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jueves, 26 de junio de 2014

Una memoria de otro fútbol


Durante las olimpiadas de Sidney en el 2000 alcancé a ver a un nadador de un pequeño país de micronesia en una de las pruebas más duras estilo libre: 1,500 metros. Es algo que nunca olvido por el sentido de lástima que me dio, por la pena ajena, por eso que al final se convirtió en solidaridad. El nadador no estaba a la altura de los grandes nadadores. Era un amateur, un muchacho que seguramente era el mejor en cruzar de una isla a otra desafiando el oleaje y las corrientes, pero no para competir en formato de atleta con entrenamiento programático, entre atletas cuya visión holística de la competencia les permite integrar todo a su esfuerzo, desde la presión del escenario mundial hasta su percepción de las dimensiones de la piscina, sin olvidar los minutos de desaceleración de la respiración y de cómo enfrentar los tiempos. Todo un combo científico que el amigo nadador micronesio ignoraba.

 Se notaba a leguas en las brazadas que daba: arrítmicas, abiertas, torpes. Hubo un momento en que incluso se detuvo a descansar mientras el público, ya compadecido, le animaba, le aplaudía. Habían pasado 15 minutos desde que los ganadores llegaron a su fin y él continuaba, impulsado por un orgullo que rayaba en lo para-olímpico. Los locutores mexicanos que en principio hacían comentarios sarcásticos e indignados comenzaron a valorar la dignidad de aquel muchacho recordando a todos que ese era la muestra exacta del "espíritu olímpico". No había otra. La transmisión no podía cortarse, los espacios estaban contratados. Lo recuerdo muy bien.


Al repasar lo que vi de la selección hondureña en este mundial no dejo de comparar al nadador con nuestros jugadores corriendo sin ton ni son por toda la cancha y comprendo. Comprendo lo que venía hablando con amigos desde el mundial pasado en Sudáfrica: la copa del mundo se ha convertido ya en un formato de competencia para atletas especializados. Ya no es aquello de lo bien que juega en cancha de tierra y cómo superó todas las carencias, de lo bien que suena como eslogan o grito de guerra "la garra catracha", etc., los futbolistas que han hecho de este mundial el mejor de los últimos 4 mundiales en cantidad de goles y rendimiento, son jugadores disciplinados y exigidos en un régimen de entrenamiento que raya en lo que viven los gimnastas chinos o rusos. Se suma a ello la cantidad de torneos que existen en Europa -continente en el que juega la mayoría de base seleccionada de las selecciones de éxito en Brasil 2014. Otra mentalidad, entonces, otra clase de equipos que conocen de memoria el campo de juego y a sus compañeros.

Mucha agua debe pasar aún para que Honduras se conecte a este nivel y no solo a las ganas de "demostrar cómo se juega fútbol en el país" y la pasión con que vive el campeonato la afición.
Disfruté mucho el gol de Costly y muchas de las atajadas de Noel, pero hasta ahí nomás. El resto lo vi como a un atleta de garrocha que no llega ni a la mitad de la altura exigida o como al nadador micronesio confundiendo la piscina con su mar.

F.E.

jueves, 19 de junio de 2014

El termómetro anda mal

El termómetro que levantaron al pie de las gradas en Torres Metrópolis se alza como un centinela. Inconmovible sigue errando en su medición. Desde el comienzo del verano en marzo marca 34 grados centígrados. Un día la temperatura bajó y nos dimos cuenta que estaba funcionando mal, que se había quedado en marzo con todo y sus fuegos.

Creo que lo hemos subestimado. Algo está mal en nosotros y él lo percibe.



Acostumbro a leer las notas rojas desde que descubrí a mi prima muerta y alguien arrodillado ante ella. Era mi tío, su padre. Pasé con rapidez las hojas pero retrocedí hacia esa foto, desandé alrededor de 10 páginas porque algo me quedó vibrando en el rabillo del ojo, como un tic de esos que me hacen creer en un rompimiento de la matrix. Era ella ¡cómo no lo pude ver a la primera! Un sicario llegó y frente a su pequeña hija le disparó, así sin más. Desde ese impacto repaso cada nota, aunque me duela a diversidad de los múltiples asesinatos. Pareciera que los asesinatos son hechos por asesinos aburridos pero excitables a la hora de romper la rutina.

¿A qué le temen? Me pregunto ¿A qué le temen los sicarios? Existen estudios sobre la psicología criminal que apunta a que el ser humano tiende a evitar las peleas cuerpo a cuerpo y que, en esa supervivencia darwiniana de no provocar su extinción personalísima, lo que ocurre son una serie de fintas y golpes disparejos, timoratos. Prefiere matar de lejos, el ser éste que somos. Disparar de lejos y luego huir, así como se mira en todos los videos que la policía filtra de las cámaras de vigilancia en las calles. En ellos se ve cómo los sicarios corren cuando la víctima decide enfrentarlos. Estos mismos estudios sugieren que los graves asesinatos y genocidios son provocados por “una huida hacia adelante” de los miedosos, de los que se sienten vulnerables y acosados. Es decir, no se huye hacia atrás, sino que entra en juego una furia patológica siempre latente que hace ir hacia delante y asesinar, desmembrar, aniquilar.

¿A qué le temen los asesinos en Honduras? Hace tres días un hombre mató a machetazos a tres niños en el departamento de Cortés. Los esperó en un piñal y se les fue encima aprovechando la noche. Celos del muchacho mayor, especulan los investigadores. Crimen pasional. Esta atrocidad sucede en momentos que se denuncia a nivel internacional que en la frontera de Estados Unidos hay centenares de niños detenidos por la policía fronteriza estadounidense. La mayoría de ellos son niños y niñas hondureñas que huyen solos o acompañados de sus padres por la dantesca situación del país, un territorio que día a día recibe una matanza y que informa, por igual, que viene aumentando el número de casos de niños muertos o heridos en el fuego cruzado, por no hablar de los miles de niños y niñas que han quedado huérfanos, a la deriva de las corrientes migratorias.

Salgo a ver el termómetro junto a las gradas. 34 grados y todos usamos abrigo en esta mañana de frío, de neblinas y de lluvia real en pleno junio. Todos lo miramos de reojo. Miramos de reojo la nota roja y el termómetro. 

Sabemos, muy en el fondo, que ese termómetro mide en realidad la temperatura corporal de nuestra fiebre social.

F.E. 

domingo, 15 de junio de 2014

Media hora después del partido Honduras-Francia en Brasil 2014

Psiquis.

El grave aislamiento mental que habita el jugador hondureño. El planteamiento huraño, egoísta, personalísimo de un Suárez narciso que cuida al extremo su imagen.

Psiquis.

La grave certeza de que "nuestro carácter" es demostrar que nadie nos pone un dedo encima y que por lo tanto si se atreven le ponemos la mano completa en la cara a quien lo haga. Un oscuro carácter el de los jugadores de la selección, mezcla de humillación previa a todo reto y de desquite contra la vida, contra quien quiera que tome la forma de vida que compite.

Ningún partido del mundial tan accidentado como éste, ningún partido con tanta tarjeta amarilla inundando la cancha hasta desbordar las graderías como un mosaico en manos de una ultra-barra que dijera: SOMOS MACHOTES Y ASI JUEGAN AL FÚTBOL LOS HOMBRES DE HONDURAS.

En ningún momento Honduras supo hilvanar un ataque, en ningún momento pudieron superar su condición de invitado y no de selección clasificada al mundial a través de partidos reales y duros.
Francia 3, Honduras 0 con tecnología o sin ella. ¡Estamos en el Mundial, señores! ¿Quién les dijo que a un mundial se le va a pegar al contrario como única estrategia de contención? Si con toda la prensa del mundo advertida sobre la rudeza de nuestro juego en los partidos "amistosos" ¿significa entonces que es el estilo impuesto por Suárez desde que se hizo la atrocidad contra Brasil? Un estilo que la policía hondureña explica muy bien cuando afirma que su peculiar forma de apabullar a golpes y luego investigar se debe a que cada institución policial del mundo tiene su estilo...

¿Es cultura entonces lo que vimos hoy? ¿Es incompetencia del entrenador? ¿Es una absoluta certeza de nuestro auténtico nivel de juego?
Contra Ecuador veremos un fútbol más duro, más alarmante en su incapacidad de echar aunque sea un gol. No habrá gol de mundial en Honduras. Si logramos un gol será por una extraña rabia que a todos llena de estupor.

A minutos del partido entre Honduras y Francia en Brasil 2014



A pocos minutos de iniciar el partido entre Honduras y Francia ya me huele mal tanto exceso de triunfalismo. Se está apelando a las victorias de México, Costa Rica y Holanda para creer que la misma vuelta será a nuestro favor. No. Demasiado producto publicitario levantando los ánimos y demasiada miopía y autismo. Recién acaba de ser derrotado Ecuador con un planteamiento idéntico al acostumbrado por los entrenadores colombianos en Honduras.

En este partido Francia será una aplanadora, estoy seguro.

Aparte de ello, y a excepción del partido entre Chile y Australia, este mundial me parece de altísimo nivel, de los mejores arranques de los últimos tres mundiales.

Bueno, por ahí veo lo que viene. Ecuador y Uruguay especularon en demasía. Lo de Japón y Costa de Marfil fue una demostración impactante de cómo se debe jugar sin pensar en nada más allá del terreno de juego y sintonizaron, ambos, con la condición física mostrada por los holandeses para demoler a España. Eso se vio por igual ayer en el partidazo Inglaterra Vs. Italia, con el aditamento de una cualidad técnica ideal, óptima, maestra.

A la selección hondureña le pasará factura su debilidad psicológica y su incapacidad de hacer goles. De Najar y Espinoza espero todo.

jueves, 15 de mayo de 2014

Crecimiento infraestructural de Tegucigalpa

El principio de Arquímedes también se aplica al "agua de la psiquis" colectiva. El peso de los proyectos de infraestructura masiva van creando un desplazamiento a todo nivel en la ciudadanía de Tegucigalpa. Se percibe mejor la ciudad y su re-ordenamiento de capital, porque de capital se tratan los proyectos: captar con mejor orden el consumo.



A medida que van haciéndose realidad los puentes, edificios y estadio anunciados, los antiguos núcleos comerciales como el casco histórico van quedando relegados como generadores de capital y, en cierta forma, abandonados. Es la reinvención que un día me explicaba el extinto Ramón Villeda Bermudez, aquí mismo, en un comentario a una entrada de mi blog, la muda de piel. Este es uno de los desplazamientos, el otro es a nivel político. Cuando el ciudadano de a pie observa que la ciudad crece de un día para otro comienza a interiorizar el hecho de que las acciones del capital son incuestionables y que superan las urgencias a nivel social.







El Distrito Central ha tenido siempre un crecimiento bifurcado: por un lado la desproporción demográfica y sus gravísimas secuelas de exclusión, marginamiento y miseria y, por el otro, la autista visión de una clase política empresarial de antiguo y nuevo cuño que va diseñando su hábitat en respuesta a los estímulos aspiraciones de las demás orbes mundiales.




La clase política-empresarial no es tonta y tampoco la presión social ha sido en vano. La gravedad política de los últimos años ha enfocado la planificación -que debió darse hace mucho- en ofrecer soluciones impostergables para el uso público y lo va haciendo muy bien. Otra cosa es la construcción privada y la posibilidad de una burbuja de bienes inmuebles que tan solo sea el traslado de la crisis inmobiliaria desde Europa hacia Latinoamérica, en conjunto. Total, el capital se va moviendo como una nube de langostas. Esa es su dinámica. Lo que es incuestionable es el surgimiento de una nueva mentalidad en el ciudadano: el traslado de aquella vieja imagen bucólica que se creyó eterna no es la imagen mental que tiene el ciudadano del Distrito Central de sí mismo, ahora se percibe otra vibración en su lenguaje, en su actitud de empoderamiento espacial y en las diversas formas de su ritmo a través de la ciudad.
Esto ya es otra Tegus, otra Tepas, otra cimarrona con aspiraciones de modernidad real.




martes, 13 de mayo de 2014

Palabras sencillas



"Oiga muchacho ¿no tiene un trabajito que me de?"

El señor que me habla tiene unos sesenta años, se le ve derrotado. Caminaba delante de mí en una acera del centro y me ha hecho la pregunta cuando lo rebaso. Su piel tiene la coloración inquietante de quien ha soportado mucho sol sin comer bien durante bastante tiempo. Me mira desde sus rasgos indígenas, la misma mirada que se ve en las viejas fotografías de principios de siglo veinte en Tegucigalpa. Siempre me intrigó el cómo hablarían en aquella época, sus modos, sus matices, sus tonos, las palabras sencillas.

"Deme unos pesitos que no he podido encontrar trabajo, no tengo para el bus"

Su voz tiene cien años y su forma de andar es tan antigua como la colonia. La colonia también impuso cadencia a nuestros pasos, creo, hay lentitud de ancianos que no tienen ninguna prisa por llegar a un trabajo. No hay trabajo. Sólo hay un viejo folder amarillo conteniendo un curriculum vitae de una profesión que debe interesar a los arqueólogos o a los antropólogos ¿qué era elegible y meritorio en la era del barro? se preguntarían, ¿cómo optaban a un salario de portero o de mayordomo de hacienda?

"Gracias, gracias muchacho... ay seguiré buscando"

Lo dejo atrás. Estoy seguro que se mantendrá todo el día dando vuelta a la manzana. Quizá lo vuelva a ver cuando se haya prendido fuego en la fricción de su cuerpo contra las paredes. Quizá haya encontrado un trabajo, un trabajo de fantasma en un país de fantasmas. Quizá su llama sea pagada. Iluminar con el combustible de su piel aceitosa. Quemar las cabezas de vaca bajo el Carías. Hacerlas ceniza. Esparcirlas. Esparcirlas y orar con palabras arcaicas. Conseguir trabajo, pues, aunque sea de faro tremendo.

F.E.

sábado, 26 de abril de 2014

Vas como en Tron, flakito

Ya te vi pasar. Tu tarea es la de tirar las líneas ¿verdad?. Un punto invisible para los jetas, Flaco, tu propio punto de fuga. ¿Por qué no vamos huyendo todos de una vez y nos pegamos a tus patines y ya dejamos  de estar dando vueltas sobre el ladrillo? ¿Por qué te ves tan libre cuando te perdés a toda madre y con la música de tus audífonos metiéndote más velocidad, cada vez más velocidad, cada vez más lejano?
Vas como en Tron, flakito, hasta se pueden ver los meridianos de este globo sonda que habitamos ya hechos caracoles o salamandras viscosas, felices nosotros de estar pegados a la oscuridad de las cuevas, sorbiendo las gotas de lo inamovible, así con nuestras lenguas pegadas a las ventanillas de los buses, pegados todos nosotros como estikers de alguna mala propaganda política sin futuro ni seguidores.
Pero yo te sigo a vos porque vos a nadie seguís, nadie te toca cuando atravesás las esquinas de los gatilleros que sólo alcanzan a decir allá va el man de los patines, mirá qué pijudo se cruza, se saltó los puestos de naranjas, se enganchó al bus y de un solo tirón fue a dar a la Kenya sin que los de tránsito lo ahuevaran. Ese man no se mete con nadie ni nadie quiere hacerle nada, mejor te dejamos para después, basura, ya te salvaste porque pasó el flako que fue tu ángel ahorita porque ya te iba a plomear y el flako como que lo deja con las tapas abiertas a uno, es como un silencio el que se lleva porque va en su pedo el man y avanza como ya quisiera yo hasta con los ojos cerrados, no importa la cuesta lempira ni la bajada de villadela, vale verga, cuando lo ves no vale la pena despachar a nadie, uno se queda sobando la cacha de la bomba y ya no quiere más que seguirte, ángel con ruedas, angelito desnutrido y todo pero fibra y firme.
Tu onda es trazar la nueva ciudad ¿verdad flako? Un día de estos despertamos y vemos que las grúas ya comenzaron a levantar el paisaje, otra rimera de edificios nuevecitos que solo sirven para dar sombra a los ricos porque adentro salen huecos y los ascensores son como pistones del vacío. ¿Vos tenés pistones, seco? Al rato la máquina te bombea diferente, porque no parás, llegás hasta la medianoche, pasás por Bellas Artes deslizándote de espaldas, casi para ahuevarnos, maje, casi como un suicidio divertido o una palabra que se dice sin pensárselo dos veces y luego uno se arrepiente pero ya no hay vuelta atrás, te palmaron, te pusieron el balde donde se jala el agua más chuca.
Dame una caladita en esa libertad tuya, flako, mirá que al verte siento que estoy clavado y retorcido dentro de una tabla de cajón, manito, y esto sí que purga, seco, esto sí que te pone al brinco.

F.E.



lunes, 21 de abril de 2014

Chiki, ¿cómo es el mar?




¿Regresaste, chiki? ¿Y adónde fuiste? Te inflaste el neumático y le hiciste la bomba a toda la gilada que hacía hervir la poza, así me la pasaron, picarillo, te tiraste de las piedras donde se mira la carretera que va hacia el mar, y no te corriste, te hiciste un nudo y el agua chirpió hasta las prado que iban lustraditas con su moto de agua enganchada atrás, a mil por hora porque no querían untarse de las miradas que les tira la pobrería, la felicidad que parecía una horda de renacuajos apareándose.
¿Y quién se quedó con el encarguito, chiki? Yo me anduve por Tepas que se quedó solita, pero no daban ni ganas de meterle el chuzo a nadie ni de asustar a las viejitas del santo entierro, era demasiada la hueva que da el calor y como que uno se pone triste porque ni a moramulca le alcanza a llegar, entonces se queda uno sentado ahí viéndose los pies, imaginando una ola de fuego fresquito que viene y va meciendo las palomas que parecen barquitos de plumas bien bonitos pero que de repente le entra una rabia al triste y quiere tener un rifle de balines aunque sea para hartarse una paloma asada o en sopa, y quiere salir corriendo con el tiner pegadito a la nariz jurando que se va a hartar a todos los pájaros que se le atraviesen, hasta a los zopes que se han tragado los ojos del chelito ayer por andar de sapo.
¿Regresaste, chiki? Yo me quedé firmando las alfombras de aserrín de los chavalillos, mirá que recogieron las sobras y se hicieron unas allá por donde las putas de Los Dolores, ahí mismo donde parió la Yesenia que gritaba como loca porque nadie la ayudaba y sólo se le quedaban viendo como los que van al campo motagua a ver los partidos los domingos, de arriba hacia abajo los muy cabrones que ni ayudaban pero querían verle las piernas hasta que llegaron los bomberos y se la llevaron, pues ahí se hicieron una alfombrita los guirros, a puras cachas pero tenía colores y le dibujaron un mar azulito, chiki, vos sabés cómo es el mar, dejate de cosas, vos fuiste hasta cedeño, vos sabés los que es vivirla en medio de ese cachimbazo de mara que se fue y nos dejó solos en este cementerio.
¿Dónde fue que fuiste, papi?

F.E.

viernes, 18 de abril de 2014

Sombras que se alargan

Nada es igual a aquella primera impresión que me dio la enorme cruz pintada de verde cobalto en Sabanagrande, pero cierta cadencia me llevó a percibir la gravedad de todo viernes santo. Una muchedumbre rezagada que prefiere este turismo de una sola tarde y que, al parecer, se vuelve cada vez más masivo y digno de múltiples selfies.

Dos veces hice ruta al sauna, porque sauna fue Tegucigalpa el día entero. Un borrachito, sentado a las puertas de un mesón en Los Dolores gritaba a los cuatro vientos que él había comido de toda la basura que la gente botaba, que él si podía hablar de lo que era comer mierda. El taxista que lo escuchaba adormilado se puso a sintonizar la radio y el viacrucis y una que otra paloma se atrevió a cruzar la calle de una acera a otra. El sol fundía el pavimento y éste adquiría la consistencia de un río plomizo. Vi a muchas parejas tomándose selfies junto a los santos sin importarles cómo harían para etiquetar luego al santo. Vi la maraña de cables, multitudes fascinadas por el vacío pero llenando ese vacío de algo parecido a la gratitud. Nunca había hecho este recorrido por un día que siempre aparté para ver a Ben Hur en su batalla naval, pero hoy, de la mano de Esteban y Bárbara me dejé llevar a esa otra vibración imposible de evadir y que, de lo místico y sublime, deja muy poco, aunque la fiesta aparente arrancar y elevarse pero que apenas llega a ser un entretenimiento y no profunda mezcla de búsquedas y encuentros.

De todas formas ahí estaba el color, y la tarde deliciosa lejos del mar y sus hoteles llenos de cucarachas alborotadas. Estaba la ciudad vacía más allá del montaje de la tradición, y caminar esos suburbios desolados como que llena, como que es la ciudad que siempre esperamos: hecha para nosotros y las sombras que se alargan.










martes, 1 de abril de 2014

Espejo

Ahora he regresado.

Sé cómo fue esa patria que fue todo y mucho menos que ahora. Todo fue ese mundo de leer sin ninguna tregua, meterme a fondo en esos mundos que están entre el tiempo y los libros.
Ahora comprendo que he regresado como del exilio y el país me sabe extraño, palpable pero alejado.
Mi hermano ha sido encerrado en esa otra forma de vivir dentro de Honduras y no sé cómo aguantará tanta libertad tanto encierro.

Ahora he regresado y sé que mi hermano está detrás del muro, porque ahora entiendo, perfectamente, que delante de todos ha existido siempre ese muro desde el cual nos hablamos a golpecitos o, lo que es más duro, que caminamos paralelos a un laberinto de espejos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Spinoza born to kill

Los Espinoza están en guerra. Su país no se llama Honduras, se llama Espinoza y también tiene himno, escudo, árbol nacional y todo. Tiene hasta un venado cola blanca de mascota y una flor casi extinta en el ojal, una frágil Brassavola.

Los Espinoza nunca han pulido más lentes que los de sus mirillas telescópicas y les importa un bledo que, en otro mundo, existiera Baruch rumiando galimatías filosóficas. Ellos están hartos y se llevaron a otros hartos tras ellos. El ejército los sigue a través de las montañas de San Luis Comayagua y de Esquías. Los Spinoza meditan en sus cuevas. Saben dónde quedaban las playas del cretácico Mar de Esquías y se dan un baño de 26 millones de soles acumulados. Hacen castillos de arena con la punta de sus fusiles y se entrenan contra el hastío de saberse perseguidos por todo un ejército de pijiabolos.

En el Estado Mayor Conjunto (vacío), los tratan como forajidos, pero se dan cuenta, perfectamente, que   si no ha ocurrido una revolución ideológicamente articulada es porque la revolución natural de los excluidos y ninguneados, ya viene ocurriendo día a día, de la manera más anárquica -y más preocupante aún-, de la manera más natural y atroz.

F.E.

lunes, 17 de marzo de 2014

Celofán Street




Frente al banco la colmena (lo nombro como lo veo, muy cercano a lo que debió ser el principio del lenguaje en el símil), está el viejo busto del pompeyano (por igual, lo nombro por lo que me dice su forma). El busto es macabro, dejémonos de vueltas: empotrado sobre su pedestal tiene los brazos en actitud de contracción muscular, levemente alzados, como si estuviera carbonizado por algún tipo de piroplasma de hastío.
Lo dejo atrás y comienzan las torres, resplandecientes, recién estrenadas. Los empleados subimos a ellas y veo en los rostros de Tegucigalpa, la costumbre ya asumida de trabajar a más de 15 pisos sobre el suelo. El ascensor y el ascenso, los ventanales y el paisaje panorámico, el ascensor y el ascenso, la plaza abierta para recibir al “nuevo empleado”, el ascensor con su gente pegada a sus celulares, el nuevo antifaz, el que oculta la mirada y evita el cruce incómodo en la estrechez.

Atrás quedó el parque central y sus pelotones de policías municipales, el hartazgo de los titulares en todos lo diarios con sus desplegados pegados en las esquinas, goteando sangre. Venecia quiere la independencia, Crimea quiere la anexión, Cataluña quiere la independencia, Honduras quiere la dependencia… tin Marín de dos pinwe… todo mundo se apresura para llegar temprano a lo que no produce nada más que una sensación de picazón en las manos, como cuando alguien dice “hey, ¡te pica la palma de la mano! ¡Tendrás dinero hoy!”, y habrá dinero, tal vez, pero solo en la película Wall Street Wolf, y habrá discurso de motivación, pero sólo en Wall Street Wolf… no se necesita mayor discurso, el verano está que calcina hasta los bustos de los más emblemáticos desconocidos.

Desde este piso 15 se ven los muñequitos de la maqueta, muy bien alineados: el carrito de cartón, la personita de cartón, la fuente de papel celofán. Torre 1 y Torre 2. Ningún avión a la vista. Ninguna toba incendiaria. Sólo el piroplasma del tiempo muerto.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Vos no brekies, Tunco

Te me venís pegando demasiado, Tunco, te me venís echando encima y querés que saquemos chispas. Ya te voy midiendo la chimadura y después no digás nada, llevátela así que ni vas a saber cuando pegués el brinco. ¿No ves que la machine que llevás tiene los rines chuecos como tu risa de triste? ¿No ves que a puras cachas das para llamarte hombre? Aquí va gritando la carga, las doñitas rezan, las pintarrajeadas que se suben en El Centenario, los peritos mercantiles que se bajan con su almuercito bien revuelto de tanta vuelta que me estás haciendo dar.
Ya bajaste por Bella Vista y me la pusiste con la chepa, ¿creés que no lo sé? Vos, Tunco de mierda, fuiste el que me puso el balde con Tránsito, y sólo me acordé que nunca nos dimos una buena insultada como para que me hicieras dar dos vueltas de una terminal a otra sin sacar nada para el monche. Pero ahorita me venís chimando los espejos y no te digo nada, yo solo le meto la pata al acelerador que pulsa  en mi corazón que ya se me sale el corazón pero no voy a bajarte el gas hoy porque hoy se tiene que apartar el mundo, hoy no pongo los coritos ni la super 100 ni las noticias interminables, no, hoy nos vamos con las rolas queso y si nos damos en la madre que sea a buen tono y ojalá que no te quedés tieso del susto porque de aquí no le bajo, ni cobro un peso, ni pago la tarifa de la mara, ni de la chepa, ni del dueño del coaster basura... aquí te la vas a ver con los carros de fuego y lo que se te ocurra pero tenelo por seguro que ni en la Calle Real me la ponés de nuevo, como cuando ibas lleno y decidiste bajar a la leña que cargabas porque pesaban y te gritaban y te distraían y así no podías competir conmigo que ya te llevaba cinco cuadras subiendo al Estadio.
Sos lo peor, Tunco, pero viéndolo bien sos vos quien me hace el día, el que me hace ponerle al tope sin fijarme que no soy el que parece una fiera sino el que se va a raspar los platos con dulzura de padre soltero que tiene la responsabilidad de siete en el lomo, uno para cada día, una espina para veinticuatro horas que se muerden la cola como las zumbadoras cuando se juntan. Vos sos, Tunco, el que me hace olvidar que el semáforo es un casino de tres lucecitas, que un día me dan luz verde y palmo como cualquier mosca que se le acabó el diesel y aterrizó en la sopa de olla de los domingos.
¡Entonces a rayar el motor, Tunco! a rasparlo igual que nos raspamos de niños, cuando bajábamos la Bella Vista en las balineras y ya jugábamos a ser buseros cuando mirábamos pasar los rosmos rozándonos con sus llantas llenas de chichotes. Así que metete a fondo en esto, Tunquito de mierda, porque hoy no te dejo que llegués primero, ni que marqués la vuelta que da mejor tarifa. Hoy te jodiste, patuleco, hoy voy soplado de brekes, hoy me estrello contra el mundo si así me quitás la cuña.

F.E.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Chiki, vos no te dejés

Foto: Chaliobala

Es que el man es chirizo, se viste con yines cortados, te dice “hey, chiki, páseme una bolita ahí”, todos los días te lo encontrás y te pide que contés su historia de guindarse en los buses y pedir que la gente se corra a la otra punta de las calderas… el diablo ronda en La Ronda , sube hasta la Cerro, apunta su cola hacia lo que se ve en el centro de Tegus, una especie de isla exiliada… el diablo es todo un rollo chiki, no dejés que se vuelva zalamero porque te pierde, te lleva a los puestos de vigilancia donde las banderas soplan para contar que viene la justice, no dejés que te ponga el balde sólo preguntale la edad y luego callate, no le digás que se mira muy recontrahecho, como si dos edades pugnaran en el centro de su mirada, cada una de ellas queriendo ir a los fondos o a los altos de una apariencia de duende implacable. El alero te canta bachatas mientras raja al que pase ilusionado con su rimero de tortillas ya listo, aguacate con sal, tomate y sal, sal pura bien enrollada que ya no se masticará con tristeza o contra la pared ahumada a puro ocote, naaaaaa, el alero te canta mientras te pone un zipper cobrizo en la chira, silba de ladito y te abre el espumoso pan de los ijares. Sólo es de dejarlo estar, chiki, dejalo que te muestre el algodón para taparte los oídos, las fosas nasales, lo que querrás meter en tus cuencas vacías después de abierto, pero no lo dejés que te de una nube rosa para chupar o un globo de aire inyectado en la sangre porque se frikea, manito, se pone al brinco y ya no solo se irá contra vos sino contra todo lo que se vaya reptando camino al Bosque haciéndose el de a peso pero con todo su peso muerto hundiendo más su barco… al chiki se le mete mirar los barcos desde lejos y no se le escapa ni uno por muy chalupa que parezca… y no dejés que te de la nube rosa, compa, te vas a sentir guasalillo y querrás caerle bien con toda la cara embarrada pero neles, el chiki se las sabe todas, todos lo han tentado y él ha tentado, con sus piernitas flacas y largas más largas que su sombra, entrando a las casa locas, saliendo de ellas de puntillas luego de reventar a punta de cuernoechivo al pobre san antonio que suspiraba. Fuera de kasaka, alero, el chiki es bien heavy, nadie sabe por qué te hace la ponga cuando sale de él regalarte esa nube tan fresa, la cosa es que se malea y ya no hay nada qué hacer. 
F.E.

jueves, 23 de enero de 2014

Libro de latón

Haciendo equilibrio sobre el bordillo del bulevar, he sentido de pronto que estaba a la orilla de un río por donde pasan cadáveres, flotando.

Cruzaba Comayagüela con 1Q84 de Murakami y no dejaba de pesar sobre mi ánimo la imagen del pequeño emperador que, sostenido en los brazos de su abuela, invoca los nombres de los dioses antes de morir junto a ella en un suicidio alfonsino. Pasaba entonces todos los atascos del tráfico y hacía esa lectura extraña que consiste en leer un solo fragmento, levantar la vista del libro y leer la nada en un suspenso infinito.

Los últimos días han sido de literatura dentro de micro-buses. Casi ingrávido por la velocidad y la tensión que aplican a sus pasajeros los choferes de los micros, he leído gran parte de La bitácora del Mayor Tom de Armando Maldonado, poemario aún inédito que merece salir en órbita pronto. Armando ha logrado ficcionar poesía, sí, así como bien lo dice Aristóteles en su poética. Tomando el viaje que Davie Bowie nos dio en su clásica canción (http://www.youtube.com/watch?v=D67kmFzSh_o) Armando me ha confinado en otra lata sideral con tanta naturalidad que los baches y frenazos me dieron un efectismo puntual para sentir el ascenso y ruptura gravitatoria. Pura soledad, particularísima soledad la de este poemario.

Acá Mayor Tom a tierra.

¿Qué tan lejos estoy de casa?
¿Cuánto dura el diente de león
en disiparse en el calor agobiante del cielo?
¿Qué tan lejos está el amor de este latón?

Y Keats, y Felipe Rivera y la ruta Los Robles-Centro, y Ginebra creando un llamado borgiano en Felipe que se va de este país nefasto. Mientras el micro se atestaba y desinflaba, mientras el paso aéreo de Camosa (así lo llamará la gente hasta que se caiga, contrariando al Ricardo Álvarez que creyó inmortalizarse en hormigon) partía las aguas del sur de la capital, recordábamos con el poeta la versificación y temática del inglés, su espacio y tiempo y también la película que le hicieron hace poco, muy bella por cierto http://misteriolondres.blogspot.com/2009/05/bright-star-la-pelicula-de-keats.html
Un par de horas antes, Felipe me ha dicho con gravedad en el café: "Fabricio, te traje un regalo, o más bien, te dejo un regalo...¿trajiste mochila?"... abre su propia mochila y comienza a poner sobre la mesa libros tras libros. Miguel Hernández, Pamuk, Coeetze. Estos son los primeros títulos que veo antes de guardarlos lo más rápidamente posible. Óscar Urtecho ríe al ver mi prisa mientras se sigue despidiendo de Felipe quien habla de manera pausada y ya con un dejo de conclusión en su voz. Tal vez el poeta también se ha parado sobre el bordillo a la orilla de un bulevar y ha visto pasar cadáveres flotando. Hay quienes pueden ver durante horas ballenas encalladas en las estaciones de buses, otros que hasta cuentan uno a uno todos los perros de la pradera que se lanzan desde el acantilado de un banco. Pienso en eso e imagino a Felipe bajando en un aeropuerto en Suiza junto a su familia. Recuerdo a Michael K. de Coeetze llevando a su madre sobre una carretilla de supermercado.

Espero el siguiente bus. Cierro el libro.