lo preguntó Mariluz- ¿saben ustedes qué pedían los mexicas en lugar del "pan nuestro de cada día, dánoslo hoy"??? Exacto, adivinaron: la tortilla de maíz.


Totatzine
In ilhuicac timoyetztica,
ma yectenehualo in motocatzin.
Ma hualauh in motlatocayotzin.
Ma chihualo in tlalticpac
motlanequilitzin yuh in ilhuicac.
In totlaxcalmomoztlae
totechmonequi, ma axcan
xitechmomaquili, ihuan xitechmopopolhuili
in totlahtlacol,
in yuh tiquintlapopolhuiah in
techtlatlacalhuih ihuan macahmo
xitechmomacahuili tihuetzizqueh
ipan teneyeyecoltiliztli; ma
xitechmomaquixtili in ihuicpah
in ahmo cualli. Ma yuh mochihua.


Lo revelado

El hombre nace disperso,
busca su propia mitad
y un día la encuentra.
En ocasiones, es dueño de la cuerda,
pero habita silencioso en los extremos.

El hombre se cree infinito
pero jamás multiplica,
levanta el censo de la unidad
y jamás explica nada.
Él es Xochipilli o Xipetotec,
a veces huele a flor
y otras veces
a carne.

El hombre hace lo imposible
y se resbala,
va de un lado a otro,
se aferra con uñas y dientes al recuerdo.

El hombre nace disperso
y la mujer, conmiserada,
busca reunirlo,
hace cuanto puede.
(Del poemario Solares, 2004)

martes, 6 de enero de 2009

Van Gogh





El rostro de Van Gogh, reconstruido con las mismas técnicas digitales usadas por los egiptólogos para definir los rasgos de las momias.

Un violinista en el metro (tomado de la revista colombiana Arcadia)


Hace algunos años vi un programa donde Joan Manuel Serrat se iba de incógnito guitarra y amplificador en mano, a un parque de Barcelona para ver cómo respondía la gente, si lo reconocía o no. Llegaron dos y al rato lo reconocieron, así que comenzaron a regar el rumor y pronto, toda una multitud se reunía alrededor de Serrat hasta convertir el acto en un concierto con todas las de la ley. De manera coincidente, encontré este artículo en la Revista Arcadia (por lo visto no hay coincidencias sino que intensas búsquedas, como diría Cortázar), reflexión editorial que ahora les comparto.


Hay una incómoda pregunta que muchos lectores se habrán hecho alguna vez en la vida, y que tal vez no haya querido responderse. ¿Qué pasaría si a uno lo pusieran a leer grandes obras de la literatura sin que en ninguna parte del libro apareciera el nombre del autor? ¿Alabaríamos con tanta convicción la sutileza de un cuento de Chejov? ¿Nos perturbaría tanto un monólogo de Samuel Beckett? ¿Aplaudiríamos de pie y con tanto ahínco a García Márquez?


En otras palabras, ¿cuál es el peso real, el tamaño de la influencia de la sanción de la historia sobre nuestros juicios estéticos? ¿Cuál es la dosis de oculta hipocresía que manejamos con nosotros mismos cuando decimos que nos encanta Mozart o Bach o Picasso o Miguel Ángel? ¿Realmente somos capaces de reconocer el genio si no viene "empacado" correctamente, legitimado por un gran museo, premiado por una prestigiosa Academia, refrendado por la historia oficial de la cultura?


El Washington Post hizo un experimento para intentar responder a esta pregunta. le pidió al gran virtuoso Joshua Bell, uno de los tres más importantes violinistas vivos del mundo, que se pusiera una gorra de béisbol y se parara en un rincón de una estación de metro de Washington. No de cualquier estación, sino de la estación donde toman el metro los prósperos yuppies de la poderosa maquinaria burocrática del D.C. -consultores políticos, estrategas financieros, abogados-, los mismos que pagan 500 dólares por ir al Kennedy Center a escuchar al gran Joshua Bell.


Bell preparó un repertorio apabullante. Se hicieron apuestas. ¿Cuánto dinero recaudaría? ¿Cuánta gente se pararía a escucharlo? ¿Se armaría un nudo humano asombrado ante la belleza de su interpretación? ¿Cuántos transeúntes serían capaces de reconocer la belleza desprovista de su contexto habitual?


Bell salió rumbo a la estación de taxi: llevaba consigo nada menos que su Stradivarius, un violín que le costó tres millones y medio de dólares. Los editores del Washington Post se habían reunido para prever los posibles escenarios. ¿Qué pasaría si la multitud se desbordara? Les parecía obvio que en una demografía tan sofisticada como la de Washington, alguien reconocería a Bell y la voz se correría. Llegarían las cámaras. habría que sacarlo de allí con escolta...


Bell llegó a la estación, abrió el estuche de su violín y arrojó un puñado de monedas para estimular a los paseantes. Esto fue lo que pasó: de los casi dos mil transeúntes que pasaron a su lado esa mañana, sólo seis personas voltearon la cabeza con algún signo de interés o se detuvieron un momento a escucharlo. Bell cuenta la desolación que sentía cada vez que terminaba una pieza y en lugar de la acostumbrada ovación, sólo seguía un doloroso silencio. Bell recaudó 32 dólares.


Son más las preguntas que surgen del resultado del experimento que las respuestas. Tal vez la belleza necesite de ese contexto santificador para poder ser reconocida, y sea injusto juzgar a las dos mil personas que pasaron a la lado de Bell. Aún así, queda un cierto desasosiego en el aire. Si alguien se llegara a enterar de que era uno de esos transeúntes que ignoraron al violinista, quizá le daría algo de vergüenza. Y en esa palabra, "vergüenza", puede estar la pista que arroje luz sobre la incógnita de nuestra capacidad para percibir la belleza. El experimento mismo asume que la belleza debe ser percibida sin necesidad de conocimiento. Que la sensibilidad no tiene por qué ser educada. Que los seres humanos deberíamos de ser capaces de reconocer lo bello por medio de algún misterioso mecanismo innato. Es decir, que "gusto" y "juicio estético" son sinónimos. Y es esa intensa presión social que presupone que todos deberíamos saber reconocer lo bello (en literatura, en pintura, en música) la que nos obliga a esa pequeña dosis de hipocresía a la que se aludía al comienzo de este editorial.


La única moraleja posible para el fiasco del metro es la siguiente: el conocimiento no es sinónimo de erudición como creen tantos (y por eso huyen del mundo de la cultura) sino de curiosidad por la vida misma. Y el conocimiento está íntimamente ligado a nuestra capacidad para emocionarnos ante la contemplación de lo bello. O en otras palabras, corazón y cabeza son un mismo instrumento. Quien no reconoce todas las formas de la belleza no debería sentir vergüenza. pero si la siente, debería educar su sensibilidad, porque no viene alfabetizado en el ADN.

lunes, 5 de enero de 2009

Las sibilas

Resulta extraño comenzar el año laboral en medio de una oración (casi súplica) para que el año 2009 no nos afecte tanto, ni un tantito nomás... pero eso no es en sí el pequeño asombro, total, muchas empresas inician sus labores con una fundamentalista oración cristiana para curarse en salud; lo extraño es escuchar de boca del dueño del lugar la perorata de Carlos Slim sobre el control del gasto y acerca del espíritu que debe primar entre todo empleado...¡bah! sólo eso faltaba: que los empresarios encontraran un evangelio apócrifo para justificar el "Yo tengo el poder" y si me mirás mál o usás la internet te espera la llanura del 2009!!
Por todos lados se insiste en que debemos estar tristes y preocupados, por todos lados se crea la conciencia de que debemos tomar la actitud de parias y agradecer por el trabajo que se tiene...por fin los empresarios obtienen una dimensión espiritual del tamaño de sacerdotes agoreros y hacen de sus empresas teocallis por donde rodarán los corazones malvados y desconsiderados de los sacrificados en nombre del mercado internacional.


El mayor fraude emocional se ha fraguado. Papini tenía la absoluta razón acerca de la bancarrota del alma cuando se ha puesto el dinero como corazón... bueno, todos los textos religiosos dicen lo mismo, y Carlos Slim ha hecho de esta sensación de impotencia su sacra palabra.

Amanece entonces el 2009 como un Gottendamerung, casi casi como las palmeras incineradas por el napalm de Apocalypsis Now y su "this is the end"...al diablo con Fukuyama y sus pitonisas.

Eso me recuerda la oferta que la última sibila le hizo a Tarquino: "Estas son los últimos tres rollos de las profecías ¿Cuánto me das por ellos? poca cosa -le respondió Tarquino en mi versión libre- ahhh pues quemaré uno, le respondió ella. Y lo quemó. Y ahora cuánto me dás por los dos que quedan, le pregunto a Tarquino la sibila... y Tarquino supo que la especulación iría en ascenso así que colorín colorado, le compró los dos rollos que quedaban por una cifra exorbitante...

¿Le compraremos este simulacro a los empresarios ultra capitalistas? pues creo que muchos se lo están creyendo, pero yo me niego a seguirles el juego, al menos éste perdido ser aleatorio y periférico no se someterá a la tristeza y se negará a la activación y horror por los rollos proféticos.

Qué conste!! Y para reirme un poco más, acompaño estas palabras con una caricatura de Allan McDonald, el caricaturista más terrible y latiguero de Honduras.

martes, 23 de diciembre de 2008

Karla Lara



Y de nuevo, entonces, de nuevo Karla Lara vuelve a oirse, y de nuevo su éxito, la simple presencia de una mujer extraordinaria que hace de su voz un vuelo de pájaros.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Documento

Cuando el filósofo austríaco Günther Anders (esposo de Hanna Arendt) comenzó el intercambio de cartas con Claude R. Eatherly (comandante de la misión de bombardeo del Enola Gay sobre Hiroshima) éste ya había sido internado una y otra vez en clínicas militares para tratar su "locura" de denunciar el horror de la bomba.
"Battle fatigue" (cansancio ocasionado por el combate), así fue como se calificó a su estado, un sentimiento de culpabilidad que lo llevó a cometer atracos a mano armada con el fin de que por una u otra razón lo encerraran y castigaran, ya que el Gobierno estadounidense ni nadie lo podía "enjuiciar" por su terrible participación.
Los siguientes son fragmentos de las cartas que intentaron dar un consuelo y explicación de su situción moral a Eatherly, publicadas íntegramente en el libro Mas allá de los límites de conciencia.


Al señor Claude R. Eatherly
Formerly Major U.S. Air Force
Veterans Administration Hospital Waco, Texas
3 de junio de 1959


Estimado Señor Eatherly:

El que escribe estas líneas es para usted un desconocido. Para nosotros, en cambio, para mis amigos y para mí, usted es una persona conocida. Seguimos con el corazón en un puño sus esfuerzos por salir de la desgracia, estemos en Nueva York, en Viena o en Tokio. Pero no lo hacemos por curiosidad, ni porque su “caso” nos interese desde los puntos de vista médico o psicológico. No somos ni médicos ni psicólogos. Lo hacemos porque nos ocupamos, llenos de miedo y de angustia, de dilucidar aquellos problemas morales que hoy se nos plantean a todos. La tecnificación de la existencia, esto es, el hecho de que todos nosotros, sin saberlo e indirectamente, cual piezas de una máquina, podríamos vernos implicados en acciones cuyos efectos seríamos incapaces de prever y que, de poder preverlos, no podríamos aprobar –esta tecnificación ha cambiado toda nuestra situación moral-.
La técnica ha traído consigo la posibilidad de que seamos inocentemente culpables de una forma que no existió en los tiempos de nuestros padres, cuando la técnica todavía no había avanzado tanto.
Comprenderá la relación que esto guarda con usted: a fin de cuentas usted fue uno de los primeros que se implicó en esta nueva forma de culpa, en la que hoy o mañana cualquiera de nosotros podría verse implicado…
El que precisamente usted y no cualquier otro de entre sus miles de millones de contemporáneos, se haya visto condenado a ser un símbolo, no es culpa suya, y es ciertamente horrible. Pero así es…
(Lo que decían sus médicos) “Hiroshima in itself is not enough to explain your behaviour”, lo que dicho claramente significa “tampoco es para tanto”; de ahí que se limiten a criticar su “reacción a ese hecho, en vez de criticar el hecho mismo”( o el mundo en el que un hecho así fue posible); de ahí que se vean obligados a determinar su sufrimiento y su esperanza de expiar su culpa como una “enfermedad” (classical guilt complex); de ahí, finalmente, que no puedan menos que tratar su acción como un self-imagined wrong, esto es, como un mero crimen imaginario…
Usted sabe que lo que ha sucedido ha sucedido, que no es meramente fruto de su imaginación. Usted no se deja embaucar por sus sandeces. Y nosotros tampoco nos dejamos engañar por ellos. No queremos saber nada de esa clase de “consuelos”.
No, no para usted, sino para nosotros. Para nosotros, el que usted “no haya podido superar” lo sucedido es consolador. Y lo es porque usted sigue intentando hacer frente al efecto (antes inimaginable) de su acción; porque este intento, aunque fracase, indica que usted ha logrado mantener viva su conciencia, a pesar de haber sido una simple pieza del aparato técnico y de haber cumplido perfectamente su función.
El hecho de hacer daño a un solo hombre –y no estoy hablando de darle muerte-, pese a ser algo concebible, no es fácil de “superar”. Pero aquí se trata de algo completamente distinto. Usted tiene la desgracia de haber dejado detrás de sí 200,000 muertos. ¿Y cómo iba a ser posible sentir dolor por la muerte de 200,000 personas? ¿Cómo iba a ser posible lamentar algo semejante? No solo usted es incapaz de hacerlo, nosotros tampoco podemos, nadie puede hacerlo. Por más que lo intentemos, aquí el dolor y el arrepentimiento son impotentes. Así pues, Eatherly, usted no tiene la culpa de que sus esfuerzo sean inútiles.
Esta inutilidad es consecuencia de lo que anteriormente he denominado el carácter radicalmente nuevo de nuestra situación, a saber: el hecho de que, en cierto modo, podemos producir más de lo que somos capaces de representarnos; el hecho de que los efectos resultantes de los instrumentos que nosotros mismos hemos producido son tan grandes que ya no estamos preparados para representárnoslos. Tan grandes que ya no podemos concebirlos, tan grandes que ya no podemos hacerles frente.
La humanidad está condenada (a partir de la bomba atómica) a vivir eternamente bajo la amenaza de lo monstruoso.

jueves, 18 de diciembre de 2008











Hoy, hace 95 años (18-12-1913) nació María Expectación Rubio Ferrera, mi abuela. A pesar que los años han disminuido terriblemente su sentido de la realidad, pude escuchar su voz diciéndome “es bueno que a uno lo quieran, gracias por felicitarme”. El día ha amanecido lluvioso, frío, quizá con la misma nostalgia de aquel 1923 cuando la abuela vino por primera vez a Tegucigalpa desde Sabanagrande. “Era frío y había poca gente y yo por primera vez miraba un puente de piedra, muy grande”.

Eso me dijo de su recuerdo más lejano. Pero hay algo que nunca podré olvidar de ella: en las semanas santas, cuando las cigarras encadenaban su canto, ella murmuraba que el sonido la entristecía: “me recuerda la muerte” –me decía ¿pero qué muerte? Le preguntaba yo, “no sé, la de uno mismo”, esto es lo que me contaba intemporal y misteriosa, y quizá lo que me hizo escribir poesía.
“Jochito murió en una silla voladora que se desprendió, ( José, su primer hijo y que aparece en la foto sepia) en la feria de 1946. Jochito lloró en el vientre y hablaba con los pollos y las hormigas, muy tiernito”.
“Mi papá, Tata Chico, (Trinidad Rubio) tocaba las campanas de la iglesia y regaba el incienso en las procesiones. Era calladito y muy bueno” “Mi mamá se fue para Cedros y me dejó sola…¿dónde está mi mamá?” Estos son los recuerdos que me repite cada vez que la voy a visitar, pero sobretodo, hay una tonadita que repite cerrando los ojos y que se sobrepone a sus brumosas palabras: el vals Alejandra, la canción con que bailó por primera vez en 1932, cuando era alumna de la Normal de Señoritas y de donde se graduó como maestra.
Hoy mi abuela cumple 95 años, en vida, y yo recuerdo todos los caminos hacia las mil aldeas a las cuales me llevó de su mano, todos los via crucis y estaciones dentro de la iglesia a las 6:30am, todos los cuentos cuando se iba la luz y tronaba la tormenta, todas las venidas a Tegus cuando venía a cobrar su jubilación, día que siempre terminaba dentro del laberinto en el mercado, buscando las flores para llevarle al “Altísimo” y los perotes, y las especias y la historieta de Archie y los libros alquilados…Hoy María, cumple 95 años.

martes, 16 de diciembre de 2008

Top secret


"Uno de los secretos mejor guardados de la literatura es el de la importancia que tiene el hecho de no pertenecer para escribir bien. No pertenecer a lo que sea (la lengua literaria, el país, la clase dominante, la religión, las costumbres aceptadas) de manera radical, frontal, sostenida", afirma Jesús Aguado.


Para el poeta y traductor se trata de "un acto de ruptura mental y física que define la vida y la obra de la inmensa mayoría de los grandes escritores, que lo fueron por su talento para las palabras y las historias tanto como para la distancia, la crítica y la duda. Escribir es, o debería ser, negarse a aceptar las directrices del centro, exiliarse del centro, borrar el centro.


En este sentido, cualquier escritor de verdad es una suerte de inmigrante: un mestizo que extrae de los sufrimientos que le provoca esa impertinencia a cualquier centro su fuerza expresiva, sus imágenes, sus ideas, sus temas o sus personajes. Algo que, pasando de la explicación teórica a la sociología en acto, se comprueba en las naciones en las que la inmigración real ha acabado haciéndose un hueco, quizás por las buenas pero en más ocasiones a gritos y a codazos, en las culturas de acogida, en las literaturas de llegada".

lunes, 15 de diciembre de 2008

Todo ángel es terrible (R.M.Rilke) fotos Chaliobala ®












LOS ÁNGELES
Tienen los labios fatigados,
las almas claras, sin límites.
y una nostalgia (tal vez de pecado)
a veces cruza sus sueños.
Unidos todos por tantas semejanzas,
enmudecen en los jardines de Dios,
como intervalos muy numerosos
en su potencia y en su melodía.
Pero cuando despliegan las alas, de pronto,
son los promotores de un viento:
como si Dios, con sus grandes manos de escultor,
caminara, aplastando las páginas, a través
del libro oscuro del Génesis.
Libro de imágenes (1899-1905)
PRIMERA ELEGÍA

¿Quién, si yo clamara, entre las cohortes de los ángeles
me oiría?
Y aun cuando uno de ellos, de pronto, me estrechara contra su corazón,
¿no me desvanecería bajo su existencia poderosa?
Porque lo bello
no es más que ese grado terrible que todavía podemos soportar,
y si lo admiramos tanto es solo
porque impasible, desdeña destruirnos.
Todo ángel es terrible. Así pues, me contengo
y ahogo el clamor de mi oscuro sollozo.(…)
SEGUNDA ELEGÍA
Todo ángel es terrible. Desdichado de mí, no obstante
yo os invoco, pájaros casi mortales del alma, conociéndoos.
¡Cuán lejanos son los días de Tobías
en que el más resplandeciente de vosotros
podía aparecerse, apenas disfrazado para el viaje,
en el umbral de la casa, sin provocar espanto!
(Un simple joven a los ojos de otros, solamente curioso).
Si el arcángel, hoy en día, amenaza de las estrellas,
diera un solo paso hacia nosotros,
nuestro corazón,
sobresaltado, nos mataría.
¿Quiénes sois?
Precoces perfecciones, criaturas mimadas,
elevadas crestas, aristas aurorales
de toda creación, divino polen,
junturas de luz, pasillos, escaleras, tronos,
aires de esencia, escudos de dicha, tumultos
de éxtasis tormentoso, y, de pronto, aislados
espejos
cuya belleza rebota, esparciéndose
por el rostro que en ellos se refleja(…)
Elegías de Duino (1912-1922)
VISTAS POR LOS ÁNGELES
Vistas por los ángeles, tal vez la cima de los árboles
sean raíces que beben de los cielos
y, en el suelo, las profundas raíces de un haya
les parezcan pináculos silenciosos.
¿Acaso no es para ellos la tierra transparente,
frente a un cielo macizo como un cuerpo?
Esa tierra ardiente, donde se lamenta
junto a las fuentes el olvido de los muertos.
Poemas franceses (1923- 1926)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Chema Rubio, España

A Chema Rubio lo conocí en Guatemala, en el ajetreo de lecturas que el poeta Simón Pedroza y Folio 114 nos organizaron a un grupo de poetas del extinto Paíspoesible.
"Nos volveremos a ver" -me dijo enmedio de un bus atestado hasta la coronilla, al regreso de la lectura en la Universidad de San Carlos; al escucharlo no imaginé que un año después nos veríamos en la Residencia de Estudiantes, cuando fui invitado a Casa de América en Madrid. La plática y el paseo fue de una tarde completa y sus días, de compartir -en ese tórrido junio madrileño- una extraña nostalgia por una América Central más suya que mía.
Él se había quedado en una dimensión y geografía que sólo un poeta trotamundos puede llegar a comprender y que aquí, con sus propias palabras, me sirve para redescubrir y asimilar lo que él tanto extrañaba entre versos de Gil de Biedma, Ángel Crespo y -por supuesto- Miguel Hernández.



Hay una senda a la que fue mi chantajeado corazón por un profesor:

¿Te gusta caminar? Durante la travesía andariega se leen poesías de Miguel Hernández, y al final, sobre su tumba, leeremos más poemas. ¡Escribe una poesía hombre!
Yo amaba escribir, hacerme famoso entre los amigos de la universidad. Mi obsesión por la poesía fue irresistible, durante años deje de leer novelas, y a la pregunta de ¿que es para ti la poesía?
Yo respondía sin rubor: La poesía es la religión que perdí de niño. Y encontré en Guatemala : una marimba ,y cuatro voces, me llevaron a recorrer los cerros del hambre, quiches criollos y chapines , me devolvieron otra vez a Miguel Hernández, a mi niñez de resina y altivos pinos bajo la dura luz que baja quemada .

Hay una senda para cada persona esperando en cada nervio, y la mía fue encontrar a Paco Esteve, "Chimo", Jesucristo Riquelme, y tantos otros nombres desaparecidos de la memoria pero nunca de los ojos. Cada vuelta a la Senda, re-vivo y renacen los cuerpos olvidados y nunca vencidos. Como aquel senderista-alcalde que nunca se perdía un recorrido, y le vi aparecer un día con su barba de siempre y una escayola en la pierna es , creo, Crevillente.
Que una senda cada año por descubrir , y adentro de la lápida siempre se respira lo más auténtico de los pasados.

Salud a los cuerpos del histórico Miguel siempre en paz , y la memoria en alza.
Larga vida a la cabeza en bronce , y altiva como los hijos de Albatera, y amada más en las noches después de la ansiada cena calienta-cuerpos.
Que nadie retoque sus ojos, que contienen la bella enfermedad de octubre:
Como escorpiones en locura encerrados vivimos, y el doctor sólo designó un nombre , no su cura.
Ave Caminantes, que los Idus de Marzo les sean propicios por los siglos.
Hay una tumba que visito y no es la mía, Miguel. Pero quizás he visto una sombra y voy a visitar tu luz para no morir solo .

Chema Rubio V. Madrid 30 -3-2007

Señal, Otoniel Guevara, El Salvador

Esa noche, en junio del 2003, me era imposible disimular la alegría de conocer por fin a Otoniel. Él estaba entre el público de mi lectura en el marco del Festival Internacional de Poesía de El Salvador. Al terminar, le dije "vámonos para El Ocio, Oto" (El Ocio era su bar) y Oto se rió y no dejó de reir. Así lo recuerdo y así lo veo cada vez que me llegan noticias de sus participaciones y éxitos, del fragor de su Festival El Turno del Ofendido. Aprendí a valorar la exacta dimensión de tan extensa y enérgica risa, porque cuando Otoniel se pone serio es porque está triste, y estar triste para él significa recordar muertos, y luchas y graves decepciones muy salvadoreñas.
De su numerosa poesía hoy elegí este poema para recordarlo para invocarle una interminable alegría.


A la memoria de mi amiga Svetlana Ivanova
asesinada a los quince años
por los escuadrones de la muerte.
Si me dieras tan solo una señal:
un camino trazado con mi nombre,
el vapor de tu boca en el espejo
o una carta en los ojos tan tristes de mi perro.
Pudiera ser la huella del eco de tu sombra
o tu paraguas de pasear sin lluvia,
o tu perfume de tocar sin dedos.
Si tan solo una señal me dieras,
qué sé yo: un jardín
donde crezca la historia:
por aquí unos carruajes perlados con invierno,
los dedos cenicientos
de infantes masacrados, la peineta
de una abuela que no murió jamás; por allá
una fiera educada por tormentas, la hemorragia
profundamente negra del volcán; una señal,
algo como una luz bañando la miseria,
como desalojar tembloroso unas prendas,
algo como la llama que en el barro se alienta
o la estación brillante de un pequeño
y su enorme sandía suculenta,
o el éxtasis del cielo al contemplar la luna
que te crece feroz desde tu almendra.
Una señal que indique la manera
de llegar al pupitre donde el viento te enseña
los secretos del muro, del aliento y la piedra.
Una señal que al mismo tiempo sea
una orden para iniciar la primavera,
el santo y seña para atizar las breas,
un caracol sonando,
un tambor retumbando,
un vientre prodigando,
una convocación de lo creado,
una aseveración de lo vivido,
una reiteración de lo soñado,
el apretón de manos
con que dios y el diablo quedan reconciliados,
un esbozo cualquiera, un leve signo,
una mueca quizá, un telegrama,
un susurro…
la prodigiosa y concluyente seña
de que tu amor
es de carne y de beso y de que existe.

(Del poemario No Apto para Turistas, 2004)

Lone tree - pianos en Stalingrado

De entre tantos testimonios que existen de la Gran Guerra (1914-1918), éste me ha parecido altamente poético, a pesar de la crueldad subyacente. Es bien sabido que una enorme cantidad de poetas y artistas murieron dentro de las filas de los países enfrentados (Apolliniere sobrevió, Otto Dix igual), producto del romanticismo con que inició la contienda.
El testimonio del soldado A.B. Swaine del Kent Cyclist Battalion no es el de un poeta, pero sí es la memoria que -paradójicamente- el devastador fuego fragúa en poesía, es decir, la victoria final de la poesía ante el determinismo histórico.


El hecho sucedió durante la batalla de Loos, en 1915.

"El árbol solitario (Lone tree) todavía permanece en mi recuerdo.

La artillería alemana y la nuestra la tenían como objetivo. Él, permanecía ahí, en la Tierra de Nadie, destrozado y desmochado por los continuos disparos, pero nunca recibió uno directo. Mi primer contacto físico con el árbol fue nocturno. Desde nuestra trinchera oímos llamadas de socorro en inglés y alemán. Antes del alba, fui enviado con otros tres compañeros para ver que sucedía. Cogimos una pasarela como camilla y encontramos un oficial alemán gravemente herido. Estaba condecorado con la Cruz de Hierro.

Le trasladamos con la improvisada camilla hasta nuestras líneas, pero debido a la gravedad de sus heridos murió poco después. Debo añadir que mis tres compañeros, soldados regulares, se arrojaron sobre el oficial alemán para arrebatarle la Cruz de Hierro.

El otro contacto con el árbol solitario fue cuando desde el Cuartel general se nos comunicó que lo querían cortar para repartirlo entre la tropa como recuerdo. Y allí fui con otros compañeros. Una vez allí, corté dos pedazos para mi que aún tengo, uno colgado de la pared de mi casa y el otro lo convertí en un encendedor."


Y qué decir de esta carta enviada por un soldado alemán desde Stalingrado, cuando los 30 grados bajos cero ya habían vencido la voluntad y las fuerzas de los invasores en febrero de 1943.

"No sé si podré dirigirme a ti una vez más. Es necesario que esta carta llegue a tus manos y que lo sepas de una vez en caso alguna vez yo vuelva. He perdido las manos a comienzos de diciembre. En la mano izquierda me falta el dedo meñique, pero lo peor es que en la derecha se me han congelado los tres dedos del medio. Puedo coger el vaso con el pulgar y el meñique. Pero me encuentro más bien inútil, cuando a uno le faltan los dedos es cuando comprende para qué sirven incluso las cosas pequeñas. Kurt Hahnke (me parece que lo conoces desde que ibas al colegio en 1937), hace ocho días, en una pequeña calle ha tocado en el piano La Apasionada. No sucede esto todos los días: el piano estaba en la calle. Cada vez que pasaba un soldado tocaba un poco... ¿En qué parte del mundo se encuentran pianos por las calles?".