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lunes, 11 de septiembre de 2017

Escribir es un acto de poder - Eduard Encina, Cuba


Eduard Encina, lectura en Arauquita, XXVII Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, 2017. Foto: Fabricio Estrada

El siguiente texto fue escrito por Eduard Encina para contribuir, desde sus palabras, al proceso de paz colombiano.

"¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos?...
                                                                                                     La razón no triunfa sin la poesía."
                                                                                                                                   José Martí
No es la improvisación constante la que mueve los hilos de una sociedad. Una mirada simple pudiera develar los dominiosque condicionan las aspiraciones y la movilidad de la gente, y cuando digo movilidad, refiero interacción entre grupos y sectores, necesidades e intereses, pero también agitación hacia el interior de nosotros mismos, la posibilidad de generar las ideas que nos empujan a fundar la vida y arriesgarla por una causa. Siempre habrá un ejercicio de poder intentando legitimar la justeza de su modelo de dominación y para ello no escatimará en utilizar las más inusitadas tácticas, pues la sociedad ha de tener la falsa percepción de que se mueve por sí misma, la buena política parece ser construida por todos: el mejor poder es invisible.
El uso de la palabra conecta y atiza una extraña relación de poder entre política & literatura. La primera se afana en articular resortes ideológicos, siempre desde un discurso parcializador y homogenizante y la segunda desde la conformación de una sensibilidad cuestionadora y de resistencia. En este sentido, la porfía no se concentra en si leemos más o leemos menos, “si se consume más o se consume menos”, sino en el orden cualitativo “qué se lee y qué se consume”, he ahí el por qué los que ostentan el poder siempre pretenden controlar y dominar las cuestiones más “actuales” en el ámbito de la expresión literaria.
Colombia no ha estado ajena a estos procesos. Acudir al “olvido” es una práctica permanente del poder para suprimir la memoria de los pueblos y plantar campos de silencio que poco a poco se convierten en impotencia, desidia y falta de compromiso con la historia. Tal vez era Bukowski quien aconsejaba "vigilar el ruido del corazón”, más ello necesita esa sensibilidad bien entrenada para, en medio de la violencia, comprender los paisajes y matices de la realidad. Ante ese peligro no están solamente los supuestos “consumidores” distraídos, alejados de los libros y las maniobras encubiertas, también encuentra sitio la desmemoria en muchos intelectuales, que prefieren flotar y adaptarse cómodamente a los contextos en que viven, antes que forcejear, disentir y convertirse en resistencia.
Si bien es cierto que la escritura es un acto solitario, en el que opera un supuesto “aislamiento” de lo otro, en realidad lo que sucede es, que el poeta ha cargado su cruz y se “aparta” para alcanzar por medio de la poesía la resurrección, la sensibilidad futura, aquella que como la belleza en Carlyle se presiente antes de tener de ella cabal conocimiento. Está en la escritura la ruina definitiva del tiempo, anulado o reinventado por la posibilidad. Un lector puede re-descubrir y re-crear su lugar en la historia en tanto acceda a esa capacidad de transitar de la mera contemplación y disfrute, a la producción de conocimiento y luego en la construcción de una conciencia colectiva.
Escribir es un acto de poder, tal vez por ello muchos intentan anular los nervios individuales y así controlar mejor la sociedad zombi que camina hacia el desfiladero, sin un estruendo, sin un lenguaje que la despierte y asuma una actitud desacralizante, capaz de enunciar y trascender la realidad, demoliendo normativas y valores impuestos por determinado grupo hegemónico.
La experiencia con la poesía no es necesariamente racional, desde ella se operan cambios, estímulos que nos enriquecen y hacen mejores, aún volviéndose a veces inteligibles, sentimos que algo en nosotros ha cambiado, y es más importante sentirlo que explicarlo. El disfrute de un buen poema no posibilita que una realidad determinada se transforme, pero una buena lectura (Harold Bloom de por medio) ayuda a prepararnos para el cambio. ¿Es posible un estado de paz, sin haber creado antes un “estado de sensibilidad”? En eso la poesía actúa, regenera, cataliza, es capaz de juntar un espíritu, una especie de lenguaje babélico donde confluya la diferencia y el entendimiento. 
En medio de un conflicto armado como el que ha tenido Colombia, todavía arden escollos que no pueden superarse sin antes reconocer que una conciliación política va más allá del cese de la pólvora y la sangre, tiene que ser desde el fondo la asunción de un nuevo pensamiento, que como la poesía, se mueva en lo invisible, pero termine convirtiéndose en una actitud ante la realidad.
 Vivir hoy en una sociedad que constantemente reproduce las más disímiles formas de hegemonía simbólica, exige convertirse en un adiestrado lector de tales productos, para no terminar convertidos en adictos consumidores de cultura chatarra y modelos de vida ajenos al contexto y las urgencias del día a día. De pronto la poesía podría parecer el dinosaurio de Monterroso o el cisne salvaje de Luís Rogelio Nogueras, una visión ridícula, absurda, y no la aspiración de salvar un sueño, pues de nada sirve la gran poesía, si se quedase en los límites de lo estético y no se proyectara a fundar ciudadanos actuantes, responsables en su interacción social, seres críticos donde se producen profundas transformaciones hacia la comprensión de sí mismos y del mundo.
Mantener energizada la creación poética es una de las formas más eficientes para contrarrestar cualquier gesto totalizador. Todo pueblo necesita voces que concentren sus aspiraciones y se vuelvan reacción ante la apariencia de normalidad en que a veces intentan sumirlo. Hay en la literatura un sacudimiento, fuerzas telúricas que actúan sobre la conciencia de los hombres y despiertan conductas, nociones de verdad, paz y diversidad. 
En medio del conflicto civil colombiano, fue necesario percibir el uso desafortunado de la violencia como única alternativa para “dialogar” entre las partes afectadas. Hoy, la poesía ha de confrontar esa violencia clarificando el corazón de los hombres, al añadirle a través de la palabra, fe y entendimiento.
No en vano un poeta como Juan Manuel Roca, en su poema BIBLIA PAUPERUM, se acerca a zonas angustiosas de su país, no como queja, más bien vuelto conciencia de los derrumbes espirituales que lo rodean y de la necesidad de encontrar nuevos lenguajes, capaces de vencer las raíces de amargura y asumir un nuevo tiempo imaginado, pero no imposible:
Crecen como flores venenosas las esquirlas
Del rencor en un país de lunas erizadas
Y soles que entibian los huesos de los muertos.

En ciudades asediadas por sí mismas
Entro a la estación de los amigos,
A la música y al coro, al mismo tiempo.
Los amigos, una cuota de cielo,
Flores que no son de temporada.
En la patria del rencor
Es como tener el oro del silencio.
Así como fue creado el mundo por la palabra, también la palabra puede consolidar la paz, no destruyendo el horror del pasado, sino impulsando la memoria futura, como sugería la Reina Blanca de “Alicia en el país de las maravillas”, “es muy pobre la memoria que sólo funciona hacia atrás”, hay que cambiar de actitud como ejercicio probatorio de que la historia no actúa, sin ser precedida por un espíritu sinérgico que prepara la mística y el impulso. 
Esa es la zona que se ha de alimentar, intentando los nuevos nacimientos de la mente, asumiendo la poesía (poiesis) como un poder invisible que nos empuja (más o menos conscientes) hacia el ejercicio del perdón y la reconciliación. Únicamente así pudiera hacerse realidad aquella idea martiana tamizada por la lucidez de la escritora Fina García Marruz revelándonos que “la poesía quizás sea la moral venidera”.

miércoles, 23 de agosto de 2017

En defensa de los trabajadores invisibles - Leonardo Boff

Paul Klee, Ad marginen - 1930


Por más amenazas que pesen sobre la Casa Común, la Tierra, atacada en todos los frentes por el tipo de cultura que hemos desarrollado en los últimos dos siglos, explotando ilimitadamente sus limitados bienes y servicios, más directamente para la acumulación material de unos pocos, a pesar de todo eso ella continúa ofreciéndonos generosamente la belleza de los frutos, flores, plantas, animales y una amplia biodiversidad.
 
A mí me impresionan las pequeñinas flores rojas y amarillas de tres vasos que cuelgan de una de mis ventanas. Ellas, alegres, sonríen al universo. Eso me remite a la frase del místico poeta alemán Ángel Silesius que dice: «la flor no tiene un porqué, florece por florecer, no se preocupa de si la miran o no, simplemente florece por florecer».
 
Sabemos que solamente un 5% de la vida es visible. Lo restante es invisible, está compuesto de microorganismos, bacterias, virus y hongos. Ya escribí esto aquí y lo repito con las palabras de uno de los mayores biólogos vivos, Edward O. Wilson: «en un sólo gramo de tierra, o sea, en menos de un puñado, viven cerca de 10 mil millones de bacterias, pertenecientes hasta a 6 mil especies diferentes» (La creación: cómo salvar la vida en la Tierra, 2008, p. 26). Si eso es así en solo un puñado de tierra, imaginemos los trillones de trillones de microorganismos que habitan en el subsuelo de la Tierra. Por eso tienen razón James Lovelock y su grupo al afirmar que la Tierra es un superorganismo vivo. No en el sentido de un animal inmenso, sino en el de un sistema que se autorregula y que articula lo físico, lo químico y lo ecológico de forma tan inteligente y sutil que siempre produce y reproduce vida. La llamó Gaia, nombre griego para designar a la Tierra viva. 
 
En la naturaleza nada es superfluo. Con cierto sentido del humor escribió el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el Cuidado de la Casa Común” refiriéndose a san Francisco, que este pedía a los frailes «que dejasen siempre en el convento una parte del huerto para las hierbas silvestres», porque a su manera ellas también alaban al Creador. 
 
Debemos cuidar de estos trabajadores anónimos que garantizan la fertilidad de los suelos y son responsables de la inimaginable diversidad de los seres, de los distintos frutos, de la variedad de flores, de la diversidad de las plantas y también de la existencia de los seres humanos, en sus diferentes modos de ser lo que son. Con los miles de millones de litros de agrotóxicos (sólo en Brasil se vierten en el suelo cerca de 760 mil millones de litros) los amenazamos y matamos. La humanidad es la primera especie en la historia de la vida, que tiene ya 3,8 mil millones de años de duración, que se ha vuelto una fuerza geofísica letal. Ella es el meteoro rasante, capaz de generar, por su falta de cuidado y por la máquina de muerte que ha creado, las condiciones para exterminar la vida visible y nuestra civilización. Habrá quien diga que con eso se inauguró una nueva era geológica, el antropoceno. Pero a esos microorganismos les es indiferente. Un naturalista, Jacob Monod, lanzó la idea de que, debido al fracaso de nuestra especie, surgirá tal vez otro ser, capaz de soportar el espíritu, que sea más amante de la vida. Consideremos estos hechos: los pequeños organismos vivos y visibles como las hormigas totalizan cerca de 10 mil billones y tienen un peso equivalente al de toda la población humana de 7,5 mil millones de personas. Los insectos, por miles de millones, son responsables de la polinización de las flores que, posteriormente, darán frutos. 
 
¿Quién podría imaginar que una simple hierba silvestre de Madagascar proporcionaría alcaloides que curan la mayoría de los casos de leucemia infantil aguda? ¿O que un oscuro hongo de Noruega proporcionaría una sustancia que permite realizar el trasplante de órganos? Más sorprendente aún: a partir de la saliva de las sanguijuelas se ha desarrollado un disolvente que evita la coagulación de la sangre en las cirugías. 
 
Como se deduce, todos los seres poseen primeramente un valor en sí mismos, por el simple hecho de haber surgido a lo largo de millones de años de evolución y enseguida poder ser generosamente útiles para su hermano o hermana, el ser humano.
 
Las especies consideradas “dañinas” que, en realidad, son silvestres, enriquecen el suelo, limpian las aguas, polinizan la mayoría de las plantas con flores. Sin ellos nuestra vida estaría sujeta a enfermedades y sería más breve. Esa legión de microorganismos y minúsculos invertebrados, especialmente los gusanos nematodos que constituyen las cuatro quintas partes de todos los seres vivos de la Tierra, como nos afirman los biólogos, no están inútilmente y sin cumplir su función en el proceso cosmogénico. Los necesitamos para sobrevivir. Ellos no necesitan de nosotros. 
 
San Francisco pisaba el suelo suavemente con miedo de matar algún bichito. Nosotros andamos atropellando, sin conciencia de que, escondidos en el subsuelo, hay miembros de la comunidad de vida.         


L.B.

jueves, 3 de agosto de 2017

Dunkerke, o el quién salvará al viejo mundo



Termina Dunkerke, de Christopher Nolan, con una memorable frase ideológica sacada del texto que Winston Churchill hiciera sobre la gran evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica (1940) : no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, [...] nuestro imperio de ultramar [...] continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo”. Y sumado a ella, la shekeaspiriana despedida del coronel en el muelle (interpretado por Kenneth Branagh) diciendo: “Yo me quedo en espera de los franceses…”.

Pero resulta que, en la realidad histórica, 40 mil soldados franceses estaban muriendo en ese instante por salvaguardar la retirada inglesa de la aniquilación que la Das Reich Divisionen traía y que, además, el nuevo mundo (Estados Unidos) esperaría y esperaría hasta montar bien su participación en la guerra con un Pearl Harbor sumamente calculado. El imperio en ultramar que Churchill convocaba caería apenas terminada la guerra y su amigo del nuevo mundo le arrebataría la voz cantante hasta estos años en que la industria de Hollywood ve necesario elevar la presencia de la historia inglesa ya sea en la distribución o en la producción, como es el caso de esta versión de Dunkerke. Ya Narnia, Harry Potter, Piratas del Caribe, Big Foot Giant, Caballo de Guerra, Al filo del mañana y las muchas de Marvel y DC han puesto en el escenario de sus batallas o aventuras a la tía, madre o abuela Gran Bretaña apoyando en mutuo dolor a la jovencita e inmadura América.

Ya la crítica francesa le cayó encima a esta versión de Nolan así que no abundaré en las coincidencias reflexivas que se me vinieron a la cabeza mientras la miraba, pero sí resaltaré que la apología al Brexit es lo más relevante de este nuevo borrador de memoria histórica contextual. Esperar a que Francia llegue al muelle y se zafe de la Unión Europea parece ser todo el esfuerzo de la producción, a pesar de que en la misma película los franceses que aparecen se muestran como cobardes que huyen a la misma manera de los ingleses, o lo que es peor, mintiendo casi como espías.
Hacer una película épica de una derrota contundente es la magia del cine, sí, sobre todo, cuando de los hechos que llevaron a la evacuación de 400 mil soldados no hay mucho que explicar más que el papel pundonoroso que jugó la última reserva de vergüenza civil a mano, con todo y sus barcos pesqueros. Pero es sabido que cada nación que se ve amenazada a fondo convoca hasta a las escobas para que se conviertan en espadas. 

La pregunta es: ¿de quién se está defendiendo esta vez Gran Bretaña y Estados Unidos? ¿Vuelve a ser una isla Estados Unidos cuando el síndrome de Robinson Crusoe solo está en la cabeza de Trump y de sus votantes? Solo para devolverle un poco de honestidad a la historia, diría que me encantaría ver la enorme capacidad cinematográfica de Nolan recreando la Batalla de Stalingrado o La Gran Marcha de Mao. En ambos casos la épica sería íntegra ya que esas fueron las auténticas defensas y acciones que le dieron un vuelco al hasta ese momento victorioso fascismo occidental y oriental.

Me quedo entonces con la fotografía y mis nervios afectados por la música inquietante, algo sumamente logrado para ensamblarse con el silbido hórrido de los Stukas. Lo demás, es haber estirado el chicle de la derrota hasta sus máximas consecuencias. Pero claro, ideológicamente muy bien logrado. Todo un Bréxito.

F.E.


jueves, 27 de julio de 2017

Berta Cáceres en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, 2017

En el marco del Festival Internacional de Poesía de Medellín 2017, tuve participación, el lunes 10 de julio, en una mesa donde el conversatorio giró en torno al tema "Construyendo el país soñado", enlazando -desde nuestras experiencias por país- con la firma de paz en Colombia. A mi lado estuvieron Gunnara Jamioy de la nación Iku-Kamentsa-Colombia y el cantautor pop-rock chileno Chinoy. Moderó la mesa el escritor colombiano Mario Angel Quintero.
Conversatorio. Foto: Mayra Rizzo.


Decidí que mi participación sería un homenaje a Berta Cáceres y explicar Honduras y Latinoamérica desde su dialéctica esencial, más allá de la mediatización que busca reducir su impronta a la lucha medio ambiental (la reconocida activista Blanca Jagger también expuso como denuncia internacional el asesinato de Bertita, siempre en el marco del Festival).

Blanca Jagger - Foto: Fabricio Estrada


Hablé, entonces, intentando llevarla a aquella bella placita del Teatro Pablo Tobón Uribe, concurrida por un público excepcional y atento, y lo expresado puede resumirse en un texto que escribí en marzo para ser publicado aquí en Puerto Rico, el cual comparto a continuación:


Y por Berta, caminaría todas las montañas.

Berta llegaba un poco atrasada ese mediodía. Nos citamos para almorzar en Café Paradiso de Tegucigalpa y como siempre pasaba al encontrarla, tuve la sensación de estar más ante una niña risueña que ante la Berta Cáceres que electrizaba las enormes asambleas populares de la Resistencia hondureña al golpe de Estado del 2009. 

La voluntad más lúcida de todo el movimiento popular hondureño estaba llegando entonces a almorzar conmigo y yo no podía evitar (nunca lo pude) el sentirme admirado por su afabilidad y sonrisa de compañera sencilla. Así ocurrió el día anterior al almuerzo, cuando nos pusimos de acuerdo para ir a Paradiso durante el foro preparatorio de Cambio Climático 2015 realizado en un hotel de Tegucigalpa. Ella era discursante principal y como si nada, se puso a hablar conmigo en las últimas sillas sobre cualquier cosa, como amigos contando sus respectivas novedades en espera que iniciara el evento. 

Como miembro de la coordinación de Artistas en Resistencia había estado en muchas reuniones donde ella se convertía en la orientadora esencial, en la compañera segura de sus palabras y de su experiencia en la defensa de los derechos indígenas sobre sus recursos, pero sobretodo, de la insistencia de su planteamiento de recuperación del patrimonio simbólico ancestral como vía dialéctica hacia la lucha. Eso incluía todo lo que éramos y a la vez negábamos: somos mestizos y somos indios, más indios que mestizos y nos desligaron de la tierra haciéndonos creer un resultado aparte, una consecuencia del usurpo de la conquista, le escuché decir en una ocasión en Utopía, el Centro del COPINH (Consejo de los Pueblos Indígenas de Honduras) en La Esperanza, Intibucá. Hablaba con puntual cadencia sobre el cómo la lucha territorial era la clave para destrabar la idea de liberación surgida desde la urbanidad alienada, del cómo los paros cívicos territoriales ayudaban a dos cosas a la vez: a detener el transporte de mercancía de los grandes latifundistas y a acelerar la conciencia sobre la lucha general desde lo local. Defender un río como defender el mar, defender un árbol como defender el bosque, defender el rito lenca como defender a la humanidad primigenia. Era una lucha por la defensa de la vida -decía- desde lo más cercano, no desde las distancias irreales que imponen las ciudades y sus dinámicas. Recuperar nuestra raíz ancestral sería recuperar el derecho al territorio y de ahí, el derecho a ser nación, en primer lugar, luego diversidad soberana y al final, independencia plural, humana.

Y esa era la clave de todas sus intervenciones, la clave que hacía que los movimientos o corrientes emergentes se sintieran representadas por ella y por la lucha del COPINH. Su omnipresencia en cada uno de los ejes de lucha de los últimos veinte años en Honduras elevó su figura y su voz a niveles imprescindibles. Uno podía asegurar que la verdadera presión estaba ausente si el COPINH no se había sumado aún a la acción de repudio, bloqueo o exigencia popular. Con ella al frente, por supuesto. Cuando las movilizaciones que ella encabezaba elevaban sus banderas de colores en las calles de la capital nacía una efervescencia diferente, tan diferente como la primera movilización de las etnias hondureñas en 1993. Miles de indígenas y pueblos negros se tomaron la ciudad en el marco de la conmemoración del V Centenario del “descubrimiento de América” y forzaron la creación de leyes que ampararan, por primera vez de manera tácita, a las comunidades ancestrales históricamente relegadas. Desde ahí, desde aquel 1993, Berta Cáceres se decidía a darle coherencia a su participación voluntaria en una lucha que, pocos años atrás, la llevó a movilizarse en las filas del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) durante el conflicto armado salvadoreño.

Ahí estaba, pues, Bertita Cáceres, llegando tarde a Paradiso y queriéndose hacer perdonar por su sonrisa sencilla y su íjole compa, como que me tardé mucho, ¿verdad? Y claro que disculpé a la que fue candidata a vice-presidenta en la fórmula independiente de Carlos H. Reyes, la candidatura que anunció su retiro en las elecciones del 2009 por negarse a participar en las condiciones dictatoriales pos golpe de Estado. Comamos unos spaghetti -le dije- y ella se los comió saboreándose como niña, mientras yo le leía una crónica sobre la isla de Amapala. Eso es lo que quiero -me dijo-, visualizar la lucha del COPINH desde una historia contada así, fotografiada así. Mónteme un taller en las montañas, de foto y poesía… pero eso sí, tiene que caminar mucho… mire que nos tienen invisibilizados y ese papel lo juegan a diario los medios. Acordamos una fecha para el taller justo cuando se unían Bertita y Salvador, dos de sus hijos e hijas que acababan de llegar, uno de Argentina y la otra de México.

Seguro de que la tarde era luminosa y que pronto vería esa luz en las montañas de Intibucá, me despedí de ella con un fuerte abrazo. La admiro muchísimo, compa. Es un honor para mí haber almorzado con usted, le dije. Ella se rió con visible pena y me dijo que no, que no inventara, que allá me esperaba. Mes y medio después la asesinaron* las grandes compañías extractoras y sus nexos en el gobierno de juan orlando hernández. Mes y medio después, en los días que debí estar junto a ella, caminando por las montañas.

Sentí el dolor más antiguo que jamás ninguna raíz pudo darme. Era mi voz ancestral que se derrumbaba.


Fabricio Estrada


*La hidroeléctrica DESA es señalada como la principal sospechosa dado la fuerte oposición que el COPINH ejercía ante el proyecto de represa en el Río Gualcarque, Intibucá. Recientemente, se anunció que la banca que  financiaba el proyecto ha retirado su aporte, lo cual constituye una victoria parcial en la lucha que Berta Cáceres impulsó. Los autores intelectuales de su asesinato se mantienen en la impunidad. 

martes, 18 de julio de 2017

Los niños cardinales de Medellín - FIPM 2017



Los niños de la Escuela San Isidro de I.E. Gilberto Alzate Avendaño de Medellín son una rosa náutica. Abren y cierran portales en los cuatro puntos cardinales de Colombia. Pertenecen al Proyecto Gulliver sumado al esfuerzo del Festival Internacional de Medellín. Estoy junto a Hugo Rivella, poeta argentino, y Catalina Gutiérrez, artista del hip-hop de medallo. Hacen una declaración de paz como un ritual antes de que iniciemos las lecturas. Todos a la vez, giran y toman posición hacia el oriente.

Oriente: Saludamos el nacimiento del sol de nuestros derechos fundamentales, como:
Derecho a la vida digna y en paz
Derecho al buen trato
Derecho a la alimentación
Derecho a la educación digna
Derecho a ser respetado y reconocido
Derecho a la verdad de nuestra historia y a la libre expresión
Derecho a la dignidad de nuestros maestros”

Y yo, entonces, aparezco en el oriente llanero colombiano, en Arauquita. Voy con el poeta cubano Eduard Encina, sobrevolamos los llanos inundados por el Arauca vibrador, el mismo que le toma una hora en atravesar Colombia hasta llegar a Venezuela y luego retorna en el tiempo como un reto a Cronos -como así me lo dice Pavel Rodríguez entre guitarra y arpa- los inmensos territorios, los infinitos territorios que cruzaron los gitanos de Cien Años de Soledad luego de arrebatarle los misterios a los magos de Babilonia. Serpentea el río y, desbordado, se mete a nuestros ojos, a una velocidad asombrosa vamos y nos preguntamos qué tan lejos estamos de Medellín. No sé -me dice Eduard-, yo solo salí del hotel y ya estábamos aquí. Decido no decirle que todo es causa y efecto de los niños cardinales, no quiero decirle tampoco que vamos ya a pasos gigantescos, como Gulliver mismo, entrando a una de las zonas más dolorosas de la guerra colombiana. En nuestros ojos entran los 250 mil km cuadrados de la región. Esa guerra que ya tiene horizonte. Esa guerra que ya se acaba. Una hembra chigüiro -capibara- se asoma con sus crías al lado de la carretera que bordea la inundación del día, nos husmea desde el cuaternario; una boa se desenrosca como lo hacen los pozos petroleros que van anunciando que lo que se gana con la paz se oscurece con el petróleo. Avisan las torres petroleras, como faros siniestros que succionan luz negra para esparcirla al aire de la nueva historia que comienza. Es la frontera con Venezuela y somos recibidos por el Colectivo Medio Pan y Un Libro, los esforzadísimos gestores culturales que, en medio de la nueva realidad que traen los acuerdos de paz entre las FARC-EP y el Estado, se han propuesto darle a Arauquita no migajas, sino pan recién horneado y el saber de la poesía. Hay arpa llanera, concierto de bandolones, danza colorida y relato cantado a la antigua forma. Al finalizar la lectura hablamos con el colectivo completo. Intercambiamos experiencias y yo pregunto por el danto, me pregunto -es mejor decirlo-, si los dantos no se comieron los sueños completos con su hambre onírica insaciable.

Nos piden que los acompañemos a un recorrido por los murales que nos han dedicado y es así que, Eduard y yo, nos vemos pintados en cuatro paredes de Arauquita, junto a palabras bellas escritas por el joven poeta Diego Aldana Perez, nuestros rostros en el extremo oriente del llano. Estamos mudos. No sabemos qué decir. Los almendros cubren la noche y solo alcanzo a ver, desde la ventanilla del carro, la silueta de cuatro indígenas tinigua, quizá fantasmas del viejo genocidio. Apenas logro distinguir sus colores. Se quedan. Se quedan en Arauquita.
De pronto, los niños de la San Isidro han girado hacia el occidente.

“Occidente: Es donde nos preparamos para un nuevo amanecer. Occidente será el símbolo del reposo de las tareas del día, para renovarse y continuar en la construcción de memoria, vida y comunidad”

 Aparezco sentado al lado de Gary Geddes, poeta canadiense y junto a María Tabares y Martín Cruz, poetas colombianos. Catalina Gutiérrez y sus compañeros del hip-hop cantan la dureza y las tornamesas giran en el lenguaje más cercano a la pulsación de una generación que se vio envuelta en la locura. Estamos en el Asentamiento de desplazados la Cruz y La Honda. Abajo está Medellín con toda su pujanza y sus innumerables edificios de ladrillo. Aquí, en la Comuna 3, casi a 2400 metros sobre el nivel del mar, el aire escasea para mis pulmones. Compartimos el sancocho más alegre, los grandes calderos hierven y nos vamos pasando los platos entre bromas y la mirada que más va sintiendo el paisaje: es la mirada del poeta fariano Martín Cruz. Él es uno de los más de 6 mil combatientes de las FARC-EP que firmaron la paz y que entregaron sus armas. Pertenece al Mecanismo de Monitoreo y Verificación de los acuerdos alcanzados hasta el momento. Su mirada recorre la precariedad y la abigarrada acumulación de marginamiento en las laderas, ese laberinto hirviente que sube y sube hasta donde estamos. “Qué pena iniciar con estas palabras -dice cuando le toca su turno de leer- pero, nací en el monte y he luchado por una Colombia justa toda mi vida, y aquí, al mirar la situación de estas comunas, me doy cuenta de que volvimos al mismo punto de partida, y ahora, desde la paz y las ideas, debemos cambiar esto”. Ya en la conferencia de prensa que inauguró el 27 FIPM había sido enfático: “Hemos hecho nuestra parte y el Estado de Colombia está haciendo la suya. Ahora que entregamos las armas solo nos quedamos con el arma de la palabra, con el diálogo”. Nos acompañan dos miembros de la seguridad proveída por el estado colombiano. Dos jóvenes silenciosos como las márgenes de un río contenido que sabe bien lo que pasa cuando se desborda. Están ahí, al lado de sus recientes enemigos a muerte y ahora los conducen hacia este acto de poesía. Inescrutables, asisten y les comparto la sal para la sopa, una sal con la que podríamos hacer una estatua para la Sodoma y Gomorra del pasado.

Baja a toda velocidad la buseta y deja atrás la madeja del Proyecto Tejiendo los hilos de la memoria, quienes han organizado la lectura y actividades. Caemos, no bajamos, caemos como un bólido María Tabares, Juan -el amigo coordinador- y yo. Los grupos de muchachos que bailan reagguetton no se apartan, la gente que come en las aceras tampoco. Todo es tan estrecho como un tobogán de arcilla y cables. Aparezco en las afueras del Teatro Pablo Tobón Uribe. Es de noche ya y el conversatorio Construyendo el país soñado inicia. A mi lado está la asombrosa Gunnara Jamioy de la nación Iku-Kamentsa-Colombia y el tremendo cantautor de rock alternativo chileno, Chinoy. Otra mano teje, y este hilo ahora es de algodón, nieve, Andes-Pensamiento y del río Gualcarque. Hablo sobre Berta Cáceres. ¿Qué otro país desearía soñar y construir sino el soñado por Bertita? ¿Si he sentido como míos los ritmos musicales de Colombia por qué no me ha de pertenecer el Río Magdalena? ¿Por qué no debería pertenecerles a los colombianos el Río Gualcarque y los ritmos lencas y garífunas de Honduras? ¡Alerta, alerta! ¡Ya no hay tiempo! Repito la advertencia que sembró con su asesinato Berta Cáceres en la hondureñidad y el mundo, la misma advertencia que puede resonar al fondo de toda firma bien intencionada.
Los niños han girado su rostro hacia el norte.

“El Norte: es nuestra misión que consiste en lograr un país más justo para todos. Que construyamos el país soñado. Mirando hacia nuestro norte, hacemos homenaje a los niños del presente, porque construirán un futuro en paz, perdón y justicia. Hacia ese norte avanzamos con el amor, para la reconciliación.”

La Universidad de Medellín nos espera a Tom Schulz (Alemania), Abhay K. (India), Lucía Parias (Colombia)y a mí. La serena distribución de los espacios universitarios, su verdor, le abren paso a una gran escultura de una pareja prometeica. Llevo mi bandera azul turquesa, la misma que junto a un grupo de compañeros en Honduras hemos decido impulsar para desnudar la apropiación de colores que el partido de la actual dictadura cívico-militar hondureña ha impuesto sobre la bandera nacional. El azul turquesa original en lugar de la azul profundo de la dictadura de décadas y de la bandera del partido de gobierno. Colores libertarios aplastando símbolos de enajenación, la misma que dirige el militarista juan orlando Hernández, causante de tanto dolor y latrocinio. Dedico mi lectura, por igual, al Puerto Rico Libre y pienso en Iris Alejandra -quien me hizo la bandera con sus propias manos- como por igual en las tantas hermanas y tantos hermanos boricuas que deberían estar en el festival representando a Borinquen, la misma Borinquen que siempre le ha pertenecido a Latinoamérica.

Para finalizar, los niños han girado hacia el sur.

“El sur: Es el símbolo de la esperanza de América Latina. El Sur de América floreciendo para una nueva vida.”

Hugo está conmovido por semejante ritual. Me cuenta, con ojos a punto de las lágrimas, que fue maestro durante años y que todo aquello le recuerda la esperanza que siempre guardó a la hora de enseñar en su natal Salta, Argentina. Una vez que finalizan sus palabras, a los niños se les entrega una banderita blanca y una semilla de maíz que deben ir a sembrar al huerto escolar y, al sembrarla, abren el último portal. Aparezco en un bus que se dirige a la cordillera, bordeando abismos y gargantas alucinantes. Llegamos a Santa Bárbara, balcón de los bellos paisajes, Camila Charry (Colombia), Marcia Mogro (Bolivia), Peter Laugesen (Dinamarca) y yo. La panorámica es sobrecogedora desde el agreste y primoroso pueblo, una altura que en los días claros ofrece la vista diáfana del Nevado del Ruiz -el ancestral Cumanday- y muchas de las ciudades del valle. Luego, todo se fragmenta: voy en avión y casi toco la cordillera nevada, voy hacia el dolor más profundo en el Museo de la Memoria, voy en la madrugada y atravieso Bogotá, voy a 120 km por hora y atravesando ciénagas fronterizas de nuevo, voy hacia la Plaza El Periodista y giro en el salón de salsa como si estuviera en Puerto Rico… Y sí, aquí estoy de nuevo, y también en Honduras, y también en Colombia. La rosa náutica da vueltas y no hay polo ni polarización humana que la dañe, porque desde la poesía que todos los invitados hicimos en el 27 Festival Internacional de Poesía de Medellín aprendimos a saber que la única dirección posible es aquella que se escribe y orienta con la brújula del corazón.


Y sí, Fernando, Luis, Gabriel, Gloria: La muerte -orientándonos así- no tendrá dominio… y tampoco los dantos vendrán a comernos el sueño.

jueves, 15 de junio de 2017

Julián Casanova, entrevista sobre 40 años con Franco



Transcribo esta entrevista tomada de la Revista Historia y Vida, en su número 566, artículo de reseñas sobre libros: 40 años con Franco, del autor Julián Casanova, quien además aparece junto a otros autores. Su relevancia reside en esas espada de Damocles que pende sobre nuestra psicología -en especial dentro de Honduras bajo la férula ultra-conservadora por siempre- y que se convierte en tara que dinamiza cada acto de nuestra vida social.

HYV:
¿Cómo definiría la naturaleza del franquismo?

Julián Casanova:
Se inicia como un régimen fascistizado que empieza a cambiar hacia 1944. A partir de entonces se convierte en una dictadura, de claro signo anticomunista, con una impronta nacional católica. En los sesenta vuelve a mutar, debido al desarrollismo económico, para acabar su singladura con una fase muy represiva, producto de la lucha entre facciones dentro del mundo interno, los atentados de ETA, el empuje de la oposición, el miedo al final... Ninguna dictadura de 40 años es de una sola cara, pero ello no es sinónimo de debilidad. La dictadura salió de la guerra, y más de una generación de españoles creció y vivió bajo el dominio de Franco, sin ninguna experiencia directa de derechos o procesos democráticos.

HYV:
¿Por qué no intervinieron las potencias aliadas para poner fin al régimen?

J.C.:
Con la desaparición de Hitler y Mussolini, a los vencedores de la Segunda Guerra Mundial les importó muy poco que un país que nada contaba en la política exterior de aquellos años se perpetuara un dictador que incumplía las normas más elementales del llamado ''derecho internacional". No querían iniciar un nuevo conflicto. Además, conforme avanzaba la guerra fría, Franco se convirtió en un fiel aliado contra el comunismo. De ahí que, de modo gradual, su régimen fuera rehabilitado, algo que se confirmó plenamente con los acuerdos con EEUU firmados en 1953, la firma del Concordato con el Vaticano aquel mismo año y el ingresó de España en la ONU en 1955.

HYV:
¿Tuvo apoyo social el franquismo?

J.C.:
Una dictadura tan larga como la de Franco no se sustenta solo en la represión. Necesita base social para sobrevivir. Los apoyos del franquismo fueron amplios, más allá de toda la gente que se sumó a la sublevación  le estuvo siempre agradecida por la victoria. Si el régimen se prolongó durante cuarenta años es porque contó con el soporte o la no resistencia -por apatía o por miedo- de muchos españoles.

HYV:
Héroe de Tif, salvador de la patria, gran cruzado católico... ¿Hasta que punto la dictadura se cimentó en los mitos de Franco?

J.C.:
La propaganda del régimen y del propio jefe del Estado se construyó a partir de las diferentes máscaras que adoptó Franco, siempre inspiradas en los grandes héroes de la historia de España. Él se creía un Cid contemporáneo que había salvado a su nación.

HYV:
¿Qué papel tuvo en el despegue económico? ¿Fue un modernizador?

J.C.:
¿Cómo hablar de un modernizador sin tener en cuenta los costes sociales de su dictadura? La cuestión es utilizar ese término por encima de la represión, la miseria, la exclusión, la censura intelectual que llevó implícitas el régimen franquista. Una dictadura no puede ser valorada solo por sus logros económicos. Stalin recordaba que encontró la URSS con el arado de madera y la dejó con la bomba atómica. pero en medio están las purgas, el gulag, el terror...

HYV:
¿Algunos de los vicios de nuestra democracia pueden tener sus orígenes en la dictadura franquista?

J.C.:
No estoy de acuerdo en afirmar que todos los males y vicios de la democracia provengan de la dictadura. Sin embargo, la corrupción rampante de ahora tiene antecedentes en una política clientelar y de intercambio de favores que echó raíces en el franquismo.

HYV:
¿Qué opinión tiene acerca del revisionismo histórico?

J.C.:
En la historia no hay verdades inmutables. El revisionismo histórico debería ser sinónimo de honradez intelectual. Han pasado cuatro decenios desde la muerte de Franco, y esa dictadura forma parte de la historia, pero es también objeto de polémica política y memorias divididas. Ante ello necesitamos miradas libres y rigurosas. Este pretende ser el objetivo del volumen que publicamos, en el que se han reunido voces tan acreditadas como diversas.

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Pero ¿qué fue realmente el franquismo? ¿Cómo se vislumbra cuarenta años después? Enrique Moradiellos profundiza en esta cuestiones y concluye señalando: "Según la historiografía más reciente, la verdad sobre el personaje parece hallarse en un punto medio que nada tiene de geométrico: ni tanto como decían sus apologetas, ni tan poco como afirmaban sus detractores". El punto final a esta obra poliédrica, reveladora y rica en matices lo aporta Ignacio Martínez de Pisón, para quien "la España democrática no ha sabido dotarse de algo que toda sociedad necesita para construir su futuro: una versión compartida, un relato común de su pasado". una convivencia, en suma, que no esté basada en el olvido de las víctimas de la dictadura.

Texto: Isabel Margarit.

jueves, 11 de mayo de 2017

Tempestades de acero, una vez más


Suelo regresar a Tempestades de Acero cuando mi mundo personal va siendo cercado por la banalidad insustancial de la mass media que, con implacable insistencia, trata de convertirse en interpretadora de cada acto humano y su historia. Volver a Tempestades de Acero me pone polo a tierra -por decirlo de alguna forma- con aquello que de superviviente carga en sí todo ser humano. Con esta lectura soy bastante exigente: me decido a anular toda interferencia y me concentro en cada pasaje como si de vida o muerte se tratara; sólo así puedo llegar a oler la pólvora y escuchar el aleteo de los obuses que se aproximan pero, sobretodo, me permiten escuchar con atención las observaciones puntillosas de Ernst en cuanto a la agonía del ser.

En esta lectura he prestado mucha atención a esos descensos que Jünger realiza dentro del último acto o aliento de los soldados y amigos que le tocó ver morir. En anteriores lecturas me he empapado a fondo en el tipo de armas, en los métodos de defensa, en los espíritus robustos que se sobreponían a los bombardeos, pero en esta lectura -la más dolorosa que he he tenido respecto al libro- me he imbuido en esa despedida imprevista de los caídos y en el efecto desolador que Jünger sintió posterior a ella.

"He contemplado ya muchos cadáveres -relata Ernst en un pasaje especialmente doloroso-, pero no he podido acostumbrarme a su visión; también hoy por la mañana, al inclinarme sobre el muerto, me sorprendí a mí mismo adoptando una conducta extraña, que ya he observado varias veces en mí. Mis ojos se acomodaron para mirar a lo lejos, como sí, mientras miraban aquel objeto cercano, no pudieran verlo con claridad. También los pensamientos están como paralizados en ese momento. Es como si por un instante se hiciera visible la entrada de una cueva y luego volviera enseguida a cerrarse. Tal vez los muertos posean una fuerza secreta irrefutable..."

En otro momento, describe:

"Los rostros de quienes yacen de espaldas están desfigurados; sus ojos se hallan muy abiertos, como si estuvieran viendo una catástrofe a la que no se le adivina ninguna salida... Además, resulta muy difícil creer que ya no puedan tener ni pensamientos ni voluntad estos muertos, que hace muy poco vivían aún en la exaltación más salvaje de sus existencias y que ahora yacen ahí cual si una varita mágica los hubiera tocado... uno se siente inclinado a atribuir intenciones ocultas y pérfidas a los silenciosos habitantes de este lugar, unos habitantes parecidos a seres humanos y sujetos a unas leyes del todo desconocidas..."

Una de las preguntas que iban surgiendo insistentes dentro de mí mientras releía estas memorias, era el cómo la experiencia bélica alemana en la primera guerra mundial no pudo detener la siguiente guerra de Hitler. El portentoso horror que se describe en Tempestades de Acero hubiera dado para dignificar en esa "purificación" -como la llama Jünger- a los combatientes de todos los bandos que, tras haber descendido al infierno mismo hubieran tenido más que suficiente. Me acordé, por igual, que en un foro en la que participé junto a los historiadores Omar Aquiles y Edgar Soriano en la librería de la UNAH, yo mismo había respondido, en oposición a la expectativa de Hesse en cuanto al fin de las guerras (Y si la guerra continúa), que las guerras continuarían implacables, inexorables, así que también me fui respondiendo en un toma y daca perturbador.

Llevado por la lectura, busqué entrevistas que le hicieron a Ernst Jünger y que aparecen en youtube. En una de ellas (https://www.youtube.com/watch?v=0Ju5HFoD20U) no pude dejar de fijarme en las diversas reacciones de un Jünger de 102 años ya muy hastiado del mundo o de su propia memoria. Ante la invocación de recuerdo impuesta por el periodista, Jünger pasa en segundos de un estado de ánimo amable, aunque parco, a un molde repentino de silencio hosco, muy hosco y absoluto. Cuando está recordando a sus camaradas muertos se alcanza a ver esa desaparición fulminante del hombre que ahí está dispuesto a hablar hacia el otro que emerge con pasmoso rostro "sujeto a unas leyes desconocidas", transformado -al fin- en el muerto que debió unirse a los demás en pleno 1917. Ese cambio radical se logra ver en el video, y más que las muchas cosas que uno mira en él, considero que son esos fugaces momentos los más desconcertantes y brutales. Así es que me doy cuenta que la lectura me enseñó muy bien a reconocer ese instante de tránsito, humanísimo, concreto como una máscara de acero que se revela gigantesca en un salón que la cubría con sedas.

Terminé entonces Tempestades de Acero. Al final del libro me encontré con las viejas anotaciones de mi 2005, año en que compré el libro. Rescato algunas aquí, escritas a puño y letra en las páginas de cierre:

- ¿Qué hay más allá? la muerte es pertenecer al recuerdo.
- La propaganda atenúa el sentido de la realidad, lo que sugiere la transposición psicológica del lenguaje.
- La inmortalidad del hombre dura lo que dura su ego. La experiencia limita la proyección del ego.
En los momentos de alta violencia, la fantasía toma el lugar de la mente consciente y permite que esa conciencia sobreviva a ese momento. La muerte violenta nunca se asume por completo, se va a ella en medio de muchas alucinaciones.
- Al aniquilarse el miedo se pierde toda conexión con la conciencia vital, el ser se convierte en fantasma.
El encuentro personal, cara a cara, con el enemigo: ¿qué es la humanidad si no es, acaso, aquel lejano recuerdo sobre la fugaz felicidad que logra contener con precariedad el ser? ¿La humanidad solo puede ser asimilada por la comparación? ¿Compararnos es lo que nos hace humanos?
- La abstracción más antigua libera de responsabilidades: el traspaso de las cargas morales hacia el Estado.
- El humor y el espanto dan forma a lo grotesco.
- El inicio de los mitos de ultratumba: una necesidad del incrédulo,de aquel a quien sigue sorprendiendo la irreductible muerte.

martes, 15 de noviembre de 2016

La Estela Nestoriana o Estela de Si-Ganfu

Me ha parecido fascinante -y muy a propósito para mi vieja curiosidad- cómo se conoció al cristianismo en China en el 781 d.C.

En chino mediante sinogramas:
« Monumento conmemorando la propagación en el Imperio del Medio [ China ] de la ilustre religión de Ta Ts'in » [nombre chino del Imperio romano].13
En siríaco (con alfabeto arameo), al pie de la estela14  :
"En el año de los Griegos 1092, el señor Jazedbuzid (Yesbuzid), preste [sacerdote] y vicario episcopal de Cumdan la ciudad real, el hijo del Mailas alumbrado, el sacerdote de Balkh una ciudad de Turkestán 15 , colocó esta estela, sobre la cual es inscrita la dispensa de nuestro Redentor, y la predicación de los misioneros apostólicos al emperador de China. "
Luego en chino: " El sacerdote Lingpau. "
De nuevo en siríaco:
" Adam el diácono, hijo de Jazedbuzid, vicario episcopal, el señor Sergius, sacerdote y vicario episcopal, Sabar Jésus, sacerdote, Gabriel, sacerdote, archidiácono, y eclesiarca de Cumdan y Sarag."
Y en chino (parte del Himno a la Triple Potestad) :
"Entonces es que la persona divina de nuestra Unidad Trina, el Venerable Radiante Mesías, regresa y vela su Majestad verdadera, viene al mundo con aspecto semejante a los hombres. Un ángel anuncia la buena nueva y una santísima Virgen da a luz al Santo en el Ta-ts'in (Da Qin, el Oriente del Mediterráneo); un astro radiante anuncia el feliz acontecimiento, y desde Persia, habiendo visto su esplendor vinieron a ofrecerle regalos. El Mesías cumple la Ley antigua que había sido formulada por los veiticuatro santos para gobernar a las familias y a los imperios según su gran modelo; Él estableció la doctrina nueva que no se puede expresar con palabras, la del Espíritu Santo de la Unidad Trina para formar la práctica virtuosa de la fe correcta."16


Imagen Nestoriana de Jesucristo, tal como se le conoció en la dinastía T'ang. El nestorianismo que sirvió como puente, venía de ser desterrado del occidente cristiano, así que el tamiz con que los chinos conocieron la doctrina, está lleno de vicisitudes que deben rastrearse hasta la misma posición de Nestorio de Alejandría respecto a la divinidad y humanidad de Jesús:





miércoles, 14 de septiembre de 2016

Tegucigalpa chic


En principio, ¿por qué habrían de  componerle una canción a una de las ciudades que aún ahora sigue siendo tan desconocida? Era tan random, tan imaginarse aquel no lugar (como lo definiría la poeta boricua Cindy Jiménez-Vera en su poemario Tegucigalpa) con las herramientas del análisis exótico y el reduccionismo pintoresco.
Pero para esos años de la Segunda Guerra Mundial, las empresas bananeras estadounidenses estaban a máximo vapor tratando de sostener lo que la economía global hundía a causa del conflicto y, por ende, había que hacerle un guiño de ánimo a un Estado que veía con preocupación el hundimiento de su monocultivo, que en sí no era del Estado, pero que prometía líneas férreas que, con los años, jamás se cumplieron  como beneficio de la industriosa concesión del enclave bananero.

Esa Tegucigalpa chic -nombre dulce sólo en los labios, diría el poeta hondureño Roberto Sosa- y de gente que bailaba en los mercados y plazas al son de las maracas es una aberración tal que es mejor no imaginarla, quizá entenderla mejor  con la frase del protagonista en la película cubana Memorias del subdesarrollo: dicen que La Habana era la París del Caribe, yo diría que ahora La Habana es la Tegucigalpa del Caribe.

En fin, hasta en la coreografía se nota que intentan una caricatura.Me pregunto: ¿Cómo la concibirían ahora las tres hermanas Kardashian? Diana Bellesi, tremenda poeta argentina, me decía mientras fumábamos un cigarrillo compartido, sentados en las gradas del hotel en la fría Rosario del 2013

- Escuchalo bien, pibe, vos porque ya estás acostumbrado, pero escuchalo bien, Te Gu Ci Gal Pa... ahhh, ¡que nombre más bello! ¿No lo escuchás? Sentilo, T e g u c i g a l p a...

- ¿Te gusta, en verdad?- le pregunté echando el humo de un tabaco que no fumo pero que fumé por puras ganas de saborear algo entre los labios que pareciera Tegucigalpa.

- Y síiii, claroooo, es que parece que hasta cae o sube como el humoooo. Dulce, dulce.

Ella siguió mirando hacia una ciudad que no estoy seguro cómo la imaginaba, pero yo recordaba cada rincón, sentía lo que se siente allá y también lo que no, la parte insensible y el sopor absoluto, la Tegucigalpa que se corta para no decir tanto, la Tegus, la Tepas, la que cuesta una sonrisa de la cara y para la que hay tantas versiones etimológicas, la ciudad que se enrosca en la lengua y zumba como crótalo de cascabel. La escalonada, la que se ama con uñas y dientes, la inundable, la Tegucigolpes de Estado, la brutalmente decapitada, la que espera a Godot, el anfiteatro de todos los tristes. La noble, la niebla, 

la nieve de cenizas.




I was born in Tegucigalpa the only day it ever snowed there

(Yo nací en Tegucigalpa el único día en que ahí nevó)

Was a frozen wave that killed the yucca and the Adam's fig
I always seem to bring the cold anywhere I ever go
That's just the way it's always gonna be

My family moved us ever northward up to the terra borealis
Along the crooked pikes of the ruminants and voyageurs
But my heart belongs to the smoke of Hamilton and Monongahela
And all the dirty cities along the way

But you know they all lied to you
Them there with the spider eyes
It'll always keep you warm
It'll always treat you nice

I was floated in just this morning
Woke up a thousand miles from nowhere
I'm a broke-legged paint in a herd of unicorns y'know
image: http://static.urx.io/units/web/urx-unit-loader.gif

I always seem to bring the gray skies every time I ever fly
From all the dirty cities along the way

But you know they all lied to you
These folks with the spider eyes
I'll always keep you warm
I'll always treat you nice

I'll never snow on your parade
I'll never bring a cloudy day

Thank you all so very much you crossers of the many time zones
But I'm heading back to the place that makes sense to me
'Cause my heart belongs to the snows of Buffalo and Chicago
And all the dirty cities along the way

The Fruits Bats.


F.E.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Conquista de América, diez películas para ver

Sigo esperando, más allá de Apocalypto y su insinuación de un abordaje técnico con todas las de la ley, espero que un gran director profundice lo que Iñárritu esbozó en El Renacido o lo que vimos en La Misión y La otra Conquista. Hablo de lo alcanzado en tecnología cinematográfica, en narrativas nuevas, en banda sonora.

Aquí una muestra de diez películas imprescindibles para entender el hilo de lo que se ha hecho hasta ahora. Destaco También la lluvia (guión sorprendente), una que otra escena de 1492, la conquista del paraíso (con su monumental banda sonora hecha por Vangelis), La otra conquista, La Misión (bellísima, bellísima con Ennio Morricone en la música) y El nuevo mundo de Terrence Malick, donde prima esa visión tan suya sobre la desorientación o traslape del ser, puro existencialismo.