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viernes, 8 de febrero de 2019
No, no puedo cambiar mi molde - Bitter Symphony, The Verve
Puedo jurar que busqué la acera más parecida a la del video y arranqué, siendo yo muchas veces, el auténtico Richard Ashcroft caminando hacia toda la gente de los noventas que se atravesaran, meteoro en órbita de colisión con la estación espacial bien diseñada por el trabajo y las vueltas e idas sin sentido por Tegucigalpa. Pude ir tras la carrera que años antes, a nivel de calentamiento generacional, hiciera Forrest Gump, pero elegí seguir esta Bitter Simphony así como mis amigos la seguían, con audífonos desde donde The Verve lanzaba las coordenadas de la deriva, un año antes de que el huracán Mitch nos hiciera escombros, picadillo, ruina pop. Ya había caminado aquella oscuridad de los apagones del 94, desde las aulas universitarias donde las sombras aprendíamos a amar; subí a los buses como los cientos que de pronto éramos ciegos y aún insistíamos en ir a clases, con estoicismo de ciudadanos en guerra que se les pedía no encender nada, solo caminar, ir, regresar. Por eso no fue Forrest Gump el que nos convocara con sus paisajes luminosos y su barba de asceta bizantino, fue el flaco de Richard Ashcroft el espejo y la chaqueta negra, fue su estampida sin prisas y su melodía de hipnosis. Mismas calles, misma sensación de nacer en otro mundo y de seguir un llamado inequívoco. Frío, oscuridad, smog a todo nivel y nuestra cara también menguando palideces. Sin duda esta canción estaba hecha para nuestro molde, los noventeros más sintonizados con el derrumbe que vendría.
martes, 1 de enero de 2019
El primero de enero y las guayabas
La sala en casa de mi tía Lauren era muy oscura. Yo siempre le pregunté, con mucha necedad, del por qué no habían hecho una ventana para que entrara la luz. Lo cierto es que para mí hubiera sido más fácil ver los títulos en el librero de la esquina y los nombres de los LP que guardaba bajo el televisor, en la división de madera torneada. Por el contrario, el patio tenía una luminosidad que partía del verdísimo árbol de limas, que ahora lo recuerdo como una bombilla vegetal que daba iridiscencias y aromas a las mañanas. Bajo él nos sentábamos a hablar largo rato y ahí mismo se celebraron la mayoría de días de la madre y otros eventos familiares. Frente a la lima estaba el enorme mango al que siempre me negaron subir, aunque la prohibición no era necesaria ya que las ramas para sujetarse comenzaban muy arriba, como si el árbol hubiera levantado los brazos para alejar los frutos de los niños. Me conformaba entonces con el guayabo y ahí era un pájaro más. Cantaba todo lo que recordaba, pero mi hit parade estaba encabezado por Pedrito Fernández y la historia de un perro corriente y canelo.
Así iniciaba el año, los primeros de enero eran una promesa indefinible que yo comparaba con el guayabo que zarandeaba para ver cuál guayaba madura me premiaba sin gusano alguno. Uno de esas mañanas, alrededor de 1986, me puse a curiosear entre las sombras de la casa los LP y sus portadas. Al lado de Hey, de Julio Iglesias, tía guardaba un disco cuyo diseño era una cuadrícula muy setentera sobre la que se perfilaba un hombre guitarra en mano. Era el álbum Hilachas de Sol, del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Le pedí a tía Lauren que lo pusiera y ella accedió haciéndome prometer que me aprendería una de las canciones para cantarla subido al palo de guayabo. El sonido delicioso del vinilo siendo rasgado por el diamante inundó las sombras, y así fue que escuché, sentado en el piso y con mi tía pidiéndome que le bajara al volumen, la canción Primero de enero, tercera en el orden del disco.
Pienso ahora que la formación política puede llegar por el lado más sensible e inesperado, porque a partir de escuchar ese disco, me encontré de pronto absolutamente consciente de la desgracia social que sufríamos en Latinoamérica. Aquella letra (... lleva Pablo los bautizos/ con tristeza entre sus brazos/ porque el capataz no quiso/ ser padrino de fracasos...) se hundió como aguijón de avispa chilera en mí, y ni qué hablar de la sexta canción del álbum, Yo te ofrecí una esperanza (él te dio vestido nuevo/ yo te ofrecí una esperanza).
Cuando me aprendí bien la letra, aquel guayabo era un escenario al que tía llegaba a bajarle al volumen porque todavía era peligroso cantar en Honduras canciones de guerrilleros. Cada primero de enero la canto, y recuerdo la risita de Tía mientras lavaba en la pila !Ya cántese la otra! -me decía- !ese disco ya se rayó!, Entonces yo le daba vuelta a mi pecho-acetato y le cantaba un tema de Jorge Rigó, de las novelas venezolanas que estaban dando por esos días: Sola/ te vas quedando sola/ ... deja el dolor por la esperanza/ y ven a acobijarte entre mis brazos... Ella me acompañaba con su voz feliz, y yo aprovechaba para sacarle los gusanos a la guayaba.
Así iniciaba el año, los primeros de enero eran una promesa indefinible que yo comparaba con el guayabo que zarandeaba para ver cuál guayaba madura me premiaba sin gusano alguno. Uno de esas mañanas, alrededor de 1986, me puse a curiosear entre las sombras de la casa los LP y sus portadas. Al lado de Hey, de Julio Iglesias, tía guardaba un disco cuyo diseño era una cuadrícula muy setentera sobre la que se perfilaba un hombre guitarra en mano. Era el álbum Hilachas de Sol, del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Le pedí a tía Lauren que lo pusiera y ella accedió haciéndome prometer que me aprendería una de las canciones para cantarla subido al palo de guayabo. El sonido delicioso del vinilo siendo rasgado por el diamante inundó las sombras, y así fue que escuché, sentado en el piso y con mi tía pidiéndome que le bajara al volumen, la canción Primero de enero, tercera en el orden del disco.
Pienso ahora que la formación política puede llegar por el lado más sensible e inesperado, porque a partir de escuchar ese disco, me encontré de pronto absolutamente consciente de la desgracia social que sufríamos en Latinoamérica. Aquella letra (... lleva Pablo los bautizos/ con tristeza entre sus brazos/ porque el capataz no quiso/ ser padrino de fracasos...) se hundió como aguijón de avispa chilera en mí, y ni qué hablar de la sexta canción del álbum, Yo te ofrecí una esperanza (él te dio vestido nuevo/ yo te ofrecí una esperanza).
Cuando me aprendí bien la letra, aquel guayabo era un escenario al que tía llegaba a bajarle al volumen porque todavía era peligroso cantar en Honduras canciones de guerrilleros. Cada primero de enero la canto, y recuerdo la risita de Tía mientras lavaba en la pila !Ya cántese la otra! -me decía- !ese disco ya se rayó!, Entonces yo le daba vuelta a mi pecho-acetato y le cantaba un tema de Jorge Rigó, de las novelas venezolanas que estaban dando por esos días: Sola/ te vas quedando sola/ ... deja el dolor por la esperanza/ y ven a acobijarte entre mis brazos... Ella me acompañaba con su voz feliz, y yo aprovechaba para sacarle los gusanos a la guayaba.
Por las sombras del camino
van los indios hacia el pueblo,
van bajando la montaña
por que es primero de enero.
Llevan gallinas al cura
por milagros venideros
o a rogar por que este invierno
llueva mucho en el potrero.
El patrón va entrando a misa
disfrazado de cordero.
(Se da golpes en el pecho,
pero es muy duro ese cuero)bis.
Por ser primero de enero
van los indios hacia el pueblo.
Por las sombras del camino
van los indios hacia el pueblo,
van bajando la montaña
por que es primero de enero.
Lleva Pablo dos bautizos
con tristeza entre sus brazos
por que el capataz no quiso
ser padrino de fracasos.
El patrón va entrando a misa
disfrazado de cordero.
(Se da golpes en el pecho,
pero es muy duro ese cuero)bis.
Por ser primero de enero
van los indios hacia el pueblo,
van bajando la montaña
por que es primero de enero.
Llevan gallinas…
El patrón va entrando a misa
disfrazado de cordero.
(Se da golpes en el pecho,
pero es muy duro ese cuero)bis.
Por ser primero…
viernes, 26 de octubre de 2018
I'll be gone in a day or two
Si hubo una canción ochentera que me dio a entender la dimensión paralela de la música pop fue Take on me. Era imposible dejar de ver su video una vez que se me presentó como "muñequitos". Entraba a su atmósfera y quería vivir ahí. Ya una vez adulto, la imaginación aquella se me convirtió en nostalgia y a veces siento que puedo ir a la hemeroteca para entrar a través de los periódicos a aquellos años en que los juegos mecánicos del ahora extinto Campo de la ENEE, ponían como ambiente musical esta canción de A-ha intercalada con Funky Town. Mi hijo sabe que a las dos de la tarde, si va en un taxi de Tegus, las viejas radios con sus viejas programaciones pondrán Take on me. Las veces que hemos coincidido en unos de esos taxis que sintonizan exactos la brecha del tiempo, Esteban me ha dado un suave codazo en las costillas diciéndome: Escuchá, papi, la misma hora, la misma canción, tu canción...
Lo que a mí me dice Take on me es el anuncio de todas las distopías musicales ya que siempre la tomé como un tema futurista. Ahora, ya en el futuro, me doy cuenta que será muy difícil que regresen esos sonidos experimentales tan frescos, transparentes y, a la vez, tan llenos de desasosiego, porque sencillamente fueron creados para la generación que desaparecería bajo el bombardeo nuclear soviético. El romance que ahora veo ahí es el que se estiló en aquella visión apocalítica en la que series como Logan: Fuga del Siglo XXV mostraba a parejas enamoradas huyendo de las máquinas, así que cantar en un día o dos me iré... llévame! no suena a despropósito, al contrario, es el beso de las cigarras y la última fantasía de los últimos niños que habrían de amar sobre el mundo.
Lo que a mí me dice Take on me es el anuncio de todas las distopías musicales ya que siempre la tomé como un tema futurista. Ahora, ya en el futuro, me doy cuenta que será muy difícil que regresen esos sonidos experimentales tan frescos, transparentes y, a la vez, tan llenos de desasosiego, porque sencillamente fueron creados para la generación que desaparecería bajo el bombardeo nuclear soviético. El romance que ahora veo ahí es el que se estiló en aquella visión apocalítica en la que series como Logan: Fuga del Siglo XXV mostraba a parejas enamoradas huyendo de las máquinas, así que cantar en un día o dos me iré... llévame! no suena a despropósito, al contrario, es el beso de las cigarras y la última fantasía de los últimos niños que habrían de amar sobre el mundo.
Will you call my name?
Tengo algo íntimo con esta canción de Simply Minds, no me avergüenza decirlo -ya he escuchado a otros decir que El Tenampa los quiebra-, pero cuando escucho ciertos pasajes líricos de Don't you, call my name or walk on by, por ejemplo (dirás mi nombre o caminarás con él) no dejo de recordar las oscuras caminatas con walkman por las calles de Tegucigalpa, intentando enviar una señal psíquica al amor de esos días, un amor que no me esperaría en la esquina siguiente y que al verme intentaría fingir algo para darle postal a la luz que caía pálida en su rostro.
Tengo mis himnos y este es uno -todxs lo tenemos- , y es que desde muy niño, cuando pasaban el programa de videos Hola Juventud, me intrigaba el acting de Jim Kerr transmitiendo un ruego que en realidad era el adiós al amor de joven. Su Look my way, never love me dicho con el hilo de voz que los sintetizadores alargan al igual que el video va girando en torno al hipnótico cantante, crean un vértigo tremendo, tristeza, angustia, no puedo definirlo y es lo mejor, toda la melodía y video clip ha debido siempre aspirar a ello: a ser inaprensible.
Veo y escucho una vez más Dont'you, y se viene el aroma a café tostado que flotaba desde el barrio Guacerique, el frío y el silencio de Tegus en los 80, la voz de la Myrna María Barahona que jamás logré separar de esta canción lanzada en primicia desde Stereo Mil, como una lluvia que no se detendría jamás.
Rain keeps falling
rain keep fallin
down, down, down... will you call my name?
Tengo mis himnos y este es uno -todxs lo tenemos- , y es que desde muy niño, cuando pasaban el programa de videos Hola Juventud, me intrigaba el acting de Jim Kerr transmitiendo un ruego que en realidad era el adiós al amor de joven. Su Look my way, never love me dicho con el hilo de voz que los sintetizadores alargan al igual que el video va girando en torno al hipnótico cantante, crean un vértigo tremendo, tristeza, angustia, no puedo definirlo y es lo mejor, toda la melodía y video clip ha debido siempre aspirar a ello: a ser inaprensible.
Veo y escucho una vez más Dont'you, y se viene el aroma a café tostado que flotaba desde el barrio Guacerique, el frío y el silencio de Tegus en los 80, la voz de la Myrna María Barahona que jamás logré separar de esta canción lanzada en primicia desde Stereo Mil, como una lluvia que no se detendría jamás.
Rain keeps falling
rain keep fallin
down, down, down... will you call my name?
miércoles, 16 de mayo de 2018
Franck Pourcel y el futuro que ya no tenemos
La llegada del año 2000 si tuvo sus consecuencias para la idea que teníamos del futuro, y no fueron las siglas Y2K las que dieron al traste con ello, fue el número 4590, el número de vuelo del último Concorde sobre la tierra, el avión del futuro que atravesó el Atlántico durante 30 años, sin ningún accidente en su historial, hasta estrellarse el 25 de julio del 2000 en París.
El año de su vuelo inaugural, el famoso compositor Frank Pourcel creó esta pieza para celebrar la llegada de la utopía hecha realidad en el transporte aéreo. El futuro aquel que ya no tenemos.
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Mundo Undo,
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lunes, 15 de enero de 2018
Dolores O'Riordan y los niños dorados
No puedo dejar pasar esta dura noticia del fallecimiento de Dolores O'Riordan, la cantante de la banda irlandesa The Cranberries. Cuando salió Zombie, su canción emblemática, fue casi bandera para mi grupo de amigos. Al escucharla entrábamos en un silencio casi reverencial y comenzábamos a pendular la cabeza. Se imponía la voz en trance de Dolores y nada podía sacarnos de esa condición de haber sido abrumados por algo inexplicable. Al mirar el video en aquel MTv que todavía pasaba video-arte, nos ocurría la hipnosis. Esas imágenes de la Irlanda bajo ocupación nos decía que algo vivíamos nosotros de todo aquello. La forma en que iba en crescendo el desgarramiento interior hasta llegar a la total y tántrica voz de Dolores que nos decía que todo sucedía en nuestras cabezas, que las bombas estallaban en nuestras cabezas desde 1916 aunque ese 1916 era de otro muertos, muy diferentes a los hondureños, pero igual de condenados.
Pasados muchos años, en el concierto de Bunburi, durante la gira en Managua para el álbum Pequeño Cabaret Ambulante (2003), le tocó abrir a una banda nicaragüense que fue recibida de una forma terrible. El rechazo era penoso aún sin antes haber cantado nada la banda nacional. La gente quería a Bunburi ya. Entonces salió al escenario una aguerrida vocalista. Se dirigió a todos diciendo que estaba avergonzada de ser nicaragüense ya que no podía creer cómo trataban a las bandas de casa. también yo sentía vergüenza ajena al ser uno de los muchos hondureños que viajamos hasta Managua para escuchar a Bunburi, pero no podía dejar de sorprenderme del cómo le seguían silbando e insultando a la joven que estaba ahí, pidiendo ya a sus compañeros de agrupación que empezaran. Y se dejaron oír aquellos acordes inconfundibles del intro de Zombie. Y ella comenzó a cantar. Y ella comenzó a transformarse. Y ella ya era Dolores O'Riordan en cada una de sus vocalizaciones rabiosas, en cada evocación a la guerra que sí había vivido Nicaragua. Y entonces el silencio fue la bandera que flameaba sobre las cabezas ya oscilantes, y ella, esa impresionante mujer en su igual fascinante cover, estaba en el proesenio, oscilando como si ella tuviera a The Cranberries tras de sí y que quienes estábamos ahí, alelados y ya hipnotizados, éramos solo cabezas, simples cabezas que la muerte iba a cosechar de un solo tajo.
Nunca olvidaré que pude ver transfigurada a Dolores en una cantante nicaragüense cuyo nombre no recuerdo, ni el de su banda, pero que bien me hace jurar que pude sentir la fuerza de una canción que nos marcó a fondo, que nos dio un silencio descomunal, exactamente como el de hoy al saber que los niños dorados al pie de la cruz éramos nosotros, bañados de bombas pulverizadas sobre nuestras cabezas.
¡Adiós, Dolores!
miércoles, 23 de agosto de 2017
Lizbeth Román y Los Duendes Invisibles - Foto: Fabricio Estrada
Ayer asistimos al lanzamiento del disco de Lizbeth Román y Los Duendes Invisibles en el MAC (Museo de Arte Contemporáneo) en Santurce, una experiencia realmente buena. Desde que la escuché por primera vez en la Feria de San Sebastían y luego en el Festival de Diario Claridad, la Román me dejó impresionado por su fuerza interpretativa y alto dominio de la energía en el escenario. Energía desde su voz hasta sus letras. No dudo en afirmar que ella bien pudiera ser una revelación internacional de altísimo nivel, como lo es ya Lafourcade. Espero que sea cosa de poco tiempo el que se den las circunstancias porque escuchar su música en todas partes será en verdad Otra Ruta para el ritmo puertorriqueño. Y como si no fuera suficiente, conocí al cantante de Circo, Luis Fofé Abreu, un extraordinario cantante ya figura de culto en el rock de la isla.
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miércoles, 14 de septiembre de 2016
Tegucigalpa chic
En principio, ¿por qué habrían de componerle una canción a una de las ciudades que aún ahora sigue siendo tan desconocida? Era tan random, tan imaginarse aquel no lugar (como lo definiría la poeta boricua Cindy Jiménez-Vera en su poemario Tegucigalpa) con las herramientas del análisis exótico y el reduccionismo pintoresco.
Pero para esos años de la Segunda Guerra Mundial, las empresas bananeras estadounidenses estaban a máximo vapor tratando de sostener lo que la economía global hundía a causa del conflicto y, por ende, había que hacerle un guiño de ánimo a un Estado que veía con preocupación el hundimiento de su monocultivo, que en sí no era del Estado, pero que prometía líneas férreas que, con los años, jamás se cumplieron como beneficio de la industriosa concesión del enclave bananero.
Esa Tegucigalpa chic -nombre dulce sólo en los labios, diría el poeta hondureño Roberto Sosa- y de gente que bailaba en los mercados y plazas al son de las maracas es una aberración tal que es mejor no imaginarla, quizá entenderla mejor con la frase del protagonista en la película cubana Memorias del subdesarrollo: dicen que La Habana era la París del Caribe, yo diría que ahora La Habana es la Tegucigalpa del Caribe.
En fin, hasta en la coreografía se nota que intentan una caricatura.Me pregunto: ¿Cómo la concibirían ahora las tres hermanas Kardashian? Diana Bellesi, tremenda poeta argentina, me decía mientras fumábamos un cigarrillo compartido, sentados en las gradas del hotel en la fría Rosario del 2013
- Escuchalo bien, pibe, vos porque ya estás acostumbrado, pero escuchalo bien, Te Gu Ci Gal Pa... ahhh, ¡que nombre más bello! ¿No lo escuchás? Sentilo, T e g u c i g a l p a...
- ¿Te gusta, en verdad?- le pregunté echando el humo de un tabaco que no fumo pero que fumé por puras ganas de saborear algo entre los labios que pareciera Tegucigalpa.
- Y síiii, claroooo, es que parece que hasta cae o sube como el humoooo. Dulce, dulce.
Ella siguió mirando hacia una ciudad que no estoy seguro cómo la imaginaba, pero yo recordaba cada rincón, sentía lo que se siente allá y también lo que no, la parte insensible y el sopor absoluto, la Tegucigalpa que se corta para no decir tanto, la Tegus, la Tepas, la que cuesta una sonrisa de la cara y para la que hay tantas versiones etimológicas, la ciudad que se enrosca en la lengua y zumba como crótalo de cascabel. La escalonada, la que se ama con uñas y dientes, la inundable, la Tegucigolpes de Estado, la brutalmente decapitada, la que espera a Godot, el anfiteatro de todos los tristes. La noble, la niebla,
la nieve de cenizas.
I was born in Tegucigalpa the only day it ever snowed there
(Yo nací en Tegucigalpa el único día en que ahí nevó)
I always seem to bring the cold anywhere I ever go
That's just the way it's always gonna be
My family moved us ever northward up to the terra borealis
Along the crooked pikes of the ruminants and voyageurs
But my heart belongs to the smoke of Hamilton and Monongahela
And all the dirty cities along the way
But you know they all lied to you
Them there with the spider eyes
It'll always keep you warm
It'll always treat you nice
I was floated in just this morning
Woke up a thousand miles from nowhere
I'm a broke-legged paint in a herd of unicorns y'know
image: http://static.urx.io/units/web/urx-unit-loader.gif
From all the dirty cities along the way
But you know they all lied to you
These folks with the spider eyes
I'll always keep you warm
I'll always treat you nice
I'll never snow on your parade
I'll never bring a cloudy day
Thank you all so very much you crossers of the many time zones
But I'm heading back to the place that makes sense to me
'Cause my heart belongs to the snows of Buffalo and Chicago
And all the dirty cities along the way
The Fruits Bats.
F.E.
martes, 16 de diciembre de 2014
Behind the scenes en el video These are the days of our lives
Esta, el último video de Freddy Mercury, en una de sus canciones más melancólicas, su despedida. Y abajo, las tomas no vistas detrás de escena, durante la filmación del video clip, con el fondo de Streets of Philadelphia de Bruce Springten.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Raro, de Fer Rey - Fotos: Fabricio Estrada.
Muchas bandas y cantautores van sonando por Tegucigalpa, de una manera que pocos perciben sino se sumergen en los años duros que han pasado. Así la música surgida de ellos, su rock, su trova, traen poco a poco el sonido consolidado de las poderosas presiones que ha tenido el artista en todo su espectro anímico. De manera personal he disfrutado el nacimiento de Marvin Valladares, Nelson Pavón, Karla Lara, Yeco, Café Guancasco, de Sidartha, de Royal Blues, Radio Zativa y de Simón, que son, digamos, mis afectos directos por conocer de primera mano la amistad y compañerismo que dio lugar a sus producciones. Pero es con Fer Rey (Fernando Reynoth) con quien más he vivido el doloroso y alucinante proceso de su música, sus lecturas, sus arrebatos geniales y sus más profundas destrucciones. Dicho en pocas palabras, es mi hermano, y así fue como llegó aquella tarde de diciembre del 2011 a casa, en medio de un frío brutal como el de estos días, listo para que le tomara las fotos de su disco, Raro.
Tomamos café, Mayra se fue con nosotros (Linda se quedó en casa, aterida por el frío) y así encontramos, también con el ojo de la poeta, el mirador de la Cerro Grande recién calcinado, fuera de época pues es en marzo y abril donde todo se incendia. "Camine por ahí", le dije, "como meteoro que acaba de caer ahí mismo", porque así siento que viene siendo la música de Fer para el medio del rock hondureño. No pudo ser mejor la luz y los carbones sobrantes del incendio. La tarde fue feliz, tan feliz como tener su disco entre manos ahora, tres años después, con las fotos que nos hermanan aún más, incrustadas en el tiempo de todos los tatuajes arrasados por el fuego.
Un bello disco que pondré en loop hasta dormirme. ¡Emilio Álvarez, el Gran Diablo Negro y su estudio se anotaron un hit!
Tomamos café, Mayra se fue con nosotros (Linda se quedó en casa, aterida por el frío) y así encontramos, también con el ojo de la poeta, el mirador de la Cerro Grande recién calcinado, fuera de época pues es en marzo y abril donde todo se incendia. "Camine por ahí", le dije, "como meteoro que acaba de caer ahí mismo", porque así siento que viene siendo la música de Fer para el medio del rock hondureño. No pudo ser mejor la luz y los carbones sobrantes del incendio. La tarde fue feliz, tan feliz como tener su disco entre manos ahora, tres años después, con las fotos que nos hermanan aún más, incrustadas en el tiempo de todos los tatuajes arrasados por el fuego.
Un bello disco que pondré en loop hasta dormirme. ¡Emilio Álvarez, el Gran Diablo Negro y su estudio se anotaron un hit!
Y ahí estábamos, también Esteban había dado su opinión.
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miércoles, 21 de mayo de 2014
Funerales de Beethoven
El lunes 26 de marzo de 1827 fue un día helado. Desde Silesia y la Cordillera de los Sudestes, un viento del norte soplaba a través de los bosques de Viena. En todos lados, la tierra se escondía bajo un suave manto de fresca y silenciosa nieve. El largo invierno había sido crudo, húmedo, frío y helado: aquel día, parecía que el invierno no quería soltar la tierra de su mano.
Hacía las cuatro en punto las luces de Viena, los faroles de la calle, las velas de un sin número de habitaciones, empezaron a penetrar en la nublada penumbra. El día había casi llegado a su término. En el segundo piso de la Schwarz-spanierhaus, la Casa del español moreno, al oeste de las antiguas murallas de la ciudad, yacía un hombre que también había casi terminado su trayecto. En una gran habitación, apenas amueblada, de apariencia triste, entre miseria, libros y papel pautado, dejándose ver, en medio de todo ello, su apreciado piano de cola, un Broadwood de caoba, Beethoven, el General de los músicos, perdió su vínculo con la vida. Tendido en una tosca cama, inconsciente, en ese momento estaba tan destrozado y acabado como su piano. Fuera, los elementos continuaban rugiendo furiosamente. Los copos de nieve que caían se amontonaban frente a la ventana. De repente, se oyó un fuerte trueno acompañado de un relámpago… Beethoven abrió los ojos, levantó su mano derecha y, con el puño cerrado, miró a lo alto durante varios segundos… Cuando dejó caer de nuevo su mano sobre la cama, con los ojos medio cerrados… ¡Su respiración se detuvo, el corazón dejó de latir! El espíritu del gran compositor había huido de este decepcionante mundo hacia el reino de la verdad. Así lo recordaba Anselm Hüttenbrenner. Otro de sus contemporáneos, Joseph Carl Rosenbaum, relataba el fin de Beethoven, de forma aún más conmovedora, en un lacónico apunte de su Diario: Ludwig van Beethoven ha muerto de hidropesía, por la tarde, alrededor de las seis, a sus cincuenta y seis años. ¡No estará más entre nosotros! Pero su nombre seguirá viviendo a la luz de su fama.
El funeral tuvo lugar la tarde del 29 de marzo de 1827. En contraste con los tres días anteriores, el tiempo era amable, cálido: la primavera había despedido al invierno. Una multitud conmovida por el dolor asistió al funeral para rendirle su último homenaje. Según el Allgemeine Theater Zeitung (del 12 de abril) había alrededor de 15000 personas. Otros estimaron una cifra cercana a los 20000 asistentes. Pero según todos estos informes, la ceremonia fue una de las más espectaculares de la Viena posnapoleónica. Según un detallado informe del funeral, de los archicos de la Corte Suprema, el patio de la casa estaba lleno a desbordar y fuera, la multitud, pedía paso impetuosamente. La intervención militar de los soldados del cuartel de Alser… apenas sirvió para controlar a la multitud. Incluso las escuelas permanecieron cerradas. A las tres se cerró el ataúd y lo bajaron al patio. El paño mortuorio, encargado por Antón Schindler del Segundo Regimiento Civil, fue extendido sobre el féretro, la cruz adornada con una corona de flores bellísima y sobre el paño se dispusieron unos evangelios y la bellísima corona cívica… La puerta se abrió. La multitud estaba tan apiñada que sólo con gran dificultad pudieron, el director de ceremonias y sus ayudantes, organizar la comitiva. Los que sostenían el féretro, entre los cuales se contaban Hummel y Gyrowetz, llevaban velas cubiertas con crespones. Entre los que llevaban las antorchas, nombres como Castelli, Czerny, Grillparzer, Graf, Paccini, Schubert y Schuppanzigh, destacaban de una distinguida comitiva. En el centro de la procesión iba el magnífico carruaje ceremonial, llevado por cuatro caballos que habían sido encargados desde el despacho del rector de la Catedral de San Esteban. El cortejo giró pasado el Palacio Lichnowsky. Un coro cantó el Miserere, en un arreglo de uno de los Equale de Beethoven para trombones. Una banda interpretó la marcha fúnebre de la sonata para piano Op.26.
Hacía las cuatro en punto las luces de Viena, los faroles de la calle, las velas de un sin número de habitaciones, empezaron a penetrar en la nublada penumbra. El día había casi llegado a su término. En el segundo piso de la Schwarz-spanierhaus, la Casa del español moreno, al oeste de las antiguas murallas de la ciudad, yacía un hombre que también había casi terminado su trayecto. En una gran habitación, apenas amueblada, de apariencia triste, entre miseria, libros y papel pautado, dejándose ver, en medio de todo ello, su apreciado piano de cola, un Broadwood de caoba, Beethoven, el General de los músicos, perdió su vínculo con la vida. Tendido en una tosca cama, inconsciente, en ese momento estaba tan destrozado y acabado como su piano. Fuera, los elementos continuaban rugiendo furiosamente. Los copos de nieve que caían se amontonaban frente a la ventana. De repente, se oyó un fuerte trueno acompañado de un relámpago… Beethoven abrió los ojos, levantó su mano derecha y, con el puño cerrado, miró a lo alto durante varios segundos… Cuando dejó caer de nuevo su mano sobre la cama, con los ojos medio cerrados… ¡Su respiración se detuvo, el corazón dejó de latir! El espíritu del gran compositor había huido de este decepcionante mundo hacia el reino de la verdad. Así lo recordaba Anselm Hüttenbrenner. Otro de sus contemporáneos, Joseph Carl Rosenbaum, relataba el fin de Beethoven, de forma aún más conmovedora, en un lacónico apunte de su Diario: Ludwig van Beethoven ha muerto de hidropesía, por la tarde, alrededor de las seis, a sus cincuenta y seis años. ¡No estará más entre nosotros! Pero su nombre seguirá viviendo a la luz de su fama.
El funeral tuvo lugar la tarde del 29 de marzo de 1827. En contraste con los tres días anteriores, el tiempo era amable, cálido: la primavera había despedido al invierno. Una multitud conmovida por el dolor asistió al funeral para rendirle su último homenaje. Según el Allgemeine Theater Zeitung (del 12 de abril) había alrededor de 15000 personas. Otros estimaron una cifra cercana a los 20000 asistentes. Pero según todos estos informes, la ceremonia fue una de las más espectaculares de la Viena posnapoleónica. Según un detallado informe del funeral, de los archicos de la Corte Suprema, el patio de la casa estaba lleno a desbordar y fuera, la multitud, pedía paso impetuosamente. La intervención militar de los soldados del cuartel de Alser… apenas sirvió para controlar a la multitud. Incluso las escuelas permanecieron cerradas. A las tres se cerró el ataúd y lo bajaron al patio. El paño mortuorio, encargado por Antón Schindler del Segundo Regimiento Civil, fue extendido sobre el féretro, la cruz adornada con una corona de flores bellísima y sobre el paño se dispusieron unos evangelios y la bellísima corona cívica… La puerta se abrió. La multitud estaba tan apiñada que sólo con gran dificultad pudieron, el director de ceremonias y sus ayudantes, organizar la comitiva. Los que sostenían el féretro, entre los cuales se contaban Hummel y Gyrowetz, llevaban velas cubiertas con crespones. Entre los que llevaban las antorchas, nombres como Castelli, Czerny, Grillparzer, Graf, Paccini, Schubert y Schuppanzigh, destacaban de una distinguida comitiva. En el centro de la procesión iba el magnífico carruaje ceremonial, llevado por cuatro caballos que habían sido encargados desde el despacho del rector de la Catedral de San Esteban. El cortejo giró pasado el Palacio Lichnowsky. Un coro cantó el Miserere, en un arreglo de uno de los Equale de Beethoven para trombones. Una banda interpretó la marcha fúnebre de la sonata para piano Op.26.
Máscara mortuoria
Ates D´Arcy Orga, Beethoven, 2001, Ediciones Robinbook, s.l., págs. 11, 12 y 13.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Las 10 reglas nazis para los intérpretes de jazz
Letras que expresen la alegría de vivir, prohibición de los excesos negroides o de la sordina que convierte el noble sonido de los instrumentos de viento y metal en un aullido judeo-masónico, son algunas de las recomendaciones que los censores nazis impusieron a los intérpretes de jazz en su época.
1. Piezas con ritmo foxtrot (el así llamado swing) no deben exceder el 20% del repertorio de orquestas ligeras y bandas de baile.
2. En este repertorio del así llamado jazz tienen preferencia las composiciones en clave mayor y letras que expresen la alegría de vivir en vez de las letras sombrías de los judíos.
3. En cuanto al tempo, también se dará preferencia a composiciones enérgicas sobre las lentas (el así llamado blues); en cualquier caso, el ritmo no debe exceder cierto grado de allegro, en consonancia con el sentido ario de la disciplina y la moderación. En ningún caso serán tolerados excesos negroides en el tempo (el así llamado hot-jazz) ni en interpretaciones solistas (así llamadas breaks).
4. Las composiciones del así llamado jazz deben contener como máximo 10% de síncopa, el resto deberá consistir en un movimiento legato natural desprovisto de los reveses rítmicos histéricos característicos de las razas bárbaras y vehículo de oscuros instintos ajenos al pueblo alemán (los así llamados riffs).
5. Estrictamente prohibido utilizar instrumentos ajenos al espíritu alemán (los así llamados cencerro, flexatone, plumillas, etc.), así como todas las sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y metal en un aullido judeo-masónico (el así llamado wa-wa, hat, etc.).
6. También están prohibidos los así llamados breaks de percusiones que duren más de la mitad de un compás en un ritmo de cuatro cuartos (excepto en marchas de estilo militar).
7. El contrabajo debe tocarse exclusivamente con el arco en las así llamadas composiciones de jazz.
8. Puntear las cuerdas está prohibido por dañar el instrumento e ir en detrimento de la musicalidad aria; si un efecto del así llamado pizzicato es absolutamente deseable para el talante de la composición, debe tomarse estricto cuidado para que la cuerda no golpetee en sordina, que desde ahora está prohibida.
9. Los músicos tienen igualmente prohibido realizar improvisaciones vocales (el así llamado scat).
10. A todas las orquestas ligeras y bandas de baile se les aconseja restringir el uso de saxofones de todos los tonos y sustituirlos por el violonchelo, la viola o posiblemente un instrumento folclórico adecuado.
Tomado de:
http://www.taringa.net/posts/info/14302546/Las-10-reglas-nazis-para-los-interpretes-de-jazz.html
1. Piezas con ritmo foxtrot (el así llamado swing) no deben exceder el 20% del repertorio de orquestas ligeras y bandas de baile.
2. En este repertorio del así llamado jazz tienen preferencia las composiciones en clave mayor y letras que expresen la alegría de vivir en vez de las letras sombrías de los judíos.
3. En cuanto al tempo, también se dará preferencia a composiciones enérgicas sobre las lentas (el así llamado blues); en cualquier caso, el ritmo no debe exceder cierto grado de allegro, en consonancia con el sentido ario de la disciplina y la moderación. En ningún caso serán tolerados excesos negroides en el tempo (el así llamado hot-jazz) ni en interpretaciones solistas (así llamadas breaks).
4. Las composiciones del así llamado jazz deben contener como máximo 10% de síncopa, el resto deberá consistir en un movimiento legato natural desprovisto de los reveses rítmicos histéricos característicos de las razas bárbaras y vehículo de oscuros instintos ajenos al pueblo alemán (los así llamados riffs).
5. Estrictamente prohibido utilizar instrumentos ajenos al espíritu alemán (los así llamados cencerro, flexatone, plumillas, etc.), así como todas las sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y metal en un aullido judeo-masónico (el así llamado wa-wa, hat, etc.).
6. También están prohibidos los así llamados breaks de percusiones que duren más de la mitad de un compás en un ritmo de cuatro cuartos (excepto en marchas de estilo militar).
7. El contrabajo debe tocarse exclusivamente con el arco en las así llamadas composiciones de jazz.
8. Puntear las cuerdas está prohibido por dañar el instrumento e ir en detrimento de la musicalidad aria; si un efecto del así llamado pizzicato es absolutamente deseable para el talante de la composición, debe tomarse estricto cuidado para que la cuerda no golpetee en sordina, que desde ahora está prohibida.
9. Los músicos tienen igualmente prohibido realizar improvisaciones vocales (el así llamado scat).
10. A todas las orquestas ligeras y bandas de baile se les aconseja restringir el uso de saxofones de todos los tonos y sustituirlos por el violonchelo, la viola o posiblemente un instrumento folclórico adecuado.
Tomado de:
http://www.taringa.net/posts/info/14302546/Las-10-reglas-nazis-para-los-interpretes-de-jazz.html
jueves, 9 de mayo de 2013
Un campanazo para Rodríguez
Me pregunto, Rodríguez, si seremos capaces de esquivar el golpe. Vos sabés que no hay una sola verdad, que un día nos declaran muertos y se supone que la misma mano que señaló el horizonte será la misma que rociará gasolina sobre el rostro, la que encenderá las alarmas de la noche.
Estás fingiendo que lo has hecho, sí, te declarás ausente y clavás un listón negro en la puerta de tu casa. Todos pasan calculando el precio. Fingen por igual que te amaron, que fuiste alguien que afinaba las tardes hasta dar con la letra correcta. Eso ya no importa, los cuartos están vacíos y las tablas son de un viejo piano destrozado.
¿Seremos capaces de advertir el golpe, Rodríguez? Todas esos brazos que suben al escenario, queriendo tocarte, esconden un puño de Joe Louis que va directo al mentón y que te lanza a la lona. El bombardero vivió al otro lado de la ciudad y machacó mandíbulas blancas antes de hacerlo con respeto y con medidas. Todos le gritaban nigger puños de algodón y él lo desmentía en medio de campanazos y botellas rotas. Vos no fuiste así, Rodríguez, vos eras calmo pero a muchos les hubiera encantado llamarte nigger y que respondieras abriendo rin y haciendo hacha de tu guitarra con toda la fibra de un greaser enajenado.
Vos eras calmo como cualquier pasajero de metro que se duerme en la madrugada en dirección a la fábrica.
Vos viste al enorme público como si bajaras del metro en una estación eufórica.
Vos ibas de madrugada y ahí estaba medio mundo coreando tu nombre.
Vos sentías que alguien lanzaba la toalla a tus pies.
Y cantaste.
F.E.
Estás fingiendo que lo has hecho, sí, te declarás ausente y clavás un listón negro en la puerta de tu casa. Todos pasan calculando el precio. Fingen por igual que te amaron, que fuiste alguien que afinaba las tardes hasta dar con la letra correcta. Eso ya no importa, los cuartos están vacíos y las tablas son de un viejo piano destrozado.
¿Seremos capaces de advertir el golpe, Rodríguez? Todas esos brazos que suben al escenario, queriendo tocarte, esconden un puño de Joe Louis que va directo al mentón y que te lanza a la lona. El bombardero vivió al otro lado de la ciudad y machacó mandíbulas blancas antes de hacerlo con respeto y con medidas. Todos le gritaban nigger puños de algodón y él lo desmentía en medio de campanazos y botellas rotas. Vos no fuiste así, Rodríguez, vos eras calmo pero a muchos les hubiera encantado llamarte nigger y que respondieras abriendo rin y haciendo hacha de tu guitarra con toda la fibra de un greaser enajenado.
Vos eras calmo como cualquier pasajero de metro que se duerme en la madrugada en dirección a la fábrica.
Vos viste al enorme público como si bajaras del metro en una estación eufórica.
Vos ibas de madrugada y ahí estaba medio mundo coreando tu nombre.
Vos sentías que alguien lanzaba la toalla a tus pies.
Y cantaste.
F.E.
jueves, 2 de mayo de 2013
Un voto para Rodríguez
And there's the militant with his
store bought soul
there's someone here who's
almost a virgin i'been told
Todos en Ciudad del Cabo hubieran votado por vos, Rodríguez, vía correo postal, vía telepatía, como sea hubieran sorteado las porras y las balas, pero hubieran derribado cada retén por llegar a tu guitarra y depositar sus corazones en ella. Pero vos no sabías nada, tu base electoral hubiera robado todas las bases y un jonrón inolvidable saltaría desde los mares del sur para que las ventanas se rompieran en la alcaldía de Detroit, en todos los autos recién salidos de las fábricas, en todas las malas pancartas republicanas.
Lo que aparecía en la boleta era tu pinta de recién llegado a los setenta, era la portada de tu disco, cruzado de piernas como si levitaras. Decime, Rodríguez ¿quién no hubiera votado por vos en Pretoria? ¿Quien no en Bloemfontein? Botha hubiera caído con los oídos abiertos en flor y las tiernas abejas se hubieran negado a llevar su polen amargo, ya no más, nunca más.
Tendiste tus cuerdas de un silencio a otro, Rodríguez, te afinaste con cada hueso de tus manos, les dijiste que lo mejor no era salir elegido sino que cantar como una elección de vida, que alguna vez, por lo menos, nadie compraría el alma del pobre camionero que madrugaba para anochecer lo más pronto posible en los bares regados por la planicie. ¿Pero quien quería a un latino merodeando por ahí, cabellera larga, casi un tarahumara en actitud votiva ante la lluvia? No era tu tiempo, Rodríguez, los latinos no estaban de moda y vos no querías pasar por el cirujano para cambiarte el rostro, la lengua, la mirada de quien ha emigrado sin quererlo dentro del vientre materno.
En Durban habrías arrasado. En Port Elisabeth. En el Johannesburgo del pálido amor estudiantil habrías marchado con claveles contra el odio.
Nadie, nunca, llevó a cabo una campaña más potente que vos, Rodríguez, nadie supo llegar tan lejos como vos en el lugar 139. Recuerdo que en la más miserable de las casas me sentía como haber llegado al áfrica, Rodríguez, como un despreciable saqueador que mordía los dinteles de las puertas y que pateaba los hornos vacíos. Me hubiera gustado pedir el voto con una rola tuya y jugar con los perros en agonía, jugar a subirme a los árboles y luego saltar desde lo más alto, intacto, fascinante. Me hubiera gustado ser un remedo tuyo, Rodríguez, perdiéndolo todo, arriesgando cada gramo de mi timidez, cantando con todo el mal sonido de un concierto al que acuden a burlarse de vos y largarse en el acto.
En Nelsplruit te hubieran hecho rey, Rodríguez. Existiría la dictadura de los tristes.
F.E.
store bought soul
there's someone here who's
almost a virgin i'been told
Todos en Ciudad del Cabo hubieran votado por vos, Rodríguez, vía correo postal, vía telepatía, como sea hubieran sorteado las porras y las balas, pero hubieran derribado cada retén por llegar a tu guitarra y depositar sus corazones en ella. Pero vos no sabías nada, tu base electoral hubiera robado todas las bases y un jonrón inolvidable saltaría desde los mares del sur para que las ventanas se rompieran en la alcaldía de Detroit, en todos los autos recién salidos de las fábricas, en todas las malas pancartas republicanas.
Lo que aparecía en la boleta era tu pinta de recién llegado a los setenta, era la portada de tu disco, cruzado de piernas como si levitaras. Decime, Rodríguez ¿quién no hubiera votado por vos en Pretoria? ¿Quien no en Bloemfontein? Botha hubiera caído con los oídos abiertos en flor y las tiernas abejas se hubieran negado a llevar su polen amargo, ya no más, nunca más.
Tendiste tus cuerdas de un silencio a otro, Rodríguez, te afinaste con cada hueso de tus manos, les dijiste que lo mejor no era salir elegido sino que cantar como una elección de vida, que alguna vez, por lo menos, nadie compraría el alma del pobre camionero que madrugaba para anochecer lo más pronto posible en los bares regados por la planicie. ¿Pero quien quería a un latino merodeando por ahí, cabellera larga, casi un tarahumara en actitud votiva ante la lluvia? No era tu tiempo, Rodríguez, los latinos no estaban de moda y vos no querías pasar por el cirujano para cambiarte el rostro, la lengua, la mirada de quien ha emigrado sin quererlo dentro del vientre materno.
En Durban habrías arrasado. En Port Elisabeth. En el Johannesburgo del pálido amor estudiantil habrías marchado con claveles contra el odio.
Nadie, nunca, llevó a cabo una campaña más potente que vos, Rodríguez, nadie supo llegar tan lejos como vos en el lugar 139. Recuerdo que en la más miserable de las casas me sentía como haber llegado al áfrica, Rodríguez, como un despreciable saqueador que mordía los dinteles de las puertas y que pateaba los hornos vacíos. Me hubiera gustado pedir el voto con una rola tuya y jugar con los perros en agonía, jugar a subirme a los árboles y luego saltar desde lo más alto, intacto, fascinante. Me hubiera gustado ser un remedo tuyo, Rodríguez, perdiéndolo todo, arriesgando cada gramo de mi timidez, cantando con todo el mal sonido de un concierto al que acuden a burlarse de vos y largarse en el acto.
En Nelsplruit te hubieran hecho rey, Rodríguez. Existiría la dictadura de los tristes.
F.E.
Un tour para Rodríguez
Quiero verte cantando por aquí. ¿Cómo te invito, Rodríguez? La publicidad sería sencilla, como el hambre, Rodríguez, como el hambre. Bastaría anunciar que en el fondo del abismo hay un banquete al que vos acompañás con la más feliz de tus canciones.
La tarde es dulce, las casas flamean. El hambre aligera a la gente, las agolpa como perros de la pradera ante un acantilado. Sólo necesitás un arpegio y todos se lanzarán hacia vos, sin miedo alguno.
Sugar man, won't you hurry
'cos i'm tired of these scenes
for a blue coin won't you bring back
all those colors to my dreams
Todo es tan poderoso cuando cantás desde la bóveda del hambre, Rodríguez, cada palabra resuena, cada susurro es una expresión irreprochable. Las calles aquí son enormes túneles, mi hermano, todos te escucharíamos con solemnidad, sí, esa es la ventaja de cantar en los túneles, el matiz solemne que adquieren las voces.
Yo te aseguro, Rodríguez, que todos iríamos a recibirte si la promesa es darle a cada quien una rola para aguantar el hambre, una rola para dar la espalda en el escenario, una rola para descomponer las refris de los ricos, para que aguanten la dulzona descomposición del aire tal como la aguantamos desde hace setenta rolas repetidas por hora con la misma letra y el mismo ritmo que agarra un padre fajeando a su hijo todos los días del mundo.
¿Vos has sufrido eso, Rodríguez? ¿Has cantado bajo las tundas? Tuve un amigo que me suplicaba marcharme cuando llegaba su padre, subía el volumen de su estereo y cantaba, Rodríguez, cantaba bajo el relámpago del cuero y yo me iba a casa a escuchar el cassette que me había prestado, Pearl Jam, recuerdo, y escuchaba la misma canción de un niño que hablaba por fin en su aula de clase. Jeremy habló, Jeremy habló, decía la letra, y claro que no te conocía a vos, Rodríguez, pero algo de vos me recuerda esa rola y me hace olvidar a Léster cruzado a cuerazos pidiéndome que me marchara.
¿Vendrías a cantar si te invitamos, Rodríguez? ¿Vendrías?
La publicidad sería sencilla.
F.E.
La tarde es dulce, las casas flamean. El hambre aligera a la gente, las agolpa como perros de la pradera ante un acantilado. Sólo necesitás un arpegio y todos se lanzarán hacia vos, sin miedo alguno.
Sugar man, won't you hurry
'cos i'm tired of these scenes
for a blue coin won't you bring back
all those colors to my dreams
Todo es tan poderoso cuando cantás desde la bóveda del hambre, Rodríguez, cada palabra resuena, cada susurro es una expresión irreprochable. Las calles aquí son enormes túneles, mi hermano, todos te escucharíamos con solemnidad, sí, esa es la ventaja de cantar en los túneles, el matiz solemne que adquieren las voces.
Yo te aseguro, Rodríguez, que todos iríamos a recibirte si la promesa es darle a cada quien una rola para aguantar el hambre, una rola para dar la espalda en el escenario, una rola para descomponer las refris de los ricos, para que aguanten la dulzona descomposición del aire tal como la aguantamos desde hace setenta rolas repetidas por hora con la misma letra y el mismo ritmo que agarra un padre fajeando a su hijo todos los días del mundo.
¿Vos has sufrido eso, Rodríguez? ¿Has cantado bajo las tundas? Tuve un amigo que me suplicaba marcharme cuando llegaba su padre, subía el volumen de su estereo y cantaba, Rodríguez, cantaba bajo el relámpago del cuero y yo me iba a casa a escuchar el cassette que me había prestado, Pearl Jam, recuerdo, y escuchaba la misma canción de un niño que hablaba por fin en su aula de clase. Jeremy habló, Jeremy habló, decía la letra, y claro que no te conocía a vos, Rodríguez, pero algo de vos me recuerda esa rola y me hace olvidar a Léster cruzado a cuerazos pidiéndome que me marchara.
¿Vendrías a cantar si te invitamos, Rodríguez? ¿Vendrías?
La publicidad sería sencilla.
F.E.
Cármen industrial para Rodríguez
Escuchame bien, Rodríguez, vos sos como La Meca, yo quiero irme mojado para la yusa como una especie de romería hasta Detroit. Quiero rastrear los barrios industriales y preguntar, también, de cómo eras cuando la música era cuento lejano, de cómo eras cuando pagabas tu flaco desayuno americano y luego te ibas a restaurar casa de ricos silbando tu melodía, el único hit que aceptaste de tu soledad.
Escuchame bien, Rodríguez, yo sé que existe Bután, que hay montañas enormes en ese país del Shangri-Lá, que ahí triunfa el poeta más desconocido de Honduras, que lo tienen por vidente, por lama insurrecto, por destructor de monarquías. Pero yo no quiero ir a Bután, quiero, ya te lo dije, ir a buscarte a Detroit con velitas mesoamericanas para obsequiarte, para pagarte un concierto en la ventana y que cantés compadecido una rola de aquellas que nunca triunfaron. Era tu pinta mexicana, viejito, era tu pinta de triste que no reclamaba más que un trabajo en los suburbios con panqueques y mermelada y nieve mezclada con lágrimas, con desencanto, con la tonadita de los silenciosos.
Era tu pinta de kung-fú Carradine arrastrando sombras y espejos, era eso lo que te ponía en un mal poker, casi un tripulante de submarino que filtra por todos lados, vos, Rodríguez, sufriendo tu propio Apartheid y sin ningún Mandela de tu parte, eras vos solo el cantante de los presagios y de los malos moteles, el que llegó a probarse ante los tiburones y sacó de ello una dulzura extraña, casi lama pero no lama, ya te lo dije, una dulzura que en tu guitarra movía al llanto a los afrikaaners, a los zulués, por una extraña coincidencia de los tristes que tejen distancias y van arrastrando los continentes hacia su íntima proximidad.
Escuchame bien, Rodríguez, me voy ahora mismo para Detroit y quiero que me presentés a una de tus hijas para que te demos un nieto, un pequeño folclorcito de estos humedales, pero que salga anónimo y glorioso como vos, vos tan Rodríguez como cualquiera de los cientos de miles de Rodríguez que saturan los listados de desempleo por aquí, todos ellos tan vos y tan cantantes a su manera, estibadores que cargan lo que sea por un dólar, cargarían tu enorme guitarra si fuera posible, tus lentes de junkie, tus botas mal lustradas, tu sonrisa quebrada aquella noche en que te diste cuenta que estabas vivo porque así lo creían en Sudáfrica, exactamente igual que en Bután, ahora mismo, creen que en Honduras existe la quinta esencia de la libertad, encarnada anónima y silenciosa en un poeta que vive, sin saberlo, entre nosotros.
F.E.
jueves, 7 de marzo de 2013
Fernando Rey / Mañana, del álbum Raro - Honduras
Debería detallar cuánto le ha costado a Fer Rey esta producción, sin embargo, "Raro" (el nombre del disco) es la mejor descripción de fondo que por sí mismo pueda dar. Raro sería que no costara sobrellevar los condicionamientos del medio y del miedo. Pero aquí está Fer, mostrando apenas un ápice del álbum que ya tuve el privilegio de escuchar entero, ahí mismo, en ese estudio.
Y van a tener que escucharlo...
jueves, 13 de septiembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
Memoria de Yeco
Camilo Corea
El ámbito en que vivimos, este horror permanente de muertes y cinismos del poder y de ciudades arrasadas por el vapor de lo monstruoso... todo ello pretende ocultar una vida que se mueve a pesar de todo el desastre... y la música y sus musos y musas siguen creando, cantando, siendo aquello hondureño (si existe esta categoría humana) que aún nos mantiene vivos a muchos.
Estas fotos son de Yeco (José Arnoldo Hernández) y le pertenecen tanto a él como a nosotros que al escucharles y verles sentimos que aún la música puede salvarnos de muchas decepciones y silencios definitivos.
Jackeline Espinal
La Peña de Toño, ya extinta, lugar fuerte de vibras en todo los noventas en Tegucigalpa
El ingeniero Vallejo y Camilo
Mario Jaén (actor) junto a Yeco, en los noventas
Etiquetas:
Fotografía,
Memoria,
Música
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