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viernes, 21 de diciembre de 2018

Café de noche, Van Gogh


"En mi cuadro Café de noche traté de expresar cómo el café puede ser un lugar donde uno se puede arruinar, volverse loco o cometer un delito. Finalmente, intenté expresar algo semejante a la potencia de las tinieblas de un matadero con contrastes de rosa suave, rojo sangre y heces de vino, dulces verdes Luis XV y Veronés, contrastantes con los verde-amarillos y los duros verde-azules, y todo ello en una atmósfera de horno infernal y de pálido azufre."

Van Gogh. (Mario de Micheli - Las vanguardias artísticas del siglo XX)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Fallece Benigno Gómez, Maese pintor hondureño

De igual manera que las puertas de madera talladas con motivos mayas de Copán, crecí relacionando Honduras -o la idea de ella- con las pinturas de Benigno Gómez. Su estilo figurativo se entremezclaba con aquel discurso insistente de que Honduras era un oasis de paz en medio de la guerra que desangraba a nuestros países hermanos de Centroamérica, pero una vez que el tiempo hizo las distancias debidas, su obra recaló en mí con una serenidad que me decía que esa Honduras era desde la cual debíamos partir, llena de colores y actitudes sencillas que no debían, por ningún motivo, llegar a ser modosas ni súplicas folclóricas. Esa ética que flota en toda su obra, intenta decirnos que los orígenes nuestros no solo fueron la patria de la dulce espera entre pinares sino que también, la que con espíritu creador puede darle un vuelco a la mancha espantosa que Zelaya Sierra nos mostró en su cuadro Hermanos contra hermanos.





Para muchxs hondureñxs, por igual, Benigno Gómez estaba relacionado con los bancos, instituciones que, en su afán de crearle idea de identidad y hondureñidad al capitalismo depravado, se convirtieron en depositarios, museos y albaceas de muchas de sus pinturas. Me recuerdo muy niño repasando y tratando de descifrar el mensaje de aquellas palomas sin mensaje bancario pero sí de promesas de una Honduras donde las aguas bajarían.., algún día. Mi abuela, adusta, me daba señales con sus ojos para que no me atreviera a tocar la textura de las pinturas  y yo me quedaba con la sensación que sentía cuando la misma abuela -quién más- colgaba velos y adornaba el nicho del Santísimo en Sabanagrande. ¿Acaso no flotaban como un velo todas esas palomas? ¿Acaso no lavaban mis ojos las mismas mujeres encorvadas en los ríos del sur? Un artista está en el deber de crear tales significados en su obra que, al final, su obra logre separarse de él como la muda de caparazón en los chiquirines * de abril, y que una vez alcanzada esa transmutación, la ética sea la que flote ante nuestros ojos, con todos sus colores y evocaciones. Estoy seguro que el Maese Benigno Gómez lo logró y creo que esa virtuosa cadencia de su pincel alcanzó a romper el hechizo naif que en principio flotaba en mí, como reflejo inmaduro de otro niño en otra Honduras.



Benigno Gómez nos deja su vuelo. La nueva generación de pintores y pintoras hondureñas están ahora en el deber de entender su sentido de trascendencia, su capacidad de estudio y observación del alma hondureña, su imperturbable pararrayos ante el acoso tormentoso de la moda.
Texto y foto: Fabricio Estrada


F.E.

* Cigarras


Benigno Gómez
Nació 17 de enero de 1934 en Naranjito, departamento de Santa BárbaraHonduras. Actualmente reside en Tegucigalpa.

Estudios

Egresó en 1957 de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Honduras, donde estudió gracias a una beca de 25 lempiras mensuales. A los 16 años ingresó a la academia que dirigía Arturo López Rodezno, finalizó su formación bajo la dirección de Samuel Salgado, quien lo dejó trabajando en ese centro artístico.
En 1960 se le abrieron las puertas para viajar al extranjero y seguir sus estudios con una beca. En 1966, retornó a Honduras procedente de la Academia de Bellas Artes de Roma, en Italia.

Trayectoria artística

Algunos puntos esenciales respecto a su estilo. En efecto, el elemento figurativo empleado por él sigue el natural, no el onírico o paradójico que se observan en los principales creadores de la escuelasurrealista, principalmente Dalí y Ernst.
Hay un detalle que es infaltable en sus cuadros y que viene a ser algo así como un lopograma. Nos referimos a las palomas. Como su principal preocupación es presentar figuras humanas en medio de la naturaleza, aquellas aves forman parte de la circunstancia, al principio las puso como una evocación agradecida de las que tallaba cuando fue niño y en cuyas alas voló a Tegucigalpa.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Silencio

Era mediodía en la ciudad sin furia. Recordé los versos de Kavafis, recordé entonces, completamente Antígona de Sófocles. Pero ¿Quién enterrará a todos los Polinices hondureños que yacen insepultos al otro lado de las murallas? ¿Qué murallas? Las del espejismo.



Antígona y Polinices, Nikiforos Lytras.

¡Guarda silencio! ¡Escuchemos!

Dentro del teatro de los cielos
ahora están representando Antígona.


miércoles, 2 de abril de 2014

Apología del poder - Byron Mejía, Honduras

Tomo la tierra que ha sido arrasada. Los huesos calcinados del presente. La estructura se ha desplegado y caben en ella todos los muertos negados, los estragados sobre las aceras, sobre la materia cavernosa de nuestras altamiras más profundas. Aquí está el espíritu que ronda la masacre, el zeigeist hórrido que se trasvasa sobre los materiales del espíritu creador, sin poder contenerse bajo ningún planteamiento aséptico. No hay ruta en el trazo más que aquella mixtura que avanza sobre el lienzo como el rastro de un cuerpo llevado por los talones. ¿Dónde estás, tierra mía, sino en las cenizas que Byron Mejía ha mezclado con los cuerpos enredados de la masacre? ¿Dónde, mi paisaje más prístino, el más bucólico, el más destrozado en las portadas cotidianas de los que, saciados de sangre, siguen desmembrando nuestra memoria? Se despliega la estructura. Tomo la tierra y los muñones 
del carbón más mío. Pinto con vos, Byron, mi máscara.

Fabricio Estrada






sábado, 15 de junio de 2013

Mito Galeano, poesía de la tierra - Salvador Madrid

 Artista y memoria viva de un pueblo, el pintor y escultor nacido en Gracias, Lempira, dignifica la historia del hombre sencillo a través de su pintura.


Sus cuadros son cuentos, trazos narrativos de la leyenda, del decir, de la condición de los seres humanos anónimos que en el lienzo se vuelven personajes envueltos en auras míticas, mágicas o descubiertos de manera directa en sus afanes diarios. Mito Galeano nos devela a los habitantes de la deriva. Si bien el universo de sus seres humanos posee las características de la fabulación, tiene que ver a veces con el ojo del espectador o con el exotismo que convocan; sin embargo, sus tareas: contar, mercar, bendecir la cosecha, rezar las oraciones de los espíritus, forman parte de sus actos vitales, y en eso Galeano ha sido preciso al llevarlos al lienzo no como seres extravagantes, sino como mensajeros de un tiempo, de una realidad, de una tierra. SUS CUADROS Este proceso, digamos, poético y hasta cierto punto idílico, es mucho más rico que su sola representación, pues materializa el imaginario de la evocación de un mundo complejo, de antípodas que aluden su realidad, pero tamizado en las mil interpretaciones de las interrogantes y explicaciones de sus seres que buscan un lugar en el mundo. Esos seres necesitan contar el mundo y que el mundo los cuente; pero sobreviven en la vocación del silencio, se saben hacedores y víctimas; su permanencia deambula entre la fábula y la realidad; por eso los cuadros de Galeano, a diferencia de la búsqueda visual del efecto, del intento por captar los sentidos o de recabar en lo conceptual, prefieren el trazo narrativo. A veces los seres de su pintura miran largamente, otras son devorados por la selva o por cierta arquitectura donde más que habitantes se vuelven reliquias.  Galeano celebra al hombre y a la mujer que trabajan o que narran, pues en su pintura, narrar es trabajo, delicado y noble trabajo, ya que implica no solo transmitir la historia real, sino transgredir la historia oficial.Hombres que son sujetos del mito y hacedores de su descendencia. Hombres sencillos, ancianos, niños; rostros que Galeano a registrado en las miles y miles de fotografías y en su memoria de los viajes y exploraciones por las comarcas y montañas; gente que en su pintura deja de ser paisaje, tarjeta postal o festín del falso turismo para volverse el silencio que delata su necesidad, porque esa es la esencia de la pintura de Mito Galeano: la necesidad cotidiana, la que en la práctica no aspira a trascender, sino simplemente a respirar, a fraguar la lucha por la sobrevivencia y que luego en sus cuadros, se materializa como esencia figurativa que nos ofrece una lectura más allá de la mera representación y dictamina miradas más profundas; es decir, la pintura de Galeano es académica por procedimiento y elección y totalmente relevadora porque los signos elegidos pertenecen a una memoria que no quiere reconciliarse con la vida, sino indagarla, abrir el mito como relato y sal de la creencia, pero también unir los fragmentos de la alucinación oral, del testimonio del hombre común para anteponerla al relato oficial o a la historia que es falsete y orden superior de los andamiajes del poder.SILENCIOSO E IMAGINATIVO Mito Galeano habita la imaginación de los hombres y mujeres de los pueblos indígenas lencas, una imaginación más real que los estudios antropológicos o que los legajos de la historia; por esa condición, encuentro en el trabajo de Galeano las posibilidades de una lectura superior, y él mismo es así: sabe mucho y es silencioso, hombre de pocas palabras, yo digo que no habla, susurra, como el rumor de su casona antigua en Gracias, Lempira, a la que ha dedicado su vida entera para restaurar y en la que está organizando talleres de cerámica, serigrafía, escultura, pintura para que todo aquel que quiera aprender tenga la oportunidad; es un hombre de costumbres, su siesta es sagrada, más de algún presidente de la República se ha quedado sin verle por llegar a esa hora. casona, entonces, cambia de color, quedan los pájaros en el jardín silenciosos como el cielo del pozo de malacate cerca de su estudio y se pueden contemplar las formas del bochorno aleteando entre los trazos de la somnolencia. Mito Galeano hace la siesta y nadie jamás lo despertará.Los motivos frecuentes de los cuadros de Galeano son señales que nos llevan al universo de sus seres: vasijas, guacales, canastos, tambores, máscaras, flautas, redes, lazos. Hay además un juego sincrético de los relatos tradicionales indígenas, mezclados con los criollos o con otros relatos de culturas lejanas, escogidos por Galeano quizá porque encuentra relación con las historias locales, con sus mensajes, moralejas o por su intertextualidad. LOS PERSONAJES Respecto al sincretismo histórico, Galeano no eligió a la mujer y al hombre para juntar en su rostro los rasgos de dos culturas, sino que prefirió la arquitectura: indígenas entre las casonas coloniales, siempre están llegando, o van de paso, o están a punto de partir, mercan y desaparecen; se sabe que no pertenecen ahí, que en ese ahí serían solo decoración, tarjeta postal o motivo naif, ellos pertenecen al relato oral, a la fabulación y son huéspedes de honor nada más en los trazos de Galeano, que no los inventa sino que los invita, los dignifica desde el arte, desde la memoria de la necesidad, parados en el tiempo frente al fantasma de sus pesares. Hay que agregar que Galeano celebra al hombre y a la mujer que trabajan o que narran, pues en su pintura, narrar es trabajo, delicado y noble trabajo, ya que implica no solo transmitir la historia real, sino transgredir la historia oficial. En la pintura de Galeano la religiosidad vale como ritualismo a la tierra, como un culto ecológico donde los seres sellan pactos de respeto con la naturaleza y pesa en ella más que los signos del catolicismo otros objetos que dictaminan un peso histórico ligado a la imposición; es así que uno encuentra en los cuadros los yelmos del colonizador y las espadas, sin embargo, es interesante que estos objetos que simbolizan poder no están abandonados o herrumbrados sino límpidos, en perfecto estado, contrario a las herramientas de trabajo del indígena que están casi desvencijadas, una lectura bastante actual de la condición del indígena y el poder, del hombre sencillo que no espera venganza, sino justicia. He visto su pintura de nuevo, su esencia, esa gente sencilla, esas mujeres cuyas vestimentas son burdas y simples, pero que parecen sacerdotisas de la vida cotidiana; pensé en la dulzura y en las adversidades de mi país, en un cuadro donde Diego, el duende, convoca a los espíritus del bosque. Pensé si esos seres humanos son reales por qué no pertenecen a ninguna parte y solo encuentran una tierra en los sueños pictóricos de Galeano. Claro, obvio, podemos empezar aquí el monologo político e histórico, pero ¿no son suficientes los años de historia mestiza inventada e impuesta a los pueblos indígenas? ¿No son ya demasiados los monumentos a un tiempo que no nos representa y que nunca nos representó? No tengo respuestas, sino preguntas al ver la pintura de Mito Galeano, testimonio alucinante de un mundo complejo y feroz, de la belleza y la injusticia, de los seres simples que dan su pelea diaria por su luz y su pan: los lencas, habitantes milenarios.

S.M.

sábado, 23 de marzo de 2013

Coágulo y mixtura en la época de Porfirio Lobo Sosa

Ayer viernes, en un día de hondas contradicciones muy hondureñas, llevé adelante mi ponencia "El homenaje en tiempos de la nota roja". Por la mañana, un asalto a un camión de transporte de valores había dejado el trágico saldo de 4 muertos y al mediodía, la histeria se apoderó de los clientes de un mall en Tegucigalpa cuando la policía montó un operativo de captura al interior del mismo.

 Fotos: Alex Pérez



A la misma hora que yo daba mi ponencia en el CAC-UNAH (Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras), se jugaba el partido de fútbol clasificatorio entre Honduras y México. Más de 45 mil personas le rendían en vivo un homenaje más al mal fútbol y otros 5 millones se unían a la transmisión del mismo. En los días anteriores, una intensa actividad de lecturas de poesía se desarrolló en la ciudad y ayer, viernes, seguía el ritmo en aumento en la actividad cultural cuyo máximo pináculo se concentró en la muestra gigante del maestro artista Santos Arzú Quioto, en el MIN (Museo de la Identidad).

¿Qué es toda esta mezcla? Pánico, dolor, escapismo, reiteración, locura, alzheimer colectivo, autismo, psicopatía, desastre, desolación... todo lo que Santos Arzú está gritando desde su exposición, toda la podredumbre que no entienden "las ratas atrapa-sueños" que se felicitan celebrando goles, que asisten a las muestras creyendo encontrar en la pintura un bello decorado que quizá rime con sus muebles de 50 mil lempiras... y se hacen los y las idiotas porque saben, en el fondo, que Arzú, que la poesía, que las bandas de rock están señalando sus actos criminales mientras ellos y ellas abren el espectáculo y se inventan homenajes infinitos, catafalcos sobre coágulos, sobre vómito, sobre lágrimas.
 Fotos: El Heraldo





Temo que el circuito artístico está volviendo a sospechar una crisis que se avecina aún más dura, siento que los artistas estamos volviendo a ser la rata o el conejo de los mineros, los primeros en advertir la falta de oxígeno...