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domingo, 25 de octubre de 2015

Tres proyectos que acompaño por estos días en Honduras

La producción cultural en el ámbito artístico y académico hondureño está tomando el toro por los cuernos, un toro furioso que se va encima de cuanta creación pretende elevar el pensamiento a estatus de negación de la barbarie. Y como de negar se trata, se comienza por negar que la anunciada antología de Edgardo Florián era un mito urbano; la editorial Casasola que coordina el narrador y cineasta Óscar Estrada ya está dando vueltas por aquí, rescatando en una sola compilación los cuatro poemarios de Florián, este poeta hermano imprescindible para entender todo ese lenguaje que, desde Casa Tomada en los noventas, vino a redefinir la poética de mi generación y a darle al underground más puro de Tegucigalpa voz, neón y carácter poderoso para fabularlo. 

En el 2008 Florián permitió que le hiciera una serie de fotos que, poco a poco, se fueron convirtiendo en una acumulación de rubores y agresivas pupilas. En ellas registré a Florián en una tarde de ausencia, un domingo de nebulosas en las que nada quedaba oculto: poeta a flor de piel, contradicción y brutalidad, asfixia y redención por medio de la palabra, una serie que mantuve en resguardo a espera de que el mismo poeta me indicara cómo utilizarlas. Los editores de Casasola propusieron que acompañara la antología, y aquí está, dándome la alegría de acompañar con mis fotos los poemas que me hicieron crecer y la hermandad que tantos abismos me ha dado para conocer el vértigo.






La segunda buena noticia es el lanzamiento de la segunda edición de Lastiri, esta preciosa revista que Ariel Sosa ha diseñado y diagramado. En ella se muestra el trabajo colectivo que hicimos Délmer Membreño, el mismo Ariel Sosa y yo, en un proyecto impulsado por Fernando Reyes y Mayra Oyuela, en el tema transgénero. Santísimas toma luz y cuerpo aquí junto a un excelente como diverso contenido. Voy aquí entonces, con fotos y con dos textos: una reseña sobre Memoria y Apuntes de Froylán Turcios y una crónica sobre la muerte de nuestro querido poeta Rigoberto Paredes.





 La tercera muestra de estos días productivos en Honduras, está en el lanzamiento de la Revista El Zángano Tuerto, que contiene serios artículos sobre historia e investigación social de parte de conocidos historiadores contemporáneos, así como una pequeña muestra de poesía que sirve de corolario a tan digno esfuerzo impulsado por el escritor Albany Flores y el historiador Edgar Soriano. Un poema mio, Predistigitación, cierra la revista. El poema forma parte de Sur del Mediodía, el poemario que me fue publicado por Casa de Poesía -Costa Rica, en el marco del XIV Festival Internacional de Poesía, Costa Rica 2015.

¡Hay razones suficientes para celebrar, entonces!


viernes, 18 de septiembre de 2015

Hanna Arendt: sobre el perdón y la irreversibilidad

Foto: Fabricio Estrada. Filo.

"La posible redención del predicamento de irreversibilidad - de ser incapaz de deshacer lo hecho aunque no se supiera, ni pudiera saberse, lo que se estaba haciendo- es la facultad de perdonar. El remedio de la posibilidad de predecir, de la caótica inseguridad del futuro, se halla en la facultad de hacer y mantener las promesas.

Las dos facultades van juntas en cuanto una de ellas, el perdonar, sirve para deshacer los actos del pasado, cuyos "pecados" cuelgan como espada de Damocles sobre cada nueva generación; y la otra, al obligar mediante promesas, sirve para establecer en el océano de inseguridad, que es el futuro por definición, islas de seguridad sin las que ni siquiera la continuidad, menos aún la duración de cualquier clase, sería posible en las relaciones entre los hombres.

Sin ser perdonados, liberados de las consecuencias de lo que hemos hecho, nuestra capacidad para actuar quedaría, por decirlo así, confinada a un solo acto del que nunca podríamos recobrarnos; seríamos para siempre las víctimas de sus consecuencias, semejantes al aprendiz de brujo que carecía de la fórmula mágica para romper el hechizo.

Sin estar obligados a cumplir las promesas, no podríamos mantener nuestras identidades, estaríamos condenados a vagar desesperados, sin dirección fija, en la oscuridad de nuestro solitario corazón, atrapados en sus contradicciones y equívocos, oscuridad que sólo desaparece con la luz de la esfera pública mediante la presencia de los demás, quienes confirman la identidad entre el que promete y el que cumple. Por lo tanto, ambas facultades dependen de la pluralidad, de la presencia y actuación de los otros, ya que nadie puede perdonarse ni sentirse ligado por una promesa hecha únicamente a sí mismo; el perdón y la promesa realizados en soledad o aislamiento carecen de realidad y no tienen otro significado que el de un papel desempeñado ante el yo de uno mismo."


La condición humana. Hanna Arendt. Paidos Surcos 15.


lunes, 27 de abril de 2015

Diario de Hiroshima



Cuando el doctor Michihiko Hachiya se dio cuenta de que estaba desnudo también Japón entero había sido desnudado y puesto a la intemperie posnuclear. El pika don (el destello estruendoso, como lo llamaron los testigos) había sucedido a las 8:15 de esa mañana del 6 de agosto de 1945 y la muerte se había regado como el mismo delta del río Ota donde fue asentada Hiroshima. Nadie sabía lo que había sido arrojado sobre la historia para partirla en dos. El doctor Hachiya creía que la explosión había sido de una bomba de 500 libras pero cuando comenzó el deambular de los quemados con su piel cayéndole de los brazos y rostros tuvo que reconsiderar la impresión de su propias heridas psicológicas.

He leído, con profunda atención a los detalles, este Diario de Hiroshima y ningún otro documento me había resultado tan completo para conocer no solo de la destrucción material causada por las bombas atómicas, sino que para comprender el desmoronamiento psicológico o la deconstrucción psicosocial que éstas acarrearon en los sobrevivientes. La perturbación, el anonadamiento, los impulsos heroicos pero estériles (me impresiona el pasaje donde, en medio del incendio absoluto, un grupo de hombres es enviado a rescatar el retrato oficial del emperador para ponerlo a resguardo; al verlo, los heridos y los agonizantes hacen un esfuerzo sobrehumano para inclinarse ante él), la búsqueda de soluciones médicas ante el mal de radiación que era totalmente desconocido y sobretodo, el despertar terrible a la conciencia de la dictadura militar impuesta a rajatabla durante décadas y que ahora se demostraba culpable en toda su arrogancia hacia la ciudadanía, en toda su cultura de élite brutal avasalladora aún en los momentos de catástrofe nuclear. La vulgaridad en ascenso a despecho de la estricta disciplina del Mikado-Bushido, ( el Mikado en su acepción original se le llamó al poder del emperador pero por igual es un juego de palillos que consiste en ir quitándolos uno por uno sin mover a los demás... ¡tan frágil como paciente el poder!), la necesidad de explicaciones y la respuesta silenciosa de la ciudad sin vida.

"Las influencias maléficas que parecían haber descendido sobre Hiroshima me inquietaban sobremanera. Esos soldados borrachos, de cuyo indecoroso comportamiento había sido testigo involuntario en el viaje de regreso de Miya Jima, eran típicos del presente. Los viejos proverbios: "La justicia es fuerza" y "Vale más el carácter que la cuna", ya no tenían aplicación, o lo que era lo mismo nadie parecía hacerles caso. Se me ocurrió que quizá la disciplina de la buena crianza solamente surtiese efecto en tiempos de paz, cuando imperan el orden y la ley. La educación no puede mejorar el carácter, que asoma tal cual es cuando no hay policía que mantenga el orden. La educación es un barniz, un revestimiento. Educado o no, el ser humano revela su verdadero temperamento en los momentos de aflicción, y entonces gana el más fuerte. Invirtiendo los proverbios, la fuerza se convierte en justicia, la cuna es más importante que a educación. Entonces la fuerza rige el país." (M.H.)

¿Qué puede ocurrir más oprobioso, humillante y desconcertante luego de un desenlace tan brutal como una bomba atómica? Se creería que nada más, pero la posterior llegada de los norteamericanos a suelo japonés demostró que la tortura apenas había comenzado, más allá de las mutaciones físicas, más allá del aniquilamiento y las escenas dantescas. En la última página del diario del doctor Hachiya, asistimos a un diálogo desolador. Un oficial de ocupación estadounidense llega de visita al hospital donde Hachiya es el director. El militar se muestra silencioso y con gesto grave contempla la ciudad devastada desde una ventana hasta el momento de dirigirse hacia él con ayuda de un intérprete:

-"¿Usted qué opina del bombardeo? preguntó.
- Yo practico la religión budista, desde niño me han enseñado a aceptar la adversidad resignado. He perdido casa y fortuna, también fui herido, pero no obstante eso considero una suerte que mi esposa y yo estemos con vida. Agradezco haber conservado el don de la vida, aún cuando en la vecindad la muerte no dejó de visitar una sola casa.
- No puedo compartir sus sentimientos -dijo el extranjero en tono áspero-. Si yo estuviera en su lugar demandaría al país -siguió mirando un rato por la ventana y por último se marchó con los demás.

Referí a mis amigos el extraño comentario. "¡Demandar al país! ¡Demandar al país!", no cesaba de repetir para mis adentros. Pero por más que lo repetía, por más que me devanaba los sesos, no pude comprender qué había querido decir con esa frase".

En esta última reflexión se sintetiza para mí, a la perfección, la insensibilidad y frivolidad maestra con que los estadounidenses decidieron el lanzamiento de las bombas y del cómo creyeron que reaccionaría la población, casi haciéndoles un llamado a una "responsabilidad empresarial" por lo asumido por sus gobernantes militares, es decir, todo lo que trajera como consecuencia la bomba sería susceptible de demanda civil, en tribunales fantasmas bajo una ley nueva y desconcertante (...). El choque cultural era tan destructivo como los átomos desencadenados, y el cinismo histórico habría de permanecer mutando por décadas en la nueva era que se inauguraba sin contemplaciones de ningún tipo.

La aspiración de Hakko Ichiu (el concepto de expansión militarista japonés: "Las ocho esquinas del mundo bajo un solo techo") había sido barrida del mapa así como la fe de toda una nación, una nación que ahora tendría que vérsela con otra expansión militar que cubriría el mundo entero bajo la sombra del hongo nuclear.

F.E.


lunes, 23 de febrero de 2015

La loca de Chaillot, Teatro Memorias, Tegucigalpa



La loca de Tegus-Chaillot

En el teatro de los siglos se viene representando siempre la gran comedia de los ricos. La tragicomedia es para los pobres, pero es de los pobres el privilegio de ver la decadencia teatral de los ricos. Porque todo es un montaje cuando se ha decidido defender los últimos esplendores de un patrimonio ya inexistente que de manera inexorable será barrido por la acción de los que ya no se contentan con ser simples ricos regidos por las convenciones, por el lenguaje, por las formas.
Teatro Memorias ha montado en Tegucigalpa La loca de Chaillot, del dramaturgo francés Jean Giraudoux y lo ha hecho bajo la magistral dirección de Tito Ochoa, quien junto a su elenco de actores y actrices han logrado traer a nuestro contexto el texto de lo que en Francia pudo haberse percibido –en su estreno- como la delirante puesta en escena de los últimos resabios aristócratas sobrevivientes a la revolución pero que, en Honduras, se revela como la descripción en tiempo real de una élite criolla que lo perdió todo mientras tomaba el vermút hablando de la tradición, del buen gusto y el señorío colonial. 

Ahí están fielmente representadas esas figuras fantasmales y apolilladamente vestidas que siguen conviviendo –y atestiguándose- en Tegucigalpa junto a sus viejos criados ya devenidos en indigentes, desfigurados de antigua servidumbre que ahora, por socarrón afecto o diversión, siguen haciéndole la corte a la loca de turno, la antigua patrona que insiste en mantener el decoro en medio de las chanzas y del estruendoso hundimiento de las buenas costumbres y de los patrimonios.

Una transnacional ha llegado a Tegucigalpa y ha descubierto que hay petróleo bajo todos sus cimientos. Nada quedará en pie si el contrato de compra de terrenos a las familias ricas se lleva a cabo. El pueblo indigente lo sabe y ya sin perder nada, se ríe abiertamente de lo que les sucederá a quienes hoy por hoy se consideran imbatibles en sus derruidos castillos, tanto materiales como espirituales. ¿Por qué tendrían que unirse a esas familias marcadas por la extinción en la defensa de una fachada patrimonial en ruinas? ¿No será más delirante observar el día a día de ese laberinto transparente y nostálgico en que se pierden los señoríos? Todos en el guetto se han dado cuenta de que un acto teatral de funestas consecuencias se está desarrollando en el entorno de “la única propietaria” que resta en Tegucigalpa y todos quieren estar presentes en el último acto, mismo que será la bienvenida para una más que se ha hundido en la miseria y que deberá probar los platos fríos de la esclavitud. 

Pero un giro inesperado en la conciencia de Aurelia, la condesa excéntrica que es el centro dialéctico de la obra, lleva la defensa de su modo de vida a ser defensa de todos los miserables de Chaillot-Tegus: la amenaza que representa la explotación petrolera para el eco-sistema.
Aquí es donde siento que está el nudo de contradicciones de la obra que sutilmente supo presentar como tesis de dramaturgia Giraudoux, ya que Aurelia interpreta la amenaza de manera banal y romántica. Lo único que activa su sentido de defensa aristocrático es un valor de protección a ultranza de la “naturaleza” y no la defensa y reivindicación de los miserables que han sido degradados inhumanamente por el sistema. Su llamado a unirse para defender su hábitat mental y material, sigue siendo, a pesar de la aparente lucidez, un discurso enajenado de élite en el que sus amigos de la calle encuentran asidero como recurso de lucha novedoso. Una mezcla de intereses que va a llevar la tensión actoral a memorables momentos donde los personajes, haciendo uso del lenguaje procaz de la calle, van retratando fielmente las características de la psiquis colectiva hondureña y su búsqueda de soluciones.


Toda la línea actoral en el elenco del Teatro Memorias merece un aplauso de pie. Tito Ochoa ha hecho de nuevo que como público nos sintamos privilegiados en nuestra condición de público. Hace falta saber ahora, una vez que salimos al montaje real de nuestra sociedad, de qué lado de la indigencia estamos: si del lado de los que ya no tenemos nada que perder o de los que vivimos creyendo que perderemos lo que ya no tenemos. Esa puede ser la locura o esa tremenda lucidez del Trapero que lanza, carcajeándose, la auténtica consigna de nuestro tiempo: “Somos los últimos hombres libres, la época de la esclavitud llega y no tardará mucho.”

Fabricio Estrada
Febrero del 2015



jueves, 19 de febrero de 2015

El Dios de Víctor y otras herejías, de Óscar Estrada


Lo que uno deduce a primera vista es que para Óscar Estrada la mayor herejía de la Historia (dicho sea sin resabios moralistas) es la guerra. “La guerra vuelve locos a los hombres (…) “Mi padre estuvo en la montonera con Ponciano Leiva y cuando regresó parecía un animal” (…) “La guerra destruye también a los hombres buenos”. Son fragmentos de diálogos entresacados del cuento emblemático que da título al libro de este joven escritor hondureño, quien se autodefine como guionista, novelista y abogado. De hecho, estudió en la Escuela Internacional de Cine y TV de la Habana, Cuba, y en 2012 publicó su primera novela, Invisibles. No estamos, pues, ante un neófito, lo cual queda demostrado en esta colección de cuentos, El Dios de Víctor y otras herejías, donde deja plasmada su pericia en el manejo de los recursos propios del género narrativo.
Cuento tras cuento (nueve en total) Estrada se adentra en un mundo diverso, violento y no menos desolado que bien pudiera ser este país. Los personajes –sus habitantes- somos en realidad nosotros mismos, todos signados por cierta sensación de vacío existencial, de incertidumbre y de calamidad, así se llamen Víctor, Juan, Isaac, Clementina, Óscar Estrada o Nicanor. Entre todos ellos quizá sea Víctor el que más tenazmente encarna un estereotipo de cierto sobreviviente que a diario vemos deambular a nuestro rededor y que desconocemos si regresa de la muerte o va hacia ella. “Siempre fue así (Víctor) , independiente, estepario. Los últimos días de su vida, los vivió en un cuartito de concreto, con una cama sin colchoneta y un petate que olía a viejo, a cartón con calcetín y sudor”, santo y seña todo eso de la desolación y la impotencia a las que puede estar condenado un ser humano de estas latitudes: “El mundo es una noche vacía”, concluye amargamente.
Hay otros cuentos en este libro, como “El jardín de Clementina”. “La vida es esto” –para sólo mencionar los que a mí más me gustan- donde los personajes y las situaciones se funden y se confunden en forma dramática, dando paso a una atmósfera menos atosigante o tal vez menos cruel que la recreada en “El Dios de Víctor”, “El infierno de Juan” o en “Paternidad”.
Se trata, en suma, de un libro que se deja leer, en el que esos personajes y esas situaciones son visibles y reconocibles a simple vista, como no puede ser de otro modo tratándose de un narrador con formación cinematográfica.
Este es el único trabajo suyo que conozco, pero aun así me atrevería a considerarlo desde ya como uno de los autores representativos de la literatura hondureña de hoy. Queda, por supuesto, mucho camino por delante, y eso él lo sabe mejor que yo.
Por Rigoberto Paredes
Tegucigalpa, diciembre de 2014

domingo, 11 de enero de 2015

La naturaleza espera del adulto que acepte los dos vacíos negros

Berthe Morisot, Le berceau.


La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas. Aunque ambas son gemelas idénticas, el hombre, por lo general, contempla el abismo prenatal con más calma que aquel otro hacia el que se dirige (a unas cuatro mil quinientas pulsaciones por hora). Conozco, sin embargo, a un niño cronofóbico que experimentó algo muy parecido al pánico cuando vio por primera vez unas películas familiares rodadas pocas semanas antes de su nacimiento. Contempló un mundo prácticamente inalterado -la misma casa, la misma gente-, pero comprendió que él no existía allí, y que nadie lloraba su ausencia. Tuvo una fugaz visión de su madre saludando con la mano desde una ventana de arriba, y aquel ademán nuevo le perturbó, como si fuese una misteriosa despedida. Pero lo que más le asustó fue la imagen de un cochecito nuevo, plantado en pleno porche, y con el mismo aire de respetabilidad y entrometimiento que un ataúd; hasta el cochecito estaba vacío, como si, en el curso inverso de los acontecimientos, sus mismísimos huesos se hubieran desintegrado.
 Tales fantasías no son raras en la infancia. O, por decirlo de otro modo, las primeras y últimas cosas suelen tener un barniz adolescente; a no ser, quizá, que estén supervisadas por alguna venerable y rígida religión. La naturaleza espera del adulto que acepte los dos vacíos negros, a proa y a popa, con la misma indiferencia con que acepta las extraordinarias visiones que median entre las dos. La imaginación, supremo deleite del inmortal y del inmaduro, debería ser limitada. A fin de disfrutar la vida, no tendríamos que disfrutarla demasiado.


Vladimir Nabokov, Habla, memoria, Capítulo primero.

miércoles, 6 de agosto de 2014

La calca del ajedrez

Alexander Werth entra al tuétano de la sociedad soviética en su descripción de Rusia en la guerra (1941-1945) y se concentra en describir las reacciones cotidianas más allá de las grandes operaciones militares estiladas para describir el choque ruso-alemán. Las idas y venidas de la diplomacia estalinista para contener o contentar a Hitler, los informes de los periódicos oficiales, la guerra que parecía tan lejana a "la prosperidad del sistema socialista de la mano de Stalin", todas esas voces que son las mismas voces que se repiten ahora con la crisis de Ucrania, casi con pasmosa similitud como lo demuestran las declaraciones de ayer del Ministro de Defensa de Rusia, Konashenov: "El Ministro de Defensa de Rusia no puede sino compadecer los portavoces del Pentágono, el Departamento de Estado y de la OTAN..." (http://sp.ria.ru/international/20140806/161155176.html)

¿Es posible que las escuelas diplomáticas rusas y de la OTAN mantengan inalterables sus códigos desde siempre? Entonces este libro es esencial para entender los pasos que Putin viene dando a despecho de occidente, o viceversa si estamos de acuerdo que una caracterización fascista mueve los recursos bélicos y diplomáticos de la OTAN y Estados Unidos.

martes, 27 de mayo de 2014

Sur del Mediodía, una reseña de Rodolfo Girón, México


Compartimos la dicha desdichada de habitar en países donde la plutocracia,oligarquía, entre otros, ha monopolizado el poder político, a los fallidos estados nación, al republicanismo, al federalismo, al centralismo, etc., mientras las ramas vitales o sostenes de toda cultura en el planeta son opacadas, dejadas en la inactividad: secuestrada la educación, la indiferencia a la ciencia y la investigación, las artes al desamparo de una cauda de rumiantes. Durante la administración pasada en el estado de Chiapas se concedieron 54 concesiones mineras, en diferentes municipios, aprox. 38, a cielo abierto. Y se efectuó el asesinato de un líder minero en Simojovel, vaya contrariedad; vaya similitud de los fraudes perpetrados, en este lado del orbe 2006 y 2012, en aquél 2013 resuena todavía, por eso cuando afirma nuestro amigo Fabricio que las conversaciones no deben ser siempre todas de poesía. Es entonces donde el poeta tiene la certeza que como agentes de cambio social, éste tiene un lugar y un rol privilegiados en el sentido que se es receptor para lograr la organización que requieren nuestros pueblos. La poesía sirva para dar señales, mensajes, manifestar toda clase de expresiones; la poesía en Fabricio Estrada no se limita a estratificar el rol poético dentro del proceder cotidiano, ambas se ayudan y cooperan, no se limita al puro ideal de la estética hallada en sus versos. Por eso AL SUR DEL MEDIO DÍA pudo haber sido escrito justo tiempo después del golpe de estado en los 60's o más reciente hace ya casi un lustro. O en un internarse a territorios familiares, donde la memoria colectiva está presa entre la apatía, el libertinaje, la decidia, la desesperanza, "lo imposible". Siguiendo esta línea Fabricio, a contrari sensu, se apega a lo que bien dice nuestro hermoso Atahualpa Yupanqui:
"pa cantar bagualas no cuenta la voz
solo se precisa poner en la copla todo el corazón";
Esta poesía que busca coaccionar, con su lenguaje "clásico" pero sin que acontezca desapercibida esa carga de desenfado, ese movimiento hecho abstracción como condición social dentro de una experiencia colectiva inmanente. Al monadismo al que le han apostado los empresarios, las finanzas y toda esas necesidades innecesarias que ahora pueblan los deseos personales de una aplastante e incisiva voluntad por caminos nocivos. Estos intereses, esta red de poder y supremacía (Pretorianismo como teoría política demasiado inestable, confusa) son privilegios de esta clase cupular, que resuelve sus negocios en la sala de espera donde los senadores y diputados descansan o se reúnen luego de haber culminado sus labores. Poesía escrita registrando un fenómeno social de migración, el poeta nos entrega su imago mundi:
"por las noches
la gente del sur afina el oído
y sabe por el zumbido qué tipo de pez
flota en el corazón de los autos";
es así como el colega Fabricio Estrada (Honduras, 1974) en "Más vital que el río es la carretera" ofrece esa sináptica descripción del impacto que han sufrido y quienes se suman a cada instante, año con año, a la escisión de la familia, el entorno cultural, el régimen económico y otras calamidades de orden mayor. Además presenta la particular batahola de esas voces de la emancipación. De autonomía necesaria, de carácter saludable o benéfica para el curso y desarrollo en las deterioradas relaciones sociales, con fenómenos que hace siquiera 20 años atrás muy pocos sospechaban o ya estaban en el estudio de dichos objetos; pero en el automóvil fronterizo que resguarda a la bandera tricolor, alguien introdujo un pez que recuerda, aunque no lo desee, un pez sanguinario, una urbe de tilapias famélicas, un libre tránsito que se quiere erradicar, donde lo absoluto metafísico no encuadra con esta observación que hace Vico, acerca de la espiralidad temporal. Una versión que se ajusta a los intereses de los estados político- religiosos, una cultura por la sumisión y por otorgar las mejillas de un solo probete, al cobarde acto del golpismo. Un pez que rezuma ya demasiadas costras de sangre.

También nos da fiel ejemplo cómo se puede construir poesía durante un viaje hecho rumbo a la perla del soconusco (Tapachula), cómo el escritor de versos debe experimentar diversos ambientes sociales, aunque esto me remita mucho a Marc Augè (Espacios del Anonimato) los no lugares: aeropuertos, centrales de autobuses, lugares de paso. lugares o espacios donde no se concebía como herramientas para seguir creando nuevas condiciones de relaciones sociales ("civilización"), puntos muertos de donde tal vez Fukuyama o Nietzsche optaron por concluir el fin de la historia. Con este tipo de poesía hay que recuperar los espacios: universidades, paredes. Armonizar parques, estaciones de transporte, mercados; medirle el territorio al fundamentalismo en el orbe. Es la educación en las artes, basada en los ejercicios artísticos, como los individuos moldearán sus valores, su conducta y su carácter ético y otras tantas experiencias que son necesarias para forjar cierto modelo de bienestar, pero desligándonos de esa frase en el sexenio pasado VIVIR MEJOR, no, mejor a quién, quiénes, a cuenta de qué. Se trata de VIVIR BIEN, todos, consiste en eso. Es por ello que en este trabajo breve Fabricio nos indica su modelo, su intencionalidad para desvelar a algunas inconformes conciencias populares, esas manchas de aceite que han sido colocadas, por ese alguien caucásico, en el radiador para inmovilizar a la hermosa América Central desde hace mucha cronología atrás.
La poesía como técnica para deconstruir, la reeducación basada en modelos alternos, uno de ellos el canal del poema: Puente entre dos ríos.

R.G.

Foto: Fabricio Estrada

lunes, 5 de agosto de 2013

Sputnik, mi amor o la danza en la nada



Son varias ya las amistades que, al contarles que he terminado una novela de Murakami totalmente satisfecho, me han hecho un mohíno de extrañeza del tipo ¿en serio, te ha gustado?, pero una vez que comenzamos a comentarla no pueden dejar de concederle a las historias de Murakami una esencia difícil de encontrar cuando se trata de abordar historias tan... tan... comunes. Y es que lo que cuesta entender de nosotros mismos es la capacidad de anularnos ante los demás, y esa no-existencia puede ser llamada soledad, vacío o simplemente desamor ante todo lo que la vida es. Y en verdad que es tan común en la vida real encontrar a tanta gente desencantada, ya sin ninguna reserva de sorpresas.

Aquí es donde encuentro la belleza de Sputnik, mi amor, en ese cruce de existencias neutras que al puro roce de la coincidencia van formando una historia personalísima, ya ineludible. En el caso de esta novela, vuelve el número existencial mágico que Murakami echa a rodar en sus dados: el tres, el trío, lo tripártito, esa cadena de azares donde el deseo masculino queda excluido y a la vez asimilado en el juego carnal de la femineidad vertiginosa, pausada, misteriosa. Vuelve la mujer madura y la adolescente acuciosa sexualmente, vuelve el joven que a fuerza de ser testigo de estas gravitaciones destructivas siempre termina especulando que debe haber un pozo oculto en el campo, culpable de todas sus ansiedades y rechazos, oculto por la oscuridad, trampa que se traga a todas las lunas que cruzan sobre él.

Y hablando de esta fijación lunar, Murakami me ha dado una de las metáforas lunares más imprevistas de todas las que he podido leer hasta ahora, una imagen tan extraña como brutal por su sencillez: "Pero el sueño no acudió tan fácilmente. Al descorrer las cortinas apareció la luna flotando blanca -hasta aquí ninguna sorpresa por parte del novelista- y taciturna en el cielo como un huérfano inteligente -aquí es el estallido de todos los espejos-. Comprendí que no podía volver a dormirme -y yo comprendí que no podía dejar un día más para seguir con la novela hasta el final-. Había que entrarle al desvelo y quizá creer que Sumire también podía hablarme a mi a las tres de la mañana. Eso es lo que no puedo responder de entrada cuando se me pregunta ¿en serio, te gustó? Me resulta tan excitante pensar en todas las posibilidades que me resuelvan el enigma del por qué me gusta Murakami: que nada en sus novelas quiere ser profundo, que la soledad no es profunda, que es algo normal y lirondo como la luna iluminando vacíos, que no importan las antípodas (las islas del Japón o las griegas) para situar el deslumbramiento de la nada, que las historias mangas se imponen y terminan influenciando hasta los grandes novelistas -intrigante tesis de Mayra-, que el deseo masculino no es nada ante la fuerza gravitacional de la atracción mutua femenina... en fin, que sólo el suicidio o los desaparecidos como el humo pueden aproximarse a la verdad de lo que somos, solos o acompañados en el eterno viaje hacia el silencio.

¿Que si me gusta Murakami? ¡Me fascina!

F.E.

miércoles, 17 de julio de 2013

Froylán Turcios, el amigo desconocido

Siento vergüenza por no haber conocido desde mucho antes la vida y memorias de Froylán Turcios, en su más directa e íntima confesión, en sus palabras, en su bellísima prosa. Termino de leer Memorias y Apuntes de Viaje y no sólo su belleza me ha conmovido, sino también su desolación. Porque leerlo es conocer de una forma terrible la Honduras que sigue siendo la misma de su época y además, profundizar en el pensamiento de uno de los intelectuales que con mayor sensibilidad describió a las personalidades del poder que iniciaron, a principios del siglo XX, la conformación o deformación de lo nuestro.

Me atrevo a decir, ahora que termino su lectura, que he conocido a una de las más elevadas conquistas del pensamiento nacido en este territorio y -atrevimiento decimonónico-, a tono con su pulsación romántica, que he encontrado un amigo al cual desconocía. En muchos de sus pasajes creí verme, sobre todo en los referentes a su infancia, salvando las distancias de las riquezas materiales ganadas y luego perdidas -no da para tanto el hecho que ambos seamos del mimo signo zodiacal y que hayamos nacido un año 74- y la de ignorar, ambos, que Honduras seguiría sometida a la eterna llegada de circos que nos dejaron siempre con las ganas de irnos con ellos a su partida (mucho mejor lo expresaría el poeta costarricense Alfredo Trejos: "Es que quién no ha dicho: otro circo más que se va sin mí...").

En ninguna otra referencia he conocido más a este país como a través de las reseñas que Froylán hace de Juan Ramón Molina, de Manuel Bonilla, de Terencio Sierra, de Miguel Paz Barahona y, de la rudeza natural con que Froylán describe a la soldadesca alistada en todas su guerras civiles, en todas sus atrocidades y ternuras. Cuando le llega el momento de describir sus viajes, Froylán alcanza un manejo impresionante del paisajismo y de la observación periodística, matizada siempre con sus oropeles y crespones, como le es imposible sustraerse. El perfil psicológico que logra de Rubén Darío es casi una obra maestra en sí misma gracias a la cercanía que tuvo con el poeta -privilegio inaudito tomando en cuenta la enorme altura y prestigio que Darío tenía en esa época-, lo cual no le hace temblar el pulso a la hora de ser descarnado en sus apreciaciones de decadencia y fragilidad espiritual del "gran dipsómano", como así lo llamó varias veces.

Incontinente enamorado, Froylán no repara en contar sus aventuras amorosas, lo que se debe agradecer porque en la calca de esas correrías logra impregnar toda la moral o costumbres, las sensaciones y las formas de amar y odiar de una época que no puede ser contada de otra forma más sutil.

Ahora mismo ubico a este libro entre los mejores de cuantos tengo, en el sitio de esos tesoros incalculables que me permitirán siempre hacer el contraste con lo que el mundo es respecto a lo que Honduras ha sido.

F.E.

lunes, 27 de mayo de 2013

El siglo de las luces en la época de la oscuridad textual



Maravillado, arrobado, incapacitado para comprender cómo hace un ser humano para acumular dentro de sí tanto dominio de la realidad a través de la palabra. Carpentier, en El siglo de las luces, es algo así como un sudario gigantesco y a la vez lleno de micro-partículas que llenan todo el ámbito espacial del lenguaje. No existe un solo rincón del espacio-tiempo que él no pueda detallarlo con la semantización, con el desgrane de letras, con el paisaje que la palabra va dejando tras de sí como un rastro portentoso.
Había leído ya Los pasos perdidos, La ciudad de las columnas, El reino de este mundo y El arpa y la lira, pero esta novela me está dejando con la sensación de estar incapacitado para abordar la realidad textualmente:

"Contemplando un caracol -uno solo- pensaba Esteban en la presencia de la Espiral durante milenios y milenios, ante la cotidiana mirada de pueblos pescadores, aún incapaces de entenderla ni de percibir siquiera la realidad de su presencia. Meditaba acerca de la poma del erizo, la hélice del muergo, las estrías de la venera jacobita, asombrándose ante aquella Ciencia de las Formas desplegada durante tantísimo tiempo frente a una humanidad aún sin ojos para pensarla. ¿Qué habrá en torno mio que esté ya definido, inscrito, presente, y que aún no pueda entender? ¿Qué signo, qué mensaje, qué advertencia, en los rizos de la archicoria, el alfabeto de los musgos, la geometría de la pomarrosa? Mirar un caracol. Uno solo. Tedéum."

Ante este monumento de la significación del mundo, y gracias a una especie de misericordia de Alejo, me he permitido nombrar al mundo, tomarlo desde adentro, subir la escalera infinita de sus acordes. Me he visto pensando, por largos minutos, en los muchos lamparones que, como ser humano hacedor de textos, he ido dejando a lo largo de mis propios abordajes a la estética lingüística, tal como si fuera un ingeniero genético invisible que no pudo completar la piel en el rostro de la belleza:

"Alguna vez se hacía un gran silencio sobre las aguas, presentíase el Acontecimiento y aparecía, enorme, tardo, desusado, un pez de otras épocas, de cara mal ubicada en un extremo de la masa, encerrado en un eterno miedo a su propia lentitud, con el pellejo cubierto de vegetaciones y parásitos, como casco sin carenar, que sacaba el vasto lomo en un hervor de rémoras, con solemnidad de galeón rescatado, de patriarca abisal, de Leviatán traído a la luz, largando espuma a mares en una salida a flote que acaso fuera la segunda desde que el astrolabio llegara a estos parajes. Abría el monstruo sus ojillos de paquidermo, y, al saber que cerca le bogaba un desclavado cayuco sardinero, se hundía nuevamente, angustiado y medroso, hacia la soledad de sus transfondos, a esperar algún otro siglo para regresar a un mundo lleno de peligros. Terminado el Acontecimiento, volvía el mar a su quehaceres. Encallaban los hipocampos en las arenas cubiertas de erizos vaciados, despojados de sus púas, que al secarse se transformaban en pomas geométricas de una tan admirable ordenación que hubieran podido inscribirse en alguna Melancolía de Durero; encendíanse las luminarias del pez-loro, en tanto que el pez-ángel y el pez-diablo, el pez-gallo y el pez-de-San Pedro, sumaban sus entidades de auto sacramental al Gran Teatro de la Universal Devoción, donde todos eran comidos por todos, consustanciados, imbricados de antemano, dentro de la unicidad de lo fluido..."

Muchas veces he escuchado a escritores que, en un intento de hacer peyorativa la definición, dejan caer con facilidad el señalamiento de barroquismo en Carpentier, despreciando vanamente lo que esta construcción lingüística aleja, precisamente, del facilismo. Y no es simplemente el hecho estético la elección de Carpentier: es su autoridad y seguridad al utilizar todo el arsenal del lenguaje en pro de revelar los "ladrillos invisibles" de la narrativa; en otras palabras, la revelación de los códigos puntuales -su tinglado de las maravillas- con que nuestra inteligencia ha conquistado el caos de la incomunicación.

F.E.

lunes, 29 de abril de 2013

Tokio Blues: el sutil suicidio



He terminado de leer Tokio Blues (Norwegian Wood) de Murakami. Primer efecto: volver a The Beatles. Segundo: recordar a Pamuk y El Museo de la Inocencia. Tercero: recordarme a mí mismo, adolescente, amando la pura agonía existencial una mañana en el Instituto Central, como uno de mil enamorados de lo imposible, de algo que asemejaba a la vida pero en sí era muerte, muerte de una época, de una ingenuidad, de un espacio de la ilusión. Cuarto efecto: reconocer el signo que pesa sobre Murakami... Japón se suicidó para poder sobrevivir, para sobrevivir al derrumbe de una era en que los emperadores y los códigos de honor fueron borrados en segundos por el aniquilamiento nuclear. Para Murakami, la radiación que siguió a ello es toda esa alienación donde, el ruido de fondo de una Tokio sesentera es en inglés, es sentirse parte de la cultura anglo-americana, la misma cultura que produjo el vaciamiento y el doloroso gesto de Yukio Mishima montando el seppuku de toda una nación en su propio cuerpo.

Murakami no muestra sus vísceras, quiere que en Tokio Blues nos acerquemos al pecho y escuchemos el latido apenas perceptible del pasado. Pienso, desde esta línea lógica, que muchas naciones ya han muerto en su papel histórico de primera línea y, que de toda su antigua vitalidad nos restan apenas las muestras individuales de aniquilamiento, como el oxígeno que va escapando en forma de burbujas dentro de un río contaminado. Tokio Blues avanza como un río hacia un mar desecado, un océano llamado Naoko junto al cual Watanabe llora inconsolable. Esa imagen desoladora la capta muy bien el fabuloso director vietnamita Tran Anh Hung (desde otra nación suicida que ha debido asumir la nueva realidad con sus propios fantasmas y ecos. Así lo demostró en The Cyclo) quien no se apresura y que tampoco quiere perder tiempo explicando el por qué de sus transiciones. Su película es para conocedores de la novela.

En fin, una novela que aparenta ser una novela de amor pero que en sí es una gran metáfora del fin de una época, y lo peor, en un suicidio cuya banda sonora la interpretan "otros", desde "otra isla" de la existencia.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Calca en el tiempo greco-hondureño

Valerio Massimo Manfredi me ha dicho desde el librero "sácame de aquí, quiero recordarte algo", y yo, por supuesto, bien mandadito cuando se refiere al mundo antiguo, tomo Akropolis, La historia mágica de Atenas y me encuentro ya inmerso en la asociación de memorias. No queda decir más, los siguientes extractos son simplemente una calca de la situación hondureña, sólo que Manfredi me está hablando de la decadencia ocurrida en toda la Hélade en el S. VIII a.C.

No fundamos colonias formales pero sí emigramos en masa, no tenemos templetes votivos pero si los Mall donde los pobres van a ver pasear a la clase privilegiada:

"Eran unos tiempos duros, pues no existía ninguna organización que protegiera a los débiles, ninguna solidaridad entre los pobres. Cada uno iba a lo suyo y bastante tenía con eso. Cuando las tensiones sociales se hicieron insoportables, la válvula de escape, como siempre, fue la inmigración, que se producía de un modo muy especial: se consultaba al oráculo de Delfos, que nombraba al "oikista" (oikistes), es decir, al fundador que debía encabezar la expedición e indicar el lugar donde se fundaría la colonia. A continuación se elegía mediante sorteo a un varón célibe por cada familia destinado a formar parte de la colonia, se preparaba una expedición y los jóvenes partían a la ventura, hasta que encontraban nuevas tierras allende el mar donde fundar una ciudad nueva. Tenían absolutamente prohibido volver, si no era después de cinco años, en el caso de que no hubieran logrado echar raíces en la tierra nueva..."

"El ghenos (la raíz ghen- indica el nacimiento, la generación, el lazo de sangre) era el fundamento del poder de los aristócratas, en cuyo seno el jefe del clan ejercía la justicia, dirimía los litigios, concertaba los matrimonios, decidía la política que había que emprender  con respecto a los demás ghene o con respecto al Estado, al que controlaban por completo. Cada ghenos contaba con su héroe, fundador del linaje (el antepasado de la familia dominante), al que se tributaba culto en un templete votivo (heroon). Y, sin embargo, el Estado existía y tenía sus propias instituciones políticas, religiosas, administrativas y militares, sólo que estaba condicionado casi por completo por los equilibrios de poder entre los cabezas de las grandes familias."

jueves, 27 de septiembre de 2012

Nieve . Pamuk

¨A veces me obsesiono con alguna injusticia que se comete con los creyentes y, profesor, como vivimos en un país democrático y soy un hombre libre que vive como mejor le parece, me subo a un autobús, voy a cualquier parte de Turquía para hablar con esa persona que se me ha metido en la cabeza y le pido explicaciones de esa injusticia a la cara. Por eso, le ruego que responda a mi pregunta, profesor ¿Es más importante una orden del Estado o una orden de Dios?¨

R) Hijo, con esta discusión no se llega a ninguna parte. ¿En qué hotel te hospedas?

¿Vas a denunciarme a la policía? No me tengas miedo, profesor. No pertenezco a ninguna organización religiosa. Odio el terrorismo y creo en el libre intercambio de ideas y en el amor de Dios. En realidad, por eso,  a pesar de ser un hombre tan nerviosos, nunca le he dado a nadie un capón al final de una discusión. Sólo quiero que responda a mi pregunta. Profesor, perdone, pero ¿no le remuerde la conciencia con el sufrimiento de esas jóvenes a las que avasallan a a las puertas de la universidad a pesar de lo que ordena tan claramente el Corán, la palabra de Dios, en las azoras de la Coalición y la Luz?

R) Hijo, el Sagrado Corán también dice que al ladrón hay que cortarle la mano, pero nuestro Estado no lo hace. ¿Por qué no te opones a eso?

Muy buena respuesta, profesor. Le beso las manos. Pero ¿es lo mismo la mano de un ladrón que la honra de nuestras mujeres? Según una estadística hecha por el catedrático norteamericano musulmán negro Marvin King, en los países musulmanes donde las mujeres se cubren, los casos de violación están descendiendo tanto que prácticamente no existen, y casi no se encuentran ejemplos de acoso. Porque una mujer con un charshaf lo que le está diciendo en primer lugar a los hombres es ¨Por favor, no me acoséis¨. Profesor, por favor ¿puedo preguntarle algo? Si excluimos de la sociedad a la mujer que se cubre dejándola sin educación y ponemos en lo más alto a la que se descubre y lo enseña todo, ¿no nos arriesgamos a deshonrar a nuestras mujeres como pasó en Europa después de la revolución sexual y a convertirnos en, usted perdone, unos chulos?

R) Hijo, ya me he tomado el bollo. Discúlpame pero me voy.

Siéntate, profesor. Siéntate, no vaya a tener que usar esto. ¿Ves lo que es esto, profesor?

R) Una pistola.

Sí, profesor. Discúlpeme, pero he viajado tanto para venir a verle. No soy tonto, así que tomé ciertas precauciones porque pensé que quizá no querría escucharme.

R) Hijo, ¿cómo te llamas?

Vahit Suzme, Salim Fesmekan, ¿qué importa, profesor? Soy un defensor anónimo de todos los héroes anónimos que luchan por sus creencias y sufren injusticias en este país laico y materialista. No pertenezco a ninguna organización. Respeto los derechos humanos y no me gusta nada la violencia. Por eso ahora me pongo la pistola en el bolsillo y sólo le pido que me responda a una pregunta.

R) Muy bien.

Profesor, primero, por una orden de Ankara, ustedes ignoraron a todas esas muchachas inteligente, trabajadoras, todas primeras de la clase, que llevó años criar y que son las niñas de los ojos de sus padres. Si escribían sus nombres en las listas de asistencia, ustedes los borraban porque se cubrían la cabeza...


(la conversación sigue... el hombre matará a balazos al profesor laico... no necesitaba argumentos, necesitaba expresarlo para que cada bala llevara palabra...)

miércoles, 6 de junio de 2012

Leonardo da Vinci y Vebjorn Sand

 Todo libro me da un privilegio, pero no todos me hacen sentir un alumno en una especialidad de altísimo nivel. Esta biografía de Charles Nicholl es realmente una obra maestra sobre Leonardo da Vinci. Voy leyéndola como se lo merece: anotando, cotejando información, reflexionando, produciendo ideas o vías de interpretación para mi precaria realidad. Esto me ha conducido a cargar el libro como si llevara en mi bolso la piedra fundacional de algo que aún no veo con claridad pero que en definitiva se construirá.

Nadie que lea "Leonardo, el vuelo de la mente" podría quedar indiferente o inactivo. Hace un mes, por ejemplo, volaba hacia Costa Rica justo en el asiento que daba al ala derecha del avión y, al ver el majestuoso y simple diseño, no pude más que pensar en lo que Leonardo merecería ver en lugar mio.

Me resulta de particular interés observar que los diseños para construcciones en tierra eran solucionados por Leonardo con mayor estilización que aquellos diseños para conquistar el vuelo. En éstos, Leonardo sobrecargaba su ingenio obligado por la ausencia de materiales livianos (nuevas aliaciones metálicas) y claro, obligado por los que algunos críticos consideraron "falta de concentración de su espíritu". Porque Leonardo era impresionante en su vastedad de intereses y, en muchas de sus investigaciones, creo que supo que no podía llegar a más y terminó concentrándose en definir (si se es capaz de ello) la intuición para que alguien pudiera retomarla.

Este es el caso de su intento por vender la idea de un puente a Bayaceto II, Sultán de Estambul en 1503, algo que no llegó a realizar. Sin embargo, en 1952 fue descubierta una carta en el Museo Topkapi de Estambul, en la que Leonardo intentaba venderle la idea al Sultán. "Ha llegado a oídos de vuestro humilde servidor que tenéis la intención de levantar un puente desde Estambul hasta Gálata, pero que no lo habéis podido realizar hasta ahora porque no habéis encontrado a un hombre capaz de hacerlo. Yo, vuestro servidor, sé cómo realizarlo..."
 El artista noruego Vebjorn Sand, enterado y obviamente fascinado por aquel proyecto en el limbo de la genialidad davinciana, decidió proponerle a la Administración de Carreteras de Noruega la realización del puente, no solo con entusiasmo sino que también con un detallado estudio de ingeniería y de arquitectura. El producto es lo que se muestra en estas fotografías. El Arco de Akershus -como es llamado- demuestra todo lo que hubiera sido capaz de concretar Leonardo de no haber vivido los condicionamientos políticos de su época, y sobretodo, el escepticismo con que se topó cuando los reyes, duques, sultanes o marqueses se preguntaban el cómo un delicado artista podía llevar a cabo obras concretas de uso práctico.

Vebjorn Sand ha impartido con ello justicia histórica y además, nos ha dado una gran lección humana llena de profundos significados artísticos.

Mientras tanto, no quiero terminar el libro... me encantaría que fuera el Libro de Arena de Borges.

lunes, 16 de abril de 2012

Tlon, Borges y la Red


Me permito el escalofrío pueril, fantástico y delicioso de crear un paralelismo: el que Borges intuyó la WEB y todas sus redes sociales. Quizá una mente con tanta información calibrada y relanzada en variantes asombrosas dentro de sus narraciones y poemas no pudo evitar desbordarse dentro de los territorios de la especulación mediática. Quizá, en una especie de tanteo ultra sensible, Borges dio con estos espacios o confines de la soledad:


"Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder.
Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el
antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres. ¿Cómo no someterse a Tlön, a
la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad
también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas -traduzco: a leyes
inhumanas- que no acabamos nunca de percibir.

Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres. El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la
humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles. Ya ha
penetrado en las escuelas el (conjetural) « idioma primitivo» de Tlön; ya la enseñanza de
su historia armoniosa (y llena de episodios conmovedores) ha obliterado a la que presidió
mi niñez; ya en las memorias un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada
sabemos con certidumbre -ni siquiera que es falso-.

Han sido reformadas la numismática, la farmacología y la arqueología. Entiendo que la biología y las matemáticas aguardan
también su avatar... Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo. Su
tarea prosigue. Si nuestras previsiones no yerran, de aquí a cien años alguien descubrirá
los cien tomos de la Segunda Enciclopedia de Tlön."

jueves, 29 de marzo de 2012

Paralelos religiosos: India-Egipto y el ascenso de la humildad

Me han llamado poderosamente la atención estos paralelos en la historia del pensamiento religioso egipcio e indio. "Algo" se quebró irremediablemente entre las castas inferiores y la fe no volvió a ser la misma. La distancia de los sucesos y transformaciones metafísicas son muy amplias: el Imperio Medio egipcio inicia 2061 años antes de Cristo y los acaecido en la India con el advenimiento de Sidharta Gautama sucede 600 años antes de Cristo, sin embargo, estas medidas de tiempo resultan casi simultáneas si tomamos en cuenta lo que Akenatón y Nefertiti intentaron transformar con vasto apoyo popular: el culto único y por ende, la destrucción del monopolio sacerdotal, iniciativa que no prosperó más allá de la vida del faraón.


Vale la pena crear una suposición de ciclos en la humanidad en la que nuestra época esté llegando a un punto de inflexión parecido.

"Mientras florecía el culto a Amón en Karnak, se erigía otro centro religioso en Abydos, a unos cien kilómetros al norte de Tebas, como lugar de culto al dios funerario Osiris. Durante el imperio Medio, el culto a esta divinidad del más allá conoció un gran auge, estrechamente vinculado con la llamada "democratización del Más Allá", el fenómeno más interesante que registra el Imperio Medio en el campo de las creencias religiosas.
Durante el Imperio Antiguo, solo los miembros de la familia real y de las clases superiores podían gozar de la vida después de la muerte; la tumba, el ajuar funerario y los textos religiosos eran la garantía de su supervivencia en la vida de ultratumba. Pero durante el Imperio Medio cualquier persona que contara con la protección que brindaban las fórmulas mágicas y religiosas de los llamados Textos de los sarcófagos podía aspirar a la otra vida; estos escritos fueron llamados así porque se inscribían en el interior de los sarcófagos rectangulares de madera típicos de la época."

(Núria Castellano - El esplendor del Imperio Medio, Revista Historia-National Geographic)


"La vieja religión védica (S. VI a.C.) había ido perdiendo su alma y había pasado a ser (manipulada por la clase privilegiada de los brahmanes) una técnica compleja impregnada de magia. Su única preocupación era conseguir que las tibias divinidades se plegaran, servil y aún automáticamente, a las voluntades de los sacerdotes, cautivándolas con los poderosos lazos del sacrificio. Al extenderse en la sociedad india la creencia en la transmigración de las almas, estas prácticas rituales pasaron a significar un medio de alcanzar riquezas, gloria, descendencia, longevidad y salud, no solo en esta vida sino en las siguientes.
Por estar la eficacia de los sacrificios en función de su complejidad, de su ampulosidad y por lo tanto de los honorarios abonados a los sacerdotes encargados de llevarlos a cabo, únicamente los brahmanes, los nobles, los mercaderes y los terratenientes podían esperar que la serie indefinida de sus existencias sucesivas tanscurriera en constante felicidad y prosperidad. El resto de los hombres estaba condenado a renacer una y otra vez en la mediocridad y la miseria, a padecer hambre, enfermedades y toda suerte de sufrimientos. Por todo ello cundió la angustia, la desesperación, la resignación o una sorda rebelión entre las clases humildes de la sociedad india..." (este fue el contexto de la irrupción de Buda)

(Buda, Vida y pensamiento - André Bareau)



jueves, 1 de marzo de 2012

Fernando Savater - Criaturas del aire

 Genial libro, me recordó mucho -en algunos de sus monólogos- a la serie de ensayos de Borges, Siete Noches. Un ejercicio intelectual impresionante!!

- (Sobre el mal como grandeza inevitable - Monólogo de Drácula) "En Transilvania, un pueblo sabio y por lo tanto fatalista sabe eque el mal es uno de los rostros inevitables de toda grandeza..."


- (Sobre el hombre - Monólogo de Desdémona) "Para vivir necesitan olvidar la mayor parte del día que están vivos; para sentir algo necesitan convencerse de que no sienten, sino que piensan o calculan; para atreverse a desear lo que en verdad desean tienen que atiborrarse de proyectos útiles o sublimes, hasta que finalmente caen rendidos en brazos de lo que no saben apetecer más que como reposo, exceso o costumbre..."


- (Sobre el poder - Monólogo de Fu-Manchú) "En el libro del Tao leemos que el mejor soberano es el que gobierna a sus súbditos con la displicente ligereza con que deben freírse los peces pequeños para que no queden crudos ni achicharrados"... "No es la arrogancia lo que sustenta la ferocidad del dragón, sino la confianza en su inmortalidad; si no se está cierto de ser inmortal, más vale no ser demasiado arrogante..."


- (Sobre la civilización - Monólogo de Tarzán) "No, los civilizados no saben qué es el pánico: quizá toda la civilización no consista más que en haber sustituido el pánico por la angustia..."


- (Sobre el miedo civilizador - Monólogo de Tartufo) "Todas las instituciones que la civilización ha producido tienen su raíz en el miedo de los hombres a lo que son y su justificación teórica en la necesidad de disfrazar permanentemente su verdadera naturaleza con mentirosos oropeles". "¿ Por qué no hemos de reconocer abiertamente que nuestros ideales no son para nosotros, que destruirán la especie humana si se cumplieran un solo día, que su fulgor abstracto no tiene nada que ver con el feroz ardor que realmente nos impulsa?". "Los verdaderos santos fueron anacoretas, eremitas, enemigos consecuentes de las apetencias del hombre y de las exigencias innobles que satisface la vida social: fueron destructores individuales de la comunidad humana, porque llevaron hasta su conclusión lógica el aborrecimiento secreto que todos nos profesamos".


- (Sobre la rutina y el orden reaccionario- Monólogo de Phileas Fogg) "Un espíritu observador, imaginativo y sensible de la variación inagotable de la vida, prefiere moverse dentro de un marco idéntico sobre el que destacan mejor las delicadas oscilaciones de lo real". "Para el puntual no hay obstáculos, pues precisamente en el vaticinio y control de éstos reside el secreto de la exactitud... vencer la conspiración de las cosas que trata de retrasarnos. de desviarnos o perdernos, es una nueva tarea hercúlea, vía esforzada pero serena hacia una perfección íntima libre de arrebatos".


- (Sobre las tentaciones - Monólogo de Mefistófeles) "Hay que estudiar previamente el alma y atacarla hincando en su núcleo más íntimo lo que mejor pueda desmentirla: así atacamos la pureza con el desenfreno, pero también sabemos tentar a la alegría con el ascetismo; al contento de sí mismo lo destruimos con la compasión, mientras al modesto e inseguro lo emborrachamos de una súbita suficiencia. Es toda una ciencia, incluso diría que un arte: consiste en impedir que cada alma llegue a ser plenamente lo que es".


- (Sobre las recompensas - Monólogo de Simbad) "...pues a las mentes sencillas les parece justo que la riqueza recompense el esfuerzo en vez de coronar el azar..."


- (Sobre la decadencia - Monólogo de Peter Pan) "Ser un niño inmutable es un círculo cuadrado: el auge es más rápido que la decadencia, o mejor, el auge es la forma más rápida de decadencia y la decadencia es un auge que comienza a frenar". "Pero el tic tac del reloj tragado (por el cocodrilo) advierte a Garfio de que su enemigo se acerca: vive huyendo, el pobre, de ese reloj que pretende devorarle y un día u otro lo conseguirá".


- (Sobre el azar - Monólogo de Bakunin) "La indeterminación o el azar no son más que nombres prestigiosamente mágicos con los que enmascaramos nuestra temporal ignorancia de algún aspecto del sistema natural".


- (Sobre la humildad - Monólogo del Padre Brown) "Para fijarse en las cosas, para ser autenticamente minucioso, es preciso tener cierta dosis de humildad: el humilde va mirando hacia afuera, agradeciendo a todo lo que encuentra el ser precisamente así como es, entrañablemente diferente y peculiar. Por eso nota a la perfección cuando las cosas dejan de ser lo que son y se trastocan de modo malévolo: el desorden que el soberbio va sembrando por la rigurosa hermosura del mundo es como el rastro viscoso que dejó la serpiente al reptar por el Jardín".


- (Sobre el Monstruo - Monólogo de Conan) "Y escuchad lo más curioso: todo el mundo acepta de forma más o menos gustosa convivir con su dragón. No es solo miedo, no, aunque naturalmente el miedo también juega su parte. Es una especie de resignación desesperada, una secreta complicidad -no me atrevo a decir: cariño- con la fuente de sus males. Parece que cada pueblo agradece a su monstruo la atención asoladora que le dispensa... Contribuye a la simplificación del mundo saber dónde vive el enemigo que compartimos con todos: se diría que el dragón es un factor de cohesión social..."


- (Sobre los cómplices - Monólogo de Justina) "Pero los gozadores se apoyan unos a otros y la suerte parece sonreírles constantemente, dándoles los mejores bocados de un festín en el que la virtud no alcanza sino las migajas..."


- (sobre la verdad - Monólogo  de Sam Spade) "... aprenderemos a discernir la imitación de lo imitado, sino acatando pacientemente que la verdad es el engaño más fuerte y que solo el frecuentamiento de remedos y espejismos puede aproximar su revelación".


- (Sobre la poesía - Monólogo de Bertran  de Born) "La poesía es un complemento o un aderezo, pero no un fin en sí misma: canta al amor y sin duda lo embellece, pero lo importante es el amor y no la poesía"... "Los hombres pierden su libertad, quizá porque ya no la merecen; desean ser protegidos porque no se sienten seguros de su audacia..."


- (Sobre lo activo - Monólogo de Don Miguel de Mañara) "Poco a poco, acaté esta verdad: ser activo significa enfrentarse a lo activo; la fuerza nace del contraste con la fuerza, tal como surge la chispa del indómito congreso de dos piedras".


- (Sobre la compasión - Monólogo de Nerón) "Uno siempre mejora al compararse con los agonizantes... ¿No es éste, a fin de cuentas, el secreto de toda compasión?"


- (sobre la inoculación del miedo sistémico - Monólogo de Gulliver) "A los niños, por ejemplo, no se les castiga de un modo explícito cuando su comportamiento no está dentro de las normas admitidas: por el contrario, se les comienza a compadecer con las más expresivas demostraciones de dolor por lo que han perdido. En un principio, como el culpable no echa en falta nada, no se inquieta por esta extemporánea solicitud de sus mayores. Poco a poco, sin embargo, comienza a sentirse menguado por la convincente insistencia de los que le rodean en que lo está; no tardará en echar de menos lo que nunca tuvo y ni siquiera conoce: finalmente pedirá de rodillas que le sea devuelto..."











domingo, 8 de enero de 2012

Parménides - César Aira



- "Cuando empezó la historia, aunque ya estaba dejando de ser joven, era un escritor joven, una "promesa" como suele decirse; no había gran cosa en la que basar la promesa, pero con un poco alcanza, y hasta con nada, si lo que se promete es algo tan inverificable como la poesía. En realidad no había escrito casi nada, y lo habían leído menos, pero eso no significaba que la consideración (un tanto ambigua, además) en que lo tenía un puñado de entendidos en poesía careciera de todo fundamento. A veces se dan casos de adivinición social, que suelen entrar en la categoría de promesas autocumplidas. Eso puede deberse a que son tan escasos los escritores buenos que cuando aparece uno, entre mil malos, casi no necesita escribir para que alguien se dé cuenta..."

- "Para Parménides el libro era el libro ya hecho, no el proceso de hacerlo."

- "Haciendo verso desde la infancia, había descubierto que no querían decir nada; y viviendo había descubierto que el lenguaje servía para decir cosas. Había una incompatibilidad, que era lo que lo había comprometido con la poesía. Porque la poesía, al no querer decir nada con el instrumento que servía para decir cosas, decía algo, que era a la vez algo y nada..."

- "Entender las partes no equivalía a entender el todo, aunque el catálogo de partes fuera exhaustivo. Los poemas, tanto los escritos como los por escribir, podían entenderse, pero la poesía, seguía oculta, indescifrable."

- "Todos los poetas deberían tener su Parménides. Quizá el problema de los escritores era que siempre querían hacerlo bien, siempre querían escribir "en serio", y podían pasarse la vida sin empezar, tan abrumadora se presentaba la exigencia de expresar su verdad."

martes, 3 de enero de 2012

El fuego del cielo, César Vidal

 Desconocía sobre el milagro de la lluvia, o sobre el fenómeno del Rayo, como lo llamaron los legionarios de la XII Legio Fulminata. Sucedió durante el imperio de Marco Aurelio, en el 174 d.C., en algún punto de Panonia. La Legio, durante la persecución de los cuados y marcomanos, sufrió de una grave escasez de agua y de un agotamiento terrible dado las temperaturas altas de la zona. Esto fue aprovechado por los cuados quienes emboscaron y mantuvieron hostigamiento contra los romanos. La situación auguraba la aniquilación de la Legio XII, al punto que, en la desesperación, se rogó a los dioses por ayuda en ceremonia ritual. De pronto cayó el ignis ex caelis, el fuego del cielo que destruyó el ataque de los cuados con mucha lluvia e inundación y por supuesto, con rayos. La Legio XII pasó a llamarse Fulminata a partir de entonces.

A partir de ese hecho, Marco Aurelio, emperador-filósofo además, tuvo a bien informarse a fondo sobre los ritos propiciatorios que se llevaron a cabo, y dio con dos versiones: la del rito llevado a cabo por el sacerdote egipcio Arnuphis, quien iba con las cohortes (según lo afirma el historiador Casio Dión), y los rezos de legionarios cristianos que estaban en primera fila. Las pesquisas impresionaron a Marco Aurelio y suavizaron sus posiciones en cuanto a la persecución cristiana, lo que demuestra que sí tuvo cierta inclinación a creer en la intervención del dios cristiano en el fenómeno que fue aceptado como milagro.

No obstante, la religión romana también dio su versión gracias a la cual el milagro fue invocado por Juliano el Teurgo, hijo de un famoso mago (Juliano el Caldeo) quien se sumó a las invocaciones de soldados romanos a Júpiter Tonante.
 Este hecho quedó registrado en la Columna de Marco Aurelio (erigida en el 180 d.C.), que sigue en pie en Roma, cosa que la tradición cristiana es muy parca en reconocer, tal vez porque estuvo implicada la participación de un sacerdote de Isis que pueda disputarle preponderancia, aunque el santoral católico señala a San Lucio como el auténtico gestor del rayo. De todas formas, en la columna, la imagen que representa el milagro es la del dios romano Júpiter pluvius.
En la imagen se puede ver a Júpiter pluvius extendiendo los brazos y provocando la destrucción de los cuados y sarmatas. Esquina inferior derecha.

¿Y el libro de César Vidal? Pues le agradezco al autor traerme este dato interesantísimo. No puedo decir que la novela sea recomendable más por esto, y lo afirmo desde la opinión de un lector que ya ha trasegado información sobre la vida cotidiana de Roma, y por ese mismo hecho no me sorprende. Su lectura es sumamente fácil y a veces pareciera que quiere impresionar con datos sobreentendidos encarnados en sus personajes principales. Una larga presentación de los personajes aminora la intensidad que pudo tener, además, el recurso de que los partos hagan prisioneros a legionarios ya ha sido más que utilizado y expresado mejor en la novela de Manfredi, El imperio de los dragones... sin embargo puede ser de mucha ayuda para quienes entran por primera vez al mundo de la novela histórica sobre Roma.

Vale.
F.E.