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miércoles, 28 de agosto de 2019

Emerge otra Tegucigalpa


Esta foto, que saqué del Instagram de una amiga, no es nada despreciable. Es la Tegucigalpa más reciente vista desde el nuevo edificio administrativo de la UNAH. Es decir, la mirada desde el edificio masivo que la nueva visión de la clase política de la ciudad erigió para contemplarse a sí misma. Es un horizonte donde los cluster juegan un papel importante para redirigir las energías de la ciudad y, a la vez, la exacerbada eclosión del cemento -que algún día tenía que llegar a Tegus- como cimiento, más que estructura finalizada, de la expansión que se busca, de manera aplastante,  sobre la nostalgia, decoro, pudor, humildad, miseria, estampa, sueño pintoresco, etc., lo que se entienda desde la población como "ciudad".

Ya está ahí. Nunc, Right now, ahoritita mismo siguen elevándose más edificios y es muy posible que en diez años más la ciudad pueda reconocerse solo mediante algún proceso arqueológico más cercano a una sesión con el psicoterapeuta, digo: los parques aquellos, el clima aquel, los cerros llenos de pinos aquellos, la melancolía aquella que jugó a ser carta de presentación y que aún se sostiene, casi sin repello, en las zonas de La Leona o el Centro. La población ve todo con expectativa. Eso es lo que vi y sentí. La población se siente musculosa y a la vez humillada. Es el limbo de una ciudad que coloniza.

La foto que abre mi reflexión fue tomada desde este edificio administrativo de la UNAH














lunes, 17 de junio de 2019

Evocaciones fronterizas

La siguiente nota es un extracto del trabajo autoetnográfico que llevé a cabo en la clase de Antropología Sociocultural en la Universidad de Puerto Rico. Lo comparto para mantener el hilo de mis indagaciones sobre la transculturalidad que observo en mí mismo a partir de mi residencia en la isla. El tema que define todo el ensayo lo presenté bajo el título "Evocaciones fronterizas: Literatura, Migración y Racialización en Puerto Rico":



Puerto Rico, Historia Oral: Llegué en abril del 2016 a Puerto Rico. Mi acento es lo que más ha intrigado cada vez que hablo. He sido peruano, chileno, ecuatoriano y colombiano a la vez. Cuando no hablo puedo ser cualquiera, pero nunca un puertorriqueño. En una ocasión, en la estación de buses, un señor se intrigó y me preguntó de dónde era, y al saberlo se interesó mucho que le contara sobre Honduras. “Oye -me dijo-, podrías ser un buen locutor por el tono de tu voz… pero pensándolo bien, no creo que te den ese trabajo porque en Puerto Rico no nos gustan los acentos extranjeros en la radio”. Me hizo pensar mucho en cuanto a los espacios humanos y sus sonidos de orientación territoriales, algo que he ahondado con mi colaborador, André Marcel, puertorriqueño de 32 años y nacido en Bayamón. Hablando con él, hicimos una suposición bastante sugerente respecto al por qué yo no podría ser locutor de radio en Puerto Rico: la necesidad normalizada en la isla de una publicidad que invite a poner en duda a la competencia necesita de un tono muy diferente al acento descendente de los centroamericanos. Para animar hay que elevar, así como de manera natural lo hace el acento puertorriqueño[1].

Como la mayoría de gente que conozco en Puerto Rico y que me ha presentado mi esposa (Iris Alejandra Maldonado ha publicado ya un poemario ), André es alguien que estuvo relacionado bastante cerca con el nuevo circuito poético y con el circuito de creación cinematográfica ya que tiene un bachillerato en Cine y audiovisuales por la UPR. Ahora ya no participa de lecturas y está completamente comprometido en su empleo. Tiene un altísimo nivel de cultura general y de conocimientos literarios y musicales, así como de cine, sin embargo, su situación económica es precaria como la de miles de puertorriqueños que se han visto acorralados por la bancarrota colonizadora generalizada y la emigración masiva antes y después de María. Subsiste con empleo tercerizado y ha aprobado para ayuda estatal de vivienda. Hemos tenido largas pláticas tanto sobre su propia racialización (mestiza ) como de la mía.

Dotado de una inmensa curiosidad, casi de orden antropológico, siempre me ha preguntado sobre detalles no comunes sobre cómo es Honduras y en qué nos centramos los escritores hondureños a la hora de abordar la poesía. De esta forma he comprendido que hay una manera poética de territorializar la palabra y hacerla parte de lo que necesita escuchar determinada población en el contexto cultural de su espacio geográfico. Escribir poesía formal en español no garantiza que la población puertorriqueña amante de la poesía ‘’comprenda’’ la poesía de un hondureño que aún no conoce en toda su dimensión la resistencia anticolonial desde el español hablado en Puerto Rico (cadencias[2], recursos, evocaciones, etc). Le he preguntado entonces a André si él considera que hay una expresión defensiva de gueto en esta apreciación, y él me ha respondido que “tendría que conocer un poco más de Centroamérica antes de identificar tu escritura como hondureña’’[3]. Por otra parte, aún proceda de un país (Honduras) con siete lenguas vivas signando su visión nacional (inglés, tol, garínagu, miskito, chortí, pech y español) no hará de mí un escritor cosmopolita en Puerto Rico. Lo sería sí mis evocaciones estuvieran ligadas al poder hegemónico del inglés y, al mismo tiempo, a las respuestas creativas contra-hegemónicas. De esta forma mi estatus será el de un escritor internacional pero no cosmopolita.

André me recalcó algo muy puntual: desde la revelación de la poesía nuyoricán a través de Pedro Pietri, se impuso una cadencia que dentro del circuito literario hizo percibir al slam como la lengua del futuro: la entonación en las lecturas a partir de los nuyorican fue hacia la forma en que suena la poesía oral en inglés (el flow), que no es otra que la raíz hegemónica del sonido, condicionado a la vez por la búsqueda de sorpresa en la toma del escenario, así como el rap lo inauguró en sus acciones de resistencia públicas. A la vez, un lector joven boricua se establecerá desde el filtro escénico del spoken Word y, de manera natural, estará pendiente del encuentro del poeta con su place memory nacional de resistencia. Podré disponer de un capital cultural en Honduras, pero en Puerto Rico, al leer -que no en la distribución del libro impreso-, tendré que conquistarlo bajo el tamiz de slam nuyorican[4]. En resumen: en Puerto Rico se ‘’lee’’ primero el acento y después se descifra la evocación poética, una vez definida mi procedencia, la realidad evocativa local, con todo y sus condicionamientos lingüísticos y de memoria político-cultural, se activa el interés hacia su propia condición respecto a Latinoamérica y las correspondencias con los creadores del ‘’patio local’’, mismxs que, esencialmente, no hablan, ni escriben, ni evocan en el español que yo utilizo.

Esta última apreciación no me agarra por sorpresa ya que mi expresión literaria y también la normalización relacional cotidiana, ha sido una constante prueba de asimilación de espacio y de la otredad. Cuando publiqué mi primer poemario, Sextos de lluvia, el texto fue recibido en Tegucigalpa como una buena expresión rural de transición a la ciudad, y en mi pueblo, cuando se dieron cuenta que había publicado un libro lo consideraron un producto de Tegucigalpa, “la capital de la cultura de Honduras”. Tuvieron que pasar más de cinco años para que mis amigos de infancia aceptaran que había salido de entre ellos un escritor, y que además “salía en los periódicos”. Aún no tuvieran sensibilidad para la poesía o que nunca hubieran leído un libro en su vida, hasta ese momento consideraron que gran parte de su memoria estaba en juego en mis escritos, y desde ahí, me cedieron representatividad.

Al respecto, André me ha preguntado a quién represento ahora que vivo en Puerto Rico, si a la nostalgia, a la patria perdida o a la ganada, a lo que le he respondido con una situación onírica que me ocurre a diario: desde que llegué a Puerto Rico no me ha aparecido aún en sueños una escena con paisaje puertorriqueño, si no que todo sigue siendo una reiteración hondureña. Siguiendo el hilo, le he dicho que estoy escribiendo una serie de prosas poéticas llamadas Las crónicas del Capitán Snorkel, por aquello de que el uso del snorkel solo admite nadar en la superficie del mar, y a él le ha agradado la idea de que la poesía siempre sea el adelanto de un sueño, en este caso, del día en que por primera vez un paisaje puertorriqueño aparezca en mis sueños más profundos. Cuando le he preguntado si cree que un día me podrá considerar puertorriqueño me ha respondido que no, porque él mismo no podría sentirse hondureño[5]. Ante esto, hemos reflexionado sobre cómo el auténtico bloqueo que el imperialismo estadounidense ha diseñado para Puerto Rico y Latinoamérica ha logrado crear zonas culturales del tipo limbo o de desconocimiento mutuo.

Conclusión

En cada encuentro con André Marcel ha ocurrido esta paradoja: él ve en mí un interlocutor mestizo latinoamericano, no a un hondureño, y cuando logra evocar a Honduras desde su música resulta que es el estribillo garínagu (lengua de la etnia negra garífuna) Watanegui consup Luli ruami Wanaga lo que recuerda como “algo hondureño”, pero admite que durante mucho tiempo creyó que esta canción del ritmo punta (Banda Blanca[6], Sopa de Caracol) pertenecía al cantante puertorriqueño Wilkins, quien la popularizó en la isla en versión pop. Cabe resaltar que en Puerto Rico -como me lo dijo André- se creyó que el estribillo significaba What a very good soup y que para él fue toda una sorpresa que la traducción al español del garínagu significara “quiero tomar sopa… la quiero seguir disfrutando. Lo internacional que ha logrado mi identidad hondureña en Puerto Rico, entonces, fue reconocido a través de un juego de manos del mercado de la música y no de la literatura ni del conocimiento étnico de mi país. Por supuesto, ahora que la amistad entre André Marcel y yo se ha consolidado, lo que yo escribo y le transfiero le da dado nuevos significados acerca de la hondureñidad y una mayor curiosidad acerca de la historia política del país, que aún así, admite verlo como un actor de historia marginal.

Al preguntarle sobre una hipotética situación en la que él pudiera tener el poder de decidir qué idioma debería imponer para que Puerto Rico sobreviviera, no dudó en afirmar que impondría el inglés. Gracias a la entrevista que me dio, logré identificar algunos mecanismos hegemónicos de la cultura colonial estadounidense en lo que concierne a la simbolización y comprensión creativa del lxs puertorriqueñxs y, de este modo, asimilar que ya existe un modo muy tenaz de escribir, ‘’hablar’’ y resistir en la literatura de Puerto Rico, muy diferente a la forma en que yo escribo, resisto y abordo la difusa realidad colonial en Honduras. Crear y resistir al poder hegemónico en Puerto Rico es algo que inicia desde las bases del code switching (spanglish-slam); crear y resistir en Honduras concierne a la forma y al canon, lo que significa prolongar la colonia española con todo y sus valores evocativos.
De igual forma, y en el transcurso de toda la investigación, aprendía a reconocerme parte de una Centroamérica de múltiples realidades e hizo que se consolidara aún más mi insistente latencia ancestral semita[7]

Ante mis amigos de escuela -la mayoría mulatos o de directo ascendente indígena- yo era el niño blanquito que viajaba seguido y que pasaba en otros mundos por mi inusual insistencia con los libros. Pasados los años, el traslado hacia una nueva vida en Tegucigalpa inició una constante de idas y venidas que me llevaron a Europa, a Sudamérica y ahora aquí, en Puerto Rico. Mi necesidad de volver a Sabanagrande, mi pueblo, es la mayor constante, aunque sea por breves horas. Una vez que lo hago, me siento más hondureño y dueño de una identidad mestiza asumida con fuertes evocaciones dispóricas judías. Esta identidad, ante los ojos de lxs puertorriqueñxs que me ven sin conocerme, tiene implicaciones de aislamiento en mí, sensación que he aprendido a sobrellevar con mucha paciencia, si se toma en cuenta que en Honduras soy un escritor reconocido cuyo capital cultural es tomado en cuenta en múltiples foros públicos. 

Pero ¿no provoca el constante tránsito de un espacio a otro una personalidad espectral? Esa es la pregunta que ahora, luego de terminar este proyecto, ha surgido con sugerente insistencia. Y debo decir que ya la estoy tomando como una identidad estratégica que me está permitiendo escribir con total desapego, cálculo o visión out the box. Al final de cuentas, el viejo espíritu translocal antillano, está dándome las primeras grandes lecciones, y por qué no, las fronteras móviles que siempre habité sin definiciones ni arraigos de larga duración.

F.E.




[1] La altura relativa dentro del registro natural de la voz es significativa. Por ejemplo, una elevación de altura al final de una emisión puede cambiar totalmente su significado: con un tono descendente se trata de una simple aserción; con un tono ascendente se convierte en una pregunta. (Roger Fowler, 1978, Para comprender el lenguaje-Una introducción a la lingüística, pag. 257, México, Editorial Nueva Imagen)
[2] No es necesario que un poema dependa de su música, pero si es así, esa música ha de ser un deleite al entendido (Ezra Pound, 1918, Ensayos literarios, pag. 23, Madrid, Tajamar Editores 2016)
[3] Las leyes de la vida individual, que se prestan como las más nobles, que son cantadas por la poesía, no son más que una negación de la vida de la humanidad en general. De modo que no parece muy cercano el momento de la reconstrucción de la totalidad; la realidad sigue permaneciendo sin consistencia, el pensamiento es incapaz de reconstruir su solidez y su vínculo (Enrico de Angelis, 1977, Arte e Ideología de la alta burguesía: Mann, Musil, Kafka, Brecht, pag.133, Madrid, Akal Editor)
[4] Los franciscanos y otros religiosos que llegan de España son los primeros que aprenden la lengua de los vencidos y, aún si ese gesto es totalmente interesado (debe servir para propagar mejor la religión cristiana), no por ello deja de estar cargado de sentido: aunque solo fuera para asimilar mejor al otro a uno mismo, uno empieza por asimilarse, por lo menos parcialmente, a él. (Tzvetan Todorov, 2010, La conquista de América, pag.262, México, Grupo Editorial Siglo XXI)
[5] La raza es un concepto colonial que fue inventado para clasificar las diferencias biológicas, sociales y culturales percibidas (desde una terrible interpretación mendeliana). La Declaración sobre la Raza firmada por gran parte de los antropólogos estadounidenses, señala que el concepto Raza fue elevada a ideología colonial -desde teoremas cuasi-religiosos: la inequidad como hecho natural dado por Dios-- y desvirtúa este instrumento de coloniaje con pruebas irrefutables de la auténtica atribución genética (AAA Response to OMB Directive 15: Race and Ethnic Standards for Federal Statistics and Administrative Reporting, 1998)

[6] Banda Blanca popularizó Sopa de Caracol entre los años 1987-1990, convirtiéndose en la primera banda de punta-merengue hondureña más reconocida a nivel mundial.
[7] André Marcel no dudó tampoco en decir que de primera impresión el creería que soy árabe.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Desheroízate: Sentinel vs MarvelDC

No ha sido mi traslado a Puerto Rico el que me ha dado a conocer el mundo de los Superhéroes. Nadie en el mundo, probablemente, desconoce el despliegue de esa imaginación invasiva estadounidense. Quizá los habitantes de la isla Sentinel, en el Océano Índico, sí, tal vez ellos mantienen a raya a todo el mundo que quiere llegar a sus playas con el evangelio en la mano y con una camiseta de Marvel como escudo. Puerto Rico no es Sentinel, por supuesto, y aquí se vive en la naturalidad del mercado capitalista y sus representaciones de la misma forma que en Honduras. No recalco la condición colonial in jure de Puerto Rico porque es de sobra conocida, insisto sobre el cómo descolonizarse o al menos intentarlo, al menos guardar una pequeña isla en nuestro interior donde con lanzas y flechas neolíticas podamos impulsar decididamente el pensamiento anticolonial.

Mis observaciones antineohéroes, no van dirigidas a los que ya  no pueden ostentar un arsenal de conocimiento como elección en el momento en que se advierte que la Black Widow aparece flotando hasta en la sopa, no, me dirijo al sentinelés (ni idea del cómo utilizar el gentilicio) que sobrevive, arco en mano, y con toda la capacidad intelectual de ayudar a la descolonización.

Tenemos pocos héroes, es cierto ¿pero son necesarios? Los cristianos pueden sentir casi la misma admiración heroica que se le tiene a Batman por un San Lorenzo que pide que se le de vuelta en la parrilla porque ya tiene asada la espalda; un budista puede repetir una y otra vez cómo Sidharta convirtió en flores las flechas que le lanzaron los demonios al momento de su Nirvana. Muy bien, acordemos que se necesitan y por eso los bomberos han tenido un repunte de imagen luego del atentado al World Trade Center en el 2001. Descolonizarse a través del Desheroizarse no es estrictamente olvidar los actos heroicos de la cotidianeidad. Propongo la descontextualización.

¿Descontextualización? ¿La realidad no es el contexto? Sí, la realidad distribuida por la innegable dominación del streaming en forma de blockbuster, smartphones apps, series, moda, hashtags, en fin, el algoritmo de la mercancía sublimada. Descolonizarse es Desheroizarse, quitarse la armadura del supuesto derecho al ludismo como derecho civil dentro del ocio reglamentado.

Desheroizarse es contribuir a derrumbar una parte importante del andamio donde se erige a diario el ambiguo edificio de las ideas colonizadoras. Ya el Chapulín Colorado dio gran parte de la lección al igual que Patoruzú en Argentina: lo más desastroso -y que demuestra que se ha caído en el vaciamiento del marvelismodicismo- es cuando la burla a la realidad se convierte en la realidad. Levanten la mano los que escucharon los sollozos en el cine cuando Wolverine murió... Levanten la mano  los que lloraron cuando Tanos mató a la mitad de los superhéroes... Levanten la mano los que no entienden por qué sienten  ternura compasiva cuando ven la bandera de Estados Unidos ondear destrozada en las escenas finales de toda secuela... Levanten la mano los que sienten una entrañable necesidad de defender a esas sufridas ciudades destrozadas una y otra vez por alienígenas y villanos inexistentes...  Ya por favor, pueden bajarla ¿la bandera? Sí, también.

DESHEROIZARSE ES DESCOLONIZARSE... bueno, al menos intentarlo.

Fotos en un un hospital de niños en PR. "¡Pero si es para niños! ¿Qué querías que pintaran?"







martes, 8 de enero de 2019

Todas las miradas conducen a Roma




La primera cámara de cine solo rodaba 52 segundos, en blanco y negro. Con ella, Lumiére captó la llegada de un tren que habría de irrumpir en la vida de todo el mundo con pasmosa velocidad. Desde entonces, ese tren ha sido guiado por diferentes maquinistas que le han imprimido la velocidad más acorde para su propia forma de contemplar el paisaje. Hay unos que desaceleran y otros que van casi descarrilando. En 1996, al cumplirse 100 años del nacimiento del portento, Sarah Moon, reconocida fotógrafa francesa, ideó un bello proyecto cinematográfico, Lumiére y Compañía, un homenaje que reunió a 40 directores de lo mejor de la industria para que filmaran con la cámara original de Lumiére reconstruida. Los directores -entre ellos David Lynch, Costa-Gavras, Spyke Lee, Win Wenders, Fernando Trueba- debían filmar-resumir en el corto su idea de lo que era el cine, es decir, su visión de vida, y ésta debía ser filmada solo con luz natural, con un determinado número de tomas y sin sonido directo.

De todos los significados posibles que se ven en la muestra, mi fascinación se detuvo en la muestra de Win Wenders. En ella, el director alemán decide que el cine es la panorámica de un suburbio semi yermo de Berlín, con todo y sus grúas simbólicas gravitando sobre la eterna reconstrucción de pos-guerra. Dos hombres entran al encuadre desolado. Ellos mismos transmiten cierta desolación. Los actores son los preferidos de Wenders, Otto Sanders y Bruno Ganz, coestrellas de la memorable Tan lejos y Tan Cerca. Otto mira hacia el cielo en una expectativa nerviosa y Bruno, asumido en razones irrevocables, tiene aspecto de haberse dado por vencido en la búsqueda de ese misterio que nunca sabremos qué es. Ambos salen de encuadre por el mismo lugar de donde vinieron. La ciudad queda, inmutable, hasta que el carrete se detiene.

Esta sensación de una realidad concreta que no se desvía ni un ápice por los deseos que pueda tener el espectador, llegó a mí en las dos horas y quince minutos que dura Roma, la reciente película de Alfonso Cuarón, una lección cinematográfica de tanta altura como vertiginosos son sus abismos. ¿Acaso Nietzsche ya no lo dijo cuando nos recordó que el arte griego nos enseña que no hay ninguna bella superficie sin una terrible profundidad? La apabullante realidad mexicana se ve aquí transversalizada y en ninguno de los puntos de contacto de nuestra mirada alcanzamos a ver piedad porque la realidad misma, la naturaleza de las cosas que Cuarón expone, es hilada a un ritmo lento pero punzante por el ojo/ cámara echado a rodar sin contemplaciones, apenas deteniéndose para acentuar y hacer homenaje a las referencias cinematográficas de Cuarón. Una vez que inicia la película, con el poderoso llamado a escuchar con los ojos cerrados del cómo se limpia la mierda de los perros, entendemos que lo que venga en imagen será tan natural como lo es el sistema de castas sociales mexicanos heredado desde la colonia, punto central desde donde irradia toda la violencia objetiva y subjetiva de Roma (todas las humillaciones históricas conducen a Roma).

En Los testamentos Traicionados, Milán Kundera reflexiona sobre el carácter de la naturaleza como entidad de consuelo insensible, consuelo que Cleo sabe medir y aceptar con silenciosa y asfixiante prudencia, así como ha devenido el carácter de los millones de descendientes de los pueblos nativos sometidos desde la conquista. Solo la mirada de Cleo ante los paisajes puros del México rural nos está dando la clave narrativa de lo que siente. Cuando Cleo mira ve aquello que Kundera solo alcanza a rozar: “me hablaron de la belleza suavemente inhumana del mundo antes o después del paso de los hombres”. Porque ese paisaje, implacable en belleza, es el mismo cuadro inmisericorde que se filtra en la ciudad, la urbanidad fotográfica que el mismo Cuarón dirige y plantea, quizá desde una inseparable visión burguesa determinista pero llena de todas las cualidades que el gran cine exige. 

En este punto uno se pregunta a qué velocidad debe ir la revelación del signo poético de la película y cómo hubiera abordado Pasolini, por ejemplo, la oportunidad de una distribución mundial nivel Netflix. ¿Se hubiera contentado con dejar correr la cámara dentro de “la naturaleza de las cosas” o hubiera rasgado la pantalla de cine al mostrar la falta de piedad del sistema inhumano que cosifica a Cleo? Pienso entonces en la brutalidad de los niños a los que Cleo ha cuidado, tan llenos ellos de una matriz cultural superior que les permite ir dejando todo atrás, tirado por el suelo, sabiendo que atrás vendrá Cleo y Adela limpiando. Pienso en el momento en que el menor de los niños le pide a Cleo, con tono hastiado, que deje de hablar así, tan raro, en mixteco- Pienso en el tamaño de impiedad de la señora de casa buena que para animar a Cleo tras su parto Children-of-Men-Mode la lleva a la playa de olas furiosas dejando a Cleo la brutal responsabilidad de cuidar y salvar a sus hijos. Esa famosa foto, entonces -nueva imagen de La pietá posmoderna-, donde se apiñan todos y que causa tanta parábola y lección moral en los pasquines de farándula, es monstruosa en cada uno de los significados posibles: monstruosa por la desesperación de una humanidad pervertida que ha hecho de lo políticamente correcto el ámbito de la locura y la represión. Y claro, eso si vemos el paisaje desde el tren ferroso de Pasolini. Al final de cuentas, cada decisión creativa es una representación del nicho al que se regresa cuando lo crucial se presenta como una disyuntiva de clase.

Es una verdadera pena que el mundo de la moda haya dado la otra fotografía, tanto como Chanel quiso darnos su propia versión de La Habana al montar su pasarella en Cuba, pero estoy seguro de que, como cine, Cuarón ha podido darnos de nuevo su propio resumen Lumiére y que su tren, así lo espero, seguirá dándonos un paisaje que todos veremos ya como insustituible en cine del siglo XXI.



F.E.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Pocos poetas y muchos locos - Salvador Madrid, Honduras





        Foto:de Gabriel Reyes, 
conversatorio sobre poesía hondureña durante el II Festival Internacional de Los Confines, Gracias, Honduras 2018.

He leído artículos con enunciados en contra de los poetas hondureños, especialmente sobre la generación que se consolida por su obra y que asumirá el relevo generacional en los próximos años.
Comprendo que no todos los poetas comparten formas de ver la vida, la política o la poesía. Pero eso es normal. Nadie debe asustarse: fue, es y será siempre así. Tampoco hay que escandalizarse por algunos excesos de esos seres un tanto anárquicos, odiados o amados, que aún en medio de las mezquindades ofrecen en sus palabras una posibilidad de lectura de nuestra circunstancia en el mundo.

La poesía hondureña contemporánea pasa uno de sus mejores momentos. Es difícil visualizarla a plenitud por el ruido y la broza que la cerca intencionalmente con la idea de suplantarla. Hablo de esas miles de almas decadentes que se autodenominan y se auto validan hoy en día como “poetas” y no sé que más cosas. Nunca antes ha habido tantos tecnicismos y tecnócratas para la poesía. La fiebre contemporánea del primer mundo, que allá es hermosa, llegó aquí y mutó en una peligrosa enfermedad tropical al mezclarse con el lumpen y los hipsters con plan prepago en el móvil, creando una generación de locos con causa, un movimiento digno de cualquier especialista en fenómenos bizarros.    

Pero decíamos que hay una generación que se establece con características diferentes a las generaciones anteriores, donde el canon y el proselitismo ideológico generaba un espíritu un tanto homogéneo que la volvía totalmente moldeable o predecible, y fueron muy pocos los casos (brillantes para suerte de nuestra historia literaria) que dieron un salto estético superior.

Es un país de pocos poetas; lástima que el abuso del enfoque sociológico, la falta de lecturas, la ideología y el proselitismo político, nos crearon una idea absurda: Honduras está llena de poetas. Eso es falso. Está llena de gente loca que se cree poeta. Lo que sí es cierto es que en Honduras hay poetas extraordinarios, no son multitudes, pero son esenciales y uno puede detenerse en cualquier lugar del mundo con sus obras, y es más que seguro, que saldrá bien librado de cualquier valoración.
En la actualidad, nuestra poesía es plural; se abre a otras experiencias, no sólo a las políticas; pues explora con otra óptica viejos temas literarios y nuevos afanes del mundo contemporáneo. La era digital, a la que de algún modo se resistió, le favorecerá en el futuro. La mayoría de estos poetas son migrantes digitales, algunos optaron por estudiar o vivir en el extranjero, poseen altos niveles académicos y los que no, son magníficos lectores y están enterados de cuánto sucede, no sólo en la literatura, sino en la política, en la filosofía y en la ciencia.

Es importante destacar que es tiempo de hacer revisiones a fondo de la historia de la poesía hondureña y darles su lugar a las poetas. Durante mucho tiempo fueron literalmente borradas. Más allá de las discusiones de género (que son importantísimas porque nos recuerdan la búsqueda de la justicia y la lucha contra la exclusión) son voces referenciales que permanecen y permanecerán, aunque haya un empeño intencional de determinarlas como hacedoras de orden menor.

Dentro de la generación joven, cuando se habla de poesía con mayúscula, con gravedad y seriedad, un buen lector o alguien que se precie de ser crítico y que tenga referencias universales de la literatura, dará una opinión asertiva sobre la poesía escrita por mujeres en Honduras. El hecho que no las tomen en cuenta no le resta a importancia a su producción, y al momento de hacer análisis literarios se debe ser más responsable. No se trata sólo de apuntar a la igualdad numérica, sino al reconocimiento de una sensibilidad que posee su propia fuerza y más allá de la caracterización, nos permite asumir un lenguaje que siempre ha estado ahí. No se debe negar que el canon se ha establecido para resaltar y marginar. Igual ha sucedido con la producción centroamericana marginada por el canon europeo; bueno, no digamos europeo, español al menos. Lo importante es generar reflexión desde un ejercicio crítico para alejarnos del maniqueísmo, que al verse descubierto, intenta, desde la estética del canon “dar un espacio a las mujeres”, eso es perverso y mediocre.

Cuando se trata de poesía, el tema también da para ser responsables. Es un país de muchas imposturas e impostores: la poesía no se salva de eso. Es un país de pocos poetas y de muchos locos, he dicho antes. Incuso los locos se podrían clasificar: hay algunos que estudian literatura, se vuelven profesores universitarios o de educación media y se transforman en tecnócratas.

No hay nada más complejo que una loca o un loco que se crea poeta (eso es peor que un poeta loco). Terrible cosa: exigen toda la atención posible, se suman a todas las causas, las posibles y las imposibles, se auto victimizan para validarse; cada mediocridad o estupidez que se les ocurre debe respetarse y celebrarse porque de lo contrario te etiquetan como un germen al que debe destruir la libertad inquisidora que prolifera en estos días.

Veo o escucho a "poetas" que dicen "mi obra" y ni siquiera han publicado un libro o al menos una muestra representativa en la web. No tienen ni un poema que sea trascendente. Veo que hacen hasta cien lecturas al mes, que hablan con una propiedad monumental e insisten cada día en banalizar la poesía como si este arte sólo requiere hipo inspirador, pujidos románticos, indignación a rajatabla, cuchicheo con música de fondo, mostrar las nalgas o proyectarse en la panza un video, enojo con espuma en la boca, enjuague ideológico, enlazar palabras, chisporrotear sinestesias baladíes y hacer piñatas de palabras a las que llaman poemas.

Cuando pienso en los grandes poetas de Honduras, los veo casi anónimos y silenciosos. Sus libros son piezas de culto, gente que trabaja y lee, con los que se puede sostener brillantes conversaciones. Sus lecturas son memorables, tienen una conciencia absoluta de sus habilidades y van más allá de ellas; son asombrosos y su rebeldía es resplandeciente, no sólo pueden escribir, sino que saben leer los libros y el tiempo que habitan. Paradójicamente no dan talleres de creación literaria, casi nunca leen en público sus poemas, no hacen proselitismo para ser invitados a festivales, no piden premios, pocos son docentes (no sé si admirarles o reprocharles, pues deberían estar en espacios culturales y educativos del país), no pierden el tiempo en naderías, no fotocopian el realismo sucio y saben que ser malditos va más allá de leer al buen Bukowski.

Tiempos raros estos donde si no eres poeta en facebook no eres nadie. Pero no hay que preocuparse; en el fondo las redes sociales pueden hacernos caer en un espejismo de la democracia. Si se piensa bien, apenas son un placebo de la libertad, y por supuesto ese universo placebo, permite a muchos locos creerse poetas.

Lo importante, estimado y culto lector, es que usted valore y conozca a los grandes poetas de Honduras, le aseguro que con un poco de reflexión y paciencia le será fácil, y lo mejor, le causará alegría y esperanza.

S.M.

Poesía hondureña: Breve reseña de Karen Valladares al poemario “Las palabras del aire “ de la autora Rebeca Becerra Lanza



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Nos vuelve el sueño.
Rebeca Becerra Lanza, siempre ha sido de las mayores influencias literarias en nuestro país. Es una de las voces femeninas que sigue incursionando en el campo literario en diferentes áreas, tanto narrativa como en poesía. En este libro Las palabras del aire, volvemos a descubrir a una poeta que se re descubre o nos habla desde su interior, desde su yo poético, pero hay otro instinto entre encontrarse y huir de ella misma y de buscar otros mundos. Veo el deseo intenso de ser, de estar en ese sitio que se vuelve su casa, su hogar, su refugio ese lugar imaginario lo vemos reflejado en su primer poeta “ soñé que estaba en un sitio, el punto exacto de una existencia que se debilitaba “ Aquí, repito, observamos la búsqueda del sitio, del lugar quizás al que si pertenecemos .
Vemos la inmovilidad, la permanencia de ser o no ser. Dos temas logrados en el primer párrafo de del poema antes mencionado. Y esto me recuerdo a lo que dice Hanni Ossotti: la casa, lo materializa cuando hace imágenes tangibles al respecto.
Sin duda la poeta Becerra Lanza, maneja todos los códigos sobre la construcción del lenguaje y la des construcción del mismo ( olvidando, claro está el discurso sobre la decontrucción del lenguaje de Derridá)” afuera el mundo” , la autora en este segundo poema, aclara su estado anímico, atípico a cualquier interioridad que la somete , la desolación, lo abrupto.
El uso de metáforas, acá, la poeta no la desliga en ninguno de sus textos, bien podemos percibirlos en los siguientes versos que tomaremos como ejemplos: “Yo era una roca que cantaba bajo la sombra de unos sauces”
• Fue duro ir al cementerio como una solitaria hoja “ pg 24
• Y me dolió la piel como si no fuera mi piel Pg 25 , “
• Soñá la sed de una risa marina” pg 28 .
Continuo diciendo que en este libro los poemas se vuelven un solo himno, la sencillez, la humildad la fluidez con la que la autora maneja el lenguaje poético y sigue sin error alguno . En su mayoría podríamos decir que el lenguaje cotidiano no es seguidamente usado en este conjunto de poemas ; aunque en algunos se desliga del tema inicial que es el deseo , y la búsqueda . La autora desde un monologo interior va dando las propias respuestas “ vamos a ver corazón por qué te hiciste demasiado solitario y dejaste de lado los fusiles “ pg 24, ella, la autora, exige al deseado, a lo perdido al intento que se vuelve así como una especie de batalla entre irse o quedase , una incertidumbre, quizá hasta una amenaza.
“ Háblame ahora que el se ha ido y tu te has quedado latiendo en mi pecho” pg 29. Seguimos viendo con claridad los temas que toca , el amor, el desamor, la búsqueda de lo que pertenecemos, , la noche, pero esta ultima no como simbología oscura , no como la muerte.
La muerte es un tema propio en este poemario.
Podría extenderme más y seguir hablando del sueño que tuvo la autora “ soñé que estaba en un sitio, soñé que atravesaba la oscuridad, soñé que era un río caudaloso, soñé los torbellinos…..
Este libro es un sueño, que todavía no termina de descifrarse . Pero ya lo dice Helen Umaña, la poesía nunca cesa de sorprendernos. Rebeca Becerra, reta a la propia soledad a la vida misma, a la muerte con sus propios discursos del yo interno.
Concluyo diciendo que es aquí donde encontramos lo sonoro, la plegaria, el antifaz , lo viceversa a todo al salto de la palabra, a las palabras del aire.
Honduras, 2018
Karen Valladares
Escritora gestora cultural, abogada.
Algunos de sus poemas de este libro a continuación:
Fue duro ir al cementerio
como una solitaria hoja
deshojada de la vida.
Escoger el hueco, el silencio;
el lugar para que te acomodaras.
Tu nombre era un pino en mi boca
que rezaba a la noche.
Lo dije:
-aroma en el aire-
luego fue un número
debajo de un árbol encendido.
***
Soñé los torbellinos de una pequeña cabeza
una mujer que entre mis brazos se convertía en gacela.
Yo tocaba su boca color del fuego.
Y ella quemaba mis dientes con sus labios
todo sin juntar nuestras bocas.
Inmediatamente apareció esta sombra que me hierve
en las venas
y me dolió la piel como si no fuera mi piel.

K.V.

lunes, 10 de diciembre de 2018

La generación cambiante ante el cambio urgente - Fabricio Estrada


Foto: Sandra Milena Arias


Víctor Hugo ha debido ser menos idealista al momento de legarnos su famosa frase: “Nada más poderoso que una idea cuando le ha llegado su tiempo”. A la luz de la historia de la humanidad, lo que debió decir es que no hay nada más poderoso que el formato que pone en movimiento la idea de nuestro tiempo. Porque en la praxis son los formatos los que definen la viabilidad de una idea aún difusa. La concretan. Y esto vale tanto para la ciencia como para las sociedades.

Hace un par de años, quise hacer una pequeña prueba sobre esta afirmación. Me tocaba dar un taller sobre el tema Cambio en una serie de conferencias Creative Mornings en Tegucigalpa. Repartí entre los jóvenes asistentes diferentes soportes para que escribieran lo que pensaran cambiar de su propio futuro o el de Honduras. Un pedazo de arcilla cocida y un punzón, un trozo de madera y un clavo, una hoja en blanco y un lápiz grafito; una máquina de escribir y su respectivo papel y una laptop con impresora fueron los soportes que repartí a varios jóvenes seleccionados al azar. Les pedí que me entregaran lo escrito hasta el final de la conferencia y cuando llegó el momento pudimos leer la aspiración de cambio en cada uno. Quien recibió la laptop me entregó un párrafo completo lleno de una clara enumeración de objetivos para cambiar su forma de pensar laboralmente. El de la máquina de escribir fue un poco más parco y, entre tachones o errores de tecla, escribió sobre la necesidad de un país sin corrupción. La muchacha del papel y lápiz grafito esbozó una idea de cambio personal en el que necesitaba estudiar mucho. Por último, la pareja que recibió el pedazo de tabla y el pedazo de arcilla cocida apenas pudieron escribir dos o tres palabras con el punzón y el clavo, pero en ambos soportes decía, con grafos casi paleolíticos: urge cambiar todo, cambiar o estallar.

El resumen final que sacamos entre todos esa mañana, fue que podemos sentirnos muy jóvenes o contemporáneos, pero si no tenemos el soporte social o tecnológico a mano toda idea que tengamos del futuro o del presente no pasará de ser una difícil y costosa exposición de nuestras ideas. El cambio puede costarnos un proceso doloroso a nivel social o puede ser una experiencia tan fácil y trivializada como escribir sobre el teclado de nuestro smartphone o laptop, con una rapidez tal que no nos demos cuenta del cambio operado en tan pocos años tanto en las comunicaciones como en los movimientos sociales donde impactan todas las tecnologías. Asumidos como naturales entes del cambio ya en curso, creeremos, contradiciendo a Aristóteles, que el simple moverse dentro del espacio de tiempo que vivimos es el tiempo[1] -época- o, en el mejor de los casos, afirmaremos con cierta pena lo que Lenin advertía a los revolucionarios de vanguardia: La prisa de un tonto no es velocidad.

Los soportes que se demuestran efectivos para echar a andar la época[2], han desencadenado una serie de cambios profundos en todas las esferas de las ideas: desde impulsar la sofisticación de la lengua[3]hasta el vaciamiento de realidad que ahora contemplamos a través de los smartphones y otros aparatos que en principio aparecieron como un complemento de la realidad comunicativa hasta convertirse ahora en la realidad, ya no como eufemismo virtual, es justo decirlo: el soporte que traduce la realidad. Lo virtual ha devenido en la realidad que antes creímos punto de partida para proyectarnos en el desarrollo de las posibles ideas.

Esta inversión del punto de fuga ha creado una realidad silenciosa donde el cambio efímero establece su señorío a través de innumerables aplicaciones. La identidad solo se define en lo trending y lo que aspira a una mínima estabilidad representa el vacío. De manera pasmosa se ha acelerado la conciencia de que el ser es el soporte mismo ya que todo ocurre en un paisaje interior diseñado para ser infinito en su capacidad de repetir nuevos efectos anímicos. Por supuesto, no es la primera vez en la historia de la humanidad que una invención para la colectividad se convierte en un incesante provocador de imaginarios y espiritualidades. La historia de las religiones con todo y sus nomenclaturas metafísicas lo demuestra, pero lo que sí sucede es que el tiempo de atención a cualquier idea se ha acortado al ritmo de las constantes ventanas emergentes de nuestros dispositivos. Quizá por ello la avasalladora crisis del cambio climático suene tan lejana, lenta y dispersa, jamás concentrada en un punto donde se pueda advertir su inexorabilidad destructiva y ni qué decir de los procesos políticos que se rechazan de inmediato cuando estos requieren de una profundización paso a paso.

No podemos olvidar que todo el siglo XX, con todo y sus devastadoras guerras mundiales, fue el gran forjador de una neurosis global sin precedentes, con las excepciones que se dieron en Europa por causa de la peste negra en el siglo XIV e.C. y el impacto de la invasión europea a América en el siglo XVI. Esta globalizada condición psicológica ha derivado -heredado- en el abandono de la competencia dentro de la realidad cotidiana (entiéndase: ir al trabajo, al centro universitario, al supermercado, lavar la ropa, etc.) y en la consecuencias alarmantes que dieron paso a la actual generación, una masa joven que muestra graves signos de inhibición que contrastan con la agresiva forma en que el sistema de consumo alienta al éxito, aunque sea una victoriosa vida dentro de las redes sociales o video juegos en línea, un afán que, paradójicamente, provoca una angustia tal que conduce al abandono de la competencia[4].

Las ideas que “prendan” en la generación cambiante tendrán que abordarse desde este nuevo punto de huida, más que de fuga, porque hasta la fecha, precisamente, han sido las ideas que cambiarían el siglo XX las que ignoraron el soporte humano sobre la cual se erigiría la época. Las tablas, las arcillas cocidas, las máquinas de escribir, los papeles, clavos, punzones, grafitos y laptops están siendo devueltos en fuego granado y a discreción a todas las políticas públicas que intentan erigirse como totem. Ese lenguaje hacia adentro[5] que tanto comunica a esta generación, puede ser el mayor de los silencios ante el vacío sobre el que están trabajando los Estados y movimientos sociales aferrados a una socio-lingüística ya ineficaz, que casi raya en el paleolítico.

Mientras tanto, las nuevas apps están surgiendo, el nuevo amor, los más rabiosos y silenciosos odios que van y vienen entre las redes sociales y los gamers on line.
El cambio jamás necesitó ser más 3D que en nuestra época.



[1] El movimiento solo se da en aquello que cambia, el tiempo se da en todas las cosas, y mientras el movimiento puede variar su velocidad, el tiempo no puede hacerlo, puesto que la velocidad de las cosas que cambian se mide en función del tiempo en que transcurren, pero el tiempo no puede medirse en función de sí mismo. "Es evidente, por tanto, que el tiempo no es movimiento" (Aristóteles, 1995b, p.86). La Concepción del Tiempo en Aristóteles, Jorge Vidal Arenas, Universidad de Chile.
[2] La época entendida aquí como la individualista y efímera vida cambiante que Bauman detalla en su concepto de la vida líquida.
[3] El vocabulario inglés, antiguamente limitado a unos pocos miles de palabras, se amplió hasta más de un millón con la proliferación de los libros tras la invención de la imprenta de Gutenberg. “Los límites del lenguaje se expandieron rápidamente a medida que los escritores competían por la atención de unos lectores cada vez más sofisticados”. Nicholas Carr, Superficiales ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?
[4] El inescrupuloso perseguidor del éxito no se cuida en absoluto del afecto ajeno; nada desea ni espera de los otros, sea ayuda o la menor generosidad… desde luego, aprovecha del prójimo, pero únicamente se preocupa de su buena opinión en la medida en que pueda servirle para lograr sus fines. El cariño en sí mismo carece de significados para él. Sus deseos y defensas siguen líneas rectas y definidas: poderío, prestigio, posesiones. (Karen Horney, La Personalidad Neurótica de Nuestro Tiempo)
[5] Referencia a la expresión de la poeta y novelista argentina, Andrea Zurlo, cuando al preguntársele en qué idioma escribía al vivir tantos años en Italia, ella respondió: escribo en ese español adentro que llevo siempre conmigo.

martes, 4 de diciembre de 2018

Consumir y Consumar: los deberes del nuevo obrero - Fabricio Estrada




“R. Gerónimo hizo una pausa. En sus manos se produjo una ligera vibración. Baley lo advirtió y comprendió que in­dicaba un cierto grado de conflicto en los mecanismos positrónicos del robot. Tenían que obedecer a los seres humanos, pero era muy frecuente que dos seres humanos quisieran dos tipos distintos de obediencia”. El pasaje anterior se encuentra en el libro de ciencia ficción Los Robots del Amanecer, del célebre autor Isaac Asimov; más adelante de la historia, dos robots se preguntan por qué el ser humano es tan difícil de definir. “Aún no encuentro el libro que me diga con claridad qué cosa es lo humano”, dice uno de los robots, rompiendo con ello la frontera existencial impuesta por lo humano entre ambas entidades que comparten espacio y tiempo, pero no motivaciones. Esencialmente, los impulsos de un robot de Asimov son delimitados por Las Tres Leyes de la Robótica, especie de tabla de deberes que suplantan a la ética y la moral, de las cuales carecen los robots por no estar sujeta su evolución de conocimiento a la cultura y sus vicisitudes.
1.   Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
2.   Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
3.   Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.
Estas leyes le dan poco espacio de maniobra al ser artificial, claro está, pero el conflicto del ser termina llegando a una inteligencia que aprende, en cada novela que Asimov hizo sobre el tema, a comprender que lo humano -el amo- tiende a traicionar sus propios valores hasta volverse un ser voluble que ya no merece respeto. Esta reflexión es la misma hizo que Cicerón en el siglo I a. E.C[1]., escribiera en Los Deberes una serie de codificaciones éticas y morales para el buen gobernante, en su caso y época César Augusto. Podemos aventurarnos a crear una analogía entre estos deberes y Las Tres Leyes de la Robótica porque en sí, lo que Cicerón trataba era “programar” al encargado fundamenta de sostener la buena marcha de la vida ciudadana, algo que, si bien no pasó de ser un consejo sano para Augusto, terminó convirtiéndose en matriz cultural de occidente, presente en la mayoría de las constituciones republicanas y de las cuales se derivaron todas las leyes de protección del ciudadano, al menos en teoría. Cicerón aconsejaba lo siguiente:
1-   Que los apetitos obedezcan a la razón.
2-   Advertir qué importancia tiene lo que queremos hacer, a fin de no tomarse ni más ni menos solicitud y trabajo que los que la cosa pide.
3-   Que en todo lo que se relacione con las apariencias exteriores de la vida libre se guarde la medida. Ahora bien, la mejor medida está en atenerse precisamente al decoro.
Estos deberes fueron paradigma durante siglos, pero como dije anteriormente, las vicisitudes culturales en la historia humana crearon las condiciones para que los líderes que debían ajustarse a ellos terminaran por ignorarlas. Esos deberes han quedado solo en el papel, como un bello ideal del poder humano, y sin embargo, se recurre a ellos, como esencialidad represiva, no para los gobernantes sino que para el ciudadano. De esta forma el ciudadano común se encuentra confinado a una pervertida matriz cultural, misma que ha hecho de él un robot.
En El Manifiesto Comunista, Marx expone con claridad el cómo ese poder pervertido codifica y potencia su existencia a través de las nuevas leyes que va creando sin apartarse del aparente uso continuo de la tradición jurídica, espejismo ya roto del humanismo clásico: “(al romperse la producción feudal) se estableció la libre concurrencia, con una constitución social y política correspondiente, con la dominación económica y política de la clase burguesa”’. Es decir, las avasalladoras fuerzas de producción del capitalismo incipiente necesitaban de un nuevo marco legal que le permitiera definir el espacio de maniobra de los obreros, siempre, para ellos, tan inestables y problemáticos.
Todo lo que ha ocurrido desde entonces es de sobra conocido, la historia de las revoluciones en el siglo XX, las reivindicaciones obreras y el ascenso del hiper capitalismo global, cada uno de esos pasos abundantemente previstos por Marx, tanto en El Manifiesto Comunista como en El Capital  , pero acaso ¿no se nos está escapando lo que piensa el nuevo obrero ya asumido en sus nuevos instrumentos de trabajo[2] y desligado de la conciencia moral[3] por aprendizaje mimético de las alevosas actuaciones del patrono?
En las actuales condiciones laborales posclásicas[4], bien podríamos hablar del obrero zapping, “cultivado y programado” para saltar de un empleo a otro con la misma velocidad que consume información y ofertas. Esta aceleración que hemos venido viendo en los últimos veinte años, ha creado nichos de alto blindaje en la primera generación joven que, muy probablemente, se convertirá en la última generación en comprender la realidad a través de la linealidad temporal con que se medía el tiempo de producción. El mismo Frederick Taylor, con toda y su gestión científica de las horas/hombre ha quedado muy atrás en el manejo del recurso humano, un recurso que el algoritmo de las redes sociales y la programación de la robótica industrial ya han superado.
Si de entre todos los grandes y acelerados avances de la tecnología que estamos recibiendo se anunciara que ya tenemos la posibilidad de viajar en una máquina del tiempo, sería muy interesante confrontar a Cicerón con un jefe empresarial o gobernante actual. Cicerón tardaría mucho en reconocer en el pensamiento de éste algunas trazas de lo que él considero eterna pauta para las relaciones entre poder y ciudadano. “Es preciso que el simple particular viva en igualdad y paridad con sus conciudadanos; ni sometido y abyecto, ni tampoco dándose importancia; y en el Estado debe querer la paz y lo honesto (Este es el buen ciudadano)[5] A pesar de no comprenderle del todo, este empresario o gobernante estaría en toda la disposición de jurar que su desorientación es tan occidental como accidental, ya que se siente orgulloso de ser heredero de la jurisprudencia romana -con la cual aún monta el simulacro constitucional- pero que no está dispuesto a desestimular la verdadera dinámica con que se mueve la sociedad poshumana: El simple particular debe sentirse diferente a su conciudadano, pero a la vez debe estar sometido y abyecto, aún y cuando le de toda la importancia a su imagen a través del Facebook, Instagram, Twitter, etc. La realidad ya no pertenece, entonces, ni al pensamiento clásico ni a la constructo más posmoderno del obrero, lo que vendría a darle la razón a Marx, una vez más, en cuanto a que el carácter distintivo de la propiedad burguesa -ahora en fase hiper capitalista- es la abolición de la propiedad para mantener una constante transformación histórica, vital para minimizar el arraigo, el sentido de orientación, el patrimonio, la idea de la colectividad como fuerza ciudadana, en fin, el barrido de la memoria que permita la nueva codificación o programación. ¿Cuál puede ser esta? Benjamin Noys se aventura a decirnos: “La idea de una vía extendiéndose hacia el futuro convierte a la revolución en un momento que se pierde en la distancia: la estación a la que nunca llegaremos. La consecuencia, contraria a la intervención revolucionaria, consiste en alimentar constantemente las calderas del tren, es decir las fuerzas productivas. Este es otro ejemplo del aceleracionismo que, o bien trata de aumentar activamente la velocidad del capital, o simplemente se convierte en pasajero del tren, permitiendo la constante destrucción del trabajo vivo y su sustitución por trabajo muerto.”[6]
No es para menos que, ante esta programación, el ciudadano joven -o lo que resta de él- no vea con alarma la desaparición de los derechos laborales y sus fondos de retiro, dado que en una simple app puede encontrar el láudano diario que necesita para entretener el ocio -desempleo o falta de productividad- entretanto llega el próximo salto en el pop up de las ofertas digitales. Una vez logra un empleo, de pronto se ve ante las implacables cadenas de montaje maquileras, produciendo sin descanso para un consumidor abstracto que exige más, que compra por docenas, que “estrena” piel textil con enorme gula. También puede, en el caso del joven tercermundista recién graduado de escuelas bilingües, encontrarse ante un teléfono de Call Center, practicando su inglés horas y horas en llamadas insospechadas que le reportan un salario que le da lo suficiente para comprarse la versión más reciente del smartphone de moda y así continuar ante los grilletes de la pequeña pantalla en las horas extras en que se convierte su vida normal.
Consumir y consumar son palabras que bien pueden ser los mellizos estrellas de esta época hiper capitalista, algo así como Asimov nos ha advertido que puede confrontar a lo humano respecto a la inteligencia artificial de los robots. El ser humano podrá quedar entonces del lado del consumo, mientras que los robots nos verán desde el lado de la nueva producción, donde la moral se mide por el tipo de imágenes que se nos da a consumir a través de algoritmos y la ética es una estadística perfectamente medida. Así, no resultará extraño que un robot afirme, sin ningún atisbo de nostalgia: “Aún no encuentro el libro que me explique con claridad qué es lo humano”.

Cicerón, sin duda, llorará dentro de la cápsula del tiempo.


F.E.



[1] Era Común.
[2] “La Burguesía solo existe a condición de revolucionar los instrumentos de trabajo, es decir, todas las relaciones sociales.” C. Marx, El Manifiesto Comunista.
[3] Sigmund Freud, El Malestar en la Cultura: “El hombre moral mantiene una conciencia más severa y vigilante”.
[4] “Los confines entre las categorías de lo natural y lo cultural han sido desplazados y, en gran medida, esfumados por los efectos de los desarrollos científicos y tecnológicos”. Rosi Braidotti, Lo Posthumano.
[5] Los Deberes, Marco Tulio Cicerón.
[6] Benjamin Noys, Velocidades Malignas, Materia Oscura Editorial.