lunes, 30 de enero de 2012

Solares: apreciación de Pedro Alfonso Morales, Nicaragua


Fabricio Estrada: la teoría poética de la luz / Pedro Alfonso Morales
         
 Fabricio Estrada, poeta y promotor cultural, nació en Sábana Grande, Francisco Morazán, Honduras, en 1974, considerado una importante figura de la lírica joven hondureña. Ha publicado:,Sextos de lluvia (1998), Poemas contra el miedo (2001), Solares (2004), Imposible un ángel (2005). Su obra aparece en las Antologías: Antología poética  Casa Tomada (1995) 100 Años de Poesía Pública  en Honduras (2003). Ha sido merecedor de importantes premios en su país.
           A Fabricio Estrada lo conocí en los últimos días del mes de abril del 2005. Cuando los rayos solares son más intensos en la región, llegamos a Tegucigalpa para participar en recitales de poesía en la capital hondureña y en Comayagua. Recuerdo que con Fabricio compartimos ideas y experiencias en Comayagua después del recital con jóvenes estudiantes, mientras nos contaba acongojado, la vida y la muerte de las maras de su país, y de lo poco que un grupo de poetas reunidos en País Poesible, han podido hacer como ciudadanos hondureños interesados en la literatura.
        Noté, sin embargo, algo que Fabricio defiende con claridad y entusiasmo: los Poetas Poesiblesbuscan un camino en la literatura hondureña, pues la mayoría son jóvenes que no alcanzan los 30 años de edad. Ahora bien, más que a un grupo de poetas, quiero referirme a su libro Solares, ─Ediciones Pez Dulce, Tegucigalpa─ publicado en febrero del 2004, dedicado a Ezequiel Padilla y Guillermo Díaz, con epígrafes de Yorgos Seferis, H. Miller, G. Papini, N. Vretakos, W. Szymborska, y prólogo de Rigoberto Paredes.         Sobre esta obra escribe Rigoberto Paredes en el prólogo:
          Solares es, como el mismo título propone, un libro plural, diverso, aparentemente inconexo en sus partes componentes (y puede que así sea, para mayores méritos del conjunto, digo yo). Escribo estas líneas sin antes haber cruzado una palabra ni la menor pregunta sobre este tema con el autor, pero sospecho que la multiplicidad de tonos y de variaciones temáticas son totalmente deliberadas y que bien debiéramos tomarlas como vivas señales de una sensibilidad en plena efervescencia, en imperioso y ardido movimiento. Orto, Cenit, Ocaso no son sino puntos, momentos siderales merced a los cuales gravitan, con luz y fuerza propia, todos y cada uno de los poemas de este libro, como si dentro de un sistema solar ─en ardua formación─ se tratara[1].
      De entrada, me place la certeza del título, Solares, pues el adjetivo sustantivado se refiere a la pertenencia del sol: rayos solares, central solar, colector de energía solar, sistema solar, energía juvenil, luz, fuego, antorcha... En fin, un título que anuncia un libro con “buena nueva”, luz lírica, que se esparce en territorio hondureño, con un lenguaje sencillo, directo, con economía verbal: Observe:

Minos instruye a Dédalo
Yo rey, vos, laberinto:
Quiero una mujer que me pierda,
plomo en lugar de alas,
espejos en los ojos.
Quiero,
ni deseo.
          Desde el inicio del libro, Fabricio Estrada, se autoproclama, Hijo del sol, que nace rayado, lo que supone una irradiación solar, aunque esté “caído en desgracia” ha de esparcir sus fuegos. Así lo confirma:

No fui llamado
para oscurecer razones.
Mi mano es de papel
y sin embargo, nada la incendia,
no contrae su puño en ceniza.
Asumidos los hechos
puedo salir sin perderme.
Aseguro que soy un soldado caído en desgracia,
es mi paso quien abrasa
y obliga a inclinar el rostro
a los girasoles.
Con semejante ardor
es poco lo que debo decir:
mi buena nueva se esparce
ahí donde los gallos despiertan
cantando
su pagana canción solar.

         Y para ello, Fabricio recurre a la antítesis de la luz, puesto que donde hay sombras, lleva la luz, la vela, la luz de los ojos, nube oscura que por su insondable electricidad se convierte en luz. ¿Acaso, ésta no es la potenciación de la luz del poeta omnisciente, dios de la luz, para convertir las sombras en antorchas? Pero la luz personal y singular, se pluraliza: “tanta luz es propicia, / el resplandor de muchos ojos”. Es decir, tanta luz ve el poeta en la humanidad llena de sombras, para acentuar su esperanza. Observe, nuevamente, la reiteración de la antítesis ─invertida─, para confrontar las luces y las sombras, el bien y el mal: “voy pasando entre luces /con una vela de oscuridad en las manos. 

Una vela de oscuridad
Por estos días
he convencido a mi sombra
para servirme de lazarillo.
Tanta luz es propicia,
el resplandor de muchos ojos
viéndome pasar a tientas,
el sol reflejado en anillos y cadenas
que detienen,
que sujetan el alma
y aprietan hasta sangrar los sueños.
Ésta es la época del insecto,
el regreso a la danza
en torno a fogatas,
la lentejuela seductora,
la época de los iluminados.
Voy pasando entre luces
con una vela de oscuridad en las manos,
como alma en pena entre vivos,
ráfaga del humo negro en los incendios,
nube oscura, eléctrica, punzante y terrible,
bastón sensible del tiempo,
carbón destinado a volverse nunca
diamante ni espejo.
          En Lenguaje verdadero, el poeta humaniza el sol y lo vuelve lumbre, hogar, compañía, el recuerdo imperecedero de mejores días, cuando el yo lírico se expresa a través de todos los nombres de la amada:

El lenguaje verdadero
De esos días en que me levanto
y despliego el velamen pulmonar
y ardo de una fiebre redonda
y el sol abre la puerta
y achica los ojos
al no poder verme la cara,
y los planetas todos, a una sola voz,
cantando estridentes en los patios,
despertando a los ríos
que habrían quedado
a medio camino del mar.
De esos días
en que todo me induce al abrazo
e intuyo que vos, alá, en tu canto
me incluís en la vida,
me hacés ser la vida
y las alas del ángel en que no creo
y las promesas más audaces
que ambos renegamos.
De esos días son los que hablo,
cuando tu nombre irrumpe
en medio de cualquier palabra
que a todos pronuncio.
          Y la luz sigue en el poema El enésimo día, como si se tratara de una luz día a día, se mana a semanaCada poema es como un rayo de luz que se va agregando como las palabras del verso en el poema y que forman el conjunto de Solares. El yo lírico en algún modo, convierte el sustento en llamas, conocimiento para ir por los pasillos hablando del clima:

El enésimo día
(Fragmento)
Finjo demencia,
cansancio.
Hago una vida quieta
llena de puntos de partida y retorno.
Amago a los pájaros
que se divierten en los cables
y de paso, conjuro al cielo
cuando llueve o asolea.
Si debo llorar
aprovecho el almuerzo,
entre doce y una, como Dios manda,
luego sonrío
y voy flameante por los pasillos,
pródigo en consejos
y hablando del clima
que siempre puede estar mejor o peor.
          La misma visión óptica de luz y fuego, se aprecia en El vuelo de las teas, pues el pensamiento que es fuego debe buscar el pasto seco  de los silencios para quemar las palabras que se quedan calladas y que hablen y digan sus verdades tan altas que se acerquen al sol en asombros. En estos versos, Fabricio Estrada, sin proponérselo, tal vez, define y proclama su estética, y su teoría poética de la luz: así como el fuego arde en el pasto, así nuestro pensamiento en el silencio.

El vuelo de las teas
(Fragmento)
Lo que mi frente decía
es que el mundo tiene
las vastedad de los sueños
y que en él se puede andar jubiloso
sin temor al ocaso.
En un vuelo de teas
el pensamiento debe buscar
el pasto seco del silencio
y hacerlo crepitar
con voces ardientes
que lleguen a confundir al mismísimo sol. 
          De nuevo en el poema Pathos, confirma, nuevamente, su teoría poética de la luz. Antes hay que decir que la Patología en sentido general es el estudio de las enfermedades. La palabra se deriva de Pathos que entre muchas acepciones que posee, una de ellas señala que es “todo lo que se siente o experimenta, estado del alma, tristeza, pasión, padecimiento, enfermedad”.
          Aristóteles señala que un buen discurso debe poseer tres condiciones: el logos ─la argumentación─, el ethos ─la honradez del orador: “a los hombres buenos los creemos de un modo más pleno y con menos vacilación”─, el pathos ─ la emoción que ponemos en el discurso a través del tono de voz y del lenguaje no verbal. Esta emoción despierta una respuesta similar en el auditorio. Veamos los versos:

Pathos 
(Fragmento)           
Al principio somos la idea,
las sombras que presienten las formas,
las formas que son las ideas
y éstas, flotando sobre las sombras.
Nada está escrito, somos resplandores
o abismos, voces en busca de labios,
flechas en busca de talones
para iniciar el derrumbe,
el prolongado grito,
la sangre como hiedra
desbordando las venas.
Luego, comienza, todo:
las muchedumbres en las plazas, somos,
palabras cortadas y exhibidas
con los ojos aún abiertos
boqueando sílabas, besos lejanos, negaciones,
cicutas que brindan el último sueño,
la visión del fotón y el cohete…
         ¿Quiénes son los resplandores? ¿El poeta y su luz, el hombre y su filosofía? ¿O los dos son un mismo sujeto de la claridad que emana la poesía? En el poema La eternidad es un largo aburrimiento, donde se impone la forma del prosema, y no por eso, menos bello, expresa la idea de que estamos en constante persecución de la luz, que es el bien, tal y como lo decía Aristóteles: todas las cosas tienden al bien. Y vean cómo la luz se vuelve cotidiana: “Un escalofrío lo obliga a encender la fogata del televisor”.
Las sorpresas terminan, la vida se muestra igual como era en el principio: apenas unos cuantos grados cayó el sol en el firmamento y ya la luna vuelve con pompas y viejos rituales a reclamar un cielo vacío y emprender de nuevo la última persecución a las estrellas.
          Igual ilusión provoca Fogatas en los espejos, cuando dice: “y apresurados, quebramos bombillas / para forzar el sueño, / o armamos fogatas con los espejos, / o simplemente en nada / vamos gastando palabra”... En La espina, define mejor esa luz que es la poesía que lo hizo hombre y poeta:
Te defiendo, poesía,
porque así me pariste,
a capa y espada de las hienas
fuiste
la luminosa cueva de mi sombra
la correcta manía
de aplastar entre uñas la muerte.
……………………………….
En tu templo de paja
fuego endiosado soy,
y me bendigo
en la terrible certeza
de ser tu tiempo y de ser nada a la vez.
         Y por último, en La fiebre del día, vuelve a su fulgor: “No hay necesidad que amanezca / para aclarar las cosas. / Hoy me he puesto / la camisa blanca / y mis ojos más incendiarios”… que es su poesía.
         En fin, hablamos de un libro premeditado, bien pensado, de una poesía de la luz, un libro lúcido, un poeta de la luz en sus diversas dimensiones para contrarrestar las sombras de la humanidad en el mundo de hoy. Su respuesta, frente al dolor del mundo, es la luz del amor y la ternura de la poesía.
         Nos invita a acercarnos con su luz, a las sombras de la vida y del mundo. Además, muestra interés, por presentarnos una mitología profana, desmitificada, en los nombres de Léster, Rubens, Paulov, Robinson, Mayra, Petrus, Arquímedes, Señor Valle, Morazán, Heber...
          Este libro, aborda no solamente un sol concreto, brillante en el espacio, sino especialmente, un sol efervescente en las entrañas del ser: Solares: más allá de... todo, es allí donde nos encontramos, asombrados del sol que nos arde bajo el plexo y de los planetas que penden en los cabellos.  Muy bien por Fabricio Estrada, que en lo adelante, sabrá mostrar su fibra a las letras hondureñas y a la vez, a la literatura centroamericana contemporánea, como parte de esa tradición poética inaugurada por Rubén Darío y que sigue en las obras de Rogelio Sinán, Felipe Azofeifa, Roberto Sosa, Roque Daltón y Miguel Ángel Asturias.
Telica, León, Nicaragua, 03 de julio, 2005.


[1] Paredes, Rigoberto, prólogo a Solares de Fabricio Estrada, Pez Dulce, Tegucigalpa, 2004, p8.

martes, 24 de enero de 2012

miércoles, 18 de enero de 2012

Blancas Piranhas en la presentación en Tierra Libre

Desde la presentación de Solares en el 2004 no disfrutaba tanto una lectura de poesía. La banda Radio Zativa más Aarón y Foncho tienen gran parte de esta energía que me quedó del viernes 13 de enero.
Ahí, en la terraza de Tierra Libre logramos fusionar Blancas piranhas, rock y fotografía de una manera que parecía cosa de todos los días, con una naturalidad y desenfado que se iba nutriendo de cada acorde, verso e imagen.
 Hace mucho tiempo que se me revuelve algo en el estómago al asistir a lecturas bajo el mismo rito conservador del poeta como santo solemne leyendo sus versos. Rubén Izaguirre ya había roto el esquema cuando presentó en Paradiso fotografía, discurso político y sobretodo, el acto de quemar la bandera de Honduras en protesta por el asesinato de los 108 pandilleros en le penal de San Pedro Sula; Gabriel Vallecillo ya había metido percusión y ahora video y rave; Los Solistas con Magdiel Midence ya están en este escenario y como decía, yo mismo en el 2004 hasta canté junto a Alex Palencia en una noche unplugged, así que lo único que volvió a suceder el viernes 13 fue darle continuidad y peso a los que se ha hecho esporádicamente.
 Gabriel Vallecillo me ha comentado que le gustó el concepto, "muy fresco - me dijo-, una presentación post-punk", heyyyyyy, me dije a mí mismo luego de leer este comentario, claro que sí.

 Y Radio Zativa (Tato, Manu, Samuel y Alex) junto a Foncho y Aarón fueron lo cósmico con ese gran sonido e improvisación. Además, lo que toca Radio Zativa, intercalado con la poesía queda como un buen coctel de medianoche.


 Que esto lo repito, de acuerdo, incluso con más preparativos porque también he encontrado el formato para presentar mi fotografía. Ya estamos organizando la ida a San Salvador para la próxima semana. Carlos Clará, Alfonso Fajardo y René Chacón se están moviendo, así que mayor alegría no puedo tener para este inicio de año. La intensidad interna con que uno escribe sus poemas debe tener una compensación externa durante las presentaciones, sino, todo es oración y sahumerio decadente.
Y bueno, esa terraza de Tierra Libre tiene que ser un bastión que no debe desaparecer. Fabricio Herrera y Susy ya lo saben. La poesía a cielo abierto.

Pistones - Marlon Ochoa, HND


Julio despertó a las 9 de la mañana. Aún no había salido el sol. Abrió su ventana de madera y pudo ver las últimas auroras boreales que se movían como humo entre las nubes. Oyó a lo lejos el sonido del revólver que disparaba con precisa puntería a las estrellas que todavía brillaban. La luna se rindió y un momento más tarde el sol se posó justo al centro del firmamento. Desde hacía varias semanas que al cielo se le habían muerto 7 líneas completas de pixeles y a Julio le extrañaba profundamente que esto no fuera tema de discusión en el telediario del meridiano. Sólo habían pasado 10 minutos cuando ya era la 1 de la tarde.  Abrochó los botones de su overol y saltó de su puerta. 

Mientras caía pudo ver cómo los demás trabajadores que vivían debajo de su contenedor se preparaban para también saltar, vio como los que aún tenían cabello lo cargaban de gelatina o brillantina para no parecer escoba de paja al llegar al camión. Él, como la mayoría, había optado por raparse la cabeza, además que en la cena colectiva no le gustaba figurar entre el mar de trabajadores por su cabello, el cual no favorecía su timidez al ser azul, un color poco frecuente entre trabajadores. Cayó en el camión que lo esperaba debajo de su casa y supo que no era el primero. 

Cayó sobre ese judío alto, de pómulos blancos y sólidos, que vivía 22 pisos debajo de él. Sintió cómo al caer sobre él le enterraba el codo entre las 2 primeras costillas. Al parecer se las había quebrado. Julio, como siempre, se había dislocado el hombro y su brazo rebotaba con una elasticidad de ballestita entre el resto de cuerpos que habían caído atunizados en los segundos anteriores.  No tuvo tiempo de reaccionar cuando unos segundos más tarde caía sobre su cabeza la barriga de su vecino, desnuda, pues no había alcanzado a abrocharse bien el overol; el camión arrancaría dentro de un instante. Cayeron 4 pisos más de hombres y el camión arrancó dejando un rastro de humo insoportable. 

El trayecto era siempre el mismo,el estertor también, sin embargo, cada vez se oían menos quejidos en el vagón de acero. Casi todos habían aprendido a soportar el dolor con un estoicismo poco heroico, sólo cuando la fábrica central había decidido reclutar algún joven y por uno de esos frecuentes errores burocráticos lo colocaban en un contenedor arriba del cuarto piso era que se escuchaba esa extraña melodía que no se podía ubicar entre la muerte de una cucaracha o un tren estrellándose contra un bomba nuclear. Ese día, sin embargo, todo era silencio y si no fuera por alguno que otro hueso reacomodándose hábilmente, Julio hubiera vuelto a creer que se había vuelto sordo, el sonido del escape del camión había sido guardado como se guarda uno un papel doblado en la camisa. Llegaron y sintió cómo los cuerpos de los pisos de encima comenzaban a bajar del camión. 

El aire se tornaba cada vez menos denso y finalmente oyó cómo la barriga apostada encima de su cara comenzaba a despegarse dejando colarse una ráfaga de viento repentino sobre su cuerpo. A pesar de su hombro logró apoyar su mano sobre la cara del judío y de un brinco descendía del camión. Se colocó rápidamente en la fila de su sector, el U-63. Alineadas en el resto del valle se podían ver las filas de los demás sectores. Todavía faltaban 3 minutos para que abrieran las fauces de la fábrica, pasaron como pasa un carro en cualquier autopista interestatal. Luego el reloj marcó las 2 de la tarde. Se comenzó a oír la orquesta industrial de las cadenas que en estricta ceremonia levantaban las compuertas de aquel dantesco complejo. 

Los trabajadores comenzaron a entrar, de uno en uno, mostrando el código binario en su nuca. Julio entró repitiendo aquel ballet fordista. Caminó por el túnel que le correspondía. De los 28 pasillos a la derecha, el de Julio era el último. Llegó al final de aquel amplio claro semi-curvo y entró mecánicamente en el arco con rótulo “Diodos y Transitores”. El resto ya habían comenzado, todavía se veían los cuerpos tambaleantes y resistentes de algunos colegas. Julio seguía sintiendo el dolor en su hombro. Se paró sobre su silla, que estaba en la tercera fila y coloco el nudo alrededor de su cuello. Nunca duraba más de 1 minuto.
Marlon Ochoa
10:08 pm, 23 de noviembre de 2011

miércoles, 11 de enero de 2012

El holocausto según los nazis


El Almirante alemán Karl Dönitz, quien fuera el sucesor de Adolf Hitler luego que éste se suicidara el 30 de abril de 1945, describió en sus memorias sus primeras impresiones cuando (según él) se enteró del sistemático exterminio de los judíos al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

"El día 7 de mayo, Friedburg y Jodl regresaron a Mürwik. Friedburg traía consigo un ejemplar de Stars and Stripes, el periódico del ejército norteamericano, que contenía fotografías atroces tomadas en el campo de concentración de Buchenwald.

Con toda seguridad, la desorganización en los transportes y abastecimiento no había contribuido precisamente a mejorar la situación de aquellos campos en el curso de las últimas semanas. Ahora bien, no podía caber la más mínima duda: nada en el mundo podía justificar lo que mostraban aquellas fotos.

Friedburg y yo quedamos horrorizados. ¡Jamás hubiéramos podido sospechar que aquello fuera posible! Y, sin embargo, correspondían perfectamente a la realidad, y no sólo con respecto a Buchenwald. Pudimos comprobarlo personalmente al llegar a Flensburg un barco que transportaba a los antiguos presos de un campo de concentración. El oficial de marina hizo inmediatamente cuanto pudo para alimentar y cuidar aquellos infelices.

¿Cómo pudieron producirse semejantes horrores en Alemania sin que nosotros tuviéramos conocimiento de ello?"

Carta de Cortázar sobre muerte del Ché


París, 29 de octubre de 1967
Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. 


Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. 


Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.http://www.literatura.org/che/sanche.gif
Che
Yo tuve un hermano.
No nos virnos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

   Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,
Julio

LIBRE de anacronismos

Ante la indolente inercia con que se mantiene el prácticamente diluido FNRP en favor de LIBRE, siento que el sopor de las viejas mentalidades con todo y su acomodado discurrir, solo puede ser regenerado a través de la politización total de las juventudes.

Ya es tiempo de trascender a las organizaciones en que las juventudes se han estructurado y acomodado. La única vía es tomar las estructuras internas y las representaciones electorales de LIBRE en CUALQUIERA de sus corrientes. Las juventudes no pueden seguir jugando el papel que les han impuesto las ONGs y las dirigencias rancias que esperan de las juventudes nada más su fuerza proselitista y su "frescura identitaria".

Las grandes movilizaciones de 1968 en París y el mundo tienen un paralelo importante con nuestras grandes movilizaciones del 2009 y 2010 en Honduras: estaban compuestas casi en totalidad por la juventud y fue cuando los mediatizadores imperiales vieron que la juventud podía ser una moda, sí, una moda pero no poder. Con un mínimo de orientación hacia el poder, como bien observó Hanna Arendt, se hubiera cambiado el mundo. Pero la mediatización comenzó a ver divertido y chispeante cómo fue llegando de a poco -y por la inercia de la rebeldía que no busca el poder- the flower age, "la edad de las flores".

En este momento donde cada postulación dentro de LIBRE será sopesada y "acompañada" por la vieja dirigencia, los jóvenes deberíamos preguntarnos hasta dónde llega la formación dentro de las organizaciones (como paso obligado) y hasta dónde se nos exige tomar el toro por los cuernos y ser representación, no sólo de la juventud, sino de lo que la Resistencia en sí misma nos exigió desde un principio: ser fuerza dialéctica, ser inclaudicables, ser audaces en las formas (en todas) que debemos ir asumiendo para alcanzar el poder socialista, más allá de las mantas y el grafitti, más allá del pañuelo y la consigna, ser fuerza, pues, luminosa, expansiva, ejemplar.

El paradigma de nuestra época ya no es la juventud que actúa "acompañada" y orientada por los ya probados dirigentes. Nuestro tiempo ha roto las fronteras internas del discernimiento político y nos ha dado la revelación esencial: la juventud es mayoría pero no como plascebo, la juventud es mayoría porque en conjunto sabemos, alarmados, que hemos entregado nuestra fuerza al mismo andamio de los líderes anacrónicos.

LIBRE es la plataforma que debemos ocupar, al igual que cualquier otra que se nos presente. La fuerza revolucionaria debe ser tan fuerte en LIBRE como los días mismos en que bajo la represión cantábamos. Ya basta de una juventud en espera de que jóvenes envejecidos les digan dónde es su espacio y lugar dentro de LIBRE, ya basta de ser calibrados por el determinismo burgués que prioriza a los decadentes que tienen posibilidades únicamente por el dinero que guardan para cada campaña electoral.

Seguimos siendo mayoría no por obra y gracia de una encuesta, sino porque en cada una de nuestras venas sabemos, que la juventud, es toda Honduras. Una gran parte de ella está en LIBRE. Es tiempo de liberarnos.

F.E.

Una extraña alegría de vivir - Sandro Penna

He realizado primero un acto de desintoxicación para acercarme a esta poesía. Sabía que me enfrentaría a una poesía que necesitaría de mi fibra más sensible. Así que me levanté temprano a ver los gatos... me afiancé en el bogar de la mecedora y dejé que el cielo fuera las ramas del mango sobre mí. No tenía respiración. Pasolini me había metido presión y el libro se resistía, por segundos, a que yo lo abriera. De pronto, Sandro Penna:

Feliz del que es distinto
siendo distinto.
Pero pobre del que es distinto
siendo común.


Y luego estoy solo. Queda
la dulce compañía
de luminosas e ingenuas mentiras.


Moralistas

El mundo que os parece de cadenas
está todo tejido de armonías  profundas.


Quizá la juventud sea sólo este
perenne amar los sentidos y no arrepentirse.


XX

Bella noche, reduce mi pena.
Atorméntame, si quieres, pero hazme fuerte.


Se desborda en la húmeda noche en silencio
el río. Adiós seco vigor de mi juventud.


Estaba mi ciudad, la ciudad vacía
al alba, plena de mi deseo.
Pero mi canto de amor, el más mío
era para los otros una canción desconocida.


Como bebe en la fuente el bello muchacho
así hemos pecado y no pecado.


Pasan lo pesados bueyes con el arado
en la gran luz. Enciérrame en un beso.


Yo en la rada seguía a un chico encantado
sólo de sí, entre escasas luces. Sólo yo
mantenía al chico suspendido en el mundo.


La opaca multitud vaga
en torno a la música. Contenta
no sabes de qué. Una sola belleza...

Invisible a todos y más a sí misma.


La vida... es acordarse de un triste
despertar en un tren al alba: haber visto
fuera la luz incierta: haber sentido
en el cuerpo roto la melancolía
virgen y áspera del aire punzante.

Pero recordar la liberación
imprevista es más dulce: cerca de mí
un marinero joven: el azul
y el blanco de su uniforme, y fuera
un mar todo fresco de color.

El poemario, editado en el 2004 por Editorial La Garúa a cargo del poeta catalán Joan de la Vega, es todo un tesoro. En su contraportada, a nombre de la editorial, se consigna lo siguiente acerca de Una extraña alegría de vivir:

"Al margen de las capillas y escuelas, contraria al discurso y a las formas herméticas de sus contemporáneos, libre de toda retórica literaria, la poesía de Sandro Penna destaca por su transparente belleza, su musicalidad inmediata y un misticismo sincero y preciso. Desde las calles anónimas, los suburbios, las tabernas, Sandro Penna construye un universo poético que destila pura existencia y sensualidad. En perpetua búsqueda del amor ilícito, desde un peculiar exilio por propia voluntad".

La desintoxicación funcionó, entonces. El mango es un ave de infinitas plumas en un cielo verde. Los gatos... los gatos escriben ideogramas chinos, suaves, en cada paso hacia la sombra. La purísima alegría de vivir.

domingo, 8 de enero de 2012

2046

Bellísima película. Un catálogo lento de amores perdidos contada a través de una fotografía impecable, sofisticada, futurista, casi en la atmósfera de Blade Runner o (coincido con la crítica) de una Casablanca de ciencia ficción.

Los sentimientos retardados son, precisamente, como bombas de espoleta retardada, que explotan suavemente ante los personajes. El amor es eso, pareciera decir la moraleja, el amor es simplemente tan vasto que solo se alcanza a contemplar cuando nos marchamos, y desde muy lejos.

Parménides - César Aira



- "Cuando empezó la historia, aunque ya estaba dejando de ser joven, era un escritor joven, una "promesa" como suele decirse; no había gran cosa en la que basar la promesa, pero con un poco alcanza, y hasta con nada, si lo que se promete es algo tan inverificable como la poesía. En realidad no había escrito casi nada, y lo habían leído menos, pero eso no significaba que la consideración (un tanto ambigua, además) en que lo tenía un puñado de entendidos en poesía careciera de todo fundamento. A veces se dan casos de adivinición social, que suelen entrar en la categoría de promesas autocumplidas. Eso puede deberse a que son tan escasos los escritores buenos que cuando aparece uno, entre mil malos, casi no necesita escribir para que alguien se dé cuenta..."

- "Para Parménides el libro era el libro ya hecho, no el proceso de hacerlo."

- "Haciendo verso desde la infancia, había descubierto que no querían decir nada; y viviendo había descubierto que el lenguaje servía para decir cosas. Había una incompatibilidad, que era lo que lo había comprometido con la poesía. Porque la poesía, al no querer decir nada con el instrumento que servía para decir cosas, decía algo, que era a la vez algo y nada..."

- "Entender las partes no equivalía a entender el todo, aunque el catálogo de partes fuera exhaustivo. Los poemas, tanto los escritos como los por escribir, podían entenderse, pero la poesía, seguía oculta, indescifrable."

- "Todos los poetas deberían tener su Parménides. Quizá el problema de los escritores era que siempre querían hacerlo bien, siempre querían escribir "en serio", y podían pasarse la vida sin empezar, tan abrumadora se presentaba la exigencia de expresar su verdad."

jueves, 5 de enero de 2012

Policía hondureña golpea brutalmente a sacerdote y sus hermanos


"Los uniformados nos dieron golpes en todas partes del cuerpo, al igual que a mis hermanos. Ignoraban que yo era sacerdote, y lo descubrieron hasta que nos llevaron a un hospital"


Acción Urgente

                 Estado de Honduras no  Garantiza  la  Seguridad  de sus  Ciudadanos 

El Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (Cofadeh), expresa su total repudio y preocupación por  la sistemática práctica de la policía del Estado de Honduras de atacar a  sus ciudadanos. 

El día  26 de diciembre  el Sacerdote diocesano Marco Aurelio Lorenzo, párroco de la iglesia Católica de Macuelizo Santa Bárbara transitaba en un vehículo acompañado de dos hermanos, aproximadamente a las 8:15 de la noche por el desvío  que conduce a la hacienda El Rosario, a la altura del kilómetro 24 ubicado en la trayectoria de la carretera  que de San Miguelito comunica a Yamaranguila en el departamento de Intibucá.

A esta altura tomó la decisión de descansar  a la orilla de la carretera, después de conducir varios kilómetros desde el departamento de Santa Barbará hasta Intibucá. El Sacerdote había oficiado varios servicios religiosos (misas, bautismos, bodas) desde el día 19 de diciembre en forma continua, por lo que se encontraba agotado.  

Uno de sus acompañantes por lo defectuoso del terreno, se bajó del vehículo para reforzar la llanta con una piedra y evitar que se deslizara. En esta actividad se encontraba  cuando se presentó una patrulla policial con ocho agentes a bordo, que sin mediar palabra o requerir sus documentos empezaron a golpearlo.

Ante la agresión, el  padre Lorenzo, bajó del vehículo para indagar lo que sucedía, corriendo igual suerte, el sacerdote fue esposado de sus dos muñecas y golpeado fuertemente, lo lanzaron al suelo y un agente se paró sobre su cuerpo mientras otro le daba patadas calzado con sus botas de reglamento. 

Luego despojaron al padre y a sus acompañantes de sus pertenencias personales, alimentos que llevaban para compartir con la familia y dinero,  lo obligaron a subir al vehículo al que le  quitaron la piedra, empujándolo a una hondonada. El vehículo se detuvo en una cuneta.

Los policías posteriormente sacaron el automóvil y esposaron a las víctimas a los barrotes de la patrulla. Trasladaron a los heridos al Hospital de la Esperanza, Intibucá, entregaron el vehículo y documentos en la delegación policial. En dicha delegación de la Esperanza, se le entregó a la hermana del sacerdote, la cartera con los documentos y el aparato de telefonía  móvil, sin memoria y sin la batería.  Por las lesiones sufridas el religioso perdió el conocimiento y requirió de una sutura de 16 puntos en su cabeza.  



Antecedentes

El Sacerdote Marco Aurelio Lorenzo  es un defensor inclaudicable de los recursos naturales por lo que ha sido víctima de agresiones, atentados y detención ilegal.
Para el caso el 17 de julio de 2007, fue detenido junto al  sacerdote Reginaldo García, por órdenes del oficial de la Policía Preventiva, Silvio Edmundo Inestroza, mientras se desarrollaba una protesta social pacífica en contra de la   explotación minera a cielo abierto. Durante el desalojo que se efectuó a la altura de la Colonia Seis de Mayo, los policías  insultaron y golpearon al sacerdote Marco Aurelio Lorenzo con sus toletes y lo lanzaron contra el pavimento. El religioso permaneció detenido por más de seis horas en una posta policial de la zona. 

La noche del 13 de agosto  del 2004, el padre Lorenzo regresaba de la comunidad de San Antonio Chiquila cuando fue interceptado por un carro sin placas marca Toyota, tres individuos encapuchados y armados lo bajaron de su vehículo y le golpearon fuertemente en la espalda, abdomen, pecho, piernas y cadera que le produjeron lesiones en los órganos internos, el sacerdote tuvo que ser hospitalizado.

El Cofadeh solicita a la comunidad nacional e internacional exigir al Estado de Honduras tome las medidas necesarias y mecanismos efectivos para garantizar la vida, la integridad y el acceso a la Justicia del Padre Marco Aurelio Lorenzo y sus dos hermanos.  Suspender todo acto de represalias en su contra

martes, 3 de enero de 2012

Blancas piranhas, fotos de presentación 21 de diciembre





 El gran Félix Molina transmitió en vivo y en directo a través de la Radio Globo, a nivel nacional.

 Fernando Rey y Foncho en el intermezzo



 Junto a uno de los mejores ilustradores de Honduras, Gorje


 ... y luego al kareoke...


El fuego del cielo, César Vidal

 Desconocía sobre el milagro de la lluvia, o sobre el fenómeno del Rayo, como lo llamaron los legionarios de la XII Legio Fulminata. Sucedió durante el imperio de Marco Aurelio, en el 174 d.C., en algún punto de Panonia. La Legio, durante la persecución de los cuados y marcomanos, sufrió de una grave escasez de agua y de un agotamiento terrible dado las temperaturas altas de la zona. Esto fue aprovechado por los cuados quienes emboscaron y mantuvieron hostigamiento contra los romanos. La situación auguraba la aniquilación de la Legio XII, al punto que, en la desesperación, se rogó a los dioses por ayuda en ceremonia ritual. De pronto cayó el ignis ex caelis, el fuego del cielo que destruyó el ataque de los cuados con mucha lluvia e inundación y por supuesto, con rayos. La Legio XII pasó a llamarse Fulminata a partir de entonces.

A partir de ese hecho, Marco Aurelio, emperador-filósofo además, tuvo a bien informarse a fondo sobre los ritos propiciatorios que se llevaron a cabo, y dio con dos versiones: la del rito llevado a cabo por el sacerdote egipcio Arnuphis, quien iba con las cohortes (según lo afirma el historiador Casio Dión), y los rezos de legionarios cristianos que estaban en primera fila. Las pesquisas impresionaron a Marco Aurelio y suavizaron sus posiciones en cuanto a la persecución cristiana, lo que demuestra que sí tuvo cierta inclinación a creer en la intervención del dios cristiano en el fenómeno que fue aceptado como milagro.

No obstante, la religión romana también dio su versión gracias a la cual el milagro fue invocado por Juliano el Teurgo, hijo de un famoso mago (Juliano el Caldeo) quien se sumó a las invocaciones de soldados romanos a Júpiter Tonante.
 Este hecho quedó registrado en la Columna de Marco Aurelio (erigida en el 180 d.C.), que sigue en pie en Roma, cosa que la tradición cristiana es muy parca en reconocer, tal vez porque estuvo implicada la participación de un sacerdote de Isis que pueda disputarle preponderancia, aunque el santoral católico señala a San Lucio como el auténtico gestor del rayo. De todas formas, en la columna, la imagen que representa el milagro es la del dios romano Júpiter pluvius.
En la imagen se puede ver a Júpiter pluvius extendiendo los brazos y provocando la destrucción de los cuados y sarmatas. Esquina inferior derecha.

¿Y el libro de César Vidal? Pues le agradezco al autor traerme este dato interesantísimo. No puedo decir que la novela sea recomendable más por esto, y lo afirmo desde la opinión de un lector que ya ha trasegado información sobre la vida cotidiana de Roma, y por ese mismo hecho no me sorprende. Su lectura es sumamente fácil y a veces pareciera que quiere impresionar con datos sobreentendidos encarnados en sus personajes principales. Una larga presentación de los personajes aminora la intensidad que pudo tener, además, el recurso de que los partos hagan prisioneros a legionarios ya ha sido más que utilizado y expresado mejor en la novela de Manfredi, El imperio de los dragones... sin embargo puede ser de mucha ayuda para quienes entran por primera vez al mundo de la novela histórica sobre Roma.

Vale.
F.E.