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viernes, 27 de septiembre de 2019

Entrevista a José Luis Quesada, Fotos: Fabricio Estrada



El 26 de febrero del 2016, un mes antes de mudarme a Puerto Rico, acordé con la Revista Digital Literofilia, de Costa Rica, hacerle una entreviste a José Luis Quesada. Ante su dolorosa partida, hago memoria de su pensamiento:

Busqué a José Luis Quesada (Olanchito-Yoro, 1947) durante varios días, casi como un buque de superficie busca al más evasivo Octubre Rojo. Escuchaba los latidos que iba dejando en las esquinas y por ellos sabía que iba despacio, a su propio ritmo, con sus propios fonemas de ballena arquetípica. No es fácil ubicar a Pepe en una Tegucigalpa que aparenta ser pequeña. Pepe Luis la vuelve inmensa y, cuando se llega a él, lo insondable de su silencio sabe decirnos las profundas leyes que rigen la construcción del gran poema. Esta fue la tarde, y los sonidos, los pájaros y la curva melódica de uno de los Maeses vivos más importantes de nuestra poesía en Honduras.

Pepe Luis, usted me decía hace unos meses que de acometer la tarea de escribir sobre un río se debía hacer que el río suene en ese poema. ¿Esa forma y fondo la mantuvo siempre en su poesía?
Bueno, esa es una forma de decir que el poema debe ser persuasivo, igual que el relato, debe convencernos  de que aquel río es real, que podamos sentirlo, captarlo por medio de imágenes, sentir el movimiento del agua, es decir, mediante una cantidad de recursos estilísticos que van desde lo fonético a lo estrictamente verbal  podamos pasar de las imágenes visuales a imágenes sonoras, al grado de usar todos los elementos que ayuden al lector a percibir ese río, comprender lo que estamos diciendo.

Desde que tenemos nociones de la existencia de su poesía, encontramos esa particular insistencia en la sonoridad, y no sólo me refiero al fonema sino también al hecho de hacer existir al ser humano  en su urbanidad y en sus tensiones y resonancias sociales ¿cómo percibe usted esa constante?

Yo considero, y es la verdad que los poetas saben, que la poesía no sólo es el hecho del elemento expresivo y de contenido, sino que tiene una forma, que la relación justa entre ambas cosas es lo que produce un buen poema o una buena prosa. El equilibrio entre el contenido y las formas verbales de manera que el sonido, la musicalidad –la forma en que uno la emplee-, tienen también un valor importante para la comprensión y para la transmisión de lo que nosotros queremos expresar… porque hay un valor subconsciente en el lenguaje donde tienen mucho que ver los sonidos… ciertos sonidos producen ciertas emociones, a veces inequívocas; por igual, estas sensaciones pueden coadyuvar con el contenido enviando todo el mensaje en una dirección única. 

Volviendo a la imagen del río tenés que tener un sonido entre las piedras, las hojas que puedan caer, elementos rítmicos que contribuyan a lo que vos querés expresar, como lo vemos en el cine porque en el cine es más evidente esto: estamos ante la banda sonora, vemos las imágenes oscuras o claras. Pienso, como decía Roque Dalton, que con la poesía contemporánea puede decirse todo y, también pienso que acepta tantos recursos que no vale la pena desperdiciarlos: podés combinar prosa, versos, sería absurdo no aprovecharlos. En algunos poemas yo estoy muy consciente de eso para combinar tanto en el hecho poético, el efecto emocional, el sentimental, el conceptual. Definitivamente todos los recursos estilísticos  tienen que acudir para apoyar ese fin que es la emoción poética.

Hablemos un poco de la revelación de la poesía en usted ¿Cómo fue ese proceso? ¿Cómo eligió el formato?

Comenzó en la escuela, con los poemas que hay en ciertos libros, a algunos nos emocionan y a otros no, ese fue mi contacto, con los profesores de literatura muy sensibles que se esforzaron en que uno pudiera valorar el significado de la belleza en un poema. A mí me gustó la poesía desde que tuve contacto con ella, me gustaba cómo sonaba, ese atractivo fuerte que son las rimas, los consonantes, los asonantes, todas esas minucias de la poesía que vienen a nosotros a través del sonido y que cuando uno es niño es lo que más nos impresiona.

Cuando se habla de “trabajar un poema” hablamos del “oficio del poeta”. ¿Cuáles son las herramientas reales para “trabajar un poema”?

Para mí cuando alguien dice que está “trabajando un poema” es que está en un proceso de corrección. La primera etapa -aunque el término no esté tan de boga- es la inspiración, cuando el poema está en el aire como decía un escritor que ahora no recuerdo; uno lo olfatea, uno siente cuando el poema viene. Cuando por fin toma forma ese verso puede quedar en el comienzo, en el centro o en el final. A mí me ocurre que me llega primero un verso y luego ese verso va arrastrando a los demás como si ese algo que ya está hecho dentro de uno ocupara que uno sólo encontrara un filón para seguir la veta. En ese momento yo no estoy trabajando, en ese momento estoy recibiendo generosamente ese factor humano, espiritual, psicológico como querrás llamarlo, es como replicar el interior de uno mismo. Uno ha ido recogiendo experiencia, consciente o inconscientemente. Para mí uno tiene una capacidad que nace con uno para escribir pero luego está el compromiso, la honestidad literaria con la calidad del poema; por eso me refiero a honestidad y sinceridad, ya que tienes que entregar un producto decente al público del cual no te vas a arrepentir el resto de la vida , o por lo menos vas a decir: en el momento en que lo escribí es todo lo que yo podía dar (risas), pero sí lo hiciste con las herramientas adecuadas, echando mano de lecturas. 

La poesía en la que uno es el marco, tiene sus referencias, tiene sus autores, de manera que uno se va comprometiendo con estos autores y poemas que ha leído. De tu lectura va a nacer el estilo, va a nacer la voz, la entonación, vas a poder construir la atmósfera, cosa que muy poco se trata de hablar en la poesía, lo que mucho nos enseñó Elliot y yo siempre he hecho caso a eso… tiene más parecido con el cuento, pero en el poema se puede crear atmósfera para producir el efecto adecuado, la suficiente transferencia de contenido. Por ejemplo Darío en “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo”, antes del poema mismo te ha atraído la entonación, la curva melódica… Si el poema es de tono mayor va en tono mayor… el poeta por eso tiene que tener cultura, no se debe desaprovechar los recursos que han usado tantos poetas, los críticos lo mencionan, pero muchos poetas se dejan arrastrar a veces por el poder imaginativo que puedan tener o por el talento, y sí, hay que dejarse arrastrar pero luego –como decía Hemingway- hay que ir con una buena tijera, o como decía Cortázar también, que el valor de la literatura consiste en el valor de quitar lo malo, y eso cuesta mucho porque quizá un verso está muy unido a nuestros sentimientos pero resulta que los sentimientos también cambian. Yo les digo cuando hacemos un taller: nunca desechen la versión original porque en esa versión original pueden estar las cosas verdaderas.

La atmósfera de la que habla entonces, Pepe, es ese espacio simbólico que requiere la estructura del poema y que, una vez lograda, contiene a la forma, a la figura ¿cómo considera usted esa plasticidad? ¿Es transición hacia su pintura? ¿Cómo ve ese interludio?

Si te fijás bien los cuentos y las novelas más convincentes son aquellas que saben pintar una atmósfera, la capacidad descriptiva de las cosas, pintar a sus personajes. La plasticidad está sumamente implicada en la literatura. En El viejo y el mar de Hemingway vos olés el mar, escuchás el sonido de las aletas del pez, cuando está agonizando… es un constante ver la novela,  Quizá una de las fallas de la narrativa actual sea que no se le preste demasiada atención en mostrar las imágenes plásticas,  las que nos sitúan en el lugar donde ocurre la acción. Entonces yo voy de esa plasticidad en la novela y en la poesía hacia la pintura, si bien yo tenía la vocación pictórica desde antes, desde niño.


Cuando hablamos de precisar un poema estamos hablando de las formas técnicas, pero en el caso de las búsquedas, del leiv motiv personalísimo suyo ¿qué ha querido precisar?

El problema está en que en la poesía, precisamente, buscamos lo opuesto, la búsqueda de lo impreciso. Por eso es poesía, porque no es un lenguaje denotativo, es pluri-significativo y por lo tanto queremos buscar lo impreciso: el vuelo de un gorrión, de un colibrí. Eso es lo difícil: precisar lo impreciso. Por eso es difícil determinar lo que queremos decir en un poema hasta que lo terminamos, pero a lo largo del camino del poema es cuando vamos encontrando el motivo mismo que nos hizo recrearlo. Es mejor que surja y después buscar los por qué, los cómo, el cómo hacer que aquello impreciso dentro de vos pueda ser preciso sobre el papel, para el lector, y esa es la función del poeta, validar la imprecisión como segunda fase del poema y que, por cierto, muchos descuidan, y por eso el poema queda tieso, marmóreo como una estatua, y eso a veces ocurre cuando elaborás mucho el poema… y es que en el aparente defecto del poemas es donde suele encontrarse el engarce. 

Puede decirse entonces que uno de los motivos de la poesía es la poesía misma, porque no es cierto que uno quiera ser un poeta cuando se es niño. Ahora bien, de nada te sirve un motivo si no tenés nada que decir: en el recorrido de la vida vos has tenido el deseo de escribir pero es en ese recorrido donde te van llegando las situaciones, los motivos, de manera que al final se terminan cumpliendo tus sueños en la poesía pero ya cuando has encontrado los elementos para llenar ese vacío. Borges decía que con la madurez había más que decir.

Una de las preguntas que cabe hacerse, Pepe, es que en estos tiempos donde la poesía ha tenido las plataformas suficientes como para expresar poetas en escenarios –con masividad incluida como el caso de los festivales en Medellín, en Granada, en la época de la Rusia soviética-, ¿por qué se sigue escuchando al poeta? ¿Por qué es necesario?

Al poeta siempre lo escucharemos porque el poeta es como lo pájaros ¿verdad? Inevitablemente lo escuchamos aunque ni siquiera lo estemos pensando. Lo que ocurre es que la poesía es para minorías, cuánto no quisiera yo que fuera para mayorías, pero así tiene que ser… las cosas existen, la realidad existe. Pero la poesía existe en esa realidad y como tal es escuchada, aunque el interés personal no sea hacia ella, inevitablemente habrán escuchado a Neruda, inevitablemente estuvieron enamorados y buscaron la poesía para decir algo mejor, inevitablemente la gente aunque no sea poeta habla como poeta, inevitablemente el pueblo ha creado un lenguaje poético, las formas de nombrar las cosas son poéticas queramos o no, por ejemplo ¿no es poético decirle al follaje de un árbol la copa de un árbol? Y eso no lo inventó ningún poeta, lo inventó el pueblo. 

La poesía es inevitable, está en la vida de la gente… pero la poesía escrita también tiene su público que se identifica, porque como es un lenguaje especial  hay quienes necesitan que se les hable en ese lenguaje y para eso nosotros hablamos, para aquellos que necesitan… y es mucha la gente que busca lo que Platón echó de la República, el lenguaje prohibido para no enloquecerse con las imágenes y las sensaciones.


Ya como cierre, Pepe ¿cuánto tiempo debe durar un canon o cuándo advierte usted que se ha roto ese canon? ¿Cuál es exactamente el tiempo de duración de una voz, de una corriente o de una visión de la palabra en la poesía?

Eso que has preguntado es muy amplio. Creo que el canon se rompe siempre por necesidad, cuando el canon se vuelve una prisión se reduce y se convierte en una vuelta de tuerca más entonces hay necesidad de romperlo. Podría decirse que el canon se rompe a sí mismo cuando se agota, entonces, inevitablemente saltamos, rompemos la tradición. El caso de Vallejo, por ejemplo, el modernismo ya había sido agotado y por lo tanto ya no valía la pena seguirse expresando de la manera en que ellos lo hacían, el estilo de aquellas formas, pero en cierta manera los modernistas habían incursionado muy lejos en asuntos de lenguaje, entonces viene Vallejo y rompe con aquello para expresarse en una forma aparentemente absurda, difícil, pero no era tal: había la necesidad de expresarse diferente y había los hombres adecuados, nuevas emociones, nuevos sentimientos. 

No es que el hombre invente nada sino que en él se va formando la nueva forma necesaria para ciertos hombres especiales… es lo mismo que hizo Darío que empezó a buscar palabras sobresdrújulas para aumentar las sílabas de las palabras en español –que casi no se usaban- y crear el alejandrino que viene del francés, y llevó el lenguaje hasta donde chilla –como dijo Octavio Paz ¡chillen putas!-, el lenguaje debe llevarse hasta allí y es por eso que cuando el lenguaje se vuelve opresión es necesario buscar nuevas rutas… es una condición de la vida misma y por eso está Vallejo, están los grandes poetas franceses, por eso está Whitman que fue de los primeros en romper con tradiciones poéticas.

Tengo la impresión que en la frontera de la ruptura se ha pasado demasiado tiempo en las últimas décadas, ¿Cuál es su apreciación sobre esto?

Lo que ocurre es que no debe de olvidarse que en el siglo recién pasado hubo una cosecha extraordinaria de genios que todavía tienen –como decirlo- dominio sobre las nuevas generaciones, entonces todavía no se ha agotado esa veta como para que surjan voces que se emparejen a aquellas. Me parece a mí que ahí lo que conviene es un delicado equilibrio entre esas grandes voces y las nuevas, como quien dice “yo no me voy a lanzar a la modernidad de un solo sino que también voy a tener en cuenta también los clásicos, porque si me tiro a lo contemporáneo sin haber asimilado a los grandes me puede ir muy mal”, eso hablando en forma consciente. Como decís vos, hay un afán por estar en la frontera y hay un afán por ser diferente que se puede caer en lo ridículo, por ejemplo, algunos quieren valer en la poesía lo urbano –como valor- y la lógica que se sigue es que metiendo elementos urbanos su poesía se va a volver moderna: supermercados, buses, taxis, lo que fuere, pero no se trata de eso, sino en realidad del cómo se expresa eso en tu poesía aún sin mencionarlo o cómo ha logrado cimentarse en vos el logro de expresar el espíritu urbano, sin necesidad de querer parecer contemporáneo porque cito una canción en inglés o porque hablo de París o de Boston… por otro lado la ciudad y el campo siempre han subsistido juntos y un poeta decía que en realidad en todo gran poeta existe un campesino, queriendo decir que hay que llevar mucho de lo primero, de lo original. 

Yo no creo en esas separaciones que te dicen que vas a ser mejor poeta que otro o que te va a poner delante de la modernidad. Vallejo creaba palabras venidas de las usuales cuyos sonidos simplemente te producían conceptos sin decirlo, por lo menos llamar a la madre “tuberosa” ¿Qué es tuberosa? Pero te sugiere tantas cosas… de modo que no es lo urbano en sí mismo, sino que es la expresión eterna del ser en cualquier contexto que éste se encuentre.


miércoles, 28 de agosto de 2019

GENO 2.0 me crea un mapa

Coincidiendo con el ejercicio de autoetnografía en la clase de Antropología Sociocultural ( https://fabricioestrada.blogspot.com/2019/06/evocaciones-fronterizas.html ) llegó a casa el kit de muestreo de ADN que Nat Geo ha estado promocionando para el proyecto GENO 2.0 The Next Generation https://genographic.nationalgeographic.com/

Me subí al carrusel motivado por la curiosidad que, en tantas pláticas entre amigos y familiares, ha salido a luz sobre el ascendente genealógico, y ahora con los resultados ya en línea pues puedo decir que no estaba errando con mis intuiciones y mis pequeñas investigaciones sobre mí mismo realizadas durante el proyecto universitario. Las voces que han sonado como ecos difusos en mi forma de percibir el mundo ahora adquieren mejores contornos. Me intriga sobre manera el ascendente de nativo del Anahuac y de la zona de los Andes, y solo alcanzo a suponer que la presencia tlaxcalteca en las misiones de conquista española en Guatemala, El Salvador y Honduras dieron origen a esa traza norteamericana. Lo de la traza proveniente de los Andes me dice mucho en cuanto a imaginar las conexiones que ya existían entre sudamérica y mesoamérica.

El mulataje existente en mi pueblo, Sabanagrande (presencia negra en la minería) habla directamente en los resultados, algo de lo que ya estaba completamente seguro. El 39% que suma mi ascendencia semítica y española (diáspora judía, anatólica y muy probablemente sefardí andalúz) pues ya es algo que comparto con medio mundo en la América colombina pero que no deja de ser fascinante.















lunes, 17 de junio de 2019

Evocaciones fronterizas

La siguiente nota es un extracto del trabajo autoetnográfico que llevé a cabo en la clase de Antropología Sociocultural en la Universidad de Puerto Rico. Lo comparto para mantener el hilo de mis indagaciones sobre la transculturalidad que observo en mí mismo a partir de mi residencia en la isla. El tema que define todo el ensayo lo presenté bajo el título "Evocaciones fronterizas: Literatura, Migración y Racialización en Puerto Rico":



Puerto Rico, Historia Oral: Llegué en abril del 2016 a Puerto Rico. Mi acento es lo que más ha intrigado cada vez que hablo. He sido peruano, chileno, ecuatoriano y colombiano a la vez. Cuando no hablo puedo ser cualquiera, pero nunca un puertorriqueño. En una ocasión, en la estación de buses, un señor se intrigó y me preguntó de dónde era, y al saberlo se interesó mucho que le contara sobre Honduras. “Oye -me dijo-, podrías ser un buen locutor por el tono de tu voz… pero pensándolo bien, no creo que te den ese trabajo porque en Puerto Rico no nos gustan los acentos extranjeros en la radio”. Me hizo pensar mucho en cuanto a los espacios humanos y sus sonidos de orientación territoriales, algo que he ahondado con mi colaborador, André Marcel, puertorriqueño de 32 años y nacido en Bayamón. Hablando con él, hicimos una suposición bastante sugerente respecto al por qué yo no podría ser locutor de radio en Puerto Rico: la necesidad normalizada en la isla de una publicidad que invite a poner en duda a la competencia necesita de un tono muy diferente al acento descendente de los centroamericanos. Para animar hay que elevar, así como de manera natural lo hace el acento puertorriqueño[1].

Como la mayoría de gente que conozco en Puerto Rico y que me ha presentado mi esposa (Iris Alejandra Maldonado ha publicado ya un poemario ), André es alguien que estuvo relacionado bastante cerca con el nuevo circuito poético y con el circuito de creación cinematográfica ya que tiene un bachillerato en Cine y audiovisuales por la UPR. Ahora ya no participa de lecturas y está completamente comprometido en su empleo. Tiene un altísimo nivel de cultura general y de conocimientos literarios y musicales, así como de cine, sin embargo, su situación económica es precaria como la de miles de puertorriqueños que se han visto acorralados por la bancarrota colonizadora generalizada y la emigración masiva antes y después de María. Subsiste con empleo tercerizado y ha aprobado para ayuda estatal de vivienda. Hemos tenido largas pláticas tanto sobre su propia racialización (mestiza ) como de la mía.

Dotado de una inmensa curiosidad, casi de orden antropológico, siempre me ha preguntado sobre detalles no comunes sobre cómo es Honduras y en qué nos centramos los escritores hondureños a la hora de abordar la poesía. De esta forma he comprendido que hay una manera poética de territorializar la palabra y hacerla parte de lo que necesita escuchar determinada población en el contexto cultural de su espacio geográfico. Escribir poesía formal en español no garantiza que la población puertorriqueña amante de la poesía ‘’comprenda’’ la poesía de un hondureño que aún no conoce en toda su dimensión la resistencia anticolonial desde el español hablado en Puerto Rico (cadencias[2], recursos, evocaciones, etc). Le he preguntado entonces a André si él considera que hay una expresión defensiva de gueto en esta apreciación, y él me ha respondido que “tendría que conocer un poco más de Centroamérica antes de identificar tu escritura como hondureña’’[3]. Por otra parte, aún proceda de un país (Honduras) con siete lenguas vivas signando su visión nacional (inglés, tol, garínagu, miskito, chortí, pech y español) no hará de mí un escritor cosmopolita en Puerto Rico. Lo sería sí mis evocaciones estuvieran ligadas al poder hegemónico del inglés y, al mismo tiempo, a las respuestas creativas contra-hegemónicas. De esta forma mi estatus será el de un escritor internacional pero no cosmopolita.

André me recalcó algo muy puntual: desde la revelación de la poesía nuyoricán a través de Pedro Pietri, se impuso una cadencia que dentro del circuito literario hizo percibir al slam como la lengua del futuro: la entonación en las lecturas a partir de los nuyorican fue hacia la forma en que suena la poesía oral en inglés (el flow), que no es otra que la raíz hegemónica del sonido, condicionado a la vez por la búsqueda de sorpresa en la toma del escenario, así como el rap lo inauguró en sus acciones de resistencia públicas. A la vez, un lector joven boricua se establecerá desde el filtro escénico del spoken Word y, de manera natural, estará pendiente del encuentro del poeta con su place memory nacional de resistencia. Podré disponer de un capital cultural en Honduras, pero en Puerto Rico, al leer -que no en la distribución del libro impreso-, tendré que conquistarlo bajo el tamiz de slam nuyorican[4]. En resumen: en Puerto Rico se ‘’lee’’ primero el acento y después se descifra la evocación poética, una vez definida mi procedencia, la realidad evocativa local, con todo y sus condicionamientos lingüísticos y de memoria político-cultural, se activa el interés hacia su propia condición respecto a Latinoamérica y las correspondencias con los creadores del ‘’patio local’’, mismxs que, esencialmente, no hablan, ni escriben, ni evocan en el español que yo utilizo.

Esta última apreciación no me agarra por sorpresa ya que mi expresión literaria y también la normalización relacional cotidiana, ha sido una constante prueba de asimilación de espacio y de la otredad. Cuando publiqué mi primer poemario, Sextos de lluvia, el texto fue recibido en Tegucigalpa como una buena expresión rural de transición a la ciudad, y en mi pueblo, cuando se dieron cuenta que había publicado un libro lo consideraron un producto de Tegucigalpa, “la capital de la cultura de Honduras”. Tuvieron que pasar más de cinco años para que mis amigos de infancia aceptaran que había salido de entre ellos un escritor, y que además “salía en los periódicos”. Aún no tuvieran sensibilidad para la poesía o que nunca hubieran leído un libro en su vida, hasta ese momento consideraron que gran parte de su memoria estaba en juego en mis escritos, y desde ahí, me cedieron representatividad.

Al respecto, André me ha preguntado a quién represento ahora que vivo en Puerto Rico, si a la nostalgia, a la patria perdida o a la ganada, a lo que le he respondido con una situación onírica que me ocurre a diario: desde que llegué a Puerto Rico no me ha aparecido aún en sueños una escena con paisaje puertorriqueño, si no que todo sigue siendo una reiteración hondureña. Siguiendo el hilo, le he dicho que estoy escribiendo una serie de prosas poéticas llamadas Las crónicas del Capitán Snorkel, por aquello de que el uso del snorkel solo admite nadar en la superficie del mar, y a él le ha agradado la idea de que la poesía siempre sea el adelanto de un sueño, en este caso, del día en que por primera vez un paisaje puertorriqueño aparezca en mis sueños más profundos. Cuando le he preguntado si cree que un día me podrá considerar puertorriqueño me ha respondido que no, porque él mismo no podría sentirse hondureño[5]. Ante esto, hemos reflexionado sobre cómo el auténtico bloqueo que el imperialismo estadounidense ha diseñado para Puerto Rico y Latinoamérica ha logrado crear zonas culturales del tipo limbo o de desconocimiento mutuo.

Conclusión

En cada encuentro con André Marcel ha ocurrido esta paradoja: él ve en mí un interlocutor mestizo latinoamericano, no a un hondureño, y cuando logra evocar a Honduras desde su música resulta que es el estribillo garínagu (lengua de la etnia negra garífuna) Watanegui consup Luli ruami Wanaga lo que recuerda como “algo hondureño”, pero admite que durante mucho tiempo creyó que esta canción del ritmo punta (Banda Blanca[6], Sopa de Caracol) pertenecía al cantante puertorriqueño Wilkins, quien la popularizó en la isla en versión pop. Cabe resaltar que en Puerto Rico -como me lo dijo André- se creyó que el estribillo significaba What a very good soup y que para él fue toda una sorpresa que la traducción al español del garínagu significara “quiero tomar sopa… la quiero seguir disfrutando. Lo internacional que ha logrado mi identidad hondureña en Puerto Rico, entonces, fue reconocido a través de un juego de manos del mercado de la música y no de la literatura ni del conocimiento étnico de mi país. Por supuesto, ahora que la amistad entre André Marcel y yo se ha consolidado, lo que yo escribo y le transfiero le da dado nuevos significados acerca de la hondureñidad y una mayor curiosidad acerca de la historia política del país, que aún así, admite verlo como un actor de historia marginal.

Al preguntarle sobre una hipotética situación en la que él pudiera tener el poder de decidir qué idioma debería imponer para que Puerto Rico sobreviviera, no dudó en afirmar que impondría el inglés. Gracias a la entrevista que me dio, logré identificar algunos mecanismos hegemónicos de la cultura colonial estadounidense en lo que concierne a la simbolización y comprensión creativa del lxs puertorriqueñxs y, de este modo, asimilar que ya existe un modo muy tenaz de escribir, ‘’hablar’’ y resistir en la literatura de Puerto Rico, muy diferente a la forma en que yo escribo, resisto y abordo la difusa realidad colonial en Honduras. Crear y resistir al poder hegemónico en Puerto Rico es algo que inicia desde las bases del code switching (spanglish-slam); crear y resistir en Honduras concierne a la forma y al canon, lo que significa prolongar la colonia española con todo y sus valores evocativos.
De igual forma, y en el transcurso de toda la investigación, aprendía a reconocerme parte de una Centroamérica de múltiples realidades e hizo que se consolidara aún más mi insistente latencia ancestral semita[7]

Ante mis amigos de escuela -la mayoría mulatos o de directo ascendente indígena- yo era el niño blanquito que viajaba seguido y que pasaba en otros mundos por mi inusual insistencia con los libros. Pasados los años, el traslado hacia una nueva vida en Tegucigalpa inició una constante de idas y venidas que me llevaron a Europa, a Sudamérica y ahora aquí, en Puerto Rico. Mi necesidad de volver a Sabanagrande, mi pueblo, es la mayor constante, aunque sea por breves horas. Una vez que lo hago, me siento más hondureño y dueño de una identidad mestiza asumida con fuertes evocaciones dispóricas judías. Esta identidad, ante los ojos de lxs puertorriqueñxs que me ven sin conocerme, tiene implicaciones de aislamiento en mí, sensación que he aprendido a sobrellevar con mucha paciencia, si se toma en cuenta que en Honduras soy un escritor reconocido cuyo capital cultural es tomado en cuenta en múltiples foros públicos. 

Pero ¿no provoca el constante tránsito de un espacio a otro una personalidad espectral? Esa es la pregunta que ahora, luego de terminar este proyecto, ha surgido con sugerente insistencia. Y debo decir que ya la estoy tomando como una identidad estratégica que me está permitiendo escribir con total desapego, cálculo o visión out the box. Al final de cuentas, el viejo espíritu translocal antillano, está dándome las primeras grandes lecciones, y por qué no, las fronteras móviles que siempre habité sin definiciones ni arraigos de larga duración.

F.E.




[1] La altura relativa dentro del registro natural de la voz es significativa. Por ejemplo, una elevación de altura al final de una emisión puede cambiar totalmente su significado: con un tono descendente se trata de una simple aserción; con un tono ascendente se convierte en una pregunta. (Roger Fowler, 1978, Para comprender el lenguaje-Una introducción a la lingüística, pag. 257, México, Editorial Nueva Imagen)
[2] No es necesario que un poema dependa de su música, pero si es así, esa música ha de ser un deleite al entendido (Ezra Pound, 1918, Ensayos literarios, pag. 23, Madrid, Tajamar Editores 2016)
[3] Las leyes de la vida individual, que se prestan como las más nobles, que son cantadas por la poesía, no son más que una negación de la vida de la humanidad en general. De modo que no parece muy cercano el momento de la reconstrucción de la totalidad; la realidad sigue permaneciendo sin consistencia, el pensamiento es incapaz de reconstruir su solidez y su vínculo (Enrico de Angelis, 1977, Arte e Ideología de la alta burguesía: Mann, Musil, Kafka, Brecht, pag.133, Madrid, Akal Editor)
[4] Los franciscanos y otros religiosos que llegan de España son los primeros que aprenden la lengua de los vencidos y, aún si ese gesto es totalmente interesado (debe servir para propagar mejor la religión cristiana), no por ello deja de estar cargado de sentido: aunque solo fuera para asimilar mejor al otro a uno mismo, uno empieza por asimilarse, por lo menos parcialmente, a él. (Tzvetan Todorov, 2010, La conquista de América, pag.262, México, Grupo Editorial Siglo XXI)
[5] La raza es un concepto colonial que fue inventado para clasificar las diferencias biológicas, sociales y culturales percibidas (desde una terrible interpretación mendeliana). La Declaración sobre la Raza firmada por gran parte de los antropólogos estadounidenses, señala que el concepto Raza fue elevada a ideología colonial -desde teoremas cuasi-religiosos: la inequidad como hecho natural dado por Dios-- y desvirtúa este instrumento de coloniaje con pruebas irrefutables de la auténtica atribución genética (AAA Response to OMB Directive 15: Race and Ethnic Standards for Federal Statistics and Administrative Reporting, 1998)

[6] Banda Blanca popularizó Sopa de Caracol entre los años 1987-1990, convirtiéndose en la primera banda de punta-merengue hondureña más reconocida a nivel mundial.
[7] André Marcel no dudó tampoco en decir que de primera impresión el creería que soy árabe.

lunes, 29 de abril de 2019

Purismo religioso español del siglo XVI vs Purismo ario del siglo XX



Hay agradecimientos que tienen en sí una carga oscura difícil de digerir, pero que una vez se revela crea una nueva interpretación de la vida. Este es el caso de excepcionales documentos históricos que hoy en día consideramos legado natural.
Nos resulta natural, por ejemplo, remitirnos a los documentales sobre los campos de concentración de la segunda guerra mundial para ser testigos de la demencia que desataron los nazis y, desde ahí, saber a qué punto no podemos permitirnos regresar como humanos. Pasadas las décadas, hemos llegado a considerar que esos documentos de experimentaciones y humillaciones físicas son un producto directo del broadcast vencedor, al punto que olvidamos que esas filmaciones las hicieron los propios nazis. ¿Por qué querrían registrar las atrocidades que luego los inculparían irremediablemente?

En primer lugar, las victorias de los primeros dos años de guerra (1939-1941) exacerbaron en los nazis su "destino manifiesto" y su arrogancia los llevó al nivel de creerse inmunes ante un futuro dentro del cual ellos serían los vencedores totales. En segundo lugar, la filmación de sus matanzas y experimentaciones físicas sobre judío, gitanos y homosexuales eran bitácoras que serían legadas a las generaciones del Reich de los mil años. ¿Qué buscaban legar? pues la desaparición de la "raza" judía causante de todos los males que intoxicaban a la raza aria. Los untermensch (sub humanos) debían retratarse hasta en su último aliento, medirse, cualificarse, analizarse, encerrarlos -en suma- en la única imagen posible donde se les pudiera recordar, ya no en la vida sino que en los archivos para estudio.

No es la primera vez que semejantes documentaciones se han realizado, ya que el pensamiento del poder colonizador de todas las épocas y culturas siempre ha llevado a cabo un registro minucioso de lo que quiere aprovechar para sí o aniquilar. El caso del Fray dominico Diego Durán (1537-1588) nacido en España pero criado desde los seis años en la Nueva España (México), es un antecedente que causa escalofríos y que, en principio, parece oponerse a la atroz voluntad de  Fray Diego de Landa quien ordena la quema de los códices mayas en Yucatán (1562).

Diego Durán decide escribir Historia de la Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme motivado por la necesidad de detallar las costumbres mexicas en su más insospechada expresión cotidiana. Al respecto, Tzvetan Todorov, hsitoriador búlgaro, en su libro La Conquista de América, dice lo siguiente:

"... éste decidió (Durán) que para la conversión de los indios hacía falta un mejor conocimiento de su antigua religión. Más precisamente, Durán encadena las dos inferencias siguientes: 1) para imponer la religión cristiana hay que extirpar toda huella de religión pagana 2) para lograr el paganismo, primero hay que conocerlo bien. ''Jamás podremos hacerles conocer de veras a Dios (a los indios), mientras de raíz no les hubiéramos tirado todo lo que huela a la vieja religión de sus antepasados''.

Criado en México desde niño, Durán ha crecido en el entorno natural de una brutal colonización y conoce la lengua nahuatl. Al llegar a ser frayle sospecha a diario que cada acto que hacen los indios son la continuidad de la ritualización sistémica que imperaba durante el tiempo de dominio mexica. Teme, con horror religioso colonizador, que el sincretismo sea el que haya triunfado y por eso se lamenta de lo que hiciera en Yucatán el funesto Digo de Landa:

''Y así erraron muchos los que, con buen celo, pero no con mucha prudencia, quemaron y destruyeron al principio todas las pinturas de antiguallas que tenían, pues nos dejaron tan sin luz, que delante de nuestros ojos idolatran y no los entendemos: en los 'mitotes', en los mercados, en los baños y en los cantares que cantan, lamentando sus dioses y sus señores antiguos, en las comidas y banquetes''.

Sin proponérselo, Durán logra que su determinación de profundo purismo religioso sea el vehículo para uno de los pocos legados que sobreviven acerca de las costumbres pre-colombinas en México, anotando de manera rigorosa -que casi raya en la etnografía- detalles que parecen superfluos pero que nos sirven para acercarnos al día a día mexica que quizá estaba escrito en los códices que Landa quemara y que ahora nos impide saber cómo era la contraparte maya en el Yucatán. Por ejemplo, este extracto comentado por Todorov del texto de Durán es revelador y nos abre un portal en el tiempo:

''Sus vestidos recuerdan a las casullas y sus danzas a la sarabanda. Tienen los mismos dichos y los mismos tipos de relatos épicos. Cuando juegan, hablan y blasfeman, exactamente igual que los españoles, y además, su juego de alquerque recuerda el ajedrez a tal punto que uno se puede confundir: tanto en éste como en aquel las fichas son negras y blancas...El gran tambor que se toca a la puesta del sol es como las campanas del Ave María; la purificación azteca por el agua es como la confesión; las penitencias son muy semejantes en ambas religiones, y también los frailes mendicantes. O más bien no: las abluciones aztecas son como el bautismo: hay agua en ambos casos...''

Y de manera directa remata el propio Durán:

''Reverenciaban al padre y al hijo y al espíritu santo, y decían tota, topiltzin y yolometl, los cuales vocablos quieren decir 'nuestro padre, y nuestro hijo y el corazón de ambos', haciendo fiesta a cada uno en particular y a todos tres en uno, donde se nota la noticia que hubo de la trinidad entre esta gente'' (¡Ya hubiera querido Bartolomé de las Casas tener el texto de Durán como argumento extra ante Sepúlveda en el tribunal de Valladolid!).

Purismo religioso español del siglo XVI vs Purismo ario del siglo XX, ambos expresiones de un poder colonizador y exterminador cultural, se unen en el agradecimiento más torvo que podamos dar en el contexto investigador del documento histórico.

F.E.



sábado, 30 de marzo de 2019

Juana Pavón deja a Honduras sin nombre


Juanita ha fallecido ayer. Ayer -quiero creerlo- le tomé estas fotos. Fue durante el almuerzo de despedida de Honduras que me preparó el Maese Rafael Murillo Selva, en su casa en San Juancito. Juanita estaba ahí para despedirme, con un enorme cariño que me conmovió. Ayer era abril del año 2016 y la vida era larga y sin ningún marzo del 2019. Su poesía estaba siempre con ella, textual y físicamente, tan contundente y visceral como la primera vez en que supe que ella, más que un sismógrafo huidobriano, era el mismo terremoto que tumbaría cualquier buena intención poética de nuestros primeros pasos. Sí, Juana estaba ahí siempre, y quien quisiera preciarse de poeta debía entender que su presencia exigía textos de vida en tiempo real y además carácter, desenfado, quebrantamiento -de canon y cardíaco-, lucidez rabiosa.

Tuve un pequeño espacio para conocerla. Tuvimos nuestra cena de chino y cawamas inacabables. Nos leímos poemas una tarde en El Picnic y me aguanté, estoico, la primera gran putiada  vía telefónica que nunca recibiera a las tres de la madrugada. El asunto era por una foto pero la próxima vez que me la encontré me dijo que no le parara bola, que ni su misma imagen podía competir con ella.

La leí desde que supe de ella y dejé de leerla cuando supe que había trasladado todo su espíritu a la oralidad más necesaria de la poesía. La poeta, la actriz, la loca, Tegucigalpa derrumbándose, rehaciéndose, la cáustica, la genial dueña de todo espacio donde llegara, voraz escarmentadora de "lo modosito", la Maestra, Juana Pavón nos deja y a Honduras como que no le queda ni nombre, ni apellido. La República de la poesía duró de 1945 al 2019 ¿Bajo qué otros fundamentos tendrá que ponérsele nuevo nombre a Honduras?

Claude Levi-Strauss: lo que deseamos salvar


"Si se esperara del antropólogo -Dios no lo quiera- que presagiara el porvenir de la humanidad, no lo concebiría sin duda como una prolongación o una superación de las formas actuales, sino, más bien, sobre el modelo de la integración que reuniese progresivamente los caracteres propios de las sociedades "frías'' y ''cálidas''. Su reflexión anudaría nuevamente el hilo con el viejo sueño cartesiano de poner las máquinas al servicio de los hombres como si fueran autómatas y seguiría su huella en la filosofía social del siglo XVIII hasta Saint Simon; pues al anunciar el pasaje ''del gobierno de los hombres a la administración de las cosas'', éste anticipaba a la vez la distinción antropológica entre la cultura y la sociedad, y esta conversación -cuya posibilidad nos hace posible entrever al menos, los progresos de la teoría de la información y la electrónica-, de un tipo de civilización que inauguró hace tiempo el devenir histórico, pero al precio de una transformación de los hombres en máquinas, en una civilización ideal, que lograría transformar las máquinas en hombres. Entonces, con la cultura encargada de la misión de construir el progreso, la sociedad se liberaría de una maldición milenaria, que la obligaba a  esclavizar a los hombres para que hubiera progreso.

En lo sucesivo, la historia se haría sola, y la sociedad, colocada fuera y por encima de ella podría adoptar una vez más esta estructura regular y como cristalina, respecto de la cual las sociedades primitivas mejor preservadas nos enseñan que no se contradice con la humanidad. Desde esta perspectiva, aunque utópica, la antropología social encontraría su más alta justificación, ya que las formas de vida y pensamiento que ella estudia no revestirían solamente un interés histórico y comparativo, sino que corresponderían a una oportunidad permanente del hombre, sobre la cual la antropología social tendría la misión de velar, particularmente en las horas más sombrías.

Nuestra ciencia no podría montar esta guardia vigilante -ni siquiera hubiera llegado a comprender su importancia y necesidad- si en las regiones atrasadas de la tierra no hubiera hombres que resistieron obstinadamente la historia, y que permanecieron como una vívida prueba de lo que deseamos salvar''.

L.S.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Tegucigalpa en el tiempo

Estatua de Valle, guerra civil de 1924

Cuartel San Francisco, guerra civil de 1924


Tegucigalpa a vuelo de dron, 2019

Vista hacia el Cerro Juana Lainez y el Estadio Nacional, 2019

Parque La Leona, 2019

Los Walther, La Leona, 2019

Iglesia Los Dolores en la década de los 20

domingo, 27 de enero de 2019

Fray Ramón Pané, Cómo fue hecho el mar según los taínos de La Española

Capítulo IX 

Cómo dicen que fue hecho el mar Hubo un hombre llamado Yaya, del que no saben el nombre; y su hijo se llamaba Yayael, que quiere decir hijo de Yaya. El cual Yayael, queriendo matar a su padre, éste lo desterró, y así estuvo desterrado cuatro meses; y después su padre lo mató, y puso los huesos en una calabaza, y la colgó del techo de su casa, donde estuvo colgada algún tiempo. Sucedió que un día, con deseo de ver a su hijo, Yaya dijo a su mujer: "Quiero ver a nuestro hijo YayaeF'. Y ella se alegró y bajando la calabaza, la volcó para ver los huesos de su hijo. De la cual salieron muchos peces grandes y chicos. De donde, viendo que aquellos huesos se habían transformado en peces, resolvieron comerlos. Dicen, pues, que un día, habiendo ido Yaya a sus conucos, que quiere decir posesiones, que eran de su herencia, llegaron cuatro hijos de una mujer, que se llamaba Itiba Cahubaba, todos de un vientre y gemelos; la cual mujer, habiendo muerto de parto, la abrieron y sacaron fuera los cuatro dichos hijos, y el primero que sacaron ere caracaracol, que quiere decir sarnoso, el cual caracaracol tuvo por nombre [DeminánJ; los otros no tenían nombre.


Capítulo X 

Cómo los cuatro hijos gemelos de Itiba Cahubaba, que murió de parlo, fueron juntos a coger la cabalaza de Yaya, donde estaba su hijo Yayael, que se había transformado en peces, y ninguno se atrevió a cogerla, excepto Deminán Caracaracol, que la descolgó, y todos se hartaron de peces. Y mientras comían, sintieron que venía Yaya de sus posesiones, y queriendo en aquel apuro colgar la calabaza, no la colgaron bien, de modo que cayó en tierra y se rompió. Dicen que fue tanta el agua que salió de aquella calabaza, que llenó toda la tierra, y con ella salieron muchos peces; y de aquí dicen que haya tenido origen el mar. Partieron después éstos de allí, y encontraron un hombre, llamado Conel, el cual era mudo.

 Capítulo XI 

De las cosas que pasaron los cuatro hermanos cuando iban huyendo de Yaya. Estos, tan pronto como llegaron a la puerta de Bayamanaco, y notaron que llevaba cazabe, dijeron:" Ahiacabo guárocoel", que quiere decir: "Conozcamos a este nuestro abuelo". Del mismo modo Deminán Caracaracol, viendo delante de sí a sus hermanos, entró para ver si podía conseguir algún cazabe, el cual cazabe es el pan que se come en el país. Caracaracol, entrando en casa de Bayamanaco, le pidió cazabe, que es el pan susodicho. Y éste se puso la mano en la nariz, y le tiró un guanguayo a la espalda; el cual guanguayo estaba lleno de cohoba, que había hecho hacer aquel día; la cual cohoba es un cierto polvo, que ellos toman a veces para purgarse y para otros efectos que después se dirán. Esta la toman con una caña de medio brazo de largo, y ponen un extremo en la nariz y el otro en el polvo; así lo aspiran por la nariz y esto les hace purgar grandemente. Y así les dio por pan aquel guanguayo, en vez del pan que hacía; y se fue muy indignado porque se lo pedían ... Caracaracol, después de esto, volvió junto a sus hermanos, y les contó lo que le había sucedido con Bayamanacoel, y del golpe que le había dado con el guanguayo en la espalda, y que le dolía fuertemente. Entonces sus hermanos le miraron la espalda, y vieron que la tenía muy hinchada; y creció tanto aquella hinchazón, que estuvo a punto de morir. Entonces procuraron corlarla, y no pudieron; y tomando un hacha de piedra se la abrieron, y salió una tortuga viva, hembra; y así se fabricaron su casa y criaron la tortuga.


Fragmento de Fray Ramón Pané, Descubridor del Hombre Americano. THESAURUS, Tomo XLVII, Num. 2 (1992) José Juan ARROM. Centro Virtual Cervantes.

https://pueblosoriginarios.com/textos/pane/intro.html

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22012014000200004


martes, 1 de enero de 2019

El primero de enero y las guayabas

La sala en casa de mi tía Lauren era muy oscura. Yo siempre le pregunté, con mucha necedad, del por qué no habían hecho una ventana para que entrara la luz. Lo cierto es que para mí hubiera sido más fácil ver los títulos en el librero de la esquina y los nombres de los LP que guardaba bajo el televisor, en la división de madera torneada. Por el contrario, el patio tenía una luminosidad que partía del verdísimo árbol de limas, que ahora lo recuerdo como una bombilla vegetal que daba iridiscencias y aromas a las mañanas. Bajo él nos sentábamos a hablar largo rato y ahí mismo se celebraron la mayoría de días de la madre y otros eventos familiares. Frente a la lima estaba el enorme mango al que siempre me negaron subir, aunque la prohibición no era necesaria ya que las ramas para sujetarse comenzaban muy arriba, como si el árbol hubiera levantado los brazos para alejar los frutos de los niños. Me conformaba entonces con el guayabo y ahí era un pájaro más. Cantaba todo lo que recordaba, pero mi hit parade estaba encabezado por Pedrito Fernández y la historia de un perro corriente y canelo.

Así iniciaba el año, los primeros de enero eran una promesa indefinible que yo comparaba con el guayabo que zarandeaba para ver cuál guayaba madura me premiaba sin gusano alguno. Uno de esas mañanas, alrededor de 1986, me puse a curiosear entre las sombras de la casa los LP y sus portadas. Al lado de Hey, de Julio Iglesias, tía guardaba un disco cuyo diseño era una cuadrícula muy setentera sobre la que se perfilaba un hombre guitarra en mano. Era el álbum Hilachas de Sol, del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Le pedí a tía Lauren que lo pusiera y ella accedió haciéndome prometer que me aprendería una de las canciones para cantarla subido al palo de guayabo. El sonido delicioso del vinilo siendo rasgado por el diamante inundó las sombras, y así fue que escuché, sentado en el piso y con mi tía pidiéndome que le bajara al volumen, la canción Primero de enero, tercera en el orden del disco.

Pienso ahora que la formación política puede llegar por el lado más sensible e inesperado, porque a partir de escuchar ese disco, me encontré de pronto absolutamente consciente de la desgracia social que sufríamos en Latinoamérica.  Aquella letra (... lleva Pablo los bautizos/ con tristeza entre sus brazos/ porque el capataz no quiso/ ser padrino de fracasos...) se hundió como aguijón de avispa chilera en mí, y ni qué hablar de la sexta canción del álbum, Yo te ofrecí una esperanza (él te dio vestido nuevo/ yo te ofrecí una esperanza).

Cuando me aprendí bien la letra, aquel guayabo era un escenario al que tía llegaba a bajarle al volumen porque todavía era peligroso cantar en Honduras canciones de guerrilleros. Cada primero de enero la canto, y recuerdo la risita de Tía mientras lavaba en la pila !Ya cántese la otra! -me decía- !ese disco ya se rayó!, Entonces yo le daba vuelta a mi pecho-acetato y le cantaba un tema de Jorge Rigó, de las novelas venezolanas que estaban dando por esos días: Sola/ te vas quedando sola/ ... deja el dolor por la esperanza/ y ven a acobijarte entre mis brazos... Ella me acompañaba con su voz feliz, y yo aprovechaba para sacarle los gusanos a la guayaba.

Por las sombras del camino van los indios hacia el pueblo, van bajando la montaña
por que es primero de enero. Llevan gallinas al cura por milagros venideros o a rogar por que este invierno llueva mucho en el potrero. El patrón va entrando a misa disfrazado de cordero. (Se da golpes en el pecho, pero es muy duro ese cuero)bis. Por ser primero de enero van los indios hacia el pueblo. Por las sombras del camino van los indios hacia el pueblo, van bajando la montaña por que es primero de enero. Lleva Pablo dos bautizos con tristeza entre sus brazos por que el capataz no quiso ser padrino de fracasos. El patrón va entrando a misa disfrazado de cordero. (Se da golpes en el pecho, pero es muy duro ese cuero)bis. Por ser primero de enero van los indios hacia el pueblo, van bajando la montaña por que es primero de enero. Llevan gallinas… El patrón va entrando a misa disfrazado de cordero. (Se da golpes en el pecho, pero es muy duro ese cuero)bis. Por ser primero…


martes, 27 de noviembre de 2018

El exterminio y esclavitud de los nativos en Argentina

Los sobrevivientes de la llamada “Conquista del Desierto” holocausto argentino
fueron “civilizadamente” trasladados, caminando encadenados 1.400 kilómetros, desde los confines cordilleranos hacia los puertos atlánticos.

A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta, en Río Negro. El colono Galés John Daniel Evans recordaba así aquel siniestro lugar: “En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia. (…) Estaban cercados por alambre tejido de gran altura; en ese patio los indios deambulaban, trataban de reconocernos; ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos aferrados del alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco de castellano y un poco de galés: ‘poco bara chiñor, poco bara chiñor’ (un poco de pan señor)”.1
La historia oral, la que sobrevive a todas las inquisiciones, incluyendo a la autodenominada “historia oficial” recuerda en su lenguaje: “La forma que lo arriaban…uno si se cansaba por ahí, de a pie todo, se cansaba lo sacaban el sable lo cortaban en lo garrone. La gente que se cansaba y…iba de a pie. Ahí quedaba nomá, vivo, desgarronado, cortado. Y eso claro… muy triste, muy largo tamién… Hay que tener corazón porque… casi prefiero no contarlo porque é muy triste. Muy triste esto, dotor, Yo me recuerdo bien por lo que contaba mi pobre viejo paz descanse. Mi papa; en la forma que ellos trataban. Dice que un primo d’él cansó, no pudo caminar más, y entonces agarraron lo estiraron las dos pierna y uno lo capó igual que un animal. Y todo eso… a mí me… casi no tengo coraje de contarla. Es historia… es una cosa muy vieja, nadie la va a contar tampoco, ¿no?...único yo que voy quedando… conocé… Dios grande será… porque yo escuché hablar mi pagre, comersar…porque mi pagre anduvo mucho… (…)”. 2

De allí partían los sobrevivientes hacia el puerto de Buenos Aires en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.
Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de “dignos”, “los bárbaros son los que les pusieron cadenas”, en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y “patriótico” que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso “desfile de la victoria”.
Desde el puerto los vencidos fueron trasladados al campo de concentración montado en la isla Martín García. Desde allí fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso a repartirse el botín, según lo cuenta el diario El Nacional que titulaba “Entrega de indios”: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”.3
Se había tornado un paseo “francamente divertido” para las damas de la “alta sociedad”, voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vueltita los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.
En otro articulo, el mismo diario El Nacional describía así la barbarie de las “damas” de “beneficencia”, encargadas de beneficiarse con el reparto de seres humanos como sirvientes, quitándoles sus hijos a las madres y destrozando familias: “La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia”.
Los promotores de la civilización, la tradición, la familia y la propiedad, habiendo despojado a estas gentes de su tradición y sus propiedades, ahora iban por sus familias. A los hombres se los mandaba al norte como mano de obra esclava para trabajar en los obrajes madereros o azucareros.
Dice el Padre Birot, cura de Martín García: “El indio siente muchísimo cuando lo separan de sus hijos, de su mujer; porque en la pampa todos los sentimientos de su corazón están concentrados en la vida de familia”.4
Se habían cumplido los objetivos militares, había llegado el momento de la repartija del patrimonio nacional.

La ley de remate público del 3 de diciembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.
Si hacemos números, tendremos este balance: La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.
Desde luego, los que pusieron el cuerpo, los soldados, no obtuvieron nada en el reparto. Como se lamentaba uno de ellos, “¡Pobres y buenos milicos! Habían conquistado veinte mil leguas de territorio, y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo ni trabajo, muchos de ellos no hallaron –siquiera en el estercolero del hospital– rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y de verdadero patriotismo”.5
Los verdaderos dueños de aquellas tierras, de las que fueron salvajemente despojados, recibieron a modo de limosna lo siguiente: Namuncurá y su gente, 6 leguas de tierra. Los caciques Pichihuinca y Trapailaf, 6 leguas. Sayhueque, 12 leguas. En total, 24 leguas de tierra en zonas estériles y aisladas.
Ya nada sería como antes en los territorios “conquistados”; no había que dejar rastros de la presencia de los “salvajes”. Como recuerda Osvaldo Bayer, “Los nombres poéticos que los habitantes originarios pusieron a montañas, lagos y valles fueron cambiados por nombres de generales y de burócratas del gobierno de Buenos Aires. Uno de los lagos más hermosos de la Patagonia, que llevaba el nombre en tehuelche de “el ojo de Dios”, fue reemplazado por el Gutiérrez, un burócrata del ministerio del Interior que pagaba los sueldos a los militares. Y en Tierra del Fuego, el lago llamado “Descanso del horizonte” pasó a llamarse “Monseñor Fagnano”, en honor del cura que acompañó a las tropas con la cruz” 5.
Referencias:
1 Walter Delrio, “Sabina llorar cuando contaban. Campos de concentración y torturas en la Patagonia”, ponencia presentada en la Jornada: “Políticas genocidas del Estado argentinos: Campaña del Desierto y Guerra de la Triple Alianza”, Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Poder Autónomo, Buenos Aires, 9 de mayo de 2005. Citado por Fabiana Nahuelquir en “Relatos del traslado forzoso en pos del sometimiento indígena a fines de la conquista al desierto”, publicado en http://www.elhistoriador.com.ar/…/sometimiento_indigena_con….
2 Testimonio recogido en Perea Enrique: “Y Félix Manuel dijo”, Fundación Ameghino, Viedma, 1989. Citado por Fabiana Nahuelquir, op. cit.
3 El Nacional, Buenos Aires, 31 de diciembre de 1878.
4 Álvaro Yunque, Historia de los argentinos, Buenos Aires, Anfora, 1968.
5 Manuel Prado, La guerra al malón, Buenos Aires, Eudeba, 1966.
6 Osvaldo Bayer, “Rebelde amanecer”, Buenos Aires, Página/12, 8 de noviembre de 2003.
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Fuente: www.elhistoriador.com.ar