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viernes, 22 de mayo de 2015

El centro de nuestra ingravidez

Foto: Diario El Heraldo.

Todo país o nación necesita un centro de donde emane o gravite el ordenamiento político, territorial, espiritual, identitario. La población tiende, de manera natural, a ubicar en él su centro geofísico como en cada ciudad la orientación ciudadana se da en perspectiva de su centro histórico o su centro de gobierno.

Siguiendo el hilo de los estudios del alemán Otto Friedrich Bollnow y sus relaciones espaciales cito lo siguiente, de su ensayo El hombre y su casa:

"La cuestión sobre el punto central de las coordenadas se ha de determinar, por eso, a base de la sociedad y no sólo del hombre. Se repite así, en plano superior, lo que hemos desarrollado hasta ahora sobre el individuo aislado. Hasta las casas de una población se ordenan alrededor de un punto central… El hombre no puede vivir únicamente en el mundo exterior con sus puntos de orientación, regiones, calles y caminos. Perdería su apoyo si no tuviera un sólido punto de referencia hacia el cual estén dirigidos todos sus caminos, punto del cual salen éstos y al cual regresan. El hombre precisa tal centro por el cual se arraiga en el espacio y al cual van referidas todas sus relaciones espaciales. ”

De todos es conocido que los grandes imperios antiguos reglaron su mundo auto afirmándose como "el centro del mundo". Los chinos, los persas, los romanos, los aztecas, los incas, los mayas todos identificaron su propio ombligo como el punto desde donde el poder político dictaba leyes y costumbres (ningún otro símbolo mayor que las grandes plazas mayores, estadios o coliseos: enormes ombligos), pero de igual forma, los países actuales tienen su corazón definido, su centro de pulsión geofísica que le da equilibrio a todo su territorio.

En Honduras, este centro desde donde se alcanza a proyectar o ser punto de fuga territorial y, por ende, punto de partida de nuestra interpretación política, se puede identificar en la posición geofísica de la ciudad de Siguatepeque, no sólo centro de Honduras sino también de todo el continente americano. Sin embargo, fue hacia el valle de Comayagua, un poco más al sur, donde se desplazó este punto geofísico para convertirse en geopolítico: Palmerola. El centro de nuestra ubicación espacial viene a resultar entonces la imposición de la base estadounidense más grande de Latinoamérica, el lugar desde donde toda América queda más cercana. Centro de dominio e intervención. Centro para ubicar –ya sea en el mapa o en la realidad- a todo habitante que pasa en automóvil de norte a sur Honduras, centro inevitable en el paisaje a aún pasemos a la mayor velocidad posible. Todo converge en Palmerola.
Adonde vayamos, Palmerola extiende su presencia en disposición radial y  nos dará su mensaje y normativa esencial: el centro de todo lo que suceda en Honduras está aquí, así como cuando se forma el vórtice de un remolino, así como cuando no se ha invitado a la fiesta humilde al poderoso del pueblo y el poderoso ve con ojos inquietantes a la muchacha recién crecida.

El Anahuac pre-colombino, el Palacio del Emperador del Cielo, el Hellas griego, los Campos Elíseos franceses con una enorme yunta invisible en lugar de arco de triunfo –quizá de arco de la derrota- y sin embargo, con su misma presencia y voluntad imperial.


Todo centro tiene un peso enorme. ¿Qué pesa más en la ingrávida Honduras? El centro de apoyo de esta clase política que hace y deshace, que se va y regresa siempre al mismo punto de partida es sin duda alguna Palmerola.

lunes, 23 de febrero de 2015

La loca de Chaillot, Teatro Memorias, Tegucigalpa



La loca de Tegus-Chaillot

En el teatro de los siglos se viene representando siempre la gran comedia de los ricos. La tragicomedia es para los pobres, pero es de los pobres el privilegio de ver la decadencia teatral de los ricos. Porque todo es un montaje cuando se ha decidido defender los últimos esplendores de un patrimonio ya inexistente que de manera inexorable será barrido por la acción de los que ya no se contentan con ser simples ricos regidos por las convenciones, por el lenguaje, por las formas.
Teatro Memorias ha montado en Tegucigalpa La loca de Chaillot, del dramaturgo francés Jean Giraudoux y lo ha hecho bajo la magistral dirección de Tito Ochoa, quien junto a su elenco de actores y actrices han logrado traer a nuestro contexto el texto de lo que en Francia pudo haberse percibido –en su estreno- como la delirante puesta en escena de los últimos resabios aristócratas sobrevivientes a la revolución pero que, en Honduras, se revela como la descripción en tiempo real de una élite criolla que lo perdió todo mientras tomaba el vermút hablando de la tradición, del buen gusto y el señorío colonial. 

Ahí están fielmente representadas esas figuras fantasmales y apolilladamente vestidas que siguen conviviendo –y atestiguándose- en Tegucigalpa junto a sus viejos criados ya devenidos en indigentes, desfigurados de antigua servidumbre que ahora, por socarrón afecto o diversión, siguen haciéndole la corte a la loca de turno, la antigua patrona que insiste en mantener el decoro en medio de las chanzas y del estruendoso hundimiento de las buenas costumbres y de los patrimonios.

Una transnacional ha llegado a Tegucigalpa y ha descubierto que hay petróleo bajo todos sus cimientos. Nada quedará en pie si el contrato de compra de terrenos a las familias ricas se lleva a cabo. El pueblo indigente lo sabe y ya sin perder nada, se ríe abiertamente de lo que les sucederá a quienes hoy por hoy se consideran imbatibles en sus derruidos castillos, tanto materiales como espirituales. ¿Por qué tendrían que unirse a esas familias marcadas por la extinción en la defensa de una fachada patrimonial en ruinas? ¿No será más delirante observar el día a día de ese laberinto transparente y nostálgico en que se pierden los señoríos? Todos en el guetto se han dado cuenta de que un acto teatral de funestas consecuencias se está desarrollando en el entorno de “la única propietaria” que resta en Tegucigalpa y todos quieren estar presentes en el último acto, mismo que será la bienvenida para una más que se ha hundido en la miseria y que deberá probar los platos fríos de la esclavitud. 

Pero un giro inesperado en la conciencia de Aurelia, la condesa excéntrica que es el centro dialéctico de la obra, lleva la defensa de su modo de vida a ser defensa de todos los miserables de Chaillot-Tegus: la amenaza que representa la explotación petrolera para el eco-sistema.
Aquí es donde siento que está el nudo de contradicciones de la obra que sutilmente supo presentar como tesis de dramaturgia Giraudoux, ya que Aurelia interpreta la amenaza de manera banal y romántica. Lo único que activa su sentido de defensa aristocrático es un valor de protección a ultranza de la “naturaleza” y no la defensa y reivindicación de los miserables que han sido degradados inhumanamente por el sistema. Su llamado a unirse para defender su hábitat mental y material, sigue siendo, a pesar de la aparente lucidez, un discurso enajenado de élite en el que sus amigos de la calle encuentran asidero como recurso de lucha novedoso. Una mezcla de intereses que va a llevar la tensión actoral a memorables momentos donde los personajes, haciendo uso del lenguaje procaz de la calle, van retratando fielmente las características de la psiquis colectiva hondureña y su búsqueda de soluciones.


Toda la línea actoral en el elenco del Teatro Memorias merece un aplauso de pie. Tito Ochoa ha hecho de nuevo que como público nos sintamos privilegiados en nuestra condición de público. Hace falta saber ahora, una vez que salimos al montaje real de nuestra sociedad, de qué lado de la indigencia estamos: si del lado de los que ya no tenemos nada que perder o de los que vivimos creyendo que perderemos lo que ya no tenemos. Esa puede ser la locura o esa tremenda lucidez del Trapero que lanza, carcajeándose, la auténtica consigna de nuestro tiempo: “Somos los últimos hombres libres, la época de la esclavitud llega y no tardará mucho.”

Fabricio Estrada
Febrero del 2015



jueves, 3 de julio de 2014

Historias descalzas


En Los Brujos de Ilamatepeque (la excelente y dura novela del hondureño Ramón Amaya Amador) uno de los ricos del pueblo se ofende porque un campesino que luchó junto al General Francisco Morazán decide ponerse zapatos y salir a pasear con ellos a través de la plaza. El rico lo toma como un insulto y los demás, indígenas en su gran mayoría que nunca se calzaron, entienden que lo que está haciendo Cipriano Cano es una afrenta revolucionaria, un reto hacia ellos mismos, una enorme grieta en  la pirámide social del siglo XIX hondureño. Al final, Cipriano y su hermano Doroteo son fusilados tomando como uno de los argumentos de sedición ese gesto de orgullo de calzarse de igual a igual con los patrones. ¿Los patrones? Sí, los patrones sociales y los patrones que daban empleos de miseria y oscurantismo.


Los jugadores de la selección de fútbol de La India de 1948 jugaron descalzos en Wembley durante los Juegos Olímpicos y quisieron hacerlo en el Mundial Brasil 1950. No se los permitieron ni aún se pusieran doble vendaje en los tobillos y ni aún con el susto que le metieron a los franceses en esos JJOO (Francia les ganó 2-1, a duras penas). ¿Por qué los dejaron jugar así en 1948 y en 1950 no? La primera fue una sorpresa exótica, entretenida, de bienvenida condescendiente a la vida de "las naciones" a una India de reciente independencia; la segunda -según la reacción de los patrones culturales occidentales coloniales- una insolencia.

Durante mi primaria en Sabanagrande, la gran mayoría de compañeros que venían de las aldeas eran descalzos. Era tan natural verlos con su uniforme limpio azul y blanco e ignorar, a la vez, que existía una cultura de aceptación de las carencias. No recuerdo hasta cuándo dejaron de ir "chuñas" (descalzos), pero lo cierto es que la mayoría de ellos no culminaron el sexto grado. ¿Qué había de natural en verlos así? La vieja costumbre colonial de prohibir que los indios se calzaran había trocado a una burla natural porque ir descalzo era signo de "retraso" social. Si bien no habían fusilamientos para el que lograba "el ascenso" de calzarse, quedaba el estigma de que provenía de familia "chuña" y que si alguna vez mostraba en público signos de orgullo le sería recordado sin contemplaciones su procedencia, sus caminos, la forma abierta de sus dedos, los tobillos llenos de polvo, las uñas reventadas cuando se atrevían a jugar de igual a igual en las potras.

Ahora, de regreso a condiciones económicas feudales-coloniales, aquella burbuja de bonanza que permitió a muchas familias superar la condición de extrema pobreza se ha reventado. Si bien el calzado abunda gracias a las cientos de tiendas de zapatos usados que han democratizado los caminos, cuando un político vernáculo recuerda en sus manifestaciones electorales que él "fue chuña", logra una precisa carga de profundidad en la memoria reciente de las masas, se vuelve "parte de" la ciudadanía de segunda (simbiosis del fetiche mercancía-valor) que busca ser de primera en la nacionalidad impostada por los patrones políticos. 


F.E.






lunes, 19 de mayo de 2014

De guardianes de la Patria y el mal

Bastante interesante el giro que los medios le han dado al lenguaje para abordar y justificar el programa "Guardianes de la Patria". En su última edición dicen: Niños de Honduras: reclutados por el mal (http://www.elheraldo.hn/alfrente/710303-331/niños-de-honduras-reclutados-por-el-mal ), lo que es, de manera tácita, un desdoblamiento de lo que en verdad se busca: que regrese el reclutamiento forzoso en la ya desenfrenada militarización de Honduras.

La retórica no es tal cuando el lenguaje del poder ya ha decidido transmitir lo que busca reglamentar. Existe un mal de muchas aristas definido en esta suposición, pero el que más pesa es un mal que sólo compete a los jóvenes y que, en gran parte, habita en el tiempo que dura la juventud. Ser joven, entonces, es el mal, y el mal se combate desde la gerontocracia. ¿Si los jóvenes son reclutados por el mal entonces el mal es externo a ellos? esta podría ser la otra pregunta y la respuesta lógica sería: el mal viene de los adultos. ¿Entonces para qué llevarlos al régimen adulto del ámbito militar? Para aniquilar el espíritu de juventud, para que la disciplina ahogue la chispeante naturaleza de lo joven, para neutralizar.

¿Qué mal, entonces, está reclutando a los jóvenes de Honduras? Siguiendo la línea de pensamiento de Baruch Spinoza, la población estaría consiente del mal implícito en que se caería al dejar que los niños estén bajo el cuidado de los militares, pero el bien esperado en este caso a largo plazo, superaría con creces todo mal inmediato.“… entenderé en adelante por “bueno” aquello que sabemos con certeza ser un medio para acercarnos cada vez más al modelo ideal de naturaleza humana que nos proponemos, Y por “malo”, en cambio, entenderé aquello que sabemos ciertamente nos impide referirnos a dicho modelo.”

La naturaleza humana que proponen los medios y el sistema de militarización hondureño es la represiva, en cuanto a que la doctrina militar hondureña ha demostrado luego del golpe del 2009, que su cultura interna es anti-ciudadana, por lo tanto, es ideal una ciudadanía que no le de cauce a su búsqueda de libertad individual y colectiva, una libertad que rompa con la idea que Spinoza tiene de la libertad humana condicionada: la piedra que, lanzada, comienza a girar, a rodar de la manera en la que definió el impulso inicial. Una vez en solitario, si la piedra pudiera pensar pensaría quizá que ella es libre para moverse tal y como lo está haciendo, porque su voluntad es que así sea y no hay nadie que dirija su giro ni que la ordene... Esta es la famosa libertad humana –dice la cita–, que todos se jactan de tener, y que tan solo consiste en que los hombres son conscientes de sus apetitos e ignorantes de las causas por las que son determinados. 

F.E.

lunes, 12 de mayo de 2014

El exhaustivo inventario de los decapitados - Walter Ego




El 29 de abril de 1981, en nota de prensa en la que refería la historia de un falso reportaje escrito por la periodista norteamericana Janet Cooke, Gabriel García Márquez se hacía “las preguntas de siempre sobre las diferencias entre el periodismo y la literatura”, las mismas interrogantes que buena parte de su obra literaria propone ante la disyuntiva de a quién adjudicársela: al periodista feliz e indocumentado que alguna vez fue o al novelista de éxito en que luego se convertiría.
“Relato de un náufrago” y “Crónica de una muerte anunciada” constituyen dos ejemplos palmarios de textos donde los recursos del periodismo y de la literatura se entreveran de forma tal que resulta difícil separar al reportero del novelista, quizás porque García Márquez desoyó el consejo de su admirado Hemingway en el sentido de que el periodismo es bueno para un escritor siempre que lo deje a tiempo, y terminó por tender puentes creativos entre ambos mundos. Otro buen argumento es la historia de Margarito Duarte y su deambular por Roma con el cadáver incorrupto de su hija en lucha tenaz por la santificación de la niña, anécdota referida en nota de prensa del 23 de septiembre de 1981 y “redimida de su condición mortal por las astucias de la poesía” en “La santa”, uno de los Doce cuentos peregrinos, en ambos casos con una misma y tierna conclusión. De hecho, en esa colección de relatos hay otros cuatro textos que también existieron como notas periodísticas.
Sin embargo, el texto que mejor revela las dos mitades creadoras de Gabriel García Márquez es “Noticia de un secuestro”, libro publicado en 1996 que acaso mucho gustarán de encajar en los márgenes del llamado nuevo periodismo un tanto anacrónicamente, pues cuando Tom Wolfe zanjaba a golpes de reportajes sus diferencias con la literatura en los hoy lejanos principios de los sesenta, mediante un periodismo que deseaba “se leyera como una novela”, García Márquez ya había conmocionado a la opinión pública colombiana con el relato de un náufrago que sobrevivió diez días sobre una balsa de madera en medio del Atlántico.
Aunque la tentación de hablar de periodismo literario a propósito de “Noticia de un secuestro” es casi irresistible, prefiero calificar esa obra con el apelativo escogido por Truman Capote para denominar la historia del cuádruple asesinato cometido por Dick Hickcock y Perry Smith y relatada por él en “A sangre fría”: novela sin ficción, porque si bien “Noticia de un secuestro” debe al periodista el trabajo de galeote previo a la escritura, su “carpintería confidencial” y la estructura toda, debe, en cambio, al novelista, la voluntad que la sustenta y la credibilidad del relato, que hace de su lectura un goce y una revelación, no sólo por la certidumbre de que lo allí contado no se debe esta vez a la imaginación desmesurada de García Márquez pues fue padecido por cada uno de los protagonistas, sino también por el aliento humano que de él se desprende.
Este trascender lo circunstancial –Pablo Escobar, los Extraditables y el terrorismo urbano indiscriminado– para darnos una visión de la violencia secular en Colombia (la misma que sustentara los treinta y dos levantamientos armados promovidos y perdidos todos por el coronel Aureliano Buendía) es lo que hace de “Noticia de un secuestro” un hito en la novelística garciamarquiana, más que en su periodismo Su estilo personalísimo se torna más efectivo aún al verse forzado a la moderación que le impone la inexcusable objetividad del tema, si bien se toma respiros en parlamentos que parecen corresponder a seres fabulados antes que a personajes de carne y hueso, como aquel dictamen apocalíptico (por revelador) de Pablo Escobar: “Preferimos una tumba en Colombia a una celda en los Estados Unidos”.
“Noticia...”, que refiere la historia de diez secuestros ordenados por Pablo Escobar como forma de presionar al gobierno del entonces presidente César Gaviria para que no validara un decreto que permitiría la extradición de narcotraficantes colombianos reclamados por las leyes norteamericanas, es también la epopeya de la lucha personal de un hombre –Alberto Villamizar– para lograr la liberación de seres queridos, envueltos por la historia y el azar en los vericuetos de la política. Es, asimismo, la relación de los últimos momentos de Pablo Escobar, una criatura cuyo destino trágico parece haber sido concebido para la leyenda. Sólo que esta vez –a diferencia quizás de aquel “Relato de un náufrago”, que fuera noticia más allá de la desoladora experiencia humana que refiere por la carga política que significaba el destructor hundido por los artículos de contrabando mal estibados–, el drama vivido por víctimas y victimarios desborda los límites de lo personal, acaso porque, como dejara escrito Borges con su lucidez habitual, lo que hace un hombre lo hacen todos los hombres, y todos tenemos un poco de los diez secuestrados, de Alberto Villamizar y, ¿por qué no?, de Pablo Escobar.
De esta forma, tal vez sin proponérselo, escribió el reportero García Márquez la “novela de la violencia” que precisaba la literatura colombiana desde hacía mucho tiempo, donde lo que impera es un terror blando y delusorio que emana no del “exhaustivo inventario de los decapitados, los castrados[...], y la descripción minuciosa de la crueldad”, sino del saber “que el drama de es(t)e tiempo no era (es) sólo el del perseguido sino también el del perseguidor”.
W.E.
Tomado de:

domingo, 11 de mayo de 2014

Lo común en el mal público - Fabricio Estrada



Vivo en un territorio tomado por la institución del crimen. Una institución, sí. Primera regla que entender para evitarse un dolor de cabeza a la hora de imaginar soluciones.

Fuera de lo que se pueda conocer a través de las fotografías del horror, la realidad en las calles sigue discurriendo con pasmosa indiferencia. La institucionalidad del crimen produce costumbre al crimen, claro, todo poder reglamenta y si la democracia se ha mostrada totalitaria no se puede esperar menos de quienes les importa un bledo el sistema político que exista en el simulacro civilizatorio. El crimen es totalitario. Invasivo. Movilizador. Participativo. Común en el mal público. Adiós bien público, entonces. El crimen es vigoroso y como un banco de peces se auto regula y, en principio, se mueve de manera intuitiva hasta que encuentra en su cadencia un patrón funcional para avanzar.

El territorio es el del crimen. Abordar esta realidad desde la institucionalidad cívica y democrática es la mayor de las ingenuidades. Somos un Dubai inverso. No alzamos rascacielos. Excavamos lo atroz, profundamente, y dentro de este agujero, el crimen vierte el plomo que le da forma a los enormes rozainfiernos. En ese mundo inverso el tiempo social es holístico. En su expresión más bizarra, los sótanos de la institucionalidad cívica aparente se unen con los de la institucionalidad del crimen. Se comunican con fluidez, se intercambian información. La democracia formal y elegida en las urnas del simulacro necesitan información del submundo gigantesco porque de información está hecha la preocupación de ambos mundos. El poder se informa. Sube y baja la información.

La verdadera anarquía está en el poder. Todos lo sabemos. La respuesta de la "democracia cívica" ante un poder emergente que intente ordenar este sistema promiscuo siempre será violenta. Recurrirá a todo su arsenal ambiguo, desatará lo que en apariencia yace contenido y que en sí, forma parte de su edificio gemelo. "La vida política en él (el Estado aparente) se hizo imposible", como bien dice Giorgio Agamben en su ensayo Cómo la obsesión por la seguridad hace mutar la democracia.

Las políticas de seguridad, entonces, ¿qué significado tienen? Asegurar el poder anárquico totalitario y burgués, y este poder enfocará sus medidas de seguridad no en contener al crimen sino que en frenar y avasallar el poder regulador del pueblo organizado políticamente. Los términos "terrorismo", "vandalismo", "molotera" serán elegidas para los titulares recriminatorios de la prensa y el esfuerzo de seguridad invertirá enormes presupuestos para armar y uniformar a la población enajenada. Intimidación, amenaza. He aquí el propósito. Las leyes aparecen entonces desnudas y articuladas, instrumentadas por el poder que las diseñó. El doble poder del crimen institucionalizado.

El territorio es el crimen, entonces, sus fronteras son invisibles. La población se auto-excluye de cualquier intento de cambio. Se domestica ante la hiper dictadura. Espera impasible y cívico el siguiente turno en el matadero.

F.E.

miércoles, 26 de junio de 2013

Los indignados reclaman un "Brasil nuevo" - Vicky Peláez


Columna semanal por Vicky Peláez
Deseo a todos ustedes que tengan su motivo de indignación. Porque cuando algo nos indigna, nuestra fuerza es irresistible  (Stéphane Frédéric Hessel, 1917-2013)
Un despertar social repentino del pueblo brasileño, que durante los últimos 10 años estaba disfrutando el boom macroeconómico estudiado y aplaudido tanto en América Latina como en el resto del planeta, dejó sorprendido a todos los estudiosos de movimientos sociales.
Hace apenas 15 días nadie pensó que una convocación a la protesta utilizando Twitter por el Movimiento Passe Livre (MPL) por el aumento del boleto de transporte público se convertiría en un despertar social. Los políticos brasileños tanto pro gubernamentales como los de la oposición  se quedaron atónitos cuando el  17 de junio pasado unos 250.000 mil brasileños, siendo la mayoría jóvenes, llenaron las calles de Sao Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Porto Alegre, Salvador, Palmas, Boa Vista y decenas de otras ciudades para protestar por el alza del valor de transporte, reclamar mejoría en los servicios públicos y decir No a la corrupción.
Las primeras movilizaciones esporádicas y de poca magnitud comenzaron en Sao Paulo  a principios de este mes, cuando  el Ayuntamiento subió el precio de transporte público (el ómnibus, tren y metro) de 3 reales (unos 1,5 dólares) a 3,2 reales (unos 1,6 dólares). Todo esto sucedió días antes del inicio de la Copa FIFA Confederaciones que es un ensayo general del Mundial de Fútbol 2014, entre los campeones de cada continente, programado en seis ciudades (Belo Horizonte, Brasilia, Fortaleza, Recife, Río de Janeiro Salvador y Sao Paulo).
 Simultáneamente la población fue convocada por las redes sociales a manifestarse en otras ciudades afectadas también por el alza de boleto de transporte público. Lo interesante es que las manifestaciones carecen del liderazgo político o social claramente definido.
Se calcula que en las discusiones sobre las protestas a través de Twitter, Facebook etc., participaron no menos de 79 millones de brasileños, es decir un 40 por ciento de la población que es de 190 millones de personas. Según el conteo en la red,  su número está creciendo día a día igual como las manifestaciones... El uso de la violencia brutal por la policía contra los participantes  hizo crecer la indignación en el Brasil, haciendo aumentar las marchas de protesta que se extendieron por todo el país, y plantear nuevas reivindicaciones que incluyen mayores inversiones en la salud y la educación  pública. La movilización ha sido tan fuerte que el gobierno federal tuvo que restringir el uso de balas de goma y el gas lacrimógeno (Brasil es el tercer productor en el mundo de este gas, detrás de Estados Unidos y China), permitiéndole actuar con fuerza solamente en casos de vandalismo y si es provocada.
El descontento de la población llegó a tal extremo que por primera vez en su presidencia, Dilma Rousseff, quien la semana pasada tenía aprobación del 75 por ciento, fue abucheada en el estadio de Brasilia al declarar inaugurada  la Copa FIFA Confederaciones 2013 junto al presidente de la FIFA Joseph Blatter. Para la mayoría de los habitantes de Brasil, los 30 mil millones de reales (unos 13,3 mil millones de dólares) del erario público para la renovación y construcción de 12 estadios beneficiando a las compañías de construcción y estaciones de televisión eran demasiado gasto que hubiera sido mejor destinado al sistema de salud, educación y del transporte público. El último  es de mala calidad y consume un tercio del salario de la mayoría de la gente que permanece hasta seis horas diarias en el transporte para ir a su trabajo y retornar a la casa.

jueves, 23 de mayo de 2013

Una identidad que puede hacer revolución



Abordado el tema. Ahí en el COPEMH, ante los compas de FRACC y de otras organizaciones de "juventud" me he enfilado contra la gerentocracia que pulsa y orienta marchita en todas las organizaciones políticas del país. Estoy claro que es un tema que necesita de mayor insistencia y continuidad porque se trata de un tema tabú tanto para "la dirigencia adulta" como para "la juventud voluntariosa". Esta última asume el papel alienante que le monta todo tipo de dirigencia, para quienes el joven debe solo tratar temas que competen a los jóvenes, y es así que los mismos jóvenes defienden a ultranza -y de manera mecanicista- la necesidad que sean los jóvenes que forman a los jóvenes, que sean los jóvenes que se organicen en ghettos dialécticos auto-controlados, que sean los jóvenes los que siempre plantean "sus problemas" ante el poder orientador asumido. A propósito, Armand Mattelart nos dice: "A través de la fijación de sus diversos públicos, el poder burgués e imperialista ordena el funcionamiento de su sociedad, corporiza la división entre los individuos y las clases y concreta las dicotomías de su lenguaje y cultura de dominación privilegiando para estos usuarios sectorializados esferas y reglas de acción y comportamiento, tabúes y dominios reservados."

Comencé, precisamente, por profundizar en esto esto. La población hondureña es en su gran mayoría joven. La sectorización es anti-natural aquí (¿qué se supone que se equilibra al sectorizar?) y la enorme presión joven dentro del FNRP-LIBRE es una demostración de ello. No obstante, la dinámica gerentocrática  a lo interno relegó a espacios de confinamiento a las organizaciones, tanto como los sioux fueron llevados hacia las reservas para contener su vigorosa libertad. Una de las consecuencias de activar en este espacio restringido al verdadero poder de dirigencia revolucionaria es el espontaneísmo, lo que viene a mostrarse en tomar el desenfado como virtud política o en la necesidad de ser radicales a toda costa en todo momento en un afán intrínseco de presentarse activos ante el momento político. En la práctica del poder gerentocrático esto no interesa más que para alardear de una reserva enérgica en un relevo que jamás llega ni cede.


Para abordar el debate sobre la organización y la unidad decidí hacer referencia de Habermas y su apreciación de la modernidad, recordando -a través es este hilo- que la modernidad tiene un sentido temporal, exactamente igual a lo reflejado en nuestra demografía nacional donde, como dije anteriormente, es inmensamente joven y aún no consciente de ello. Esta coincidencia generacional que, según estudios sobre Honduras, comenzará a decrecer a partir del 2020, obliga a tomar el toro por los cuernos para realizar el genuino acto revolucionario de relevo, una ruptura que cambiaría las estructuras culturales y todos los modos de entender y practicar la ideología asumida. Es una oportunidad realmente histórica, casi un deber irrenunciable. Toda organización de la lucha pasa por la conciencia de clase dentro de una poderosa identidad de clase joven. La nueva lucha de la izquierda estaría signada por esta re-organización del poder orientador que dejaría atrás -a cambio de una apuesta descomunal- a todos los liderazgos avejentados que frustraron la revolución en Honduras durante los 60s, 70s y 80s. Esta sería nuestra unidad: la identidad generacional.


Respecto a la Guerrilla Comunicacional, tuve que ser tajante. La revolución se planta en la realidad, no en los nichos de las redes sociales. No se explotará al sistema "desde adentro utilizando sus mismas herramientas". Esa lucha también es un confinamiento puntillosamante calculado, sistematizado para hacernos la ilusión de que es un frente amplio. La fórmula de ilusión sería hacer creer que estar informado es estar participando cuando en la realidad la democratización de la información no entra ni en los más pequeños actos del poder fascista, cuyo único mensaje y pasmoso acto es el  yo tengo el poder y eso basta.


La compañera Gabriela Díaz dio la sentencia: "Yo ni puedo imaginar una juventud que no sea radical, tomando en cuenta que el poder fascista y su capitalismo es radical en todo, frío, monstruosamante anti-humano". Esa radicalidad, pensé yo al escucharla, debería estar creando una avalancha incontenible que sature todos los espacios políticos, toda la organicidad de los movimientos populares, todas las grietas que vamos haciéndole al pensamiento conservador y a la ortodoxia histórica. De ser así iniciaríamos, en la realidad, el barrido de taras, consignas, sospechas, etc. y le daríamos campo al movimiento puro de nuestra naturaleza generacional. Al concretarlo, revertiríamos la contradicción que hace que sean los jóvenes los que cierran los espacios organizativos a otros jóvenes, es decir, a la población que está siendo asesinada a diario por la espantosa violencia que vivimos. Como bien lo dice el compañero Nelson Arambú, en esta masacre no se está matando solo a la juventud sino que se está acabando con la revolución. Y la masacre, agrego, no solo está sucediendo en el plano de la sangre, sino que también en el de las ideas.

F.E.



martes, 7 de mayo de 2013

La verdadera cara de “la Libertad de Expresión” de la burguesía contemporánea - Edgar Soriano




A las puertas del golpe de Estado termidoriano del 28 de julio de 1794 Maximilien  Robespierre lanzaba un simbólico discurso sobre  el control mediático y conspirativo  de la burguesía en alianza con los viejos sectores de la nobleza para evitar la profundización de la revolución- que en palabras de Marx era el intento de subordinar el poder económico al Estado- que aunque tenía tintes de popular no estaba asentado en las dinámicas socio-culturales de la época. Pero lo que si estaba claro era el surgimiento de la “Sociedad civil burguesa”.
La “opinión pública” en manos de la clase burguesa - vinculada directa o indirectamente al Estado tras la revolución en Francia- es un elemento crucial para poder tener una mejor comprensión, según Gramsci,  sobre la hegemonía de la cultura burguesa en el sistema capitalista. 
En otras palabras la famosa “libertad de expresión” de la que tanto se ufanan las elites que controlan los medios de comunicación a nivel local e internacional es la representación dominante de burguesía para mantener el sistema e impulsar a toda costa el modelo neoliberal, donde el mercado corporativo controla la vida de los miles de millones de habitantes del planeta.  
 
Desde hace dos siglos la burguesía en alianzas con otros sectores de la aristocracia y pequeña burguesía han logrado edificar una serie de códigos que se difunden a través de las estructuras mediáticas. Dichas estructuras mediáticas: tv, cine,  radio, presa escrita, internet y asoc. de “sociedad civil” (incluyendo a la iglesia) se encargan de mantener la “moral” y todo orden establecido por la reglas del liberalismo burgués.
 
En Honduras el régimen “cachureco” (de derecha) impulsa una nueva “ley de telecomunicaciones” que plantea una serie de premisas que a primera vista pueden llamar la atención de mucha gente sobre el tema de los monopolios que ejercen los grupos facticos que tienen secuestrados el Estado hondureño, pero en realidad es una farsa montada por el grupo “disciplinario de la derecha hondureña” que se ha lanzado agresivamente a profundizar el modelo neoliberal.
 
En realidad dentro de la derecha hondureña  hay una contradicción  entre dos grupos que han mantenido conflictos por el control del monopolio y oligopolios que por décadas han edificado en el país. La Burguesía hondureña se ha conflictuado en el contexto neoliberal, que tras el golpe de Estado de 2009 el grupo que gobierna con respaldo de un sector oligárquico y de la embajada estadounidense intentan disciplinar la gobernanza a través  de políticas autoritarias que garanticen el mantenimiento del orden neoliberal establecido. 
 
La propuesta de ley que los medios de comunicación de los grupos de poder le han tachado de “ley mordaza”  tiene la característica de una gran farsa, por un lado el régimen Lobo-Hernández tratando de reorganizar el camino para que el nuevo grupo político hegemónico (claro en alianza con sectores inversionistas nacionales y multinacionales)  instaure un régimen viable a los intereses de los poderos y de las saqueadoras multinacionales; por el otro lado, tradicionales grupos burgueses –incluyendo miembros de derecha del opus dei- que han mantenido el control de un desgastado bipartidismo y de grandes privilegios por las concesiones leoninas que los gobiernos, que ellos controlan, les han llenado los bolsillos por millones mientras las mayorías poblacionales viven bajo la línea de pobreza. 
 
El tema de una verdadera participación comunitaria –como la ejercen frente a la represión del Estado las pocas radios comunitarias que operan en lagunas regiones del país- en la libertad de opinión e información que garantice el debate y la responsabilidad frente a las históricas manipulaciones de la presa nacional, no está en agenda del régimen. El tema de apoyo y rechazo a esta propuesta de ley no aborda con claridad meridional los problemas de un país golpeado por la clase dominante y sus estructuras de poder.
 
El movimiento social se ha visto débil, la izquierda también frente un tema que debe ser visto desde las entrañas estructurales de la llamada “opinión pública” que desde sus orígenes burgueses europeos ha sido la mayor farsa para mantener el control de las mentalidades colectivas de los pueblos.
 
En conclusión la ley para reformar la estructura de telecomunicaciones debe partir de garantizar la destrucción de los monopolios mediáticos, pero no para sustituirlos por otros perniciosos, sino para impulsar la participación comunitaria en el derecho a la educación, información, participación democrática, que en Honduras en el cercano futuro está lejos, lo digo por la amplia capacidad manipuladora de los grupos políticos y sus relaciones serviles con la estructura socio-económica y la superestructura ideológica que día con día garantizan la esclavitud mental y material  del pueblo hondureño… 

Edgar Soriano

viernes, 8 de marzo de 2013

García Márquez: “El enigma de los dos Chávez”



Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. “¿Qué pasa?”, le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?

El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.

El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.

Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. “Ese que toca es Hugo”, decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.

Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.

Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. “Fíjate las vueltas que da la vida”, me dice Chávez con una explosión de risa. “Ahora su papá es mi canciller”. Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.

“Además”, le dije, “usted estuvo a punto de matarlo”. “De ninguna manera”, protestó Chávez. “La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles”. Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.

Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.

Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. “Yo estaba ya casi rendido, -me dijo Chávez-, pues mientras más le explicaba menos me entendía”. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: “Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?”. El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.

“De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela”, dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. “Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas”, contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. “Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -contó Chávez- pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación”.

Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. “No me deje morir, mi teniente”… le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: “¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie”. Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: “Ahí caí en mi primer conflicto existencial”.

Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. “¿Con qué finalidad?” le pregunté. Muy sencillo, dijo él: “con la finalidad de prepararnos por si pasa algo”. Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.

Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.

A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. “¿Y el discurso?”, le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. “Yo no tengo discurso escrito”, le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:

“Chávez, usted parece un político”. “Entendido”, le replicó Chávez.

Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: “Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones”.

Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: “Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer”. Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: “¡Que eso no salga de aquí!”.

Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. “Al final, claro, le hice un cambio”, me dijo Chávez. En lugar de “cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”, dijeron: “Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos”.

Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. “Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. “En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos”.

A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: “Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión”. Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: “¡El coronel Badull!”.

De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: “Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega”. A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. “Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército”, decía Chávez. “Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué”. Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. “Es decir -concluyó Chávez- que nos sorprendió el minuto estratégico”.

Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. “Yo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa”, me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. “Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque que sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera”.

Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. “Y entonces me paro y lo llamo”, dijo Chávez. “Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese”. Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: “Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta”. “Y el instinto me dice que lo mandaron a matar”, dice Chávez. “Fue el minuto que esperábamos para actuar”. Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: “Nos vemos aquí el 2 de febrero”. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

jueves, 7 de marzo de 2013

Chávez: el ismo de un pueblo




El tono de la derecha comienza a subir, subrepticiamente aún, a dos días del sismo causado por la muerte de Chávez. Han iniciado dando muestras de condolencias con la vista baja de la hipocresía y, ya casi en cadena, han continuado "rogando que no hayan actos de violencia en la Venezuela pos-Chávez". Las armas de la contra-ofensiva se aceitan en los noticiarios, las coberturas maximizan la declaración de "exiliados" que afirman el regreso de la democracia a Venezuela por la simple inercia de que "ha muerto el dictador".

Caso patético el de los medios españoles, franquistas hasta más no poder, que le apuestan a una división de intereses entre Maduro y Cabello cuyo fiel de la balanza son unas Fuerzas Armadas Bolivarianas al acecho, unas afirmaciones que el Almirante Diego Molero, Ministro de Defensa de las FAB, hecha por tierra: "El hecho de que haya dolor no significa que estemos débiles, aquí están las Fuerzas Armadas, un pueblo armado, un ejército que jamás volverá a volcar las armas contra el pueblo venezolano".

Una de las fórmulas más usadas de la derecha es la del reduccionismo. Resulta bastante fácil comunicar que el proceso revolucionario en Venezuela era "chavismo", "caudillista", "populismo", y no lo que es en definitiva: un proceso de 14 años en cuyo tiempo se ha permeado hasta los estratos más inimaginables de la dignidad del pueblo excluido. Se intenta, también, reducir los grandes avances socio-políticos a una simplona acusación de "todo lo ha logrado porque tiene petro-dólares", intentando con este mensaje tocar uno de los tabú impuestos por la oligarquía latinoamericana a las pobrerías explotadas: sólo los ricos tienen poder desarrollista, la izquierda es pobre y no puede, por lo tanto -en el maquiavélico retruécano oportunista- usar dinero "capitalista" para la revolución... de esta forma, Chávez, no era de izquierda, y el uso de las riquezas petroleras corresponde a la misma corrupción de siempre. La derecha es capaz de auto-inmolar sus torcidos valores, toda una demostración de su poder de confusión y de su criminal saña con las masas que ella misma ha sumido en la desesperación y la ignorancia.

En los días en que el gobierno cubano anunció el retiro del Comandante Fidel Castro, la prensa mundial jugó de la misma forma que lo hace ahora, ignorando las estructuras que un proceso revolucionario como el cubano ha profundizado. De igual forma, quienes en base a una emotividad exacerbada aseguran que el pensamiento burgués ha sido vencido en Cuba, se olvidan que el sistema capitalista lleva muchos más siglos interiorizado, con todo y sus taras, en la civilización occidental. La creación de un mundo socialista es una causalidad tan pura en su fuerza emergente y tan excepcional en su sostenibilidad en el tiempo, como la atmósfera que rodea a nuestro planeta en un sistema solar lleno de vacíos.

En la Venezuela de Chávez la excepcionalidad ha venido dándose en medio de las correcciones y enmiendas que el proceso permite. Han sido 14 años y las valoraciones internas de la revolución bolivariana han ido desde el marxismo clásico hasta el neo-marxismo explorado desde el mundo sensorial de un pueblo tropical. Quienes hubieran deseado desde el principio  la implementación de un sistema comunista en toda regla se hubieran topado con un pueblo que exigía lo que ha construído Chávez: el poder del pueblo en participación masiva. Y así fue que Chávez se hizo Chávez, siendo uno más, como cualquier hombre o mujer de Maracaibo o de Caracas que le hubieran dado una oportunidad de expresar su hartazgo en una plataforma mundial, una oportunidad que de única se fue convirtiendo, gracias a su liderazgo, en múltiples y secuenciales   descubrimientos de otro poder, muy distinto al de las teorías, un poder vivo que desbordó las estrategias de la derecha criolla e internacional, un poder que fue haciendo teoría y praxis a partir de su propia dinámica, un sistema ideológico que trae de cabeza a los marxistas de corsette y a los estrategas de la mass media.

El pueblo venezolano se encarnó en Chávez y el hombre fue el comandante de una revolución que ha ido destruyendo las formas para llegar hasta el fondo del espíritu de independencia latinoamericano. Esa rebeldía histórica, esa resistencia que es la tortilla y sal de millones de pobres en el mundo, tan íntima e impredescible, es la que Chávez logró hacer magma. Que Maduro no de el ancho no está en manos de la derecha: está en las manos del pueblo venezolano al que Chávez logró llenar de criterios, de dignidad y de valentía. La contra-ofensiva de la derecha se topará entonces, con un Maduro que, como buen conductor de gentes, sabrá hacer los cambios para acelerar la revolución, aún y cuando le interpongan una avenida congestionada.

La Revolución Bolivariana prevalecerá. Chávez lo supo, vivió para ello. ¡Y claro que era populismo! ya era hora que un pueblo aplicara el ismo en toda su dimensión contra-académica.

F.E.


lunes, 4 de marzo de 2013

Honduras en caos administrativo y moral - Julio Escoto



Son muchos los analistas y editorialistas que preguntan si los signos vitales
bajo los que subsiste este paciente crónico nombrado Honduras indican
que llega a su fin o por lo menos a una situación tan crítica que la solución
única serán medidas groseras y drásticas que a quienes dañarán es
mayormente a la gran población. Pues los síntomas son evidentemente
catastróficos: déficit fiscal nunca antes igualado; deuda externa en alza
tras los inmensos beneficios que produjo la condonación mayormente
gestionada por la administración Maduro y avalada por la entonces
prestigiosa figura del cardenal Óscar Rodríguez, jarana que ha vuelto hoy
a su nivel anterior; espantosa deuda interna de 50 mil millones de lempiras
sin inmediata posibilidad de solución que no sea negociarla, negarla o
transformarla en deuda externa, en cualquiera de cuyos casos originará
daños mayores que los que busca prevenir; hiperinflación presupuestaria
dado que la asamblea legislativa votó un balance decididamente desigual
y donde los gastos viajan por tierra y los ingresos por aire, adicional a
que significativa parte del gasto es corriente, sin inversión, apuntalado
por recursos externos de donación nada seguros.
Si eso no fuera suficiente el estado de la infraestructura total del país se
halla en indolente deterioro: en los hospitales falla el abasto de medicamentos;
las escuelas de educación primaria ocupan reponer con urgencia,
según EL HERALDO, medio millón de pupitres y no hay posibilidad
inmediata de subsanar la necesidad; la red vial se halla en abandono,
vencido plenamente su ciclo de mantenimiento o relevo de capa asfáltica
y de concreto, pronto a ingresar el invierno y sin planificación, diseño
ni dinero para repararla; las alcaldías municipales –Choluteca, La Ceiba,
San Pedro Sula, Santa Rosa de Copán. Ocotepeque– están a punto
de colapsar en bancarrota y son incapaces para atender los servicios
básicos exigidos, y ya pagados, por la ciudadanía, en evidente falla de
capacidad de administración; los aeropuertos de Honduras son los más
atrasados del istmo en materia arquitectónica, técnica, de hospitalidad
turística (Panamá entrega ahora a todo visitante un seguro gratuito
médico por 30 días) e incluso de equipo de aeronavegación; hacen
falta 800 000 viviendas para equiparar el crecimiento demográfico
natural y los jóvenes que se aventuran al matrimonio carecen de opciones
domésticas dignas para adquirir siquiera modestísimo hogar,
quedándoles casi en exclusiva la penosa alternativa de vivir arrimados
 donde papá y, o, mamá; desde 1998 –desastre natural del Mitch
– los barrios marginales, villas de covacha, ciudades miseria y residencias
 de cartón se incrementaron en 39% (equivalente a su efecto similar
 de lastre contra el PIB); la burocracia y el clientelismo estatal
 ascendieron a 90,000 empleados públicos; la inseguridad civil
rompió todos los techos no solamente americanos sino mundiales,
 convirtiéndonos en asombro del orbe al pinacular 92 homicidios por
 100 mil habitantes; los registros de pobreza aumentaron desde 2009,
 año del golpe de Estado, cuando el gobierno de Zelaya logró su
 máxima reducción en épocas modernas, e igual, la tasa de crecimiento
 económico para el año presente no sobrepasará el dígito dos y fracciones,
 cuando en 2008 consiguió lo nunca acontecido, 6%.
Y eso es lo material; resumiremos próximamente el deterioro moral
en que nos hallamos.
Es evidente, pues, que el actual equipo de gobierno no estaba ni está
 preparado para manejar el país, a pesar de sus ostentosas promesas
 de campaña electoral pasadas y presentes. Pues lo integran cáfilas de
 ambiciosos e improvisadores sin dominio profesional, políticos baratos
 de baja ralea incapaces de inventar propuestas y soluciones, mancos
 para imaginar ni para asesorarse en conveniencia. Su concepto
 administrativo único es la represión, echar tropas a la calle, práctica
 donde acumulan un fracaso tras otro. Debemos considerar entonces
 seria y severamente erradicarlos para siempre del panorama político
 nacional y prevenir que aparezcan otros similares, y hacerlo consciente
 y electoralmente. Su continuidad solo aventura caos.

miércoles, 2 de enero de 2013

El 2012 turbulento de Honduras en una sociedad mundial de incertidumbre


La incertidumbre - Amilcar Rivera Munive

Por Edgar Soriano Ortiz 



El planeta tierra cruza una vez más por una profunda encrucijada de peligro para los habitantes en todas su latitudes, las mentiras, la mediaciones burguesas y la violencia desmedida para justificar ganancias y saqueos en todas sus dimensiones. A pesar de los grandes avances en el pensamiento humano y en la acumulación de fuerzas liberadoras la manipulación sistémica se impone con soberbia y burla de la dignidad poblacional. El Estado con sus normativas jurídicas garantiza el beneficio de elites, tal como a lo largo de la historia lo he hecho; el Estado siempre en su administración de justicias propiciaba prebendas, y tras la distorsión del Estado Carolingio en el Medioevo europeo, pasó de las viejas formas de coerción a formas de recaudación fiscal directa. Esa lógica jurídica, tendría a lo largo de la historia varias variables, adoptadas por necesidades coyunturales, como la adopción del parlamento en el contexto de las revueltas campesinas de finales del periodo medieval. 

El Estado moderno ha logrado establecer sus justicias con fuertes elemento anti-subversivos, colocando las masas poblacionales marginales como amenaza, es el viejo discurso ilustrado que se ha extendido hasta nuestros años.
Esta realidad generada por las profundas contradicciones del sistema sigue su curso en el 2012 de muerte y la miseria, conjugados al ritmo explotador por los engranajes del capital. Muchos acontecimientos producidos por conspiraciones de la CIA y otras agencias de espionaje de los países industrializados, que fungen como policías del capital, el poder fáctico mundial que utiliza una serie de instituciones impuestas, como el BID, el FMI, la ONU, OTAN, etc. El acontecimiento violento del 2012 que más llama la atención para analizar las dinámicas impositivas, las reacciones de élites nacionales y la protesta social organizada y espontánea, es la guerra civil en Siria, donde el desgastado régimen de Bashar Al assad enfrentó la rapsodia de lo que han llamado en los últimos años, “la primavera árabe” –mezcla de conspiración de occidente y acumulación de descontento social- y de un clara estrategia de occidente por defenestrar los aliados de Teherán, y más aun de controlar geo-estratégicamente la región en las barbas de Rusia. 


La ansiada intervención militar, que los grupos de poder occidental tanto desea, es frenada por un enérgica política exterior de Moscú, China, Irán, los países del Alba, Brasil, Sudáfrica y la India. Este conflicto demuestra como los intereses del globalizado capitalismo contemporáneo, regido por el modelo neoliberal, manipula a sus antojos la vida de todo un pueblo, que tiene que soportar la masacre cotidiana, mientras el objetivo del capital es controlar su territorio para diversos propósitos que contribuyan al mantenimiento de la hegemonía ejercida por siglos. Hay muchos otros ejemplos que demuestran que la mentira transnacional, materializada por los emporios de la comunicación, se encarga de construir “verdades” frente a la realidad que viven millones de personas expuestas a la guerra, a la contaminación, a la explotación laboral y saqueo de recursos. En África por ejemplo la sangre sigue su cauce, frente a la amarga historia de colonización y luego el proceso de descolonización con sus revoluciones nacionales inconclusas, que son manipuladas por las transnacionales para seguir extrayendo beneficios de ese continente. Se puede hablar de tantos casos de naciones en conflicto, que por más que los tecnócratas le den discurso, obedece a la lógica insaciable del sistema capitalista.


Pero quiero, brevemente, referirme a un balance de lo que ha ocurrido este último año en Honduras. Un 2012 que no es discontinuo de las contradicciones políticas de la última década, que se agudizaron radicalmente con el golpe de Estado del 28 de junio de 2009. Este año la violencia continuó en ascenso: masacre en cárceles, asesinatos de jóvenes, mujeres, niños, mientras las elites muestran su calaña por asegurar sus negocios, sus botines, enfrentándose de manera descarada por la hegemonía fáctica, lo que demuestra que los grupos económicos y políticos está pasando por un quebranto del viejo pacto o acomodo estratégico de la década de 1980. Todas estas contradicciones son medidas con cautela por ambos grupos de derecha, tomando en consideración que en el escenario político nacía en este 2012 un partido, que pese a jugar en su arena y teniendo elementos acomodados a la lógica partidista del poder local, para una gran mayoría de los actores de poder ven una eventual amenaza, mejor dicho un desplazamiento del control fáctico que ejercen. 


Es así que las elecciones del 18 de noviembre tuvieron como preámbulo las campañas mediáticas, las estrategias represivas y desarticuladoras del movimiento popular. En las elecciones se impuso la manipulación fraudulenta y el aprovechamiento de una larga historia de control mental, donde la miseria es un as efectivo para los grupos de poder. El fraude fue un hecho consumado, el objetivo era mostrar a un partido Liberal mayoritario, mandar el mensaje de que el bipartidismo está vivo. En este escenario Washington mueve piezas y asegura que el trabajo de buscar una salida favorable para sus intereses geo-estratégicos sin alterar del todo la convulsión.

El 12-12-12, en la madrugada el Congreso Nacional dirigido por Juan Orlando Hernández, representante de uno de los grupos de poder, tras reuniones secretas dio un golpe técnico al poder legislativo, en otras palabras JOH blindó su candidatura cuestionada por Álvarez en unas elecciones “estilo Honduras”; pero más allá de ello, el asunto es el control del país, asegurar que un grupo oligárquico tendrá el poder.


El 2012, cambio de ciclo para la extinta cultura maya, aprovechada por los gobiernos actuales apara atraer turismo, en el caso de Honduras, hacer dinero es lo que cuenta, por ello pretenden destruir el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH), ya esta institución es un estorbo y no una garantía para la lógica neoliberal, los negocios de Copán, la zona petrolera y otros cuantos “tamales” que este grupo regido por Hernández-Lobo y otros cuantos secuaces, pretenden transar. Para estos lo importante es generar una profundización del neoliberalismo, no importa a costa de que consecuencias, por el momento ha firmado a favor de la British Gas Group la exploración petrolífera de la Mosquita. En conclusión la derecha se reagrupa, es una pelea por el botín de dos grupúsculos, que agachan la cabeza ante el capital, ya sea ante el amo poderoso del Departamento de Estado, o ante capitalistas europeos, chinos, etc. El intento de colocar bonos en el exterior hace que el régimen de Lobo-Hernández hable de entablar relaciones directas con China continental, su interés es asegurar el 2013, el poder: mantener a su antojo el Estado, que es una herramienta controlada por estos grupitos, que aunque este en disputa, negociaran sus tajadas, eso es inevitable…


La incertidumbre es la que reina en esta humanidad, que en muchas ocasiones vive de esperanza, construida mediáticamente, mientras la muerte y la pobreza extrema consumen los alientos de millones. En Honduras la lógica de miseria y saqueo de los recursos, bajo un gobierno dictatorial no se detendrá. Las estrategias políticas de esta derecha que se encamina “todo poderosa” a seguir gobernando, ahora de una forma más brutal, no tienen escrúpulos, la resistencia Hondureña como organización movilizadora que detenga estocada tras estocada tiene dificultades unificadoras en este contexto, el partido Libre es la organización política nueva o más o menos nueva que puede generar un balance a las pretensiones de estos grupos mezquinos de dinero y poder, sin embargo todo dependerá de la capacidad de la dirigencia en conducir con firmeza y no con “escrúpulos tradicionales” la lucha por buscar un avance hacia una democracia que nunca ha existido en Honduras, me refiero a una convivencia institucional que sea capaz de brindar condiciones mínimas de una democracia republicana, la burguesa del siglo XIX, pero ni remedos de ese tipo de democracia tenemos. Las artimañas para este año están listas, el fraude electoral comenzó en noviembre de 2012, ahora prepara artillería para consumarlo. 

Mucho trabajo comunitario es el que toca, solo la colectividad podrá generar cambios generacionales, ese es el gran reto de una humanidad que pretenda cambiar el rumbo más allá de los discursos, la praxis debe ser colectiva, o sea la lucha será la comunidad organizada frente a la capital ambicioso….

31 de diciembre de 2012.