Coincidiendo con el ejercicio de autoetnografía en la clase de Antropología Sociocultural ( https://fabricioestrada.blogspot.com/2019/06/evocaciones-fronterizas.html ) llegó a casa el kit de muestreo de ADN que Nat Geo ha estado promocionando para el proyecto GENO 2.0 The Next Generation https://genographic.nationalgeographic.com/
Me subí al carrusel motivado por la curiosidad que, en tantas pláticas entre amigos y familiares, ha salido a luz sobre el ascendente genealógico, y ahora con los resultados ya en línea pues puedo decir que no estaba errando con mis intuiciones y mis pequeñas investigaciones sobre mí mismo realizadas durante el proyecto universitario. Las voces que han sonado como ecos difusos en mi forma de percibir el mundo ahora adquieren mejores contornos. Me intriga sobre manera el ascendente de nativo del Anahuac y de la zona de los Andes, y solo alcanzo a suponer que la presencia tlaxcalteca en las misiones de conquista española en Guatemala, El Salvador y Honduras dieron origen a esa traza norteamericana. Lo de la traza proveniente de los Andes me dice mucho en cuanto a imaginar las conexiones que ya existían entre sudamérica y mesoamérica.
El mulataje existente en mi pueblo, Sabanagrande (presencia negra en la minería) habla directamente en los resultados, algo de lo que ya estaba completamente seguro. El 39% que suma mi ascendencia semítica y española (diáspora judía, anatólica y muy probablemente sefardí andalúz) pues ya es algo que comparto con medio mundo en la América colombina pero que no deja de ser fascinante.
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miércoles, 28 de agosto de 2019
Emerge otra Tegucigalpa
Esta foto, que saqué del Instagram de una amiga, no es nada despreciable. Es la Tegucigalpa más reciente vista desde el nuevo edificio administrativo de la UNAH. Es decir, la mirada desde el edificio masivo que la nueva visión de la clase política de la ciudad erigió para contemplarse a sí misma. Es un horizonte donde los cluster juegan un papel importante para redirigir las energías de la ciudad y, a la vez, la exacerbada eclosión del cemento -que algún día tenía que llegar a Tegus- como cimiento, más que estructura finalizada, de la expansión que se busca, de manera aplastante, sobre la nostalgia, decoro, pudor, humildad, miseria, estampa, sueño pintoresco, etc., lo que se entienda desde la población como "ciudad".
Ya está ahí. Nunc, Right now, ahoritita mismo siguen elevándose más edificios y es muy posible que en diez años más la ciudad pueda reconocerse solo mediante algún proceso arqueológico más cercano a una sesión con el psicoterapeuta, digo: los parques aquellos, el clima aquel, los cerros llenos de pinos aquellos, la melancolía aquella que jugó a ser carta de presentación y que aún se sostiene, casi sin repello, en las zonas de La Leona o el Centro. La población ve todo con expectativa. Eso es lo que vi y sentí. La población se siente musculosa y a la vez humillada. Es el limbo de una ciudad que coloniza.
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Repaso al paso de Dorian
En espera de la tormenta Dorian se pueden pasar de largo los huracanes más precisos: la declaración ayer de Macrón, presidente francés, aseverando que está llegando a su fin la hegemonía de occidente, que Trump le haya cortado las alas a los halcones respecto a Irán y China y Siria y... bueno, con Venezuela continúa ya que no pierde de vista la ley pétrea de la doctrina Monroe. El otro huracán de fuego avanza sobre el planeta, desde la Amazonía hasta Uganda, desde Borneo hasta Honduras, nombres y nombres y nombres de criminales al mando de las políticas forestales pasan con amarga alevosía, casi con pasos de brazas ayudando a atizar lo que le cambio climático ya tiene preparado. Así va el asunto, nada errático como la tormenta Dorian sobre Puerto Rico, nada que ver, diría que camina metodológicamente preciso.
Mientras tanto, recibo dos gestos de hermandad que son casi una mano en el hombro que me pide retomar la esencialidad del asombro. En parte son poemarios que traje de Costa Rica y Honduras, y en parte son gráficas alegrías o textuales honras. Me he dedicado a leer -cuando la universidad me lo permite- cada poemario que me fue dedicado, y digo que leerlos significa leerlos de cabo a rabo. Es signo de respeto hacerlo, cortar de raíz la banalidad esa de acumular trofeos de la amistad y no entrarle a fondo al contenido y al auténtico diálogo que significa que nos obsequien un libro ¿Se buscan los festivales para este diálogo textual a fondo? No, he comprendido que los festivales son una coincidencia portentosa o los cónclaves fundamentales para trasegar el pensamiento poético inter pares. Lo de la didáctica creo que paso (esta vez sí, como Dorian), las campañas de lecturas en colegios de secundaria, paso, las asistencias a eventos que se perfuman con la presencia del poeta, paso, los eventos que son fines en sí mismos y no para la poesía, paso. Ya estuvo bueno.
Aquí parte del rastro de los últimos dos meses:
A Fabricio Estrada (texto del poeta salvadoreño Noé Lima)
Desde El Carrizal
Hasta El Vino te vieron llegar
Con un sapo moteado en la mochila para detener el lamento del ciruelo
El imaginario juicio de la lluvia en la copa de los árboles
Que la vida es sólo una partitura para ser leída por la humedad del rocío
Te vieron llegar como Graves
“Lleno de muchas formas”
Con un pañuelo de arena en el cuello
Con una arpa de vidrio como escudo ante los temporales
Y una estrella de sal en la mirada
Para poder domar a los helechos
Al manómetro que tiene la medida de las nubes cuando rezan
Lo hicieron con la censura del incendio
Como el duro abrazo del árgoma al recordar a tu padre
La mirada de abedul de tu abuela
(que como toda abuela lo cura todo)
El empellón de la rodilla
La escarlatina apedreada por las crayolas
Hasta el olor de la pólvora
Lo hicieron créeme
Como cuando halagamos a un poeta
Con su laminado tren corcho antes de morir
Y su pezuña de granizo cuando grita
Como Graves
Así te vieron llegar a esa Sabana
Con los cenicientos poemas que terminan siendo una despedida
Para tu hijo
Para tu sombra de duras escaleras
Acribillada por la yema pálida del astro
Con su rostro de niña muerta
Como Graves con sus circulaciones de invierno bajo los huesos.
de su blog: https://dedicartpoem.blogspot.com/2019/08/en-la-altitud-de-la-sabana.html?m=1&fbclid=IwAR3el8EIEOn8pBPPUpOoiJtL7x9-2XfsXi0vLwIWET-IMNlQU_I8u00R_Bg
Mientras tanto, recibo dos gestos de hermandad que son casi una mano en el hombro que me pide retomar la esencialidad del asombro. En parte son poemarios que traje de Costa Rica y Honduras, y en parte son gráficas alegrías o textuales honras. Me he dedicado a leer -cuando la universidad me lo permite- cada poemario que me fue dedicado, y digo que leerlos significa leerlos de cabo a rabo. Es signo de respeto hacerlo, cortar de raíz la banalidad esa de acumular trofeos de la amistad y no entrarle a fondo al contenido y al auténtico diálogo que significa que nos obsequien un libro ¿Se buscan los festivales para este diálogo textual a fondo? No, he comprendido que los festivales son una coincidencia portentosa o los cónclaves fundamentales para trasegar el pensamiento poético inter pares. Lo de la didáctica creo que paso (esta vez sí, como Dorian), las campañas de lecturas en colegios de secundaria, paso, las asistencias a eventos que se perfuman con la presencia del poeta, paso, los eventos que son fines en sí mismos y no para la poesía, paso. Ya estuvo bueno.
Aquí parte del rastro de los últimos dos meses:
A Fabricio Estrada (texto del poeta salvadoreño Noé Lima)
Desde El Carrizal
Hasta El Vino te vieron llegar
Con un sapo moteado en la mochila para detener el lamento del ciruelo
El imaginario juicio de la lluvia en la copa de los árboles
Que la vida es sólo una partitura para ser leída por la humedad del rocío
Te vieron llegar como Graves
“Lleno de muchas formas”
Con un pañuelo de arena en el cuello
Con una arpa de vidrio como escudo ante los temporales
Y una estrella de sal en la mirada
Para poder domar a los helechos
Al manómetro que tiene la medida de las nubes cuando rezan
Lo hicieron con la censura del incendio
Como el duro abrazo del árgoma al recordar a tu padre
La mirada de abedul de tu abuela
(que como toda abuela lo cura todo)
El empellón de la rodilla
La escarlatina apedreada por las crayolas
Hasta el olor de la pólvora
Lo hicieron créeme
Como cuando halagamos a un poeta
Con su laminado tren corcho antes de morir
Y su pezuña de granizo cuando grita
Como Graves
Así te vieron llegar a esa Sabana
Con los cenicientos poemas que terminan siendo una despedida
Para tu hijo
Para tu sombra de duras escaleras
Acribillada por la yema pálida del astro
Con su rostro de niña muerta
Como Graves con sus circulaciones de invierno bajo los huesos.
de su blog: https://dedicartpoem.blogspot.com/2019/08/en-la-altitud-de-la-sabana.html?m=1&fbclid=IwAR3el8EIEOn8pBPPUpOoiJtL7x9-2XfsXi0vLwIWET-IMNlQU_I8u00R_Bg
miércoles, 22 de mayo de 2019
Técnica de lectura en el sembradío
Con el tiempo, he ido desarrollando una técnica para catar poesía. Ante el reto (sí, el reto de tanta masificación) de leer un nuevo poemario que ha llegado a mí de manera directa o que mi propia dinámica de curiosidad haya decidido comprarlo, releo antes poemas de los o las poetas que me han impactado estéticamente. Así, ya afinado el paladar estético, ya bien calibrada la lectura, abordo lo que se me presenta como novedad.
Obviamente, un verso, un poema, una lectura escuchada en algún escenario o un fino comentario de alguien que considero tiene finos los comentarios, me llevan a esa detección previa. Con las lecturas en escenario tengo mucho cuidado, no son mi mejor coto de caza. Defino, en un instantáneo proceso de edición que me ha llevado años sintetizar, qué expresión tengo ante mí, si una oralidad performática o un texto con suficientes resonancias o un acto histriónico de profundas necesidades catárticas. Por lo general sucede lo último: están en boga las lecturas como instrumento psiquiátrico colectivo (de sanación colectiva, dirían los inspirados, y está bien, se debe sanar mucho), algo así como una terapia grupal con aspecto de refinada cultura. Por eso entiendo que debo salir pronto de una reunión así o quedarme para el vino y el buen jamón o la posplática que por lo general olvida rápido la trascendecia del evento de origen. Se platica de otra cosa. Por lo general de veleidades.
El asunto es que estoy ante un poemario nuevo y debo recordar la criba íntima que he ido armando entre óxidos y soldaduras mal hechas. Yo mismo he sido cribado, por supuesto. En la memoria de alguien debo estar con mis brazos desinflados y la paja que me rellenaba está flotando en los alisios. Digamos entonces que soy un espantapájaros con cierta técnica para no perder el tiempo. La poesía es un instrumento para ganar tiempo a la muerte. Al leer nos damos otra oportunidad: es probar cómo seríamos en otros. Por eso resulta de vital importancia saber de antemano quién fuimos en la lectura anterior para enfrentar lo que no queremos ser en la siguiente.
Es mi técnica, lo repito. Pueden venir los cuervos a cebarse con mi cuerpo.
F.E.
Obviamente, un verso, un poema, una lectura escuchada en algún escenario o un fino comentario de alguien que considero tiene finos los comentarios, me llevan a esa detección previa. Con las lecturas en escenario tengo mucho cuidado, no son mi mejor coto de caza. Defino, en un instantáneo proceso de edición que me ha llevado años sintetizar, qué expresión tengo ante mí, si una oralidad performática o un texto con suficientes resonancias o un acto histriónico de profundas necesidades catárticas. Por lo general sucede lo último: están en boga las lecturas como instrumento psiquiátrico colectivo (de sanación colectiva, dirían los inspirados, y está bien, se debe sanar mucho), algo así como una terapia grupal con aspecto de refinada cultura. Por eso entiendo que debo salir pronto de una reunión así o quedarme para el vino y el buen jamón o la posplática que por lo general olvida rápido la trascendecia del evento de origen. Se platica de otra cosa. Por lo general de veleidades.
El asunto es que estoy ante un poemario nuevo y debo recordar la criba íntima que he ido armando entre óxidos y soldaduras mal hechas. Yo mismo he sido cribado, por supuesto. En la memoria de alguien debo estar con mis brazos desinflados y la paja que me rellenaba está flotando en los alisios. Digamos entonces que soy un espantapájaros con cierta técnica para no perder el tiempo. La poesía es un instrumento para ganar tiempo a la muerte. Al leer nos damos otra oportunidad: es probar cómo seríamos en otros. Por eso resulta de vital importancia saber de antemano quién fuimos en la lectura anterior para enfrentar lo que no queremos ser en la siguiente.
Es mi técnica, lo repito. Pueden venir los cuervos a cebarse con mi cuerpo.
F.E.
Fotos: Fabricio Estrada
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martes, 19 de febrero de 2019
Cuerpo Plural: el cuerpo único de mi decepción
Cuando vemos que
hacemos siempre lo mismo desde siempre no podemos ya pensar en el pasado sin rencor.
Esta revulsiva cita extraída del diario
de Césare Pavese es una de las utilizadas por Ricardo Piglia en su relato Un
pez en el hielo, metaficción que se construye de la última anotación que
Pavese escribiera antes de suicidarse. Y sucede que no puedo más que aferrarme
a esta cáustica revelación como me aferro a la acusación que hago hacia mí
mismo en cuanto a poesía se trata. Porque de poesía se ha tratado siempre la
certeza de que otros ligaran mi nombre a este delicado oficio de escribir
poesía y de que yo, alevosamente, subestimara muchas veces la seriedad de mi
nombre unido al de la poesía. No me lo había creído del todo, nunca. Antes del
2008 nunca había podido asumir que había logrado poiesis alguna más allá de
aquella que fue perturbación y confusión lastimera -y pasajera- una vez me vi
reflejado en su espejo roto. Llegaron a editarse los poemarios, sí, llegaron a
salir sus tirajes, sí, pero llegó el momento, hace once años, en el 2008, que
se me exigió estar a la altura de la expectativa y no pude advertir lo crucial
por falta de seriedad.
Once años después tengo en mis manos la Antología de Poesía
Hispanoamericana Cuerpo Plural, auspiciada por el Instituto Cervantes
de Madrid y antologada por Gustavo Guerrero. La profesora de Introducción a la Literatura
Española de la UPR Recinto Río Piedras, Carmen Pérez Marín, me ha dicho la
semana pasada que la casualidad la llevó a encontrar mi nombre en esta famosa
antología y que se ha sorprendido al encontrarme en ella. Prometió llevármela
hoy y lo cumplió. Tengo en mis manos entonces el libro que debí ir a traer al
correo postal una vez que se me envío y, sobre todo, tengo en mis manos la
antología en que debí participar con toda la seriedad requerida. No es fácil
sentir el peso de este libro, quizá el libro del que más he aprendido en mi
vida de escritor. El peso de los poemas que la conforman es consistente durante
todas las páginas hasta que se llega a los dos poemas que envié para “participar”.
Hay un nombre ahí que no encaja, que desentona estrepitosamente, el mío. Donde
se lee Fabricio Estrada inicia y termina la magia que se trae desde las primeras
páginas de Cuerpo Plural. Más que merecida la lacónica caracterización que
describe la Revista Literaria Letras Libres de México, en su reseña de la
antología: hay lo mismo decepciones (el hondureño Fabricio Estrada) que
hallazgos importantes… (https://www.letraslibres.com/mexico/libros/cuerpo-plural-antologia-la-poesia-hispanoamericana-contemporanea-gustavo-guerrero
)
¿Por qué no fui a traer la antología cuando se me envío? Podría aducir que no
tenía dinero para el taxi, que me acababan de despedir del trabajo, que llovía
un diluvio ininterrumpido sobre Tegucigalpa todo ese mes, pero la verdad fue
que tuve vergüenza. Unas semanas antes había salido la nota de Letras Libres y
la mayor vergüenza del mundo gravitaba sobre mi ánimo. No celebraría aparecer
en Cuerpo
Plural hasta que me redimiera, me dije, pero ¿cómo se redime de semejante
decepción?
En 1993, el Taller de Poesía Casa Tomada completo, recibía
la charla sobre poesía hondureña que el poeta José Adán Castelar nos daba con
su eterna gentileza y cariño. Estábamos en el Paradiso que se ubicaba en el
lugar que ahora ocupa la Librería Navarro, en el barrio La Plazuela. Terminada
la charla, un poeta reconocido que se había bebido una buena tanda de vino,
explotó en burlas hacia aquellos jovencitxs que éramos. No repetiré los
insultos, pero entre ofendido y dolido prometí no regresar a Paradiso hasta no tener
mi primer libro publicado. Eso sucedió hasta 1998, año en que el poeta
Rigoberto Paredes y la Historiadora y Poeta Anarella Velez me presentaron Sextos de Lluvia. El pundonor y la inevitable
naturaleza que me impulsaba a escribir lograron esa momentánea redención.
Cosa
paradójica, fue de Sextos de lluvia que
seleccioné los poemas que envié para Cuerpo Plural.
“La diferencia entre un hombre inteligente y uno tonto es
que el primero se repone fácilmente de sus fracasos y el segundo nunca logra
reponerse de sus éxitos”, dijo Sacha Guitry, y sin duda, hasta el 2008 estuve
ciego en el oficio de escribir mirando ¿mirando qué? Pues mirando alrededor y
no solo a mi ombligo talentoso. El libro que no fui a recoger llega hoy a mis
manos que no querían ni tocarlo a pesar de que todos estos años lo he leído en
mi imaginación, jugando siempre con todos los posibles poemas que debí haber
enviado y a la vez escribiéndolos, sí, porque mi fracaso personal en Cuerpo
Plural significó para mí empezar
a escribir con sentido total del oficio y de los pasos que daba, entender que
la construcción de la belleza en mí, para compartirla con los demás, necesitaba
algo más que la espontánea ebullición de la palabra sino que también urgía elegir
la palabra que daba sobre el papel, esa nación intemporal donde estar presente
significa hundirse o flotar sobre un abismo blanco.
Existe otra paradoja en esto: a la par de Cuerpo
Plural ese mismo año fui antologado en La Herida en el sol, Poesía
Centroamericana Contemporánea, de Sergio Ramírez (Editorial de la UNAM)
y en ésta última, los poemas que envié están llenos de un contenido y forma que
supera en creces la muestra anacrónica que mandé para Cuerpo Plural ¿Cómo se
explica este dislate personal? Quizá la respuesta venga de otro dislate: las
fechas en que recibí ambas invitaciones difieren en la condición anímica
temporal en que me encontraba. En una estaba pleno y estable y en la otra era
un monigote de la sobre explotación laboral en la agencia de publicidad en la
que trabajaba. Si la poesía es intemporal -pienso ahora- el carácter y
responsabilidad para con la poesía debe ser imperturbable siempre una vez que
se asumió el oficio. “El tiempo y la
época siempre tienen razón cuando existen y no la tienen cuando desaparecen”
replicaría Sartre ante esta conveniente mirada desde once años después, pero no
tengo otra forma de explicar que Cuerpo Plural es en realidad mi parte aguas
respecto a dimensionar quién soy y en cómo la banalidad llega a mí, muchas
veces, en oleadas tentadoras que luego solo me ofrecen costillares de
naufragios.
El caso es que ahora, libro en mano, veo con claridad
cuántas veces he estado al borde del suicidio literario y cuántas otras he
decidido aprender a vivir de nuevo desde el comienzo, advirtiendo nuevas formas
y ampliando el contenido humano de lo que escribo. Mi nombre no merecía estar
en Cuerpo
Plural, pero el hombre que soy sí ha merecido entender todas las implicaciones
de aquella decepción.
F.E.
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Reseñas libros
viernes, 8 de febrero de 2019
No, no puedo cambiar mi molde - Bitter Symphony, The Verve
Puedo jurar que busqué la acera más parecida a la del video y arranqué, siendo yo muchas veces, el auténtico Richard Ashcroft caminando hacia toda la gente de los noventas que se atravesaran, meteoro en órbita de colisión con la estación espacial bien diseñada por el trabajo y las vueltas e idas sin sentido por Tegucigalpa. Pude ir tras la carrera que años antes, a nivel de calentamiento generacional, hiciera Forrest Gump, pero elegí seguir esta Bitter Simphony así como mis amigos la seguían, con audífonos desde donde The Verve lanzaba las coordenadas de la deriva, un año antes de que el huracán Mitch nos hiciera escombros, picadillo, ruina pop. Ya había caminado aquella oscuridad de los apagones del 94, desde las aulas universitarias donde las sombras aprendíamos a amar; subí a los buses como los cientos que de pronto éramos ciegos y aún insistíamos en ir a clases, con estoicismo de ciudadanos en guerra que se les pedía no encender nada, solo caminar, ir, regresar. Por eso no fue Forrest Gump el que nos convocara con sus paisajes luminosos y su barba de asceta bizantino, fue el flaco de Richard Ashcroft el espejo y la chaqueta negra, fue su estampida sin prisas y su melodía de hipnosis. Mismas calles, misma sensación de nacer en otro mundo y de seguir un llamado inequívoco. Frío, oscuridad, smog a todo nivel y nuestra cara también menguando palideces. Sin duda esta canción estaba hecha para nuestro molde, los noventeros más sintonizados con el derrumbe que vendría.
martes, 1 de enero de 2019
El primero de enero y las guayabas
La sala en casa de mi tía Lauren era muy oscura. Yo siempre le pregunté, con mucha necedad, del por qué no habían hecho una ventana para que entrara la luz. Lo cierto es que para mí hubiera sido más fácil ver los títulos en el librero de la esquina y los nombres de los LP que guardaba bajo el televisor, en la división de madera torneada. Por el contrario, el patio tenía una luminosidad que partía del verdísimo árbol de limas, que ahora lo recuerdo como una bombilla vegetal que daba iridiscencias y aromas a las mañanas. Bajo él nos sentábamos a hablar largo rato y ahí mismo se celebraron la mayoría de días de la madre y otros eventos familiares. Frente a la lima estaba el enorme mango al que siempre me negaron subir, aunque la prohibición no era necesaria ya que las ramas para sujetarse comenzaban muy arriba, como si el árbol hubiera levantado los brazos para alejar los frutos de los niños. Me conformaba entonces con el guayabo y ahí era un pájaro más. Cantaba todo lo que recordaba, pero mi hit parade estaba encabezado por Pedrito Fernández y la historia de un perro corriente y canelo.
Así iniciaba el año, los primeros de enero eran una promesa indefinible que yo comparaba con el guayabo que zarandeaba para ver cuál guayaba madura me premiaba sin gusano alguno. Uno de esas mañanas, alrededor de 1986, me puse a curiosear entre las sombras de la casa los LP y sus portadas. Al lado de Hey, de Julio Iglesias, tía guardaba un disco cuyo diseño era una cuadrícula muy setentera sobre la que se perfilaba un hombre guitarra en mano. Era el álbum Hilachas de Sol, del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Le pedí a tía Lauren que lo pusiera y ella accedió haciéndome prometer que me aprendería una de las canciones para cantarla subido al palo de guayabo. El sonido delicioso del vinilo siendo rasgado por el diamante inundó las sombras, y así fue que escuché, sentado en el piso y con mi tía pidiéndome que le bajara al volumen, la canción Primero de enero, tercera en el orden del disco.
Pienso ahora que la formación política puede llegar por el lado más sensible e inesperado, porque a partir de escuchar ese disco, me encontré de pronto absolutamente consciente de la desgracia social que sufríamos en Latinoamérica. Aquella letra (... lleva Pablo los bautizos/ con tristeza entre sus brazos/ porque el capataz no quiso/ ser padrino de fracasos...) se hundió como aguijón de avispa chilera en mí, y ni qué hablar de la sexta canción del álbum, Yo te ofrecí una esperanza (él te dio vestido nuevo/ yo te ofrecí una esperanza).
Cuando me aprendí bien la letra, aquel guayabo era un escenario al que tía llegaba a bajarle al volumen porque todavía era peligroso cantar en Honduras canciones de guerrilleros. Cada primero de enero la canto, y recuerdo la risita de Tía mientras lavaba en la pila !Ya cántese la otra! -me decía- !ese disco ya se rayó!, Entonces yo le daba vuelta a mi pecho-acetato y le cantaba un tema de Jorge Rigó, de las novelas venezolanas que estaban dando por esos días: Sola/ te vas quedando sola/ ... deja el dolor por la esperanza/ y ven a acobijarte entre mis brazos... Ella me acompañaba con su voz feliz, y yo aprovechaba para sacarle los gusanos a la guayaba.
Así iniciaba el año, los primeros de enero eran una promesa indefinible que yo comparaba con el guayabo que zarandeaba para ver cuál guayaba madura me premiaba sin gusano alguno. Uno de esas mañanas, alrededor de 1986, me puse a curiosear entre las sombras de la casa los LP y sus portadas. Al lado de Hey, de Julio Iglesias, tía guardaba un disco cuyo diseño era una cuadrícula muy setentera sobre la que se perfilaba un hombre guitarra en mano. Era el álbum Hilachas de Sol, del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Le pedí a tía Lauren que lo pusiera y ella accedió haciéndome prometer que me aprendería una de las canciones para cantarla subido al palo de guayabo. El sonido delicioso del vinilo siendo rasgado por el diamante inundó las sombras, y así fue que escuché, sentado en el piso y con mi tía pidiéndome que le bajara al volumen, la canción Primero de enero, tercera en el orden del disco.
Pienso ahora que la formación política puede llegar por el lado más sensible e inesperado, porque a partir de escuchar ese disco, me encontré de pronto absolutamente consciente de la desgracia social que sufríamos en Latinoamérica. Aquella letra (... lleva Pablo los bautizos/ con tristeza entre sus brazos/ porque el capataz no quiso/ ser padrino de fracasos...) se hundió como aguijón de avispa chilera en mí, y ni qué hablar de la sexta canción del álbum, Yo te ofrecí una esperanza (él te dio vestido nuevo/ yo te ofrecí una esperanza).
Cuando me aprendí bien la letra, aquel guayabo era un escenario al que tía llegaba a bajarle al volumen porque todavía era peligroso cantar en Honduras canciones de guerrilleros. Cada primero de enero la canto, y recuerdo la risita de Tía mientras lavaba en la pila !Ya cántese la otra! -me decía- !ese disco ya se rayó!, Entonces yo le daba vuelta a mi pecho-acetato y le cantaba un tema de Jorge Rigó, de las novelas venezolanas que estaban dando por esos días: Sola/ te vas quedando sola/ ... deja el dolor por la esperanza/ y ven a acobijarte entre mis brazos... Ella me acompañaba con su voz feliz, y yo aprovechaba para sacarle los gusanos a la guayaba.
Por las sombras del camino
van los indios hacia el pueblo,
van bajando la montaña
por que es primero de enero.
Llevan gallinas al cura
por milagros venideros
o a rogar por que este invierno
llueva mucho en el potrero.
El patrón va entrando a misa
disfrazado de cordero.
(Se da golpes en el pecho,
pero es muy duro ese cuero)bis.
Por ser primero de enero
van los indios hacia el pueblo.
Por las sombras del camino
van los indios hacia el pueblo,
van bajando la montaña
por que es primero de enero.
Lleva Pablo dos bautizos
con tristeza entre sus brazos
por que el capataz no quiso
ser padrino de fracasos.
El patrón va entrando a misa
disfrazado de cordero.
(Se da golpes en el pecho,
pero es muy duro ese cuero)bis.
Por ser primero de enero
van los indios hacia el pueblo,
van bajando la montaña
por que es primero de enero.
Llevan gallinas…
El patrón va entrando a misa
disfrazado de cordero.
(Se da golpes en el pecho,
pero es muy duro ese cuero)bis.
Por ser primero…
sábado, 20 de octubre de 2018
Honduras: ¿Quién y cómo se organiza el éxodo?
¿SE PREGUNTAN CÓMO SE
ORGANIZA EL ÉXODO HONDUREÑO, QUIÉN ESTÁ DETRÁS? Se los responderé en confianza:
Resulta que un día se amanece sin haber conseguido ayer el préstamo de 5
dólares (100 lempiras) para poder comer algo hoy. Te quedan tres huevos, dos lempiras
de tortillas y un voto que ir a dar tipo 10 de la mañana en la escuela de tu
barrio... Resulta que prendiste la tele y están pasando la masacre de la
madrugada. Vas a la pulpería a pedir fiado y te das cuenta de que ya no abre
más porque le dispararon al dueño por no pagar el impuesto de guerra.
Camino a
la escuela, cientos de personas están haciendo fila para votar. Das tu voto
pensando que tal vez se arregla algo cambiándolo todo de una buena vez. Al
regreso a casa ves un inusual movimiento de tropas en cada rincón de la ciudad,
la mayoría de ellas encapuchadas. Llevás diez años asistiendo a las
movilizaciones en las calles. El golpe de Estado del 2009 movilizó a millones y
vos estuviste entre ellos. Es de noche ya. El conteo da como ganador a lo que elegiste
democráticamente en lugar de agarrar un fusil e irte con miles a una revolución
incierta. El voto era incierto, pero esta vez el conteo habla con certeza
absoluta: se ha barrido con la élite que secuestra al país desde el 2009 y
medio mundo comienza a celebrar y celebrando se da el fraude.
Se revierten en
un parpadeo alrededor de dos millones de votos y resulta electo por la fuerza y
bajo la bendición de la Embajada estadounidense un patizambo que de inmediato
se convierte en dictador. La rabia es brutal. La alegría es tan precaria. Miles
y miles salen a las calles a protestar y son bombardeados, asesinados,
torturados, encarcelados... las tropas enmascaradas invaden los barrios pobres
y sacan del pelo y a patadas a los jóvenes, a las mujeres... vos tenés hambre,
pero es mayor el hambre de la indignación. Se protesta, se protesta, pero desde
Washington se manda a decir que debés aceptarlo, que eso es democracia.
Tras
noches de desvelo te das cuenta que ya no podés conseguir empleo, que los
noticiarios van aumentando su cuota de asesinatos, que los estudiantes son
asesinados, perseguidos, que los campesinos son desalojados por miles, que
encarcelan a los campesinos, que los bancos te niegan el préstamo, que no tenés
educación más que para trabajar por horas sin derechos laborales, que no tenés
derecho a un seguro social que fue saqueado por los mismos que se han reelegido
y que desde los púlpitos te piden aguantar y aguantar y aguantar.
Ves las filas
en western union y money gram... largas filas que a veces solo van a retirar
100 dólares enviados desde algún lugar de la yusa... 2000 lempiras que nadie te
regalará en tu día donde solo necesitabas de 5 dólares para sobrevivirle al
día... lo calculás, ves la diferencia ¿y si gano allá, aunque sea 200 dólares a
la semana es más de lo que ganaría en todo un mes? Te cuentan que se reunió una
caravana para salir hacia el norte. Que esta vez los zetas no podrán secuestrarla ni fusilar a nadie como aquel año
en Tamaulipas donde asesinaron a 76 mojados. Me iría, pensás, pero no podés
porque ya estás en silla de ruedas, sin las dos piernas que cortó la bestia
hace un año. ¿Cómo se organiza tanta necesidad? ¿Lo explico de nuevo?
F.E.
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Golpe de Estado Honduras
domingo, 23 de septiembre de 2018
Almost Famous
Cada vez que entro al Facebook y miro la inagotable presencia de muchxs escritorxs en eventos, presentaciones, en selfies junto a otros escritorxs del mismo medio o, por buena cacería, junto a un escritor de talla mundial, me pregunto ¿cómo se puede ser tan importante y famoso todos los días? ¿De dónde surge esa necesidad? ¿Cómo se sostiene la trascendencia de un grupo de amigxs escritorxs que más parece una tropa scout o un grupo de adolescentes en excursión? De no haber leído ya algo de esos escritores -quizá por pura casualidad o porque los escuché de primera mano- ¿me serían dignos de confianza con todo y sus poses, su "constante alegría" o sus llamados de Miss Universe: amemos a los niños del mundo? ¿Qué cosa es esa fama donde las lecturas no pasaron de 10 personas, 8 de ellas amistades de farra? ¿Todo es una gran terapia grupal ambulante?
Virgilio, en La Eneida, describe la Fama en los términos más negativos, así como el pensamiento greco-latino supo advertir al observar la intensa farandulización de los nuevos ricos en el imperio:
"Fue aquel día el primer origen de la muerte de Dido y el principio de sus desventuras, pues desde entonces nada le importa de su decoro ni de su fama; ya no oculta su amor, antes le da nombre de conyugal enlace y con este pretexto disfraza su culpa. Vuela al punto la Fama por las grandes ciudades de la Libia; la Fama, la más veloz de todas las plagas, que vive con la movilidad y corriendo se fortalece; pequeña y medrosa al principio, pronto se remonta por los aires, y con los pies en el suelo, esconde su cabeza entre las nubes. Cuéntase que irritada de la ira de los dioses, su madre la Tierra la concibió, última hermana de Ceo y Encélado, rápida por sus pies y sus infatigables alas; monstruo horrendo, enorme, cubierto el cuerpo de plumas, y que debajo de ella tiene otros tantos ojos, siempre vigilante ¡oh maravilla!, y otras tantas lenguas y otras tantas parleras bocas, y aguza otras tantas orejas. De noche tiende su estridente vuelo por la sombra entre el cielo y la tierra, sin que cierre nunca sus ojos el dulce sueño; de día se instala cual centinela en la cima de un tejado o en una alta torre, y llena de espanto las grandes ciudades, mensajera tan tenaz de lo falso y de lo malo como de lo verdadero".
Virgilio- La Eneida, Cuarto Libro.
Un imperio, sí, la fama y el like, pero ¿quién leerá cosas tan importantes? ¿o será la imagen prueba suficiente de la valía una vez que nadie irá más allá de ese tropel de lobeznos felices que aparecen en perpetua fiesta y mutua felicitación, complaciente felicitación en el giro más profundo que ha dado la existencia del intelecto actual donde la felicidad creativa es una felicitación?
F.E.
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jueves, 20 de septiembre de 2018
Primer aniversario de María en Puerto Rico
Una sofocante y masiva presencia de polvos del Sahara sobre Puerto Rico conmemora el primer aniversario del paso del Huracán María. ¿Hay niveles definidos para estas nubes agobiantes que utilizan la misma autopista de los huracanes para llegar hasta las Antillas? No estoy seguro, pero esta nube tiene que ser categoría 5. Es por turnos: un año viento, el otro arena. No me extrañaría que aún no se me me haya dicho que después de un huracán masivo las calles se inundan de calamares gigantes a los que se debe devolver al mar antes que comiencen a apestar. Así es la radical dinámica climática de la isla, todo aderezado con un septiembre donde el calor se mantiene en 38 grados centígrados o más. La postal se oculta y solo algunos valientes se van a tostar a las playas. No sería extraño, por igual, ver a los paracaidistas playeros prendidos en fuego súbito.
En este aniversario, marcado por la negación de Trump a aceptar los más de 3 mil muertos de María, la sociedad puertorriqueña se mantiene aún bajo la sorpresa del severo golpe. Y no es para menos, María vino a asolar la isla justo cuando la Junta de Control Fiscal inauguraba con saña sus recortes y la huida hacia Estados Unidos alcanzaba alarmantes cifras. María, entonces, vino a aligerar las cosas, a barrer, a poner en condición de maqueta todo un territorio anímico y geográfico. Y sin duda, es como maqueta que se ve Puerto Rico desde los planes de Washington. Le he comentado a algunos cercanos que en la cabeza de los nuevos inversores-invasores coloniales, Puerto Rico debe verse como un fabuloso campo de golf al que estorban un sinnúmero de comunidades. Los resorts deben crecer como hongos sobre el cartón de las salas de conferencia y si aún no se ha dado el paso es porque no encuentran como explicarlo con humanidad. En fin, con una desarticulación catastrófica (categoría 5) a nivel de los movimientos sociales y con un entreguismo (categoría 6) más que absoluto por parte del gobierno del ELA más corrupto de la historia (palabras del mismo Trump), el futuro inmediato de Puerto Rico se presenta bajo una ordenada evacuación del tipo "señores y señoras, nos movemos en este momento hacia la quilla; por favor, sigan a su guía de más confianza (escena alterna de la película Poseidón, o en su defecto, el film del barco dado vuelta)".
De manera visceral, este es un aniversario del que nadie quiere acordarse porque no se sabe si con huracán María o sin él las cosas debieron ir mejor hace un año. El doloroso impacto de los más de 3 mil muertos es tan profundo y al parecer tan evasivo en su manifestación social, que puede compararse con los miles de soldados muertos de Boriken que han muerto en los campos de batalla hacia donde la Metrópoli los mandó a combatir, ya sin nacionalidad, solo encuadrados en las estadísticas de los programas de ayudas para los sobrevivientes.
En este aniversario, marcado por la negación de Trump a aceptar los más de 3 mil muertos de María, la sociedad puertorriqueña se mantiene aún bajo la sorpresa del severo golpe. Y no es para menos, María vino a asolar la isla justo cuando la Junta de Control Fiscal inauguraba con saña sus recortes y la huida hacia Estados Unidos alcanzaba alarmantes cifras. María, entonces, vino a aligerar las cosas, a barrer, a poner en condición de maqueta todo un territorio anímico y geográfico. Y sin duda, es como maqueta que se ve Puerto Rico desde los planes de Washington. Le he comentado a algunos cercanos que en la cabeza de los nuevos inversores-invasores coloniales, Puerto Rico debe verse como un fabuloso campo de golf al que estorban un sinnúmero de comunidades. Los resorts deben crecer como hongos sobre el cartón de las salas de conferencia y si aún no se ha dado el paso es porque no encuentran como explicarlo con humanidad. En fin, con una desarticulación catastrófica (categoría 5) a nivel de los movimientos sociales y con un entreguismo (categoría 6) más que absoluto por parte del gobierno del ELA más corrupto de la historia (palabras del mismo Trump), el futuro inmediato de Puerto Rico se presenta bajo una ordenada evacuación del tipo "señores y señoras, nos movemos en este momento hacia la quilla; por favor, sigan a su guía de más confianza (escena alterna de la película Poseidón, o en su defecto, el film del barco dado vuelta)".
De manera visceral, este es un aniversario del que nadie quiere acordarse porque no se sabe si con huracán María o sin él las cosas debieron ir mejor hace un año. El doloroso impacto de los más de 3 mil muertos es tan profundo y al parecer tan evasivo en su manifestación social, que puede compararse con los miles de soldados muertos de Boriken que han muerto en los campos de batalla hacia donde la Metrópoli los mandó a combatir, ya sin nacionalidad, solo encuadrados en las estadísticas de los programas de ayudas para los sobrevivientes.
Paseo José de Diego, Río Piedras-San Juan, en los años 80 y ahora, 2018.
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martes, 24 de abril de 2018
La palabra Cilencio
Hoy he tenido una buena lección sobre una forma de censura política en Puerto Rico. No está demás decir que en Honduras casi las he recibido todas, a excepción de la más definitiva sufrida por tantxs, la muerte. En un arranque de lucidez, del cual tienen participación mis seres más queridxs, decidí retomar mis estudios universitarios luego de enfrentarme con cíclopes, circes y sirenas, y de corroborar de que la sociedad ama que uno se le presente sistemático y certificado. "Sabe del tema, pero le falta sistematización", "puede dar la clase pero no está certificado". Esa y otras frases las he recibido incluso dentro de los 18 años que trabajé en agencias de publicidad, y debo admitir que muchas veces no faltó razón, quizá esa razón que hace que una simple cortina separe en los aviones la cabina de primera clase de la clase económica.
El asunto es que aquí estoy de nuevo, en las aulas, como en una especie de sueño angustioso en que aparezco ya adulto uniformado de escolar, aunque esa es la primera impresión, luego todo se va diluyendo y se despierta anónimo como a cualquier edad, recibiendo las instrucciones buenas y las castraciones estrictas. Hablaré de la lección que acabo de recibir, mejor, aunque sea una lección de dos meses continuos.
La profesora de Ciencias Sociales tiene su libertad de cátedra definida como puede definir la libertad un gerente de la Monsanto: "si me va a hablar de algo orgánico por favor que sea solo de semillas que hacemos en nuestro laboratorio, y si son transgénicas pues mejor". Pero esta regla resultó que adquiría validez hasta después de realizar el primer examen y luego de mes y medio de quejas por la falta de participación y debate en el salón de clases. Siendo una materia donde el análisis social es vital, pues decidí participar continuamente y no ayudar al aburrimiento. Ese fue mi error. Creí que podría haber dialéctica en la respuesta de la profesora pero me encontré con una acérrima reaccionaria, escudada, por supuesto, en el "aquí todo se ha probado y es mejor dejar que las cosas caminen a su ritmo". Mi error fue intentar ponerle polo a tierra a las discusiones sobre la libertad del hombre en la unidad dedicada a Savater y su Antropología de la Libertad. Y claro, para disgusto de la profesora mi análisis fue marxista. Diría, marxista descafeinado para que no resultara tan amargo el trago que diera la profesora.
Ahí comenzó mi silencio. Porque silencio fue el que vino tras una andanada de límites conceptuales que ella expuso como una raya imborrable e inabordable. "¿Qué es eso de pueblo? -empezó respondiéndome con una asco que no pudo evitar- la libertad de ese pueblo del que hablas está contaminada de conceptos del siglo XIX. Quizá sean muy usados en esos países de Latinoamérica que tienen tantos problemas de populismo -aquí puso el rabillo del ojo sobre este hondureño inerte- pero eso ya es algo que debe revisarse de una buena vez..."
Luego llegó el turno de la composición identitaria en Puerto Rico y su visión es la que ya he escuchado por aquí: que apenas quedan trazas de o nexos respecto a Latinoamérica porque ni indígenas que hay ya ni intercambios permanentes que permitan hacer un análisis sobre si Puerto Rico pertenece a Latinoamérica. Le pedí permiso para opinar -hasta ese momento seguía creyendo que era un curso donde las ciencias sociales daban para ser aplicadas en la realidad- y le sugerí que recordáramos de dónde provenía gran parte del mestizaje boricua, del recorrido de los primeros habitantes desde la zona del Orinoco hasta su salto antillano y, por ende, del cómo sucedió el sincretismo con los supervivientes del genocidio y del cómo eso contribuye a la identidad nacional. Su gesto fue de risa. "Me estás hablando de hace miles de años y de lo improbable que existan trazas culturales supervivientes". Fue mi segundo gran silencio.
Par cerrar, llegó el turno a la incomodidad que para ella representa la lucha contra el errado concepto de que Puerto Rico es colonia. "Esto no es colonia, y los que reniegan de los beneficios que Estados Unidos, el imperialismo da -risita de lado- son los mismos que se gradúan en universidades de allá y luego vienen a decir aquí que hay que abominar de los Estados Unidos''. A este punto ya había comprendido. Ni siquiera admitió el análisis del yo freudiano -segunda unidad bajo el ensayo El Malestar de la Cultura- con una ilustración o reflexión que intenté hacer sobre la inteligencia artificial y su probable conformación de un nuevo ser yoeico.
El resultado de todo esto, y la lección concreta a mis participaciones, fue nota C en la prueba parcial y un tajante aquí se viene a opinar sobre el texto y no a dar opiniones fuera de él. Pensé en momentos en la forma de lectura de los monasterios de la Alta Edad Media: se exigía a los monjes leer en voz alta porque leer en silencio era hablar con el diablo. En fin, una C tan aerodinámica y errada como la palabra Cilencio. La censura entonces está ahí, lironda y sin forma de herradura para la buena suerte. Lo entendí como una lección prístina. El supuesto que la participación en el aula de clases ayuda en el índice en esta profesora no es más que un mal protocolo didáctico. Para ella, lo social no es orgánico, es exacta, como la ciencia dual de Monsanto.
Me queda entonces un largo silencio de un mes para esperar el cambio de periodo y mejorar la nota. Por supuesto, en Cilencio.
F.E.
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