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martes, 8 de enero de 2019

Todas las miradas conducen a Roma




La primera cámara de cine solo rodaba 52 segundos, en blanco y negro. Con ella, Lumiére captó la llegada de un tren que habría de irrumpir en la vida de todo el mundo con pasmosa velocidad. Desde entonces, ese tren ha sido guiado por diferentes maquinistas que le han imprimido la velocidad más acorde para su propia forma de contemplar el paisaje. Hay unos que desaceleran y otros que van casi descarrilando. En 1996, al cumplirse 100 años del nacimiento del portento, Sarah Moon, reconocida fotógrafa francesa, ideó un bello proyecto cinematográfico, Lumiére y Compañía, un homenaje que reunió a 40 directores de lo mejor de la industria para que filmaran con la cámara original de Lumiére reconstruida. Los directores -entre ellos David Lynch, Costa-Gavras, Spyke Lee, Win Wenders, Fernando Trueba- debían filmar-resumir en el corto su idea de lo que era el cine, es decir, su visión de vida, y ésta debía ser filmada solo con luz natural, con un determinado número de tomas y sin sonido directo.

De todos los significados posibles que se ven en la muestra, mi fascinación se detuvo en la muestra de Win Wenders. En ella, el director alemán decide que el cine es la panorámica de un suburbio semi yermo de Berlín, con todo y sus grúas simbólicas gravitando sobre la eterna reconstrucción de pos-guerra. Dos hombres entran al encuadre desolado. Ellos mismos transmiten cierta desolación. Los actores son los preferidos de Wenders, Otto Sanders y Bruno Ganz, coestrellas de la memorable Tan lejos y Tan Cerca. Otto mira hacia el cielo en una expectativa nerviosa y Bruno, asumido en razones irrevocables, tiene aspecto de haberse dado por vencido en la búsqueda de ese misterio que nunca sabremos qué es. Ambos salen de encuadre por el mismo lugar de donde vinieron. La ciudad queda, inmutable, hasta que el carrete se detiene.

Esta sensación de una realidad concreta que no se desvía ni un ápice por los deseos que pueda tener el espectador, llegó a mí en las dos horas y quince minutos que dura Roma, la reciente película de Alfonso Cuarón, una lección cinematográfica de tanta altura como vertiginosos son sus abismos. ¿Acaso Nietzsche ya no lo dijo cuando nos recordó que el arte griego nos enseña que no hay ninguna bella superficie sin una terrible profundidad? La apabullante realidad mexicana se ve aquí transversalizada y en ninguno de los puntos de contacto de nuestra mirada alcanzamos a ver piedad porque la realidad misma, la naturaleza de las cosas que Cuarón expone, es hilada a un ritmo lento pero punzante por el ojo/ cámara echado a rodar sin contemplaciones, apenas deteniéndose para acentuar y hacer homenaje a las referencias cinematográficas de Cuarón. Una vez que inicia la película, con el poderoso llamado a escuchar con los ojos cerrados del cómo se limpia la mierda de los perros, entendemos que lo que venga en imagen será tan natural como lo es el sistema de castas sociales mexicanos heredado desde la colonia, punto central desde donde irradia toda la violencia objetiva y subjetiva de Roma (todas las humillaciones históricas conducen a Roma).

En Los testamentos Traicionados, Milán Kundera reflexiona sobre el carácter de la naturaleza como entidad de consuelo insensible, consuelo que Cleo sabe medir y aceptar con silenciosa y asfixiante prudencia, así como ha devenido el carácter de los millones de descendientes de los pueblos nativos sometidos desde la conquista. Solo la mirada de Cleo ante los paisajes puros del México rural nos está dando la clave narrativa de lo que siente. Cuando Cleo mira ve aquello que Kundera solo alcanza a rozar: “me hablaron de la belleza suavemente inhumana del mundo antes o después del paso de los hombres”. Porque ese paisaje, implacable en belleza, es el mismo cuadro inmisericorde que se filtra en la ciudad, la urbanidad fotográfica que el mismo Cuarón dirige y plantea, quizá desde una inseparable visión burguesa determinista pero llena de todas las cualidades que el gran cine exige. 

En este punto uno se pregunta a qué velocidad debe ir la revelación del signo poético de la película y cómo hubiera abordado Pasolini, por ejemplo, la oportunidad de una distribución mundial nivel Netflix. ¿Se hubiera contentado con dejar correr la cámara dentro de “la naturaleza de las cosas” o hubiera rasgado la pantalla de cine al mostrar la falta de piedad del sistema inhumano que cosifica a Cleo? Pienso entonces en la brutalidad de los niños a los que Cleo ha cuidado, tan llenos ellos de una matriz cultural superior que les permite ir dejando todo atrás, tirado por el suelo, sabiendo que atrás vendrá Cleo y Adela limpiando. Pienso en el momento en que el menor de los niños le pide a Cleo, con tono hastiado, que deje de hablar así, tan raro, en mixteco- Pienso en el tamaño de impiedad de la señora de casa buena que para animar a Cleo tras su parto Children-of-Men-Mode la lleva a la playa de olas furiosas dejando a Cleo la brutal responsabilidad de cuidar y salvar a sus hijos. Esa famosa foto, entonces -nueva imagen de La pietá posmoderna-, donde se apiñan todos y que causa tanta parábola y lección moral en los pasquines de farándula, es monstruosa en cada uno de los significados posibles: monstruosa por la desesperación de una humanidad pervertida que ha hecho de lo políticamente correcto el ámbito de la locura y la represión. Y claro, eso si vemos el paisaje desde el tren ferroso de Pasolini. Al final de cuentas, cada decisión creativa es una representación del nicho al que se regresa cuando lo crucial se presenta como una disyuntiva de clase.

Es una verdadera pena que el mundo de la moda haya dado la otra fotografía, tanto como Chanel quiso darnos su propia versión de La Habana al montar su pasarella en Cuba, pero estoy seguro de que, como cine, Cuarón ha podido darnos de nuevo su propio resumen Lumiére y que su tren, así lo espero, seguirá dándonos un paisaje que todos veremos ya como insustituible en cine del siglo XXI.



F.E.

martes, 13 de noviembre de 2018

La rendición


Me parece esta una de las mejores representaciones de la rendición incondicional alemana, el 8 de mayo de 1945. Todo el patetismo resuelto en tomas largas que buscan escarbar a fondo lo que Keitel, Doenitz y Runstedt pensaban de sí mismos, más que de Alemania. Ahí estaban los tres aristócratas de rancia tradición prusiana ante un Zhukov de extracción campesina y sin embargo, héroe absoluto de la URSS. La escena de la cena es sencillamente genial y el detalle de los soldados de los tanques rusos es brutal. Disfrútenla.

De la peícula White Tiger.

viernes, 20 de abril de 2018

1950, La Insurrección Nacionalista: un documento de Libertad - Puerto Rico





En esta soledad de tierra escasa,
pero llena de alas y alelíes.
(Manuel Joglar Cacho)

En mucho erramos si creemos que la Libertad es un concepto que solo funciona cuando todos los seres humanos involucrados en su búsqueda pueden afirmarla: somos libres, la hemos conquistado. En mucho erramos. Una vez conquistada, la Libertad, comienza a desaparecer y nunca es más grande que cuando comienza a insinuarse, como hierba joven, en el pecho de aquellos que la sueñan. Quizá sea por ello por lo que la idea de Libertad se presente en la historia concentrada en unos pocos o en los territorios más pequeños y acosados por todos los imperialismos que han existido. Pero de esos pocos, de esos pequeños, precisamente, es donde nacen los ejemplos más grandes de libertad total que siguen siendo aspiración incluso de aquellos que dicen poseerla y peor aún, de compartirla como tesoro único que les pertenece.

El ejemplo de los melios puede ayudarnos a comprender mejor las contradicciones de uno de los conceptos más manipulados por la demagogia del poder y que nos hace, paradójicamente, inmovilizarnos en la complacencia de su supuesto disfrute. Pequeña isla-estado de la antigua Grecia, Melos enfrentó a Atenas (416 a.C.) -la misma que nos legó el concepto de Democracia- en un intento de mantenerse neutral en la guerra que ésta enfrentaba contra Esparta. ¿En qué ofendía Melos a Atenas al punto de llamar a sus habitantes isleños insumisos? Aunque nos parezca asombroso, lo que tanto ofendía a los atenienses era la amistad de los melios, una amistad propuesta como neutralidad. Su gran sentido de libertad los hacía elegir no estar a favor de una ciudad en la cúspide de un poder expansionista y avasallador. ¿Y no aceptarías que, permaneciendo neutrales, fuéramos amigos vuestros en vez de enemigos, pero no aliados de ninguno de los dos bandos? -preguntan los representantes melios a los embajadores atenienses que les llevan el ultimatun de declarase a favor de Atenas o de lo contrario ser arrasados. No, porque nuestra enemistad no nos perjudica tanto como vuestra amistad, que es para nuestros vasallos un signo manifiesto de nuestra debilidad, mientras que vuestro odio lo es de nuestro poder -les responden con absoluta alevosía los atenienses.


Me resulta casi inevitable recordar este hecho histórico descrito por Tucídides en La Guerra del Peloponeso mientras miro el estreno del documental 1950, La Insurrección Nacionalista del director José Manuel Dávila, sobre los hechos trágicos acaecidos durante el más reciente levantamiento independentista en Puerto Rico y, a la vez, establecer una conexión con la tragedia política actual en Honduras. Narrado a nivel testimonial, 1950 nos cuenta a través de los supervivientes del alzamiento, aún vivos, las motivaciones esenciales de los mujeres y hombres que se reunieron en torno a la figura y pensamiento de Albizu Campos, máximo representante del independentismo puertorriqueño, aún preso en esos días cruciales en que Luis Muñoz Marín se aprestaba a declarar el Estado Libre Asociado (Ley 600). En un relato conmovedor, van apareciendo los protagonistas de esta memoria viva: Carlos Padilla, José Miguel Alicea, Heriberto Marín, Emidio Marín Pagán, Ricardo Díaz Díaz y su impresionante madre, doña Leonides Díaz quien en una acción digna de un monumento reta a los soldados que llegan a su casa, en busca de su hijo, cuando ya han sofocado el alzamiento. Búsquenlo en las calles, en la revolución, porque bajo la cama aquí no están -les espeta, plantándoles cara, pero sin poder evitar su propio arresto. En ese mismo momento, su hijo Ricardo se encuentra junto a otros alzados a medio camino de Arecibo, proveniente de Utuado. Parados junto a un remanso de agua, saben que la causa está perdida y aún así se encomiendan a un juramento por la libertad de la isla.

II

Vuestra mayor fuerza consiste en esperanzas que se demoran, y la que ahora tenéis es pequeña para salir con bien frente a las tropas que ya están alineadas contra vosotros. De esta manera redujeron el concepto de Libertad los atenienses ante los melios. Esperanzas. Ante lo que los Melios responden: Y a nosotros el ceder inmediatamente no nos reserva ninguna esperanza, mientras que entregándonos a la acción hay esperanza todavía de mantenernos en pie. Veo las iridiscencias del agua sobre el rostro de los cadetes alzados en Utuado. Tengo cerrados los ojos, así como la sala es el inmenso ojo cerrado de Puerto Rico. De Honduras. Veo a doña Leonidez subiendo al techo para agitar la bandera y gritar su ¡viva Puerto Rico libre! La misma bandera que luego utilizarán en el juicio como prueba de insurrección; la misma bandera que los jueces luego izarán, vaciada de contenido, junto a la bandera colonial. Queríamos ver la bandera nuestra sola -escucho esa frase de uno de los testimonios aún en mi silencio más profundo, y la frase es una estrella o cinco, encendiéndose tenuemente como velas en un altar aún indefinible.

III

En mucho erramos si creemos que la Libertad ha desaparecido del panorama actual de Puerto Rico. La Libertad es un reducto que suelen defender pocos, una Resistencia similar a las esenciales baterías que energizan el motor de la historia. Los poderes coloniales saben muy bien que mientras exista el deseo de liberación sus argumentos en contra serán expuestos una y otra vez en toda su descarnada criminalidad. Los libres siempre obligan a los carceleros a mostrar su brutalidad. Y esta es una de las tesis principales que sostuvieron los alzados de 1950, obligar a ver hacia Puerto Rico a las recién creadas Naciones Unidas, la misma organización que estaba acompañando la independencia de India, Israel, Pakistán, Libia, Túnez, Marruecos y que, por igual, ya advertía el dominó que estas proclamas harían caer en la década del 60 en Malí, Zimbabwe, Senegal, Burkina Faso, Argelia, Costa de Marfil, Sudáfrica y, aunque haya sucedido en 1959, la revolución cubana. Pero esas mismas Naciones Unidas no eran más que aquellas potencias que enfrentaban su propia disolución o su urgencia de consolidarse: los británicos veían cómo su inmenso dominó de ultramar se desmoronaba, los rusos comprendían que los Estados Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y Ucrania habían acogido como liberación de la URSS a los nazis, los franceses perdían Iraq y Siria y estaba a punto de despedirse de Argelia, mientras los chinos, emergían partidos en dos con la creación de Taiwán. Solo Estados Unidos, expandida a causa de la geopolítica de la Segunda Guerra Mundial, veía los nuevos territorios como una frontera más para contener a sus próximos enemigos: la URSS y la China Popular. Así, las Naciones Unidas no mirarían hacia Puerto Rico, pero aquellos cadetes que se juramentaban viendo hacia el agua del río, estaban convencidos también, que la Libertad, como todo río, tiene su mar. Y en eso no estaban dispuestos a perder el hilo, aún y cuando el imperialismo norteamericano les dijera, al igual que los atenienses a los melios: de suerte que no es de esperar que vengan a una isla (en su ayuda) siendo nosotros dueños del mar.


En 1954, luego del ataque nacionalista puertorriqueño en Washington, arrestan de nuevo a Albizu Campos, creyéndolo instigador de los atacantes. Luego sería declarado loco por los medios de prensa y funcionarios coloniales al denunciar que estaba siendo envenenado en su celda con rayos atómicos. La prensa hizo coro de la burla ocultando que lo que Albizu Campos denunciaba era envenenamiento por radiación. De igual forma, se burlaron de los alzados tergiversando el concepto Libertad por locura terrorista. La mayoría de los protagonistas de aquella insurrección fueron hechos prisioneros bajo penas eternas que ningún imperio podría vigilar, aunque en un espacio corto de tiempo fueran liberados luego de terribles condiciones penitenciarias. ¿Liberados a qué Libertad? Plantea el director José Manuel Dávila, a lo que el tenaz sobreviviente Ricardo Díaz Díaz, de 93 años, responde: “Si existe la reencarnación yo quiero reencarnarme en un movimiento revolucionario del futuro’’, así que en gran parte la pregunta está respondida. Los transformados en hombres y mujeres libres siempre van en busca de la gran nación de la Libertad, esa que se lleva inmaterial pero que el mismo cuerpo define en sus fronteras de piel.

Imagínese -dice casi al final don Ricardo, con asombro socarrón-, yo fui a la revolución con cuatro balas en mi revólver (quizá, pienso yo, las balas eran Libertad, Independencia, Deber, Felicidad) …pero ahora tengo más conciencia de la Libertad que cuando tenía 25 años.

Al abrir los ojos dentro de la sala de cine hubo lágrimas y aplausos. Lágrimas como aquel río del juramento, y aplausos merecidos para el director José Manuel Dávila, un cineasta insumiso de Melos.

Fabricio Estrada
9 de abril, 2018

sábado, 31 de marzo de 2018

El Drácula que estuvo en mi colección

Tuve el póster de Drácula (el film de Coppola) durante años en el cuarto de mi adolescencia. En esos años coleccionaba póster de películas junto a Roberto Irías, con quien también coleccionábamos latas de cerveza de todo el mundo. Llegué a tener una buena y selecta colección en casa. Seleccionaba cuatro y los ponía en las paredes de mi cuarto. Ahí estaba Unforgiven (Eastwood), Faraway, So close (Wenders), Empire of the sun (Spielberg), 2001, a Space odissey (Kubrick), Modern times (Chaplin), The last emperor (Bertolucci) y otros más. Soñaba con tener una casa más grande para enmarcarlos y colgarlos de las paredes, pero era Drácula el que más cuidaba y el que más se mantuvo no solo en la pared sino que también en mis oídos: conseguí la banda sonora de la película y pasaba horas escuchando los tenebrosos coros en un afán de seguir viendo la película a través de las cadencias.


He encontrado este línk sobre cómo fue el diseño del vestuario de Drácula (1992) encargado a Eiko Ishioka y me ha devuelto aquel asombro por esta pieza maestra. Es digna de recordar:

http://igbureta.wixsite.com/didactica2/blank-uxcb5


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Katia Lara, documentalista hondureña: “La cacería que hubo en el toque de queda fue más grave que en el golpe de Estado” - Entrevista



Miles de personas están saliendo a las calles con la consigna “Fuera JOH”. ¿Cuáles son las principales políticas de Hernández que más rechazo han causado en la población estos años?
La impopularidad de JOH viene del fraude con el que llegó al poder. También tiene que ver con su plan de militarizar el país y medidas como el Tasón de Seguridad, un impuesto obligatorio y secreto, por lo que como ciudadanos no podemos saber para qué se gasta ese impuesto. Ha concesionado el 30% del territorio, una grosería. Son centenares de concesiones para la industria extractiva e hidroeléctricas, y el colmo son las ciudades modelo o ZEDE. La figura del Estado dentro de otro Estado, creada por un empresario norteamericano y aprobada en el país. Otra medida es la privatización, en muchos casos, por empresarios colombianos. Se privatizó todo, el puerto, la energía eléctrica, los servicios de salud. El año pasado aprobaron la ley de protección social, un marco regulador para privatizar el sistema de salud. El aumento de impuestos para las pequeñas empresas en vez de las grandes. La ley de trabajo por hora. Han tirado a la basura todos los derechos laborales, sacan las obligaciones de las empresas y del Estado con los trabajadores, es una explotación tremenda. Esto ha tenido un gran rechazo, sobre todo de la clase media, que entiende qué hay detrás de estos programas asistencialistas. La elección a dedo de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de diputados para tener gente que les arme los paquetes para sus negocios. También hay que incluir los asesinatos emblemáticos de las compañeras Margarita Murillo y Berta Cáceres. Por último, este fraude. Entró con fraude y propone su reelección inconstitucional. En eso estamos, viviendo las consecuencias de tener en el poder a un hombre al que se le salió de las manos cualquier posibilidad de que esto se reestablezca en el corto plazo. Esto va para largo y la responsabilidad es de Juan Orlando Hernández y del Tribunal Supremo Electoral.
Siga aquí:

viernes, 27 de octubre de 2017

Blade Runner 2049, cuando lo real no conoce más que las distancias



El gigantesco deseo, la inaprensible y vasta ciudad entrelazada y erigiendo un paisaje anterior a los ojos *-lo que vendría a significar que otros ojos ya erigieron esa gigantesca humillación que fascina-, el intento de atravesarnos cuando el cuerpo ya solo es depositario de una idea ¿humanidad? ¿espacio? El miedo –“Todavía no alcanza a ver el mundo y ya tiene miedo de perderlo”, dice Niander Wallace Jared Leto en su soliloquio ante la nueva replicante, para él defectuosa-, el vacío que toda apabullante imagen revela tras de sí cuando se impone absoluta, todo estas sensaciones y significados llegaron a mi butaca en la que me sentí amarrado y con pinzas que me forzaban los párpados, sí, exactamente como Alex DeLarge (Malcon McDowell) en La naranja mecánica.

Verlo todo y no poder verlo. Blade Runner 2049 estaba ahí como Las Meninas de Velásquez y no se alcanzaba de una sola mirada. Probé a orientarme por la banda sonora y funcionó, me dio calma, me devolvió la urgente desacralización una vez que recordé las mil veces que escuché la música original que Vangelis compuso para la del 82 y que Hans Zimmer nos aproxima con el agregado de sonidos atmosféricos muy propios pero que mantienen subordinación a los temas originales. ¿Es posible ver la película sin Vangelis? Creo que no y Hans Zimmer lo aceptó creando a la vez un diálogo armonioso y perversamente oscuro. Entonces pude serenarme. Estaba en terreno más o menos familiar. Muy pronto me di cuenta de que estaba subestimando “la secuela”. Muy pronto me apabulló con su propia personalidad, una épica visual en la que Denis Villeneuve tenía mucho que ver y que ya nos había adelantado en La llegada (Arrival, 2016). Su experiencia en darle espacio al espacio de sus anteriores películas calzó perfecta para combinarse con la portentosa e hipnótica fotografía y el diseño artístico puesto en juego, algo que pone muy en alto las facilidades de la industria húngara del cine, contratada en la mayor parte de las escenas. Claro, el colmillo de Ridley Scott como productor ejecutivo volvió a morder profundo.

Porque insisto, está regresando el tiempo de los grandes directores convencidos en darle una lección maestra a lo puramente digital. “No solo de renders vive el hombre”, parecen decir, y despliegan todo su equipo de vida y devuelven la famosa trampa que Roland Barthes sugería para el cine: “Lo real, por su parte, no conoce más que las distancias, lo simbólico no conoce más que sus máscaras; tan solo la imagen está próxima, sólo la imagen es real”. De esa sala no se sale. No se sale ni al baño, ni a comprar más pop corn, ni a contestar el celular, ni una vez que las dos horas y media terminaron, no, no se sale de la imagen impuesta como un tótem ubicuo que ha estado flotando siempre y que buscamos una y otra vez en nuestros servidores de internet, ya sea en forma de selfie, publicidad érotica, fetiche porno, deseo que termina cuando se olvida el password, cuando el disco duro se arruina, cuando ya no es trending la super modelo, cuando Joy -el deseo de deseos- es aplastada por el tacón de otra Joy que se niega a aceptar que fue superada (algo muy cercano al desenlace en The Neon Demon de Nicolas Winding Refn) y que una nueva época ha comenzado en el mundo de la carne. Los grandes directores están volviendo poco a poco y lo mínimo que esperan es que en los próximos Comicon el disfraz sea sacado de la normalidad que va vistiendo nuestros días, con trajes de piel muy parecidos a la nuestra.

Las intencionales interpretaciones Ghost in the Shell han surtido efecto como homenaje al anime dentro del filme, el cambio de nieve en lugar de lluvia cuando K, el replicante, es una deferencia y respeto al final anterior, así como respeto entre dioses ha sido no intentar darle una frase memorable de cierre a lo que ya es insuperable: “todo esto se perderá como lágrimas en la lluvia”.

El canto de Raquel ha vuelto a escucharse. Canto y portento. Canto de todos nosotros, melancólicos androides vintages. 

La distancia entre el buen cine y el plástico se ha marcado.

F.E.




*Verso de la poeta peruana Denisse Vega.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

It



De algo se debe escribir con seriedad cuando se aborda el cine: del cine B. Es el que forma carácter colectivo y el que simboliza la auténtica realidad. Después de haber ido a ver It en su versión millenial pude advertir algo de Stephen King (a quien leí profusamente en mi adolescencia): lo que llena de espanto sus novelas es la simple transcripción de los demonios colectivos en la psiquis estadounidense.

Uno de ellos es el bulling. No hay películas de cine B donde no se muestren ámbitos escolares llenos de esa plaga. El otro es el abuso sexual intra-familiar, algo que Stephen King ahonda con frío escalpelo en muchas de sus novelas donde ese lastre anímico es el que conduce al psicópata o ente. Pero sobretodo, lo que gravita siempre en esta categoría, es la definitiva soledad de la sociedad estadounidense. Los planos siempre muestran suburbios disecados y relaciones de hastío donde todo se hace añicos por la llegada del "nuevo chico en el pueblo". Casi un temor reverencial al que viene de afuera, y afuera, dentro de estos parámetros, no es otro país, a veces puede ser simplemente otro condado.

Una ciudadanía disgredada de tal forma, hace normal que sea el ejército  el único punto de encuentro donde los y las jóvenes se conozcan o reconozcan como estadounidenses una vez que la pompa de jabón donde creció el bulling explote y los haga marcharse de la familia típica disfuncional, un entorno que se revela en las películas sin un ápice de veneración o uso del conocimiento o información (las salas o habitaciones en estas películas son llanas, sin libro alguno, por ejemplo, o que una pintura de Modigliani sea causa de terror al adquirir vida) más allá del mundo reflejo organizado por los valores de marcas o religiones.

Por eso It es un payaso. El símbolo del payaso en los tatuajes que los pandilleros se hacen en meso-américa, por ejemplo, representa al "dos caras", al infiltrado, al traidor, al que se presentó sonriente para el ingenuo (el niño) y que hizo daño al grupo. Tatuarse un payaso es haber eliminado a un payaso, a Eso informe, inmoral (hablo de la moral reconocida por las pandillas) que es siniestro y que te puede devorar, como vendría a significar, en la película, el abuso sexual a menores o el bulling.

It es realmente el alma siniestra que mueve la parafernalia del espectáculo estadounidense. Eso que vuelve tan aprensiva cada mordida a una hamburguesa de la cajita feliz, por dar otro ejemplo, o que hace que no sea tan divertida la enseñanza macro-económica en Monopoly, ergo.





jueves, 3 de agosto de 2017

Dunkerke, o el quién salvará al viejo mundo



Termina Dunkerke, de Christopher Nolan, con una memorable frase ideológica sacada del texto que Winston Churchill hiciera sobre la gran evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica (1940) : no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, [...] nuestro imperio de ultramar [...] continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo”. Y sumado a ella, la shekeaspiriana despedida del coronel en el muelle (interpretado por Kenneth Branagh) diciendo: “Yo me quedo en espera de los franceses…”.

Pero resulta que, en la realidad histórica, 40 mil soldados franceses estaban muriendo en ese instante por salvaguardar la retirada inglesa de la aniquilación que la Das Reich Divisionen traía y que, además, el nuevo mundo (Estados Unidos) esperaría y esperaría hasta montar bien su participación en la guerra con un Pearl Harbor sumamente calculado. El imperio en ultramar que Churchill convocaba caería apenas terminada la guerra y su amigo del nuevo mundo le arrebataría la voz cantante hasta estos años en que la industria de Hollywood ve necesario elevar la presencia de la historia inglesa ya sea en la distribución o en la producción, como es el caso de esta versión de Dunkerke. Ya Narnia, Harry Potter, Piratas del Caribe, Big Foot Giant, Caballo de Guerra, Al filo del mañana y las muchas de Marvel y DC han puesto en el escenario de sus batallas o aventuras a la tía, madre o abuela Gran Bretaña apoyando en mutuo dolor a la jovencita e inmadura América.

Ya la crítica francesa le cayó encima a esta versión de Nolan así que no abundaré en las coincidencias reflexivas que se me vinieron a la cabeza mientras la miraba, pero sí resaltaré que la apología al Brexit es lo más relevante de este nuevo borrador de memoria histórica contextual. Esperar a que Francia llegue al muelle y se zafe de la Unión Europea parece ser todo el esfuerzo de la producción, a pesar de que en la misma película los franceses que aparecen se muestran como cobardes que huyen a la misma manera de los ingleses, o lo que es peor, mintiendo casi como espías.
Hacer una película épica de una derrota contundente es la magia del cine, sí, sobre todo, cuando de los hechos que llevaron a la evacuación de 400 mil soldados no hay mucho que explicar más que el papel pundonoroso que jugó la última reserva de vergüenza civil a mano, con todo y sus barcos pesqueros. Pero es sabido que cada nación que se ve amenazada a fondo convoca hasta a las escobas para que se conviertan en espadas. 

La pregunta es: ¿de quién se está defendiendo esta vez Gran Bretaña y Estados Unidos? ¿Vuelve a ser una isla Estados Unidos cuando el síndrome de Robinson Crusoe solo está en la cabeza de Trump y de sus votantes? Solo para devolverle un poco de honestidad a la historia, diría que me encantaría ver la enorme capacidad cinematográfica de Nolan recreando la Batalla de Stalingrado o La Gran Marcha de Mao. En ambos casos la épica sería íntegra ya que esas fueron las auténticas defensas y acciones que le dieron un vuelco al hasta ese momento victorioso fascismo occidental y oriental.

Me quedo entonces con la fotografía y mis nervios afectados por la música inquietante, algo sumamente logrado para ensamblarse con el silbido hórrido de los Stukas. Lo demás, es haber estirado el chicle de la derrota hasta sus máximas consecuencias. Pero claro, ideológicamente muy bien logrado. Todo un Bréxito.

F.E.


domingo, 21 de mayo de 2017

El círculo iniciado con un e-mail


Resulta paradójico que Tom Hanks aparezca -sí, sólo aparece, no actúa, como ya nos tiene acostumbrados en sus últimas películas- en esta película distópica sobre las redes sociales. Paradójico porque en él sí que es un círculo cerrado abordar un tema sobre los usos tecnológicos de las redes. Al parecer Un holograma para el rey no le fue suficiente ¡y vaya que fue mala! para dar fin a aquello que comenzó con la noventera You've got mail (https://www.youtube.com/watch?v=6vngB182CBQ), una comedia romántica que utilizaba el novedoso -y en ese momento incipiente cultura comunicacional de masas- correo electrónico como hilo para construir el romance. Y claro, aún no existían los wikileaks que le quitaran inocencia y diversión aquellos mensajes aún prístinos. 

Tom necesitaba ir por otra, pero ya en un plan de desencanto y de temor ante las oscuras posibilidades y realidades de la red social, lo que nos pone en un perfecto ejemplo de cómo stockearle el perfil a un famoso desde sus inicios. Y es que Tom nos puede servir para darnos cuenta del poco tiempo que pasó para que aquello que nos trajo el e-mail en facilidades y dinamización de las pláticas, trasiego de archivos, etc., se convirtiera ahora en lo que es: un monstruo lascivo con más de dos mil millones de ojos escrutadores e insaciables, un arma para chantajear, desprestigiar o elevar a figura pública a miles de estrellas anónimas, virtud pública fulgurante y frágil, tan frágil que el más leve bloqueo desmorona.

Al salir del cine casi he creído que se me estaban dando un mandato urgente de cerrar de inmediato mi perfil en Facebook. La angustia posmoderna llegó a mí. Me decía: ¿qué más mostrarás más allá de la poesía a tientas y precarias fotografías? ¿La foto de cuatro años con los espaguetti embarrando mi cara o la foto semidesnudo donde mido la disminución de mi barriga cervecera?¿Cuánto más de tiempo estás dispuesto a ofrecerle a tu facebook? El caso es que la película te pone en una posición de ver lo que ya pasa como si esto fuera ciencia ficción y no los suicidios que ya se vienen transmitiendo en vivo junto a gente que en la agonía de un accidente o intervención quirúrgica prefiere mandar en Live cam sus últimas palabras... y saludos a todos los que me siguen. 

Casi uno llega a creer en que no está pasando nada de esto y entonces revisás las noticias y te encontrás con las imágenes del ruso linchado en Cancún (https://actualidad.rt.com/actualidad/239032-linchamiento-mexicano-lordnazi-ruso-sacudir-pais) luego de un viral que activó el ultra nacionalismo y el pundonor, que ya a estas alturas en México tiene la furia de una incursión de carteles. Entonces sí que funciona pedir por las redes que se ubique a alguien (el Search souls de la película), algo parecido a un pokemon de carne y hueso al que hay que aniquilar; y no es una distopía, y no es una visionaria inspiración para un guión donde un pobre muchacho que no tiene perfil es acosado por una turba de followers que lo ubican y acosan de tal forma que termina, en su intento de huida, cayendo con su carro desde un puente.

Así como ese muchacho aparece este ruso de Cancún, con todo que no es para nada tímido ni leñador sino que enfermo de esquizofrenia y del racismo viral  y explosivo que cunde en Europa siempre. Mal ubicado su racismo en un enjambre de avispas del todo conectadas -pienso-, mal día -uno más-, para las redes sociales, confirmo, y no sé si ya estoy formando parte de un guión para una próxima de Tom o es que yo mismo lo estoy escribiendo.

F.E.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Conquista de América, diez películas para ver

Sigo esperando, más allá de Apocalypto y su insinuación de un abordaje técnico con todas las de la ley, espero que un gran director profundice lo que Iñárritu esbozó en El Renacido o lo que vimos en La Misión y La otra Conquista. Hablo de lo alcanzado en tecnología cinematográfica, en narrativas nuevas, en banda sonora.

Aquí una muestra de diez películas imprescindibles para entender el hilo de lo que se ha hecho hasta ahora. Destaco También la lluvia (guión sorprendente), una que otra escena de 1492, la conquista del paraíso (con su monumental banda sonora hecha por Vangelis), La otra conquista, La Misión (bellísima, bellísima con Ennio Morricone en la música) y El nuevo mundo de Terrence Malick, donde prima esa visión tan suya sobre la desorientación o traslape del ser, puro existencialismo.







miércoles, 31 de agosto de 2016

Imax 4D: mi experiencia

Cometí un grave error y a la vez no lo cometí. Vi Squad suicide en Imax 4D. ¿Qué es Imax 4D? El otro escalón del Imax 3D*, of course. ¿Ya había asistido a una sala Imax 3D? Pues no, así que fui a ver una película de un género que no es para nada mi favorito bajo una experiencia absolutamente fuera del cine.



Y no digo "fuera del cine" porque haya sido algo espectacularmente imprevisto, al contrario, en realidad el Imax 4D está lejos de lo que es cine. Las imágenes sí estaban nítidas, el sonido sí era abrumador pero, carajo, que la butaca suba y baje, tiemble y te esparza agua en la cara, que salga humo de las paredes cuando revienten las bombas... eso, señoras y señores, es cosa de un parque de diversiones y no del cine. No hubo un momento en que el sistema de efectos quisiera derrochar sus posibilidades: caía un pelo de un personaje y se pretendía que uno sintiera la vibración de ese pelo rozando el aire; se reía Harley Queen y el respaldar te daba un masaje erótico. Hubo un momento en que era tanto el terremoto que simplemente no estaba siguiendo la narrativa visual sino que tratando de controlar mi vómito y sujetando las gafas 3D.

¿Es esto cine? Creo, siguiendo la idea del crítico cinematográfico Albert Laffay, que es la caricatura del cine."¿Acaso una exigencia de armonía muy parecida no hace que las figuras grotescas de un dibujo animado hablen con una voz que sea también caricatura?"Y es que una vez que se está sentado en esas butacas no se puede ser más que una marioneta del guión técnico de la sala, no del cineasta. La sala deja de ser aquel marco que contiene la resolución de la imagen y se convierte en una zona industrial donde falta poco para que te corten las piernas o te ahoguen junto a lo evocado. Y así lo explica Laffay, en su libro Lógica del cine, creación y espectáculo:

"En resumen, la mejor fórmula de cine es la de los de sesión continua, en los que la sala apenas se ilumina, precisamente por razones prácticas de salida y entrada. No hay entreacto. Aquí no tienen sentido**. Tampoco verdadero principio del espectáculo. O mejor dicho, no hay espectáculo propiamente dicho, si convenimos en llamar de este modo el método que poseen algunas artes de hacer participar a los hombres en común en emociones reguladas según una especie de rito convenido de antemano.

En el cine, por lo tanto, no participo. Se me muestran cosas. Se reclama de mí cierta docilidad. Por mi parte (pero sé que no ocurre así con todos), soporto, sin gustarme, lo mediocre en el cine, mientras que en modo alguno puedo sufrirlo en el teatro. Es porque en la comedia tengo conciencia de ser alterado, y es preciso, por tanto, que esto suceda por algo. Cuando los actores se agitan en vano a causa de la pobreza del texto o bien porque lo hacen mal, experimento una especie de vergüenza, a la vez por ellos y por mí, como la humanidad se siente, por así decirlo, enteramente deshonrada annte las muescas de un bufón que no consigue hacer reír.

En la sala de un cine no me siento del todo partícipe, al contrario. Me hago un alma fácil ante una acción que no me concierne. La misma fuga del film en lo que tiene de caprichoso y discontinuo contribuye a tranquilizarme y a hacerme muy extraño con respecto a lo que se desarrolla en la pantalla... Los objetos tienen un lugar en el cine. Los personajes también están rigurosamente situados... se me hace ver un mundo real si se quiere, pero yo no estoy en él... y he aquí que se añade a él una especie de ubicuidad fantástica, como un poder de estar en todas partes, que me tranquiliza aunque yo no esté en parte alguna y hace retroceder el espectáculo evocado, rodeándolo de una especie de nada de situación."




No soy autista académico, debo dejarlo claro. He disfrutado películas en 3D en escenas que se desplegaron a la enésima potencia gracias a él. Reconozco las rutas del entretenimiento masivo pero por igual advierto el empaquetado de las sensaciones hacia el arte, porque si algo sigue siendo el cine es eso, precisamente arte, y el arte tiene sus ritos, sus procesos, su poética. Cada quien está en capacidad de elegir qué cosa mirar. Yo decidí ver Jurassic park en 3D y no me arrepiento, así como incontables más, pero como muchxs, seguí retornando a cintas como El Pianista, El paciente inglés, Melancolía, El arca rusa, Metrópolis, por el simple hecho que hace que un ilustrador digital regrese a la sensación del carboncillo sobre la textura del papel. El ojo y el oído también tienen sus texturas y son, esos sentidos, los primeros en castrarse en esta tendencia del Imax 4D. Por eso es tan llamativo el esfuerzo de Alejandro González Iñárritu por filmar con solo luz natural y en formato casi cinemascope, es decir, hay quienes sienten que la ilusión se está yendo de las manos, la ilusión tan necesaria que sea invocada desde los sentidos más íntimos y que es salvaguarda de nuestra sensibilidad humana.

"En el cine la existencia es una existencia vista en un espejo. Si un día el cine logra normalmente el relieve y los colores verdaderos, como logró la sonoridad, esos progresos técnicos entrarán en duda, el primero al menos, en la línea de un arte que siempre apunta a lo real, pero exigirán seguramente ciertas precauciones para neutralizar un amenazador incremento de la ilusión." (A. L.)



http://www.imax.com/es/content/imax-difference
** Se refiere al teatro como antecedente del cine.

martes, 7 de junio de 2016

Chuck Norris vs el Comunismo, la insurrección doblada por Irina Nistor




Hay memorias banales. Sí. Por lo general el pasado está hecho de banalidades y no de hechos épicos. Lo épico que se quede por ahí, en los intentos de la Enciclopedia, que bien se leen y lo dejan a uno con una sensación de que estamos desperdiciando el tiempo, como Trajano ante el Mar Muerto, llorando polillas y páginas de historia ya amarillentas. Puse Netflix y comencé esa dura prueba de escarbar estratos para dar con una joyita. Están bien las comedias, las series (he visto ya unas respetables) pero lo que yo buscaba era la joyita imprevista, como cuando Oscar Borge me mandó el link de Ha vuelto, de David Wnendt. Caí entonces al título más random de las listas, y me decidí a verla porque tenía necesidad de ver algo banal y random, sí señor.

Chuck Norris Vs. Communism (Video killed the red star), lo leyó bien, Chuck Norris contra el Comunismo de Illinca Calugareanu. ¿Qué resultó? Pues he visto una fabulosa historia digna de una película… oh, lo siento, pero sucede que llegué a dudar de estar mirando una película, como en
Ha vuelto, o si en efecto se trataba de documental histórico o de una parodia o de un eco híbrido al grito que venía de los inicios de mi adolescencia. Resulta que veo, tras bambalinas, la historia de Rumanía en una de esas aristas que determinaron sutilmente la caída del tirano y odiado Ceaucescu (interpretación tomada directamente de los doblajes de Hollywood), aquel dictador que fue fusilado en Bucarest durante la revolución que puso fin al Estado comunista rumano en 1989. Ante las primeras muestras del derrumbe, el régimen de Ceaucescu se endurece y se vuelve más represivo que nunca. La Dirección de Censura vigila cada cinta que se exhibe y corta a discreción todo aquello que muestra a occidente como próspero. Aquí, la prosperidad en su significado de consumo bien pudo titular a la película Ceaucescu Vs. Consumism, pero dejémoslo así. Todo pareciera que el docu-film va a mostrarme cómo era de difícil conseguir ver películas occidentales en Rumanía, pero la magia comienza cuando el sentido central se muestra con todo aquello que el humor eslavo es capaz de dar: esta es la historia del cómo una especialista en doblaje llamada Irina Nistor es contratada por un misterioso contrabandista de películas en formato VHS, y del cómo su voz -ella doblaba todos los personajes, invariablemente- se convirtió en una forma de resistencia al volverse masivo el contrabando y la piratería de películas como McQuade-el lobo solitario, Rambo, American Ninja, El último tango en París, Footloose, Top Gun, Volver al futuro, etc.

La sórdida alegría de los primeros espectadores, la tensión por la inminente llegada de la policía secreta, los testimonios de quienes vieron a escondidas esas cintas, la decisión de Irina de continuar doblando en clandestinidad, todo eso me regala una tragicomedia deliciosa y sorprendente que me hace preguntarme ahora sobre la diferencia entre lo que yo vivía en la misma época y bajo otros cercos mediáticos dentro de la cortina colorida de las barras y las estrellas. Porque al contrario de lo que pasaba a lxs jóvenes en Rumanía dentro de la Cortina de Hierro, la avalancha de películas de acción y la subsiguiente piratería fue total, ideológicamente similar pero, en este lado de la vida en un satélite, con implicaciones enormes. Recuerdo una noticia en la sección de Sociales de un diario capitalino: la reciente promoción de agentes de policía recibió como premio de graduación una visita al cine Clámer para ver Cobra, la violentísima cinta en estreno de Stallone, en 1986.


Durante un par de años, existieron en Sabanagrande tres o cuatro casas de amistades o familiares que habían logrado conseguirse un reproductor Betamax. En la casa de los Silva-Rivera, Sergio y Lizeth me invitaban junto a varios más para que viéramos Los Goonies. La vimos unas treinta veces porque era la única que quedaba. Sergio, quien ahora es sacerdote católico, me esperaba en la esquina y me decía: ¿adiviná cuál veremos hoy? Los Goonies, por supuesto; pero todo eso cambió cuando los primos Chíe y Coco Rivera idearon alquilar películas en Láser Vision (de las únicas dos casas de alquiler de videos en todo Tegucigalpa) y exhibirlas en el nuevo formato VHS que habían traído de Estados Unidos. Exhibirlas, pero cobrando, claro, a cincuenta centavos de lempira los niños y a un lempira los adultos. Creo que así sucedió en muchísimas partes de Honduras durante aquel año de 1987. Al ver Chuck Norris Vs. El Comunismo me vi de nuevo en aquella casona del barrio El Tule, alelado ante Conan el bárbaro, Perdidos en Acción, Delta Force, Rocky… pero sin miedo alguno a que irrumpieran policías censores, al contrario, resguardados por ellos mismos que eran el público especializado en toda película de balas y bombazos, corrigiendo a los legos en armas con un tipo de comentario que iba en este tono: no, no seás sonso, esa es una M-60, yo la disparé en el curso que nos vinieron a dar los Boinas verdes al Primer Batallón… mirá que pinta la Makarov de ese ruso, yo me quiero conseguir una en la frontera con Nicaragua, dicen que los Contras casi las regalan por cincuenta pesos… Yo apenas les prestaba atención, no quería interpretar o traducir la realidad en ese tiempo. Al igual que Irina Nistor al final del docu, cuando se le pregunta el por qué decidió seguir doblando a pesar de todo el riego que corría, confieso: yo solo quería ver películas.


No queda más que recomendarles este docu-film, para entendernos un poco más, quizá, como termina siendo nuestra misma historia una vez que finaliza Sugar man de Malik Bendjelloul, Malena de Tornatore, El Divino Ned de Kirk Jones o El lado oscuro del corazón de Subiela. El cine es esto esencialmente, aquello que te dice cualquiera cuando quiere contarte todo lo que ha pasado en la vida: mirando hacia el horizonte y con un dejo de alarde triste o vanidoso te dice “ay, si yo le contara… con mi vida bien pueden hacer una película”.
F.E.

viernes, 6 de mayo de 2016

Ha vuelto, de Timur Vermes y David Wnendt



Timur Vermes ha escrito una novela de impacto boomerang y David Wnendt nos ha regalado un cuarto de espejos. La he visto, justo ayer que se cumplían 71 años de la entrada de las tropas soviéticas a la Berlín aniquilada. ¿De qué otra forma debía empezar una historia que pretende volatizar lo políticamente correcto respecto al fascismo? El cuerpo de Hitler se volatizó en algún punto de los archivos soviéticos, una singularidad espacio-tiempo hace que de pronto Adolf aparezca en el mismo lugar donde sus guardias SS intentaron cremarlo. Sin orificio de entrada y salida, el suicida que llevó al suicidio a todo el pueblo alemán está ahí, despertando cada día y anocheciendo cómodamente, sintonizando canales donde la doctrina de la tele basura suple los códigos y consignas.
Un periodista freelance desempleado y con pocas historias descubre al fuhrer recién resucitado (que el periodismo pretenda descubrir todo es todo un signo, que la historia se reescriba como show es otro), y sin pensarlo lo adopta, lo convence de que debe salir en televisión. Ninguna oferta puede ser mejor para un político nacido de la aplanadora mediática de Goebbels, así que acepta de inmediato, porque él lo que quiere es "llegar de nuevo al Reichvolk", a su pueblo, un pueblo del que está sorprendido que no haya muerto con él.

Todos están con la boca abierta de ese nuevo show que se ha inventado un canal en decadencia, hasta que comienzan a sospechar que el reality verdadero los tiene a ellos como actores principales. Reality inverso es lo que se ve en toda la película que si bien necesita de alguna que otra puntual información sobre diálogos históricamente comprobados en el bunker final no se excede ni deviene en película para especialistas, por una sencilla razón: existe un Donald Trump en cada político globalizado, y la globalización ya volvió común el aspecto fascista que pretendió borrarse en la Alemania de 1945. Todos lo vemos a diario, millones lo anhelan a diario y, cosa paradójica, los neo nazis son los que terminan rechazando al revivido fuhrer. Este punto es importante diseccionarlo: el fascismo existe en el neo nazismo y en otras expresiones político-culturales, pero se cuida de no caer en ortodoxias. ¿Banderas exultantes satrurando el super bowl y los estacionamientos de malls?: muy bien. ¿La clásica bandera ondeando al final de toda película de súper héroes?: muy bien... ¡pero nada de ortodoxias, por favor! Bravos pero cools, implacables pero naifs, xenófobos pero united color of Benneton...

La actuación de Oliver Masuci camina entre lo hilarante e inquietante -sobre todo en los silencios- y para mí ya queda en reserva para el juego del quién ha hecho el mejor papel de Hitler. En sus diálogos alcanza, sin duda alguna, aquello que, en Ruido de Fondo, Don Delillo caracterizó así: (Hitler) "... se dirigía a la gente en interminables monólogos repletos de asociaciones libres, como si el lenguaje procediera de una inmensidad situada fuera de los límites del mundo y él fuera simplemente el médium encargado de su revelación...", pero sobretodo, alcanza a re-interpretar desde su condición de alemán de  siglo XXI, el por qué aún puede transmitir empatía y carisma una figura de tal corte, un supuesto error de sistema borrado que poco a poco va descendiendo de su modelo tragicómico hasta asentarse con holgura a la seriedad de planteamientos ya naturales en la sociedad neo fascista en boga.

"La gente no se enoja con Hitler tanto tiempo", argumenta la directora ejecutiva del canal que ha puesto a circular de nuevo al fuhrer, y tiene toda la razón. Hitler puede ser un fantasma hediondo en la  conciencia europea pero es solo eso, se puede guardar en el sótano aunque su fantasma vague cada día por todos los espacios de la casa hasta convertirse en parte de las vibras familiares.

Viene Trump, amigos y amigas. Y es mejor que miremos la película primero o despertemos de nuestra aparente locura y señalemos que el espanto volvió a casa.


F.E.



sábado, 30 de enero de 2016

The Revenant: con dolor mestizo.



Dos cosas hacen que sobreviva Hugh Glass en The Revenant. La primera es que es un hombre nacido en la frontera, uno de los cazadores de pieles que iban explorando el territorio indio que luego ocuparían las tropas colonizadoras. La segunda es su dolor mestizo.

La película se sitúa en la última década del siglo XVIII*, en medio del caos que impusieron las incursiones de los recién independizados americanos y la presión que ejercían las compañías francesas en su larga pugna por controlar los territorios que les restaban en el centro-norte del actual Estados Unidos. La nación pawnee estaba hecha girones y ya había dado muestras de apoyo directo a los americanos en su guerra de independencia contra los británicos –quienes los trataron con crueldad y son los que arrasan la aldea donde muere la esposa pawnee de Glass en la película-  y, los arikaras –la nación que sigue la pista de la princesa raptada por los franceses y que es el torbellino de venganza- no están dispuestos a tratar con nadie, al igual que lo hicieron los iroqueses, wyandotes, shawnees, delawares, miamis, ottawas, chupppewas, potawatomis, etc…

Glass era entonces, uno de aquellos cazadores de pieles que el historiador Ray Allen Billington** caracterizó de la siguiente forma: “por lo común eran hombres que preferían las soledades de las selva a la compañía de sus semejantes. En consecuencia, se amoldaron  al modo de ser de los nativos, adoptando su indumentaria, sus hábitos de vida, sus conocimientos sobre la selva y hasta apropiándose incluso muchas veces de sus mujeres". De esta visión descarnada sobre los intrépidos cazadores se fue formando aquello que terminó arrasando a las naciones indígenas: “anticipándose siempre a la civilización, los traficantes en pieles atravesaron el continente con tal rapidez, que dejaron pocas huellas perdurables sobre el territorio virgen”. 

La romántica visión de la película de Iñárritu –que bien pudo ser, no se puede excluir esta posible relación amorosa pura-, trata con benévolo esfuerzo, sostener esa línea donde se entrecruzan todas las desesperaciones y que, sin embargo, no termina de contar lo que Billington sí señala sin cortapisas: “(los traficantes en pieles) terminaron con la autosuficiencia del indio, acostumbrando a los pieles rojas a las armas de fuego, los cuchillos y el aguardiente, productos todos ellos de la “civilización” más avanzada del hombre blanco”. Quizá ya se ha dicho en otras películas de este género, es cierto, pero habría que ver una gran cantidad de ellas para que, entre tantos y fragmentados esfuerzos benévolos, lográramos por fin encontrar la película que diga toda la verdad acerca de la carnicería montada por la colonia.

Algo de ello se sugiere en The Revenant ( el osario de búfalos*** y la llegada de las tropas a la aldea pawnee que aparece en los sueños de Glass, que en ese momento era explorador de la corona inglesa), siendo el sorpresivo diálogo en francés del jefe arikara donde Iñárritu se las jugó con más claridad, aunque esto tuviera mucho riesgo en los patrocinios.

Nous sommes tous sauvage y Fitzgerlad kill my son (todos somos salvajes, Fitzgerald mató a mi hijo) son las únicas palabras escritas que aparecen en un film con mucha economía de diálogos pero con bastantes  lenguajes yuxtapuestos. El que sea así es algo que se agradece porque logra realzar la ancestral sabiduría oral –memoria que le da la fuerza de voluntad a Glass- que se deja escuchar en off de boca de la esposa pawnee muerta. Esas dos frases o sentencias, aparecen con fuerza demoledora sobre la impresionante fotografía de Lubezki, tanto como sucedió cuando el lenguaje textual se impuso a sangre y fuego sobre las cientos de naciones de una América eminentemente oral.

No creo que esta sea la mejor actuación de Di Caprio, pero sí la que más esfuerzo físico le exigió. Sin duda el fenómeno energético por las condiciones bajo las cuales se filmó, le dio organicidad a su actuación, tal como lo sugiere Grotowski, aunque lo que yo vea ahí es un condicionamiento externo y no lo que trata de argumentar el mismo Di Caprio en cuanto a que su actuación pasó por la mística que imponían los paisajes. Hay modas en Hollywood, época de actuaciones collections, y lo de los sobrevivientes está muy en boga desde que El Náufrago Tom Hanks relanzó este tópico actoral. 

Aun así, The Revenant ha logrado superar –como lenguaje fílmico- todo lo que este año anterior haya puesto sobre el tapete. Pero otra cosa, definitivamente, es lo que la historia pone sobre la moda.

F.E.


*El tipo de armas que la utilería expuso así lo confirma https://es.wikipedia.org/wiki/Mosquete

**La expansión hacia el oeste, historia de la frontera norteamericana, Libro I, tercera edición, Bibliográfica Omeba. Ray Allen Billington.

*** Antes de la llegada de los europeos a Norteamérica, la población de búfalos se estimaba entre 60-100 millones de ejemplares. Para 1890 quedaban sólo 750 ejemplares. Actualmente se estima que viven en estado salvaje 350,000 ejemplares. En cuanto al exterminio de nativos, se calcula que antes del año 1500, la población ascendía a 12 millones que para 1900 estaban reducidos a 237,000 personas confinadas en reservas. https://unmundodeluz.wordpress.com/2013/10/18/el-genocidio-de-los-nativos-americanos/


sábado, 26 de diciembre de 2015

Pleités o el inicio del sueño



Todos, todas se estaban mudando al sueño. La realidad ya no era suficiente, se había agotado el sueño anterior. Un sueño puede servir para varios meses, pero no más, había que llenarse de nuevo, el pueblo ya estaba agotado: la silla era silla y la risa simple risa. El sueño se había secado y cada cosa se contraía como el ojo de un pez muerto. Las calles eran más polvorientas y el cerro miraba a la distancia, hacia otro lado, ya no miraba el sencillo ir y venir de los días. Sí, se necesitaba más cosas para vivir y esas cosas ya no estaban en la realidad.

Era entonces que llegaba el Cine Pleités a Sabanagrande y el parlante anunciando la función de estreno sacaba a los niños y niñas de la duermevela y algo comenzaba a cambiar esa semana.
¡Una semana entera! ¡Una semana entera podrá ver al sensacional Santo luchando contra las momias de Guanajuato! ¡Venga a Cine Pleités y traiga su silla a las seis en punto de la tarde, hoy sábado!
Pleités -el apellido sonaba a alguien relacionado con el mundo de las estrellas-, era un señor risueño que cargaba su proyector de cine a través de los municipios del sur de Francisco Morazán. Lo venía haciendo desde principios de los sesentas pero mis amigos y yo, de unos ocho años, alcanzamos a verlo ya en su etapa final a mediados de los ochentas. Su llegada no había perdido la magia. Sólo contábamos con dos canales de televisión y no siempre había permiso para ver tele por más de una hora. Nos atragantábamos con las pocas películas o pichinguitos que alcanzábamos a ver y eso nos duraba por muchos meses: El Curro Giménez, El Tesoro del Saber, Sport Billy y las caricaturas de la Warner Bross. Pero era Pleités quien traía la mística, porque en algo ayudaba que la función comenzara a las seis de la tarde, justo cuando el sol se apagaba y así, el mundo entero, la realidad entera era una enorme sala de cine que apagaba sus luces y daba pasa al delicioso sonido del carrete que comenzaba a correr. Era como escuchar la primera lluvia, como agarrar un viejo peine y llevárselo al oído recorriendo sus dientes con una cuchara.

La sala de cine era un corredor de la vieja casona de la Licenciada. Ella se lo alquilaba a Pleités. Una casona del siglo 19, alta y desvencijada, con baldosas de barro y un solar antiguo que daba miedo. Olía a excrementos de gato pero ya en el corredor, apretujados, eso pasaba a ser complemento que ahora se vuelve indispensable en la memoria. Las profesoras Lila, Engracia, Luz, Adalúz, Cholina y Maruca –mi abuela- ya ocupaban su primera fila junto a Pacita, doña Matilde, mi tías Lauren y Olga, Trinita, Tanchito –mi tía cantora- y mi chicharachera tía Pocha Caballero. Pero la función alcanzaba su máxima solemnidad cuando Monseñor Evelio Domínguez llegaba con su sacristán de turno cargándole la sacra silla. Era un momento de silencio y extraño regocijo espiritual con aires muy familiares. Dejábamos de pellizcarnos y de alborotar y mirábamos cómo su eminencia, entre las sombras, ocupaba el mejor ángulo. Y así comenzaba el sueño, entre mordiscos a los crujientes pastelitos de perro de Betsabé, entre palomitas –pop corn- semi quemadas y el rasgado sonido de los anticuados parlantes. 

Yo no sabía aún de Cinema Paradiso pero juro que hasta el loco del pueblo estaba ahí, callado y con una sonrisa de arrobo porque había entrado, a último minuto, Rosita Galindo con la suprema belleza del pueblo en aquel entonces: Milagrito. Milagrito con sus vestidos primorosos y su belleza de los años cuarenta. Los niños imaginábamos que era Milagrito quien se enamoraba del poderoso Santo –que terminaría transmutándose en uno mismo en el posterior juego- y que era ella a quién debíamos ir a ver con sonrojo a la hora de ir por zapatos a la tienda donde ella ayudaba a doña Rosita, la aristócrata anciana que, al percatarse de nuestro alelamiento, nos daba un par de reprimendas secas y nos despachaba con los zapatos nuevos envueltos en papel periódico.

Por un par de horas, todos reíamos y quedábamos temblando cuando las momias salían de sus catacumbas, pero los gritos de alegría eran más cuando el Santo lograba apartar de su cara los murciélagos de plástico y propinaba el uppercut preciso en la mandíbula de un muerto viviente. Sabanagrande desaparecía y la carreta bruja podía esperar un rato más en la esquina del manguito o en Las Tres Cruces camino al cementerio. Ese era el momento en que nos aprendíamos todas las fintas y los diálogos para después llevarlos a la práctica envueltos en sábanas o con una máscara de papel cubriéndonos la cabeza. La función terminaba demasiado pronto. Los 20 centavos no daban para más. ¡Atención niños y niñas! ¡Mañana estaremos presentando Súper Ratón!, era el propio Pleités el que nos despedía en la puerta de la casona seguro que mañana volveríamos.

Todos regresábamos a casa cargando la realidad de una silla pero ya bien cargados de sueño. La breve mudanza de la aventura, la sigilosa mudanza de piel, el héroe, el malévolo científico trastornado, Milagrito mirando un instante  nuestros ojos en torbellino… regresábamos a casa y la casa ya no era simple, la oscuridad ya no era el patio con su árbol de ciruelas japonesas, el cerro había vuelto su rostro hacia nosotros y la infancia era de nuevo infancia. Yo ponía en mi oído un peine de plástico y rozaba sus dientes con una cuchara. Escuchaba el sonido del proyector. Entonces, dormía.


F.E.

lunes, 22 de junio de 2015

Mad Max: la furia sublime.



Hastiado de las secuelas y pre-secuelas me fui a ver la secuela de Mad Max. Llevaba en mi expresión cierto mohíno de aburrimiento; pedí el boleto y me dispuse a entrar a un lunes de cine normal. De Mad Max recordaba las mil repeticiones que dieron de las primeras exhibidas a finales de los setentas e inicios de los ochentas en las televisoras nacionales como estreno continuo. Ya eso era post-apocalíptico, sin duda, como todo taller automotriz en los que luego creía ver las partes de los autos modificados entre los guerreros venidos a menos. ¿Los guerreros dije? Sí, los guerreros en sus overoles llenos de grasa dispersos por todos los rincones de Comayagüela, los chavitos delgados que escuchaban y siguen escuchando Super 100 stereo con Wild Boys de Duran Duran a todo volumen. Es la imagen que llevaba al cine y, por supuesto, el recorte de periódico como poster en los que Tina Turner aparecía dentro de la cúpula del trueno.

Pero algo ocurrió de pronto al iniciar la película. Sí, yo mismo sentí el sabor de la lagartija que muerde Max, y de ahí en adelante masqué esa lagartija como si fuera un chicle al que se le saca su último gramo de azúcar, frenético mi mascar, nervioso, incontrolable porque toda la acción acumulada en la cinta se metió por todos mis poros como si estuviera asistiendo a un concierto en vivo de Ramstein o Marilyn Mason.

Insisto en las referencias musicales porque Mad Max es una especie de homenaje bizarro al rock duro y sus simbolismos de culto. El metal resuena en todas las imágenes porque las imágenes te van metiendo un ritmo que solo el hard metal puede hacerte ver o presentir. Montada desde esta perspectiva, Mad Max no tiene ningún tipo de contemplación, ni justificación, ni consideración, ni concesión,  ni piedad alguna. Aquí no cabe el efecto digital, no, Mad Max hace añicos los melodramas Marvel y sus acciones sin textura. Mad Max contrapone un anti-héroe que le da paso a la anti-heroína Theron a las pastillas alucinógenas para niños que hemos visto en Avengers y otros refritos digitales. No, Mad Max es fierro para que sirva de polo a tierra en tu casa del desierto, Mad Max raja las sedas wanabe y las fiestas V.I.P. horrendas donde Thor, Iron Man y Hulk se van a tomar una piña colada.

Su director, George Miller, viene y le dice a medio mundo cómo se hace una película de culto con las herramientas oxidadas que tengás a mano. Miller pone a andar un mundo en reversa desde una época más lejana que Star Wars, quizá la época previa a la huida de la tierra de todas las sagas del espacio. Es terrena, Mad Max, tiene ruido de vinilo, tiene el ronroneo poderoso de los motores inyectados de hidrógeno con todo y sus cuatro tiempos machacando y acelerando a las tribus que se persiguen. Aquí no hay naves plateadas surcando el vacío sideral con sus soniditos nice, aquí va la humanidad deshecha y portentosa en su fiereza, con todas sus máquinas y fibras musculares en pos de la gloria más efímera, haciendo uso de los mitos y ritos más incomprensibles pero que, por lo mismo, se vuelven nuevos y fascinantes. ¿Cómo explicar ese gesto de locura -que se vuelve ceremonia kamikaze- de llenarse de spray cromado los dientes antes de morir? El fetiche automotriz en su máxima expresión, la unidad machine-mankind, la entrega absoluta a la furia sublime.


Y ese endemoniado guitarrista guindando entre timbales y parlantes descomunales. y ese hierofante enloquecido que es el que empuja a la guerra como los antiguos instrumentistas de los ejércitos romanos. Y ese guitarrista surgido de la más profunda atorrancia de Miller... ¿Qué se puede decir de ese personaje que es en realidad el que atrapa las escenas más fascinantes del mundo del video rocker? Vuelvo y repito: esta Mad Max-Fury road bien puede ser la pre-secuela de todas las películas en que la humanidad ya escapó al silencio espacial, el momento en que se dijo ya no más, es imposible seguir con esta locura.

Considerada por muchos, desde ya, como un film de culto, Mad Max pone en evidencia la fragilidad digital de las super millonarias producciones de acción Marvel y le da un golpe de adultez sin resabios a la imaginación empaquetada que ha ido creciendo masivamente en los nuevos públicos. La inventiva fenomenal que hace uso de las partes automotrices en deshecho para convertirlas en armas o mecanismos de apoyo, la potenciación del vestuario de tribu pos-humanidad, la dirección de arte brutal, la textura, sí, el peso de las imágenes, la depuración del guión en sus parlamentos hieráticos y sin sobras románticas, todo eso hace de Mad Max una de las mejores puestas en escena de los últimos años en el cine.

Cuando salí de la sala, debo decirlo, tuve que creérmela. El lunes se había hecho añicos y yo quería destrozar todos los carros piki para construirme una máquina y huir al desierto en busca de camorra.

F.E.



lunes, 15 de junio de 2015

¿Qué cosa pienso de las agencias de publicidad?

Escena de El lado oscuro del corazón, del argentino Ernesto Subiela.

miércoles, 29 de abril de 2015

Saló, o los 120 días dentro de Honduras



El poder, ese oscuro objeto del deseo, esa parafilia jurídica que en Honduras se muestra en todas sus expresiones, principalmente en el exhibicionismo de los instrumentos fálicos de la élite: soldado-fusil, arzobispado-báculo, magistratura-mazo, presidencia-puño en alto; el exhibicionismo y a la vez la contención de las formas que han conducido al levantamiento de una cultura política neurótica, altamente reprimida y cuyos síntomas simbólicos se revelan en las innumerables leyes aprobadas con sesgo moralista y, sin embargo, sin ninguna ética de por medio.

La ética -constructo sublime- fue pervertida por las parafilias, las parafilias rigen "el orden" social y los colaboradores de tal deformación -se me viene a la cabeza los militares- se pasean cuidando que la población sometida acate cada ley o regla nueva dentro del juego. Todo esto lo vi ahora, al conectarme por segunda vez al film de Pier Paolo Pasolini Saló o los 120 días de Sodoma.

El paralelo hondureño se me hace inevitable. Pasolini aborda el fascismo y lo desnuda en toda su intención final: el sometimiento lúbrico a través del poder, el poder desatando lo que se reprime una vez que no hay nada que lo contenga. Regla, penetra, viola el poder cuando no hay ninguna forma humana en pie para disuadirlo, y la deformidad de sus actos es tan monstruosa que sabe bendecirse puntualmente con ayuda de sacerdocios legales y espirituales: jurisprudencia e institución eclesiástica. Saló. Honduras. Reprimir para liberar sus propias perversiones.El placer inconsciente de reírse en la cara de quien no tiene el poder y al hacerlo, lograr un placebo irrenunciable.Si la sexualidad crea las relaciones sociales aquí, entonces, se busca que no existan relaciones horizontales inter-ciudadanía, sino todo lo contrario, que existan pero sólo lo que considere y regle la verticalidad de la imposición.

Saló. Control social. ¿Cómo se estabiliza un poder si las instituciones que deben hacerlo han sido pervertidas? ¿Qué tipo de control va en ascenso paulatino, desdibujándose en sus contornos hasta trocarlo sádico y, lo que es peor, aceptado con sadomasoquismo?

Saló. Hay algo más por entender de Honduras. Algo más.

F.E.