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jueves, 12 de abril de 2012

Sobre Puertos abiertos y Puertas abiertas

http://www.elnuevodiario.com.ni/suplemento/nuevoamanecer/1828_puertas-abiertas-y-puertos-abiertos

El Nuevo Diario de Nicaragua le concede a Miguel Huezo Mixco (El Salvador) una reseña sobre estas antologías dirigidas por Sergio Ramírez.

viernes, 6 de abril de 2012

Viernes Santo de 1988, Sabanagrande


Will se había concentrado a conciencia y Pir más que ningún otro de los soldados. Will era Cristo y Pir el centurión, Gayo Casio, a cargo del flagelamiento. Por alguna razón alguien creyó que el peso de la cruz debía ser auténtico para ver el sufrimiento real en Will, aunque éste no lo supiera hasta que sintió que no podía... pero la gente sí que quería.

Para aumentar los problemas de Will estaban cada una de las piedras donde rebotaba la popa de la pesada cruz. Sabanagrande, siempre forrada de piedras, era parte del martirio. Y así comenzó el "cuadro vivo" de la crucifixión de ese año. Las doñitas comenzaron a llorar de inmediato y se cubrían la cara con sus huipiles, rezaban mientras Pir, cada vez más metido en el personaje, le daba latigazos al Cristo surgido de entre nosotros. "Ya no le pegués, mal nacido, ya noo", decía una viejita, pero Pir era inconmovible y Will estaba a punto de estallar colérico.

Llegó el momento de entrada de Simón de Cirene (Jorje) y Will vio que un borrachito gritaba al lado de Pir "Maldito! lo vas a matar... yo cargaré la cruz de mi Señor", y sin más, apartó la mano de Pir y empujó a un lado a Jorge y le dijo a Will: "Mi Cristo, déjeme ayudarle vaya..." y Will en la más feliz improvisación de su vida le dijo "si hombre, aquí está", descargándole en los hombros todas las chimaduras y astillas de la cruz. El borrachito no se inmutó y fue murmurando sus galimatías, en un zigzag apócrifo y estruendoso hasta el Gólgota.
Al pie de la cruz, todo mundo ayudó al Cristo a subir porque se estaba arremolinando la tormenta fija de todo viernes santo y la chicharras ya no se aguantaban. Subió Will entonces, por su propio pie y le amarraron las muñecas. Nada de esta revelación tras bambalinas hizo que la gente perdiera el hilo místico. Las viejitas seguían llorando igual y desde el viejo y cacarachoso megáfono el sacerdote iba marcando el ritmo: "Primera palabra... segunda palabra... tercera palabra..." Al llegar a la séptima palabra Will por fin murió, a lo cual Pir procedió a amarrar en la punta de su lanza una bolsa llena de Sprite que haría las veces del agua que saltaría por un costado de la herida.

Y así fue: fresca y burbujeante la herida fue un surtidor de risas asolapadas que Will miraba desde lo alto con reprobación, moviendo la cabeza y con un ojo entrecerrado. Comenzaron a caer una gotas gordas y pesadas y se hizo la repartición de las ropas con rapidez. Mi tía Tanchito había preparado un cuarto de su casita a modo de cueva, para que lleváramos el cuerpo de Cristo a su reposo previo a la resurrección.
Will pesaba bastante y a cada paso nos tropezábamos, a lo cual Will nos decía: "Cuidadito me dejan caer... cuidadito", pero seguía guardando la compostura de muerto sublime y no descuidaba detalle alguno.
Lo acostamos en el cuartito-cueva, en una cama de petate cubierta con sábanas almidonadas. Yo me quedé junto a Camén (Carlos Manuel Rivera), Damocles, Edwin y Alexis en una esquina del cuarto, discretamente, porque comenzaron a llegar las fieles viejitas, una por una, a dejarle ofrendas y lágrimas al Cristo muerto.

Para nuestra alegría, lo que dejaban a los pies de Will eran jugos de naranja Leyde en envase de cartón, mínimos, bolsas de semitas pelonas, dulces Diana salvadoreños y otras cositas, todas comestibles y oportunas para la hora que era. Afuera comenzó la tormenta, las viejitas tocaron el pie de Will por última vez, se persignaron y salieron aprisa murmurando: "ojalá que la resurrección la hagan en cuadro vivo este año...", sí, quería una segunda parte. Nosotros, apenas salieron, le caímos a la bisutería, glotonamente.

Esa es la imagen que siempre recordaré del Viernes Santo de 1988, una imagen que debí fotografiar de haber tenido una cámara, o pintar de haber tenido la insistencia necesaria en la pintura: Cristo Will rodeado de sus discípulos, ya resucitado, todos hambrientos y riendo con inocencia picaresca a sus pies.

F.E.



miércoles, 18 de enero de 2012

Pistones - Marlon Ochoa, HND


Julio despertó a las 9 de la mañana. Aún no había salido el sol. Abrió su ventana de madera y pudo ver las últimas auroras boreales que se movían como humo entre las nubes. Oyó a lo lejos el sonido del revólver que disparaba con precisa puntería a las estrellas que todavía brillaban. La luna se rindió y un momento más tarde el sol se posó justo al centro del firmamento. Desde hacía varias semanas que al cielo se le habían muerto 7 líneas completas de pixeles y a Julio le extrañaba profundamente que esto no fuera tema de discusión en el telediario del meridiano. Sólo habían pasado 10 minutos cuando ya era la 1 de la tarde.  Abrochó los botones de su overol y saltó de su puerta. 

Mientras caía pudo ver cómo los demás trabajadores que vivían debajo de su contenedor se preparaban para también saltar, vio como los que aún tenían cabello lo cargaban de gelatina o brillantina para no parecer escoba de paja al llegar al camión. Él, como la mayoría, había optado por raparse la cabeza, además que en la cena colectiva no le gustaba figurar entre el mar de trabajadores por su cabello, el cual no favorecía su timidez al ser azul, un color poco frecuente entre trabajadores. Cayó en el camión que lo esperaba debajo de su casa y supo que no era el primero. 

Cayó sobre ese judío alto, de pómulos blancos y sólidos, que vivía 22 pisos debajo de él. Sintió cómo al caer sobre él le enterraba el codo entre las 2 primeras costillas. Al parecer se las había quebrado. Julio, como siempre, se había dislocado el hombro y su brazo rebotaba con una elasticidad de ballestita entre el resto de cuerpos que habían caído atunizados en los segundos anteriores.  No tuvo tiempo de reaccionar cuando unos segundos más tarde caía sobre su cabeza la barriga de su vecino, desnuda, pues no había alcanzado a abrocharse bien el overol; el camión arrancaría dentro de un instante. Cayeron 4 pisos más de hombres y el camión arrancó dejando un rastro de humo insoportable. 

El trayecto era siempre el mismo,el estertor también, sin embargo, cada vez se oían menos quejidos en el vagón de acero. Casi todos habían aprendido a soportar el dolor con un estoicismo poco heroico, sólo cuando la fábrica central había decidido reclutar algún joven y por uno de esos frecuentes errores burocráticos lo colocaban en un contenedor arriba del cuarto piso era que se escuchaba esa extraña melodía que no se podía ubicar entre la muerte de una cucaracha o un tren estrellándose contra un bomba nuclear. Ese día, sin embargo, todo era silencio y si no fuera por alguno que otro hueso reacomodándose hábilmente, Julio hubiera vuelto a creer que se había vuelto sordo, el sonido del escape del camión había sido guardado como se guarda uno un papel doblado en la camisa. Llegaron y sintió cómo los cuerpos de los pisos de encima comenzaban a bajar del camión. 

El aire se tornaba cada vez menos denso y finalmente oyó cómo la barriga apostada encima de su cara comenzaba a despegarse dejando colarse una ráfaga de viento repentino sobre su cuerpo. A pesar de su hombro logró apoyar su mano sobre la cara del judío y de un brinco descendía del camión. Se colocó rápidamente en la fila de su sector, el U-63. Alineadas en el resto del valle se podían ver las filas de los demás sectores. Todavía faltaban 3 minutos para que abrieran las fauces de la fábrica, pasaron como pasa un carro en cualquier autopista interestatal. Luego el reloj marcó las 2 de la tarde. Se comenzó a oír la orquesta industrial de las cadenas que en estricta ceremonia levantaban las compuertas de aquel dantesco complejo. 

Los trabajadores comenzaron a entrar, de uno en uno, mostrando el código binario en su nuca. Julio entró repitiendo aquel ballet fordista. Caminó por el túnel que le correspondía. De los 28 pasillos a la derecha, el de Julio era el último. Llegó al final de aquel amplio claro semi-curvo y entró mecánicamente en el arco con rótulo “Diodos y Transitores”. El resto ya habían comenzado, todavía se veían los cuerpos tambaleantes y resistentes de algunos colegas. Julio seguía sintiendo el dolor en su hombro. Se paró sobre su silla, que estaba en la tercera fila y coloco el nudo alrededor de su cuello. Nunca duraba más de 1 minuto.
Marlon Ochoa
10:08 pm, 23 de noviembre de 2011

lunes, 2 de enero de 2012

Monigote especial


El ejército de ocupación hondureño llevaba días recibiendo informes sobre nuevos elementos insurgentes con gran capacidad de aguante. “Son inmutables, resistentes e incluso dispuestos a cargar explosivos dentro de ellos… como los iraquíes”- dijo el oficial G-2 que dio el informe definitivo previo a que se lanzara el gran operativo. “Esta es mi gran oportunidad para ser ascendido”, se dijo el G-2 frotándose las insignias.

Las Fuerzas Especiales fueron reunidas en el patio del cuartel y alentadas para que no tuvieran contemplaciones con los terroristas. Les dieron nuevos detalles del tipo “pueden parecer indingentes y no lo son, pueden cargar hasta cuatro kilogramos de C4 y además, lo que es más peligroso en ellos… son de mecha corta”. Los soldados lo entendieron perfectamente: no había lugar a dudas ni por un segundo. Salieron a la calle y pronto vieron mucha algarabía. Sospechoso, muy sospechoso en un pueblo tan triste, se dijeron.
Los nervios aclimatados a la bala viva del batallón les hizo diferenciar qué cosa, escuchada a lo lejos, era cuete y qué cosa disparo en la nuca. “Algún compañero sicario debe estar cumpliendo aisladamente su trabajo”, dijo el oficial en voz alta, para subir la moral de la escuadra, y esta respondió automáticamente cerrajeando sus nueve milímetros.

Las rocolas y los equipos de sonido tronaban con la Navidad sin ti de Los Bukis y esto no hizo más que confirmar la gran estrategia que el G-2 había detectado en la insurgencia, similar a la utilizada por la guerrilla salvadoreña en los días previos a la gran ofensiva del 89 en San Salvador. Por eso fue que a la tropa se le había entrenado rigurosamente en la identificación puntual de las canciones que podrían ser usadas para ese fin distractivo. Desde las 3 de la madrugada, los parlantes de las barracas arrancaban el día con el Cangrejito playero, La muerte del Sambunango, A lo oscuro metí la mano, El africano y  muchas otras canciones populares al estilo del yo no olvido el año viejo.

¡Esas son las canciones de mecha larga! ¡Cuando las escuchen es que la insurrección va en camino! gritaba el sargento instructor a los pobres monigotes especiales, y estos respondían con un portentoso ¡y duro con ellos, duuurooo con ellos, Señor!! Muy pronto se veían corriendo alrededor del campo, haciendo amagos con el R-15 y lanzándose contra un espantapájaros que se burlaba de ellos aguantando la risa. Sí, los campesinos de la zona comenzaron a notar que alguien estaba desapareciendo sus espantapájaros y si no lo denunciaron fue por purito miedo, porque también se fue haciendo notoria la aparición de vísceras de trapo regadas a la orilla de las quebradas y de pelotas de plástico agujereadas por yataganes.

Los soldados llegaron a un barrio del sur de la Capital. Bajaron intimidando a los cipotes con su camuflaje. Las doñitas cerraron las puertas y los del billar no tuvieron tiempo de meter al subversivo. Eso fue lo que dijeron los testigos después de que los soldados se lanzaran sobre el muñeco y lo rodearan a puras patadas. ¿Dónde están los otros, basura? -y el muñeco no decía nada- ¿Dónde fuiste entrenado, ñángara? –y el muñeco se les quedaba viendo, insondablemente divertido. Y fue justo el momento en que a uno de los soldados se le ocurrió la trágica idea de quemarle al muñeco la planta de los pies para que soltara lo que sabía.
Sacó el encendedor Belmont y lo puso justo donde el papel periódico que hacía de zapato decía: “Alcalde capitalino prohíbe venta de pólvora”. 

Toda la vecindad cerró las puertas y ventanas cuando comenzó el estallido. Un estallido tan conmovedor que volatilizó en un segundo a la escuadra anti-subversiva. Las detonaciones continuaron 45 minutos más; el helicóptero de la policía sobrevoló la zona y describió lo ocurrido como un atentado en toda su regla. Se desató la persecución y no quedó muñeco con cabeza en ninguna esquina de barrio o colonia. Cuando el avispero hubo pasado, la gente comenzó a reír, primero como una chispita del diablo y luego como una carrera de bombas de feria. La risa era incontrolable y las cebollas, morteros, volcanes, metralletas, mariposas y cachinflines se mezclaron al estruendo de los equipos de sonido que repetían sin descanso el Jugo de piña, El comelón, El comején, Apágame la vela, El jardinero, La muerte del Sambunango teleño, La pastilla del amor y toda, si, pero toda la ristra de éxitos de Los bukis.

El aguerrido comandante G-2 y monigote especial fue ascendido al fin… pero ascendido a los cielos por el monumental estallido.

F.E.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Bala perdida - Oscar Amaya Armijo, Honduras


BALA PERDIDA

                                                           Oscar Amaya Armijo
 
Cuando la bala apareció acortando distancia, el entrecejo abrió  sus cauces para que la muerte transitara, sin problema alguno. A lo lejos, arrastrado por el viento, se escuchó el ruido seco, sordo, del hombre que había caído de bruces, sobre el asfalto.

                                                              A Ramón Custodio López

jueves, 27 de octubre de 2011

Poff, de Darío Cálix, San Pedro Sula


Poff: una gran primera novela de Darío Cálix

POFF es una novela “trifurficada” (sé que existes, estúpida palabra, yo soy tu padre) en tres puntos de arquitectura: Un diario de pesadillas, una bitácora literaria perturbada, y un apetitoso bosquejo erótico. El conjunto nos revela las turbaciones que aquejan a un narrador, a un joven escritor, Santiago García, en el proceso de construcción de la misma novela que leemos. Las herramientas que utiliza Darío están ahí, al alcance de todos, el sueño, el humor, la ironía, la música, los garabatos, el desenfado, la simpatía del juego. Sin embargo estas herramientas en sus manos no se orientan a mostrarnos a un autor pretencioso, sino al jugador experimental de las letras, al poeta que descubre, no un camino, sino miles de posibilidades de decisión en el que, quizás nuestra misma lectura sea equívoca, pero es nuestra propia decisión. La estética que subyace en POFF es una que reclama el derecho a la expresión propia del autor, a su ensayo y ejercicio como derecho de libertad en la literatura, y eso es lo que produce un encanto avasallador… POFF es una novela joven, juvenil, pero madura y seria en el sentido de lo que implica el juego, la risa, la desacralización.

Lo mejor del texto se encuentra en las penúltimas páginas, y al igual que otras novelas recientemente publicadas en la región como Los Inacabados y El mundo es un puñado de polvo, se observa cierta rotura o fragmentación del discurso narrativo sostenido con mayor insistencia en cierto onirismo como herramienta clave, lo mismo que la irrupción de determinada fantasía literaria a la manera de un frustrado diario autobiográfico en el que la intencionalidad principal, el asesinato de Charles Bukowski, se ve malogrado por la honesta reflexión de que no se puede matar aquello que se ama, pero se puede matar, matándose…despojándose sin piedad del propio ego literario. Es en esta franqueza en la que la realidad invade el escrito como brasa de realidad lúdica. El onirismo en la novela no deja de mostrar una insistente intencionalidad estética, es decir, en la mayoría de las pesadillas se evidencia el símbolo de la belleza como objeto de deseo, ya sea bajo la forma de una mujer que duerme, o deja ver su dorso desnudo, o se ofrecen libros dulces, o algunas conversaciones sobre literatura con Charles Bukoswki. Las irrupciones de realidad son esporádicas, la mayor parte del tiempo de la novela transcurre en espacios oníricos que encajan perfectamente con los fragmentos de fantasía literaria y los recortes de realidad erótica, creando un dinámico collage bajo la forma de una desquiciada bitácora en la que el personaje principal, el narrador, nos cuenta con desenfado, con lenguaje rico y desenvuelto, sus experiencias líricas. Rica, interesante, inteligente, cargada de humor y argumentos maduros, POFF es sin duda una gran primera novela de Darío Cálix.

La hermandad de la uva, SPS

viernes, 14 de octubre de 2011

Misas de a cinco

"Yo no permitiré que a la misa de mi muerto le metan otros que no han pagado preferencialmente"- dicen que dijo la señorona encopetada del pueblo. "Yo quiero la misa sólo para él".

"Imagínense, yo le iba a celebrar los quince años a mi hija con una misa para ella y el padre rezó por casi 5 muertos nuevos..." - dijo una abuela, como si se tratara del tedeum esperado y tirado por la borda a causa de un cura español que ha llegado y que no conoce de respetos a estas cosas.


Comencé a indagar puntualmente acerca de estos detallitos del purgatorio una vez que el recuento de muertos o muertas fue bocadillo y café en la visita a mis amistades en el pueblo. La nostalgia pronto fue volviéndose un sentimiento burocrático y así, los folios y contra-órdenes de la cúpula en la parroquia fueron saliendo a luz, mientras yo recopilaba las contraseñas emotivas del misal y las "eficiencias operativas del nuevo operador eclesiástico", el cura español, por supuesto.

"Antes, con Monseñor, no se deban este tipo de problemas. Él era muy respetuoso y cada muerto tenía toda una misa para él. Pero a medida que la misa diaria de las seis y treinta de la mañana fue escaseando de beatas y beatos, fueron cerrando la iglesia y dando misa sólo un par de días, y así, hasta llegar al domingo como único día de misa". Entonces ahí está la clave -pensé yo-, los muertos fueron acumulándose y algo se atoró en el santificado riel del purgatorio. Se tomaron medidas de urgencia porque muchas almas se fueron desviando y se descarrilaron al infierno, y claro, el español, ducho en la sagrada tradición inquisitorial, dictaminó de manera práctica crear una especie de vagón donde antes existían calesas exclusivas, lo que en las esferas del otro mundo devino en una revolución espiritual, dado el rompimiento abrupto del orden de clase y beatitud.

Ahora, al igual que el logro estratégico de acumular a toda la feligresía los domingos (con el efecto de multitudes que apenas caben en la iglesia), los muertos se miran de reojo, en las bancas de primera fila, y otros, van guindados en las puertas del colectivo, aguantando a como de lugar, el parsimonioso acento catalán de su guía inmisericorde.


F.E.

viernes, 7 de octubre de 2011

Partiendo a la locura - Martín Cálix, Honduras




De las lecturas prestadas.

(Como un agradecimiento a Fabricio Estrada y Martín Cálix por compartirme sus talentos)

Por Héctor Efrén Flores, El Progreso - Yoro

Una de las ventajas de tener amigos artistas, me dijo una vez un amigo, es que puedes tener acceso al arte casi de forma gratuita. En aquel entonces no le puse mucha atención a la frase porque a mi juicio el arte debería ser gratuito, ser un bien público y, además, una herramienta para la transformación social y reivindicación de la dignidad del ser humano. Claro es que hasta entonces no me había puesto a pensar en los libros, los cds, las pinturas, las fotos y  otro montón de manifestaciones artistas que me llegan a las manos directamente de sus creadores y por los cuales no pago un peso, lo cual los convierte en arte gratis. Después de esa pensadita admito que la frase es bastante apropiada, pero para mi propio consumo prefiero poner el énfasis en la gracia de tener amigos artistas y no en la posibilidad de tener arte gratis.

Estos días llegaron a mis manos dos libros, distintos en si mismos, llenos de genialidad y sobre todo con la  frescura de sus personajes. Me vinieron del horno mismo de sus autores y con sendas dedicatorias de las que estoy seguro no soy digno, pero que garantizo a sus creadores esforzarme para no defraudar la confianza que me han manifestado en tan bonitas palabras.

martes, 4 de octubre de 2011

El mundo es un puñado de polvo, presentación, miércoles 5, a las 5 en el CCET




Jorge Martínez Mejía, poeta y promotor cultural, nos sorprende nuevamente con la publicación de su primera  novela El mundo es un puñado de polvo.  El  narrador desarrolla su obra moviéndose  entre  las grandes corrientes de la literatura realista,   social urbana y el  realismo sucio,   consiguiendo  retratar, sin concesiones,   el fenómeno de las pandillas y las maras en Honduras.

La opción estética de Martínez Mejía  para desarrollar su propuesta narrativa le permitió abordar la marginalidad social, la fatalidad, las vidas que se viven fuera del sistema.  Personajes desintegrados socialmente pero con un sentido de pertenencia al grupo del que forman parte y con el que se identifican hasta la muerte.

Relato ético-estético en el que los elementos se configuran con la única ética posible, aquella de quiénes  han sido degradados por la sociedad (En La caída: “Vos te apartás del presupuesto nacional, te hacés a un lado, pero siempre te tragan, sos un delicado bocadillo rosa, una minúscula campana avivando la fiesta, un polvillo suave y negro cayendo en la mesa blanca del canciller que navega en la nube de la fraternité. ”).

En esta narrativa los elementos van configurándose como en la realidad misma, aparentemente inconexa, artificialmente caótica. Ahí se va hilando finamente el mundo devastado y hostil en el que viven los jóvenes que se agregan a las maras. Quedan retratadas las raíces rurales de muchos de sus integrantes (Mamombella, el origen del Payaso) los profundos lazos con las madres y las abuelas, pues en esas relaciones signadas por el patriarcado, el padre está ausente.

El Payaso nos relata, en primera persona, sus recuerdos infantiles y adolescentes. Sus relaciones familiares y el modo en que estas le signan. De su padre tiene  presente cómo le surgió el odio por el abandono y a quien culpa por la enfermedad y muerte de su madre. Él es el artífice de las desgracias de su  única y verdadera familia,  su madre y su abuela.

Sin duda Martínez logra recrear los imaginarios de las/os jóvenes que habitan los barrios marginales, óptimo caldo de cultivo para la conformación de las maras y pandillas. La mayoría de sus miembras/os provienen de ese medio natural,   del ámbito rural, con una geografía sin fronteras,  de calmados contrastes, en el que imperan  tradiciones y estructuras sociales más sólidas y  en el que los cambios no son  rápidos ni profundos y en donde los valores permanecen inmutables.

Las dificultades del transito del campo a la ciudad está narrado sin artificios, con ternura y poesía. Pone en el escenario las inciertas estructuras urbanas, sus discontinuidades,  el nuevo espacio arquitectónico que impone  conductas antes desconocidas y que reproducen la alteración en las relaciones interpersonales y con el nuevo medio ambiente.   Estímulos nuevos que le imponen un dinamismo diferente a la vida.

Poco a poco van apareciendo nuevos personajes con una visión diferente del mundo,  en el espacio urbano cambia su destino y se enfrenta permanentemente a la aventura.  Sin aquiescencias de ninguna índole  aborda las asperezas de la vida, ante la violencia desatada en el ambiente cotidiano de las maras.

La particular atención del autor a  la marginación de los empobrecidos, el abuso de poder,  las diferencias de clase, y la injusticia le dan fuerza al relato.  Ante cada nuevo capítulo nos ataca la incertidumbre, la inevitable sensación de estar de  cara a  una aventura. Sin duda el lector se encuentra  ante una de las novelas de carácter social mejor logradas,  tanto   por  su técnica como por  el tratamiento del tiempo y  sus intenciones. Enhorabuena Jorge Martínez Mejía, buenos tiempos para la creación en nuestra Hibueras.

Anarella Vélez

martes, 6 de septiembre de 2011

Carta a Juan Carlos



Llega la hora, sí, llega la hora compañero Juan Carlos. Seremos viejos al recordarla pero sabremos cuándo fue la hora en que los jóvenes sucumbieron o avanzaron.

Algo nos dijo siempre que debíamos estar preparados y que la crujiente madera y lodo de bahareque aguantaría hasta esta hora. Luego vendrían muchos brazos a levantar los troncos y toda la casa hincharía su pecho y hablaría. Vos sabés lo que cuentan las casas que ya no soportan una gota de lluvia más y sabés, vos lo sabés, cómo se entretiene un niño con los pozos que se abren a mitad de la cama, en pleno temporal.

Vimos las correntadas que inundaron las calles y también vimos cómo el sol implacable evaporaba el canto, pero el pueblo no se fue, la gente que amamos y sufrimos nunca se fue. Tan solo espera dentro de las casitas con un dibujo de Allan junto a una estampa de la virgen. Doña Ángela, por ejemplo, entendió por fin la combinación del rojo y el negro y ahora pinta su pared con ellos: negro para la noche y rojo para el día, me dice. Don Manuel –cuando bebe- ya no grita más vivas al partido liberal sino que se desgañita con lágrimas de gas y océano con toda la fe puesta en un “Viva el Frente hijos de puta!!”.

Y yo no sé cómo imaginábamos la hora, Juan Carlos. ¿Qué cosa iba a salir de tanto dolor acumulado y sueños apaleados? No teníamos más que a nuestros cipotes esperándonos y con esa preguntadera del por qué sangraban nuestras cabezas y del por qué la tía Sonia tosía tanto al regresar de las calles. “Nos pijiaron, chiquitos, nos pijiaron los chepos malditos y nadie sabía cómo empuñar un arma…” Era sólo la impotencia, como esa matita que no termina de quitarse las piedras de encima para darnos su fruto, como esa vez en que mamá se bañó tempranito para salir a una cita laboral que nunca le dieron y regresó llorando, mordiéndose los labios y jurando que la próxima vez le reventaba la cara a ese imbécil que le insinuó algo para darle la chambita.

Juan Carlos: se nos pasa el tiempo y en el pueblo nos preguntan de qué lado está soplando el viento, que cuándo estaremos dispuestos para una lucha más… y vos sabés que a la lucha nos llamó el hambre y el hambre es eterna como un palo de carao, torcida como su vaina, así que es fácil contestarles, escribirles, cantarles: la lucha, compitas, es para toda la vida y la vida nos ha hecho hermanos, hermanas de una sangre nueva que baja en correntadas a través de nuestros sueños.

Los minutos pasan, Juan Carlos, como una inmensa multitud, y nuestro tiempo, va con ella, con el pueblo.

F.E.

lunes, 5 de septiembre de 2011

190 - Fabricio Estrada



Matusalén perdió la memoria al llegar a los 190 años de edad. No recordaba el por qué le celebraban. Aseguraba ser un joven demasiado triste que no podía ir al ritmo de los tambores. Pero eso no importaba. Atronaba la marcha y su corazón era aporreado como un bombo destemplado.

Pidió permiso para entrar y ver los desfiles. Eran miles las banderitas que se habían mandado a imprimir y otras miles las que se amontonaban solitarias a la orilla del asfalto, recalentado y viscoso como una batea de dulce. Hacía un clima infernal y fue por ello que se le vio quitarse la túnica y quedar tan solo con un taparrabo bíblico estampado de estrellas azules. Todo era fanfarria. Las moscas zumbaban y aún no aparecía el primer colegio.

Decidido a no perderse las palillonas, Matusalén se abrió paso a punta de hedor y piojos, a lo cual la muchedumbre se fue apartando como un mar domesticado hasta cederle un privilegiado puesto libre de incomodidades y acechanzas. Era bueno esto de ser un viejo despreciado e indigente que ha visto pasar más de 8 millones de personas ante sus ojos, año con año, todos disfrazados de botones de hotel, de dueños de circo o de atrevidas domadoras de leones. Matusalén era un león, entonces, un viejo león que necesitaba del látigo para volver a vivir y de la micro falda para morir tranquilo. Y por supuesto que tendría eso de sobra, y banderas gigantes y cadetes de cuerda y de “señoras y señores: este año nos sentimos más libres e independientes que en ningún otro momento, hoy elevamos un altar a la patria…” y las piernas iban más arriba, y los bastones giraban y quedaban enganchados en el cableado…

No tuvo que esperar más. El primer colegio comenzó a aproximarse. Los niños venían como nube. Los padres, desde las aceras controlaban los hilos... los niños eran barriletes disputados por los pájaros de Hitchcock. Era el desfile, las palillonas miniaturas, las minutas raspadas del hielo más profundo del alma. Porque era frío lo que sentía Matusalén, aún y cuando a su alrededor los soldados caían desmayados por el sol. Pasaron. Todos y todas pasaron rodeados de policías. Y hubo una risa congelada en él cuando la poca gente se fue en tropel tras el último colegio y a lo lejos, la otra marcha, dejaba escuchar su prolongado y gigantesco grito de furia, parecido a un mar que revienta en la costa.

¿Eso fue todo? Preguntaba Matusalén, y recordaba que cada año se hacia la misma pregunta y cada año era testigo del cómo la gente era corrida a escobazos o bañada a presión por la miona. Este año me celebraron demasiado rápido, se dijo. Estiró las piernas, chequeó la agenda de su BB y salió del palco, muy bien custodiado por sus guardaespaldas y por el enorme cordón de seguridad que rodeaba el estadio, completamente vacío. 

viernes, 26 de agosto de 2011

Lunes o martes - Virginia Wolf


Pintura: Maritza Álvarez

Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...

Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?

Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles. 
Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?

Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?

Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.

FIN

miércoles, 16 de marzo de 2011

La medida - F.E.




Totalmente empapado de sudor y con la mula partida por mitad, Jesús Aguilar Paz decidió descansar en la punta de uno de los cerros de la Cordillera de Dipilto. Había completado su largo recorrido por el territorio hondureño y le ganaba la ansiedad de comunicar vía telégrafo los resultados de una empresa cartográfica que le llevó18 años de su vida.

Bajó al pueblo más cercano y dictó al telegrafista: ¡Al fin un mapa de Honduras! ¡Habemus mapa!, ¡Honduras tiene 112,088 km2!. El telegrafista lo miró desconcertado, agarró valor y le preguntó ¿Eso cuánto es en leguas? A Don Jesús se le quebró la alegría y espetó al telegrafista ¡Usted sólo transmita lo que le digo!

En Juticalpa recibieron el mensaje, convocaron a la plaza central y anunciaron: un tal Jesús Aguilar atravesó en mula Honduras y dice que por fin sabremos cómo se ve Honduras desde el cielo, cuánta distancia hay entre una y otra ciudad y dónde están ubicados los pueblos. ¿Y cuánto es que mide esto? –preguntó un parroquiano, y el alcalde dijo: “Ah pues son como tres millones de varas, más o menos”. Se guardó un silencio de tabernáculo y de esa forma se dispersó la noticia, de casa en casa, de viajero en viajero y de entendimiento a entendimiento.

En susurros (porque no se quería caer en la evidencia de ignorancia) se sacaron cálculos de lo que por primera vez le daba espacio físico a Honduras. En Corquín, las fuerzas vivas hicieron recorrer un bando que aseguraba: “Nuestro país mide, según lo estipulado por el sistema de medidas de nuestros reales archivos, alrededor de 890 mil caballerías, por lo tanto por esa medida nos regiremos”.

En Trujillo, la gente se enteró que el primer telegrafista había preguntado por leguas y consideraron que tenía lógica, porque para ellos, sólo la antigua legua náutica española podía entenderse, así que se aventuraron en la conversión de 20 mil leguas náuticas. Y nadie los sacó de ahí.

Don Jesús se enteró de lo que estaba pasando cuando, minutos antes de dar la conferencia de prensa, un grupo bastante fuerte de Cholutecas entró en tropel a la sala del Salón de Espejos de la Presidencial, gritando que nadie iba pasar encima de ellos en cuanto a medir su querido terruño, y mucho menos un citadino armado con estrafalarios aparatitos de bronce; que estaban dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias hasta que no se rectificara que la única medida para medir a Honduras era el codo bíblico con que Salomón construyó el templo de Jerusalem.

Las cosas se fueron calentando y alcanzó su paroxismo cuando un viejo francés, que según decían alcanzaba la asombrosa edad de 114 años, expresó: “Mon cheri pueblo de Honduras, no hay motivos para alterarse… mi padre vivió la Revolución Francesa y ahí se estableció el sistema métrico decimal… se eliminó el pie de rey, las peonias, el estadio, las fanegas, el estadal, el jeme… pero ¿cuál es la confusión?

“¡Y este franchute qué se cree!!” gritaron por todos lados, “¡Anda medile el sepulcro a Napoleón!” espetaron los del ala reaccionaria, “¡Este va pisteado con Don Jesús!”, espetaron los del ala subliminal, y a partir de ese momento, todos los espejos fueron rotos, las cortinas rasgadas, los adornos frutales pisoteados. Un enorme mapa de Honduras que Don Jesús había impreso fiado, fue despedazado, dándose la extraña coincidencia que sus partes intactas y aún reconocibles mostraban, con letra primorosamente escritas, una tal aldea Palmerola, la bahía de Trujillo, el Valle de El Zamorano, Islas de la Bahía, La Mosquitia, el Valle del Aguán, La Isla del Cisne y el Golfo de Fonseca.

Don Jesús recogió los pedazos y lloró sin consuelo. Al verlo en ese estado, el embajador gringo se le acercó, y dándole palmaditas en los hombros trataba de calmarlo diciéndole, suavemente: “Take it easy, Mister Chuy, take it easy, esta gente no entender, take it easy, yo estoy con usted..”

jueves, 10 de marzo de 2011

El último vuelo del Discovery

Graves problemas técnicos han hecho que el Discovery desvíe su ruta y aparezca sobre los cielos de Honduras, en su último vuelo.

Los asesinos dejan en suspenso el puñal cuando sobre sus cabezas, la bien cebada orca espacial, da un giro brusco como el acometido por el ovni de Tunguska, baja el tren de aterrizaje y pide al control aéreo del Toncontín permiso para aterrizar. Se desata el pánico entre las autoridades al darse cuenta que la pista es demasiado corta y que la visibilidad es la de un sauna tribal.
A alguien se le ocurre la feliz idea de entablar contacto con el comando aéreo que controla las narcopistas de Copán, Dulce Nombre de Culmí y del Mocorón. Solícitos, los narco-operadores colaboran haciendo una llamada al Ministro de Seguridad y, por un día, como tregua para no perderse el admirable descenso del transbordador, ordenan que ninguna avioneta aterrice en ninguna de las pistas clandestinas y que todo el personal de tierra procedan a cortar a ras el zacate del camuflaje diario.

El Comandante de Vuelo del legendario aparato, urge a la torre de control por instrucciones precisas.
El controlador aéreo suda la gota gorda y vuelve a llamar al staff de las narcopistas. Estos no pueden disimular su incomodidad, se empinan la última Chivas Reagal y salen hacia Tocoa, a reunión de crisis.

En Tocoa es convocado Roberto Micheletti, quien no duda en dar su grito de guerra para demostrar lo orgulloso que se siente de que Honduras reciba en su sacro seno patrio al Discovery. "¡Viva Honduras, viva Honduras, viva Honduras!" - carraspea, y luego les expresa que el colaborará mandando una docena de caterpilar a la intersección de Sabá, y que por lo tanto, se deben girar instrucciones al Discovery para que reoriente su ruta, que él mismo los estará esperando con el Botox Team de confianza. Armida López da un comedido salto de entusiasmo, toma su celular satelital y habla con su hermano en Colombia para oportuna consejería.

Pero un nuevo imprevisto ha surgido: desde Zacate Grande, Miguel Facussé ha llamado y pide que se considere que el Discovery aterrice en la isla, ya que el lugar ha sido dichosamente limpiado de sus incómodos habitantes y que además, se tienen todas las condiciones necesarias para que apenas aterrice, la tripulación sea conducida a las mansiones de Coyolito para ser masajeados por el mismísimo Rafael Leonardo Callejas.

El combustible del transbordador lanza su primera alerta. Los controles comienzan a sentir la vibración de lo nefasto. Ricardo Álvarez entra en pugna y convoca a sus regidores, quienes en coro y a su alrededor expresan: "Tegucigalpa no puede quedarse atrás ya que cuenta con su propio aeropuerto internacional". Vuelve a ser trazada una nueva ruta mientras las fuerzas vivas de la capital preparan una kermesse para la recepción. El Comandante del Discovery informa que un espejo gigantesco les está quitando visivilidad. La torre de control investiga y Mario Canahuati explica el fenómeno: desde San Pedro Sula, los maquiladores han unido esfuerzos junto a los sicarios, que en número de 20 mil, ayudan a levantar la enorme dentadura de oro de Jaime Rosenthal para lanzar un morse lumínico a la nave.

El Gobierno de la Unidad Nacional no encuentra la solución y apenas logra enlazar una cadena nacional televisiva y radial donde se detalla la historia de antiguas bienvenidas, entre las que destacan la llegada de Lindbergh, la llegada del Papa y el regreso de la Selección Nacional de Fútbol de España 82. Nadie sabe dónde aterrizará el Discovery pero abajo, el mercado negro, lanza a la venta llaveritos con la estampa de la nave, postales de Roberto Suazo Córdova en su lejana visita a Cabo Cañaveral, DVDs del Cardenal Rodríguez durante su investidura en El vaticano (...) y una extensa variedad de juguetes alusivos entre los cuales destaca un yoyo de luces con el rostro de Obama estampado sobre barras y estrellas.

Houston, we have a problem, Houston we have a problem!!!! Pero Houston no recibe el desesperado mensaje de la tripulación. La zona de bloqueo de celulares del la Penitenciería Nacional de Támara ha bloqueado también la señal del Discovery. La nave vaga a la deriva, se dirige a una zona de aproximación que el Google Earth identifica como Cerro de Hula. Todas las luces rojas están encendidas, los controles no responden... El radar enmudece... el transbordador se ha estrellado.

El último vuelo del Discovery fue en Honduras. (Enciclopedia Británica, Edición del año 2121)


Fabricio Estrada
Sabanagrande en FM


lunes, 7 de marzo de 2011

Sabanagrande: please don´t go

Bajo al empedrado y automáticamente el aire se llena del zumbido de los chiquirines. La foto saldrá quemada cuando junto a Esteban seamos silueta en la tarde. Necho está en la misma esquina y sabe que he vuelto. De lejos levanta la mano a modo de saludo y sin embargo, el gesto me devuelve un faro que vi caer estremecido por olas en blanco y negro, allá, por 1984.

La misma música y las puertas cerradas. No está el circo pero un parlante azul cobalto ha soportado 25 años en el mismo lugar y aún Please don´t go es el hit de temporada. Sabanagrande cada cuatro meses, Sabanagrande en cada giro de la noria. Soy ese hilo sanguíneo en retroceso hasta la misma hoja en que García Márquez explicó lo latinoamericano.

Esteban se guía por mis recuerdos y de tanto en tanto se siente perdido. Uno de mis recuerdos parecía sueño: la vaca se resistía a entrar al rastro y yo le torcía le cola hasta quebrársela. Así se apresuró buscando un dolor menos agudo. La tibieza de la sangre cayendo despacio daba sueño a todos, hipnosis, rito. Rafael el de Elvira vuelve a saciarse del mismo cuenco rebosante de sangre caliente, nos mira a los ojos y dice "tómenla calientita para que vaya con la misma temperatura de su sangre y así se hagan más fuertes."

El acre olor del burril hace de incienso de todas las tardes juntas. Burril y ocote rajado, burril y polvo de estante, burril y aserrín con chapas de cerveza en el piso, burril y alcohol de octavo, burril y sudor de las yeguas bajo los sacos de cuero. Todo es acre y aquí vuelve. Incluso el agua vieja de los pozos malacates, mezcla de verde y troncos podridos.

Hemos visitado fantasmas pero no encontramos los guacales matrushkas dispuestos en tachuelas de menos a mayor. El guacal más grande era impresionante porque uno se retaba a llenarlo de agua y bebérselo sin respirar. El guacal entonces era respiración, la medida de los pulmones o de la gula de frescura. Luego, jamás imaginábamos que las hamacas desaparecerían.
Bajo al empedrado entonces, y automáticamente, los chiquirines estallan en lamentos, salutaciones, zumbidos.




jueves, 3 de marzo de 2011

Consejo Espacial


Se convoca a todas las fuerzas oscuras a discutir sobre el avance incontrolable de las fuerzas resplandecientes.

Favor, hacer su salto al híper espacio acompañados de su espada láser y de los oscuros manejos de la telepatía jedi. ¿Se nos olvida algo? Traer su aprendíz de mago lo suficientemente ducho en la autocompasión, virtud fundamental para aspirar a ser caballero y no despotricar, ni hacer smoshing sobre la cabeza de la concurrencia.

Se aconseja traer a Chewaka como traductor fino y a C3P0 como cachiporrista salvaje. Los delegados deberán provenir de Tatooine y haber sido inscritos en el mundo anillo con sello oficial y demás estampillas intergalácticas.

No se admitirán lenguajes parsec ni binarios, sólo se tratarán temas bajo el protocolo reconocido por los clones.

El parqueo de su astronaves estará habilitado después del séptimo destello de Nébula Solfa. No se admitirán pre-chequeos anti gravitatorios. Protocolo de asistencia 20TNM-2009.

Amenizarán los polichicos del bar Mulkac con versiones ingrávidas de Zappa y Kraftwerk.

Agenda acordada:

1- Extemporaneidad dimensional en fase 3
2- Motores pulsar y los problemas del tráfico lunar
3- Saurón como dialéctica reconocida
4- Amnesia durante la criogenización
5- Exploración egomultipolar en condiciones desfavorables
6- Conducción motora en ámbitos doble vía electoral
7- Amerizaje en lagunas psico-históricas
8-Aprovechamiento de la teoría de las súper cuerdas en el tránsito por los agujeros de gusano
9- Limbo autónomo
10- Tristeza post launcher (vértigo infinitesimal -prolongación del vacío)

Aprobado.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Bukowski: La chica más guapa de la ciudad


Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero v serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo, y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio.

viernes, 22 de octubre de 2010

Vitrubio según un oficial de Inteligencia de la Policía Nacional de Honduras


De lo que piensa en silencio un oficial de la PNH mientras recibe clases de humanismo en el marco del Programa de Modernización de la Justicia. Honduras 2010



“Vitrubio el arquitecto, dice en su obra sobre arquitectura (Por razones del aprendizaje diré “sobre las formas del dolor”) que la naturaleza distribuye las medidas del cuerpo humano como sigue (atención, aplicar): que 4 dedos hacen 1 palma, y 4 palmas hacen 1 pie (los instrumentos aplicados en las palmas y en la planta del pie desesperan), 6 palmas hacen 1 codo (pulverizar con almádana los codos como método de ablandamiento) , 4 codos hacen la altura del hombre (la altura del hombre se mide según la información que posea). Y 4 codos hacen 1 paso, y que 24 palmas hacen un hombre (ante uno no hay un hombre, no hay nadie. Es una bestia comunista); y estas medidas son las que él usaba en sus edilicios.

Si separas la piernas lo suficiente (el suplicio en las piernas es muy efectivo para minar la psiquis del ñángara. Preferible acompañar con frases del tipo “no volverás a caminar”) como para que tu altura disminuya 1/14 y estiras y subes los hombros hasta que los dedos estén al nivel del borde superior de tu cabeza (alzar con cables que puedan pasar electricidad), has de saber que el centro geométrico de tus extremidades separadas estará situado en tu ombligo (las agujas son muy efectivas en esta área) y que el espacio entre las piernas será un triángulo equilátero. La longitud de los brazos extendidos de un hombre es igual a su altura (a estas alturas, el perro ya debe ir cantando).

Desde el nacimiento del pelo hasta la punta de la barbilla es la décima parte de la altura de un hombre; desde la punta de la barbilla a la parte superior de la cabeza es un octavo de su estatura (aislando completamente al comunista se logrará en él un sentimiento de abandono); desde la parte superior del pecho al extremo de su cabeza será un sexto de un hombre (la idea es disminuirlo, sí, hacerlo sentir basura perdida). Desde la parte superior del pecho al nacimiento del pelo será la séptima parte del hombre completo. Desde los pezones a la parte de arriba de la cabeza será la cuarta parte del hombre (aplicar la picana en los pezones).

La anchura mayor de los hombros contiene en sí misma la cuarta parte de un hombre. Desde el codo a la punta de la mano será la quinta parte del hombre (su resistencia, llegado al punto de los cortes en las axilas, estará derrumbándose); y desde el codo al ángulo de la axila será la octava parte del hombre. La mano completa será la décima parte del hombre; el comienzo de los genitales marca la mitad del hombre (ya no podrá tener alta la moral una vez que se le aplique el torniquete en los genitales).

El pie es la séptima parte del hombre. Desde la planta del pie hasta debajo de la rodilla será la cuarta parte del hombre (preguntarle, parte por parte, sin perder la paciencia, por dónde están entrando los petrodólares de Chávez). Desde debajo de la rodilla al comienzo de los genitales será la cuarta parte del hombre. La distancia desde la parte inferior de la barbilla a la nariz y desde el nacimiento del pelo a las cejas es, en cada caso, la misma, y, como la oreja, una tercera parte del rostro» (Si ya no canta, pegarle un tiro bajo el hipotálamo. Ir a tirar lo más lejos. Coordinar con Relaciones Públicas para informar a los medios sobre el encuentro de un cadáver de marero).

(Texto original previo a la transliteración: Comentarios a Vitrubio, del Signore Da Vinci)

jueves, 21 de octubre de 2010

Conversaciones en Tegucigolpe

Foto: Chaliobala ®

Primera Toma (alguien vende barriletes de octubre en la esquina de la catedral grafiteada, justo al lado de la pinta Cardenal= Yahaira)

- Ajá vos, cómo te va.
-Pues aquís vos, viendo qué hacer
- ¿ Y en qué proyectos andás? (la plaza está repleta de gente con proyectos. Unos se acurrucan, otros miran hacia las azoteas buscando algo indefinible)
- Pues aquí vos, esto está frito. Antes por lo menos el Ministerio de Educación me compraba 300 libros y así me la pasaba mientras hacía otras cosas.
- ¿Y ahora?
- Vieras qué jodida está la cosa... apenas me compraron 35, lo que significa que de 35 libros divididos entre 14 mil centros escolares del país le irán tocando a cada niño dos letras, a lo sumo una oración...
- Pucha!

Segunda toma (fila en el banco):

- Señor, pase de un solo a la fila de la tercera edad. De aquí no nos movemos pasada una hora, hay un resto de gente.

(El anciano mira con suspicacia a su alrededor, mientras le digo lo anterior)

- mmmmm- me responde.

-Mire que a usted lo atienden rápidito...
- Es que no me conviene- me dice en voz queda-, no, no me conviene...

-¿Por? - insisto.
(El anciano está echándole ojitos a una colegiala que está adelante. Se sonroja.)

- Pues... es que no me conviene, le digo.

Ríe.

Tercera toma (puesto de libros usados, frente a la pasarela de las chicas de la noche):

(Veo los títulos: El Mio Cid, El corazón es un cazador solitario... ¿cómo es que esos libros siempre están en venta de usados? Agarro La perla de Steinback y bajo un libro de economía aplicada de los años 60, encuentro Color Naval del poeta hondureño Jaime Fontana, casi un incunable.)

- ¿A cuánto éste? -le pregunto.
- ¿Y ése de qué es? -me responde.
- Pues de poesía...
- (...) -replica- enseñe a ver...
- ¿ajá, y entonces? lo abanderillo ( el hombre sopesa la pasta, le da vuelta a las páginas, hace una mueca de hastío.
- Deme 25
- 20 le doy
- Vaya pues

..."Te conocí en el vértice nervioso de una ola/
en la frontera móvil entre el ave y la sal..."
F.E.

viernes, 8 de octubre de 2010

Nobel para Llosa

¿Y por qué no? Fascio irredento pero por igual, es un gusto leer a Heidegger. Si no era este año podría ser en cualquier otro de los que venía, así como pudo ser en cualquiera de los anteriores.

Mario Vargas Llosa es una de esas construcciones intelectuales que pone a prueba nuestra capacidad de indagar las razones de la literatura, y eso ya es suficiente. Bienvenido el nobel para este enorme escritor, que en gran parte
, es fundador de la imaginación para muchos que iniciamos la lectura de novelas con El Cachorro.