http://www.elnuevodiario.com.ni/suplemento/nuevoamanecer/1828_puertas-abiertas-y-puertos-abiertos
El Nuevo Diario de Nicaragua le concede a Miguel Huezo Mixco (El Salvador) una reseña sobre estas antologías dirigidas por Sergio Ramírez.
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jueves, 12 de abril de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
Viernes Santo de 1988, Sabanagrande
Will se había concentrado a conciencia y Pir más que ningún otro de los soldados. Will era Cristo y Pir el centurión, Gayo Casio, a cargo del flagelamiento. Por alguna razón alguien creyó que el peso de la cruz debía ser auténtico para ver el sufrimiento real en Will, aunque éste no lo supiera hasta que sintió que no podía... pero la gente sí que quería.
Para aumentar los problemas de Will estaban cada una de las piedras donde rebotaba la popa de la pesada cruz. Sabanagrande, siempre forrada de piedras, era parte del martirio. Y así comenzó el "cuadro vivo" de la crucifixión de ese año. Las doñitas comenzaron a llorar de inmediato y se cubrían la cara con sus huipiles, rezaban mientras Pir, cada vez más metido en el personaje, le daba latigazos al Cristo surgido de entre nosotros. "Ya no le pegués, mal nacido, ya noo", decía una viejita, pero Pir era inconmovible y Will estaba a punto de estallar colérico.
Llegó el momento de entrada de Simón de Cirene (Jorje) y Will vio que un borrachito gritaba al lado de Pir "Maldito! lo vas a matar... yo cargaré la cruz de mi Señor", y sin más, apartó la mano de Pir y empujó a un lado a Jorge y le dijo a Will: "Mi Cristo, déjeme ayudarle vaya..." y Will en la más feliz improvisación de su vida le dijo "si hombre, aquí está", descargándole en los hombros todas las chimaduras y astillas de la cruz. El borrachito no se inmutó y fue murmurando sus galimatías, en un zigzag apócrifo y estruendoso hasta el Gólgota.
Al pie de la cruz, todo mundo ayudó al Cristo a subir porque se estaba arremolinando la tormenta fija de todo viernes santo y la chicharras ya no se aguantaban. Subió Will entonces, por su propio pie y le amarraron las muñecas. Nada de esta revelación tras bambalinas hizo que la gente perdiera el hilo místico. Las viejitas seguían llorando igual y desde el viejo y cacarachoso megáfono el sacerdote iba marcando el ritmo: "Primera palabra... segunda palabra... tercera palabra..." Al llegar a la séptima palabra Will por fin murió, a lo cual Pir procedió a amarrar en la punta de su lanza una bolsa llena de Sprite que haría las veces del agua que saltaría por un costado de la herida.
Y así fue: fresca y burbujeante la herida fue un surtidor de risas asolapadas que Will miraba desde lo alto con reprobación, moviendo la cabeza y con un ojo entrecerrado. Comenzaron a caer una gotas gordas y pesadas y se hizo la repartición de las ropas con rapidez. Mi tía Tanchito había preparado un cuarto de su casita a modo de cueva, para que lleváramos el cuerpo de Cristo a su reposo previo a la resurrección.
Will pesaba bastante y a cada paso nos tropezábamos, a lo cual Will nos decía: "Cuidadito me dejan caer... cuidadito", pero seguía guardando la compostura de muerto sublime y no descuidaba detalle alguno.
Lo acostamos en el cuartito-cueva, en una cama de petate cubierta con sábanas almidonadas. Yo me quedé junto a Camén (Carlos Manuel Rivera), Damocles, Edwin y Alexis en una esquina del cuarto, discretamente, porque comenzaron a llegar las fieles viejitas, una por una, a dejarle ofrendas y lágrimas al Cristo muerto.
Para nuestra alegría, lo que dejaban a los pies de Will eran jugos de naranja Leyde en envase de cartón, mínimos, bolsas de semitas pelonas, dulces Diana salvadoreños y otras cositas, todas comestibles y oportunas para la hora que era. Afuera comenzó la tormenta, las viejitas tocaron el pie de Will por última vez, se persignaron y salieron aprisa murmurando: "ojalá que la resurrección la hagan en cuadro vivo este año...", sí, quería una segunda parte. Nosotros, apenas salieron, le caímos a la bisutería, glotonamente.
Esa es la imagen que siempre recordaré del Viernes Santo de 1988, una imagen que debí fotografiar de haber tenido una cámara, o pintar de haber tenido la insistencia necesaria en la pintura: Cristo Will rodeado de sus discípulos, ya resucitado, todos hambrientos y riendo con inocencia picaresca a sus pies.
F.E.
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Narrativa
miércoles, 18 de enero de 2012
Pistones - Marlon Ochoa, HND
Julio
despertó a las 9 de la mañana. Aún no había salido el sol. Abrió su ventana de
madera y pudo ver las últimas auroras boreales que se movían como humo entre
las nubes. Oyó a lo lejos el sonido del revólver que disparaba con precisa puntería
a las estrellas que todavía brillaban. La luna se rindió y un momento más tarde
el sol se posó justo al centro del firmamento. Desde hacía varias semanas que al cielo se le habían muerto 7 líneas completas de pixeles
y a Julio le extrañaba profundamente que esto no fuera tema de discusión en el
telediario del meridiano. Sólo habían pasado 10 minutos cuando ya era la 1 de
la tarde. Abrochó los botones de su overol
y saltó de su puerta.
Mientras caía pudo ver cómo los demás trabajadores que
vivían debajo de su contenedor se preparaban para también saltar, vio como los
que aún tenían cabello lo cargaban de gelatina o brillantina para no parecer
escoba de paja al llegar al camión. Él, como la mayoría, había optado por
raparse la cabeza, además que en la cena colectiva no le gustaba figurar entre
el mar de trabajadores por su cabello, el cual no favorecía su timidez al ser
azul, un color poco frecuente entre trabajadores. Cayó en el camión que lo
esperaba debajo de su casa y supo que no era el primero.
Cayó sobre ese judío
alto, de pómulos blancos y sólidos, que vivía 22 pisos debajo de él. Sintió
cómo al caer sobre él le enterraba el codo entre las 2 primeras costillas. Al
parecer se las había quebrado. Julio, como siempre, se había dislocado el
hombro y su brazo rebotaba con una elasticidad de ballestita entre el resto de
cuerpos que habían caído atunizados en los segundos anteriores. No tuvo tiempo de reaccionar cuando unos
segundos más tarde caía sobre su cabeza la barriga de su vecino, desnuda, pues
no había alcanzado a abrocharse bien el overol; el camión arrancaría dentro de
un instante. Cayeron 4 pisos más de hombres y el camión arrancó dejando un
rastro de humo insoportable.
El trayecto era siempre el mismo,el estertor
también, sin embargo, cada vez se oían menos quejidos en el vagón de acero.
Casi todos habían aprendido a soportar el dolor con un estoicismo poco heroico,
sólo cuando la fábrica central había decidido reclutar algún joven y por uno de
esos frecuentes errores burocráticos lo colocaban en un contenedor arriba del
cuarto piso era que se escuchaba esa extraña melodía que no se podía ubicar
entre la muerte de una cucaracha o un tren estrellándose contra un bomba
nuclear. Ese día, sin embargo, todo era silencio y si no fuera por alguno que
otro hueso reacomodándose hábilmente, Julio hubiera vuelto a creer que se había
vuelto sordo, el sonido del escape del camión había sido guardado como se
guarda uno un papel doblado en la camisa. Llegaron y sintió cómo los cuerpos de
los pisos de encima comenzaban a bajar del camión.
El aire se tornaba cada vez
menos denso y finalmente oyó cómo la barriga apostada encima de su cara
comenzaba a despegarse dejando colarse una ráfaga de viento repentino sobre su
cuerpo. A pesar de su hombro logró apoyar su mano sobre la cara del judío y de
un brinco descendía del camión. Se colocó rápidamente en la fila de su sector,
el U-63. Alineadas en el resto del valle se podían ver las filas de los demás
sectores. Todavía faltaban 3 minutos para que abrieran las fauces de la
fábrica, pasaron como pasa un carro en cualquier autopista interestatal. Luego
el reloj marcó las 2 de la tarde. Se comenzó a oír la orquesta industrial de
las cadenas que en estricta ceremonia levantaban las compuertas de aquel dantesco
complejo.
Los trabajadores comenzaron a entrar, de uno en uno, mostrando el
código binario en su nuca. Julio entró repitiendo aquel ballet fordista. Caminó
por el túnel que le correspondía. De los 28 pasillos a la derecha, el de Julio
era el último. Llegó al final de aquel amplio claro semi-curvo y entró
mecánicamente en el arco con rótulo “Diodos y Transitores”. El resto ya habían
comenzado, todavía se veían los cuerpos tambaleantes y resistentes de algunos
colegas. Julio seguía sintiendo el dolor en su hombro. Se paró sobre su silla,
que estaba en la tercera fila y coloco el nudo alrededor de su cuello. Nunca
duraba más de 1 minuto.
Marlon
Ochoa
10:08
pm, 23 de noviembre de 2011
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Narrativa
lunes, 2 de enero de 2012
Monigote especial
El ejército
de ocupación hondureño llevaba días recibiendo informes sobre nuevos elementos
insurgentes con gran capacidad de aguante. “Son inmutables, resistentes e
incluso dispuestos a cargar explosivos dentro de ellos… como los iraquíes”-
dijo el oficial G-2 que dio el informe definitivo previo a que se lanzara el
gran operativo. “Esta es mi gran oportunidad para ser ascendido”, se dijo el
G-2 frotándose las insignias.
Las Fuerzas Especiales
fueron reunidas en el patio del cuartel y alentadas para que no tuvieran
contemplaciones con los terroristas. Les dieron nuevos detalles del tipo “pueden
parecer indingentes y no lo son, pueden cargar hasta cuatro kilogramos de C4 y
además, lo que es más peligroso en ellos… son de mecha corta”. Los soldados lo
entendieron perfectamente: no había lugar a dudas ni por un segundo. Salieron a
la calle y pronto vieron mucha algarabía. Sospechoso, muy sospechoso en un
pueblo tan triste, se dijeron.
Los nervios
aclimatados a la bala viva del batallón les hizo diferenciar qué cosa,
escuchada a lo lejos, era cuete y qué cosa disparo en la nuca. “Algún compañero
sicario debe estar cumpliendo aisladamente su trabajo”, dijo el oficial en voz
alta, para subir la moral de la escuadra, y esta respondió automáticamente
cerrajeando sus nueve milímetros.
Las rocolas y
los equipos de sonido tronaban con la Navidad sin ti de Los Bukis y esto no
hizo más que confirmar la gran estrategia que el G-2 había detectado en la
insurgencia, similar a la utilizada por la guerrilla salvadoreña en los días
previos a la gran ofensiva del 89 en San Salvador. Por eso fue que a la tropa
se le había entrenado rigurosamente en la identificación puntual de las
canciones que podrían ser usadas para ese fin distractivo. Desde las 3 de la
madrugada, los parlantes de las barracas arrancaban el día con el Cangrejito
playero, La muerte del Sambunango, A lo oscuro metí la mano, El africano y muchas otras canciones populares al estilo del
yo no olvido el año viejo.
¡Esas son las
canciones de mecha larga! ¡Cuando las escuchen es que la insurrección va en
camino! gritaba el sargento instructor a los pobres monigotes especiales, y
estos respondían con un portentoso ¡y duro con ellos, duuurooo con ellos,
Señor!! Muy pronto se veían corriendo alrededor del campo, haciendo amagos con
el R-15 y lanzándose contra un espantapájaros que se burlaba de ellos
aguantando la risa. Sí, los campesinos de la zona comenzaron a notar que alguien
estaba desapareciendo sus espantapájaros y si no lo denunciaron fue por purito
miedo, porque también se fue haciendo notoria la aparición de vísceras de trapo
regadas a la orilla de las quebradas y de pelotas de plástico agujereadas por
yataganes.
Los soldados
llegaron a un barrio del sur de la Capital. Bajaron intimidando a los cipotes
con su camuflaje. Las doñitas cerraron las puertas y los del billar no tuvieron
tiempo de meter al subversivo. Eso fue lo que dijeron los testigos después de
que los soldados se lanzaran sobre el muñeco y lo rodearan a puras patadas. ¿Dónde
están los otros, basura? -y el muñeco no decía nada- ¿Dónde fuiste entrenado,
ñángara? –y el muñeco se les quedaba viendo, insondablemente divertido. Y fue
justo el momento en que a uno de los soldados se le ocurrió la trágica idea de
quemarle al muñeco la planta de los pies para que soltara lo que sabía.
Sacó el
encendedor Belmont y lo puso justo donde el papel periódico que hacía de zapato
decía: “Alcalde capitalino prohíbe venta de pólvora”.
Toda la vecindad cerró
las puertas y ventanas cuando comenzó el estallido. Un estallido tan conmovedor
que volatilizó en un segundo a la escuadra anti-subversiva. Las detonaciones
continuaron 45 minutos más; el helicóptero de la policía sobrevoló la zona y
describió lo ocurrido como un atentado en toda su regla. Se desató la
persecución y no quedó muñeco con cabeza en ninguna esquina de barrio o
colonia. Cuando el avispero hubo pasado, la gente comenzó a reír, primero como
una chispita del diablo y luego como una carrera de bombas de feria. La risa
era incontrolable y las cebollas, morteros, volcanes, metralletas, mariposas y
cachinflines se mezclaron al estruendo de los equipos de sonido que repetían
sin descanso el Jugo de piña, El comelón, El comején, Apágame la vela, El
jardinero, La muerte del Sambunango teleño, La pastilla del amor y toda, si,
pero toda la ristra de éxitos de Los bukis.
El aguerrido
comandante G-2 y monigote especial fue ascendido al fin… pero ascendido a los
cielos por el monumental estallido.
F.E.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Bala perdida - Oscar Amaya Armijo, Honduras
BALA PERDIDA
Cuando la bala apareció acortando distancia, el entrecejo abrió sus cauces para que la muerte transitara, sin problema alguno. A lo lejos, arrastrado por el viento, se escuchó el ruido seco, sordo, del hombre que había caído de bruces, sobre el asfalto.
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Narrativa
jueves, 27 de octubre de 2011
Poff, de Darío Cálix, San Pedro Sula
Poff: una gran primera
novela de Darío Cálix
POFF es una novela
“trifurficada” (sé que existes, estúpida palabra, yo soy tu padre) en tres
puntos de arquitectura: Un diario de pesadillas, una bitácora literaria
perturbada, y un apetitoso bosquejo erótico. El conjunto nos revela las
turbaciones que aquejan a un narrador, a un joven escritor, Santiago García, en
el proceso de construcción de la misma novela que leemos. Las herramientas que
utiliza Darío están ahí, al alcance de todos, el sueño, el humor, la ironía, la
música, los garabatos, el desenfado, la simpatía del juego. Sin embargo estas
herramientas en sus manos no se orientan a mostrarnos a un autor pretencioso,
sino al jugador experimental de las letras, al poeta que descubre, no un
camino, sino miles de posibilidades de decisión en el que, quizás nuestra misma
lectura sea equívoca, pero es nuestra propia decisión. La estética que subyace
en POFF es una que reclama el derecho a la expresión propia del autor, a su
ensayo y ejercicio como derecho de libertad en la literatura, y eso es lo que
produce un encanto avasallador… POFF es una novela joven, juvenil, pero madura
y seria en el sentido de lo que implica el juego, la risa, la desacralización.
Lo mejor del texto se
encuentra en las penúltimas páginas, y al igual que otras novelas recientemente
publicadas en la región como Los Inacabados y El mundo es un puñado
de polvo, se observa cierta rotura o fragmentación del discurso narrativo
sostenido con mayor insistencia en cierto onirismo como herramienta clave, lo
mismo que la irrupción de determinada fantasía literaria a la manera de un
frustrado diario autobiográfico en el que la intencionalidad principal, el
asesinato de Charles Bukowski, se ve malogrado por la honesta reflexión de que
no se puede matar aquello que se ama, pero se puede matar,
matándose…despojándose sin piedad del propio ego literario. Es en esta
franqueza en la que la realidad invade el escrito como brasa de realidad
lúdica. El onirismo en la novela no deja de mostrar una insistente intencionalidad
estética, es decir, en la mayoría de las pesadillas se evidencia el símbolo de
la belleza como objeto de deseo, ya sea bajo la forma de una mujer que duerme,
o deja ver su dorso desnudo, o se ofrecen libros dulces, o algunas
conversaciones sobre literatura con Charles Bukoswki. Las irrupciones de
realidad son esporádicas, la mayor parte del tiempo de la novela transcurre en
espacios oníricos que encajan perfectamente con los fragmentos de fantasía
literaria y los recortes de realidad erótica, creando un dinámico collage bajo
la forma de una desquiciada bitácora en la que el personaje principal, el
narrador, nos cuenta con desenfado, con lenguaje rico y desenvuelto, sus
experiencias líricas. Rica, interesante, inteligente, cargada de humor y argumentos
maduros, POFF es sin duda una gran primera novela de Darío Cálix.
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Narrativa
viernes, 14 de octubre de 2011
Misas de a cinco
"Yo no permitiré que a la misa de mi muerto le metan otros que no han pagado preferencialmente"- dicen que dijo la señorona encopetada del pueblo. "Yo quiero la misa sólo para él".
"Imagínense, yo le iba a celebrar los quince años a mi hija con una misa para ella y el padre rezó por casi 5 muertos nuevos..." - dijo una abuela, como si se tratara del tedeum esperado y tirado por la borda a causa de un cura español que ha llegado y que no conoce de respetos a estas cosas.
Comencé a indagar puntualmente acerca de estos detallitos del purgatorio una vez que el recuento de muertos o muertas fue bocadillo y café en la visita a mis amistades en el pueblo. La nostalgia pronto fue volviéndose un sentimiento burocrático y así, los folios y contra-órdenes de la cúpula en la parroquia fueron saliendo a luz, mientras yo recopilaba las contraseñas emotivas del misal y las "eficiencias operativas del nuevo operador eclesiástico", el cura español, por supuesto.
"Antes, con Monseñor, no se deban este tipo de problemas. Él era muy respetuoso y cada muerto tenía toda una misa para él. Pero a medida que la misa diaria de las seis y treinta de la mañana fue escaseando de beatas y beatos, fueron cerrando la iglesia y dando misa sólo un par de días, y así, hasta llegar al domingo como único día de misa". Entonces ahí está la clave -pensé yo-, los muertos fueron acumulándose y algo se atoró en el santificado riel del purgatorio. Se tomaron medidas de urgencia porque muchas almas se fueron desviando y se descarrilaron al infierno, y claro, el español, ducho en la sagrada tradición inquisitorial, dictaminó de manera práctica crear una especie de vagón donde antes existían calesas exclusivas, lo que en las esferas del otro mundo devino en una revolución espiritual, dado el rompimiento abrupto del orden de clase y beatitud.
Ahora, al igual que el logro estratégico de acumular a toda la feligresía los domingos (con el efecto de multitudes que apenas caben en la iglesia), los muertos se miran de reojo, en las bancas de primera fila, y otros, van guindados en las puertas del colectivo, aguantando a como de lugar, el parsimonioso acento catalán de su guía inmisericorde.
F.E.
"Imagínense, yo le iba a celebrar los quince años a mi hija con una misa para ella y el padre rezó por casi 5 muertos nuevos..." - dijo una abuela, como si se tratara del tedeum esperado y tirado por la borda a causa de un cura español que ha llegado y que no conoce de respetos a estas cosas.
Comencé a indagar puntualmente acerca de estos detallitos del purgatorio una vez que el recuento de muertos o muertas fue bocadillo y café en la visita a mis amistades en el pueblo. La nostalgia pronto fue volviéndose un sentimiento burocrático y así, los folios y contra-órdenes de la cúpula en la parroquia fueron saliendo a luz, mientras yo recopilaba las contraseñas emotivas del misal y las "eficiencias operativas del nuevo operador eclesiástico", el cura español, por supuesto.
"Antes, con Monseñor, no se deban este tipo de problemas. Él era muy respetuoso y cada muerto tenía toda una misa para él. Pero a medida que la misa diaria de las seis y treinta de la mañana fue escaseando de beatas y beatos, fueron cerrando la iglesia y dando misa sólo un par de días, y así, hasta llegar al domingo como único día de misa". Entonces ahí está la clave -pensé yo-, los muertos fueron acumulándose y algo se atoró en el santificado riel del purgatorio. Se tomaron medidas de urgencia porque muchas almas se fueron desviando y se descarrilaron al infierno, y claro, el español, ducho en la sagrada tradición inquisitorial, dictaminó de manera práctica crear una especie de vagón donde antes existían calesas exclusivas, lo que en las esferas del otro mundo devino en una revolución espiritual, dado el rompimiento abrupto del orden de clase y beatitud.
Ahora, al igual que el logro estratégico de acumular a toda la feligresía los domingos (con el efecto de multitudes que apenas caben en la iglesia), los muertos se miran de reojo, en las bancas de primera fila, y otros, van guindados en las puertas del colectivo, aguantando a como de lugar, el parsimonioso acento catalán de su guía inmisericorde.
F.E.
viernes, 7 de octubre de 2011
Partiendo a la locura - Martín Cálix, Honduras
De las lecturas prestadas.
(Como un agradecimiento a
Fabricio Estrada y Martín Cálix por compartirme sus talentos)
Por Héctor Efrén Flores, El Progreso - Yoro
Una de las ventajas de
tener amigos artistas, me dijo una vez un amigo, es que puedes tener acceso al
arte casi de forma gratuita. En aquel entonces no le puse mucha atención a la
frase porque a mi juicio el arte debería ser gratuito, ser un bien público y,
además, una herramienta para la transformación social y reivindicación de la
dignidad del ser humano. Claro es que hasta entonces no me había puesto a
pensar en los libros, los cds, las pinturas, las fotos y otro montón de
manifestaciones artistas que me llegan a las manos directamente de sus
creadores y por los cuales no pago un peso, lo cual los convierte en arte
gratis. Después de esa pensadita admito que la frase es bastante apropiada,
pero para mi propio consumo prefiero poner el énfasis en la gracia de tener
amigos artistas y no en la posibilidad de tener arte gratis.
Estos días llegaron a mis
manos dos libros, distintos en si mismos, llenos de genialidad y sobre todo con
la frescura de sus personajes. Me vinieron del horno mismo de sus autores
y con sendas dedicatorias de las que estoy seguro no soy digno, pero que
garantizo a sus creadores esforzarme para no defraudar la confianza que me han
manifestado en tan bonitas palabras.
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Narrativa
martes, 4 de octubre de 2011
El mundo es un puñado de polvo, presentación, miércoles 5, a las 5 en el CCET
Jorge Martínez Mejía, poeta y promotor cultural, nos
sorprende nuevamente con la publicación de su primera novela El mundo es
un puñado de polvo. El narrador desarrolla su obra moviéndose
entre las grandes corrientes de la literatura realista, social
urbana y el realismo sucio, consiguiendo retratar, sin
concesiones, el fenómeno de las pandillas y las maras en Honduras.
La opción estética de Martínez Mejía para
desarrollar su propuesta narrativa le permitió abordar la marginalidad social,
la fatalidad, las vidas que se viven fuera del sistema. Personajes
desintegrados socialmente pero con un sentido de pertenencia al grupo del que
forman parte y con el que se identifican hasta la muerte.
Relato ético-estético en el que los elementos se configuran
con la única ética posible, aquella de quiénes han sido degradados por la
sociedad (En La caída: “Vos te apartás del presupuesto nacional, te hacés a un
lado, pero siempre te tragan, sos un delicado bocadillo rosa, una minúscula
campana avivando la fiesta, un polvillo suave y negro cayendo en la mesa blanca
del canciller que navega en la nube de la fraternité. ”).
En esta narrativa los elementos van configurándose como
en la realidad misma, aparentemente inconexa, artificialmente caótica. Ahí se va
hilando finamente el mundo devastado y hostil en el que viven los jóvenes que
se agregan a las maras. Quedan retratadas las raíces rurales de muchos de sus
integrantes (Mamombella, el origen del Payaso) los profundos lazos con las
madres y las abuelas, pues en esas relaciones signadas por el patriarcado, el
padre está ausente.
El Payaso nos relata, en primera persona, sus recuerdos
infantiles y adolescentes. Sus relaciones familiares y el modo en que estas le
signan. De su padre tiene presente cómo le surgió el odio por el abandono
y a quien culpa por la enfermedad y muerte de su madre. Él es el artífice de
las desgracias de su única y verdadera familia, su madre y su
abuela.
Sin duda Martínez logra recrear los imaginarios de las/os
jóvenes que habitan los barrios marginales, óptimo caldo de cultivo para la
conformación de las maras y pandillas. La mayoría de sus miembras/os provienen
de ese medio natural, del ámbito rural, con una geografía sin
fronteras, de calmados contrastes, en el que imperan tradiciones y
estructuras sociales más sólidas y en el que los cambios no son
rápidos ni profundos y en donde los valores permanecen inmutables.
Las dificultades del transito del campo a la ciudad está
narrado sin artificios, con ternura y poesía. Pone en el escenario las
inciertas estructuras urbanas, sus discontinuidades, el nuevo espacio
arquitectónico que impone conductas antes desconocidas y que reproducen
la alteración en las relaciones interpersonales y con el nuevo medio ambiente.
Estímulos nuevos que le imponen un dinamismo diferente a la vida.
Poco a poco van apareciendo nuevos personajes con una
visión diferente del mundo, en el espacio urbano cambia su destino y se
enfrenta permanentemente a la aventura. Sin aquiescencias de ninguna
índole aborda las asperezas de la vida, ante la violencia desatada en el
ambiente cotidiano de las maras.
La particular atención del autor a la marginación de los
empobrecidos, el abuso de poder, las diferencias de clase, y la
injusticia le dan fuerza al relato. Ante cada nuevo capítulo nos ataca la
incertidumbre, la inevitable sensación de estar de cara a una
aventura. Sin duda el lector se encuentra ante una de las novelas de
carácter social mejor logradas, tanto por su técnica
como por el tratamiento del tiempo y sus intenciones. Enhorabuena
Jorge Martínez Mejía, buenos tiempos para la creación en nuestra Hibueras.
Anarella Vélez
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martes, 6 de septiembre de 2011
Carta a Juan Carlos
Llega la hora, sí, llega la hora compañero Juan Carlos.
Seremos viejos al recordarla pero sabremos cuándo fue la hora en que los
jóvenes sucumbieron o avanzaron.
Algo nos dijo siempre que debíamos estar preparados y que la
crujiente madera y lodo de bahareque aguantaría hasta esta hora. Luego vendrían
muchos brazos a levantar los troncos y toda la casa hincharía su pecho y
hablaría. Vos sabés lo que cuentan las casas que ya no soportan una gota de
lluvia más y sabés, vos lo sabés, cómo se entretiene un niño con los pozos que
se abren a mitad de la cama, en pleno temporal.
Vimos las correntadas que inundaron las calles y también
vimos cómo el sol implacable evaporaba el canto, pero el pueblo no se fue, la
gente que amamos y sufrimos nunca se fue. Tan solo espera dentro de las casitas
con un dibujo de Allan junto a una estampa de la virgen. Doña Ángela, por
ejemplo, entendió por fin la combinación del rojo y el negro y ahora pinta su
pared con ellos: negro para la noche y rojo para el día, me dice. Don Manuel
–cuando bebe- ya no grita más vivas al partido liberal sino que se desgañita
con lágrimas de gas y océano con toda la fe puesta en un “Viva el Frente hijos
de puta!!”.
Y yo no sé cómo imaginábamos la hora, Juan Carlos. ¿Qué cosa
iba a salir de tanto dolor acumulado y sueños apaleados? No teníamos más que a
nuestros cipotes esperándonos y con esa preguntadera del por qué sangraban
nuestras cabezas y del por qué la tía Sonia tosía tanto al regresar de las
calles. “Nos pijiaron, chiquitos, nos pijiaron los chepos malditos y nadie
sabía cómo empuñar un arma…” Era sólo la impotencia, como esa matita que no
termina de quitarse las piedras de encima para darnos su fruto, como esa vez en
que mamá se bañó tempranito para salir a una cita laboral que nunca le dieron y
regresó llorando, mordiéndose los labios y jurando que la próxima vez le
reventaba la cara a ese imbécil que le insinuó algo para darle la chambita.
Juan Carlos: se nos pasa el tiempo y en el pueblo nos
preguntan de qué lado está soplando el viento, que cuándo estaremos dispuestos
para una lucha más… y vos sabés que a la lucha nos llamó el hambre y el hambre
es eterna como un palo de carao, torcida como su vaina, así que es fácil
contestarles, escribirles, cantarles: la lucha, compitas, es para toda la vida
y la vida nos ha hecho hermanos, hermanas de una sangre nueva que baja en
correntadas a través de nuestros sueños.
Los minutos pasan, Juan Carlos, como una inmensa multitud, y
nuestro tiempo, va con ella, con el pueblo.
F.E.
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Narrativa
lunes, 5 de septiembre de 2011
190 - Fabricio Estrada
Matusalén perdió la memoria al llegar a los 190 años de
edad. No recordaba el por qué le celebraban. Aseguraba ser un joven demasiado
triste que no podía ir al ritmo de los tambores. Pero eso no importaba.
Atronaba la marcha y su corazón era aporreado como un bombo destemplado.
Pidió permiso para entrar y ver los desfiles. Eran miles
las banderitas que se habían mandado a imprimir y otras miles las que se
amontonaban solitarias a la orilla del asfalto, recalentado y viscoso como una
batea de dulce. Hacía un clima infernal y fue por ello que se le vio quitarse
la túnica y quedar tan solo con un taparrabo bíblico estampado de estrellas
azules. Todo era fanfarria. Las moscas zumbaban y aún no aparecía el primer
colegio.
Decidido a no perderse las palillonas, Matusalén se abrió
paso a punta de hedor y piojos, a lo cual la muchedumbre se fue apartando como
un mar domesticado hasta cederle un privilegiado puesto libre de incomodidades
y acechanzas. Era bueno esto de ser un viejo despreciado e indigente que ha
visto pasar más de 8 millones de personas ante sus ojos, año con año, todos disfrazados
de botones de hotel, de dueños de circo o de atrevidas domadoras de leones. Matusalén
era un león, entonces, un viejo león que necesitaba del látigo para volver a
vivir y de la micro falda para morir tranquilo. Y por supuesto que tendría eso
de sobra, y banderas gigantes y cadetes de cuerda y de “señoras y señores: este año nos sentimos más libres e independientes
que en ningún otro momento, hoy elevamos un altar a la patria…” y las
piernas iban más arriba, y los bastones giraban y quedaban enganchados en el
cableado…
No tuvo que esperar más. El primer colegio comenzó a
aproximarse. Los niños venían como nube. Los padres, desde las aceras
controlaban los hilos... los niños eran barriletes disputados por los pájaros
de Hitchcock. Era el desfile, las palillonas miniaturas, las minutas raspadas
del hielo más profundo del alma. Porque era frío lo que sentía Matusalén, aún y
cuando a su alrededor los soldados caían desmayados por el sol. Pasaron. Todos
y todas pasaron rodeados de policías. Y hubo una risa congelada en él cuando la
poca gente se fue en tropel tras el último colegio y a lo lejos, la otra
marcha, dejaba escuchar su prolongado y gigantesco grito de furia, parecido a
un mar que revienta en la costa.
¿Eso fue todo? Preguntaba Matusalén, y recordaba que cada
año se hacia la misma pregunta y cada año era testigo del cómo la gente era
corrida a escobazos o bañada a presión por la miona. Este año me celebraron
demasiado rápido, se dijo. Estiró las piernas, chequeó la agenda de su BB y
salió del palco, muy bien custodiado por sus guardaespaldas y por el enorme
cordón de seguridad que rodeaba el estadio, completamente vacío.
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viernes, 26 de agosto de 2011
Lunes o martes - Virginia Wolf
Pintura: Maritza Álvarez
Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...
Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?
Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.
Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?
Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?
Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.
FIN
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miércoles, 16 de marzo de 2011
La medida - F.E.
Totalmente empapado de sudor y con la mula partida por mitad,
Jesús Aguilar Paz decidió descansar en la punta de uno de los cerros de la
Cordillera de Dipilto. Había completado su largo recorrido por el territorio
hondureño y le ganaba la ansiedad de comunicar vía telégrafo los resultados de
una empresa cartográfica que le llevó18 años de su vida.
Bajó al pueblo más cercano y dictó al telegrafista: ¡Al fin
un mapa de Honduras! ¡Habemus mapa!, ¡Honduras tiene 112,088 km2!. El
telegrafista lo miró desconcertado, agarró valor y le preguntó ¿Eso cuánto es
en leguas? A Don Jesús se le quebró la alegría y espetó al telegrafista ¡Usted
sólo transmita lo que le digo!
En Juticalpa recibieron el mensaje, convocaron a la plaza
central y anunciaron: un tal Jesús Aguilar atravesó en mula Honduras y dice que
por fin sabremos cómo se ve Honduras desde el cielo, cuánta distancia hay entre
una y otra ciudad y dónde están ubicados los pueblos. ¿Y cuánto es que mide
esto? –preguntó un parroquiano, y el alcalde dijo: “Ah pues son como tres
millones de varas, más o menos”. Se guardó un silencio de tabernáculo y de esa
forma se dispersó la noticia, de casa en casa, de viajero en viajero y de
entendimiento a entendimiento.
En susurros (porque no se quería caer en la evidencia de
ignorancia) se sacaron cálculos de lo que por primera vez le daba espacio
físico a Honduras. En Corquín, las fuerzas vivas hicieron recorrer un bando que
aseguraba: “Nuestro país mide, según lo estipulado por el sistema de medidas de
nuestros reales archivos, alrededor de 890 mil caballerías, por lo tanto por esa
medida nos regiremos”.
En Trujillo, la gente se enteró que el primer telegrafista
había preguntado por leguas y consideraron que tenía lógica, porque para ellos,
sólo la antigua legua náutica española podía entenderse, así que se aventuraron
en la conversión de 20 mil leguas náuticas. Y nadie los sacó de ahí.
Don Jesús se enteró de lo que estaba pasando cuando, minutos
antes de dar la conferencia de prensa, un grupo bastante fuerte de Cholutecas
entró en tropel a la sala del Salón de Espejos de la Presidencial, gritando que
nadie iba pasar encima de ellos en cuanto a medir su querido terruño, y mucho
menos un citadino armado con estrafalarios aparatitos de bronce; que estaban
dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias hasta que no se rectificara
que la única medida para medir a Honduras era el codo bíblico con que Salomón
construyó el templo de Jerusalem.
Las cosas se fueron calentando y alcanzó su paroxismo cuando
un viejo francés, que según decían alcanzaba la asombrosa edad de 114 años, expresó:
“Mon cheri pueblo de Honduras, no hay motivos para alterarse… mi padre vivió la
Revolución Francesa y ahí se estableció el sistema métrico decimal… se eliminó
el pie de rey, las peonias, el estadio, las fanegas, el estadal, el jeme… pero
¿cuál es la confusión?
“¡Y este franchute qué se cree!!” gritaron por todos lados,
“¡Anda medile el sepulcro a Napoleón!” espetaron los del ala reaccionaria, “¡Este
va pisteado con Don Jesús!”, espetaron los del ala subliminal, y a partir de
ese momento, todos los espejos fueron rotos, las cortinas rasgadas, los adornos
frutales pisoteados. Un enorme mapa de Honduras que Don Jesús había impreso
fiado, fue despedazado, dándose la extraña coincidencia que sus partes intactas
y aún reconocibles mostraban, con letra primorosamente escritas, una tal aldea
Palmerola, la bahía de Trujillo, el Valle de El Zamorano, Islas de la Bahía, La
Mosquitia, el Valle del Aguán, La Isla del Cisne y el Golfo de Fonseca.
Don Jesús recogió los pedazos y lloró sin consuelo. Al verlo
en ese estado, el embajador gringo se le acercó, y dándole palmaditas en los
hombros trataba de calmarlo diciéndole, suavemente: “Take it easy, Mister Chuy,
take it easy, esta gente no entender, take it easy, yo estoy con usted..”
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jueves, 10 de marzo de 2011
El último vuelo del Discovery
Graves problemas técnicos han hecho que el Discovery desvíe su ruta y aparezca sobre los cielos de Honduras, en su último vuelo.
Los asesinos dejan en suspenso el puñal cuando sobre sus cabezas, la bien cebada orca espacial, da un giro brusco como el acometido por el ovni de Tunguska, baja el tren de aterrizaje y pide al control aéreo del Toncontín permiso para aterrizar. Se desata el pánico entre las autoridades al darse cuenta que la pista es demasiado corta y que la visibilidad es la de un sauna tribal.
A alguien se le ocurre la feliz idea de entablar contacto con el comando aéreo que controla las narcopistas de Copán, Dulce Nombre de Culmí y del Mocorón. Solícitos, los narco-operadores colaboran haciendo una llamada al Ministro de Seguridad y, por un día, como tregua para no perderse el admirable descenso del transbordador, ordenan que ninguna avioneta aterrice en ninguna de las pistas clandestinas y que todo el personal de tierra procedan a cortar a ras el zacate del camuflaje diario.
El Comandante de Vuelo del legendario aparato, urge a la torre de control por instrucciones precisas.
El controlador aéreo suda la gota gorda y vuelve a llamar al staff de las narcopistas. Estos no pueden disimular su incomodidad, se empinan la última Chivas Reagal y salen hacia Tocoa, a reunión de crisis.
En Tocoa es convocado Roberto Micheletti, quien no duda en dar su grito de guerra para demostrar lo orgulloso que se siente de que Honduras reciba en su sacro seno patrio al Discovery. "¡Viva Honduras, viva Honduras, viva Honduras!" - carraspea, y luego les expresa que el colaborará mandando una docena de caterpilar a la intersección de Sabá, y que por lo tanto, se deben girar instrucciones al Discovery para que reoriente su ruta, que él mismo los estará esperando con el Botox Team de confianza. Armida López da un comedido salto de entusiasmo, toma su celular satelital y habla con su hermano en Colombia para oportuna consejería.
Pero un nuevo imprevisto ha surgido: desde Zacate Grande, Miguel Facussé ha llamado y pide que se considere que el Discovery aterrice en la isla, ya que el lugar ha sido dichosamente limpiado de sus incómodos habitantes y que además, se tienen todas las condiciones necesarias para que apenas aterrice, la tripulación sea conducida a las mansiones de Coyolito para ser masajeados por el mismísimo Rafael Leonardo Callejas.
El combustible del transbordador lanza su primera alerta. Los controles comienzan a sentir la vibración de lo nefasto. Ricardo Álvarez entra en pugna y convoca a sus regidores, quienes en coro y a su alrededor expresan: "Tegucigalpa no puede quedarse atrás ya que cuenta con su propio aeropuerto internacional". Vuelve a ser trazada una nueva ruta mientras las fuerzas vivas de la capital preparan una kermesse para la recepción. El Comandante del Discovery informa que un espejo gigantesco les está quitando visivilidad. La torre de control investiga y Mario Canahuati explica el fenómeno: desde San Pedro Sula, los maquiladores han unido esfuerzos junto a los sicarios, que en número de 20 mil, ayudan a levantar la enorme dentadura de oro de Jaime Rosenthal para lanzar un morse lumínico a la nave.
El Gobierno de la Unidad Nacional no encuentra la solución y apenas logra enlazar una cadena nacional televisiva y radial donde se detalla la historia de antiguas bienvenidas, entre las que destacan la llegada de Lindbergh, la llegada del Papa y el regreso de la Selección Nacional de Fútbol de España 82. Nadie sabe dónde aterrizará el Discovery pero abajo, el mercado negro, lanza a la venta llaveritos con la estampa de la nave, postales de Roberto Suazo Córdova en su lejana visita a Cabo Cañaveral, DVDs del Cardenal Rodríguez durante su investidura en El vaticano (...) y una extensa variedad de juguetes alusivos entre los cuales destaca un yoyo de luces con el rostro de Obama estampado sobre barras y estrellas.
Houston, we have a problem, Houston we have a problem!!!! Pero Houston no recibe el desesperado mensaje de la tripulación. La zona de bloqueo de celulares del la Penitenciería Nacional de Támara ha bloqueado también la señal del Discovery. La nave vaga a la deriva, se dirige a una zona de aproximación que el Google Earth identifica como Cerro de Hula. Todas las luces rojas están encendidas, los controles no responden... El radar enmudece... el transbordador se ha estrellado.
El último vuelo del Discovery fue en Honduras. (Enciclopedia Británica, Edición del año 2121)
Fabricio Estrada
Sabanagrande en FM
Los asesinos dejan en suspenso el puñal cuando sobre sus cabezas, la bien cebada orca espacial, da un giro brusco como el acometido por el ovni de Tunguska, baja el tren de aterrizaje y pide al control aéreo del Toncontín permiso para aterrizar. Se desata el pánico entre las autoridades al darse cuenta que la pista es demasiado corta y que la visibilidad es la de un sauna tribal.
A alguien se le ocurre la feliz idea de entablar contacto con el comando aéreo que controla las narcopistas de Copán, Dulce Nombre de Culmí y del Mocorón. Solícitos, los narco-operadores colaboran haciendo una llamada al Ministro de Seguridad y, por un día, como tregua para no perderse el admirable descenso del transbordador, ordenan que ninguna avioneta aterrice en ninguna de las pistas clandestinas y que todo el personal de tierra procedan a cortar a ras el zacate del camuflaje diario.
El Comandante de Vuelo del legendario aparato, urge a la torre de control por instrucciones precisas.
El controlador aéreo suda la gota gorda y vuelve a llamar al staff de las narcopistas. Estos no pueden disimular su incomodidad, se empinan la última Chivas Reagal y salen hacia Tocoa, a reunión de crisis.
En Tocoa es convocado Roberto Micheletti, quien no duda en dar su grito de guerra para demostrar lo orgulloso que se siente de que Honduras reciba en su sacro seno patrio al Discovery. "¡Viva Honduras, viva Honduras, viva Honduras!" - carraspea, y luego les expresa que el colaborará mandando una docena de caterpilar a la intersección de Sabá, y que por lo tanto, se deben girar instrucciones al Discovery para que reoriente su ruta, que él mismo los estará esperando con el Botox Team de confianza. Armida López da un comedido salto de entusiasmo, toma su celular satelital y habla con su hermano en Colombia para oportuna consejería.
Pero un nuevo imprevisto ha surgido: desde Zacate Grande, Miguel Facussé ha llamado y pide que se considere que el Discovery aterrice en la isla, ya que el lugar ha sido dichosamente limpiado de sus incómodos habitantes y que además, se tienen todas las condiciones necesarias para que apenas aterrice, la tripulación sea conducida a las mansiones de Coyolito para ser masajeados por el mismísimo Rafael Leonardo Callejas.
El combustible del transbordador lanza su primera alerta. Los controles comienzan a sentir la vibración de lo nefasto. Ricardo Álvarez entra en pugna y convoca a sus regidores, quienes en coro y a su alrededor expresan: "Tegucigalpa no puede quedarse atrás ya que cuenta con su propio aeropuerto internacional". Vuelve a ser trazada una nueva ruta mientras las fuerzas vivas de la capital preparan una kermesse para la recepción. El Comandante del Discovery informa que un espejo gigantesco les está quitando visivilidad. La torre de control investiga y Mario Canahuati explica el fenómeno: desde San Pedro Sula, los maquiladores han unido esfuerzos junto a los sicarios, que en número de 20 mil, ayudan a levantar la enorme dentadura de oro de Jaime Rosenthal para lanzar un morse lumínico a la nave.
El Gobierno de la Unidad Nacional no encuentra la solución y apenas logra enlazar una cadena nacional televisiva y radial donde se detalla la historia de antiguas bienvenidas, entre las que destacan la llegada de Lindbergh, la llegada del Papa y el regreso de la Selección Nacional de Fútbol de España 82. Nadie sabe dónde aterrizará el Discovery pero abajo, el mercado negro, lanza a la venta llaveritos con la estampa de la nave, postales de Roberto Suazo Córdova en su lejana visita a Cabo Cañaveral, DVDs del Cardenal Rodríguez durante su investidura en El vaticano (...) y una extensa variedad de juguetes alusivos entre los cuales destaca un yoyo de luces con el rostro de Obama estampado sobre barras y estrellas.
Houston, we have a problem, Houston we have a problem!!!! Pero Houston no recibe el desesperado mensaje de la tripulación. La zona de bloqueo de celulares del la Penitenciería Nacional de Támara ha bloqueado también la señal del Discovery. La nave vaga a la deriva, se dirige a una zona de aproximación que el Google Earth identifica como Cerro de Hula. Todas las luces rojas están encendidas, los controles no responden... El radar enmudece... el transbordador se ha estrellado.
El último vuelo del Discovery fue en Honduras. (Enciclopedia Británica, Edición del año 2121)
Fabricio Estrada
Sabanagrande en FM
lunes, 7 de marzo de 2011
Sabanagrande: please don´t go
Bajo al empedrado y automáticamente el aire se llena del zumbido de los chiquirines. La foto saldrá quemada cuando junto a Esteban seamos silueta en la tarde. Necho está en la misma esquina y sabe que he vuelto. De lejos levanta la mano a modo de saludo y sin embargo, el gesto me devuelve un faro que vi caer estremecido por olas en blanco y negro, allá, por 1984.
La misma música y las puertas cerradas. No está el circo pero un parlante azul cobalto ha soportado 25 años en el mismo lugar y aún Please don´t go es el hit de temporada. Sabanagrande cada cuatro meses, Sabanagrande en cada giro de la noria. Soy ese hilo sanguíneo en retroceso hasta la misma hoja en que García Márquez explicó lo latinoamericano.
Esteban se guía por mis recuerdos y de tanto en tanto se siente perdido. Uno de mis recuerdos parecía sueño: la vaca se resistía a entrar al rastro y yo le torcía le cola hasta quebrársela. Así se apresuró buscando un dolor menos agudo. La tibieza de la sangre cayendo despacio daba sueño a todos, hipnosis, rito. Rafael el de Elvira vuelve a saciarse del mismo cuenco rebosante de sangre caliente, nos mira a los ojos y dice "tómenla calientita para que vaya con la misma temperatura de su sangre y así se hagan más fuertes."
El acre olor del burril hace de incienso de todas las tardes juntas. Burril y ocote rajado, burril y polvo de estante, burril y aserrín con chapas de cerveza en el piso, burril y alcohol de octavo, burril y sudor de las yeguas bajo los sacos de cuero. Todo es acre y aquí vuelve. Incluso el agua vieja de los pozos malacates, mezcla de verde y troncos podridos.
Hemos visitado fantasmas pero no encontramos los guacales matrushkas dispuestos en tachuelas de menos a mayor. El guacal más grande era impresionante porque uno se retaba a llenarlo de agua y bebérselo sin respirar. El guacal entonces era respiración, la medida de los pulmones o de la gula de frescura. Luego, jamás imaginábamos que las hamacas desaparecerían.
Bajo al empedrado entonces, y automáticamente, los chiquirines estallan en lamentos, salutaciones, zumbidos.
La misma música y las puertas cerradas. No está el circo pero un parlante azul cobalto ha soportado 25 años en el mismo lugar y aún Please don´t go es el hit de temporada. Sabanagrande cada cuatro meses, Sabanagrande en cada giro de la noria. Soy ese hilo sanguíneo en retroceso hasta la misma hoja en que García Márquez explicó lo latinoamericano.
Esteban se guía por mis recuerdos y de tanto en tanto se siente perdido. Uno de mis recuerdos parecía sueño: la vaca se resistía a entrar al rastro y yo le torcía le cola hasta quebrársela. Así se apresuró buscando un dolor menos agudo. La tibieza de la sangre cayendo despacio daba sueño a todos, hipnosis, rito. Rafael el de Elvira vuelve a saciarse del mismo cuenco rebosante de sangre caliente, nos mira a los ojos y dice "tómenla calientita para que vaya con la misma temperatura de su sangre y así se hagan más fuertes."
El acre olor del burril hace de incienso de todas las tardes juntas. Burril y ocote rajado, burril y polvo de estante, burril y aserrín con chapas de cerveza en el piso, burril y alcohol de octavo, burril y sudor de las yeguas bajo los sacos de cuero. Todo es acre y aquí vuelve. Incluso el agua vieja de los pozos malacates, mezcla de verde y troncos podridos.
Hemos visitado fantasmas pero no encontramos los guacales matrushkas dispuestos en tachuelas de menos a mayor. El guacal más grande era impresionante porque uno se retaba a llenarlo de agua y bebérselo sin respirar. El guacal entonces era respiración, la medida de los pulmones o de la gula de frescura. Luego, jamás imaginábamos que las hamacas desaparecerían.
Bajo al empedrado entonces, y automáticamente, los chiquirines estallan en lamentos, salutaciones, zumbidos.
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jueves, 3 de marzo de 2011
Consejo Espacial
Se convoca a todas las fuerzas oscuras a discutir sobre el avance incontrolable de las fuerzas resplandecientes.
Favor, hacer su salto al híper espacio acompañados de su espada láser y de los oscuros manejos de la telepatía jedi. ¿Se nos olvida algo? Traer su aprendíz de mago lo suficientemente ducho en la autocompasión, virtud fundamental para aspirar a ser caballero y no despotricar, ni hacer smoshing sobre la cabeza de la concurrencia.
Se aconseja traer a Chewaka como traductor fino y a C3P0 como cachiporrista salvaje. Los delegados deberán provenir de Tatooine y haber sido inscritos en el mundo anillo con sello oficial y demás estampillas intergalácticas.
No se admitirán lenguajes parsec ni binarios, sólo se tratarán temas bajo el protocolo reconocido por los clones.
El parqueo de su astronaves estará habilitado después del séptimo destello de Nébula Solfa. No se admitirán pre-chequeos anti gravitatorios. Protocolo de asistencia 20TNM-2009.
Amenizarán los polichicos del bar Mulkac con versiones ingrávidas de Zappa y Kraftwerk.
Agenda acordada:
1- Extemporaneidad dimensional en fase 3
2- Motores pulsar y los problemas del tráfico lunar
3- Saurón como dialéctica reconocida
4- Amnesia durante la criogenización
5- Exploración egomultipolar en condiciones desfavorables
6- Conducción motora en ámbitos doble vía electoral
7- Amerizaje en lagunas psico-históricas
8-Aprovechamiento de la teoría de las súper cuerdas en el tránsito por los agujeros de gusano
9- Limbo autónomo
10- Tristeza post launcher (vértigo infinitesimal -prolongación del vacío)
Aprobado.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Bukowski: La chica más guapa de la ciudad
Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero v serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo, y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio.
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viernes, 22 de octubre de 2010
Vitrubio según un oficial de Inteligencia de la Policía Nacional de Honduras
De lo que piensa en silencio un oficial de la PNH mientras recibe clases de humanismo en el marco del Programa de Modernización de la Justicia. Honduras 2010
“Vitrubio el arquitecto, dice en su obra sobre arquitectura (Por razones del aprendizaje diré “sobre las formas del dolor”) que la naturaleza distribuye las medidas del cuerpo humano como sigue (atención, aplicar): que 4 dedos hacen 1 palma, y 4 palmas hacen 1 pie (los instrumentos aplicados en las palmas y en la planta del pie desesperan), 6 palmas hacen 1 codo (pulverizar con almádana los codos como método de ablandamiento) , 4 codos hacen la altura del hombre (la altura del hombre se mide según la información que posea). Y 4 codos hacen 1 paso, y que 24 palmas hacen un hombre (ante uno no hay un hombre, no hay nadie. Es una bestia comunista); y estas medidas son las que él usaba en sus edilicios.
Si separas la piernas lo suficiente (el suplicio en las piernas es muy efectivo para minar la psiquis del ñángara. Preferible acompañar con frases del tipo “no volverás a caminar”) como para que tu altura disminuya 1/14 y estiras y subes los hombros hasta que los dedos estén al nivel del borde superior de tu cabeza (alzar con cables que puedan pasar electricidad), has de saber que el centro geométrico de tus extremidades separadas estará situado en tu ombligo (las agujas son muy efectivas en esta área) y que el espacio entre las piernas será un triángulo equilátero. La longitud de los brazos extendidos de un hombre es igual a su altura (a estas alturas, el perro ya debe ir cantando).
Desde el nacimiento del pelo hasta la punta de la barbilla es la décima parte de la altura de un hombre; desde la punta de la barbilla a la parte superior de la cabeza es un octavo de su estatura (aislando completamente al comunista se logrará en él un sentimiento de abandono); desde la parte superior del pecho al extremo de su cabeza será un sexto de un hombre (la idea es disminuirlo, sí, hacerlo sentir basura perdida). Desde la parte superior del pecho al nacimiento del pelo será la séptima parte del hombre completo. Desde los pezones a la parte de arriba de la cabeza será la cuarta parte del hombre (aplicar la picana en los pezones).
La anchura mayor de los hombros contiene en sí misma la cuarta parte de un hombre. Desde el codo a la punta de la mano será la quinta parte del hombre (su resistencia, llegado al punto de los cortes en las axilas, estará derrumbándose); y desde el codo al ángulo de la axila será la octava parte del hombre. La mano completa será la décima parte del hombre; el comienzo de los genitales marca la mitad del hombre (ya no podrá tener alta la moral una vez que se le aplique el torniquete en los genitales).
El pie es la séptima parte del hombre. Desde la planta del pie hasta debajo de la rodilla será la cuarta parte del hombre (preguntarle, parte por parte, sin perder la paciencia, por dónde están entrando los petrodólares de Chávez). Desde debajo de la rodilla al comienzo de los genitales será la cuarta parte del hombre. La distancia desde la parte inferior de la barbilla a la nariz y desde el nacimiento del pelo a las cejas es, en cada caso, la misma, y, como la oreja, una tercera parte del rostro» (Si ya no canta, pegarle un tiro bajo el hipotálamo. Ir a tirar lo más lejos. Coordinar con Relaciones Públicas para informar a los medios sobre el encuentro de un cadáver de marero).
(Texto original previo a la transliteración: Comentarios a Vitrubio, del Signore Da Vinci)
jueves, 21 de octubre de 2010
Conversaciones en Tegucigolpe
Foto: Chaliobala ®Primera Toma (alguien vende barriletes de octubre en la esquina de la catedral grafiteada, justo al lado de la pinta Cardenal= Yahaira)
- Ajá vos, cómo te va.
-Pues aquís vos, viendo qué hacer
- ¿ Y en qué proyectos andás? (la plaza está repleta de gente con proyectos. Unos se acurrucan, otros miran hacia las azoteas buscando algo indefinible)
- Pues aquí vos, esto está frito. Antes por lo menos el Ministerio de Educación me compraba 300 libros y así me la pasaba mientras hacía otras cosas.
- ¿Y ahora?
- Vieras qué jodida está la cosa... apenas me compraron 35, lo que significa que de 35 libros divididos entre 14 mil centros escolares del país le irán tocando a cada niño dos letras, a lo sumo una oración...
- Pucha!
Segunda toma (fila en el banco):
- Señor, pase de un solo a la fila de la tercera edad. De aquí no nos movemos pasada una hora, hay un resto de gente.
(El anciano mira con suspicacia a su alrededor, mientras le digo lo anterior)
- mmmmm- me responde.
-Mire que a usted lo atienden rápidito...
- Es que no me conviene- me dice en voz queda-, no, no me conviene...
-¿Por? - insisto.
(El anciano está echándole ojitos a una colegiala que está adelante. Se sonroja.)
- Pues... es que no me conviene, le digo.
Ríe.
Tercera toma (puesto de libros usados, frente a la pasarela de las chicas de la noche):
(Veo los títulos: El Mio Cid, El corazón es un cazador solitario... ¿cómo es que esos libros siempre están en venta de usados? Agarro La perla de Steinback y bajo un libro de economía aplicada de los años 60, encuentro Color Naval del poeta hondureño Jaime Fontana, casi un incunable.)
- ¿A cuánto éste? -le pregunto.
- ¿Y ése de qué es? -me responde.
- Pues de poesía...
- (...) -replica- enseñe a ver...
- ¿ajá, y entonces? lo abanderillo ( el hombre sopesa la pasta, le da vuelta a las páginas, hace una mueca de hastío.
- Deme 25
- 20 le doy
- Vaya pues
..."Te conocí en el vértice nervioso de una ola/
en la frontera móvil entre el ave y la sal..."
F.E.
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viernes, 8 de octubre de 2010
Nobel para Llosa
¿Y por qué no? Fascio irredento pero por igual, es un gusto leer a Heidegger. Si no era este año podría ser en cualquier otro de los que venía, así como pudo ser en cualquiera de los anteriores.Mario Vargas Llosa es una de esas construcciones intelectuales que pone a prueba nuestra capacidad de indagar las razones de la literatura, y eso ya es suficiente. Bienvenido el nobel para este enorme escritor, que en gran parte, es fundador de la imaginación para muchos que iniciamos la lectura de novelas con El Cachorro.
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