jueves, 5 de junio de 2008

Poetas latinoamericanas, muestra




Leonor Silvestri - Argentina
Sea side town




Observada por
un tenebroso público
una imagen que se congela
ante la casa sin dejar
de aplaudir, espían
por la rendija de mis parpados
entornados al amanecer


La angustia es plomo
en las venas, en algún lugar
una flor se abre, los pétalos
se abren apretujados en el interior
vivir y desear ya no son la misma cosa


un montón de ropa abandonada
farsante, como restos de un suicidio
el timbre se confunde con las olas
perfora los pliegues grises de la mañana
la lentitud de los sucesos penetran
la inmensa marisma de la vida
provocaban profundas palpitaciones


El rostro es un novio formal y afligido
al que sucumbir en enamoramiento obsesivo
y fútil, quisiera arrojarme delante
para protegerlo de la bala
de esta vida vulgar


El viaje es aterrador y turbulento
días y noches sin detenerse jamás
sin saber qué significa vivir
adelante, aferrada sin soltarse jamás


La pista


Patinando
abrazada al frío
puedo sentir
en el hielo
cada una y todas
las vidas que pudiera haber
vivido.

Are you a dancer?
Are you a figure skater?
Are you from Portugal?

En el frío recuerdo
patinar en línea.

No.
Quise ser gimnasta alguna vez
No.
Tomé clases de danza.
No. Hablo español.
Soy de
una ciudad
subtropical
allí no hay
nieve
no hay
ni invierno.

Bajo el frío
en mis pies
recuerdo.

¿Qué me queda
ahora
de todo eso
más que este hielo infinito
y esta cuchilla usada
una y mil veces
que no corta?


Anita


Toma sol tras mi ventana
se refresca
bajo los rayos
que entran
a nuestro departamento
sin protección

luego se cansa
y me registra
sabe que yo soy yo
quiere que no haga nada
más que mirarla
adorarme

entonces comienza:
ella se sube a mí
y la bajo
y se sube
y la bajo
y se sube
y la dejo
cansada de luchar
contra los molinos
de gata
esa paciente insistencia asiática
ese constante reclamo de afecto
llena los espacios que quedaron
después de vos






Lucía Estrada - Colombia




Poemas del libro Las Hijas del Espino


ALMA MALHER

Yo también lo prefiero.
Es más bella la mano
al pulsar una cuerda invisible.

Cuando duermes,
reaparecen las tres mil sombras de tus dedos
tejiendo filigranas
en el oscuro cuello del dragón.

Te miro inquieta
sin atreverme a respirar.
Es la hora más alta
del doble vuelo nocturno.

Escribo en la seda de tus párpados
mi temor de perderle,
de que huya como un gato por los techos,
de que salte y reviente la cuerda


de todas las campanas del mundo,
de que se despeñe con el sonido metálico
de un arcángel
en el centro mismo de la orquesta.

Yo también lo prefiero
cóncavo y oscuro.

La clave blanca y negra
de todo cuanto existe
se advierte
en su sinfonía de agujas.


EMMA DEUNIE

El estupor es tan viejo
como la espera.

No hay ventanas que miren
hacia la gran ciudad,
sólo ríos de palabras
chocando contra las paredes.

Lo que resta de lejanía
es mi consuelo,
el cuerpo mutilado de la araña
que no alcanza su presa.

Un poco más de dolor
y estarás a salvo.

Tela sangrante
en el confín de toda esperanza.

Sólo el espejo
se conduele de su imagen,


sólo el cristal
del resplandor que encierra.

Un rostro visto muchas veces
termina por echarse al olvido,
no así la rueda de la fortuna
que se repite
y derriba cada vez el cerco
de las premoniciones.

Quien se aferra
es el primero en salir.



CRESCENCE EUGÉNIE MURAT
Nada se revela más oculto
que lo cercano,
aquello que miras sin mirar,
las palabras dichas
desde siempre,
los trazos de una caligrafía
abierta,
el corazón que hiende la espada
y que se ofrece
a quien no pronunció su nombre
desde antiguo.

Si descubriera una sola
de mis manos
¿descifrarías las líneas
del misterio?
¿sabrías que toda búsqueda
tiene su lámpara,
todo camino su límite,
toda sabiduría
su árbol de inocencia?






Mayra Oyuela - Honduras


(del libro Escribiéndole una Casa al Barco)




Ballena de sal
A Ezequiel Padilla


Una ballena de sal apareció muerta
en la Plaza Central de Tegucigalpa.

Nadie sabe nada.

La expectativa a puerta cerrada
y el miedo como piedra torcida en la mano
se abalanza sobre el crepitar de los pasos.

Rifles despuntando esperanzas,
palabras cuánticas midiendo injusticias.
Se ha levantado un triangulo de huno sobre la plaza
y perfora a cuadros el grito glacial de la multitud.
Una sustancia violenta ronda las esquinas,
hombres verduscos con bombas tragapalabras
llenan alforjas de desesperación,
cuento común para empezar el día.
Sólo seis heridos pronostico el diario;
nadie vio nada, nadie sabe nada.

Y la ballena de sal vuelta piedra
por la impotencia de rostros que siempre serán ajenos.






Tragame luna


Tragame luna
o aterrizá en este océano que soy.
Mirá que tengo la piel fosilizada de lenguas
y un abanico azul
que golpea desde mis trompas de Falopio.

He acampado en la sangre del abismo,
he provocado la suntuosa apatía por los ocasos.
Mirá que busco los ojos del sur
y llevo en las manos el paracaídas de la locura..
Escuchame luna,
la serpiente de la soledad
moldeó mi estatura rompiendo mis olas,
inyectando la dosis precisa de la seducción.
Mirá que me ha mordido desde adentro,
profundo,
vaciando los restos de la nostalgia
que se reproduce
en el inventario de las sorpresas.
Me ha dejado intacta la incertidumbre
y esta reseña de manipular los géneros
a mi conveniencia.
He volado profundo tus cielos luna,
mientras un hombre ha deletreado
mi arena más húmeda,
he comido de la catarsis de la investidura;
tragame luna
o volvete caracol,
velero,
arrecife, lo que querrás
pero volvé,
acampá,
quedate.






Escribiéndole una casa al barco

Esta casa vuela.
Su altura conjura um papalote
que se distorsiona a la distancia.
Esta casa es un mar
y un barco también,
donde crispados, salimos
a contemplar
los delfines mas blancos de la locura.

Esta casa tiene un color, un nombre,
su capitán Morgan lanza de sus anzuelos
aurelianos peces,
espectros que devoramos
en lo profundo de los desvelos.

Esta casa barco se desliza
por las olas de una Tegucigalpa oscura,
mientras humanos veleros,
navegan lento
dentro de botellas.






Blanca Varela - Perú


Sin fecha


a Kafka


Suficientes razones, suficientes razones para colocar primero
un pie y luego otro.
Bajo ellos, no más grande que ellos ni más pequeña, la
inevitable sombra que se adelanta y
voltea la esquina, atientas.
Suficientes razones, suficientes razones para desandar,
descaer, desvolar.


Suficientes razones para mirar por la ventana. Para observarla
mano que cuenta a oscuras los dedos de otra mano.
Poderosas razones para antes y después. Poderosas razones
durante.
La hoja de afeitar enmohecida es el límite.
Lasciate ogni speranza voi ch'entrate.
No se retorna de ningún lugar. Y la regla torcida lo confirma
sobre el aire totalmente recto,
como un cadáver.
Y hay otras.
Palidez, sobresalto, algo de náusea.
Misterioso, obsceno chasquido del vientre que canta lo que
no sabe.
La luz a pleno cuerpo, como un portazo. Adentro y afuera.
No se sabe dónde.
Y las demás. ¿Existen?
Infinitas para la duda, evidentes para la sospecha.
Dejarse arrastrar contra la corriente, como un perro.
Aprender a caminar sobre la viga podrida.
En la punta de los pies. Sobre la propia sombra.


No más grande que ellos ni más pequeña.
Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno.
Uno atrás, otro adelante.
Contra la pared, boca abajo, en un rincón.
Temblando, con un lívido resplandor bajo los pies, no más
grande que ellos ni más pequeño.
Tal vez, tal vez la estancada eternidad que algún alma
inocente confunde con su propio excremento.
Malolientes razones en la boca del túnel.
Y a la salida.
A la postre tantas razones como cuellos existen.
Defenderse del incendio con un hacha.
Del demonio con
un hacha, de dios con un hacha.
Del espíritu y la carne con un hacha.
No habrá testigos.
Se nos ha advertido que el cielo es mudo.
A la más se escribirá, se borrará. Será olvidado.
Y ya no existirán razones suficientes para volver a colocar
un pie y luego el otro.
No obstante, bajo ellos, no más grande que ellos ni más
pequeña, la inevitable sombra se adelantará.
Y volteará la misma esquina. A tientas.






Nora Nani - Argentina


9


Se me ha deshecho de pañuelos
la alborada.
Por el adiós salpiqué de piedras
el camino
y fui buscando
mi cruz en el agua.
Perdí la sombra
en un dintel de lluvia.
Me siguieron perros desolados
con lenguas de azúcar
y un olor a pobreza
en la percusión de sus pasos...
Bestias temblorosas
como los sueños
soñados por un niño
que jamás va a crecer
y que promete definir en viento
su estatura...


Yo puse las manos adentro del agua,
pero la lluvia era el adentro
y el afuera,
un desconcierto de perros y de niños,
un azul desolado
que no sabía qué hacer con mi sombra
y sus tropelías de cielo.
Después me volví hacia la noche
y era más clara sobre el pasto,
casi como el eco de tus pasos
que un día derramaron
el adiós por los tréboles
e hicieron un viento manso
con mis ojos que te seguían
como niño
como perro
como lamento de estrella
tan lejos y tan sola.

Pero me brillan las manos
en la noche.
No es mentira la eternidad
si te sigue mi sombra
en la lluvia.


Nora Méndez - El Salvador


(del libro La Puerta)


III

Era el día
para entregar los oficios
una luz de tarde
amarilla
obesa

El silencio intermitente de la galaxia
habitaba tras de la perilla del solar vecino
él la montaba
y la poltrona aguardentosa
se arreglaba de alaridos
las bragas
como una flor en la tormenta

logró herirme
para toda la vida

La multitud quiso despejar mis lágrimas
pero el acto de horror había sido consumado
en mis siete vértebras
el corazón guardó curioso ese trance

Vinieron a contarme su historia
las comisuras del sol
dos seres desterrados
dejaron tirados los ejes
y se arremolinaron con las pizarras

Era un día para el mal
las sombras minúsculas
con que se retorcían los tapetes
hicieron las paredes más angostas
hasta herirse con los limoneros

Me han cambiado el mar
por cuatro nombres detestables
y no tengo boca
para mostrarles mi desprecio






Lauren Mendinueta - Colombia




Así pasan los años
Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad,
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,
sin esperanza distinta de la muerte.

Autoabandono
Apenas ayer tenía cuarenta y nueve años.
Hoy, primera mañana de abril de 1977,
Busqué mi rostro en el espejo,
mi rostro aún más roto
en el espejo roto del baño.
Cuerpo mío inasequible
¡¿por qué sigues terco reflejándote?!
Soy culpable de vivir.
Puedo verte derruido
y en el pasado también fresco y tembloroso,
todo tu peso sobre la liviandad del sueño.
Te vi caminar por entre las dentaduras cariadas
del puerto en la niñez,
correr sobre piernas esparcidas
como por entre robles,
cobijarte en las manos sudorosas de ciudades trajinadas
y dar el pecho a infantes que en vano
buscaban líquidos distintos de la piedad.
Te vi, cuerpo,
descansar el rostro sobre la tumba modesta
que ahora evoca tu propio rostro.
Soy casi un escombro,
una mancha indistinguible
en los espejos de asilos y supermercados.
Sé que estoy viva porque siento dolor;
el cuerpo es una prolongación
absurda y obligada de la mente.





Como ayer fue siempre

Separados, pero iguales,
los días avanzan hacía la terca evidencia del calendario,
hacia la diaria justificación de sus nombres.
Como ayer fue siempre;
la luna que venía de más allá,
la oscura evidencia de tu pelo,
tu voz donde el viento,
tu voz don del viento,
la arena contra tu rostro,
el frágil signo de la palabra
que soplaras hace tanto tiempo en mis labios.
Hoy vuelves a mi suerte,
vuelves a donde nunca estoy.






Francesca Randazzo - Honduras

No quiero
estrellarme
romperme
deshacerme
quebrarme
despedazarme
desprenderme
despreciarte
destruirte
quererte
deshilarte
rehacerte
estrecharte

caer
desde
tus manos.


Se aferranlos días
a esta pequeña muerte

estrepitosas cadenas
abren tus puertas
pordioseras de mentes
y lamentos
que muerdo en el pan

quererte
es el vacío
protuberante de mi vientre
y tu deseo de cal
fuegos amargos que hierven
y castran

quererte
es amarrar el piso
de surcos y señales
es atar al cuello
y proponerte
que no volvamos nunca
a empezar



(del libro Compás de luz)


de cada dos noches
hacemos una
entre puentes colgantes
e inventos
llenando hendiduras

brillamos luna
y por todo el cielo
volcamos penumbra

del amanecer
queda el incierto
en tímidas formas
del vago espacio que compartimos

entre miradas
que no son nuestras
escapan inusuales parpadeos
coincidencias

ancladas en las camas
nuestras voces
permanecen con los cuerpos


estás frente a míen tu nombre que soy yo

en el color que veo concéntrico
hasta tu pupila

en el estero que sumerge mi lengua
atravesando tiernas riveras

pues soy el río que desemboca
y sos vos el que avanza en las mareas


mi piel sin norteroza todas las ramas
ellas esconden el sendero
yo invento nuevas rutas

pero me pierdo en tu isla
esta geografía
irremediablemente
me precipita hacia el mar

de las áreas protegidas
no han de tomarse nada

pero me llevo
largas esperas de auroras
y unos pies
marcados por tus playas







Alejandra Flores Bermúdez - Honduras

(del libro Sol Pétreo)
Cosecha

Tu alma
boca de lenguas
de agua
girasoles de
cabellos húmedos
moluscos sudorosos
tu montaña
corto
la flor
de tu altura
hurto
tu sangre
que como
bola
de fuego
corre
por el vértice
que corta
el trigo de mi vientre.



Dioses
Tu espalda
es una celda
me observa
el monje
en tus axilas
me explica
el ritual
de los dioses
adonde
enterrados
el uno
en el otro
resucitamos.


Al fondo
Camino
por tu rostro
al fondo
de tus ojos
una gaviota
toma la forma
de una elipse
con su ala
cierro mis labios
espasmo
de maravillas
mariposas
rebeldes
navegan
por mi vientre.






Rebeca Becerra - Honduras






Siluetas
Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques

No olvidan
porque no han vivido
pasan...
como un simple viento de muerte.



Sola a La mesa

No me gusta
sentarme sola a la mesa
no encuentro palabras para los cuchillos
si le digo al mantel que está elegante
miento:
no tengo manteles bonitos

Soy materia entre materia
y aún no me acostumbro
me da pena sentarme sobre una silla
saludar con ojos al tiempo
cuando ya se ha marchado
o caminar despacio por las calles
dejando a mis espaldas
el vaho silencioso de los perros

Lentamente cruzo a través de este tiempo
ocupando espacios que tal vez
no me pertenecen
arrebatando días que esperan sentados
en el umbral de una puerta
acumulando de esta tierra
el polvo que se levanta sobre las cabezas

Todo esto es una fiesta
donde no he sido invitada

Un ir y venir de soledades
donde el címbalo de mi cuerpo
golpea con su eco
este mar infinito.



El corazón en la tierra

Vuelvo a esconder
el corazón en la tierra
esta vez no quiero que nazca
déjenlo
que se alimente de piedras
que viva atado entre las raíces
que conozca la dureza de los metales
que sepa dónde nace el agua
y dónde se esconde su furia

Todos tenemos una parte oscura
necesito algo de infierno
en los ojos.



Distanciamiento

Hoy quiero descansar
bajo la sombra de un almendro
pero los que conozco
están derramando lágrimas
y no me gustan las sombras tristes
tal vez los hombres tristes
tal vez las mujeres tristes

Hoy mi ser no tiene territorio
vivo en un paraíso de metales
no hay dioses
no hay hombres
sólo mi pensamiento sin frontera
nadie puede llegar si no es por mi camino
nadie puede tocarme si no me ha tocado


antes.



Tal vez
Tal vez
los puentes nos conduzcan
hacia otra orilla
hace falta un árbol
para descansar en este camino

Hablo de los pies
que merecen lavarse
en un claro río.



El color de la madera
Llego
Encuentro las sombras
aferradas a las cosas desesperadamente
hurgando su centro
su esencia
queriendo arrancarles
lo que no llevan adentro

-Ya no determino
cual es el principio y el final
de cada una-

Desaparece
la última vocal de nuestros poros


El último grito

La última palabra

El último dolor de hombre
queda sumergido
en el hermoso color de la madera


***
Yo sabía que dios era bueno
por eso lo tomé de las manos
y lo llevé de paseo
Le enseñé las montañas
las piedras
y los ríos

Bajo la impenetrable sombra del mediodía
descansamos

El día avanzaba con pies de paloma

Luego partimos hacia las ciudades
conoció las sillas
las camas
la mesa vacía
las ventanas

Entonces
me peguntó por el hombre
yo callé
lo invité a morir






Lety Elvir - Honduras


Imperfecta dama


Él quería tener
Mujer con día y noche
Mañanitas de aderezo
Domingos de pastel
Una cocina blanca
Paredes sin agenda
Mujer de azúcar
Ovejita de algodón.
Sabihonda en medidas
Exacta al caminar
Puntual en la cita
Precisa en el acierto
Perfecta en el orgasmo sin amor.
Pero ella solía ser
Metáfora al ajillo
Ambigüedad al tiempo
Agua entre las manos
Punto de fuga en el retrato del despiste
Sexo y amor
Imperfecta dama
Mujer entre perro y lobo


La historia rota


Con sabor a locurase va contando los dedos
hablando quedito
para no herir la lluvia
Con sabor a locura
se va cortando el cabello
lloviendo despacito
para no ahogar la Luna


Con sabor a locura
se va tragando el deseo
sorbiendo a poquito
todo el bar de dudas
Con sabor a locura
se va desnudando
bailando en penumbras
al que ya no la esperase ha ido en silencio
robó su cuarto, su nombre
también los aplausos


Con sabor a locurase dibuja la mente
lagartos sus brazos
serpientes sus pechos
Venus, la del saurio
monte
pájaros sus manos
amapolas sus ojos
tucanes los pies
sus nalgas son olas
aluvión sus ideas
quetzalcoatl su lengua
de barro sus piernas
cintura choques eléctricos
¡cállate, loca!
Su piel, sabana mármol
para que el fantasma
esculpa su firma
escupa su semen


Con sabor a locura
se va escribiendo la historia
con palabras mudas
ciegas camisas de fuerza
Con sabor a locura
vamos todos por el mundo
aplastando sonrisas
caballitos azules.






Alma Karla Sandoval - México


Lluvia Alada


Sólo te apoyas en el lápiz,
en su punta conmovida.
—El silencio trae espuma
en cada labio—.
Y las sombras vuelan,
se esconden en nubes alargadas.
Hay un azul enfermo,
azules en noviembre
como el arco iris
cayera del naranjo.
En el jardín
las hojas aprenden a olvidar
donde alguna vez se accidentó el silencio,
donde se ahogaban golondrinas.
Después algún cometa,
jirones vespertinos:
túnel de palomas,
viento narrador,
pasos de agua
en la escalera.






Elisa Ángel - Guatemala


(del libro Ángeles Asesinos y Otros Desquicios)

en nebulosa oscuridad
pueden transitar almas en pena (sí nene sí)
agitadas
en la virtud de ser gélidas
[y eternas]
en la oscuridad que te invita
ya tú sabes
a pecar
a sentirnos
más vivos unas galaxias más
unas lluvias
más vivos
unos infiernos
que dentro de pocos respiros
que dentro de pocos otoños
nada habrá
más que silencio
nada habrá
más que los huesos


ahí en el semblante del germen MALDITO (niña pre-vanguardista llora a sus padres
muertos)
no quería/ es más
ni lo hubiese pensado
pero ellos se percataron de mi FEMENINA presencia
de los siglos
fornicando enviando pensamientos puros
AL DIABLO
Etnairis Rivera - Puerto Rico
He querido escribir más que nada vivir
He querido escribir, más que nada vivir
intensamente,
estar en los pájaros, en el aroma, en la médula de las cosas.
Tantos fantasmas dijeron amarme
y sobre ellos me derramé como la lluvia de anoche.
La que ame fantasmas se convertirá en lluvias,
largas lluvias en la aurora.
Irán enamorándose los árboles, la apasionada tierra de tu espacio
y te poseerán los duendes mensajeros de la celosa señora soledad
y será ella el sol que entra por tu mañana
y el agüita mansa que se filtra y ocupa tu casa vacía
y la fibra misma de tu pétalo y tu camino.
Hay una pena, es cierto, mas hay un gozo entrenado en el misterio,
en la lengua tibia de la poderosa señora soledad.
He querido romper el miedo y vivir
y estar siempre cerca de algún cuerpo caluroso,
mas ya no sólo se pierden trenes ni poemas
ni billetes del imperio ni lentes para ver de lejos
en la noche cuando ya no te llevan de la mano.
Ahora se pierde el cansado nombre de sumisa.
Llámate flor, llámate fruta, hija de ti misma,
amor predilecto de la sabia señora soledad
y viste sus túnicas y collares de semillas y corales
y ciñe su cinta ancha a tu cabeza
y deja que tu pie camine familiar en su sandalia
y que tu soleado ojo conozca el desierto
intensamente, igual,
enteramente, como a las lluvias que amanecen.
Ariadna pasa entre sus muslos el hilo
Aquel laberinto lame sus adoquines.
Descubre el himen y el espejo de unos lazos.
En la vieja ciudad, Ariadna pasa entre sus muslos el hilo
antes de entregarlo como un mapa
y brinda por un nómada corazón, por la esmeralda,
por las huellas encendidas del tigre.
El carnaval cuelga de los balcones,
mitad incógnita, mitad de un viaje en el asombro.
Dina Posada - Guatemala
Fuego sobre el madero
Después de romper el áspero castrante hostil
cerrojo de las ataduras
apuñalé al pecado cayendo agónicas mis trabas y mis culpas
Dejé de pedir permiso para vivir
Disponiendo conocerte abrí tus brazos en cruz
—cristo de mis pasiones—
y hundí el sabor de mi presencia en tus pies
en tu cuello en la blanca playa de tu espalda
Recorriéndote fui creciendo
hoja de tu rama rama de tu árbol
árbol de tu bosque hoja loca al vaivén de tu tronco elocuente
Empinando a la fiebre mi despertar caminé
y rodé en tus cumbres y tu sexo brotó
dejando su vasta lluvia en mi rezumante tierra nueva.
CINTA ABISMAL
Es tu lengua
acierto de vigilia
dejándose llevar por el lascivo
inquieto
travieso viento moreno de mis muslos
Hebra de agua tibia descubriendo mis pechos despiertos
piruetea con la gana que el espejo refleja
en una marejada de pulsos agitados
Lápiz de filo diligente perfilando mi abertura que se explaya
enardece
y grita soltando su vena salpicando los sentidos
Voluntad de labios
sometiendo labios a su voluntad
Anzuelo que pesca
sujeta
y
vuela con mi carne
al punto preciso
donde el resuello
dice
que termina
y
la quietud
clama por nacer
Vilma Vargas - Costa Rica
Clamor
Era aquí.
Yo decía mi nombre.
Quería romper el cuello que me ceñía.
Vivir era un pequeño deseo,
un parto confuso entre garras.
¿Qué se hicieron los ojos,
el temblor tímido que me arropaba?
Crecí con un beso andrajoso,
crecí dormida en las llamas,
no sé de dónde llegó el dolor,
está aquí después de todo,
recoje su furia y vuelve;
¿dónde dijeron los padres que podía dejarlo?,
¿dónde están mis hermanos?
Les pido que sonrían cuando puedan.
Borde
Y yo me había ido.
Las voces del mundo tenían el sonido de un muro.
Como una boca seca una campana chasquea.
No hay puertas.
Miro al cielo con impaciencia.
En el borde del bosque el viento se oye,
toca la memoria como un violín.
Las hojas caen. Se tienden contra el cielo.
Sortilegio
El mundo clava sus golpes,
los repite.
Lejos de mí vuelvo a recojerme.
Comprendo,
en una mano las cosas y en la otra su sombra.
Los que me hirieron también están desnudos.
Nada me arrebataron:
amé un sortilegio,
conservé su belleza,
dejé un retrato elevándose de la tierra.
Amanda Castro - Honduras
Callate, vos no sabés!
Sí!
Vos no sabés lo que ha pasado
vos estás acostumbrada al silencio
a lavar ajeno/ a limpiar ajeno
a agachar la cabeza
-buscando estrellas en la arena-
Vos estás acostumbrada a que te roben todo
el deseo
la juventud
los hijos.
La mama
Alta y de piel oscura
grande mitológica
peleadora y tierna era la mama
sus ocho hijos todos aprendieron a leer
a creer en dios
a entender lo que su madre amaba
ellos
todos con título de secundaria
profesores secretarias
todo
por aquellas manos carrasposas
agrietadas por los años de la angustia
y el abandono
-aquellos hombres que prometieron ayudarte
y se marcharon-
todo por aquellas manos
rajadas con el olor putrefacto
-lugares donde ella buscaba el pan-
limpiando pisos
limpiando servicios
limpiando
todo
por un pan para sus hijos
porque sus hijos fueran a la escuela
porque tus hijos fueran alguien
por darles lo que vos nunca tuviste
una cama en lugar del petate
una casa en lugar del cuartito maltrecho
una vida en lugar del tormento
Mama
¿no te das cuenta?
cambiaste el curso del sol con tus manos
con tu enorme cuerpo lacerado
El sol en tu frente cuesta abajo
cuesta arriba de vuelta al trabajo
asegurando el futuro en tus manos
(las mismas que hacían la ropa
más simple del universo)
-el amor encerrado en un cuerpo de mujer-
Mama
no te das cuenta
cambiaste el curso del sol
Éxodo
Todo se había vuelto un Profundo silencio
--un caos como al principio--
Bajo una piedra se hallaba
la placenta de la vida
que podrida como estaba
hizo surgir a Odosh'a
el espíritu del mal
Xibalbá
--la casa de los cuchillos--
--la casa de los tormentos--
Los seres de maíz empezaron a pelearse entre ellos
y fue así como nació el odio
y el llanto
En la casa de los murciélagos
la sangre del maíz se transformaba en vísceras humanas
En la casa de los espejos
los hombres se arrancaban los ojos con las manos
--Odosh'a les enseñó a matar
y Odosh'a estaba alegre-
Diana Bellesi - Argentina
Enero
Dios mío, se abre,
el instante consagra
la rosa en el aire
pequeña y perfecta
Es boca entreabierta
de un pálido ámbar
de bella innombrable
¿Pulverizarse? No,
tan sólo entregarse
Volvernos la rosa
He construido un jardín
He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín
para dialogar
allí, codo a codo con la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte,

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo del terror
si la belleza la sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan.
Hay poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín.
Pero hacer gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre el páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana.
I wish you were here, amor, pero sos, jardinera
y no jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.
Soledad Álvarez - Rep. Dominicana
Imanes
En espacio de nadie, toda piel
acaricio la brisa que nació hoy
y sin pudor desnuda las hojas
en remolino que envuelve y estremece.
En espacio de nadie, sin saber
rozo frutos, larvas, imanes
miríadas de formas
sustancias de espesura perdurable.
Florece el latido terrestre.
Colma lo vacío con su savia.
Mi cuerpo es cuerpo nada más
dejándose ir, hundiéndose
en el éxtasis de los contornos
en el goce de la dentellada de la piedra
en el aquí que prolonga sus mudanzas
para que el tránsito sea breve:
más espléndido que las orillas áureas.

Voyeur
Los amantes en la playa no saben que miro
el encuentro de sus cuerpos a la sombra del atardecer.
Hombre y mujer como mástil de un velero.
Verticales.
Horizontales como cetáceos en lo alto de la ola.
El uno en el centro del otro
en el centro de un mundo que sólo durará un instante
inmensurable de belleza efímera
de paisaje sin límite.
Alguien tiene que llegar.
Por el aire una fervencia acaricia
me envuelve el quejido del amor.
Ligera como en la danza recupero latidos
playas de arenas desbordadas
aterciopelado salitre.
Soy lo que miro.
Antierótica
Conozco el centro de tu cuerpo
palmo a palmo la piel y sus aristas
dientes
gestos que son dédalo
hasta que encuentro el camino
por la curva del pie
hasta el gozne de las piernas.
Conozco el pozo donde me detengo
para alcanzar el manantial de tu sexo:
puente de venas
torbellino de nervios
vellos.
Tendido estás y en tu mano
el pezón apunta desaparece
uva blanda en la fuga de amor
erizado renuevo
cuando cierras los ojos para verme
cuando abres el alma
y soy tu cuerpo.
Chiqui Vicioso - Rep. Dominicana
I. Rojo mar, oleaje de sedas
...en redor de tu retrato
con la mirada impenetrable
y esa distancia del gesto
que intuyo era propia de las Doñas
de tu época.
II. Negra solicitud de la «impureza»
...me interesaste tú, más que tu poesía
porque concebida sin pecado original
me resultabas tan remota de mi
y de todas las mujeres
como jesucristo la primera vez
que se me atragantó la hostia
al darme cuenta de que cargaba en mi boca
su cuerpo y su sangre.
III. Rosa desatada la brisa que envuelva
...a ti no podía ni puedo cargarte
más que en la conciencia
y para eso tenía y ahora tengo
que volver a tus afanes como hija"ejemplar"
de Nicolás Ureña de MendozaPoeta,
Abogado de buena reputación
Senador, Magistrado. Maestro y Periodista
y de Gregoria Díaz de León...
simplemente tu madre.
IV. Naranja ondulando en la blanca doblez...
de ser "nieta y sobrina ejemplar de una tía nana
que ejerció el magisterio
durante sesenta años y no se casó nunca
"y que se aseguró de que aprendieras a sufrir
o si no a sufrir a sobrellevartus sentimientos y a controlar
tu emotividad
esa que desde tu infancia"te hacía llorar sin motivo aparente"
consumiéndote con mi misma enfermedad
aunque Santo Domingo no fuera Amherst
pueblecito cárcel de Massachussetts
para tu menos afortunada colega
la tímida Emily Dickinson.
V. Cimbreante arcoiris decapitando la palabra...
...los siete poemas que publicó los dió a la luz
como las Bronte, anónimadamente,
porque era impropio para una mujer
preguntar, responderse y volver a preguntar...
"¿Cuántas veces estos pies tan bajos
habrán de destacarse?
- sólo la boca soldada podía decirlo-
trate
¿podría usted remover esta horrorosa cerradura?
trate
¿podría usted levantar las aspas de acero?"
Marta Leonor González - Nicaragua
No está
Qué de mí
si en mi cama se extiende
enrollada en mi cuello
absorta de delirios
con sus esmeraldas me mira.
No es el ungido escorpión
en el lecho entre horas,
no está.
Se retuerce
me ataca con el flagelo
de su cola.
Escamosa va
repta, serpentea
fluctúa en serpentín
y en retroceso arremete
en azotaína con artilugios
y añagaza.
Tijera
No sólo repta.
En el pozo está,
atrapada de aldabas.
La mano confirma el orificio húmedo
ojal oscuro de la infancia,
vaginal caverna
que la atrapa.
La atrapa.
El tacto pulula rodea el albergue,
vacuo
vano va sobre el veneno.
Recorre la mano la hornacina,
esponjoso el sitio y frío mullido en lo oscuro
el vestido blanco es almácigo
como torga.
Boaco, abril 1978
Leticia Luna - México
Levitación del aire

Cuando el crepúsculo se baña en los cristales
Es extraño sentirse sexy en los aviones
Ver las despedidas a lo lejos
Y esperar la noche sin estrellas

Nada en el mundo me es ajeno
Cuando la tarde se baña en mis pupilas
Y los pájaros dicen ¡mientes!
Porque tu nombre no eres tú
Ni las cosas son el nombre de las cosas

No dormiré esta noche
No sepultaré mi voz en la penumbra
No seré un pequeño eco
Ni una burbuja de humo en la ceniza

Nada en el mundo me es ajeno
En el instante en que el nombre
Más exacto de las cosas
No eres tú


Levitación de la lengua

Porque en nombre de tus labios
Dios habló aquella noche
Mi corazón no se lamenta
Porque el ojo del relámpago
También sufrió al enterrar sus llagas
No morirá mi vocación de estrellas

Porque en Babilonia
Extraviamos a nuestra Madre
Por las calles del mundo
Encontré al predicador
Lo vi dar de comer a las palomas
Pintar lienzos en el rostro de la tarde
Y sentir su pulso en el latido de mi voz
Pero su ira grande era y mi ayuno inmenso
Cuando lanzó su profecía:
Envainarás tu espada en medio de los hombres
Tu lengua se hará paloma
Y estremecerá los aires
Y surcará los vientos
Y todo aquel que oídos tenga
Escuche…
Aleyda Quevedo - Ecuador

Hondo muy hondo
Me afeito la cabeza
y empiezan las preguntas
sobre lo que dejamos de hacer
La alfombra verde que se hace hierba
cuando la pisas y se extiende como
mancha de insectos sobre mis manos
aún permanece en la sala de televisión
Un presentimiento puro sale de mí
Las preguntas cubren mi cabeza afeitada
¿Quién soy?
¿Quién soy?
Tal vez la mujer senos de ámbar
y pies helados que escribe versos
para reconfortarse
Más la poesía solo logra descarrilarme
Como el tren rojo que soy
Ese tren que se abre paso entre las montañas puntiagudas
y difíciles de algún país
Ese tren que nunca llega
a ninguna estación de humo
Esta mujer que emana voces
Trenes y más trenes que me esperan
Versos para sobrevivir
¿Quién soy?
Quizá este cuerpo encendido que aún guarda tus huellas en los pliegues.

Ventana
Todo en tu mente
es el cuerpo me dice Robert Creeley
La piel campo de batalla
los ojos un bosque extenso
y a partir del sentimiento una punzada
al corazón de cuando niña
La serpiente de la enfermedad
rasgando tus tejidos
Las costillas desdoblándose para escribir
sobre plantas e hijas bienamadas
Felicidad alcanzada por instantes
Con forma de un hombre de manos tibias
que retiene tus senos como pájaros blancos
Un río místico
ancho imantado y turbio que llega a ser etéreo
intentando salvarte a ti misma
pero regresa a tu cuerpo que es tu mente
y a partir de allí construye tu vejez en ese río.

El ansia de ser traspasada amorosamente
rompe los sentidos y turba mi noche
Es poco lo que alcanzo rozando la almohada
Hacer caballito en el sillón suave tampoco engaña
y deambulo por los pasillos de la casa
con los senos al aire y el cabello peinado
divina Safo coronada de violetas
dolencia de amor
el "olisbo" del padre Aristófano
finalmente entrará en mí.
Waldina Mejía - Honduras
Mujer todos los días
Una madre puede hacer todo lo que hace,
no por ser mamá sino por ser mujer
Mamá es una mujer como las otras:
es alegre, tiene canas, se enoja
trata de adelgazar aunque no de a de veras/está enferma
casi no se cuida
mi madre se equivoca
mi mami alguna vez ha sido injusta
lleva sus cuantos errores a la espalda
sus pecadillos por allí escondidos
o deseados
pero mami crió a sus hijos ella sola
y a tres hijos más como a sus propios hijos
ella sola/mas era yo tan joven cuando madre quedó sola/
que nunca pregunté cómo comimos siempre
/y ahora todavía no lo sé
pero tiene que ver con la multiplicación de los pesares./
Ya que es una mujer como las otras
mi madre quiso más de alguna vez
reflorecer su amor
pero los que idolatran el estéril espejo
no entiendenel prodigio
de la transformación del oro en sueños
y si no derrotó en esta batalla
por lo menos a la rabiosa soledad
ya la tiene enjaulada como la bestia horrenda que es
/por el claro milagro de los nietos.
Mi mamá nos recibe cuando estamos cansados y caídos/
pero no nos convierte las espinas en flores
porque nos enseñó a quitarlas solos
y no es la más clara imagen de Dios sobre la Tierra/
no alcanza requisitos para Santa
ni se parece en algo a la Virgen María
sin embargo
mamá puede reír aunque esté triste
madre puede amar aunque ella no sea retribuida/
mami puede ayudar aunque ella esté también necesitada/
madre puede trabajar aunque haya trabajado hasta la madrugada/
mamá puede aguantar aunque ya no aguante más.
Por esomamá es una mujer como las otras
una mujer, sencillamente un ser humano,
le dan derecho a serlo
sus cuidados su ternura su amor por los demás/
su aguante en aguantar que ya me habría muerto/
y por tanto que es esa mujer
me asombro
me inclino
me acorazoy no sé cuánto decir
cómo la quiero.

Juana Pavón (Juana La Loca) - Honduras
Nosotras: esas sujetos
Una, dos, cien, miles
así vamos las mujeres por aquí
aquí donde nos tocó pernoctar para siempre.
No importa lugar ni apellido
definimos nuestra situación
desde hace mucho tiempo.
Hemos aceptado el papel que nos corresponde
no importa el status.
Estamos las privilegiadas
y las no privilegiadas
Estamos:
la funcionaria porque funciona
la obrera por obrera
la madre por madre
la estéril por estéril
la dama por dama
la prostituta por prostituta.
Hacemos maniobras con el tiempo
ligadas a esta inercia
que llamamos vida
porque siendo mujeres
tenemos que aceptarlo
porque son leyes para mujeres
hechas por hombres
¿qué más nos da?
Las habemos flacas y gordas
unas por tomar agua de masa
otras, por tomar leche y cereal.
El día de la madre
a unas nos da frío
a otras nos da calor,
el día de la mujer
a unas nos da risa
a otras satisfacción.

Estamos las poetas académicas
y las poetisas de la calle.
Estamos las que vendemos rosas
en una floristería elegante
y las que ofrecemos claveles
en una esquina de banco.
Nosotras, que somos anónimas
del amanecer
y nos-otras burbujas de hambre
nosotras somos esas – a la que se nos vende
y a las que se nos protege
hasta los ochenta años.
Somos la esposa ignorada
en un centro nocturno
y la sirvienta seducida.
Todas somos nosotras
a cada quien lo suyo
así fue repartido
sin ponernos a escoger.
Estamos las amargadas
y las indiferentes
las antisociales
y las socialísimas
las que damos de comer a nuestros hijos
en cucharita de plata
y las trágicamente miserables
que damos nuestros vástagos
a engordadoras y traficantes de niños.
Nosotras las que siempre callamos
y esperamos
las que tenemos motivos
para gritar
y no esperamos nada.
Estamos las saludables
porque tenemos un gato en casa
y estamos las enfermas
por una existencia solitaria.
Somos muchas las que bebemos champagne
y muchas las que bebemos guaro
las primeras fondeamos en cama
con sábanas de seda
y las segundas
en una escondida acera húmeda.
Estamos las feministas asociadas
y las lesbianas reprimidas
muchas asistimos al Catecumenado
y otras levantamos los ojos
para ver a Dios.
Así vamos todas nosotras
nosotras, esas sujetos
todas somos mujeres indestructibles
nada nos detiene
no importa si somos abogadas
si somos verduleras
médicas, tortilleras
maestras, campesinas
teatristas, pintoras
esposas, amantes
primera dama
o última dama.
Un vientre nos une a todas por igual.
Somos las que motivamos
todos los sentimientos
ternura, delicadeza... amor
aunque haya en cada una de nosotras
una gata furiosa
o una gata sumisa.
Somos las que estamos paradas en el tiempo
y latimos... latimos... latimos!
somos río, mar
jungla, sol
luna y pulmón
¡somos patria!
- Yo siempre he pensado
que Honduras tiene nombre de mujer –
Krisma Mancía - El Salvador
Cinco
me reconocí fantasma de foto
fantasma de fotosíntesis
fantasma con sabor a aguja oxidada en cada pierna
fantasma con una miopía triste en cada frase

por qué no permito que se pudran las flores
y me voy
y me llevo lo irremediable de cada espejo roto

por qué no permito que el cabello encanezca
y que los dientes se consuman en el vacío de la boca

por qué no dejo de mirar
para que todo se apague en un silencio de tumba

y sacarme los ojos con la ayuda de los buitres
y entregarlos a la damita que me hizo nacer

ahora crece el musgo de mi frente
y fluye el manantial de mis dedos

ahora agonizan los pájaros en las ramas de la angustia




Seis
(epitafio para la tumba de mauricito mora)

aquí yace el amor
latido perdido de un ciprés
canto sin voz
olor de Siemprevivas

(duerme lentamente
arrullito de ave efímera)




Siete

muerde la manzana con la longitud que produce el deseo

muerde la manzana


no pasa nada

(Dios esta dormido sobre un séquito de ángeles
también Dios fornica pero es un secreto
no se lo digas a nadie)

las manzanas se pudren al borde del manzano

es torpe la ternura
es torpe el primer roce

(Dios no se ha vuelto transparente
se esconde
es un fugitivo del paraíso
pero es un secreto
no se lo digas a nadie)

no pasa nada
Roxanna Méndez - El Salvador
Hacia El Poema

Las manos desatadas por un soplo inhumano
regresan en las noches, las auroras, los días,
ánforas que trasnochan sobre láminas frías
y fiebre que congela sabores del verano.

Las sílabas secretas todavía se esconden
para encontrar senderos de antiguas lejanías,
amarillas distancias, viajantes melodías
que en el papel preguntan y en el papel responden...

Continúa el silencio, los ritmos y las pausas
y los vientos de otoño son vientos y son causas
a través de las noches, las auroras, los días...

Y siguen las palabras muriendo y renaciendo,
los pensamientos rotos que el viento va tejiendo
entre estas estaciones que no vienen vacías...


Memoria
Todo es presente ahora: mis ojos desatados
pueden ver la penumbra del cielo en este instante,
y en ese cielo inmenso, frío, extraño, distante,
vuelan aves de siempre sobre sueños pasados.
Otras calles retornan y es presente en mis labios
que besan las siluetas de los que ya han partido:
los niños de otras tardes y el viento conmovido
que trae de la iglesia su aroma de incensarios,
y las beatas señoras musitando oraciones
y el abuelo en el patio cantándonos canciones
y las lentas campanas de las cinco doblando.
Las calles imprecisas retornan al silencio
y ese cielo de ahora que sufro y que presencio
comprendo que es de un día que existió no sé cuándo.























































miércoles, 26 de marzo de 2008

Messenger entre Ray Bradbury & Arthur C. Clark (Fabricio Estrada ®)


La intertextualidad es válida aquí y en Saturno. 2001 Odisea Espacial y Fahrenheit 451 se hablan así, ad infinitum. Me tomo la atribución y saco mis delirios más deseados.




Moon Watcher (Clark): Hola Ray
Fénix (Bradbury):Qué cuentas Arthur?
Moon Watcher: estaba pensando en el mañana y
Fénix: muy raro en ti, no?
Moon Watcher: hey! recuerda que la imaginación se desencadena libremente cuando se considera lo que podría ser la evolución última de la inteligencia…
Fénix: sí sí sí: “no en diez mil años, ni en cien mil años, sino en millones de años”, siempre lo repites…
Moon Watcher: ¡estás un poco escéptico hoy Ray!
Fénix: pues con tantos aviones tronando en el cielo y con tanta guerra acumulándose es cómo para creer que no llegaremos a mañana
Moon Watcher: si, te comprendo
Fénix:
Moon Watcher: Ding Dong!!
Moon Watcher: ¡sí que puedo asegurar que tu silencio lleva miles de años! te pasa algo?
Fénix: está bien, te contaré: ayer conocí a una chica, me ha aturdido
Moon Watcher: biológica o mecánica?
Fénix: melancólicamente biológica
Fénix: regresaba del Ciervo Blanco, ya bastante entrada la noche y, doblando la esquina hacia mi casa, una chica muy joven, casi un fantasma, me preguntó de pronto si yo era feliz
Moon Watcher: tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, Ray
Fénix: noo Arthur, en un mundo en el cual uno se despierta para ver la hora y descubre el reloj que le dice la hora, el minuto y el segundo con un silencio blanco y un resplandor, se aprende a ver las cosas con mayor lógica…no era un fantasma
Moon Watcher: desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta tierra y ahora te viene a tocar a tí una que hace la pregunta más antigua de todas!!!! a ver, continúa
Fénix: pues yo no he hecho más que parpadearle, hubiera querido contestarle inmediatamente que sí, que era feliz, pero las palabras se me quemaban entre el asombro y las sombras de anoche
Moon Watcher: sinceramente Ray, creo que ella debió haber sido una máquina de nueva generación, inconturbada por las codicias y pasiones de la vida orgánica te ha hecho esa pregunta con absoluta simplicidad mental de propósitos
Fénix: ummmmmmm
Moon Watcher: ya comienzas a dudar, eso es más saludable que aturdirte por tan sencilla pregunta
Fénix: escucha Arthur, en cierta época los libros atraían a alguna gente, aquí, allí, por doquier. Podían permitirse ser diferentes. El mundo era ancho. Pero luego, el mundo se llenó de ojos
Fénix: de codos y de bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y radios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie de vulgar uniformidad ¿me sigues?
Moon Watcher: creo saber por dónde vas
Fénix: pues bien, la mecanización llegó por esa vía, por la falta de hacerse, la disciplina se relajó, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonaron, el idioma y la pronunciación se descuidaron gradualmente…
Moon Watcher: claro, la vida se volvió terriblemente inmediata, sólo el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo
Fénix: ¡claro! y no va a ser un robot quien me haga esa pregunta de si soy feliz o no!
Moon Watcher: sin embargo cabe la posibilidad de que el computador de la “ahora supuesta robot” haya comenzado a cometer errores…
Fénix: no Arthur, esa era una pregunta deliberadamente humana, una pregunta que aún y cuando se hubieran quemado todos los libros y la Filosofía jamás hubiera existido, igual se habría hecho en lo más recóndito del ser
Moon Watcher: tienes razón, los homínidos, aunque no se dieran cuenta de los parentescos familiares, a la hora de la pérdida de uno del grupo debieron sentir un vago desasosiego que era el antecesor de la pesadumbre…la precensia del “otro” o de “lo otro” siempre ha sido la identidad de la felicidad.
Fénix: te lo juro que me quedé hecho un monolito
Moon Watcher: pero qué…te hizo la pregunta y se marchó, así, sin más?
Fénix: me habló de otras cosas, del absurdo de los turbo-reactores, de echar la cabeza hacia atrás y dejar que la lluvia cayera en la boca…de observar los pájaros y coleccionar mariposas…
Moon Watcher: interesante chiquilla
Moon Watcher: habrá que observarla y a ver cómo evoluciona
Fénix: te lo confieso: sentí un poco de temor y un sordo resentimiento, era como si me estuviera faltando al respeto
Moon Watcher: despertó tu conciencia, eso fue, esas manías no nos abandonan a pesar de todo el camino andado desde que inventamos el lenguaje
Fénix: puede ser
Fénix: fue como ir en el metro leyendo un libro prohibido y que de pronto alguien gritase: ¡Ea! ¡Ese hombre va leyendo! ¡llamen al guardia!
Moon Watcher: o como si alguien te estuviera probando…midiéndote…acechando tus progresos en humanidad básica
Fénix: ya veo que sigues creyendo que esa muchacha era un sabueso cibernético
Moon Watcher: jajajajajaja
Moon Watcher: y tu eres un hueso difícil de roer!!!
Fénix: jeje, en serio Arthur, esta chiquilla hizo que acudiera inmediatamente al diccionario para convencerme de que existía la palabra felicidad
Moon Watcher: al igual que los nueve mil millones de nombres de Dios la felicidad tiene nueve mil millones de rostros…tal vez esa chica era uno de ellos…el diccionario de la vida es infinito
Moon Watcher: y a propósito, te dijo su nombre?
Fénix: clarisse, clarisse McClellan
Moon Watcher: bueno, también pudo llamarse TMA-1 o HAL, una esfinge como ella es innombrable e indefinible
Fénix: me gusta más Clarisse
Moon Watcher: ok, así la llamaremos. sabes, debo desconectarme
Fénix: igual yo, debo ir a comprar unos cerillos para la chimenea, hace frío. Ten cuidado y mañana no amanezcas dormido en un hotel de Saturno
Moon Watcher: pero Ray, si de eso te quería hablar!!!! mañana
Fénix: mañana será otro día, y ya nos conectaremos
Moon Watcher: de acuerdo, mañana hablamos
Moon Watcher: entonces por ahora no queda más que decir ¡al infinito y más allá!!
Fénix:jajajaja te gustó verdad! por algo te la recomendé!
Moon Watcher: las posibilidades de la inteligencia me hacen imaginar que la vida alcanzará mayores niveles. Sí, es una buena frase la de Buzz
Fénix: hay que cruzar los dedos para que nunca se queme…si los humanos guardamos silencio y dejamos hablar a nuestras fantasías es porque hay que pensar en todo y mucho que recordar
Moon Watcher: por supuesto Ray. Buenas noches
Fénix: Buenos días Arthur.

lunes, 24 de marzo de 2008

Piedra Miliar, los imprescindibles


FUGACES RECUERDOS(*) (Attila József - Hungría)


Fugaces recuerdos, ¿en dónde desaparecisteis?

Mi corazón, pesaroso, quiere echarse a llorar.

Ya no puedo vivir sin vosotros.

Lo que mis manos tocan no toca ya mis manos.

¿Acaso no soy digno de jugar otro poco?

¡Frágiles mariposas, venid, volad aquí!

Fugaces recuerdos, soldaditos de plomo

que tanto anhelé otrora

y cuyas bayonetas supe enderezar

¡Turcos, bóers, venid, rodeadme aquí!

¡Oh, cañoncitos, formad las baterías!

Tan pesaroso está mi corazón... ¡Ay, defendedme!


(*)Este poema fue escrito tres días antes del suicidio del poeta bajo las ruedas de un tren.



FUGA DE LA MUERTE, (Paul Celán - Rumanía)


Negra leche del alba la bebemos al atardecer

la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche

bebemos y bebemos

cavamos una tumba en el aire, ahí no hay estrechez

Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe

escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarita

lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus

mastines

silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra

ordena tocad para la danza


Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer

bebemos y bebemos

Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe

escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarita

tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire

ahí no hay estrechez

Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad

empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules

cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la

danza


Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer

bebemos y bebemos

un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarita

tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes

Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro

venido de Alemania

grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como

humo en el aire

y tendréis una tumba en las nubes allí no hay estrechez


Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de

Alemania

te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos

la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules

te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere

un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarita

azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire

juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido

de Alemania

tus cabellos de oro Margarita

tus cabellos de ceniza Sulamita.



FRAGMENTOS (de Marcial, Valerio - Roma)


A los antiguos poetas, Vacerra, tan sólo admiras

y no alabas a otros sino a los muertos.

Perdona, Vacerra, te lo ruego: no merece la pena

que yo muera, para gustarte.


II

Todo lo compras, Castor: así que todo lo tendrás que vender.


III

Los versos que recitas, Fidentino, son míos,

pero si los recitas tan mal, empiezan a ser tuyos.


IV

Lesbia jura que nadie se ha acostado gratis con ella.

Y dice la verdad. Pues cuando va a la cama, siempre paga.



Carmen VII (Catulo - Roma)


Me preguntas, oh Lesbia, cuántos besos

tuyos me sean suficientes,cuántos

me sean demasiados.

Cuan gran número de arena de Libia

yace en Cirene, de laserpicïo

plena, entre el oráculo del ardiente

Jove y el túmulo del anciano Bato;

o cuantos astros nos ven, al callar

la noche, enredados en amoríos;

sólo esa cantidad satisfará

a Catulo el loco, y demasïados

serán, y afortunados,

que ni contarlos podrán los curiosos

ni con sus malas lenguas hechizarlos.


Carmen XXXII


Te lo ruego, dulce Ipsitila, joya

mía, mi belleza soñada: manda

que acuda a ti a mediodía, y ayúdame

si lo haces: no cierre nadie la

fina hoja de la puerta, ni salgas fuera;

debes quedar en tu casa y tener

nueve polvos continuos listos para

nosotros. Mándalo ya, si has de hacerlo:

aquí yago, boca arriba a la fuerza,

rebosante, atravesando mi palio

y mi túnica, esperando tu auxilio.



¡Escuchad! ПОСЛУШАЙТЕ! (V. Mayakovski - CCCP)


¡Escuchad!

Acaso, si las estrellas brillan,

¿es que hay a quien le haga falta?

¿Es que alguien quiere que estén?

¿Es que alguien toma estas escupitinas

por perlas?

Y a gritos,

entre polvaredas de mediodía,

se abre paso hacia dios,

teme que nadie le espere,

llora,

besa su mano nervuda,

ruega,

¡habrá por fuerza una estrella!

clama,

¡no aguantará este calvario a oscuras!

Y después

anda inquieto,

con expresión de calma.

Le dice a alguien:

«¿Acaso ya no tienes nada?

¿No da miedo?

¡¿Sí?!»

¡Escuchad!

Acaso, si las estrellas

brillan,

¿es que hay a quien le haga falta?

¡¿Es que es preciso

que cada vez que anochece

sobre los tejados

se encienda siquiera una estrella?!



DEJA YA DE RONDAR EL MAR (G. Seferis - Grecia)


Deja ya de rondar el mar

y los pellejos de las olas empujando los navíos,

bajo el cielo estamos nosotros los peces

y los árboles son las algas.


ROSA DEL DESIERTO


Rosa del desierto, encontrar querías con que herirnos,

más, como el secreto que va a liberarse, te inclinabas

y era hermosa la orden que aceptaste dar

y era la sonrisa como una espada alerta.

El ascenso de tu cielo animaba el universo,

de tu espina se arrancaba el designio del camino,

nuestro impulso se insinuaba desnudo a poseerte,

era fácil el mundo, un simple latido. "



EL BLANCO PAPEL


El papel blanco duro espejo

sólo devuelve eso que fuiste.

El papel blanco habla con tu voz,tu propia voz,

no aquella que te gusta,

tu música en la vida esa que derrochaste.

Puede que no vuelvas a ganar si lo deseas,

si te clavas a esa cosa indiferente

que te lanza atrás ahí dónde empezaste.

Viajaste, muchas lunas viste muchos soles,

tocaste muertos y vivos,

sentiste el dolor del bravo mozo

y el gemido de la mujer,

la amargura del niño inmaduro,

cuanto has sentido se derrumba sin sustento

si a éste vacío no te fías.

Quizás ahí encuentres cuanto creíste perdido,

el brote de la juventud,

el justo naufragio de la edad.

Tu vida en cuanto diste,

este vacío es cuanto diste,

el blanco papel.



ME VIENE, HAY DÍAS, UNA GANA UBÉRRIMA (C. Vallejo - Perú)


Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,

de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,

y me viene de lejos un querer

demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,

al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,

a la que llora por el que lloraba,

al rey del vino, al esclavo del agua,

al que ocultóse en su ira,

al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi

alma.

Y quiero, por lo tanto, acomodarle

al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;

su luz, al grande; su grandeza, al chico.

Quiero planchar directamente

un pañuelo al que no puede llorar

y, cuando estoy triste o me duele la dicha,

remendar a los niños y a los genios.

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo

y me urge estar sentado

a la diestra del zurdo, y responder al mundo,

tratando de serle útil en

lo que puedo, y también quiero muchísimo

lavarle al cojo el pie,

y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,

interhumano y parroquial, proyecto!

Me viene a pelo

desde el cimiento, desde la ingle pública,

y, viniendo de lejos, da ganas de besarle

la bufanda al cantor,

y al que sufre, besarle en su sartén,

al sordo, en su rumor craneano, impávido;

al que me da lo que olvidé en mi seno,

en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

Quiero, para terminar,

cuando estoy al borde célebre de la violencia

o lleno de pecho el corazón, querría

ayudar a reír al que sonríe,

ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,

cuidar a los enfermos enfadándolos,

comprarle al vendedor,

ayudar a matar al matador —cosa terrible—

y quisiera yo ser bueno conmigo

en todo.



¿CÓMO ESCRIBIR UN CURRICULUM? (Wislawa Szymborska - Polonia)


¿Qué hacer?

Llena la solicitud

y anexa el currículo.


Independientemente de la duración de la vida,

un currículo es mejor corto.


Hechos concisos y bien elegidos son de rigor.

Los paisajes son remplazados por direcciones,

recuerdos confusos dan lugar a fechas inalterables.


De todos tus amores, menciona sólo el matrimonio;

de todos tus hijos, sólo los que nacieron.


Quién te conoce cuenta más que a quién conoces.

Viajes, sólo si hechos al extranjero.

Afiliaciones, en qué pero sin porqué.

Premios, pero no cómo fueron merecidos.


Escribe como si nunca hubieras hablado contigo mismo

y siempre mantén una distancia prudente.


En silencio pasa por alto tus perros, gatos, pájaros,

recuerdos polvorientos, amigos y sueños.


Precio, no valor,

y el título, no lo que contiene.

Su número de zapatos, no dónde se ha ido,

ése que haces pasar por ti mismo.


Además, una fotografía donde muestres una oreja.

Lo que importa es su forma, no lo que oye.

De todos modos ¿qué hay allí para escuchar?

El ruido de trituradoras de papel.


EN MI OFICIO MI ARTE SOMBRIO (Dylan Thomas - Gales)


En mi oficio o mi arte sombrío

ejercido en la noche silenciosa

cuando sólo la luna se enfurece

y los amantes yacen en el lecho

con todas sus tristezas en los brazos,

junto a la luz que canta yo trabajo

no por ambición ni por el pan

ni por ostentación ni por el tráfico de encantos

en escenarios de marfil,

sino por ese mínimo salario

de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo

que se aparta de la luna colérica

escribo yo estas páginas de efímeras espumas,

ni para los muertos encumbrados

entre sus salmos y ruiseñores,

sino para los amantes, para sus brazos

que rodean las penas de los siglos,

que no pagan con salarios ni elogios

y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.
CON FLORES ESCRIBES (Nezahualcoyotl - México)
Con flores escribes, Dador de la vida,
Con cantos das color,
Con cantos sombreas
A los que han de vivir en la tierra.
Después destruirás a águilas y tigres,
Sólo en tu libro de pinturas vivimos,
Aquí sobe la tierra.
Con tinta negra borrarás
Lo que fue la hermandad,
La comunidad, la nobleza.
Tú sombreas a los que han de vivir en la tierra.
PENSAMIENTO
¿Es que en verdad se vive aquí en la tierra?
!No para siempre aquí!
Un momento en la tierra,
si es de jade se hace astillas,
si es de oro se destruye,
si es plumaje de ketzalli se rasga,
!No para siempre aquí!
Un momento en la tierra.
Jalal ad-Din Rumi - Anatolia
¿Quién hace estos cambios?
Disparo una flecha a la derecha
Cae a la izquierda.
Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quiero
Y termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otros
y me caigo en ellas.
Debo sospechar
de lo que quiero.
---------------------------------------
La brisa de la mañana guarda secretos para ti
No te vayas a dormir.
Debes pedir lo que realmente quieres
No te vayas a dormir.
La gente va y viene a través del umbral
Donde los dos mundos se tocan
No te vayas a dormir.
VOY A DECIRTE UNA COSA (Nazim Hikmet - Turquía)
Voy a decirte una cosa
De capital importancia:
El hombre cambia de gustos
Cuando cambia de lugar.
Aquí, me gusta dormir,
Me gusta terriblemente
Porque, con su mano amiga,
Viene el sueño a abrir mi celda
O derriba las paredes
Que me tienen encerrado.
Como en la frase vulgar,
Yo me dejo ir por el sueño
Como la luz se desliza
Sobre las tranquilas aguas.
Son magníficos mis sueños:
Siempre estoy en libertad,
Allí es claro y lindo el mundo,
Ninguna vez todavía
Me han llevado a la prisión,
Ninguna vez todavía,
Durante el sueño, caí
De la montaña al abismo.
-"¡Qué terribles despertares!",
Dirás tú.
No, mujer mía:Tengo bastante coraje
Para distinguir y dar
Al sueño lo que es del sueño.



sábado, 15 de marzo de 2008

Las voces que escucho

Letanía del anarkista Gabriel (Leo Zelada - Perú)
Han muerto todos los compañeros lo sé
Y te has quedado solo meditando en un banco escondido de la universidad,
Largos años del exilio han convertido la recurrente pesadilla en algo horrorosamente
Tangible:
“Eres un fantasma Gabriel”.
Todo ha cambiado. Ya no están los grafitis rebeldes pintados en las paredes, ni el bosquecito
De letras poblado de palabras;
¿Dónde están los guerreros inclaudicables de la poesía?
¿Dónde están los revolucionarios permanentes de Berltod Brecht?
El lugar que idealizaste en tus devotos recuerdos es sólo ahora el lugar que
Idealizaste en tus fervientes recuerdos, es esto y nada más.
Otras gentes han venido a ocupar sus espacios, otras costumbres, otras tradiciones.
Estas viejo Gabriel, ya no sos más el adalid de la nueva poesía, ni el iconoclasta joven que
emulaba a Rimbaud.
Nostalgia pura y lacerante es ahora lo que inunda tu cuerpo.
Gabriel: «Solitario has quedado en tus espejos».



He visto a los hombres (Gabriel Impaglione - Argentina)
He visto los hombres trepar a la sombra
tensando los arneses aún dormidos
y marchar unidos en el esfuerzo bestial
hasta montar el sol sobre la tierra.

Entonces salían de todas partes los niños y las madres
y luego los mercados llenaban las veredas
de silbos y manzanas.

La alegría de las gestas domésticas
coronadas por la dignidad del almuerzo!

He visto largas caravanas de obreros en el alba
marchar hacia el metal de la sirena.
Ágiles bicicletas con la vianda,
la radio colgando del manubrio.

Hasta que el estrépito de ráfaga
de cañón maldito
de horrorosa muerte
abrió un boquete en cada casa y entró la niebla negra.

Todo se retorció como un pez en la arena,
hasta ser tragado por el miedo.

Desapareció la fábrica.
También el hombre.
Y los hijos, y los mercados con silbo, y las radios
que no fueron sino un espejo del infierno roto a veces.
La universidad de Luján fue clausurada.
Encadenaron la luz en los sangrientos sótanos,
persiguieron los brotes del canto asesinado.

El abrazo fue un código secreto
la patria un dolor ahogado bajo la tortura.
Y el sol deseo apenas musitado
entre los nombres de los que ya no estaban.


Nora Nani - Argentina
9

Se me ha deshecho de pañuelos
la alborada.
Por el adiós salpiqué de piedras
el camino
y fui buscando
mi cruz en el agua.
Perdí la sombra en un dintel de lluvia.
Me siguieron perros desolados
con lenguas de azúcar
y un olor a pobreza
en la percusión de sus pasos...
Bestias temblorosas
como los sueños
soñados por un niño
que jamás va a crecer
y que promete definir en viento
su estatura...

Yo puse las manos adentro del agua,
pero la lluvia era el adentro
y el afuera,
un desconcierto de perros y de niños,
un azul desolado
que no sabía qué hacer con mi sombra
y sus tropelías de cielo.
Después me volví hacia la noche
y era más clara sobre el pasto,
casi como el eco de tus pasos
que un día derramaron
el adiós por los tréboles
e hicieron un viento manso
con mis ojos que te seguían
como niño
como perro
como lamento de estrella
tan lejos y tan sola.

Pero me brillan las manos
en la noche.
No es mentira la eternidad
si te sigue mi sombra
en la lluvia.


Moscas (Waldo Rojas - Chile)

Vivíamos la tarde de un domingo abrumador.
Era Verano en el hemisferio que pisábamos, según el orden de los astros.
Enredados en el ocio paseábamos de silla en silla a tropezones.
Era Verano por la tarde y el resto del cuadro lo ponían
las moscas.

Había un Universo disperso por la pieza:
botellas vacías,
hojas de algún diario, un plumero impotente entregado al polvo,
y bostezando hasta quejarse ardía el aire por los cuatro costados.

"No hay peor poema que el que no se escribe", me dije callado
gritándome al oído,
y lo único real, consistente en sí mismo, eran las moscas.
Muchas moscas, torpes moscas cayéndonos encima en arribos
sucesivos y despegues.

Ardía el aire por los cuatro costados y nos sobraba un par de brazos,
estaban de más las piernas y todo el cuerpo era lujo inútil,
artículo suntuario adquirido a la fuerza
en virtud de la artimaña de un hábil vendedor.
Saltimbanquis del aire, trapecistas, migajas de un gran demonio pulverizado,
esas tiernas, sucias moscas, diminutos ídolos del asco universal.
No habíamos sobrevivido a nuestra fábula feroz:
un joven matrimonio derretido sobre el suelo, melaza pura
a merced de un día de Verano, a merced de la estrategia
de las moscas.
Y era domingo como cien veces más fue domingo en los veranos
desde aquel día,
y desde cada día en que el sol encendía el aire
y un zumbido tañía en los vidrios y crecía una inquietud por
todas partes.
Algo que desde afuera penetraba, un cierto líquido agresivo,
un licor cáustico que diluía la carne o la memoria,
algo que le pasaba al tiempo no nos tenía conformes.

¿Quién detiene el cauce de las cosas y los hechos
en este punto, como un puente que se desploma,
mientras pasa el día mutilado arrastrando los miembros
trabajosamente?

No hay peor poema que el que no se escribe, me dije,
entretanto
la poesía rescataba a sus heridos de los dientes para adentro;
de los ojos para afuera lo único real eran las moscas.


Alta fidelidad (Raúl Rivero - Cuba)

Se librarán del dolor del gramófono
torturado por la fricción y las agujas.
Vivirán castos, ajenos al pecado
de cantar a capella y con hambre
en simulacros y funciones
que los tiranos se regalan como escudos.

Los hombres quese quedan en casa
tarareando boleros
llegarán a la sabiduría.

Venturosa y serena
será para ellos y sus hijos esta vida.
Ligera la ceniza. Clara la eternidad.



A una urna griega (John Keats - Inglaterra)

Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de
tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que
estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te
ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles
de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué
hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca
carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos
tamboriles, ese salvaje frenesí?

Si oídas melodías son dulces, más lo
son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más
exquisitas,
tocad para el espíritu canciones
silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu
canto
ya no puedes cesar, como no pueden
ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás
besarla
aunque casi la alcances, mas no te
desesperes:
marchitarse no
puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por
siempre bella!

¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas
perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre
nuevos.
¡Dichoso amor!
¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre
y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de
ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio
acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso
oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos
muge,
los suaves flancos cubiertos de
guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o
de la mar,
alzada en la montaña su clama
ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre
silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que
sepa
por qué estás desolado podrá nunca
volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud,
marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas
hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma
nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación
destruya
el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres,
diciendo:
«La belleza es verdad
y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace
falta.

(Versión de Julio Cortázar)


La joven mártir (Agi Mishol - Israel)

"Oscurece, y tú tienes sólo veinte años.
"NATHAN ALTERMAN / Atardecer en el mercado

Sólo tienes veinte años
y tu primer embarazo es una bomba.
Bajo tu amplio vestido estás encinta de explosivos
y esquirlas de metal. Así paseas por el mercado,
un tictac entre la gente, tú, Andaleeb Takatkah.

Alguien cambió un tornillo en tu cabeza
y te envió a la ciudad.
Como provenías de Belén,
la casa del pan, elegiste una panadería.
Allí activaste algún
detonador interior
y, junto a los panes del sábado,
el sésamo y las semillas de amapola,
te elevaste al cielo.

Te fuiste junto con Rebeca Fink,
Ilena Konreeb del Cáucaso,
Nissim Cohen de Afganistán
y Suhila Houshy de Irán.
Y también con dos chinos que arrastraste
contigo a la muerte.

Desde entonces, otras cuestiones
ocultaron tu historia,
acerca de la cual hablo
y hablo
sin tener, en realidad, nada para decir.


Escrito en lápiz en vagón sellado (Dan Pagis - Israel)

Acá, en este envío,
yo, Eva
con mi hijo Abel.
Si ven a mi hijo mayor,
Caín, el hijo de Adán,
díganle que yo


Palabras impertinentes (David Robinson - Panamá)

No toda palabra puede ser dicha
algunas hay que masticarlas
libar su acre sabor y luego tragar.
Las que tienen los bordes afilados
con la lima del rencor
hay que enterrarlas en la arena
hasta que bruñidas aprendan a reír.
Esas que pisan las huellas de la envidia
hay que quebrarles la envidia
hay que quebrarles las piernas
a mazasos de solidaridad.
Aquellas que pintan sus uñas
con el barniz de la indiferencia
hay que bañarlas con el hielo de la soledad.
Las palabras que pretenden la fama
y muerden pechos amigos
hay que amarrarlas
hasta que mueran hambrientas.
Las que enmascaran la ignorancia
hay que estrellarlas
contra el monte de la humildad.
Algunas palabras
no pueden ser dichas
hay que fusilarlas con el silencio.


HOMENAJE A IGNACIO "CÁNCER" ORTEGA (1950-2007) (Alexander Sánchez - Panamá)

Héroe de las artes panameñas, cantautor , narrador, poeta, pintor, muralista y revolucionario a carta cabal.


Universo
buscando
en el signo articulado
en el sonido y la luz
de la palabra
es el hombre
cuando nombra al mundo
cuando empuña la lucha
y avanza
y se lanza por el tiempo
y desciende
y se abraza a la tierra
dispuesto a ser tierra junto al hombre
parábola y luz

universo
es el que se afana
por hacer del hombre
un camino sin retorno
contra el hambre
sorda del hombre.



Carta a una joven jardinera (Javier Alvarado - Panamá)
El amor es jardinero y mi vida es una flor. Copla popular.

Ven con augurios, motetes o estrellas
como epigramas repetidos que se debaten
en la sal. El amor es jardinero y mi vida es una flor.
Entre hiedra y viento
y entre mar y mar como la inquieta espuma.
Yace de ti como si fuera un nombre,
un ahorcado que se ve cada noche
en el espejo anfibio de los niños.
Todas mutantes en los solsticios
de las madreselvas y de las aldeanas
que llevan el sol bajo los brazos
en las totumas del aire
que el tamarindo agrupa
para el matrimonio campesino.
En esta víspera despertamos
tú desnuda como remos vacilantes.
Son las nubes saladas o los rizos del viento.
Esta vez el Tijera perfuma tus ojos
de antigua jardinera
sin soldados
sin abismos
sin rosas afiebradas que indaguen la tregua.


Poesía travesti (Francesca Randazzo - Honduras)
19
en mis ojos delineo
tristes escudos para cada mirada

luego borro la curva
que sigue
dando vueltas en mis vestidos

en esta dureza he moldeado
cada ápice de mi tónica melancolía

todo intento
marca nuevas líneas de este cuerpo
que se pinta fuerte
y se dibuja inseguro

22
este es un lugar sagrado
que mimo y compongo
mi cuerpo usado
fragmentado
que habla roto de mi propia estima

es aquí donde buscan
la única mujer que nunca he sido

soy la estrella
pero esta no es mi función

en los corredores aplauden
la fantasía
que se apaga sin luces
en mí

61
ellas hablan numerosas
al filo de mis párpados
frescas y ancestrales
hadas mariposas
ofreciendo degustaciones góticas

79
violentamentealgo me sostiene el pecho
y me retrae

mi sueño
arrastrado contra el polvo
habla de un descanso
prohibido

160
a los pies de esta puerta
una mariposa robusta
azul
casi negra
está a punto de dormir
pero en vez
ofrece el fruto dulce
de un jardín que se ahoga
en el mar de su luz


Poema del hombre y su esperanza (Clementina Suárez - Honduras)
Ahora me miro por dentro
y estoy tan lejana,
brotándome en lo escondido
sin raíces, ni lágrimas, ni grito
-Intacta en mí misma-
en las manos mías
en el mundo de ternura
creado por mi forma

Me he visto nacer, crecer, sin ruido,
sin ramas que duelan como brazos,
sutil, callada, sin palabra para herir,
ni vientre que rebase de peces.

Como rosa de sueño se fue formando mi mundo
Ángeles de amor me fueron siempre fieles,
en la amapola, en la alegría y en la sangre.

Cada caracol supo darme un rumbo
y una hora para llegar.
Y siempre pude estar exacta.
A la cita del agua, de la ceniza y la desesperanza ...

Frágil, pero vital, fue siempre mi árbol
al hombre y al pájaro le fui siempre constante
Amé como deben amar los geranios,
los niños y los ciegos.

Pero en cualquier medida
estuve siempre fuera de proporciones,
porque mi impecable y recién inaugurado mundo
tritura rostros viejos
modas y resabios inútiles.

Mi caricia es combate
urgencia de vida,
profecía de cielo estricto
que sostienen los pasos.

Creadora de lo eterno,
dentro de mí, fuera de mí,
para encontrar mi universo.
Aprendí, llegué, entré,
con adquirida plena conciencia
de que el poeta que va solo
no es más que un muerto, un desterrado,
un arcángel arrodillado que oculta su rostro,
una mano que deja caer su estrella
y que se niega a símismo, a los suyos,
su adquirido o supuesto linaje.

De esta ciega y absurda muerte o vida,
ha nacido mi mundo,
mi poema y mi nombre.
Por eso hablo del hombre sin descanso,
del hombre y su esperanza.


Siete poemas de tratado de licantropía (Rodolfo Hasler - Cuba-España)

1
No pruebo antídoto posible o transfusión
de cómoda muerte a la espera del vino
irreversible, del asesinato a sueldo
de los dientes, del remedio de las garras
como azores, y um sudor amargo me marca
y en la iniciación.

2
Es el ansia un Lykabethos cegado por las
sienes feroces, una seducción suave de
ojos pequeños,
es la temperatura que aumenta endemoniada
en el pelo y en la espalda,
es el fresco clima de la noche y la luna
aúlla mientras fluye el monte de los
lobos y el sudor se hinca en la recuperación
de los sentidos.

3
Ensalza, corazón, la ruta de Macao, porque
allí soñaste, allí te esperan puertos y
otro puerto, las figuras de piedra en el
parque entre estrellas, porque allí viviste
con la naturaleza en ese río que guardas
en tu cajita de té.

4
China apareció entre nosotros como un
enorme jade que duele en sus aristas,
como un lejano río de aguas fangosas
que enloda todo tu cuerpo, tu cuerpo
jade, mi cuerpo amarillo como madera.
China apareció como sábana de arroz
entre tu pelo, el agua, el barro, el soplo.

5
Son mías todas las ciudades y sus teatros
de sombras, y son míos también los gestos,
los ropajes, los mercados, las múltiples
sonrisas y las ofrendas, los ánades y las
flores de los sauces.
Todo asemeja a los niños que se anhelan
para sí, al entorno que eclipsa la luz
de las gargantas,
de todas las gargantas
infantiles, oscilantes como la tarde detrás
de las fronteras.

6
El momento de la feroz metamorfosis se
aproxima a mis días evasivos, a los juegos
prolongados en fauna y ramas submarinas,
a la espalda ennegrecida como huso
de carbón frutal. La fiebre se acerca
rítmica como las páginas de mis lecturas
de pasión, Shangai-Lily o el fin
de mi requerimiento, lleno de mutantes
desvelos, perenne el recorrido por las
estaciones chinas, por la lluvia china
en mi nuevo estado de aventura.

7
Las bicicletas silenciosas atravesaban las
calles como alambres, las piernas subían y
bajaban como alambres en aquellos días
serenos en que el horizonte era sólo agua.


Darwin Andino, Honduras

IX

Las tumbas debajo del árbol crecido.
Los frutos con piernas y brazos
y el día inexistente
y el escombro en la espalda adormecida.
Cada domingo hice la tarde pequeña
y el mar puso el centro en esta ciudad.
Las horas despacitas nos roban a veces
y vista de lejos
-líquido espeso de oscuro desastre-
desaparece por tu voz Tegucigalpa
como gato enjaulado hacedor de gusanos.
Ahí donde empiezas a entender la distancia
he dicho la mitad de las cosas;
la otra mitad de este viaje es hipótesis
caballo que grita desde la otra orilla
universo que va caminando a la par
equivocado
certero hasta comerse aderezado el mundo.
Nunca dejaste de invocar la lluvia
o ella de venir.


Mario Meléndez, Chile
2

Cuando llegó el invierno a Chile, miles de pájaros volaron con la primera lluvia, estaban asustados entre la sombra y la muerte, y prefirieron emigrar con sus vidas hacia otras vidas. Tomaron el primer avión desesperados, se arrojaron a los muelles persiguiendo barcos, cruzaron las montañas huyendo de las lanzas, y dejaron atrás la patria y a los herederos del hambre.
Algunos no despegaron jamás, les arrancaron las alas en el intento y la lucha, desaparecieron con nombre y apellido bajo los árboles de hierro, los encerraron en jaulas por especies, y cuando años después los encontraron tenían la caricia del cuervo entre sus plumas.
Los otros, los perseguidos, los pájaros del pueblo que lograron atravesar la muerte, debieron acostumbrarse a volar de otra manera, a sentir de otra manera, a respirar de otra manera. La tierra ajena los había recibido, la tierra amiga los invitaba a su mesa a compartir el pan y sus dolores. Muchos incluso en la agonía soñaron con ver la patria por última vez, pero la patria también agonizaba, había querido volar con sus alas rotas.


Hay quienes me han dicho (Mayra Oyuela - Honduras)
Hay quienes me han dicho
que le amor fallece de fiebre los domingos.

En lo personal, lo he visto fallecer los lunes, martes,
miércoles
y todos los días de estas semanas punzantes,
en las esquinas, en las bibliotecas desoladas;
pero también lo he visto quedito, tímido,
en el sueño fugaz de los adolescentes.

Procuro desenredar esa apatía
que no tiene nombre ni título, tan sólo es,
y que se pega como chicle en todos mis pasos,
y sus avenidas, vueltas y trabalenguas
me hacen descubrir la vida
y a cada encuentro es como un suicidio,
o como un abigarrado sentimiento de culpa.
Para entonces los versos
se anclan como postales en mis ojos.
El amor es muy extravagante en estos días,
mejor hablemos de déficit, impuestos, globalización;
al fin y al cabo, al amor, no le importan las despedidas.

Orillas (Mayra Oyuela)
Era el pasado un tren sin rumbo,
llevaba por embestida
la pólvora que en los ojos de mi padre
apuntaba a su propia soledad.

“El hombre nace para contemplar
la tierra, la cosecha, los hijos
y todas las mujeres iniciadas en ese arte llamado amor”
Quizás mi padre, en sus propio afán
rasgo la tierra, mordió la cosecha,
creyó que sus hijos eran un sueño
y amó a todas y cuantas carabelas
que en su navegar pausado llegaron a su orilla.
Mi padre, de manos resueltas como arena
de dejo trepar por unas caderas imprevistas
que lo preservaron en sal;
pero la penumbra es blanca y negra
y se amarillenta con la soledad.
Mi madre guarda a escondidas de él, una foto
donde aún emerge lo clandestino de su propia ética,
ambos ausentes ya de efervescencia,
andan los pasos tersos por tanto roce con las despedidas:
se ven,
a tientas parpadean un Morse de amor naufrago,
pero hoy ya es martes y, hace cuarenta años
que mi padre no ve el mar.


Ruta San José - Tegucigalpa (Dennis Ávila - Honduras)

Yo sé lo que es llevar la cara puesta
en la ventana de un bus:
sufrir la ciudad de la que salgo
con un pie en el alma.

Llevo mi nariz
tocando mi nariz en la ventana:
arrugo en mis manos la espera
tomo el pulso de las horas.

Yo sé lo que es dormir y despertar
donde la luz no tiene un nido:
la noche sigue puesta en el paisaje
la vida viaja lenta en dos mitades.

No me importa que registren mi maleta.
Llegar aquí es traer mi propia aduana.
Que me registren
que me hurguen los ojos, pero
que no traten de sacarme de aquí:
ya vengo con un pie en la ausencia.

Cuando vuelva
habrá en mi vida
una mujer
que sabe lo que besa.
Mientras tanto
voy a un lugar al que no llego.

Pertenezco:
a las palabras
al deseo.
Amo a Tegucigalpa.

Pertenezco:
adonde quiera que vaya
llevo en mi ventana
la ciudad de tu regreso.


Paola Valverde - Costa Rica
Aquí se derrumba el límite
de una ciudad
porque el amor no es otra cosa que un templo
columnas de cielo sosteniendo al barco.
Soy la ruta del descenso
mis manos caen como anclas
sobre ti.
Levantarnos
despertar el silencio acantilado
rasguñar la tormenta con el sol al hombro
decir yo te buscaba
te buscaba en el encuentro de tus mitades
en la atómica composición del aire
donde un cuerpo balancea al otro
sin hundirlo
a pesar del peso.


Urbania (Armando Maldonado - Honduras)

III

LA ciudad va dejando de respirar,
en la oscuridad trae un ruido de murciélago herido,
lentamente cree que muere.

Trata de escapar;
pero ella sabe que las ciudades
a donde huyan
traerán siempre
el Tedeum del concreto,
una agonía de árbol y río,
un sonido de piedra rota,
pájaros que cantan en una burbuja de smog.


XIII

LA lluvia sodomiza la urbe,
camina desnuda por las calles,
posee árboles,
autos
y peatones desapercibidos.

El cielo se parte en gotas
para besar el pavimento.

La ciudad abre su boca de hierro para beber,
y en un rumor de río crecido,
duerme a los niños de la barriadas.


Gesto desvanecido en esquina de una estación (Francisco Ruiz Udiel - Nicaragua)

Esta estación no será más una estación,
quedará únicamente mi gesto desvanecido
en el polvo de alguna ventana,
si acaso hay ventanas,
si acaso decido en las estaciones
desamparar algún gesto.

Esperaré junto a las cabinas telefónicas
a que las horas se desvanezcan azules
en mi cigarrillo encendido
de mirada triste e inclinada,
me verán apretar la mandíbula
para masticar, como las aves
que emigran de una tierra a otra,
cualquier bocado de aire
sin saber que les espera.

El aire se ha vuelto amargo
y aún no sé en qué otras estaciones
abordará mi soledad otro cuerpo.


Aquella forma que obsesiva nos persigue (Donaldo Altamirano - Nicaragua)

Coloquio, necesariamente previo:

-“Yo persigo una forma
que no encuentra mi estilo…”

(Rubén Darío)

“Ah, que tú escapes,
cuando ya habíamos logrado
tu definición mejor…”

(José Lezama Lima)

Yo vivo enamorado
de una redondez,
es decir,
de una perfección textual
inalcanzable,
con la que nunca acierto en pleno,
sino siempre apenas
parcial,
fragmentariamente.

Aunque
-vos tampoco me negués-
le hago un gran huevo.

¿No se nota?

Porque siempre sobra
y/o siempre fáltanos
algún detalle,
por más
que nos dediquemos
con devoción,
con disciplina,
con rigor,
a la entomología
subtropical,
o al estudio morfo-genético
de la reproducción
y contubernio entre células
nietas
y células abuelas,
por ejemplo.

Al final, al final,
una y otra vez
la perfección nos huye,
siempre escapa.

Nos quedan, legibles, unos textos.


Jardín Nocturno (Fernando Charry - Colombia)

La mancha del cielo azul, sombras de árboles, sombras de nubes,
y alrededor muros, ruinas, piedras que en el silencio

son frío, si la mano, si el pensamiento las roza.

De noche, retraído y apasionado,

contemplar desde allí lo lejano.

Olvidado de sí, hambriento del mundo,

vagar entre luces, ciudades, veranos. Mas luego como
cuando uno, sin saberlo,

extiende por mares su corazón
y regresa al solo sitio en que sueña:

ha pasado
el tiempo, y sin embargo

está el fulgor lunar sobre la vida. Así ilumina,

así entristece viril
al hombre la soledad de su delirio.


Carta al hijo (Adriano Corrales - Costa Rica)

Sería difícil escribir esta carta sin evitar las justificaciones
digresiones de caída y vela hinchada hacia el poniente
en el fósforo del Báltico un amanecer de lluvia y lágrimas
con el rostro frente a las paredes blancas de un hospital invernadero

¿Será difícil inventariar las lunas los cruces de esquina
los caballos estivales galopando a ambos lados del transiberiano
las noches de vodka alrededor de la ausencia sin tus pasos?

Será duro el batallar de los acontecimientos
las visas los pasaportes los aeropuertos los desencuentros
las callosidades del alma la inutilidad de los abrazos

Será difícil anotar que he desvivido bebido huido
hacia los agujeros del tiempo en la marcha de las palabras

Más difícil aún revisar imágenes de un país imaginario
las bombas que caen en el Chorrillo sobre San Miguelito la luna
el desfile de gorilas amarillos desatando el istmo con su fuego homicida
sus fauces hediondas alimañas de carnicería
y vos bajo la telaraña de la cama en la habitación del miedo
asustado y sorprendido sin comprender por qué el imperialismo
los capitales la banda neoliberal los lameculos tropicales
la horda de paisanos como perfectos chacales
el paréntesis de este centro planetario atiborrado de compañías
comerciantes del reino usureros serruchadores de tus sueños
mis sueños de una sola patria matria nuestros sueños
los de tu madre con los muñecones del teatrillo callejero
por las selvas del Darién o en el Archipiélago donde las embarcaciones
llevan traen los cuentos de los fundadores elementales
los soles de la palma el brillo soberbio de las pieles
trasiegan el pasado contra el futuro en un eterno presente

Es difícil ocultarse hijo muy difícil
escribir todo esto sin que me tiemblen las manos
y un rumor de cadenas crepitaciones inexpresables
naveguen por dentro como una estampida de bisontes guerrilleros
y la mirada se nos pueble de nubes en el olvido de nuestros nombres

Harto difícil esta tarea de acercarte a mi otro yo
el de los ojos del antifaz con la suerte del andariego
en un tranvía negro que siempre retorna y retorna
con las hilachas nocturnas de los murciélagos
siemprevivo siempreamargo cautiverio de las páginas que se humedecen
como las lapidas con el rocío de los cementerios
o las bestias que huyen perseguidas por el amazónico incendio

Me es muy difícil decirte hijo decírtelo sin faltarle al recuerdo
que yo también me caigo me lluevo me abro me cierro
me ablando me tiemblo me tenso con los látigos los templos
del primer indicio la mediada caricia el último vuelo
para decirte así sencillamente hijo sin literatura
así al puro aire que todos somos viajantes y que por eso
y a pesar de todo lo que transcurre bajo el poema
a pesar de todo lo que muero te escribo y te quiero


La búsqueda del hijo perdido (Raúl Xavier García - Nicaragua)

Si lo miras, dile que todos han venido
menos él, a este encuentro anual
de los mendigos.

Que hoy
hasta el más pobre ha traído un pedazo
de pan en la mano para llamar
y comérselo con el primero que pase,
sin preguntarle su nombre, ni pedirle
la más pequeña de sus monedas.

Dile también,
si ha perdido algo que lo olvide,
lo esperamos para cantar canciones
que un día han de iluminar como una
rosa de luz a los pueblos.

Porque de prisa pasan todos. Otros
se detienen cuando les ruego, pero no entran
a mi casa a celebrar conmigo
la Resurrección del Amor.


Héctor Collado, Panamá

I

En este país
donde madura el desamor
miro a través de la lluvia
los sueños tuyos...

De pronto eres todas las criaturas,
todos los paisajes,
todas las cosas que amo.
Yo tuve un río en las manos
tantas veces me miré en su lecho
y lo dejé pasar...

Yo tuve un árbol en las manos
y maduré con cada uno de sus frutos
y lo dejé secar...

Yo tuve un sol en las manos
y fui luz por gracia de la luz
pero se hizo tarde
y la dejé escapar.
Déjame salir de tu pupila.
Déjame estar,
querer,
ser...

Deja reflejar mi verticalidad
en tu horizonte.
Déjame estar,
querer,
ser...

Deja la ventana abierta
y te amanezco.


Ferryboat de una noche invertebrada (Alexis Gómez Rosa, República Dominicana)

Hacia el final de tus latidos,
el ferryboat corta la rosa de los vientos,
entre otras amputaciones y cicatrices
frente a la noche de un solo temblor.
En el ojo izquierdo:
pulso de águila, guardo pequeñas travesías
que en tu cuerpo se pierden, y hace olvido,
porque nuevos naufragios el ojo derecho inicia y te bendice señora,
por altas planicies menos mía, que el vaivén sobrecogido
en tu piel que delira y adormece los sentidos.
Aprendiz de brujo, te observo y me extravío por tu fosforescente desnudez;
más lírica cuanto más te abandonas;
sorprendida, y en la lengua te anudas con un prontuario inútil
de sílabas líquidas, entrecortadas,
como si en ellas se borraran tus párpados de amarilla enfermedad,
y el mar y su infinito sombrío que alimentaran su inequívoco paisaje.

Animal hecho de la materia prima de la muerte.
Sobre tu cuerpo la noche avanza mi palabra en el tiempo,
el ferry muge anclado bajo el bostezo de los astros:
el agua parlanchina que intercambia el cifrado mensaje
de tu elocuencia danzaria.
Mujer, manantial de niebla, trampa del paraíso.
Gime tu piel en su castillo el día,
se levanta intranquilo ante tus ojos narcóticos de contracción sedienta,
irredimible.
En ellos cabe la urdimbre de la incontinencia y del desasosiego,
el tránsito del amor en la ciudad donde sangra,
el sol de tu quimera.


La mansedumbre de los locos (Alfonso Fajardo, El Salvador)

La noche con ojos paranoicos vigila la mansedumbre de los locos
sus astas donde flamean hígados
la risa trasegada de sus enterrados en la arena
sus trincheras de vidrio y todo el diccionario
de sus demonios que a dentelladas quieren salir de sus pechos
En sus venas
con lentitud de años caminan a tropezones miles de polillas
y pirañas felices
que marionetas de algún dios arrogante comen sus verdes hojas
Pero la vida
a la hora que el sol brota de las mesas repletas de mar
es un paraíso
encontrado tras oscuros panes de invierno cuando la sed
buscada vese interrumpida por las apologías del cáncer de la mierda
Y la noche
- que es la anfitriona de los hijos malcriados de la rebeldía-
fuma sus almas y las escupe al día para que en pena corran a sus oficinas y empresas
Las calles se llenan de animales espantapájaros y sombras
que entre rancias paredes y quimeras inútiles
encienden sus espigas sin marca escupen el tabaco que engaña al hambre
y vomita sus jugos gástricos mientras la luz de la razón se ahoga en sus cerebros
La noche es una virgen que a diario es penetrada
por la sed lujuriosa de los desesperados
que en su vientre luminoso eyaculan el negro vómito de sus gritos
cuando de sus pies nacen
el musgo y los hongos que venenosos crecen las bellas raíces de la locura
La noche
con ojos de estrellas de dioses de vísceras podridas de cáncer de/mente
envuelto con su tibia sabana
la mansedumbre de los locos cuando desde sus trincheras de vidrio y humo
se defienden y disparan su risa
contra la gran maquinaria de la soledad